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Inés Moreno. Dios mío, tengo un compañero de trabajo que siempre dice: “Problemas de ricos”. Cuando le cuentas algún problema, dice: “Problemas de ricos”. Estos son problemas de ricos. Porque realmente, todo esto, lo que pasa es que nuestro cuerpo ha evolucionado para querer cosas que son escasas. Por ejemplo, una cosa súper escasa en la naturaleza es la sal. Y el problema es que el cuerpo necesita la sal para todo. Yo tengo un muro que es la célula, la única manera que yo tengo de mandar agua de un lado a otro, mando la sal y detrás de la sal va el agua. Esto es como cuando a uno se le moja el móvil y lo tiene que poner en arroz o en sal. Pues el cuerpo funciona igual. Yo quiero llevarme el agua a otro sitio, pues echo un poco de sal. En este caso sodio, pero bueno, da igual, lo llamamos sal. Entonces, eso pasa sobre todo con el sudor. ¿Qué hago yo para tener sudor? Pues echo la sal y detrás va el agua. La orina, lo mismo, echo la sal y detrás va el agua. La única forma que tiene el cuerpo de deshacerse de agua o de mover el agua de un sitio a otro es con sal. Entonces, el problema es que nosotros evolucionamos en el Serengueti, que en el Serengueti se hacen pocas cosas, pero una que se hace mucho es sudar. Entonces, nos encontramos que estábamos perdiendo mucha sal, y es una cosa que nos hace mucha falta. Entonces, el cuerpo aprendió a querer la sal. Entonces, en nuestro mecanismo está incorporado el buscar la sal a toda costa. Y fijaos si era escasa la sal que, en Roma, a los legionarios que iban en campaña, les pagaban en sal. Y de ahí viene la palabra salario. Y bueno, otras cosas que faltaban antiguamente pues era el azúcar. Una fruta madura en el punto para comérsela, eso era una cosa rarísima. Había que atravesarse medio Serengueti y solamente estaba en X fechas del año. Otra cosa escasísima, la grasa. Además, el cuerpo es muy agradecido porque yo me como mi azúcar, encima libera dopamina y encima, el azúcar que me sobra, lo acumulo en forma de grasa y ya me sirve para cuando pase hambre. Entonces, todos esos mecanismos han evolucionado porque es lo que me permitía seguir vivo. Ahora el problema, es el primer problema del que hablamos, que no nos morimos, entonces tenemos todos esos sistemas activos, pero yo no necesito esperar a que sea primavera para comerme una manzana, no necesito atravesar medio Serengueti para llegar a la salina y tener un poco de sal, entonces tengo el mecanismo activo porque es el que me ha permitido llegar hasta hoy, pero lo tengo súper accesible, entonces ese es el problema. La gente se pregunta: “¿Hasta qué punto es una necesidad real, lo que yo siento, o un capricho?” Y yo digo que es que hoy día es un capricho, todo, porque es muy difícil que tú tengas hambre porque realmente estés hambriento. No sé si me estoy explicando. Casi todo es que los alimentos nos dan ese placer que ya estamos programados para sentir. Bueno, es que además me he acordado, porque hay una cosa que además me encanta el concepto, que se llama, no sé si lo habéis oído, “adaptación hedónica”, ¿vale? Que eso prácticamente lo que quiere decir es: yo mañana voy al concesionario y me compro un Ferrari. El primer día es espectacular, el segundo día es mi coche, y el tercer día digo: “Otra vez hay que coger el coche…” Pues más o menos eso, la adaptación hedónica, es lo que nos ha pasado con los alimentos. La década de 1700, en las décadas, porque hay 10, de 1700, el consumo de azúcar per cápita al año era menos de un kilo. En 1800, el consumo de azúcar per cápita, al año, era de aproximadamente ocho kilogramos. Y ahora viene lo emocionante. En el siglo XXI, el consumo de azúcar per cápita es de 24, pero es que en algunos países, ejemplo, Estados Unidos, hay que traer a Estados Unidos en algún momento, el consumo per cápita al año de azúcar es más de 60 kilos, para que nos demos cuenta el efecto Ferrari, la adaptación hedónica, lo consumo, y ya no es suficiente, y lo consumo más. La buena noticia, entre comillas, y eso pasa también con la sal y pasa con casi todos los alimentos que nos provocan dopamina cuando los consumimos, es que podemos provocar el efecto contrario, lo que pasa es que no es tan agradable.