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Ana Asensio. Gracias por tu pregunta, que es preciosa. Gracias, Anabel. El reflejo de la soledad es un reflejo, va tanto contra nuestro ADN vincular que se nota dentro de nuestro cuerpo, muchísimo. Cuando una persona siente soledad forzada, hemos hablado, no de esa soledad que decíamos elegida, rechazo social, abandono, aislamiento, juicio, exclusión, menosprecio, malos tratos, no consideración, no mirada, automáticamente se activan áreas de alerta en el cuerpo, que son áreas de muchísimo estrés. Esas áreas de estrés activan áreas de dolor, de dolor cerebral que se traduce en dolor físico. Muchas fibromialgias, muchos dolores crónicos tienen una base muy de desamor. Y cuando hablo del desamor no es el amor, como hemos dicho, de pareja ni romántico, es el amor en la vida. Muchísimo. El trato, el cuidado, la mirada, la aceptación. Qué bonito es que alguien te mire a los ojos y te diga: “Gracias por existir, gracias por ser como eres. Te quiero cuando las cosas las haces como a mí me gustan y te quiero cuando las cosas también las haces como a mí no me gustan, porque te quiero a ti”. Habrá cosas que me gusten más de ti y cosas que me gusten menos, pero te quiero, te veo y te reconozco. Imagínate el placer que siente el cerebro, la calma de sentir esto. Entonces, ¿en qué se refleja? Nosotros con la soledad no morimos en pocas horas ni morimos en días. Nosotros con la soledad vamos muriendo poco a poco en vida con achaques, somatizaciones, insomnio, dolores, problemas de intestino, ansiedad, depresión. Empezamos ya con enfermedades que están demostradísimas de colesterol, diabetes tipo 2. La diabetes tipo 2, que muchas veces se asocia románticamente, como digo yo en un concepto más poético, a que ha faltado dulzura en tu vida. Y fíjate, cómo estás, cómo el cuerpo habla, hipertensión, cómo me tenso cuando percibo peligro. Una cosa es el abandono, donde yo necesito dulzura, otra cosa es el rechazo social, donde me pongo hipertenso y percibo ese ‘bullying’, ese ataque o ese ‘mobbing’ en la empresa o ese rechazo en las parejas y de repente se me activan áreas como si me estuvieran rompiendo una parte de mi cuerpo. Entonces, claro que se nota. Hubo un estudio en el 2020 con una revisión de un meta-análisis de 148 estudios científicos donde participaron más de 300.000 personas, donde se vio que tener relaciones sólidas y fuertes aumentaba tu probabilidad de vida en un 50%. Y en el lado contrario, las relaciones con aislamiento y rechazo social te aumentan la muerte prematura en un 50%. Es decir, ya hemos visto la prematuridad de mortandad, no solamente en niños, sino en personas mayores, cuando no hay una red social. También lo vemos con el pánico. El pánico es la sensación del cuerpo humano de sentirse solo. Un bebé cuando nace necesita alimento físico y alimento emocional y, de repente, cuando llama a sus padres en ese impás de llamarles, que por eso el llanto es tan estridente, porque sienten que si no, no sobreviven, si la naturaleza está hecha perfecta, y en ese impás, que nadie se asuste, pero en ese impás, mientras viene el padre o la madre, lo que se activa internamente son los sistemas de pánico. Y no es que el niño vaya a tener un trastorno de pánico, sino lo que percibe es: “Estoy solo, nadie viene a darme alimento, puedo morir”, hasta los segundos que aparece.