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El mejor lugar para hacer ejercicio no es el gimnasio

José Luis Trejo

El mejor lugar para hacer ejercicio no es el gimnasio

José Luis Trejo

Neurocientífico


Creando oportunidades

José Luis Trejo

José Luis Trejo es neurocientífico especializado en los efectos del ejercicio físico sobre el cerebro. Su mirada une neurobiología, salud cerebral y vida cotidiana para explicar por qué el movimiento no es solo una cuestión muscular, sino una forma de influir en la memoria, el aprendizaje, el estado de ánimo y la capacidad cognitiva.
En esta conversación, Trejo aborda algunos de los grandes temas de su investigación y divulgación: la neurogénesis adulta, el papel del hipocampo, el impacto del sedentarismo, la diferencia entre ejercicio moderado y exceso de ejercicio, y la relación entre estrés, microbiota y cerebro. Su enfoque insiste en una idea central: estamos hechos para movernos, pero más no siempre significa mejor.
Con un tono claro, cercano y riguroso, invita a repensar la forma en que entrenamos, descansamos y vivimos. Frente a la cultura del rendimiento extremo, propone escuchar al cuerpo, encontrar la dosis adecuada y entender el ejercicio como una herramienta de bienestar cerebral, no como una competición permanente.


Transcripción

00:00
José Luis Trejo. Yo no hablo para deportistas. Los deportistas son un tema aparte. El deporte es competición, la competición es estrés y los deportistas están con el cerebro frito. Tanto es así, que puedes hacer tanto ejercicio que tengas la misma situación cerebral que un sedentario. Cómo calcular nosotros mismos, basados en la evidencia científica, el tipo de ejercicio perfecto que tenemos que hacer. Se llama el test del habla. Y es muy sencillo. Tú te pones a caminar, solo caminar, y tienes que ir hablando en voz alta. O sea que te recomiendo que vayas con alguien, para que no parezca que vas hablando solo, aunque te advierto que ahora, con los auriculares que la gente va hablando por teléfono, va hablando todo el mundo solo por la calle. Entonces, tú te pones el auricular y hablas ya, aunque no estés hablando por teléfono con nadie. El asunto es que tú te pones a hablar, y llega un momento en el que, puedes caminar perfectamente hablando, entonces incrementas la velocidad a la que caminas. Eso incrementa tu frecuencia cardíaca, pero todavía podrás seguir hablando. Llegará un momento en donde hay una velocidad mínima, a una frecuencia cardíaca concreta, en donde el aire que inhalas compite por la respiración y por tu aparato fonador, o sea, para hablar. Y entonces es esto que todos hemos experimentado alguna vez, sobre todo cuando vamos hablando subiendo unas escaleras, que es que se nos entrecorta la conversación. Bueno, pues justo ahí, a esa velocidad, mejor dicho, a esa frecuencia cardíaca, estamos entre lo que los expertos llaman el límite entre la zona dos y zona tres. Es cuando se produce ese cortocircuito en el aire que inhalas para caminar y para hablar. Y entonces, justo ahí, en esa frecuencia cardíaca, es donde tienes que hacer el ejercicio, porque los efectos beneficiosos del ejercicio solamente se producen con una dosis adecuada, y esos son: un aumento de la comunicación sináptica entre neuronas, o sea, como las neuronas hablan unas con otras, eso se mejora. Pero además mejora la irrigación sanguínea del cerebro, es decir, el aporte de combustible. Pero también mejora la inflamación, la inflamación del cerebro disminuye. Y ya, por si todo eso fuera poco, nos hace más listos, las neuronas se comunican mejor, baja la inflamación, aumenta la irrigación. Es que, además, se forman nuevas neuronas en el cerebro. Es una cosa que se denomina neurogénesis. La neurogénesis adulta. Porque siempre hemos pensado, desde Ramón y Cajal, desde nuestro querido premio Nobel, que una vez que termina el desarrollo ya no se forman más neuronas. Ya tienes el cerebro que tienes, puedes perderlas, pero no puedes formar ninguna nueva. Pero en los últimos años se ha descubierto que, efectivamente, incluso en los seres humanos, se producen nuevas neuronas en el adulto. Ahora eso lo ponemos al lado de que en los modelos de laboratorio, de investigación, los ratones de laboratorio, nos han demostrado que el ejercicio aumenta el número de neuronas nuevas.

03:19
José Luis Trejo. Todo parece indicar que en el ser humano va a ser de la misma manera, es decir, que el ejercicio también va a aumentar el número de neuronas en en el cerebro humano, pero eso todavía hay que demostrarlo. Pero lo más interesante, en mi opinión, es que, ¿para qué sirven esas nuevas neuronas? Esas neuronas no se producen en todo el cerebro, solamente se producen en una región del cerebro muy pequeña que se llama hipocampo. El hipocampo está aproximadamente en esta posición, en los seres humanos, y sirve para, nada más y nada menos, que el aprendizaje, la memoria, la orientación especial, la depresión y la ansiedad, solo. Entonces, qué curioso que, la región del cerebro donde se producen neuronas en el adulto, tenga todas esas funciones, porque todas esas funciones sabemos que, cuando tú quitas esas nuevas neuronas, el ejercicio ya no tiene efecto o no tiene tanto efecto. Lo que quiere decir que, parte de los beneficios del ejercicio físico en el cerebro, son gracias a que aumenta el número de neuronas.

04:35
Dani. Buenas, José Luis. Soy Dani y mi pregunta era que en el mundo en el que estamos hoy y que somos más sedentarios cada vez porque todo está automatizado, todo llega a casa, las compras, absolutamente todo, ¿en qué afecta a nuestra evolución?

04:50
José Luis Trejo. Esa es una pregunta muy interesante porque la evolución, la evolución biológica, funciona en cientos de miles y millones de años. Por lo tanto, cualquier cosa que nosotros podamos hacer en nuestras vidas no afecta a nuestra evolución. Es más bien al contrario, es más bien cómo nuestro estilo de vida va contra la evolución de cientos, de miles y de millones de años que nos ha traído hasta aquí. Nosotros estamos hechos para movernos. Y las evidencias indirectas con las que contamos es que, la evolución de nuestro cerebro tal como es, es como es porque la evolución ha ido en paralelo a que nosotros nos movíamos. Y eso es lo que ha hecho que nuestro cerebro sea como sea. Entonces, no es que sea ni bueno ni malo, moverse más ni menos, es simplemente que al no movernos ahora, esa pandemia de sedentarismo en la cual nuestra sociedad está inmersa ahora mismo, desde hace un siglo, aproximadamente, va contra la evolución que nos ha traído hasta aquí. Concretamente, las evidencias indirectas que manejamos es que los cazadores-recolectores, que eran nuestros ancestros, se movían más que nosotros. Y siempre que digo esto, paro para explicar más que nosotros, pero tampoco mucho más. ¿Cómo podemos saber esto? Precisamente por eso digo que son evidencias indirectas. Nosotros solo podemos saber cosas de nuestros ancestros por el registro fósil. Pero en el registro fósil no queda ni la más mínima marca de cuánto se movían o cuánto se dejaban de mover. Gracias a los estudios que se han hecho, tú puedes saber, por ejemplo, si una especie estaba más preparada o no que otra para moverse. Por ejemplo, por el grosor de las marcas que dejan los tendones en los huesos, tú puedes saber si ese tendón estaba insertando un músculo más preparado para la larga carrera, etc. Y de esa manera se sabe, por ejemplo, que el Homo sapiens y, por supuesto, los neandertales, etc., estaban muy preparados para una vida activa. Pero, ¿quién me dice a mí cuánto se movían? Nuestros huesos demostrarían que estamos muy preparados para la vida activa, sin embargo tenemos una pandemia de sedentarismo, porque ahí no queda rastro de cuánto te mueves. Para eso hay que recurrir a la antropología social, que lo que hace es estudiar, bajo el consenso de que las tribus que todavía quedaban en el sur de África, hasta hace relativamente poco, y que eran cazadores-recolectores, es exactamente el mismo tipo de vida de los últimos 10.000 o 20.000 años y, probablemente, aún más. Y estudiándolos a ellos, con acelerómetros o con relojes, con pulseras de actividad, se sabe que ellos, efectivamente, se movían, vaya, más que nosotros, pero no mucho más. Eso es un mito. No es un mito que somos sedentarios, pero es un mito eso que los ancestros estaban todo el día yendo y viniendo y moviéndose para allá y para acá. La mayor parte del día estaban sentados, sentados en cuclillas, no como nosotros, sentados en cuclillas y solamente se levantaban para ir a cazar o para ir a recolectar.

08:12
José Luis Trejo. Y además utilizaban una cosa que se llama la caza de persistencia. La caza de persistencia se basa, fundamentalmente, en unos principios, que el ser humano es incapaz de conseguir capturar a ninguna pieza corriendo, porque no corremos más que ellos, hablamos de herbívoros, por supuesto, no vamos a cazar a un depredador, ya nos cazará el depredador a nosotros. Pero refrigera, nuestro cerebro tiene una capacidad de refrigeración absolutamente impresionante. Y entonces nosotros, estamos hablando de la sabana, claro, porque, si estamos en el bosque, un animal se esconde detrás de unas ramas y ya está. En la sabana tú puedes ver a mucha distancia y, además, puedes seguir las pistas. Entonces, tú te pones a caminar, te estoy contando en qué consiste la caza de persistencia de los bosquimanos, hasta hace relativamente poco, ya no, porque ya los han introducido en la sociedad, y lo que hacían era perseguir a la pieza durante horas y horas y horas, fundamentalmente caminando. Y llegaba un momento en que, evidentemente, como los herbívoros refrigeran peor que nosotros y, además, son rumiantes, necesitan parar, comer, rumiar, beber agua y, evidentemente, nosotros aguantamos mucho más que ellos, pues el animal llega un momento en que ya acaba deshidratado, malnutrido, cansado y, al final, se desploma en el suelo y el ser humano, el bosquimano, lo único que tenía que hacer era llegar, cogerlo, sacrificarlo y llevarlo de vuelta. Y eso, nada más y nada menos que eso era lo que andaba. Pero esa comida le duraba al poblado varios días, durante los cuales ya no pegaba más caminatas. Y eso me sirve para introducir un último concepto y es: esa gente no utilizaba herramientas, armas para cazar a los animales, utilizaba solamente este método. Tampoco utilizaba trampas, por lo tanto tenía que perseguirlos con la caza de persistencia. Y tampoco guardaba comida, porque no sabía. Con lo cual, cuando se comía lo que acababa de cazar, tenía que volver a salir. Y entre tanto, entre tanto cero estrés, amigo. Con lo cual, se movían más que nosotros, pero no tanto. Sin estrés, salvo que, evidentemente, hubiera una sequía y desaparecieran los herbívoros, evidentemente. Y cuando se agotaban los frutos que comían y que recolectaban, además de la carne, pues se iban a otro sitio. Con lo cual, yo quiero apostar a que su vida era, por supuesto, más sencilla, eso no es ni bueno ni malo, pero desde luego tenían menos estrés, tenían mucha más salud cerebral y, desde luego, no me cabe la menor duda de que si finalmente se demuestra que este era el mismo modus vivendi, el mismo estilo de vida de nuestros ancestros neandertales, evidentemente nosotros estamos yendo contra nuestra evolución.

11:15
Pablo. Hola, José Luis, yo soy Pablo, soy profesor en un instituto. Has hablado de una pandemia de sedentarismo. Está claro que ser sedentarios tiene unas consecuencias sobre el cuerpo, pero ¿cuáles son las consecuencias sobre el cerebro?

11:32
José Luis Trejo. Después de analizar tanto los cerebros de los modelos de laboratorio, ratones de laboratorio, como seres humanos que han donado su cerebro a la ciencia, sabemos que el sedentarismo es una especie de envejecimiento anticipado. Las neuronas, en una imagen muy gráfica que te puedo dar, son como árboles, de hecho tienen un tronco, el árbol tiene un tronco, las neuronas tienen un soma, un cuerpo, y luego tienen prolongaciones con las cuales se conectan con otras neuronas, y así viaja la información, que es tanto como decir, así funciona nuestro cerebro, esos son nuestros pensamientos. Cuantas más ramas, mejor. Y cuanto más rápido vaya la información de rama a rama, mejor. Bueno, pues en el sedentarismo lo que sucede es que todo se reduce al mínimo ¿Qué es todo? Las ramas se reducen al mínimo, la neurona no se muere, pero las ramas se reducen al mínimo. Y las de la neurona de al lado también. Y además disminuye la eficacia sináptica con la cual se comunican unas con otras. Eso es tanto como decir que nuestros pensamientos van más despacio y son más pobres, si cabe la expresión. Y eso significa que además vamos a tener también menos neuronas, con lo cual menor capacidad de aprendizaje y de memoria, mayor propensión a la depresión y la ansiedad. Y todo eso son características compartidas con el envejecimiento normal, no el patológico. Es decir, que podemos decir que el sedentarismo es un envejecimiento anticipado, pero a mí me gustaría aprovechar la ocasión para contaros por qué. En la naturaleza, el cerebro funciona tanto como le pides y no más, porque es el órgano del cuerpo que más consume, con gran diferencia, con muchísima diferencia. Porque es el órgano que más consume, cuando tú no lo estás utilizando, él reduce su gasto. Vamos a explicarlo. Si un animal tiene que desplazarse muy poco, porque hay una abundante época de lluvia y de alimentación, y tiene la alimentación cerca, y tiene el agua cerca, y la madriguera fácil de encontrar, y además eso contribuirá a que haya muchos especímenes, congéneres, de su propia especie, por lo tanto será fácil encontrar pareja reproductiva, entonces pues no se mueve, se mueve menos, ya está, bien. Ahora vamos a ponernos en el caso contrario, en el caso contrario es que estamos pasando una época de más penuria, no hay tanta comida, el agua escasea, mueren algunos de tus congéneres, ya no es tan fácil encontrar pareja reproductiva, tienes que ir más lejos a buscar todo eso. Si tienes que ir más lejos, te tienes que mover más, pero ¿qué hace el cerebro? Tiene que procesar más información, acordarte que allí cerca del río hay unas bayas que te gustan, pero en el otro lado del río hay un depredador que un día te dio un susto. En fin, tienes que recordar toda esa información y luego tienes que recordar cómo regresar.

14:46
José Luis Trejo. ¿Quién hace todo eso? El hipocampo. Gracias a que, entre otras cosas, tiene las nuevas neuronas. Eso quiere decir que cuanto más te mueves, tu cerebro tiene que procesar más información. Y por lo tanto, el cerebro está condicionado por nuestra evolución para decir: “Bueno, si te vas a mover y lo vas a usar, yo estoy en las mejores condiciones. Yo te fabrico nuevas neuronas, yo te fabrico más ramas dendríticas de las neuronas, yo hago que la conexión sináptica sea mejor porque veo que lo vas a usar. Veo que lo vas a usar porque hay más información que entra en el cerebro y veo que tú te mueves. Bien

18:15
José Luis Trejo. Y es que no teníamos un concepto muy claro de la diferencia entre sedentarismo y ejercicio. Si tú haces ejercicio, hombre, pues es que no eres sedentario. Si eres sedentario, es que no haces ejercicio. No. Resulta que el ejercicio, que todos nos imaginamos irse al gimnasio o a correr o a pasear, es fantástico y es muy bueno, es lo que os estamos contando hoy todo el día, pero es independiente del tiempo que pases, sobre todo si son largas horas, sedentario. Os cuento un experimento porque es realmente interesante. Se cogió a un grupo de oficinistas en los cuales el trabajo consistía en estar sentado delante del ordenador ocho horas. Entonces, había un grupo que solamente se levantaba para ir al servicio, pues prácticamente solo para ir al servicio o tomar un café. Había otro grupo que se levantaba cada dos o tres horas y daba una vueltecilla por la oficina o por ahí. Y había otro grupo que hacía los famosos snacks de ejercicio, que consiste en levantarse dos o tres minutos cada hora. Y, evidentemente, durante esos dos o tres minutos pues estiraban las piernas, un poco como lo que nos dicen en los vuelos de larga duración, que te dicen: “Levántate, estira las piernas, circula por el pasillo para que no estés todo el rato, las siete horas, ahí sentado”. Bueno, es que me falta contaros lo más importante. Todos hacían una hora de ejercicio al día. Y entonces, esta gente pues se movía un poco, subía o bajaba un par de tramos de escalera, por la escalera, no por el ascensor. Y digo subía y bajaba porque los músculos y las articulaciones que se mueven cuando bajas son distintas de las cuando subes, y por eso para que fuera más completo. Y luego midieron la salud cerebral y la salud integral de estas personas, con un montón de parámetros y de test, hasta encontrar un índice que reflejaba su salud. Este índice a nosotros, en neurobiología, nos gusta mucho mencionarlo porque es muy autoexplicativo, se llama “probabilidad de muerte por cualquier causa”. Creo que se explica a sí mismo. ¿Quién crees que tenía la mayor probabilidad de muerte por cualquier causa? Los que no se movían. Y los que menos probabilidad de muerte por cualquier causa tenían son los que se levantaban dos o tres veces cada hora. Eso quiere decir que los mecanismos por los cuales el sedentarismo es malo se suman, no son complementarios. No quiero dar la sensación de que no basta con hacer ejercicio. No, claro que está muy bien, sobre todo si eres sedentario. No, lo que quiero decir es que, además, reduciendo el número de horas en las que estás completamente sedentario, sobre todo si son muchas. Aquí vamos a estar un rato viendo el cine o comiendo, vamos a estar otro ratito.

21:17
José Luis Trejo. Pero cuando estás en el trabajo muchas horas, reducir ese número de horas se añaden beneficios a los beneficios del ejercicio. Ese es el mensaje.

21:29
Pablo. Después de escucharte, ¿qué podemos hacer los profesores para ayudar a nuestros alumnos?

21:37
José Luis Trejo. Yo te voy a decir lo que la neurobiología nos informa acerca de esto. Yo, evidentemente, no tengo la experiencia para saber exactamente qué se puede hacer, pero te voy a decir lo que estamos investigando. Lo que estamos investigando es que, puesto que en la infancia todavía se están produciendo algunas neuronas en todas partes, no solo en el hipocampo, el ejercicio físico que las promueve y que aumenta su salud y su número es absolutamente importante y prioritario. Y como tú sabes, hay una epidemia de obesidad y de sedentarismo entre nuestra infancia y nuestra adolescencia. Nosotros, que trabajamos en estilo de vida, nos preocupan las dos por separado, la dieta por un lado, el sedentarismo por otro. Entonces, nosotros lo que estamos viendo son dos cosas. Primero, que sin ser un experto en educación física, yo hablo de lo que sé, que es del cerebro y de la neurobiología, yo creo que hay un problema de definición en lo que es la educación física. Voy a contar nuestro punto de vista. Nuestro punto de vista es el siguiente. Vamos a suponer que tú le quieres enseñar a los chavales a comer dietas sanas. ¿En qué consistiría la asignatura? Pues en contarle los alimentos recomendables, los alimentos no recomendables y los alimentos que, bueno, pueden tomarlos, pero con moderación, etc. ¿En qué consistiría un examen en esa asignatura? Pues preguntarle a los chavales si han aprendido y han comprendido eso. Cuáles son los alimentos correspondientes, cuáles son los alimentos recomendables, los no recomendables. A nadie se le ocurriría ir al comedor y ponerle nota a los críos en función de lo que comen. “¡Ah! Te acabas de comer dos patatas fritas, un punto menos”. Eso es justo lo que hacemos en la educación física. En la educación física les ponemos nota a los críos en función de cómo hacen la educación física. Como si un crío obeso o sedentario no tuviera ya bastante con lo que tiene, encima, para tener que estar haciendo las flexiones que hace el otro de al lado, que es mejor y que es el que saca el 5 y yo suspendo educación física. En la educación física se debería explicar lo que se tenga que explicar. Que no voy a entrar en ello. Y se debería examinar en función de si han comprendido y adquirido esos conocimientos. Pero no me los saques a correr a ver quién corre más. Porque eso es introducir estrés. Aparte de eso, respondiendo a tu pregunta, lo que hay que hacer es que los críos estén en movimiento. Pero olvídate de la clase de gimnasia. La clase de gimnasia es la clase de gimnasia. Dicen: “No, es que habría que aumentar el número de horas de educación física”. ¿Por qué? ¿Por qué no aumentas las de historia?, que probablemente les vengan muy bien. ¿Por qué no aumentas las de música? No, no, las horas de educación física son buenas. El problema es que la gente sabe que los chavales solo hacen ejercicio cuando hacen educación física. Error. La gente tiene que hacer ejercicio, y la educación física se la enseñas como cualquier otra asignatura. Pertenecemos a un consorcio, tenemos la fortuna de pertenecer a un consorcio que está investigando cómo aprenden los cerebros en movimiento. Se llama motricidad y cognición porque, a determinadas edades, tú no puedes hablar de ejercicio. Hemos empezado hablando, y vamos bajando, estamos ya con niños de entre 3 y 6 años.

25:02
José Luis Trejo. Yo no puedo decir que un niño de 4 años haga ejercicio, es que yo le hago que se mueva mientras le enseño algo. Y para sorpresa de nadie, los críos aprenden mejor en movimiento. Entonces, yo creo que en el aula lo que hay que hacer es, desde luego, interrumpir el sedentarismo. No sé cómo compatibilizar eso con la docencia, pero, desde luego, la capacidad cognitiva de los chavales es mejor en aquellos colegios que se han prestado voluntarios, hay unos en Alemania, hay otros en Suiza y algunos en Canadá, que se han prestado voluntarios para que los chavales se pongan en pie y den una vuelta cada dos por tres. Cada dos por tres es cada 20 minutos, interrumpiendo la clase, claro. A nosotros lo que nos gustaría es que no hubiera que interrumpir la clase. Claro, si estás explicando trigonometría, pero depende de lo que estés explicando, a lo mejor se puede explicar de pie. Dices tú: “Hombre, ¿pero de pie?” De pie, el solo hecho de estar de pie, hace que tus articulaciones y tus músculos secreten una serie de sustancias que se vierten a la sangre, van al cerebro y le producen parte de esos beneficios que está haciendo el ejercicio para nuestro cerebro, solo por estar de pie. No vas a estar ocho horas de pie, no pongamos en el otro margen, pero combinar ese tipo de cosas. Yo creo que hay mucho que hacer y el problema es que hay demasiada poca investigación todavía.

26:38
Mujer 1. José Luis, soy madre de tres hijos y también cuido de mis padres dependientes y, además de eso, también trabajo full time. En esta sociedad, para poder cubrir todas las necesidades que esta sociedad exige, a veces he tenido que usar el uso de las pantallas para poder tranquilizar a mis hijos y poder cumplir con todas las responsabilidades. Y me he dado cuenta que esto afecta negativamente a mis hijos. Estoy en proceso de poder compatibilizar todas las actividades y usar menos las pantallas. Incluso me he documentado con los pediatras e incluso me han recomendado el uso de melatonina en niños menores de dos años porque el uso de las pantallas les afecta negativamente. Entonces, estoy en un proceso de reinventarme como madre para usar menos las pantallas porque me he visto afectada en ello. ¿Qué me podrías recomendar?

27:37
José Luis Trejo. El tema de las pantallas es muy importante, todavía se está investigando. Hay ya algunos artículos científicos que hablan del impacto para el cerebro, a todas las edades, pero especialmente en los adolescentes y en la infancia, de las pantallas en general. El problema de las pantallas es que, durante un rato, producen el mismo efecto que el libro. Me refiero a que es un sedentarismo cognitivamente activo, es decir, está muy bien. Pero, a diferencia del libro, está documentado que la pantalla, la actividad que tú ves ahí, es repetitiva. Y entonces aquí entra en juego un concepto muy importante que es el enriquecimiento ambiental. Una de las cosas que más beneficio le produce al cerebro es el enriquecimiento ambiental. Para un animal, el enriquecimiento ambiental es tener que moverme, tener que buscar comida, pero no demasiado, o sea, moverme, estar activo. ¿Por qué? Pues porque eso retroalimenta la energía y la salud cerebral. Entonces, para nosotros, enriquecimiento ambiental es no estar, monótonamente, viendo siempre lo mismo, que nuestra actividad y nuestro entorno cambien, no drásticamente, porque entonces eso entraría en el estrés, que haya cierta calidad de cambio y cierta cantidad de cambio. ¿Cuál es el problema con los videojuegos? Que pasado un rato ya siempre son lo mismo. Y son toda la tarde del domingo, haciendo TikTok o haciendo videojuego o haciendo lo que sea. Eso es enriquecimiento ambiental cero, enriquecimiento ambiental nulo. Eso embota el cerebro, y cuando digo que embota el cerebro es porque hay estudios que han analizado la irrigación sanguínea de chavales, y no tan chavales, cuando están jugando a videojuegos. Y, efectivamente, al principio no se nota nada, pero cuando ya llevan más de tres horas jugando sí que se nota esa diferencia. Por lo tanto aquí tenemos la típica situación de conflicto. Llevamos una vida, por decirlo de una manera eufemística, muy intensa y esa vida muy intensa nos hace que prácticamente no podemos dedicarnos a las cosas que nos gustaría dedicarnos. Y, por lo tanto, le ponemos una pantalla en las manos a los niños que es la manera útil, eficiente, de decir: “Anda, cállate”. Porque es evidente que el niño no puede estar dando guerra porque tú estás haciendo otras cosas. Pero eso tiene una consecuencia nefasta para el cerebro. El problema, digo que es una situación de conflicto, porque si tú le quitas de las manos las pantallas, tenemos una situación de conflicto porque entonces el cerebro que se afecta es el tuyo. Claro. ¿Por qué? Pues porque probablemente, y aquí ya me salgo de la neurobiología y, por lo tanto, voy a hablar con cautela porque ya es mi opinión, es que evidentemente tenemos que revisitar un poco el tipo de sociedad que estamos haciendo. Estamos haciendo una sociedad “estresogénica”, el término es mío. Quiere decir que, consciente o inconscientemente, la sociedad entera está diseñada para producir estrés.

31:01
José Luis Trejo. Porque alguien ha creído alguna vez que un poquito de estrés es bueno. Y yo creo que, como neurobiólogo, yo tengo la misión de explicar esto. Los neurobiólogos hablamos de “eustrés” y “distrés”, el estrés bueno y el estrés malo, y no nos gusta, casi nada, hablarlo en público porque la gente se va a casa con la idea de: “Uy ha venido hoy un neurobiólogo que nos ha dicho que hay un estrés bueno y un estrés malo. A pesar de todo lo digo porque yo creo que lo que falta es explicarlo bien. Así que expliquémoslo bien. El cerebro funciona de manera perfecta cuando tiene que moverse. Tiene que buscar un poquito de comida

34:06
José Luis Trejo. Pero fin del estrés. Nosotros vivimos en una sociedad en donde desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, desde el 1 de enero al 31 de diciembre, estamos persiguiendo o evitando que nos persigan. Vivimos en estrés permanente. El mensaje que le estamos dando a nuestro cerebro es que mi supervivencia está en juego y, entonces, el cerebro ¿qué hace? Bajar las luces de cabina, hacer el mínimo número de neuronas, el mínimo número de sinapsis, porque eso consume mucho, y total, como me estás diciendo que estás estresado porque tu supervivencia está en juego, pues yo lo bajo todo al mínimo. Entonces, claro, la naturaleza no ha diseñado nuestros cerebros para eso, para estar en estrés con las luces de cabina al mínimo y con el cerebro al mínimo, constantemente. Y así se producen todos los problemas que tiene el estrés crónico. De esa manera, el estrés es bueno porque cumple una función biológica en determinadas circunstancias. Bien, y todo eso es hablando del estrés, del distrés. Ahora que os he explicado eso, os explico lo que es el eustrés. El eustrés, o sea, eso que los biólogos llamamos estrés bueno… El estrés, para los biólogos, es definido por toda aquella situación que nos saca de nuestra situación cómoda basal. Es decir, pegarse un paseo es un estrés. Lo que pasa es que ese estrés no hace daño. ¿Sabéis por qué? Porque es un estrés adaptativo. Tu cuerpo se adapta a ese estrés. El estrés malo es un estrés no adaptativo. No está pensado para que tú te adaptes a estar persiguiendo a la gacela todo el día, porque no puedes. Ese está pensado para un momento. Entonces, nosotros vivimos en el estrés no adaptativo y, como su propio nombre indica, nuestro cerebro no se adapta, envejece. En cambio, hay un estrés que es, ahora espero que lo entendáis, podáis comprender que yo no estoy diciendo que haya un estrés bueno, sino que hay un salir de la zona normal, de la zona cómoda, de la zona, llamémosla basal, que produce beneficios al cerebro porque va con nuestra evolución y le dice al cerebro: “Venga, un poquito de marchita”, literalmente. Y nuestro cuerpo se adapta a eso. En entornos de profesionales, de deportistas profesionales, me dicen: “Ya, pero es que yo entonces, si siempre estoy en la frecuencia cardíaca esa que has dicho tú, de la zona 2-3, nunca voy a mejorar como deportista”. Y yo les digo: “Es que yo no hablo para deportistas”. Los deportistas son un tema aparte. El deporte es competición, la competición es estrés, y los deportistas están con el cerebro frito, y que se libre el que pueda. El deporte, yo nunca hablo de deporte, yo hablo de vida activa y de ejercicio físico, pero no compito con nadie.

37:14
José Luis Trejo. Dicen: “No, bueno, pero a pesar de todo nunca mejoro”. Sí, sí mejoras, porque hay estudios científicos que dicen que el punto de inflexión en donde se produce esa frecuencia cardíaca mágica, en donde tienes todos los beneficios para tu cerebro y, si te pasas, empiezas a perderlos, ese punto, conforme tú vas haciendo ese ejercicio, esa frecuencia cardíaca, de tiempo en tiempo, de meses en meses, de año en año, se desplaza. Si estuvierais viendo el gráfico de frente, desde vuestro punto de vista se desplaza, pensad que era una montaña, esa cima se desplaza hacia la derecha y hacia arriba. Lo que quiere decir que con el tiempo, porque es un estrés adaptativo, tu cuerpo va pudiendo hacer más ejercicio con más beneficios sin que empiece a caer la montaña. Por supuesto, todo tiene un límite, por supuesto. ¿Y de dónde viene el problema? Y con esto termino esta intervención. ¿De dónde viene el problema? De que el músculo no funciona así. El músculo tiene una curva de respuesta que no es una montaña, es una S, es una curva sigmoidea. Quiere decir que al principio es verdad que cuanto más ejercicio haces, más beneficios, pero llega un momento en que ya, por mucho más ejercicio que hagas, ya no tienes beneficios. Pero no los pierdes. Te quedas en la S. Pero el cerebro no funciona así. El cerebro funciona de que si te pasas, empiezas a perder. Tanto es así que puedes hacer tanto ejercicio que tengas la misma situación cerebral que un sedentario.

38:52
Esmeralda. Hola, José Luis. Yo soy Esmeralda y, a raíz de lo que nos has estado contando, he tenido un periodo de mi vida que he estado opositando. Entonces me he movido menos a nivel de ejercicio físico, pero bueno, he leído y he estudiado mucho. Y siempre nos han dicho que leer entrena el cerebro, pero quería saber a nivel de salud cerebral si es mejor leer o el ejercicio físico, la lectura del ejercicio físico.

39:12
José Luis Trejo. Bueno, aunque científicamente no tiene mucho sentido, pero es interesante andar haciendo siempre comparaciones. Una pregunta muy habitual es ¿qué es mejor? ¿O qué tiene más o mejor o menos efecto? ¿Leer o hacer ejercicio físico? Pues mira, si os sirve de algo, nosotros estamos instalando en nuestro laboratorio treadmills, cintas de correr, como en los de los gimnasios, y escritorios elevados, para trabajar caminando. Evidentemente, no nada muy complicado, porque si es muy complicado, el cerebro se te va a ir a otra cosa. Y, por supuesto, es muy complicado escribir, sobre todo a mano, mientras estás caminando. Pero, por ejemplo, hablar por teléfono y ese tipo de cosas. Está muy bien. ¿Eso quiere decir que yo recomiendo leer haciendo ejercicio? Hombre, no, no, no iba por ahí. Lo que quiero decir es que hay que leer y luego hay que hacer ejercicio físico. Es decir, las dos cosas son compatibles y se suman, como hemos dicho antes, en las diferencias entre el sedentarismo cognitivamente activo y el ejercicio. Existen evidencias científicas de que, para una variable concreta, una cosa es mejor que otra. Pues mira, se han hecho estudios a ver si hay más incidencia de enfermedades neurodegenerativas y la gravedad de los síntomas en gente que hace ejercicio comparada con gente que ha tenido una vida cognitivamente rica, pero que eran sedentarios. Y la respuesta es, pues muy heterogénea, muy heterogénea. La diferencia al final, y esto a lo mejor os sorprende si no habéis oído el concepto nunca, la diferencia no es muy grande, al menos no es muy clara, entre hacer un ejercicio moderado, más o menos, hacer lectura entretenida que te mantenga el cerebro activo o ser muy sedentario. Porque las tres tienen grandes diferencias, pero palidecen al lado de la que más directamente contribuye a la neurodegeneración, que es el estrés. Nosotros, en el Grupo de Estilo de Vida y Cognición, esto lo explicamos muy bien en el libro ‘Neuronas en Marcha’, que lo sacamos hace dos meses, en el que distinguimos que lo peor que le pasa al cerebro, con mucha diferencia, es el estrés. Porque, además de que tiene sus propios problemas, empeora cualquier otra enfermedad que tengas. Y puesto que sabemos que el estrés está puesto en la naturaleza para sobrevivir, Si no bajamos el estrés y nos ponemos a hacer ejercicio, aunque es verdad que algunos de los síntomas del estrés se minimizan, si al cerebro le damos a elegir entre el estrés y el ejercicio, siempre va a preferir el estrés. Porque el cerebro dice: “Esto es lo que me hace sobrevivir”. Entonces, si estáis haciendo las dos cosas, te mueves un poco, pero además estás estresado, a lo mejor es que te mueves porque tienes estrés. Quiero decir, es nuestra conciencia, nuestra corteza cerebral, la que nos permite tener conciencia de nosotros mismos. El resto del cerebro no tiene conciencia, el resto del cerebro es eso, un cerebro que procesa información y responde a aquellas cosas que genéticamente tiene predispuestas para responder en base a sus circuitos.

42:32
José Luis Trejo. Si tienes una bajada de glucosa, tu cerebro te va a decir que tienes hambre, ya está. El decir si estoy haciendo bien o mal lo dice otra parte del cerebro que no tiene nada que ver. Entonces, esto iba a que realmente, si lo pensamos, siempre que pongamos en el brete de comparar algo, siempre va a salir ganando, es decir, nosotros vamos a salir perdiendo si está por el medio el estrés. Entre leer y hacer ejercicio, yo te diría que hicieras las dos cosas. Si no puedes, me da lo mismo. Lo importante es que no tengas estrés. Si hacer ejercicio te estresa, es que tienes que hacer menos ejercicio. En el centro de parapléjicos de Toledo hay gente que no puede moverse prácticamente nada y le fijan sus manos a unas norias movidas por un motor. Dices: “Pero ese movimiento no es voluntario, el músculo no se contrae”. No, pero las articulaciones sí. Y solo con que las articulaciones se muevan, producen una serie de sustancias, irisina, lactato y alguna serie de… bueno, lactato sobre todo por la contracción, claro, irisina, BDNF, IGF-1, etc., que lo que hacen es ir a la sangre, entrar en el cerebro y producir beneficios. Evidentemente no tantos como si tú estuvieras moviendo conscientemente tus músculos, pero evidentemente presenta beneficios. Eso quiere decir que moverse es no negociable. Leer, pues qué te voy a decir yo, lee todo lo que puedas porque cuanto más mejor. Cuanto más mejor, esa no tiene la curva hormética. Gracias.

44:26
Marta. ¿Qué tal, José Luis? Yo soy Marta y te quería preguntar una cosa en la que yo pienso mucho y es: más allá de hacer ejercicio, ¿hasta qué punto influye el entorno y el momento del día en el que lo hacemos?

44:38
José Luis Trejo. Pues sorprendentemente influyen bastante, aunque no todas las cosas por igual. Se han hecho estudios en los cuales se ve que los beneficios del ejercicio para el cerebro son los mismos. Te pongo un caso concreto, un estudio concreto. Si se hace por la mañana, por la tarde o por la noche, da lo mismo. Ahora bien, ¿qué quiere decir eso? ¿Cómo se trabaja en ciencia? Tú tienes un montón de sujetos y tienes el grupo de entrenamiento por la mañana, el grupo de entrenamiento por la tarde y el grupo de entrenamiento por la noche. Y tú haces una media con una desviación estándar, es decir, porque no todos los sujetos tienen la misma respuesta, pero todos tienen, más o menos, la misma respuesta. Y luego, tú esos lo comparas por unos métodos estadísticos. Dices: “¿Hay evidencia estadística de que este grupo es mejor que este, que este?” No. Por lo tanto, desde el punto de vista de la población, da lo mismo. Lo importante es que hagas ejercicio. Ahora bien, individualmente considerado cada uno de nosotros, ¿no tendrá mayor beneficio, individualmente, hacerlo por la mañana, por la tarde o por la noche? La respuesta es “sí”. Todavía no hay evidencia científica que diga: “No, no, hay que madrugar a las 6 de la mañana para correr, porque ese es el bueno”. Incorrecto. Y ya que preguntamos por eso, hay otros aspectos del ejercicio que también son interesantes. Por ejemplo, aparte de las diferencias individuales, ¿hay alguna circunstancia o condición para hacer ejercicio en el que sí se haya producido un efecto de grupo, de la media, más su desviación estándar y todas esas cosas estadísticas? Sí. ¿Dónde lo haces? Lo mejor, lo mejor, lo mejor, lo mejor, esto es un típico experimento noruego, que tiene muchos bosques, es en el bosque. Cambiemos bosque por el campo, en la naturaleza. Ese es el máximo efecto. ¿Alguien puede poner en consonancia todo eso con todo lo que hemos dicho? Procesamiento de información, de la naturaleza, el no sé qué, corres, parece que han cambiado las ramas, mira, ahora se han caído. Es información, información, información. Corriendo moderadamente, le estás diciendo al cerebro: “Estoy activo, además proceso información, información nueva o, por lo menos, información cíclica que cambia con las épocas del año, etc”. A continuación, está hacerlo en ciudad, pero en la calle. Y el peor de todos, ¿sabes cuál es? El gimnasio. ¿Y hay algo peor todavía que el gimnasio? Sí, en casa, porque además en casa sueles estar solo. Y todo eso, una vez más, palidece con el sedentarismo. Es decir, si lo único que puedes hacer es hacer ejercicio en casa, no lo dudes. No digas: “Es que como no puedo ir al campo, no vaya a ser que me venga mal”. No, mal no te va a ir nunca. Estamos hablando de menos bien. ¿Te va más bien o te va menos bien? Y una vez dicho el dónde y el cuándo, nos queda el cuánto. El cuánto es el más difícil, porque, por supuesto que también hay que personalizarlo.

47:53
José Luis Trejo. La evidencia científica nos ha explicado por qué se produce esa curva hormética, cuáles son las subidas, las bajadas. Pero hay una manera de pensar ciertas cosas que sabe eso hace muchísimo tiempo. Y es la cultura oriental clásica. En la cultura occidental, cuando tú vas al gimnasio, en donde piensan, y con razón, en el músculo que tenía una curva diferente, te dicen: “No pain, no gain”, sin sufrimiento no hay beneficio. ¿Por qué? Porque el músculo funciona, para lo que tú vas al gimnasio, en el fallo, cuando se cansa. Bien, pues el músculo funciona así. En el cerebro, cuando lo llevas al fallo, lo único que hay es un fallo. El cerebro no mejora. Entonces, eso, que probablemente tiene alguna raíz filosófico-religiosa en la civilización occidental, ha confundido dos conceptos, en mi modesta opinión, ha confundido dos conceptos muy interesantes. Esto hay estudios sociológicos que lo demuestran. El concepto de esfuerzo, que está muy bien, con el concepto de sacrificio, que es otra cosa. Entonces, lo del “no pain, no gain”, sin sufrimiento y sin sacrificio no hay ganancia, esto es una cuestión muy occidental. En la cultura oriental clásica, e incido en lo de la clásica porque, hoy día, todos los orientales están igual de estresados que nosotros, o sea, ya les hemos conquistado en eso, por desgracia, para ellos, pero en la cultura oriental clásica, si habéis practicado alguna vez tai chi, chi kung o alguna cosa de esas, tú sabes que hay una máxima que es: “Tú haz algo hasta que te duela o te canses”. Claro, eso lo traes aquí a Occidente y la curva bimodal dice: “Bueno, yo es que me canso antes de levantarme del sofá”. Entonces, claro, estamos haciendo trampa. Pero en aquella cultura no. En aquella cultura saben que hay un punto en donde te cansas, o ya te duele algo, en donde paras. Oye, qué curioso que lo hacen así por intuición, ¿no? Ahora sabemos por qué, porque has llegado al punto álgido de la curva. Y ahí empiezan a acumularse señales, hay que escuchar al cuerpo, señales de que: “Oye, que ya estás en el límite”. Hay un investigador español que hizo un estudio fantástico que se publicó en Cell Metabolism, el año pasado, que analizó la cantidad de mielina, que es la vaina de grasa que rodea los axones y que conecta una neurona con otra y que, por lo tanto, es como los cables eléctricos, que la fibra va por dentro pero hay un aislamiento plástico por fuera para que la velocidad de conducción de la electricidad sea más rápida.

50:55
José Luis Trejo. El cerebro es un órgano eléctrico y, entonces, la conducción a través de los axones va más deprisa porque los axones están recubiertos de una vaina de mielina. Entonces, él midió la vaina de mielina de las personas que habían hecho una maratón. Al terminar una maratón, las personas habían perdido un 30% de la mielina de su cerebro. Dos semanas después seguían con un 30% menos. Afortunadamente, a los dos meses ya la habían recuperado. Pero si es que hay gente que hace un maratón al mes, pero si hay turismo de maratones, nos hemos vuelto locos.

51:37
Hombre 3. Hola, José Luis, sabemos que heredamos mucho de la genética de nuestros padres, pero ¿cuánto podemos heredar de los beneficios o los perjuicios de su estilo de vida?

51:49
José Luis Trejo. Nosotros estamos muy contentos porque en el grupo hemos contribuido con otros grupos a hacer un descubrimiento en los últimos años, lo publicamos en el año 2019, desde entonces estamos profundizando, que demuestra que los efectos del ejercicio físico se heredan. Esto fue una sorpresa, fue un bombazo, nadie se lo esperaba, pero déjame decir que viene de unos estudios que estaban analizando, de otros investigadores, si el estrés se hereda. Y entonces, nosotros dijimos: “Pues hombre, también es mala suerte que solo se herede lo malo”. Así que dijimos: “Pues vamos a ver si se hereda lo bueno”. Así que cogimos dos grupos de animales, unos eran sedentarios y otros eran corredores moderados. Y entonces, pues nada, analizamos que todo iba bien, es decir, sus cerebros estaban mejor, el de los corredores moderados, comparados con los sedentarios, tenían más neuronas, todo lo que hemos dicho, mejor irrigación, más neuronas, mejor salud de las neuronas, más facilitación sináptica de la conectividad sináptica, lo esperable, lo que ya se sabe. Y entonces, a continuación, los cruzamos y obtuvimos camadas. Todas las camadas, todos los hijos, para que nos entendamos…, todos los hijos eran sedentarios, todos, el único que había corrido era el padre del grupo, que había corrido el padre, los otros ni eso. Y entonces comparamos a los hijos. Y encontramos que los hijos de los corredores, aunque ellos eran sedentarios, tenían más neuronas, eran más listos, tenían más mitocondrias. Las mitocondrias son los orgánulos celulares que dan de comer a las células de todo el cuerpo, y también a las neuronas. Y, por supuesto, también tenían más facilitación sináptica. Tenían los mismos cambios genéticos, los mismos cambios epigenéticos, y todo igual. Eso lo publicamos el 2019, la verdad es que estamos muy contentos porque eso nos catapultó a hacer muchas otras cosas. Y en el año 2024 publicamos qué pasa con los nietos. Cogimos a esos hijos, que eran sedentarios, los pusimos a cruzar y obtuvimos unos nietos sedentarios, también. El único que había corrido era el abuelo. Eran más listos, también, pero ya no tenían más neuronas, ya habían perdido cosas. Si lo pensáis, lo mismo que se hereda el efecto del ejercicio, también se hereda el efecto del sedentarismo, entonces se va compensando. Estoy seguro de que si analizáramos los bisnietos, ya prácticamente no encontraríamos nada. O sea, es imposible que tú tengas efectos de tu tataratataratatarabuelo si todos los demás han tenido un estilo de vida completamente diferente. Y esto es porque no son tus genes, los genes de los animales en este caso, porque era el experimento, los que se han cambiado, los genes no cambian, afortunadamente. Si cambian es una mutación y se puede liar gorda. Lo que cambia es la epigenética, es decir, cuánto se expresan los genes.

54:55
José Luis Trejo. Tus neuronas siguen existiendo y tienen un soma, y tienen ramificaciones dendríticas, y tienen un axón, y tienen mielina, pero tienen menos. O sea, el gen está ahí, pero se le dice que se exprese menos, que fabrique menos proteína, porque está bajando la luz de la cabina en el sedentarismo. Pero si tú le dices, estos son, a los hechos me remito, por los resultados que obtenemos es evidente que el sistema ha evolucionado, después de millones de años, para que, de alguna manera, las crías reciban los beneficios asociados al ejercicio, sí piensan que el estilo de vida del padre va a seguir vigente en la vida del hijo. Entonces ya como que viene ya preparado para una vida más activa. Ya viene con más neuronas, ya viene con más facilitación sináptica, con más mitocondrias… ¿Que luego no hace más ejercicio? Entonces volvemos atrás, porque eso consume mucho. Y esa es la misma razón por la que se hereda el estrés. Porque a la naturaleza no le importa que seamos felices. Le importa que sobrevivamos. “Y si tus padres han tenido estrés, por algo será”, dice la naturaleza. Así que te vamos a dotar a ti de todas las maquinarias y mecanismos del estrés para que es probable que tú también vivas en un entorno igual de estresante, de hecho, casi seguro que va a ser el mismo que el de tu padre, por lo tanto, ya te doy la equipación completa. Dices: “¿Por qué la naturaleza ha evolucionado para que heredemos lo malo?” Es que para ella no es malo. Si tú sobrevives. La gente me pregunta: “Pero, ¿cuánto ejercicio hago yo?” Yo le digo: “Eso te lo tiene que decir un médico, un fisioterapeuta, un profesional de la actividad física y del deporte. Yo no”. Pero, como los médicos te dicen que vayas a hacer ejercicio y ya no dicen nada más… ¿Te imaginas que te mandaran unas pastillas y te dijeran: “Tómate estas pastillas”. No, hombre, pero ¿cuántas me tomo al día? ¿Y hasta cuándo? Entonces, por qué no le dices: “¿Cuándo hago ejercicio? ¿Cuánto ejercicio tengo que hacer? Entonces

58:59
José Luis Trejo. Y eso, que bueno, no es que sea muy divertida la anécdota, pero a mí me gustó mucho porque dije: “Caramba, esto, si no vienes aquí, en los libros no lo pone”. Y efectivamente empecé a preguntar en las consultas de traumatología, yo tengo mucho contacto con médicos por el trabajo, y, efectivamente, en las consultas de traumatología me dicen que aumenta estrepitosamente, en los últimos años, la cantidad de consultas de tobillos, rodillas y caderas. Y es mitad por no moverte, mitad por hacer un ejercicio que no le va a tu cuerpo. Es eso que yo me gusta decir siempre de que para hacer deporte, por supuesto, pero para hacer cierto tipo de ejercicio físico hay que estar muy en forma. De hecho, una de las cosas que hemos descubierto recientemente es que dentro de la variable del ejercicio que se practica, ya hace tiempo que no somos una campana de Gauss, las sociedades modernas, en donde tú tienes una media poblacional, que hace el ejercicio que haga, y luego tenemos gente muy sedentaria y tenemos gente que haga mucho ejercicio. Ya no somos así. Ahora somos un camello, tenemos dos jorobas, un montón de gente muy sedentaria, luego tenemos una cantidad de público que hace un ejercicio moderado normal, y luego tenemos un montón de gente, la otra joroba, que hace demasiado ejercicio. Entonces, esto cambia drásticamente dos cosas. La primera, la manera en que tenemos que investigar, porque eso quiere decir que yo ya no puedo coger para tener una muestra representativa de sujetos en los cuales investigar el efecto del ejercicio que ellos hacen en el cerebro al azar, sino que tengo que vigilar que estén bien representados los sedentarios, los del medio y, por supuesto, los que hacen demasiado ejercicio. Y la segunda cosa que cambia es el mensaje. Eso en sociología se llama segmentación del mensaje. Tienes que dar un mensaje específico de qué tienen que hacer los que son sedentarios y otro mensaje completamente diferente, que quede claro, que va dirigido a los que hacen demasiado ejercicio. Porque si no, si tú dices: “El ejercicio es maravilloso”, los que hacen mucho ejercicio se pasan. Y si dices: “El ejercicio es malo”, los sedentarios no se levantan del sofá ni aunque los maten. Entonces, hay que segmentar el mensaje y, sobre todo, hay que segmentar los grupos. Aprovecho para contaros un experimento en mi laboratorio, hecho muy recientemente, lo publicamos el año pasado y estamos muy orgullosos de él porque fue una pequeña revolución en el campo y, gracias a eso, lo pudimos publicar razonablemente bien. Cogimos un grupo de ratones sedentarios, otros hacían un ejercicio moderado y otros hacían demasiado ejercicio. ¿Qué es demasiado ejercicio en un ratón? Bueno, tú, hay mil cosas que puedes medir y así sabes si el ratón está haciendo demasiado ejercicio o demasiado poco. Concretamente lo que hacían era correr a la misma velocidad que los moderados, pero mucho tiempo, el equivalente a una maratón. Y había otro grupo, un cuarto grupo, que corría el mismo tiempo pero muy deprisa, lo equivalente a una carrera de velocidad.

01:02:18
José Luis Trejo. Y entonces, pues nada, primero analizamos qué pasaba con su cerebro y encontramos lo que esperábamos. El ejercicio moderado incrementaba el número de neuronas con respecto a los sedentarios, incrementaba la capacidad cognitiva de los ratones. Hay test que podemos hacer a los ratones para saber si son más listos o más tontos. Y entonces lo que encontramos es que eran más listos, dicho pronto y claro. Pero esos beneficios se perdían cuando habían corrido demasiado tiempo o demasiado deprisa. Bien. Esto es un hallazgo científico, está bien, fantástico, muy contentos, pero los científicos, generalmente los neurobiólogos, siempre queremos saber los mecanismos, queremos saber por qué pasa eso y así nos va, claro. Entonces, nosotros intentamos averiguar por qué, hay muchas investigaciones al respecto y nosotros nos fijamos en la microbiota y lo que encontramos es que la microbiota cambia, cuando digo cambia es porque unas bacterias suben, otras bajan, cuando te pones a hacer ejercicio moderado, y entonces hay un perfil específico de microbiota, eso lo hemos visto cuando ya teníamos todos los datos, se los metimos a la IA, a un programa de machine learning y la entrenamos a que reconociera los perfiles de microbiota y cuando terminó le ponías el perfil de microbiota de otro ratón nuevo y le decías: “Este es corredor, este ha corrido demasiado”. Esto quiere decir, el hallazgo consiste a este nivel en que solamente analizando la microbiota de alguien, yo puedo saber si hace ejercicio, si es sedentario, si corre demasiado, si tiene estrés, todo eso. Pero la cosa no acaba aquí. Evidentemente, nosotros lo que habíamos descubierto es que hacer ejercicio moderado, comparado con el otro, era muy bueno para los ratones. En paralelo, la microbiota había cambiado. Bueno, pues interesante hallazgo, pero a nosotros, como neurocientíficos, lo que nos interesa es saber si una cosa influye en la otra. Hicimos un trasplante de microbiota fecal. Cogimos la microbiota fecal de sedentarios, de corredores moderados y de corredores que habían hecho ejercicio muy intenso y se lo pusimos a sedentarios. El ratón sedentario que recibió el trasplante de microbiota fecal de sedentarios, pues no le pasó nada. Pero amigo, el sedentario que recibió la microbiota fecal de un corredor moderado hizo una cosa que los neurobiólogos nos gusta decir esta palabra, “fenocopió”, es decir, tenía más neuronas en el hipocampo, tenía más facilitación sináptica y tenía mayor capacidad cognitiva, porque había corrido el otro, porque él, solamente, había cogido el trasplante de microbiota fecal. Bueno, pues si eso os parece interesante, ¿qué pasó con el que recibió la microbiota fecal del que había corrido demasiado? Ni más neuronas, ni más listo, ni más facilitación sináptica. Es decir, que parte de los efectos del ejercicio beneficiosos para el cerebro se hacen porque cambian nuestra microbiota. Así que nada, muchísimas, muchísimas gracias. Muchísimas gracias por venir, a vosotros, a los organizadores y por plantear estas preguntas tan interesantes.

01:05:45
José Luis Trejo. Muchas gracias. Gracias.