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Viaje a la sabiduría de las gentes del desierto

Josto Maffeo

Viaje a la sabiduría de las gentes del desierto

Josto Maffeo

Periodista


Creando oportunidades

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Bajo el aparente baldío del desierto, el periodista Josto Maffeo ve brotar todas sus bondades. Define el cielo nocturno del Sahara como “la ‘Capilla Sixtina’ del universo”; reivindica la desconocida pluralidad de sus tierras, y concede el don de la generosidad y la sabiduría a las gentes que las habitan. “Más allá de la postal de la palmera y las dunas hay gente leal que te daría la mitad de su gota de agua si pudiera”, asegura el también viajero.

Durante cuatro décadas Josto Maffeo ha compaginado su trabajo como corresponsal en la península ibérica para Il Messaggero de Roma con continuas expediciones al desierto africano. El periodista aterrizó en España para contar la Transición y se quedó para relatar a los italianos - en prensa, radio y televisión - la transformación del país. Desde lo que reconoce como “privilegio de corresponsal” se ha hecho un hueco en diferentes espacios informativos españoles: ha colaborado en el ‘Informativo matinal’ de Radio Televisión Española, en el programa televisivo ‘La mirada crítica’ de Telecinco, o en ‘No es un día cualquiera’ en Radio Nacional de España.

Pero su gran pasión tiene nombre de desierto y es el objeto del libro coescrito con la periodista Ángeles Blanco: ‘Sahara, un viaje a la sabiduría de las gentes del desierto’. En él, Maffeo comparte sus experiencias y aventuras e introduce a alguno de los personajes que ha conocido durante sus viajes. Además, cuenta su labor solidaria en el terreno, que le ha valido multitud de reconocimientos como el honor de Caballero de la Orden de la Estrella de la Solidaridad Italiana. “Creo que educar sin viajar un poquito, sin alejarse un poco de donde uno vive habitualmente y confrontar otras maneras de vivir y de pensar, se queda en una pobre experiencia”, concluye.


Transcripción

00:16
Josto Maffeo. Me llamo Josto Maffeo, soy periodista, vengo de Turín, capital de los Alpes. Quise ser periodista desde pequeño, luego tuve algunas dudas porque quería también ser médico y psicólogo, pero ejerzo el periodismo desde siempre. He sido corresponsal por… Prácticamente desde el comienzo de la Transición en España, pero con base en España he cubierto también otros países, comenzando por la península ibérica, el Magreb, algunas zonas de África y también viajes a otros lugares. Vocación periodística absoluta, creo todavía en el periodismo, pero me da lástima el periodismo como, en parte, se está ejerciendo ahora: con prisas, con simplificaciones, con la caza a la exclusiva gritada, pero mermando la calidad… Pero de esto creo que tendremos ocasión de hablar, porque el periodismo es necesario en una sociedad, pero periodismo con la “p” mayúscula. No solo dar noticias y gritarlas. Estoy abierto a vuestras preguntas.

01:24
Suria. Hola, Josto. Soy alumna de la Escuela Profesional Don Bosco. Me llamo Suria y me gustaría saber en qué consiste el trabajo de un corresponsal y qué importancia tiene para ti comunicar.

01:37
Josto Maffeo. Yo creo que comunicar es una necesidad que uno tiene o no tiene. Somos animales sociales, evidentemente, los seres humanos. Y, naturalmente, necesitamos vivir con los demás, pero hay gente, evidentemente, que comunica más, comunica menos, que tienen más necesidad o menos. Yo la he tenido siempre, desde pequeño. Yo, si he vuelto locos a mis padres, ha sido siempre con el por qué, del por qué, del por qué, del por qué. Y el último por qué no me era suficiente. Al día siguiente a lo mejor seguía dando la lata sobre el tema del día anterior. Pero al mismo tiempo, yo he necesitado siempre comunicar y en mis grupos, en la escuela, desde pequeño, siempre era un poco el cabecilla. El cabecilla que organizaba, que intentaba siempre poner juntos en común los tiempos libres, los estudios… Muchas facetas del día, yo las necesitaba con los demás. Por eso me gusta, en mi aspecto de viajero y no solo de periodista, comunicar conociendo a otras personas. Y me gusta muchísimo decir, pero también me gusta muchísimo escuchar. Sobre todo, me gusta escuchar a la gente con experiencia, que es siempre la gente más sencilla. Yo diría que un corresponsal tiene varias facetas. Primero, hay corresponsales de cierto período y corresponsales actuales. Ha cambiado muchísimo. Ahora es más el “stringer”, el “freelance”, que el corresponsal en plantilla desplazado, porque somos carísimos. Fuimos carísimos. Muchos dicen que hemos vivido a cuerpo de rey y entonces hay muchos topicazos sobre esto: gente alegre, divertida, etcétera. Y superficial, muchas veces, nos han dicho. No es así, evidentemente. Son los tópicos que se han resistido, pero que luego muchos, trabajando, hemos querido desmontar. ¿El corresponsal quién es? Es un infiltrado en una sociedad, por eso yo he rechazado siempre el vivir un país superficialmente. Yo en Madrid he sido madrileño, pero manteniendo un pie en Turín, o por lo menos en Italia, y un pie dentro de España, para no perder la perspectiva. Porque, si tú cuentas una cosa desde demasiado dentro, evidentemente, tu visión pierde la objetividad y, sobre todo, no consigues ver a trescientos sesenta grados. Entonces, el corresponsal es uno que vive un país, vive un lugar, y tiene que trasladarlo, para que lo entiendan, más o menos, a sus lectores, telespectadores y radioyentes de otro país. No es sencillo. Es mucho más fácil, evidentemente, en países como los nuestros, mediterráneos, donde más o menos tenemos algunas cosas en común. Tampoco muchas, porque cuidadito con lo de decir que un italiano, un portugués y un español son lo mismo. No, no es verdad. Hay grandísimas, enormes diferencias. Pero, evidentemente, somos más cercanos de lo que puede ser un sueco a un español o a un portugués. Y, entonces, el gran trabajo es ese. Es el de trasladar, además siempre en espacios breves, en pocas frases, que por muy largo que sea el reportaje, siempre es poco para explayarse, hacer entender que está viviendo algo. Yo he tenido la suerte de no tener nunca jefes. He tenido directores, evidentemente, pero estando fuera eres libre, haces lo que te da la gana. Y siempre he rechazado escribir de flamenco, de toros, etcétera, porque sabía que el lector luego me lee el topicazo. Es decir, se ha vendido mucho el tópico de España y muchos colegas míos, muchos corresponsales, han caído en eso. Yo intenté, y espero haber conseguido en la mayoría de mis piezas, que han sido miles, no caer en el tópico español.

Viaje a la sabiduría de las gentes del desierto - Josto Maffeo, periodista
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"He tenido muchas aventuras en los desiertos, pero la más importante es la aventura humana"

Josto Maffeo

05:24
Iñaki. Hola, Josto. Yo soy Iñaki y, bueno, como corresponsal, habrás tenido miles de anécdotas y me gustaría saber o quería preguntarte cuál ha sido el personaje o la historia que has tenido, que has conocido, que más te ha llegado.

05:39
Josto Maffeo. No te voy a contestar literalmente a la pregunta, pero te voy a decir cuál ha sido el acontecimiento, como corresponsal en España, que más evidentemente tengo grabado. Tengo muchísimos, algunos dramáticos, trágicos, y este tampoco es un aspecto simpático. Es el golpe de Estado del 23F. Lo viví directamente. Yo también comí bocadillos sentado en la escalera del hotel Palace, esperando la rendición, esperando la salida de los diputados, etcétera. Vivimos todo eso, la trama, las conspiraciones… Pero yo creo, al final, que tiene un aspecto positivo. Me diréis: “¿Cómo tiene un aspecto positivo?”. Primero, porque fracasó y eso sí que es positivo. Y segundo, porque ha sido una vacuna. Y entonces, llegar a temer perder las libertades que estaban comenzando a conquistarse yo creo que ha ayudado muchísimo al crecimiento español. ¿El problema cuál es? Que ya hemos olvidado. De eso, yo recuerdo que un año después, en el juicio de Campamento, ya no teníamos el mismo espíritu de esa noche del 23F, ya se estaba mirando con perspectiva. Pero muchas consideraciones de corresponsales, de analistas internacionales, y también de periodistas españoles, sí encontraban ese aspecto positivo, de revulsivo. Porque consolidar a veces significa también traumatizar y superar el trauma, y eso fue muy importante. Lo tengo grabado y, además, puedo revivir el 23F y el juicio del 23F con una memoria casi milimétrica. Recuerdo prácticamente todos los episodios. Pero al otro lado también había un país amedrentado que pocos días después ha salido con una millonada a la calle porque quería seguir respirando libertad. Ya me diréis si no te impacta y no te queda en la memoria una cosa así.

07:38
Gema. Hola, Josto. Me llamo Gema. Aparte de ser un periodista, también eres un gran aventurero y viajero. ¿Cuál ha sido el viaje que más ha marcado tu vida?

07:47
Josto Maffeo. Bueno, uno no deja de ser periodista también cuando es aventurero y viajero. Puedo contar muchísimos viajes, pero me quiero limitar al ambiente que más me gusta, que es el mío desde hace cuarenta y cinco años, que es el desierto. Los desiertos, porque han sido muchos. He tenido muchas aventuras en los desiertos, pero sobre todo es importante la aventura humana. Es decir, conocer muchísimas personas, convivir con ellos al mismo nivel. No ser el europeo que llega ahí pertrechado… No, no, absolutamente. Y donde he podido ayudar he ayudado, evidentemente, pero siempre viviendo a la par con ellos. Por eso he hecho unas amistades entrañables a través de generaciones. Yo conozco a los nietos de los abuelos que conocí en su día y con los cuales me iba de trashumancia con las cabras, buscando matorrales para poder comer, o con los dromedarios, o buscando un pozo, o para atender a un enfermo y poder hacer lo que podías buenamente hacer con las cosas que te habías traído y la experiencia que más o menos tenías en sanidad. Es decir, si hablo de viajes, evidentemente, son mis viajes en el desierto. Y cuando digo desierto, no me refiero sencillamente a la postal típica de la palmera con las dunas detrás. Los desiertos son muchos, se dividen fundamentalmente en tres: erg, reg y hamada. El erg es el minoritario, que es el de las dunas, pero hace mucha fotografía, mucha postal; el reg es el árido de tierra, que es prácticamente el más abundante, pero son planicies inmensas donde prácticamente no crece nada; y luego la hamada, que significa pedregal. Es un desierto donde el 4×4, si consigues llegar en algunos lugares, prácticamente lo tiras o lo abandonas, o cuando vienes le tienes que cambiar la amortiguación, las suspensiones, todo. Esos son los tres desiertos. Yo los he visitado todos y en todos he encontrado gente. Evidentemente, los nómadas están a grandes distancias entre ellos. Habitualmente son familias o grupos de familias emparentadas de alguna manera, y he encontrado una gran sabiduría, que es la sabiduría milenaria de haber resistido. Ahí sí que habría que poner como leitmotiv el ‘Resistir’” que hemos utilizado en esta pandemia. Y, luego, otra cosa: la generosidad. La generosidad de esa gente que, si tiene una gota de agua, la partiría y te daría la mitad, y lo he comprobado. Gente que no mira el beneficio. Estoy hablando de nómadas sin vocación a emigrar a Europa. Estoy hablando de gente de los profundos desiertos, cuya vocación milenaria ha sido, pasada de padres a hijos, la trashumancia, convivir con los animales, vivir y comer de lo poco que producen, y luego el trueque: hacer collares, tejer, eso, tejer se hace muchísimo, y vender algún producto, como la leche, que tampoco ahí se gana mucho… Sobre todo, comerciar con los animales. Piensen ustedes que, en la economía, por ejemplo, un dromedario. Un dromedario no se mata para comerlo. Se come el dromedario enfermo que está muriéndose. Pero el dromedario es como el camión para un camionero, pequeño propietario y autónomo en una ciudad de las nuestras. Entonces, ahí he aprendido todas estas cosas. A dar valor a las cosas pequeñas y escuchar, escuchar muchísimo. Yo he aprendido más de gente muy mayor que ha vivido de todo, que de filósofos de nuestros lares que escriben grandes tratados. Sí, sí, hay buenísimos, hay sensatos, pero la convivencia con la experiencia es algo impagable. Es escuela de vida. Y esos son mis viajes.

11:47
Fran. Hola, Josto. Yo soy Fran y he visto que eres un gran apasionado del desierto y que, además, tienes un libro escrito sobre la sabiduría de la gente que vive allí. Me gustaría saber qué has aprendido de ellos y, además, qué podríamos aprender el resto, también, de ellos.

12:05
Josto Maffeo. La sabiduría por haber aprendido a vivir, eso es lo primero que aprendes. Es decir, te transmiten experiencias prácticas de cosas de todos los días que a nosotros nos volverían locos por ser un imprevisto y no saber cómo arreglarlo, y ahí siempre se encuentra la solución. Yo diré, abriendo un paréntesis, luego retomaremos el tema, a mí me han salvado la vida dos veces, sin saber nada de cómo se salva una vida. Pero puedo citar muchísimos episodios. Se me quedó grabado uno porque, además, hoy es adulto y lo veo cada dos o tres años en pleno desierto: un niño llamado Hassan, que entonces tenía nueve años, no lo sé exactamente, son indefinidos, porque tampoco toman nota de la fecha de nacimiento muchos. Y Hassan, un día, me sorprende mirando mi reloj. Luego dejé de llevarlo. Es decir, desde hace años, ya no llevo reloj. Últimamente no lo llevamos por otro motivo, porque la hora la miramos en la pantalla de un móvil, probablemente. Pero me dijo: “La prisa mata”, que es una frase que se utiliza muchísimo en el desierto. Es una frase bastante habitual y se utiliza mucho en el Magreb, quiero decir, también en las ciudades la he oído. ¿La prisa mata? Claro que la prisa puede matar, porque lo sosegado significa reflexionado, pensado, cuando se puede hacer, porque otras veces hay que reaccionar con cierta velocidad. Pero el niño me estaba hablando de la inutilidad de mi reloj. Dice: “¿Para qué? Si no lo haces ahora, lo harás dentro de media hora, lo harás esta tarde, lo harás mañana. Salvo dos o tres cosas imprescindibles, ¿por qué tienes que estar atado a un reloj y a la prisa?”. Y luego me disertó bastante, y estaba el abuelo de noventa y cuatro años con la cara de cartón, cartón piedra, quemada por el sol de noventa y cuatro años, que es un poema, es decir, una de las mejores imágenes de hombre mayor que he visto, que estaba asintiendo. Y ahí me di cuenta de una cosa. Los dos se querían muchísimo, era el abuelo. Esa sabiduría del niño no es una sabiduría espontánea que ha encontrado en la arena, es que se la transmitía este señor. Entonces, de esta gente yo he aprendido maneras de vivir que vienen desde milenios atrás. Pero lo bueno es que se lo transmiten a los jóvenes, y los jóvenes lo maman. Cuando cuento esta anécdota de Hassan, y tengo otras, quiero decir que la transmisión del referente abuelo, o padre, y nieto es importantísima. Porque ese Hassan que entonces tenía nueve años, que hoy conozco de adulto, se lo está transmitiendo a sus hijos. Y no tiene ninguna intención de cambiar de manera de vivir, porque muchas veces se lo he preguntado. Un día, me acuerdo de que, en ese mismo período de años, le pregunté si… Todavía estaban de moda las Game Boy, ¿se llaman así esos juguetes? Le digo: “¿Sabes lo que es?”. Me dice: “No, no tengo ni idea”. Entonces se lo describí. Y dice: “¿Y para qué quiero eso?”. Y entonces me llevó a un pozo a ver unas ranas. Había unas ranas en el desierto, pequeñitas. Y dice: “¿Tú crees que con una cosa electrónica yo me divierto más de lo que me divierto al jugar con estas?”. Es decir, la sencillez, me han transmitido, la sabiduría, la eliminación de la prisa superflua cuando no es necesaria, y el sosiego. Las noches en silencio después de haber comido un tayín, o un cuscús, con un pequeño fuego delante, pero en silencio absoluto, sin decirnos nada y, sin embargo, estábamos comunicando. Bueno, a mí eso me ha enriquecido muchísimo. Muchísimo. Y me ha cambiado a lo largo de los años. Para bien. Yo os invitaría a viajar a lugares donde la civilización ha llegado, pero ha llegado de rebote, es decir, no ha permeado, no ha penetrado demasiado.

16:05
Fran . También, Josto, me gustaría saber cómo es una noche en el desierto.

16:10
Josto Maffeo. Mira, se me ocurre una cosa. Seguro que la mayoría de vosotros, por muy jóvenes la mayoría que sois, conocéis una canción que ya es universal: ‘Vincent’, Vincent van Gogh, de Don McLean, que empieza diciendo: “Starry, starry night”. Noche estrellada. Pues eso es el desierto. Naturalmente, que no haya nubes. Es la ‘Capilla Sixtina’ del universo. Y entonces no hay cosa mejor… ¿Yo en el desierto dónde duermo? Donde duermen todos: encima de una manta, pero en el suelo, o en el suelo directamente con unas cabras al lado, un dromedario que está pastando por ahí, el té que acabamos de tomar, y tomaremos otros quince antes de dormirnos, pero sobre todo mirando hacia arriba. Luego, cuando se hace el silencio, que estás a punto de dormirte, te quedas unos cinco o diez minutos contemplando. Y tú consigues ver algo que no puedes ver en nuestro mundo. ¿Por qué? Porque tenemos la contaminación lumínica. Sabéis perfectamente que los observatorios de Canarias, en determinados momentos del año, cuando hay una observación peculiar, piden a los ayuntamientos que apaguen las luces. Bueno, a pesar de eso, la contaminación lumínica se ve en las fotos que envían los astronautas desde los satélites, hay unas manchas de luces en el mundo que te impiden ver con claridad el universo. Si tú te alejas en el profundo de determinados desiertos, tú puedes tumbarte en la arena o en el suelo duro, no importa, y contemplar algo que es prácticamente imposible. Pero la tecnología ahí sí que ayuda y es necesaria. Yo tengo unas aplicaciones que, mirando ahí arriba, me dicen exactamente, a través de GPS y de ubicación, qué es exactamente lo que estoy viendo. Porque claro que conozco Sirio, conozco la Estrella Polar, conozco los Carros, etcétera, pero las otras tampoco te las conoces todas. Y entonces eso es un entretenimiento, vamos, he jugado a eso muchísimas veces. Sobre todo ¿por qué? Porque cambiando la temporada que tú utilizas para viajar al desierto, evidentemente, también lo que contemplas no es exactamente lo mismo y tienes que ubicarlo. Pero es uno de los deportes preferidos de los viajeros del desierto que van con sosiego. Porque yo he visto gente que le he preguntado: “Oye, ¿has visto…?”. “Anda, es que nunca he levantado la mirada”. Que digo: “Pero ¿cómo puedes venir al desierto y no levantar la mirada?”. Pues es espectacular. Iros al desierto acompañados. Son peligrosos los desiertos en solitario sin experiencia, sobre todo si son desiertos que no se conocen. Pero ya solo contemplar un cielo limpio, terso, después de una tormenta de arena de dos o tres días, cuando el cielo está espléndido, es que es algo fantástico. Es la ‘Capilla Sixtina’ del universo.

Viaje a la sabiduría de las gentes del desierto - Josto Maffeo, periodista
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“El cielo del desierto es la ‘Capilla Sixtina’ del universo”

Josto Maffeo

19:05
Nerea. Hola, Josto. Soy Nerea y te quería hacer una pregunta. La mayoría de nosotros entendemos por desierto que son dunas y arena únicamente, pero tú que has estado y lo conoces bien, ¿cómo nos describirías el desierto?

19:17
Josto Maffeo. Bueno, primero habría que hablar de desiertos, porque hay de todo tipo. Hay hasta desiertos de sal, en Sudamérica, inmensos. Pero los desiertos típicos, yo me refiero al que más he frecuentado, que es el desierto del Sáhara, que empieza en el mar Rojo y acaba en el Atlántico, luego tiene unos corazones importantes. Por ejemplo, el gran mar de dunas, el mayor de todos es el Gran Erg Occidental, en Argelia. Es inmenso, no se puede recorrer con vehículos. Hay una carretera principal, que es la Transahariana, pero toda rota, dificilísima, complicada y casi imposible. Sin embargo, vamos, los aventureros se meten por ahí y ahí se meten también algunos camioneros locales, a lo loco. El resto se puede ver, recorrer, dando vueltas, teniendo mucha información de los lugareños, nunca visitar un desierto sin compañía de lugareños, o sin información de lugareños cuando han pasado los años y has visitado muchísimo la misma región. Pero eso del Gran Erg Occidental, el mar de dunas, es la imagen más típica del desierto, como decía anteriormente, luego están los desiertos de tierra, de arena, etcétera. Sí, en el desierto hay oasis, pero no en todos ni en todos los rincones. ¿Los oasis qué son? Aglomeraciones de casas, vamos a decir casas, cuando lo son, porque a veces son cartones, maderas, matorrales que cubren algo para que uno se pueda refugiar. Luego hay casas de barro, barro mezclado con arena y con paja, y esas son las casas de los oasis más asentados. ¿Cómo se miden esos oasis? Se miden con una unidad de medida, que ahí sí que viene del tópico. ¿Cuál es la imagen? Arena y palmera. Bueno, en expresiones corrientes se suele decir, o se solía decir: “ese oasis es de diez mil, ese es de quince, ese es de doce mil…”. Es decir, la entidad es la palmera. ¿Por qué? Porque la palmera ¿qué está diciendo? Primero, que hay agua. Hay pozos, evidentemente. Debajo de las palmeras, si hay agua, poca, pero la hay, se puede cultivar algo. Entonces, tú te encuentras algún que otro tomate, alguna que otra verdura, unas sandías, unos melones, poca cosa, pero esa es la entidad y la riqueza. Pero hay un drama, que el desierto avanza, y en el desierto, uno de los espectáculos más trágicos de la carrera del hombre contra la naturaleza son las barreras que se hacen con palmeras, con ramas, etcétera, intentando retrasar, por lo menos para este año, el avance del desierto. Que el desierto avance lo vemos solo en Marruecos o en Argelia, que son los países más cercanos. Siempre están más cerca de la costa, a cientos de kilómetros, pero más cerca de la costa de lo que era. Y luego ya me diréis si no avanza el desierto. Hasta llega a Sevilla. En Sevilla, a veces, es tender la ropa y cuando está húmeda y llega uno de esos vendavales desérticos que nos han visitado en el último verano, llega la arena roja y ensucia. El desierto es el gran enemigo desde hace milenios, porque está avanzando, se está haciendo una gran desertificación, pero, sin embargo, la unidad de medida es la palmera, debajo de la palmera hay algo de vida, y donde hay vida, evidentemente, hay un asentamiento humano, hay unos animales, hay comida, hay trueque, hay artesanía, es decir, se realiza algo. Eso es el desierto de los oasis, que también os da ya una idea de cuan reducida es la economía. La economía es trueque, algún que otro cereal donde se pueda, y comercio, y animales, evidentemente. Poco más. Todo lo demás pueden ser cosas adquiridas o porque visitantes se las han regalado, pero la vida es dura en el desierto. Es dura, pero es sana. Envidiable la tensión arterial que tienen en el desierto, pero ¿sabéis por qué? Porque caminan una barbaridad. Es decir, no están con el trasero encima de un coche todo el día. Caminar, hacer movimiento, esto significa que el desierto es tremendo, terrible para los pulmones, evidentemente, con lo que se respira, una porquería, pero es cardiosaludable porque… este es el vehículo. El dromedario sirve para cargar cosas, pero para caminar, patas.

24:17
Sergio. Hola, Josto. Yo me llamo Sergio y, como has comentado previamente, has vivido muchas historias de aventura que se iniciaban casi todas en el desierto. Pero a mí me gustaría más centrarme en qué es para ti la aventura y qué significado tiene.

24:31
Josto Maffeo. No es necesario el desierto para vivir una aventura, ni son necesarios los lugares exóticos. Aventura, como dice la misma palabra, viene “all’avventura”, en italiano. Es decir, a lo que viene, a lo inesperado. Entonces, aquí yo tengo una receta mía personal que aconsejo, que es: no hacer nunca el turista cuando se viaja, hacer el viajero. Es diferente. Cuando viajas a un país que desconoces, a una latitud que desconoces, come con ellos, bebe con ellos, charla con ellos y acuéstate con ellos. Este “acuéstate con ellos” no me lo tomen literalmente, pero quiero decir: intenta vivir lo más que puedas con ellos. Si no, no los vas a entender. Es decir, si yo me voy ahora a un país que conozco poco, a pesar de haber estado, Nepal. ¿Me sirve luego volver después de quince días, habiendo estado solo en hoteles y haciendo algún recorrido por las montañas sin haber entrado en casa de alguien y haber pasado un par de horas charlando a través de un intérprete, de lo que sea, pero charlando con ellos, comiendo? Vamos a ver. Aventura es comer con alguien de un país lejano, por ejemplo, y descubrir que la economía la tienen en la mesa, porque lo que comen es, en parte, la economía del país, sobre todo cuando hablamos de países pobres. Lo que escuchas es historia, sabiduría, experiencia. Yo casi siempre busco gente humilde, normalita, es decir, estoy hablando de lugares donde me gusta percibir, recibir y también dar algo, si es posible, y esa experiencia vital. Ahora bien, tampoco es necesario ir muy lejos. Yo me acuerdo de que hace años tenía una costumbre: cuando subía a la sierra de Madrid, me sentaba con un señor que, por edad, no puede estar todavía y de quien no recuerdo el nombre, que era un señor muy mayor, en Rascafría. Bueno, en Rascafría hay una glorieta donde había un árbol, que espero que esté ahí todavía, y me sentaba en el granito que habían puesto como protección del árbol y me pasaba horas charlando con este señor, porque descubrí a un señor que tenía historias fantásticas. Pues eso es una aventura, porque aventura no significa solo viajar. La aventura humana es el contacto con alguien que te transmite y con quien tú puedes comenzar o abrir una relación en la cual hay un intercambio. Eso para mí es aventura, es mi manera de verlo. Evidentemente, la otra aventura, que es irse a un lugar complicado a veces, con una parte de “suspense”, es decir, de: “No sé lo que va a pasar y puede pasar hasta algo peligroso”, peligrosidad controlada siempre, ese es un tipo de aventura. Pero para mí la aventura humana es la más importante, que es el contacto con la gente. Por eso, cuando yo hablo del mismo desierto y de la gente que veo en el desierto, para mí es mucho más importante, no lo que recorro, sino las charlas, las larguísimas charlas con quince, veinte o treinta tés, pero de los fuertes que se toman ahí.

Viaje a la sabiduría de las gentes del desierto - Josto Maffeo, periodista
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"Viajar es riqueza"

Josto Maffeo

27:47
Helga. Hola, Josto. Me llamo Helga y soy artista y mediadora cultural. La verdad es que he tenido la suerte de poder seguirte en tu trayectoria en distintos medios, y me llama la atención que muchas veces has dado mucha importancia y hablas sobre la importancia fundamental del diálogo. Yo quería preguntarte qué opinión tienes de este tema a día de hoy y qué apuntas para que se pueda cambiar o mejorar este tema del diálogo.

28:21
Josto Maffeo. Bueno, aquí, evidentemente, tengo que arrancar desde el lugar donde me encuentro, es decir, España. La experiencia de un corresponsal, sobre todo de muchas décadas, te hace ver un país más o menos como es, porque siempre habrá cosas que tienes que descubrir, pero los rasgos principales… En España, por ejemplo, el diálogo es muy complicado, muy difícil. Porque tiene una peculiaridad la sociedad española, con esto quiero decir no el cien por cien, pero lo gordo de la sociedad española, y se nota sobre todo desde que tenemos redes sociales, tiene una dificultad: ver al antagonista como antagonista y lo ve como enemigo. Pero, dicho esto, ¿qué importancia le doy yo al diálogo? Hombre, si he comenzado diciendo que soy un comunicador, que me apasiona comunicar, si no tengo diálogo, apaga y vámonos. Entonces, ¿el diálogo qué significa? Significa hablar, pero también significa escuchar, recibir y dar por sentado que algo me tiene que dar mi interlocutor. No puedo tener yo toda la razón y toda la sabiduría. Tendrá algo de sabiduría él también. Y yo esto lo he aprendido con gente de todos los niveles. Tengo que reconocer que he tenido privilegio como periodista y, sobre todo, como corresponsal lo tienes más fácil porque eres más privilegiado, es decir, yo he tenido siempre más acceso a los líderes españoles que los mismos periodistas españoles. ¿Por qué? Porque si temían lo que publicaban dentro de casa, saben que el corresponsal tiene poco interés por las menudencias caseras y está mirando a otros aspectos, pero esto me ha pasado en muchos países. Entonces, he constatado que hay políticos con gran capacidad de diálogo, hay profesores con gran capacidad de diálogo, profesores de universidad que son totalmente incapaces de dialogar con sus estudiantes, es decir, he visto de todo, políticos… Sin embargo, la gente humilde siempre me ha sorprendido, es donde más he encontrado capacidad de diálogo. Y aquí retomo mis viajes, no hablo solo del desierto, que es mi pasión, sino viajes en todos los lugares, en cualquier sitio. Siempre he descubierto, tanto en Latinoamérica como en Oriente, que la persona más sencilla tiene normalmente una capacidad de diálogo, que es de escucha también, superior a los urbanitas, a nosotros del mundo rápido, frenético, etcétera, donde tenemos un par de dogmas y de axiomas, y de ahí no nos movemos porque lo tenemos todo resuelto. Os pongo un caso que tiene que ver con el periodismo. ¿Para qué sirve leer solo y exclusivamente el mismo periódico que refleja tus ideas? Es que no sirve de nada. Para reafirmarte, pues cómprate un espejo y siéntate delante todo el día. Pues lee también a los que piensan diametralmente de otra manera. Esa es una incapacidad de diálogo. Si empiezas solo bebiendo del mismo vaso porque ideológicamente está contigo, estás siempre de acuerdo, pues entonces no hay diálogo, y esa es una de las señales que estamos percibiendo en este momento. En las redes sociales lo denuncian muchísimo. Se ve que es una sociedad con mucha dificultad de diálogo. Y por eso a mí me falta, en la mesura en que lo voy a buscar en otros lugares o también lo busco en estos lugares, pero es algo que necesito: dialogar, charlar, comunicar, pero escuchar también de quien sabe algo más.

32:06
Mujer. Usted ha obtenido varios premios por sus expediciones médicas solidarias en el Sáhara, porque ha curado a cientos de hombres, mujeres y niños. ¿Nos podría contar cómo se realiza esa labor?

32:30
Josto Maffeo. Podemos hablar horas, porque han sido cosas muy diferentes una de otra. Vamos a comenzar de una manera. Primero comencé haciéndolo yo solo, solito. Y todavía hoy, hasta poco antes de la pandemia, he ido varias veces solo, solito. Pero otras veces he pedido el apoyo de amigos. Amigos médicos, amigos enfermeros, y otras veces, todavía más, he montado quirófanos en el desierto, que es una locura, sin ninguna organización detrás. Es decir, ninguna ONG, ningún Estado, ningún gobierno, haciendo de pedigüeño entre amigos, pidiendo también instrumental y material, etcétera, hemos conseguido operar a cientos de personas. Yo, por ejemplo, tengo una cierta formación en medicina de emergencia y tengo amigos en ese sector. Estando en Madrid, tengo amigos a raudales en el SUMMA y en el SAMUR, y luego tengo un queridísimo amigo, el doctor Alfonso Morán, que es el que más ha viajado conmigo cuando no hemos ido en caravanas, sino que hemos ido los dos, como dos pordioseros, pero pertrechados con nuestros medios y él, además, es médico de verdad, y hemos metido mano a situaciones que serían prácticamente sin solución y que hemos resuelto porque eran banalidades para nosotros o, por lo menos, enfermedades con unas dificultades medianas y que ahí hemos resuelto. Esta es la faceta de medicina. No sé, curar infecciones, operar… Hemos operado muchísimas cataratas. Es que meter un quirófano donde hay viento que sopla arena, es que es tremendo. Es que hay que ponerlo aséptico, hay que llevar instrumental con microscopios que cuestan cincuenta mil euros. ¿Y esos a quién se los has pedido? Prestados de alguien o regalados de alguien. Luego tienes que ponerle unas lentes en los ojos que valen quinientos euros cada una. Tienes que hacer de pedigüeño. Con estos pequeños trucos de ir a pedir aquí y allá, en caravana, en grupo o en solitario, pinitos ayudando gente. Y esto ha servido también para sembrar, porque siembras la confianza. Es decir que cuando tú llegas, sin preaviso, y te pasas tres semanas, cuatro semanas o lo que sea, viajando por una determinada área, hay un pasapalabra. Yo nunca he entendido cómo consigues pasar la palabra en lugares donde no hay cobertura ni nada, pero se consigue. Es un milagro. Se sabe que vas a llegar. Y hay una relación de confianza.

35:17
Carlos. Hola, Josto. Soy Carlos, docente, educador, y te iba a hacer un par de preguntas centradas en el ámbito educativo y formativo. En primer lugar, acerca de la educación, ¿qué significa para ti? ¿Cuál es la importancia que tú le das a la educación? Y también, acerca de un tema que está muy en boga ahora mismo, que es el desarrollo del pensamiento crítico en niños, niñas, adolescentes y jóvenes.

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Josto Maffeo. Creo en la educación, vamos si creo en la educación. Pero cuando hablamos de educación, ojo, ¿de qué estamos hablando? ¿Estamos hablando de buenos modales, que esa es educación, o estamos hablando de educar, que es lo que enseñamos normalmente, habitualmente, a otra generación? Y luego el pensamiento crítico, es que hay una interconexión en todo esto. Yo creo que educar es fundamental, pero educar significa no imponer, es decir, transmitir, pero permitiendo a quien recibe la educación, la información, poder hacer objeciones, poder interferir, poder llevar sus experiencias por correctas o incorrectas que sean, es decir, objetar. Y aquí estamos entrando, evidentemente, en la otra parte de tu pregunta, que es la capacidad crítica. Yo he tenido una suerte en casa, que mi padre, que era una autoridad, pero de los de: “Ordeno y mando”, pero en casa era otra cosa, me ha permitido siempre ser respondón. ¿Ser respondón qué significa? Que nunca he aceptado la primera respuesta que me ha dado explicándome una cosa, porque siempre he tenido la contrapregunta y a veces la contrapregunta de la contrarespuesta, etcétera. Y ahí está la capacidad crítica, es decir, educar para que el joven, en este caso estamos hablando de joven, se interrogue. No que beba ideológicamente, por ejemplo, todo lo que le transmiten, sino que piense con su propia cabeza. Quiero volver a una respuesta que di antes, de los medios de comunicación. Esta manía de algunos de leer solo lo que los reafirme. Pues, por favor, comprad una cabecera, otra cabecera y otra cabecera, pero al final, la deducción final, el razonamiento, hay que hacerlo con la propia cabeza de uno. Y esa es la capacidad crítica, es decir, a pesar de tener simpatía con el interlocutor que me está transmitiendo algo, tener yo la capacidad de poder plantear dudas, modificar esa manera de pensar que me han transmitido porque se adapta más a mi manera de pensar. Es decir, no beber todo de la fuente como me llega, sino ponerle mis filtros, que son mis filtros, de mis experiencias. Pero, si estamos hablando de edad joven, del recibiente estudiante, la capacidad crítica se la tienes que formar tú, educador. Si tú no le enseñas en familia o en la escuela a interrogarse, probablemente tendrás un individuo que aceptará todo lo que le metan delante. ¿Por qué? Porque o ha venido desde la autoridad, o de un referente por el que tiene simpatía, al cual tiene apego, pero nunca pone algo propio. Y la capacidad propia de criticar, de alterar, de poner en discusión cualquier cosa, yo creo que tiene que ser una de las bases de la educación, pero la tienes que inculcar educando para que uno sea crítico. Y luego, volviendo a mis pasiones y también a mi profesión, yo creo que educar sin viajar un poquito, por lo menos un poquito, sin alejarse un poco de donde uno vive habitualmente y de vez en cuando confrontarse con capacidad crítica y autocrítica con otras maneras de vivir y otras maneras de pensar, se queda en una pobre experiencia. La educación en los libros… Yo tengo… Un señor de mi misma ciudad, de Turín, que os sonará a todos vosotros, además, sé dónde está su casa, dónde murió, Emilio Salgari. Salgari o Sálgari, se puede pronunciar de las dos maneras. Escribió aventuras en todo el mundo, sobre todo en la India. Pues nunca salió de Turín. Pero, atención, no había tarde que no fuera al jardín zoológico cerca de su casa para ver a los tigres de Bengala, que él narraba en sus novelas. Es decir, de alguna manera, viajaba con los medios de entonces. Pero siempre te tienes que alejar para tener capacidad crítica, porque si tú no confrontas tu vivencia diaria, rutinaria, esta es la palabra, rutinaria, con algo diferente, es muy difícil que te hagas preguntas. Aceptas y bebes todos los días la misma agua sin plantearte ninguna discusión. Y un día te vas a otro lugar, te dan una botella y dices: “Anda, tú, pero si hay un agua diferente”. Pero eso hay que enseñarlo. No es algo espontáneo, eso hay que mamarlo en casa y enseñarlo en la escuela. Por eso, como última invitación, os digo una cosa: viajad, viajad mucho y escuchad a gente de otros lugares que piensan de manera completamente diferente. Haced acopio de todo, y luego en casa, cuando volváis, os planteáis lo que os vale y lo que no os vale y ponéis en discusión todo, pero llegaréis a casa enriquecidos. Viajar es riqueza.