COMPARTIR
Generated with Avocode. Path Generated with Avocode. Rectangle Copy Rectangle Icon : Pause Rectangle Rectangle Copy

Qué filósofo negociaría con los extraterrestres

Enric F. Gel

Qué filósofo negociaría con los extraterrestres

Enric F. Gel

Filósofo


Creando oportunidades

Enric F. Gel

Enric F. Gel es filósofo y divulgador, creador del canal Adictos a la Filosofía y autor de ¿Hay filosofía en tu nevera?. Su trabajo recorre las grandes preguntas de la tradición filosófica y las conecta con cuestiones de la vida cotidiana.

En sus reflexiones aborda qué es la filosofía, si somos realmente libres, en qué consiste la felicidad, cómo afrontar el dolor y si una inteligencia artificial puede pensar. A través de conceptos y experimentos como el barco de Teseo, la habitación china de Searle, el experimento de Libet, la eudaimonía de Aristóteles o la logoterapia de Viktor Frankl, acerca la filosofía a los dilemas del presente.

Su propuesta parte de una idea central: la filosofía es un camino hacia la emancipación intelectual. Pensar por uno mismo implica no delegar nuestro juicio en máquinas, gurús o modas y hacernos dueños de nuestras propias ideas.


Transcripción

00:00
Enric F. Gel. A mí ahora me parece que les estoy hablando a ustedes y que hay toda una serie de personas aquí delante que me están escuchando, etc. Pero todo eso, por poder, podría ser un sueño, ¿no? Cosas más raras he soñado, y ustedes seguramente que también, ¿no? Ese es el problema, para mí, del escepticismo radical, y el problema surge cuando uno no parte de las apariencias, y no toma las apariencias por verdaderas hasta que no se demuestre lo contrario. Otras veces lo he expresado de la siguiente manera. Si de una filosofía se sigue que mi madre no me quiere, eso no es motivo para dudar del amor de mi madre, es motivo para dudar de esa filosofía. Tengo muy grabado en la memoria el recuerdo de, por ejemplo, ir a la cocina para prepararme un bocadillo, lo típico para desayunar, abrir la nevera y, de pronto, verme como asaltado por la pregunta: ¿qué es lo que hace que yo sea yo en lugar de ser mi padre o mi hermano? ¿Cómo sería ver el mundo a través de otra perspectiva subjetiva? Me hacía también preguntas un poco más ordinarias, pero también extrañas, como, bueno, ¿qué hay después de la muerte? ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿Vale la pena vivir si no tiene ningún sentido? ¿Existe Dios, el alma, etcétera? Y descubrí que existía una disciplina con más de 26 siglos de historia, una disciplina viva, que todavía existe y todavía estaba muy, muy, muy viva, que se había dedicado todo ese tiempo a intentar abordar, de manera sistemática, todas esas preguntas que a mí me preocupaban y me enamoré, básicamente, y decidí dedicarme a la filosofía y, desde entonces que la estudio de la mejor manera que sé.

01:50
María Fernanda. Hola, Enric, mucho gusto, mi nombre es María Fernanda. Cuando escuchamos la palabra filosofía, a muchos de nosotros se nos viene la palabra Grecia, los griegos. Desde entonces, los filósofos siguen dándole vueltas a las mismas preguntas. ¿Es que acaso no existe respuesta para ello?

02:08
Enric F. Gel. Es muy complejo explicar qué es la filosofía, sobre todo si uno intenta dar una definición. Dar definiciones a veces es muy complicado y, en el caso de la filosofía, podríamos decir que hay casi tantas definiciones de filosofía como filósofos. Pero a mí me gusta mucho una definición informal que da un filósofo contemporáneo que se llama Alvin Plantinga, que él lo que dice es que filosofía es pensar sobre algo, pero muy fuerte. Entonces, creo que como definición así informal lo tiene todo, porque nos está diciendo que la filosofía es primero un ejercicio del pensamiento, pero no un ejercicio cualquiera, sino un ejercicio del pensamiento radical, en esteroides, que intenta ir como a la raíz de las cosas, a esas preguntas más fundamentales que todos llevamos dentro del corazón. Un ejemplo bastante común de pregunta o problema o dilema filosófico es uno que se conoce como ‘El barco de Teseo’. No sé si han escuchado hablar de esta famosa paradoja de ‘El barco de Teseo’. Teseo es este famoso héroe griego que venció al Minotauro. Entonces cuenta la leyenda que en su viaje de vuelta a Creta los griegos conservaron el barco en el que había viajado. Y le tenían tanta devoción a ese barco, porque representaba como un momento muy importante de su historia, que se dice que iban cambiando las tablas viejas a medida que se iban desgastando, las cambiaban por tablas más nuevas. Entonces, pasa el tiempo y llega un momento en el que el barco ya no posee ninguna de las tablas originales. Y ahí nos surge la pregunta de: ¿ese barco sigue siendo el mismo barco con el que Teseo llegó de Creta? Entonces, fijémonos que esta es una pregunta muy curiosa, no es una pregunta que podamos decir que es una pregunta científica, porque yo no puedo hacer un experimento con el barco de Teseo, imaginemos que tuviéramos el barco de Teseo, yo no hay ningún experimento que pueda hacer con ese barco para intentar resolver ese dilema, esa paradoja, porque cualquier experimento que yo haga, en el fondo simplemente me está dando información que ya tengo con la paradoja. Porque podría hacer un experimento y vería, pues no tiene los mismos átomos que tenía antes. Pero es que la pregunta sigue siendo la misma. La pregunta es: ¿eso es lo que determina la identidad de un objeto? ¿Que tenga exactamente las mismas partes materiales o no? Entonces, ese tipo de preguntas que no son susceptibles, por ejemplo, de un análisis científico, que no puedo hacer una experimentación, un experimento para intentar resolverlas, podríamos decir que son preguntas filosóficas. Nosotros, digamos, los filósofos, de manera completamente convencional, decimos que la filosofía empieza en Grecia en el siglo VI a.C., con un autor que se llama Tales de Mileto, que fue un poco el primero que intenta ir más allá de las distintas tradiciones mitológicas y dar una respuesta al origen del cosmos que intentaba ser puramente racional, utilizando solamente la razón. Entonces, en ese sentido, efectivamente, es algo muy antiguo, pero es cierto que podríamos señalar como un corazón de preguntas filosóficas, que quizás serían esas preguntas las más grandes, podríamos decir, que son las típicas preguntas sobre la libertad, Dios, el sentido de la vida, la muerte, etc., que sí que las encontramos ya en autores como Sócrates, Platón, Aristóteles, y que las seguimos discutiendo todavía hoy.

05:21
Enric F. Gel. Entonces, si los filósofos lleváis discutiendo estas cuestiones desde hace 26 siglos, y no hemos llegado a una respuesta definitiva, ¿no será que la filosofía ha fallado, ha fracasado? Entonces, para responder a eso voy a dar otra vez un par de pasos atrás y voy a hablaros de una distinción que hacía también uno de mis filósofos favoritos. Es un filósofo existencialista del siglo XX, muy poco conocido, que se llama Gabriel Marcel. Entonces, él hablaba de una distinción entre lo que llamaba problemas y misterio. Entonces, el problema es esa incógnita, esa pregunta, ese dilema, esa paradoja que a lo mejor me encuentro a veces por el camino de investigación y que puedo, más o menos, domesticar, clarificar y llegar, con el tiempo, a darle una solución relativamente definitiva o sobre la cual se pueda construir un consenso más o menos sólido. En ese sentido la filosofía se encuentra y se ha encontrado con problemas a lo largo de su historia que sí que ha podido ir, más o menos, domesticando. Porque a veces sí que esta idea de la falta de progreso dentro de la filosofía, a mi juicio, está quizás a veces demasiado exagerada. Es verdad que en la filosofía no hay un progreso como en otras disciplinas, pero sí que podemos señalar diferentes problemas o diferentes cuestiones que podemos decir que, de manera más o menos satisfactoria, los filósofos hemos ido avanzando sobre ellas. Por ejemplo, nos encontramos en que Platón defendía que la tiranía es mucho mejor que la democracia, por ejemplo. Y no una tiranía cualquiera, sino la tiranía del filósofo. Es decir, que el filósofo tenía que reinar de manera bastante tiránica, como lo describe Platón en ‘La República’. Pues hoy en día prácticamente no hay ningún filósofo que defienda eso. Yo casi que diría que directamente ninguno, yo no conozco ninguno. Pues eso es un cierto progreso también en algún área del conocimiento, que sería la filosofía política. Luego estará el tema también de… Uno se encuentra en Aristóteles, por ejemplo, una defensa filosófica de una cosa bastante horrible que es la esclavitud. Entonces Aristóteles hablaba de cómo existían seres humanos que estaban, por naturaleza, destinados a ser esclavos. Y eso fue toda una discusión filosófica y fue justamente la discusión filosófica y la reflexión filosófica de unos ciertos autores, en concreto de la escuela de Salamanca, de los que podemos estar muy orgullosos, que logró de alguna manera desarmar esa idea aristotélica y hoy en día ya nadie piensa que los seres humanos, que haya seres humanos que estén naturalmente orientados a la esclavitud, sino que todos los seres humanos somos iguales. Que uno explica estas cosas y la reacción normal es decir: “Bueno, pero eso es obvio”. Pero ojo, porque es obvio para nosotros porque somos herederos de toda esa tradición intelectual. Porque para Aristóteles no era obvio, porque no tenía el beneficio de toda esa tradición de reflexión filosófica en torno a la cuestión de la dignidad humana, etc. Entonces, en cierto sentido, uno puede encontrar progreso en la filosofía, puede encontrar cierto avance. Es verdad que luego hay ese corazón del que yo hablaba de las grandes preguntas, que parece que mucho progreso no hemos dado.

08:26
Enric F. Gel. Y ahí es donde entra la segunda parte de la distinción de Gabriel Marcel. Recordemos que Marcel hablaba de problemas, de los que hemos estado hablando hasta ahora, y luego de misterio, también. Y para Marcel el misterio es todo ese ámbito de cuestiones que, por mucha luz que yo arroje sobre ellas, siempre encuentro más riqueza todavía por explorar. Entonces, el corazón de la filosofía en el fondo es ese misterio, ese misterio que, por ejemplo, podríamos dar diferentes preguntas que giran en torno a esto, como la pregunta básica por la existencia, o sea: ¿por qué existe algo en vez de nada?, que es como un gran misterio. Entonces, todas esas preguntas, los filósofos podemos más o menos avanzar en el sentido de profundizar en esas cuestiones, dirimir las diferentes opciones en juego, ver qué implicaciones tienen, pero no parece que sean cuestiones susceptibles de ser cerradas de manera definitiva y de una manera que genere un consenso realmente sólido alrededor de una sola de las opciones. Entonces, no es un problema de la filosofía, no es un fallo de la filosofía, sino que es la propia naturaleza de la pregunta que no te deja alcanzar ese grado de respuesta definitiva. Ahora bien, aunque la filosofía no logre eso, sí que logra lo que decía antes, pues aclarar los términos de la discusión, aclarar las distintas posibilidades y entonces darnos, a cada uno de nosotros, las herramientas para poder formarnos nuestra opinión crítica sobre estas cuestiones. Y yo eso lo llamo un éxito, no lo llamo un fracaso. Muchas gracias.

10:09
Ruth. Hola, Enric, mucho gusto. Soy Ruth y hablando de actualidad quería preguntarte algo acerca de la tecnología. ¿Qué papel o qué desafío filosófico nos puede dejar la tecnología, teniendo en cuenta que ya muchas personas creen que para qué o qué sentido tiene pensar cuando ya las máquinas pueden hacerlo por todos nosotros?

10:28
Enric F. Gel. Perfecto, muchas gracias Ruth por esa pregunta y por estar aquí. Pues me parece, yo creo que uno de los desafíos principales a los que nos enfrentamos justo ahora mismo. Entonces voy a intentar dividir la pregunta que me has hecho en dos, porque una cosa que podríamos entrar a cuestionar es esa idea, que a lo mejor se puede informar a algunas personas, como tú has dicho, de que las máquinas ya pueden pensar, e incluso mejor que nosotros. Entonces, eso es una discusión dentro de la filosofía y está abierta. Por ejemplo, os puedo hablar de un autor contemporáneo que se llama John Searle. Él tiene un experimento mental donde trata de dilucidar si podemos realmente decir, con propiedad, que una máquina puede pensar. Y el experimento se llama La habitación china de John Searle. Entonces, él nos pide imaginar a una persona encerrada en una habitación con dos agujeros, un agujero de entrada de una serie de datos y otro agujero con salida de datos. Y él tiene, le entran una serie de mensajes en portugués, por ejemplo, él no entiende portugués y él tiene que escribir una respuesta en chino, y él no entiende nada de chino. Pero tiene un manual de instrucciones que le dice: “Mira, si entra por aquí esta lista de símbolos, tú sacas por aquí esta otra lista de símbolos”. Entonces, Searle plantea, bueno, pues esta persona podría llegar a ser realmente tan hábil en el manejo de los símbolos que entran y devolver las respuestas en chino, que a un espectador externo, que estuviera afuera, le podría dar la impresión de que la persona que está dentro entiende portugués y entiende chino, pero la persona adentro, dice Searle, no entiende ninguno de los dos idiomas. Entonces, él lo que plantea es, aquí tenemos una discusión abierta, porque lo que sería la máquina o la inteligencia artificial bien puede estar funcionando así, bien puede ser simplemente un sistema de manipulación de símbolos sin que haya, por detrás, ninguna comprensión de lo que está haciendo. Entonces, como decía, esto es una discusión abierta dentro de la filosofía, hay gente que piensa que este argumento funciona y hay gente que piensa que no, pero, como mínimo, se podría llegar a cuestionar ese presupuesto de la pregunta de que la máquina piensa. Y si la máquina no piensa, entonces pensar mejor que nosotros, eso está claro que no lo puede hacer, si ni siquiera piensa. Ahora bien, a la pregunta más fundamental de para qué pensar yo, si al menos, a lo mejor la máquina no piensa, pero puedo simular el pensamiento con ayuda de la máquina, ¿para qué pensar yo? Yo creo que aquí la respuesta importante o la que hay que dar es que básicamente dejar que otro o que una máquina piense por ti es dejar de pensar tú. Y eso es un peligro. Primero es un peligro porque creo que el propio ejercicio de las capacidades intelectuales nuestras y el propio desarrollo de esas capacidades forma parte de una vida humana buena.

13:20
Enric F. Gel. Pero luego es otro peligro porque nosotros no somos conscientes de los intereses que hay detrás de ese tipo de programas, máquinas, inteligencias artificiales. Entonces, en el fondo, la pregunta de: “¿Por qué no puedo dejar que la máquina piense por mí?”, es intercambiable con la pregunta de: “Oye, ¿por qué no voy a dejar que Elon Musk o Sam Altman piense por mí?” Y creo que cuando uno lo enfoca de esa manera, la reacción más natural será: “Oye, yo no quiero que Elon Musk piense por mí o que Sam Altman piense por mí, yo quiero yo pensar por mí mismo”. Porque al final, si uno de alguna manera subcontrata su propia capacidad de pensamiento a otra persona o a un programa o a una máquina, el problema es que el pensamiento crece, se desarrolla y se perfecciona por medio del ejercicio. Es decir, si uno no piensa por sí mismo, se termina atrofiando esa capacidad de pensamiento y eso luego tiene consecuencias nefastas en muchas áreas de la existencia y sobre todo, seguramente, en el área más política, podríamos decir. Al final esto vemos que nos pasa también con muchas capacidades que tenemos que a lo mejor vamos dejando de utilizar. Eso es lo que nos puede pasar y ese es el peligro que de alguna manera nos acecha con respecto al pensamiento, si lo dejamos en manos de otra cosa diferente, que se nos va a atrofiar. Y una población con el pensamiento atrofiado, que no ha desarrollado, que no piensa por sí misma, está completamente a merced del primero que venga y diga: “Pues dejad que yo piense por vosotros”.

14:59
Sharon. Hola, Enric, ¿cómo estás? Soy Sharon. Y bueno, como a ti, me encanta la filosofía. Entiendo que defiendes el concepto de libre albedrío y de libertad, como nuestra capacidad para elegir. La pregunta es: ¿somos realmente libres? Y una vez respondas a esa pregunta, lo que sigue: ¿qué podemos hacer con esa libertad?

15:21
Enric F. Gel. Buenísimo, buenísimo. Muchas gracias, Sharon. Esta es, como decía yo al inicio, una de esas grandes preguntas filosóficas sobre las que hay diferentes opiniones, diferentes perspectivas. La mía personal es que efectivamente somos libres y que creo que esa es, digamos, la mejor explicación de toda una serie de evidencias de las que podemos estar hablando. Entonces, por ejemplo, si yo tuviera que defender por qué pienso eso, diría varias cosas. En primer lugar diría que parece que somos libres, a todos nos parece que lo somos, todos nos movemos un poco por el mundo con esa impresión o con esa sensación o con ese presupuesto de que somos dueños de nuestros actos, de que soy yo el que lleva el timón de mi cuerpo, de que soy yo el que hace las cosas y el que soy responsable de las cosas que hago. Entonces, todo eso nos señala que nos parece que somos libres. Entonces, yo soy muy partidario de una filosofía, que podemos llamar “filosofía del sentido común”, que lo que plantea es que el punto de partida de nuestra reflexión filosófica tiene que ser todas esas cosas que en la experiencia ordinaria nos parecen verdad. Ha habido muchos filósofos a lo largo de la historia que a mi juicio han quedado como atrapados en una visión un poco errónea de la filosofía, que es la idea de que la filosofía consiste en dudar de absolutamente todo y que si no puedo demostrar algo como al 100%, no lo puedo afirmar. Entonces yo creo que esa es una visión errónea de la filosofía porque con esa visión no escapas del escepticismo, porque continuamente tendrías que estar poniendo en duda absolutamente todas las cosas. Por ejemplo, a mí ahora me parece que les estoy hablando a ustedes y que hay toda una serie de personas aquí delante que me están escuchando, etc. Pero todo eso, por poder, podría ser un sueño, ¿no? Cosas más raras he soñado. O sea, y ustedes seguramente que también, ¿no? Podría ser una ilusión generada por el genio maligno de Descartes, ¿no? Descartes es ese filósofo que dice: “Bueno, es que no puedo estar seguro de que exista el mundo exterior, porque a lo mejor hay un genio maligno que es tan poderoso y tan malo que me está engañando continuamente, ¿no? Entonces, ese es el problema, para mí, del escepticismo radical. Y el problema surge cuando uno no parte de las apariencias y no toma las apariencias por verdaderas hasta que no se demuestre lo contrario. Otras veces lo he expresado de la siguiente manera. Porque yo también tuve, a lo largo de la carrera, diversas crisis existenciales y una en concreto que recuerdo mucho es que estaba leyendo un autor que decía, yo lo interpreté como planteando que el amor es una ilusión y que en realidad es una máscara del poder y lo que llamamos relaciones de amor y de amistad son intentos de dominar al otro de manera violenta. Y yo entré en una crisis existencial porque dije: “Tengo que demostrar que este autor se equivoca porque si no lo demuestro tengo que suspender el juicio acerca de la realidad del amor”. Y al final entendí que esa era la manera errónea de verlo. Lo que tendría que haber hecho es decirle: «A ver, primero, yo en mi experiencia me parece que el amor existe y que es real, porque yo amo y veo que soy amado.

18:21
Enric F. Gel. Por tanto, eres tú, señor filósofo, que dice que esa experiencia está errada, el que me tiene que demostrar que me equivoco. No soy yo el que te tiene que demostrar a ti”. Es decir, si de una filosofía se sigue que mi madre no me quiere, eso no es motivo para dudar del amor de mi madre, es motivo para dudar de esa filosofía. Entonces, todo esto es para decir que, para mí, el filósofo tiene que tomar lo que parece verdadero por verdadero hasta que no se demuestre lo contrario. Entonces, si tomamos esa manera de hacer filosofía y vemos que a todos nosotros nos parece que somos libres en nuestra vida ordinaria, pues el punto de partida es: somos libres; y ahora la persona que cree que no es así tiene que dar argumentos y dar evidencias o lo que quiera para desmontar esa presunción de libertad inicial. Pero creo que podemos ir más allá y es que para mí la libertad está como en la raíz de muchas otras cosas que creemos que son verdaderas. La más evidente para mí es la responsabilidad moral. Todos nosotros asumimos que somos responsables de las cosas que hacemos y si alguien hace algo malo, pues lo tenemos por responsable, nos enfadamos con él, si es algo muy grave, pues se va a la prisión o se lleva una multa o lo que sea. Entonces, todo ese concepto de la responsabilidad personal, para mí está íntimamente conectado con la libertad. De tal modo que si realmente no somos libres, no tiene sentido ese concepto. Y si realmente la persona que comete el crimen no es libre y no tenía bajo su control las cosas que estaba haciendo, no le podemos culpar de eso que ha hecho. No es su culpa al final, porque las condiciones iniciales y las leyes del universo determinaron que tenía que hacer eso. Muy relacionado con esto está la idea de que nosotros creemos que hay muchas cosas que debemos hacer y otras que no debemos hacer. Hay cosas, pues crímenes que no debemos cometer, por ejemplo, pero luego hay actos buenos que debemos hacer. Pero es bastante plausible que el deber implique el poder, es decir, que deber hacer algo implica que yo podía hacerlo. Si esto es correcto, si deber implica poder, y nosotros hay cosas que debemos hacer o que no deberíamos haber hecho, pues eso implica que teníamos la capacidad de hacerlas o no hacerlas, es decir, la libertad. Entonces, eso sería como a favor de la libertad. En contra de la libertad, para mí, lo más común es alguna versión de: “La ciencia dice que no somos libres”, lo que a mí me gusta llamar un poco: “La falacia de la ciencia dice qué…” Porque a veces la gente suele decir cosas como “la ciencia dice qué” y ahí le meten una tesis filosófica y luego uno va a ver en sentido estricto qué es lo que está diciendo la ciencia y ve que esos son datos que se pueden interpretar en un sentido o en otro y que no es racionalmente obligatorio interpretarlos de esa manera. Es decir, eso a veces es un poco así.

21:16
Enric F. Gel. Entonces, ahí el experimento más repetido que se suele utilizar para decir que no somos libres es uno que se hizo en los años 70 de un neurocientífico llamado Benjamin Libet, que consistía en lo siguiente. Libet tenía una serie de voluntarios, por ejemplo, ustedes podrían serlo, y les decía: “Mira, tú te sientas aquí en esta silla y te estás tranquilo 10 minutos y cuando tú sientas, de manera espontánea, el impulso de mover la muñeca, hazlo”. Pero no lo planees, no lo pienses con antelación, tú simplemente déjate ahí y espera que venga ese impulso espontáneo de mover la muñeca. Y mientras tanto yo veo qué pasa en tu cerebro. Entonces lo que Libet vio es que, con anterioridad al movimiento de la muñeca, había como un pico de actividad cerebral, que se correlacionaba con eso, como que el cerebro se está preparando para mover la muñeca, y él se esperaba encontrar el momento de la decisión consciente antes de ese aumento de la actividad cerebral. Como diciendo: “Bueno, es que es la conciencia la que causa que el cerebro mueva la muñeca”. Y lo que encontró es que la decisión consciente aparecía después de que el cerebro hubiera iniciado ya la acción de mover la muñeca. Libet no lo interpreta como una negación de la libertad porque él dice que, bueno, a lo mejor tenemos lo que él llamaba libertad de veto. Es decir, el cerebro inicia nuestras acciones pero nosotros podemos vetarlas. Porque algunos de los sujetos de su experimento le decían que habían sentido ese impulso de mover la muñeca pero que no lo habían hecho. Pero, con posterioridad, la interpretación que más se popularizó fue la que decía: “No, esto demuestra que no somos libres, que es el cerebro, el que de manera inconsciente toma por nosotros nuestras decisiones antes de que seamos conscientes de ellas”. Entonces, esto de nuevo ha despertado muchísima discusión dentro de la filosofía, pero, para mí, dos problemas clave de esta argumentación son los siguientes. Primero, si ustedes se fijan, Libet, en el planteamiento del experimento, no distingue entre lo que podríamos llamar el impulso espontáneo de mover la muñeca y la decisión de mover la muñeca. Porque les ha pedido a los sujetos, ustedes están aquí quietos, y se esperan a que les venga el impulso espontáneo de mover la muñeca y, entonces, mueven la muñeca. Pero claro, una decisión libre no se compara con un impulso espontáneo. Nosotros no tomamos nuestras decisiones por impulsos. Por impulsos, a lo mejor yo me rasco la barbilla o hago este tipo de acciones reflejas, pero no son decisiones libres. Pero claro, si tenemos que hay un impulso y entonces tengo que decidir mover la muñeca, la pregunta es con qué se correlaciona ese aumento de la actividad cerebral. ¿Se correlaciona con el impulso que voy a sentir o se correlaciona con la decisión? Porque el ‘setup’ del experimento está abierto a interpretarse de la siguiente manera. El cerebro hace un pico de actividad que entonces hace que yo sienta ese impulso y como el experimentador me ha dicho, que cuando yo sienta el impulso mueva la muñeca, entonces decido mover la muñeca.

24:36
Enric F. Gel. Esa es una posibilidad. Pero yo creo que hay un error todavía más de fondo de este tipo de experimentos cuando los usan para la negación de la libertad, que es el siguiente. Que es que realmente están haciendo lo que los filósofos llamamos una generalización apresurada. Es decir, está basándose en un tipo de acciones muy concretas, que además no se parecen en nada a las acciones que nosotros llamamos realmente libres, que son esas acciones en las que yo delibero durante mucho tiempo, veo los pros, los contras, intento analizar las cosas desde diferentes perspectivas y entonces tomo la mejor decisión que a mí me parece que es la correcta. Eso no se parece en nada a estar sentado esperando un impulso espontáneo que me va a venir cuando me venga. Entonces, ahí el problema está en haber sacado una conclusión acerca de estas acciones tan idiosincráticas y generalizarlas a todas nuestras acciones posibles. Y eso es un salto que como mínimo está injustificado. Y de hecho luego se hicieron otros experimentos, hay uno del 2019 de un neurocientífico que se llama Uri Maoz, en un artículo titulado ‘Precursores neurales de acciones que importan’, que lo que hizo fue analizar un poco qué pasaba con este aumento de la actividad cerebral en acciones más importantes o significativas. Por ejemplo, les daba a los sujetos la decisión, les daba como mil dólares y les decía: “Puedes decidir a qué ONG dárselos”. Entonces los sujetos pensaban, reflexionaban, deliberaban, veían los pros de dárselo a una, los contras, los pros de dárselo a otra. Y lo que descubrieron es que en este tipo de acciones, que sí que son ya más significativas, ese aumento de la actividad cerebral o esa evidencia que encontró Libet no se da. Entonces eso ya es evidencia empírica a favor de la idea de que no puedes dar ese salto, esa generalización tan apresurada. Entonces esto de nuevo, si lo conectamos con lo que decía yo al inicio, de que nuestra posición de sentido común es de que somos libres y no hay hasta ahora, hasta el momento, una demostración definitiva de que no lo seamos, pues vuelve a ser un punto a favor de la posición de la libertad. Y ahora la cuestión es: ¿para qué usamos esa libertad? Y ahí yo creo que entraríamos en otra discusión que ya sería más de: vale, tenemos esta libertad para intentar construir nuestro propio carácter y nuestra propia vida, ¿qué caminos vitales son buenos y qué caminos vitales son malos? Y cómo decidir, cómo determinar esas cuestiones. Yo creo que ahí entramos en la noción filosófica de felicidad, por ejemplo, de intentar ver en qué consiste una vida buena, que una vida buena incluye el cultivo de toda una serie de virtudes, de excelencias, de intentar dedicarse, por ejemplo, a los demás, el amor, las relaciones personales, la amistad, etc. Y al final son esas cuestiones las que vemos que nos llenan de una manera más plena que otras. De hecho, esto es curioso, se ha hecho de hacer encuestas a gente que está en las últimas fases de su vida y vemos que de lo que se arrepienten de manera muy universal es: No haber estado más con las personas que amo

28:30
Carmen. Hola, Enric. Soy Carmen y simplemente una curiosidad. Si nos invadieran los extraterrestres, ¿a qué filósofo llamaría para negociar?

28:39
Enric F. Gel. Voy a hacer el prólogo de que a lo mejor lo mejor no sería enviar a un filósofo, pero suponiendo que solamente podamos enviar a un filósofo, pues yo creo que una buena opción sería Kant, por dos motivos principalmente. El primer motivo es que Kant es probablemente, en toda la historia de la filosofía, el filósofo que más ha reflexionado sobre la dignidad personal. Entonces él distinguía entre lo que llamaba dignidad y precio. Entonces él decía: “Las cosas tienen precio”. Eso significa que hay un valor numérico y comparativo que les podemos asignar y que una cosa que valga esto es completamente intercambiable por otra cosa que valga lo mismo. Es decir, las cosas que tienen precio son reemplazables, intercambiables, sustituibles, pero luego decía: “Las personas tenemos un valor que no es este, porque cuando pensamos en ponerle precio a una persona nos saltan todas las alarmas”. Entonces, hay otro tipo de valor que es la dignidad, ¿no? Y la dignidad es un valor que no tiene precio, por decirlo de alguna manera, ¿no? Que es un valor infinito. Entonces, la persona tiene dignidad en el sentido de que es insustituible, irreemplazable, única. O sea, cada persona, ¿no? No puedes realmente sustituir a una persona por otra. Y luego, en base a eso, pues hablaba de cómo a las personas hay que tratarlas siempre como fines en sí mismos, es decir, como algo que tiene un valor en sí mismo que hay que respetar, y no simplemente como un medio para conseguir otros fines, que eso es instrumentalizar a las personas y ese es uno de los peores crímenes morales que se puede cometer. Entonces, yo creo que Kant sería una buena opción por eso, porque al final se trataría de intentar convencerlos de que, primero, somos tan racionales como ellos, y ellos tienen esa dignidad personal, nosotros también, por tanto, vamos a intentar entendernos de tal manera que nos estemos tratando como fines en sí mismos y no solamente como medios para conquistar, controlar, explotar, etc. Pero el segundo motivo muy curioso y que se conoce muy poco de Kant es que a él le gustaba mucho el tema de los extraterrestres y se montaba unas historias que eran muy divertidas. Y a él le gustaba mucho especular con la posibilidad de vida en otros planetas. Y de hecho él decía que estaba convencido de que todos los planetas del Sistema Solar estaban habitados y que, cuanto más lejos estuvieran del Sol, los habitantes de ese planeta más perfectos eran. Entonces tenía esta idea de que los planetas más alejados estaban habitados por seres que serían moralmente mucho más perfectos que nosotros. Y eso lo escribe, por ejemplo, en una obra de 1755, si no me equivoco. Y luego es verdad que cuando pasa su época crítica, que es mucho más empirista, de intentar abandonar ese tipo de especulaciones tan alejadas de la experiencia, no vuelve a hablar mucho de eso, pero algunas pinceladas de esa creencia que él tenía en la vida en otros planetas se pueden ver todavía. Y todavía le encontramos, creo que en la ‘Crítica de la razón pura’, dice algo así como: “Bueno, si se pudiera de alguna manera demostrar, yo apostaría a que hay vida en otros planetas”. Y de hecho, todo lo que es su ética, él la construye para que pueda funcionar para seres racionales de otras especies en caso de que existieran.

32:05
Enric F. Gel. Entonces, lo enviaría por esos dos motivos, porque seguramente estaría muy emocionado de ver que efectivamente tenía razón, y eso a lo mejor le daría un poco más de juego. Y luego por el tema de la diferencia entre dignidad y precio, que creo que es lo que tendríamos que imprimirles en el cerebro a esos otros seres.

32:21
Luca. Hola, muy buenas, Enric. Soy Luca y justo este año he empezado a estudiar filosofía y te quería preguntar porque en la universidad y reflexionando un poco sobre el tema me he dado cuenta que estamos ahora mismo en una sociedad bastante individualista, que la gente va mucho a su rollo y te quería preguntar sobre la felicidad en este sentido. ¿Cómo se puede ser feliz en una sociedad de este tipo?

32:43
Enric F. Gel. Muchas gracias, Luca, por esa pregunta y enhorabuena por tu decisión de estudiar filosofía. Espero que estés disfrutando de la carrera tanto como la disfruté yo. Perfecto. Pues, a ver, yo creo que sí que se puede, obviamente, todavía ser feliz. Triste sería que no se pudiera. Obviamente, lo que uno tiene que hacer es, seguramente, ir más allá de esa mitología de la felicidad moderna, contemporánea, que está tan centrada en el propio individuo, consigo mismo, su propio placer, la propia carrera profesional, el éxito personal, etc. Y hay que, seguramente, ampliar nuestra noción de felicidad para que vuelva a estar un poco en sintonía con la manera en la que lo entendían los grandes clásicos como Aristóteles. Seguramente lo has estudiado ya en primera carrera, no sé si has tenido la oportunidad de leer la ‘Ética a Nicómaco’. Si alguno de ustedes no la ha leído, se la recomiendo un montón porque es de los mejores libros de filosofía que hay. Y yo creo que de los que tiene Aristóteles es el más comprensible y el más accesible. Entonces, es un libro en el que Aristóteles se está planteando la pregunta por la felicidad. De hecho, lo empieza de esta manera, empieza diciendo que los seres humanos somos como un arquero que tiene un blanco, pero inicialmente no sabe dónde está ese blanco. Entonces, ¿qué tiene más sentido? ¿Que nos paremos a reflexionar dónde está el fin al que nos dirigimos para intentar acertar mejor? ¿O que empecemos a disparar de diestro y siniestro sin haber hecho esa reflexión previa? Entonces, lo que Aristóteles está diciendo es que lo que tiene sentido es que nos paremos a pensar en qué consiste la felicidad antes de salir al mundo, de alguna manera, y buscar lo primero que se nos ocurra. Porque cuanta más reflexión hayamos hecho sobre este tema previamente, más posibilidades tendremos de acertar con una cosa y no estar continuamente dando bandazos de un lado para otro. Pero lo curioso de la noción de Aristóteles de felicidad, que la palabra que utiliza en griego es ‘eudaimonía’. Que es lo que se ha traducido por felicidad. A mí no me gusta traducirlo por felicidad porque, para nosotros, la palabra felicidad tiene esas connotaciones de las que hablábamos antes de un bienestar personal, de sentirse bien, sentirse alegre. Y la noción que Aristóteles tiene de felicidad, de ‘eudaimonía’, incluye esas dimensiones, pero va más allá, también. De hecho, en el libro primero dice una cosa que a nosotros nos choca muchísimo, que es que los niños, en sentido estricto, no son felices, o no podemos decir que son felices. Y eso a nosotros nos choca porque decimos, vamos a ver, para nosotros la infancia muchas veces es esa edad más feliz, a la que todos nos gustaría volver, etc. Entonces, ¿por qué está diciendo Aristóteles que los niños no son felices? Porque su noción de felicidad es mucho más amplia que la nuestra, incluye muchas más cosas. En concreto, para Aristóteles la vida feliz incluye la posibilidad de llevar a cabo acciones nobles y desarrollar la virtud, y eso el niño todavía no lo puede hacer. Y, por tanto, en sentido estricto técnico puede ser muy feliz en nuestro sentido moderno de la palabra, pero no es feliz en el sentido técnico de Aristóteles.

35:41
Enric F. Gel. Entonces, para Aristóteles la felicidad, la ‘eudaimonía’ consiste más en una especie de florecimiento personal, de sacar afuera todas esas potencialidades que el ser humano tiene dentro por medio de hábitos como la virtud, que nos ayudan, realmente, a acertar en lo bueno y explorando todas esas dimensiones, también, superiores de la existencia humana, como podría ser la dimensión intelectual, las relaciones de amistad personal, las relaciones de amor. Entonces, todo eso, cuidar un poco todas las diferentes dimensiones del ser humano, intentar llevar cada una de ellas a la plenitud, es en lo que consiste la felicidad para Aristóteles. Pero claro, eso incluye mucho más que esa noción individualista, porque el ser humano también es un ser social para Aristóteles, que florece en comunidad, florece involucrándose en la cuestión pública también, en la toma de decisiones políticas. Por tanto, para responder así ya muy brevemente, sí se puede, pero hay que ir un poco más allá. Hay que, de alguna manera, rescatar, diría yo, la felicidad del discurso más moderno individualista. No rechazar, no dar por pedida la felicidad, sino intentar rescatarla. Muchas gracias por la respuesta. Y para seguir un poco en este tema, lo has mencionado un poco al principio, pero la relación entre felicidad y placer, ¿cuál sería exactamente? ¿Necesitamos el placer para la felicidad? ¿Cómo funcionaría? Buenísimo, buenísimo. También otra muy buena pregunta. Volviendo otra vez a Aristóteles, no sé si se nota que me gusta mucho Aristóteles, Aristóteles, por ejemplo, también se encuentra en un momento en el que ya ha habido varios autores que han denostado completamente lo que sería el placer. Y lo han echado fuera de la vida feliz, ¿no? Como que el sabio o el hombre justo ni siquiera necesita el placer para ser feliz y puede llegar a ser feliz en situaciones como de miseria muy absoluta, ¿no? Y Aristóteles rechaza esa idea. Para él todo lo que sería el placer tiene un lugar dentro de la vida feliz. O sea, no es erróneo buscar el placer. Lo erróneo es poner el placer en el centro de lo que sería la vida feliz, ¿no? Y esto es lo que él critica mucho de lo que hace, él piensa que la mayoría de las personas, que es simplemente buscar el placer por el placer y, en concreto, el placer sensible. Y para Aristóteles esto, él lo ve como estar rebajándose a una vida propia de los animales no humanos, que son los que no tienen esas capacidades superiores de la inteligencia y de la voluntad. Entonces, ¿tiene un lugar dentro de la vida buena el placer? Por supuesto, porque el ser humano no es un puro intelecto, no es un espíritu abstracto, sino que es un ser encarnado y tiene todas esas dimensiones, también, que tienen que ser incorporadas dentro de la propia vida humana buena. Lo que no se puede hacer es darles la rienda o darles el control, y no se puede, tampoco, olvidar que no son como el bien absoluto. Hay otro autor contemporáneo, si no me equivoco ahora, creo que es Robert Nozick, que tiene también este experimento mental de la máquina del placer. Entonces nos pide imaginar, imaginemos que existiera una máquina en la que uno puede meterse y experimentar ahí, durante toda su vida, sin salir de esa máquina, todo el placer posible.

38:54
Enric F. Gel. Y la pregunta que lanza es: “¿Querríamos vivir toda nuestra vida en esa máquina?” Y yo creo que la inmensa mayoría de gente diría: “No, pues prefiero vivir una vida real, en la que yo me pueda ir encontrando con el placer, aunque no llegue a tener tanto placer como la persona que está metida en la máquina, pero que sea una vida en la que me encuentro con bienes reales, con personas, que pueda llevar a cabo acciones importantes, nobles, etc. Que pueda hacer algo con mi vida. Entonces, eso lo que está despertando en nosotros es esa intuición de que el placer no es el último bien, no es el bien último. Puede formar parte de la vida humana buena, pero no es el todo, y, por tanto, no hay que actuar como si lo fuera. Así que, bueno, muchas gracias por la pregunta.

39:46
Aurora. Hola, Enric, me llamo Aurora y te quería preguntar si, en los momentos duros de la vida, la filosofía nos podría ayudar a superar la pérdida de un ser querido.

39:57
Enric F. Gel. Muchas gracias, Aurora, por esa pregunta que me parece muy importante. Yo creo que la respuesta correcta es “depende”, depende de qué filosofía y de qué filósofo, porque obviamente dentro de la filosofía, como es un campo tan amplio, uno puede encontrarse filosofías que sean profundamente nihilistas, profundamente pesimistas, pero luego hay filosofías y filósofos que celebran la vida humana, que celebran el sentido de la vida, que celebran la dignidad del otro, que incluso pueden estar abriendo la puerta a que haya algo después de la muerte y un posible reencuentro con la persona fallecida, si estamos hablando de este tipo de momentos dolorosos. Y ese tipo de filosofías sí que pueden a uno ayudarle a sobrellevar esos momentos. No tiene por qué ser la filosofía necesariamente lo único a lo que uno tenga que echar mano para superar esas circunstancias, ni tiene por qué ser necesariamente la mejor cosa, pero sí que hay filósofos que le pueden ayudar a uno, y, de hecho, hay gente que se dedica a lo que se llama la “consultoría filosófica”, que es, de alguna manera, intentar acompañar a la gente por medio de la filosofía y por medio de lo que hayan dicho los grandes filósofos, acompañarla en momentos de crisis personal, de sufrimiento, de dolor por una pérdida, etc. Un filósofo que a lo mejor yo recomendaría, bueno, filósofo, está a caballo entre la filosofía y otras disciplinas, es Viktor Frankl, no sé si has oído hablar de él. Viktor Frankl fue una persona que sufrió las atrocidades de un campo de concentración nazi y una de las cosas que notó y que vio fue cómo las personas que de alguna manera perdían el sentido de la propia vida y el sentido del sufrimiento y el sentido de las malas cosas que les estaban pasando, como esas personas eran las primeras que se apagaban y las que tenían más probabilidades de acabar falleciendo. Y él luego todo eso lo convirtió en una forma de terapia que le llamó la logoterapia, es decir, terapia por medio del logos, de la palabra y del sentido, sobre todo, del significado. Y fue descubriendo, a lo largo también de su trabajo, de cómo muchas veces las situaciones de sufrimiento que más nos aplastan, podemos conseguir sacar un poco la cabeza a flote si le encontramos un sentido, un significado a ese sufrimiento. Un ejemplo que él ponía que a mí se me quedó muy marcado cuando lo leí hace mucho tiempo, él decía que una vez le llegó una persona a consulta que estaba muy hundida por la muerte de su esposa y que no sabía cómo salir de ahí, y Viktor Frankl lo que hizo es, por medio de preguntas, hacerle cambiar un poco el foco de la discusión, de la situación. Y él le preguntó, sobre todo: “¿Qué crees que hubiera pasado si tú hubieras fallecido antes que tu esposa?”

42:51
Enric F. Gel. Y la persona dijo: “Pues mi esposa lo hubiera pasado muy mal”. Y Viktor Frankl le planteó: “Vale, pues a lo mejor puedes mirar la situación como que le has ahorrado a tu esposa justamente eso y que el precio que tú tienes que pagar por haberle ahorrado a tu esposa ese sufrimiento es que ahora lo estás sufriendo tú”. Y contaba que esa persona salió de consulta ese día completamente transformada después de haber encontrado justamente el sentido de la situación de sufrimiento que estaba pasando.

43:21
Andrés. Hola, Enric, me llamo Andrés. Escuchándote me llama la atención el término de libertad y quería preguntarte si desde la filosofía se puede justificar dañar o hacer mal a alguien.

43:37
Enric F. Gel. Muy buena pregunta. Esto toca lo que los filósofos llamamos el “problema del mal”, el problema del mal, del daño, del sufrimiento. A lo largo de la historia de la filosofía hemos distinguido también lo que llamamos el “mal natural”, esas desgracias que suceden sin que haya ningún responsable directo, pues un terremoto, un tsunami, una pandemia, etc. Y luego lo que llamamos el “mal moral”, que es ese mal que cometemos los seres humanos por medio de nuestra libertad. Y el mal siempre ha sido una gran incógnita y un gran problema para un tipo de filosofía que podríamos, de alguna manera, abarcar bajo el nombre extraño de “axiarquismo”. Y ahora les explico qué significa esto. Axiarquismo se forma por la unión de ‘axios’, que en griego significa valor, y ‘arché’, que significa principio. Entonces, la idea es que el axiarquismo defiende que hay un principio del valor, un gobierno del valor, que de alguna manera el bien reina o rige sobre todas las cosas. Y es curioso porque es una forma de filosofía que, de un modo o de otro, ha estado presente a lo largo de toda la historia del pensamiento. La encontramos en Platón. Platón piensa que existe un mundo de las ideas en el que subsisten, de manera abstracta, las esencias de las cosas, es decir, aquí estamos los seres humanos, en ese mundo estaría la idea de humanidad, y que entre todas esas ideas la suprema es la idea del bien, y que la idea del bien, decía, es la que da el ser y la inteligibilidad a todas las cosas, y es la que está detrás de todo lo que sucede. “Todo lo que sucede, en último término, sucede porque es bueno”, pensaba Platón. Los estoicos pensaban, o algunos estoicos, porque es un movimiento muy amplio, creían en la existencia de una especie de logos o razón universal, con mayúscula, que gobernaba de manera providente los acontecimientos y entonces cuando algo malo sucedía, ellos de alguna manera lo remitían al gobierno de este logos, que es mucho más amplio que la razón humana y que puede ver más allá de nuestro limitado punto de vista y entender que a lo mejor ese mal podría estar en servicio de un bien posterior. Esto lo pensaban los estoicos. Aristóteles también piensa que en la cima de la realidad existe lo que él llama el “primer motor”, que es un ser absolutamente perfecto, que todas las cosas, todo el cosmos aspira a imitarlo, aspira a ser lo más perfecto posible para imitarlo. Y luego obviamente está el teísmo clásico de los filósofos medievales, donde para ellos existía un dios omnipotente, omnisciente, etc., providente y que gobernaba los acontecimientos según un plan, según una visión buena, etc. Entonces, todas esas diferentes formas de interpretar esta idea de que el bien rige la realidad, se enfrentan con ese problema del mal, con la existencia del mal en el mundo.

46:29
Enric F. Gel. ¿Cómo lo abordaron o cómo creo yo que se podría abordar? Pues muchas veces dijeron algo así, o sea, si nos fijamos, hay ciertos bienes de carácter moral y de carácter superior que, de alguna manera, presuponen la posibilidad del mal. Virtudes como, por ejemplo, la valentía, o sea, uno no puede ser valiente si no existen peligros frente a los cuales sobreponerse al miedo y hacer lo noble, lo correcto. El sacrificio personal, incluso el sacrificio más alto que podemos hacer, es el de la propia vida. Yo no puedo llevar a cabo eso si no pierdo eso que estoy sacrificando. No se puede ejercer la compasión, la generosidad, si no hay gente que sufre. No se puede perdonar, el perdón, la experiencia del perdón, que es una de las experiencias más transformadoras que le puede pasar a un ser humano. El perdón no se puede dar si no hay nadie que haga algo malo. Muchos de esos autores decían que cuando uno ve esa conexión que existe entre la realidad del mal y estos ciertos bienes, tiene plausibilidad, uno puede pensar, de manera razonable, que ese gobierno del bien, de todas las cosas, es compatible con el mal, porque de alguna manera el mundo es capaz de albergar bienes todavía mayores si ese mal es posible. Luego también pensamos en lo que podríamos llamar el triunfo sobre el mal. Si ustedes piensan en las historias que más nos suelen conmover, para mí, por ejemplo, soy muy fan del ‘Señor de los Anillos’. No sé si a alguien le gusta aquí el ‘Señor de los Anillos’, las películas o los libros. Es una historia que si uno la agarra en plan al azar, la abre por una página completamente ‘random’, se puede estar leyendo una parte que es de lo más terrorífica, devastadora, trágica, donde todo parece estar perdido y si uno solamente lee eso, puede pensar: “Esto lo ha escrito un sádico, una persona que estaba mal de la cabeza, realmente”. Pero cuando uno ve la historia en su conjunto y ve cómo esas instancias de mal, esos males fueron vencidos a lo largo de la historia, gracias también al concurso de los diferentes personajes, ve cómo en su conjunto la historia es, de alguna manera exhibe una belleza que de alguna manera puede incorporar ese mal y darle un cierto sentido. Entonces, ese triunfo sobre el mal, que es un gran bien y que es un gran bien que nosotros podamos, de alguna manera también, ser partícipes en esa historia de vencimiento sobre el mal, dirían esos autores, pues también puede ser uno de esos motivos que nos haga ver que hay una posible justificación al menos a un reinado temporal del mal, bajo esa hipótesis de que el bien rige todas las cosas. Obviamente uno también, frente al problema del mal, puede sencillamente descartar la idea de que el bien esté detrás de los acontecimientos. Esa también es una opción dentro de la filosofía. Pero quería plantearles también lo otro para decirles que hay posibilidades dentro de esa visión más tradicional, podríamos llamar, también hay posibilidades para incorporar la existencia del mal y plantear, y es que a lo mejor estamos en una historia de este tipo en la que nosotros tenemos que utilizar nuestra libertad también para conectar con una pregunta anterior, para hacernos responsables de ese triunfo sobre el mal que tenemos que, de alguna manera, llevar a cabo. Así que bueno, eso es un poco lo que te diría.

49:59
Enric F. Gel. Muchas gracias por la pregunta.

50:10
Irene. Hola, ¿qué tal? Me llamo Irene y soy de un pueblito de Murcia. Y en mi pueblo hay un señor que se pasea por la calle hablando solo. A este señor le llaman el filósofo, así que te quería preguntar si tiene mucha relación la filosofía y la locura.

50:32
Enric F. Gel. Muchas gracias, Irene, por esa pregunta. Pues puede que sí, puede que sí que tenga cierta relación, de hecho hay muchos filósofos clásicos que hacían cosas muy extrañas, se me ocurre ahora Diógenes, por ejemplo, Diógenes vivía en un tonel, en mitad de la calle, sin ningún tipo de posesiones, de hecho se cuenta que lo visitó un día Alejandro Magno, porque había escuchado hablar de él, de su filosofía, que era una filosofía como de desprendimiento total, y Alejandro Magno había escuchado de él y lo quiso conocer, lo fue a ver y le dijo: “Oye, pídeme lo que quieras que te lo daré”. Uno piensa, pues Alejandro Magno en ese momento, emperador de casi todo el mundo conocido, si a nosotros nos dijera eso, ¿qué le pediríamos, no? Pues Diógenes le dice: “Lo que quiero es que te apartes porque me estás tapando el sol”. Es decir, como dándole a entender que no necesito nada y menos de ti, ¿no? Y de hecho también otra anécdota que cuentan es que él lo único que tenía era un vaso con el que iba al río y bebía agua. Y un día vio un niño que iba al río, se agachaba y cogía el agua con las manos y tiró el vaso, diciendo: “El niño me ha demostrado que ni siquiera necesito este vaso”. Entonces, Diógenes puede parecer muy loco, aunque claro, también no le faltaba quizás algo de razón. Cuando vemos lo esclavos que a veces somos de las cosas materiales que tenemos y lo dependientes muchas veces que somos de esas cosas, pues quizá algo de Diógenes podríamos aprender, quizás no ir tanto a sus extremos, pero algo de su desprendimiento de las cosas materiales a lo mejor nos podría servir. Luego hay filósofos que ya sí que a lo mejor tenían algo de locura, en plan clínica. Rousseau, por ejemplo, los últimos años de su vida los pasó con una paranoia persecutoria que pensaba que la gente lo perseguía y que todo el mundo estaba en contra de él. Nietzsche, también es quizá el ejemplo más famoso, al final de su vida sufre un colapso mental el 3 de enero de 1889, si no me equivoco, donde ve a una persona azotar un caballo y se lanza al cuello del caballo y lo abraza y lo intenta calmar y a partir de ahí se queda catatónico y el resto de años que vivió, que fueron casi 10 años más, pues estaba en una silla, que no podía hablar, quedó a cargo de su madre y de su hermana y completamente así, pues completamente ido. Y de hecho ya en las obras que escribe en esa época se pueden ver quizás algunos retazos de esa posible locura, porque por ejemplo firmaba cartas, las firmaba como el anticristo o Dioniso, como ese dios griego. Hay uno de sus últimos libros que es el ‘Ecce homo’. Si ustedes lo leen es muy divertido, es una especie de autobiografía intelectual que Nietzsche hace. Pero si uno lee los títulos de los capítulos son en plan: “¿Por qué soy yo tan inteligente? “¿Por qué escribo yo libros tan buenos?”

53:32
Enric F. Gel. Entonces, un poco esos delirios de grandeza que a lo mejor estaba empezando a tener. Pero bueno, fuera de estos ejemplos quizás más llamativos, yo creo que sí que podríamos decir que algo de loco siempre va a tener o va a parecer el filósofo, porque al final parte de nuestro trabajo es sacar a la luz lo extraordinario de lo ordinario, de las cosas más ordinarias que nosotros damos completamente por supuestas en nuestra vida común, como por ejemplo la existencia. Pues el filósofo su papel es sacar a la luz lo extraordinario que es eso. Y lo extraordinario que es que estemos aquí, que estén ustedes aquí, que estén vivos, que existan. O sea, piensen en todas las cosas que han tenido que suceder para que ustedes estén aquí. Es realmente muy extraordinario el misterio de la existencia. Pero como estamos completamente inmersos en ella e inmersos en unas vidas que van a un ritmo que no nos dejan pensar y no nos dejan apreciar ese tipo de misterios admirables, pues el filósofo al final es el que tiene el papel un poco de despertar nuestras mentes dormidas a ese tipo de cuestiones. Y eso, desde fuera, puede parecer a locura, en plan, ¿por qué te sorprendes de algo que es súper ordinario? Pues hasta que uno no ve lo sorprendente que hay en lo ordinario, no entiende ese tinte de locura que podemos estar viendo en el filósofo. Y al final también el filósofo, pues muchas veces su trabajo también consiste en poner un poco en cuestión algunas de las cosas más de status quo, que quizás damos por supuestas, de cómo estamos organizando la sociedad, etc. Pues Diógenes al final parecía loco porque estaba yendo en contra absolutamente, o sea, se iba al extremo más absoluto y más contrario del modo de vida ordinario de ese momento. Pero lo hacía también como para poner esa vida ordinaria y que todo el mundo daba por supuesta, ponerla frente a un espejo y que la gente se diera cuenta de que a lo mejor esa no es la manera en la que tenemos que vivir. Por eso yo creo que quizás el filósofo tiene un poco de loco a veces.

55:34
Estefanía. Hola, Enric, soy Estefanía, un placer escucharte. Nuestro querido superhombre Nietzsche dijo: “Dios ha muerto”, y he estado pensando mucho en esto porque para mí la filosofía ha sido mi gran compañera en la búsqueda del sentido, pero en este momento de mi vida estoy más enfocada o más inclinada hacia un plano más espiritual. Y te quería preguntar, ¿crees tú que la filosofía y la religión puedan convivir de alguna forma o si por la naturaleza de la filosofía de buscar y cuestionar es imposible?

56:11
Enric F. Gel. Buenísimo, muchas gracias, Estefanía, por esa pregunta. Pues otra vez estamos ante uno de esos grandes temas de la filosofía en el que, por supuesto, no hay ningún consenso. Yo tengo mi opinión que os la voy a dar ahora, pero siempre me gusta decir antes que yo creo que esta es una cuestión en la que personas igual de inteligentes, razonables y honestas pueden llegar a conclusiones completamente contrarias. Entonces, yo creo que a la pregunta de si se puede compatibilizar filosofía y religión, la respuesta correcta es “depende”, otra vez. ¿Por qué? ¿De qué va a depender? Va a depender de qué filosofía estemos hablando y va a depender, también, de qué religión estemos hablando. Por ejemplo, si uno está hablando de una religión que apaga todo cuestionamiento, apaga toda pregunta, apaga toda duda, apaga toda objeción, eso es contrario al espíritu filosófico. Y si uno está hablando de una filosofía que es completamente atea, materialista, no sé qué, pues también va a ser contraria a muchas religiones. Pero dentro de ese abanico de opciones bien puede haber un punto de encuentro en el que uno tenga una religión que no tenga miedo a las preguntas, que no tenga miedo a los cuestionamientos, que no tenga miedo a las objeciones y una filosofía que esté abierta al ámbito de lo trascendente. Y al final dentro de la filosofía ha habido, a lo largo de la historia, y sigue habiéndolos hoy todavía también, muchos filósofos, por ejemplo, ante el misterio de la existencia han adoptado una respuesta de corte ateísta. En plan, bueno, pues ¿por qué existe algo en lugar de nada? Porque existe un ser necesario perfecto al que llamamos Dios que en base a una serie de razones ha creado este mundo, por ejemplo, y lo gobierna. Pues eso lo pensaba Platón a su propio estilo, Aristóteles también a su propio estilo, aunque no tiene una noción de creación Aristóteles, pero luego tenemos San Agustín, Santo Tomás, Leibniz, Leibniz no era tonto, o sea, Leibniz fue el último genio universal, o sea, la última persona de la que se dice que realmente alcanzó un nivel de conocimiento altísimo en prácticamente todas las áreas de conocimiento que había en ese momento. Pues él fue un teísta convencido. Entonces, está esa opción y existe y hay argumentos muy interesantes y de muy variado tipo que se pueden dar y que se han dado a lo largo de la filosofía a favor de la existencia de algún dios. Y ahí ya es cuestión de cada uno tomar sobre sí la responsabilidad de: “Vale, voy a ver, voy a intentar leer lo mejor que un lado tiene por ofrecer y lo mejor que tiene el otro, y voy a formarme en mi propia opinión crítica”. Mi opinión personal es que efectivamente sí, la filosofía, de alguna manera, puede llevarnos a afirmar la existencia de algún tipo de dios, y que eso puede ser compatible con, al menos, algunas religiones, sobre todo esas religiones que no tengan miedo al cuestionamiento filosófico y que, dentro de su propia tradición, también hayan incorporado mucha filosofía para aclarar sus propias doctrinas.

59:14
Enric F. Gel. Así que esa sería un poco la respuesta que te daría. Muchas gracias, Estefanía.

59:22
Guillermo. Hola, Enric. Mi pregunta es que si los filósofos fuesen un grupo de superhéroes, ¿cuáles serían ‘Los cuatro fantásticos’?

59:29
Enric F. Gel. Los cuatro fantásticos’. Muchas gracias, Guillermo, por esa pregunta. Yo creo que hay tres filósofos a lo largo de la historia que forman lo que sería una triada muy clara y luego podemos unirle algún otro. Y estoy pensando en Sócrates, Platón, Aristóteles. Entonces, estos tres autores están conectadísimos, empiezan todos gracias a la actividad de Sócrates, a la actividad socrática. Sócrates fue una persona que se dedicó a ir por el mercado preguntándole cosas a la gente Eso era lo que él hacía, era su actividad filosófica. Entonces, iba sobre todo a buscar a esas personas que se presentaban como sabias, como expertas en algún tipo de cuestión, y les empezaba a hacer preguntas para sacar a relucir que en realidad no sabían tanto como ellos decían, como ellos se presentaban. ¿Por qué? Porque él estaba convencido de que el inicio del camino filosófico implicaba reconocer la propia ignorancia. Porque claro, si uno ya piensa que lo sabe todo, no se pone a buscar y está como completamente alienado con respecto a las preguntas porque piensa que ya lo sabe, que ya sabe la respuesta. Entonces, Sócrates empezó con esa: “No, vamos a poner en el centro otra vez, recuperar la conciencia de la propia ignorancia y entonces, a partir de ahí, caminamos y caminamos en diálogo, intentamos descubrir juntos qué posibles respuestas se pueden dar”. A partir de esa actividad obtenemos a Platón que empieza a reflexionar sobre el tipo de preguntas que se hace Sócrates, que eran preguntas del tipo: ¿qué es el bien? ¿qué es la justicia? ¿qué es la verdad? ¿qué es el ser humano? ¿qué es la virtud? Y entonces él empieza a preguntarse: “De esos objetos que Sócrates está buscando, que es lo que los filósofos llamamos conceptos universales, porque nosotros podemos distinguir diferentes personas justas, pero les aplicamos a todas el mismo concepto universal de justicia, por ejemplo. Pues estos conceptos, ¿dónde están? ¿Dónde existen? Porque yo me puedo encontrar, por ejemplo, con cosas bellas, personas bellas, acciones bellas, pero la belleza no me la encuentro por la calle en ningún sitio. Pero la belleza tiene que existir, si no, no habría cosas bellas. Por tanto, decía: “Vale, pues entonces tiene que ser que existe en otro mundo diferente”. Entonces, eso es Platón a partir de la actividad socrática, es decir, como amplía un poco lo que Sócrates de alguna manera había empezado y luego llega Aristóteles y, de alguna manera, en sintonía con ese espíritu de Platón, que fue su maestro, lo corrige para, digamos, suavizar ese dualismo tan radical que está planteando Platón entre el mundo material en el que vivimos nosotros y ese mundo ideal de las esencias subsistentes. Entonces, son tres autores que juegan muy bien juntos, que estoy convencido que harían muy buen equipo, que se suplen mutuamente también, quizás los defectos que tenga cada uno o lo que sea, y que se corrigen mutuamente muy bien. Y Sócrates está bien que esté ahí siempre para recordar, en plan: “Oye, pero primero veamos si realmente sabemos, si realmente está esto bien atado, etc”.

01:02:34
Enric F. Gel. Y luego creo que les podríamos unir, pues, no sé, algún autor medieval como Santo Tomás de Aquino, que por ejemplo también estaba muy en la línea de esos autores. Otro como Kant, quizá también sería bueno, que a pesar de, en lo más metafísico, estar muy en contra de lo que ellos decían, en la línea más ética de los valores morales, etc., harían muy buen equipo. Y luego yo creo que también nos podríamos preguntar, si tenemos estos ‘Cuatro fantásticos’, nos podríamos preguntar quiénes serían los villanos, quiénes serían los malos. Y aquí yo creo que podríamos dar varios. Yo creo que Nietzsche sería muy buen villano de este equipo de ‘Los cuatro fantásticos’ porque era un antisocrático y un antiplatónico hasta la médula. Él estaba convencido de que lo peor que le había pasado a la historia del pensamiento fueron Sócrates y Platón. Que Sócrates y Platón, de alguna manera, iniciaron todo un modo de pensar que le quitó todo el gusto a la vida, por decirlo así. Entonces, yo creo que sería un enfrentamiento digno de ver. Luego podríamos hablar quizás también a Hume, meter ahí a Hume, porque también David Hume parte de un empirismo muy radical en el que solamente puedes afirmar cosas de las que tengas de alguna manera experiencia sensible directa. Entonces eso, de alguna manera, echa por tierra con todas esas construcciones metafísicas que llegan a hacer Platón y Aristóteles, pero estaría muy chulo ver la confrontación y ver qué pueden responder esos autores a esos desafíos de Hume. Así que quizás te plantearía eso. Muchas gracias por la pregunta.

01:04:20
Darío. Buenas, Enric. Me llamo Darío, soy estudiante de matemáticas, aunque me gusta mucho la filosofía y, en parte, uno de los motivos por los que me interesan mucho estos temas es gracias a tus vídeos, así que muchas gracias. Y como también me gusta mucho el cine y habéis comentado cosas de superhéroes, del ‘Señor de los Anillos’ y tal, yo quería preguntarte si nos puedes recomendar alguna película o alguna serie que nos dé información o que nos haga reflexionar sobre moral o cuestiones del ser humano, o cualquiera de los temas que hemos tratado aquí.

01:04:47
Enric F. Gel. Muy bien. Muchas gracias, Darío. Y las matemáticas y la filosofía se pueden dar mucho de la mano. Hay mucha conexión ahí entre esas dos disciplinas. Pues hay mucha cosa que se podría recomendar. Ahora me viene a la cabeza una serie que vi hace un tiempo, en inglés se llama ‘The Good Place’, no sé cómo la traducen en español. El buen lugar o algo así. Va de una serie de personajes que representa que mueren, fallecen y se encuentran como que están en el cielo, pero ellos, en sus vidas, habían sido personas que no se merecerían estar en el cielo, o sea, que fueron personas como que eran tramposas, deshonestas, mentirosas, etc. Y por tanto están ahí como que ellos saben que son intrusos, pero no quieren decir nada para que no les envíen a ‘The Bad Place’, al lugar malo. Y entonces es una serie en la que se dan muchos dilemas filosóficos, porque además hay un personaje que es un filósofo y entonces plantea toda una serie de experimentos mentales y dilemas. Y está chula, es divertida, pasas bien el rato y además te cuelan algo de filosofía. ‘Merlí’ también, tenemos aquí una serie hecha aquí en casa que está muy bien, de un profesor de filosofía dando sus clases y encendiendo esa llama del pensamiento filosófico en sus alumnos. Está muy chula también para aprender un poco y para introducirse. Luego hay películas que te pueden estar planteando dilemas más concretos. ‘Her’, esa de Joaquin Phoenix, yo creo que es muy actual. Cuenta la historia de una persona que se enamora de su inteligencia artificial, cosa que hemos visto que se ha hecho realidad en el mundo. Entonces, también da muy para reflexionar sobre la conciencia, la personalidad, qué es exactamente una persona, qué no. ‘Black Mirror’ es una serie muy buena, muy en plan pesimista con el futuro, pero que también te pone sobre la mesa unos dilemas morales muy buenos. Y luego yo, en este último año, he descubierto el ánime como un campo que para mí era muy desconocido, en el que hay grandes obras que tocan muchos temas muy filosóficos y de una manera que realmente es muy espectacular y muy entretenida, también. Entonces, se me ocurre ahora, por ejemplo, ‘Vinland Saga’, no sé si la habéis visto, pero es una historia de redención, de perdón, que toca ahí todo el tema del estoicismo, las lecciones sobre el perdonarse a sí mismo después de haber llevado una vida de crímenes, etc., que realmente a mí me llamó muchísimo la atención y es una de esas series que te dejan realmente pensando y además te hace un quiebro, porque la primera temporada es ahí muy de acción y tal, y luego te hace un quiebro en la segunda, que es más reflexiva, de personaje, pero que realmente lo ves y lo compras, ¿no? Entonces, esa es una que recomendaría. Así que, bueno, creo que he dado varias, ¿no? Así que con eso espero haber dado a la gente material para pasarse buenas horas ahí viendo cosas, ¿no? Así que nada, muchas gracias, Darío.

01:07:52
Enric F. Gel. Bueno, muchas gracias por haber venido. Estoy muy contento de haber estado aquí con ustedes. Me ha gustado mucho conocerles y escuchar sus preguntas. Y les voy a dejar con una reflexión final que me gusta hacer siempre cuando hablo de filosofía, porque muchas veces la gran pregunta o la gran objeción que recibimos los filósofos es: ¿y esto para qué sirve? ¿Y esto para qué sirve? ¿Para qué sirve la filosofía? Y a mí la respuesta que más me gusta dar es la siguiente, y es que la filosofía, sirva o no sirva, es inevitable. Incluso la persona que nos esté intentando atacar a la filosofía, diciendo la filosofía no sirve para nada y por tanto no hay que dedicarle tiempo, está basándose en toda una serie de presupuestos filosóficos que se pueden cuestionar, que nos podemos preguntar sobre ellos. ¿Por qué le damos un valor negativo a lo inútil? ¿Por qué no tenemos que dedicarle tiempo a lo inútil? La persona que ataca la filosofía, cuando se pone a defender estas cosas, está haciendo filosofía. Entonces, en ese sentido la filosofía es completamente inevitable, y no hay nadie que pueda estar en esta vida sin una filosofía. O sea, incluso la persona más contraria al filosofar o a la actividad filosófica, se va a mover por el mundo según una imagen filosófica del mundo, del ser humano, del origen de las cosas, de su destino o falta de destino, de su significado o falta de significado, de en qué consiste la felicidad, etc. Entonces, la única alternativa a nosotros a hacer filosofía o pensar críticamente por nosotros mismos, es estar viviendo con la filosofía de otras personas, con la filosofía que, de modo completamente contingente, se haya puesto de moda en el momento histórico y que nos ha tocado nacer. Entonces, solo hay estas dos opciones, hacer filosofía o pensar críticamente uno mismo o estar adoptando de modo acrítico el pensamiento de otras personas. Y por eso a mí lo que me gusta decir, y ya con esto voy a cerrar, es que al final la filosofía lo que nos ofrece es un camino hacia la emancipación intelectual. Es decir, un camino hacia: he reflexionado sobre las cosas que pienso y las pienso porque he reflexionado sobre ellas. No porque me lo han dicho, no porque es lo cómodo, no porque es lo que se lleva. No, porque yo he reflexionado sobre ellas y me parece que es la vida correcta. Y si alguien cree que me equivoco, pues que venga, lo hablamos, lo discutimos y, de manera abierta, pues a lo mejor tengo que cambiar de opinión. Pero esa es la única vía que tenemos para realmente hacernos dueños de nuestras propias ideas, de nuestro propio pensamiento y no dejarlo en manos de intereses ocultos, el poder, etc., que es al final el más interesado en que no pensemos por nosotros mismos. Así que de nuevo cierro dándoles mucho las gracias y que he estado muy contento de poder compartir este rato con ustedes. Muchas gracias.