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Iain Mcgilchrist. No me queda mucha vida. Prefiero hacer algo real. Pero vivimos en este mundo virtual en el que la teoría prevalece sobre la experiencia. Por eso os cuento esta historia. En fin, después de compadecernos mutuamente durante diez minutos, le dije: “¿Y qué hago?”. Y ella dijo: “Marca cualquier casilla y te pagaremos”. Así que elegí la limpieza de ventanas, porque sentí que, espiritual y metafísicamente, eso es lo que había estado haciendo. El camino a la verdad es la limpieza de ventanas o aletheia, el no olvidar. Y esto es sumamente creativo. A veces digo: “¿Cómo hizo Miguel Ángel su David? ¿Hizo primero un brazo y luego el torso y la cabeza?” Para nada. Describamos lo que hizo. Bueno, moldeó una piedra. Simplemente moldeó piedras blancas durante varios años. Eso es todo lo que hizo. Y al final, lo revelado, lo que no estaba oculto, fue el David. Esa es una buena imagen de cómo surgen las cosas y de cómo nos acercamos a la verdad. Así que, para concluir mi respuesta, no hay una única verdad, pero, y esto es muy, muy importante, esto no significa que todo valga, como solemos decir. Eso no significa que puedas inventarte tu propia verdad, que yo pueda inventar mi propia verdad. La sociedad se desmoronaría. Y por supuesto, en la vida cotidiana todos creemos que hay verdades. ¿De lo contrario, qué sentido tendría hacer nada? Porque en realidad no tendría sentido hablar, ya que nada de lo que dijeras sería más cierto que cualquier otra cosa. La vida simplemente se destruiría. Así que, por supuesto, creemos que hay cosas que son ciertas. Digan lo que digan los posmodernistas, eso es la verdad. Solo que no hay una única verdad. Pero eso tampoco significa que la verdad de todo el mundo sea igual de válida. Quiero decir, si la gente dice: “Bueno, mi opinión es tan buena como la tuya”. Y yo digo: “Sí, es muy probable que lo sea, pero también puede que no”. Esta es la realidad. Algunas opiniones valen más que otras. Algunas verdades están más cerca de la realidad que otras. No puedo decirte cuál es esa realidad, pero sí que puedes ir hacia ella. Tienes que encontrar tu camino. Pero si te das cuenta de que estás en el camino equivocado, sal de ahí. Imaginaos un barco atrapado en el hielo, ¿vale? La gente sale del barco para ver si pueden encontrar algo, están desesperados, quizá un animal que puedan matar para comer. Pero cuando descubren que no saben a dónde se dirigen, lo incorrecto es que sigan adelante, porque entonces seguro que morirán. Si ves que no llegas a ninguna parte, da marcha atrás y replantéatelo. Y si vas por el camino equivocado, despierta, vuelve al punto de partida y prueba con otro camino. No puedo decirte a ti ni a nadie cuáles son esos caminos, pero creo que todos sabemos cuándo estamos avanzando hacia la verdad. Y, en realidad, es algo precioso. La verdad es muy real y he llegado a creer que la verdad, la belleza y la bondad, las tres grandes virtudes platónicas, son lo que marca la diferencia en la vida. Y son lo que hemos olvidado en nuestro mundo moderno. Creemos que son solo inventos nuestros. Creemos que nos las inventamos. Es como si viviéramos en una celda sin ventanas al mundo. Estamos ahí dentro y pintamos bonitos cuadros en las paredes para animarnos. Y pensamos: “Anda, qué bonito”. “Hay algo bueno…”. No. La verdad, la belleza y la bondad existían antes que nosotros, antes que la humanidad, antes que prácticamente todo, y o bien las descubrimos o no lo hacemos. No las inventamos. Yo distingo entre las palabras ‘invención’ y ‘descubrimiento’. ‘Invención’ significa que te lo has inventado. ‘Descubrimiento’ significa que lo has descubierto. Estaba ahí y lo has encontrado. Creo que esa es nuestra razón de ser. Somos seres increíblemente extraños. Necesitamos mucha energía. Somos el desarrollo más extraordinario de la historia de la evolución.