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Valentina Lujan. La felicidad es individual, ¿no? Ya hablamos que la felicidad es construir bienestar de largo plazo, construir bienestar espiritual, físico, intelectual, relacional y emocional. Por más que tú quieras a tu hijo, tú no puedes construirle amigos. Por más que tú quieras a tu hijo, tú no puedes comer sano por él. Tú no puedes dormir bien por él. Tú no puedes hacer ejercicio por él, tú no puedes soñar por él, tú no puedes aprender por él. Entonces, algo que es súper importante es saber que así como la felicidad no se alcanza, no se encuentra, la felicidad nadie te la da, ¿no? Y a mí, pues me parece sorprendente que sigamos prometiendo públicamente te voy a hacer feliz por el resto de tu vida. Es algo gravísimo, porque estamos condenando una relación que empieza a la frustración y al fracaso. Tu promesa de saque no la vas a poder cumplir. Nadie te puede hacer feliz y tú no puedes hacer feliz a nadie, por más que lo quieras o por más que te quieran. Entonces, lo que sí podemos hacer es inspirar a otros a que también construyan una vida feliz. A mí muchas veces me dicen, es que esto de construir amor propio, de construir felicidad, suena muy egoísta. Yo creo que no hay acto de generosidad más grande que construir una vida feliz, por dos motivos. Uno, lo que estás dando de ti al mundo es tu mejor versión. Es una persona sana, creativa, optimista, inteligente, que puede poner muchísimos recursos sobre la mesa, que tiene ideas, que es generosa, que es capaz de aportar. Entonces, lo que estás compartiendo con el mundo es tu mejor versión. Y dos, de manera implícita, estás dando permiso a que los demás también lo hagan y estás inspirando a otros a que también lo hagan. Si bien la felicidad es una construcción individual, sí podemos aportar a la construcción de los demás. Lo que es sumamente peligroso es dejar la responsabilidad de tu construcción en alguien más. No hay mejor forma de creer en un futuro mejor que sintiéndote capaz de construirlo. Cuando hablamos de construir hábitos de bienestar, a mí me gusta mucho usar una herramienta que se llama las tres R’s de mi maestro el doctor Tal Ben-Shahar, lo que nos habla es recordatorios, repeticiones y rituales. Cuando tú tratas de construir un nuevo hábito, no es que no tengas fuerza de voluntad, no es que seas floja, no es que seas tonta, es que no has construido las conexiones neuronales en tu cerebro que hagan ese comportamiento automático. Todos tenemos hábitos, a veces tenemos hábitos que no nos suman y que nos dañan, fumar, tomar alcohol, etcétera, etcétera, estar en las pantallas 80 horas. A veces tenemos hábitos que sí nos suman, pero todos tenemos hábitos. ¿Qué es un hábito? Un comportamiento automático. Tú no estás en la noche, ay, me lavaré los dientes, no, es que hoy no, bueno, no, sí, tal vez sí. Llegas, te lavas los dientes y ni lo piensas. Es un hábito automático. Como ese hábito, hay quien tiene el hábito de quejarse, hay quien tiene el hábito de agradecer, hay quien tiene el hábito de decir buenos días, hay quien tiene el hábito de decir no puedo. Todos tenemos hábitos, pero cuando tú quieres construir un hábito nuevo y te estás enfocando en construir un hábito nuevo, esta herramienta de las tres R’s es súper poderosa, porque lo que hace es que los hábitos se construyen a partir de la repetición, no a partir de la intensidad.