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Javier Peláez. Vale, bueno, yo escribo sobre expediciones, casi todas en el Polo Norte o en el Polo Sur, algunas oceánicas y ha habido muchas, muchas, muchas locuras. La mayor de las locuras, al menos en el Ártico, creo que sé, la personal la tengo bastante clara, y te voy a explicar por qué. Es Nansen, en un barco llamado ‘Fram’. El mayor miedo de una expedición que va a una región polar es quedarse atrapado en el hielo. Los hombres salían en verano, llegaban hacia latitudes donde el mar empieza a convertirse en escarcha, esa escarcha empieza a rodear al barco, se hace cada vez más densa, el frío, la noche ártica empieza a atrapar el barco y ese barco se queda aprisionado por la banquisa, inmóvil, atrapado. ¿Qué ocurre cuando ese abrazo del hielo empieza a apretar demasiado? Pues la presión suele, suele, suele destrozar los barcos. Y cuando se hunde un barco en el Ártico pasan dos cosas interesantes. Y es que la primera es que pierdes el medio de transporte donde te llevabas y lo pierdes a miles de kilómetros de cualquier punto de civilización que pueda ayudarte, sobre todo en siglos como el siglo XVI, XVII, XVIII, ahora hay más proximidad, pero en aquellos siglos te quedaban mil kilómetros hasta que llegabas a la salvación. Pero la segunda cosa que ocurre cuando pierdes un barco es que pierdes tu refugio. El Ártico, hace frío, hay temperaturas bastante complicadas, el entorno es muy duro y sin un barco donde protegerte, donde resguardarse, donde pasar el invierno encerrado en una bodega, pues pierdes el refugio. Y el Ártico, el sur también, en la Antártida, también la banquisa tiene un truco de magia muy chulo, es un mago maravilloso. Y es que una vez que ha atrapado a tu barco y lo estruja y lo rompe y lo hunde, el frío hace que, donde antes estaba tu barco, ese hueco donde estaba tu barco se vuelva a cubrir de hielo en minutos. Además, se vuelve a llenar y, donde estaba tu salvación, tu refugio y tu medio de transporte, ahora mismo solo hay un desierto blanco que se extiende cientos de kilómetros y estás tú ahí como un náufrago, pero sin nada. Entonces, este es el mayor temor que ha pasado desde el siglo casi XVI, en 1500, empezaron fuerte las expediciones, durante cinco siglos, ese ha sido el miedo mayor de cualquier expedición al Ártico. Y aquí llega Nansen, Fridtjof Nansen, un noruego, que en 1893 dice: “Ah, pues yo me voy a quedar atrapado a propósito”. Aposta, es una locura, porque él quería llegar al Polo Norte y quería que la banquisa, los movimientos del hielo, lo llevaran. Así no tenía que andar ni tenía que correr o esquiar hacia el polo norte, él iba cómodamente en su barco. Se puso en contacto con un arquitecto, Colin Archer, que diseñó un barco específico, el barco se llamaba ‘Fram’, para que cuando la banquisa se cerrara, ese barco tenía una quilla muy redondeada, una popa muy redondeada, como un huevo, que se escapaba de la presión y se quedaba sobre la superficie, y bueno, Nansen pensó: “Pues aquí me quedo hasta que llegue al Polo Norte”. Lo que pasa es que los dioses del Ártico son siempre muy traviesos, y las corrientes árticas, que las había, en lugar de empujarlo hacia el Polo Norte, pues lo empujaba hacia otro sitio. De hecho, lo estaba alejando del Polo Norte. Pues más locura, Nansen dijo vale pues… Hizo los cálculos y dijo: “Estamos a unos 700 kilómetros del Polo Norte, vamos a ir esquiando, ¿por qué no?” Él era muy buen esquiador, estamos en 1893 y Nansen era un muy buen esquiador, que en esa época era algo muy exótico ser esquiador. Pues tenía un compañero, Johansen, y ellos dos dijeron: “Vámonos al Polo Norte en esquí, 700 kilómetros”. No lo hicieron mal, no lo hicieron mal, se acercaron a 400 kilómetros, más o menos, pero ya el invierno, la comida, no pudieron, y tuvieron que pasar ellos dos solos casi ocho meses escondidos en un agujero, esperando el verano. Así que yo creo que esa… Se salvaron, sobrevivieron, el ‘Fram’ está ahora en un museo en Noruega, en Oslo, y ellos sobrevivieron de suerte, porque una expedición de otros locos iba por allí y se encontraron a dos tíos andando allí, diciendo: “Pero bueno, ¿esto qué es?”, y los rescataron.