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José Luis Trejo. Y además utilizaban una cosa que se llama la caza de persistencia. La caza de persistencia se basa, fundamentalmente, en unos principios, que el ser humano es incapaz de conseguir capturar a ninguna pieza corriendo, porque no corremos más que ellos, hablamos de herbívoros, por supuesto, no vamos a cazar a un depredador, ya nos cazará el depredador a nosotros. Pero refrigera, nuestro cerebro tiene una capacidad de refrigeración absolutamente impresionante. Y entonces nosotros, estamos hablando de la sabana, claro, porque, si estamos en el bosque, un animal se esconde detrás de unas ramas y ya está. En la sabana tú puedes ver a mucha distancia y, además, puedes seguir las pistas. Entonces, tú te pones a caminar, te estoy contando en qué consiste la caza de persistencia de los bosquimanos, hasta hace relativamente poco, ya no, porque ya los han introducido en la sociedad, y lo que hacían era perseguir a la pieza durante horas y horas y horas, fundamentalmente caminando. Y llegaba un momento en que, evidentemente, como los herbívoros refrigeran peor que nosotros y, además, son rumiantes, necesitan parar, comer, rumiar, beber agua y, evidentemente, nosotros aguantamos mucho más que ellos, pues el animal llega un momento en que ya acaba deshidratado, malnutrido, cansado y, al final, se desploma en el suelo y el ser humano, el bosquimano, lo único que tenía que hacer era llegar, cogerlo, sacrificarlo y llevarlo de vuelta. Y eso, nada más y nada menos que eso era lo que andaba. Pero esa comida le duraba al poblado varios días, durante los cuales ya no pegaba más caminatas. Y eso me sirve para introducir un último concepto y es: esa gente no utilizaba herramientas, armas para cazar a los animales, utilizaba solamente este método. Tampoco utilizaba trampas, por lo tanto tenía que perseguirlos con la caza de persistencia. Y tampoco guardaba comida, porque no sabía. Con lo cual, cuando se comía lo que acababa de cazar, tenía que volver a salir. Y entre tanto, entre tanto cero estrés, amigo. Con lo cual, se movían más que nosotros, pero no tanto. Sin estrés, salvo que, evidentemente, hubiera una sequía y desaparecieran los herbívoros, evidentemente. Y cuando se agotaban los frutos que comían y que recolectaban, además de la carne, pues se iban a otro sitio. Con lo cual, yo quiero apostar a que su vida era, por supuesto, más sencilla, eso no es ni bueno ni malo, pero desde luego tenían menos estrés, tenían mucha más salud cerebral y, desde luego, no me cabe la menor duda de que si finalmente se demuestra que este era el mismo modus vivendi, el mismo estilo de vida de nuestros ancestros neandertales, evidentemente nosotros estamos yendo contra nuestra evolución.