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Moby. Pues es algo gracioso. Cuando tenía unos 30 años empecé a ir a terapia y, en un momento dado, mi primer terapeuta, que tenía un gran sentido del humor, se rió y me dijo: «Si no fuera por los animales y por la música, sin duda te habrías convertido en un asesino en serie». Me dijo: «Eres como un psicópata al que han salvado la música y los animales». Porque crecí rodeado de mucho caos, con mucha violencia y muchos traumas, y la música y los animales se convirtieron en una forma de alejarme de todo aquello. Me enamoré de la música cuando era muy, muy pequeño. Y, de una forma parecida a lo que tú has contado, la música tiene la capacidad de arreglar todo. No estoy hablando de mí ni de mi música, sino de mi relación con la música de otras personas y de cómo esa música puede conseguir eso que has descrito. Puede reconfortarte, puede darte energía, puede transmitirte alegría, puede ser triste, puede ser relajante… Literalmente puede hacerlo todo. Hay algo que me resulta especialmente fascinante. Puede sonar extraño, pero es cierto: la música nunca ha existido. La gente dirá: «Por supuesto que ha existido». Pero físicamente la música nunca ha existido. Quiero decir que, si yo estuviera aquí sentado tocando el violonchelo o la guitarra, lo único que estaría haciendo sería mover moléculas de aire. No las estoy creando ni inventando; simplemente estoy impulsando unas moléculas que, moviéndose de una determinada manera, pueden hacernos llorar, bailar, sentirnos tristes, alegres, tranquilos o llenos de energía. Es, simplemente, aire. Esta noche, por ejemplo, voy a tocar en un festival y espero que, en algún momento, si hago bien mi trabajo, haya 50.000 personas saltando. 50.000 personas saltando porque el aire se está moviendo de una manera diferente. Eso es todo lo que ocurre. O si vas a una ceremonia religiosa y la gente llora, ya sea un bautizo o un funeral, no deja de ser aire moviéndose de una manera diferente. Y eso me resulta fascinante porque casi todas las demás formas de arte son físicas, son corpóreas. Si estás delante de una escultura de Henry Moore o de Picasso, puedes tocarla, es física. Los cuadros se pueden tocar. La mayor parte del arte se puede tocar. La música no la podrás tocar nunca. Yo me enamoré de la música sin saber todo esto, pero este hecho hace que, para mí, la música sea espiritual por definición, porque es el espíritu moviéndose a través del aire.