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Alfredo Nieto. Los artistas más combativos, desde luego, fueron los muralistas, porque justamente ya lo mencioné, venían de un pasado histórico terrible en donde había que denunciar muchísimos de las cosas malas que había en el trato a la gente, sobre todo. A veces las hacemos de manera un poco digamos disfrazaditas o poquito guardaditas, que no sean tan tan obvias. Que se supongan, pero que no sean directas, porque bueno pues es un tema en donde es más importante representar una idea que denunciar una cuestión. ¿Y dónde más puede ser? Donde hay mucho público, donde lo va a ver mucha gente. O sea, ahí sí podemos, aunque sea de manera disfrazada, denunciar alguna cuestión de la que no estemos de acuerdo. Creo que es importante señalar que no es la condición del mural así por excelencia, el mural es más que eso. El mural es también decorar, pero también volver el entorno un poco, un entorno, darle un sentido más humano, darle esta personalidad que tú quieres, cómo te gustaría ver un lugar, pues así lo pintas. Ahora ustedes están viendo un mural que presento, una exposición que tengo ahora en la Academia de San Carlos, es precisamente esta tema de identidad a través de rostros muy emblemáticos, de fisionomías muy mexicanas que yo he elegido con la identidad del maíz, porque el tema del maíz en México lo queramos o no, es un tema casi, pues central. Incluso, ya saben ustedes, hay lemas por ahí que dicen que sin maíz no hay país, porque es la base de nuestra alimentación. Lo ha sido siempre. Y ahora digamos, está en manos de unos cuantos. Al final, aunque no parezca un tema de denuncia, pues hay algo de ello en medio, o sea, disfrazadito por ahí, tenemos que decirlo de cierta manera. Me gusta mucho hacer alusión a nuestro pasado prehispánico también. Tenemos al dios del maíz, abajo Tláloc y este sincretismo con toda la cultura que nos trajeron los españoles, que también es maravillosa. Y entonces tenemos, fíjese, hay una alusión aquí al día de la Santa Cruz. Todos a lo mejor lo hemos oído, pero pocos sabemos a lo mejor la historia. Todas las montañas de alrededor de México y de todo el país, en la época prehispánica había en las grandes montañas, había adoratorios a Tláloc, que cuando llegan los españoles son suplantadas por una cruz. Curiosamente esa cruz después se vuelve azul. El color azul es Tláloc. Tláloc, dios de la lluvia, adorado desde montañas, después de que se convierte en cruz, se convierte en una cruz azul y que algo tiene que ver hasta con un producto que hay por allí y que se se manipula de esa manera. Entonces esas cruz azules que hay en todas las montañas altas de México, tienen que ver con el sincretismo, tienen que ver con Tláloc, tiene que ver con el maíz, tienen que ver con el temporal de siembra en México. Entonces una pequeña idea, fíjense si queremos denunciar, de pronto aquí no es una denuncia, aquí es toda una historia, desde la época prehispánica hasta nuestros días y sigue existiendo. Entonces es una idea englobada en una sola imagen. Ahí entonces podemos preguntarnos ¿y es necesario toda esta historia? No, en realidad no. Esta historia yo se las puedo contar porque yo lo pinté. Yo apuesto a que la obra va a gustar sin la anécdota. Por eso yo les decía el anécdota al final pues sale sobrando, porque eso yo lo sé.