20:35
Aurelio Rojas. Bueno, siempre se ha dicho que el órgano del amor era el corazón. No sé hasta que punto es esto cierto, y tampoco el corazón tiene forma de ese corazón que dibujamos en los papeles o en los libros. Pero es cierto, y esto es indudable, que aunque los sentimientos son una emoción que muchas veces expresamos, tienen una base bioquímica y cerebral bastante potente. Y hoy en día sabemos que intervienen múltiples neurotransmisores y múltiples conexiones neuronales y bioquímicas y son las que nos hacen sentir esos sentimientos tanto de alegría como, a veces, de enfado o de tristeza. Y es fácil pensar que nuestro corazón es un órgano que está aislado en el centro del pecho y que no se afecta por absolutamente nada de lo que tiene alrededor, pero la realidad es que es todo lo contrario. Nuestro corazón es sumamente sensible a todo lo que le sucede al alrededor, incluidos los sentimientos. Tiene unos receptores tremendamente sensibles y tremendamente reactivos, porque es el propio corazón el primero que tiene que responder si detecta que en nuestro cuerpo hay una situación de felicidad, de tristeza, de alegría, de ansiedad, de estrés, porque él es el que tiene que latir más rápido, más despacio, más fuerte o más débil, en función de lo que detecte que necesita nuestro cuerpo. Y para eso, nuestro cerebro está profundamente conectado con el corazón, que pensamos que es solo un músculo, pues no, nuestro corazón también tiene hasta 40.000 neuronas que ayudan a regular su actividad eléctrica y que tienen receptores para todas esas sustancias y para todos esos mediadores endocrinos que hacen que nuestro corazón pueda funcionar de una manera adecuada. Y por eso, precisamente, cuando tenemos situaciones de estrés y de ansiedad importantes, ¿cuál es el primer síntoma que vamos a notar? Lo primero que notamos es el corazón. Es esa presión en el pecho, es esa falta de aire, es esa taquicardia. Es nuestro corazón el que empieza a reaccionar el primero ante esas emociones. Y hay un síndrome que se llama “del corazón roto”, en el que en el contexto de una situación emocional muy importante, generalmente además suele ser una situación negativa, una discusión, un enfado, el fallecimiento de algún familiar y sobre todo en personas con más predisposición emocional, en personas más sensibles, en el contexto más intenso de esa emoción, nuestro corazón presenta los mismos síntomas que un infarto. Empieza a doler muy intensamente, empezamos a fatigarnos, y realmente pensamos que tenemos un infarto. Pero no solo lo pensamos nosotros, sino que rápidamente acudimos al hospital, y nos hacen un electrocardiograma y es un infarto. Rápidamente nos meten en el quirófano porque estamos teniendo un infarto y, cuando entran dentro de nuestras arterias para ver si está circulando la sangre y hay alguna arteria obstruida, nos encontramos que están todas perfectas. No hay ninguna arteria obstruida. Sin embargo, el corazón contrayéndose está emulando el infarto y hay una zona incluso del corazón que deja de contraerse. Esto se llama “síndrome del corazón roto”, y es una respuesta que tiene nuestro corazón ante un estímulo emocional importante. Esto es en un momento agudo y parece una tontería, pero es mucho más frecuente de lo que pensamos. Pero es que esas emociones negativas también influyen de manera negativa en nuestro corazón. Desgraciadamente pensamos que no y que no está conectado, pero las personas que tienen tristeza, que desgraciadamente no tienen una salud mental adecuada, pues desgraciadamente, cuando revisamos la evidencia científica, y cuando nos vamos a revisar el riesgo que tiene de tener problemas de salud, precisamente son los problemas de corazón los primeros que aparecen. O sea que fijaos como realmente tener una mentalidad negativa, tener soledad, tener tristeza y tener todos estos neurotransmisores, que no solo están en nuestro cerebro sino que impactan directamente también en nuestro corazón, pueden afectar a la función cardíaca a largo plazo. Con lo cual hay que intentar, en la medida de lo posible, tener una actitud positiva, afrontar las cosas positivas. Ya sabemos que hay una conexión mente-cerebro-corazón, y que igual que esto nos afecta a nosotros de manera interna hacia el exterior, igual que cuando nosotros no estamos bien físicamente, desde fuera se nos ve que estamos apagados, tenemos una postura encorvada, no sonreímos, nosotros, voluntariamente, podemos influir en sentido inverso con nuestra propia actitud, con nuestra propia mirada y nuestra propia postura.