37:14
Manolo Caro. Voy a decir algo, que me voy a mojar un poco porque a lo mejor me critican por esto, pero yo creo que gran parte de cómo somos los mexicanos, lo bueno y lo malo es un poco lo que nos dio la televisión los setentas, ochentas y noventas, que vivíamos en un monopolio donde una sola televisora nos daba el contenido que ellos creían que era el contenido que teníamos que consumir. No había la oportunidad de tener como ahora tantas opciones y creo que somos mucho de nuestra, mucho de nuestra idiosincrasia y de la forma cómo nos relacionamos tiene que ver con cómo se nos ha adoctrinó un poco desde el melodrama a reaccionar. No lo veo mal, o sea, no lo digo como una crítica. De hecho, la empresa es una empresa en la que yo he trabajado y en la que me interesa seguir trabajando. Pero sí esa era la realidad. Ahora las cosas han cambiado muchísimo. Ahora todos tenemos la oportunidad de, o sea, el mismo YouTube. O sea, yo soy una persona, aunque no lo crean, soy cero tecnológica, o sea, he llegado tarde a todo, o sea, he llegado tarde a las redes sociales, he llegado tarde al contenido de streaming, he llegado tarde a consumirlo, al mundo de YouTube y ahora estoy enganchadísimo en, tengo una hora libre para esparcimiento, estar tirado, me pongo un podcast o un canal y me muero de la risa y pongo desde comedia hasta cosas más interesantes. Ahora sí decidimos qué ver y somos responsables de lo que vemos. Yo creo que lo que sucedió es que un poco desde el hartazgo de que se nos dictó y alguien tomaba la decisión de qué veíamos a las cuatro, a las cinco, a las seis, a las siete, hasta qué noticias consumíamos y de qué nos enterábamos, yo creo que eso terminó por hartar a la gente. Nos hartó como espectadores de decir ¿eso realmente es lo que quiero? Y de repente también un género increíble que es el melodrama terminó prostituyéndose mucho y de repente había historias ya muy descabelladas y muy aburridas y muy repetitivas y era como una fábrica de tortillas y vamos, una, otra, otra, otra, otra. Y dejaron de tener esa esencia. Y repito, hubo grandes productores Ernesto Alonso, Carlos Tellez, Valentín Pimstein, con historias de dramaturgos increíbles, o sea, y actores maravillosos. O sea, un Daniel Giménez Cacho hacía telenovelas, una Gabriela Roel hacía telenovelas, Edith González hacía telenovelas. Y ahora, después con el tiempo parecía que las telenovelas las tenía que hacer como actores menores con temas menores, como que todo era para peor, en vez de haberse pulido y haber evolucionado. Yo creo que La casa de las Flores era, es una telenovela. Nada más tenía el formato de serie, pero era un melodrama puro y duro. Alguien tiene que morir, yo creo que es una telenovela y… bueno, no, Alguien tiene que morir, pintaba más como una película thriller pero Sagrada Familia, que es la serie, mi serie favorita que yo he hecho, que está en Netflix, por si no la han visto, es un melodrama y es una telenovela de las que a mí me gustaban, es una en carne propia, es una sonrisa del diablo. Y yo creo que el día de mañana me encantaría y lo digo abiertamente, me encantaría hacer un proyecto de melodrama para la televisión abierta, nunca lo he hecho y me encantaría probarme ahí.