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Francesc Gascó. De nuevo, la imagen que tenemos de la cultura popular de los dinosaurios es de que estuvieran gritando todo el día, como si les doliera la tripa o algo. Nos imaginamos, incluso, cierto tipo de sonidos para cierto tipo de dinosaurios. Ya somos, como decíamos antes, no podemos imaginarnos a un tiranosaurio sin ese rugido característico de ‘Parque Jurásico’ o un velociraptor sin ese tipo de silbidos. Es algo que ya asociamos a ellos. Sin embargo, ¿qué sabemos realmente sobre los sonidos que emitían los dinosaurios hace millones de años? Muy poco. Lo que podemos hacer es acudir, o bien al registro fósil, o bien a sus parientes. Como parientes tenemos a los últimos dinosaurios que nos quedan, que son las aves, y a, digamos, sus primos lejanos, que son los cocodrilos. Y el registro fósil, pues, lo que tenemos, lo que hablábamos antes, huesos, huellas y demás. ¿Qué sabemos gracias a sus parientes, tanto a sus primos lejanos como a los últimos dinosaurios? Los cocodrilos no es que vocalicen mucho, hacen una especie de rugido así como muy agudo y ya está, y lo hacen básicamente con una especie de pliegues de la laringe que no llegan a ser como nuestras cuerdas vocales, pero digamos que, remotamente, tienen una función parecida. Mientras que las aves tienen un órgano propio, que es la siringe, con el que producen el sonido. Las aves producen el sonido con la siringe, pero lo modulan con la laringe. Entonces, ¿qué tenemos como situación intermedia para los dinosaurios? Porque no parece, al menos en el registro fósil, que tenemos algunos yacimientos de conservación excepcional, no se ha encontrado siringe alguna. Parece que la siringe es de las aves. En algún momento de la evolución de las aves apareció. No tenemos por qué imaginar que tenían siringe el resto de dinosaurios. Lo que sí que sabemos, gracias al registro fósil, es que tenían una laringe parecida. Hay dos laringes conservadas en el registro fósil. Una de un dinosaurio acorazado, de un anquilosaurio, con lo cual está bastante alejado en cuanto a parentesco de las aves, y aún así es una laringe muy aviana, muy parecida a la de las aves. Con lo cual, sabemos que las laringes de los dinosaurios debían ser muy parecidas a las de las aves. O mejor dicho, que la laringe que tienen las aves ya la heredarían de los dinosaurios y vendría de más atrás. Entonces, modularían el sonido como las aves. Ahora, si no tenían siringe, lo más posible es que produjeran el sonido con pliegues de la laringe como los cocodrilos. Entonces, yo me imaginaría una especie de gruñido como el de un cocodrilo de base, pero que podía llegar a ser mucho más alto, mucho más agudo. Ahora, ¿qué más tenemos en el registro fósil? Por ejemplo, tenemos en un grupo de dinosaurios, que son los que nosotros llamamos los ‘hadrosaurios’, que son los dinosaurios con pico de pato, algunos os imaginaréis algunos de ellos, son también muy habituales en las películas, se les pone siempre como muy buenos, muy apacibles, con su piquito de pato, pues hay un grupito, dentro de estos ‘hadrosaurios’ de pico de pato, que son los ‘lambeosaurinos’, que tienen crestas. Pues bien, estas crestas se descubrió que están huecas y conectadas con las fosas nasales. Y hay quien propuso que podían haber funcionado, se podían haber usado como cámaras de resonancia. Incluso, evidentemente, como os podéis imaginar, los paleontólogos somos así, hubo gente que hizo simulaciones. En su momento, cuando esto se propuso, alrededor de los 70-80 se hizo a la vieja escuela. Se cogieron unas tuberías y se montó algo parecido a como sería el sistema de cavidades de esta cresta y se creó una especie de instrumento de viento y se hizo pasar aire por allí. Y sonaba como una especie de instrumento de viento, una especie de tuba. Actualmente se han repetido estas simulaciones, solo que ya de una manera mucho más rigurosa, a través de simulaciones virtuales, y parece que podía funcionar realmente como cámara de resonancia. Entonces, lo que sabemos a día de hoy es eso. Podrían producir el sonido como los cocodrilos, que podrían modularlo como las aves, y que, algunos de ellos, además, podrían tener cámaras de resonancia en las crestas de su cráneo Pero más allá de ello, todo el sonido que vemos en las películas, por lo general, es pura ficción.