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Tres consejos para mejorar tu bienestar mental

José Luis Marín

Tres consejos para mejorar tu bienestar mental

José Luis Marín

Psiquiatra


Creando oportunidades

José Luis Marín

José Luis Marín es médico, psiquiatra y psicoterapeuta con más de 40 años de experiencia en salud mental, psicoterapia y tratamiento del sufrimiento emocional. A lo largo de su carrera ha trabajado con miles de pacientes, analizando problemas como la ansiedad, la depresión, el estrés y los trastornos emocionales desde una perspectiva clínica y humana .

Su enfoque en salud mental cuestiona la tendencia actual a medicalizar emociones como la tristeza o el miedo. Defiende que muchos problemas de ansiedad, depresión o malestar emocional no pueden entenderse sin tener en cuenta el contexto social, el estilo de vida y la historia personal. Para Marín, la salud mental no puede separarse del cuerpo ni del entorno en el que vivimos .

En sus intervenciones aborda temas clave como el estrés crónico, el insomnio, la alimentación, la regulación emocional o el impacto del estilo de vida en la salud. Su propuesta se centra en mejorar el bienestar desde la escucha personal, la reducción del ruido mental y la búsqueda de equilibrio entre lo que pensamos, sentimos y necesitamos.


Transcripción

00:00
José Luis Marín. La salud mental no existe. Y, sin embargo, llevamos escuchando hablar de salud mental todos los días durante los últimos años. Cuando yo digo que no existe la salud mental, o cuando digo que la ansiedad no existe, o que la depresión no existe, estoy simplemente señalando que el sufrimiento de estas personas, que es indiscutible, que es tremendo, terrible, no necesariamente tiene que ser convertido en un diagnóstico psiquiátrico y, mucho menos, en ser medicalizado de forma inmediata. Soy José Luis Marín. Soy médico. Estudié psiquiatría, aunque a veces hago lo posible porque no se note, pero me he dedicado fundamentalmente, casi toda mi vida profesional, a la psicoterapia. He tenido la fortuna de que miles de personas han confiado en mí para contarme su historia, para contarme su dolor, para compartir su sufrimiento. Y he tenido la posibilidad de constatar cómo, en muchas ocasiones, ese sufrimiento estaba simplemente etiquetado en forma de diagnóstico, de diagnóstico psiquiátrico y, con demasiada frecuencia para mi gusto, tratado farmacológicamente. No podemos separar los fenómenos mentales de los fenómenos corporales y, desde luego, de los fenómenos sociales. No se puede separar, de ninguna manera, de ninguna manera. Hablamos mucho de trastornos mentales actuales. ¿Han aumentado los trastornos mentales en este momento?, ¿al menos desde que yo llevo la práctica médica de hace casi 50 años? Pues no estamos seguros de eso. De lo que sí que estamos seguros es de que lo que estamos viviendo es una pandemia de diagnósticos, no exactamente una pandemia de trastornos mentales. Yo no me imagino que se pudiera vivir mucho mejor en la Edad Media que ahora, o quizás en la posguerra española. No. Lo que sí vivimos es una pandemia de diagnósticos. Ahora se diagnostica de trastorno mental mucho más que cuando yo empecé a ver pacientes. Eso sin duda. Esto es un fenómeno que me preocupa mucho, que nos preocupa mucho a muchos de nosotros. Es el fenómeno de la psiquiatrización de la vida cotidiana. ¿Hasta donde estamos convirtiendo, entonces, en trastornos mentales respuestas que son absolutamente normales? Que una persona tenga ansiedad frente a cierta situación de su vida cotidiana, eso puede ser absolutamente normal. No tiene por qué ser un trastorno. Con demasiada frecuencia estamos llamando, por ejemplo, trastorno de ansiedad a una reacción de miedo. Miedo que, por cierto, tiene habitualmente mucho sentido. Miedo que es perfectamente legítimo. Este fenómeno nos agobia. Insisto, el fenómeno de la psiquiatrización, el fenómeno de la medicalización que vemos en todas las áreas, en todas las especialidades de la medicina, pero de la psiquiatrización en concreto, es lo que permite que haya tantos diagnósticos.

03:06
José Luis Marín. Porque nuestra preocupación también es que de un diagnóstico psiquiátrico, habitualmente, lo que encontramos inmediatamente después es un tratamiento y, generalmente, un tratamiento farmacológico. Y eso es algo que nos preocupa. Nos preocupa mucho. Gracias.

03:31
Lourdes. Hola, José Luis. Soy Lourdes Huesca. Me dedico a hacer programas de bienestar corporativo hace 20 años. Y a mí me gustaría preguntarte qué es la tristeza y qué es lo que pasa en nuestro cerebro cuando lo estamos sintiendo.

03:43
José Luis Marín. Qué bien, qué bonito, qué interesante. Mira, para continuar con lo que comentábamos antes, la tristeza es un ejemplo de emoción que puede ser psiquiatrizada. La tristeza es una emoción fantástica. Con demasiada frecuencia escuchamos, y lo habéis escuchado todas y todos, hablar de emociones positivas y emociones negativas. La tristeza, como el miedo o como la rabia, se suelen considerar, a mi juicio, erróneamente, como emociones negativas. No, no, no de ninguna manera. No hay emociones negativas. El miedo, por ejemplo, nos salva la vida cada día. La rabia es una respuesta que ha permitido que evolutivamente lleguemos hasta aquí. Y la tristeza tiene un lado muy bueno. Lo que ocurre es que probablemente en este momento en el que estamos viviendo, en esta “happycracia” en la que vivimos, no hay sitio para la tristeza, no hay sitio para la tristeza. Pero la tristeza es una emoción fantástica. Tiene un lado muy brillante. Tiene un lado muy positivo. Por ejemplo, es la emoción que te permite pararte, callarte, tomar consciencia, hacer autocrítica, reflexionar. Nosotros siempre decimos que nuestros pacientes llegan a la consulta desde la tristeza. Rara vez lo hacen desde la rabia o desde el miedo. Tampoco desde la alegría o el amor, lógicamente. Vienen desde la tristeza, con esa capacidad para hacer autocrítica. La tristeza es, insisto, una emoción fantástica. ¿Qué ocurre? Que cuando la tristeza se mantiene, las emociones, por definición, duran poco tiempo. Cuando la tristeza, sin embargo, se mantiene porque se mantiene la situación, la situación contextual por el cual esta persona está triste, entonces no. Entonces esta persona, en esta situación de tristeza crónica, está sufriendo un proceso de estrés crónico. La tristeza ya se asocia a la desesperación, a la desesperanza, a la desconfianza, también. Y eso genera una situación de estrés, de estrés crónico que, como tal situación de estrés crónico, es imposible que no presente síntomas. Es absolutamente imposible que no se manifieste. ¿Pero se manifiesta solo en el área de lo psicológico como depresión? No. Otra vez, esa tristeza se manifiesta, esa situación de estrés crónico relacionada con la tristeza mantenida, tristeza sin salida, sin salida porque la persona lo que siente, en ese momento de su vida, es que no tiene salida. Esa tristeza también se manifiesta en el área de lo corporal. Y todas las personas deprimidas tienen síntomas físicos, síntomas corporales, todas, absolutamente todas. Y esa tristeza mantenida que podríamos llamar depresión, que en ocasiones se llama así, también se manifiesta en el área de las relaciones interpersonales. Esa persona, entonces, es más desconfiada, menos interesada en la relación, más apática. Ahí incidimos en que es imposible y que no tiene ningún sentido seguir hablando de salud mental. O sea, cuando se afecta algo de lo que artificialmente forma parte de la salud mental, se afecta la totalidad del ser humano, porque no podemos fraccionarlo.

07:02
José Luis Marín. Pero entonces, ¿qué ocurre en el cerebro? Ocurre en el cerebro, claro, sí hay alteraciones en la función cerebral, sin duda, pero también ocurren alteraciones en el intestino, por ejemplo, y aparece el estreñimiento. Aparecen también alteraciones en la piel y aparecen urticarias, otro tipo de manifestación, aparecen con mucha frecuencia. También vemos en medicina cuadros de vértigos psicógenos, de mareos. Quiero decir, es fácil, entonces, plantear que, con algunas de estas alteraciones en la función cerebral que se han podido encontrar, la depresión tiene que ver con que te falta serotonina en el cerebro. ¿Os suena eso? Lo habéis escuchado en alguna ocasión, ¿verdad? La depresión es una enfermedad. Sobre ese matiz, si queremos, de lo de que es una enfermedad, podríamos entrar más tarde. No, no es una enfermedad. La depresión, en todo caso, sería un trastorno relacionado con una alteración en el equilibrio de la serotonina. No, yo creo que es una manera relativamente tramposa de ver la relación. Esto es, primero, te deprimes. Primero te deprimes y luego se afecta la serotonina. Es decir, el desequilibrio en la serotonina no es la causa de la enfermedad depresiva, mucho menos de la tristeza. El desequilibrio en la serotonina es una manifestación más de la depresión. Igual que os comentaba antes que hay alteraciones en la función hepática, en la función intestinal, en la función inmunitaria, por ejemplo. En este sentido hay también un fenómeno del que venimos hablando en medicina, en psicoterapia, en psiquiatría, en los últimos años, que es el fenómeno de la, y del que seguramente habéis escuchado alguna vez, el fenómeno de la invención de trastornos, la invención de trastornos mentales. Cada vez que yo comento, en alguna ocasión, lo de que hay trastornos mentales inventados, que se inventan los trastornos mentales, disminuye mi crédito de amistades, con toda seguridad. Eso es algo que, lamentablemente, a algunos de mis colegas no les gusta escuchar y, seguramente, a algunos de mis pacientes tampoco. Y quiero aprovechar, entonces, para explicar lo que es el fenómeno de la invención de trastornos. Por poneros un ejemplo, hemos comentado la depresión, la tristeza y la depresión, el miedo y la ansiedad. Un fenómeno al que yo asistí ya como profesional, en los años 80, fue la invención de la fobia social. Esto es: existía la timidez. Sabéis lo que es la timidez, ¿verdad? Es una emoción absolutamente normal, otra vez, muy frecuente. En un momento concreto, en los años 80, se decidió que la timidez podía ser un problema médico. Y entonces se definió. Se convirtió la timidez en un diagnóstico psiquiátrico que se llama fobia social. De forma que las personas tímidas, que tenían dificultades para el contacto interpersonal, saben muy bien lo que es la timidez.

10:09
José Luis Marín. Estas personas podían, teóricamente, beneficiarse de un psicofármaco. De un psicofármaco o de un antidepresivo, en concreto, y que tenían que tomar el antidepresivo probablemente para el resto de su vida, o al menos durante temporadas largas. Bueno, pues esto es a lo que nos referimos cuando hablamos de invención de trastornos mentales. Este es un diagnóstico inventado. Tengo que advertir también que, por definición, todos los diagnósticos psiquiátricos son diagnósticos inventados. Inventados no significa que no exista el sufrimiento. Quiero insistir en eso. El sufrimiento es innegable. El sufrimiento de las personas también, que tienen dificultades en la interacción interpersonal, eso es indiscutible, absolutamente indiscutible. Pero nos parece que no hacía falta un diagnóstico psiquiátrico para eso y que, además, tuviera que medicarse. A eso nos referimos cuando hablamos de psiquiatrización. Esto es un ejemplo de psiquiatrización, convertir una emoción, convertir una respuesta, convertirla en un diagnóstico psiquiátrico e inmediatamente tratarlo con psicofármacos, que es lo que la psiquiatría de los últimos 40 o 50 años, realmente, es lo único que sabe hacer. Y lo digo con todo mi cariño y con todo el respeto. Pero es que lo único que se ha aportado en la psiquiatría de los últimos 40 años ha sido la psicofarmacología. No ha habido ningún otro recurso. A eso me refería con el fenómeno de la psiquiatrización.

11:28
Carolina. Hola, José Luis. Soy Carolina. Yo quería preguntarte si afecta al equilibrio mental, el ritmo de vida que llevamos hoy en día.

11:37
José Luis Marín. Sí, sí, Carolina, claro que sí, naturalmente. Yo creo que eso, para cualquiera de nosotros y de nosotras, es muy obvio. El ritmo de vida, el estilo de vida, que maneja actualmente la sociedad occidental es incompatible con la salud. Y otra vez con la salud con mayúsculas. Porque acordaos, por si no lo he dicho claro, la salud mental no existe. Entonces, en la salud con mayúsculas. Y sí, este ritmo de vida, de competencia extrema, de tensión y de estrés permanente, en el que muchas personas viven en condiciones de una precariedad de inseguridad terrorífica, en relación con el trabajo, con la vivienda, que estamos dos horas al día en el coche o en otro transporte público, que estamos comiendo una comida francamente tóxica. La relación entre los alimentos ultraprocesados, por ejemplo, y la aparición de trastornos mentales es una relación obvia. De trastornos mentales y, otra vez, de trastornos de todo el organismo. Sí, sí, eso es muy claro. La sociedad actual no está especialmente pensada para la salud del individuo. Está pensada para la salud del sistema, que es otra cosa. Pero no está cuidando, especialmente, la salud del individuo. Por eso a veces decimos, también, que el sistema sanitario, que nosotros los profesionales sanitarios, nos olvidamos de la salud hace muchos años y que realmente de lo único que hablamos, también, en estos últimos años, es de enfermedades. Casi exclusivamente hablamos de enfermedades, pero no de salud. No, nos olvidamos. Porque algunas de las cosas que podríamos hacer para mejorar la salud es mejorar, también, el sistema, el estilo de vida, el sistema en el que estamos viviendo. Así, en esta misma dirección, se me ocurre, claro, siguiendo a un filósofo que a mí me gusta mucho y que seguramente conocéis, Byung-Chul Han, un filósofo que trabaja en la Universidad de Berlín y es de origen coreano. Byung-Chul Han habla de la sociedad del cansancio. Él dice: “No estamos ni deprimidos ni tristes, simplemente estamos cansados, estamos agotados”. Esta tristeza, también, de la que hablábamos antes. Esta tristeza repetida, mantenida, sin salida, mezclada, a su vez, con miedo y, desde luego, con rabia. No estás deprimido, estás rabioso. Y el hecho de estar rabioso, probablemente, es sano. Lo que ocurre es que nuestro sistema, el que hemos construido entre todos, cuando hablo del sistema no me quiero colocar fuera, no deberíamos colocarnos fuera, es un sistema social en el que todos hemos contribuido para estar así. El sistema se maneja mucho mejor con deprimidos que con revolucionarios. ¿Qué hemos hecho? Convertir a los revolucionarios en deprimidos.

14:50
José Luis Marín. Entonces, les tratamos, además, con unos psicofármacos que, por cierto, lo que hacen no es curar la depresión, nunca lo han hecho y nunca lo van a hacer. Lo que hacen estos antidepresivos, los psicofármacos en general, es provocar estados mentales alterados que pueden ser preferidos, que pueden ser preferibles, para la persona que está sufriendo y, desde luego, para el entorno alrededor de esa persona. En este sentido, quería señalar algo, también, que puede ayudarnos a reflexionar. Llevamos muchos años en medicina buscando marcadores genéticos, buscando datos genéticos que nos ayuden a entender el origen de algunos trastornos mentales. Después de muchísimos años y mucho esfuerzo económico y mucho trabajo en la búsqueda de estos marcadores genéticos, lo que nos encontramos en la práctica es que pesa mucho más el código postal que el código genético. Entre municipios de la Comunidad de Madrid, como puede ser Pozuelo de Alarcón y Parla, municipios que tienen una distancia de, aproximadamente, 25 o 30 kilómetros en línea recta, que están muy cerca, pues hay una diferencia de expectativa de vida de dos años. Lo cual me parece una auténtica barbaridad, en relación con el estilo de vida, con la manera en la que vivimos. ¿Cuáles son algunas de las diferencias? La renta per cápita, sin duda. Pozuelo de Alarcón es el municipio con la renta per cápita más alta de España. Y Parla es uno de los municipios con una renta per cápita sensiblemente mucho más baja. Dos años de diferencia en la expectativa de vida y, naturalmente, una diferencia abismal, también, en los indicadores de salud. Salud, la única que hay. ¿De acuerdo? ¿Qué diferencias hay, además de la renta per cápita? Por ejemplo, algo tan importante para el ser humano como la contemplación de la naturaleza, la contemplación, directamente, del color verde, que es algo que todavía sigue teniendo, como no puede ser de otra forma, un efecto relajante en nosotros que somos cazadores recolectores. La historia del sapiens se desarrolla hace muchos miles de años, entre otras cosas porque aprenden a cotillear, aprenden a conversar entre ellos, aprenden a crear contenido, como se dice ahora. Y una de las cosas que tiene que ver con el desarrollo de la humanidad es estar en contacto con la naturaleza, permanentemente, estar en contacto con el color verde. De hecho, hace no muchos años, un grupo de profesionales, de estudiosos universitarios, de la Universidad de Utrecht en Holanda, describieron algo que me parece interesantísimo, que es lo que llamamos la regla del 3-30-300. Ellos se dan cuenta de que si podemos ver desde el balcón de nuestro dormitorio, o del salón o desde el balcón de nuestra casao tres árboles, el 30% de nuestro barrio es una zona verde y vivimos a menos de 300 metros de un gran parque, los indicadores de salud son sensiblemente mejores. Cuando no se cumple esta regla, hay muchos más ingresos psiquiátricos, mucho más consumo de antidepresivos, solo hablando de manifestaciones psiquiátricas o psicológicas del sufrimiento. Hay también muchos más ingresos y muchas más patologías corporales.

18:28
José Luis Marín. Esto tiene que ver, otra vez, con lo social. Esto es lo contextual. Como estamos comentando, nos preocupa mucho y tenemos que tener todos mucho cuidado para no convertir en individual lo que puede ser un problema colectivo. Recientemente se publicaba un estudio también muy interesante para ubicarlo en relación, ya no con dos municipios diferentes, sino con un barrio del municipio de Madrid, de la ciudad de Madrid. Una calle, la calle Bravo Murillo, define dos áreas muy claras. La margen derecha de Bravo Murillo, de Bravo Murillo a Plaza de Castilla, la margen derecha y la margen izquierda. Entre la margen derecha de Bravo Murillo y la margen izquierda de la misma calle, hay tres años de expectativa de vida perdidos por la margen izquierda. Eso está ocurriendo en un barrio de Madrid, ya no en dos municipios, en un barrio, separados tan solo por una calle. En resumen, el estilo de vida, el cómo vivimos, el cómo y el cuándo se limpian nuestras calles, la limpieza de las calles, el trabajo municipal, influye en las manifestaciones de sufrimiento. Crean, si queréis decirlo de otra forma, crean sufrimiento. Estamos creando sufrimiento cada vez que talamos un árbol.

20:01
Beatriz. Hola, soy Beatriz Belinchón. Soy madre, soy abogado. Y en este estilo de vida en el que estamos todos inmersos, ¿cómo afecta la falta de sueño o una mala alimentación en nuestra salud?

20:15
José Luis Marín. Pues afecta de una manera absoluta. No sé si sabíais que en una generación, aproximadamente una generación ya sabéis abarca más o menos 20 años, en una generación se han perdido dos horas y media de sueño. Se han perdido dos horas y media de sueño. Dos horas y media de sueño en términos evolutivos, perdidos en una generación, es completamente imposible que eso no presente síntomas. De hecho, muchos de nosotros pensamos, y hay datos, todo lo que estoy contando aquí tiene datos científicos que lo avalan, que una parte importante de los problemas que podemos encontrar en la clínica infantil, de los problemas que les pasan a las personitas pequeñas, a estos que llamaba Miguel Gila, “a los locos bajitos”, eso es de Miguel Gila, luego lo cantaba Serrat, pero muchas de esas cosas que les pasan a estos locos bajitos es, simplemente, que han dormido mal, que no han dormido lo que tenían que dormir. Es imposible, no sé si alguna vez habéis pasado una noche mal, no sé si alguna vez habéis dormido poco o menos, quizás. Sí, ¿no? ¿Cómo estáis al día siguiente cuando pasáis una mala noche? Mal, ¿verdad? Podemos reconocerlo, estáis mal. Si en lugar de una noche de dormir mal, eso no es una noche, es una detrás de otra, ¿cómo estáis? Muy mal, ¿verdad? Estáis, entonces, a punto de ser diagnosticados de algún trastorno psiquiátrico. Claro, claro. De eso es de lo que estamos hablando. Es ese malestar que se puede manifestar solo, y por nada menos, porque estáis durmiendo mal de forma repetida. Ese malestar, esa irritabilidad al día siguiente, ese aumento del apetito, por ejemplo, también está claramente definido, esa excitabilidad, esa hiperactividad para intentar compensar el sueño, la somnolencia. Un recurso que tiene nuestro cerebro es hiperactivarnos, esa dificultad en la concentración, todo eso tiene que ver, mucho que ver, seguramente, con que hemos dormido mal, con que hemos dormido, no solamente mal, no solamente poco, además de poco, mal. Así que el sueño es absolutamente fundamental. Todos consideramos que esta sociedad nuestra tiene un déficit crónico de sueño. Como les digo a mis alumnos y a mis pacientes, tratar la los trastornos del sueño, tratar el mal dormir, es una urgencia. Debería ser una urgencia médica. Debería ser una urgencia psiquiátrica. No siempre se hace así. En ocasiones ni siquiera se pregunta. Eso es una preocupación. Y en lo que se refiere a la alimentación, pues fíjate, suponiendo que aceptemos, que tenemos que aceptar, sin duda, que las funciones cerebrales están relacionadas con neurotransmisores, que eso es indiscutible, no podemos, a su vez, negar, no podemos desconocer que esos neurotransmisores son moléculas químicas pequeñas, de pequeño tamaño, que proceden todas ellas de aminoácidos, de aminoácidos que tienen que proceder de la dieta. Porque nosotros no fabricamos serotonina, nosotros no fabricamos dopamina, no fabricamos noradrenalina si no es a partir de una pequeña modificación en aminoácidos que tenemos que comer, que tenemos que ingerir. Porque esos aminoácidos son esenciales y ahí sí que no fabricamos nada. Podemos tener esta pequeña manufactura del triptófano a la serotonina. Eso sí lo hacemos, pero no fabricamos triptófano.

23:40
José Luis Marín. En resumen, lo que comemos tiene muchísima importancia. Lo que dejamos de comer, también. Cómo lo comemos, si lo comemos solos, lo comemos en compañía, lo comemos en silencio, lo comemos ‘mindful’, lo comemos alegres, lo comemos tristes. ¿Se os ha cortado alguna vez la digestión en vuestra vida? Preguntaos, entonces, por favor, no tanto qué es lo que habéis comido, sino con quién habéis comido. Sí, existe la intoxicación alimentaria, existe la gastroenteritis. Eso son enfermedades, es una auténtica enfermedad. Sabemos que hay una bacteria, un escherichia, hay una salmonela, hay una bacteria que infecta el alimento y eso te produce alteraciones. Claro, claro, eso existe. Ya, pero yo hablando del corte de digestión, que no es tan relacionado con una infección. Ese corte de digestión es emocional. Eso tiene que ver con las emociones. Porque el comer siempre es emocional, el comer es emocional. Aprendemos a regular nuestras emociones precisamente comiendo, mamando. Somos una especie que, como apellido, tiene precisamente algo relacionado con la alimentación. Somos mamíferos. Así que sin duda, todo lo alimentario tiene muchísimo que ver en toda nuestra salud. Otra vez no, no caigáis en la trampa del artificio entre lo mental y lo corporal. El insomnio, la falta de sueño nocturno, dificultad para dormirse por la noche, el insomnio comienza con el desayuno. Es una cosa que quería plantearos. Porque también me parece un poco peligroso pensar que el insomnio es un trastorno. De hecho, está como trastorno. Claro, en el Manual de Diagnóstico y Estadística de los Trastornos Mentales figura como diagnóstico y a mí no me convence demasiado. A mí me parece que el insomnio, como tantos otros, es un síntoma. Es un síntoma de que algo no está bien, de que estamos haciendo algo mal o de que nos están haciendo algo mal. También hay que tener cuidado con esto, según lo voy pensando: hay algo que estoy haciendo mal. Cuidado también con caer en lo que se llama el salutismo, que todo lo tengo que hacer yo. Hay cosas que yo puedo estar haciendo mal, pero también me parece que puede ser útil que pensemos en qué es lo que me están haciendo mal a mí. Pues sí, el insomnio, cuando mi paciente viene quejándose de insomnio, lo que empiezo es preguntándole cómo se levanta. “No, pero si yo por la mañana no tengo problemas. Yo lo que tengo es problemas para dormirme por la noche”. “No, no, seguro que tienes problemas para dormir por la noche, pero tu insomnio comienza con el despertador”. Tu insomnio comienza con el momento en el que te levantas, cómo te levantas, cuál es la tensión acumulada ya en el momento de levantarte, cómo te levantas y cómo desayunas. El insomnio y gran parte de tu malestar diario o una parte de tu malestar diario tiene que ver con el desayuno. Enlazando el problema del sueño con el problema alimentario, lo plantearíamos así. Desayuna mejor. “A ver, ¿qué desayunas?” No, yo desayuno lo normal, pues cereales, leche, una magdalena”. Vamos a pensar en la posibilidad de mejorar el desayuno y de mejorar nuestra dieta, porque estos neurotransmisores a los que hacíamos referencia antes, el proceso inflamatorio cerebral, que ahora se reconoce que tienen mucho que ver con las manifestaciones psiquiátricas del sufrimiento, comienza otra vez con el desayuno, porque comienza con la comida.

27:13
José Luis Marín. Así que, por ejemplo, para decir algo muy concreto, suprime absolutamente el azúcar refinado del desayuno, y tardad el doble de lo que tardáis en desayunar. Para lo cual también os voy a recomendar, dentro del paquete, algo que me parece que podría ayudaros. Levantaos, por favor, 20 minutos antes cada mañana. “¿Cómo me levanto yo 20 minutos antes por la mañana si duermo poco?” “Ah, duermes poco, duermes poco, criaturita de Dios. Duermes poco porque te acuestas tarde porque estás viendo la tele. Apaga la tele”. ¿Veis como mi crédito de amigos va reduciéndose poco a poco? No hay ningún hipnótico mejor que un libro. Os vais a dormir antes, os levantáis 20 minutos antes y desayunáis despacio. Desayunáis ‘mindful’ con el desayuno, sin azúcares refinados, con proteínas de alta calidad, en lo posible, de las que son ricas en triptófano, en fenilalanina, en las moléculas de aminoácidos que luego se van a convertir en neurotransmisores. Y salid de casa más relajadas y más relajados, o sea, con menos tensión. Os levantáis corriendo, no desayunáis, tomáis un café de mala manera y, además, os metéis en un coche o en un transporte público en el que estáis una hora, hora y media con atascos, con cláxones. Con lo cual, cuando llegáis a vuestro lugar de trabajo, estáis absolutamente agotados, estáis enfadadas, enfadados, irritados, irritables. El ambiente laboral no es un ambiente relajante. Si uno se quiere relajar no se va a trabajar, salvo en situaciones que también hemos visto en la consulta. Pero en general no puedes pedirle a tu trabajo que te relaje y te haga la vida fácil. No, desconfía de los trabajos en los que os dicen: “Aquí somos todos amigos y todo esto va a ser una historia de amor y lujo”. Bueno, bueno. Si yo quiero tener una historia de amor y lujo no se me ocurre ir a trabajar. Y mi trabajo, en concreto, es fantástico. Así que, todo esto os va agotando a lo largo del día, va llenando vuestra capacidad de tolerancia, de soportar. ¿Habéis oído hablar del cortisol? El cortisol lo tenéis altísimo, naturalmente. Así, día tras día, día tras día. Y luego os ponéis con un informativo de televisión de cualquier cadena. Y con un poquito de mala suerte acabáis gritándole a la tele. ¿No os ha ocurrido nunca? Hablando con la tele, insultando a alguno de los personajes que aparecen en televisión. ¿Y luego pretendéis dormir? ¿Y luego creéis que se puede, que nuestro sistema nervioso que regula el ciclo sueño vigilia es un interruptor? Le doy a un interruptor y se apaga. Estoy gritándole a la tele y luego me puedo dormir inmediatamente. Naturalmente que no. Naturalmente que no. Por eso os decía vuestro insomnio, quien tenga insomnio, el insomnio comienza con el desayuno. Comienza con el cómo te levantas. El insomnio se va haciendo a lo largo de todo el día.

30:18
José Luis Marín. No es algo que se pueda tratar con medicamentos, que es finalmente lo que quería señalar. Y que es como, sin embargo, nosotros, el sistema sanitario, el sistema social, es como lo trata. “No puedo dormir”. “Pues toma una pastilla para dormir”. Con eso estamos cronificando el insomnio, cronificando el problema, y no mirando cuáles pueden ser las causas de ese insomnio. Qué es lo que está pasando en nuestro intestino y cómo nuestro intestino se comunica directamente con nuestro cerebro. Así que lo que está pasando en el tipo de alimento, en el cómo lo digerimos, está afectando otra vez a nuestro estado de ánimo. Está afectando a nuestras emociones, a nuestra manera de pensar. Yo creo que no podemos seguir. Uno de los argumentos, precisamente, para defender esto de que la salud mental no existe, que solo existe la salud con mayúsculas, es precisamente integrar esto, que la alimentación, que el sedentarismo, que el dormir, que el estilo de vida que comentábamos antes, que todo esto es absolutamente fundamental para entender la salud. Y también, otra vez, todo aquello que se manifiesta en eso que artificialmente se llama salud mental.

31:31
Laura. Hola, José Luis. Muchas gracias por compartir tanto conocimiento. Me llamo Laura y estoy muy interesada en la gestión emocional. ¿Qué huella dejan en el cuerpo las emociones negativas?

31:43
José Luis Marín. Todas las emociones dejan huella en el cuerpo. Otra vez, no tenemos cuerpo. No olvides esto. No tenemos cuerpo. Somos cuerpo. Así que no podemos separar lo emocional, como algo sentido, solo en el ámbito de lo psicológico, lo emocional es siempre corporal. Todas las emociones dejan huella en el cuerpo. Las que se llaman, a mi juicio mal llamadas, comentaba antes, negativas, sin ninguna duda. Pero las que se llaman positivas, también. Quien haya tenido la fortuna de haber estado enamorado, sabe muy bien a lo que nos referimos. Cómo el amor deja huella en el cuerpo, cómo lo deja, naturalmente. Cuando uno está enamorado hace cualquier tipo de disparate y tiene todo tipo de sintomatología corporal. Desde taquicardias, naturalmente, hasta alteraciones también en la piel. Todas las emociones tienen que ver, por algunos primeros estudios sobre la fisiología de las emociones de hace 50 o 60 años, con algo exclusivamente cerebral, que ocurría en el cerebro. No, en este momento, otra vez, insisto en que todo lo emocional es corporal. Todo, absolutamente todo es corporal. Y cuando cualquiera que sea la emoción de la que estamos hablando, pensad desde la alegría, el amor, la rabia, el asco, el miedo, tiene manifestaciones corporales. Habéis percibido cuales son las manifestaciones corporales del miedo, ¿verdad? Cuando tenéis miedo por algo, que espero que lo tengáis, porque la ausencia de miedo es una disfunción cerebral. Yo entiendo que el miedo es una emoción y es una emoción, como decíamos antes, una emoción absolutamente fantástica. Pero es imposible tener miedo solo a nivel psicológico. Las manifestaciones del miedo están en el intestino, naturalmente están en el corazón, en la manera de respirar, están en la sudoración, están en todo, absolutamente todo el organismo. Eso es completamente normal. Pero por definición, también, una emoción es una reacción del organismo muy intensa, pero que dura poco tiempo. ¿Dónde aparecen y cuándo aparecen los problemas? Sobre todo cuando las emociones no pueden ser reguladas, cuando las emociones no pueden ser compartidas. Cuando yo tengo entonces al sistema emocional cerebral, nuestro cerebro límbico, que es donde se organiza, se regula, cuando lo tengo permanentemente excitado, esa emoción, sea cual sea, esa emoción conectada directamente con el cuerpo, insisto, porque con el cuerpo, y vuelvo otra vez, con el cuerpo y con las personas que te rodean, con las tres, el área de lo biológico, de lo psicológico y de lo social, que no se pueden separar. Entonces, cuando la emoción no se puede compartir, cuando tú no puedes contar que estás enamorada o tú no puedes contar que estás triste, o tú no puedes contar que estás rabioso, cuando no lo podemos compartir.

34:46
José Luis Marín. Entonces, ahí es cuando la emoción se convierte en un problema. No la emoción en sí, ¿os dais cuenta?, sino la incapacidad para poder regular la emoción. La incapacidad que la mayor parte de las veces es contextual. Es que o no me han enseñado cuando era muy chiquitín a regularla, o en este momento, el sistema no me permite expresarla. Esto lo vemos cada día, lo vemos cada día en los hospitales. Un porcentaje altísimo de lo que tratamos en hospitales, en los servicios de medicina interna, en cualquier especialidad y, desde luego, en atención primaria, son manifestaciones corporales del sufrimiento, manifestaciones corporales de la falta de regulación emocional, lo que vulgarmente se ha dado en llamar “enfermedades psicosomáticas”. Yo no comparto exactamente el concepto de psicosomática en el sentido de que la psicosomática sea una especialidad en la que se tratan solamente aquellas enfermedades corporales, que son la manifestación de un conflicto psicológico. No, para mí la psicosomática, y llevo trabajando en ello desde que era estudiante de medicina hace 50 años, la psicosomática realmente es una actitud. No es una especialidad, es una actitud. Es una mirada. Es una manera de entender a la persona, al paciente, aceptando que nada de lo corporal está separado de lo psicológico. Dicho de otra forma, desde esta perspectiva y con ánimo de provocar, todas las enfermedades son psicosomáticas. ¿Por qué? Porque todas las enfermedades ocurren sobre una persona entera, y las personas son psicosomáticas. La salud es psicosomática, así que la pérdida de la salud, también. Por eso siempre decimos, con ánimo de provocar, que la medicina solo puede ser psicosomática. Porque la medicina, cuando deja de ser psicosomática, se convierte en veterinaria. Porque una parte importante de la fisiología, de las funciones de la fisiología y de las enfermedades del ser humano, son muy parecidas a la fisiología, la fisiopatología de las enfermedades sobre todo de los mamíferos, naturalmente. La diferencia es precisamente esta cualidad de lo humano, que es lo que diferencia la veterinaria de la medicina, que no me parece que siempre se haya tratado adecuadamente. Y de hecho, en el sistema educativo español no se trata. No sé si sabíais que en el currículum de la formación de médicos en España solo el 4% del total de las horas que se estudian de medicina, solo el 4%, está relacionado con humanidades. Algo que llevamos años constatando, y que también nos preocupa, que no forme parte de la formación para profesionales sanitarios y que, sin embargo, es un conocimiento que está absolutamente reconocido ahora mismo en todo el mundo es la relación que existe entre las enfermedades de manifestación corporal, algunas muy clásicamente reconocidas como solo enfermedades biológicas, como pueden ser las autoinmunes, por ejemplo, o las enfermedades alguna como el tipo de la fibromialgia, el síndrome del intestino irritable, algunas dermatitis, bueno, muchas enfermedades corporales y su relación con lo psíquico, con lo emocional. Y sobre todo su relación con la experiencia vivida, con las experiencias, lo que se llama las experiencias infantiles adversas, las experiencias traumáticas.

38:22
José Luis Marín. En un estudio que hemos llevado a cabo en los últimos años, en el que tuvimos oportunidad de tratar, en un estudio organizado y validado por un comité de ensayos clínicos de un hospital de la Asistencia Sanitaria Pública de la Seguridad Social Española, sobre fibromialgia en concreto, nos encontramos con cifras sobrecogedoras en lo que se refiere a la experiencia previa de abuso sexual. El abuso sexual en la infancia superaba el 70% de la muestra. Y el otro 30%, veintitantos por 100 de la muestra, reconocía, en todo caso, si no una experiencia de abuso sexual, sí experiencias traumáticas significativas de tipo de la negligencia, del abandono, de cualquier otra forma de maltrato. Algo que nos contaban nuestros pacientes, y que quiero compartir con vosotras y vosotros porque nos preocupó mucho, ya lo sabíamos, lamentablemente, pero nos preocupó constatarlo. Estas 80 pacientes nos comentaron, cuando nosotros les preguntábamos por las experiencias traumáticas, previas infantiles, experiencias adversas, que era la primera vez que se lo preguntaban, que era la primera vez. Las pacientes, eran solo 80 pacientes, 80 mujeres, todas nos comentaron que era la primera vez que se lo preguntaban, la primera vez. Que ellas estaban seguras de que aquello, de que aquella experiencia de abuso sexual, de abandono, de maltrato, estaban seguras de que tenía que ver con esto que estaban sintiendo en este momento. Te lo cuenten así, además. Es fantástico escuchar a las personas. “No puedo con mi alma”. ¿Os suena esta expresión? “No puedo con mi alma, no puedo con la vida. Me duele la vida, me duele hasta el aliento”. Escribía Miguel Hernández: “Por doler, me duele hasta el aliento”. Ese dolor, que se manifiesta en el cuerpo, es un dolor que tiene historia y que tiene que ver con estos antecedentes personales no compartidos. Decía: “Es la primera vez que me lo preguntan”. “Es, por lo tanto, la primera vez que lo cuento”. “No se lo he podido contar a nadie, nunca se lo pude contar, ni siquiera a mis padres. Y cuando se lo conté a mis padres, mis padres no me creyeron y luego no se lo he contado ni a mi marido ni a mis hijos. No se lo he contado a nadie. Es aquí la primera vez que lo cuento”. Y la paciente, con frecuencia, comenzaba a llorar, con un llanto muy emocionado. Y decíamos: “Bueno…” “No te preocupes, no te preocupes. «José Luis

41:40
José Luis Marín. ¿Os dais cuenta? El problema no es el trauma. El problema es el no haberlo podido contar. Una de mis pacientes me decía: “Mira, yo estaba segura de que esto que me pasa ahora…”, que era fibromialgia, y si conocéis algún caso, la fibromialgia es muy larga, de muy larga historia. Han pasado muchas cosas antes, esta misma persona lleva años de médicos, de psicólogos también, desde que ocurrieron sus experiencias adversas. “Yo estaba segura”, me decía, “José Luis, estaba segura de que eso tenía que ver con aquel…”. Y me cuenta un episodio de abuso sexual infantil muy doloroso e imposible de compartir con sus padres. Y me dice: “Hace como ocho o diez años se lo conté a la neuróloga del hospital. Fui al hospital y le dije, ya llevaba tiempo siendo diagnosticada y tratada de fibromialgia. Le dije: ‘Doctora

45:01
José Luis Marín. Son cosas distintas. Marcadores biológicos está bien. Y, desde luego, para hacer un diagnóstico de una diabetes tipo 1, es muy claro, es un marcador biológico. El exceso de glucosa, la hiperglucemia y la falta de insulina. Cuando yo tengo mucha glucosa y poca insulina, eso es un marcador biológico y hago un diagnóstico que, además, es un diagnóstico que no tiene discusión con otro. Es una diabetes insulino dependiente. Me parece que en psicoterapia, en psicología, en psiquiatría, estamos demasiado obsesionados buscando marcadores biológicos, pero perdemos la oportunidad permanentemente de encontrar, porque eso hay que buscarlos, pero es muy fácil encontrarlos, encontrar marcadores biográficos, porque lo que hoy sabemos, lo que todo el mundo sabe, es que la biografía, es muy importante. No necesariamente determinante, pero la biografía es muy importante a la hora de entender una enfermedad en el adulto. Buscad, entonces, marcadores biográficos, no solo biológicos.

46:24
Kerem. Hola, José Luis. Mi nombre es Kerem. Encantada de estar aquí. Y quería preguntarte porque, bueno, yo soy madre de cuatro niñas preciosas y me parece interesante saber, como madre, como padres, qué podemos hacer para cuidar el pensamiento de los más pequeños.

46:49
José Luis Marín. Fíjate, a mí me parece que este es el quid de la cuestión cuando hablamos de salud, la búsqueda de la salud está ahí. Está en qué hacéis, qué hacemos, qué podemos hacer los padres y cómo podemos pedirle al sistema de valores cultural que nos permita hacerlo, a los padres en relación con los hijos. Yo creo que ese es el quid fundamental de la de la salud, de la búsqueda de la salud. Recordando aquello que siempre comento, con ánimo de provocar, y es que nuestra historia comienza el día en el que nuestros padres se conocen. Ahí comienza nuestra historia exactamente. No cuando estoy en el médico, no cuando estoy en el psiquiatra presentando síntomas. La historia comienza el día en el que tus padres se conocen. Pensad en esto. El día en el que tus padres se conocen hay ya una previsión de una conjunción genética, lógicamente. Y ahí nuestros padres, nosotros, los que somos padres, claro, empezamos a pensar en nuestro hijo, a imaginar a nuestro hijo o hija, empezamos a pensar en el nombre que le vamos a poner, en las expectativas que colocamos sobre él y sobre ella. Así que la futura salud o la futura falta de salud, el posible trastorno mental de esa personita, ha comenzado ahí. Ha comenzado ahí. En psiquiatría yo siempre digo que hablar, de repente, es raro, es raro. En otras especialidades médicas, por supuesto que sí. En psiquiatría es muy raro el de repente. Eso comienza. Contestando más específicamente a tu pregunta, yo creo que la salud está en cómo los padres podemos aprender, como decíamos antes, podemos aprender, porque no sabemos, cómo ayudar a nuestros hijos a regular las emociones, por ejemplo. ¿Cómo podemos enseñarles a comer? Ya en términos más concretos, ¿cómo podemos enseñarles a dormir?, también. ¿Cómo podemos enseñarles…? Porque todo eso se aprende. El ser humano nace con un cerebro capaz de aprender, pero con un cerebro tremendamente rudimentario. El cerebro de un recién nacido, si os habéis dado cuenta, si habéis visto alguna vez a un recién nacido, no vale absolutamente para nada que no sea hacer caca, hacer pis, llorar y llorar, hacer caca y hacer pis y comer. Quiero decir, poco más. Así que es función de los padres. Y es función de los padres el que les vayamos enseñando, vayamos completando esa esponja que es este cerebro tan rudimentario, lo vayamos rellenando. ¿Tú me preguntas cómo? Estando. Si tuviera que definirlo en una palabra, es estando, estando con ellos. Eso no significa que estemos 24 horas diarias con él o con ella. Es imposible. En el mundo en el que vivimos eso es, si no imposible, al menos es muy difícil.

49:49
José Luis Marín. Pero en todo caso, estando y estando presentes cuando estamos. Este cerebro, este cerebro que decíamos cerebro infantil, recién nacido, que sirve para muy poco, sirve simplemente para regular las funciones internas, se construye en la relación. O sea, el cerebro se hace en la relación con otro. No se puede hacer solo, no se construye solo, se hace en la relación con el otro. ¿Y con qué parte en concreto del otro? Pues mirad, con la mirada, con la mirada del otro que son las figuras, las figuras específicas de apego, las figuras significativas. Habitualmente, en términos históricos, a los que llamamos papá y mamá, las personas que ocupan, en todo caso, esa figura. La mirada, la comida, el darle de comer, el cómo le damos de comer, cómo le damos de comer. Hemos visto cientos de problemas alimentarios infantiles en los que el problema no es la alimentación. “Es que a mi niño no le gusta nada, no come de nada”. Verás, el problema, antes hablábamos de los cortes de digestión, el problema es que con la comida no se ingiere solo alimento, con la comida se ingiere también afecto y no se puede separar. Eso es un axioma. Eso es un axioma de la teoría de la comunicación. El bebé toma alimento y, simultáneamente, toma, ingiere, introduce, incluye el estado de ánimo de la madre. Sí, el estado de ánimo de la madre que, a su vez, depende del estado de ánimo del contexto. Otra vez, lógicamente, no solo de la madre. Así que el bebé, su cerebro se está construyendo con la leche materna, con la leche artificial, después con la comida, se está construyendo con lo que incorpora además del alimento. Como hemos dicho, la mirada es la palabra en la relación. No hay nada que calme más a un bebé, nada que calme más a un bebé desregulado, todos hemos tenido alguna experiencia en ese sentido con nuestros hijos, que tomar al bebé en brazos, apretarle. El tacto es el cuarto pilar del que quería hablaros, el tacto, tocarle. ¿Cómo tocamos al bebé? Apretarle y hablarle lentamente, hablarle suavemente al oído. “Estás mal, estás mal. Ya sé lo que te pasa. Estás disgustada, estás disgustado. Estás nervioso. Tienes hambre. Pero eso se va a pasar. Hazme caso, estoy aquí. Estoy aquí contigo”. Y luego seguís: “Con 100 cañones por banda. Viento en popa a toda vela. No corta el mar sino vuela un velero bergantín”. Le da exactamente igual. El bebé tiene un mes. ¿Os dais cuenta lo que quiero decir? Le da exactamente igual lo que le contéis. Con mucha frecuencia los padres, muy preocupados, me preguntan: “Oye, José Luis, entonces recomiéndame algún cuento para leerle”, porque saben que hay que leer cuentos a los niños.

52:52
José Luis Marín. “¿Qué edad tiene tu niño?” “No, tiene un mes. Acaba de nacer”. “No, tiene tres meses”. “Léele cualquier cosa. Da exactamente igual. Si lo que necesita eres tú, no tiene ningún sentido. Aprovecha para leerte tú una novela. Aprovecha para leer. Claro. Aprovecha para leer una novela que es muy importante. Para leer una novela. Para leer poesía. Lee poesía. Léele poesía. García Lorca, Miguel Hernández, Ángel González, Neruda, Bécquer. Me da exactamente igual. Lee poesía a tu bebé. Que escuche tu voz, tu voz tranquila”. Y cada noche, para dormir, te vas con el bebé y te pones a leer. Y da igual. Cuando tenga cuatro, cinco o seis años, cuando vaya siendo mayor, bien, comienzas con Harry Potter, sin duda, pero ahí tiene que ser mayor. Pero mientras es un bebé, cualquier cosa. Lo importante es que te escuche y que te escuche en paz, que te escuche tranquila. Ese es otro debate. “¿Cómo hago yo para llegar en paz a las 18:00 de la tarde?” Antes comentábamos que quizás levantándote antes por la mañana, bueno, hay más cosas que se pueden hacer. Pero esta es un poco lo que se me ocurre, ¿sabes? La mirada, la mirada, el tacto, la palabra, la voz, y todo ello dándole de comer.

54:07
Luna. Hola, José Luis. Soy Luna. Y como profesora, pedagoga y ahora opositando para la especialidad de Pedagogía Terapéutica, me interesa realmente saber qué opinas sobre que, a día de hoy, a los adolescentes se les asocie con el concepto de generación de cristal. Es decir, ¿consideras que realmente, a día de hoy, los adolescentes tienen más trastornos mentales que antes?

54:33
José Luis Marín. No estoy seguro, pero fíjate que empiezo así. No estoy seguro. Yo creo, sinceramente, que no estamos seguros ninguno. El fenómeno adolescente, en este momento, es un fenómeno que nos ha sorprendido a todos. El fenómeno adolescente, en relación sobre todo con la tecnología, que es un problema, un problema latente ahora mismo, que tenemos todos los días en la consulta. ¿Qué pasa con las pantallas? ¿Qué pasa con las pantallas? ¿Esto les está enloqueciendo o les está ayudando? Pues esto también tiene que ver con la historia de la humanidad. Y con los errores que hemos cometido en la historia de la humanidad, cuando en un momento concreto nos parecía que una cosa era buena idea y, luego, pues años más tarde se demuestra que no lo era. En estos últimos 20 años, desde 2008, que es cuando empiezan, se presentan las redes sociales en el mundo, en nuestro país hemos entregado en brazos de la tecnología a una generación entera. Y ahora no sabemos, realmente, lo que está pasando. No sabemos lo que está pasando. Es una generación, que están ahora en la adolescencia, con comportamientos absolutamente raros, atípicos, que tampoco sabemos cómo etiquetar. Me preocupa mucho desde mi edad, desde la edad que tengo, me preocupa lo que comentábamos antes. Es que en medicina y en psiquiatría y en psicología, también, porque la psicología ha copiado lo peor del modelo médico, cuando no sabemos qué hacer, etiquetamos. Eso me preocupa. Cuando no sabemos qué hacer, lo que nos han enseñado es que, rápidamente, hay que poner un diagnóstico. Sin diagnóstico, los profesionales de la enfermedad, porque en algún momento tendríamos que dejar de llamarnos profesionales de la salud, cuando no sabemos qué hacer, etiquetamos. Ya está, ponemos una etiqueta, ponemos un diagnóstico. Y eso me preocupa, porque ahora nos encontramos con que hay adolescentes que pueden tener tres, cuatro o cinco diagnósticos, tranquilamente, con el sistema de diagnósticos psiquiátricos que tenemos. ¿Qué les está pasando? No, no lo sé. No sé lo que está pasando. Están sufriendo mucho, están pasándolo muy mal, muy mal. Como me parece también que la psiquiatría solo se puede entender si es social, no se puede entender la psiquiatría de otra forma, pues lo que me pregunto siempre es no tanto qué les pasa a ellos, sino qué les hemos hecho nosotros. Vamos a ver, ¿por qué esta generación ha caído en brazos de las redes sociales, de la tecnología? ¿Por qué? Pues algo muy simple, y que también es historia de la humanidad, algo muy simple. A partir de una carencia afectiva. Es algo, otra vez, que tiene que ver, a mi juicio, con los cambios en el estilo de crianza, la ausencia de los padres, los padres secuestrados por el sistema, los padres secuestrados por la hipoteca. Si queréis, simplificándolo, por la hipoteca. Entonces, nosotros les hemos echado en manos de las redes sociales. ¿Y se lo vamos a prohibir? Bien, se lo prohibimos. A mí me parece bien que se prohíba. Pero si se prohíbe, estemos preparados para lo que va a aparecer después. Porque, ¿cómo lo van a rellenar? Vamos a prohibir los móviles a los chiquitines, los teléfonos inteligentes, las pantallas, vamos a prohibirlo, pero, ¿les vamos a dar más padres?

57:44
José Luis Marín. ¿Eso es posible? Eso sería fantástico. Si me preguntas: “¿Cómo resolvemos…? Resolver, las soluciones nunca son tan fáciles, ¿verdad? Pero es algo que se me ocurre si limitamos el uso de los teléfonos inteligentes, etc., que tiene mucho que ver con la manifestación del trastorno en la adolescencia, pero ¿lo prohibimos porque les vamos a dar más horas de padres? Fantástico. Más horas de padres con Harry Potter, viendo Dumbo en la tele, contando cuentos, en la naturaleza, en la naturaleza. Una de las grandes catástrofes, que comentábamos antes, de los adolescentes y de los seres humanos, de los adultos, también, todos los seres humanos en la actualidad en el mundo occidental es la desconexión con la naturaleza. Les quitamos el iPad, les quitamos el teléfono móvil, pero ¿nos vamos a ir todos los días a un parque, un rato, con ellos al parque y los fines de semana los vamos a llevar a hacer senderismo? ¿Les vamos a enseñar lo que es un árbol y lo que es…? No hay nada mejor para un peque, nada mejor, nada que disfrute más una personita de tres, cuatro o cinco años, nada que disfrute más, ningún regalo mejor, que irse con sus padres a cualquier parque, a cualquier lugar, a la naturaleza. Nada que disfruten más. Lo que ocurre es que como no llevamos a nuestros hijos a los parques ni vemos películas con ellos, con ellos, películas con ellos, no ellos viendo una película y nosotros otra, no, no una película con ellos y hablamos después de la película, como no hacemos nada de eso, les damos un teléfono móvil. ¿Y qué hacen ellos? Como son, además, muy bien mandados y nos quieren y quieren dejarnos bien, ¿qué es lo que hacen? ¿Engancharse a qué? Al teléfono móvil. ¿Pero quién les ha dado el teléfono móvil? Nosotros. Entonces, ¿qué hacen ellos? Ya está. Engancharse al teléfono móvil. Y ahora se lo queremos quitar. Bueno, pues ya nos podemos ir preparando, los profesionales de la enfermedad, ya nos podemos ir preparando para ver niños y adolescentes absolutamente enloquecidos, porque algo tendrán que hacer. ¿Os dais cuenta? El teléfono está rellenando un hueco. El teléfono o cualquier tipo de conducta, que es una conducta particular, solitaria, aislada. ¿Os acordáis de las redes sociales que nos iban a conectar? Curiosamente, el ser humano nunca ha estado tan desconectado como lo está ahora. Entonces, bueno, ya está. Pues vamos a desconectarles de las redes, vamos a quitarles esto, pero no vamos a hacer nada a cambio. Uno puede hacer en cada momento de su vida lo que quiera, pero casi nada es gratis. O sea, que no creamos que estas medidas van a ser gratis.

01:00:22
Maite. Hola, José Luis. Me llamo María Teresa de Lara, pero todo el mundo me conoce como Maite. Soy formadora de agentes de apoyo mutuo en salud mental, agente de apoyo mutuo en salud mental, también estudiante de psicología y soy persona con sufrimiento psíquico y también tengo varias enfermedades físicas. Entonces, te quería preguntar si dedicáis los médicos suficiente tiempo a los pacientes.

01:00:49
José Luis Marín. Es una pregunta retórica, Maite, porque tú sabes que no. Claro, Tú y tú, y tú y tú, y tú y yo, quiero decir. Todos sabemos que no. Y el médico que te está atendiendo también sabe que no. No, no le dedicamos demasiado tiempo. No, no, demasiado no, no les dedicamos nada. No les dedicamos suficiente tiempo a nuestros pacientes, seguro que no. Y eso es un problema estructural. Es un problema francamente importante. Sí, sí, sí, seguro, no. En la Comunidad de Madrid, el último estudio que yo recuerdo que hizo el Colegio Oficial de Médicos de la Comunidad de Madrid, al que pertenezco, el médico interrumpía al paciente en el inicio de la conversación cuando le preguntaba, la pregunta podía ser: “¿Qué te pasa?” O: “¿Qué le pasa a usted?” “¿Qué le pasa?” Y el paciente empezaba a contar y el médico le interrumpía los 19 segundos. Ayer por la tarde leí un artículo en esa misma línea en Estados Unidos. El médico, en Estados Unidos, interrumpe a su paciente a los 11 segundos. Te interrumpe para hacerte una pregunta. En la medicina española, todos lo sabéis, ¿cual es el tiempo que tiene el profesional sanitario? No, los médicos yo creo que son una víctima, también. A mí me parece que los médicos son, o somos, yo he tenido posibilidades de trabajar una parte importante de mi vida profesional en el ámbito privado, con lo cual he tenido mucha fortuna. He sido un afortunado porque he podido organizarme mi tiempo de otra manera. Pero en el sistema público yo creo que los médicos son unas víctimas. Unas víctimas. Son mis compañeros a los que quiero mucho, me parece que son, en ocasiones los veo, como auténticos héroes. Héroes del sistema haciéndose cargo de algo insostenible. Por eso también, por cierto, una parte importante de ellos están quemados. La frecuencia del ‘burnout’, el síndrome del quemado en medicina, es altísimo. Cada vez hay más. Cada vez hay más médicos jóvenes, nos preocupa mucho, que están abandonando la práctica de la medicina, incluso en la residencia. Cuando empiezan a tomar contacto con lo que les espera, están dejando la práctica de la medicina. Eso es un problema, un problema importante. Yo fui profesor de la Facultad de Medicina de la Complutense, también, y tengo mucha participación en diferentes universidades españolas. Yo creo que una parte, también, del problema del sistema sanitario, me parece que es, no solo el tiempo, es la gestión del conocimiento. Yo creo que el problema sanitario comienza en la universidad, en lo que les estamos contando a los estudiantes. Son personitas con 18 años. Personas, con 18 años, con un cerebro sin terminar. El cerebro humano tarda mucho tiempo en terminar, suponiendo que termine. Y, seguramente, en ocasiones, todos pensamos en alguien, alguno no ha terminado el proceso. Pero en todo caso, el proceso de maduración del cerebro humano es muy largo. Y con 18 años están a la mitad, por decir una cifra. Pero entran todos en la facultad y se creen cualquier cosa. ¿Pero que no encuentran la facultad? Y, a lo mejor, en la universidad podríamos enseñarles también parte de esto que llamamos el “conocimiento ignorado”. ¿Qué es este conocimiento? Alguna de las cosas las hemos comentado aquí, este conocimiento que sabemos, que se sabe, que está publicado, que está científicamente validado con las mismas cualidades de transmisión de conocimiento científico que se utiliza en la universidad pero que, sin embargo, curiosamente está ignorado, se ignora, se ignora, ya está, no se transmite. Con lo cual este médico, que entra a la facultad con sus 18 años, y al que solo le transmiten una parte de la ciencia, que no les transmiten la otra parte de la ciencia, pues, finalmente, está también muy limitado en la manera de manejar. Incluso el poco tiempo que tiene, el poco tiempo que tiene, tampoco tiene todos los recursos que podría tener si la formación fuese una formación, me parece, un poco más completa. Un ejemplo muy frecuente que podría contaros en mi propia experiencia clínica. En mi experiencia clínica como médico, y luego os contaré también algo de mi propia experiencia como paciente. Pero en la experiencia clínica, un perfil de persona que acude a mi consulta, que ha acudido durante años a mi consulta es, voy a llamar a esta persona Dolores. No voy a contaros un caso de una persona. Voy a contaros un perfil de muchos pacientes, a ver si conocéis alguna persona así. Dolores es una persona, es una mujer de 45 años, aproximadamente, está en la cuarentena y es una persona que me cuenta, porque yo se lo pregunto, que desde siempre fue una niña delicada, que siempre tuvo problemas pediátricos, problemas en la piel, que tuvo dificultades respiratorias, broncoespasmo, que ahora, de vez en cuando, tiene, y entonces está en consulta de Neumología en el hospital, en el hospital que queráis de vuestra ciudad. Está en la consulta de Neumología desde hace muchos años. Luego empezó a tener también, aquello mejoró un poco, pero empezó a tener problemas intestinales. Entonces, de repente tenía diarreas que no se sabía muy bien por qué. Luego también tuvo algo que le dijeron que era gastritis.

01:06:11
José Luis Marín. De vez en cuando vomitaba, con lo cual también tiene consulta en gastroenterología, en el mismo hospital. Allí, en gastroenterología, le dijeron que lo suyo era de los nervios, así que la mandaron a psiquiatría. Entonces también tiene consulta en psiquiatría en el hospital. Luego, cuando comenzó con su ciclo menstrual, empezó a tener también problemas. Tenía dolor, dificultades, dolores con la menstruación. Le diagnosticaron una dismenorrea, que tampoco sabían muy bien por qué, pero ella sí porque ha tenido consulta en ginecología. Como en ginecología también ha contado que tiene dificultades en la relación sexual con su pareja, la mandaron a sexología. También tiene ahora una consulta en sexología. En los últimos años, cada vez que ella tiene alguna situación de tensión, así un poco más de dificultad, pues le salen, como ella misma dice, sarpullidos, ronchas, en la cara, en la piel. Tiene problemas en la piel, así que también tiene consulta en dermatología. Hace menos tiempo empezaron a dolerle las articulaciones y algunos puntos concretos en su cuerpo cuando se apretaba, así que la pasaron a reumatología. Tiene consulta en reumatología y el reumatólogo, finalmente, le dijo que aquello podía ser fibromialgia, fatiga crónica, de todo un poco, pero que le vendría bien que la viera un psicólogo, una psicóloga, con lo cual también está haciendo psicoterapia. Este es un perfil de paciente que yo he visto en cientos de casos, y a quien yo llamo Dolores. Tiene abiertas cinco o seis o siete historias clínicas en el hospital. Además, está en psiquiatría y, además, está haciendo psicoterapia. ¿Conocéis algún caso parecido? Esta es otra pregunta retórica, por mi parte, porque sí sé que lo conocéis. Yo he exagerado un poco, pero tampoco demasiado. Esta es la historia. Cuando yo hablo con Dolores, lo que Dolores me cuenta es su historia, pero no su historia médica, que es lo único que le han preguntado en el hospital porque tienen cinco minutos, le han preguntado solamente por sus antecedentes médicos. Cuando yo le pregunto a Dolores por su historia, y cómo fue abandonada por sus padres, y cómo fue maltratada por su abuela en el pueblo, y cómo fue sistemáticamente violada en la infancia y cómo fue… En fin, las historias que me cuentan en mi consulta cuando lo pregunto. Porque la cuestión es que lo preguntes, si no lo preguntas, no, lógicamente no aparece. Como decía uno de mis maestros, José Ortega y Gasset, el problema que tiene preguntar es que a veces te responden. Claro. Por eso, los médicos y los psicólogos no sabemos qué hacer con ciertas respuestas, y os decía antes que el problema está en los niveles formativos, como no sabemos qué hacer con ciertas respuestas, por eso nos preguntamos. Entonces, claro, Dolores, cuando yo le pregunto a Dolores por su historia, por los antecedentes biográficos, no por los marcadores biológicos, Dolores me cuenta su historia. Y su historia es una historia en la que perfectamente se entiende lo pediátrico, lo adolescente, lo ginecológico, lo sexual, lo dermatológico, todo. La depresión que finalmente tiene. ¿Cómo no va a tener depresión? Hablábamos antes de depresión. Con esta historia, naturalmente que puede tener una depresión. Entonces, cuando miramos a Dolores entera, Dolores te cuenta su historia y tú ves entera a Dolores.

01:09:33
José Luis Marín. Lo que hacemos en el sistema sanitario occidental, no solo en español, de ninguna manera. Lo que hacemos, os dais cuenta, es trocear a Dolores. Cada médico, de estos que he comentado antes como ejemplo, cada médico ve una parte de Dolores. ¿Os dais cuenta de eso? Ve un trocito. Y lo están haciendo bien. No quiero que los médicos se enfaden conmigo más de lo que algunos ya están. No, no, no, no estoy haciendo una crítica de ninguno. No quiero hacer una crítica de ninguna manera a los médicos. Me parece, he dicho antes, que son unas víctimas de este sistema. Ellos están haciendo lo que pueden, lo que les han contado, por cierto. Lo que está en los protocolos, algo que nos ata mucho a los médicos, la palabra ‘protocolo’. Ellos hacen lo que pueden, pero en medio está Dolores. Y a Dolores la han visto siete médicos y dos psicólogos, pero ¿realmente la han mirado? ¿Os dais cuenta de la diferencia entre ver a Dolores y mirar a Dolores? A Dolores no la ha mirado a nadie. A Dolores, entera, no lo ha mirado nadie. Y todo lo que le pasa a Dolores, desde sus enfermedades pediátricas hasta las otras enfermedades corporales que estamos viendo ahora, todo lo que le pasa a Dolores es lo mismo, todo es lo mismo. Es el resultado de una sucesión de terribles desdichas desde antes de su nacimiento, pero que nadie ha querido o ha podido escuchar. Y todo lo que le pasa a Dolores se explica de una sola manera, que es con lo que hoy, en todo el mundo, por fin estamos en la línea de hacer una atención informada sobre trauma. El poder escuchar las desdichas, la historia, la biografía, la vida de Dolores, no solo sus especialidades, no solo sus órganos aislados. Tendemos a ver, ahora mismo, al paciente como un órgano aislado. Se habla de la cirrosis, es una cirrosis de la cama ocho, la neumonía de la 12, la pancreatitis de la cama 16. Eso era lo que yo escuchaba entre los médicos que me estaban enseñando medicina. Aquello no me gustó. Tengo que reconocer que yo he sido siempre muy cotilla, muy cotilla. Me intereso, por eso me gusta mucho la literatura, me gusta mucho el cine y me gusta mucho la psicoterapia. Precisamente, porque a mí siempre me han interesado las historias más que las mitocondrias, siempre. Las mitocondrias están bien, pero son sosas. Sinceramente, tienen poca gracia. La persona entera tiene, a mi juicio, mucho más interés. Yo soy una persona sana, básicamente una persona sana, mucho. Pero bueno, he tenido percances. Uno de ellos hace como 40 años, sí, aproximadamente 40 años, un poco más. Jugando al fútbol, me hicieron una falta alevosa y, entonces, tuve una lesión de rodilla en la rodilla izquierda en la que tengo una artrosis, porque me extirparon el menisco. Como siempre ocurre, me operaron en el hospital en el que yo trabajaba entonces. Me operaron mis amigos, como siempre ocurre en medicina, por lo que se llama el síndrome del recomendado, todo lo que podía salir mal en la operación salió mal, absolutamente todo. Y bueno, pues yo tuve que estar una semana o diez días en el hospital en el que estaba trabajando. Y eran mis amigos, y eran mis conocidos.

01:13:01
José Luis Marín. Yo trabajaba en ese hospital, todo fantástico. Pero no dejaba de ser el menisco de la cama siete, era el menisco de la siete. Y una vez le pedí a una de las enfermeras de noche, llevaba dos o tres o cuatro noches con la pierna levantada, no podía cambiar de postura. Le dije que por favor, me diese una benzodiacepina para poder dormir. Necesitaba dormir, por lo que hemos comentado antes. La enfermera se puso muy nerviosa. “¿Cómo me pides una benzodiacepina? Como si estuviese mentando el diablo. «¿Cómo pides una benzodiacepina para dormir?” “Es una. Una hoy”. “No

01:15:07
Isabel. Muy buenas. Soy Isabel y, como psicóloga, que trabajo con niños y con adolescentes y con adultos y con sus familias, quería preguntarte: ¿Qué nos recomendarías para encontrar el bienestar?

01:15:31
José Luis Marín. El bienestar o la felicidad son de esos conceptos que no resultan fáciles de definir. Y a mí me parece más, quizás como persona mayor que incluso como profesional, que el bienestar, que la felicidad, tiene mucho que ver con la paz. Tiene mucho que ver con la calma y con la paz y con el silencio. Con el silencio, no solo silencio externo, sino sobre todo silencio interno. Busca aquello que a ti te haga bien y ten cuidado, también, o tened cuidado, para huir de una corriente que hace algunos años se puso en marcha en todo el sistema mercantil en el que vivimos, que llamamos salutismo. Y es que también, ahora, la búsqueda de salud, se ha convertido en una industria, la búsqueda de la salud. Nos encontramos con personas a las que enseguida se les pone nombre: se llama ortorexia, por ejemplo, o vigorexia. Nombres de etiquetas de personas. La ortorexia, personas especialmente interesadas en seleccionar la alimentación para estar bien. Entonces, realmente tienen un comportamiento obsesivo para estar bien, con lo cual no están bien y no lo van a estar nunca. Como también hay algo que me preguntan con cierta frecuencia: “¿Tú crees que todo el mundo tendría que ir, debería ir a psicoterapia?” La respuesta obvia es que no, que de ninguna manera. Porque, otra vez, podemos llegar a convertir esto, la búsqueda de la salud mental, que de hecho ya se ha hecho, en una industria. En una nueva industria que también, con esa presión, nos acaba enfermando”. Para el bienestar, escúchate. Escúchate a ti. Algo que puede ayudarnos, por decirte una cosa muy concreta, también voy a recomendaros, para terminar de amargaros el día, además de acostaros antes, levantaros antes, también, buscad 20 minutos al día, si puede ser 20 mejor, si no 15, 15 minutos al día para estar solas, para estar solos, para estar en paz, para estar en silencio, para disfrutar de nuestro tiempo, para poner en contacto lo que llamamos la “red neuronal por defecto”. Para escucharte a ti, no lo suyo» que hacemos todos. “No

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José Luis Marín. Hablábamos antes de la regla del 3-30-300. Algo que se sabe que hace mucho daño a la salud, en general, es el ruido, el ruido ambiental. Bueno, pues yo me refería a ese ruido ambiental. Pero luego, también, al otro ruido personal que nos rodea, que nos dice lo que tenemos que hacer, cómo lo tenemos que hacer. Entonces, a mí me parece que el bienestar es personal, y que el bienestar tiene que ver contigo. Lo que necesitas es que, lo que llamamos las tres áreas del cerebro: lo que necesitas, lo que sientes y lo que piensas, estén en armonía, estén en paz. Firmar la paz en el cerebro. Lo que necesitas, lo que quieres y lo que piensas están bien. La salud mental es el árbol que nos impide ver el bosque de la realización humana. No podemos seguir separando lo mental de lo corporal, de lo social. No podemos dejar de lado la importancia de lo cultural, de lo social, de lo contextual. Somos seres sociales. El itinerario es exactamente al contrario. Primero es lo social, después lo psicológico y, finalmente, lo corporal como consecuencia o como manifestación. Me parece que necesitamos un cambio de mirada, un cambio de mirada en la atención, en la comprensión, en la atención, en el desarrollo de las manifestaciones del sufrimiento. Que se pueda entender, de verdad, de una manera socio-psico-biológica. Gracias.