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¿Por qué soñamos con ir a Marte o al Polo Norte?

Javier Peláez

¿Por qué soñamos con ir a Marte o al Polo Norte?

Javier Peláez

Divulgador científico


Creando oportunidades

Javier Peláez

El divulgador científico Javier Peláez es cofundador del emblemático portal de ciencia Naukas. Su labor divulgativa ha sido galardonada con reconocimientos de primer nivel como el Premio Ondas al mejor programa de radio digital, el Premio Prisma a la mejor web de divulgación científica y diversos premios Bitácoras.

Ha cosechado un notable éxito editorial con la publicación de obras centradas en las grandes odiseas del ser humano. Es autor de títulos destacados como 500 años de frío. La gran aventura del Ártico, Planeta Océano. Las expediciones que descubrieron el mundo y En busca del último continente, libros donde combina el rigor histórico con una narrativa trepidante para retratar el espíritu de exploración y la búsqueda del saber a través de la historia.


Transcripción

00:00
Javier Peláez. En las regiones polares hay muchos héroes, pero hay pocos éxitos. Es decir, muchos héroes porque solo regresar con vida, solo sobrevivir, ya te convertía casi en un héroe. Pero también hay muchos personajes malvados, mentirosos, borrachos, hay asesinatos, hay gente que borracha, coge un arma y mata, hay envenenamientos, o sea, la historia del Ártico debería tener diez películas en Hollywood, en vez de tanto Marvel, ¿no? Me gustaría empezar definiendo qué es una aventura, porque me parece que es una palabra que se ha menospreciado bastante, la usamos casi a diario. Hoy he venido corriendo, se me ha enganchado el zapato, casi pierdo el taxi, menuda aventura, ¿no? Las aventuras que yo escribo son aventuras científicas y, hace unos años, entrevistando a un astronauta que creo que sabe algo de aventuras, a Walter Cunningham, el piloto de la misión de Apolo 7, fue la primera misión tripulada de la misión Apolo, pues él me decía que para que una aventura fuese considerada una aventura debía de tener al menos tres factores. Y eso me gustó mucho, y los tres factores eran, lo primero es que tiene que ofrecer algo de conocimiento al ser humano, debe descubrir algo, debe venir y traer, aportar algo nuevo que ofrecer a la sociedad, algo de conocimiento. El segundo factor que decía Cunningham era que debe tener un grave riesgo para la vida. Es decir, si tú vas, sales y te tropiezas y pierdes el taxi, bueno, no es muy aventurero eso. Y en tercer lugar, el tercer requisito es que debe tener un final incierto. Es decir, no debes saber qué va a pasar si vas a venir, si vas a regresar, porque si no es un viaje, un turismo, vienes, llegas. En este caso, los expedicionarios, los viajeros, los aventureros, los científicos de los que yo hablo en mis libros, sí que son aventureros, son aventuras. Es decir, salían de un puerto dispuestos a descubrir algo, a encontrar algo, a aportar conocimiento a la sociedad. No sabían si iban a venir, zarpaban, pero muchos no volvían, ya lo iremos viendo, y tenían un grave peligro para su vida. De hecho, como veréis, la mayoría la pasaron bastante canutas. Así que, bueno, de eso vamos a hablar, de aventuras, y como lo mío es el Ártico y el frío, pues muchas de ellas estarán en las regiones polares.

02:54
Hombre 1. Hola, Javier, encantado de saludarte y nada, te quería preguntar: de todas las personas que se han lanzado a vivir aventuras, ¿quién dirías que ha hecho la mayor locura?

03:08
Javier Peláez. ¿La mayor locura?

03:09
Hombre 1. Locura.

03:10
Javier Peláez. Vale, bueno, yo escribo sobre expediciones, casi todas en el Polo Norte o en el Polo Sur, algunas oceánicas y ha habido muchas, muchas, muchas locuras. La mayor de las locuras, al menos en el Ártico, creo que sé, la personal la tengo bastante clara, y te voy a explicar por qué. Es Nansen, en un barco llamado ‘Fram’. El mayor miedo de una expedición que va a una región polar es quedarse atrapado en el hielo. Los hombres salían en verano, llegaban hacia latitudes donde el mar empieza a convertirse en escarcha, esa escarcha empieza a rodear al barco, se hace cada vez más densa, el frío, la noche ártica empieza a atrapar el barco y ese barco se queda aprisionado por la banquisa, inmóvil, atrapado. ¿Qué ocurre cuando ese abrazo del hielo empieza a apretar demasiado? Pues la presión suele, suele, suele destrozar los barcos. Y cuando se hunde un barco en el Ártico pasan dos cosas interesantes. Y es que la primera es que pierdes el medio de transporte donde te llevabas y lo pierdes a miles de kilómetros de cualquier punto de civilización que pueda ayudarte, sobre todo en siglos como el siglo XVI, XVII, XVIII, ahora hay más proximidad, pero en aquellos siglos te quedaban mil kilómetros hasta que llegabas a la salvación. Pero la segunda cosa que ocurre cuando pierdes un barco es que pierdes tu refugio. El Ártico, hace frío, hay temperaturas bastante complicadas, el entorno es muy duro y sin un barco donde protegerte, donde resguardarse, donde pasar el invierno encerrado en una bodega, pues pierdes el refugio. Y el Ártico, el sur también, en la Antártida, también la banquisa tiene un truco de magia muy chulo, es un mago maravilloso. Y es que una vez que ha atrapado a tu barco y lo estruja y lo rompe y lo hunde, el frío hace que, donde antes estaba tu barco, ese hueco donde estaba tu barco se vuelva a cubrir de hielo en minutos. Además, se vuelve a llenar y, donde estaba tu salvación, tu refugio y tu medio de transporte, ahora mismo solo hay un desierto blanco que se extiende cientos de kilómetros y estás tú ahí como un náufrago, pero sin nada. Entonces, este es el mayor temor que ha pasado desde el siglo casi XVI, en 1500, empezaron fuerte las expediciones, durante cinco siglos, ese ha sido el miedo mayor de cualquier expedición al Ártico. Y aquí llega Nansen, Fridtjof Nansen, un noruego, que en 1893 dice: “Ah, pues yo me voy a quedar atrapado a propósito”. Aposta, es una locura, porque él quería llegar al Polo Norte y quería que la banquisa, los movimientos del hielo, lo llevaran. Así no tenía que andar ni tenía que correr o esquiar hacia el polo norte, él iba cómodamente en su barco. Se puso en contacto con un arquitecto, Colin Archer, que diseñó un barco específico, el barco se llamaba ‘Fram’, para que cuando la banquisa se cerrara, ese barco tenía una quilla muy redondeada, una popa muy redondeada, como un huevo, que se escapaba de la presión y se quedaba sobre la superficie, y bueno, Nansen pensó: “Pues aquí me quedo hasta que llegue al Polo Norte”. Lo que pasa es que los dioses del Ártico son siempre muy traviesos, y las corrientes árticas, que las había, en lugar de empujarlo hacia el Polo Norte, pues lo empujaba hacia otro sitio. De hecho, lo estaba alejando del Polo Norte. Pues más locura, Nansen dijo vale pues… Hizo los cálculos y dijo: “Estamos a unos 700 kilómetros del Polo Norte, vamos a ir esquiando, ¿por qué no?” Él era muy buen esquiador, estamos en 1893 y Nansen era un muy buen esquiador, que en esa época era algo muy exótico ser esquiador. Pues tenía un compañero, Johansen, y ellos dos dijeron: “Vámonos al Polo Norte en esquí, 700 kilómetros”. No lo hicieron mal, no lo hicieron mal, se acercaron a 400 kilómetros, más o menos, pero ya el invierno, la comida, no pudieron, y tuvieron que pasar ellos dos solos casi ocho meses escondidos en un agujero, esperando el verano. Así que yo creo que esa… Se salvaron, sobrevivieron, el ‘Fram’ está ahora en un museo en Noruega, en Oslo, y ellos sobrevivieron de suerte, porque una expedición de otros locos iba por allí y se encontraron a dos tíos andando allí, diciendo: “Pero bueno, ¿esto qué es?”, y los rescataron.

08:04
Javier Peláez. Aunque no consiguió su objetivo de llegar al Polo Norte, sí fue un éxito científico. Descubrió movimientos de banquisas, movimientos de… Él era un científico, Nansen era un científico, que hizo grandes descubrimientos en el Ártico, así que sí que trajo, a pesar de fallar con su objetivo principal, sí que trajo conocimiento. Así que ahí tenemos la aventura loca. Trajo conocimiento científico, arriesgó la vida y vaya si tenía un final incierto.

08:34
Hombre 2. Hola, Javier, yo soy medio finlandés, así que conozco bastante bien lo que es el frío. Y yo me imagino el Polo Norte como un lugar donde hay animales como pingüinos y osos polares y también nieve y hielo. Pero, ¿qué notarías tú que hay allí realmente?

08:51
Javier Peláez. Bueno, pues el Polo Norte, hablando con un finlandés, pues encantado, lo conocerás bien. Hay mucha confusión, en primer lugar, con qué es el Polo Norte, qué es el Ártico, qué es el Polo Sur, qué es la Antártida. La Antártida, por ahora, pertenece a la humanidad, no es de ningún país. Solo se puede ir a la Antártida con fines científicos, en paz, sin armas, por ahora, mientras el tratado, ¿no? El Ártico no, el Ártico pertenece a muchos países que no se llevan nada bien entre ellos, en algunos casos, es un mar, es un océano. Es decir, eso va a ser importantísimo en las expediciones de exploración y descubrimiento durante cinco siglos, que en el norte, en el Ártico, hay un metro, un metro, dos metros en algunos casos, cada vez menos con el calentamiento global, de hielo sobre un mar frío y helado que te mata. La Antártida no, la Antártida es un continente, es decir, hay tierra firme, ahí puedes pisar y no te hundes. Cuando llega la primavera o cuando llega el verano, los expedicionarios del Ártico tienen que correr hacia alguna isla o hacia algún terreno porque se les hunde la banquisa bajo sus pies y se ahogan. En la Antártida es un continente y hay un continente de tierra firme sobre el cual se levantan en algunas regiones hasta tres kilómetros de nieve, es enorme. La vida, la flora, todo es diferente. Aunque el entorno es similar y las evoluciones son similares, hay una vida diferente. Por ejemplo, en el norte tenemos a los osos, los pingüinos están en el sur, en la Antártida. Cuando cogéis una brújula, ¿dónde creéis que apunta? ¿Al Polo Norte? ¿Al norte? No, apunta al polo norte magnético, no al geográfico. Estos son dos conceptos que a lo mejor, ya que estamos aquí, me gustaría… Porque son importantes luego para las expediciones. Sabéis que la Tierra gira inclinada sobre el eje del plano donde orbitamos el Sol, unos 23 grados. Bueno, pues donde ese eje toca la superficie son los 90 grados. Ese es el polo norte geográfico. Es un punto fijo y se mueve un poco con algunos movimientos de la Tierra, como el bamboleo de Chandler, etc., que no vamos a entrar, pero es un punto bastante fijo que nos permite, por ejemplo, como es fijo, usos horarios, podemos hacer meridianos… O sea, podemos utilizarlo como marca humana para medir en la Tierra. Sin embargo, ese punto geográfico fijo, en contraposición, hay un punto que se llama el punto norte magnético, que es donde apuntan las brújulas, al magnético. Tiene que ver con el núcleo de la Tierra, con el magnetismo, etc. No son iguales, están bastante diferentes. De hecho, la primera expedición que llegó al polo norte magnético fue la de James Clark Ross, un británico que llegó en 1831, determinó que allí la brújula se volvía loca, no daba nada más que vueltas porque allí es donde apuntaba. Pasó el tiempo, 70 años, y otra expedición, Roald Amundsen, que es el rey de los polos, el hombre que llegó al Polo Norte, al Polo Sur, llegó a todos sitios, pues andaba también por esa región y se le ocurrió medir y encontrar dónde estaba el polo norte magnético.

12:33
Javier Peláez. Bueno, pues se había movido unos 60-70 kilómetros. El magnetismo de ese polo norte magnético no es fijo, se mueve. De hecho, ahora mismo está, os voy a decir, ¿dónde está el polo magnético norte? Ahora mismo está entre la isla de Ellesmer y Groenlandia, una parte por allá arriba. Pero es que se mueve, o sea, de aquí a unos años estará en otra cosa. Y hace unos años hemos descubierto, los científicos han descubierto que se está acelerando, que se mueve cada vez más rápido y todavía no sabemos por qué. Puede haber una inversión magnética, que ya ha habido algunas cuantas en la historia de la Tierra, no lo sabemos. Esa es una diferencia importante, ¿no? Y sobre todo, lo importante para las expediciones es que, cuando tú vas al norte, es muy fácil que te hundas, como dijimos, en el mar, que mueras, que te quedes allí aprisionado, mientras que en el sur, las expediciones con el sur, la Antártida, que es más fría, hemos tenido más suerte, hemos tenido mucha suerte. De hecho, hemos conquistado, explorado, llegado al polo sur magnético y al polo sur geográfico en tres o cuatro expediciones, mientras que para hacer eso en el norte nos ha llevado casi 500 años. Otra de las características muy interesantes para las expediciones que van tanto al Ártico como al Antártico, es la falta de sol. La noche polar dura meses, en algunos casos puede llegar, según la latitud, a llegar a cuatro o cinco meses de total oscuridad. Aquí un finlandés lo sabrá, ¿no? Y yo os quería preguntar, o si no os lo explico yo, ¿qué es el círculo polar ártico y el círculo polar antártico? ¿Esto qué es? ¿Cómo se mide? ¿Llegó un francés o un inglés y dijo: “Voy a ponerlo aquí en los 66 grados y medio norte y en los 66 grados y medio sur”? Lo habréis escuchado, el círculo polar antártico. Veis un mapa y veis ese dibujito de, normalmente, líneas azules discontinuas. ¿Eso qué mide? ¿Por qué está ahí? Bueno, esos puntos miden, todos los puntos en esa línea miden los lugares donde, al menos una vez al año, no se pone el sol. A partir de esa línea hacia abajo, según la latitud, cada vez hay menos luz en invierno, invierno austral es nuestro verano y el invierno ártico en los meses de enero o febrero, es decir, los expedicionarios van a tener que luchar no solo contra el frío, contra el aislamiento, contra las bajas temperaturas. La Antártida, como dijimos, es mucho más fría, el récord de la Antártida… Se ha llegado casi a ochenta y tantos grados bajo cero, en el Ártico menos, pero oye, se llega a 60 fácilmente, 60 grados bajo cero. La sensación térmica en el Ártico es peor también, es diferente la sensación térmica de la temperatura. Es decir, hay varias diferencias para un explorador… Tened en cuenta, fijaos, los materiales que tenemos hoy no son los materiales que teníamos hace dos siglos, hace tres siglos, que iban casi en mangas de camisa.

15:47
Javier Peláez. Ahora creo que veremos alguna foto de gente que dirá: “Pero si eso se lo ponían para ir un domingo a misa, si parecía… O sea, ¿iban con eso al antártico?” Sí, sí, pues así iban. Y la diferencia de estar a oscuras durante tres meses también ha tenido una gran importancia. Hoy tenemos bastante bien estudiado lo que es la falta de sol, la falta de luz diurna, pero en el siglo XVII, en el XVIII, en el XIX, eso era una incógnita. Así que también es importante saber que durante gran parte del año puede ser… O el sol no se pone y es siempre de día, o el sol nunca sale y siempre es de noche.

16:40
Mujer 1. Hola, Javier, es un placer escucharte. Con todas las condiciones extremas, ¿hay alguna aventura que ha sido una pesadilla?

16:49
Javier Peláez. Sí, casi todas. La verdad es que casi todas las aventuras que hablo en mi libro son verdaderas pesadillas. Yo tengo una frase, esta si es mía, no se la he copiado a Walter Cunningham, que suelo decir y es que en las regiones polares hay muchos héroes, pero hay pocos éxitos. Es decir, muchos héroes porque solo regresar con vida, solo sobrevivir, ya te convertía casi en un héroe. Tú regresabas a Inglaterra, a Países Bajos, a Francia, a todas las expediciones que han hecho, se tiraban un mes, un año, dos años, en esas regiones polares y cuando regresaban, a lo mejor regresaba la mitad de la tripulación que había sobrevivido, pues ya era todo un éxito, ya era un héroe el que regresaba. Y la mayoría de ellos no llegaban donde tenían que llegar. Hemos hablado de Nansen antes, no llegó al Polo Norte, pero cuando regresó era un héroe, porque había regresado con vida. Entonces, casi todas se terminan convirtiendo, por una razón o por otra, o por muchas, en verdaderas pesadillas. Si quieres que te concrete más, y ahora que lo he estado pensando, la de Greely, Adolphus Greely es una de mis favoritas y es una que ocurrió a finales del siglo XIX, en 1881. Os voy a contar la historia de Adolphus Greely. En ese año, en 1881, se declaró año polar y se decidió que queríamos montar la primera base permanente, una base en el Ártico. Hasta ahora, la exploración había sido ir en un barco, era casi una exploración de guerrilla. Ibas en un barco, el Ártico te atrapaba, regresabas como podías, llegabas allí. Ahora querían hacer una base permanente y eligieron, eran americanos, así que eran innovadores en aquel tiempo, y dijeron: “Venga, vamos a hacer una base permanente, vamos a llevar a 25 hombres, bien entrenados, soldados americanos”. Algunos no sabían nadar, otros no habían visto el mar, les daba igual. Se apuntaron allí, eso era mejor que el ejército, imagino, y se fueron a la isla de Ellesmer. Tuvieron mucha suerte porque el barco que les llevó, ese verano estaba bastante despejado de hielo y subió muy, muy, muy arriba. Les acercó mucho al Polo Norte. Pero, ¿qué pasa? Ese barco, la idea era que regresaba, les dejaba allí unos tablones, les dejaba… Estos son, mira, Greely, aquí los tenéis, así iban, los ves y parecen filósofos. Es decir, ¿esta gente se iba al Ártico? Sí, sí, estos son los 25 que fueron a la isla de Ellesmer, donde el barco les dejaba unos maderos, les dejaba comida y les dejaba un año para que prepararan una base. Eran científicos, hicieron muchas mediciones científicas y al año siguiente, en el verano siguiente, supuestamente el barco regresaba otra vez y les volvía a dar comida.

19:53
Javier Peláez. ¿Qué pasa? Que tuvieron tan buena suerte que fue mala suerte, porque la primera vez cuando los dejó, los dejó tan arriba, tan arriba, que al verano siguiente, cuando intentó regresar, estaba todo helado y no podía llegar hasta donde estaban estos expedicionarios. Ellos lo pasaron fatal, pasaron hambre, pasaron sufrimiento, intentaron batir el récord más cerca del Polo Norte, lo consiguieron, pero casi mueren en el intento, fueron muriendo poco a poco, al segundo año el barco seguía sin poder llegar, se les acabó la comida, intentaron andar, caminar ellos hacia abajo para encontrar un punto navegable donde entrar y estuvieron tres años, tres años vagando por la isla de Ellesmer. Murieron, de 25 personas sobrevivieron seis. Terminaron, no quiero ser escatológico, pero hubo canibalismo, se comieron los líquenes, lo que fuera se lo comían y fue una pesadilla verdadera. Sin embargo, vuelvo, vuelvo otra vez, estuvieron seis meses flotando en un trozo de iceberg. Eso es una cosa que lo piensas bien y dices: “Estuvieron seis meses flotando en un trozo de hielo. O sea

23:05
Hombre 3. Hola, Javier. Soy fan de los vikingos. He visto series, películas acerca de ellos, y me gustaría saber cómo llegaron a lugares tan fríos.

23:16
Javier Peláez. Bueno, pues los vikingos, qué historión, ¿no? Me molan mucho porque tienen aventura y luego encima nórdico, ¿no? Si hablas de que has visto muchas series y televisión, uf, ten cuidado porque suelen ser muy poco precisas históricamente, ¿no? Los vikingos, la imagen normal de un vikingo es alguien con cuernos, casco de cuernos, eso no existió, nunca los llevaron, que iban en barcos que llamaban ‘drakkar’, los ‘drakkar’ tampoco existieron, el nombre ‘drakkar’ se lo inventó un escritor en el siglo XIX y tuvo éxito, pero los ‘longboats’ esos que tenían no se llamaban ‘drakkar’. De hecho, vikingos lo llamamos para todo, pero los vikingos eran solo una parte de esos pueblos nórdicos. Los pueblos del norte eran muchos, eran muy diversos, todos pensamos que se dedicaban a robar, a atracar y a asaltar pobres monjes en Inglaterra. No, no, eran comerciantes, eran buenos artesanos, viajaban mucho y no siempre robaban, a veces comerciaban. Y la palabra concreta, “vikingo”, viene del término ‘fara i víking’, que literalmente significa irse de expedición, irse de viaje, irse de aventura. Esos que salían hacia el mar eran los vikingos. Así que no todos eran vikingos, había campesinos… Sino que los vikingos propiamente dichos eran los que se iban de expedición, de incursión, los que salían. Ese es el término correcto de los vikingos. Y hoy yo creo que si hablamos de vikingos a nadie ya le sorprende que digamos que llegaron a América mucho antes que Colón. Y está confirmado arqueológicamente, tenemos pruebas documentales, en fin, sabemos que los vikingos llegaron a América simplemente por el periplo que hicieron, por la odisea que hicieron, desde Islandia, Groenlandia, Terranova, Vinland… Todo ese periplo está ya muy bien documentado, y hace unas décadas se empezaron a encontrar excavaciones de vikingos en América del Norte, así que llegaron antes que Colón. Eran unos grandes navegantes, o sea, si quiero hablar de vikingos, tengo que hablar de que eran unos tipos que se arriesgaban mucho. Es decir, normalmente se hacía cabotaje. La navegación de cabotaje es una navegación que sigue la costa. Adentrarse en mar abierto es muy peligroso, no tienes referencias, todo es mar, te pierdes. Entonces, lo más fácil es seguir la costa, que es la navegación de cabotaje. Sin embargo, estos vikingos, de vez en cuando, se arriesgaban a meterse en aguas abiertas y lo hacían bastante bien, eran muy buenos con la navegación astronómica, el sol lo utilizaban muy bien. El sol, por ejemplo, es peligroso el sol, porque si tenemos aquí un finlandés en las regiones nórdicas, el sol lo mismo no lo ves en dos meses porque está nublado. Pero tenían trucos, eran gente muy imaginativa, tenían unas piedras que se llamaban piedras mágicas, una calcita cristalina que incluso cuando es nublado puedes utilizarla para ver el sol.

26:38
Javier Peláez. Pero tenían otros trucos… Desde Noé, los romanos utilizaban pájaros, animales, los lanzaban, estás en mar abierto, tú lanzas un ave, Noé lanza una paloma, los romanos lanzaban también palomas y miras hacia dónde va para saber dónde puede haber una tierra más cercana. Los vikingos eran guays, tiraban cuervos, es muy ‘Juego de Tronos’ eso también, y ellos lanzaban cuervos y miraban. Cuentan una leyenda con Loki que lanzó un cuervo, vio que se iba para casa y dice: “Todavía estoy cerca de casa”. Siguió avanzando, siguió navegando, lanzó otro cuervo y el cuervo ya dudó un poco más, empezó a mirar, pero luego volvió a casa. “Bueno, pues tengo que seguir un poquito más”. Hasta que ya lanzó un tercer cuervo y se fue hacia allá Pues dice: “Hacia allá debe haber tierra, ¿no?” Es una manera de intuir tierra firme cuando estás en alta mar. En fin, hay muchas anécdotas. ‘Greenland’, la tierra verde, que oye, mira qué bien suena, ¿no? Para un vikingo que busca nuevas tierras, escuchar que ‘Greenland’, hay una tierra desconocida que se llama ‘Greenland’, pues oye, es atrayente, ¿no? Resulta que, bueno, no era tan diferente a la Noruega, a la Dinamarca que ellos vivían, era bastante similar, era Groenlandia. Pero Erik el Rojo quería atraer gente a esa nueva tierra y como él no podía volver porque había tenido un pequeño, bueno, había matado a alguien y lo estaban buscando las autoridades, pues Erik el Rojo dijo: “Bueno, ¿cómo traigo aquí a mis paisanos? ¿Cómo los animo? Pues voy a llamar a esto la Tierra Verde”. Y bueno, pues eso fue la primera campaña de marketing engañoso de la historia, yo creo. Sí, sí, sí.

28:37
Teresa. Hola, Javier, soy Teresa. Estás hablando de muchos exploradores y yo pienso, por qué los seres humanos nos empeñamos, por ejemplo, en ir a un sitio oscuro, hielo, frío. O sea, ¿qué es lo que mueve a esos exploradores a buscar esas tierras tan inhóspitas, por lo menos?

28:56
Javier Peláez. Hay una palabra que me gusta utilizar, que se la he copiado a Alexander von Humboldt, que es el ‘fernweh’ que es un sentimiento, es una palabra alemana ‘fernweh’ que significa… Es extraño, es tener añoranza o tener melancolía o tener morriña, de algo que no conoces, de lo lejano. Es decir, tener melancolía de lo lejano. Claro, nosotros estamos más acostumbrados a la melancolía, a la morriña gallega de echar de menos nuestra casa. Bueno, hay gente que sí es cierto que tiene ese sentimiento de echar de menos cosas que no conoce, lugares extraños. Alexander von Humboldt se volvía loco viendo los barcos entrar y salir del puerto y él allí que no podía viajar, ¿no? Entonces, eso sí es un sentimiento que hay algunas personas… Yo no me iría a Marte, pero entiendo que haya astronautas que se preparen para irse a Marte, eso es cierto. ¿Por qué ir a las regiones polares, por ejemplo? Bueno, Edmund Hillary decía: “¿Por qué escalar el Everest? ¿Por qué escalar una montaña?” Y decía: “Porque está ahí”. Porque, no sé, como que le llamaba, él tenía ese sentimiento de que “esa montaña me llama”. Eso es un sentimiento… De todas maneras voy a bajar las expectativas, hablando de ir al Polo Norte y de cumplirse a sí mismo, y de hacer algo por mí, por superación, o por mi país, en el caso de plantar una bandera, eso es una cosa muy reciente, eso es una cosa del romanticismo. Entonces, a partir del siglo XIX es cuando la gente empieza a decir: “Voy a hacer algo porque yo quiero superarme o voy a hacer algo por mi país, que ahora Noruega y Suecia se están peleando, voy a hacer yo una…” Con los movimientos del siglo XIX románticos y nacionalistas es cuando se empieza a esto, antes no. ¿Por qué vamos a ir al Polo Norte? Nadie quería ir al Polo Norte. La exploración ártica, y esto sí que lo quiero recalcar, ha sido siempre, siempre por motivos económicos. Cuando allá en el lejano Tratado de Tordesillas, España y Portugal se dividieron el mundo, no solo se dividieron las tierras, también se dividieron las rutas comerciales para llegar a las especias. Hemos terminado yendo al Polo Norte por las especias, eso es una cosa extrañísima y curiosísima, ¿no? Pero Colón no salió a descubrir una nueva tierra o a decir: “Voy a sacrificarme yo para ser un héroe”, él fue a buscar una ruta comercial. El primer explorador ártico que conocemos era un griego, se llamaba Piteas, fue a por estaño, no iba al Polo Norte, eso no hay nada. En el Polo Norte

33:13
Javier Peláez. Colón no llegaría al continente hasta su tercer viaje, primero estuvo en unas islas, ¿no? Pero el continente americano, allí por… ¿Y qué buscaba John Cabot, tan arriba, casi en Terranova? Pues buscaba un paso, un paso para llegar a las especias, igual que Colón. Colón lo había intentado, se encontró América y John Cabot dijo: “Bueno, pues si subo hacia arriba y como la Tierra es redonda, esa circunferencia será cada vez más pequeña y mi viaje va a ser más corto”. Bueno, ¿qué pasó? Se encontró con el hielo, evidentemente, en todas estas condiciones y tuvo que volver, ¿no? Pero la idea era ir a las especias, ir a las Molucas, ir a las especierías, a coger clavo, pimienta, igual que lo hizo Elcano, igual que lo hizo Magallanes, igual que todos. O sea, que esa idea de: “Ay, voy a ir al Polo Norte para poner la bandera por mi país o porque yo lo siento”, es muy, muy reciente.

34:08
Hombre 4. A pesar de decir que hubo más expediciones al Polo Norte que al Polo Sur, ¿a cuál de los dos se llegó antes? ¿Al Polo

34:14
Javier Peláez. Norte? ¿A cuál se llegó antes? Pues fíjate, se llegó antes al Polo… ¡Ah, tú me quieres pillar! No, no, ¿por tierra?

34:21
Hombre 4. Claro.

34:22
Javier Peláez. Se llegó primero al Polo Sur. Amundsen llegó al Polo Sur con Scott. ¿Por qué? Porque todo el mundo pensaba que Robert Peary había llegado al Polo Norte. Entonces, no era interesante. Una cosa de los exploradores que veremos es que no les gusta ser los segundos. Entonces, cuando Robert Peary mintió diciendo que había llegado al Polo Norte, había mentido, pero claro, Amundsen se estaba preparando para hacer una expedición al Polo Norte y mandó un telegrama, se lo mandó a Scott, por cierto, diciéndole: “Voy al sur”, diciendo: “Espérame que voy para allá”. ¿Por qué? Porque ya no le interesaba ir al Polo Norte porque ya había llegado Robert Peary. Robert Peary mintió, lo que pasa es que todo el mundo… Robert Peary tuvo mucha suerte, es un explorador americano, estadounidense, que se encontró con una carrera igual por el Polo Norte con otro expedicionario, que se llama Frederick Cook. ¿Qué ocurre? Que Frederick Cook sí que era un mentiroso, todo el mundo sabía que era un mentiroso. Se había hecho una foto en el Mckinley, en Alaska, diciendo: “He llegado al McKinley, he llegado a Alaska”. Y era otro pico, se había hecho la foto en otro sitio, un selfie, o sea, era un mentiroso y lo conocían. Pero claro, y Frederick Cook dijo: “He llegado al Polo Norte, yo. Y llega Robert Peary y dice: “No

37:59
María. Hola, Javier, mi nombre es María y estoy encantada de escuchar todas estas historias, pero tengo una curiosidad por todo aquello que no se cuenta, ¿hay alguna aventura olvidada que nos puedas contar?

38:11
Javier Peláez. Sí, sí, sí, olvidada. Fíjate, el público general, cuántos de los nombres que he dicho aquí no conocerán, con las aventuras que han vivido. Olvidadas hay muchas, sobre todo los que no regresaron. Mira, si tengo que decirte algo, olvidada hasta para mí, porque lo he descubierto hace poco, fue la aventura del ‘Karluk’. La aventura del ‘Karluk’ es la que he escrito en el último libro, ‘En busca del último continente’, y es una expedición que surgió cuando yo hacía la documentación, hace 10 años, para mi primer libro y la dejé como ahí, olvidada, en un cajón. Pero luego llegó la pandemia y empecé a buscar cosas, rebuscando, y empecé a ver esta historia que me quedé alucinado. Es una historia reciente además, os contaré, nos vamos a situar en 1913, un poquito antes de la primera guerra mundial, en pleno siglo XX. Creemos que conocemos mucho el planeta, pero fijaos, en 1913, si hacéis un triángulo entre Alaska, Groenlandia y el Polo Norte, ese triángulo, Rusia, América y tal, pues ahí teníamos, en 1913, un triángulo de más de dos millones de kilómetros cuadrados, que no se sabía lo que había. Podría haber otra isla grande como Groenlandia. En ese triángulo, en ese espacio, en ese hueco en blanco en los mapas de 1913, cabía cinco veces el Reino Unido. Era un espacio enorme. Y sale un tipo que se llama Vilhjalmur Stefansson y dice: “Pues yo creo que podría haber un continente. ¿Por qué no? El último continente. “¿Hay algo por descubrir? ¿Hay tierras allí o hay solo mar?” Y claro

41:44
Javier Peláez. ¿Y conocéis esta historia? ¿Por qué no tiene esto una película en Hollywood? O sea, es que me parece… Luego, a todo esto, Vilhjalmur Stefansson, el capitán, el gran comandante, el de la idea, cuando vio que el barco se había congelado, dijo: “Esto está regular, voy a ir a cazar cosas”. Y se fue. Y los dejó a todos en el barco. O sea, en el Ártico, en las regiones polares, hay muchos héroes, pero también hay muchos personajes malvados, mentirosos, borrachos, hay asesinatos, hay gente que, borracha, coge un arma y mata, hay envenenamientos… O sea, la historia del Ártico debería tener, olvidada, dice, debería tener diez películas en Hollywood en vez de tanto Marvel, ¿no? Esta, por ejemplo.

42:40
Alicia. Hola, Javier, soy Alicia, soy periodista, y tú estás siempre en nuestros hogares a través de tus aventuras. Pero claro, de todas estas personas, de todos estos aventureros, muchos han encontrado, en esos lugares, un hogar. Pero, ¿cómo ese sitio puede ser para unos un hogar y para otros una trampa?

42:58
Javier Peláez. Pues me imagino también que hablas de inuits, ¿no? Cómo los inuits pueden vivir ahí un hogar y otros, pues algunos se aclimatan más, otros se aclimatan… Esto es muy bonito, porque decía Amundsen, que aquellos que crean que el estar largas temporadas en el Ártico hace que te acostumbres al frío, es mentira. O sea, es como el chiste del oso polar, de la cría que le dice: “Papá, ¿somos osos polares? ¿De verdad que somos osos polares?” Dice: “Que sí, que sí”. Y dice: “Entonces, ¿por qué tengo tanto frío, si soy un oso polar?” Da igual, hay gente que se acostumbra mejor, otros peor. Pero los que sí, sí llevan siglos, milenios, de hecho, viviendo, adaptándose, sobreviviendo, desarrollando técnicas inventivas, son los inuits, todos los pueblos inuits, y tenemos documentadas culturas Pre-Dorset, que se llaman “Dorset de los preesquimales

47:05
Javier Peláez. Se llamaba Davis, que era un explorador ártico del siglo XVI, XVII, que uno de los que venían de Groenlandia decían que los inuits eran muy violentos, que habían terminado porque les robaban las cosas a los ingleses, los ingleses disparaban, hubo un general que fue a Groenlandia y terminó con una…, volvió a Inglaterra con una flecha en el culo, literal, o sea… Y este tipo, Davis, dijo: “Yo voy a llevar una cosa diferente con esta gente”. Y fijaos que aquellos barcos eran pequeñitos, había 10, 12 personas. Pues eligió llevarse a cuatro músicos en la expedición, a ver qué tal. Dicen que la música amansa a las fieras y tal, ¿no? Bueno, pues casi lo hacen hijo adoptivo allí. Volvió varios viajes, hizo dos o tres viajes a Groenlandia, al mismo poblado lo recibían y dijo: “Bueno, pero esta gente que decían que eran violentos, son unos pedazos de pan. O sea que las tribus de Groenlandia

48:20
Hombre 5. Hola, Javier, interesantísimo todo lo que estás contando. Yo cuando me voy de vacaciones, lo que entra son las gafas de snorkel, sobre todo en verano. Y fíjate en la orilla, las cosas que se ven, puedes pasarte horas viendo un poquito todo lo que es el mar. Tú has escrito mucho sobre océanos y, sin embargo, se comenta que solo hay un 5% de lo que sabemos del océano. ¿Qué crees tú que hay en ese 95% restante?

48:47
Javier Peláez. Esa frase de “conocemos, por ejemplo, mejor la superficie de Marte que los fondos de los océanos” o que solo conocemos el 5% de los fondos oceánicos. Esas frases llevan circulando desde los años 70, y eran ciertas, pero algo hemos mejorado y te digo, ahora mismo, en las últimas décadas, los últimos años, incluso, con un sistema satelital brutal, hay sondas que están haciendo batimetría satelital con radar satelital, ahora mismo te digo CRYOSAT, Sentinel, SWOT, hay una sonda SWOT que está barriendo todos los fondos, es espectacular y ahora mismo sí tenemos mapas muy detallados de la superficie de los fondos oceánicos. O sea, yo lo comentaba el otro día con un amigo oceanógrafo que dice: “Esa frase del 5%, oye, ya hemos mejorado, me la llevan diciendo de los años 70, 80”. Hemos mejorado y ahora tenemos verdaderos mapas. Pero sé que seguramente te refieres a ir debajo de verdad, a explorar qué hay debajo. Eso sí que es complicado. Es decir, ahí sí que podemos decir que hemos puesto más seres humanos en la Luna que en el fondo, en el abismo ‘Challenger’, en la fosa de las Marianas. Son 11 kilómetros, fíjate la diferencia, la Luna está a 380.000 kilómetros, el abismo ‘Challenger’ está a unos 11 kilómetros. Vamos, eso es la calle Alcalá casi, no lo sé, pero es muy poco. Entonces, ¿cuál es el problema? ¿Por qué no hemos logrado bajar? Bueno, la presión. Las presiones que se somete un batiscafo, pues hemos tenido noticias hace poco de un submarino que visitaba el Titanic e implosionó, pues son peligrosísimas. De hecho, muy poca gente ha ido a la fosa, in situ, de las Marianas. La primera vez fue en 1961. Fíjate qué fecha, ¿eh? Para 11 kilómetros de sitio. Pues en 1961 hubo un tipo que se llamaba Piccard. Me encanta el nombre Piccard porque era pariente del famoso inventor Piccard que sale en los cómics de Tintín… Ese Piccard, que luego ha sido influencia para otros Piccard viajeros y aventureros como ‘Star Trek’, etc. Bueno, pues Piccard y un estadounidense, Piccard era suizo, y un estadounidense, Don Walsh, bajaron con un batiscafo ‘Trieste’, se llamaba ‘Trieste’, durante casi tres horas a los 11 kilómetros. La pasaron muy mal porque el cristal empezó a agrietarse y ahí el doble cristal, el de fuera, empezó a agrietarse, y dijeron: “Vamos a llegar, ¿qué hacemos?” Además, ese cristal, la anécdota es muy, o el momento es muy peligroso porque estaba a mitad de camino. Y Piccard dijo: “Si bajamos más, la presión lo va a arreglar”. Era una apuesta muy arriesgada. “Se ha descolocado lo que sea, pero si se aprieta un poco…” Y decidió bajar más y al final tuvo suerte o acertó, y lo consiguió.

52:00
Javier Peláez. Eso fue en 1961. Luego tuvimos que esperar un montón de décadas para que James Cameron, el director de ‘Titanic’, dirigiera un documental, para ‘National Geographic’, descendiendo a las Marianas. Eso fue hace unos días, antes de ayer casi, ¿no? Es decir, bajar a esos fondos oceánicos, sobre todo los que tú me dices que son los más remotos, los que tienen chicha, los peligrosos, pues son más difíciles que ir a la Luna.

52:34
Damaris. Hola, Javier. Me llamo Damaris. Me considero que tengo espíritu aventurero y explorador. Seguro que conoces aventuras en el océano. ¿Me puedes decir tu preferida?

52:46
Javier Peláez. Vale, aventuras en el océano, mi preferida. Ay, vale, vale, vale. Pues te hablaría de la Polinesia, de los polinesios. Y quizá te sorprenda, por varias razones. Los polinesios son un pueblo navegante, un archipiélago de miles de islas que han ido moviéndose durante siglos, haciendo una cosa que se llama “viaje intergeneracional”, que es una cosa que yo creo que tendremos que utilizar cuando viajemos al espacio. ¿Por qué? Te digo, para un navegante polinesio del siglo XI o del siglo X, el océano Pacífico era como el espacio para nosotros, era enorme, era gigantesco. Entonces, ¿cómo viajaba esta gente? Pues se montaba todo el mundo, la familia, toda la familia, en un barco. Las vacas, los animales de granja, las semillas, los árboles que luego tuvieron que plantar cuando llegaran a su destino… Y viajaban todos, un viaje intergeneracional. Viajaban todos hacia la siguiente isla donde se establecían y luego volvían a viajar. Entonces, el objetivo final no estaba claro y, seguramente, los que llegaban no eran los que habían salido. Seguramente habían sido los hijos de los hijos de los hijos de los que llegaron a América. Por cierto, llegaron a América antes que Colón, cómo no, es más fácil llegar a América antes que Colón, y ahora os diré cómo lo sabemos. Me gusta mucho esa idea de viaje intergeneracional porque muchos escritores de ciencia ficción han tomado esa idea para hacer naves intergeneracionales que nos lleven a otras estrellas, a otros planetas que están muy lejos, donde a lo mejor no voy a llegar yo, pero sí llega el nieto de mi nieto de mi nieto, donde el viaje se alarga durante siglos y es toda una familia la que está en tránsito constantemente. Pero es que además eran grandes navegantes astronómicos. Ellos tenían cielos mejores que los vikingos y se aprendieron las estrellas casi de carrerilla. Y aprendieron a viajar que cuando la Tierra giraba y dejaban de ver una estrella, seguían a la siguiente que estaba alineada y hacían mapas estelares. Buscadlos por internet, mapas estelares con astillas y parecían tapices, para acordarse de dónde estaba una tierra, etc. Desde todo ese tránsito llegaron a América del Sur. A partir del siglo XII o así empezamos a encontrar en Chile una cosa extraña, que son huesos de pollo, muchísimos huesos de pollo. ¿De dónde habían salido esos pollos? Se los habían traído a los polinesios, que habían llegado en el siglo XII, XIII, en el año 1200 o así, empezaron a llegar polinesios en oleadas, porque además tampoco es un Colón, es una oleada de gente que sale, que se mueve hacia allá, que llega a la isla de Pascua. Hubo un estudio hace poco donde se analizaron todos esos huesos de pollo y vieron que tenían origen de Polinesia, en ADN, y estaba la datación en cuatro siglos antes que Colón. O sea que los polinesios también llegaron a América antes que Colón, fíjate. Es una historia que a mí, de oceánica, me parece una de las más bonitas.

56:35
Mario. Hola, Javier. Mi nombre es Mario y, antes de nada, agradecerte esta charla que nos estás dando porque es realmente fantástica. Antes hablabas de nostalgia por lugares remotos, lugares lejanos, pero mirando al futuro, ¿cuál crees tú, qué territorios, qué zonas quedan por explorar, por conquistar? Pues eso, en el siglo XXI.

57:06
Javier Peláez. Conquistar es una palabra complicada siempre, ¿no? Por conocer, por descubrir. Yo creo que es el espacio. Es decir, aquí tenemos, voy a ser un fan de ‘Star Trek’ y decir: “El espacio, la última frontera”. Nuestro próximo paso posiblemente sea ‘Artemis’, que es el programa que va a volver a la Luna. Después, yo fíjate que pensé que, yo nací en el 74. soy de una generación ni chicha ni descafeinada, no he tenido un gran… No nací en el 69 para ver cómo llegaban a la Luna, ¿no? En el 74 yo esperaba llegar a Marte, pero esto se está alargando y no vamos a llegar. O sea, no estoy viendo un gran acontecimiento de: “¡Hemos llegado al Polo Norte!”, o “¡hemos llegado al Polo Sur!”, o “¡hemos conquistado el Everest!” No, yo estoy aquí, sí hay avances enormes todos los días, pero son pequeñitos y casi pasan desapercibidos. Entonces yo creo que el espacio es nuestro siguiente lugar de exploración, tanto la Luna, espero que pronto Marte. Yo espero morirme viendo a un ser humano en Marte, me parece que es el sitio de exploración que puede ser un trampolín ya para soñar a otras estrellas, como hablábamos con los polinesios. Eso por un lado, pero además también, por otro lado, pues oye, eso de conquistar y explorar está muy bien para siglos anteriores, ahora, nuestro siguiente paso debe ser también la reflexión con la que me gustaría terminar, con Wally Herbert, que lo tengo por aquí, y es que deberíamos, también, no solo plantar la bandera, sino conservar el lugar descubierto, protegerlo. Su expedición se llamaba la ‘British Trans-Arctic Expedition’. Es decir, cruzó todo el Ártico con cuatro personas y 40 perros. Le iban lanzando comida. Claro, no iba a llevar mucho peso porque se hundía en el hielo. Entonces le iban lanzando comida de vez en cuando. Tardó meses en cruzar todo el océano Ártico en trineo. Eso lo hizo una vez y no lo ha vuelto a hacer nadie. Y yo os digo que ya nadie lo va a poder hacer. Si lo pensáis, el Ártico ya no se puede caminar en trineo. Desde hace unas décadas ya no podemos hacer lo que hizo en la década de los 60, en 1969, Wally Herbert. ¿Por qué? Porque nos hemos quedado sin Ártico. Es decir, no tenemos donde descubrir. Entonces, vale que está muy bien descubrir y conocer, no hay nada, no hay nada, en la historia del ser humano, que haya traído más conocimiento y tecnología que viajar, que ir de un punto A a un punto B. Fijaos qué cosa más sencilla, ir de un punto A a un punto B nos ha dado barcos, tecnología, el punto A puede estar en la Luna, el punto B puede estar en Marte. Tenemos que inventar ciencia, tecnologías, desarrollar cosas para la radiación… O sea, viajar y explorar nos ha dado muchísimo conocimiento, Pero una vez que tenemos ese conocimiento, ya sea en los fondos marinos, ya sea en el espacio, ya sea en el Ártico o en el océano, debemos proteger y conservar eso.

01:00:40
Javier Peláez. Y esa es la reflexión un poco apresurada, con las noticias que nos están dando y este verano tan caluroso, que me gustaría dejar. Vale, está bien poner una bandera, pero vamos a comprender su hábitat, vamos a comprender las conexiones que tiene la vida en ese lugar, vamos a ver cómo interacciona todo con nosotros, porque hay que proteger, hay que conservar lo que se descubre.