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Debemos enseñar a nuestro cerebro a escuchar al otro

Iain McGilchrist

Debemos enseñar a nuestro cerebro a escuchar al otro

Iain McGilchrist

Psiquiatra


Creando oportunidades

Iain McGilchrist

Iain McGilchrist es un psiquiatra, neurocientífico y filósofo especializado en los hemisferios cerebrales y en su influencia en el cuerpo humano, en el bienestar y en los cambios sociales y culturales.

Autor de libros como “El maestro y su emisario” o “El cerebro dividido”, McGilchrist recorre la historia de la humanidad a partir del desequilibrio entre dos hemisferios del cerebro y movido por el rigor de la neurociencia y la pasión de las humanidades.

Sus estudios sobre la relevancia del hemisferio derecho del cerebro en torno a la salud, el bienestar social y la cultura y sus investigaciones sobre esquizofrenia y otros trastornos originados por daños cerebrales le han convertido a McGilchrist en referente internacional de la psiquiatría.


Transcripción

00:01
Iain Mcgilchrist. Vivimos en un mundo en el que nuestro hemisferio derecho, la parte más importante de nuestro cerebro, como explicaré más adelante, no está aportando nada en realidad. De hecho, vivimos en un mundo ficticio, un mundo teórico, algo así como un mundo imaginario, una especie de mundo ‘Matrix’, en el que la realidad no logra calar. En su lugar, tenemos una teoría de cómo son las cosas, y esa teoría prevalece sobre la experiencia. Prevalece sobre la realidad. Me gustaría contaros algo que me impactó muchísimo. Estaba haciendo lo que llamamos una ronda de visitas, eso que hace un médico cuando recorre una sala y ve a los pacientes que han ingresado durante la noche. Me presentaron a un hombre que había ingresado esa misma noche. Había sufrido un ictus en el hemisferio derecho y tenía paralizado el lado izquierdo del cuerpo. Fui a verlo y le pregunté: “¿Cómo estás?”. Y contestó: “Oh, estoy bien”. Yo le dije: “¡Qué bien! ¿Entonces no hay ningún problema?”. “No, no”. “¿Ningún problema, por ejemplo, con tu brazo izquierdo?”, que tenía completamente paralizado. “No, no”. “¿Puedes moverlo bien? ¿Sí? ¿Me lo puedes enseñar?”. Y él respondió: “Sí”. Y yo le dije: “Pues yo no veo que se mueva nada. ¿Vosotros sí?”, pregunté a las enfermeras. Y respondieron: “No, no hemos visto que se moviera nada”. Entonces, cogí su brazo para colocárselo delante y le pedí: “Ahora, muévelo”. Y me dijo: “Oh, ese no es mi brazo, doctor. Es de ese paciente de allí”. Eso es extraordinario. La razón por la que les cuento esto es que ejemplifica algunas cosas de las que vamos a hablar. El hemisferio izquierdo por sí solo, que era el caso de este hombre, cuyo hemisferio derecho no funcionaba, niega la realidad. No asumirá la responsabilidad de nada que haya salido mal. Dirá que es problema de otra persona. Y, en lo que a él respecta, todo está mal hecho. Esto resulta ser bastante relevante para la forma en que vivimos hoy en día. Casi todo lo que se ha popularizado como ‘la verdad’ sobre los hemisferios es erróneo. Por aquí es por donde me gustaría empezar. Os quiero hablar de una intervención denominada callosotomía, en la que se separan quirúrgicamente los dos hemisferios. Se trata de una intervención que se utiliza para ayudar a los pacientes con una epilepsia intratable. Estos pacientes sufren crisis epilépticas constantemente y, si se corta la conexión entre los dos hemisferios, al menos una parte del cerebro deja de funcionar. Así que fue un gran paso adelante para el cuidado de los pacientes, pero también brindó a los investigadores la oportunidad de ‘entrevistar’ a un único hemisferio por primera vez, de hablar solo con uno de los dos. Y lo que descubrieron fue que, efectivamente, hay diferencias, pero las atribuyeron a que realizaban cosas distintas. Eso se debe a que concebían el cerebro como una máquina. Esto es un gran error, porque en ciencia siempre se recurre a un modelo. No se puede prescindir de un modelo, es imprescindible utilizarlo. Y un modelo no es más que una metáfora, una forma de decir “es como esto”. Pero, en realidad, el cerebro no se parece en nada a una máquina. Sin embargo, plantearon la pregunta como si fuera una máquina.

03:29
Iain Mcgilchrist. ¿Qué hacen los dos hemisferios? ¿Qué hace el hemisferio izquierdo? ¿Qué hace el hemisferio derecho? Y la respuesta a la que llegaron fue la siguiente. El hemisferio izquierdo se encarga de la razón y el lenguaje, es sensato, un poco aburrido, pero al menos es de fiar. En cambio, el hemisferio derecho pinta cuadros, se pone un poco emotivo, es interesante, pero está completamente fuera de control, es demasiado excitable. Ahora bien, todo esto es profundamente, profundamente, erróneo. De hecho, resulta que el hemisferio derecho es mucho más fiable que el izquierdo, y que el hemisferio izquierdo no está en absoluto carente de emociones. Rápidamente se transforma en ira, agresividad, asco, superioridad moral… Y el hemisferio derecho es el que realmente modera las emociones. Si estas son inapropiadas o excesivas, será el hemisferio derecho el que las calme. Así que todo aquello era completamente erróneo. Llegué tarde a la medicina. Me interesaban la filosofía y la literatura, y pensé que realmente necesitaba estudiar medicina para comprender el problema mente-cuerpo. En cualquier caso, mientras me formaba en medicina, me llamaron la atención varias cosas. La primera es que el cerebro está dividido en dos. Quiero decir, es obvio. Si miras el cerebro, es como una nuez. Tiene una gran división en el centro. Pero nadie se pregunta por qué. Y es una pregunta bastante interesante, porque el poder del cerebro proviene únicamente de establecer conexiones. Pero, si queremos muchas conexiones, ¿por qué tenemos una gran división? Lo segundo es que el cerebro es asimétrico. La pregunta es por qué tiene que ser asimétrico, si lo único que se buscaba era disponer de más espacio a medida que el cerebro crecía. ¿Por qué no se hizo igual en las dos mitades? Y lo tercero es que hay una pequeña banda de fibras en la base del cerebro que las conecta. Esta, denominada cuerpo calloso, es la que se seccionaba en la operación llamada callosotomía. Solo alrededor del dos por ciento de las neuronas cruzan de un hemisferio a otro. ¿Por qué gran parte del tráfico que atraviesa esta conexión se reprime por naturaleza? Entonces pensé que esto no podía ser. Debía de haber algunas diferencias significativas. Y, efectivamente, las hay. Me pasé 30 años investigando cuáles son y os hablaré un poco sobre ellas. Para responder a la pregunta por qué debe haber dos hemisferios, la evolución de la naturaleza tuvo que resolver un problema muy básico de supervivencia: cómo comer y, al mismo tiempo, mantenerse con vida. Puede que a vosotros no os parezca difícil, pero lo cierto es que, para la mayoría de los animales, siempre ha sido un problema grave. Porque, para alimentarse, hay que ser muy rápido a la hora de atrapar aquello que sabes que necesitas comer. Imagina a un pájaro tratando de recoger semillas en medio de arena o grava. Tiene que concentrar su atención de forma muy precisa, centrada exclusivamente en un detalle, y tiene que ser capaz de cogerla rápidamente. No puede permitirse dudar. No puede permitirse preguntarse: “¿Es una semilla o no lo es?”. Simplemente tiene que ir a por ella y cogerla. Pero si esa es la única atención que presta, no durará mucho tiempo, porque hay un depredador merodeando cerca.

07:13
Iain Mcgilchrist. Y mientras mira la semilla, no ve al depredador, ni ve a su pareja, ni a su familia, ni a su descendencia. Por lo que tiene que utilizar, al mismo tiempo, un tipo de atención completamente diferente, que es amplia, abierta, sostenida, vigilante, atenta a todo sin ninguna idea preconcebida de lo que pueda pasar. Y eso es muy difícil de lograr con un solo centro de conciencia, por lo que todas las criaturas que tienen cerebro cuentan con dos hemisferios. Uno debe prestar esa atención tan específica únicamente para lo que quiere agarrar y obtener, mientras que el otro puede comprender el panorama completo. El que agarra es el hemisferio izquierdo, que en nuestro caso controla la mano derecha, con la que la mayoría de nosotros realizamos el acto de agarrar. También controla ese aspecto del lenguaje por el que decimos: “Lo tengo, lo he cogido”. Estas son las diferencias importantes entre ambos. Puede parecer insignificante en sí mismo. De hecho, cuando oí hablar de ello por primera vez, pensé: “Pues muy bien, tienen dos tipos de atención”. Yo me había formado en la tradición cognitivista, en la ciencia cognitiva y, ¿qué es la atención? Es una especie de función cognitiva. Pero espera un momento. La atención es algo fundacional para la experiencia. La forma en que prestas atención a algo cambia lo que descubres. Estos tipos de atención dan lugar a un mundo diferente. ¿Cómo son? El hemisferio izquierdo es el que se centra en un pequeño detalle y ve un mundo compuesto de detalles, de fragmentos, de pequeñas partes sacadas de contexto, sin sentido, fijas y desconectadas de todo lo demás. Abstracto, en términos generales. “Otra semilla. Otro conejo. Yo conozco esas cosas”. Así que ese es el tipo de atención que crea un mundo sin sentido, compuesto de pedacitos y fragmentos. Pero el hemisferio derecho ve el todo. Comprende y mantiene unida esa imagen completa. Y lo que ve es un mundo en el que nada es inamovible o seguro. Puede que sea o no lo que tú crees que es. En última instancia, está conectado con todo lo demás que existe. Fluye y cambia. Es lo que es únicamente por el contexto en el que se encuentra. Es, en esencia, un ser vivo. Y lo digo literalmente. Las personas que sufren un derrame cerebral en el hemisferio derecho, al depender del hemisferio izquierdo, pueden ver a su marido o a su mujer como una cosa, un objeto, un zombi, una especie de robot. Dejan, literalmente, de ver la vida. En cambio, con el hemisferio izquierdo, ya sea dañado o suprimido, lo cual se puede hacer mediante un procedimiento experimental que es completamente inofensivo y con el que se puede suprimir un único hemisferio a la vez. Si se suprime el hemisferio izquierdo, las personas ven las cosas como seres vivos y dicen que el sol es un ser vivo que se mueve por los cielos y nos da energía y vida. Se trata de dos visiones del mundo diferentes. Y, en cierto modo, necesitamos ambas. Pero el problema es que, en el mundo moderno, solo nos fijamos en una de ellas.

10:58
Iain Mcgilchrist. Más adelante hablaré de eso. Pero esas son las diferencias. No se trata del trabajo que realizan. Se trata de cómo, de qué manera y con qué fin. Con qué actitud observa el cerebro el mundo. Gracias.

11:22
Mujer 1. Hola, Ian. Encantada. Me gustaría saber, tengo mucha curiosidad por saber qué pasa en el cuerpo y en la mente cuando el cerebro sufre un daño.

11:32
Iain Mcgilchrist. Efectivamente. Si el hemisferio izquierdo sufre daños, se producen algunos efectos muy evidentes en la mayoría de las personas. Depende de dónde se produzca el daño y de cada persona. Pero, en general, cuando las personas sufren daños en el hemisferio izquierdo, presentan dificultades para hablar o para comprender. Estas dificultades no suelen ser muy graves. Sin embargo, el problema suele estar en el habla. Y, por supuesto, dado que la mayoría de las personas, el 90 % o el 89 %, son diestras, tendrán dificultades para usar la mano derecha. Estos síntomas son muy evidentes. En el ámbito médico, todo el mundo puede ver el problema del habla y del movimiento de la mano derecha. Por eso la gente percibe ese tipo de ictus como el más preocupante. El del hemisferio izquierdo. ¿Tener un ictus en el hemisferio derecho? No importa. Aún así, es mucho más fácil rehabilitar a las personas tras un ictus en el hemisferio izquierdo que tras uno en el hemisferio derecho. Cuando los cuidadores tienen que atender a alguien que ha sufrido un ictus, los que tienen que cuidar a alguien con un ictus en el hemisferio izquierdo dicen que no pasa nada. Sigue siendo la misma persona. Tiene algunas dificultades para escribir, pero se puede solucionar. Sin embargo, un ictus en el hemisferio derecho suele cambiar a la persona por completo. Incluso su personalidad puede cambiar. Su capacidad para comprender lo que ocurre cambia. Empiezan a tomarse todo al pie de la letra. Por ejemplo, si ahora yo digo que hace un poco de calor aquí, tú no piensas que te estoy dando información meteorológica. Tu hemisferio izquierdo sí lo hace, pero tu hemisferio derecho sabe que lo que quiero decir es si podemos encender el aire acondicionado, abrir una ventana o algo parecido. El hemisferio derecho entiende lo que está pasando. El hemisferio izquierdo, básicamente, no. Esa es una diferencia muy, muy grande. En la primera parte de un largo libro que escribí, titulado ‘El problema con las cosas’, analizo lo que ocurre en estas situaciones en las que uno u otro hemisferio sufre daños de diferentes formas. Es complicado, pero a la vez muy sencillo. Resulta que, como ya he explicado, el hemisferio derecho presta más atención que el izquierdo. Se fija en el panorama completo. Pero también percibe mejor los diferentes sentidos: la vista, el oído, el olfato, el gusto, el tacto… todos ellos. Es más agudo. Es más bien ridículo decir que está más cerca de la verdad el hemisferio izquierdo. Además, saca mejores conclusiones de lo que ha prestado atención y percibido. Así que el hemisferio derecho es capaz de emitir buenos juicios, teniendo en cuenta una visión completa. Sin embargo, el hemisferio izquierdo tiende a sacar conclusiones completamente descabelladas. Esto se ve, de hecho, en la esquizofrenia. La esquizofrenia es una afección en la que el hemisferio derecho no funciona muy bien, no contribuye adecuadamente. Todo tiene que ser calculado por el hemisferio izquierdo partiendo de los principios básicos. Esto desgasta mucho, es angustioso y, además, te llevará a una conclusión errónea. Oyes una voz y miras a tu alrededor. No hay nadie en la habitación. Así que piensas: “Vale, no hay nadie en la habitación. Pero estoy seguro de que hay una voz.

15:13
Iain Mcgilchrist. Debe de estar entrando en la habitación a través de ese enchufe que está ahí, en la pared. Es el único sitio por donde puede estar entrando. Los vecinos han conectado algo a este circuito eléctrico y me están enviando mensajes”. Ahora bien, eso no es irracional. Es una locura, pero se ha deducido a partir de principios razonables. Todo lo que te diría que no puede ser cierto —tu intuición, tu imaginación, el resto de tu pensamiento— ha desaparecido. Y cuando las personas sufren un derrame cerebral en el hemisferio derecho, se vuelven un poco así. Se lo toman todo en serio. No captan la broma. No ven la creatividad. No entienden la poesía. No entienden la metáfora. Mirad, todas las cosas que realmente os importan en la vida están implícitas. ¿Por qué no las hacemos explícitas? Porque se destruirían por completo. Todas las cosas que realmente nos importan son así. El amor. Dices… Imagina esta conversación. “Amo a mi mujer. Ella lo es todo para mí”. Entonces, esta persona que está trabajando con el hemisferio izquierdo dice: “Vale, ¿y qué significa ella?”. “No, no, no, ella no significa nada que yo pueda explicarte. Tienes que estar ahí y formar parte de la relación para saber de qué estoy hablando. El amor, la amistad y el sexo son así. Se pueden hacer explícitos, pero se convierten en otra cosa. Se ven mermados. La poesía, la música sobre todo, no se pueden explicar ni hacer explícitas. La fe religiosa, los rituales, los mitos, los relatos…, todas estas cosas son muy importantes y el hemisferio derecho las comprende perfectamente. Si lo eliminas, el hemisferio izquierdo es como un ordenador que dice: “He buscado todo esto en mi registro y no me cuadra”. Estas son las diferencias que se producen cuando uno u otro hemisferio sufre daños.

17:22
Mujer 2. Hola. Mi pregunta era: ¿por qué dos personas que viven la misma realidad pueden interpretarla de manera distinta? Es decir, ¿qué diferencias hay a nivel cerebral?

17:32
Iain Mcgilchrist. Sí, es una buena pregunta y es difícil responderla de forma breve. Las personas son diferentes por sus genes, por su educación y por las cosas que les han sucedido. Ven el mundo de una manera diferente. Nuestra experiencia cambia nuestra forma de pensar. Pero, además, creo que una de las cosas que me interesó al principio como psiquiatra fue que, en cierto modo, daba por sentado que la personalidad se debía en gran medida a algo que te hubiera sucedido. Por ejemplo, la timidez. Yo soy tímido. Hay muchas personas tímidas. ¿Por qué? Cuando piensas en algo relacionado con la infancia, resulta que estás completamente equivocado. La timidez tiene un fuerte componente genético: las personas tímidas tienen padres tímidos. Y las personas que han vivido experiencias que uno podría pensar que las harían reservadas, a menudo no lo son en absoluto. Así que hay que replantearse cuáles son las diferencias. Gran parte de ello tiene una base genética. Depende de tus padres y de los padres de tus padres. Pero, por supuesto, la experiencia vital tiene un efecto. Algo que realmente me interesó es que durante un tiempo trabajé con niños y me di cuenta de que había niños que habían tenido experiencias realmente terribles. No voy a entrar en detalles, pero, creedme, habían vivido experiencias terribles. Y, sin embargo, la mayoría de ellos eran fuertes. Se recuperaban rápidamente, seguían con sus vidas y, con un poco de ayuda y un poco de comprensión de lo que había pasado, se encontraban bien. Pero había otros niños que tenían una familia maravillosa, que habían sido muy bien tratados, y que, de alguna manera, estaban traumatizados. Me parece que la palabra ‘trauma’ se utiliza en exceso. He conocido a pacientes que sin duda estaban traumatizados. Habían visto cómo torturaban a sus hijos delante de ellos. ¿Os lo imagináis? Eso sí que te deja un trauma. Pero sospecho que la mayor parte de lo que vivimos hoy en día no justifica el término ‘trauma’, a menos que queramos vaciarlo casi por completo de significado. Todos tenemos experiencias adversas. Y esas experiencias nos ayudan a construir nuestras vidas. Si pensamos que nos van a destruir, lo harán. Si nos dicen que podemos superarlo y vivir con ello, lo haremos. Es increíble cómo la narrativa que nos transmiten cambia nuestra forma de reaccionar. Así que todas estas cosas influyen en cómo te tratan los demás, en lo que vives y de dónde vienes. El origen, desde el principio, importa. Tengo tres hijos y estuve presente cuando nacieron. Y puedo decirte que sus personalidades son todas diferentes. Sus personalidades se manifestaron en las primeras 24 horas de vida. Eran notablemente diferentes, y eso se mantuvo a medida que crecían. Así que las diferencias entre las personas tienen muchas causas. Pero una de ellas, obviamente, que nos preocupa, es lo que ocurre cuando uno de los hemisferios se ve afectado o dañado en cierta medida. Y, por supuesto, hay personas que no han sufrido un ictus, ni han tenido una lesión ni nada por el estilo. Es el caso de las personas con autismo o trastornos del espectro autista. A menudo se comportan como si solo el hemisferio izquierdo les permitiera comprender las cosas, mientras que el hemisferio derecho no funciona.

21:23
Iain Mcgilchrist. Por eso hay que enseñarles a interpretar las expresiones faciales. Hay que enseñarles a entender lo que alguien quiere decir con una determinada frase, a no tomarla al pie de la letra, sino a reflexionar sobre lo que esa persona está tratando de transmitir. Y, de hecho, la mayor parte de lo que transmitimos no es lo que un ordenador entendería si se limitara a tomar una transcripción de lo que decimos e intentara comprenderlo. Es mucho más que eso. Hay personas que tienen un desequilibrio innato entre los hemisferios. Debo aclarar que no creo que haya un único tipo de autismo. Hay más de un tipo de autismo. Hay personas autistas que tienen una gran capacidad lingüística, y hay personas como Temple Grandin, una figura muy conocida y defensora de los derechos de las personas con autismo, que dijo que se quedó asombrada cuando escuchó que algunas personas pensaban en palabras, porque ella siempre había pensado en imágenes. Es interesante. Muy a menudo, en el autismo hay un problema con el cuerpo calloso, esas fibras que conectan los dos hemisferios, y también con una estructura similar en el cerebelo. Se trata de la parte más antigua del cerebro, situada en la parte posterior, y que tiene una estructura central llamada vermis, que significa literalmente ‘útero’. Cuando hay un problema en esa estructura, las dos mitades no se comunican entre sí de la forma habitual. Y esto a veces puede dar lugar a un don especial, o desembocar en una discapacidad concreta. Así de simple.

23:17
Isabel. Hola, soy Isabel y quería preguntarle, desde un punto de vista científico, si es buena idea guiarse por las intuiciones.

23:28
Iain Mcgilchrist. ¡Vaya! Esa es una pregunta realmente importante que encaja perfectamente con el punto en el que nos encontramos ahora. Es muy importante no descartar tus intuiciones. Muy importante. La intuición nos permite reunir doce o quince hilos de pensamiento, no de forma consciente, sino que son cosas que recordamos, que sabemos por experiencia. Y permite que se integren en algo que nos guía hacia una respuesta. En cambio, cuando pensamos de forma explícita, en un momento dado solo podemos pensar en una cosa, en una línea de razonamiento, y luego pasamos a otra, y así sucesivamente. Ahora bien, si recuerdas mi relato sobre el paciente con esquizofrenia, ese paciente había perdido por completo la intuición. Y esto sucede a menudo. Las personas con esquizofrenia simplemente carecen de intuición. No tienen lo que llamamos ‘sentido común’. Lo resuelven todo racionalmente. Hay un escritor inglés, muy interesante por cierto, de principios del siglo XX llamado G. K. Chesterton, que dijo: “El loco no es alguien que ha perdido la razón, sino alguien que lo ha perdido todo menos la razón”. En los últimos años se ha producido un ataque contra la intuición. La intuición puede, efectivamente, llevarte por mal camino. Pero la razón también. Ya os he puesto un ejemplo. Y también la ciencia. La ciencia es muy importante, pero la ciencia puede llevarnos por mal camino. De hecho, en filosofía hay una corriente llamada ‘inducción pesimista’, que sostiene que la ciencia se equivoca constantemente. Porque, claro, siempre está perfeccionando su conocimiento. Hubo un tiempo en que se pensaba que el universo era mecánico. Ahora, por supuesto, sabemos que no lo es. Así que no se puede confiar ciegamente en la ciencia. Pero sería una tontería ignorarla. Yo me baso mucho en la ciencia para lo que digo. Así que respeto la ciencia, pero también sé que no puede responder a todas nuestras preguntas. En particular, no puede responder aquellas preguntas cuyas respuestas queremos saber. Por ejemplo, ¿qué hago aquí, en este mundo? ¿Qué es el cosmos? Estas no son preguntas que pueda responder, porque la ciencia parte de ciertos principios que excluyen cualquier debate sobre el propósito o el valor. Y tiene derecho a hacerlo. Es muy útil para ciertos fines. Pero, al fin y al cabo, lo que no puede hacer es decir que no ha encontrado ningún propósito o valor en el universo, porque los descartó desde su nacimiento. La razón no puede explicarme por qué el Quinteto en sol menor de Mozart cambió mi vida. Lo hizo, pero la razón no puede entenderlo. Y no es irracional. Es suprarracional. Y muchas cosas de la vida, lo que realmente importa es suprarracional, no irracional. Y yo digo: “Bueno, es como si te mostrara una ilusión óptica tan asombrosa que no te lo puedes creer”. Incluyo una en mi libro. Se llama ‘La ilusión del tablero de ajedrez’.

27:05
Iain Mcgilchrist. Y cuando la miras, piensas que eso no puede ser cierto, pero lo es. Y creo que después de verla, nadie que yo conozca dijo: “Bueno, ya está. A partir de ahora, nunca más voy a usar mis ojos”. Sería ridículo. Y lo mismo ocurre con esos ejemplos tan ingeniosamente planteados en los que la intuición te lleva por mal camino. La razón por la que en esos ejemplos la intuición te lleva por mal camino es porque la mayor parte del tiempo, el 99 % de las veces, hace un muy, muy buen trabajo. No existe ningún sistema que sea absolutamente infalible para todo. Pero sería una conclusión desastrosa decir que no deberíamos guiarnos por nuestra intuición. Nuestra intuición es lo que nos orienta en el mundo real. Y lo demás está bien para ir probando cosas cuando las cosas han salido mal. Si eres un cirujano, un piloto o un jugador de ajedrez bastante hábil, para alcanzar la excelencia tienes que pensar mucho. “¿Lo estoy haciendo bien? Déjame consultarlo. Tengo que hacerlo así”. Pero cuando eres realmente bueno, es como ser un muy buen bailarín. No tienes que pensar en los pasos. De hecho, si piensas en los pasos, te conviertes en un mal bailarín. No puedes hacerlo. Debes haberlo interiorizado a un nivel en el que funcione de forma espontánea. Recordaréis a un piloto que aterrizó un avión en el río Hudson. Fue hace ocho o diez años. Cuando después le preguntaron cómo lo hizo, dijo: “No lo sé, simplemente lo hice”. Y la mayoría de la gente es así. Los jugadores de ajedrez en realidad no calculan, tienen algo en la cabeza, con diversas formas, y simplemente ven cuál es el siguiente movimiento. Probablemente conozcáis la historia de Henri Poincaré. Fue un gran matemático de principios del siglo XX. Descubrió algo llamado ‘ecuaciones funcionales’. Dedicó mucho tiempo a pensar sobre ello. Se quedaba despierto hasta tarde. Bebía mucho café. Y pensaba: “Vaya, no sé hacerlo”. Se fue de compras, no pensaba en ello en absoluto, y de camino a casa se subió a un autobús, y en el momento en que puso el pie en el escalón, de repente entendió las ecuaciones funcionales. Todo eso estaba pasando dentro de él. Fue él quien las descubrió, pero no lo hizo conscientemente. Así que la parte consciente de nosotros es como un foco en un escenario. Si bajas las luces y hay un foco, solo ves lo que está bajo el foco. Pero todas las demás cosas del escenario no han desaparecido. Siguen ahí. Lo que hacemos cuando nos limitamos a pensar de forma explícita es fijarnos únicamente en lo que está bajo el foco. Y puede que eso no sea lo importante. Probablemente sepáis el chiste del hombre que busca algo en el suelo bajo una luz. Y alguien se acerca y le dice: “¿Qué ha pasado?”. “He perdido las llaves”. “Vaya. ¿Y dónde las has perdido?”. “Por allí”. “¿Y por qué las buscas aquí?”. “Porque aquí es donde hay luz”. El problema es que tendemos a centrarnos demasiado en lo que percibimos, y no liberamos nuestra mente de forma ingeniosa, inteligente e imaginativa para explorar otros lugares. Por eso, nuestra intuición es muy, muy importante. Es bueno ser consciente de que puede llevarte por mal camino. También lo pueden hacer la razón, la ciencia y la imaginación. Esto ya lo sabían los grandes filósofos y poetas. Vieron que la imaginación era una facultad que te permitía ver las cosas de verdad por primera vez, no solo ver el esquema del hemisferio izquierdo, su teoría, su representación bidimensional, su mapa, sino ver lo que realmente estaba allí.

30:50
Iain Mcgilchrist. Y esa es una experiencia poco común para nosotros ahora. Casi a la vez que experimentamos algo, el hemisferio izquierdo dice: “Ah, es esto. Ya lo he visto antes”. “Ya lo conozco. Voy a encasillarlo en esa categoría”. Pero, de esta forma, la experiencia individual y única desaparece de repente. Y hay que practicar cómo volver a esa singularidad de la experiencia real.

31:24
Mujer 4. Hola, ¿qué tal, doctor? Me he estado fijando que, a día de hoy, las personas solemos ir como enfadadas, muy malhumoradas. ¿Cree que deberíamos tener más sentido del humor?

31:36
Iain Mcgilchrist. Creo que el sentido del humor es increíblemente importante. No podría sobrevivir si no fuera capaz de reírme de muchas cosas y compartir esa risa con los demás. Lo que nos une a mis amigos y a mí es que podemos reunirnos y reírnos juntos. Y no creo que eso sea algo menor. Creo que el humor es algo muy profundo. Es como la poesía. No sé si lo sabéis pero soy amigo de John Cleese, y a menudo le digo: “John, vosotros los cómicos, los grandes cómicos, estáis a la altura de los poetas. Para mí, ilumináis las cosas, cambiáis la perspectiva, establecéis conexiones que nosotros no necesariamente habíamos hecho”. Y lo bonito es que, al igual que la poesía, que también cambia la perspectiva, nos permite ver algo desconocido, establece conexiones en las que no habíamos pensado. Devuelve la vitalidad a la vida. Así que cuando veo que el humor se ve amenazado, creo que algo va mal. Y me temo que en nuestra sociedad actual, debido a que la gente se preocupa por no decir cosas inapropiadas u ofender a alguien, simplemente no se atreven a expresar algo divertido. Tenemos que volver a un mundo en el que no nos callemos las cosas por miedo a herir los sentimientos de alguien. No todo el humor tiene por qué herir los sentimientos de nadie. De hecho, hay varios cómicos que me gustan mucho y que no lo hacen. Uno de ellos es John, por ejemplo. Pero hay otros. El humor es una facultad que, en el cerebro, se encuentra muy cerca de la región frontal derecha, donde se procesa la poesía. Así que la poesía y el humor comparten estas cualidades. Y son facultades del hemisferio derecho, de la zona frontal derecha. Así que, sí, creo que tenemos que redescubrirlo. Y su pérdida, creo que es lamentable. ¿Por qué vivimos tan enfadados? Quiero hablar de nuestro mundo del hemisferio izquierdo. En ese mundo, las emociones que se encuentran más a flor de piel son la ira y la agresividad. Siempre se ha dicho que el hemisferio izquierdo es el que carece de emociones pero resultaba fiable, pero no es fiable, como ya he dicho. Y es interesante, algo que no he mencionado. Es propenso a los delirios. Permitidme decirlo: es propenso a los delirios. Y en cuanto a los casos: examino unos 25 de los síndromes neuropsiquiátricos más singulares, extraordinarios e increíbles, en los que las personas creen todo tipo de cosas muy, muy extrañas. Y cuando se observa dónde se encuentra la lesión cerebral, en todos menos uno de estos 25 casos, o bien solo se encuentra en el hemisferio derecho, o afecta en su gran mayoría al hemisferio derecho. En otras palabras, el problema es que el hemisferio derecho no funciona correctamente y el hemisferio izquierdo actúa por su cuenta. Cuando eso ocurre, nos lleva a la locura. Por lo tanto, no se puede confiar en absoluto en el hemisferio izquierdo. De verdad, está engañado. Y no soy el único neurocientífico que dice esto. Se me ocurren al menos otros tres que han dicho que el hemisferio izquierdo por sí solo está francamente engañado.

35:33
Iain Mcgilchrist. Así que necesitamos que nos guíe el hemisferio derecho. La vieja idea de que el hemisferio izquierdo no tenía emociones es errónea. Tiene ira y agresividad, estos son aspectos clave. De hecho, la emoción más fuertemente lateralizada en el cerebro humano es la ira, y está lateralizada en el hemisferio izquierdo, no en el derecho. El hemisferio izquierdo es muy bueno con las emociones superficiales. Por lo que el asco, el sentimiento de desprecio, la ira, todas estas cosas se le dan muy bien, porque, por supuesto, él es fuerte. Nunca se equivoca. Nunca se equivoca. Es el hemisferio derecho el que comete todos los errores, según el hemisferio izquierdo. Pero recordad que es capaz incluso de negar una parálisis, y ahí está el problema. Así que sí, el hemisferio derecho alberga las emociones más profundas. La compasión, la capacidad de ponerse en el lugar de otra persona. A eso lo llamamos ‘teoría de la mente’. Y aquí es donde el hemisferio derecho es mucho mejor. Y también lo hace de forma natural. El amor, la vergüenza, la culpa, todas esas emociones matizadas. Así que lo que necesitamos es recuperar un poco de humor y dejar de estar tan enfadados todo el tiempo. Gran parte de la ira proviene de la arrogancia moral. No hay nada que alimente más tu fuerza interior de que tienes razón que enfadarte. Unámonos y enfadémonos de verdad. Gritemos mensajes de odio. Juzguemos y disparemos a las personas con las que no estamos de acuerdo. Esto es espantoso. Y está ocurriendo. Está ocurriendo en nuestros campus, los lugares donde la gente debería estar aprendiendo a mantener una conversación civilizada con los demás. Cuando era joven, durante los primeros 50 años de mi vida, nunca hubiera creído que una persona rompiera la relación con un amigo por tener una opinión política diferente. No me importaban las opiniones políticas de mis amigos ni sus creencias religiosas. Nunca me habrían importado. Si eran amigos, eran amigos. Pero ahora “ha dicho algo inapropiado”, “ha votado a X”, a quien sea. Rellena el espacio en blanco cómo quieras y eso ya es suficiente para romper una relación. Pero nunca debería serlo. Suponía acertadamente que las personas inteligentes y decentes podían discrepar en toda una serie de cuestiones sociales. Y la clave era hablar con ellas y averiguar por qué piensan así, y tal vez comprender que no eran tan estúpidas. Tienen sus razones. Ellos tienen sus razones, tú tienes las tuyas. Y al final, ocurre algo maravilloso. Se llega a un entendimiento. Ambos habéis dado un paso adelante. Pero limitarse a gritar no es educar. Es una receta para la destrucción. Así que dejemos a un lado nuestra ira. Si no puedes evitar enfadarte, busca ayuda de un terapeuta, porque tienes un grave problema. Pero no estemos enfadados todo el tiempo. Intentemos reírnos juntos. De hecho, nos llevaría a crear una sociedad maravillosa en la que nos divirtiéramos, en lugar de una en la que pasáramos todo el tiempo odiándonos unos a otros.

39:17
Paula. Hola. ¿Qué tal? Mi nombre es Paula y me interesaría mucho saber, como psiquiatra, cuál es la mayor lección que te ha enseñado un paciente.

39:28
Iain Mcgilchrist. Una de las cosas maravillosas de trabajar como psiquiatra es que nunca resulta aburrido. Si te pasas la vida mirándole el recto a la gente, después de haber mirado media docena de rectos, ya más o menos lo tienes claro. Pero cuando eres psiquiatra, cada paciente es nuevo, cada paciente es único, cada paciente es diferente. Y, de hecho, hay algo tremendamente interesante en el proceso de conocer a ese paciente. Tenía una forma de conseguir que la gente me contara todo lo que necesitaba saber sin que pareciera que los estaba interrogando en absoluto. Manteníamos una conversación y al final de la misma, tenía toda la información que necesitaba. Y a menudo los pacientes decían: “Dios mío, sabes más de mí que mi marido o mi mujer, mis hijos, mis padres”. En cierto modo, esa era una parte importante, yo les escuchaba. Y esto es interesante porque el simple hecho de que te escuchen es, hasta cierto punto, curativo. Obviamente, estas personas necesitaban tratamiento, a menudo intervenciones bastante importantes, claro. Pero a veces ya se sentían un poco mejor tras haber pasado por una primera evaluación conmigo. Probablemente porque nunca en su vida les habían escuchado con tanta atención durante tanto tiempo, una hora y media. En alguna ocasión les decía: “Venga, empecemos el tratamiento con este medicamento. Te derivaré a este tipo de terapia, etc.”. Y concertaba una cita para volver a verlas en una semana. Una semana no es tiempo suficiente para que ningún medicamento ni ningún programa de tratamiento surta efecto, por supuesto. Pero a menudo los veía y les preguntaba: “¿Cómo estás?”. “Estoy bien. De hecho, estoy un poco mejor”. Los problemas no se habían resuelto, pero el simple hecho de compartirlos era importante. Y en este proceso, no lo digo como el típico tópico profesional, realmente aprendí de mis pacientes. Fue fabuloso. ¿Y qué me enseñaron? Oh, tantas cosas. Pero hubo algunos casos que me enseñaron lo impresionante que es un problema en el hemisferio derecho. Ya he mencionado uno de ellos, pero me viene a la mente otro. Existe un síndrome interesante llamado síndrome de Cotard. En él, las personas creen que están muertas, e incluso llegan a pedir que las entierren. Porque, al fin y al cabo, están muertas. Tuve a una paciente así a mi cargo y necesitaba sacarle una muestra de sangre. Ella me aseguró que no tenía sangre en el cuerpo. Así que le dije: “De todos modos, lo voy a intentar”. Le saqué la sangre y, con un poco de aire triunfal, levanté la jeringuilla y le dije: “Mira, tu sangre”. Y ella dijo: “La has puesto ahí”. Pensé: “Esta es la fuerza de la negación del hemisferio izquierdo. No se puede hacer cambiar de opinión.

42:56
Iain Mcgilchrist. No modificará su punto de vista. Y Algunos de ellos afirman ser científicos, pero en realidad no puedes hacer ciencia con ellos porque en la ciencia realmente se tiene en cuenta lo que la evidencia te muestra. Así que Houston, tenemos un problema, cuando tratamos con personas que están encerradas en un punto de vista del hemisferio izquierdo del que, ni siquiera ante la evidencia más flagrante, pueden salir; no hay forma de hacerles cambiar de opinión. Sin duda, esa fue una gran lección. He tratado a pacientes que sufrían una depresión muy profunda. Si alguno de vosotros ha estado deprimido en el sentido al que me refiero —lo que se conoce como ‘trastorno depresivo mayor’—, quizá tengáis una ligera idea de cómo es. No se trata solo de estar un poco de mal humor, como solemos decir. No es solo sentirse un poco hasta las narices de todo. No es estar en plan: “menuda vida, vaya rollo, voy a volver a la cama”. De eso es de lo que estamos hablando, sí. Pero lo que digo es que puede ser mucho más extremo. Recuerdo a una mujer que llevaba una semana sin dormir y que creía que ya estaba en el infierno. Incluso podía sentir el fuego y ver a los demonios. Como estaba tan deprimida y se negaba a tomar cualquier medicación, le administraron un tratamiento. Suena brutal, se llama TEC, terapia electroconvulsiva. Y hoy en día no es como en ‘Alguien voló sobre el nido del cuco’. Es un procedimiento muy civilizado. Al paciente se le administra anestesia durante 20 minutos. Se le aplica una descarga eléctrica y luego se le deja en recuperación. Y lo que eso me enseñó fue lo poderoso que puede ser este tratamiento. Algo dentro de mí me decía: “Esto no le va a ir bien”. Quiero decir, he visto que funciona, y sabía que funcionaba, pero siempre hay algo en mí que dice: “Este no puede ser un buen tratamiento”. Pero, madre mía, después de tan solo ese tratamiento, la paciente fue capaz de incorporarse en la cama, pudo hablar un poco y comer algo de sopa; y tras un par de sesiones, empezó a volver al mundo. Lo que quiero decir es que nunca hay que descartar los tratamientos. La gente no quiere tomar antidepresivos. Curiosamente, dicen: “Oye, yo no tomo medicamentos”. Y luego les he preguntado por su historial de consumo de drogas y las han probado. “Sí, he tomado éxtasis y LSD y fumo marihuana y cosas por el estilo… Pero no tomaría un medicamento que pudiera ayudarme”. Y es una locura. Pero lo tienen como doctrina. Y está bien. Yo solía respetar los deseos de los pacientes. Cuando ellos decían: “No quiero tomar medicación”, yo les decía: “Está bien. Te enviaré a grupos de apoyo”. Iban a los grupos y, al cabo de unas seis semanas, decían: “Los otros pacientes parecen mejorar más rápido que yo. ¿Puedo tomar un antidepresivo?”. Y se lo recetaba. Lo que esto me dice, en cierto modo, es que nunca debemos descartar una intervención si funciona, si es útil.

46:44
Iain Mcgilchrist. Y no digo que no provoque problemas, efectos secundarios y demás. Soy muy consciente de ello. Pero hay ciertas circunstancias en las que es una cuestión de vida o muerte. Y realmente hay que ver a la gente sufriendo de esta manera para saber que tu corazón no es tan duro como para decir: “No usaré ese tratamiento contigo, aunque pueda ayudarte”. Yo mismo tengo antecedentes de depresión. Cuando tenía unos 19 años, todo me iba bien. Tenía una novia encantadora, había entrado a la facultad de medicina, me habían concedido una beca, así que me instalé felizmente, y dejé de comer. No quería comer. Me sentía demasiado ansioso. No paraba de despertarme a las 3:00 de la madrugada. Sabía que algo iba mal. No estaba seguro de qué demonios era. Estaba en casa de mis padres y, fuera, por la ventana de mi dormitorio, se veía un cedro en el que había un zorzal cantando a las 3:00 de la madrugada. Me desperté retorciéndome, sudando, y allí estaba ese zorzal. Y pensé: “La única razón por la que ese zorzal está cantando es porque tiene un tumor y sabe que va a morir”. Había aún una pizca de sentido común en mí que me decía: “Espera un momento. Esto es un poco raro. Vamos a ver, no creo que eso sea cierto”. Fui al médico y me dijo: “No voy a perder el tiempo enseñándote cómo usar el baño”. “Estás gravemente enfermo. Necesitas medicación. Tómate estas pastillas”. Me tomé las pastillas. Y cinco semanas y media después, recuerdo que era un martes por la mañana en Oxford, me desperté y dije: “Recuerdo este mundo. He estado en otro lugar”. No había estado vivo. Había estado siguiendo el ritmo de la vida, pero en realidad no estaba viviendo. Y todo parecía diferente. No sabría decirte exactamente cómo, simplemente parecía un poco más ligero. Y volvía a parecer real. Así que las enfermedades mentales realmente alteran la realidad en la que vivimos. Y dañan a uno u otro hemisferio del cerebro.

48:55
Carlos. Hola Ian, soy Carlos Postigo y quería preguntarle si existe la verdad absoluta o nuestra verdad es una de muchas.

49:08
Iain Mcgilchrist. Esa es una pregunta bastante importante. Yo intento evitar dos posturas extremas. Una de ellas es la que yo denomino ‘realismo ingenuo’: que la verdad está ahí fuera, en algún lugar, y que, si nos lanzamos por un camino lógico, dando pasos poco a poco, acabaremos llegando a ella y la poseeremos. La otra es lo que yo denomino ‘idealismo ingenuo’, que sostiene que, en verdad, la realidad está toda aquí dentro, yo la construyo. No creo en ninguna de las dos. Creo que la verdad es un encuentro entre algo que está en mí y algo que existe independientemente de mí, y es en lo que nace de ese encuentro donde surge la verdad, donde surge la realidad. Hay un poco de mí en ello, o un poco de ti y un poco de algo que no eres tú ni yo. Eso significa que la verdad es un proceso. Eso significa que, realmente, no es una cosa. No es simplemente lo que hay ahí fuera. El título de mi libro más reciente, ‘El problema con las cosas’, es un juego de palabras con varios significados. El primero es algo en lo que todos estamos de acuerdo. Creo que hay algo que no va bien con las cosas, lo que significa que hay algo que falla. Y creo que ese ‘algo incorrecto’ tiene que ver, en parte, con el hecho de que creemos que el mundo está compuesto por cosas. Yo creo que el mundo está compuesto de relaciones. Y, de hecho, creo que las relaciones preceden a las cosas que se relacionan. Es raro, ¿no? ¿Cómo puede haber relaciones antes de que haya cosas que relacionar? Bueno, la respuesta es que lo que llamamos cosas son lo que surgió de una red de conexiones. Hay una imagen preciosa en el Vedanta, la cosmología hindú, en la que hay un dios llamado Indra. E Indra viene a tender su red sobre el mundo. En cada punto de cruce de la red cuelga una joya. Y en cada joya se reflejan todas las demás. Esto me parece una forma fabulosa de concebir la realidad. La realidad son conexiones. Una red no es más que un montón de hilos, pero los puntos de cruce atraen nuestra atención y, por eso, destacan. Porque hay algo. Tengo las coordenadas en el mapa. Puedo ver dónde está. Y a eso lo llamamos ‘la cosa’. Pero en esa cosa está todo lo demás que está relacionado. Eso es muy importante porque las cosas nunca están aisladas. Solo se convierten en lo que son gracias a su relación con todo lo demás. Así que veo el avance hacia la verdad como, por así decirlo, un viaje, en el que con suerte, si conducimos bien nuestras vidas, nos acercamos a una especie de verdad. El cosmos es un proceso en el que las cosas se despliegan, pero también se repliegan y luego se despliegan de nuevo. Y eso lo encontramos en Goethe. Para mí, Goethe es uno de los pensadores más grandes de todos los tiempos. Y él dijo: “Dividir lo unido, unir lo dividido es toda la obra de la naturaleza”. “Dividir lo unido, unir lo dividido, es toda la obra de la naturaleza”.

52:54
Iain Mcgilchrist. Y lo compara con la inspiración y la espiración, con la sístole y la diástole. Los dos latidos del corazón, que son ambos necesarios, se alternan. Y en este proceso es cómo sigue la vida y cómo surge la creatividad. Así que, dado que el mundo es un mundo creativo y que está en constante devenir, no existe una única cosa fija y estática llamada verdad. Pero sí existe el estar equivocado y existe el estar menos equivocado. En griego, la palabra para verdad es ‘aletheia’. Probablemente lo sepáis, si conocéis la mitología griega sobre el río Leteo. ‘Leteo’ significa ‘olvidar’, mientras que ‘aletheia’ es ‘no olvidar’. Y esta fue una idea que recogió Heidegger. La verdad es un ‘no olvidar’. Así que no es que sepamos con certeza qué es, sino que intentamos ‘no olvidar’. Se eliminan las cosas que se interponen. Es como limpiar ventanas. Voy a contaros una anécdota divertida. Es una distracción, pero no importa. Di una conferencia en la Universidad de Oxford. No esperaba que me pagaran por ello. La impartí por internet. Al terminar, me dijeron que querían pagarme una suma bastante generosa. Así que dije: “Ah, bueno, vale”. Y, en los viejos tiempos, lo que habría pasado es que alguien del departamento de finanzas habría extendido un cheque, lo habría enviado por correo dos días después, y yo habría recibido el dinero. Hecho. Pero no, ahora vivimos en la era del progreso. Así que, en su lugar, tienes que tener una identidad, una contraseña y todo eso. Y tienes que entrar en una plataforma, así es como la llaman. Me metí y vi que aquello era endiabladamente complicado. Me dijeron: “No te preocupes. Alguien que te guiará en esto”. Genial. Así que conocí a esa otra persona. La conocí por Internet. Y, sí, él y yo nos pusimos manos a la obra con esto. Y después de tres meses, todavía no habíamos llegado a ninguna parte. Entonces me dijo: “Me temo que debo seguir con otros asuntos, pero no te preocupes, hay otra persona que vendrá a ayudarte”. Así que vino esa otra persona y me ayudó. Y con su ayuda, pasé a la segunda plataforma. Son como etapas hacia el nirvana. Era como si me estuviera iluminando. Pero estaba en el segundo nivel y me topé con un problema. Tenía que marcar una casilla que representara el servicio que había prestado a la Universidad de Oxford. Había 77 casillas que incluían catering, limpieza de ventanas y esas cosas. Pero no había ninguno para dar una clase, lo cual, pensaba que era precisamente el objetivo que tiene una universidad. En fin, al final, tras seis meses en este proceso, no pude hacerlo. Así que llamé al departamento de finanzas, al que conocen como ‘El cofre de la Universidad’. Es un concepto medieval maravilloso, ‘El cofre de la Universidad’, veamos qué encontramos ahí dentro. En fin, descubrí que había una persona al otro lado de la línea. Eso no pasará en el futuro, pero pude hablar con una persona de verdad y le dije: “¿No es un poco complicado esto?”. Y me respondió: “Oh, no me hagas hablar. Es la pesadilla de nuestras vidas. Nos quita muchísimo tiempo”. Y esto, por supuesto, es progreso. Así es como mejoramos. Nos quitamos el tiempo unos a otros con trivialidades. Me paso la mitad de la vida dando vueltas en círculos por Internet.

56:29
Iain Mcgilchrist. No me queda mucha vida. Prefiero hacer algo real. Pero vivimos en este mundo virtual en el que la teoría prevalece sobre la experiencia. Por eso os cuento esta historia. En fin, después de compadecernos mutuamente durante diez minutos, le dije: “¿Y qué hago?”. Y ella dijo: “Marca cualquier casilla y te pagaremos”. Así que elegí la limpieza de ventanas, porque sentí que, espiritual y metafísicamente, eso es lo que había estado haciendo. El camino a la verdad es la limpieza de ventanas o aletheia, el no olvidar. Y esto es sumamente creativo. A veces digo: “¿Cómo hizo Miguel Ángel su David? ¿Hizo primero un brazo y luego el torso y la cabeza?” Para nada. Describamos lo que hizo. Bueno, moldeó una piedra. Simplemente moldeó piedras blancas durante varios años. Eso es todo lo que hizo. Y al final, lo revelado, lo que no estaba oculto, fue el David. Esa es una buena imagen de cómo surgen las cosas y de cómo nos acercamos a la verdad. Así que, para concluir mi respuesta, no hay una única verdad, pero, y esto es muy, muy importante, esto no significa que todo valga, como solemos decir. Eso no significa que puedas inventarte tu propia verdad, que yo pueda inventar mi propia verdad. La sociedad se desmoronaría. Y por supuesto, en la vida cotidiana todos creemos que hay verdades. ¿De lo contrario, qué sentido tendría hacer nada? Porque en realidad no tendría sentido hablar, ya que nada de lo que dijeras sería más cierto que cualquier otra cosa. La vida simplemente se destruiría. Así que, por supuesto, creemos que hay cosas que son ciertas. Digan lo que digan los posmodernistas, eso es la verdad. Solo que no hay una única verdad. Pero eso tampoco significa que la verdad de todo el mundo sea igual de válida. Quiero decir, si la gente dice: “Bueno, mi opinión es tan buena como la tuya”. Y yo digo: “Sí, es muy probable que lo sea, pero también puede que no”. Esta es la realidad. Algunas opiniones valen más que otras. Algunas verdades están más cerca de la realidad que otras. No puedo decirte cuál es esa realidad, pero sí que puedes ir hacia ella. Tienes que encontrar tu camino. Pero si te das cuenta de que estás en el camino equivocado, sal de ahí. Imaginaos un barco atrapado en el hielo, ¿vale? La gente sale del barco para ver si pueden encontrar algo, están desesperados, quizá un animal que puedan matar para comer. Pero cuando descubren que no saben a dónde se dirigen, lo incorrecto es que sigan adelante, porque entonces seguro que morirán. Si ves que no llegas a ninguna parte, da marcha atrás y replantéatelo. Y si vas por el camino equivocado, despierta, vuelve al punto de partida y prueba con otro camino. No puedo decirte a ti ni a nadie cuáles son esos caminos, pero creo que todos sabemos cuándo estamos avanzando hacia la verdad. Y, en realidad, es algo precioso. La verdad es muy real y he llegado a creer que la verdad, la belleza y la bondad, las tres grandes virtudes platónicas, son lo que marca la diferencia en la vida. Y son lo que hemos olvidado en nuestro mundo moderno. Creemos que son solo inventos nuestros. Creemos que nos las inventamos. Es como si viviéramos en una celda sin ventanas al mundo. Estamos ahí dentro y pintamos bonitos cuadros en las paredes para animarnos. Y pensamos: “Anda, qué bonito”. “Hay algo bueno…”. No. La verdad, la belleza y la bondad existían antes que nosotros, antes que la humanidad, antes que prácticamente todo, y o bien las descubrimos o no lo hacemos. No las inventamos. Yo distingo entre las palabras ‘invención’ y ‘descubrimiento’. ‘Invención’ significa que te lo has inventado. ‘Descubrimiento’ significa que lo has descubierto. Estaba ahí y lo has encontrado. Creo que esa es nuestra razón de ser. Somos seres increíblemente extraños. Necesitamos mucha energía. Somos el desarrollo más extraordinario de la historia de la evolución.

01:00:38
Iain Mcgilchrist. Pero creo que la razón por la que existimos es que tenemos la capacidad de responder al valor, de responder a esas cosas tan hermosas, al amor, a lo sagrado, a lo verdadero, a lo bello, a lo bueno. Y o lo hacemos y ayudamos a que crezcan, o no lo hacemos. Si no lo hacemos, en mi opinión, hemos desperdiciado una vida. Pero a la evolución no le importa. Hay mucha gente. Puedes desperdiciar tu vida. Pero si realmente quieres tener una vida plena, entonces tienes que responder a los valores y a los propósitos. Estos no son inventos. Son verdaderamente la vida.

01:01:20
Alexandra. Hola, doctor, soy Alexandra. Mucho gusto. Me gustaría saber cuál es la importancia de las palabras del lenguaje en el cerebro.

01:01:29
Iain Mcgilchrist. El lenguaje es muy importante, pero no lo es todo. La mayoría de las cosas verdaderamente profundas no se pueden expresar con palabras. No encuentro palabras para describir las cosas que realmente importan. Por poner algunos ejemplos, he hablado del amor. No puedo explicar la sensación a alguien que nunca se ha enamorado. La música: no puedo decirte lo que significa. Tienes que escucharla. La fe religiosa: no puedo explicarte un argumento que te haga creer en ella. Solo puedo ofrecerte algo: una idea a la que tu corazón responde o no responde. Así que el lenguaje tiene sus límites. En ‘El maestro y su emisario’, el libro que escribí y que se publicó en 2009, sostengo que el lenguaje evolucionó a partir de la música. Pero no todo el mundo está de acuerdo con esto. Hay una persona muy conocida de la que habréis oído hablar llamada Steven Pinker. Steven Pinker dice que la música es tan útil como la tarta de queso o la pornografía. Ummm… Vale. Supongo que, en realidad, no le gusta la música. ¿Cómo puede ser? Pero no es inútil. Quizá sí sus argumentos. Es bonita, pero no es útil. La música es muy útil. Todavía existen tribus que solo pueden comunicarse a través de sonidos musicales. Y esto es importante porque la utilizan cuando cazan. Así que resulta muy útil desde un punto de vista práctico y realista. Necesitan organizarse en torno a un objetivo común. Y lo consiguen simplemente a través de la entonación, cantando ciertos sonidos, ciertas locuciones. Esto ocurre en diversos lugares. Y estoy pensando especialmente en una tribu de la cuenca del Amazonas. Hay un neurocientífico turco muy bueno llamado O’Neill Gunter, que, como sabréis, vive en Alemania. Pues cuando vuelve a su lugar de origen, su gente vive en las montañas, él puede comunicarse con ellos a través de la distancia, a través de los valles, gracias a la música. Ahora bien, la música es donde empezamos. Así que cuando comienza la vida, por supuesto, no tenemos lenguaje. En su lugar, emitimos sonidos. Nuestras madres emiten sonidos, y no necesitan aprender a hacerlo. Es algo totalmente instintivo. Cuando nace el bebé, la madre dice: “¡Oh! Precioso. Sí. Muy bien”. Y todo eso. Es realmente muy importante porque es el germen de la razón, de la lógica, de la comunicación entre ambos. Y mientras el bebé está en el útero, escucha la voz de la madre. Por ejemplo, sabemos que si la madre lee un cuento en voz alta durante el tercer trimestre del embarazo, cuando nace el bebé, aunque obviamente aún no hable, preferirá escuchar ese cuento en concreto porque ya reconoce los sonidos. Así que todo empieza en la música del habla. ¿Y sabéis qué? El hemisferio derecho entiende la entonación. El hemisferio izquierdo, no. Ignora la entonación. Ahora, escuchad. La entonación marca una gran diferencia, así que puedo decir: “¡Sí!”, o puedo decir: “Sí…” Puedo decir: “Sí”, o puedo decir: “Sí”. Todas estas expresiones tienen un significado diferente: la entonación es una parte muy importante del significado.

01:05:19
Iain Mcgilchrist. Así que, en un principio, cuando la gente vivía en grupos pequeños, existía algo llamado ‘el número de Dunbar’, del que supongo que habréis oído hablar. Se refiere al número de personas a partir del cual una comunidad tiene que funcionar de otra manera. Creo que ronda entre 120 y 150. Pero en torno a ese nivel, si una comunidad no es pequeña, básicamente todo el mundo se conoce y sabe en quién confiar y demás. Cuando supera ese número, de alguna manera el hemisferio izquierdo tiene que empezar a intervenir y hacer trabajo de abstracción. Vivimos en un mundo en el que nos comunicamos con personas que nunca hemos conocido. No sabemos nada de ellas ni ellas de nosotros. Sucede cuando la gente se reúne para hablar de otras personas que no están presentes, o de esa tarea en la que tenemos que cosechar ese campo, o lo que sea. Es cuando empezamos a tener ideas sobre las cosas. Ahí es donde necesitamos el lenguaje. Y el lenguaje consiste en símbolos que representan cosas. Por lo tanto, ya está un escalón por debajo de la realidad. También supone un paso hacia el hemisferio izquierdo, donde un símbolo de algo sustituye a la cosa real. El símbolo es siempre muy, muy simple. Y la cosa real de la que es símbolo es compleja. Así que gran parte de la profundidad del significado es eliminada inicialmente por el lenguaje. La poesía puede volver a recomponerla. Y la poesía es una forma especial en la que el lenguaje puede utilizarse para socavar al lenguaje. De alguna manera te sacude, de modo que tu comprensión inicial del lenguaje tiene que dar paso a una comprensión más rica y profunda. El lenguaje puede utilizarse, sirve para una comprensión profunda, pero solo mediante una especie de subterfugio, en la práctica mediante la poesía o el ritual. La única forma en que podemos hablar de lo divino, de lo sagrado, no es en términos directos. San Agustín dijo: “Si comprendes a Dios, no es a Dios a quien has comprendido”. Las primeras palabras del Daodejing, el gran texto chino sobre el Dao, comienzan así: “El Dao que puede nombrarse no es el verdadero Dao”. Esta es una verdad universal sobre lo divino y lo sagrado. Está más allá del lenguaje, se encuentra en otro ámbito distinto al del lenguaje. El lenguaje está diseñado para lo cotidiano y Nietzsche dijo: “Las palabras hacen común lo inusual”. Por ejemplo, imagina que me pides que describa a una amiga. Yo te digo: “Tengo una amiga fabulosa, quiero que la conozcas”. “¿Y cómo es ella?”. “Bueno, es así de alta. Es rubia. Estudia química”. ¿Qué más puedo decirte? Empiezo a hacer afirmaciones muy generales. Y lo que no digo sobre ella, el mito de la haecceitas en latín, lo que es único, su cualidad, es algo que no puedo expresar con palabras. Solo tienes que conocerla. El lenguaje es útil en su contexto porque así es como surgió. Y, en cierta medida, está muy arraigado en el hemisferio izquierdo. Pero lo que la gente entendía mal en el mundo antiguo es que el hemisferio izquierdo es lingüístico y el derecho no. Eso es erróneo. De hecho, el hemisferio derecho posee un lenguaje bastante sofisticado. Pero no lo utilizará mientras el hemisferio izquierdo esté funcionando. Así que hay dos estrategias para la rehabilitación de alguien que ha perdido el lenguaje. Puedes intentar que los centros del habla del hemisferio izquierdo, o alguna zona bastante cercana a ellos, empiecen a producir el habla, o puedes hacer exactamente lo contrario. No estimular los centros del habla del hemisferio izquierdo, sino intentar que las transferencias del habla del hemisferio derecho, por decirlo de alguna manera, empiecen a funcionar poco a poco, y de hecho a menudo puede funcionar muy bien. Así pues, el lenguaje es competencia de ambos. Y es cierto que algunas facetas del lenguaje son gestionadas mejor por el hemisferio izquierdo.

01:09:28
Iain Mcgilchrist. Por ejemplo, la sintaxis es más compleja en el hemisferio izquierdo que en el derecho. El hemisferio izquierdo tiene un vocabulario semántico más amplio que el derecho, aunque el derecho tiene palabras incluso para conceptos abstractos y para algunas ideas bastante complicadas. Y quizá te interese saber que los cuadernos de Niels Bohr, a quien a menudo se le considera el fundador de la mecánica cuántica, no contenían fórmulas ni palabras, solo dibujos e imágenes.

01:10:00
Sharon. Hola, doctor. Muchas gracias por venir. Me llamo Sharon y soy estudiante de Psicología en la Universidad Complutense de Madrid. Y le quería preguntar: ¿qué cree que nos ha convertido en la especie más dominante del planeta? ¿Nuestra forma de pensar o nuestra forma de sentir?

01:10:20
Iain Mcgilchrist. Bueno, sin duda la aparición del lenguaje fue parte de ello. El lenguaje supone un gran paso adelante para el hemisferio izquierdo, ese que ansía el poder. Existen diferentes niveles de valor. Dejadme contaros algo. Admiro especialmente a un filósofo alemán llamado Max Scheller. Él se dio cuenta de que existía una jerarquía de valores. Y en el nivel más básico estaban el poder y la utilidad, la utilidad práctica. Esto es lo que el hemisferio izquierdo hace muy bien: agarrar, conseguir, manipular, crear y cambiar el mundo mediante la manipulación. Pero por encima de eso hay un nivel que él llamó ‘la fe de Laban’, y que comprende los valores de la vida. Estos incluyen cosas como la generosidad, la bondad, la fidelidad, la magnanimidad y sus opuestos. Y luego, por encima de eso, estaba el nivel de esos ideales platónicos de bondad, belleza y verdad, que significa lo santo, lo sagrado. Según el materialismo reduccionista, esos valores superiores no importan realmente, salvo en la medida en que aumentan la utilidad. Si dices: “El mayor valor es la utilidad”, yo te pregunto: “¿Utilidad para qué?”. Y entonces tienes que responder: “Ah, bueno, ¿utilidad por el simple hecho de ser útil? Eso no funciona. Utilidad para…”. Entonces tienes que empezar a pensar si es bueno, cierto y hermoso. Así que no es una respuesta adecuada, pero es la forma de pensar del hemisferio izquierdo. Y es sin duda el poder que hemos desarrollado en nuestro hemisferio izquierdo lo que nos ha convertido, para bien o para mal, en la especie que domina, que manipula, que tiene poder. Y no estoy diciendo que el hemisferio izquierdo sea malo o inútil. No lo es. Eso sería un gran error. Por favor, no os quedéis con esa idea. Es un sirviente muy útil, pero no es un buen amo. De hecho, el propio Einstein dijo lo siguiente: “La razón es un sirviente muy útil y la imaginación es un don precioso”. Vivimos en un mundo que ha olvidado el don y, en cambio, está adorando al sirviente. Eso es lo que hay detrás del título de mi anterior libro, ‘El amo y su emisario’, sobre los dos hemisferios. Y la mayoría de la gente da por sentado que el amo es el hemisferio izquierdo, y el emisario, el sirviente, es el hemisferio derecho. Pero, de hecho, es exactamente al revés. Es el hemisferio izquierdo el que quiere que creas que es el maestro, porque sabe mucho menos, pero cree que lo sabe todo. He conocido a gente así. No tienen ni idea y por eso creen que lo saben todo. Solo alguien que sabe muy poco cree que lo sabe todo. Porque, como comprenderéis, cuánto más sabes, más te das cuenta de lo poco que sabes. Así que el hemisferio izquierdo tiene esa creencia fatal de que lo tiene todo bajo control. Y se altera mucho si siente que no tiene el control. En una sociedad dominada por el hemisferio izquierdo, el control se convertiría en un gran problema. Habría cámaras de CCTV en cada esquina, y habría formas de acceder a tu correo electrónico y a tus pensamientos privados, y de vigilarte lo que publicas, tus redes sociales.

01:14:13
Iain Mcgilchrist. Así todo estaría cuidadosamente calibrado y controlado. Este es el hemisferio izquierdo, este mundo. Y sí, nos ha dado poder. Pero ¿de qué sirve ese poder si destruye todo lo valioso del mundo, destruye a gran escala, posiblemente a través del colapso de lo que llamamos ‘el medio ambiente’? No me gusta esa palabra. Me gusta más ‘naturaleza’ porque ‘medio ambiente’ sugiere algo que me rodea, algo que no tiene nada que ver conmigo. Pero, por supuesto, sí que tiene que ver. Yo provengo de la naturaleza. De hecho, ‘naturaleza’ significa ‘lo que está naciendo’. Yo provengo de la naturaleza y vuelvo a ella. Somos parte de la naturaleza. La naturaleza está en nosotros de todos modos. El colapso de la naturaleza puede depender de las dos formas en las que la IA puede ser utilizada, ya que sería capaz de provocar un colapso terrible de la sociedad y la civilización. En cualquier caso, podría llegar a ese nivel. Pero lo que parece que no entendemos es que el poder no es un objetivo útil en nuestras vidas. Hacerse poderoso, hacerse rico, no es un gran objetivo. A través de mi trabajo he conocido a mucha gente muy exitosa y muy rica. ¿Son las personas más felices que he conocido? Por supuesto que no. De hecho, es casi imposible que sean felices por muchos coches que tengan. Y de ahí la parábola de Jesús que dice que es más difícil que un rico entre en el reino de los cielos a que un camello pase por el ojo de una aguja. Así que ahí tenemos ese problema. Pero, además, veréis, esto es realmente importante. Todas las cosas que realmente nos importan implican una restricción de nuestra libertad. Creo que deberíamos ser tan libres políticamente como coherentes para nuestra sociedad. No hay ningún argumento para controlar a los individuos de la sociedad más allá de lo necesario para mantener una sociedad coherente. Pero las cosas que realmente valoramos implican una especie de restricción. Implican trabajo duro, implican autodisciplina. Implican negarnos todos los deseos que tenemos, para poder seguir algo que tiene un valor mucho mayor. Estas cosas se nos revelan a través de lo que parece ser una cierta resistencia. Y si nos deshicieramos de toda esa resistencia, nuestra vida carecería por completo de propósito, forma o significado. Esas cosas surgen a través de un cierto grado de restricción, pero sí creo que es nuestro lenguaje el que ha ayudado efectivamente al hemisferio izquierdo a tomar el control del mundo, a tomar el control de todo lo que solía ser relativamente espontáneo, orgánico en el sentido de que no era mecánico, libre, y lo ha convertido en algo que está ahí para que lo agarremos, lo retengamos y lo utilicemos.

01:17:23
Juan. Hola, profesor. Mi nombre es Juan. Me gustaría hacerle una pregunta. En medio de tanto ruido, ¿es posible el diálogo?

01:17:34
Iain Mcgilchrist. El hecho de que, como bien dices, estemos rodeados de tanto ruido no tiene precedentes y es muy perjudicial. Creemos que cuando no pasa nada, literalmente no pasa nada. Pero, en realidad, todo está sucediendo en ese espacio. Y solo cuando somos capaces de cultivar ese espacio empezamos a descubrir las cosas profundas que dan sentido a la vida y hacen que merezca la pena vivirla. Existe un concepto que algunos de vosotros habréis encontrado en el budismo, llamado sunita, que en sánscrito significa ‘vacío’. Nos volvemos vacíos. Pero no estamos vacíos de una forma pasiva e improductiva. Estamos vacíos de todo el desorden, de las brechas entre nosotros y la realidad. Se llevó a cabo un interesante experimento en el que se pidió a las personas que se sentaran en un laboratorio y, durante solo 15 minutos, no pensaran en nada. En realidad es bastante difícil de hacer a menos que se practique. Porque lo primero es empezar a pensar en no pensar en nada. No, no vamos a pensar en nada. A estas personas se les proporcionó una máquina que les administraba una descarga eléctrica. Dependía de ellas si la usaban o no. Pero un porcentaje sorprendentemente alto, no recuerdo el porcentaje exacto, utilizó esta máquina varias veces para administrarse la descarga y así tener algo de estimulación. Anhelaban tanto la estimulación que el simple hecho de estar sin ella, de estar en paz, les resultaba tan horrible que preferían la descarga eléctrica. Un hombre se administró 199 descargas en ese periodo. Esto es una señal de lo locos que estamos. Como sociedad, estamos fundamentalmente locos. Tenemos más poder que nunca. Y para poder ejercer ese poder, necesitamos una sabiduría acorde, la sabiduría suficiente para saber cómo utilizarlo. Y, de hecho, somos la generación con menos sabiduría que jamás haya existido. Creo que vosotros, las generaciones que vendrán después de nosotros, nos veréis como la gente más estúpida que jamás haya existido. A menudo pienso que en la escuela se debería enseñar a la gente una técnica que se utiliza en la terapia de pareja. Puede que algunos de vosotros hayáis ido alguna vez a terapia de pareja, y puede que otros no. Pero así es como funciona la terapia de pareja. Hay dos personas que quieren llegar a un entendimiento que les permita seguir viviendo juntas, o llegar a un punto en el que puedan seguir cada uno su camino. Y la técnica es la siguiente. Se invita a una de las personas a hablar y mientras esta habla, la otra persona dice: “Sí, sí, pero recuerda aquella vez”. Y el terapeuta dice: “No, no, tienes que dejar que termine. En un momento te tocará a ti”. Supongamos que la otra persona sigue hablando hasta que termina. Entonces, el terapeuta se dirige a la otra persona, y lo primero que le dice es: “Dime lo que acabas de oír”.

01:21:13
Iain Mcgilchrist. Esto es muy interesante porque, muy a menudo, la persona dice que ha oído esto, esto o lo otro. Entonces la otra persona responde: “Eso no es para nada lo que estaba diciendo”. Se han quedado atrapados en distintas posiciones. Ahora bien, eso no solo se aplica a una pareja. Se aplica a todos esos debates tóxicos en las redes sociales. No es en absoluto lo que la otra parte está diciendo realmente. Estás escuchando lo que quieres oír. Necesitamos hacer estos ejercicios en los que escuchamos y somos capaces de ver el punto de vista de la otra persona. Y el hemisferio derecho es, de nuevo, lo siento, crucial para esto. Como digo, existe algo que, incoherentemente, se denomina ‘teoría de la mente’. Porque no es una teoría y no se trata solo de la mente, pero no importa. La teoría de la mente significa que entiendes lo que otra persona quiere decir sin que te lo tengan que explicar. Solíamos decir que los niños no lo entendían hasta los cuatro años aproximadamente. Sabían que otra persona podía no saber algo que ellos sabían, o que ellos no sabían algo que otra persona podía saber. Ahora conocemos que esto ocurre mucho antes de esa edad, y que los animales también lo tienen. Se decía que ellos no lo tenían. Pero, por ejemplo, una ardilla enterrará nueces si sabe que la están observando; las enterrará, esperará a que el observador se vaya, las desenterrará y las pondrá en otro lugar. Así que ya es capaz de aplicar la teoría de la mente. Y esa teoría de la mente tiene dos vertientes. En el hemisferio izquierdo es como: “Apuesto a que él no entiende esto, así que puedo manipularlo”. Se llama maquiavelismo. Mientras que, en el hemisferio derecho, la teoría de la mente consiste en ponerse en el lugar de esa persona. Sin esa capacidad, somos crueles. Lo necesitamos. Si queremos ser la sociedad que deseamos, empática, no cruel, y en la que se escuche a las personas. Eso no se consigue callando a la gente, eso es un error. Se consigue enseñando a la gente a ser más amable. Y así, cuando siento dolor, lo siento en ambos hemisferios, por supuesto. Pero cuando siento tu dolor, lo siento en mi hemisferio derecho. Así que necesitamos cultivar estas técnicas. También creo, para ser sincero, que deberíamos enseñar a la gente a mediar. Para que sepas cómo sentarte con dos personas y decir: “¿Podemos lograr entendimiento entre vosotros?”. Y todo el mundo necesita hacer esto porque sucede constantemente en la vida. No deberías tener que acudir a alguien que sea mediador para saber cómo mediar. Así que aprender a escuchar, aprender a ver otro punto de vista, aprender a estar en silencio y aprender a prestar atención de forma activa es muy, muy importante.

01:24:20
Beatriz. Hola, Ian. Soy Beatriz. En los últimos años hemos visto un gran cambio en la sociedad a la hora de pensar y actuar. ¿Hacia dónde crees que vamos como civilización?

01:24:32
Iain Mcgilchrist. Bueno, hoy mi bola de cristal no funciona. Quienes predicen el futuro suelen acabar haciendo el ridículo. Así que no lo sé. Y eso me da esperanza, porque creo que hay momentos en la sociedad en los que las cosas parecen ir muy mal, y sin embargo hay algo a la vuelta de la esquina que provoca un cambio que no se había previsto. Todo eso es muy positivo. He de decir que la situación en la que nos encontramos también da lugar a sentimientos de dolor y desánimo. Pero sí creo que hay un futuro para nosotros. Lo que sí observo es que en Occidente —y esto lo analizo en la segunda parte del libro ‘El maestro y su emisario’, para aquellos de vosotros que estéis interesados en leer más— lo que observo, decía, es la civilización occidental desde los antiguos griegos, pasando por los romanos, el Renacimiento, la Reforma, la Ilustración, el Romanticismo, la Revolución Industrial, el modernismo y el posmodernismo. Y lo que intento analizar es cómo estas civilizaciones encarnaban el hemisferio izquierdo, el hemisferio derecho, ninguno de los dos o ambos. Y lo que parece ocurrir es que, en tres ocasiones: en el siglo VI a. C. en Grecia, luego de nuevo alrededor del año cero en Roma y, por último, en los siglos XIV y XV en Europa occidental, sucedió algo de forma repentina. Y por qué ocurrió de repente, no lo sé. Quizá se debió a movimientos de población y cosas por el estilo. Pero las cosas están muy tranquilas y, de repente, ocurre algo, y es electrizante, porque todo florece. Así nace una tragedia y una poesía maravillosas. Hay música, hay un gran avance en nuestras ideas sobre cómo gobernar una sociedad, en la cartografía de las estrellas, en la elaboración de leyes. Así ocurre en todo tipo de ámbitos: científicos, técnicos, artísticos. Y esto se prolonga durante unos cien años, quizá incluso más. Y luego, tras un par de siglos, empieza a derivar en una dirección diferente. Y siempre es la misma dirección, hacia un desequilibrio a favor de la visión del mundo del hemisferio izquierdo, según la cual solo tenemos una visión limitada de las cosas. Hemos perdido la perspectiva general. Y creo que ahora lo veo. Nos centramos en los detalles, pero no vemos el panorama general. Nos situamos en el aquí y en el ahora sin pensar de dónde venimos, en nuestros antepasados. Es muy importante. Y no es popular. Y verdaderamente, les debemos algo a nuestros antepasados, que sufrieron para que nosotros pudiéramos tener lo que tenemos. Y no eran estúpidos solo porque no tuvieran tecnología. Probablemente eran más sabios que nosotros, y deberíamos saber de ellos, aprender de ellos y respetarlos. Y no pensamos en quienes vendrán después de nosotros. No nos importa, siempre y cuando nos divirtamos. Pero si realmente no nos preguntamos: “¿Cómo conservamos este hermoso mundo para nuestros hijos, nuestros nietos y quienes vengan después?”. Estamos perdidos. Así que hemos perdido esa perspectiva y la hemos perdido tanto en el espacio como en el tiempo.

01:28:15
Iain Mcgilchrist. Por ejemplo, si se puede ubicar la basura en algún otro lugar del mundo donde puedan aguantarla, fenomenal, porque así nosotros no tenemos que hacerlo. No vemos la imagen completa y tampoco lo vemos intelectualmente. Estamos cegados. Y todo esto tiene algo de metafísico. No hay nada como poder desprenderse de ello. Todo tiene un significado o una falta de significado y una forma de ser alcanzable. Y solo cuando usamos nuestro cerebro para entender qué es lo que vemos, es cuando llegamos a ver más profundamente. En este momento es como si estuviéramos patinando sobre la superficie de todo, todo el tiempo. No nos damos tiempo para bucear. No hay profundidad. Se podría decir así. Ya no hay profundidad en el mundo. Así que creo que nos estamos adentrando en ese mundo y en un mundo dominado por ideas de control y predicción, de sistematización… Lo único está desapareciendo, todo el mundo es solo un representante de un tipo, de una raza, de una clase, de un sexo o de lo que sea, en lugar de ser simplemente quien es. Así que creo que vivimos en un mundo en el que pensamos que las cosas se pueden describir fácilmente con el lenguaje, que se pueden abstraer, que se pueden encajar en un sistema que tiene algoritmos que nos llevan a las respuestas. Creemos que será mejor si tenemos un control cada vez más sistemático sobre él. Es un mundo ideal. Veréis, el hemisferio izquierdo tiene mucha prisa por conseguir las cosas rápidamente. Es lo que llamamos “aquí te pillo, aquí te mato”. Significa que te lanzas a por ello y puede que cometas un error, pero aun así lo intentas. Y esa no es una tendencia muy útil cuando empiezas a pensar. Está bien cuando lo único que haces es ir a comer. Pero no es una buena idea cuando realmente te paras a pensar en lo que te estás encontrando. Así que esta idea del pensamiento en blanco y negro del hemisferio izquierdo está ahora muy, muy presente en nuestra sociedad. No hay un ‘ambos’. No hay un: “¿Pero qué pasa con esto?” Y la calidad, que es tan importante, la calidad lo es prácticamente todo. Es la suma de las cualidades de algo lo que lo convierte en lo que es. Pero, en cambio, nos centramos solo en la cantidad. ¿Cuánto? ¿Te has dado cuenta de que la calidad se está deteriorando, pero la cantidad está aumentando? Pagas más para tener menos en términos de calidad. Y en este mundo, estamos enfadados unos con otros, estamos desconectados del mundo físico, nos sentamos frente a nuestras pantallas, todo se ha vuelto demasiado bidimensional y las artes se han deteriorado. Ya no nos hablan de forma visceral. El gran arte, aunque sea muy intelectual, como la música de Bach que se aprecia con el intelecto, habla al intelecto, pero también habla sin necesidad de ser explicado al espíritu, al alma, a las emociones. El arte siempre ha sido así. Pero ahora, ¿te has dado cuenta de que ninguna obra de arte puede valerse por sí misma y hablar por sí misma? Siempre hay un texto cuidadosamente elaborado que te explica lo que realmente significa. En cuanto tienes que recurrir a eso, ya no es arte, es un pequeño boceto. Se ha perdido ese diálogo directo y encarnado contigo. Se ha vuelto demasiado inteligente. Se ha vuelto demasiado intelectual. Se ha desplazado hacia el hemisferio izquierdo, lo cual, en realidad, no es sensato.

01:31:43
Iain Mcgilchrist. Así que todos estos movimientos que vemos a nuestro alrededor, así como el estrangulamiento de todo por parte de la burocracia, incluso en las instituciones que conozco, los hospitales y las universidades. Durante mi vida he visto cómo las burocracias han florecido, es casi como un cáncer que ha crecido y crecido y crecido y devora cada vez más recursos que antes se gastaban en educación o en atención sanitaria, que son realmente las razones para tener hospitales y universidades. Pero no. Ahora gran parte de ese dinero se destina a la burocracia. Y lo que hace la burocracia es crear un montón de normas y casillas que hay que marcar, y así sucesivamente. Y de esta manera solo se conseguirán médicos mediocres. Solo se conseguirán profesores mediocres, muy malos. Los profesores deben tener libertad total. Mis profesores me hablaban desde su experiencia, desde su sabiduría, de corazón a corazón. Se transmitía una chispa. Eso nunca se puede transmitir si se recurre a un algoritmo, si hay que cumplir una serie de requisitos y cosas por el estilo. Así que eso me parece el lado negativo del mundo al que nos dirigimos, y todo se ve amplificado por la IA, que es realmente el hemisferio izquierdo con esteroides. Es el hemisferio izquierdo que tiene todo lo que sabemos, lo extrae, lo consulta y luego nos devuelve algo que le han enseñado que sería lo que diría una persona en esta circunstancia, pero sin ser una persona. Todavía no tiene forma física. Todavía carece de emociones. No tiene alma. No sabe que va a morir. Carece de todas esas cosas que realmente nos emocionan y hacen que nuestras vidas sean lo que son. No puede ser una persona. No me preocupa que las máquinas lleguen a ser personas. Lo que me preocupa es que las personas se conviertan en máquinas. Y ya está pasando. Y si no te comportas como una máquina, no consigues hacer nada. Es así: antes, si tenías un problema, cogías el teléfono, hablabas con alguien cinco minutos, y asunto resuelto. Pero ahora tienes que conectarte a Internet y pasar una eternidad dando vueltas y vueltas al estilo de Escher en bucles que no tienen fin. Y estás desperdiciando tu vida. Así que esto es lo que me preocupa. La expansión de la burocracia y la expansión de la IA. Creo que son cosas muy, muy preocupantes. Así que sí, creo que nos dirigimos hacia otro colapso civilizatorio. Y estas civilizaciones nunca duran para siempre. Es cierto que tienen sus momentos de colapso. Pero lo que quizá podamos hacer por primera vez es darnos cuenta de que esto es lo que está pasando y tomar medidas para evitarlo. Este es el mejor de los casos. Creo que las civilizaciones no son eternas, pero creo que esta civilización es a la vez más precaria que cualquier otra que se me ocurra del pasado y, sin embargo, más capaz de salir del atolladero. Y parte de eso es, creo, ser capaces de entender qué es el hemisferio y la teoría del hemisferio, como yo la llamo, que tiene una base muy sólida en la ciencia práctica. Y qué es lo que nos puede ayudar a ver. Ahora bien, si logramos crear conciencia, y que sea una conciencia de que la solución está por llegar, seremos capaces de sobrevivir, si es que hay una solución. Así que la gente suele decir: “En la práctica… vamos. En la práctica, ¿qué hacemos?”. Y yo respondo: “Bueno, vale, se puede…”. Me refiero a que podemos hablar de temas como la educación. Yo digo que se puede replantear la educación de forma drástica. Hemos descartado las humanidades porque hay algo tremendamente importante llamado STEM.

01:35:38
Iain Mcgilchrist. Pero STEM no es educación. No está mal. No es malo. La gente necesita este conocimiento. Pero es solo conocimiento técnico. No es educación. Y la educación es enseñarte a pensar de forma diferente. Es cómo pensar críticamente, cómo ser consciente de todo tipo de posibilidades, cómo conectar con el gran drama, la gran poesía, con la historia, con las ideas filosóficas, y entonces las cosas cobran vida. Ahora me temo que el aula es un lugar muy lúgubre, que se centra en asimilar información. Y la información no es nada por sí sola sin un grado de comprensión. Y la comprensión es muy importante. La comprensión es un proceso en el que, entre diversas ideas y entre diversas personas, llegamos a algo sin limitarnos a seguir una trayectoria lineal. Entonces, ¿cómo logramos esto y cómo avanzamos? Así que digo: “Bueno, hay tres niveles”. Y el que parece más importante es el menos importante, y el que parece menos importante es el más importante. Así que empecemos por el más importante, el que todos conocéis. Debemos unirnos a Greenpeace. Debemos formar parte de un movimiento o algo similar. Y no estoy diciendo que estas cosas no funcionen. Lo único es que, diría yo, el historial de estas misiones globales no ha sido hasta ahora muy impresionante. Puede que haya logrado algo, pero en realidad nunca va a salvarnos. Así que ese es el número uno. ¿Cuál es el número dos? El número dos es, creo, mucho más útil. Y ya está empezando. Y estoy vagamente relacionado con varios ejemplos de esto, que consisten en crear pequeñas comunidades, que sirven de modelo de algo que necesitaremos en el futuro si la civilización se derrumba en gran medida, pero la humanidad sobrevive. Será algo parecido a los monasterios de la Edad Media, que, como es bien sabido, mantuvieron las cosas en marcha. Y serán pequeñas comunidades las que vivan juntas, confíen unas en otras, compartan sus vidas, se cuiden y se apoyen mutuamente. Vivirán en contacto con la tierra, cultivarán sus propios alimentos, rezarán juntas y, en general, formarán una sociedad tal y como debe entenderse. Y eso sería maravilloso, porque crecerían y luego se extenderían a otros lugares, ya que no queremos volver a ser demasiado grandes. Queremos que crezcan en armonía con los demás. Y esa sería una forma de ayudar realmente a asegurar nuestro futuro, porque implicaría una visión y una forma de ver las cosas, una forma de pensar, que no es solo producto de la utilidad. Y lo tercero es esto, y suena inútil, pero es lo más importante. La buena noticia es que no tienes que presentar una solicitud para pedir una subvención. No tienes que convencer a mucha gente de que esto es algo útil que hacer. Eres tú. No se te pide que salves los problemas del mundo, lo cual es mejor así, porque no puedes. Sería muy poco razonable. Pero lo que se te pide es que no seas irresponsable contigo mismo, sino que seas responsable ante aquello que se te dio. Eres un caso particular, un caso único. Solo existes una vez. Y lo que eres importa para la totalidad de la creación. Sí, está bien que puedas influir en la gente, pero al final lo que importa es quién eres.

01:39:07
Iain Mcgilchrist. Y puedes trabajar en ello a partir de ahora mismo. No tienes que hacer nada más. Puedes empezar a pensar de otra manera, aprender a meditar. Y soy partidario de rezar. No me da vergüenza decirlo. Creo que es una experiencia muy, muy rica e importante, y solo las personas que no saben lo que significa rezar lo negarían. Así que aprender a meditar, aprender a rezar, volver a pasar tiempo en la naturaleza, cultivar las cosas que antes te daban placer pero que han sido expulsadas de tu vida. Disfruta de momentos tranquilos con la música; por el amor de Dios, no la utilices como simple fondo para otra cosa. No es un mero complemento entretenido. Es en lo que deberías centrarte. Lo mismo ocurre con la poesía y todas esas cosas que dan vida. Vuelve a incorporarlas a tu vida y déjate llevar por el corazón. Y no digas: “Tengo que hacer esto o lo otro”. Simplemente empieza a ser una persona diferente. Y la gente puede decir: “Sí, pero yo soy así. Soy algo pequeño y el mundo es tan grande, y además el mundo es solo una cosita en el vasto universo”. Pero eso es ridículo. Esa es la forma de pensar del hemisferio izquierdo, que lo que importa es el tamaño, pero no es así. Y si dices: “Bueno, en términos prácticos sí importa, porque tenemos que difundir esto por todo el mundo”, solo ayudarás a difundirlo cuando la gente cambie su corazón y su mente. Y ese pequeño grupo de personas, tal vez solo el dos por ciento de la población, si lo hacen, si lo encarnan en sus vidas, si lo expresan con sus bocas, formarán parte de un proceso. La gran antropóloga Margaret Mead dijo: “Nunca dudes de que un pequeño grupo de personas con una visión determinada pueda cambiar el mundo. De hecho, nada más lo ha hecho jamás”. Así que no te desesperes. Empieza a fijarte en tu propia vida. Empieza a promover en el mundo que te rodea una visión diferente, más cercana a la del hemisferio derecho, en la que las cosas son ricas y están vivas, y no empobrecidas o muertas. Muchas gracias.