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Qué hacer cuando sientes que no puedes más

Elizabeth Clapés

Qué hacer cuando sientes que no puedes más

Elizabeth Clapés

Psicóloga


Creando oportunidades

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Elizabeth Clapés

Elizabeth Clapés es psicóloga especializada en trauma, relaciones y bienestar emocional. Su trabajo se centra en ayudar a comprender cómo las experiencias dolorosas influyen en nuestra forma de sentir, pensar y relacionarnos.

A lo largo de su trayectoria, ha divulgado sobre temas como el apego, la ansiedad o la repetición de patrones, ofreciendo herramientas prácticas para construir vínculos más sanos y gestionar el dolor emocional.

Defiende una visión realista de la salud mental, en la que el amor, la estabilidad y la repetición de experiencias seguras son fundamentales para sanar, alejándose del positivismo simplista.


Transcripción

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Elizabeth Clapés. La vida a veces se pone muy fea. Y muchos de aquí lo sabréis. Si estáis asintiendo con la cabeza, entiendo que la vida, a muchos de aquí, se os ha puesto fea. Y estos mensajes de, ante todo, actitud positiva, y todo lo malo trae algo bueno»

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Elizabeth Clapés. Esta hiperactivación, esta sensación de alerta, esta sensación que tiene el cuerpo de que todo el tiempo va a suceder algo malo, puede ser una manifestación del trauma. Entonces, al final hablamos de trauma cuando nuestro cuerpo vive anclado en un pasado que no es, obviamente, consciente, que no es voluntario. Es una situación que en su momento sobrepasó lo que podíamos integrar y se quedó grabado, de forma que, a día de hoy, en lugar de contarlo como un recuerdo normal, lo contamos y lo revivimos.

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Mujer 1. Hola, Elizabeth. Muchas gracias por estar aquí con nosotros. Es un placer escucharte y aprender de ti. Como ya sabemos, el pasado influye en quienes somos hoy en día. Me gustaría preguntarte cómo podemos y debemos acompañar a nuestros seres queridos con sus heridas del pasado. Gracias.

04:58
Elizabeth Clapés. Es muy frecuente y creo que es algo que nos encontramos habitualmente, o a mí como psicóloga, al menos, me lo preguntan muchísimo. “¿Cómo ayudo a alguien, a quien yo quiero, que ha vivido una situación traumática, compleja, altamente dolorosa?” Y es que pensamos que hay un método infalible de acompañar a alguien y que nos tenemos que leer libros. A veces me preguntan: “¿Qué libro me recomiendas para acompañar a una persona con…?” Es que realmente, como ser querido, como amigo, no hay un manual de protocolo de intervención para una persona que ha vivido una situación traumática, no lo hay. Y quien os lo venda os está engañando. Y escuchadme bien, no hay nada que repare más a otra persona que un vínculo sano, seguro y predecible, nada. No hay terapia que sane más que el amor. Y no es algo cursi, es real. Porque la falta de amor, la falta de cuidado, la falta de cariño, la falta de atención, es lo que genera los traumas. Y por supuesto la falta de bondad, la mala intención, eso es lo que genera heridas. Los psicólogos en terapia tenemos continuamente a personas que vienen por culpa de otras, por lo que les han hecho otras. Nosotros pocas veces, por no decir ninguna, tenemos a pacientes que vienen a consulta y dicen: “No, no, es que a mí no me han hecho absolutamente nada. Me lo he creado todo yo sola”. No, no hay nada que genere más trauma y más dolor a un ser humano que otro ser humano. Por ende, la mejor forma y la forma más útil, eficaz, bonita, de reparar a una persona es siendo una buena persona con ella. Y a veces me preguntan: “¿Tú crees que viniendo de una relación de maltrato yo estoy preparada para meterme en otra relación? Es que siento que hasta que yo no sane no debo meterme en otra relación”. Bueno, es que muchas veces se sana dentro de una relación, porque nada repara más que alguien que te ame, que a ti alguien te quiera y te demuestre que lo que a ti te hicieron no era merecido, que tú no mereces eso. No hay nada que repare más a un niño que sufrió bullying que tener un buen grupo de amigos después que le quieran, que queden con él, que no lo dejen de lado, que no hagan un grupo de WhatsApp en el que él no está, que lo incluyan en todos los planes. No hay nada que repare más a una mujer que ha sufrido una relación de violencia de género que conocer a un hombre que le demuestre que no son todos los hombres así, que le demuestre que no está loca, que ella no se lo merece, que no es “pegable”. Que esto lo he llegado a escuchar: “Es que soy ”pegable”, por eso me agrede mi pareja”. No hay nada que repare más a una persona que ha sufrido que que llegue otra que le demuestre que ni lo merecía ni hacía nada para provocarlo, y además, un aprendizaje fundamental que necesita una persona que ha sufrido es que el resto del mundo no es así. Porque cuando alguien sufre mucho y cuando a alguien le hacen mucho daño, en familia, en amistades, en pareja, en un trabajo, cuando se expone de nuevo a una situación semejante a aquella en la que vivió el daño, esa persona piensa que lo va a volver a vivir porque eso es la norma, porque son así. Por eso, frecuentemente, cuando estamos en un trabajo en el que nos han maltratado, nos han hecho mobbing y cambiamos a otro trabajo, estamos hiper alerta y estamos tensos, esperando a ver cuándo el jefe me habla mal, a ver cuándo mi compañero hace X, a ver cuándo se ríen de mí, a ver cuándo…, y no pasa. Y ese aprendizaje, esa experiencia emocional nueva, repetida, que no una única vez, porque hay veces que hay hombres que me dicen: “Es que mi pareja lleva ya unos meses conmigo y yo ya le he demostrado que yo no soy así, y aún así desconfía de mí y aún así está incómoda y aún así piensa que lo hago con mala intención, que le miento, que tal…” Ya, es que tiene que ser una experiencia emocional repetitiva.

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Elizabeth Clapés. El cuerpo no aprende por una sola experiencia buena, necesita más. Lamentablemente hacen falta dos toneladas de ternura y de amor para reparar un solo gramo de odio y de daño, lamentablemente. Por eso nos pensamos: “No, es que yo ya llevo unos meses con esta persona, o con estos amigos nuevos, en este trabajo nuevo, y aún así no estoy tranquila”. Ya, porque tu cuerpo necesita entender y aprender que la nueva normalidad es esa. Y la normalidad no es un día, la normalidad son muchos días, son muchos días repetidos, eso es la normalidad. La normalidad es lo que pasa con más frecuencia, lo que pasa más habitualmente. Pues para construir una nueva normalidad, necesitamos que eso se repita muchas veces. Y esto pasa lo mismo en familia. Cuando alguien vive en una familia desestructurada, en la que sufre, y luego va a casa de sus amigos y ve las otras familias y dice: “Lo que yo tengo en casa no es normal”. Muchas veces aprendemos lo que no es normal cuando otra persona nos dice: “Ey, que lo normal es que te traten bien”. Que lo normal es que en la mesa se esperen a que tú acabes de comer para levantarse. Que lo normal es que en tu casa no se critique tu cuerpo, no te corrijan lo que comes, no te tengan celos en tu propia casa, tu propia madre. Que tu padre entre chillando por la puerta, que tu padre sea alcohólico, que tu padre consuma, no es lo normal. La violencia no es lo normal. A veces no sabemos lo que es lo normal hasta que otra persona de fuera no nos dice: “Existe una diferente normalidad para ti. Y si te quedas aquí, yo te la puedo enseñar”. Pero como os digo, esto tiene que ser algo repetido una y otra vez. Y eso es lo más bonito que le podemos regalar a una persona: paz mental, estabilidad y que la persona sepa que mañana cuando se levante por la mañana la vamos a seguir queriendo. Porque las personas que han sufrido mucho, las personas con trauma, lo que constantemente sienten es que en algún momento lo bueno va a cambiar, en algún momento lo bueno se va a acabar. Porque lo bueno no es lo normal. “En algún momento me va a agredir”. “En algún momento me va a ser infiel”. “En algún momento me van a dejar de lado”. “En algún momento va a pasar algo”. Porque lo bueno no dura. Lo bueno es en lo que yo me mantengo en alerta y en sospecha de ver cuándo cambia. Entonces, lo mejor que le podemos regalar a una persona es una relación predecible en la que mañana me voy a despertar por la mañana y te voy a seguir queriendo, voy a querer seguir siendo tu amiga y voy a querer seguir siendo tu pareja y voy a seguir estando en tu vida. Eso es lo mejor que le podemos regalar a una persona: la estabilidad, la paz y una relación predecible.

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Mujer 2. Es un gusto conocerte. Me ocurre que hay cosas a las que le doy mil vueltas y me imagino escenarios catastróficos, y al final tal vez no pasa nada de eso, sino que ocurren cosas hasta bonitas o nada. ¿Qué puedo hacer para mejorar o no caer en ese hueco, en ese vacío? ¿Qué me puedes recomendar?

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Elizabeth Clapés. Yo cuando alguien anticipa tanto, una de las cosas que le pregunto es: “¿De qué te protege esa anticipación?” Cuando por ejemplo estás anticipando lo que te va a decir, imaginemos que has recibido un email de un jefe. “Tengo que hablar contigo. Mañana ven a la oficina a las ocho de la mañana”. Cuando anticipamos, cuando nos preguntamos 200 veces qué es lo que va a pasar, realmente ¿de qué nos estamos protegiendo? Porque cuando anticipamos, no solo nos preguntamos cosas. Normalmente lo que hacemos es decir: “Vale, si me dice esto, yo voy a responder esto. Si me dice esto otro, yo voy a responder esto otro”. “Y si pasa esto y contesta que me quiere despedir, ¿yo qué hago? Y entonces me quedaré sin trabajo, y entonces no tendré dinero, y entonces no podré pagar el alquiler, y por ende, voy a tener que volver a casa de mis padres”. Y vas haciendo un mundo, y construyes algo muy grande. Realmente, ¿de qué te está protegiendo anticipar? ¿Qué estamos intentando cuando anticipamos? Cuando anticipamos, nos intentamos proteger de algo malo que creemos que puede suceder. Buscamos estar más preparados para lo que sea que puede suceder. ¿Qué pasa? Que la anticipación no cambia la realidad. Es decir, que nosotros demos muchas vueltas a un tema y lo sobrepensemos 50 veces, no va a cambiar si nuestro jefe nos quiere despedir o nuestro jefe nos quiere ascender. No va a cambiar absolutamente nada. Porque todo lo que sucede en tu cabeza se queda en tu cabeza y en tu cuerpo, pero no traspasa a la realidad. Por ende, la utilidad de la anticipación no es cambiar la realidad, esa no es una utilidad que tiene, sino que es únicamente prepararte a ti por si acaso sucede y te ves sin herramientas. Entonces, normalmente las personas que anticipan mucho son personas que han vivido cosas inesperadas con las que han tenido que actuar de último momento y con las que se han sentido muy abrumadas. Cosas que dices: “Bueno, es que esto lo viví sin herramientas. Y ahora lo que intento es tener herramientas siempre, por si vuelve a pasar que no me vuelva a pillar desprevenida. La realidad es que la mayor parte de cosas que nos pasan, las peores no avisan. Tú no puedes estar más preparada para la muerte de una madre. Tú no puedes estar más preparada para que tu marido te pida el divorcio. Tú no puedes estar más preparada para que tu hermano tenga un accidente. Tú no te puedes preparar más para las cosas que pasan de repente. Para eso no hay herramientas. Entonces yo a veces me sorprendo pensando: “Bueno, si mi pareja coge la moto, tiene un accidente, yo voy a llamar a la ambulancia, porque yo entiendo que yo estoy como contacto de emergencia. Entonces me llamará a mí por teléfono. Yo llamaré a la ambulancia o la ambulancia irá. Yo iré directamente al hospital y me quedaré con él. Y ahora estas cosas, y los perros los cuidará…” Bueno, yo me monto unas películas tremendas. Y llega un punto en el que digo: “Acabo de revivir. Mi cuerpo

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Elizabeth Clapés. Bueno, yo me lo monto todo. Entonces llega un punto en el que digo: “Acabo de hacer a mi cuerpo pasar por una situación horrible. Porque le acabo de hacer procesar un duelo

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Elizabeth Clapés. Entonces, muchas veces lo que yo os recomiendo, más allá de soltar el control y de decir: “Mira, no hay preparación que me prepare para según qué desgracias, da absolutamente igual lo que yo haga, que en el caso de que a mí me llamen por teléfono y me digan: ‘Tu pareja ha fallecido, ha tenido un accidente o a ti te despedimos del trabajo’, en el momento en el que pase eso me las voy a ver, me va a caer como un chaparrón y da igual la preparación que tenga antes”. Pero en las situaciones en las que no son catástrofes, como digo, y sí que podemos ir viendo que el futuro va asomando la patita, en estas situaciones yo os invito a que confiéis mucho en vuestra versión que se va a enfrentar en ese momento. Porque si ahora pensáis que anticipando vais a resolver algo, imaginaos lo que va a resolver vuestra misma versión del futuro más preparada y, en esa circunstancia, con toda la información que necesita para actuar, que ahora no la tenéis. Porque luego aparecen muchos factores que dices: “Bueno, mira, pues ni tan mal”. Entonces lo que os decía, por una parte el entender que sois personas resolutivas, que sois personas altamente preparadas para la desgracia, que el ser humano es resiliente por naturaleza, que aunque no queráis sois resilientes porque no lo sois vosotros, lo es vuestro cerebro. El cerebro se adapta para poder sobrevivir a la vida y el cerebro se adapta a cosas espantosas, pero espantosas. Y si no, Viktor Frankl es un ejemplo maravilloso de resiliencia. Una persona que lo perdió todo en el Holocausto y luego escribió un libro hablando de resiliencia. Es mucho más profundo que esto. Esto es un resumen muy banal para lo que es esta figura de Viktor Frankl. Pero lo que os digo es que el cerebro se adapta a desgracias. Y de hecho, si echáis la vista atrás, os daréis cuenta de que habéis sobrevivido a cosas que pensabais que jamás, que pensabais que si os pasaban os moriríais. Yo he sobrevivido a cosas que yo pensaba: “Si me pasa esto, me muero”. No te mueres porque el cerebro es una pasada. No te mueres. Y después, encima, pasa el tiempo, miras atrás y dices: “He sobrevivido a ello y ya no duele”. Lo fuerte es que ya no duele. Eso es sanar. Cuando puedo hablar de ello y, aunque me pellizco un poco el corazón, porque hay cosas que de cierta forma siempre nos van a pellizcar, ya no me interfiere en mi vida, ya no interfiere en mi día a día, he podido sobrevivir a ello. Tú has hecho un trabajo muy grande, pero tu cerebro no te puedo explicar lo que se ha modificado. Esto se llama “neuroplasticidad”, la capacidad del cerebro de adaptarse para seguir sobreviviendo es increíble y es involuntario. Obviamente podemos hacer cosas voluntariamente para modificar el cerebro. Si aprendéis a hacer malabares, se modificará vuestro cerebro. Si aprendéis algo nuevo, vuestro cerebro se va a modificar. Pero si pasáis por desgracias, aunque no luchéis mucho, aunque simplemente sigáis caminando, vuestro cerebro se va a ir modificando para que cada día eso duela menos, podáis vivir con ello y llegará un día en el que miraréis atrás y diréis: “Pasó”.

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Mujer 3. Hola, Elizabeth, encantada de saludarte. Mira, yo me considero una persona super positiva e intento serlo generalmente, pero, ¿qué pasa con las situaciones en las que, por más que lo intento, no lo consigo?

22:42
Elizabeth Clapés. Hay muchísimos profesionales que han hecho un gran daño con el tema del positivismo, con frases como: “Puedes con todo”. “Puedes conseguir todo lo que te propongas”. “No hay mal que por bien no venga”. Son frases que nos intentan dar a entender que todo es cuestión de actitud, y que si tienes una buena actitud te pasarán cosas buenas, y que si te pasan cosas malas es porque tienes que cambiar tu perspectiva ante la vida. Realmente ese positivismo hace mucho daño porque invalida el dolor. Tú no le puedes decir a una mujer que acaba de perder a su hijo que tenga una buena actitud ante la vida. Tú no le puedes hablar de positivismo. Tú no le puedes decir a una madre que ha perdido a su hijo que sea positiva ante la vida, que puede con todo. Tú no le puedes decir a una persona que está perdiendo a su padre o a su madre por una enfermedad, a alguien que está luchando contra una adicción, a alguien que le acaban de dar un diagnóstico de una enfermedad terminal o una enfermedad crónica, o que vive con dolor crónico, tú no le puedes decir que todo es cuestión de actitud y que cambie su actitud ante la vida y que puede lograr todo lo que se proponga. La realidad es que lamentablemente no puedes lograr todo lo que te propongas, no puedes. Hay cosas que no dependen de ti, que vienen en tu naturaleza, que no las tienes. Hay cosas que se ven limitadas por la situación económica. Hay muchas cosas que se ven limitadas por el país en el que vives, por el género que tienes, por tu edad. Entonces, pedirle a alguien que tras la pérdida de un vínculo reaccione pequeñito o reaccione con buena actitud, eso no es pedirle nada realista, no es respetar la salud mental de la persona, y tampoco es salud para ella. Lo normal si tenemos un vínculo y pasa una desgracia y a esa persona le pasa algo, o esa persona se pone enferma, o esa persona nos deja y cortamos la relación con ella, lo normal es llorar o lo normal es retirarse durante un tiempo de lo que era tu vida normal y necesitar procesarlo a tu manera. Porque hay personas que no lloran, hay personas que se encierran más en sí mismas, hay personas que se evaden de otras formas, como haciendo mucha vida social para no conectar con el dolor de lo que han vivido. Entonces, no quiero hacer una norma general porque realmente no hay una norma general que aplique para todo el mundo, pero lo normal es sufrir. Hay situaciones en la que lo normal es padecer y lo raro es no padecer. A mí si ahora mismo me viene un paciente y me dice: “Mira, ha fallecido mi hermano, pero ante todo positivismo. Yo tengo que seguir para adelante y seguir tirando, porque la vida sigue”. Yo lo que pienso es que lo que está haciendo es compartimentar este dolor, lo está disociando, lo está aparcando en una parte de su cabecita a la que voluntariamente no quiere acceder ahora, porque no quiere conectar con ese dolor, pero ese dolor queda pendiente de ser sufrido y va a aparecer en algún momento, porque con el dolor tenemos deudas. Todo el dolor que no sufres, es dolor que queda pendiente de ser sufrido, siempre. Luego lo somatizas, luego salen otro tipo de relaciones, luego hay ciertas circunstancias que actúan como disparadores. Dices “¿Qué ha pasado?” “¿Qué no pasó? ¿Qué no permitiste que pasara? ¿Qué dolor no permitiste que te atravesara?” Recuerdo un caso en el que una chica me dijo que la noche que se enteró de que su padre falleció se fue de fiesta. Y no lloró. Y que al día siguiente siguió tirando con la vida. Diez años después estaba llorando la muerte de su padre. Es súper saludable. Porque también escuchaba frases como: “Después de diez años ya tendría que estar bien”. Sí, si te hubieses permitido transitar el proceso en el momento, pero no te lo permitiste. Está bien. Ojo, no es culpa de la persona. A veces, normalmente, no nos permitimos sufrir porque nos protegemos del dolor.

26:39
Elizabeth Clapés. Es una defensa. La evitación, la negación, la minimización son defensas que son capitas que nos ponemos para protegernos, para proteger nuestro corazoncito, nuestra alma, la protegemos para no sufrir. Y es que es normal. Hay veces que el cuerpo dice: “Mira, ya está. Es decir, yo ya he sufrido bastante. Hasta aquí”. Yo recuerdo también una persona que me decía: “Es que falleció mi padre, y yo estaba viviendo el duelo de mi padre, que no había salido yo aún, y pocos meses después diagnosticaron cáncer a mi madre. Yo no fui a verla al hospital cuando ingresó y me siento muy mal hijo por ello”. No fuiste a verla porque tú no eras capaz de soportar más dolor y tu cuerpo dijo: “Lo aparto porque no puedo con las dos cosas”. Y eso al final es protector en el momento. Tenemos que entender que muchas de las cosas que hacemos, que nos parecen desde fuera irracionales, son adaptaciones inteligentes que en el momento tuvieron sentido para protegernos de lo que estaba pasando. Esa persona me dice: “Es que no fui a visitar a mi madre y lo que es peor es que no me preocupé. Es que yo no sentí preocupación por mi madre, y casi se muere por un cáncer”. Bueno, no sentiste preocupación porque tu cupo de dolor estaba tan lleno que hubo un momento en el que tu cuerpo dijo: “Desconecto de esto porque no me lo puedo permitir”. Y a veces pasa el tiempo y dices: “Yo aquello no lo sufrí”. Ya llegará. Ya llegará de alguna otra manera. Queda pendiente de ser sufrido, queda pendiente de ser transitado, porque sufrir por sufrir tampoco repara. El dolor no sana por ser vomitado. Pensamos que cuando lloramos, si tenemos lo que se llama una abreacción, que conectamos con algo emocional que nos desborda y no podemos y no lo sostenemos, viene la congoja, el no puedo respirar, la ansiedad del lloro y lloro… Luego sentimos alivio, pero es una falsa sensación de alivio. Porque el alivio es momentáneo, pero la herida sigue ahí porque nadie ha trabajado sobre ella. Sobre las heridas hay que trabajar y hay que sentir de forma proporcionada a lo que está sucediendo. Y eso a veces implica morirte de dolor. Eso a veces implica llorar mucho. Eso a veces implica sufrir que crees que no puedes sobrevivir a ese dolor. Hay cosas que duelen mucho en la vida y lo proporcional es que duelan mucho, no que las afrontemos como algo positivo. Lo sano es afrontarlo como algo proporcional. Y hay que sentir, lamentablemente, de forma proporcional a lo que está sucediendo.

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Mujer 4. Elizabeth, ¿qué tal? A mí me gustaría preguntarte qué debemos hacer cuando sentimos que estamos perdidos, que no podemos más. Y bueno, al final nunca vemos esa luz al final del túnel. Gracias.

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Elizabeth Clapés. Hay cosas que se sobreviven sin querer. Y esto es algo que yo he tardado mucho en entender porque cuando yo era pequeña, mi padre se quitó la vida. Bueno, yo no era tan pequeña. Digo que era pequeña, pero no era tan pequeña. Y muchísima gente me pregunta cómo se sobrevive a que un padre se quite la vida. Y yo siempre pensaba: “No lo sé, pero aquí estoy unos cuantos años después”. Y es una pregunta recurrente: “¿Cómo se sobrevive cuando parece que no, cuando no hay luz al final del túnel?” Hay cosas que se sobreviven sin querer. Que simplemente cuando pasan, tú sigues caminando y vas tirando. Y de repente, caminas con los pies arrastrando. Vas caminando como, ni te das cuenta, como por inercia. Y un día comes algo y dices: “Bueno, ya me ha entrado algo de comida”. Y otro día dices: “Bueno, voy a ir a trabajar, voy a quedar con una amiga y desbloqueas una ‘skill’ nueva. Desbloqueas el quedar con amigos. Y de repente tu amiga dice algo gracioso y te ríes, y desbloqueas la risa. Y en ese momento dices: “¿Me he reído? ¿Me debería estar riendo?” Sientes culpa por reírte. Las primeras veces, después de que pase una desgracia, es bastante habitual que sientas culpa por haberte reído o por haber sido feliz. Pero vas desbloqueando, lo que os digo, desbloqueas el hambre y comes, desbloqueas el quedar con una amiga y luego lo repites. La vida va girando y tu vas girando con ella, vas caminando. Y hay cosas que se sobreviven sin querer, que tú no decides ser más fuerte, que tú no dices: “Voy a tirar adelante”. Hay veces que tú no dices nada, simplemente sigues caminando. Entonces, esto me ha enseñado, el haber sobrevivido totalmente sin querer a muchas cosas, sin ninguna intención, me ha enseñado que hay veces en la vida en las que solo hay que seguir caminando, que no hay que hacer absolutamente nada más. Que la vida se pone muy fea, muy oscura, no sabes qué va a pasar, te sientes mal, no ves luz al final del túnel, sigue caminando. Porque hay muy pocas cosas que te puedo prometer, muy pocas, porque la vida es bastante incierta. Pero hay una que te aseguro, y es que la vida cambia, te guste más o te guste menos, te convenga el cambio o no te convenga. Por eso lo bueno se acaba, pero por la misma regla por lo que lo bueno se acaba, lo malo también. La vida es un continuo cambio. Entonces, lo que parece hoy que es inamovible, que no va a ser modificado, lo que hoy parece que va a durar para toda la vida, cambia. Y a veces no cambia la situación, a veces cambias tú dentro de la situación. Cambia cómo lo vives, cambia tu forma de verlo, cambia algo que a veces no sabes ni qué es, pero cambia. Y de repente te das cuenta un día que has transitado una época en la que parecía que no había luz, pero parece que, de repente, hace tiempo que salió un poco la luz y yo fui tirando. Y a medida que yo fui tirando fueron saliendo cosas y mira. A veces esas etapas son más largas que otras. Pero algo que, como os digo, sí que os puedo asegurar, es que la vida cambia. Y que como hija de una persona que falleció porque se quitó la vida, os pido que sigáis caminando siempre, siempre, pase lo que pase. Sigue caminando, pide ayuda, cuéntaselo a la gente de tu entorno.

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Elizabeth Clapés. “No veo luz ahora mismo”. Cuéntaselo porque no hay nada que sane más, como hemos dicho, que el amor que recibimos por parte de otras personas. Y es que, lamentablemente, a veces no hay consejo, no hay protocolo, no hay un “sigue estos pasos y todo va a ir mejor”. No, a veces es seguir tirando. Y te preguntan: “¿Cómo estás?” “Tirando, Tirando. No, no estoy haciendo nada. Simplemente estoy tirando. Estoy sobreviviendo hasta que cambie algo. Hasta que cambie algo, cambie yo, cambie mi forma de verlo, me adapte, sobreviva a ello”. Es decir, no digo que tenga que cambiar la circunstancia, muchas veces no cambia la circunstancia. Una enfermedad crónica no cambia. Bueno, sí que cambia. Van cambiando, pero realmente cambias más tú dentro de ella que ella dentro de ti. Esa es la verdad. Entonces, algo con lo que siempre que tengo gente delante y siempre que me escuchan personas, y en este caso me están escuchando millones de personas, siempre aprovecho para decir: “Es que cuando la vida se ponga muy fea, sigas caminando, siempre, aguanta”. La vida cambia. La vida, por algún lado, de repente te asoma la luz. Y un día miras atrás y dices: “Menos mal que me quedé. Menos mal que aguanté”. Y esto se lo podéis preguntar a personas que alguna vez intentaron quitarse la vida, si han agradecido no haberlo conseguido. La mayor parte de respuestas que os vais a encontrar es que es así. Y es que lo que parece muy negro hoy y lo que se pone muy feo hoy, dentro de un tiempo no sabes cómo, porque muchas veces no sabes cómo, ya no lo ves tan negro. Aunque hoy parezca imposible, aunque hoy tú pienses que no, que esto va a doler para siempre, que esto yo lo he escuchado: “Elizabeth, es que esto me va a doler para siempre”. No. Ojo, puede doler muchas veces. Puede que, de vez en cuando, conectes con ello, pero no va a doler para siempre, porque el cerebro se adapta, el cerebro cambia. El cerebro es el órgano más resiliente y es increíblemente resiliente, bendita neuroplasticidad. Ya no eres tú, ya no es que tú quieras, ya no es que tú te esfuerces, es que el cerebro se va modificando. A veces necesitamos ayuda, ya sea de un psicólogo, un psiquiatra o de un personal sanitario, de un amigo, de un familiar que nos tienda la mano. No os digo que no, no digo que puedas con todo. Muchas veces necesitamos a otras personas para que nos ayuden a poder. Y hay una frase que me gusta mucho que dice: “Puedo con todo, pero no con todo a la vez”. Entonces, a veces hay que compartimentar. Yo hay ocasiones de mi vida en las que digo: “Bueno, ahora estoy con esto y no puedo con nada más. Entonces esta desgracia para después”. Esto lo hago y digo: “De esto me ocupo en otro momento, lo siento. Esto lo sufro en otro momento. Esto lo hablamos en otro momento. De esto me ocupo más adelante. Porque ahora mismo no puedo, y está bien. Puedo con todo, pero no con todo a la vez”. Entonces, yo puedo con ello por partes, y eso está bien. Entonces, ¿ahora no vemos luz al final del túnel? Ahora. Ahora no veo luz al final del túnel. La luz está. No la podemos ver. Esto es habitual en depresión. Esto es habitual cuando pasan desgracias, cuando pasan catástrofes, que yo las llamo. Cuando a mí me preguntan de que falleció tu padre, yo muchas veces respondo de tristeza, porque es realmente lo que te pone una venda en los ojos y te hace no ver o te hace equivocarte.

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Elizabeth Clapés. La tristeza engaña mucho, la depresión engaña mucho, muchísimo. La ansiedad engaña mucho. Los problemas de salud mental nos engañan mucho. Entonces, sabiendo que esto puede pasar, sabiendo que podemos encontrarnos en algún momento de nuestra vida en el que lo veamos todo negro, sabiendo que eso puede pasar, vayamos preparados para este momento en el que, cuando suceda, digamos: “Lo estoy viendo todo negro porque no estoy bien, pero no es todo negro”. ¿Y cuántas veces lo hemos visto todo negro, que no hemos visto luz? Y luego ha salido la luz y hemos dicho: “¡Mira!, que parecía que no pero al final se ha resuelto, o al final ha sobrevivido o al final….” Mira, fue una desgracia, pero sigo viviendo y conecto con momentos de felicidad y estoy bien, y poco a poco estoy mejor. Entonces recordemos, si ya lo hemos vivido, esas veces en las que lo hemos visto todo negro y no nos hagamos caso, aunque sea muy difícil, porque de verdad creo que es de lo más difícil que os puedo pedir, que no hagáis caso a esa parte de vosotros, esa mentalidad que os grita en el momento que no hay salida y que no hay luz al final del túnel. Es muy difícil porque duele mucho, habla muy alto y a veces es la única voz que escuchamos. Pero ojalá haya un hilo dentro de vosotros, un hilo, una persona, una vocecita, una lucecita que, aunque brille poquito, os diga que quizá lo estás viendo todo negro, pero no es así. Ojalá algún día os acordéis de lo que estoy diciendo y digáis: “A mí me dijo una psicóloga que cuando lo veo todo negro me estoy autoengañando”. Es el dolor que me está poniendo una venda en los ojos y por eso lo veo todo negro. Pero no es todo negro. La vida cambia, aguanta y sigue caminando, por Dios, sigue. Y pide ayuda, por supuesto. Porque muchas veces no es cuestión de una charla de una psicóloga que dice saber mucho, otras veces tampoco es cuestión de un libro. Otras veces sí, otras veces nos hace un clic un libro, una charla, un amigo, pero otras veces no. Otras veces necesitamos más tiempo, necesitamos más amor, necesitamos más cariño, necesitamos más ayuda, necesitamos un acompañamiento profesional. Sea lo que sea, no somos personas rotas. Las personas no se rompen como los juguetes. Las personas no nos estropeamos. No nos siniestramos como los coches. Dices: “No, este coche ya para el desguace”. No hay personas para el desguace. No las hay.

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Hombre 1. Hola, Elizabeth, encantado. En nuestro día a día hay muchas situaciones muy injustas y que nos llenan de rabia, pero que al fin y al cabo no podemos cambiar. Entonces, ¿qué podríamos hacer para sacarnos esa rabia de encima?

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Elizabeth Clapés. Algo que todos escuchamos desde que somos pequeños es una frase que os va a sonar redundante que es: “La vida es injusta”. Pero no sabes hasta qué punto es injusta hasta que no es injusta contigo. Ese día, la frase de la vida es injusta dices: “Sí, pero ostras, ¿tanto?” Sí, tanto, tanto. La vida es tremendamente injusta, ¿por qué? Porque es aleatoria. Hay un factor que es la aleatoriedad, que yo siempre digo que la mala intención y las personas ineptas contribuyen más a las injusticias que la aleatoriedad. Pero la aleatoriedad también incluye esto. Que hay personas de todos los colores, que hay muchas formas de ser, muchas intenciones buenas y malas, y esto hace que se repartan injusticias por el mundo e inevitablemente alguna te toque a ti. Y cuando hablamos de injusticias yo no pienso en: “Es que le han dado el premio a esta persona y a mí no, y yo sé que me lo he trabajado más”. Hablo de injusticias que las personas que las hayan sufrido van a conectar mucho con lo que estoy diciendo, porque una injusticia te marca la vida. Una separación en la que estoy obligada a una custodia compartida con un maltratador y no puedo hacer nada, o la injusticia de que mi pareja me arruinó y se fue. Yo he escuchado a muchas mujeres decirme: “Es que con lo que me hizo y míralo, siendo feliz, llevando una vida. No se lo merece. Es injusto”. Sí, es tremendamente injusto, pero es lo que hay. Y hay un concepto de Marsha Linehan, de ‘La Terapia Dialéctico Conductual’, que es la aceptación radical. Que consiste en dejar de luchar contra una realidad que no puedes cambiar. Y es entender también que tú te puedes reparar y puedes vivir dentro de una realidad que no te gusta. Y esto es muy duro y es muy difícil, porque las personas que tenemos los valores muy integrados y los principios como pilares fundamentales de nuestra personalidad, decimos: “Es que no me entra en la cabeza, es que no puede ser”. Y no lo entendemos. Y cuantos más valores tienes y más principios tienes, más rabia te da la injusticia porque dices: “Yo actúo bien, si es que yo hago las cosas bien”. Yo, de hecho, rijo mi vida por una frase que es una adaptación del imperativo categórico de Kant, que es: “Actúa de manera en que tu conducta pueda convertirse en ley universal”. Y eso me lo vais a escuchar decir en todas mis conferencias. Y a mí me da mucha rabia cuando yo actúo de manera que mi conducta se puede convertir en ley universal y veo otra persona actuando de manera que si su conducta se vuelve ley universal, nos morimos todos. Entonces, me da realmente muchísima rabia cuando veo esto. Y digo: “Con el esfuerzo que yo le pongo a ser buena persona y me tengo que comer las consecuencias de una persona que no se ha esforzado nada en ser un buen ser humano para el resto”. Pues como soy así, también, y como me dan mucha rabia las injusticias, y como las he sufrido, he tenido que poner en práctica esa aceptación radical, esa aceptación radical de decir: “No me voy a pelear contra la vida. No voy a discutir a la realidad porque la realidad es la que es y yo no la voy a cambiar por mucho que me enfade”. Y me enfado.

43:33
Elizabeth Clapés. Vaya si me enfado. Y es súper válido que me enfade. Pero quedarme dando pataletas al aire, que es válido un rato, a mí no me lleva a ninguna parte. Yo doy pataletas al aire, pero no me puedo quedar anclada toda la vida en esa rabia que me comentabas, porque ahí con la que estoy siendo injusta es conmigo. Y realmente mientras dependa de mí, mientras dependa de mí, me lo voy a hacer fácil, me voy a hacer el camino amable. Y esa es una frase que yo digo mucho: “Me lo voy a hacer fácil y me lo voy a hacer amable”, porque no siempre hay que escoger la vía difícil. Hay cosas que no hay que lucharlas, hay batallas que hay que soltarlas, hay situaciones, hay problemas, que solo se solventan cuando los sueltas. Y muchos entenderéis esto. Hay veces que hay que tirar la toalla. Esto que te dicen: “Nunca te rindas, siempre lucha por lo que tú eres”. Hay veces que no. Hay veces que hay que escoger el camino fácil. Hay veces que hay que decir: “Mira, no me apetece, me da pereza, no me quiero someter a eso”. Hay injusticias por las que ya no voy a seguir luchando, porque ya me he desgastado, ya me he quemado. Entonces, ahora voy a mirar por mí y voy a soltar. Y voy a aprender a vivir dentro de una realidad que no me gusta, pero me la voy a hacer amable. También os digo que la justicia, el concepto de justicia, lo tenemos muy enfocado a la justicia judicial, a que las personas malas pagan por lo malo que hacen. Eso no siempre pasa. Y si no miramos el mundo y nos damos cuenta de que las personas malas no pagan por lo que hacen, sino que muchas veces, incluso gobiernan, lamentablemente. Entonces, habitando un mundo que es ampliamente injusto, que es aleatorio, en el que hay personas que tienen poder y toman decisiones malas, en el que hay personas que sin tener poder nos hacen daño y nos hacen ser víctimas de una injusticia, tenemos que entender que la justicia tiene muchas caras. La justicia no es únicamente la condena o la absolución. La justicia no es únicamente el éxito o el fracaso. La justicia no es únicamente el castigo o la recompensa. Muchas veces la justicia es que una persona mala va a tener que seguir viviendo siendo ella el resto de su vida. Muchas veces la justicia es que una persona cruel va a vivir siendo, literalmente para muchas personas, lo peor que les ha sucedido. ¿Vosotros os imagináis ser, en el relato de muchas personas, la persona de la que hablan cuando dicen: “Es lo peor que me ha pasado en la vida”? Es horroroso, es horroroso. Justicia también es poder ser sin máscaras. Justicia también es que alguien, que es una persona horrible, vaya a tener que ser, para siempre, lo que para otros fue una sola mala racha. Aquello de lo que tú dices: “Menos mal que me libré de esta persona”, esa persona no lo va a poder decir nunca porque va a ser ella hasta el último de sus días. Entonces imagínate qué justa es la vida cuando a ti te permite que algo malo sea solo una mala racha y a esa persona le obliga a ser toda la vida. Tú te puedes deshacer de esa persona. Esa persona no se puede deshacer de sí misma. Entonces justicia también es que para ti eso fuera un rato de tu vida y después tú hayas podido volver a amar, hayas podido volver a vincularte, hayas podido volver a tener amigos, hayas podido encontrar otro trabajo que te encanta, hayas podido salir de ese ambiente. Y ese ambiente tóxico se ha quedado ahí porque esas personas siguen, pero tú has salido de ahí.

47:14
Elizabeth Clapés. Justicia también es que vuelvas a vivir después de aquella injusticia. Porque justicia, como os digo, la justicia que tenemos entendida de los malos pagan por lo malo, la vamos a encontrar veces contadas en la vida. Y hay veces que dicen: “Bueno, la vida pone a cada uno en su lugar”. A veces no, ¿verdad? A veces no, porque la vida es tan aleatoria que hay situaciones en las que sí pone a la persona en su lugar y hay veces que los ponen en un lugar que tú dices: “¿Pero cómo ha llegado ahí? ¿Cómo ha llegado?” Pues a veces siendo muy malo se llega muy lejos, que esto es verdad. Pero a veces dices: “¿La vida pone a cada uno en su lugar? Pues vaya lugar le ha puesto a este”. Claro, te quiero decir. ¡Guau! Sí. ¿Por qué? Porque la vida es aleatoria. Y la aleatoriedad significa que hay personas, y como os digo, el ser inepto, la ineptitud, la incompetencia y la mala intención hacen mucho más por las injusticias que la aleatoriedad, pero forman parte de la aleatoriedad de que en el mundo hay de todo. Entonces, como os digo, esa aleatoriedad de la vida hace que haya personas que efectivamente acaban siendo colocadas en su lugar y nos ponemos contentos y lo llamamos “karma”, es aleatorio, y hay otras que dices: “¡Guau!, se ha hecho millonario y le va súper bien y es una malísima persona”. O de repente, yo que sé, está feliz, tiene un buen trabajo, o esta empresa está creciendo muchísimo, es una empresa que a mí me ha tratado fatal. Pues sí, hay otras empresas que por tratar mal a sus empleados o porque salen casos, fracasan, y hay otras que dices: “Pues mira, sigue funcionando”, aleatorio. Te ha tocado, te ha tocado. Existes, te toca. Entonces, como hay una aleatoriedad tan grande en la vida, tenemos que poner en práctica muchas veces esta aceptación radical que es el: “No me voy a pelear contra una realidad que no puedo cambiar, porque pelearme y quedarme dando pataditas al aire no va a servir de absolutamente nada. Voy a buscar la justicia en otro sitio. Voy a mirar a mi alrededor y voy a buscar la justicia en otro sitio o la voy a hacer de otra manera”. El otro día, una mujer que ha sufrido una relación de violencia de género me decía: “Me da mucha rabia porque él sigue ahí. Todo el mundo piensa que soy yo la loca, porque él lo ha hecho muy bien”. Esto pasa con cierta frecuencia, que el más malo es el que más estrategias tiene para parecer el más bueno. Es una cosa que yo… Es que ni las personas buenas pueden conseguir aparentar ser tan buenas como el malo. Hay personas que son tan malas que fingen mejor ser buenas que las propias buenas personas. Porque es impecable, como lo estás fingiendo y lo estás forzando, te sale preparado como en una película. Estás cumpliendo un papel. Cuando eres una persona normal, buena, cometes errores, tienes días mejores, días peores. Pero claro, cuando estás midiendo cada acto de tu conducta, inevitablemente actúas de una forma normalmente más perfecta que quien está viviendo improvisando. Esto me recuerda las mantis orquídea. ¿Sabéis lo que son? Son las mantis que tienen forma de orquídea y tienen esta forma de florecita preciosa para atraer bichos y podérselos comer. A veces parecen más orquídeas que las propias orquídeas, que dices: “¿Cómo puede ser? Son perfectas”. Claro, es que una flor a veces coge bichitos, coge bacterias, hongos. A veces una flor está rota por una esquina. A veces una flor está torcida porque es una flor y porque la imperfección forma parte de la naturaleza. La mantis orquídea es perfecta. Finge ser una flor y atrae muchas veces a más bichos. Hay estudios que demuestran que atrae, a veces, más bichos que las propias flores de verdad, estando al lado de las flores de verdad. Porque aparenta ser más perfecta, por eso atrae más víctimas.

51:04
Elizabeth Clapés. Sí, es una buena metáfora. Y hay veces que veo una persona tan perfecta y pienso: “Eres una mantis orquídea”. Y no es nada bonito que te digan eso, pero yo lo pienso para mis adentros y pienso: “Prefiero ser el bicho que va a la flor imperfecta porque sabe que eso es lo normal y lo natural, que el bicho que va a la mantis orquídea porque parece una flor perfecta y se lo comen y lo atrapan sus redes. Entonces, yo elijo ser el bicho que va a lo imperfecto, porque entiendo que lo normal es imperfecto. Todo esto para deciros que vivimos en un mundo injusto, que esto nos lo han dicho desde que somos pequeños, que lo lamento mucho, cuando conectéis con la injusticia y os duela mucho, porque es algo que da mucha rabia. Y la rabia hay que transitarla, también. En la rabia no nos tenemos que quedar, pero tenemos que transitarla y tenemos que vivirla. Una paciente me decía: “Es que me siento mal a veces porque pienso en que quiero que le pasen cosas malas a esta persona”. Normal. Aquella chica que me decía: “Es que me da mucha rabia -que os estaba comentando ahora- que porque él sigue haciendo su vida y le sigue yendo bien, y realmente me sabe mal, pero quiero que le vaya mal”. Normal. Transita la rabia. Luego se te pasará y un día dirás: “Mira, yo -y esto lo he escuchado también mucho-, yo no quiero que le vaya mal, pero no quiero que le vaya porque mientras a él le va, hace daño a otras personas. Es decir, claro, no le deseo el mal, le deseo la nada, le deseo que no haga daño, le deseo que no exista, le deseo que desaparezca por las víctimas que va a dejar después. No es que le deseo el mal, es que deseo el bien al mundo”. Y a veces pues, lamentablemente, claro, a veces va relacionado. Y esta persona me decía: “Es que es injusto porque no tengo pruebas para demostrar que esta persona me maltrató. No tengo recursos económicos en comparación a esta persona que tiene muchos más que yo. Siento que no se va a hacer nunca justicia”. Y yo le expliqué que hay muchas formas de hacer justicia y que una de ellas es, iba a decir una frase que se va a malinterpretar, tomártela por tu mano, no. Pero tomártela por tu mano en el sentido de decir: “Voy a hacer justicia yo. Voy a hacer que mi vida haga justicia. Voy a hacer que yo mire después mi vida y diga: ‘Estoy contento con ello, estoy contenta con lo que he creado’. Sea injusto aquello que me pasó o sea más justo, me da absolutamente igual. Porque yo lo que tengo ahora es justo, porque ahora mi vida, la vida que yo he construido después de aquello, es justa conmigo, es lo que yo merezco”. Entonces, no me peleo con una realidad que no me gusta. Construyo la justicia a mi manera, porque la justicia tiene muchas caras. Y justicia es volverte a enamorar después de que, como en este caso, que te maltrate una persona y a esa persona le siga yendo bien, pero es que justicia para ti igual es volverte a enamorar y crear una familia. Justicia para ti quizá es encontrar otro amigo que te cuida y que no te trata como aquel, encontrar un buen trabajo después y poder promocionar en ese trabajo. Hay muchas formas de hacer justicia. Entonces, simplemente a veces hay que conformarse con encontrar la propia, pero os aseguro que hay un día en el que eso satisface. Porque insisto, para ti será únicamente una mala racha, pero esa persona va a tener que seguir viviendo siendo ella toda la vida.

54:17
Bea. Hola, Elizabeth. Me llamo Bea y soy estudiante de psicología. Y quería preguntarte si debería, o cómo debería alejarme de una persona que amo, pero tal vez no me conviene.

54:34
Elizabeth Clapés. Hay algo muy curioso y es que los psicólogos vivimos enseñando, ayudando a las personas a adaptarse, a sobrevivir, a sobrellevar realidades que no les gustan. Y eso hace que muchas veces haya pacientes que nos preguntan: “¿Cómo puedo vivir bien dentro de situaciones que me hacen daño?” Hay una gran diferencia entre aquello que no puedes cambiar y aquello que sí. Y es que cuando hay una situación que te hace daño y hay una lucecita dentro de ti, una vocecita que sabe que tú puedes cambiar eso, no te va a dejar vivir tranquila. Yo te puedo enseñar a vivir con una enfermedad crónica, yo te puedo ayudar, más bien, a saber vivir con una enfermedad crónica, con ciertas situaciones que no te gustan. Podemos trabajarlo, podemos trabajarlo durante mucho tiempo y te prometo que lo lograrás. Lograrás vivir dentro de una situación que no te gusta. Pero ahora bien, si tu cuerpo sabe que tú puedes cambiar esa situación, no hay herramientas que yo te pueda dar que tú vayas a poder vivir dentro de esa situación. Es decir, da igual lo que yo te enseñe, da igual las herramientas que yo te dé, da igual lo que trabajemos en terapia, tú no vas a poder vivir dentro de una situación que no te gusta, que te hace daño y que tú sabes que puedes cambiar. Hay algo en el saber que lo puedo cambiar, que hace que nunca te puedas adaptar a ello, que nunca lo puedas sobrellevar con resiliencia. Porque hay gente que, claro, me dice: “No, pero es que yo no quiero dejar a esta persona. Yo quiero seguir con esta persona, aunque me haga daño, aunque no me convenga, aunque me trate mal. Quiero”. No hay manera. No la hay. Porque cuando tu cuerpo sabe que tú puedes salir de esa situación, siempre va a fantasear con cómo sería tu vida fuera de ella. Siempre te va a empujar hacia ese camino que sabe que tú puedes transitar, que tú puedes vivir. Estos son los “precursores de cambio”, que yo lo llamo en el libro, que son aquellas situaciones que suceden, aquellos problemas que suceden, que parecen problemas pero realmente son problemas, entre comillas, malestares que nos empujan a salir de una circunstancia que no nos gusta. Entonces, buena noticia, aunque para ti ahora sea mala, tu cuerpo nunca te va a dejar vivir en una realidad mala para ti y mala para tu salud, nunca te va a dejar mantener una relación que te hace daño, si sabe que puedes cambiarla. Tu cuerpo solo puede adaptarse a aquello que sabe que no puede cambiar, cuando sabe que no hay otra realidad. De manera que nunca vas a poder ser feliz dentro de una relación en la que sufres. Nunca vas a poder ser feliz al lado de una persona que no te conviene, porque tu cuerpo no te va a dejar. Y bendito sea tu cuerpo, porque gracias a esa fuerza, a esa fuerza interior, digamos, tú vas a salir de esa circunstancia.

58:00
Elizabeth Clapés. Imaginaos que no sintiéramos malestar cuando vivimos situaciones que nos hacen daño. Imaginaos que no sintiéramos malestar cuando alguien nos maltrata, cuando en un trabajo nos explotan, cuando un familiar nos falta respeto. Si no sintiéramos malestar, nunca saldríamos de esas circunstancias. Entonces el malestar, así como el dolor, está para que hagamos un cambio. Esto es lo mismo que, y este ejemplo lo he puesto en otras ocasiones, la mano en la vitrocerámica. Si tú pones la mano en la vitrocerámica te vas a quemar y automáticamente la vas a apartar. Pues el dolor emocional está para que hagas exactamente lo mismo. Que si una persona te está generando ese dolor, no por un error, no por un malentendido, sino que esa persona te está generando un daño, ese dolor que tú sientes no es para que tú digas: “Voy a transitarlo, me voy a adaptar y voy a acabar pudiendo ser feliz en esta relación”. No vas a poder. Tu cuerpo no te va a dejar habitar una relación en la que te están haciendo daño, nunca. No hay forma. Podemos esperar más o menos. Yo, a pacientes que están sufriendo relaciones de maltrato, muchas veces les digo: “¿Cuántas veces más lo necesitas?” Porque hay veces que necesitamos quemarnos diez veces más. ¿Necesitas diez veces más? Ok, van a suceder, te lo garantizo, con la persona que tenemos al lado, si estamos con alguien que nos maltrata, esas diez veces más van a suceder. ¿Necesitas diez más? Perfecto. En casos muy graves, siempre digo: “Ojalá no pase nada por el camino. En el camino de tu paciencia, ojalá no pase nada. Ojalá te dé tiempo a que pasen esas diez veces que necesitas”. Pero es cierto que a veces necesitamos quemarnos unas cuantas veces más para salir de una situación si tenemos tiempo, si la gravedad nos permite equivocarnos un par de veces más, genial. Pero nunca va a pasar que tú pongas la mano encima de la vitrocerámica, te quedes y digas: “No duele, no lo noto”. Si eso pasa algún día, igual no estarás con vida. Es decir, si algún día no notas eso… Siempre lo vas a notar. Y nunca vas a poder dejar la mano en una vitrocerámica encendida constantemente y no sentir que te quema. Lo mismo va a pasar con las relaciones que te hacen daño. Nunca vas a poder evitarlas sin dolor. Las relaciones que nos hacen daño están para que salgamos de ellas. Es la única función que tienen. Pero muchos dicen: “No, porque todo lo malo te enseña algo”. No. A veces sales arrastrándote a cuatro patas como puedes y sobrevives como malamente has podido. Y no has aprendido nada. Y lo que has aprendido más te gustaría no haberlo aprendido, porque el aprendizaje no compensa el trauma. Entonces, no hay nada que pueda recomendarle a alguien que quiera seguir permaneciendo en una situación que le hace daño, siempre y cuando la pueda cambiar. Ningún psicólogo va a conseguir, ni por muy bueno que sea, que tú seas feliz dentro de una situación tan mala, cuando tú la puedes cambiar. Y ese tipo de situaciones, como os digo, están para salir de ellas, ni para aprender ni para sacar ningún provecho, solo están para salir. Yo hay veces que cuando me encuentro una persona que me hace daño, una mala persona, digo: “Una relación de la que hay que salir, ya está”. Es decir, no tiene otra función. Quizá no puedo salir hoy, quizá no puedo salir la semana que viene, porque necesito un proceso, pero es que no tengo más remedio. Es una relación de la que hay que salir. Es una situación que hay que cambiar. A veces me encuentro en situaciones laborales que digo: “Me hacen un montón de daño. Lamentablemente, tengo que salir. Por mucho que me guste, por mucho que yo tuviera unas expectativas de que esa situación iba a ser maravillosa, me iba a generar muchísimo, una perspectiva de futuro, una proyección de futuro maravillosa, tengo que renunciar a mis expectativas, a las expectativas que me había creado sobre esa relación, sobre ese trabajo, sobre lo que sea, porque este tipo de relaciones y de situaciones únicamente están para que salgas de ellas.

01:01:52
Mujer 6. Hola, Elizabeth. A veces hay personas en nuestra vida, en nuestro entorno, que se enfadan o con las que no llegamos a un acuerdo o por lo que sea, y ese conflicto no lo quieren resolver. ¿Cómo hacemos para superar esa pérdida de esa persona?

01:02:13
Elizabeth Clapés. Lamentablemente, en la vida pasa que hay personas que nos dejan de hablar o que pierden el interés en nosotros o que se enfadan por un malentendido y no quieren reparar el vínculo, o que simplemente cambian de opinión sobre lo que sea. No estamos en el cerebro de todo el mundo. No podemos saber qué es lo que ha pensado. Pero la realidad es que hay muchas veces en las que alguien corta contigo, amigos, familia, pareja, y simplemente tienes que asumir la pérdida. Y es que hay personas que son etapa, personas que han venido a formar parte de tu vida durante un tiempo, pero que resulta que no estaban destinadas para formar parte de tu vida siempre. Y esto duele muchísimo, porque cuando tú pensabas que ibas a envejecer con una persona y de repente te das cuenta de que tienes que cambiar hasta tus planes de jubilación, porque realmente con esta persona no vas a envejecer porque ha cortado el vínculo contigo, es muy duro. Es muy duro llamar persona etapa a alguien que pensábamos que iba a ser para toda la vida. Pero esta es la realidad y esto es lo que pasa. Y esto es lo que nos encontramos, que hay personas que vienen a estar un ratito. Entonces, tenemos que asumir que esa fluidez de personas forma parte de la naturalidad de la vida. En algunas ocasiones puntuales me ha pasado que he discutido con una amiga, o no hemos discutido pero nos hemos distanciado, más bien, y he pensado: “Vaya, esta era una persona etapa y yo no lo sabía”. Y es que hay muchas personas que son etapa y no lo sabes. Pero hay que asumirlo como parte de la naturalidad, de la fluctuación de la vida, que algunos entran, se quedan, algunos se quedan mucho tiempo y parece que son para siempre, pero no. Y se van, y transitas el duelo. Si es que no hay más que transitar el duelo y sufrirlo y llorarlo, porque eso también es honrar la relación. Hay una frase que dice que sufrir por tu pérdida es honrar lo mucho que amé tu presencia. Y esto es así. Incluso, aunque la persona se vaya mal, es decir: “Por mí hago el proceso”. Porque a veces escucho: “Es que no pienso llorar por él”. Es que no lloras por él, lloras por ti. Lloras para tú poder transitar el dolor. “Es que no voy a dedicarle más tiempo a pensar en él”. Lo haces por ti, porque tu cerebro y tu cuerpo lo necesitan ahora. No lo estás haciendo por esa persona. No estás honrando a esa persona, estás respetando lo que tu cuerpo te pide en el momento. Da igual, no le vas a dar más dignidad a esa persona, ni le vas a atribuir más valor porque tú sufras por ella. El sufrir, el pasarlo mal y el transitarlo es tuyo y forma parte de tu proceso. No tiene nada que ver con esa persona, es tuyo. Y a veces hacer el proceso solo, sola, duele, porque dices: “Guau, yo lo estoy pasando fatal y a esta persona parece que le da igual”. A veces es que no lo muestran y otras veces es que han hecho el duelo durante la relación y por eso parece que cuando han roto no lo han pasado mal, o a veces pasa que simplemente, no sabemos por qué, esa persona no lo está pasando mal, por lo que sea. Y dices: “Guau, es que yo lo estoy pasando fatal y esta persona lo está viviendo de otra forma”. Es que tu proceso y tu duelo es tuyo, no es compartido. Cuando cortas relación con una persona, vivís dos duelos diferentes. Y el tuyo tiene que honrarte a ti y tiene que ser respetuoso contigo. Y da absolutamente igual como lo esté viviendo la otra persona, si se está yendo de juerga, si ha encontrado una pareja inmediatamente después, si está quedando con otras amigas, da igual. Tu proceso es tuyo y lo transitas por ti, independientemente de lo que está haciendo esa persona, porque lo haces por ti. Yo lloro por mí. Yo me desahogo por mí. Yo me levanto y digo: “Venga, esta tarde voy a quedar con otras amigas para hacer algo social y encontrarme un poco mejor”.

01:05:59
Elizabeth Clapés. Lo hago por mí, no lo hago por esa persona. Me voy a arreglar y me voy a poner guapa, pero lo voy a hacer por mí, porque lo estoy haciendo cuidando de mí, cuidando de mi cuerpo, cuidando de mi alma, cuidando de mi ser, que al final es el que me acompaña todos los días, es que soy yo. Y hay algo importantísimo que nos enseñan poco, y es que hay que saber irse. Hay que saber cortar las relaciones. Cuando alguien te ha querido, tienes que saber irte. Cuando alguien te ha tratado bien… Siempre tienes que saber irte, pero especialmente irte de aquellas relaciones en las que tú has sido feliz. Hay que irse con cariño, hay que irse con cuidado, incluso aunque seas tú quien quiere romper con la otra persona. Hay que saber irse. Hay que saber soltar con delicadeza, soltar con amor, soltar con explicaciones. No dejar a la otra persona sin entender nada. Lo puedes hacer, pero está horrible y habla mucho de ti como persona. Y a veces no habla de maldad, a veces habla de cobardía. Pero es que lamentablemente en la vida hay situaciones incómodas que tienes que afrontar. Porque a veces escucho a personas decir: “Es que Dios mío, prefiero dejar de hablar a esta persona que sentarme a darle explicaciones. Es que me da tanto apuro vivir esa situación y verla llorar y tener…” Te aguantas, te aguantas. Es verdad, te aguantas, porque por respeto al vínculo a veces hay que sostener la incomodidad de cerrarlo con respeto. Te aguantas, en la vida hay situaciones incómodas. Te aguantas. Es lo que hay. Y las sobrevives y las aguantas y las sostienes, y es lo que hay. Y luego, cuando pasan los años, miras atrás y dices: “Dolió, pero lo hice bien”. A mí me daría mucha vergüenza mirar atrás en mi vida y ver que a una persona a la que yo quise y que me quiso con todo su corazón, yo me fui de su vida sin explicaciones, sin darle ningún tipo de cierre y sin cariño y con frialdad. Se me caería la cara de vergüenza al suelo. Las cosas se cierran con amor. Por mal, por mucho que discutamos al final, por feo, las cosas se cierran con respeto. A veces nos impide la circunstancia tal y como se cierra que lo hagamos con todo el amor del mundo. Pues lo mínimo con respeto. Y ya no solo por ti o por mí, sino por el vínculo. Porque a veces un mal cierre rompe el recuerdo de toda la relación. Porque un mal cierre a veces te hace incapaz de recordar el resto de la relación con cariño, y la relación no se merece eso. Porque un mal cierre, un abandono sin explicación, que a veces sólo se explica por la cobardía del otro o por no querer sostener la incomodidad o a veces por la maldad y la falta de empatía, un mal cierre se carga años de relación. Entonces, a veces me dicen: “Bueno, pero es que yo puedo intentar un buen cierre pero va a ser unilateral, porque el otro no va a contribuir en un buen cierre”. Ok, pero tú decides sobre ti, sobre tu cuerpo, tu alma, tu proceso. Tu proceso ciérralo bien, ciérralo cómo tú necesitas, aunque la otra persona se haya portado mal, que yo no digo que tú tengas que ser un santo, ciérralo de una forma en la que tú te quedes tranquila. Actúa de forma en la que en unos años tú mires atrás y digas: “Me quedo tranquila con cómo actué en ese cierre”. Yo sí he sabido cerrar con ternura. Es muy importante saber cerrar con ternura. Y si el otro no cierra con ternura, puedes cerrar tú con ternura por ti. A veces se puede cerrar con un portazo, también por ti. Hay cosas que dices: “No, cierro con un portazo y lo hago por mí”. Hay personas que se merecen un portazo, y el portazo lo das por ti. Es totalmente válido, pero el cierre, como os digo, no es siempre por el otro. Por el otro, respeto y empatía siempre, siempre y cuando esa persona lo tenga con nosotros.

01:09:30
Elizabeth Clapés. Porque no hay nada más problemático que tener empatía hacia una persona que no tiene ni alma. Y esto existe. Y está feo, quizá, o suena mal, que lo diga una psicóloga. Existe. Entonces, lamentablemente hay duelos que hay que transitar, pero transitadlos por vosotros, siempre con respeto y empatía, como os digo, para transitadlos por vosotros tal y como los tengáis que transitar. Y cerrad siempre que podáis con ternura y cariño, de manera que algún día, pase un tiempo, miréis atrás y digáis: “Me fui o me echaron de mala manera, pero yo me fui tranquila, y me quedo muy tranquila con cómo actué”.

01:10:15
Fernanda. Hola, Elizabeth, ¿qué tal? Mi nombre es Fernanda. Muchas gracias por estar aquí. Te quería poner en una situación que muchas veces nosotros nos quedamos callados para no generar un problema. ¿Cómo podemos reaccionar ante esto para que nos sintamos de la mejor forma posible?

01:10:32
Elizabeth Clapés. Hay algo que tendemos mucho a hacer las personas y es adaptarnos a lo que sea con tal de evitar una situación incómoda. Entonces, nos callamos cuando alguien nos hace daño, nos callamos cuando alguien nos incomoda y cuando alguien reacciona de forma desproporcional es como: “Hala, hala”. Porque tendemos, como he dicho antes, a adaptarnos lo posible para no destacar, no generar problemas y, por ende, no ser rechazados, no ser humillados, no pasar vergüenza. Pero también es porque es lo que nos han enseñado hasta ahora, a pasar desapercibidos y a no molestar. Que está muy bien, está muy bien y, obviamente, intentemos siempre no molestar. Pero hay un aprendizaje que tenemos que sumar a este de no querer molestar que es el aprendizaje de permitir que las personas sientan la incomodidad que ellas mismas han generado. No tenemos que proteger a la gente de sentir el malestar que ellas, que ellos, han generado en los otros. Yo no te voy a proteger a ti de sentir la incomodidad que sucede en consecuencia de tus actos. Si tú haces daño a otra persona, me haces un comentario hiriente, me haces un comentario que me pone en una tesitura compleja, pues voy a, de cierta forma, hacerte vivir las consecuencias, a veces incluso sin hacer mucho. Pero te voy a hacer vivir las consecuencias de lo que tú has generado. No te voy a proteger de tu propia conducta, no te voy a proteger de los resultados de tu conducta. Y esto lo vemos, claro, cuando en una mesa, por ejemplo, cuando estamos con otras personas, alguien hace un comentario hiriente. Y a mi me ha pasado que te hacen un comentario hiriente, una broma ofensiva y tú te ríes. Y dices: “¿De qué me he reído? ¿De qué me he reído si no me hace gracia y encima me ha ofendido?” Te ríes para adaptarte al entorno, para no generar una situación incómoda. Pero por eso digo que a veces es tan sencillo como: “Pues no me río”. “Ay, ¿te he ofendido?” “Es que lo que has dicho era ofensivo. Yo no es que me haya ofendido, es que tú has dicho algo ofensivo. Y por ende en mí ha tenido el resultado que esperabas, o que al final es en respuesta a tu comentario. Yo simplemente me he sentido acorde a lo que tú has dicho. Yo no he hecho nada. Y yo puedo elegir lo que digo, pero no cómo me siento. Tú podías elegir lo que me decías, yo no podía elegir cómo me sentía en respuesta a ello”. Por ende, si el control lo tienes tú, la responsabilidad de no hacer daño también la tienes tú. Aguantamos tantas cosas por no generar incomodidad que nos olvidamos de que hay cosas que son nuestra elección, de que podemos elegir sobre nuestra presencia. ¡Sorpresa! Podéis levantaros de una mesa, podéis iros de un sitio, podéis decir: “Hasta aquí”, y marcharos. Podéis decir: “No te aguanto más”. Y os garantizo que os vais a arrepentir más de quedaros sentados en mesas donde os desprecian que de levantaros e iros. Os vais a arrepentir más de las veces que aguantasteis, que de las veces que pusisteis un límite. Porque poner un límite no es gritar, faltar al respeto a la otra persona, montar un numerito, como dicen. A veces poner límites es decir: “Se acabó”. Me levanto y me voy con elegancia. Hay que saber irse sin faltas de respeto.

01:14:23
Elizabeth Clapés. “No voy a aguantar esta situación o esta situación me está haciendo sentir incómodo y yo no me quedo aquí porque yo no obligo a mi cuerpo, a mi alma, a mi ser, a quedarse en situaciones donde lo están tratando con faltas de respeto. Yo no obligo a mi cuerpo a quedarse en situaciones donde le hacen daño”. Entonces, mi mayor consejo es que siempre recuerdes que puedes elegir sobre tu presencia y que puedes decir: “Me levanto de una mesa”, porque no hay que obligar al cuerpo a quedarse en situaciones que le generan daño. Puedes levantarte de una mesa. Recuérdalo siempre, cuando estés sosteniendo mucha incomodidad, la mesa es una forma de hablar, pero si os quedáis con el concepto de “puedes levantarte de esa mesa”, aplica a todo en la vida.