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Las raíces que no se ven

Beta lleva mucho tiempo practicando su coreografía. Los primeros pasos le salen bien… pero siempre se cae en el salto final. Practica, corrige, vuelve a empezar y se frustra porque no ve el resultado.
Pero entonces Iris le cuenta algo sobre los árboles que Beta nunca había pensado. Los árboles crecen en dos direcciones a la vez: hacia arriba buscando la luz… y hacia abajo agarrándose a la tierra. Y antes de que veamos las ramas, las hojas y los frutos, debajo de la tierra está sucediendo algo muy importante que nadie puede ver. Las raíces crecen en la oscuridad.

Las raíces que no se ven

Las raíces que no se ven

Beta lleva mucho tiempo practicando su coreografía. Los primeros pasos le salen bien... pero siempre se cae en el salto final. Practica, corrige, vuelve a empezar y se frustra porque no ve el resultado. Pero entonces Iris le cuenta algo sobre los árboles que Beta nunca había pensado. Los árboles crecen en dos direcciones a la vez: hacia arriba buscando la luz... y hacia abajo agarrándose a la tierra. Y antes de que veamos las ramas, las hojas y los frutos, debajo de la tierra está sucediendo algo muy importante que nadie puede ver. Las raíces crecen en la oscuridad.
¡A volar se aprende volando!

¡A volar se aprende volando!

Beta está en su taller probando y probando. Pero nada funciona. Y la frustración va creciendo.  Hasta que aparece Iris con algo muy inesperado: no un libro, no una solución, sino una propuesta. Salir del taller y observar el mundo con los ojos de una científica de verdad.  Beta descubre que las mejores respuestas no siempre están en los libros. A veces están en la naturaleza, en lo que nos rodea, en los pequeños detalles que pasan desapercibidos cuando estamos demasiado ocupados buscando dentro del taller.
Energía sin energía

Energía sin energía

Energía hoy no tiene... energía. Y eso está bien.  Vivimos en un mundo donde parece que todos tienen que estar felices todo el rato. Felices al levantarse, felices si llueve, felices aunque todo vaya mal. Pero Energía tiene algo muy importante que decirte: eso no es ser fuerte. Ser valiente de verdad es escuchar tus emociones. Sentirlas aunque duelan. Decirte la verdad aunque no sea cómoda. A veces perdemos la energía porque hemos ido demasiado rápido o porque hemos intentado contentar a todos. Y eso no se arregla gritándote más fuerte... se arregla escuchándote. 

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