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El T. rex no era la fiera que muestra el cine

Francesc Gascó

El T. rex no era la fiera que muestra el cine

Francesc Gascó

Paleontólogo


Creando oportunidades

Francesc Gascó

Francesc Gascó-Lluna es biólogo, doctor en Paleontología por la Universidad Autónoma de Madrid, especialista en dinosaurios y divulgador científico. Su trabajo combina el estudio de los fósiles con la protección y difusión del patrimonio paleontológico. Actualmente es director científico del Museo de Benagéber y ha participado en proyectos de investigación y excavaciones en España y en otros países.
Su investigación se ha centrado en la reconstrucción paleobiológica de dinosaurios y en la paleohistología, una disciplina que analiza la estructura microscópica de los huesos para conocer cómo crecían y vivían los animales del pasado. Desde 2006 acerca la paleontología a públicos diversos a través de conferencias, talleres, medios y su proyecto Pakozoico. También es autor de libros como Paleontología Pop, donde conecta la historia de la vida con la cultura popular y la experiencia del trabajo de campo.
En esta entrevista desmonta la imagen de los dinosaurios que ha construido el cine y explica qué puede revelar el registro fósil sobre su aspecto, sus sonidos, su reproducción y su comportamiento. También habla de las grandes extinciones, de la inteligencia artificial aplicada a la paleontología y de cómo mirar al pasado puede ayudarnos a entender nuestro lugar en la historia de la vida.


Transcripción

00:00
Francesc Gascó. Los dinosaurios eran mucho más que grandes lagartos y, con el paso del tiempo, incluso nos hemos dado cuenta de que no todos se extinguieron, de que un linaje de dinosaurios, un grupito, un pequeño grupo de dinosaurios llegó a sobrevivir, y que sigue vivo a día de hoy. Entonces, hoy en día, si quisiéramos mirar a los ojos a algo parecido a un dinosaurio, podríamos mirar a los ojos a un dinosaurio de verdad, y podríamos empezar por las palomas del parque. Cuando hablamos de la era de los dinosaurios o cuando nos imaginamos el mundo en el que vivían los dinosaurios, parece que estamos imaginando una especie de escenario único de fondo, en el que los dinosaurios están actuando, pero ese escenario no cambia, como si hubiera una única era de los dinosaurios, como si, igual que ahora tenemos una serie de ecosistemas, biomas, climas, estaciones, durante toda la era de los dinosaurios hubiera sido igual. Y en realidad los dinosaurios vivieron durante aproximadamente 160 millones de años, gran parte de tres periodos geológicos. Y el mundo cambió mucho, incluso durante la era de los dinosaurios. Evidentemente no tenemos termómetros que llevar al pasado con una máquina del tiempo, no podemos asomarnos para ver qué tiempo hacía. Lo que sí que tenemos es lo que llamamos, normalmente en las ciencias ambientales, o en las ciencias geológicas, lo que llamamos “proxys”. Básicamente, todo lo que ocurre a nuestro alrededor está relacionado con las condiciones climáticas, el tiempo, el clima. La manera en la que se deposita la arena en una playa tiene que ver con las condiciones climáticas. El tipo de átomos que las plantas están incorporando cuando están alimentándose, cuando están haciendo la fotosíntesis. La elección, por ejemplo, de un isótopo frente a otro, de elementos estables, de isótopos estables como el carbono, como el oxígeno. Algo tan normal como el oxígeno que respiramos. Existe en la naturaleza en forma de diferentes isótopos. Y elegimos, o mejor dicho, las plantas, a la hora de hacer la fotosíntesis, incluso nosotros mismos a la hora de alimentarnos, estamos en equilibrio con el medio. Y dependiendo de esas condiciones hay elementos que abundan más que otros, isótopos que abundan más que otros. Las rocas que se forman cuando estamos en una época más seca no son iguales que las que se forman en una época mucho más exuberante, mucho más húmeda, por ejemplo. Y, gracias a estos pequeños datos, podemos llegar a hacer aproximaciones a cómo era el mundo al principio de la era de los dinosaurios o a través del tiempo durante todo el tiempo que vivieron. Por ejemplo, los dinosaurios aparecen aproximadamente en el Triásico Medio, hace unos 200 y pico millones de años. Venimos de que la Tierra había pasado por una gran extinción masiva, de hecho, mayor que la extinción que acabó con los dinosaurios. Y el mundo, en aquel momento, era un lugar muy árido, muy seco. Y las rocas nos hablan precisamente de un mundo muy árido y muy seco. Tenemos un gran supercontinente, que os sonará el nombre, Pangea, en el que además, si os fijáis, incluso hoy en día, en el centro, por lo general en el centro de continentes muy grandes, lo que hay son desiertos. Porque parece que no llega la humedad de los océanos o hay barreras, sierras, cadenas montañosas que hacen que no llegue hasta allí toda la humedad que debería.

03:21
Francesc Gascó. Imaginaos un único gran supercontinente. Las condiciones podían llegar a ser muy desérticas, digamos, en el centro de ese supercontinente. Entonces, arranca la era de los dinosaurios, con los dinosaurios no siendo especialmente abundantes, ni siendo los reyes de la Tierra, y unas condiciones muy áridas. Y en un momento, que es una subdivisión del Triásico que los geólogos llaman Carniense, se produce un cambio y se observa que, de repente, empiezan a abundar rocas que tienen que ver más con ambientes más húmedos, que se forman más rocas que tienen que ver con ríos, con lagos, y se ve un cambio. Se ve un cambio que ya convierte este mundo árido del Triásico en un mundo más exuberante, mucho más lleno de vegetación, mucho más húmedo, que sería el mundo en el que en el Jurásico y en el Cretácico proliferan los dinosaurios. Y de hecho, parece que se relaciona incluso con actividad volcánica que podría estar relacionada, precisamente, con la apertura de esta Pangea, y el inicio de lo que popularmente llamamos la deriva continental, esta tectónica de placas que separa las placas que formaban este gran supercontinente hasta formar los continentes tal y como los conocemos hoy en día. Entonces, al principio de la era de los dinosaurios, gracias a estos proxys, a esta información geológica, geoquímica, geofísica, tenemos datos de un mundo reunido en un gran supercontinente con condiciones mucho más secas y duras, y vemos cómo luego, con el paso del tiempo, se vuelve mucho más húmedo, sigue siendo un mundo más cálido que el actual. No tenemos casquetes polares, que sepamos, durante toda la era de los dinosaurios, pero podemos ver cómo va avanzando hasta el punto de que, cuando se produce la extinción de la mayoría de dinosaurios, hace 66 millones de años, los continentes no son exactamente como los tenemos ahora, pero digamos que los reconoceríamos, porque ya se había abierto el Atlántico, ya estaba formándose el Mediterráneo… Entonces, ya reconoceríamos un poquito más la Tierra. Entonces, si podemos llegar a saber cómo era aquel mundo es precisamente gracias a estos datos geológicos o, por ejemplo, también a fósiles de otras criaturas. Porque un mundo del pasado en el que habitaban dinosaurios tampoco estaría completo si no lo llenamos de vegetación. Y, por suerte, también tenemos información de las plantas, de microorganismos, incluso, de todo tipo de seres vivos que acompañaban a los dinosaurios durante esos 160 millones de años que decimos que dominaron la Tierra.

05:52
Hombre 1. Hola, Francesc. Si los dinosaurios existieran hoy, ¿podrían convivir con los humanos en el mismo hábitat?

05:58
Francesc Gascó. Es muy buena pregunta porque, de hecho, hasta en la ficción nos hemos imaginado muchas veces que la convivencia de dinosaurios y humanos es imposible. Es el punto de partida de muchas historias, desde ‘El mundo perdido’ hasta la saga ‘Jurassic’. Como que de repente, si nos pusieran a coexistir, a convivir, sería catastrófico, sería imposible. Yo creo que son dos escenarios diferentes. Es verdad que si ahora mismo nos pusiéramos a volver a tratar de convivir sería muy difícil, pero creo que pasaría incluso con especies no necesariamente de la era de los dinosaurios. Si simplemente especies que nunca han convivido las pones a coexistir va a producirse algún tipo de roce, va a ser muy complicado que haya una coexistencia en paz, en armonía, porque, al fin y al cabo, nosotros podemos llegar a decir que, aunque de manera un poco forzosa, porque estamos un poco explotando el planeta, pero podemos llegar a decir que estamos más o menos en una medio armonía con el resto de seres vivos que viven hoy en día, porque tanto el ser humano, como esas especies, hemos evolucionado en el mismo momento. Entonces, como que las relaciones ecológicas entre nosotros están establecidas desde hace mucho tiempo. Meter de repente en un ecosistema un animal ajeno, por ejemplo, una especie invasora, que solemos decir, ya causa roces, ya causa ciertas tensiones. Entonces, si de repente metiéramos a los dinosaurios en la Tierra en la que nosotros vivimos, es totalmente inevitable, que sería difícil. Pero, si nos metemos en el otro escenario, en el que no se hubieran extinguido casi todos los dinosaurios a finales del Cretácico, si hubieran sobrevivido, por ejemplo, los grandes dinosaurios carnívoros, los grandes dinosaurios de cuello largo, los grandes dinosaurios acorazados, si hubieran sobrevivido, si no hubiese habido este cataclismo que los llevó a su extinción a finales del Cretácico, yo quiero pensar que no dejan de ser animales y que hubiésemos seguido conviviendo con ellos. O sea, en el momento en el que hubiese aparecido nuestro linaje, de alguna manera habría estado integrado en los mismos ecosistemas que ellos. No dejan de ser animales. Hubiésemos sido nosotros, los primeros primates, hubiesen sido, por ejemplo, la presa de grandes dinosaurios carnívoros, o nosotros mismos hubiésemos sido depredadores, con el tiempo, de otro tipo de dinosaurios. Por mucho que a través de la literatura o del cine los veamos muchas veces como monstruos míticos, no dejan de ser animales, que, además, han sido muy diversos. No todos han sido grandes titanes o grandes depredadores feroces, son animales, eran animales. Y, en ese sentido, yo quiero pensar que sí que habríamos podido convivir con ellos sin ningún problema. De hecho, con un grupo de ellos sí que hemos convivido y hemos sobrevivido sin ningún tipo de problema.

08:41
Mujer 1. Hola, Francesc. Si hoy en día quisiéramos saber cómo se verían los dinosaurios, ¿en qué animal tendríamos que fijarnos?

08:50
Francesc Gascó. Fíjate, cuando yo era pequeño, y ya era un gran aficionado, bueno, aficionado es quedarme corto, yo estaba obsesionado por los dinosaurios cuando era pequeño, también lo digo como si ahora no lo estuviera. En cualquier caso, yo de muy pequeño, quieras que no quería ver dinosaurios, o lo más parecido que pudiese ver a un dinosaurio. En aquel momento, aún no teníamos, por ejemplo, acceso a Internet, no teníamos acceso a muchos contenidos. Antes del estreno de ‘Parque Jurásico’, la mayor parte de películas con dinosaurios o bestias prehistóricas no eran especialmente realistas, era un ‘stop motion’ y una especie de marionetas que cantaban mucho. Y, quieras que no, querías ver algo parecido a un dinosaurio. Y, de manera totalmente intuitiva, acudías a los grandes reptiles que tenemos hoy en día. Y veías documentales de cocodrilos o de los varanos, de los dragones de komodo, y a mí sí que me caía la baba pensando en que podía ser algo parecido a lo que fueran en su momento los dinosaurios. Sin embargo, con el paso del tiempo hemos llegado a darnos cuenta de que los dinosaurios eran mucho más que grandes lagartos. De hecho, aunque al principio se descubrieran los primeros huesos y se clasificaran de manera correcta como parientes de los reptiles y se reconstruyeran como reptiles, con el paso del tiempo nos hemos dado cuenta de que eran mucho más diversos. Incluso nos hemos dado cuenta de que no todos se extinguieron, de que un linaje de dinosaurios, un pequeñito grupo de dinosaurios, llegó a sobrevivir y que sigue vivo a día de hoy. Pero no éramos conscientes de que formaban parte de este grupo de dinosaurios. Si bien cuando yo era pequeño nos fijábamos en los grandes lagartos, en grandes reptiles, y se nos caía la baba pensando, imaginando que algo así, pero en grande, sería ver un dinosaurio, hoy en día sabemos que tenemos dinosaurios vivos hoy en día, que son todo el gran grupo de las aves. Hoy en día sabemos que las aves son los últimos dinosaurios que quedan, los que sobrevivieron a la extinción de finales del Cretácico. Y es una historia de descubrimiento que se retrotrae, prácticamente, al siglo XIX. Apenas un par de años después de que se publicara ‘El origen de las especies’, en el que Darwin, por ejemplo, proponía que en el registro fósil se deberían acabar encontrando formas transicionales entre grandes grupos de animales, se encontró un yacimiento en Alemania, Solhofen, donde aparecieron fósiles de los que llamamos “en conservación excepcional”, porque aparece cada huesecito en su sitio, aparecen, a veces, impresiones de partes blandas de los organismos, porque era un lago en el que se quedaban enterrados muy fácilmente y muy rápidamente, todo ser vivo que caía al fondo. Y allí se encontró lo que se consideró el primer ave, Archaeopteryx, que tenía tanto características de ave como, por ejemplo, impresiones bien marcadas de las plumas de las alas, como también características típicamente dinosaurianas, como tener, en la boca, dientes afilados, como tener una cola larga como de reptil con sus vertebritas, no solo compuesta por plumas como ocurre en las aves. Y, en aquel momento, ya hubo gente que dijo: “Cuidado, que este fósil tiene características intermedias. ¿Y sí hay una relación entre los dinosaurios y las aves? Con el paso del tiempo esto fue

12:21
Francesc Gascó. Entonces, de repente, supimos que muchos dinosaurios ya tenían estos huesos huecos, ya tenían un sistema respiratorio con sacos aéreos como el que heredaron las aves. La forma de algunos de los huesos de estos dinosaurios también recordaba mucho a las de las aves, sus extremidades. Con el paso del tiempo, ya veíamos una relación muy clara entre un pequeño grupo de dinosaurios terópodos, que es como llamamos a los carnívoros, con las aves. Tenían muchas características semejantes a las aves. Y, finalmente, ya a finales del siglo XX, encontramos yacimientos, también de estos de conservación excepcional, donde, igual que en el siglo XIX, se había encontrado Archaeopteryx, se encontraban dinosaurios con impresiones de plumas, solo que eran dinosaurios de otros grupos. Y de repente nos dimos cuenta que hasta muchos grupos de dinosaurios carnívoros tenían plumas, sin ser algo cercanamente emparentado con las aves. Con lo cual, hasta cosas que creíamos que eran exclusivas de las aves, como tener plumas, como tener los huesos huecos, hemos aprendido que, directamente, lo heredaron de sus ancestros. Entonces, hoy en día, si quisiéramos mirar a los ojos a algo parecido a un dinosaurio, podríamos mirar a los ojos a un dinosaurio de verdad. Y podríamos empezar por las palomas del parque.

13:38
Sara. Hola, Francesc. Soy Sara. Soy profe de ciencias y, muchas veces, sobre todo en primero de la ESO, se mezcla mucho lo que es lo místico con lo real. ¿Cómo podrías tú explicarle a un alumno de primero de la ESO que los dragones no existen y que los dinosaurios son antecesores?

13:55
Francesc Gascó. Es que el tema precisamente de la mitología y de los fósiles es un tema, en sí mismo, que podríamos hablar durante horas. Porque, por ejemplo, cuando los primeros fósiles de dinosaurio se debieron encontrar, y hablo así como en una situación hipotética, porque tenemos ya registro de hallazgos de huesos de dinosaurios a partir del siglo XVIII, ilustraciones de naturalistas, bueno, de los primeros naturalistas, pero antes también se debían encontrar. Incluso hay gente que ha llegado a proponer: “¿Y si los hallazgos de huesos de dinosaurios fueron el punto de origen de mitos?” De hecho, hay hasta gente que se dedica a investigar sobre este tema. Se han llegado a proponer relaciones directas entre algunos fósiles de dinosaurio y algunos mitos. Por ejemplo, el grifo, la criatura mítica del grifo y fósiles de un grupo de dinosaurios, que son los protoceratops que aparecen en Asia. Es complicado, porque yo muchas veces me planteo, hasta qué punto, cuando aflora un esqueleto fósil, podemos, en el campo, con todo sucio y todo erosionado, llegar a verle características anatómicas como para ver si es algo diferente a los animales que nos rodean. Hasta qué punto, en la antigüedad, al ver huesos aflorando en un barranco, ¿esto despertaría la imaginación de la gente? O si el mito ya existiría y, simplemente, al encontrar grandes huesos se hizo una correlación. Por ejemplo, se habla mucho de que al encontrar huesos de vertebrados fósiles en la antigüedad, que eso alimentaría el mito de los gigantes o, por ejemplo, los cíclopes. Se habla mucho de que el hallazgo de fósiles, de elefantes, por ejemplo, en Sicilia, podía haber dado lugar al origen del mito del cíclope, porque si tú ves un cráneo de un elefante o de cualquier pariente suyo, de cualquier proboscidio, un mamut, un mastodonte, tú ves un gran orificio, un gran agujero en medio del cráneo, que puedes llegar a pensar que es la cuenca ocular donde iría el ojo porque si no tienes conocimientos de anatomía no sabes dónde tienen los ojos estos animales en su esqueleto, y tú ves un gran agujero en medio del cráneo. Puedes llegar a creer que ese es el punto en el que estaría el ojo de ese cíclope. Entonces, se ha propuesto mucho, que los dragones, que los grifos, que los cíclopes gigantes, podían tener un punto de origen en hallazgos de grandes huesos de vertebrados fósiles. Pero yo me planteo si no sería al revés. Igual el ser humano es muy de imaginar, y somos muy imaginativos. Y puede, incluso, que relatos de encuentros con animales que no llegamos a ver bien alimentaran esa imaginación y que, simplemente, después, al encontrar los huesos, se produjera esa especie de asignación. Pues mira, si encuentro un hueso grande, pues debe ser de un gigante. Pero claro, cuando nos situamos ya a finales del siglo XVIII y, sobre todo, durante el siglo XIX y se encuentran ya cuando están naciendo las ciencias naturales, los primeros naturalistas, están haciendo estudios de campo, están haciendo el método científico, cuando por fin se están observando los hallazgos de fósiles bajo la tenue luz naciente de la ciencia, no nos dejamos llevar por esos mitos.

17:18
Francesc Gascó. De repente esos primeros naturalistas lo que hacen es intentar encajarlo con los seres vivos que tienen bien documentados que vivimos hoy en día. También porque, entonces, teníamos una visión del mundo totalmente fijista. No teníamos la más mínima idea de que el mundo había cambiado. No teníamos ni idea de que podía haber habido animales anteriores diferentes de los de ahora. Teníamos una imagen totalmente creacionista del mundo. Entonces, intentaron encajar los fósiles con los grupos de animales que conocemos hoy en día. Y no fue tan mal, porque al fin y al cabo se encontraron los primeros fósiles de dinosaurio, se creyó que eran lagartos de gran tamaño, se empezaron a reconstruir como lagartos de gran tamaño. Luego empezaron a haber otros naturalistas que empezaron, con estas comparaciones anatómicas, empezaron a ver más pistas sobre mundos pasados que no encajaban con el actual, como cuando, por ejemplo, Georges Cuvier propuso la idea de extinción. Georges Cuvier era un naturalista de la época de la Ilustración, después de la Revolución Francesa, que él era completamente creacionista, creía en un mundo creado por un dios creador en el que no había habido ningún tipo de cambio, pero es que él estaba viendo especies que no encajaban con las de hoy en día porque era muy buen anatomista, era el mejor anatomista de su época, y veía características en los huesos de, por ejemplo, los fósiles que encontraban en la cuenca de París, encontraba allí huesos de algo parecido a elefantes, pero que no eran elefantes, que tenían que ser necesariamente otra especie. Y ese señor ya acuña el término de extinción. Y entonces empezamos a reconstruir estos mundos del pasado en los que habían existido otras especies. Y al poco fue cuando, después de encontrar varios ejemplos de estos grandes reptiles del pasado, incluso otros naturalistas dijeron: “Esto es diferente de los reptiles que tenemos hoy en día”. Ya no solo son especies diferentes, sino que son todo un grupo diferente. Y entonces es cuando se acuña el término de dinosaurio. Entonces, es verdad que los mitos están ahí, que puede que los primeros hallazgos de fósiles y los mitos fueran un poco de la mano. La correlación y la causalidad no está muy claro, pero con el paso del tiempo la propia ciencia, conforme fue avanzando, fue descartando la existencia de dragones o de grifos y fue abrazando lo que serían realmente sus equivalentes en el mundo del pasado, que serían toda la fauna que ha existido y que ha ido, tanto extinguiéndose como evolucionando a lo largo de millones de años.

19:51
Hombre 2. Buenas, Francesc, ¿qué tal? A mí me surge la pregunta de que yo desde pequeño y ahora los dinosaurios han sido algo que me ha flipado desde siempre. A todos los niños les han flipado desde pequeños los dinosaurios. ¿A qué crees que se debe eso?

20:08
Francesc Gascó. Es muy buena pregunta y, por suerte, no tengo que imaginarme una respuesta porque hay gente que se dedica al estudio de la psicología infantil y están encontrando una respuesta, así que estamos de suerte, estamos de enhorabuena. Me pongo en la situación, no hace falta que yo mismo me retrotraiga a mi infancia, solo con hablar con mi familia, con hablar con mis padres, mis hermanas, toda la gente que estaba a mi alrededor, siempre todo el mundo recuerda lo obsesionado que yo estaba con los dinosaurios. Tengo hasta un primer recuerdo de mi infancia con un dinosaurio apareciendo en la tele, que no sé si es un recuerdo impuesto o si es real, pero yo recuerdo estar en el sofá de la casa viendo una televisión de estas de tubo, que se veían fatal en aquella época, y ver como dos parientes de Triceratops, por supuesto que eran marionetas de una de estas películas en blanco y negro, tengo ese recuerdo. Y, por mucho que vuelvo atrás en mi memoria, siempre están ahí los dinosaurios. Es como que siempre han estado ahí, prácticamente desde que tengo memoria. Y esto es verdad que le ocurre a muchísimos niños y niñas. Hay ciertos temas que despiertan mucha pasión entre los más jóvenes y, de hecho, a estos temas, precisamente la gente que se dedica al estudio de la psicología infantil y la psicología del desarrollo, se refieren a esto como los intereses intensos. Y son, no solo un gusto que se desarrolla durante la infancia, sino que es un interés de verdad, de ahí su nombre. Los niños que desarrollan estos intereses intensos, ya sea por los dinosaurios o por el antiguo Egipto o por los trenes, necesitan, de repente, saberlo todo. Coleccionan todo tipo de juguetes y cuentos que tengan que ver con ese tema. Se empapan de esa información. Necesitan contar lo que están aprendiendo sobre esos animales o sobre ese tema. Si son los trenes, los trenes. Si es el Antiguo Egipto, el Antiguo Egipto. Pero necesitan hablar sin parar de lo mucho que les gusta ese tema. Los psicólogos que se dedican a este tema suelen decir que es algo muy positivo y que tanto padres, madres, tutores y profesores deberían alimentar que los niños y niñas, precisamente, cultiven esos intereses intensos. Porque en una edad en la que están desarrollándose, en la que son esponjas del conocimiento, en la que incluso la manera de relacionarse entre ellos y con los adultos también está desarrollándose, que de repente quieran hablar, hasta con personas mayores o entre ellos, sobre un tema, que se motiven a su manera, y con las limitaciones que puede tener un niño de cinco años, pero a querer saber más, a investigar sobre un tema, es algo tremendamente positivo. Y se suele decir, desde ese campo, que se anima a padres, madres, tutores, profesores a que alimenten esos intereses intensos. Incluso hay iniciativas que pretenden usarlos para la didáctica de otros muchos contenidos. Por ejemplo, estoy en contacto con algunos colegios y, en educación infantil, se usan los dinosaurios como recurso, como proyecto para explicar muchas cosas, para explicar matemáticas, para explicar colores, para explicar cualquier conocimiento que tengan que estudiar los niños de infantil, hasta el punto en el que estudian siendo tan pequeños.

23:16
Francesc Gascó. Pero los dinosaurios pueden ser la herramienta de entrada de mucho tipo de conocimiento para los más pequeños precisamente porque les fascinan. Y muchas veces es difícil captar la atención de niños tan pequeños, pero les pones un dinosaurio, les pones cosas que les puedan interesar de estos temas tan específicos y parece que la atención la tienes. Y sobre, ¿por qué los dinosaurios? Esa es otra pregunta bastante interesante. Hay incluso gente que apunta a que son una especie de herederos de la imagen mítica del dragón. Un heredero muy particular, porque están a caballo entre el mundo de la imaginación, que en la infancia es muy importante, y el mundo de la realidad, de lo tangible, de lo que se da en el aula. No dejan de estar en el mundo de la imaginación porque no los han visto vivos más allá que en películas. Pero son tangibles porque tenemos sus restos y hay gente que nos dedicamos a su estudio. Entonces, es como que están en esa especie de interfase entre el mundo de la imaginación y el conocimiento real. Tienen esa dualidad, una dualidad que incluso se transmite en el hecho de que les dan miedo, pero les gustan. Quieren verlos, quieren dibujarlos, quieren ver películas sobre ellos, pero también les infunden respeto. Esa dualidad, a muchos niveles que tienen los dinosaurios, parece que es el desencadenante de que a los niños más pequeños les fascinen. Y ya os digo, por experiencia propia, incluso es muy positivo el alimentar esa pasión de los más pequeños por los dinosaurios, incluso de usarlo como herramienta para poder enseñar cosas que, en otras circunstancias, se pueden atascar tanto, como por ejemplo, las matemáticas. En cuanto pones un dinosaurio tienes la atención de los más pequeños y eso es algo que yo celebro completamente.

25:10
María Elena. Hola, Francesc.

25:11
Francesc Gascó. Hola.

25:11
María Elena. Soy María Elena. Tengo un nieto, se llama Santiago, tiene cinco años, y le encantan los dinosaurios, disfrutamos mucho leyendo todas sus historias. Yo quisiera hacerte una pregunta: después de tantos años que vienes estudiando sobre los dinosaurios, ¿cuál es tu dinosaurio favorito y por qué?

25:36
Francesc Gascó. Situaros, entre la gente como yo, y me refiero a paleontólogos y paleontólogas, la gente que nos dedicamos al estudio del pasado y, en concreto, a los que somos especialistas en dinosaurios, es muy habitual que se nos pregunte cuál es tu dinosaurio favorito. Posiblemente seamos los únicos adultos a los que se les pregunta. Pero, en cualquier caso, se nos pregunta tanto que yo tuve que, un día, plantearme: “Espérate, ¿cuál es tu dinosaurio favorito?” Porque yo veía, por ejemplo, que muchos compañeros y compañeras solían contestar el que conocían mejor. Por ejemplo, aquel al que habían dedicado cuatro o cinco años de su vida durante su tesis doctoral. El dinosaurio al que le habían estudiado todo, hasta las huellas dactilares. Y claro, a mí eso yo lo entiendo, lo comparto hasta cierto punto, yo tengo mucho cariño a los fósiles de los dinosaurios que he estudiado, a esas especies les tengo mucho aprecio, pero también me parecía una respuesta muy fácil, en plan, claro, es que, ¿cómo no vas a decir que tu favorito es aquel al que conoces tan bien? Yo quería buscar otra respuesta, quería dar una respuesta que fuera un poco menos sesgada. Porque claro, nuestra abuela siempre nos ve como el más guapo. Entonces, yo siempre voy a ver a mi dinosaurio como el mejor. Y yo quería alejarme un poquito de eso y un día me planteé, vamos a ver, un dinosaurio que yo diga, es que me gusta en todos los sentidos. No solo porque lo he estudiado y me parece interesante y parte de mi trayectoria científica vaya unida a él, sino que desde niño me haya gustado. Que puedo haberlo estudiado o no, que me genere tanto ternura como fan de los dinosaurios y que me guste como fan de los dinosaurios, como que me genere interés como paleontólogo, interés profesional. Y llegué a la conclusión de que iba a decir, desde ese momento, que mis dinosaurios favoritos son los estegosaurios. Son un grupo de dinosaurios herbívoros, o sea, fitófagos, solemos hablar de fitófagos cuando hablamos de dinosaurios porque no había hierba aún, con lo cual decir que son herbívoros es un poco complicado, pero ya me entendéis, que se alimentan de plantas. Son un grupo de dinosaurios que se alimentan de plantas, cuadrúpedos, acorazados, no con placas que recubren totalmente el dorso, sino con placas que están más o menos verticales sobre el dorso del animal, hasta la punta de la cola, aunque en la punta de la cola suelen tener una serie de púas. Son un grupo de dinosaurios que son emblemáticos. Los ves y sabes que es un dinosaurio. O cuando a la gente le dices: “Piensa en un dinosaurio”, posiblemente piensen en el tiranosaurio, si no, pensarán en alguna especie de prontosaurio de cuello largo, algo parecido, algún saurópodo, o si no, pensarán en un estegosaurio, porque es algo muy emblemático. También me parece que científicamente son interesantes. Yo he tenido el placer y el privilegio de estudiar algunos fósiles de una especie, o al menos de un género de estegosaurios ibéricos, que son los acentrurus, bueno, de hecho son europeos, se describieron originalmente en Inglaterra, aparecen en la Península Ibérica. He tenido el placer de estudiar estos fósiles, He tenido el placer de hasta hacer láminas delgadas con sus huesos y mirarlos al microscópico para ver si eran adultos, si eran jóvenes. Entonces, me despiertan mucho interés científico y he tenido el placer y el privilegio de tocar con mis manos sus fósiles y de excavarlos, también. Son aún animales que despiertan muchas preguntas. Son dinosaurios de los que aún no tenemos respuestas para todo. Por ejemplo, se debate mucho, cada vez menos, pero durante mucho tiempo se ha debatido acerca de la función de esas placas. Es innegable que debían de ser disuasorias porque un depredador ve semejante animal lleno de pinchos y de placas e igual te lo piensas dos veces. Pero incluso se ha propuesto si tendrían alguna función de regulación térmica, si las usarían quizás para refrescarse o para tomar el sol de alguna manera. Son preguntas que yo siempre digo que no vamos a poder contestar salvo que nuestros colegas, los físicos, inventen la máquina del tiempo y ya tardan. Salvo por eso, son preguntas que es muy difícil de llegar a una respuesta única y satisfactoria como para decir: “Hemos zanjado ese misterio”.

29:21
Francesc Gascó. Así que tienen ese halo de cuando yo era pequeño y leíamos acerca de dinosaurios y la mayoría de preguntas no tenían una respuesta. Entonces, lo tiene todo. Lo que yo buscaría en un dinosaurio como para decir: “Es mi dinosaurio favorito”.

29:41
María Elena. Bueno, y me hago otra pregunta. Si en este momento tuvieras la oportunidad de traer uno de esos dinosaurios, ¿a cuál escogerías y por qué?

29:56
Francesc Gascó. Wow, esto no sé si contestarlo como paleontólogo o como fan de los dinosaurios, porque en realidad yo siempre pienso, al hablar del tema de la desextinción hipotética, y que se ve en las películas desde ‘Parque Jurásico’, no creo que la desextinción sea algo que tengamos que hacer, sería injusto para estas criaturas traerlas a un mundo que ya no es el suyo, a respirar un aire que ya no es el suyo, a alimentarse de comida que ya no es la suya. Aparte, yo siempre digo también que nunca serían aquel animal al 100%, porque nosotros no solo somos los genes que nos han dejado nuestros padres, también somos cómo nos hemos criado, de quién hemos aprendido, qué comportamientos hemos adquirido de nuestros semejantes. Y ese pobre animal no podría aprender ese tipo de comportamientos. Entonces, el tema de la desextinción yo creo que es muy problemático. Si tuviera que darte la respuesta desde otro acercamiento, y habiendo dejado claro el tema de que la desextinción es algo muy peliagudo, que no creo que se pueda hacer al 100% nunca, aunque encontráramos el ADN intacto de estos animales, ya hablando solo más como fan de dinosaurios, pero desde el conocimiento, mira, yo soy una persona que desde que era muy pequeño he tenido perro. Y yo adoro a mi perro, he querido mucho a todos mis perros, y quieras que no, puestos a imaginar, hipotéticamente, traer de vuelta a un dinosaurio para tenerlo, por ejemplo, conmigo, como si fuera una mascota, de manera completamente hipotética, quizá buscaría lo más parecido a algo que pudiera ser como un perro. Entonces, me pongo a pensar en dinosaurios que no fueran especialmente grandes y que fueran mínimamente inteligentes. Y pienso enseguida en el grupo de los raptores, los dromeosaurios, los trodóntidos, como los famosos raptores de las películas. Además, hoy en día sabemos que estaban completamente emplumados, con lo cual serían suaves de acariciar. Y quiero pensar que, al ser mínimamente inteligentes, al menos tan inteligentes como las aves actuales, y no ser excesivamente grandes, creo que podríamos llegar a llevarnos bien si pudiéramos llegar a crecer juntos, como para que se estableciera un vínculo y pudieran llegar a aprender de nosotros. Pero ya os digo, yo con la desextinción tengo un problema y es que aunque el niño que fui soñaba con ‘Parque Jurásico’, yo creo que es un tema muy problemático y creo que ni es viable la desextinción real ni debería hacerse.

32:19
Hombre 3. Hola, Francesc.

32:20
Francesc Gascó. Hola.

32:21
Hombre 3. Las personas, procedamos o no de un ámbito científico, cuando escuchamos la palabra paleontólogo, probablemente nos imaginemos cosas muy distintas, a estar horas y horas al sol o llenos de tierra o semanas sin encontrar nada. ¿Tú cómo dirías que es vivir una expedición así?

32:42
Francesc Gascó. ¡Guau! Ser paleontólogo tiene muchas caras, incluso a lo largo de nuestra vida profesional y dependiendo de cada persona que se dedica a la paleontología, podemos, realmente, tener una vida diferente como paleontólogo o paleontóloga. Si no estamos en el campo, estamos en el laboratorio. Lo cierto es que hacemos muchísimas cosas. Es una cosa que por ejemplo yo les digo mucho a alumnos, tanto a alumnos míos como a gente que se me acerca porque tiene un interés en dedicarse a esto y tienen, por ejemplo, dudas acerca de las salidas profesionales. Yo les digo: “Mira, por suerte o por desgracia, al menos aquí en España no hay una carrera de paleontólogo y, aunque existiese, tampoco hay una única manera de ser paleontólogo”. Por suerte o por desgracia nos tenemos que formar en otras carreras como biológicas, geológicas, ambientales o ramas afines y luego especializarnos. Y eso significa que de cara al mundo laboral vamos a tener muchas más herramientas que si nos dedicáramos a una enseñanza muy enfocada a encontrar y excavar fósiles. Entonces, tenemos muchas más herramientas y muchas más competencias profesionales que desempeñar y muchos de nosotros las usamos en nuestro día a día. Yo, por ejemplo, que me dedico sobre todo a la divulgación y a temas de didáctica, museística, pocas veces estoy en el campo. Pero es verdad que, precisamente, el trabajo de campo es mi favorito. Y si pudiera estar 365 días, 366 en caso de años bisiestos en el campo, lo estaría. De hecho, hace cuatro años, sin ir más lejos, tuve la oportunidad y el gran privilegio de unirme a esta expedición que nos fuimos al Níger. Fue una expedición organizada desde la Universidad de Chicago. Fuimos reclutados unos cuantos españoles, algunos buenos amigos míos, y estuvimos tres meses en el centro, en medio de África, pasando la mayor parte del tiempo precisamente en un campamento, en medio del desierto, con nuestras tiendas de campaña, con nuestra crema solar, con nuestro repelente de insectos, la arena, el sol y el trabajo físico, porque al final también pocas veces se habla de lo físico que puede llegar a ser el trabajo de campo. Ha hecho, no sé si decir mucho daño, pero la imagen que tenemos de las películas, de lo que hacemos los paleontólogos en un yacimiento parece que se restringe a estar con un pincelito apartando arena que está muy suelta, como si fuera arena de la playa. Y la mayor parte de veces estamos con martillos, cinceles y, a veces, hasta con martillos neumáticos. Dependiendo de la edad que son los fósiles que estamos estudiando o extrayendo, dependiendo de la roca en la que se encuentren, pueden llegar a ser verdaderamente duros. Estas rocas pueden ser muy duras, tenemos que abrirnos paso a través de esta roca dura, pero luego, cuando llegamos al fósil, tenemos que ser cuidadosos. Y al final, cuando estamos extrayendo los fósiles, tenemos que, también, apartar la imagen de que estamos recogiendo fósiles sin más. Porque un paleontólogo o una paleontóloga, no estudiamos los fósiles, estudiamos el yacimiento en el que se encuentran los fósiles. A mí me gusta visualizarlo muchas veces como una especie de escena del crimen. Y tú no te imaginas que llega el forense a una escena del crimen, recoge allí los objetos que hay de cualquier manera. Ves que hay cierto método, que se está manteniendo todo en su sitio, que se hacen muchas fotos, que, si me apuras, hasta se escanea y se hace un modelo tridimensional de cómo estaba la escena del crimen.

35:54
Francesc Gascó. Pues hacemos exactamente lo mismo con los yacimientos. Tradicionalmente hacíamos estos mapas a lápiz que eran tan bonitos. Yo sigo haciéndolos en mi cuaderno porque quedan monísimos. Pero, hoy en día, hacemos más bien un escaneo día a día de cómo está avanzando la excavación y tenemos modelos tridimensionales de cómo es el avance de la excavación, de la situación de cada hueso. Si pudiera pasarme cada día del año, o al menos gran parte del año, en una experiencia como aquellos tres meses que estuvimos en medio del desierto, yo lo haría. Y ya os digo, es una experiencia física dura, pero, para mí, la sensación del descubrimiento de, sea un yacimiento que ya conocemos, o sea un yacimiento que encuentras en ese momento, cualquier fósil que estaba aflorando en ese momento, es que ninguna persona lo ha visto nunca. Es que, aunque sea una especie ya conocida, ese individuo, ese fósil, no lo ha visto nadie nunca y lleva millones de años ahí. Y yo aún me emociono cuando ocurre esto en el campo, aún se me ponen los pelos de punta y siempre digo que siempre espero emocionarme de la misma manera. Y que en el momento en el que no me emocione al estar desenterrando algo en una excavación, mejor me dedique a otra cosa. 42 años y aún no ha pasado. Así que yo me aferro a esto. Aquella experiencia en concreto, la de la expedición de Níger de 2022, fue para mí uno de los momentos más bonitos de mi vida. Y no solo profesional, sino también personal. Porque yo crecí viendo documentales en los que veías expediciones y excavaciones, veías a la gente con sus tiendas de campaña, todos reunidos alrededor del fuego, cenando y hablando de lo que habían encontrado. Yo he vivido eso dentro de la pantalla, he visto documentales de eso desde que era niño. Y, por una vez, estaba viviéndolo. Y tuvimos la suerte de encontrar algo tan nuevo como una nueva especie de espinosaurio que salió hace poco, el Spinosaurus mirabilis. Muchas más especies que están allí esperando su turno para poder ser estudiadas en profundidad y publicadas. El estar allí conviviendo también con la gente de este país, aprender de ellos, ellos aprender de nosotros, establecer colaboraciones entre investigadores y científicos y personas de diferentes países. Para mí fue una de las experiencias más bonitas y enriquecedoras, ya no de mi vida profesional, sino de mi vida en general. Y es duro, pero también te digo una cosa, cuando nos hemos forjado como paleontólogos y paleontólogas excavando en España a pleno sol en el mes de julio, no es para tanto irse a África a excavar, ya te lo digo yo. Entonces, hay muchas maneras de ser paleontólogo, yo digo que todas son válidas. Una persona que hace mucha investigación y luego se pasa a ser docente, o que es docente desde el principio, no deja de ser menos paleontóloga que una persona que investiga todo su tiempo. Hay muchas maneras de ejercer la profesión, pero es innegable que, para mí, la experiencia del trabajo de campo es mi sueño desde que era niño y es lo que seguiría haciendo cada día de mi vida, si pudiera, hasta el día que me muera.

39:04
Mujer 4. Hola, Francesc. ¿Cómo influyen el cine y la televisión en la imagen que tenemos de los dinosaurios?

39:10
Francesc Gascó. Si me permites la expresión, acabas de abrir un melón». Porque es verdad que la imagen que tenemos de los dinosaurios está muy influenciada por el aspecto de la cultura popular. Nadie se imagina un tiranosaurio que no sea como los de ‘Parque Jurásico’

42:57
Francesc Gascó. Ya no solo se les ve como la criatura terrible o la criatura tonta que es comida por la criatura terrible mientras la gente mira, sino que empieza a despertarse un interés por verlos como animales, por verlos cercanos, se despierta empatía, ya cambia un poco el enfoque. Y de hecho, en aquel momento, científicamente estaba ocurriendo un cambio de paradigma, un cambio de visión de los dinosaurios. Lo que hemos hablado de cuando se empezó a ver que había características comunes con las aves, estaba ocurriendo en ese momento. La gran ebullición, ese cambio de concepción de los dinosaurios ocurría en ese momento. Y en el cine se ve que de repente dejan de ser como bestias terribles que están sembrando el caos y empiezan a comportarse un poco más como animales. Luego llega, evidentemente, con fuerza la nueva imagen de los dinosaurios a través de ‘Parque Jurásico’ en 1993, que traslada mucho de la imagen que teníamos de los dinosaurios en la paleontología de los 90, lo traslada al cine. Y de nuevo se ancla la imagen de los dinosaurios en ‘Parque Jurásico’, se ancla en el conocimiento y la cultura popular. Incluso es difícil de desprendernos de ella. Hay cosas que siguen siendo válidas, hay cosas que sí que deberíamos desprendernos de ellas, porque, en los últimos 30 años, hemos avanzado mucho en el conocimiento de los dinosaurios. Ya sabemos que muchos tenían plumas, sabemos algunas cositas más sobre su metabolismo, sobre cómo crecían. Tenemos poco de conocimientos acerca de cómo vivían o de su comportamiento, pero también podemos decir cómo no se comportarían. Entonces, es inevitable que la imagen popular, a través del cine, se ancle. Se suele decir que vale más una imagen que mil palabras. Pues si la imagen está en movimiento, es todavía mejor. Se nos queda en el cerebro y en el inconsciente colectivo la imagen del dinosaurio del cine durante mucho más tiempo que si te la cuentan en una conferencia. Y por eso es más difícil que ciertas licencias que se toman en el cine desaparezcan del conocimiento popular, digamos. Por ejemplo, todo el mundo aquí habréis visto en las películas un dinosaurio que abre una especie de aletas en el cuello y escupe veneno. Pues eso es 100% magia cinematográfica, es 100% ciencia ficción y no tenemos ninguna evidencia de que ningún dinosaurio abriese esa especie de aleta y escupiera veneno. Es magia del cine, pero ha calado en el conocimiento popular. La imagen de los velociraptores como depredadores inteligentes que cazaban en grupo y con esa imagen así también escamosa, como de algo a caballo entre una especie de lagarto, aunque con un comportamiento un poco más de ave rapaz o, a veces, incluso de jauría de lobos. Toda esa imagen, esa especie de mezcla de características de esos raptores es puramente cinematográfica. Hoy en día sabemos mucho mejor cómo eran este grupo de dinosaurios. Pero la imagen vale más que mil palabras y es normal que se nos quede en la imagen colectiva. Entonces, es innegable que hay una gran influencia de la imagen que tenemos de los dinosaurios que procede del cine, de la televisión, de la cultura popular. Pero quiero pensar que, poco a poco, también sigue permeando el conocimiento científico hacia la cultura popular y yo quiero pensar que también, con el tiempo, vamos a tener, como siempre hemos tenido, un gran aliado en esa cultura popular, en ese cine y en esa televisión. Porque yo, como paleontólogo, puedo intentar que mi investigación sea conocida, como divulgador puedo intentar contarla de una manera más o menos graciosa, pero jamás voy a llegar a tanta gente y a tanta diversidad de gente como llega a una película. Y eso es innegable.

46:26
Francesc Gascó. Han aumentado las vocaciones científicas con películas inspiradas en ciencia, como ‘Parque Jurásico’, como hasta, por ejemplo, ocurrió con ‘Indiana Jones’ y con la arqueología. El efecto del cine sobre vocaciones científicas es innegable. Y llegan a mucho más público del que podemos llegar nosotros con nuestras conferencias o incluso con nuestros vídeos en redes sociales. Aunque hoy en día, por lo menos, llegamos a mucha más gente, gracias a estas nuevas herramientas. Entonces, es innegable. Es también de agradecer. Yo creo que siempre hay algo de positivo en el gran impacto que genera en el cine y en la televisión cada representación que hay de dinosaurios. Yo siempre digo una cosa, si la representación es más rigurosa y está bien hecho, es algo que celebrar, pero incluso si hay pequeñas licencias siempre nos van a dar material con el que trabajar a la hora de explicar cómo eran o no eran los dinosaurios. En cualquier caso, tenemos herramientas para poder seguir hablando de ellos y explicando lo que sabemos realmente de lo que eran y separarlo de lo que es pura ficción o imaginación.

47:37
Jorge. Hola, Francesc.

47:37
Francesc Gascó. Hola.

47:38
Jorge. Me llamo Jorge y tengo 11 años. Desde siempre me han gustado los dinosaurios. Quiero hacerte una pregunta. Si todos los dinosaurios tuvieran carácter, es decir, que si se pudieran enfadar, ¿cuál crees que sería el más gruñón?

47:53
Francesc Gascó. Precisamente, hablando de cómo se nos representa a los dinosaurios en el cine, en las películas, incluso en los documentales, siempre se les pone carácter, siempre se les da incluso, a veces, hasta carisma. Muchas veces nos imaginamos que muchos dinosaurios, como el tiranosaurio, como los raptores, nos los imaginamos como fieras sanguinarias, que están comiendo todo el día, que nunca tienen bastante, que siempre están cazando. La imagen de la cultura popular ahí ha calado fuerte y llegamos a creernos que muchos dinosaurios tenían esa especie de carácter. Lo fiero que es un dinosaurio no puede fosilizar, pero sí que podemos hacer aproximaciones acerca de sus hábitos. Aunque, evidentemente, el comportamiento es algo muy difícil de extraer del registro fósil. Recordemos que tenemos fósiles, tenemos huesos, pero también tenemos huellas, tenemos huevos, tenemos coprolitos. Tenemos más cositas que huesos, pero aún así es muy complejo hablar de comportamiento o de cómo sería un animal a la hora de alimentarse, a la hora de buscar sus presas. Pero sí que tenemos algunos datos acerca de, a la hora de alimentarse o a la hora de cazar, qué herramientas o qué estrategias podrían desarrollar algunos de estos dinosaurios. Por ejemplo, gracias a estudios de las inserciones musculares, de la forma de los dientes, de los esfuerzos que soportaría el cráneo del Tyrannosaurus rex, se ha propuesto que sería una de las mordeduras más fuertes de todo el reino animal, que con cerrar su mandíbula con fuerza sería capaz de arrancar carne y hueso de un bocado. A mí eso me da un pánico alucinante. Entonces sabemos que, a la hora de cazar o alimentarse, prácticamente sería un éxito absoluto, porque pegaría un bocado y medio dinosaurio te lo arranca. Me parece que es espeluznante el Tyrannosaurus Rex en ese sentido. Pero también quiero pensar que, del mismo modo que antes hablábamos de que podríamos llegar a ver, hipotéticamente, podríamos haber llegado a evolucionar también aunque no se hubieran extinguido, no dejan de ser animales. Y quiero pensar que un Tiranosaurio Rex, por mucho que su mordedura fuese potencialmente tan bestia, solo la usaría cuando lo necesitara. Cuando tuviera hambre, cuando tuviera que defenderse… Entonces es complicado llegar a decir cómo de fieros son los dinosaurios o cuáles podrían tener peor genio, por así decir. Luego está esta especie de concepción popular de que los carnívoros serían los más fieros o los más terribles, mientras que los herbívoros parece que popularmente los consideramos apacibles, como vacas pastando en el prado. Y yo no sé, pero algunos dinosaurios herbívoros, sin ir más lejos, mis adorados estegosaurios, o los dinosaurios de cuello largo, los aurópodos, a los que yo me he dedicado en investigación toda mi vida, yo no quisiera encontrarme con ellos y caerles mal, por así decirlo. Estamos hablando de animales de toneladas de peso, algunos con púas, algunos con placas, un mal golpe y adiós muy buenas. Entonces, yo no quiero pensar que en la naturaleza, igual que tampoco hay animales que tienen especialmente mal genio, hay algunos perros que sí, el mío tiene muy mal genio, pero quiero pensar que, por lo general, los animales no tienen mal genio o no son más fieros o menos. Quiero pensar que solo son cuando lo necesitan, cuando tienen que alimentarse o cuando entran en su territorio, cuando tienen que defender su manada, sus crías o algo.

51:18
Francesc Gascó. En ese sentido, yo creo que podría llegar a ser mucho más temible, en defensa, un animal como un anquilosaurio o como un estegosaurio. Si realmente tiene que defenderse, tiene armas como para que el carnívoro no se pudiera levantar. Entonces, yo creo que, alejándome un poco de la imagen típica del carnívoro como el más terrible o como el más, digamos, peligroso, ¡ojo con los herbívoros! Yo también, yo parto una lanza a favor de ellos.

52:00
Mujer 5. Hola, Francesc.

52:01
Francesc Gascó. Hola.

52:01
Mujer 5. Pues a mí me surge ahora una curiosidad. Hoy en día sabemos que los perros ladran, que los gatos maúllan… ¿Sabemos cómo sonaban los dinosaurios y cómo se comunicaban?

52:15
Francesc Gascó. De nuevo, la imagen que tenemos de la cultura popular de los dinosaurios es de que estuvieran gritando todo el día, como si les doliera la tripa o algo. Nos imaginamos, incluso, cierto tipo de sonidos para cierto tipo de dinosaurios. Ya somos, como decíamos antes, no podemos imaginarnos a un tiranosaurio sin ese rugido característico de ‘Parque Jurásico’ o un velociraptor sin ese tipo de silbidos. Es algo que ya asociamos a ellos. Sin embargo, ¿qué sabemos realmente sobre los sonidos que emitían los dinosaurios hace millones de años? Muy poco. Lo que podemos hacer es acudir, o bien al registro fósil, o bien a sus parientes. Como parientes tenemos a los últimos dinosaurios que nos quedan, que son las aves, y a, digamos, sus primos lejanos, que son los cocodrilos. Y el registro fósil, pues, lo que tenemos, lo que hablábamos antes, huesos, huellas y demás. ¿Qué sabemos gracias a sus parientes, tanto a sus primos lejanos como a los últimos dinosaurios? Los cocodrilos no es que vocalicen mucho, hacen una especie de rugido así como muy agudo y ya está, y lo hacen básicamente con una especie de pliegues de la laringe que no llegan a ser como nuestras cuerdas vocales, pero digamos que, remotamente, tienen una función parecida. Mientras que las aves tienen un órgano propio, que es la siringe, con el que producen el sonido. Las aves producen el sonido con la siringe, pero lo modulan con la laringe. Entonces, ¿qué tenemos como situación intermedia para los dinosaurios? Porque no parece, al menos en el registro fósil, que tenemos algunos yacimientos de conservación excepcional, no se ha encontrado siringe alguna. Parece que la siringe es de las aves. En algún momento de la evolución de las aves apareció. No tenemos por qué imaginar que tenían siringe el resto de dinosaurios. Lo que sí que sabemos, gracias al registro fósil, es que tenían una laringe parecida. Hay dos laringes conservadas en el registro fósil. Una de un dinosaurio acorazado, de un anquilosaurio, con lo cual está bastante alejado en cuanto a parentesco de las aves, y aún así es una laringe muy aviana, muy parecida a la de las aves. Con lo cual, sabemos que las laringes de los dinosaurios debían ser muy parecidas a las de las aves. O mejor dicho, que la laringe que tienen las aves ya la heredarían de los dinosaurios y vendría de más atrás. Entonces, modularían el sonido como las aves. Ahora, si no tenían siringe, lo más posible es que produjeran el sonido con pliegues de la laringe como los cocodrilos. Entonces, yo me imaginaría una especie de gruñido como el de un cocodrilo de base, pero que podía llegar a ser mucho más alto, mucho más agudo. Ahora, ¿qué más tenemos en el registro fósil? Por ejemplo, tenemos en un grupo de dinosaurios, que son los que nosotros llamamos los ‘hadrosaurios’, que son los dinosaurios con pico de pato, algunos os imaginaréis algunos de ellos, son también muy habituales en las películas, se les pone siempre como muy buenos, muy apacibles, con su piquito de pato, pues hay un grupito, dentro de estos ‘hadrosaurios’ de pico de pato, que son los ‘lambeosaurinos’, que tienen crestas. Pues bien, estas crestas se descubrió que están huecas y conectadas con las fosas nasales. Y hay quien propuso que podían haber funcionado, se podían haber usado como cámaras de resonancia. Incluso, evidentemente, como os podéis imaginar, los paleontólogos somos así, hubo gente que hizo simulaciones. En su momento, cuando esto se propuso, alrededor de los 70-80 se hizo a la vieja escuela. Se cogieron unas tuberías y se montó algo parecido a como sería el sistema de cavidades de esta cresta y se creó una especie de instrumento de viento y se hizo pasar aire por allí. Y sonaba como una especie de instrumento de viento, una especie de tuba. Actualmente se han repetido estas simulaciones, solo que ya de una manera mucho más rigurosa, a través de simulaciones virtuales, y parece que podía funcionar realmente como cámara de resonancia. Entonces, lo que sabemos a día de hoy es eso. Podrían producir el sonido como los cocodrilos, que podrían modularlo como las aves, y que, algunos de ellos, además, podrían tener cámaras de resonancia en las crestas de su cráneo Pero más allá de ello, todo el sonido que vemos en las películas, por lo general, es pura ficción.

56:18
Mujer 5. Francesc, ¿y sabemos cómo se reproducían?

56:22
Francesc Gascó. Pues sobre su reproducción tenemos información porque uno de los tipos de fósiles que tenemos precisamente de los dinosaurios son los huevos. De hecho, hay gente que se dedica al estudio de los huevos fósiles. Cuando se encontraron los primeros fósiles de dinosaurios, se supo que había un grupo de animales que eran los dinosaurios, instintivamente ya se consideró que eran ovíparos porque, al fin y al cabo, en el reino animal, entre los vertebrados, los únicos vivíparos somos la mayoría de mamíferos. Entonces, salvo casos excepcionales de oviviparismo en algunos animales acuáticos y demás, en general todos los vertebrados somos ovíparos. Entonces, por defecto se consideró que serían ovíparos, pero es que además se han encontrado huevos fósiles de diferentes grupos de dinosaurios. Sabemos incluso que en diferentes linajes de dinosaurios los huevos tenían una forma diferente. Los de los dinosaurios terópodos, carnívoros eran más bien alargados. Los de los dinosaurios saurópodos de cuello largo eran más bien redondos, como si fueran pelotas de fútbol o de balonmano. Más bien de tamaño serían como un balón de balonmano. Y tenemos, incluso en algunos casos muy excepcionales, huevos en los que se han encontrado huesos embrionarios, o sea, huesos de las crías en desarrollo que había dentro del huevo. Entonces, sabemos que eran ovíparos, sabemos un poquito acerca de ciertos comportamientos de reproducción. Por ejemplo, sabemos que los grandes dinosaurios de cuello largo, los saurópodos, pondrían puestas muy grandes de huevos sin ningún tipo de aparente organización, mientras que los ‘hadrosaurios’ de pico de pato, de los que hablábamos hace un momento, sí que dispondrían los huevos como en nidos, de manera que excavarían cierto nido y los colocarían allí y que volverían año tras año, o en ciertos momentos, volverían periódicamente al mismo sitio a anidar. También sabemos que algunos dinosaurios carnívoros situaban los huevos como en círculo. Entonces, tenemos ciertos comportamientos de reproducción y los hemos podido llegar a observar en el registro fósil. Más allá de eso, por ejemplo, sobre apareamiento y demás, aún tenemos muchas incógnitas que responder.

58:33
Laila. Hola, Francesc, mi nombre es Laila y me gustaría que nos contaras un poco más sobre las distintas extinciones masivas y cuál causó la extinción de los dinosaurios.

58:43
Francesc Gascó. Muchas veces, cuando de manera popular hablamos del pasado, de la prehistoria, incluso de la edad de los dinosaurios, nos solemos dejar llevar por la imagen de su extinción. Y puede llegar a parecer que la única extinción que ha habido en la historia de la Tierra es, precisamente, la extinción de los dinosaurios. Pero ha habido muchas. ¿Qué pasa? Que los dinosaurios captan mucho la atención, son de las criaturas fósiles más famosas que hay y, evidentemente, su desaparición es noticia. Y por eso parece que la extinción de los dinosaurios sea la única, pero, a lo largo de las décadas y décadas que llevan paleontólogos y paleontólogas estudiando el pasado, se han detectado varias desapariciones en masa de muchas familias o muchos grupos de animales, prácticamente desde el origen. Si nos situamos hace unos 500 millones de años, que es lo que solíamos llamar la explosión cámbrica, hoy en día hablamos más bien de una revolución, pero hay una explosión de diversidad en la que aparecen muchos grupos de animales, o mejor dicho, aparecen en el registro fósil, pero podía ser que ya existieran, lo que pasa es que de repente se arman, de repente tienen caparazones y eso fosiliza mucho mejor. Las partes duras de nuestro esqueleto, los caparazones, las conchas, los huesos, fosilizan mucho mejor que un cuerpo completamente blando. Por eso hay menos fósiles de gusanos que de caracoles, que vamos a hacerle. El caso es que en este momento, en la explosión cámbrica, la vida se arma, aparecen este tipo de estructuras duras, mineralizadas, partes duras de los cuerpos de los animales y aparece mejor registro fósil. Pues bien, al poco tiempo, aparece ya una primera gran extinción en el Devónico, y ahí ya tenemos desaparición de muchos grupos de seres vivos, en aquel momento solo marinos, todavía la vida no había dado el paso de estar habitando el ambiente terrestre, no había ni siquiera plantas todavía en el medio terrestre, la vida era principalmente marina y ya se produce una gran extinción en ese momento. Luego tenemos un total de cinco grandes extinciones. La primera sería esta, estaríamos hablando del Devónico, la última es la de los dinosaurios. Incluso durante la era de los dinosaurios hubo otra gran extinción que ocurrió a finales del Triásico, porque antes lo hemos comentado un poquito, los dinosaurios, cuando aparecen, no son dominantes. En ese mundo seco, árido, del que hablábamos al principio, en el que los dinosaurios eran unos jugadores más, Los dinosaurios no destacaban, ni eran los más grandes, ni eran los más fieros, ni nada en absoluto. Tuvo que pasar esa extinción de finales del Triásico para que, de repente, hubiera oportunidades que aprovecharan los dinosaurios. Pero es que la madre de todas las extinciones ocurrió hace unos 240 millones de años y, de hecho, fue la que termina con la era paleozoica y da origen al mesozoico, que es como llamamos a la era de los dinosaurios.

01:01:45
Francesc Gascó. Ocurrió a finales del Pérmico, y es la mayor extinción que se conoce que haya ocurrido en la historia de la vida. Se habla de más de un 70% de las especies terrestres y de más de un 90% de las marinas. Se suele llegar a exagerar diciendo que la vida casi desaparece en esa gran extinción. Hasta se la ha apodado como “la gran muerte” o “la gran mortandad”. Es la gran extinción entre todas ellas. ¿Y dónde voy con esta coletilla de que sepamos que hay cinco grandes extinciones? Porque lo hemos dicho al principio, en el Cámbrico, con esta revolución y esta explosión de diversidad en la que los animales se arman y tienen partes duras que fosilizan mejor, aparece un mejor registro fósil. Pero en realidad, antes, puede haber habido muchos eventos de extinción de los que no ha quedado registro. Entonces han podido ocurrir muchas más extinciones masivas, que estas grandes cinco. Se habla incluso de que estaríamos viviendo la sexta, desde finales de la última glaciación, cuando desaparece la megafauna, los mamuts, los rinocerontes lanudos, y nos expandimos por todo el mundo y empezamos también a alterar los hábitats. Se habla de una sexta extinción que sería, más bien, cosa nuestra. Pero es que podían haber ocurrido otras extinciones incluso antes, pero que los seres vivos que hubiese entonces no hubieran dejado tanto registro como los que vinieron después. Y eso es solo hablando de extinciones en masa, porque luego también está lo que nosotros llamamos en biología las extinciones de fondo. Y es que, por ejemplo, al hablar de dinosaurios, cuando hablamos de la era de los dinosaurios, del mismo modo que antes decíamos que no era un único escenario, durante 160 millones de años, sino que ese mundo había ido cambiando, las especies que vivían en ese escenario también habían ido cambiando. Y los primeros dinosaurios no tienen nada que ver con los últimos. También ha habido una extinción de fondo en la que unas especies han ido desapareciendo y han ido surgiendo otras desde el origen de la vida hasta hoy mismo. Hoy en día siguen ocurriendo extinciones de especies, lamentablemente, por diversas causas. Entonces, la de los dinosaurios es la quinta de estas grandes cinco tradicionales de las que hablamos y la conocemos muy bien porque es la extinción de los dinosaurios y porque se ha seguido muy de cerca su investigación hasta llegar a poder señalar culpables. Cuando los dinosaurios eran considerados criaturas bastante torpes, de sangre fría, poco inteligentes, a nadie le quitaba el sueño que se hubieran extinguido, porque como que se veía venir. Son criaturas tan absurdas que es normal que se extinguieran. Sin embargo, cuando empezamos a cambiar esa concepción de los dinosaurios, lo que os hablaba de hacia finales del siglo XX, ver su relación con las aves, ver que eran animales bien adaptados a su entorno, ahí, de repente, la gente se planteó: “Entonces, ¿por qué se extinguieron?” Y ahí empezó una carrera por tener una respuesta y, por suerte, llegaron respuestas. Se encontró, por ejemplo, una anomalía de un elemento que llamamos iridio, que es muy poco abundante en la superficie terrestre, pero abunda mucho en meteoritos. Se encontró en la capa, precisamente, que está entre el Cretácico y el Paleógeno, digamos que entre la última capa de la era de los dinosaurios y la primera capa de la era de los mamíferos, hay una capa que es muy rica en este iridio. Y hubo gente que señaló esta anomalía. Ojo, esto señala a un impacto de un meteorito. Y, por suerte, también se estaban haciendo prospecciones petrolíferas en el Golfo de México y encontraron un cráter de hace 66 millones de años enterrado bajo sedimentos marinos. Y además era de un tamaño compatible con un asteroide que podía haber desencadenado una extinción en masa.

01:05:19
Francesc Gascó. Entonces, sabemos que hace 66 millones de años cayó un meteorito en el Golfo de México y que, de alguna manera, provocó una serie de efectos que acabaron por desembocar en una extinción en masa. No solo acabó con los dinosaurios, sino con muchas otras especies de muchos otros linajes, de muchos grupos de seres vivos. Se habla también de que había vulcanismo. Hay quien dice que algunos linajes ya estarían en decadencia, pero lo que es indiscutible es que ocurrió este impacto y que se correlaciona temporalmente, cronológicamente, con esta gran extinción en masa.

01:06:01
Hombre 5. Hola, Francesc.

01:06:02
Francesc Gascó. Hola.

01:06:03
Hombre 5. Con todo lo que nos has ido contando y lo que se conoce de los dinosaurios, ¿qué es lo que aún no sabemos acerca de ellos?

01:06:10
Francesc Gascó. Hay muchísimas cosas que desconocemos de ellos. Yo creo que, más o menos, nos podemos imaginar por dónde van a ir los tiros porque en todo momento al hablar de los dinosaurios y de lo que sabemos de ellos también se va viendo lo que desconocemos sobre ellos. Y me da mucha rabia porque precisamente lo más visual de los dinosaurios es es lo que menos conocemos. Por ejemplo, los comportamientos. Cuando vemos productos de cultura popular, películas, documentales, series, incluso cómics, y vemos dinosaurios representados en vida, incluso en paleoarte, en reconstrucciones de paleoarte donde vemos reconstrucciones artísticas en las que hay ese ecosistema del pasado reconstruido como si fuera una instantánea. Estamos representando a los dinosaurios y a otras criaturas del pasado exhibiendo una serie de comportamientos. Y hay comportamientos más fáciles de adivinar, como el hecho de que un depredador cazaría, o que al menos un carnívoro se alimentaría de otros dinosaurios, fuese cazador o carroñero. Pero hay otras cosas que no sabemos. Y hay muchas cosas que se dan por sentadas y realmente no las tenemos tan claras. Por ejemplo, qué dinosaurios podían llegar a vivir en grupo o a cazar en grupo. Tenemos evidencias de algunos de ellos, pero no de todos. Por ejemplo, hablábamos hace un momento de los dinosaurios de pico de pato, los ‘hadrosaurios’. Por ejemplo, a través de uno de ellos, que es Maiasaura, sabemos que había una alimentación activa por parte de los adultos a las crías en el nido, recién nacidas, porque se han encontrado estos nidos con huesos de crías en su interior y con sus dientes desgastados porque se estaban alimentando activamente estando en el nido. Y eso nos lleva a la conclusión de que los adultos debían llevarles alimento hasta el nido. Hay cosas que podemos llegar a saber de ellos, pero otras muchas no. Por ejemplo, se habla mucho de los que podían llegar a vivir en grupo o en manada, los que cazarían en manada o no. Muchas veces es complicado. Hay algunos yacimientos en los que hay tal acumulación de esqueletos de algunas especies que la única explicación viable es que abundaban mucho y que estaban juntos y, por lo tanto, que debían vivir en manadas grandes. Pero en otros casos, en los que no aparecen tantos números, no aparecen tantos ejemplares reunidos en un yacimiento, tenemos que volver a pensar como un forense y decir: “Vamos a ver, ¿cómo se ha formado este yacimiento?” Porque igual vivían juntos y se quedaron enterrados juntos, o igual aquí llegó una inundación y los arrastró desde diferentes puntos. Entonces, muchas veces hay que poner bajo el microscopio y coger con muchas pinzas las interpretaciones de comportamientos que se hacen y que vemos, por ejemplo, plasmados en películas o en paleoarte, en documentales, porque lo que menos conocemos de las criaturas del pasado es su comportamiento. ¿Cómo se aparearían? ¿Si migrarían o no? Sabemos que hay momentos en los que se desplazarían muchos, porque hay huellas, pero, ¿ese desplazamiento era casual, estaban dando un paseo, iban a alimentarse y volvían, tenían un hábitat, todos ellos, habitual, se desplazaban luego en verano o en invierno a otro sitio?

01:09:16
Francesc Gascó. Esto no lo sabemos a día de hoy y es muy complejo de contestar. También es verdad que yo ya no pongo la mano en el fuego de que no vamos a contestar nada por una razón muy sencilla y muy práctica. Yo me acuerdo, cuando yo estaba estudiando, que ya quieras que no por aquel entonces ya empiezas a formarte opiniones, aunque aún eras estudiante empiezas a formarte opiniones. Y yo, por ejemplo, veía inviable que pudiéramos reconstruir el color que tenían los dinosaurios. Digo, el color, ¿cómo va a fosilizar? Esto es imposible. Entonces, yo ya daba por hecho que siempre, a la hora de imaginar el aspecto de un dinosaurio, el color iba a ser una especie de ejercicio tanto de imaginación como de conocimiento ecológico actual. Miramos los ecosistemas actuales y decimos: “Vale, este dinosaurio desempeñaría un papel en su ecosistema parecido al de un chacal. Pues igual lo pinto como un chacal”. Podría no ser como un chacal a nivel de coloración, pero vamos a hacer esa especie de inferencia ecológica. O voy a pintarlo como un cocodrilo, porque son parientes lejanos suyos. O voy a pintarlo como un ave, porque son parientes directos suyos. Pero yo no pensaba que se pudiera tener nada de información acerca del color. Y sin embargo, en los últimos años, hemos obtenido información del color. Hay algunos yacimientos de conservación excepcional, tan excepcional, que podemos llegar a observar en sus plumas o en los filamentos, o incluso en impresiones de su piel escamosa, llegar a observar los melanosomas, que son una especie de orgánulos que portan los pigmentos. Y la forma de este orgánulo, por lo general, al menos en la actualidad, es un reflejo del tipo de pigmento que portan. Entonces, la forma es un reflejo del pigmento, puedo hacer una regla de tres y llegar a saber qué pigmento portaban. Y de repente se están llegando a detectar trazas y datos de colores que podían tener los dinosaurios. Entonces, esa especie de opinión que yo me había formado al principio de mi carrera siendo aún un estudiante, de que nunca sabríamos el color de los dinosaurios, mira, tengo que borrar esa idea porque se ha encontrado información. Entonces, para mí la frontera última es el comportamiento, pero tampoco me atrevo a poner la mano en el fuego de que nunca vamos a poder contestarlo.

01:11:26
Jorge. En el mundo de la paleontología, la inteligencia artificial, ¿cómo podría intervenir?

01:11:33
Francesc Gascó. Pues es muy buena pregunta. Yo tengo colegas paleontólogos, incluso algunos que son prehistoriadores, que aunque parezca que seamos lo mismo, no lo somos. Los arqueólogos o prehistoriadores vienen de estudios de historia, de historia del arte, de antropología y nosotros venimos de ciencias naturales, pero sin embargo, en estas edades, como que trabajamos juntos. Pues tengo colegas, tanto paleontólogos que vienen de ciencias naturales como prehistoriadores que vienen de historia, que están usando ciertos tipos de inteligencia artificial para que sus programas de ordenador sean capaces de reconocer cosas que el ojo humano no llega a reconocer bien. Por ejemplo, los prehistoriadores con marcas de corte en huesos del Pleistoceno que han podido ser usados, o sea, huesos que han sido, digamos, descarnados o que se los han comido homínidos, humanos prehistóricos, y que han usado esas herramientas de piedra. Es complicado llegar a ver algunas de estas marcas, los humanos podemos ver algunas de estas marcas de corte, pero hay algunas que nuestros ojos no llegan a ser tan precisos. Pues bien, hay gente que está entrenando esta especie de inteligencias artificiales para que luego sean capaces de encontrarlos. Y luego hay gente también usándolos para identificación de huellas, para poder llegar a saber qué tipo de pie o de mano dejó un tipo de huella de dinosaurio. Con dientes también se está llegando a utilizar. Por ejemplo, yo, durante un tiempo, estuve también investigando acerca de dientes de dinosaurios carnívoros. Los dinosaurios carnívoros son muy esquivos. Por ejemplo, en el registro ibérico se conocen muy poquitos. Tenemos algunos que son verdaderas estrellas, pero, en general, son menos abundantes que los herbívoros. Es algo normal porque también en los ecosistemas hay menos leones que cebras. Con lo cual, que lleguen a fosilizar, pues al final la proporción se mantiene, de alguna manera. Entonces, lo que sí que encontramos mucho son dientes. Porque así como nosotros tenemos dientes de leche y dientes definitivos, y gracias a los dentistas seguimos teniendo dientes definitivos durante toda nuestra vida, el resto de animales, que no son mamíferos, los van cambiando durante toda su vida. Y los dinosaurios iban cambiando los dientes durante toda su vida. Y los dinosaurios carnívoros, al alimentarse de los herbívoros, podían dejar caer o se les rompían los dientes fácilmente, salía otro, no hay ningún problema. Eso hace que, en algunos yacimientos de la época de los dinosaurios, haya dientes de carnívoro sueltos. Y claro, no encuentras el resto del esqueleto. Pues bien, tienes que dedicarte, hay algunos paleontólogos y paleontólogas que se han dedicado a estudiar muy bien los dientes de los cráneos de esqueletos, más o menos completos, que está bien identificado el dinosaurio al que pertenecen, y luego, con esos datos que han tomado esos dientes, intentar identificar de qué clase de dinosaurio son los dientes sueltos. Pues para este tipo de estudios, por ejemplo, que son muy, muy elaborados, que tienes que estar estudiando muchos dientes, tomar muchas medidas, cientos, miles de dientes. ¿Te imaginas lo que es medir miles de dientes? Es un trabajo realmente muy laborioso. Para este tipo de cosas, precisamente entrenar a una inteligencia artificial resulta que está siendo útil. Así que para procesar grandes cantidades de información, encontrar patrones que el ojo humano no llega a ver, parece que son una herramienta muy importante de cara al futuro.

01:14:53
Raúl. Hola, me llamo Raúl, tengo 20 años y, tanto mi madre como yo, somos bastante seguidores tuyos desde hace un montón de tiempo. Nos preguntamos muchas veces qué información podemos sacar de los huesos y las huellas sobre quiénes somos.

01:15:07
Francesc Gascó. Yo, con el paso de los años, desde que empecé ya el camino en serio, porque aunque me hayan gustado siempre mucho los dinosaurios y la paleontología, yo considero que cuando empecé ya realmente a estudiar la carrera y empecé a intentar colaborar en estas cosas, ya empecé a acercarme de verdad a esta disciplina. Y desde que empecé a acercarme de verdad, empecé a participar, por ejemplo, cuando era estudiante como voluntario en excavaciones, empecé a colaborar en los laboratorios. Empiezas a leer más allá de lo que te mandan leer en clase y empiezas a formarte también con cosas mucho más específicas y técnicas. Y con la experiencia propia, yo empecé a filosofar sobre todo esto. Porque lo que os decía antes, cuando estoy excavando, llega un momento en que dices: “Guau, es que lo que está aflorando delante de mí, no hay persona humana que haya visto esto nunca”. Entonces, esto me ha hecho reflexionar muchas veces. Y creo que, de alguna manera, la humanidad ha hecho también esta reflexión. Creo que, de alguna manera, los fósiles y los hallazgos sobre el pasado más remoto, de alguna manera nos están contando toda esa historia de la vida y nosotros formamos parte, somos un capítulo más de esa historia de la vida, de manera que, de alguna manera nos está contando nuestra propia historia. El problema es que hemos tardado mucho tiempo en aprender el idioma en el que estaba escrita esa historia, ese relato. Cuando se encuentran los primeros fósiles, al principio teníamos una visión del mundo muy inmóvil, una imagen muy mitológica, muy supersticiosa, en la que además nadie se podía imaginar que podía haber habido animales o seres vivos que habían vivido y desaparecido, Nadie se podía imaginar que podía haber habido especies o tipos de animales que no vivieran hoy en día. Era una idea completamente ajena al pensamiento humano de la época. Entonces, mucho menos el cambio. Nadie se podía imaginar que las especies podían cambiar con el tiempo. Lo que se consideraba era que el mundo es como es, que se había creado de cierta manera y que las especies eran las que eran. Y las montañas eran eternas y estaban ahí desde el principio. Y, poco a poco, mediante el estudio de la naturaleza, empezamos a ver que eso no era así. Empezamos incluso a ver que, por citar algo que acabo de decir, las montañas no son eternas. De repente aparece la erosión, que puede estar erosionando un río o puede estar erosionando un valle. Entonces, claro, esto abre la posibilidad a que los paisajes hayan cambiado con el tiempo. Se encuentran los fósiles, al principio se intentan encajar con la vida que conocemos, dando explicaciones más o menos peregrinas. De hecho, había quien los interpretaba como restos de esos animales mitológicos o de esos mitos que tenían, gente que consideraba que eran restos de animales sin más. Algunos fósiles, al estar especialmente fosilizados y tener propiedades de rocas, pues suscitaban más preguntas. Se llegaba a pensar que eran lo que llamaban entonces “ludus naturae”, como juegos de la naturaleza, que algunos podían crecer espontáneamente dentro de las rocas, que la naturaleza intentaba dar forma a las rocas con formas de animales o de órganos.

01:18:21
Francesc Gascó. En fin, hubo muchos intentos por interpretar los fósiles durante décadas o siglos, hasta que finalmente, primero, se comparan de manera sistemática, cuando están haciendo la ciencia como tal, se comparan estos fósiles con partes de seres vivos actuales. Y se ve que son equivalentes hasta en textura, hasta en su interior. Y entonces mucha gente señala que, realmente, son restos de seres vivos del pasado. Luego llega este momento del que también hemos hablado antes, cuando durante la Ilustración, Georges Cuvier señala que esas especies no son como las actuales, que tienen que haber sido otras. Y aunque este señor no creía en ningún tipo de cambio en la naturaleza, sí que puede aceptar la idea de que hubieran desaparecido algunas. Entonces se empieza a imaginarse un mundo en el que hay eras anteriores, en las que ha habido un tipo de extinción, desaparecen muchos grupos de animales y los supervivientes repoblan la Tierra. Y que eso ha ocurrido durante varias veces. ¿Dónde entramos nosotros en todo esto? En que siempre nos hemos visto como los dueños del mundo, tradicionalmente. Y hemos tenido tradiciones que así nos han alimentado a creerlo. Y, de repente, ya en ese momento vemos que ha habido como mundos anteriores. Y eso como que choca. Y parece que de repente ya no tenemos la exclusividad de este mundo. Como que no nos dieron las llaves de un piso que se acaba de construir. Que ya ha habido inquilinos anteriores. Y eso ya nos cambia un poco la percepción de qué hacemos en este mundo, porque el mundo ya no se ha hecho para nosotros. Ya estamos como de segundos o terceros o cuartos inquilinos. Y eso ya nos cambia un poco la percepción de qué hacemos aquí y cuál es nuestro papel en el mundo. Pero es que eso cambia mucho más adelante cuando, por fin, esas diferencias entre los animales actuales y las semejanzas con algunos del registro fósil empiezan a señalar a cambio. Hay algunas ideas de lo que entonces se llamaba transformismo que preceden a Darwin, pero después, con Darwin y con su ‘Origen de las especies’, empieza ya la revolución, digamos, a nivel social. Llega a todo el mundo. Y yo siempre cito esto como un hito de la divulgación, porque la publicación científica original de Darwin y Wallace acerca de la selección natural es un año anterior al libro, pero no tuvo repercusión. Pero fue el libro que fue publicado y vendido en librerías y que fue accesible a un público mucho más diverso, que realmente enciende la llama y, de repente, arde la pólvora. Entonces, después de popularizarse las ideas evolucionistas y darnos cuenta de que tienen sentido con lo que vemos de la naturaleza, tanto actual como del registro fósil, y de que incluso empiezan a cumplirse estas predicciones de la hipótesis de la evolución a través de la selección natural, de esta teoría científica, se empiezan a cumplir estas predicciones, se observan en las poblaciones de animales actuales, se observan en el registro fósil. Entonces, vemos que no es que seamos ya unos inquilinos que hemos llegado tarde, sino que, además, es que somos animales como el resto y descendemos de animales igual que el resto. Y, de repente, todo atisbo de divinidad en nuestro ser como que se empieza a poner hasta en entredicho. Y entonces esto empieza también a enseñarnos un poquito más de humildad. Yo quiero creer que, de alguna manera, a lo largo de todas estas décadas de conocimiento científico, lo que estamos descubriendo en el pasado y a lo largo también de estudiar el mundo y el universo, nos está poniendo en perspectiva.

01:21:46
Francesc Gascó. Y para nada creo yo que sea algo que nos quite poder. Yo creo que en cierto modo es empoderador. Porque cuando te crees una especie elegida, cuando te crees algo semidivino y que te han regalado el mundo, ser capaz de componer una sinfonía o de llevar a gente a la luna es como esperable. O sea, ¿qué menos? Pero cuando dices: “Guau, es que venimos del mismo lodo que el resto de animales”. ¡Ey! Ahí ya hay mérito, ¿no? Entonces, yo creo que, en cierto modo, los fósiles, los dinosaurios, la paleontología, los estudios de prehistoria, echar la vista atrás y el conocimiento del mundo y del universo, en general, nos puede aportar mucha perspectiva. Comprender cómo hemos llegado hasta aquí, ya no solo leyendo libros de historia, sino investigando la historia y reformulando lo que está en los libros de historia, seguimos descubriendo cosas día a día. Yo creo que todo ese conocimiento y, en concreto, los fósiles, porque a fin y a cabo es de lo que he venido a hablar aquí, es a lo que yo me dedico, pero al final yo creo que ese estudio del pasado nos puede llegar a contestar mejor, no digo que sea la única manera de contestar quiénes somos, cuál es nuestro lugar en el mundo, cuáles son nuestras fortalezas como especie, estamos haciéndolo bien o no, no digo que sea la única manera, pero digo que es una manera, que al final conocer nuestro pasado más remoto o menos remoto es muy válido y es muy útil, y es información. Y el saber siempre nos va a ser útil para poner las cosas en perspectiva y saber si estamos siendo coherentes con lo que es nuestra naturaleza, si estamos aprovechando nuestras fortalezas o no. Hace unos años, un colega mío, que también se dedica a la divulgación científica, aunque él viene de la física, me hizo una pregunta. Me dijo: “Oye Paco, ¿no crees que estamos viviendo una edad de oro de la paleontología? Porque aparecen un montón de hallazgos impresionantes, yacimientos impresionantes con restos de partes blandas, y las plumas de los dinosaurios… Y de repente estamos haciendo biomecánica y reconstruyendo cómo podían andar y cómo no. Estamos viviendo una edad de oro, ¿no?” Y yo le contesté que sí, que me parecía que sí. Con retrospectiva, creo que es una respuesta fácil, porque el conocimiento tiende a acumularse con el tiempo. Por mucho que un individuo se olvide de lo que estudió cuando era pequeño, ese conocimiento sigue estando en los libros. Entonces, el conocimiento, digamos, que la sociedad va generando, va acumulándose. Sí que es verdad que, hoy en día, gracias a la gran conectividad a las redes sociales, a estar conectados fácilmente con gente del otro lado del mundo, es mucho más fácil intercambiar esa información y la tenemos más accesible que nunca. Y puede parecer que entonces tengamos más información o que estemos generando más información que nunca. Puede parecer que la investigación que hacemos hoy en día sea más puntera y sea más válida, que al usar técnicas punteras estamos haciendo mejor el trabajo que, por ejemplo, los investigadores que vinieron en el pasado. Pero a mí me gusta siempre echar la vista atrás una vez más, también incluso para esto. Porque para poder llegar a volar, tuvimos que, primero, correr, y antes de correr tuvimos que andar. Y en un mundo individualista, como en el que vivimos hoy en día, reconocer que andamos sobre hombros de gigantes, y que ellos también andaron sobre hombros de gigantes, reconocer que podemos seguir aprendiendo de nuestros mayores y que el conocimiento de las generaciones que han venido antes de nosotros fue necesario para que hoy estuviéramos tan conectados, creo que es necesario y es de justicia. Entonces, recordad que podemos llegar a ser muy inteligentes, podemos llegar a descubrir muchas cosas, en mi caso sobre el pasado o sobre cualquier tema que nos interese, pero el conocimiento se ha ido construyendo y nunca deberíamos dar la espalda a las personas que han venido antes que nosotros.