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Marián Boticaria. Otra Carmen. Lo bueno abunda. 61 años. Estás de hierro, no, o sea, estás de acero pa los barcos, chavala, estás guapísima. Además irradias energía, que es lo bonito en una mujer, irradiar esa energía que tú tienes. Aunque claro, en esa energía está el calor, que también estás emanando. Los sofocos, temazo. ¿Qué ocurre con los sofocos y cómo podemos evitarlos? En nuestro estudio, ‘Mujeres de Hierro’ hemos visto que los sofocos realmente no son el síntoma más prevalente. Entre los 40 y los 70 años está en torno a un 50-60%. Pero que no sea el más prevalente no significa que no sea importante, porque cuando aparecen vienen dando fuerte. Síntomas como el cansancio, son síntomas que tenemos que pueden aumentar o disminuir, pero el sofoco no lo tienes y de repente aparece en una etapa y puede cambiarnos la vida. Lo que está ocurriendo en tu cerebro ahí mientras te abanicas, Carmen, es que tienes unas neuronas que se llaman “Candy Candy”. Bueno, yo las llamo así “Candy Candy” en realidad se llaman KNDY, pero cuando Javier Butragueño y yo empezamos hablar de las Candy Candy, dijo: “Esto son las Candy Candy, hay que llamarlas Candy Candy”, porque además son como las Candy Candy, están ahí un poco revoltosillas, son un poco irascibles, también, casi como nosotras. ¿Qué ocurre con las Candy Candy? Pues que cuando tenemos los estrógenos, otra vez los estrógenos, los estrógenos funcionan como una especie de neopreno que tiene aislada a la Candy Candy para que pueda regular bien su temperatura. Pero cuando esos estrógenos disminuyen, esas neuronas, las Candy Candy mandan una señal, la Neurocinina B al termostato cuando hay un cambio de temperatura y le dice: “Oye, que aquí hace calor, que no tengo un neopreno que me proteja, que me estoy asando”. ¿Y qué hace el termostato? El termostato dice: “Si hace calor, abro los grifos, vasodilatación, enchufo los aspersores, sudor”. Y por eso aparece esa vasodilatación, esos sudores nocturnos, ese sofoco, y también esas palpitaciones. Esas Candy Candy, con el tiempo, aprenden a regularse con el termostato. La buena noticia en este caso, a diferencia de lo que ocurría con la sequedad vaginal que comentábamos con Paloma, es que esos síntomas se van a ir regulando, pero mientras que aparece, pueden perturbar mucho la vida de la mujer porque aparecen especialmente por la noche. ¿Por qué? Porque por la noche tu cuerpo tiene que bajar la temperatura medio grado para dormirse. Pero eso que ocurre de manera natural y que tu cuerpo toda la vida lo ha hecho, ahora las Candy Candy sin el neopreno se ponen nerviosas y mandan la señal. Es que incluso el roce de una sábana, un pensamiento raro que se te cruza, un nerviosismo, un estrés, dispara ese termostato y entonces aparecen esos sofocos. Cuando esto ocurre por la noche, ya sabemos, no pasa bien el manguerazo glinfático y, por tanto, al día siguiente ¿qué vamos a tener? Más cansancio, menos batería, más niebla mental, nos estresamos más y las Candy Candy se ponen más nerviosas. Esto es un sindiós. Tiene solución. Y la buenísima noticia, Carmen, es que la terapia hormonal de la menopausia es la solución más efectiva frente a los sofocos y que hay distintos tipos de utilizarla, vía oral, parches, como decíamos, no son antibióticos de amplio espectro, cada uno va a tener su función, pero la terapia hormonal de la menopausia es una estrategia efectiva. Y, además, para las mujeres que no pueden o no quieren utilizar hormonas, hay fármacos nuevos como el fezolinetant que lo que hacen es esa neuroquinina, que llegaba al termostato a decirle: “¡Eh, calor!”, no le abre la puerta, lo bloquea.