Mi herramienta para manejar el estrés
David JP Phillips
Mi herramienta para manejar el estrés
David JP Phillips
Experto en comunicación y liderazgo
Creando oportunidades
Técnicas para mejorar la comunicación y tu bienestar
David JP Phillips Experto en comunicación y liderazgo
David JP Phillips
Una desastrosa presentación de PowerPoint cambió la vida de David JP Phillips. Tras una monótona charla en la escuela de su hijo, el experto en comunicación decidió buscar una manera más eficiente de hacer presentaciones y creó la exitosa charla TEDx ‘Cómo evitar la muerte por PowerPoint’.
Pero Phillips no se detuvo ahí. Al descubrir que PowerPoint no era la solución a todos los problemas comunicativos, se adentró en el arte del storytelling. ‘La mágica ciencia de contar historias’, su segunda charla, se convirtió en un referente en la narración oral. “Las historias en las que crees se convierten en tu realidad”, afirma Phillips, quien sostiene que las narrativas que nos contamos a nosotros mismos moldean nuestro futuro.
Phillips también ha investigado la importancia del lenguaje corporal y de la mentalidad en nuestra manera de comunicarnos. Su experiencia personal con la depresión lo llevó a escribir su libro más reciente: ‘Las seis hormonas que van a revolucionar tu vida’. En esta obra, el autor explora cómo las sustancias químicas en el cerebro afectan nuestra percepción y comunicación, y cómo un cambio de mentalidad puede transformar nuestra vida.
“A veces no nos damos cuenta de lo difícil que ha sido vivir para el cerebro humano en la historia”, reflexiona Phillips. En un mundo saturado de estímulos y distracciones, él aboga por el autoliderazgo y la capacidad de manejar nuestras emociones y pensamientos para alcanzar una vida más plena y feliz.
Transcripción
Algunas son solo producto de vuestra mente. Ni siquiera son ciertas, pero definen todo vuestro futuro. En el mundo de las ventas y el «marketing», todo se basa en las historias. En sembrar ideas en la mente: «Mira esto. Haz esto. Compra ese coche. Deberías tener un Lamborghini. Cómprate ese reloj». Nos meten historias en la cabeza, cada uno las ve de una forma, pero definen nuestro futuro. Así que creé mi segunda charla Tedx, llamada «La mágica ciencia de contar historias», que se convirtió en la más conocida del mundo sobre «storytelling», también con más de 5,3 millones hoy en día. Y entonces descubrí otra cosa: el fascinante mundo del lenguaje corporal. Si me fijo en ti, veo que tienes la cabeza un poco ladeada hacia la izquierda. Me pregunto: «¿Por qué ladeas la cabeza hacia la izquierda?». Ahora hacia la derecha. ¿Por qué? Algunos ladeáis la cabeza hacia la izquierda y la derecha. La pregunta es: «¿Por qué?». Y lo que es más interesante: «¿Me afecta a mí?». La respuesta es: «Sí». Si se muriera tu hámster o tu conejillo de Indias, yo automáticamente diría: «Oh». Mostraría empatía. Como tú, que estás ahí sentada: «Oh». Y también está asintiendo. Se llaman asentimientos afirmativos. Algunos también lo hacéis. Asentís afirmativamente mientras hablo. ¿Eso me afecta? Por supuesto. Yo estoy aquí sentado, sois muchísimos. Lo hacéis inconscientemente, pero hacéis que me sienta mejor. Cuando asentís y ladeáis la cabeza, me dais ganas de hablar con vosotros porque mostráis interés. Estas habilidades me parecen fascinantes: ladear la cabeza a ambos lados y asentir. Y s e las enseñé a personas que se preocupaban por su entorno pero no lo mostraban. Se interesaban por otras personas pero no lo mostraban. Les di esas dos habilidades. A las dos o tres semanas volvieron y me dijeron: «Qué fuerte, David. La gente ha conectado más conmigo estas semanas. La gente se ha abierto más conmigo que nunca. Me siento más unido a los demás que nunca». Y no es de extrañar. Si te quedas mirando a alguien así esperando que hablen y conecten contigo, no va a pasar. Así que pensé: «Tenemos dos habilidades. ¿Habrá más?». Voy a miraros a vosotros. ¿Habéis visto las series y las pelis de Sherlock Holmes? Sí, Sherlock Holmes. Cuando mira a la gente en las series y en las pelis, hace… Los analiza. Así funciona mi cerebro cuando os miro. Me fijo en quién tiene las piernas cruzadas, quién las tiene abiertas, quién sonríe, ladea la cabeza, cruza los brazos, cierra las manos, etcétera. Así que me pregunté: ¿cuántas habilidades hay? Entré en Internet y busqué: «¿Cuáles son todas las habilidades del lenguaje corporal y verbal humano?». Miré algunos libros. Eran bastante exhaustivos, pero no me quedé satisfecho. Decidí pasarme siete años estudiando a 5000 oradores hasta encontrar todas las habilidades posibles. Siete años después dejé de encontrar nuevas. ¿Y cuántas encontré? Encontré 200 habilidades. Logré reducirlas a 110 habilidades básicas, y esa es mi tercera charla TEDx: «Los 110 pasos para una comunicación excelente». ¿Y sabéis qué es lo más aterrador? ¿Cuántas creéis que usa una persona media al comunicarse? ¿Cuántas habilidades pensáis? Decid un número. ¿Cuántas podrían ser? Intentadlo. Pero tiene que ser en inglés.
Me preguntaba: «¿Por qué mi vida no tiene sentido?». Me di cuenta de que algo no iba bien. No sabía el qué. Pero pensé: «Meditación. He leído sobre el tema, puedo intentarlo». Intenté meditar 20 minutos al día durante seis semanas. Y u n día, en Suecia, de donde soy, cruzando el puente que hay frente a mi casa con mi mujer, sentí algo que no había sentido nunca. ¿Os ha pasado últimamente? Una emoción totalmente nueva es poco frecuente. Me detuve, y mi mujer me miró diciendo: «¿Qué ocurre?». Intenté explicarle la emoción. Me caían las lágrimas. Ella me miró y dijo: «Eso suena a felicidad». Y entonces me di cuenta de que no recordaba la última vez que había sentido aquello. Poco después descubrí que llevaba deprimido 17 años. 17 años de vida que había perdido. 17 años de no querer ni a mis hijos, ni a mi mujer a ni mí mismo; de no disfrutar de vivir la vida. Había caído tan lentamente en aquella depresión que me había olvidado. O más bien no me había dado cuenta. Horrible. Pero, bueno, aquellos cinco minutos en el puente me motivaron más que nada, porque me di cuenta de que había algo más. Algo llamado felicidad. Volví e hice todo lo que sabía que hace que un humano se sienta mejor. Optimicé mis neurotransmisores: dopamina, oxitocina y serotonina. Un par de semanas después alcancé unos 10 minutos de felicidad, y luego se fue. Más tarde alcancé 30 minutos de felicidad, y se fue. Un año después, algo cambió y conseguí igualar la cantidad de minutos oscuros a la de minutos de luz. Fue el mejor año de mi vida. El mejor. No he vivido nada igual. Por muchos hijos que tenga, no habrá nada comparable con pasar de la depresión a la felicidad. Aquel año iba por ahí oliendo cosas: flores, insectos, piedras, la hierba, a la gente. Saboreaba cosas. Abracé a mis hijos más que nunca. Pero de eso hace siete años, como he dicho. Todo tuvo que ver con mi mentalidad errónea y me sumí en una depresión, lo que acabaría convirtiéndose en mi último libro: «Las seis hormonas que van a revolucionar tu vida», traducido ya a 32 idiomas y que también está en español. Me alegro mucho de que estéis aquí. Me alegra que os preocupéis por las cosas que importan en la vida, como he dicho antes. Gracias por venir. Por favor, compartid este conocimiento con todo el mundo. Porque la vida vale la pena. Y ese es un resumen de quién soy. Por favor, disparad todas las preguntas que tengáis.
"Las historias en las que creéis se convierten en vuestra realidad"
El mayor error de contenido que se comete en presentaciones, en una cita o hablando en público es hablar de lo que nos interesa a nosotros. Ese es el problema. Si quieres captar la atención, habla de lo que quiere escuchar el otro. Para las presentaciones, deberías preguntarte en todas las hojas del PowerPoint: «¿Por qué le interesa a la gente a la que hablo?». Si no sabes la respuesta, deshecha esa diapositiva. Si tienes una cita que dura dos horas y te la pasas hablando de lo que te interesa a ti, no durará mucho más. La relación no seguirá. Debe haber un equilibrio. Ambas partes deben mostrar interés. ¿Por qué debes sentir interés? Porque, en cuanto lo haces, aumenta la dopamina. Y la dopamina nos deja sedientos de más. «Dame más». Para que nos entendamos: si estáis en clase, en una reunión o en el trabajo viendo una presentación penosa, el ponente no está generando dopamina en su público. No es lo bastante relevante. Eso es el contenido. Yo lo llamo «ser instintivamente interesante». Ya tenéis la mentalidad , la testosterona, como en el ejemplo de antes, el contenido, preguntarse por qué interesa al otro. La tercera son las habilidades comunicativas. Ya os he dado dos, ¿verdad? Ladear la cabeza y asentir para mostrar interés y empatía. Muy bien. Imaginaos la tabla periódica. Ese es el aspecto de las 110 habilidades de la excelencia. Así es mi charla de TEDx. Son 110 habilidades. Ya tenéis dos, os daré otra. La 45. Esa es buena. Es una de las mejores de entre las 110. ¿Vale? Ahora veréis: si habláis y dejáis las manos así, no creáis ningún vínculo. No despertáis pasión. No despertáis interés. Pero si os animáis a usar las manos para hablar y decir: «Estas son la primera, la segunda y la tercera parte», todo cobra vida. La habilidad 45, a los españoles se os da bien: hablar con las manos. Decir que algo es mejor o peor: «Quiero enfatizar esto», «Hablaremos de cinco cosas. La primera… La segunda… La tercera… La cuarta… Y finalmente… la quinta». Puede aumentar, pero también puede mermar. Me gusta tu bufanda. Me gusta tu blusa, bonito color. Me gusta tu conjunto, bonito color. Estoy haciendo gestos. Interactúo con la gente.
Así que la pregunta es: «¿Es tan poderoso? ¿Por qué es la mejor habilidad de las 110?». Os explico. No sé cómo quedará esto traducido, pero voy a decir una cosa y a mostrar otra. Pensad con qué conecta vuestro cerebro. Porque algunos dicen que el lenguaje corporal es importante. Otros, que no. Otros, que es lo más importante. Otros, que es igual que las palabras. Fijaos en esto. Todos deberíais aprender sobre comunicación. Si aprendéis sobre comunicación, lo haréis mejor. La gente os escuchará encantada. Escucharán vuestras palabras, mirarán vuestros PowerPoints, a vosotros. Les encantará todo lo que digáis. Por favor, aprended más sobre estas habilidades, seréis impresionantes. Por favor, aprended habilidades comunicativas. Os lo digo a vosotros porque sois lo más. Decidme: ¿qué os ha calado más? Todo lo que he dicho era positivo. Todas mis expresiones faciales eran positivas, pero mis manos decían lo contrario. Yo creo que han ganado las manos. Cuando la gente se comunica en presentaciones, como he dicho, en citas, en reuniones… no hace muchos gestos funcionales, la habilidad 45. Pero, como he dicho, a los latinos esto se os da muy bien. Usáis gestos funcionales. Yo soy de Suecia, nosotros no. Sí, somos así. Sin embargo, en España, y diría que en Francia e Italia, tendéis más a lo que llamo «centrifugar». ¿Qué es centrifugar? La gente que hace esto cuando habla: «Luego iremos calle abajo, y cuando lleguemos giraremos a la derecha. Y cuando giremos a la derecha pasaremos ante un bus». Y siguen así. Esto es irritante. Solo crea ruido. ¿Os gustaría que me quedara así toda la presentación? ¿Sí? No. Es horrible. Así que fijaos en cómo os comunicáis. ¿Sois lavadoras? ¿Sois una lavadora? ¿O usáis las manos para añadir, restar o enfatizar el valor? Por eso es tan potente la habilidad 45. Quiero daros un par de habilidades más, porque esto me encanta. Hagamos juntos un ejercicio. Cuando la gente hace gestos funcionales, suele ser demasiado tímida, torpe o rápida. ¿A veces no os gustaría ser más seguros? Usando los gestos de forma correcta, os sentiréis más seguros. Intentémoslo juntos. Poned la mano así. Quiero que digáis: «Enero, febrero, marzo, abril». Vuestro gesto es tímido, torpe y un poco rápido, así que empezaremos por volverlo más claro. «Enero, febrero, marzo, abril». Sigue siendo tímido, vamos a buscar seguridad ganando espacio. Empecemos desde aquí:
«Enero, febrero, marzo, abril». La gente segura suele ir lenta. No se acelera. Pero, si os ponéis nerviosos en una cita, una entrevista de trabajo o una presentación, os aceleráis. Así que vamos a hacerlo lentamente. «Enero, febrero… ». No. Lo repito. «Enero…». Más lento. «Febrero, marzo, abril». Cuando vas más lento, controlas la narrativa. Si ves a cualquier hombre o mujer con esa seguridad en una serie o una película, como la Mujer o el Hombre Maravilla, James Bond… todos hablan y se mueven despacio. Denota que estoy aquí y que tengo el control. Así que, cuando tengáis una presentación, una entrevista de trabajo o lo que sea, moveos lentamente, con gestos amplios y claros. ¿Vale? Una habilidad más: la número 25. Esa es buena. La 25 puede cambiaros la vida. Cuando la gente usa la 25, parece insegura, quizás hasta poco fiable. ¿Cuál es la habilidad 25? La duda. En vez de una pausa, hacemos: «Eh…». ¿No? Lo más interesante es que si yo tuviera que pasarme una semana escuchándoos, ¿sabéis cuándo haríais más dubitaciones? ¿Cuándo hacéis el mayor número de vacilaciones? Cuando estáis nerviosos, preocupados, asustados, estresados, cuando os quedáis en blanco, cuando pensáis y cuando mentís. Hay siete razones negativas para estar dubitativos y solo una positiva. La gente que os escucha no sabe por qué dudáis. ¿Os habréis perdido o estaréis mintiendo? ¿Estaréis pensando o inventándooslo? Retirar las dubitaciones nos vuelve más seguros, y eso se nota. Digáis lo que digáis, la gente os creerá.
Tendréis el control. Os pongo un ejemplo. Primero lo diré sin pausas. Es una pregunta retórica. A ver qué tal: «¿Sabíais que todas las decisiones que habéis tomado en la vida y que tomaréis el resto de vuestra vida se basan en una sola cosa, las emociones?». Sin pausas, sin dubitaciones. Añadamos pausas. Sonaría así: «¿Sabíais que todas las decisiones que habéis tomado en la vida y que tomaréis el resto de vuestra vida se basan en una sola cosa… las emociones?». Si hacéis eso con vuestro público, hará lo que vosotros queráis. ¿Es distinto? Por supuesto. Queda mucho más claro, ¿verdad? Pero la gente que hace vacilaciones suena así: «¿Sabíais que todas las decisiones que habéis tomado en la vida… y que tomaréis el resto de vuestra vida…?». Cuando hablamos dubitativamente… no mostramos tanto poder ni seguridad. Así que todos los que me estáis escuchando, por favor, eliminad las dubitaciones. No sois ovejas. Para resumírselo a mi amiga: ¿cómo puedo ser mejor comunicador? Mentalidad: la testosterona es solo una forma más, pero es importante. Contenido: centrarse en lo que es interesante para el otro. Y habilidades comunicativas. Usar los gestos funcionales correctamente, eliminar dubitaciones y reemplazarlas por pausas.
Y vuestros ojos no paraban. Porque vuestros ojos se mueven para pensar. ¿Cómo dejamos de pensar? Dejando de mover los ojos. Cuando estéis angustiados, preocupados o nerviosos, buscad un punto fijo, miradlo fijamente y tendréis que dejar de pensar. Impediréis que vuestro cerebro os presente ideas raras. Calmaréis vuestra mente y reduciréis la ansiedad. Si lo hacéis durante uno o dos minutos, luego estaréis mucho más tranquilos. Cuando hice esto en TikTok, niños, jóvenes y adultos de todo el mundo me escribieron miles de comentarios, y todos decían: «Es la primera vez en la vida que mi cerebro para», «Es la primera vez en la vida que paro de pensar». No conocían este truco tan sencillo. Y me da mucha rabia que no aprendiéramos esto en clase. Si yo hubiera aprendido a ser mi propio líder en la escuela, no habría pasado por una depresión de 17 años. No habría perdido 17 años de vida. Porque todo empieza aquí. Todos los padecimientos. Así que diría que esto te ayudará con la ansiedad social. Estas dos cosas te ayudarán. Sí. Gracias.
“La única forma de ser feliz es escogerlo cada día”
Los conflictos con los amigos. Anotadlo. Los conflictos con los padres. Anotadlo. Los objetivos demasiado lejanos que os estresan. Anotadlo. La primera vez que lo hice puse 60 cosas. Y luego empecé a eliminarlas. Cuando hayáis eliminado el 20 %, de repente haréis esto. Podréis volver a respirar. Si lográis eliminar el 50 %, será como si flotarais. Si elimináis el 100 %, seréis felices de verdad porque la gente que no tiene 20 osos persiguiéndolos es feliz. El estrés es el culpable de las enfermedades, la ansiedad y las depresiones en nuestra sociedad. Algunos sois jóvenes. Cuanto antes empecéis, mejor. Ojalá yo hubiera estado ahí escuchándome a los 17 años. Tenéis una gran oportunidad. Sed los mejores en autoliderazgo. Haced mapeo de estrés y empezad a eliminar. Aunque no queráis borrar ese conflicto con vuestros padres, hacedlo. Aunque no queráis borrar ese conflicto con vuestro compañero, hacedlo. Porque es un oso que os sigue constantemente. Os está intoxicando. Perdonad por el dramatismo, pero es un tema subestimado por nuestra sociedad. Gracias por tu maravillosa pregunta.
Pero si lo haces la oxitocina sube. Cuando compartimos aspectos personales, como la historia de mi depresión, la oxitocina sube y conectamos. La oxitocina nos hace valorar. Nos hace humanos. Nos hace apreciar la vida. Escuchad este sencillo estudio. Pidieron a dos grupos que caminaran por el bosque. Cinco kilómetros. Cada vez que tenían que evaluar su progreso, un grupo recibía una instrucción un poco distinta, la siguiente: «Queremos que os paréis de vez en cuando, miréis algo y admiréis su belleza. Mirad un árbol y admirad su belleza. Mirad una hoja y admirad su belleza. Mirad un ave y admirad su belleza». Ambos grupos tenían que hacerse selfis. Escuchad esto: seis meses después, terminados los cinco kilómetros, el grupo que se detenía de vez en cuando para apreciar la belleza era bastante más feliz. Estaba más contento. Pero lo mejor del experimento fueron los selfis. El primer grupo solo había caminado los cinco kilómetros. Sus caras ocupaban todas las fotos. Pero el grupo que se había parado a apreciar la belleza de la naturaleza hacía cada vez menos selfis solo de ellos. Al final del estudio, salían en un rincón de la foto para mostrar el árbol de atrás.
Podemos manipular nuestros niveles de oxitocina y nuestra visión de la vida así de fácil. Observando la belleza. Para y hazlo. Eso es la oxitocina. Pasemos a las endorfinas. ¿Cómo podemos crear endorfinas? Fácil. Riendo. Riendo histéricamente. Reíos 30 segundos sin ningún motivo y aumentaréis vuestros niveles de endorfinas así. Esto parece sacado de «El doctor Jekyll y Mr. Hyde». Pero si estáis en una fiesta y pensáis: «No quiero estar con gente, no estoy muy social», marchaos al baño, cerrad la puerta, aseguraos de que está insonorizado, sentaos en la taza y reíos histéricamente un minuto. Al salir del baño habréis cambiado vuestra personalidad porque las endorfinas son sociales. Hacen que queramos estar con gente. En un minuto habéis logrado eso. Y otro ejemplo mejor: ¿recordáis aquel viernes sentados y riéndoos con cuatro amigos? ¿Os acordáis? Os reíais tanto que os caían las lágrimas. ¿Recordáis algún momento así? ¿Sí? ¿Que os saltaran las lágrimas de la risa? De repente no podéis respirar de la risa. Hacéis… Os escondéis bajo la mesa esperando no morir asfixiados. ¿Creéis que vuestras bromas están mejorando o empeorando? Vuestras bromas son horribles. Son lo peor porque estáis hasta arriba de endorfinas, muy similares a la morfina.
Tenéis un factor químico aquí que en un minuto hace que os vengáis tan arriba que los chistes malos os dan risa. Así que en vuestro cóctel de los ángeles podéis subir vuestra endorfina así. Ya os he hablado de la testosterona, vamos a saltárnosla. Pero pasemos a la dopamina. No, dejémosla para el final porque es la mejor. Sí, pasemos a la serotonina. La serotonina es la hormona del humor. Viene de la luz del sol, de entrenar en el gimnasio o corriendo y puede venir de la comida. Si coméis bien, vais al gimnasio, entrenáis y os da el sol, tendréis buenos niveles de serotonina y mejoraréis vuestro humor. ¿Alguien ha estado en mi país, Suecia? ¿Y en Escandinavia? ¿Nadie? Venga ya, es preciosa. Tú has estado. Resulta que en invierno es de noche. Pasamos meses sin apenas luz solar. Hay una época en invierno en la que nunca sale el sol. La tasa de suicidios en Suecia es mucho más alta en esa época. La falta de luz del sol no les da serotonina, pero cuando llega la primavera la serotonina sube y los suicidios bajan. Y la gente se enamora. En Suecia, la época de enamorarse es la primavera. Todo es precioso. Todo es fantástico. Haced esas tres cosas para la serotonina. Y la última, la dopamina. Prestad atención, esto es importante. Muchos sois adictos a la dopamina. Eso significa… ¿Vosotros os tumbáis en el sofá viendo Netflix? ¿Sí? Recibís dopamina de Netflix. Pero, como no es suficiente, empezáis a picotear. Añadís otro nivel de dopamina. Pero no es suficiente, así que os bebéis un refresco viendo Netflix y añadís otro nivel de dopamina. Pero, como no es suficiente, miráis TikTok e Instagram a la vez mientras veis Netflix, mientras picoteáis, mientras os bebéis el refresco. Y puede que además con un amigo. Así que apiláis cinco niveles de dopamina y estáis genial. La dopamina es estar así. «Qué pasada». Si tenéis 17 años y vais a clase con este nivel de dopamina en la cabeza de tanto ver Netflix, TikTok y Snapchat, de picotear y los refrescos, y de repente la profesora dice que empieza la clase de historia y que hoy toca hablar del 1906…
Los pobres chavales, ahí sentados con 15, 16 o 17 años, piensan: «Dame dopamina. Necesito dopamina. Ahí fuera me estaba bañando en dopamina». Lo mismo con los adultos. Si sois adultos y estáis en casa tirados en el sofá con Netflix, el móvil, picoteando… y llega vuestra pareja y os dice: «¿Limpiamos el garaje?». Os quedáis así. Si vuestro cerebro va a mil y vuestra pareja quiere limpiar el garaje os quedáis… «No quiero». Si sois adictos a la dopamina, y seguís añadiendo cosas, es peligroso. Si tenéis un hijo pequeño que tira de vosotros diciendo: «Papi, mami, ¿jugamos a algo? ¿Hacemos un puzle?». Vuestro cerebro automáticamente dice… Os sentáis con vuestro hijo y jugáis cinco minutos, pero vuestro cerebro dice: «Necesito más dopamina, más dopamina que un puzle. Intento ser buen padre, quiero a mi hijo, pero necesito más dopamina». Literalmente una conducta adictiva. Cuando cogéis un libro y pasáis una página, dos, tres. «No puedo. Necesito más dopamina. La adicción a la dopamina de nuestra sociedad está destruyendo nuestra habilidad de hacer cosas de verdad. Estar con gente, estar con nuestros hijos. Aprender a tocar la guitarra. Aprender idiomas nuevos. Terminar un libro. «Hobbies». Pero como todo esto va así, nuestro cerebro no lo quiere. Nuestro cerebro quiere… Había dejado la dopamina para el final porque está matando a nuestra sociedad. Porque nuestro cerebro prefiere pasarse una, dos o tres horas al día mirando el móvil. ¿Cuánto es eso por 365 días? Son muchas horas. Muchísimas. Son 1.000 horas. ¿Cuánto creéis que se tarda en tocar bien la guitarra? ¿Se puede aprender a tocar bien la guitarra en un año? ¿En 1.000 horas? Sí, se puede. Pero elegimos no hacerlo para hacer eso.
La única forma de conseguir el código será llamar a vuestro amigo. Eso también ayuda. Ahí tenéis dos formas de controlar el uso del móvil en nuestra vida. Yo adoro los móviles. Lo uso mucho, es genial. No me gusta verlo como algo blanco o negro. Es fantástico. Llamar por FaceTime a mis hijos y usar aplicaciones es genial. El problema es el abuso. En resumen, el cóctel de los ángeles a diario. Crear más oxitocina parándonos a admirar las cosas. Crear oxitocina preocupándonos, mirando a los ojos, abrazando. Crear endorfinas sonriendo más. Riendo más. Ved más comedias. Ved más monólogos. Crear serotonina: tomar el sol, intentar hacer deporte a diario, comer bien. Y la cuarta: para la dopamina, reducid el uso del móvil, tened sueños y perseguidlos. Testosterona: creed en vosotros, concedeos victorias. Y cortisol: haced el mapeo de estrés. Ya tenéis el cóctel de los ángeles. Os aseguro que aumentará vuestro número de cócteles de los ángeles y no el de los cócteles del demonio. Pero los únicos capaces de dar el paso sois vosotros.
“Si hay una habilidad comunicativa que deberíais dominar es la de contar historias”
¿Qué probabilidad hay de que digáis: «Uno más, solo uno más»? ¿Verdad? Porque os dejan en vilo, y eso os hace pensar: «Dame más». Cualquier serie y cualquier película que os deje con ganas de más tiene dopamina. Hagamos un experimento. Voy a contaros una historia, pero de dos formas distintas. Dura 25 segundos. La primera versión no tiene dopamina. La segunda tiene dopamina. ¿Cómo lo hago? Juzgadlo vosotros mismos. Ahí va la primera versión: «El hombre se levantó por la mañana. Miró a su derecha, se puso las zapatillas y caminó hasta la puerta, que estaba abierta. Vio pisadas de agua en el suelo, cruzó el pasillo y salió al balcón. Se acercó a la barandilla y se asomó a la piscina. Fin». Es una historia, pero no contiene dopamina. Añadamos dopamina. Ahora veréis: «Lo que no os he dicho es que es una historia real. Le ocurrió a un amigo mío. Una mañana se levantó, miró a su derecha y vio que la cama estaba vacía. ¿Dónde estaba su hijo? El pulso se le aceleró. Se puso las zapatillas y corrió hacia la puerta. Estaba abierta.
Él la había cerrado. Salió al pasillo y gritó para sus adentros cuando vio las pisadas mojadas que iban del baño hacia la piscina. Corrió por el pasillo como nadie lo ha hecho nunca. Gritando por dentro. Salió al balcón, se acercó a la barandilla, se asomó a la piscina… “Y entonces me llamó desde el hospital”, me dijo». Fin. La segunda versión es la misma historia, pero queréis oír el final. A diferencia de la primera. ¿A que es fascinante? En el «storytelling» la clave es generar dopamina. Y eso se hace, recordadlo cuando os vayáis, dejando incógnitas. Así se hace. Ahora mismo tenéis muchas incógnitas. ¿Por qué se le aceleró el pulso? ¿Quién estaba en la piscina? ¿Qué edad tenía el hijo? ¿Por qué llamó desde el hospital? ¿Qué había pasado? Tenéis muchas incógnitas que vuestro cerebro quiere responder. Eso es el «storytelling», crear esa sensación de: «Dame más». Y esa es la ciencia del «storytelling». La dopamina es un neurotransmisor que podemos crear en los demás generando intriga. ¿No es genial? Y podría seguir con este ejemplo añadiendo oxitocina, serotonina… puedo añadir otras sustancias en mi historia puliéndola, cambiándola. Y eso es lo bonito del «storytelling», porque es la vida. Si hay una habilidad comunicativa que deberíais dominar es la de contar historias. Después de cenar, contad una historia.
Si se os da bien, os escuchará todo el mundo. Si sois profesores y contáis bien una historia, la clase se quedará en silencio. Si sois los encargados de una gran empresa, e intentáis motivar a los empleados con una buena historia, triunfaréis. No hay nada mejor que el «storytelling», porque es como vemos el mundo. Creo que es importante no fustigarse. Fustigarnos por no estar en nuestro mejor momento con nuestro alrededor. Es importante recordar que nunca, en toda la historia, lo ha tenido tan difícil el cerebro. Nunca, en toda la historia, ha sido tan difícil vivir para el cerebro. Nuestros ancestros hace 5.000 años lo tenían fácil. Hace 10.000, más fácil aún. Hace 20.000, pan comido. ¿Lo vuestro? Lo más duro de toda la evolución. ¿Por qué? Porque os bombardean con estímulos constantemente. Os persiguen osos a todas horas. Cuando vais a hacer la compra, el 70 % de la comida no es saludable. No coméis bien. No podemos acostarnos a nuestra hora por la luz artificial. Los ritmos circadianos se nos desregulan. Entramos en apps de ligar y cuando la gente nos ignora es como una puñalada. El cerebro humano nunca lo había tenido tan difícil. No os fustiguéis si no estáis al 100 % todos los días. Pero, dicho esto, es vuestro derecho y vuestro deber aprovechar al máximo. Si aprendéis a controlar estas substancias, aprenderéis a ser felices en este mundo, porque nuestro mundo es maravilloso. Tenemos coches increíbles, aviones que nos llevan donde nuestros ancestros solo podían soñar, podemos aprender lo que sea, podemos ser lo que sea. Nuestro mundo es mejor que nunca. Pero es más difícil para nuestro cerebro, depende de vosotros aprender a sobrellevarlo. La clave es el autoliderazgo. Dominadlo. A mí me salvó. Gracias.