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“El cerebro tras el parto es como una mudanza”

Susana Carmona

“El cerebro tras el parto es como una mudanza”

Susana Carmona

Doctora en Neurociencias


Creando oportunidades

Susana Carmona

Susana Carmona es investigadora y doctora en Neurociencias. Dirige el grupo de investigación Neuromaternal en el Hospital Gregorio Marañón, donde estudia cómo cambia el cerebro de la mujer durante el embarazo, el posparto y la maternidad.

Su trabajo busca traducir los hallazgos científicos a un lenguaje cercano y comprensible. En su libro "Neuromaternal", Carmona acerca al público lo que la investigación está descubriendo sobre las hormonas, la neuroplasticidad, el vínculo con el bebé y los cambios físicos, emocionales y cerebrales que acompañan al proceso de convertirse en madre.

Susana Carmona invita a repensar la maternidad más allá de los tópicos. Frente a la idea de deterioro o pérdida, propone entenderla como una etapa de transformación y aprendizaje. Como recuerda en esta conversación, “cuando nace un bebé, también nace una madre”.


Transcripción

00:00
Susana Carmona. Durante nueve meses de gestación, los niveles acumulados de estrógenos en el cuerpo y cerebro de la mamá equivalen a los que acumula una mujer no embarazada durante unos 61 años. Y a día de hoy se considera que el embarazo y el posparto es uno de los momentos de mayor plasticidad, de mayor cambio cerebral en la vida adulta. En realidad la maternidad es mucho más que cosas de madres. En realidad es estudiar la esencia de nuestra supervivencia como especie. Soy Susana Carmona, soy investigadora y doctora en neurociencias. Dirijo un grupo de investigación en el Gregorio Marañón, que se llama ‘Neuromaternal’. La verdad es que así da gusto, da gusto ver también a tantas mamás con tantos bebés aquí en el público. Y básicamente lo que hacemos es estudiar cómo cambia el cerebro de la mujer durante el embarazo y la maternidad. Además he escrito un libro que se llama, también, ‘Neuromaternal’ en el que básicamente lo que hacemos es traducir a un lenguaje sencillo, a un lenguaje de divulgación, lo que hemos ido encontrando estos años. Quien realmente me ha enseñado lo que es la maternidad es mi hija, que tiene 10 años, se llama Alexandra, porque es que hay saberes que realmente los tienes que vivir. Es decir, lo que más te enseña acerca de la maternidad no es ni leer libros, ni siquiera diseñar tus propios experimentos, es estar ahí en el terreno y ver cómo la maternidad te atraviesa en cada uno de los sistemas. Es decir, reflexionas acerca de quién eres, acerca de cómo son tus relaciones con tu pareja, con tu familia, con la sociedad. Y me hace gracia porque cuando me imaginaba yo cómo sería eso de ser madre, pues yo me imaginaba ciertos ajustes logísticos en el día a día, pero yo creía que sería más o menos la misma, y nada más lejos de la realidad. Hoy en día sabemos que los cambios que se producen durante el embarazo y el posparto son incluso más marcados, o al menos más rápidos, que los que sufrió nuestro cerebro durante la adolescencia. Y de hecho hay un proverbio muy bonito que dice que cuando nace un bebé también nace una madre.

02:20
Sheila. Felicitarte, Susana, por todos los estudios y por esa divulgación tan maravillosa que haces. Yo soy Sheila Guerrero, también soy investigadora, pero en el ámbito de la neurocomunicación. Y mi pregunta va ligada a las hormonas, porque sí es verdad que se sabe que hay un cambio hormonal cuando una mujer se queda embarazada. Y quería preguntarte un poco, a nivel científico, si nos puedes explicar esto y sobre todo personas que ya tengan a lo mejor alguna medicación hormonal, como puede ser para tiroides y, bueno, si nos puedes ampliar esto un poquito.

02:50
Susana Carmona. Genial. Vale, te diré, lo primero, que los estudios que estamos haciendo intentamos, pues, controlar par no incluir personas… O sea, primero tenemos que estudiar la normalidad y luego podremos ir poniendo más capas. Entonces, no te voy a poder responder acerca de los efectos de la tiroides, sé que cuando tienes hipotiroidismo o hipotiroidismo subclínico tienes que tomarte suplementos porque eso puede afectar al desarrollo del bebé, entonces cuanto antes te diagnostiquen, antes podrán administrarte ‘Eutirox’, que es el fármaco que yo me tomo y del cual me acuerdo perfectamente. ¿Qué sucede a nivel hormonal? Pues a nivel hormonal el embarazo es la tormenta, la gran tormenta. Es decir, primero está el pico de la coriónica esta, que es la que utilizamos para detectar si estamos embarazadas, que aumenta muchísimo, pero no es la única, es decir, tenemos aumentos de cortisol, cortisol que todo el mundo asocia como algo malo, pues en su justa medida y en su justo momento es, no sólo bueno, sino necesario, pues este cortisol aumenta y llega a multiplicarse por dos o incluso tres, tenemos aumentos de progesterona que se multiplican por varias decenas, alopregnanolona que estabiliza el sistema nervioso, nos da una sensación como de sedante y que, cuando cae en picado, algunas personas lo toleran bien, pero en otras se ha relacionado con depresión posparto. Luego tenemos los estrógenos, que se multiplican por cientos, si no miles. El otro día hicimos el cálculo, ahora que tenemos datos de cómo oscilan estos estrógenos con el ciclo menstrual y cómo oscilan durante la gestación, y lo que vimos es que, durante nueve meses de gestación, los niveles acumulados de estrógenos en el cuerpo y cerebro de la mamá equivalen a los que acumula una mujer no embarazada durante unos 61 años, que yo antes decía 35, con los datos que teníamos y ya me parecía una bestialidad, pues ahora con los nuevos datos en algunas mujeres llega a 61 años. Es verdad que algunos están inactivados, que hay diferentes formas de estrógenos, lo que tú quieras, pero son décadas, es decir, y estas hormonas pues hacen cosas en nuestro cuerpo y también en nuestro cerebro, sabemos que las hormonas son los principales inductores de neuroplasticidad, pueden hacer que, por ejemplo, las células cerebrales, no solo neuronas, sino la glía, esté más o menos conectada, haya más ramificaciones o más contactos entre unas u otras, o incluso pueden cambiar el número de células cerebrales, tanto de neuronas como de glía. Entonces, esto se sabe fuera del contexto de la maternidad. Ahora lo que estamos haciendo es estudiar este gran cambio hormonal dentro de la maternidad. Y te diré también que por desgracia hay muy poquitos estudios que evalúen esta relación tan estrecha que hay entre el sistema hormonal y el cerebro. Parece que sean cosas separadas, pero en realidad ese hipotálamo es el que conecta nuestro cerebro con lo que pasa en nuestro cuerpo y ahí es donde se unen estas hormonas, principalmente esas hormonas de la gestación, para producir cambios.

05:58
Susana Carmona. Entonces sabemos muy poquito, hay muchas investigadoras que nos estamos asociando ahora con diferentes iniciativas para investigar cómo estos grandes cambios hormonales pueden afectar al cerebro y, especialmente, de la mujer, porque sabemos que pasamos por estas grandes fluctuaciones durante el ciclo menstrual, que luego tenemos toda esta tormenta hormonal durante la maternidad y que luego tenemos esta caída durante la perimenopausia. Pero hay muy pocos estudios. Se hicieron los cálculos hace un par de años y de los 50.000 estudios de neuroimagen en los últimos 25 años, solo el 0,5% estaba destinado a analizar estos periodos de grandes fluctuaciones hormonales en la mujer. Y cuando digo 0,5 me refiero a que en ese 0,5 están los tratamientos anticonceptivos, el ciclo menstrual, la terapia de reemplazo hormonal durante la menopausia, el embarazo, el posparto, la perimenopausia y la menopausia. Todo esto solo es este trocito pequeñito, estas migajitas del pastel del 0,5%.

07:11
Carla. Hola Susana, mi nombre es Carla Montero, tuve el placer de participar en el estudio de ‘Neuromaternal’ cuando estaba embarazada de mi hija que va a cumplir cinco añitos. Desde ese momento noté muchos cambios en mí, más allá de lo físico. Quiero saber por qué.

07:27
Susana Carmona. Me acuerdo perfectamente de ti. Gracias por hacerme la pregunta. Me va a dar pie a explicar un poco lo que hemos descubierto. Y lo que hemos descubierto, básicamente, es que el embarazo es uno de los momentos de mayor plasticidad cerebral. ¿Cómo se define plasticidad? Pues neuroplasticidad es la capacidad del cerebro de adaptarse. Y esta capacidad del cerebro de adaptarse puede venir por aspectos biológicos, como las hormonas, o también por el ambiente, por cómo interactuamos con el ambiente. Entonces, todos tenemos ciertos niveles de plasticidad a lo largo de nuestra vida. Antes se pensaba que este momento estaba restringido a la infancia, durante los primeros años de vida, Y que básicamente el cerebro de un niño era como una especie de pieza de arcilla, la cual está súper húmeda y tú la puedes moldear con el ambiente. Después, a finales del siglo XX, la adolescencia entró en este estatus de evento o ventana crítica del neurodesarrollo y vimos que también, durante la adolescencia, aparte de todo el boom hormonal, también se producían grandes cambios cerebrales. Y ahora lo que hemos descubierto, y de eso hace apenas menos de una década, hace nueve años, es que la maternidad, el embarazo y el posparto son también una ventana crítica de desarrollo cerebral, de mucho cambio cerebral. Por ejemplo, hay una red que conocemos que se llama “red por defecto”, que está implicada en diferentes procesos, pues entre ellos es esa voz interna, que seguro que todos reconocéis, esa voz interna que nos narra quién somos, es también esa voz interna que nos permite inferir qué piensan los demás, si por ejemplo quiero saber si a Carla le estoy respondiendo a la pregunta que tenía, pues puedo mirar e intentar proyectar mi yo en ella y decir: “Vale, parece que sí, por cómo mueve la cabeza parece que sí”. Y también es esa voz que a veces nos distrae un poco del presente. Hay veces que la red por defecto empieza a hacernos divagar y no nos deja estar en el presente. Es decir, la necesitamos en su justa medida. Y lo que vemos es que durante el embarazo se produce una reducción en el volumen de esta red que tiene un punto de inflexión alrededor del parto y después incrementa ligeramente. Las reducciones no tienen por qué ser malas. Podemos verlo, por ejemplo, como si fuese una mudanza, es decir, nos vamos a mudar y hay muebles o cosas que consideramos secundarias que no vamos a utilizar, las eliminamos y en esta nueva casa, en esta nueva casa con esta nueva habitación, con este nuevo inquilino tan demandante, pues vamos a crear otras conexiones cerebrales. Es decir, hay una reducción seguida de ligeros incrementos. ¿Qué más sabemos? Pues sabemos que esta reducción o esta trayectoria de cambios de reducción con incrementos no es malo, no es algo malo, sino que las mamás que más muestran estos cambios dicen sentirse mejor y poder vincularse después mejor con los bebés. Y también sabemos que estos cambios están relacionados con las fluctuaciones hormonales, con toda la tormenta hormonal que ocurre durante la gestación.

10:36
Mujer 3. Hola, Susana. Enhorabuena y gracias por toda tu labor. Yo soy psicóloga, psicoterapeuta, trabajo con mamás y estoy especializada en adolescencia. Tú en el libro hablas de un término que es la matrescencia» y me gustaría que lo relacionaras un poquito con qué pasa en ese cerebro de las madres

11:00
Susana Carmona. súper interesante. ¿Cuántos de aquí habéis oído hablar de la matrescencia»? A ver

13:23
Pilar. Hola, ¿qué tal doctora Susana? Soy Pilar Aquino, de ‘Belleza Materna’. La sigo desde que estoy embarazada. Tengo un bebé de cinco meses y una niña de un año.

13:33
Susana Carmona. Me acuerdo. Muy seguidos. Mi pregunta es, ¿realmente una mujer vuelve a ser la misma de antes después de ser madre? Súper buena pregunta, que está también relacionada con cuánto duran estos cambios. O sea, la respuesta así corta te diría: “No, la misma no”. Es cierto que hay ciertos cambios cerebrales que revierten con el tiempo, igual que hay ciertos cambios físicos, y en el posparto hay ciertos cambios que revierten. También es cierto que esa recuperación no son 40 días, la típica cuarentena, sino que normalmente son alrededor del primer año, dos años. Y por otro lado sabemos, y cada vez hay más evidencia sólida sobre eso, que hay ciertos cambios cerebrales que no vuelven al estado basal. Por ejemplo, nosotros lo que hacemos es tomar imágenes del cerebro antes de la gestación, durante la gestación y después en el posparto. Y vemos cómo va cambiando ese cerebro. Y en algunos de los estudios hemos realizado sesiones a los dos años posparto o a los seis años posparto. Y lo que vemos es que ciertos cambios cerebrales, como por ejemplo los que afectan a la red por defecto, de las que os hablaba antes, no vuelven al estado basal. O sea, siguen estando presentes a los dos años posparto y siguen estando presentes a los seis años posparto. Pero es que además hay investigadoras que lo que han hecho es analizar, a lo mejor, decenas de miles de cerebros de mujeres y diferenciar o intentar comparar si aquellos cerebros de mujeres que han sido mamás son diferentes a los cerebros de mujeres que no han sido mamás. Y han visto que incluso en mujeres de 60, 70, 80 años, es decir, que hace mucho que fueron mamás, su cerebro es diferente al de las mujeres que no fueron mamás. Hay una frase también en la sabiduría popular, al final, ya nos dice todo lo que estamos descubriendo a nivel científico, que es: ‘Once a mother, always a mother’. Una vez eres madre, siempre eres madre. Entonces, a día de hoy, la evidencia que tenemos nos indica que, efectivamente, muchos de los cambios cerebrales no vuelven al nivel basal. Es curioso, ¿no? No le pedimos a una adolescente, a una mujer, que vuelva a ser niña. Entonces es muy curioso que a las mamás se nos pida o se nos exija, justo después de dar a luz, que volvamos a ser la de antes, lo antes posible, cuando si te lo planteas desde el punto de vista de la adolescencia y haces este paralelismo, no tiene ningún sentido.

16:03
Pilar. Tengo otra inquietud. En mujeres con patologías o enfermedades degenerativas como ELA, esclerosis múltiple, ¿existen, después de ser madres, cambios positivos o negativos a nivel cerebral?

16:22
Susana Carmona. Pues sí. También otro tema que está poco estudiado, al menos con este tipo de diseños de antes, durante y después de la gestación, Pero sí sabemos, a nivel clínico sobre todo, que los síntomas de esclerosis múltiple durante la gestación revierten. Y esto parece estar relacionado con toda la adaptación del sistema inmune. Fíjate lo que tiene que hacer el sistema inmune durante la gestación. Es decir, nuestro sistema inmune está diseñado para atacar o defendernos de cualquier ser genéticamente diferente a nosotros. Y en el momento de la gestación, no solo no ataca al bebé, sino que se pone a trabajar para él, en cierta manera. Entonces, toda esta modificación del sistema inmune, y aún falta averiguar exactamente los mecanismos por los cuales esto sucede, pero parece… No llores por favor.

17:13
Pilar. Perdón.

17:14
Susana Carmona. No pasa nada, si es que yo también como soy así de… Vale. O sea, toda esta adaptación del sistema inmune, por algún mecanismo que aún no está bien descrito, hace que las mujeres que sufren esclerosis múltiple durante la gestación mejoren. Y de hecho también hay estudios muy interesantes sobre cómo la gestación puede, en algunos casos, aumentar el riesgo de patología autoinmune o en otros disminuirla. Y parece ser que puede ser una de las causas, en esta historia de gestación, una de las causas por las cuales las mujeres pueden tener mayor patología autoinmune después en la vida adulta. Es decir, una relación que no es lineal y directa, sino que tiene muchas interacciones. ¿Habéis oído hablar de los microquimerismos? ¿No? ¿Microquimerismos fetomaternales? Es de ciencia ficción. O sea, se cree que durante la gestación, en el momento en el que se va a implantar el bebé, sobre todo, este sistema inmune tiene que reaccionar primero produciendo una reacción inflamatoria local, después antiinflamatoria, es decir, toda una serie de ajustes que no suceden en otros momentos. Y parte de este ajuste del sistema inmune es gracias a que ciertas células o segmentos de ADN del bebé viajan por el torrente sanguíneo y ayudan a que la madre, o el sistema inmune de la madre pues no ataque al bebé sino todo lo contrario, ayude a que se desarrolle. Pues antes se pensaba, de hecho esto es lo que se hace por ejemplo cuando os hacen un test y os extraen sangre para saber el riesgo de algún síndrome en el bebé, pues lo hacen gracias a estos segmentos de ADN que están por el cuerpo de la madre. Es decir, la placenta es un filtro, pero no de todo, hay trozos que pasan. Entonces, antes se pensaba que en el momento de la gestación estos segmentos de ADN desaparecían con el tiempo. Pero estudios post-mortem, o estudios tanto en animales como en humanos, han visto que parecen quedarse de por vida. Son células o segmentos de ADN con el bebé que se integran en diferentes tejidos. Se integran, por ejemplo, en tejido de cesárea, en las mamas o incluso, y ahí no me preguntéis cómo pasan porque todavía no se ha descubierto, en el cerebro de la mamá. ¿Qué quiere decir eso? Pues que, en cierta manera, las mamás siempre llevamos un poquito de ADN de nuestros hijos, mitad de la pareja, no lo olvidemos. Y para mí, la verdad es que cuando descubrí esto, al principio me parecía ciencia ficción. Pedimos un proyecto para poder saber hasta qué punto esto era observable. Es verdad que son menos frecuentes de lo que parece decirnos la literatura, sobre todo de divulgación, y que no se produce en todas las mamás, o al menos no lo hemos visto en todas las mamás, pero en algunas sí. Y se cree que estos microquimerismos son los que hacen que, o podrían estar relacionados con el hecho de que las mujeres tengan mayor patología autoinmune después en la vida adulta.

20:15
Susana Carmona. Para algunas cosas es protector, pero para otras puede ser un factor de riesgo. Y a mí esto de los microquimerismos me hace reconceptualizar mucho esta frase típica de una mamá: “Te llevo siempre en el corazón”, pues si llevas células con tu ADN en el corazón, en el tejido mamario, en la cicatriz de cesárea o incluso en el cerebro.

20:45
Jose Antonio. Hola Su, estoy muy contento de verte ahí. Sé las horas que pasas en el laboratorio y todo el esfuerzo que hay detrás de ‘Neuromaternal’. Sé que la mayoría de las cosas que estudiamos son acerca de la maternidad, pero también sé que al principio hubo estudios de paternidad y que incluso en otros laboratorios se estudia también a fondo. ¿Me podrías contar un poco sobre ello?

21:04
Susana Carmona. Sí. Bueno, José Antonio trabaja con nosotros en el laboratorio. Estudios sobre paternidad. Pues sí, también hemos realizado algunos estudios acerca de cómo cambia el cerebro de los papás. En un primer estudio, el primer estudio que realizamos fue en 2017, entonces comparábamos antes de que se quedasen embarazadas con después del embarazo, a los dos o tres meses posparto, y teníamos diferentes grupos control. En ciencia ponemos grupos que, si queremos, por ejemplo, diferenciar qué parte está relacionada con la gestación y qué parte está relacionada con la crianza, pues los papás nos parecían un grupo ideal. Y lo que vimos es que los cambios que teníamos en las mamás eran tan, tan, tan, tan enormes, porque realmente son enormes, que utilizamos un umbral estadístico muy restrictivo. Entonces, con este umbral estadístico, este corte de decir: “Pues solo hasta este nivel me lo creo”, solo veíamos cambios en las mamás. Pero cuando mirábamos los datos sin tanto corte estadístico, veíamos que a lo mejor las mamás estaban aquí, los controles aquí y los papás estaban un poquito por en medio, ¿no? Algunos cambiaban y otros no. Y después con los años hemos ido realizando más estudios. ¿Qué sabemos a día de hoy? Pues que sí, en los papás hay cambios hormonales, hay cambios cerebrales y obviamente hay cambios conductuales, solo que en lugar de ir desde la biología a la conducta, es casi en la dirección opuesta. Sabemos que la neuroplasticidad puede ser producida por cambios hormonales pero también que lo que sucede en nuestro alrededor, el ambiente puede modular nuestra biología. Y en papás ese es el mecanismo, es la interacción con el bebé, el tiempo con el bebé, duchándolo, cambiándolo, cometiendo errores porque todos cuando vamos a cuidar a alguien podemos cometer errores y es el bebé el que nos informa si lo estamos haciendo bien o mal, pero si seguimos ahí, seguimos insistiendo, pues esa interacción con el bebé va a cambiar también nuestro cerebro, nuestras hormonas y obviamente también nuestra conducta. De hecho hay una frase que me gusta mucho que es: “Cuidamos porque queremos, pero queremos también porque cuidamos”. Cuanto más tiempo estás con el bebé también te va a enseñar mejor qué necesita para cuidarle. Hay investigadores como por ejemplo Lee Glettler, de la Universidad de Notre Dame en Estados Unidos, que ha encontrado que durante la crianza a los papás les disminuyen los niveles de testosterona y eso no es malo, es simplemente una adaptación de la fisiología a lo que el ambiente está pidiendo de ti en ese momento. Otras investigadoras como Darby Saxbe, que por cierto ha sacado un libro que saldrá en breve en España que se llama ‘El cerebro del padre’, que observa también cómo con la paternidad aumentan los niveles de oxitocina disminuyen los de testosterona y se producen ciertos cambios que facilitan la conducta paternal en este caso. Sabemos que la ruta es diferente, es decir, cuando yo miro cómo cambia el cerebro de una mamá y cómo cambia el cerebro de un papá o de una mamá adoptiva, es decir, alguien que no pasa por la gestación, pues sí hay diferencias. Es decir, durante el embarazo se producen cambios en todo nuestro cuerpo y en nuestro cerebro, que nos preparan, en cierta manera, a responder de cierta forma.

24:23
Susana Carmona. Eso no quiere decir que si no pasas por un embarazo no seas capaz de cuidar, no seas capaz de vincularte con el bebé, simplemente te está diciendo que llega por diferentes rutas. A mí me gusta verlo, por ejemplo, imaginaos que el circuito maternal es una especie de motor y que tienes que encenderlo, tienes que encender ese fuego. Obviamente puedes encender el fuego de forma normal y se encenderá y llegará donde tiene que llegar, pero las hormonas de la gestación son como una especie de acelerador que le tiras al fuego para que la llama se avive rápidamente y el circuito se ponga en marcha rápidamente.

25:08
Adriana. Hola, doctora Susana, soy Adriana González, soy médico y bajo este rol comprendo los cambios que se pueden presentar a nivel cerebral en una madre que pasa por la gestación, pero, ¿qué pasa entonces en las madres adoptivas? Porque no pasan por la gestación pero, ¿se presentan este tipo de cambios?

25:26
Susana Carmona. Claro, mira, estamos estudiando ahora a mamás adoptivas. Entonces yo creo que me alegra que me hagas la pregunta y así también me permite un poco volver a lo que estaba diciendo antes con papás, porque son mecanismos parecidos. Es decir, lo que es muy importante es que diferenciemos los cambios cerebrales de la conducta maternal, sea como definimos nosotros en humanos conducta maternal, pero que diferenciemos muy bien lo que sucede a nivel cerebral de lo que sucede a nivel conductual. No hace falta una imagen cerebral para saber que las mamás adoptivas, los papás, los abuelos pueden ser fantásticos cuidadores. Es decir, que te cambie el cerebro, pues hay ciertas partes de los cambios que parecen facilitar, pero en ningún caso lo determina. Es decir, que cambie el cerebro no es una condición ni necesaria ni suficiente para cuidar. Y eso quiero que quede muy claro. Entonces, ¿qué sabemos? Pues que una vez se ha pasado el periodo del embarazo y del posparto temprano, El nivel de activación cerebral cuando estás interactuando con un bebé de una mamá adoptiva o de un papá, pues es muy parecido. Lo que sucede es que con el embarazo se producen muchísimos más cambios, algunos directamente relacionados con el cuidado, otros que a lo mejor no están directamente relacionados, que hacen que a nivel cerebral no tenga parangón. Es decir, lo que sucede durante la gestación y el posparto en una mamá que está gestando, para lo bueno y para lo malo, porque un cerebro plástico es también un cerebro muy vulnerable, no tiene nada que ver con lo que pasa en una madre no gestante, en un papá o en una mamá adoptiva. Y repito, esto es a nivel cerebral. Hay otra capa que es la conductual y en la conductual sabemos que tanto las mamás adoptivas como los papás como otros cuidadores pueden ser fantásticos cuidadores, solo que la ruta y los tiempos pueden ser ligeramente diferentes. Y como sabemos muy poquito de lo que sucede en humanos, podemos recurrir a los más de 70 años de modelos animales, la conducta maternal se ha estudiado mucho en roedores, y ahí es alucinante, porque ahí ves a un animal que pasa, si no pasan por un embarazo, los roedores evitan a las crías o incluso las atacan. De repente se quedan embarazadas, tienen las crías y las crías son lo más relevante para la madre. Entonces sabemos, por ejemplo, que durante la gestación las hormonas del embarazo entran en el cerebro de ese animalito y hacen que las crías sean el estímulo más relevante, pero también en papás, o en machos, perdón, en este caso, o en hembras que no han pasado por un embarazo, si las expones poco a poco a las crías, ellas, esta exposición a las crías, va a hacer que ciertas partes de su cerebro se vayan modificando, que ciertos niveles hormonales también se vayan modificando y que vayan aprendiendo, incluso en animales, la conducta paternal o maternal se aprende y se aprende por ensayo-error. Lo que hace la gestación, en cierta manera, es acelerar este aprendizaje y, sobre todo, esta motivación por estar en contacto con las crías.

28:43
Carolina. Hola, Susana, soy Carolina, madre de dos adolescentes, que cuando eran muy pequeñitos, cuando ellos tenían tres años el mayor y ocho meses el menor, sufrimos la pérdida del padre. Mi marido fallece de un día para otro. Y siempre me he preguntado, en esto de que el vínculo en la edad temprana afecta y les marca, ¿cuánto el dolor propio de la madre, el duelo, se lo transmito, les afecte? O incluso en la lactancia, que he escuchado que a veces se dice que también la emoción de la madre va transmitida en el momento de la lactancia. Entonces, ¿qué piensas de eso?

29:22
Susana Carmona. Seguramente lo hiciste lo mejor que pudiste en ese momento y que, además, me da la sensación de que pusiste muchísimo empeño en que ellos estuviesen bien. Es decir, que pudiste controlar en la medida de lo posible. Obviamente, perder a la pareja debe ser durísimo. ¿Recuerdas que antes decíamos que, durante los primeros años, el cerebro es especialmente plástico y vulnerable? Pues, obviamente, lo que nos pasa en la primera infancia pues tiene un peso. Tiene un peso, esto no lo podemos negar. Pero en ciencia siempre estamos hablando de factores de riesgo y factores protectores, entonces esto es una balanza, cosas malas o mecanismos que nos permiten afrontarlo y cosas buenas. E incluso te diré más, cuando esta balanza se decanta por lo malo, es decir, hay más factores de riesgo que factores protectores, y cuando en ciencia decimos que hemos encontrado que esto es un efecto significativo, es decir, que tiene peso, estamos hablando de probabilidades y predicciones, en ningún momento de certezas. Es decir, la historia, los primeros años de vida marcan, pero no determinan. A mí me gusta verlo como un idioma. Aprendemos a relacionarnos, aprendemos a vincularnos con nuestros padres en el mismo momento en el que aprendemos también otro idioma. Un idioma, por ejemplo, el lenguaje materno. Y eso nos sale como por defecto, porque es la lengua en la que hemos aprendido. Pero obviamente, a lo largo de la vida podemos aprender más idiomas, podemos hablar diferentes idiomas con otras personas, podemos tener recursos de otras personas que nos ayuden a afrontarlo y, sobre todo, tenemos que recordar que hay momentos en los que vamos a volver a tener un cerebro extremadamente plástico y que a lo largo de la vida vamos a poder seguir aprendiendo. Dicho esto, me da muchísima rabia que al final se ponga todo el peso en las mamás, porque una mamá con sus bebés no está aislada en una burbuja, es decir, tú vives en un contexto económico, sociocultural determinado y yo creo que el problema, o al menos cuando estas cosas pasan, no podemos culpabilizar a las madres ni tampoco nosotras sentirnos culpables. Es decir, necesitamos unas instituciones que nos apoyen cuando suceden todo este tipo de cosas. Entonces, te diría que tomases un poco con pinzas, es como el tipo de parto. Pues el tipo de parto hace que la balanza vaya un poquito aquí, pero en ningún momento te está diciendo que esto es una certeza y va a pasar. Tú puedes poner más peso en la otra balanza para intentar equilibrarlo. Las circunstancias han sido las que han sido. Seguramente en algún momento la balanza se fue hacia aquí, pero por lo que me estás diciendo, y simplemente por el hecho de estar aquí, me da la sensación de que has puesto muchísimo peso en el otro lado. Entonces de ahí quítate culpa y a lo mejor el efecto de la lactancia puede ser así, pero el efecto de que tú hables con tus hijos o les des apoyo es así de grande.

32:31
Susana Carmona. Entonces, no te culpabilices ni te preocupes en exceso por eso.

32:39
Elisa. Hola, Susana, mi nombre es Elisa, soy psicóloga también y mamá de una niña de tres meses y mi pregunta es sobre la culpa, porque por un lado siempre tengo la sensación de querer estar con ella, exprimirla, disfrutarla, pero a la par tengo la sensación de echar de menos también mis cosas, mi tiempo, mis aficiones, y bueno, la pregunta es un poco sobre la culpa, ¿no? ¿Qué nos puedes contar sobre eso?

32:58
Susana Carmona. Uy, la culpa, qué difícil es la culpa, ¿eh? La culpa de las mujeres, en general, y la culpa de la maternidad porque es esa sensación de quiero hacerlo lo mejor que pueda, porque esta es una misión muy importante. Creo que hay varios motivos acerca de esta sensación de culpabilidad, y creo que uno de ellos, solo uno de ellos, es que la culpa es una especie de truco también que nos hace el cerebro. Es decir, al final nuestro cerebro lo que quiere es predecir. Entonces, hacernos sentir culpable nos da cierta sensación de control, de que podemos controlar algo y a veces no se puede controlar. Pero como el cerebro quiere predecir lo mejor posible, tenemos esta sensación de que si hacemos algo podremos predecirlo mejor en el futuro. Muchas veces sí, ¿no? Nos sentimos culpables y eso nos hace estar más atentos a las señales del bebé o a cualquier otra cosa y realmente mejoramos este sistema predictivo que es el cerebro, pero muchas otras veces hay cosas que son completamente incontrolables y que la culpa es un mecanismo que hay veces que hay que acallarlo, hay veces que hay que darle un micrófono para que nos guíe, pero otras veces hay que relajarlo. Es un poco también en relación a lo que comentaba la compañera. Esa culpa en su momento puede tener una función y una utilidad y hay otros momentos en los que es esa voz interna que nos está distrayendo del presente y que no nos está facilitando el futuro. Dicho esto, cuando has hablado de eso, que quieres estar con tus hijos, pero a la vez te sientes culpable cuando no estás, creo que me va a dar pie a hablarte de un circuito súper interesante y de una anécdota súper interesante, súper divertida, Tengo una estudiante de doctorado que se llama María Paternina, un día salía con ella del trabajo y me estaba comentando que su hija tendría a lo mejor un añito o así, y le pregunté qué tal estaba y me dijo: “Bien, pero me paso muchísimas horas sola con ella y al final realmente estoy deseando que se duerma”. Algo que también yo creo que todas las mamás sabemos lo maravilloso que es tener a los bebés dormidos. Bueno, pues eso, me decía: “Me paso muchas horas con ella, pero estoy deseando que se vaya a dormir porque estoy agotadísima. Y lo curioso es que cuando se va a dormir, de repente saco el teléfono y me pongo a ver fotos y vídeos suyos”. Es esta sensación de: “No puedo, estoy cansada, estoy agotada o ya no estoy disfrutando de esta interacción, pero cuando no la tengo la necesito. Y en ese momento de la conversación

36:44
Susana Carmona. A lo mejor no habéis oído hablar del circuito mesolímbico dopaminérgico, pero seguro que de la dopamina sí, ¿no? Esta famosa dopamina. ¿Qué hace la dopamina?

36:52
Público. – Que se siente feliz. – Te da felicidad.

36:55
Susana Carmona. Este es el truco. Casi todo el mundo piensa que la dopamina es la hormona de la felicidad y que te hace felicidad, pero no. Es la hormona del deseo, de la motivación. Es decir, hay ciertas partes del circuito que están relacionadas con el placer, pero en realidad gran parte del circuito y sobre todo el que se activa en las madres es el circuito del que llamamos ‘wanting’, deseo, motivación, es decir, es el que te empuja y te hace reorientar todas tus capacidades mentales o incluso las acciones para estar en contacto con el bebé. A veces disfrutas de ese contacto y a veces no, a veces estás harta, pero sigues teniendo esta motivación por exponerte, por interactuar con él y es después esta motivación la que te va a enseñar a maternar por ensayo-error, como todo lo que se aprende en esta vida que es por ensayo-error. Entonces sabemos que en modelos animales las hormonas de la gestación, los estrógenos, la progesterona, la oxitocina, se unen a una parte del cerebro que se llama hipotálamo y a partir de ahí pasan dos cosas. Una es que se inhibe el circuito del rechazo, que es el que hacía que a los animales todos los estímulos procedentes de las crías les resultasen más o menos desagradables y en paralelo se activa este circuito mesolímbico dopaminérgico que es el mismo circuito que se activa en personas con adicciones. Una persona con una adicción no siempre disfruta cuando consume pero tiene la necesidad, el deseo, la motivación o el empuje para seguir estando o buscando esa droga. Con muchas comillas podemos decir que el bebé es esa droga, sobre todo, en los primeros meses posparto que hace que incluso cuando estemos cansadas o no disfrutemos haya un empuje, un malestar interno que nos obligue, en cierta manera, o nos motive a estar en contacto con el bebé.

38:45
Gabriela. ¿Qué tal, Susana? Mi nombre es Gabriela. Siempre me he habituado a la parte infantil, inclusive los trabajos de activismo voluntario iba involucrado hacia el área infantil porque siempre he sentido esa afinidad. Hace unos años tuve la pérdida de mi bebé, pero con todo y ello, esa afinidad que yo llamo, o muchos conocemos como instinto maternal, nunca se fue. Entonces, yo quiero saber si realmente existe ese instinto, o solo lo podemos catalogar como un mito.

39:24
Susana Carmona. ¿Qué es para ti el instinto maternal? Porque lo que he visto es que cada persona define ligeramente el instinto maternal de forma diferente. Es decir, hay personas que creen que el instinto maternal es el deseo de toda mujer en convertirse en madre, hay personas que creen que el instinto maternal es que de repente te quedas embarazada, tienes al bebé y ya sabes exactamente si llora por hambre, por sueño o porque tiene un cólico. Y hay otras personas que creen que el instinto maternal es este impulso, este impulso de estar en contacto con el bebé e intentar hacer todo lo posible para optimizar su supervivencia y su bienestar. Yo con las dos primeras creo que hay mucho constructo social. Pero sí creo que la neurociencia aporta cierta base, cierta base sólida sobre la existencia de este impulso. Le podemos llamar impulso, que parece ser que la gente acepta más lo de impulso maternal que instinto, pero te digo que básicamente es por las repercusiones, porque que tú digas que existe o no el instinto maternal, al final hay gente que coge eso y dice: “Vale, pues entonces es la madre la que tiene que cuidar”. O entonces, si tú no sabes si el bebé llora o no llora por hambre o por sed, es que no tienes instinto, por tanto no eres buena madre. Entonces, con todo eso sí que creo que no tiene nada de cierto, simplemente un mito y lo que nos han hecho creer. Pero el impulso por estar en contacto con el bebé y por intentar hacer todo lo posible para que esté bien, ese sí existe. Sí existe en animales, sobre todo está súper bien documentado, de hecho pueden llegar al punto de neuronas específicas, ya no de regiones cerebrales, sino de neuronas que expresan el neuropéptido galanina y pueden, incluso, encenderlas o apagarlas y ver cómo el animal quiere estar en contacto con las crías o ignora y evita las crías, como si fuese un interruptor. O sea, a nivel de animales, de roedores sobre todo, eso está claro. ¿Qué ocurre en humanos? Pues que los humanos somos infinitamente más complejos. Tenemos estructuras prefrontales que son capaces de regular nuestros instintos, son capaces de hacernos pasar por una huelga de hambre, es decir, tenemos hambre pero podemos controlar esa sensación, esa respuesta tan esencial que es alimentarnos, la podemos controlar con otras partes de nuestro cerebro. Dicho esto, creo que la respuesta de si existe o no el instinto no es algo que se pueda o se deba responder únicamente desde la neurociencia. Creo que debe ser un diálogo abierto entre diferentes disciplinas como la antropología, la biología, la sociología y sobre todo las mamás, escuchar a las mamás. Hay veces que las mamás dicen que no hay instinto, pero porque a lo mejor vienen de una depresión posparto, porque a lo mejor han tenido un parto horroroso que les dificulta el establecer ese vínculo. Entonces hay que diferenciar todas las cosas, no podemos juntar todo en algo que tiene demasiadas aristas como para poder abordarlo, entenderlo, estudiarlo y tratarlo. No podemos ponerlo todo en el mismo bloque de: “¿Existe el instinto?” “Sí”, “no”, entonces hay que hacer esto.

42:29
Irene. Hola, Susana, mi nombre es Irene y yo he sido madre ya hace años, pero siempre me preocupaba mucho una cosa cuando estaba en mi primer embarazo, que olvidaba cosas, olvidaba cosas de casa, de una cita que tuviese, eso. Y hasta en sueños, bueno, algunos sueños los tenía que olvidaba mi hija, entonces sufría muchísimo, despertaba e iba a verla y todo. O sea, eso, en ese tiempo tampoco había tanta información y eso, y bueno, pues eso, todavía a veces tengo sueños, entre comillas, pesadillas con eso.

43:06
Susana Carmona. Te entiendo. Este es un ejemplo también de cómo cogemos olvido y lo ponemos en el mismo saco, olvidar a tu hija que olvidar cosas, cuando los mecanismos son casi opuestos. Me recuerda mucho a cuando yo hay veces que sueño que estoy en la carrera, todavía, y que se me ha olvidado estudiar para un examen. Esos sueños en realidad lo que te están diciendo es que es muy importante para ti algo. Entonces, que sueñes que te olvides a tu hija, no lo tomes como un olvido de me voy a olvidar a mi hija, sino más bien el miedo de que no pase. ¿Qué hay de cierto acerca de estos supuestos déficits cognitivos que tienen las madres? Y que tienen hasta un nombre que es ‘mommy brain’. Que todas, seguramente todas hemos oído hablar y creemos que cuando te conviertes en madre hay unas tarjetitas incluso famosas que dicen: “Intercambié mis neuronas por hijos”. Este es el nivel de interiorización en nuestra sociedad de qué pasa cuando te conviertes en madre. Y creo que esto nos hace más mal que bien porque incluso estaba hablando antes con la maquilladora y me decía que hay veces que cuando te van a contratar te preguntan: “¿Pero quieres ser madre?” Y ya no es solo por el hecho de la baja, sino porque se atribuye o se cree que las madres vamos a tener peor funcionamiento cognitivo cuando para nada es algo que esté sustentado a nivel científico, sino más bien lo contrario. ¿Qué hay de cierto en esto? Pues sí, hay ciertas tareas de memoria estándar que durante el tercer trimestre y el primer año posparto las mamás puntúan peor. Estas son tareas en las que el investigador le dice: “Te voy a decir una lista de ocho palabras”, que yo creo que Carla se acordará perfectamente porque las ha pasado. Te dice una lista de ocho palabras y tú tienes que repetirlas. Y luego haces otra cosa y te las vuelven a preguntar. Una lista de palabras, de cuántas palabras te acuerdas de las que te ha dicho el investigador. Pues bien, estos estudios demuestran que, efectivamente, durante el tercer trimestre y el primer año posparto, uno o dos años, depende del estudio, las mamás puntúan menos en estas escalas. ¿Cómo hay que interpretar esto? Pues teniendo en cuenta los diferentes posibles factores causales. El primer factor causal es el biológico, que es, como decíamos, gestar y luego, sobre todo si hay lactancia, el posparto, son metabólicamente muy demandantes a nivel de correr una maratón. Luego tenemos el factor de sueño, cómo de cansadas estamos. El psicológico, que es el más interesante, es que este circuito mesolímbico dopaminérgico que hacía que las crías fuesen muy relevantes, hace que cierta parte de nuestro cerebro esté, constantemente, monitorizando qué necesita ese bebé, sobre todo en los primeros meses posparto. Hay una amiga que dice que tener un bebé es como tener algo en el fuego siempre, hay una parte de tu cerebro que tiene que estar ahí pendiente, tú puedes seguir funcionando, entonces no quiere decir que tu funcionamiento sea peor, sino que si estos son tus recursos cognitivos, el bebé se está comiendo la mitad, está ahí en el fondo, ese software que está en el fondo ahí cogiendo recursos y tú tienes que seguir funcionando con el resto de recursos.

46:22
Susana Carmona. Y de hecho cuando hacen estudios en los que en lugar de tomillo, romero, en la lista de palabras estas estándar, que son las típicas, te sueltan otra lista de palabras que tienen que ver con el embarazo, el posparto o los cuidados, las mamás puntúan mejor. Esto no está diciendo que no es tanto un déficit, sino como una recolocación o una priorización de ciertos tipos de estímulos que en aquel momento o en este momento que estamos viviendo consideramos más relevantes. No me importa tanto acordarme de tu lista de palabras porque tengo que acordarme si le he dado el pecho izquierdo o el derecho y cuándo le tocan las vacunas, en ese momento. Y sobre todo, en la que tenemos que empezar a trabajar todos como sociedad es en la esfera social, porque ya no es tanto el sesgo de confirmación, de decir: “Me he olvidado algo, esto es ‘mommy brain’, porque las mamás tenemos menos recursos, porque el bebé nos ha hecho intercambiar neuronas por bebés”. Es decir, tenemos que pensar que a largo plazo el hecho de tener nuestro cerebro en estos estados de crianza, de intentar planificar, de intentar regular emociones, todo esto que lo damos por hecho y que parece que no lo estemos valorando es como hacer un máster en humanidad, en recursos humanos. Y esto nos vale para hacer un directivo de empresa, es como hacer un máster esencial sobre cómo relacionarnos con otros humanos, cómo tolerar la frustración, cómo intentar regular nuestras propias emociones para poder regular las de los demás. Y esto es algo que en la maternidad se ve muchísimo y es algo súper útil para el resto de las esferas de nuestra vida, incluyendo la esfera laboral. Hay estudios, por ejemplo, de Ruth Feldman que hablan de la sincronización. Y esa sincronización empieza a formarse en la díada mamá-bebé. ¿Qué es lo que ven? Pues que cuando una mamá interactúa con el bebé, la frecuencia cardíaca se sincroniza, los niveles de ciertas hormonas se sincronizan, nuestras capacidades de regulación emocional se sincronizan y esto es tremendamente útil. Muchas veces pensaba: “Vale, estamos estudiando qué pasa a nivel cerebral pero, ¿cómo se puede traducir esto a la práctica?” Y recuerdo, hace a lo mejor cuatro años, era final de la pandemia, recuerdo por ejemplo un día que mi pareja, Otto, tenía que quedarse con Alex, con mi hija. Y yo tenía ya agendadas un montón de reuniones por la tarde. Y ese día era él quien tenía que duchar a Alex y prepararle la cena, pero a última hora me llamó diciendo, no sé si era un atasco, no me acuerdo qué era. Lo que me acuerdo perfectamente es que estaba intentando bañar a mi hija y tenía que prepararle la cena, hacerlo todo rápido y yo estaba constantemente pensando en que tenía que hacer otras cosas y que esto me estaba poniendo muy nerviosa. Y era como una retroalimentación. De repente yo estaba muy nerviosa, ella estaba muy nerviosa, ¿qué quieres cenar? Esto no me gusta y llorando, tendría a lo mejor cuatro o cinco añitos, pobrecita. Y cuanto más nerviosa estaba yo, más nerviosa estaba ella. Y en algún momento, por alguna lucidez que tuve, dije: “A ver si va a ser esto el contagio emocional y la sincronización”.

49:42
Susana Carmona. En ese momento, me acordé de esos estudios, dije: “Venga, me voy a calmar”. Le dije: “Cariño, mamá te quiere mucho, vamos a intentar ducharnos y luego vamos a ver qué hacemos para la cena”. Pero con toda la paz que me salía en aquel momento. Y fue de verdad, o sea, realmente esto funciona, es decir, hay un contagio de frecuencia cardíaca, de niveles de cortisol y de ping-pong, es una especie de ping-pong en el que vas escalando. Entonces, cuando eso sucede, hay que bajar, porque tú eres el adulto el que puede bajar, y una vez estés abajo, entonces intentas comunicarte.

50:23
Elisa. Hola, Susana, bueno, muchas gracias por toda la investigación que haces, es súper interesante. Yo soy Elisa, soy psicóloga, también, pero me dedico a la investigación, estoy haciendo el último año de doctorado y mi doctorado es acerca de la eficacia de intervenciones clínicas para la depresión posparto. Entonces, como nosotros nos quedamos en el plano clínico, a mí me gustaría preguntarte qué ocurre en el cerebro de las madres con depresión posparto y un poco en relación con esto, si sabemos si hay cambios a nivel cerebral después de pasar por una intervención clínica.

50:55
Susana Carmona. Hay un punto importante, que es que no sé si todo el mundo sabe lo frecuente que es la depresión posparto. Pero una depresión posparto, según, depende un poquito del estudio, pero estamos hablando de que una de cada cinco o una de cada seis mujeres puede sufrir depresión posparto. Eso es muchísimo. Y tenemos varios problemas con esto. El primero es que, como tenemos esta idea edulcorada de la maternidad, que todo tiene que ser maravilloso, al final hay estudios, creo que esto era Cox y colaboradores, un investigador de California del Norte, que hizo un estudio acerca de la cascada de acontecimientos que hacen que una mamá consulte o no. Y al final observó que solo alrededor del 15% de las mamás acaba consultando, acaba yendo a pedir ayuda. ¿Qué sabemos de la depresión posparto a día de hoy? Pues por desgracia todavía poquito. Sabemos que los cambios hormonales durante la gestación son enormes, que al final hay ciertas moléculas o ciertas hormonas como, por ejemplo, la alopregnanolona que son estabilizadores o ciertos sedantes del sistema nervioso y que cuando se expulsa la placenta pues estos niveles caen y hay mujeres que lo toleran mejor que otras y esta caída puede producir o se ha relacionado con síntomas de depresión. Sabemos también que el estado inflamatorio en el que está una mujer también nos puede indicar el riesgo de depresión después. Sabemos que aunque hablamos de depresión posparto es más adecuado hablar de depresión perinatal porque muchas depresiones empiezan durante la gestación. Sí hay ciertos cambios, ciertas estructuras cerebrales que se han relacionado con depresión posparto. Ahora lo que queremos es no una estructura cerebral, sino un cambio en la estructura cerebral y esto es uno de los objetivos que tenemos en ‘Neuromaternal’. Pero claro, estoy hablando solo de la parte biológica. Sabemos también que la falta de sueño nos estristece a todos, pero en el periodo del posparto, cuando realmente tienes una deprivación de sueño, pues esto es otro factor de riesgo para tener síntomas de depresión. La historia previa de depresión es otro factor de riesgo muy importante o lo que llamamos cierta sensibilidad hormonal, hay personas, mujeres que tienen sensibilidad a fluctuaciones hormonales, que tienen mucho síndrome premenstrual, que tienen, también, mucho más riesgo de tener ciertas alteraciones hormonales durante el embarazo y el posparto y también durante la perimenopausia o menopausia, que es esta otra etapa. Como os decía, estamos hablando de parte biológica, pero hay una parte social que también es determinante y que muchas veces no le dedicamos los recursos mentales que considero deberíamos dedicarle. Sabemos que el aislamiento social o la falta de apoyo de la pareja también es un factor de riesgo para la depresión posparto. Sabemos que influye en las bajas de paternidad, sabemos que influye incluso la arquitectura o la infraestructura de las ciudades.

54:02
Susana Carmona. Que tengas un parque en el que puedas estar con otras mamás o puedas relacionarte en cierta manera. Es decir, hay muchos aspectos sociales que también son importantes, no únicamente la biología. Creo que lo esencial ahora, para al menos la forma en la que yo veo cómo podemos avanzar en el campo, es sabiendo que hay muchísimos factores de riesgo y que cada uno de estos factores de riesgo debe afectar a cada persona de forma ligeramente diferente, lo ideal sería tener como una especie de predictor individualizado por cada persona, es decir, una persona con tantas fluctuaciones hormonales, con tal historia o no de depresión, con tanto apoyo, pues poder tener un factor de riesgo individualizado y en ese factor de riesgo individualizado, testar intervenciones. Testar intervenciones que pueden ir desde terapia cognitivo-conductual o meditación o simplemente tener tribu, poder trabajar en esta idea de poder relacionarnos con los demás y obviamente las farmacológicas, también. Pero creo que la mejor forma para poder identificar intervenciones es también personalizarlas, porque cada una llega por una vía ligeramente diferente a este estado de depresión. La buena noticia es que estamos avanzando muchísimo en los últimos años. Es decir, creo que fue en el agosto del 2023 que la FDA aprobó por primera vez el primer tratamiento oral de depresión postparto. Pero fijaos que agosto del 2023 fue ayer por la mañana, en términos científicos. O sea, estamos justamente ahora empezando a entender qué sucede en el cerebro durante la maternidad y solo teniendo este mapa de lo que consideramos neurotípico, normal, pues podremos identificar desviaciones de esta normalidad que nos ayuden a predecir depresión postparto.

55:46
Mujer 11. Hola, Susana, mil gracias por estar aquí compartiendo tu sabiduría y los estudios que hacéis con nosotros. Y quería preguntarte si en los estudios que habéis hecho, habéis tenido pacientes que estaban en tratamiento psicológico y habéis observado una diferencia en su cerebro con respecto a otras madres o embarazadas que no estaban en ese tratamiento.

56:11
Susana Carmona. A día de hoy, estudios así longitudinales desde antes de la gestación, durante la gestación y el posparto, que puedan seguir a una mamá concreta a lo largo de todo este proceso, no hay tantos. Sí hay estudios en el posparto, entonces no hay tantos datos como para que te pueda decir esto es lo que pasa en una mamá cuando recibe tratamiento antidepresivo o recibe tratamiento cognitivo-conductual para depresión o el tratamiento que sea. Lo que sí te puedo decir es que los cambios cerebrales que vemos durante la gestación y el posparto son tan marcados que las pequeñas sutilezas de un tratamiento, de una intervención, van a quedar eclipsados. No porque no sean suficientemente relevantes o efectivos, que ya sabemos que lo son, sino porque es que lo que vemos realmente durante la gestación y el posparto son cambios brutales, de 5% de cambio a nivel cerebral en ciertas partes del cerebro, eso es muchísimo, pero muchísimo. Y, de hecho, vemos que casi el 95% del cerebro cambia de una forma u otra. ¿Por qué? Pues porque hay un cambio fisiológico general. Nuestro sistema cardiovascular cambia, nuestro sistema inmune cambia, el cerebro no es una excepción. Entonces, los cambios van a estar igual, es decir, mi hipótesis o mi teoría es que en la mayor parte de las mamás vamos a seguir viendo esta curva de decrementos, por ejemplo, a nivel cortical, decrementos de volumen que luego se recuperan ligeramente en el posparto, pero no llegan a la línea base, eso lo vamos a seguir viendo y vamos a ver pequeñas oscilaciones en esta trayectoria general, tal vez asociadas al tratamiento, pero yo te digo que todo esto es una hipótesis y que estamos ahora pidiendo financiación para poder realizar esos estudios a futuro.

57:55
Mujer 12. Yo quería preguntarte, bueno, tengo dos hijas, una peque de dos años y ella que tiene cuatro meses y los partos, aún siendo ambos vaginales, el de Alba fue mucho más largo, mucho más doloroso y creo que eso me afectó a la hora de crear vínculo con ella después. No sé de qué manera esto fue así, por el parto o si tiene algo más que ver.

58:23
Susana Carmona. Obviamente la experiencia de parto, el parto es algo súper intenso, súper intenso, ¿qué te voy a contar?, que has pasado por dos. Creo que es muy importante también la forma en la que nos narramos el parto. Es decir, lo que hemos visto, por ejemplo, recuerdo que hicimos una encuesta en ‘Neuromaternal’, en la red social que tenemos, acerca de la experiencia de parto y lo que observamos es que lo que más se relacionaba con el vínculo, con el malestar, no era tanto que hubiese sido, por ejemplo, la duración del parto, ni tampoco si había sido una cesárea de emergencia, una cesárea programada o un parto vaginal, sino la percepción del trato recibido. Y aquí quiero subrayar percepción, cómo te sentiste tú en control de la situación, en agencia. Entonces, sé que hay muchas mamás que pasan por lo que se llama un parto traumático y que esto realmente puede tener consecuencias para vincularse con el bebé o incluso con depresión postparto y también sé que todo esto se puede tratar y se puede hablar en consulta y te puede ayudar a reconceptualizar la experiencia. Pero sí, es algo muy común, bueno, no diría muy común, es algo común, más común de lo que debería y es algo que también tenemos que investigar. Hasta ahora nos hemos sentado sobre todo en gestación y posparto, pero en el momento del parto pueden haber miles de intervenciones que muchas son necesarias y hay que hacerlas, otras pues tal vez no tanto. Pero obviamente la mamá no solo tiene que estar bien físicamente y el bebé vivo, sino que la mamá tiene que estar bien mentalmente. Entonces todo lo que podamos hacer para proteger este momento en el que somos tan vulnerables nos va a ayudar a que estemos mejor y nos podamos vincular con el bebé y pueda desarrollar el máximo de sus capacidades. Pero de nuevo, si crees que realmente te ha marcado, yo creo que lo mejor es consultar con profesionales que te pueden ayudar perfectamente a reconceptualizar todo eso.

01:00:34
Mujer 13. No sé de qué manera puedo explicarle a mi marido que en realidad no estoy mal, que simplemente estoy transitando algo que es muy intenso.

01:00:41
Susana Carmona. Pues la intensidad emocional que acompaña al periodo de gestar y el posparto con lo pequeñito que es, es algo normal. Normal siempre dentro de unos márgenes, como decía antes. Hay publicaciones en revistas de alto impacto, hay imágenes cerebrales que demuestran o que te enseñan físicamente, lo puedes ver, cómo cambia el cerebro y cómo todo esto, pues obviamente, afecta a la forma en la que yo me estoy reconstruyendo. Es una especie de desorientarte y perderte para volver a reconstruirte. Creo que lo más importante es que hables con él, que le expliques cómo te sientes, lo bueno y lo malo, que si necesitas ayuda, obviamente, pues que le puedas pedir ayuda y que te acompañe en el proceso y que te acompañe también para aprender juntos esto de lo que es maternar, ¿no? Creo que es muy difícil de explicar si no eres madre, pero siendo papá y estando implicado y viéndote cómo te ve, y le puedes regalar el libro de ‘Neuromaternal’, también, si quieres, para que se lo lea. Pero creo que cada vez más las parejas y las instituciones ven que no se trata de algo de cosas de mamás, sino que es algo que realmente es un cambio fisiológico a nivel del cuerpo, a nivel del cerebro, a nivel de la psicología y a nivel de cómo nos relacionamos con la sociedad que no tiene comparación. No hay otro proceso en la vida adulta en el que todas nosotras, desde la cabeza a los pies, cambiemos tanto. Entonces, es un desmontarse un poco para volver a reconstruirse. Y yo creo que te entenderán, porque es que no hay otra manera de poder afrontar este proceso que no sea apoyando a la mamá y a la diada con el bebé.

01:02:28
Hombre 2. El sexo del bebé define el estado neurológico de la mamá en el transcurso de ese proceso de embarazo, de lactancia. Ya que me sucedió en un tiempo que tuvimos una niña, fue maravilloso, el niño fue también maravilloso, pero en el cambio de los dos sexos fueron muy diferentes y es como que ella pasó ese proceso también del pre y el post y todas esas cosas. Y a ella le afectó y ahí se vio involucrado un poco lo que es la parte de la desunión como pareja.

01:03:07
Susana Carmona. Cuando publicamos el primer estudio en 2017, nos preguntaron acerca de si había diferencias en función de si esa mamá estaba gestando una niña o un niño. Porque se supone que los niveles hormonales son relativamente diferentes y sabemos que las hormonas, en cierta manera, son inductores de algunos de los mecanismos de neuroplasticidad. No vimos diferencias en cuanto a la trayectoria de cambios cerebrales, eso no quiere decir que si no miramos un poquito con lupa no veamos algo, pero todo el rato es como, imaginaos que nosotros podemos hacer análisis acerca de cómo cambian las hojas de un árbol o mirar el bosque y lo que vemos durante la gestación son cambios a nivel de bosque. Luego puedes mirar y hacer el zoom y ver si hay alguna diferencia en función del sexo del bebé si hay alguna diferencia en función del tratamiento pero lo que vemos es enorme y no parece depender ni del sexo del bebé, ni del tratamiento, ni siquiera, por ejemplo, de si se da el pecho o no durante el posparto. Como digo, si hacemos un zoom y miramos esa variable en concreto, podremos ver ciertas oscilaciones, pero lo grande, el cambio a nivel de bosque, existe independientemente de otros parámetros. Bueno, pues me apetece hacer una reflexión y básicamente es porque me estoy leyendo un libro ahora de Carissa Béliz que habla de profecías. Y habla de cómo las profecías, en cierta manera, están un poco moldeando cómo actuamos en el presente. Sobre todo cuando esas profecías o esas predicciones implican a personas, no solo están diciendo un acontecimiento probable, sino que nos están invitando a seguirlo. Cuando, por ejemplo, los inversores dicen que una empresa va a ser un éxito, pues el capital fluye y es más probable que esa empresa sea un éxito. Entonces, me gustaría utilizar este poder de las profecías o las predicciones para predecir que vamos a entrar en una era de cuidados. Una era en la que, realmente, la mamá y el bebé se pongan en el centro. Una era en la que la sociedad se dé cuenta de lo importante que es cuidar a las mamás y a sus pequeños. ¿Y por qué me baso en eso? Está contento. Le encanta la profecía a este bebé. ¿Por qué creo que eso va a ser así? Pues porque hemos hecho grandes descubrimientos sobre lo que sucede en el cerebro de la mujer durante el embarazo, que validan o traducen a un lenguaje en el que se basa la economía y la biomedicina para que nos hagan caso. Me baso también en que grandes instituciones, no voy a decir nombres, pero grandes instituciones están poniendo muchos recursos en que eso sea así, porque se han dado cuenta que el retorno no es solo social, sino también económico. Es decir, hay análisis que dicen que por un euro invertido en la sociedad para cuidar a las mamás y a los bebés, nos ahorramos entre tres y seis, y esto ya lo están viendo. Me baso también en que cada vez que sacamos algún estudio, grandes medios de comunicación lo cubren, es decir, es algo que interesa. Y me baso sobre todo porque se me ha invitado aquí a hablar de maternidad. Y estáis todos aquí escuchando sobre un tema que antes era una cosa de mujeres, que nos importaba solo a nosotras, pero que ahora es algo que nos va a ayudar a construir este nuevo futuro juntos.