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La importancia de escuchar: “Yo creo en ti”

Fernando Romay

La importancia de escuchar: “Yo creo en ti”

Fernando Romay

Exjugador de baloncesto


Creando oportunidades

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Pocas personas desprenden tanta simpatía y “buenrollismo” como el exjugador de baloncesto Fernando Romay. Pero, de joven, no lo tuvo nada fácil: con 14 años medía dos metros, no cabía en el pupitre del colegio y usaba ropa “de señor mayor”. En su Coruña natal, era un gigante con mente de niño al que todos señalaban. Hasta que un compañero le animó a jugar al baloncesto: “Yo era torpe y descoordinado, pero muy, muy alto”, explica. Años después, el Real Madrid le fichó para su equipo juvenil. Allí le hicieron ver que sus diferencias, en realidad, eran virtudes: “Me dijeron que me necesitaban, que mi morfología podía ser útil al equipo”. Para Romay, esto supuso encontrar su sitio. Desde entonces, este “gigante” entrañable anima a las personas a entender el valor de la diferencia: “Siempre hay algún lugar en el que puedes sentir que encajas”, concluye.

Fernando Romay jugó en el equipo de baloncesto del Real Madrid desde 1976 hasta 1993. Participó en los Juegos Olímpicos de Moscú (1980) y Los Ángeles (1984), y es famoso por ser el único español que ha puesto un tapón a Michael Jordan. En los años 80, formó parte de una importante campaña contra las drogas dirigida a la juventud. En la actualidad trabaja con la Federación Española de Baloncesto para difundir y promocionar los valores del deporte.


Transcripción

00:55
Fernando Romay. ¡Señoras y señores, con el número seis, Fernando Romay! Muchas gracias por estos aplausos tan sentidos. No, de verdad, muchísimas gracias. Eso: con el seis, Fernando Romay. Eso ha sido toda mi vida. He sido jugador de baloncesto desde los trece años, cuando empecé en mi Coruña natal a ser jugador, y ahora ya soy exjugador de baloncesto. He tenido la suerte de vivir muchísimas experiencias y, sobre todo, la más importante es el saber aprovechar las diferencias que tenemos con el resto, ¿no? Estamos en un mundo, que no se me cabree mi paisano Amancio Ortega, pero estamos un poco en el mundo de Zara. Vestimos todos más o menos igual, o queremos parecernos o nos parecemos o queremos ser… Y, en realidad, por lo que se nos valora es por las diferencias. Lo que nos hace geniales es lo distintos que somos de los que tenemos al lado. Y bueno, es un poco lo que intento predicar, amén de otra cosa importantísima, que es el “buenrollismo”. Soy un apasionado del “buenrollismo”, hay que hacer que todo el mundo se vaya de nuestro lado con una sonrisa en la boca. Eso es fundamental y por eso hay que romper un poco los estereotipos, hay que hacer entradas un poco distintas, hay que estar…

01:55

Pero bueno, yo no he venido aquí a hablar de mi vida, que sí. La verdad es que sois… ¡Qué atentos! Nadie me ha hecho… Os parecéis a mis cuñadas cuando hablo, que intentan buscar un defecto. No, hombre, no. Qué bien. Venga, ¿tenéis alguna pregunta o algo, amén de una sonrisa maravillosa?

02:18
Alejandra. Hola, Fernando.

02:19
Fernando Romay. Hola, ¿qué tal?

02:20
Alejandra. Me llamo Alejandra y me gustaría preguntarte cómo fueron tus inicios en el baloncesto.

02:27
Fernando Romay. Yo no estaba predestinado para jugar a baloncesto. Es más, el baloncesto llegó a mi vida de una forma totalmente curiosa. Llegó un chaval al colegio donde estaba yo estudiando, que también era alto pero no tan alto como yo, y me dijo: “¿Tú por qué no juegas a baloncesto?”. Yo soy gallego, soy de La Coruña, y si algo tenemos en Galicia es que contestamos con otra pregunta. “¿Por qué tenía que jugar a baloncesto? ¿Por qué sería bueno el baloncesto? ¿Y por qué sería bueno?”. Yo siempre, haciéndole preguntas para alargar la toma de decisión. Y al final dije: “Pues venga, pues voy a empezar”. Empecé a entrenar y yo no sabía verdaderamente mi potencial o el potencial que podía tener en el mundo del baloncesto. Pero enseguida me di cuenta de una cosa. No en seguida, al poco tiempo. Fue de que allí pegaba, mientras que en el resto de mi vida no pegaba porque era un chaval, estamos hablando de cuando vine yo a Madrid, de catorce años, con dos metros, y en aquella época y en La Coruña de aquella época, era cuando menos inusual. Entonces me di cuenta de que en el mundo del baloncesto todos los problemas que tenía fuera, de la vida, se transformaban en ventajas. Y dije: “Pues este es mi sitio”. Me sentí rápidamente como muy a gusto. Y cuando vine a probar aquí a Madrid, igual. O sea, vine a probar sin tener ni idea, simplemente porque era muy alto.

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El Madrid tenía dos equipos nada más. Uno juvenil y otro, junior. Es decir, veinticuatro jugadores para hacer cantera. Y tomar el riesgo de coger a un chaval que no tenía ni idea, porque yo empecé la prueba… Imagínate, vienen los mejores de España a probar aquí, los meten en una cancha a jugar y meten a uno muy alto, muy alto, muy alto, totalmente descoordinado. No, no, sí, o sea… Para andar y mascar chicle paraba, mascaba chicle, andaba, paraba, mascaba… Era imposible de hacer. Incluso ahora también a veces me pasa eso. Pero bueno, uno completamente descoordinado y no… Imposible, no atinaba. Entonces a los cinco minutos me quitan del partido que estaban jugando y dije: “¿Qué tal lo he hecho?”. Y dice: “Ah, fatal. Tira en esa canasta tú solo”. Me pongo a tirar yo solo y a los cinco minutos me quita. “¿Cómo va?”. “Fatal”. Y al final, había un preparador físico, Eduardo Pedraza, que me dice: “Venga, vamos a hacer pruebas”. Entonces empezamos a hacer ejercicios de saltos, multisalto, segundos de triple… Y al final acabé haciendo la prueba de andar con los ojos cerrados por una raya y oía que decía por detrás: “Si no se separa mucho, no tiene mucho daño neurológico y podemos hacer algo con él”. No me debí de separar tanto como creía porque me quedé en el Madrid y ahí me dijeron una frase que yo creo que todos deberíamos oír en algún momento. Suben el entrenador de juveniles y el de junior, Tomás González y Rafa Peiró, y se ponen a hablar con los entrenadores jefes, que eran Ferrándiz y Lolo Sainz.

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Y los dos entrenadores de la cantera hacían gestos como… Y los que tenían que tomar la decisión solo hacían un gesto, que era… Y yo estaba abajo mirando todo esto, imagínate, como diez gradas para arriba. No oía lo que decían, solo veía los gestos. Yo decía: “Me voy a mi casa tranquilamente. Has estado en Madrid, aquí, tal, como Pepe Isbert, en la Plaza Mayor, buscando a Chencho, ¿dónde estás, Chencho? Pues algo así. Y has tenido una experiencia fantástica, que es estar con el Real Madrid”. Y cuando llegaron me dijeron una frase, yo creo que de las más importantes de mi vida. Me dice Tomás: “Te quedas en el equipo, chaval, porque yo creo en ti”. Incluso con catorce años y siendo un descerebrado como yo, que te digan “yo creo en ti” es algo que marca mucho. Y, a partir de ahí, era tal la sensación, por una parte… A ver, ¿cómo te lo explico? De alegría porque me quedaba y tal, pero a su vez de responsabilidad por no romper la creencia de ese señor que me estaba dando esa oportunidad. Soy de los que piensan que siempre tienes que encontrar a alguien que crea en ti y a la vez deberías creer tú en gente. Yo creo que la creencia de unos en otros es fundamental. Hay muchas frases que no decimos muy a menudo. No decimos muy a menudo “gracias”, no decimos muy a menudo “por favor”, no decimos muy a menudo “te quiero” y no decimos muy a menudo “creo en ti”. Y hay que decir más “creo en ti”. ¿A ti te han dicho “creo en ti”?

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Alejandra. Sí.

08:08
Fernando Romay. ¿Sí?

08:10
Alejandra. Mis padres, por ejemplo.

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Fernando Romay. Bien, vale. Pues busca gente que crea en ti y serás sumamente feliz y no se te borrará esa sonrisa maravillosa nunca, de verdad.

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Adriana. Hola, Fernando.

08:25
Fernando Romay. Hola, ¿qué tal?

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Adriana. Me llamo Adriana. Quisiera que nos contaras un poquito qué te ha aportado el deporte a tu vida y qué valores destacas del mismo.

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Fernando Romay. Los valores que tiene el deporte son muchísimos y muy variados. Y, además, cuando estás haciendo deporte estás en un grado de estrés supremo por la fatiga física, por la tensión del resultado, por lo que te juegas en los partidos, por la emoción que le pones, por la ilusión que has tenido… Sale de ti lo mejor y lo peor. Muy difícil en una cancha de baloncesto, disimular. Y valores, en primer lugar, el compañerismo. Yo vengo a Madrid, cuando aquello de “creo en ti”, y me pongo a vivir en una pensión en la Ciudad Universitaria de Madrid con catorce años. Estamos en el año setenta y algo. Es decir, dejar a mis padres… Era un chaval al que, además, por mi condición física, protegían muy mucho porque cuando eres distinto, sobre todo cuando eres distinto en la edad temprana, no es que provoque rechazo, no es rechazo, pero hay como temor a… “No es como nosotros. No sé si es mejor o peor, pero por si acaso lo apartamos”. Ante ese rechazo yo lo que encontré siempre fue un amor en mi familia tremendo, un estado de felicidad de mi madre, una protección… Yo notaba muchísimo cariño, con lo cual era un tío muy pegado a la familia, y cuando vine a Madrid, de repente vine yo solo. Me dijeron: “Estos autobuses para ir entrenar, estos para ir al colegio. Este es tu horario. A vivir”.

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Entonces, ahí lo que encontré fue como una familia. Una familia que me acogió, que suplió a la familia, que me tuteló, que me enseñaba, que hacía… Yo soy de los que dicen, o de los que piensan, que soy lo que soy gracias a toda la gente que he tenido alrededor que me ha aportado cosas, cosas muy buenas. Y esa familia es la que encontré yo dentro del baloncesto. Esa yo creo que es la primera cosa que te tiene que aportar, dentro de los valores que tiene que aportar el baloncesto. El sentimiento de pertenencia a un equipo, la ilusión que tienes que poner para conseguir las cosas. Después, hablando del mundo moderno, del mundo más ‘millennial’, más… Yo creo que hay dos valores que tiene el deporte, que tiene el baloncesto en este caso, que son fundamentales. Uno es: lo verdaderamente bueno para ti, no es inmediato, y a veces le damos poca importancia a lo básico y lo básico es lo que nos llena de verdad. Y para conseguir lo básico, lo de botar con la izquierda, aprender a manejar, salvo que seas zurdo, con la otra mano… Eso requiere mucho trabajo y es lo que te va a llevar el día de mañana a ser un buen jugador, lo que te va a diferenciar. Esas cosas básicas. Pues la vida viene a ser lo mismo. De eso también se debe aprender. Y, sobre todo, la capacidad de ilusionarnos. Estamos en un mundo en el que perdemos la ilusión muy fácilmente. Tenemos mucho postureo y poca ilusión verdadera.

12:17

De hecho, hay una película que dice una frase que más o menos dice que la gente se cree que vive cuando respira, pero en realidad vives cuando algo te emociona tanto que dejas de respirar. Y es verdad. El baloncesto, aparte de por la asfixia, que yo me asfixiaba enseguida, dejas de respirar en muchísimos momentos porque estás viviendo una emoción tremenda y hay que dejar de respirar más. Que las cosas te llenen.

12:50
Nacho. Hola, Fernando, soy Nacho y me gustaría preguntarte cuál es el valor que le das tú al juego en equipo y si tienes alguna anécdota relacionada con el compañerismo que puedas contarnos.

13:00
Fernando Romay. Hasta los deportes más solitarios, podríamos decir, más individuales, ves que al final tienen un equipo por detrás. Tú ves a Nadal y lo primero que hace cuando gana un torneo es felicitar a su equipo y ves que hay seis, siete, ocho personas, que son su núcleo duro, que son los que están siempre con él. Lo decía Michael Jordan, ¿no? Si quieres llegar rápido, vete tú solo, pero si quieres llegar lejos, vete con un equipo. Él siempre intentó hacer un equipo. Es lo que tienes que hacer: tener equipo. A ver, el equipo no debe ser de todos iguales, el equipo debe ser casi como distintas piezas, como un puzle. Distintas piezas de distinto tamaño, de distinta forma, pero que encajadas perfectamente, cada una cumpliendo su rol, hacen una figura maravillosa. Pues eso es el equipo. Intentar hacer un equipo en que todos sean iguales o todos se parezcan, mal rollo. Y de ahí viene lo de la diferencia. Yo entré a formar parte de un equipo. Me sentía a gusto en ese equipo, con esa diferencia que aportaba yo al equipo. Me hicieron saber que me necesitaban para poder luchar contra otros tíos altos de otros equipos, no sé qué… Y que yo tenía esas cualidades que nadie de ellos tenía y que me necesitaban dentro del equipo. Y a partir de ahí te integras dentro del equipo y es maravilloso. Yo no concibo la vida sin tener gente a mi alrededor que me aporte, que me diga, que me complemente.

14:52

Y ahora mismo ya los equipos ya son ya no solo de los que están a tu lado. Ahora mismo, si estás trabajando puedes tener un equipo plurinacional, no sé, o sea, con las redes sociales, con el 5G, puedes estar trabajando en directo con muchísimas personas, haciendo muchas cosas, con lo cual tenemos muchas más razones para unirnos a los demás, pero siempre aportando eso: aportando la diferencia, lo que te hace distinto. Yo tengo algo que tengo que poner ahí, lo pongo y estoy dispuesto a lo que sea por el equipo, a lo que sea. Y además para que un equipo sea equipo de verdad hay un momento claro y es cuando tienes algo que te atemoriza de verdad y lejos de guardártelo para ti para no demostrar debilidad, lo pones en el equipo y el equipo te ayuda. A partir de ahí te sientes mucho más reconfortado en el equipo y ya está. En momentos de un partido, la gente te… Estás pasando un momento crítico y de repente dices: “Oye, ¿qué hago yo para poder hacer esto?”. Y alguien va y te da una solución. A lo mejor es el más veterano, que no juega ya porque es muy veterano, a lo mejor es un entrenador, a lo mejor es un compañero. “Pues mira, ¿por qué no haces esto?”. Entonces dices: “Hostia, cómo mola tener un equipo”. Y a partir de ahí como que se va uniendo cada vez más y se va volviendo más indisoluble la unión. Es importante, con lo cual para hacer un equipo lo primero que tenéis que hacer es hablar a calzón quitado, exponer miedos, exponer todo y saber tener la confianza suficiente como…

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No de “jiji, jaja” y hacemos comidas y nos vamos por ahí. No, no, no, en los momentos de verdad cuando estás verdaderamente fastidiado, exponer eso al equipo para que te ayude. Eso es un momento sublime del equipo, eso es fundamental también.

17:10
Paula. Hola, Fernando, yo soy Paula. ¿Qué le dirías a un joven ahora que se siente diferente y que a veces se siente rechazado por eso? ¿Qué le dirías desde tu experiencia?

17:19
Fernando Romay. Que busque su sitio. Que busque su sitio. Tiene que haber un sitio donde esa diferencia, eso que le hace distinto, tiene que encontrarse. Y ahora mismo es muchísimo más fácil que antes. Internet es algo más que las redes sociales para hacer postureo y para hacerte fotos, así con morritos y cosas de estas. Y si ves que estás con cara de culo, te haces una foto de los pies, una puesta de sol y ya no se te ve la cara. Las redes sociales suponen muchísimo más y ese muchísimo más es la capacidad también de encontrar tu sitio, de encontrar tus afines y de encontrar eso donde tu pieza encaja perfectamente. Que no se deje avasallar por el entorno, que busque el reducto donde le quieran de verdad y a partir de ahí busque y encuentre el sitio y amplíe ese círculo de gente que le va a aportar, en vez de gente que le va a restar. Yo con catorce años vine a Madrid y no había aprobado la gimnasia en ningún curso del bachillerato. ¿Por qué? Porque me mandaban cosas muy raras: saltar el potro interior, dar vueltas en un plinto, subir una cuerda… Joder, no, no, no. Y, en cambio, llegué al baloncesto y me dijeron: “No, tío, con tu morfología tú puedes poner tapones, tú eres grande, tú puedes tapar, tú puedes…”. O sea, es eso de que si le dices a alguien lo que debe hacer, hará lo que debe hacer. Bien o mal, pero lo hará y se acabó.

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Si le dices a alguien que haga lo que puede hacer, hará lo que puede hacer y será mucho más feliz y lo hará muchísimo mejor, con lo cual hay que buscar el sitio donde verdaderamente te sientas bien, te sientas feliz y te sientas a gusto. Y yo en el baloncesto lo he encontrado. Pasé de ser mirado a ser admirado. Pasé de ser comentado a ser elogiado. Esto me lo dijo un compañero que tenía en la Ciudad Universitaria, en la pensión. Había uno mayor que yo que jugaba en las siguientes categorías: en los juniors del Madrid, un vasco de dos metros pelaos que era como un dado. Lo tiraras como lo tiraras, abultaba lo mismo. Era dos metros por dos metros, por dos metros, con unas manos… De verdad. Y me dijo: “Fernando, más vale que triunfes porque tienes todos los condicionantes para triunfar. Y si no triunfas por tu culpa, te doy una hostia que haces noche en el aire”. Oye, que lo he entendido, que me quedó eso clarito, clarito. O sea, de verdad, es de esas frases que te quedan y que dices… Parece mentira, por muy obtuso que seas, lo has pillado. Y además hizo así con la mano que dije: “Como me dé, de verdad, hago noche en el aire”. Y a partir de ahí, entre el “creo en ti” y el “haces noche en el aire”, oye, como para escatimar esfuerzos. No jodas. Ahí estaba yo, dándolo todo. Pero es eso, hay que…

21:05

Tienes que encontrar tu sitio, tienes que encontrarlo y saber dónde estás. Gente que te aporte a tu alrededor y que pases de ser mirado a ser admirado.

21:18
Juan Carlos. Hola, Fernando.

21:19
Fernando Romay. ¿Qué tal? ¿Cómo estás?

21:20
Juan Carlos. Muy bien. Habías hablado de frases sabias de un compañero y de Michael Jordan, pero por una de las cosas que pasarás a la historia es por ponerle un tapón a Michael Jordan en unas olimpiadas. Así que ¿nos podrías contar un poco aquel momento y qué sentiste?

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Fernando Romay. Nada. No sentí nada. Si tú dices la frase “Romay le puso un tapón a Michael Jordan”, lo único importante de la frase es “Michael Jordan”. “Romay le puso un tapón”, no. Fueron unas circunstancias de partido. Sí, le puse algún tapón, pero era lo que tenía que hacer. Es más, yo no sabía que le había puesto un tapón a Jordan y fue a raíz de la primera retirada de Jordan cuando un periodista, creo que fue Manolo Lama, creo, dijo: “Oye, hemos estado viendo el partido y le pusiste un tapón a Jordan. ¿Qué sientes?”. Digo: “La primera noticia que tengo de que le puse un tapón a Jordan”. No tenía ni idea. A partir de ahí, claro, le pones un tapón, le has puesto un tapón a Jordan, nadie más le puso un tapón a Jordan, va Gasol a jugar a la NBA y estaba Jordan jugando en los Wizards. Voy a ver el partido, el primer partido que juega en Memphis, los Wizards contra Gasol, y resulta que Jordan se acababa de lesionar y ya no jugó otro partido, con lo cual quedo como único jugador que le puso un tapón a Jordan en España, pero nada más. A veces… Lo que hablábamos antes de la anécdota o del número hacemos una historia, que está muy bien, o sea, que me mola, que le puse un tapón a Jordan. Pues claro que le puse un tapón a Jordan. ¿Alguien habla de las que me metió Jordan?

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De que en la siguiente jugada metió una que salta y cuando está en el aire dije: “Te vas a cagar, que ya en el aire no puedes hacer nada, te va a caer otro tapón”, y no sé cómo hizo y tiró detrás de mí. O sea, mientras yo hice “ping”, él se quedó en el aire todo el tiempo y dije: “Este tío es sobrenatural” y, efectivamente, es sobrenatural. Por eso lo del tapón a Jordan es… A veces… Hombre, la anécdota está muy bien para… Mola, para poner una medallita está muy bien, pero no es más que una medallita. Y en nuestra vida vamos a tener ocasión de ponernos medallitas o de cuantificar. Somos muy dados a cuantificar o a decir: “En tu historia, en tu carrera deportiva, has tenido siete…”. No sé ni lo que he ganado, de verdad, no lo sé. No me importa lo que he ganado. Es mucho más lo que he tenido que pasar en cada campeonato para poder ganar. Y ahí sí ocurren vivencias y ocurren anécdotas, que es lo importante del camino. Anécdotas dentro de los juegos, en la convivencia que teníamos entre los atletas. Yo era, además, muy… A ver, yo soy muy cotilla. No sé si lo sabéis, pero yo soy muy cotilla. Entonces yo investigaba. Era la primera vez que iban las chicas de gimnasia… No de gimnasia, de natación sincronizada, perdón, a unos Juegos Olímpicos. Y yo decía: “Jo, ¿y cómo entrenan unas chicas de natación sincronizada?”. Claro, ¿las tiras al agua y a ver, hasta que lo hagan bien? No, ellas lo que hacen es el ballet con movimientos un poco ortopédicos.

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Porque además en el agua no puedes tener movimientos así como muy cadenciosos, sino que estás en un entorno que te ofrece resistencia, con lo cual si quieres llevarlo, tiene que ser todo muy marcado y muy pautado y con movimientos que en el agua quedan bien, pero fuera del agua queda un poco el Robocop, ¿no? El “cruzaíto”, pues el Robocop. Y yo me iba a verlas entrenar. Y ahí aprendí muchísimo de muchas cosas, de gente que no son deportistas de alto nivel, pero son deportistas de alta dedicación y entrenan como si fuesen de alto nivel y además se lo tienen que pagar ellos todo. Si entrenan cuando se van de la gente. ¿Cuánta gente hay que hace deporte así? ¿Y cuántos deportes hay que se hacen así? Cuando me metí en el fútbol americano pude ver eso. Cuando estuve en el ‘Mira quién baila’, los bailarines de salón hacen eso continuamente y además las clases les cuestan un montón. Y si viene un profesor que es maravilloso y tal, se tienen que dejar una pasta para estar tres días aprendiendo de él y todo eso. El camino, tío, el camino. Tienes que tener los ojos muy abiertos para ver todo lo que pasa a tu alrededor y estar continuamente recibiendo ‘input’. Y más ahora todavía, ¿no? Yo se lo digo a los chavales e incluso cuando vas a un equipo, vas a alguien, y le haces pregunta trampa, la pregunta garrafón: “A ver, ¿quién quiere ser el mejor jugador del equipo?”. Entonces levantan la mano. Claro, todos quieren ser el mejor. ¿Qué es lo que debes ser? Ser mejor. O sea, que cada equis tiempo te analices y digas: “Me siento mejor persona, mejor profesional, mejor padre”, no sé, mejor, simplemente mejor. Si eres mejor, nunca va a parar tu evolución. Ser el mejor es fácil: juega en otro equipo peor. No hay que cuantificar, hay que mejorar, hay que hacer camino. Hay que estar a tope.

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Teresa. Hola, me llamo Teresa.

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Fernando Romay. Hola, Teresa.

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Teresa. De todas las personas que has conocido dentro y fuera del deporte, ¿tus referentes quiénes son y por qué?

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Fernando Romay. Uf, son muchos, son muchos. Referentes particulares, podríamos decir los jugadores anteriores a mí, rivales de los cuales he aprendido mucho y gente fuera del baloncesto que me aportó, me aporta y espero que me aportará muchísimas cosas. Pero hay una persona… Permíteme ya que destaque a una persona. Por ejemplo, José Manuel Beirán. Él fue internacional, fue también parte del equipo de la medalla y de él aprendí muchísimo y lo primero que me enseñó fue la capacidad que tenía para buscarse las vueltas para ser mejor. Y me refiero a que José Beirán era probablemente el tiro más perfecto, junto con José María Margall, de la liga de baloncesto de esa época, ¿no? Entonces él tenía un jugador, Rick Barry, un jugador de la NBA, que tenía el tiro más perfecto en suspensión, con todos los parámetros colocando las manos, el codo, tal, no sé qué. Bueno, y ya como anécdota, casualmente tiraba los tiros a cuchara. Los tiros libres los tiraba a cuchara, teniendo el tiro más perfecto en suspensión, pero bueno, eso es otra historia. Y él tenía la habitación plagada de fotos y copiaba los movimientos que hacía. Los copiaba delante del espejo y luego los llevaba a cabo en la cancha.

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Y cuando ves a alguien así dices: “Ostras, es que no son necesarias muchas cosas”. Yo, por ejemplo, cuando llegué al Madrid no tenía zapatillas porque calzo un número extraordinario, mucho más que el ordinario, y no tenía zapatillas y estuve como cuatro o cinco meses sin zapatillas. Las enseñanzas de José fueron: “Aprovecha este momento en que no tienes zapatillas. Empieza a hacer condición física, que tampoco necesitas correr, sino hacer pesas. Coge fuerza, aprende a coger el balón, a botar…”. Todos esos entrenamientos que ahora se enseñan a los niños con ocho años yo los hice en dos meses, con catorce años, así, para poder… O sea que no es necesario tampoco el… Que, si quieres aprender, es mucho más la voluntad que los medios que tienes alrededor, y muchas veces en nuestra vida ordinaria… La vida, ¿eh? No tú. No fastidies, ¿no? La vida siempre. En nuestra vida ordinaria buscamos disculpas por no hacer las cosas, porque falta esto, falta lo otro, no se puede hacer porque… No, no, no. Aprovecha todo para mejorar, para ser mejor. No por ser el mejor, por ser mejor. Yo creo que eso es fundamental.

31:21
Rosa. Hola, Fernando.

31:22
Fernando Romay. Hola, ¿qué tal?

31:23
Rosa. Soy madre de un hijo y me gustaría preguntarte como padre, ¿qué tipo de valores has inculcado a tus hijos que quieres que dejen impronta en el mundo para hacer algo mejor?

31:38
Fernando Romay. A ver, yo lo primero que intento con mis hijos es, en primer lugar, que miren a su alrededor. Si les va bien, para seguir sintiéndose satisfechos de cómo están. Y después, para ver adónde quieren llegar. Tenemos que mirar mucho más a nuestro alrededor en vez de mirarnos solo el ombligo. Eso en primer lugar. En segundo lugar, que practiquen el “buenrollismo”, que intenten ser felices e irradiar esa felicidad a los que tienen al lado. Creo que es fundamental. Y tercero, respeto. Respeto continuo para todo. Y después un poco la premisa que me llevó a mí en el baloncesto y que me enseñaron mis padres. O sea: “Trabaja, tío. Trabaja, trabaja. No te des por satisfecho con nada. Curra, curra, curra y llegarás a ser más o menos lo que quieras. Cúrratelo, busca tu vida, no te quedes llorando”. Esto lo decía mucho Cristóbal Rodríguez. O sea, tan efímera es la gloria como la miseria. Entonces no te quedes mirándote el ombligo diciendo “cómo molo”, ni tampoco te quedes tapándote la cara diciendo “qué mal estoy”. No, no, no. Busca tu sitio, busca, intenta mejorar, intenta hacer. El mundo es vuestro. Podéis hacerlo maravilloso. Pero con toda la técnica que hay ahora, que no se os olvide lo humano. Haced felices a los que tenéis alrededor, buen rollo, buena educación. Eso es fundamental también. Eso es fundamental.

33:34

Yo creo que eso es lo que les enseñé a mis hijos. Y después que sean felices, que busquen su felicidad, que la felicidad está en una esquina. A lo mejor te das de golpes cinco veces, pero al sexto encuentras tu lugar y aprécialo también. Aprécialo.

33:54
Rosa. Gracias.

33:56
José Carlos. Hola, Fernando, soy José Carlos, un chaval de esos para los que eras un referente en los ochenta, por el deporte, por tu pasión por el deporte y también por la lucha contra las drogas, que entonces era un tema importante. ¿En qué proyectos estás ahora más dedicado, más sensibilizado?

34:16
Fernando Romay. Ah, yo estoy en la Federación Española de Baloncesto, además llevando los temas no competitivos, esos temas sociales. No llevando, ayudando a llevar, a promulgar esos valores que te da el deporte para llevarlo a los chavales, a los colegios y a su vez los campeonatos de categorías inferiores, campeonatos que se van a hacer desde que se están haciendo de 3×3 en la calle. La parte más lúdica y la parte menos competitiva de todo. La verdad es que me encanta. Me encanta porque me permite estar en contacto con la gente, en contacto con los chavales. En la Federación, además, hay dos campeonatos. Hay uno en Semana Santa, que me encanta, y otro en Navidades. No en Navidades, sino en la parte de Reyes, que me encanta también, que son de tres categorías: minibasket, infantil y cadete. Es por selecciones autonómicas. Entonces ves a los chavales llenos de ilusión. Es la primera vez que coquetean con la élite, que se sienten importantes porque están representando a su comunidad autónoma. Es tal derroche de pasión y de… Y eso es muy naíf. O sea, no hay trampa ni cartón. Los chavales van allí a darlo todo, lloran cuando pierden, se lo pasan bomba… Y a mí es que me encanta, me encanta, me encanta y es a lo que estoy dedicado. Y la verdad es que me hace amar muchísimo más al baloncesto. Que está muy bien ver a la selección masculina senior, a la selección femenina senior, por cómo juegan y por todo esto.

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Pero digamos que el germen de todos estos que han llegado arriba son estos campeonatos y entonces es ver a los chavales… Y luego ver a alguno ya que ha llegado a Primera División me parece maravilloso. Me parece maravilloso porque además conservan muchísimos de esos valores que se les inculcan. Mira, sin ir más lejos, la temporada anterior se hizo el campeonato en San Fernando, el campeonato de mini, y llegaron a la final Cataluña y Andalucía. Y entonces Cataluña estaba jugando de maravilla con una defensa, unos chavales… Y estaba ganando a Andalucía. El partido al principio estaba así. Al final se despegó en la segunda mitad y tal… Porque ahí se juegan seis sextos, podríamos decir. No cuartos, seis sextos. Y como al cuarto ya se despegó y a partir de ahí fue tomando ventaja, ventaja. Y cuando quedaba un minuto de partido pide el entrenador de Andalucía un tiempo muerto. Entonces el de Cataluña se quedó como “flasheado”, coge el tiempo muerto, llama a los jugadores y se ponen en el corrillo del tiempo muerto. Y entonces el entrenador de Andalucía había pedido tiempo muerto para que se colocase el quinteto que estaba en cancha más todos. Se colocaron en el campo y el cuerpo técnico les estaba aplaudiendo. No querían otra cosa más que reconocer el esfuerzo que habían hecho los chavales. El de Cataluña estaba dando órdenes y, no sé por qué, levanta la vista, ve lo que estaban haciendo los otros y dice: “Perdón, perdón, perdón”.

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Se echa para atrás, coloca a su equipo en fila y una vez que se acaba el tiempo muerto, los chavales de Cataluña dándole un aplauso a… Tú ves eso en un campo de baloncesto jugándose una final de un campeonato de España, de minibasket por selecciones, que los chavales habían entrenado con la pandemia, con todo, entrenando en sus casas, entrenando… Y cuando ves que hacen esto dices: “Joder, mola, mola”. Esto es lo que debe ser el baloncesto. Esto es lo que debe ser el deporte, lo que le debe aportar a estos chavales. Esto es una lección para ellos, y para todos los que estaban en el campo, tremenda. Y es lo que me hace congraciarme con el baloncesto mucho más que las finales o que los campeonatos de Europa y todo esto, que también, pero esto verdaderamente es lo que vale de verdad.

39:06
Javier. Hola, Fernando, me llamo Javier. Te veo que eres una persona maja y entrañable y te quería preguntar… para ti el sentido del humor, ¿qué importante es en tu vida?

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Fernando Romay. Todo, todo, todo, todo, todo. Con el sentido del humor puedes llegar a cualquier cosa, te vale para todo. Pero el sentido del humor… Yo soy de los que primero me río de mí mismo y luego me río con los demás. A ver, ¿tú me has visto? ¿Ves cómo soy? O sea, o me río, o me pego un tiro, no jodas. Entonces pues no, tampoco cuestión de sentirse… En esta vida hay que tomar… A ver, hay que tomar las cosas con seriedad y hay que saber reírse de todo también. Hablando de esto, lo que hablábamos de los campeonatos infantiles y tal, a los chavales muchísimas veces los ves que cogen poses de los mayores. Entonces cuando pierden un partido, si no lloran, parece que no han sentido suficiente la derrota. Entonces muchísimos… Muchos lo sienten y tal, y entonces yo los cojo, los abrazo, les intento decir: “Oye, es relativo, tío, no deja de ser un partido, es el primer campeonato que juegas. Ya verás. O sea, vas a llegar al vestuario, vas a estar llorando como una magdalena, un compañero tuyo se va a tirar un rasgado…”. ¿Ves? Y todo el mundo nos partimos de risa cuando alguien lanza un trino. Pues eso. Pues esto. “Y al final te vas a acabar riendo. Con lo cual no llores aquí, no merece la pena. Espérate a ver qué compañero se tira un pedete. Ya verás”. Y a partir de ahí ya se empieza a reír y ya se olvida un poco de todo. O sea, tienes que tomarte la vida con más humor, sabiendo la trascendencia que tiene. Luego lo que tienes que hacer es analizar y decir: “No me vuelven a ganar estos en el próximo campeonato, en el infantil voy a ir a por ellos y les voy a ganar porque voy a entrenar más que nadie”.

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Pues claro que debes hacerlo, pero en el momento tienes que relativizar un poco y ¿eso cómo lo haces? Siempre con sentido del humor, siempre con sentido del humor. Y además lo serio con una sonrisa entra más. O sea, si tú quieres dar una enseñanza, hazla con que la gente sonría. Como que te abre las orejas y te abre todo. Debemos sonreír más todos. Estamos en un mundo muy crispado, debemos sonreír muchísimo más. Sí, tú también. ¿Ves? Debemos hacerlo. Bueno, pues yo creo que ya hemos acabado, ¿no? Simplemente quiero deciros que muchísimas gracias. Muchísimas gracias por escucharme. Muchísimas gracias por vuestras preguntas. Espero que os haya valido para algo. Y espero que, a partir de ahora, cuando veáis un partido de baloncesto, de fútbol, de cualquier otra cosa, o cuando vayáis por la vida, os sintáis orgullosos de que sois diferentes y de que ser diferente mola y mola mucho. Así que un aplauso para vosotros.