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Jorge Drexler. Pero hay algo que tengo que discutir contigo, y es que claro, movemos la cadera, movemos la cintura y movemos ese culo, por supuesto. Pero por favor, Jorge, el reguetón. Esta defensa al reguetón, a ver, cuéntame un poquito. Bueno, a mí me encanta el reguetón, lo debo confesar. Me gustan muchos géneros de música. Me gustan las cantatas de Bach, también, y el clave bien temperado y me gusta la música contemporánea, Stockhausen, Ligeti. Me gustan músicas muy diferentes y también me gusta el reguetón. No todo, como tampoco me gustan todos los dodecafonistas alumnos de Schönberg. Es decir, en todos los géneros hay gente que me gusta más y que me gusta menos. Hay cosas del rock ‘n’ roll que no soporto y cosas de rock ‘n’ roll que son esenciales para mi vida. Y me pasa otro tanto con el reguetón. Yo intenté explicarlo eso en la canción. Debe venir de eso, porque vi que estabas con esa canción, y que termina la canción, ‘Ante la duda, baila’. les cuento un poco. Es una especie de ensayo bailable, de cinco etapas en la historia de la humanidad en que se prohibieron determinadas danzas. Empieza en el barroco español con la Zarabanda, después sigue por la Inquisición en lo que va a ser después México, que se prohibió el chuchumbé, que lo conocí justo estudiando para esta canción, el chuchumbé. Luego la prohibición del candombe, en Uruguay, a principios del siglo XIX, luego la prohibición del tango por el Papa Pío X, a principios del siglo XX, y termina con la prohibición del reguetón en 1995, con la Ley 102, en Puerto Rico, que era una ley que permitía incautar casetes de reguetón. Les voy a hacer un spoiler, lo único que consiguió es que el reguetón estallara mundialmente, porque no hay nada como prohibir una danza. La Zarabanda también estalló mundialmente, aunque si te agarraban bailando la Zarabanda en el reinado de Felipe II, te mandaban seis años a remar en galeras, lo cual es una sentencia de muerte, porque al estar seis años remando en un barco muy poca gente sobrevivía. O sea, fue muy castigado, pero hasta el día de hoy para encontrar esa prohibición tuve que investigar. Sin embargo, la Zarabanda se sigue escuchando en todos los conciertos que escuchas de música del barroco. Entonces, ojo, digo, bueno, prohíban cosas porque igual lo que pasa es que esas cosas son imposibles de guardar porque saltan por encima de eso. Pero, ¿qué me pasa con el reguetón a mí? ¿Por qué me gusta? Me gusta el reguetón porque hace mucho tiempo que voy a Puerto Rico, para empezar. Es mucho más fácil entender la emisión vocal de Bad Bunny, por ejemplo. que es lo que te llama la atención, como nos llama la atención a todos una emisión vocal nueva, como llamaba la atención ‘Be Bop a Lula’, cuando surge o cuando cantaba Elvis o cuando empezaron los Beatles y todo el mundo se reía porque decían ‘she loves you, yeah, yeah, yeah’ es como «bueno», pero hoy en día nadie se ríe de los Beatles ni de Elvis. Una cosa nueva siempre te llama la atención, pero si vas a Puerto Rico entiendes de dónde viene. Del raggamuffin, de la música jamaicana, que se desarrolla con los trabajadores del Canal de Panamá, que entra en Puerto Rico y que se vuelve un símbolo de resistencia, en Puerto Rico. Primero, un símbolo de resistencia generacional y, también, parte del prejuicio del reguetón y de todos los géneros que cuento en esa canción, ‘Prohibidos’, me di cuenta después, a priori, que también tiene una cosa racial en la discriminación, porque son todos géneros que provienen de África, de alguna manera, y que son desarrollados por los descendientes de africanos, en todos los lugares y que la sociedad les discriminaba, también, no solo por las características musicales, sino por algo que tenía que ver con razones más turbias.