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José Villela. Ahí estaba con su uniforme de México, su cronómetro, nos presentamos y me dijo pues bienvenido, quiero ver cómo nadas. Entonces me sentaron en la orillita de la alberca y bastó un empujoncito para que ya estuviera yo de repente ahí otra vez de muertito primero. Me dice el entrenador, a ver, nada de aquí para allá. Haz de cuenta que no estoy aquí, tú nada y yo con mi día de experiencia me puse a nadar ahí con la mayor seguridad que pude. De repente llegué al otro extremo de la alberca y regresé y el coach me veía desde afuera con así algo de recelo, como quien te está viendo pero no te ve. Iba tomando notas y medía tiempo y de repente me dice listo, para afuera. Y me dijo mira Pepe, voy a hablar contigo, te voy a explicar y voy a ser muy honesto. Y yo híjole, ya desde que dijo voy a ser muy honesto, ya valió. Y me dice en el agua no te puedes mover muy bien, se te van las piernas hasta abajo, casi tocas el fondo con las piernas, eso te frena mucho en el agua. Como tienes tus manos cerradas, tu remo es muy ineficiente y me empezó a dar una lista de razones por las que parecía muy mala idea que yo intentara nadar. Y eso, pues obviamente me agüitó. Y de repente me dijo justo por eso puedes ser un atleta de mucho interés para nosotros. Y yo ah, caray, esa sí no me lo esperaba. Le digo, ¿cómo? Me dice, sí, te explico. En el deporte adaptado funciona de acuerdo a categorías, dependiendo el nivel de discapacidad de los atletas. Y entonces me dice con tu nivel de discapacidad no tenemos muchos atletas, me dice entonces esto puede ser una buena oportunidad. Si tú quieres yo te puedo entrenar y muy pronto te voy a tener compitiendo a nivel internacional. Y yo ah, caray y, ¿qué hay que hacer o qué? ¿Hay que venir los martes o cómo funciona? Me dice, no, esta es la selección mexicana de natación paralímpica. Así que si tú aceptas aquí te quiero todos los días a las 06:00 de la mañana. ¿A qué te dedicas? Y yo, ah pues soy médico psiquiatra. Me dice, serás médico psiquiatra por las tardes. En las mañanas aquí vas a estar. Y la verdad es que fue el sí, yo creo que con más efecto positivo en mi vida. Dije va, algo nuevo, algo distinto, algo que no me esperaba. Y paradójicamente, cuando menos me he podido mover me convertí en deportista de alto rendimiento. Así, de repente, el deporte adaptado se convertía en una oportunidad y en una escuela de muchas cosas y también en una reconciliación con la discapacidad en mi mente. Cuando con un cuerpo que tiene alguna limitación, sea física, sensorial, motriz, pues todo el espectro, todo el abanico que hay en el mundo de la discapacidad, en lugar de una limitación, se vuelve una oportunidad, pues le cambias completamente el enfoque.