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Ely Guerra. Últimamente canto porque así me siento, que hasta alguien me preguntaba el otro día Ely, ¿cómo estás? Y digo pues como la flor de azalea. Me dijo ¿cómo? Le explique, pues la vida en su avalancha me arrastró. Pero en realidad es que sí creo que hay un tema que nos representa de alguna forma, porque hay como una historia mística y al mismo tiempo hay como esta cuestión de que no sabemos quién es el autor, que ya se han hecho muchos y muchos y muchos versos, y que tú, como cantante, puedes elegir los versos que quieres cantar, pues es La llorona. Y la primera vez que yo abordé La Llorona fue en un proyecto de rock alternativo. El disco se llama Bimexicano y yo elegí La Llorona, pero ya cuando estaba en el estudio y estábamos produciéndola, estábamos mis amados, Milo Froideval y Hernán Hecht. Hernán Hecht es un gran baterista, tocamos por más de 25 años juntos. Yo ni lo miraba, o sea, no había necesidad de mirarnos porque eso estaba a tempo, coordenado, ¿sabes? Entonces producíamos juntos y estábamos los tres y yo les explico no sé, La Llorona está en 3/4, 3/4 es como un vals. Ta ta ta ta ta ta. ¿Todavía es muy alegre, no? O sea, como para mí era un tema alegre, finalmente estamos hablando de algo tan mexicano y tan profundo y místico. Entonces decidimos hacerlo en 5/4, hacerla como un funeral. Y ahí me pescó La Llorona. Por eso digo, volviendo a tu pregunta, ¿cómo vamos a romper con la nostalgia? Rompiendo moldes. No, La Llorona no está en 3/4, La llorona es en 5/4, para mí. Digo hasta Alondra de la Parra, cuando tuve el privilegio de conocerla, yo la adoro, es como una hermana chica, hace años no la veo, pero esa experiencia que tuve con su orquesta interpretando La Llorona, cuando nos sentamos, Lev Zhurbin que es el arreglista de pues, de todo Travieso Carmesí, cuando Lev me dijo Ely, queremos hacer La Llorona en 5/4, para mí fue fantástico y fue una experiencia inolvidable hasta la fecha. Para mí cantar La Llorona creo que es un tema que no solamente voy y lo interpreto, sino que aporta algo de mi personalidad, de quién soy, de cómo veo la música, de hacia dónde entiendo las propias raíces de nuestra, de nuestros compositores, que para mí no lo sé, pero yo imagino como que era un campesino ahí bajo el sol, un solo árbol, ahí me dio sombra y empiezo a tararear… Todos me dicen el Negro llorona, negro pero cariñoso… Y después que diga: Yo soy como el chile verde llorona, picante pero sabroso… ¿Cómo vas a cantar eso en 3/4? Pues si no voy a bailar un vals. Yo creo que una canción es algo tan personal que cuando yo llego a un escenario la canto, ya no es mía, es tuya y cuando esa otra persona canta una pieza mía la regresa a mí, es un regreso, y es muy poderoso. Es de las experiencias más lindas que alguien tenga esta gentileza de acercarse a tu música, interpretarla y hacerla de ellos para regresártela. Es fantástico, es vamos caminando, escucho una canción mía en la calle y es precioso. Sí, creo que quien se atreva a cantar mis canciones pues también va a necesitar de una voz, no hablo técnicamente, sino de una voz que sepa cómo afrontarla, porque eso también creo, soy una mujer muy apasionada. No me casé porque no me aguantaron, no porque no quisiera. Entonces, quién le entre a una de mis canciones es como entrarle al matrimonio, exactamente igual. Hay canciones que también me han dulcificado porque hay momentos de tregua también, y pues yo escribí “Quiéreme mucho” en uno de esos momentos de tregua que sientes esa contención y que sientes, yo quiero llegar a un lugar de paz porque casi siempre estoy como dijo Helena, incendiada. Entonces, cuando por fin llegas a un lugar de paz, pues también son reflexiones bellas y profundas que hacen que la voz también tenga otro contexto, otro lugar.