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Pedro Ángel Palou. Solo nos ponemos de acuerdo en dos cosas en Juan Gabriel y en la Selección Mexicana, no en el futbol, porque eso también nos hace pelearnos, pero en la Selección. El futbol mexicano es nuestra última épica, es el último lugar en donde creemos que algo es posible. Nos han quitado muchas posibilidades, pero siempre pensamos en la esperanza última de que en el futbol sí, ahora sí la vamos a hacer. Y yo en esta novela, que es una novela paródica, como dices bien, es una novela de humor, sucede en un reino inexistente que se llama Holenia y el rey de ese, o el barón que dirige ese reino dice ¿y si hacemos un campeonato mundial? Ya no hay fútbol en el mundo. Entonces hay chamanes, taqueros, arroceros. Los equipos son equipos muy raros, pero además adentro de los equipos hay personajes de la historia. Juega Mozart, juega Borges, juega ciego. Total, que pongo a jugar a todos estos en una especie de hilarante comedia de lo que el fútbol puede provocar. Y tu pregunta, Silvia, me lleva un poco más bien a este último Mundial que acabamos de vivir, que nos habla de esta épica. Un mundial muy extraño porque se jugó en tres países y en uno único de esos países la afición es verdaderamente una afición futbolera. Entonces pobres de los que no jugaron en México porque estaban muy tristes, de que no es lo mismo jugar en el Azteca o incluso jugar en Monterrey o en Guadalajara que jugar en un estadio con un público que no sabe cómo emocionarse. ¿Qué pasó en este último Mundial? Y es creo que interesante casi desde el punto de vista filosófico. Sustituimos en las gradas el grito “Sí se puede” que como, por eso digo que es filosófico, es un grito afirmativo, “Sí se puede”, por una interrogación, “¿Y si sí?”. Vean cómo somos los mexicanos, qué interesante, somos el único país que puede arengar a su fanatismo, a su fanaticada, a sus hinchas, con una pregunta, con un signo de interrogación. O sea que siempre ha habido un México y creo que se coincide con todas mis respuestas, una necesidad de no ser tan escépticos de nosotros mismos. Desde que le metimos el primer gol a Francia en 1930, como que no nos la terminamos de creer, y tan no nos las terminamos de creer que decimos “¿Y si sí?”, y todo mundo empezaba felicísimo “¿Y si sí?”. Yo mismo grité muchas veces “¿Y si sí?” obviamente, pero cuando te pones a pensar ya con unos días de distancia, ya acabó el mundial y por cierto no hubo “¿Y si, sí?”, pero no me interesa que hayamos perdido, que no hayamos logrado pasar a la siguiente ronda. Me interesa filosóficamente por qué los mexicanos dudamos tanto de nosotros mismos que hasta en la arenga con la que supuestamente estamos diciendo vamos a triunfar, a pesar de tres grandes triunfos, nunca nos había pasado tres triunfos seguidos de esa magnitud en la primera fase del Mundial, no dijimos otra vez sí se puede, vamos con todo, ahora sí vamos. No, nos preguntamos “¿y si sí?”, porque atrás del “¿y si sí?” filosóficamente es algo mucho más complejo que es ¿y si no? Y si esta vez tampoco.