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Por qué sales de algunas relaciones peor de lo que entras

Ana Asensio

Por qué sales de algunas relaciones peor de lo que entras

Ana Asensio

Psicóloga y neurocientífica


Creando oportunidades

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Ana Asensio

Ana Asensio es psicóloga y neurocientífica. En esta conversación con Aprendemos Juntos aborda la soledad desde una perspectiva biológica y explica cómo la soledad no deseada puede activar respuestas relacionadas con el estrés y el dolor, y asociarse a más enfermedad y a una vida más corta.

A partir de datos de investigación y de un informe de la OMS, Asensio analiza la importancia de los vínculos para la salud y explica por qué una persona puede sentirse sola incluso estando rodeada de gente. También habla de introversión, niños, pantallas, empatía y ecpatía, y de la posibilidad de que la inteligencia artificial llegue a hacernos compañía.

A lo largo de la conversación propone herramientas concretas para reconectar, como el «mapa relacional», que permite identificar qué relaciones aportan energía y calma, y un ejercicio final de autoabrazo.


Transcripción

00:00
Ana Asensio. Está la soledad no deseada, está la soledad de estar solo, realmente solo, es la que menos hay, pero de estar solo en el mundo, de no tener a nadie alrededor. Está la soledad, que es la más actual, que es la de: “Estoy rodeado de gente, pero me siento tan solo”, que es la soledad emocional. Y hay una soledad falsa, que se llama “elegida”, que yo la llamo “soledad forzada”, que es la de: “Como me ha fallado tanta gente, me ha fallado la vida, me ha fallado todo el mundo, mejor solo que mal acompañado”. Y esa soledad también es muy actual y es muy dolorosa. Entonces, por más que nos quieran vender que la soledad es algo natural y bueno, no lo es. Cuando decimos que el amor nos salva la vida, tiene muchas connotaciones. Parece que es el amor romántico o ese amor entusiasmado. No, es el amor universal. Es la sensación de sentir que hay un otro, aunque sea uno que te va a ver, uno al que puedes recurrir, una persona que te va a hacer sentir que no estás solo ni sola en el mundo. Sentirnos solos nos aleja de nuestra especie. De hecho, ancestralmente, como éramos personas de tribu, el que se quedaba solo moría. Y la especie lo sabe. Entonces, yo siempre digo: “No es que quieras ser la pesada de por favor vivamos todos con alguien de manera gregaria, no, se puede vivir solo en tu casa, a gusto, en paz y sentir que tienes gente contigo, sentirte acompañado. Se puede no estar en pareja y sentir compañía, se puede no estar todo el día acompañado de gente y sentir que hay alguien que si levantas el teléfono va a estar ahí, te va a escuchar, no te va a juzgar, te va a ver, te va a sonreír. Sentir que tú estás dentro de la mente y del corazón de alguien es maravilloso. Así que, bienvenidos y empezamos.

02:20
Anabel. Hola, Ana, muchas gracias por la gran labor de divulgación que haces. Este tema que tratamos es súper importante para mí, como estudiante de psicología y como voluntaria en paliativos, en ese último tramo de la vida. Y hay algo que me inquieta y desde el punto de vista de la neurociencia te quería plantear. Si la soledad es algo que también nuestro cuerpo muestra externamente o es solo un proceso que vivimos internamente.

02:51
Ana Asensio. Gracias por tu pregunta, que es preciosa. Gracias, Anabel. El reflejo de la soledad es un reflejo, va tanto contra nuestro ADN vincular que se nota dentro de nuestro cuerpo, muchísimo. Cuando una persona siente soledad forzada, hemos hablado, no de esa soledad que decíamos elegida, rechazo social, abandono, aislamiento, juicio, exclusión, menosprecio, malos tratos, no consideración, no mirada, automáticamente se activan áreas de alerta en el cuerpo, que son áreas de muchísimo estrés. Esas áreas de estrés activan áreas de dolor, de dolor cerebral que se traduce en dolor físico. Muchas fibromialgias, muchos dolores crónicos tienen una base muy de desamor. Y cuando hablo del desamor no es el amor, como hemos dicho, de pareja ni romántico, es el amor en la vida. Muchísimo. El trato, el cuidado, la mirada, la aceptación. Qué bonito es que alguien te mire a los ojos y te diga: “Gracias por existir, gracias por ser como eres. Te quiero cuando las cosas las haces como a mí me gustan y te quiero cuando las cosas también las haces como a mí no me gustan, porque te quiero a ti”. Habrá cosas que me gusten más de ti y cosas que me gusten menos, pero te quiero, te veo y te reconozco. Imagínate el placer que siente el cerebro, la calma de sentir esto. Entonces, ¿en qué se refleja? Nosotros con la soledad no morimos en pocas horas ni morimos en días. Nosotros con la soledad vamos muriendo poco a poco en vida con achaques, somatizaciones, insomnio, dolores, problemas de intestino, ansiedad, depresión. Empezamos ya con enfermedades que están demostradísimas de colesterol, diabetes tipo 2. La diabetes tipo 2, que muchas veces se asocia románticamente, como digo yo en un concepto más poético, a que ha faltado dulzura en tu vida. Y fíjate, cómo estás, cómo el cuerpo habla, hipertensión, cómo me tenso cuando percibo peligro. Una cosa es el abandono, donde yo necesito dulzura, otra cosa es el rechazo social, donde me pongo hipertenso y percibo ese ‘bullying’, ese ataque o ese ‘mobbing’ en la empresa o ese rechazo en las parejas y de repente se me activan áreas como si me estuvieran rompiendo una parte de mi cuerpo. Entonces, claro que se nota. Hubo un estudio en el 2020 con una revisión de un meta-análisis de 148 estudios científicos donde participaron más de 300.000 personas, donde se vio que tener relaciones sólidas y fuertes aumentaba tu probabilidad de vida en un 50%. Y en el lado contrario, las relaciones con aislamiento y rechazo social te aumentan la muerte prematura en un 50%. Es decir, ya hemos visto la prematuridad de mortandad, no solamente en niños, sino en personas mayores, cuando no hay una red social. También lo vemos con el pánico. El pánico es la sensación del cuerpo humano de sentirse solo. Un bebé cuando nace necesita alimento físico y alimento emocional y, de repente, cuando llama a sus padres en ese impás de llamarles, que por eso el llanto es tan estridente, porque sienten que si no, no sobreviven, si la naturaleza está hecha perfecta, y en ese impás, que nadie se asuste, pero en ese impás, mientras viene el padre o la madre, lo que se activa internamente son los sistemas de pánico. Y no es que el niño vaya a tener un trastorno de pánico, sino lo que percibe es: “Estoy solo, nadie viene a darme alimento, puedo morir”, hasta los segundos que aparece.

06:41
Ana Asensio. A nadie se nos ocurre pensar en la vida adulta que cuando una persona siente pánico se está sintiendo realmente sola en su vida. Muchas veces no somos conscientes ni de cuando estamos ni nos sentimos solos, porque tiramos con todo para adelante. Nos hemos acostumbrado tanto a: “No voy a molestar, para qué voy a pedir, para qué voy a decir”, empezamos a sentir culpa, roles aprendidos, “yo sostengo, yo puedo, yo cuido, yo doy”, el doy, doy, doy. Sí, recargarme me vacía y me enferma. Entonces, se nota en estas partes, se nota en depresión, se nota muchísimo en ansiedad. En los trastornos del estado de ánimo, una persona con soledad se viene abajo. Uno de los mejores ansiolíticos es el abrazo de ocho segundos. Y si es de más segundos, tiene efectos antidepresivos: “Ven, ven que te acojo”. No quiero decir que sea sustitutivo de un tratamiento cuando hay un diagnóstico clínico donde necesitamos, también, incorporar la parte médica, pero qué preventivo es y qué acompañante en el sentir que mi pronóstico va a mejorar porque yo me siento respetado y visto, sobre todo en estas enfermedades tan silenciosas y tan poco vistas como pueden ser los dolores, las migrañas, las depresiones. Entonces, ¿cómo se ve? De todas estas maneras, con un grandísimo malestar. Y al igual, el acompañamiento, como la gente florece, como ese tallo que tienes en tu casa que nunca te has dado cuenta y dices: “¡Ay!, pues sobrevive ahí”. Y un día alguien se para y dice: “Vamos a ver qué pasa si le echo un poco de agua, le saco al sol”. Y te empieza a salir una planta, bueno, a nosotros nos pasó en casa y tenemos un pedazo de árbol, de un tallo que nadie miró nunca, hasta que alguien lo vio. ¿Cómo es esto? ¿Cómo es el efecto pigmalión de esa mirada? El amor es tan potente, hace que tengamos tanto sentido vital teniendo amor, nos mejora tanto el estado de ánimo. Una persona que tiene amor, si es que está renovada.

08:44
Mujer 1. Pues esa necesidad de acompañamiento, de “te veo”, “me importas”. A veces no hay que hablar, simplemente es un abrazo, el coger una mano, la mirada y eso ya sostiene toda esa hambre de amor a la que hacías referencia, Ana.

09:07
Ana Asensio. La presencia, ¿verdad? Es que nunca se da tanto como cuando se da tu tiempo y tu presencia. Muchas gracias.

09:17
Alessandra. Hola, Ana, soy Alessandra. Con respecto al tema de la soledad, siempre creemos que es algo personal, que lo sufrimos nosotros mismos, pero viendo que cada vez hay muchísima más gente que lo está sufriendo, ¿crees que lo deberíamos de tratar como un problema social, de salud pública?

09:42
Ana Asensio. Sin ninguna duda. Para mí esto es un problema colectivo de salud pública y de responsabilidad personal. Igual que habla de la responsabilidad personal del autocuidado, de la autoconexión, tú cuando eres pequeño dependes mucho de quien tengas como familia. A veces nos han tocado familias maravillosas, que ya no están, y a veces nos han tocado familias menos maravillosas que no nos han dado lo que merecíamos como seres humanos. Pero a partir del adulto joven, y esto sí lo voy a decir, tenemos la posibilidad neuroplástica de cambiar cualquier cosa. ¿Cuesta trabajo? Sí. ¿Se puede? Sí. Y entonces, siendo consciente, ¿y cómo? Buscando conexiones, buscando estos espacios, buscando la actitud de la autoconexión, el autocuidado, el automimo. “Qué siento por mí”. Y trabajar también el autoconcepto, “qué pienso de mí y qué me gustaría ser, para qué soy válido”. Y rodearte de personas que sean nutritivas. Entonces, a partir de ahí, para mí es importante que esto sea algo colectivo. De hecho, la OMS emitió un informe diciendo que la soledad no deseada era un aspecto de salud a atender al igual que cualquier otra enfermedad que compete a la sanidad. Declaró en ese informe que una de cada seis personas en el mundo se siente sola, que 871.000 personas al año, entre esas y un millón, mueren prematuramente por soledad. Que 100 personas a la hora en el mundo, que parece poco, pero 100 personas, que sepamos, mueren por soledad. ¿No os parece un problema a atender de manera pública? Y esa soledad acarrea en sí depresión, sensación de no querer vivir, suicidio, es decir, acarrea en sí tristeza, enfermedades derivadas del no autocuidado, del propio autoabandono, del “me dejo”, el concepto anglosajón que tenían de: “Me dejo morir de alguna manera, dejo de comer, dejo de estar. Porque ya no soy útil, porque ya no importo para nadie. Las parejas a veces también llega un punto en el que dices: “¿Qué somos? ¿Primos, amigos, conocidos o enemigos? Y ya te metes al enemigo en casa y ya te cierras, te cierras y eso te hace tanta pupa y nadie te ve. Y también hay una soledad que es la de: “Como sostengo todo, estoy solo pero tengo una imagen social y voy sonriendo”. Es esa sonrisa, la sonrisa depresiva que es la más letal que hay porque duele y porque claro, te invisibilizas. Entonces, claro que deberíamos hacer programas y poder decir con tranquilidad: “Me siento solo”. Y que nadie te diga: “Bueno mujer”. No, “me siento solo” y que te digan: “Ah, pues mira, hay un recurso para que te sientas acompañado y vuelvas a conectarte a una red”. Esto yo lo veo en consulta. En cuanto se conectan, les veo, les entran unas ganas… El otro día un chico en consulta no había parado en la cuenta de la soledad tan grande que tenía. Tiene un diagnóstico con un autismo funcional y cuando empezamos a ver la dinámica social que tiene, tanto de empresa como de amistades, realmente tiene mucha soledad, pero es tan resiliente y al tener también altas capacidades y con un corazón tan bondadoso, que en ningún momento se le ha ocurrido pensar que su problema no es solo suyo, sino que es un problema social.

13:06
Ana Asensio. Y en cuanto empieza a conectar conmigo y le veo y nos echamos unas risas, me dice: “¿Sabes qué? Esta semana he salido a patinar, que hacía que no salía… Bueno, y me he ido con una niña, porque a mí los niños me encantan. Y le he empezado a enseñar”. Y le veo reírse y le veo que le entran ganas de hacer cosas. “Estoy componiendo un montón de canciones”. ¿Creéis que eso es casual? Entonces, eso que siente conmigo sería muy bueno que lo pudiera, ya lo ha sentido conmigo, ya se está sanando. Ahora ve al mundo a replicarlo. ¿Qué opináis?

13:38
Público. Sería maravilloso.

13:39
Ana Asensio. Sería maravilloso, vamos a hacer un movimiento, porque nadie quiere estar solo, la gente quiere tener amigos, pertenencia, disfrute, ya no solamente es: “Ven, que te comparto mi dolor”, porque el dolor compartido es medio dolor y la alegría compartida es doble alegría, ya no es “ven que te comparto solo mi dolor”, es “también me río contigo”. ¿Tú sabes lo que es reírse a carcajadas con alguien? O sea que te meas de la risa y te dicen: “¿De qué lloras?” “De nada”. “¿De que te ríes?” “De nada”. Pero estoy llorando, eso es terapéutico a morir. O llorar un dolor y que alguien te coja la mano. O simplemente tener tan buen humor que pasas por el paso de cebra y te encuentras al conductor y le dices “gracias”. Y lo ves como una persona. No lo ves como un autómata que va en un coche y que si te descuidas le dices: “¡Desgraciado!” Que es un poco lo que hacemos. Vamos por la calle y nadie va mirando a nadie. Es como si estuviéramos en un… Yo creo que si viniera un extraterrestre diría: “¿Por qué esta gente a veces se abraza y cuando va por la calle ni se mira?” Claro, no vamos a ir todo el día diciendo: “¡Hasta luego!” pero si te encuentras con alguien, pues le miras y le sonríes. Espero que no parezca que queremos seducir a todo el mundo, porque nos hemos alejado tanto… Pero qué bueno cuando vas a un restaurante y te encuentras a lo mejor un camarero sobrepasado y tú le quieres dar la vuelta a esa energía y entiendes y comprendes. Si tú vas sobrepasado, te enganchas con el camarero. Si tú no vas sobrepasado y le pones intención, le dices: “No te preocupes. Venga, ¿cómo te llamas? Venga, Juan, tranquilo, que aquí esperamos. No hay problema, atiende lo que tengas que atender. No pasa nada, no pasa nada porque haya habido un error. Mira, sí, nos lo comemos, ya está”. Eso le cambia el día a alguien. Eso le cambia el día a alguien. Y si tú te has cuidado, puedes ir así. Y esa persona va a revertir eso en otra persona. Es un modelo que vamos y el impacto que tenemos con esa sonrisa, con ese saludo, con ese detalle, es más grande del que creemos. Al contrario, si nos vamos cagando en la vida, el impacto que tenemos también hacemos que el efecto rebote y llegue a los demás.

15:44
Mónica. Hola, Ana, ¿qué tal? Muchas gracias por dar luz a un tema tan importante y muchas veces, también, un tema tabú y escondido. Así que gracias por todo lo que estás compartiendo con nosotros hoy sobre la soledad. Y te quería hacer una pregunta, porque yo durante toda mi vida he convivido mucho en gira con orquesta, 80 personas, 90 personas, donde viajábamos, estaba rodeada de mucha gente y sí que tenía momentos donde incluso estando rodeada de muchísima gente, sentía una soledad profunda. ¿A qué crees que se puede deber, también, esto de que cuando estamos en entornos acompañados, el sentir esa soledad?

16:21
Ana Asensio. Gracias por tu pregunta, Mónica. A ver, sentirte solo, rodeado de gente, es muy común y se puede dar en muchos contextos. Y esto viene básicamente porque no te sientes visto, principalmente viene porque no te sientes visto. A veces también es porque no te comunicas, es decir, porque no compartes. Entonces hay personas que son más empáticas, pueden intuir, te pueden ver, porque tienen como un rayo láser, como digo yo, tienen más neuronas en espejo, pueden atravesar más tus emociones, pero hay otras que no. Entonces, la parte de no sentirme visto me hace sentir muy solo. Pero la soledad que hiere muchas veces es la soledad de sentir que no pertenezco. Y esto le pasa muchas veces a muchas personas que tienen, pues yo que sé, alguna dificultad, algún problema, alguna característica. Ahora, por ejemplo, se sabe ya más que hay personas altamente sensibles, personas que tienen un cuadro de autismo funcional, personas con depresión que nunca te has dado cuenta, y de repente son personas que, en un mundo donde se favorece y se premia el que seas fuerte, el que puedas con todo, el que aguantes con toda la estimulación, el que sonrías continuamente, el que te vaya bien todo, que es falsísimo, realmente se está premiando esto. ¿Y qué pasa con este tipo de personas? Que al final somos la mayoría, porque todos somos muy diferentes. Que nos sentimos como si fuéramos cebras en un país de leones. Es decir, te sientes súper distinta como un pez fuera del agua, en otro lugar. Y esta sensación es muy dura, porque que nadie te vea es que no existes. Y eso genera esa soledad tan profunda. Esa soledad es muy emocional y puede derivar en alteraciones del estado de ánimo o en mayor aislamiento. ¿Para mí qué es importante? Para mí es importante la responsabilidad de ambas partes. Es decir, procurar como sociedad que nadie se sienta solo, pero aquel que se sienta solo que sea consciente y también acuda a decir: “Me estoy sintiendo solo, no sé cómo podría hacer para sentirme acompañado, pero quiero compartir contigo que me siento en soledad. Igual me puedes ayudar simplemente escuchándome o estando este rato al lado conmigo o tocando una pieza de música que a mí me guste o diciéndome cómo me ves tú a mí y cómo te veo yo a ti, a ver si nos conectamos, también, mirándonos a los ojos. Y conociéndome y explicándote cómo veo yo el mundo, quizás me puedas entender más”. Y qué importante sería que tuviéramos conciencia de nuestro mapa relacional. Es decir, pensad ahora, imaginad, esto lo podéis hacer con papel y boli en casa, en calma, aquí imaginad esas cinco o diez personas, si queréis cinco, entre cinco y diez personas que sean con las que más os relacionáis diariamente. Personas que pueden ser del trabajo, vuestra familia, el panadero que dices tú: “Uy, pues parece que no, pero todos los días hablo con él”. El que pasea el perro que no le tienes en tu radar de amigos, pero es frecuente en tu vida, y al contrario, personas que tienes en tu vida y que a lo mejor han sido amigos de toda la vida o contactos de toda la vida y pues te drenan un poco de energía.

19:46
Ana Asensio. Entonces yo os voy a plantear que os imaginéis a esas personas y que situéis en un lado como visualmente aquellas personas con las que cuando estás con ellas, piensas en ellas, te acuerdas de ellas, sales mejor de lo que has entrado. Te recargan la batería, te dan luz. O sales neutro, al menos, o sales sintiéndote en casa, o sales con la sensación de paz. Y en el otro lado, pusiéramos las personas que cuando sales de estar con ellas: “Estoy peor, estoy drenado, estoy alterado, no me he sentido visto, me he sentido juzgado, me he sentido incómodo”. Y me voy con el diálogo rumiante, que es lo que nos pasa a los seres humanos, que tenemos un diálogo rumiante cuando no nos ven, cuando nos juzgan, de: “Qué he hecho yo, por qué pasó esto, por qué me dijo, qué le dije”, y que las pusierais. Y que simplemente observarais si vosotros os dais cuenta de algún patrón que tenéis a la hora de recurrir a las personas que os quitan energía. Si es una sensación de falsa lealtad, de deber, una inercia, una responsabilidad adquirida, ¿qué puede ser? Un enganche emocional, una manipulación sutil y que vierais si podéis, no os diría en los próximos días, pero sí en los próximos meses, hacer una limpieza de aquellas personas que os quiten energía y potenciar a las personas que sí, que os hacen sentir muy bien, porque estas os dan mucha salud, buena salud y larga vida.

21:44
María José. Hola, Ana, muchas gracias por este tiempo que estás compartiendo con nosotros, con toda tu sabiduría. Yo soy María José, soy psicóloga desde hace 20 años, trabajo en mi consulta y los primeros 10 años de mi trayectoria profesional estuve trabajando con niños y adolescentes casi en exclusividad. Y yo me encontraba con niños que eran más solitarios y niños que eran menos solitarios, que esto puede tener que ver con el rasgo de la introversión. Pero quisiera saber tu opinión acerca de cómo esta introversión o esta dificultad para conectar puede impactar en el adulto que va a ser ese niño después.

22:23
Ana Asensio. Muchas gracias, María José. Mira, hay rasgos de personalidad, efectivamente, hay rasgos de personalidad en las personas, no todas las personas tienen la misma necesidad de contacto físico, nosotros tenemos también lenguajes del amor, hay gente que necesita estar pegado físicamente, aunque el abrazo es sano, pero hay gente que ese contacto físico no le apetece tanto y es un contacto más sutil o desde la mirada o desde el detalle o desde la palabra o desde “me acorde de ti”, desde otros gestos o desde incluso actos de servicio. Es decir: “Te quiero haciendo cosas para ti y por ti. Entonces es muy importante. Pero hablando de los rasgos de personalidad, hay niños más introvertidos y descartando que es un rasgo de introversión y que es un rasgo a lo mejor de neurodesarrollo, donde hay una menor necesidad de interacción social, es rarísimo que un niño quiera estar solo. Es rarísimo. De hecho, de las señales más claves que tenemos para saber si un niño empieza a estar mal es que se aísla, deja de comer y deja de dormir. Cuando eso le pasa a un niño es que está muy mal, porque los niños no quieren estar solos. Por eso es un comportamiento tan humano. Los niños buscan socializar porque aprenden de los demás, empiezan a hacer referencia con los adultos, luego referencia con los iguales hasta que se definen como adultos y entonces ya empiezan a coger más identidad propia. Entonces, en este caso, si no fuese un rasgo de introversión en el cual se puede modular un poco, siempre y cuando el niño no se sienta incómodo en esa transformación, o un rasgo de que se está montando una personalidad antisocial, estaríamos ante algo que debemos de modular. Y debemos de modular no solamente con el niño, sino saber qué está pasando en casa. Los progenitores, aquí es donde se ve muy bien, en terapia sistémica o terapia familiar, los progenitores, ¿cómo están conectando? ¿Dónde están esos momentos de conexión? Él se siente visto por su familia, siente que hay espacios de comunicación, pero no fiscalizando: “¿Qué has hecho?, ¿qué has comido?, ¿de dónde has venido?, ¿con quién has estado?” No, empezando porque el propio adulto comparta: “Hoy me pasó esto”. Y fijaos lo que sentí, y fijaos lo que pasó. Y así modelamos perfectamente la comunicación en casa, partiendo del adulto, partiendo de las ganas de conectar con quien tenemos debajo. Entonces, esto es muy moldeable. ¿Qué piensas tú, María José? Claro, yo estoy totalmente de acuerdo contigo y efectivamente estoy de acuerdo en que el rasgo de personalidad es importante tenerlo en cuenta, pero obviamente tiene que haber un ambiente que favorezca el poder ayudar al niño a desarrollar aquellas capacidades que igual le cuestan un poquito más.

25:25
Ana Asensio. Y fíjate, en relación a eso, me gustaría poder también preguntarte que, con todo el auge que hay del teletrabajo, hay muchos padres que están en casa trabajando con sus ordenadores y realmente hay muy poca interacción social en esos padres trabajando desde casa. Entonces, al final, estos niños están viendo cómo sus propios padres tampoco se relacionan socialmente o lo hacen a través de pantallas. Y esto considero que también puede impactar en cómo ellos se vinculan luego a nivel social. Totalmente, porque es el modelo que aprendemos, como lo sabéis. Nosotros tenemos un aprendizaje muy vicario, que al principio es un aprendizaje experiencial de “qué hacemos juntos”, “qué hacen conmigo”, y otro es “cómo veo yo a los demás hacer”. Y ese aprendizaje vicario del ejemplo es absolutamente importantísimo. Entonces, si yo veo que la sociabilidad es todo a través de una pantalla, voy a entender que la pantalla es una vía normal y natural de estar en conexión. Y no, no lo es. Entonces esas familias también deben de saber que hay que parar el tiempo de oficina en casa y decir: “Paro el tiempo de oficina y ahora hago tiempo real. Y además nos vamos fuera a tomar algo, a hacer tiempo real y además hacemos planes con amigos de hacer tiempo real”. Es decir, vamos a distinguir conceptos de tiempo pantallil y tiempo de realidad, porque es importante. Gracias.

26:51
Nico. Hola, Ana, yo soy Nico y te cuento. A mí se me ocurre a ver cómo estaría una soledad de crecimiento y positiva, te explico. Yo hace 10, 15 años tuve un accidente de tráfico muy grave por lo que me convertí en discapacitado, que soy. Y estos 10-15 años he estado transitando unos periodos de soledad obligatoria, porque cuando toda la gente de mi edad estaba en los trabajos o estaba relacionándose, yo estaba en terapias, rehabilitación, con gente, con abuelos, con jubilados, en lugares que no eran mi entorno. Pero yo sabía que esa soledad obligatoria e iba a terminar tarde o temprano. Entonces, dediqué ese tiempo de soledad a leer, a crecer espiritualmente, intelectualmente, emocionalmente. Entonces, ¿esta soledad de crecimiento y positiva es una manera de utilizar bien la soledad a modo de crecimiento?

28:22
Ana Asensio. Bueno, qué pregunta más profunda, Nico. Encantada de conocerte. No solamente siento lo que te ocurrió, pero yo te admiro mucho. O sea, nos acabas de demostrar un carácter resiliente que creo que sin lugar a dudas probablemente tu red social tiene mucho que ver en lo que has vivido para poder seguir hacia adelante. O sea, yo creo que esa soledad que tú has tenido, efectivamente no has tenido una adolescencia normal ni una juventud probablemente normal, pero no creo que, tal cual te oigo hablar, no creo que te haya faltado red de apoyo. Claro, porque si no, no me estarías hablando así y no hubieras podido hacer todas esas experiencias y sacar o positivar lo máximo posible esa experiencia tan dolorosa y tan dura que tú has tenido que pasar y que vivir. Yo, vamos, me encantaría ser tu amiga. Y creo que utilizaste muy bien, porque para mí no fue soledad, fue quizás soledad parcial de un aspecto vital. Lo que tuviste fue un duelo vital. Lo que tuviste fue que despedirte de ese joven, despedirte de experiencias, despedirte. Fue un duelo absoluto de proyecto vital. El dolor es algo que duele mucho y que si no se afronta como tú lo has hecho se puede encapsular a modo de sufrimiento. A mí me dio que tú con ese dolor lo que hiciste fue afrontarlo, estar con tu red de apoyo y hacer una palanca en resiliencia a pesar de que probablemente tengas tu duelo de salud todavía, los dolores de vida que se pueden tener, pero tú lo que viviste fue un duelo, un duelo de la vida, un duelo muy gordo, además de probablemente un trauma.

30:06
Nico. A mí me gusta ver la otra parte, el crecimiento postraumático.

30:14
Ana Asensio. Claro, tú has hecho un crecimiento postraumático, has hecho como dice un compañero mío, queda muy naif, pero has positivado una experiencia durísima, has hecho un crecimiento postraumático del trauma que tuviste, trauma es ruptura, fractura emocional, física, de salud, de todo, de vida, eso genera siempre un duelo y claro desapareció una parte de tu vida que tenía que haber estado y que imaginabas y que a lo mejor soñabas y que a lo mejor veías a otros vivirla. Y ahí se producen muchas emociones, de rabia, ira, miedo, dolor, envidia, todo lo que te puedas imaginar. Entonces, por eso te admiro y te he dicho y te felicito, porque no es fácil hacer lo que tú has hecho y sin duda alguna creo que ha sido también por el amor que has recibido. Gracias.

31:06
Teresa. Hola, Ana, soy Teresa y yo te voy a preguntar, has pasado por los niños, voy a preguntarte por las personas mayores. Yo tengo una madre de casi 90 años y yo veo que cada vez están más solas, ellas, o todos en general. Las personas mayores van como perdiendo esa red y se van como resignando. Y entonces quería preguntarte desde tu experiencia, ¿cómo ves o cómo cambian los afectos cuando tienes 40, 50, 60, 80 años? ¿Cómo va cambiando? ¿Cómo es desde toda tu experiencia y todos tus estudios?

31:38
Ana Asensio. Muchas gracias. Pues mira, Teresa, qué interesante pregunta. Hay una evolución de conexión distinta según las edades. Y aunque necesitamos afecto siempre, nuestras necesidades van siendo distintas. Por ejemplo, cuando somos pequeños necesitamos mucha asistencia física, mucha asistencia emocional, de alimento, de aprender de qué va el mundo, de cómo reaccionas tú con el mundo, aprender esa vinculación, cómo son las relaciones. Cuando pasas a la adolescencia necesitas identificarte con unos iguales, coger una identidad, ser identitario, tener experiencias. El adulto joven también es muchísima pasión, fusión, los enamoramientos, en las amistades, en las parejas, la fascinación, todo es intenso. Lo intenso es lo que me conecta generalmente. Cuando paso a la vida más madura estoy más conectado con las cosas que voy a hacer, los proyectos que voy a hacer, los valores que voy a desarrollar y entonces me conecto más desde ahí, desde un poco hacia dónde voy a hacer crecer mi vida. Pero conforme voy creciendo esto llega a un pico, es como la campana de Gauss, y se empieza a desvanecer. Y empezamos a tener pérdidas físicas, pérdidas de personas, pérdidas de salud, empezamos a tener pérdidas vitales, vamos hacia atrás, otra vez. Y en ese caso las personas mayores tienen tan claro como los niños pequeños, aunque que los niños pequeños no lo pueden verbalizar, sí lo pueden hacer a nivel de lloro o de grito. Las personas mayores tienen muy claro que la compañía está ligada a su supervivencia, clarísimo. Es decir, el temor que les entra a las personas mayores es generalmente porque saben que si no están acompañadas, no se les cuida o no hay un otro que les atiende o les ve, son muy vulnerables y están muy susceptibles de poder pasarles algo. Y esto lo vuelven a vivir los niños pequeños. Por eso las personas mayores son personas con alta vulnerabilidad, las que, de alguna manera, necesitan sentirse atendidas, cuidadas y queridas, porque saben que de ello depende su supervivencia.

34:06
Jordi. Hola, Ana, muchas gracias por todos los mensajes que estás dando. Me llamo Jordi, soy padre de familia numerosa, además convivimos tres generaciones en casa y muchas veces tratamos de entender o procuramos entender lo que piensan los demás, los adolescentes y un poco lo que sienten, lo que entienden. Pero nos cuesta horrores, nos cuesta muchísimo ponernos en su lugar, ponernos en su papel. ¿Cómo crees que podríamos mejorar la empatía y un poco acercarnos más a cada persona?

34:42
Ana Asensio. Gracias, Jordi, por tu pregunta. Pues con los adolescentes no es tarea fácil, porque tienen una especie de momento personal suyo donde necesitan alejarse para identificarse. Entonces, lo que podemos hacer es, la mayor parte de la empatía con ellos probablemente no está en el discurso que yo les voy a dar, sino está en la escucha. Con los adolescentes es observar y escuchar. Y muchas veces diremos: “Pero, ¿cómo no voy a entrar al trapo de esto que está diciendo si es…?” Y yo a veces también digo: “Ponte cuando eras tú adolescente”. O sea, yo ahora me pongo en mi adolescente y digo, madre mía, o sea, pienso y digo: “Pero si es que también fui adolescente”. Lo que pasa es que nos asusta que se vayan a quedar en ese pensamiento, en ese adolecer, que es una especie como de, no sé si se puede decir aquí, “idiotización” momentánea, de su cerebro, mientras se está haciendo una poda neuronal y empiezan a adolecer. Adolecer es falta de, entonces están todavía como a medio hacer y con unos cambios hormonales tan bestiales entre el niño que han sido y el adulto que van a ser, son muy parecidos a los cambios de la menopausia en la mujer, o sea, son cambios muy enloquecedores, entonces, ellos ya de por sí se encuentran mal, se miran su físico, se juzgan, se critican, te escuchan pero no te quieren escuchar, escuchan a sus iguales, necesitan tener una identidad. Entonces, para mí es crear espacios de escucha. Y no es: “Te escucho, ven y cuéntame”. Es estar atento a lo que dicen, lo que les importa, acercarse a su mundo. Qué te importa, si de repente han cambiado la ropa radicalmente y tú dices: “Ay, ¡qué ropa lleva!” No creo que sea eterno. Se les puede decir: “Esta ropa a mí no me va”. Pero dejadles ser, porque el adolescente que vive mucho la adolescencia, lo que necesita es ser. Y ahí hay una oportunidad de reconocimiento. Ellos vuelven a traerte la oportunidad de que los reconozcas. “Y me gusta el punk y me gusta vestir así”, salvando unas normas que pongáis en casa bajo contrato, “y quiero estudiar justo lo contrario a lo que a ti te guste”. Bueno, pues tú les dejas ser, porque probablemente luego llegue el equilibrio. Y la empatía está ahí, en escuchar, en decir: “Estoy a tu lado”, y acompañar: “Si me necesitas, aquí estoy, yo si quieres te comparto también cómo yo me siento o cómo yo en un momento dado en tu edad me sentí”, pero tratando lo menor posible de aleccionar, de dar consejos incluso desde la razón. Y si te acercas que sea de una manera absolutamente emocional y de corazón. Escucha aquí oreja corazón tiene que estar muy puesta, que es, te estoy escuchando las palabras, que igual estás diciendo muchísimas tonterías, pero más allá de tus palabras lo que estoy entendiendo es que me estás diciendo que te sientes solo, que te sientes frustrado o que te sientes perdido, a veces.

38:06
Ana Asensio. ¿Queréis hacer un test acerca de la empatía? Para saber cuánto de empáticos, aprovechando la pregunta de Jordi, cuánto de empáticos somos y cómo estamos. Pues vale, pues va. Muchas gracias. Bueno, pues ahora os voy a leer una serie de preguntas. Son seis preguntas, tres opciones, A, B y C. Y lo que vamos a hacer es que las personas que se sientan identificadas con la A, levantan la mano. Las personas que se sientan identificadas con la B, levantan la mano. Y las personas que se sientan identificadas con la C, levantan la mano. Queda a responsabilidad individual que cada uno recuente sus A’s, B’s y C’s para cuando dé el resultado. ¿Os parece? Vale, vamos allá. Instrucciones. Responde con sinceridad y elige la opción que más se acerque a tu forma habitual de actuar en tus relaciones personales. 1. Cuando alguien me cuenta un problema muy emocional: A. Me lo llevo puesto todo el día. Me afecta como si fuera mío. B. Escucho con interés, pero no me desestabiliza. C. Me cuesta sentir lo que me está contando. No me impacta demasiado. A, B y C. Aquí somos de la vena empatía. Si mi pareja, hijo o amigo está triste: A, me contagio, lloro con él o me angustio mucho. B, estoy presente, lo comparto pero luego me desconecto emocionalmente. C. Me cuesta implicarme emocionalmente, aunque sé que debería. A. B. C. Cuando alguien sufre, siento: A. Que tengo que hacer algo para que deje de sufrir, aunque me agote. B. Que puedo estar a su lado sin necesidad de solucionarlo todo. C, que no me involucro si no es alguien muy cercano. A, B, C. 4. Después de escuchar a alguien emocionalmente cargado: A, me quedo sobrecargada, necesito descansar o llorar. B, me siento conectada pero centrada. C. Me siento igual que antes, no me ha removido. A, B, C. Estáis muy equilibrados aquí. 5. En conflictos ajenos: A, me cuesta no implicarme emocionalmente o físicamente. B. Los escucho y entiendo, pero sé mantenerme al margen.

41:15
Ana Asensio. C. Me desconecto, prefiero no saber nada. A, B, C. Y la última, en relaciones intensas suelo: A, fundirme emocionalmente y olvidar mis propios límites. B, conectar desde la empatía pero cuidar mi espacio interior. C, reservarme, me cuesta mostrar lo que siento. A, B, C. Muy bien, pues ahora os voy a decir. Este test será para saber si somos empáticos o ecpáticos. Porque una de las cosas que no le he comentado a Jordi en la respuesta es que a veces nosotros tenemos empatía con los demás. La empatía: es me pongo en tu piel, me pongo en tus zapatos, me puedo aproximar perfectamente a sentir lo que tú sientes porque yo tengo neuronas en espejo que hacen que yo pueda representarte dentro de mí pero no me fusiono contigo, es decir, no hago tu problema mío, ni me rompo, ni me pierdo, ni me descontrolo aunque lo sienta muy fuerte cuando somos padres, pero no me voy a romper como tú sino que voy a estar en tus zapatos y acompañándote. ¿Qué pasa? Que cuando hay sobre empatía y hay fusión, esto nos desgasta muchísimo porque hace que resolvamos el problema por los demás. Sería algo como: vamos caminando y corriendo y dices: “Quítate que ya corro yo por ti o trae que ya trabajo yo por ti”. Entonces, esto es lo que no deberíamos de hacer nunca, primero porque no es nuestro rol, segundo porque nos desgasta y tercero porque tampoco dejamos al otro desarrollarse. Entonces, la sobreempatía necesita de ecpatía y la ecpatía es la distancia suficiente que yo puedo poner para poder ayudarte pero no fusionarme contigo. Pero la ecpatía en exceso hace que digamos: “A tomar viento”. Entonces, cuando tengo mucha sobreempatía, ¿qué hago? Voy de péndulo. Cuando me fusiono mucho, de vez en cuando me cargo tanto y me desgasto tanto que me voy al no querer saber nada. Entonces, lo suyo sería estar en una empatía equilibrada, donde pudiéramos jugar entre la empatía y la ecpatía. Es decir, me pongo en tu lugar, pero no me fusiono con tu problema. Entonces, ahora vais a ver los resultados vuestros. El que haya tenido mayoría A, aquí no os voy a pedir levantar la mano si no queréis, eres altamente empático, pero podrías estar descuidando tu ecpatía. Te conectas profundamente con los demás, pero eso puede llevarte al agotamiento emocional o a la fusión relacional. Necesitas trabajar tus límites emocionales y el arte de acompañar sin absorber. La mayoría B, has logrado un buen equilibrio entre empatía y ecpatía. Eres capaz de conectar emocionalmente sin perderte. Sabes acompañar con presencia y también retirarte cuando lo necesitas. Este es un estado ideal para vínculos sanos, auténticos y sostenibles. Enhorabuena, porque eres la mayoría. Mayoría C. Tu ecpatía predomina, pero podrías estar desconectando de la dimensión emocional.

44:26
Ana Asensio. Es posible que te protejas demasiado del mundo emocional. Puede venir de heridas pasadas, sobrecarga empática previa o miedo al dolor ajeno. Trabajar tu apertura emocional con seguridad puede ayudarte a conectar más y mejor.

44:52
Samanta. Hola, Ana, muchísimas gracias por la manera que tienes de hacernos entender las cosas. Alivias el sufrimiento humano con esa ternura y con esa sencillez. Mi nombre es Samanta, y justo acabamos de hacer ese test que habla de la sobreempatía. Yo me dedico a tejer redes, a unir y a generar vínculos. Y tengo un exceso de empatía y eso a veces me hace perderme de mí y me siento como vacía de energía. ¿Cómo las personas que nos entregamos a los demás podemos cuidarnos para poder cuidar a los otros? Muchas gracias.

45:31
Ana Asensio. Qué bonito. Gracias, Samanta. Eres amor puro. Te conozco y sé lo que haces y la entrega. Pues mira, muchas veces tenemos ese carácter sobre empático, pues generalmente personas altamente sensibles, como he comentado al principio, que se quedan con la energía de las cosas, que están en un espacio y saben perfectamente lo que siente cada uno o se sobrecargan de las cosas ajenas sin darse cuenta, otras que escuchan con el corazón pero lo sacan tanto, “quiero ayudarte tanto, quiero darte tanto, quiero poder que me vacío”, esto también me pasa a veces a mí, “quiero dar tanto, porque es amor que yo tengo, que no equilibro”. Y esto es importantísimo porque hace años, en una de estas que yo me vi, con un poco de achaque de salud por esto, por haberme vaciado, yo le llamo “vaciado”, “batería a cero”, entendí que uno de los grandes trabajos para mí era estar siempre muy atenta al equilibrio de mi energía. Es decir, qué acciones hacía durante el día para recargarme y qué acciones me descargaban. Que te descarguen no quiere decir que esas acciones sean malas. Por ejemplo, yo educar a mis hijos y tener que decirles: “Por favor, poneros el pijama, lavaros los dientes”, me quita puntos de energía. Y sin embargo leerles un cuento y reírnos, me la da. Es decir, todo lo que es una donación hacia afuera sin respuesta inmediata suele ser un vaciado. Y esto nos suele pasar con pacientes, a veces con amigos que queremos salvarlos, con parejas que queremos sacarlas de donde están. Yo sé que yo le puedo ayudar, esa frase, “yo sé que yo le puedo ayudar”, “yo sé que mi energía va a hacer que algo cambie”. Y yo voy a poner toda mi intención. Y esto es precioso siempre y cuando no te pierdas tú. Entonces, para mí es muy importante en esta labor el pararse a meditar, a respirar, a conectar, a sentir a tu corazón y a ponerte por delante y decir: “Yo me cuido, yo me nutro, yo me respeto, yo me quiero”. Y desde estar yo llena, es decir, que mi batería al final del día no esté de “no puedo más, quiero que se acabe el día y por favor que nadie me hable”, o desde somatizar incluso porque ya estoy a cero y ya somatizo y me pongo triste o tengo ansiedad o tengo insomnio o tengo dolor porque me he quedado escacharrada como un motor porque he dado todo en mi generosidad malentendida, he dado todo hasta dejar de existir yo. Y esto hay que descubrir el patrón para decir: “No, qué bonito, qué generosa, que por amor aprendí a donar todo de mí. ¿Cómo debí de querer con ese amor tan ciego que aprendí a dar todo de mí hasta quedarme sin mí?” Pero como eso no es saludable ni para los que tú cuidas, ni atiendes, ni sostienes, es por mí y por mi responsabilidad afectiva y social y humana, me voy a cuidar con el amor que merezco y que a lo mejor no aprendí en ese amor malentendido, en ese desbordamiento de querer darlo todo, que es una naturaleza preciosa, ultrasensible, pero amenazante para ti.

48:44
Ana Asensio. Entonces, ¿qué hacemos? Te cuidas, te guardas y todos los días anotas qué he hecho hoy yo para proteger mi energía, qué he hecho yo hoy para cuidar de mí, qué he hecho yo para estar sostenida, quién me ha ayudado, a quién he pedido algo y cómo me he podido yo acompañar y a quién he buscado también para que me acompañe.

49:17
Gonzalo. Hola, Ana, ¿qué tal? Soy Gonzalo y cambiando un poco de tema, a mí me gustaría preguntarte, ahora en el mundo en el que vivimos con el avance de la inteligencia artificial y de las redes, ¿tú crees que una aplicación como ChatGPT puede llegar a hacernos compañía?

49:31
Ana Asensio. Sí, compañía sí. Sí, sí, sí. Te puede dar compañía, secretaria, asistente, buscador de información, tarotista, lo que quieras, compañía sí, pero por favor, vuelvo a lo mismo, una herramienta en la que busques entretenimiento, que cambiemos esa palabra de compañía por entretenimiento, es decir, yo me estoy entreteniendo y me estoy distrayendo con chat GPT, que le estoy preguntando una pregunta acerca de lo que me apetezca, pero no voy a buscar compañía, no voy a falsear a Chat GPT como si fuera una persona, como si fuera un psicólogo, puedo preguntarle alguna consulta puntual, pero no le voy a falsear, primero, porque delira, Chat GPT delira, es decir, está hecho a imagen semejanza del hombre y tiene delirios, dice cosas a veces que hay que supervisar. Y segundo, porque no puede sustituir jamás al contacto, es decir, el chat GPT no lo vamos a humanizar nunca y la compañía no la podemos asociar nunca ni a un robot, ni a una máquina, porque eso no es compañía real, vuelvo a lo mismo, es un engaño a tu cerebro que va a tener consecuencias en tu cuerpo, aunque tú te creas que sí tienes compañía porque sientes placer en ese momento, que es lo que nos pasa y más siendo jóvenes, “qué placer siento, si estoy aquí súper entretenido, si me he hecho unos prompts que hasta me vacila, me he hecho un Chat GPT que me vacila”. No es real, te puede entretener, pero no es compañía, La compañía se siente, se huele, se palpa, hay mirada, aunque sea en la distancia, hay mirada.

51:30
Blanca. Hola, Ana, ¿qué tal? Soy Blanca y tengo que reconocer que no te conocía y me has cautivado. Pienso desde ya seguirte y ojalá volver a verte, de verdad. Muchas gracias por tu manera de expresarte, de llegar.

51:43
Ana Asensio. Gracias. Muchas gracias a ti.

51:44
Blanca. Gracias. Quería hacerte una pregunta. Probablemente te hayas dirigido a gente aquí que está sola o que se encuentra sola. Entonces, en tu opinión, ¿qué es lo que mejor podrían hacer cuando salgan de aquí? Para no sentir esa soledad o para poder luchar contra ella.

52:05
Ana Asensio. Pero la gente que ahora puede estar sola aquí. Pues fijaos, que bonita la pregunta, gracias. De aquello que hayamos pensado, que son personas que tenemos en nuestra vida, que nos recargan, que nos dan nutrición, aunque las tengamos lejos. Imaginaos que es una prima a la que no llamas nunca, pero te sientes bien, hacedle una llamada, buscad a alguien. Yo ahora os propongo que penséis en esa persona que si cerráis los ojos, ¿quién os nutriría en un momento de soledad? Puede que no esté aquí, puede que sea mi padre que haya fallecido, puede que sea mi mascota que ya no está, puede que sea una hermana con la que ya a lo mejor no me hablo, pero era maravillosa. ¿Qué podría hacer yo para volver a conectar con la compañía, o por lo menos ya no física, con la sintonía de los demás? No hay nada más bonito, para mí, que perdonarte tú por cosas que en un momento dado has podido, todos hemos hecho daño alguna vez, todos hemos herido y nos han herido. Que también llamar y levantar el teléfono y poder soltar las vergüenzas, el orgullo y decir: “Ha pasado tiempo pero siempre has estado en mi corazón”. Yo recomendaría eso, estar y buscar. Y si no tenemos a nadie, pues alguien de los que estáis aquí, acercaos a alguien y decid: “Oye, yo soy de esas personas que no tiene a nadie, ¿tú podrías ser un contacto para mí? ¿Yo podría contar contigo de vez en cuando para un café?” Aprovechemos que habéis venido interesados en este tema y que estamos interesados en contactar y que tenéis unas caras de personas preciosas. Yo de verdad, me hacía un campamento con todos vosotros ya. Aprovechad para pedir ayuda, para conectaros también con gente que sabéis que está en el mismo wifi sintónico que vosotros. Y ahora para cerrar me encantaría proponeros un último ejercicio que me gusta mucho y es, bueno, no os lo voy a destripar, os voy a pedir que os pongáis de pie, nos ponemos de pie y lo que hacemos es, cogemos la mano derecha, nos la ponemos bajo la axila izquierda, así como que te agarras, así como que te sujetas. Y ahora la mano izquierda la ponemos aquí, sobre el hombro y el brazo, que pueda hacernos así y acariciarnos. Cerramos los ojos y mientras nos damos este abrazo, autoabrazo, este achuchón, vamos moviendo la mano por el hombro y la mano por la espalda. Dite mentalmente: “Gracias por haber venido aquí, gracias por darte amor, gracias por ser quien eres, gracias por cuidarte, por seguir con esperanza, Gracias por querer ser esta alma tan bonita que tanto bien y tanta salud da a la vida.

55:49
Ana Asensio. Así que hacéis una respiración profunda y con este abrazo de amor y este apretón yo os digo a vosotros, gracias.