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David Céspedes. La sencillez en la explicación sería a través de un símil. Si yo tengo mucha fuerza y quiero a un muelle darle presión, evidentemente, yo la tengo, voy a ir muy rápido. Pero, claro, luego lo tengo que sostener. Ese es el efecto rebote. Cuando fallan las fuerzas, es decir, cuando tú vuelves a meter la misma cantidad de kilocalorías después de haber hecho una dieta, porque la vuelves a meter, haces esto. Las células del tejido graso tienen otra cosa más, tienen memoria. Hacen, durante la pérdida de peso, una cosa que es la que te va a bajar el metabolismo de forma brusca y es que son las productoras, sobre todo, a nivel del tejido visceral, son las productoras de leptina, que es la hormona de la saciedad. ¿Qué hace? Disminuye mucho la leptina, está destruyendo tejido graso. Eso lo detecta el hipotálamo, que es una parte que tenemos dentro del cerebro y da una señal a nuestro tiroides para que baje la secreción de T3, que es la hormona tiroidea activa, eso baja el metabolismo más que la propia pérdida de peso. ¿Qué ocurre? Que al tener memoria, cuando vuelves a incluir la misma cantidad de kilocalorías, el tejido graso aumenta de forma brusca. Ese es el efecto rebote. Es que no se trata de comer menos. Tú cuando has aumentado de peso, y os cuento una anécdota personal, Yo cuando quise ganar masa muscular, que pesaba 65 kilos, hubo dos cosas que me resultaron difíciles de entender. En primer lugar, que me había gastado mucho dinero durante los seis primeros meses en suplementos como creatina, BCAAs, proteína. Y después de no haber ganado mucho peso ni masa muscular, le pregunté al entrenador que había por ahí. No era entrenador personal, tenías una persona que te estaba supervisando para que no te hicieses daño, cosa que no ocurre ahora en los gimnasios. Y me dijo: “¿Tú comes?” Y dije: “Sí”. “No, no, no, no, no. ¿Tú comes?” Y ahí mi cabeza hizo pum. Y empecé a entender que para aumentar de masa muscular no lo vas a hacer de forma magra, sino que vas a aumentar también la grasa, pero tienes que hacer un empeño en ser constante en esa dieta. No se trata de comer más, en este caso, sino de comer bien. ¿Qué implica? Mi tejido graso no bajó de forma brusca la leptina, sino que fue poco a poco. Yo iba comiendo mejor, claro, no comía tantas cantidades, optimizaba no tanta proteína, sino hidratos de carbono que tenían mucha cantidad de fibra y que me saciaban. Había señal de leptina, estaba saciado y, además, bajaba lentamente, no agredía a mi propio cuerpo. ¿Qué permite eso? Ser más o menos estricto el 70% de mi tiempo y el otro 30%, sin pasarme, como lo que quiero.