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Úrsula Camba. Cómo debe haber sido ser mujer, pues dependía mucho de en qué sector social nacías. Para ciertos sectores sociales, ¿qué había de opciones? El convento o el matrimonio, principalmente. Ahora, el convento no esta cosa forzada de te voy a meter al convento, como las películas. ¿Por qué? Porque la Iglesia lo que dice es vas a ser la esposa de Cristo, no puedes entrar a fuerzas, tiene que ser una cosa que realmente quieras. ¿Qué sucede con el convento? El convento es un universo femenino muy interesante porque una vez que ingresas al convento y profesas, no vuelves a salir nunca jamás. Pero cuando les digo nunca jamás es, no te puedes ni subir a la azotea del convento a ver pasar la procesión, porque tú ya te casaste y te casaste con Cristo y entonces a él debes tu vida. Entonces, ¿a qué te puedes dedicar? Pues al huerto, a hacer dulces. Algunas monjas saben leer o escribir, llevan la contabilidad y no son ningunas dejaditas, es decir, lo que encuentras en los documentos. En general, la sociedad novohispana es una sociedad muy pleitista, se pelean todo el tiempo, se pelean unos con otros, se quejan con el rey, se pelean con la audiencia, los mismos de la audiencia se pelean, se jalan la toga, se cachetean, se tiran los dientes. O sea, no se imaginen una cosa totalmente armoniosa. ¿Qué sucede con las monjas? Las monjas no se imaginen un claustro, más que las capuchinas, que son de una regla muy dura, que es una rama, digamos, de los franciscanos de mucha observancia. No se imaginen estas celditas que ven ustedes en los museos con una camita y un crucifijo, no. Las monjas se van al convento y tienen que ingresar como si se fueran a casar con una dote, tienen que aportar algo al convento y además de eso los papás les regalan, pues llévate el cuadro mijita, el baúl, el perrito, la cama, el gatito, la esclava. Llévate todo. Y entonces dentro, por ejemplo, está aquí el convento, pues yo compro esta casa y se la dono al convento y se hace una abertura hacia el convento y se cierra todo lo que tenga que ver con el exterior, ventanas, puertas, etcétera. Y los conventos van creciendo pues muy a la mexicana, muy desordenados. Hay de repente una placita en medio o una fuentecita, pero están cerrados al mundo exterior. Entonces no hay que imaginarnos tampoco estas mujeres desvalidas, pobrecitas, incapaces. Dentro de su universo de acción eran capaces de modificar, digamos, sus condiciones. Qué sucedía con las mujeres que no tenían una dote para entrar al convento pero que no querían que se perdieran, digamos, que se dedicaban a la prostitución, a la mendicidad. Había organizaciones de caridad que les daban una dote para que pudieran ingresar o lo podían, digamos, solventar, si pues tenían una voz muy bonita o tocaban algún instrumento, entonces pues ahí como que pues ya se les perdonaba la dote. Y claro que dentro del mismo convento había diferencias sociales, porque como dice el dicho, hasta en los microbuses hay rutas. Es decir, no todas eran iguales, había muchos grados y estaban estas monjas, por ejemplo, que tenían a lo mejor una criada, el término correcto es criada, no es como para nosotros, que es un término peyorativo. ¿Qué es un criado? Alguien que se cría en la casa de alguien. Y entonces ¿qué pasa con las monjas? No pueden salir al mundo exterior, pero tienen a su criada que sale al mercado, que le trae todos los chismes del día, qué pasó, quién se peleó con quién, quién anda con quién, quién se escapó, quién se fugó, a quién lo agarraron, a quién mataron, etcétera.