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“Viviré bajo un puente antes que dejar de escribir”

Jordi Sierra i Fabra

“Viviré bajo un puente antes que dejar de escribir”

Jordi Sierra i Fabra

Escritor


Creando oportunidades

Jordi Sierra i Fabra

Jordi Sierra i Fabra es escritor y descubrió su vocación siendo niño. Creció en la España de posguerra, en un hogar marcado por el silencio, y durante su infancia fue tartamudo y sufrió acoso escolar. A los ocho años comenzó a escribir y encontró en las palabras una forma de comunicarse y de construir el futuro que imaginaba para sí mismo.

La música fue también decisiva en su trayectoria. Trabajó escribiendo sobre ella, dirigió revistas y viajó por distintos países, donde conoció a algunos de los grandes nombres del rock y el pop. En un momento de éxito profesional decidió abandonar aquel día a día para concentrarse en aquello que siempre había considerado su verdadera vocación: escribir historias.

Con el tiempo creó fundaciones en Barcelona y Medellín para impulsar la lectura y la escritura entre los jóvenes y acercar la cultura a lugares con menos oportunidades. En esta conversación reivindica la curiosidad, la confianza en uno mismo, la capacidad de reinventarse y cinco valores que han guiado su vida: paz, amor, respeto, honradez y esperanza.


Transcripción

00:00
Jordi Sierra i Fabra. Mirad, hay un dicho que alguno conoceréis, que dice: “Si la vida te da limones, haz limonada”. ¿Pero qué dices, loco? Si la vida te da limones y te gustan las naranjas, te vendes los limones y te compras naranjas. O sea, no te conformes con lo que tienes, lucha por lo que aspiras a conseguir. Escribir es un trabajo muy solitario. Creo que es el más solitario que existe. Estás todo el día solo, pensando, haciendo historias que no sabes si alguien las publicará, y si se publican, si alguien las leerá. Así que es un trabajo de lo más incierto que existe. Yo comparo escribir, el placer que da, con el de un director de orquesta. El director de orquesta coge la batuta, dirige a los músicos: violines, percusión, los bronces… El escritor hace lo mismo, los instrumentos son sus personajes y las notas son sus palabras. Estamos creando vida constantemente. Mi pasión hace que esté creando historias que sé que con el tiempo algunas pueden perdurar, es algo mágico que no se puede explicar. No es por desmerecer a un pintor, a un escultor, pero un pintor hace un cuadro, lo tiene ahí, es su visión, plasma una imagen ahí y ahí se queda. Y el escultor ve un bloque de mármol, ve dentro una figura, le quita lo que sobra y sale la figura. Pero el escritor crea personajes, vida, historias, alienta la vida. Creo que escribir es algo increíble. Y de la vida es de lo que quiero hablar en esta pequeña introducción que estoy haciendo sobre qué estoy haciendo aquí. Estamos aquí para celebrar justamente la vida. Un acto cultural es siempre una celebración de la vida. Estamos hermanados creando algo, buscando comprendernos, entendernos. Y la vida para mí es un compromiso. Nacemos desnudos, con dos manos, tenemos la obligación de vivir y ser felices, abrazarnos viviendo, morir quemados pero diciendo: “He vivido lo que he podido y he hecho lo que he podido”. Así que para mí esa celebración de la vida, estar aquí hoy con vosotros, tiene que ver con escribir y con todo esto. Pero os diré una cosa, los libros no se escriben, se sienten. Sentir es lo que nos hace humanos y diferentes. Dicho esto, queda el coloquio abierto, podéis preguntar.

02:41
Laura. Hola, Jordi, soy Laura. Muchas gracias por estar aquí con nosotros hoy. Es impresionante que un niño que ha sufrido de acoso en el colegio hoy tenga más de 600 libros publicados. ¿Qué encontraste en los libros que cambiaron tu vida de esa manera?

02:57
Jordi Sierra i Fabra. Bueno, esta pregunta requiere también un poco de contexto, porque es cierto que sufrí acoso escolar, sufrí bullying, y cada golpe que recibí me hizo más fuerte. Yo tenía un sueño que era ser escritor. El violento, el que pega, seguirá toda la vida pegando y siendo violento. Pero si tienes un sueño de niño, y ese sueño es tan fuerte que te hace vivir y sentir ese poder que tienes tú, y eso lo tienes tú, vas a poder con todo. Verás, yo nací en una España de posguerra. Soy hijo de dos posguerras, la española y la mundial. Ser hijo de posguerra en aquel tiempo era algo que, con el tiempo, he ido entendiendo. Era estar muy solo frente a la vida. Es muy curioso que, por ejemplo, David Bowie, Elton John, espero que sepáis quiénes son, David Bowie, Elton John y yo los he conocido, los tres nacimos en el mismo año y con muy poca diferencia. Y los tres, en nuestras memorias, decimos lo mismo. Nuestros padres no nos abrazaban. Nuestros padres no nos decían: “Te queremos, hijo”. Somos una generación que nació sin amor, en soledad y con una falta de abrazos y de cariño terrible. Yo nací en una casa en la que no tenía abuelos, habían muerto ya los dos, bueno, perdona, uno no, pero no sabía que existía. No conocí a mis abuelos, mis abuelas murieron cuando yo era muy pequeño, no tengo hermanos, soy hijo único, y encima mi padre me decía siempre en casa: “Jordi, hijo mío, somos pobres, eres tartamudo”. Yo pensaba, ahora me dirá que soy feo y ya me va a hundir la vida para siempre. Me decía: “Estudia o serás como yo”. Yo era tartamudo, no podía hablar con nadie, no podía hablar. Luego fui locutor de radio, lo cual es increíble, pero de niño no podía hablar. En mi hogar, en mi casa, los primeros años de mi vida pasamos hambre. Había cartillas de racionamiento, o sea, se comía lo que se podía, no lo que se quería. Yo no me enteré nunca de que pasé hambre, pero comencé mi vida con dificultades. De alguna forma en mi casa reinaba el silencio y el miedo. Mi padre nunca me contó qué hizo en la guerra civil española, nunca me lo contó. Mi padre nunca me contó que era hijo ilegítimo de un médico de Valladolid muy famoso, con un pedigrí increíble, murió sin contarme nada de todo esto. Yo me enteré de que él hubiera muerto hace 9 años, de que tenía un abuelo, tres tíos y ocho primos que no conocía. Entonces, crecer en un hogar así, con miedo y con silencio, era duro. Mi padre me decía siempre en casa: “Catalán, no lo hables”. Era mi lengua, pero no podía hablarlo. “Baja la cabeza, obedece”. Por Dios, era terrible, era muy angustioso. Aquel clima de resignación yo lo odié siempre. Y os voy a contar algo. La palabra resignación, igual que la palabra culpa, no me gustan nada. Son palabras muy cristianas, pero que no me gustan nada. La palabra resignación implica: “No luches, confórmate”. Mirad, hay un dicho que alguno conoceréis que dice: “Si la vida te da limones, haz limonada”. ¿Pero qué dices, loco? Si la vida te da limones y te gustan las naranjas, te vendes los limones y te compras naranjas. No te conformes con lo que tienes, lucha por lo que aspiras a conseguir.

06:50
Jordi Sierra i Fabra. Por tanto, yo en aquel tiempo con mi padre lo pasé mal, porque encima un día, yo ya tenía ocho años, y atravesé un cristal. Me quedé sin este brazo, tengo aquí un corte, casi perdí esta mano, me quedé sin nariz, se me cayó la nariz entera, y en el hospital, en lugar de dibujar, si un día venís a Barcelona y visitáis la Fundación Sierra i Fabra, hay un museo con mi vida y ahí veréis dibujos míos con ocho años. Dibujaba de fábula, copiaba de aquí a aquí exactamente igual. Pero un día en el hospital, todo vendado, no podía, solo tenía libre este brazo, no podía leer ni hacer nada y empecé a escribir. Veréis, yo con ocho años leía prácticamente un libro al día. Mi frase más famosa es que leer me salvó la vida y escribir le dio un sentido. Yo devoraba libros. Tenía que salir del colegio, en casa éramos pobres, de biblioteca en mi barrio no había, en mi colegio no había biblioteca. Tengo una fundación, justamente por eso, porque sé lo que sufrí yo por no poder tener medios para hacer cosas. Total que salía de la escuela, mis vecinos me daban desperdicios, los vendía a un trapero y cada día alquilaba, de segunda mano, un libro para leer. Libros malísimos, pero es igual, yo leía. En el hospital, como no podía leer con esa mano, un día hice un cuento, de tres páginas, mi primera novela. ¿Sabéis lo que es, para un niño tartamudo, descubrir que escribiendo se puede comunicar con los demás? Me pareció genial. Dije: “Voy a ser escritor”. ¡Hala! Así de fácil. Claro, mi padre… “Papá, voy a ser escritor”. Mi padre me lo prohibió. Dijo que me moriría de hambre, que eso para comer no daba. España, años 50. Había escritores, pero nadie vivía de escribir. Y yo quería ser escritor todo el día. Escribir. Tenía esto que me estallaba la cabeza queriendo tener ideas para escribir. Por tanto, la gran lucha inicial fue con mi padre. Mi padre, si me veía escribiendo, lloraba. No me castigaba, no, lloraba. Hace cuatro años publiqué mi vida en cómic, en novela gráfica. Tuve que leer mis diarios de adolescencia. Y había una página que decía: “Papá me ha vuelto a pillar escribiendo. Se ha echado a llorar. Ha dicho que me moriré de hambre, que soy un inconsciente”. Y al final ponía: “No entiende que yo sé quién soy”. Esa frase resume ese niño que era yo, yo sabía quién era. Era un niño, ya lo sé, y sufría acoso, y en la escuela me suspendían porque decían que era inútil. Mi maestra de lengua, me llamó un día inútil y dijo que en la vida nunca haría nada y que no soñara, que no soñara con 12 años, me dijo mi maestra de lengua, pero yo hacía libros de 100 páginas. Están en la fundación, en el museo, ahí expuestos, con 10 y 11 años, y decían que nunca podría ser escritor. A mí me parecía tan estúpido, porque estaba seguro de que lo conseguiría. No quería ser famoso o rico, eso era otra historia. Quería ser feliz, nada más.

10:17
Jordi Sierra i Fabra. Así que es cierto que toda esa vida que tuve, yo creo que me marcó el camino, me empujó, me hizo rebelde, tozudo, nadie pudo conmigo, nadie. Y sí recuerdo aquellos golpes, aquellas palizas en el colegio, con 13 o 14 años, pero aquella férrea voluntad mía de decir: “No vais a poder conmigo, voy a contar historias”. Es más, el día que me declaré a mi mujer, mi declaración fue de lo más peculiar, porque le dije: “Mira, trabajo en una empresa, estudio por la noche, pero soy escritor”. Y le dije: “Viviré bajo un puente antes que dejar de escribir. Y por encima de ser marido o padre, siempre seré escritor. Si me dices que sí, entérate”. Y me dijo que sí, pero la advertí. Para mí no había otro camino. No había un plan B. Nunca tuve un plan B. Siempre desee ser escritor. Siguiente pregunta.

11:21
Estefanía. Hola, Jordi, soy Estefanía. Estoy muy feliz de estar aquí. Bueno, sabemos que además de escritor, eres historiador del rock. En un mundo que a veces no se encasilla tanto en un solo rol, ¿cómo es que un escritor se hace rockero?

11:39
Jordi Sierra i Fabra. Bueno, es una historia muy curiosa. Yo acabé la escuela con 16 años y me puse a trabajar. Mi padre me buscó un trabajo en una empresa de construcción y me obligó a estudiar aparejador, que era todo matemáticas. Yo no sé mi padre en qué pensaba, porque yo matemáticas… Recuerdo un día en la escuela que me dijeron: “¿Cuánto son 2 y 2?” Y yo dije: “22”. Y me suspendieron. A ver, yo soy escritor, lo siento, 2 y 2 son 22, 2 más 2 son 4, ¿vale? Bueno, pues, de alguna forma, la música entró a mi vida, cuando tenía 9 o 10 años, con Ígor Stravinski. Yo tenía una radio y oía óperas por radio. Me encantaba la ópera. ¿Y qué ocurrió? Que un día llegan al mundo los Beatles. Sigo siendo un beatlemaníaco. Yo trabajaba de día, estudiaba de noche, conseguí un tocadiscos con 19 años, entonces me iba cada día a pie a la escuela y al trabajo para ahorrarme el autobús y el metro y me podía comprar cada semana un longplay, un disco grande. Salían cada semana diez que me gustaban, diez. Iba a la tienda y me volvía loco. Who, Pink Floyd, Rolling Stones… ¿Cuál me compraba? Y me los oía a todos, en una pecera los oía a todos. Y tengo una suerte increíble, tengo una memoria de elefante. Recuerdo fechas, datos, nombres, lo que tú quieras. Y no sabía que esto iba a servirme de algo. Bueno, un día en Barcelona, un señor de una editorial me dijo: “Tú, chaval, ¿quieres ser escritor?” Y me dice: “O tienes dinero, o padrinos, o un nombre”. Y yo dije: “Dinero, en mi casa, nada”. ¿Padrinos? No conocía a nadie para empujarme como no fuera por un barranco abajo. Pero el nombre me lo podía hacer yo. Yo soy un utópico posibilista. Hay utopías imposibles. Ir a la luna, utopía imposible. Pero ser escritor era una utopía, pero no era imposible, podía ser. Por tanto, siempre he sido un soñador, pero basado en lo que yo sabía que podía llegar a conseguir. Aquel tío me dijo: “Dinero, padrinos, o un nombre”. Y me dije: “Me haré un nombre”. La vida es muy sencilla, ¿quién la complica? Nosotros. En el fondo, yo en aquel tiempo dije: “A ver, ¿qué hago yo mejor que los demás? Escribir. Hacía novelas de 500 páginas, una al año, escondido, para que mi padre no me viera. Escribía siempre a escondidas. ¿Y de qué sabía yo más que los demás? De música. Pues escribí de música. Durante dos años, dos años, envié cada semana una carta a Radio Madrid, desde Barcelona, al programa de música más importante de España, ‘El Gran Musical’. Cartas de 15 a 20 de folios, cada semana, sin faltar ni una. ¿De qué hablaba? Los discos que oía, cantantes… Opinaba. En Madrid había unas niñas que leían mis cartas, las daban de mí al gran jefe, y cuando se hizo una revista llamada ‘El Musical’, Me hicieron corresponsal de ‘El Musical’ en Barcelona. Ya tenía un dinerito, trabajaba, estudiaba, hacía artículos. Mi vida empezó a ser un vértigo, pero bueno, era muy joven, era increíble.

15:17
Jordi Sierra i Fabra. Total, que mi nombre, en un año, subió. Y vino la competencia, ‘Disco Express’, me hicieron director. Imagínate, año 70, yo tengo 22 años, todavía había una dictadura en España. Y aquel niño que era yo, de repente se encuentra yendo a Nueva York, a Londres, a París, a Roma, a Los Ángeles, y a hablar con Michael Jackson, con Bruce Springsteen, con Freddie Mercury, con toda esta gente. Y a vivir con ellos y a viajar con ellos. Alucinante, alucinante. Fue un tiempo, claro, conocí a todos los grandes de la historia, con los que además tuve muy buena amistad. Tengo recuerdos maravillosos de Freddie Mercury, de David Bowie, de Elton John, de Supertramp, y habría cien mil anécdotas, bueno, mucha gente. Y durante un tiempo mi vida fue el rock. Llevo aquí esta guitarra para recordar de dónde vengo, mis orígenes. Y me convertí, ahí sí que me hice famoso, porque claro, y viajaba por todo el mundo, y cuando volvía a España la gente me entrevistaba: “¿A quién has visto?” “No, he estado en Nueva York viendo como Michael Jackson rodaba la película ‘The Wiz’”. “¡Ah, cuenta, cuenta!” “Y he estado en tal sitio”. O sea, era una vida, no sé, increíble, de fábula. Pero hubo un momento en que la voz del escritor me llamaba. El primer libro de música en español hecho en todo el mundo lo hice yo: ‘Historia de la música pop’. No había nada en español. Cuando yo llegué a América Latina, cuando yo llegué a Colombia, en el año 2000, fue increíble porque en Corferias corrió la voz de que estaba allá y como escritor no era muy conocido, pero como comentarista musical era increíble. Corrió la voz y me hacían entrevistas en todos los programas de radio y televisión para hablar de música. Y lo mejor fue que a mi hotel vinieron un montón de rockeros, peludos, tatuados, a 40 años tal y cual, llorando como niños. Soy músico por usted, toco la guitarra por ti. Y me enteré, yo no lo sabía, que aquellos libros míos de música fueron los primeros y únicos que llegaron a América Latina. No solo a Colombia, también México, Argentina o Chile. Llegaban pirateados, fotocopiados. Pero es igual, no había nada en español. Los DJs tenían ahí mi libro y podían presumir. Vamos a hablar de tal y cual, de tal y que. Porque nací en tal sitio, porque tal y cual. Y leían mis libros. Una generación de DJs y rockeros creció con mis libros de música. Por tanto, todo esto me dio una fama, una aureola, pero hubo un momento, un día, nunca lo olvidaré, llegué de Madrid de un concierto y le dije a mi mujer: “Vivo demasiado bien, así nunca seré escritor”. Yo quería irme a África, a Asia, y sobre todo quería patearme América Latina. Yo siempre me he fiado de una cosa, de mi instinto. Mi instinto rara vez me falla, y me decía mi instinto que yo sería feliz en América Latina. En México, Colombia, Venezuela, Perú, Ecuador, Chile, Argentina, lo sabía. Me lo decía el cuerpo.

18:52
Jordi Sierra i Fabra. Quería patearme este continente, ver a la gente, conectar, sentir la vida. Y claro, yo vivía en una burbuja. Tú imagínate a un tipo como yo, 25 añitos, jovencito, yendo a Nueva York en Concorde, en el supersónico. Llegabas a Nueva York y como te había invitado la CBS, ibas a ver a Supertramp en el Maxwell Square Garden, te recibía un helicóptero. Ibas en el helicóptero y te decían: “¿El señor quiere pasear?” “Sí, sí, dame un paseo”. Helicóptero, bajabas en el Upper Down, limusina de 20 metros, ahí en la limusina. “¿El señor quiere ir a Hyde Park?” “Sí, demos un paseo por Hyde Park”. Me llevaba al Hotel Plaza, me llevaba al Hotel Waldorf, dejaba la bolsita, a cenar con el artista, al concierto, a una fiesta… Era un mundo, para mí, irreal, irreal. ¿Lo disfruté?, lo disfruté. Pero un día dije: “Basta, quiero hacer novelas”. En la vida, las grandes decisiones hay que tomarlas en serio y seguir tu instinto. Mi mujer me pudo haber dicho dos cosas. Me pudo haber dicho: “No fastidies, tú, que es el dinero, que tenemos dos hijos pequeños, sigue trabajando un poco más, unos años más, tal y cual”. O peor, pudo haberme dicho mi mujer: “Tienes poder, ¿vas a renunciar a él?” El poder es lo que peor hay en la vida. Yo era famoso. La fama quema, la fama te absorbe, pero puedes lidiar con la fama. Si tú quieres, no te dejas pillar por la fama, pero el poder es un veneno. El poder, renunciar al poder… Yo tenía poder. ¿Por qué tenía poder? Porque hacía un artículo de un cantante y ese tipo vendía más discos en España cuando yo lo decía. Ese poder mío fue a lo que yo renuncié. Y me quedé sin nada, con una mano aquí, otra aquí, y dejé la música. Dejé la dirección de las revistas, porque había fundado ‘Popular 1’, que aún existe. Lo dejé todo para ser escritor. Mi mujer solo me dijo dos palabras. Ya comeremos. Al año ya ganaba más dinero porque mi primer libro… Confiaba ciegamente en que yo podía llegar a ser escritor y a vivir de escribir. Y por fin, por fin, lo conseguí. Por tanto, esa es la historia de mi etapa rockera, maravillosa, sublime, única, pero no la añoro. Ya la viví. En la vida hay que ir quemando etapas. Yo creo que en la vida, cada cuatro o cinco años, deberíamos sentarnos, mirarnos en un espejo y preguntarnos: “¿Cómo estoy? ¿Qué he hecho? ¿Qué quiero hacer?” ¿He conseguido lo que quería?, ¿atento a tiempo?, tal y cual, buscar opciones, no conformarnos, hemos de reciclarnos continuamente. Igual que el médico es médico ahora pero tiene que reciclarse porque cada cinco o diez años todo cambia, el ser humano tiene que plantearse constantemente quién es, qué hace, a dónde va y nunca pensar: “Soy mayor o soy muy joven”. La edad es un factor. Yo soy un crío. Sigo teniendo 14 años. Sigo siendo un niño. Un niño que escribe. A ver, un tío normal de mi edad, cuando ve una hormiga, piensa: “¡Oye, un bicho!” Y la mata. Yo veo una historia, veo un cuento infantil. O sea, yo siempre veo lo que los demás no ven.

22:29
Jordi Sierra i Fabra. Soy un visionario. Porque estoy todo el día imaginando historias. Por tanto, esa pasión mía por ser escritor fue decisiva para dejar la música. Nadie lo entendió, nadie, la gente me decía: “Estás loco, pero si eres Jordi Sierra i Fabra, el autor… Seguía haciendo libros de música

25:03
Fabián. Hola, Jordi, soy Fabián, un placer tenerte en Colombia. Todos hemos tenido momentos difíciles, con todo lo que nos has contado, me preguntaba si ni siquiera escribir te ha ayudado y cómo sales de ese momento difícil.

25:24
Jordi Sierra i Fabra. Sí, buena pregunta. Me preguntan muchas veces si alguna vez he estado bloqueado, si alguna vez no he escrito. Y hasta hace cuatro años siempre decía que nunca había dejado de escribir un solo día. Tengo una suerte, nunca he estado bloqueado. Tengo ideas aquí para escribir 100 años. Tengo la suerte de que me puedo coger, ayer venía en el avión desde Medellín, o vine el lunes desde España, y en el avión, ¿qué hago? Saco mi libreta, nunca el computador, libreta, y preparo guiones a mano. Siempre estoy trabajando, siempre estoy con la cabeza haciendo cosas. No puedo parar porque me estalla la cabeza con todas las ideas. Yo me puedo sentar delante de una máquina ahora mismo y me invento un cuento o un relato. No tengo problemas, nunca los he tenido. Además, soy rápido. Cualquier libro mío infantil lo escribo en dos o tres días. Juvenil, una semana. Adultos, tres semanas como mucho, un mes como mucho. Pero, ¿por qué? Porque primero hago un guión exhaustivo. Todo está ahí. Luego escribirlo, para mí, es muy sencillo. Así que nunca me he bloqueado, pero es curioso. Siempre decía, cuando me lo preguntaban: “He tenido la suerte de que nunca me ha pasado nada grave en la vida. No se ha muerto nadie de mi familia”. Bueno, pues hace cuatro años sucedió. Hace cuatro años un camionero con un camión de 20.000 kilos mató a mi mujer. Acabó con 53 años y medio de vida. 19.521 días juntos. Aquel camionero, asesino, y digo asesino porque iba drogado. Es curioso, yo no fumo, nunca he fumado, nunca he tomado alcohol, soy abstemio, y nunca me he drogado. Y esto, en un rockero, es rarísimo. Siempre tenía muy claro que vivía aquí dentro, esta era mi casa y tenía que cuidarla. Y sobre todo, esto. En la vida he sacrificado mucho por ser escritor, mucho. Y lo primero era cuidarme. ¿A quién no le tienta con 25 años probar a ver qué pasa si tomo LSD? Y no, dije “no” porque no sé si puedo caer en eso. Así que un tipo como yo, que siempre ha luchado contra las drogas, va y le mata a su mujer un tipo que conducía un camión drogado. Bueno, durante cinco meses no pude escribir. Pero no era un bloqueo, era tristeza. Muy diferente. Estar bloqueado es tener un muro de hormigón que te impide ver todo. Estar triste es tener una niebla que sabes que puedes apartar pero no sabes cómo. La tristeza me impidió escribir cinco meses. Y lo que he dicho antes, que todos necesitamos saber quiénes somos. Mirad, yo estoy loco, estoy loco. Mi obra es muy seria, yo no. Nunca he ido al psiquiatra. Si tengo un problema, se lo pongo a un personaje y aprendo de él. Escribir es mi terapia. Siempre lo ha sido. En aquellos días, a los cinco meses de morir mi mujer, me di cuenta de que ya llegaba el verano y de que si no rompía esa catarsis sería horrible.

29:22
Jordi Sierra i Fabra. Porque yo en verano me voy a una montaña, me encierro a escribir, solo, cuatro meses sin parar. ¿Y sabéis qué hice? Escribí un cuento infantil de humor. Una novela infantil de humor. ¿Por qué? Porque necesitaba reírme. En la vida queremos reírnos. Reír es de lo mejor que hay, nos libera de todo. E hice aquel cuento, y como tengo el poder, cuando escribo, de meterme dentro del libro, de estar ahí metido y ser el personaje, el asesino, el chico, el bueno y el malo, conseguí reírme. Y el primer día que estaba escribiendo un chiste en el libro y me reí yo solo, “¡Ah, qué bueno es esto!”, dije: “Jordi, te estás curando, te estás sanando”. Acabé ese libro, hice otro y ya me di cuenta de que podía volver a escribir. La tristeza la había barrido la alegría de poder seguir escribiendo. Y además sé que mi mujer me habría empujado desde arriba diciendo: “No seas burro y escribe, que total, me he ido yo, pero tú sigues aquí”. Así que la respuesta es esta, es cierto, nunca me he bloqueado, pero sí que una vez en la vida, cinco meses, estuve tan triste que no pude escribir. Pero bueno, lo superé y aquí sigo.

30:50
Carolina. Hola, Jordi, soy Carolina. Hace 20 años creaste en mi ciudad, en Medellín, tu fundación ‘Taller de Letras’, acompañando a niños, a jóvenes y adultos en el mundo de la lectura y de la escritura. ¿Tú reconoces, a través de estos niños, tu propia historia?

31:08
Jordi Sierra i Fabra. Mira, cuando empecé a publicar libros para jóvenes, eso es importante, el “para jóvenes”. La gente cree que escribo libros para tal o para cual. No, escribo libros de niños o de jóvenes. El “para” es dirigido, el “de” es propio. Entonces, yo hago libros de niños o de jóvenes y yendo por España, por escuelas, porque me apeteció… Yo fui de los primeros en España, años 80, en decir a las editoriales: “Quiero ir a escuelas, quiero ver a mi gente, a mi público”. Y he dado charlas en lugares de todo el mundo, todo el mundo. Me he pateado toda América Latina, de arriba a abajo, yendo a lugares increíbles, increíbles. Entonces, me encontraba muchas veces en algún lugar de España, de México o de Colombia. No, Colombia no, porque aún no había llegado. Y me decían muchos chicos jóvenes: “Quiero ser escritor, y mi padre no me deja”, como el mío. “Quiero ser escritor, pero vivo en un pueblito y no voy a conseguirlo”. Yo siempre les decía: “Hijo, confía en ti, depende de ti, de nadie más. Estás tú, esto, tu cabeza, nada más”. Hay un problema muy grave, no solamente en España, sino en muchas partes, eso salió en España hace un par de años, una encuesta nacional preguntando a la gente joven cómo se sentía. Y la mitad dijo que no se sentía bien consigo mismo. Que no le gustaba su aspecto o su cuerpo, su tal. A ver, si quieres ser artista, tienes que sentir amor por ti mismo para poder darlo a los demás. Y aunque no seas artista, si estás todo el día mal contigo mismo, crearás una atmósfera negativa a tu alrededor. Por tanto, tienes que estar bien, eres así y punto. Te ha tocado esto. Pero siempre dentro de cualquier ser humano algo que le hace diferente. Y que si encuentra y potencia, lo consigue. Así que yo me encontraba con ese tipo de gente que quería ser escritor y un día pensé: haré un premio literario, para menores de 18 años, para obligarles a escribir, a que digan: “Hay un premio con plata y además se publica el libro en el que yo puedo optar y me harán caso”. Ese premio, lleva ya 22 años, necesitaba un amparo. A ver, ¿qué pasa? Que como soy tan guapo, he hecho un premio con mi nombre. No, hacía falta una fundación que lo amparase. Y ahí nació la ‘Fundación Jordi Sierra i Fabra’, en Barcelona. Pero yo había llegado a Colombia cuatro años antes, tenía muchos amigos en Medellín, me adoptaron, ya soy paisa, sí, ya sé que aquí todos sois rolos, pero yo soy paisa, ¿qué le vamos a hacer? Me adoptaron, tuve amigos y un día mi mejor amigo me dijo: “Qué pena no hacer algo así aquí en Colombia”. Y pensé: “Bueno, ¿cuánto costaría?” No soy rico, no soy rico, pero sí estoy loco perdido. Y vi que no era mucho y creé dos fundaciones, no una, dos, la de Barcelona y la de Medellín. Y creé un puente cultural Barcelona-Medellín, Cataluña-Antioquia, Colombia-España. Mandamos un montón de escritores de un lado para otro. Empezamos a hacer cosas. El Premio Literario lleva ya 22 años. La gente que lo ganó hace 15 o 20 años, hoy en día son, en España, escritores consagrados, que están publicando libros. En Medellín hemos dado asistencia a miles, pero miles, de desplazados, chicos, sacándoles de la guerrilla, del narco, de lo que sea.

34:52
Jordi Sierra i Fabra. Hemos llevado cultura a los pueblitos. Y claro, todo esto a mí me ha aportado una riqueza. Uno de los días de mi vida más importantes ocurrió en Copacabana. Copacabana, Medellín, no Copacabana, Brasil, samba y tal, Copacabana allá. Un día que llevamos una biblioteca de 400 libros a un colegio de Copacabana que estaba en una montaña de altura de unos 3.000 metros casi, muy alta, había mucha niebla, eran dos barracones de metal, un palmo de barro, tuve que subir yo con unas maderas, y de repente había acabado la charla y veía como la niebla subía, y me tiran del pantalón y hago así, y veo a un niño, pelón, bajito, enclenque, y yo, que me encanta jugar con ellos, le digo muy serio: “¿Qué quieres?” Y me dice: “¿Usted ha traído los libros?” Digo: “Sí, ¿qué pasa?” Dice: “Nada, es que me encanta leer”. Toda la vida había pensado que escribir era lo mejor del mundo. Ese niño me dijo: “No, lo mejor es darle un libro a un niño que te dé las gracias”. Ese día hice así y lloré como un niño. Lloré como un niño. Y desde ese día entendí, por si no lo sabía, por qué había creado una fundación en España y otra en Colombia. Ese día lo vi claro. Ese niño me dio la gran lección. Y durante esos 22 años, desde 2004, todo lo que me ha ocurrido en Colombia y en otros países, por supuesto, en México, en Ecuador, ha sido magia pura, magia pura. Siempre supe que aquí pasarían cosas. Y lo que he vivido aquí no te lo puedo ni explicar. Y la fundación, ¿por qué la hice? Mira, yo pienso que mi lema es: “Haz algo, donde sea, pero hazlo”. Vivimos en un mundo egoísta, materialista, lleno de gente loca que nos gobierna. Vivimos en un mundo en el que sí hay solidaridad, pero menos la que debiera. Y a mí me asusta esa gente tan millonaria, o incluso esa gente que roba, esa gente que saca dinero, que se muere en el banco con mil millones de dólares. Entonces, yo eso no lo entiendo. Y pienso que la gente que podemos hacer algo y no lo hacemos, somos peores que los otros. Porque el multimillonario, si no hace nada… pero los que podemos hacer algo, hemos de hacerlo. Y yo creo que lo que hice responde a mi forma de entender la vida, de entenderme a mí mismo. Tengo un don, y como dijo Jodorowsky, le debo a la vida un 10%. Mi dinero va prácticamente a las fundaciones Sierra i Fabra, yo ya como cada día, no soy un tipo de lujos, llevo ropa barata, no me cambio el coche cada año, no tengo un palacio, no, ya está, soy lo que soy. Así que hice, en Medellín algo que fue increíble. Yo cuando llegué a Colombia la primera vez, año 2000, Llegué y en Cartagena de Indias, iba a un congreso, me dijeron: “Gracias por venir”. Dije: “No hombre, me habéis invitado, pues vengo”. Y me dijeron: “No, es que aquí la gente la invitamos y nadie viene. Tienen miedo”.

38:29
Jordi Sierra i Fabra. Yo nunca he tenido miedo. Yo he estado a punto de morir seis veces. Me he caído tres en avión. He sobrevivido a un terremoto en Chile en el año 2010. Me han estado a punto de fusilar en el Punyab indio una pistola aquí, en un paredón, con un Kalashnikov. He sobrevivido a un atentado terrorista y sigo aquí. Por tanto, nunca he tenido miedo. Y en aquel viaje conocí a toda la gente que luego me ha hecho venir a Colombia 100 veces en 25 años. Así que el año pasado la alcaldía de Medellín me honró con la máxima distinción que se otorga, ‘La orden Juan del Corral en Grado Oro’, que equivale en España a la ‘Creu de Sant Jordi’ en Cataluña, que la tengo, o la ‘Medalla de oro de las Bellas Artes’, que la tengo, que me dieron los reyes de España. Por tanto, yo soy hoy en día un colombiano más y me siento muy feliz, muy feliz de haber contribuido. Porque en aquel tiempo mandaba en Medellín Sergio Fajardo y todavía hoy habla en sus mitines de que hubo un español que llegó allá y creó una fundación que ayudó a hacer cultura en una ciudad en la que hacía muy poco tiempo que había muerto Pablo Escobar, todavía. Por tanto, he sido parte, he sido un poco, una pequeña gota de parte de ese resurgir cultural que ha habido. Y me siento muy feliz de haberlo hecho. Para acabar, quiero contaros por qué soy así. No sé si tiene algo de malo. Mirad, yo siempre creo, hablando de lo de leer, yo creo que el buen lector entre los 15 y los 20 años encuentra el libro que le cambia la vida. El buen lector. El que no es buen lector no lo va a encontrar. Yo devoraba libros. Fijaos mi mala suerte o buena suerte. Cuando acabé la escuela con 16 años y me puse a trabajar con 17 años, me di cuenta de que era un burro. Me dije: “Jordi, ¿tú qué has leído? Libros malos

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Jordi Sierra i Fabra. Acepta, ganan, hacen la ciudad y cuando está hecha, lo típico, llegan los mandamases y le dicen al arquitecto malo: “Oye, en la entrada, cuatro columnas dóricas y jónicas y un friso”. En aquel tiempo, años 30-40, en Nueva York, todavía se construía tipo griego. Era la moda. Ya había arquitectos, Ludwig Mies van der Rohe, Gehry, que hacían planos simples. Pero en aquel tiempo no. Total que el tipo dice que sí, accede, y cuando Howard Roark ve lo que han hecho con su ciudad, la vuela por los aires, la dinamita, la destruye. Claro, le juzgan por destruir la propiedad ajena. Para un chico como yo, que quería ser escritor, leer aquel juicio, cuando Howard Roark dice: “Perdón, el arte es de quien lo crea, no de quien lo paga. Soy el dueño de mi arte, yo poseo lo que he hecho”. Para un niño como era yo, vi claro cómo tenía que ser. Me planteé mi vida al leer ese libro y me dije: “Jordi, ¿en qué crees tú?” ¿Cómo serás escritor? ¿Matando gente? ¿Haciendo la pelota a alguien? Aquí habrá algún arquitecto, abogado o médico. Bueno, tenéis en la pared de vuestras casas un diploma en el que os apoyáis y es vuestro punto de apoyo en la vida. Igual pasa con un lampista o un albañil. Tiene un diploma de albañil. ¿Yo qué tenía? No tenía nada, no tenía estudios, no tenía nada. Así que me dije: “¿En qué creo yo?” Y descubrí que yo creía en cinco cosas, las cinco palabras que han dirigido toda mi vida. Y me construí un taburete mental con las cinco patas y en lugar de apoyarme en la pared, me senté encima. En toda mi obra vais a ver reflejadas esas cinco palabras en un momento u otro. Mi obra es muy dura, sobre todo las obras para mayores, muy dura, pero siempre hay un resquicio para lo que voy a contar. Mi código ético, cinco palabras: paz, amor, respeto, honradez y esperanza. Paz, soy pacifista. He sido hippie, sufrí violencia, no la soporto la violencia, es muy dura, por tanto, creo en la paz. Amor, me enamoro cada día. Si estás vivo, te enamoras de lo que sea, hasta de respirar. Respeto. Hay guerras porque no hay respeto entre la gente. Yo te odio por tal. Nadie se pone en la piel del otro. Nadie intenta entender al otro. Siempre hay confrontación. Honradez, ya lo he contado, mundo materialista, egoísta, robos, de todo. Dame a una persona honrada y tendré a alguien en quien creer. Y luego la esperanza. No soy creyente, no creo en paraísos, entonces, ¿qué me mueve cada día? Cada día me mueve estar vivo, estar respirando, levantarme, ponerme a escribir o coger un avión, sentir que todavía estoy aquí haciendo cosas y la esperanza es estar aquí, hoy, aquí, ahora, con mi cabeza. Por tanto, ¿en qué creo? Creo en todo esto.

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Jordi Sierra i Fabra. Y eso es lo que ha sido el leitmotiv de toda mi vida hasta hoy. Y nació siendo un adolescente y leyendo un libro que me dijo: “Jordi, serás así”. Hoy en día, y hace 50 años, mis editores saben perfectamente que cuando les doy un libro, lo han de publicar tal cual se lo doy. No pueden tocar ni una coma. Es mi libro. ¿Lo pagan ellos? De acuerdo. ¿Ellos lo editan? De acuerdo. “Oh, vamos a mejorarlo”. ¿Mejorar el qué? Para vender más, no, lo firmo yo. ¿Alguien recuerda quién publicó el primer libro de Julio Verne o de Salgari? ¿A que no? Pero lo seguimos leyendo. Dentro de 100 años, si algún libro mío todavía existe, da igual que lo haya publicado Santillana S.L. seguirá poniendo en portada Jordi Sierra i Fabra. Serán mis palabras. Así que yo toda la vida he defendido la integridad del artista por encima de todo lo demás. Lo que vosotros leéis de mis libros es lo que yo he escrito. Además, cuando hago un libro y acabo de escribirlo, ni me lo leo. ¿Para qué lo voy a leer si lo he hecho yo? Ya sé cómo termina. ¿Qué digo con esto? Que no creo en la perfección, creo en el instinto. Y creo que llego tanto a la gente joven porque soy sincero, porque cuento lo que cuento, lo suelto y ahí se queda. Así que ese fue el libro que me marcó la vida. Leer me salvó la vida, escribir le dio un sentido y estoy aquí gracias a todo esto. Así que sed felices, paz y larga vida y cuidaos mucho. Reíd, reíd.