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Así reacciona tu cuerpo cuando dejas de moverte

Inés Moreno

Así reacciona tu cuerpo cuando dejas de moverte

Inés Moreno

Traumatóloga


Creando oportunidades

Inés Moreno

La traumatóloga Inés Moreno se ha consolidado como una de las nuevas voces de referencia en divulgación científica con su perfil @latraumatologageek. En sus explicaciones conecta la medicina con la evolución, la historia y la vida cotidiana para mostrar que muchas dolencias actuales no son fallos aislados, sino consecuencias de cómo hemos llegado hasta aquí.
Para ella, el cuerpo no es un diseño perfecto, sino el resultado de millones de años de evolución. Esa perspectiva le permite explicar dolencias tan comunes como el dolor de espalda o los problemas articulares.
La granadina reorientó su carrera hacia la medicina después de formarse como ingeniera, lo que le permite aplicar la física y la biología evolutiva para explicar cómo funciona el cuerpo humano.


Transcripción

00:00
Inés Moreno. Nunca os miréis vuestras propias articulaciones, porque, a partir de los 30, vais a empezar a encontrar cosas. Es decir, artrosis vamos a tener todos. En lo que sí podemos influir, y cambia muchísimo el pronóstico, es, efectivamente, en todos los factores que pueden hacer que sea más grave. Y luego está la otra enfermedad, que es la artritis. Que esa es la fea de verdad. La más frecuente es la artritis reumatoide. En este caso, el sistema inmune decide atacar las propias articulaciones. Y esa sí que es muchísimo más destructiva que la artrosis, pero, afortunadamente, no la va a tener todo el mundo. La va a tener muy poca gente y, si tenemos antecedentes familiares, un poquito más. Pero es verdad que es una enfermedad muy destructiva. De hecho, yo uso siempre de ejemplo en la consulta, no sé si conoceréis a Renoir, el pintor, pues este señor tenía una artritis reumatoide horrorosa. De hecho, hay vídeos de él pintando, asistido por su hijo, en los que tiene las manos tan deformadas que le atan los pinceles a los dedos. Pintó 400 cuadros con los pinceles atados a los dedos completamente deformes. Y él decía, para que os fijéis: Una de las cosas que más empeora el pronóstico

02:08
Álvaro. Hola, Inés, ¿qué tal? Un placer conocerte, mi nombre es Álvaro. Te quería preguntar por qué hay dolencias muy comunes, como el dolor de muelas o el dolor de espalda, que todo el mundo, a lo largo de la vida, sufrimos. ¿Por qué crees que todavía, a día de hoy, no se han solucionado?

02:24
Inés Moreno. La respuesta corta es porque nos morimos, nos morimos poco. La respuesta larga es porque, bueno, primero no somos un diseño perfecto. Somos, básicamente, un animal que caminaba a cuatro patas y, de repente, se le ocurre la genial idea de ponerse de pie. Entonces, es una columna que estaba diseñada para ser un puente colgante que, de repente, se convierte en una carga que además se apoya en un solo punto, que son las lumbares. Entonces, eso provoca que haya un 80% de lumbalgia, por ejemplo, pero es por un tema de diseño. Y luego, lo de morirnos poco, es que claro, resulta que la medicina moderna es buena. La diabetes mellitus, los países donde más tasa de diabetes tipo 1 hay son los países nórdicos, Finlandia, Noruega, Suecia, son los países que primero tuvieron acceso a la insulina. Entonces, la diabetes tipo 1 es una enfermedad que se da en niños. De hecho, cuando se descubre la insulina, Banting y Best lo que tenían era una planta llena de niños muriéndose, y empiezan a pincharles insulina de perro. Entonces, esa gente muere antes de reproducirse, y se elimina la diabetes de la genética, digamos. Claro, en el momento en que tú empiezas a curarlo, esa gente va haciendo familia y esa enfermedad se queda. Entonces, digamos que la medicina moderna se ha cargado la evolución, si lo vemos así, ¿no? Y luego hay otra teoría que dice que también somos demasiado limpios. Entonces, el sistema inmune se aburre y se pone a atacar. Tú ten en cuenta que, para llegar hasta hoy, somos una selección de los mejores sistemas inmunes. Somos la gente que sobrevivió a la peste, la gente que sobrevivió a la viruela. Entonces claro, tenemos un sistema inmune hiperactivo y ahora, de repente, no le damos trabajo y lo que pasa es que tenemos alergias, tenemos enfermedades autoinmunes… ¿Dolor de muelas? Pues antes igual el de la muela tenía un humor terrible y no tenía ganas de reproducirse. Ahora el de la muela va al dentista, lo arreglan en una tarde y a lo mejor hasta hace niños.

04:31
Gabriela. Hola, Inés, un placer conocerte. Soy Gabriela. Se supone que cuando nos duele algo es porque el cuerpo nos informa de que hay algún problema. Tengo miedo de que si yo estoy muy enferma no sienta ningún dolor. ¿Es posible esto?

04:45
Inés Moreno. El dolor es un mensajero que, además, se ha ido mejorando en millones de años de evolución. Entonces, es legítimo que, como el dolor es muy molesto, pues nos queramos quitar el dolor, ¿no? Pero yo siempre soy, como decían los romanos, de no hay que matar al mensajero. Entonces, el dolor cuando funciona bien es súper efectivo, porque me permite reaccionar a un problema antes de que sea irreversible. El problema es cuando el dolor o bien se activa mucho, o bien pecamos porque no está, que pueden pasar las dos cosas. Y eso, además, hay ejemplos súper cotidianos. En las guerras, cuando a uno le meten un hachazo en la espalda, el tío sigue peleando, ¿por qué? Porque su cerebro decide callar el dolor, decide que hay cosas más urgentes. Los deportistas, cuando se lesionan, siguen jugando y no le hacen ni caso a la lesión y luego ya en frío se dan cuenta de que está. Y luego, hay formas, digamos, que no son naturales de suprimir el dolor, ¿no? Que es lo que pasaba, por ejemplo, en el pie de trinchera en la Primera Guerra Mundial, ¿no? Que era gente, pues eso, andando todo el día en barro, los pies continuamente mojados y eso lo que hace es un daño nervioso, entonces yo no siento mis pies. Entonces, tú piensas: “Oye, qué bien, que no tengo dolor”, pero realmente es el principio del fin, porque en el momento que no sientes, pues ya vas teniendo lesiones y esas lesiones se pueden complicar mucho. A mí me gusta hablar de pie de trinchera porque, realmente, los pies diabéticos son los pies de trinchera modernos. Entonces, ¿por qué no estamos hablando de esto? Es lo que yo intento transmitir, que si la gente se mira al espejo por la mañana, que la gente se mire también los pies, de vez en cuando, porque el pie es un centinela de tu salud y está muy infravalorado, ¿vale? Y luego, por supuesto, el dolor por exceso, ¿no? Que ese también lo vemos continuamente. Eso tiene un nombre más técnico, por si queréis quedar bien en una comida, se llama dolor neuropático, ¿vale? Y eso el problema que hay es que no hay un estímulo doloroso de por sí, sino que, por algún motivo que no conocemos, y es verdad que la medicina no lo sabe, el nervio se queda activo más tiempo del que debería. Y eso, no sé si lo habéis oído alguna vez, el síndrome de Sudeck, que nosotros lo vemos bastante cuando ha habido una fractura, cuando hemos hecho una cirugía. Todo está bien, pero aquello duele un montón. Y eso es una de las grandes cosas que la medicina moderna todavía no ha sabido solucionar.

07:17
Ana Dorinda. Hola, Inés, me llamo Ana Dorinda. Tengo Sudeck, o síndrome de dolor regional complejo. Lo primero quería agradecerte que estés dando visibilidad a esta enfermedad rara, porque, además, como la característica principal es dolor crónico y el dolor no se ve, pues tenemos muchas dificultades muchas veces en que nos conozcan y que nos reconozcan. Yo quería preguntarte, ¿cómo crees que podríamos promover la investigación en nuestra patología?

07:54
Inés Moreno. Muchas gracias por tu pregunta, de verdad, me gusta mucho. Hay una serie que da, bueno, no sé si da visibilidad, porque realmente no menciona la enfermedad como tal, pero yo, mi sospecha diagnóstica es que, no sé si habéis visto el ‘Doctor House’, mi sospecha diagnóstica es que ese señor podía tener síndrome de Sudeck, porque es un tipo al que le operan, le quitan el cuádriceps y le resuelven su problema, pero empieza con un dolor crónico. Además, el problema de ese dolor es que nosotros intentamos tratarlo como el dolor, digamos, normal. El dolor normal es el que se llama “nociceptivo”, que es el que se trata con los analgésicos de toda la vida. El problema del dolor neuropático, el Sudeck, es que ese no es un dolor normal. Ese es un dolor que si yo le doy ibuprofeno, o si le doy un mórfico, pues se va a quedar igual. Entonces, es verdad que nos encontramos muchas veces con el problema de que intentamos ponerle tratamiento como si fuera un dolor normal y resulta que, a lo mejor, generamos adicciones a fármacos y no estamos resolviendo nada. De hecho, en la serie se ve muy bien, él acaba adicto a un fármaco que, en realidad, no solo no le ha arreglado nada, sino que encima le ha generado otro problema nuevo. Entonces, a mí siempre me gusta recordar esa serie porque la gente conozca, porque es verdad que lo acerca mucho, que es una enfermedad que como no se conoce, pues al menos teniendo ese antecedente, pues la entendemos un poco más. Y además tiene otra cosa bastante complicada, que no se sabe muy bien si es causa o consecuencia, pero se asocia mucho a la depresión y a los estados depresivos. De hecho, muchos de los fármacos que se dan para el Sudeck son antidepresivos, son antiepilépticos y son antidepresivos. Entonces no se sabe si es primero el huevo o la gallina, yo si tuviera un dolor crónico también estaría algo deprimida, a lo mejor no… Yo siempre vuelvo al mismo sitio, yo tengo una manía muy grande, y es el ejercicio. El ejercicio, como vía de suprimir el dolor, es súper efectivo. Es lo más efectivo que hay. Se produce oxitocina y dopamina y eso bloquea las sensaciones dolorosas, ¿vale? Y hay otra cosa que también mejora el dolor, pero que no sé si decirla porque la pueden censurar, pero digamos que son las actividades erótico-afectivas, ¿vale? Eso también produce dopamina endógena y también bloquea los sistemas de dolor. No estoy invitando a nadie a hacer nada, pero…

10:37
Mujer 3. Hola, Inés, muchas gracias por toda la información que nos estás volcando. Mi pregunta era la siguiente. Mi marido hace cuatro años tuvo un accidente de coche y perdió una pierna. No sé si habría alguna figura que pueda acompañar ese proceso de paciencia en el que se te regenera el muñón hasta que puedes por fin ponerte tu prótesis.

10:57
Inés Moreno. Tuve un caso hace relativamente poco, que era un señor que tuvo un accidente laboral y, entonces, él llamó a su mujer y le dijo: “He tenido una pequeña lesión en el tobillo y me van a operar”. Entonces, cuando vino la mujer, yo le dije: “Ha tenido una lesión muy grave y le vamos a amputar la pierna”. Y dijo: “Pero si solo era una lesión en el tobillo”. Entonces, ese primer encare ya empezamos mal. Entonces, la relación es dura y luego es un proceso muy duro porque ya manejamos los nervios mal cuando están bien, pues imagínate cómo los manejamos cuando encima los hemos cortado, fatal. Los nervios son nuestra asignatura pendiente. Pasa en las lesiones medulares, o sea nos pasa continuamente. La trauma y la neurocirugía, no han sabido responder eso bien. Entonces, es verdad que yo tuve mucha suerte con ese paciente porque era, también, un señor joven, relativamente deportista. Entonces, lo primero que hicimos con él es que hay estudios muy recientes de que si yo hago ejercicio con la extremidad sana, de alguna manera el cerebro, como está entrenado a usar las dos extremidades, evita la pérdida muscular de la extremidad amputada. Entonces, una de las primeras cosas que yo hice con ese hombre, entre que se resolvía el muñón y tal, fue que él iba al gimnasio y me enseñaba vídeos de los ejercicios que estaba haciendo, entonces seguimos trabajando con la pierna sana. Y luego, es verdad que aparece una cosa que se llama el síndrome del miembro fantasma, que yo he quitado el nervio, pero mi cerebro sigue pensando que ahí hay un pie, entonces les pica, les duele y luego van a rascarse y claro, no pueden terminar con esa sensación porque cuando tú vas a rascar no hay nada. Entonces, eso sigue picando. Eso a la gente la vuelve loca. Entonces, tenemos algunos fármacos muy parecidos a los del Sudeck, pero, realmente, lo único que está demostrado que resuelve el miembro fantasma es poner una prótesis cuanto antes. Sí que es verdad que notan alivio también, no sé si habéis visto la terapia esta del espejo, que se les pone un espejo con la pierna sana, entonces ellos se rascan donde les pica en el espejo y, de alguna manera, ellos piensan que ese dolor o esa sensación está terminando. Eso no se hace, en la Seguridad Social no ponemos un espejo, pero bueno, que es otra opción a valorar. Pero, de todas maneras, lo más efectivo es no perder la masa muscular y poner la prótesis cuanto antes, sí.

13:23
María. Hola, Inés, soy María. Muchas gracias por tus reflexiones. Me gustaría preguntarte si crees que las enfermedades del pasado siguen siendo un reto actual importante para la medicina.

13:33
Inés Moreno. Oye, pues viene súper bien hilado a cuento de las lesiones nerviosas. Porque yo hablo mucho de lesiones nerviosas en internet. Y pongo, por ejemplo, al manco de Lepanto, a Cervantes. Cervantes realmente le llamaban el manco de Lepanto, pero el señor tenía los dos brazos. Entonces, parece ser que lo que ocurrió fue que le dieron un arcabuzazo y, entonces, se cargaron el plexo braquial. No lo arreglábamos entonces, y me temo que lo arreglamos poco ahora. Pero lo gracioso de eso es que hay una teoría que dice que su apellido, Saavedra, viene de cuando estuvo preso en Argel, que cuando intentó fugarse y tal, empezaron a llamarle Saivedrá, que a lo que se ve, yo no manejo mucho el argelino y tal, pero se ve que eso lo que significa es brazo tullido. Y entonces él usó ese nombre, digamos, un poco en el mismo sentido que él escribe el Quijote, un poco satírico, él empezó a llamarse a sí mismo “Brazo Tullido”. Entonces, a mí el apellido Saavedra me resulta muy curioso y bueno, si es que lesiones nerviosas vemos continuamente, las vemos en los accidentes de moto, las vemos en las crucifixiones, son lesiones del plexo, porque se arrancan los nervios del brazo, entonces el brazo queda como muerto. Una manera muy bonita de verlo, y que además gustó mucho, es, no sé si conocéis la piedad, no os invito a que vayáis a Roma a verla, porque está a cinco metros de distancia y le han puesto 18.000 cristales, pero bueno, se puede mirar en internet, y entonces lo que aparece es una lesión de todo el plexo braquial, y entonces el hombro está cayendo muerto. En vez de estar redondeado, se ve perfectamente que es parecido a cuando se luxa un hombro. Se ve aquí una caída vertical y eso es, precisamente, porque el nervio está lesionado. El nervio está íntegro, pero no está funcionando. Bien por una lesión…, lo que decimos, es un nervio que está íntegro y ya da esos problemas, imagínate cuando encima lo lesionamos. Es que eso es una de las grandes preguntas de la traumatología de hoy.

16:04
María. Me gustaría saber, Inés, también, sin coparte mucho tu atención, si te has encontrado con un avance médico de forma accidental.

16:15
Inés Moreno. Muchos descubrimientos los hace gente que no tiene título, sino que, simplemente, tiene la brillantez suficiente para ver fallos y ver qué enseñanzas tienen. De hecho, me recuerda mucho la palabra serendipia, que eso no sé si lo sabéis, a mí me parece súper curioso, que es una leyenda persa, que son los príncipes de Serendip, de ahí viene serendipia, y son tres príncipes que salen a pasear y se van encontrando cosas por el camino y ellos mismos van descubriendo para qué sirven esas cosas. O sea, que no cumplen un propósito en principio, pero luego sí lo resuelven. Y, por ejemplo, Emmy tenía dos divisiones, la que se dedica a la música y la que se dedicaba a los ordenadores. Y había un tío que se llamaba Hounsfield, que es el que hizo el primer ordenador, era informático. Hizo uno de los primeros ordenadores que funcionó en Inglaterra, y el hombre era tan desgraciado y le daban tan poca pasta que, para su siguiente invento, se dedicaba a buscar en las basuras de la oficina de Emmy las piezas que a él le hacían falta. Porque él tuvo la idea de decir, bueno, en esa época había radiografías, pero dijo: “Y si yo hago muchas radiografías, como si hiciera un chorizo, hago una radiografía, otra, otra, otra, a poca distancia, luego las junto todas y ya tengo una imagen en tres dimensiones. Porque el problema de la radiografía es que solo mira en dos dimensiones, entonces se me quedan muchas cosas por el camino”. Entonces, él lo que pensó es, con el mismo ordenador que estaba haciendo, reconstruir toda esa radiografía y generar una imagen en 3D. Pero claro, no le daban pasta. Pero tuvo la bendita suerte, eso es que es más una historia de fortuna, digamos, de que Emmy ficha a los Beatles, y pegaron tan fuerte que llegó Emmy a ganar a la hora 650 dólares. Con toda esa pasta dijeron: “Bueno, pues vamos a darle al loco este algo. Y entonces

19:12
Inés Moreno. Y él dijo: “Yo en un sitio tan limpio no hubiera descubierto nunca en la vida la penicilina. Y bueno, la bolsa de Bogotá es que es muy… Es una preciosidad de historia porque es de esas historias que nos enseñan que el ser humano, en los momentos de estrés, se vuelve súper ingenioso. Y lo que pasó fue que, en un quirófano de allí de Colombia, que en esa época llegaban los enfermos a puñados, porque eran los años malos del narco, entonces había muchas lesiones abdominales. Y estaban atendiendo a un señor que tenía una lesión súper grande en el abdomen, no tenía prácticamente piel para cubrir. Entonces, claro, eso es un problema grave, porque si yo fuerzo la piel para cerrar, pues aquello se queda a presión y no puede respirar. Entonces lo asfixio. Pero claro, si dejo la herida abierta y lo mando a la planta, eso se infecta. Con una barriga abierta, eso es sepsis segura. Entonces, es muy curioso porque, además, Oswaldo Borráez, que es el que se le ocurrió, era un residente de segundo año, que en la jerarquía hospitalaria eso es menos que nada. Eso es que ha entrado en el hospital antes de ayer. Entonces, al hombre lo dejaron allí tirado con el paciente y se pone a mirar alrededor y ve una bolsa de suero, la típica bolsa de suero que está cayéndole en el brazo. Y se le ocurre, como esas bolsas son estériles, se le ocurre la idea de cortar la bolsa y usarla para cubrir la barriga. Entonces, la aisla del exterior no fuerza la piel y, encima, tiene ahí la pantalla para estar viendo si algo se necrosa, si algo se infecta. Entonces, es una idea súper absurda, realmente se le ocurrió a un nadie del hospital y realmente se ha usado un montón. Se llevaron la técnica a Estados Unidos, se usó en Vietnam, se usa continuamente, y es una cosa tan tonta como coger una bolsa de suero estéril. De hecho, él, bueno, no existe patente, él nunca ha pedido ningún crédito por esa técnica y, en reconocimiento, se llama o “Bolsa de Borráez” o también se llama “Bolsa de Bogotá”, en homenaje al sitio donde se inventó. Yo estoy más cómoda trabajando con lo penúltimo. Las novedades en medicina son peligrosas, porque ya hemos tenido muchos intentos de novedades que han acabado no muy bien. De hecho, cuando sale una novedad yo me pregunto: “¿Esto es penicilina o heroína?” Porque la otra novedad espectacular de medicina, que por eso se llama heroína, porque iba a ser el héroe que nos iba a curar, eso apareció en… Bueno, cuando la tuberculosis era un problema. A primeros del siglo XX. Y apareció en un contexto en el que había muchísima adición a la morfina, porque se usaba un poco indiscriminadamente. Entonces, pues le dijeron a la farmacéutica: “¿A alguien se le ocurre hacer un fármaco que sea tan bueno, tan bueno como la morfina, pero menos adictivo?” Entonces, eso, sale el fármaco heroína. Se usaba para la tos, por aquello de la tuberculosis, se usaba en niños con tos, Y se usaba en adictos a la morfina para, teóricamente, desengancharlos.

22:35
Inés Moreno. Y el problema que hay es que es más o menos efectiva como la morfina y es el doble de adictiva. O sea, que les estábamos sacando de una droga mala a una droga peor. Entonces, yo siempre procuro trabajar con lo penúltimo. Que lo último lo pruebe otro y ya, cuando vea yo que está funcionando, entonces ya le doy uso.

23:08
Mujer 5. Hola, Inés, un gusto conocerte. Tengo una amiga con dolor de rodilla. Algunos médicos le dicen que corra y otros le dicen que haga reposo. ¿A quién debe escuchar?

23:16
Inés Moreno. No voy a ser mala, y no voy a preguntar la edad del médico que dice que corra y la del que no. Porque, verdaderamente, lo de prohibir la actividad física es un principio muy de los años 80, y yo creo que también de antes. Porque, de hecho, lo hemos tocado ya con el síndrome de Sudeck, el ejercicio por sí mismo es un inhibidor del dolor. Entonces, nada más que por su efecto en el sistema nervioso ya es beneficioso. Pero es que además, esto no lo digo yo, hicieron un estudio en 2017 que cogieron 124.000 personas y midieron la tasa de artrosis. Entonces resulta que los deportistas de élite o los que se exigen mucho tienen un 13% de artrosis, la gente que no es deportista y que es sedentaria tiene un 10%, aproximadamente, prácticamente igual, pero es que la gente que es deportista ocasional, que no es de competición, esa gente tiene un 3%. Entonces, es un tratamiento, el ejercicio es súper efectivo para la artrosis, tanto de rodilla como de cadera. Y eso tiene sentido por varias cosas. Primero, por cómo funciona el cartílago. En todos los tejidos del cuerpo llega un vaso, suelta sangre y ese es un nutriente. El problema de las articulaciones es que son compartimentos estancos, son bolsas de líquido, líquido sinovial. Entonces, como allí no llega sangre, la única manera de que eso vaya renovándose es vaciarlo con impacto y volverlo a llenar. Un sistema un poco como una esponja, como un sifón. Y luego el ejercicio tiene otra particularidad. En los últimos años se ha visto que buena parte de la artrosis no es por uso, sino que la artrosis es una enfermedad inflamatoria. Entonces, se relaciona con la obesidad, pero no porque el paciente pese más y la articulación sufra más. De hecho, la obesidad donde más artrosis da es en el pulgar, y el pulgar no aguanta peso ninguno, sino porque la obesidad genera eso que nosotros llamamos “inflamación crónica de bajo grado”. Eso se oye ahora mucho. Y es, básicamente, que el sistema inmune está como más activo cuando tenemos sobrepeso. Entonces, otra manera de bajar la activación del sistema inmune es, también, por vía del ejercicio. Entonces, estamos atacando por dos vías, la nutrición de la articulación y la inhibición de la inflamación. Este experimento es genial. Se hizo en 1966 y, prácticamente, lo que hicieron fue ir a la Universidad de Dallas y coger, bueno, ellos ofrecían 500 dólares por tumbarse en una cama tres semanas. O sea, tú imagínate, ¿no? De estudiante que te dicen, vamos a hacerlo en euros: “500 euros, te pasas tres semanas en una cama”. ¿Quién no coge eso? Un chollo, ¿vale? Entonces, pues unos pocos estudiantes desaprensivos se apuntan al experimento, Les miden una cosa que se llama VO2 máx, que yo no sé si os suena ese parámetro, pero está en casi todos los relojes inteligentes, ¿no?

26:32
Inés Moreno. Y prácticamente lo que mide es la capacidad que tiene todo tu cuerpo de trabajar en equipo, ¿vale? Eso mide muchos parámetros, frecuencia cardíaca, frecuencia respiratoria… Y eso lo enlazan con la potencia muscular, ¿vale? Entonces, una VO2 máx muy alta significa que yo tengo buena forma física, y cuando es baja, pues tengo una forma física deficiente, ¿vale? Pues lo curioso es que los tumbaron en la cama y no había pasado ni una semana y ya había bajado ese parámetro muchísimo. De hecho, cuentan que, a la primera semana, ya tenían problemas para levantarse de la cama. El solo hecho de incorporarse ya les mareaba, porque su corazón no estaba bombeando sangre y no respondía con suficiente fuerza al hecho de levantarse. Pero es que a las tres semanas habían perdido un 27% de VO2 máx. A las tres semanas se suspende el experimento porque se asustan de los resultados que están viendo. Y, en principio, el estudio ya es bastante escandaloso de por sí, pero es que a los que estaban haciendo el experimento se les ocurrió, esto lo hicieron cuando los críos tenían unos 20 años, entonces se les ocurrió, 30 años después, ir a buscarlos para medirles de nuevo el VO2 máx, para ver cuánto habían perdido en 30 años. Habían perdido cerca del 12%. O sea, estamos hablando de que, en tres semanas en cama, perdieron más que en tres décadas de vida. Pero es que el experimento tampoco termina ahí. Es que antes la gente trabajaba mucho. Entonces deciden someterlos a ejercicio, a una terapia reglada de ejercicio de seis meses. En solamente seis meses de ejercicio recuperaron, aproximadamente, el 14% del VO2 máx. Traducción, que en seis meses de ejercicio habían recuperado 30 años, porque realmente se pusieron donde estaban cuando acabaron el experimento. Yo siempre digo que uno no deja de moverse porque se haga viejo, sino se hace viejo porque deja de moverse.

29:01
Ángeles. Hola, Inés, me llamo Ángeles. Gracias por la divulgación científica que haces, tan entendible, comprensible y tan adictiva. Yo te quería hacer una pregunta. A mí me gusta ir andando a todos los sitios, procuro bajarme antes del autobús o del metro, pero, desde hace cinco años, me empezaron a quemar los dedos de los pies, en ambos pies. Yo pensé que era a causa del zapato, de los zapatos, me fui cambiando zapatos, ahora ya uso, en lugar de una 38, cambié todos los zapatos a una 40, me siguen quemando muchísimo los pies, incluso durmiendo, al apoyar con la sábana, y tengo un hormigueo constante, se llama neuroma de Morton. ¿De dónde proviene, cómo se puede solucionar o cómo se puede amortiguar, aparte de cambiar todos los zapatos que tengo en casa?

29:48
Inés Moreno. Oye, momento consulta, ¿eh? Bueno, hay varias cosas en el pie que se relacionan, directamente, con el uso de calzado. En zonas donde la gente va descalza hay patologías del pie que no existen. El juanete, el neuroma de Morton. El problema del neuroma de Morton es que es una pescadilla que se muerde la cola. Me explico. Bueno, tiene, por supuesto, lo bueno de los nervios, que los tratamos súper bien, pero es que además se produce un neuroma. ¿Qué es un neuroma? Un neuroma son nervios muy pequeños que pasan entre los huesos del pie. Tenemos los cinco huesecillos del pie que van a los dedos y, en medio, pasan los nervios que llevan la sensibilidad a los dedos. Hay una serie de ligamentos que los mantienen juntos. Entonces, yo estoy haciendo un canalito. Tengo hueso, hueso, ligamento, ligamento. Y ahí va el nervio. ¿Problema? Cuando se produce un neuroma, un neuroma es que el nervio se inflama y se hace más gordo. Entonces, claro, tengo un nervio más gordo que roza más. Roza más y se inflama más. Entonces, empieza un círculo vicioso en el cual el nervio es cada vez más grande, roza cada vez más. Entonces, la solución de eso es complicada. Lo primero y principal es cambiar de calzado. Cuanto más yo pueda separar los huesos del pie, más sitio le estoy dando al nervio. Pero es que si el neuroma es lo bastante grande, eso ya no es solución suficiente. Ah, por cierto, otra cosa que estrecha mucho el espacio entre los metas, que es como se llaman esos huesos, son los tacones. Es verdad que ahora estamos desechando un poquillo la estética de la punta estrecha y demás, y están reapareciendo los zapatos que permiten que los dedos se separen bastante, entonces ese es el primer paso, eliminar tacón y abrir la punta del calzado. Y luego ya hay tres técnicas que son un poco más invasivas. La primera de las que se suele probar es alguna infiltración con anestésico local o ,sobre todo, con corticoide para que el neuroma se haga más pequeño. También se suele quemar, si se vuelve muy persistente se le hace un Nadal, un Rafa Nadal, que si el nervio da mucho por saco, se quema el nervio y ya no da por saco. Pero lo de siempre, nos estamos quitando la señal de aviso, entonces eso se hace en casos muy extremos, porque perdemos toda esa sensibilidad. Y solamente como último recurso, a veces, se puede operar directamente el hueso, pero eso realmente es matar moscas a cañonazos, primero habría que cumplir con todo lo que hay antes.

32:39
Mar. Hola, Inés, mi nombre es Mar, muchas gracias por todo lo que nos estás contando. Yo tenía una pregunta y es que cómo puede ser que el cuerpo nos pida, a veces, alimentos que en exceso son prohibidos, como la sal o el azúcar, y que cómo, sabiendo nosotros mismos que son peligrosos, aún así tengamos esa ansiedad de tomarlos. Gracias.

33:04
Inés Moreno. Dios mío, tengo un compañero de trabajo que siempre dice: “Problemas de ricos”. Cuando le cuentas algún problema, dice: “Problemas de ricos”. Estos son problemas de ricos. Porque realmente, todo esto, lo que pasa es que nuestro cuerpo ha evolucionado para querer cosas que son escasas. Por ejemplo, una cosa súper escasa en la naturaleza es la sal. Y el problema es que el cuerpo necesita la sal para todo. Yo tengo un muro que es la célula, la única manera que yo tengo de mandar agua de un lado a otro, mando la sal y detrás de la sal va el agua. Esto es como cuando a uno se le moja el móvil y lo tiene que poner en arroz o en sal. Pues el cuerpo funciona igual. Yo quiero llevarme el agua a otro sitio, pues echo un poco de sal. En este caso sodio, pero bueno, da igual, lo llamamos sal. Entonces, eso pasa sobre todo con el sudor. ¿Qué hago yo para tener sudor? Pues echo la sal y detrás va el agua. La orina, lo mismo, echo la sal y detrás va el agua. La única forma que tiene el cuerpo de deshacerse de agua o de mover el agua de un sitio a otro es con sal. Entonces, el problema es que nosotros evolucionamos en el Serengueti, que en el Serengueti se hacen pocas cosas, pero una que se hace mucho es sudar. Entonces, nos encontramos que estábamos perdiendo mucha sal, y es una cosa que nos hace mucha falta. Entonces, el cuerpo aprendió a querer la sal. Entonces, en nuestro mecanismo está incorporado el buscar la sal a toda costa. Y fijaos si era escasa la sal que, en Roma, a los legionarios que iban en campaña, les pagaban en sal. Y de ahí viene la palabra salario. Y bueno, otras cosas que faltaban antiguamente pues era el azúcar. Una fruta madura en el punto para comérsela, eso era una cosa rarísima. Había que atravesarse medio Serengueti y solamente estaba en X fechas del año. Otra cosa escasísima, la grasa. Además, el cuerpo es muy agradecido porque yo me como mi azúcar, encima libera dopamina y encima, el azúcar que me sobra, lo acumulo en forma de grasa y ya me sirve para cuando pase hambre. Entonces, todos esos mecanismos han evolucionado porque es lo que me permitía seguir vivo. Ahora el problema, es el primer problema del que hablamos, que no nos morimos, entonces tenemos todos esos sistemas activos, pero yo no necesito esperar a que sea primavera para comerme una manzana, no necesito atravesar medio Serengueti para llegar a la salina y tener un poco de sal, entonces tengo el mecanismo activo porque es el que me ha permitido llegar hasta hoy, pero lo tengo súper accesible, entonces ese es el problema. La gente se pregunta: “¿Hasta qué punto es una necesidad real, lo que yo siento, o un capricho?” Y yo digo que es que hoy día es un capricho, todo, porque es muy difícil que tú tengas hambre porque realmente estés hambriento. No sé si me estoy explicando. Casi todo es que los alimentos nos dan ese placer que ya estamos programados para sentir. Bueno, es que además me he acordado, porque hay una cosa que además me encanta el concepto, que se llama, no sé si lo habéis oído, “adaptación hedónica”, ¿vale? Que eso prácticamente lo que quiere decir es: yo mañana voy al concesionario y me compro un Ferrari. El primer día es espectacular, el segundo día es mi coche, y el tercer día digo: “Otra vez hay que coger el coche…” Pues más o menos eso, la adaptación hedónica, es lo que nos ha pasado con los alimentos. La década de 1700, en las décadas, porque hay 10, de 1700, el consumo de azúcar per cápita al año era menos de un kilo. En 1800, el consumo de azúcar per cápita, al año, era de aproximadamente ocho kilogramos. Y ahora viene lo emocionante. En el siglo XXI, el consumo de azúcar per cápita es de 24, pero es que en algunos países, ejemplo, Estados Unidos, hay que traer a Estados Unidos en algún momento, el consumo per cápita al año de azúcar es más de 60 kilos, para que nos demos cuenta el efecto Ferrari, la adaptación hedónica, lo consumo, y ya no es suficiente, y lo consumo más. La buena noticia, entre comillas, y eso pasa también con la sal y pasa con casi todos los alimentos que nos provocan dopamina cuando los consumimos, es que podemos provocar el efecto contrario, lo que pasa es que no es tan agradable.

37:52
Inés Moreno. Si yo empiezo a retirar azúcar o a retirar sal de los alimentos, esas papilas gustativas que ya se han adaptado tanto se van renovando. La media es de unas dos semanas. Entonces, el efecto contrario se puede conseguir también.

38:21
Mar. Me gustaría hacerte otra pregunta acerca de los divulgadores científicos y de la ciencia y la gente que se dedica a la ciencia. Yo admiro a estos científicos que tienen una idea en la cabeza y están convencidos de algo aunque el mundo esté en su contra y hasta llegan a ser capaces de arriesgar su vida por un descubrimiento científico. ¿Tú qué crees que les pasa por la cabeza para llegar a ser así?

38:48
Inés Moreno. Es verdad que en medicina se da mucho la convicción de llevar razón, y hay ejemplos buenísimos. Uno de ellos es, por ejemplo, que además gustó bastante cuando lo conté, que a los traumatólogos nos dicen que somos cabezones y que somos… Pero los cirujanos vasculares y los cardiólogos también, ¿vale? Y ellos tienen un antecedente de un tipo que se llamaba Forssmann, dato. Él estaba empeñado en que podía llegar al corazón sin abrir el pecho, ¿vale? Y en esa época se consideraba que, tanto el corazón como el cerebro, eran órganos intocables, en el momento que yo tocase el corazón o el cerebro, esa persona iba a morir. Entonces, eran órganos que prácticamente no se manipulaban. Entonces, él tenía la firme convicción de que, claro, si los vasos salen del corazón, pues yo sigo el vaso y puedo llegar al corazón. Él propone la idea, por supuesto le dicen que va a matar a alguien y que está loco, No consigue engañar a nadie para que se preste al experimento, obviamente, y comenta que lo va a hacer en sí mismo. Y entonces hay una enfermera que le dice: “No porque vas a morir, hazlo conmigo”. Entonces ella se presta hasta el punto de que la ata a la mesa y le pone el anestésico, pasa un rato y la enfermera no nota nada. Y es que estaba él mismo metiéndose un catéter por el brazo con la intención de, claro, siguiendo el vaso, llegar hasta el corazón. Y estaba tan convencido de que llevaba razón que cogió con el catéter puesto, se bajó a la sala de rayos y se hizo una radiografía, que de hecho está conservada, con el catéter en el corazón para demostrar que había llegado ahí. Por supuesto, no lo recibieron con los brazos abiertos en el hospital. Eso le costó el despido. Pasaron 12 años hasta que, como nos suele pasar, dos cirujanos americanos le copian la técnica. Entonces, cuando llega el momento de darle el Nobel a los americanos, esos son los padres del stent, del marcapasos, de casi toda la cirugía cardíaca, que se hace sin abrir el pecho. Ellos, por lo menos, tuvieron la deferencia de decir, esta técnica es de Forssmann. Entonces, 12 años más tarde se recuperó su figura y ya se le dio el Nobel. Y bueno, hay muchas historias así. A mí una de las que me apasiona también muchísimo es la historia de las úlceras de estómago. Porque durante mucho tiempo se pensó que las úlceras de estómago eran por estrés, simplemente. Y fijaos si estábamos convencidos de eso, que el único tratamiento que había era abrir la barriga, quitar el trozo de estómago con la úlcera y volver a cerrar. Ese era el tratamiento. Entonces, hubo un par de médicos curiosos que se dedicó a coger esos trozos de estómago y a analizarlos por ver qué había en esa úlcera que la estaba provocando.

42:14
Inés Moreno. Y descubrieron una bacteria que era Helicobacter pylori e hicieron lo normal. “Mire usted, hemos encontrado en todas las úlceras esta bacteria. A lo mejor tiene algo que ver”. Y entonces les dijeron: “Eso es mentira, eso os lo estáis inventando, las úlceras son por estrés”. Hasta el punto que uno de los dos doctores decide coger las bacterias que había aislado en esos estómagos y bebérselas. Se las bebe, espera dos semanas y desarrolla una úlcera gástrica. O sea, fijaos si estaba convencido de su teoría. Y luego, la forma de demostrar que eso se curaba es que él mismo se tomó los antibióticos, después. Y así demostró que llevaba razón. Pero es que además cuentan las crónicas que lo repitió en varias ocasiones para conseguir convencer de que la teoría era cierta. Y gracias a él hemos dejado de cortar estómagos, y ya damos antibióticos para una úlcera. Creo que hay tres moralejas que deberíamos sacar de esa gente. Lo primero, estar convencido de nuestra teoría. Lo segundo, que nos importe un pepino la opinión del resto. Y luego ponernos en el lugar del paciente, porque vamos, si beberse las bacterias de un estómago no es ponerse en el lugar de un paciente, que venga Dios y lo vea.

43:50
Pilar. Hola, Inés, me llamo Pilar, es un placer conocerte y muchísimas gracias por contarnos todo. Se nota que vives tu profesión con muchísima pasión. He visto que tu último libro, o tu libro, se llama ‘¿Cómo hemos saboteado millones de años de evolución?’ ¿Qué error evolutivo te parece más fascinante? Uno que a lo mejor dirías: “Esto no puede suceder, pero sí que sucede.»

44:13
Inés Moreno. La chapuza más fascinante de la evolución es precisamente la que nos da la lumbalgia. El hecho de que la pelvis rotase 90 grados y nos permitiese ponernos de pie. Y ahí es cuando aparece el músculo que es el glúteo medio. Cuando yo camino, me pongo de pie, cuando hago esto, me debería caer hacia este lado. Todo el peso de mi cuerpo está pesando aquí. Entonces, esto está actuando como un columpio. Lo único que está impidiendo que yo me venza es un musculito de ocho centímetros que está aquí tirando, que se llama glúteo medio. Eso no lo tiene ninguna otra especie en este planeta. Entonces, en el mismo momento en que nosotros fuimos capaces de ponernos de pie y caminar, se produjo la liberación de las manos. Entonces, nosotros empezamos a pensar en el momento que empezamos a caminar, en el momento que empezamos a movernos. Entonces, si a mí me preguntas qué es lo que nos hace humanos, es ese músculo. ¿Y por qué lo llamo chapuza? Porque cuanto más estrecha sea la pelvis, menos trabaja ese solo músculo. Y eso se ve muy fácil cuando yo cojo, por ejemplo, una bolsa. Yo voy a comprar y me traigo una bolsa, esa bolsa siempre pesa lo mismo, pero a mí no me pesa igual si yo la cojo así que si yo la cojo así. Así me pesa mucho más. ¿Qué pensó la evolución? Ir haciendo la pelvis cada vez más estrecha. Pero problema, que por ahí tienen que salir los críos, y encima unos críos que probablemente, de todo el universo animal, sean los más cabezones. Por eso yo digo que la civilización existe por un centímetro, que es prácticamente el margen que tiene una cabeza de un crío de salir por esa pelvis tan estrecha. De hecho, hay una cosa súper curiosa, que es que los hombres tienen la pelvis bastante más estrecha que nosotras. Por eso ellos biomecánicamente siempre van a tener más facilidad para, por ejemplo, correr rápido. Es una cuestión de biomecánica, no tiene más. Igual que ellos van a tener mucha menos prevalencia de fracturas de cadera, por tener una pelvis mucho más estrecha. Y eso es lo que provoca que en las mujeres, por ejemplo, haya mucho más glúteo. Y ahí en el libro tienen uno un espacio las Kardashian, que no vamos a extender mucho más. Entonces, probablemente mi chapuza evolutiva favorita sea esa. Además es perfecta, porque responde los tres porqués. Para llegar al origen último de por qué pasan las cosas, idealmente habría que responder tres por qué. ¿Por qué soy más inteligente? Porque camino. ¿Y por qué camino? Por un músculo de 8 centímetros.