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Gonzalo Celorio. Eso siempre es muy difícil porque al elegir a unos se excluye a otros y el panorama literario mexicano es particularmente rico, a lo largo de su historia. Pero pienso que uno de los momentos más importantes de nuestra expresión literaria fue precisamente la novela de la Revolución Mexicana. La novela de la Revolución Mexicana reviste una importancia literaria singular porque acaba con toda una tradición, que estuvo vigente durante todo el siglo XIX, de dividir en las novelas a los buenos y a los malos. Unos eran los buenos y otros eran los malos. Nuestra literatura decimonónica era bastante dicotómica, bastante moralista. Cuando surge la novela de la Revolución Mexicana, hay que decir que nace en el momento mismo de la revolución, es decir, que no hay un tiempo de espera para ver de lejos, con la distancia histórica, con cierta perspectiva, lo que ya ha ocurrido, política y bélicamente. Y entonces los escritores de la novela de la Revolución son como cronistas de lo que está ocurriendo en ese momento. Es el caso de Los de abajo, de Mariano Azuela, ya con un poco más de perspectiva, Martín Luis Guzmán escribe sus novelas El águila y la serpiente, por ejemplo, las memorias de Pancho Villa. Pero es curioso, porque aquí surge una figura muy importante que ya no es la división tajante entre los buenos y los malos, entre los héroes y los bandoleros. Salvador Novo, este gran poeta mexicano, decía con un sentido del humor crítico que ya, en la novela de la Revolución Mexicana, todos los personajes no eran ni héroes ni bandoleros, eran ‘bandolheroes’. Y ese es un término que él acuñó y que me parece muy pertinente. Después de la Revolución Mexicana, pues surge, como es natural, un espíritu nacionalista muy fervoroso que se manifiesta en la pintura de los grandes muralistas, como Diego Rivera, como Siqueiros, como Orozco, sobre todo, como Alva de la Canal, con grandes compositores como Carlos Chávez, como Moncayo. Todo esto se da al mismo tiempo que va surgiendo otro grupo de escritores que tienen muchas reservas con respecto al nacionalismo. Este es el grupo que nace en el año de 1928. Aglutinó a escritores tan valiosos como Javier Villaurrutia, Carlos Pellicer, Gilberto Owen, Jorge Cuesta, Salvador Novo, que fueron realmente escritores de una gran, gran, gran modernidad. Quiero citar a una mujer muy importante, poco valorada hasta hace relativamente poco tiempo, que es Nelly Campobello, que escribió una novela extraordinaria llamada Cartucho, que es la visión de una niña de todo el proceso revolucionario. Ella también se dedicó a la danza y quizás pasó más a la historia de la cultura por sus coreografías que por su gran obra novelística. Pero después, ya andando el tiempo, a mediados de siglo, pues surgen para mí, dos escritores muy notables, uno más notable que otro. Empiezo por el menos notable, pero muy importante que es Agustín Yáñez, un escritor que escribe tres novelas –bueno, muchas– pero tres novelas. Una que se ubica antes de la revolución, que se llama Al filo del agua, otra que se llama Las tierras flacas, que es en el proceso de la Revolución y otra que se llama La tierra pródiga, que es después de la Revolución, la última es bastante, ideologizada. Hay que tener en cuenta que Agustín Yáñez fue secretario de Educación Pública y fue también gobernador del Estado de Jalisco.