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¿Estamos solos en el universo?

Christophe Galfard

¿Estamos solos en el universo?

Christophe Galfard

Físico


Creando oportunidades

Christophe Galfard

Christophe Galfard es físico teórico y divulgador científico, reconocido por su capacidad para explicar los grandes conceptos del universo de forma accesible y emocionante. Doctorado en la Universidad de Cambridge, trabajó junto a Stephen Hawking, una de las figuras más influyentes de la física contemporánea.

Su labor se centra en acercar la ciencia al gran público, transformando teorías complejas en relatos comprensibles que despiertan la curiosidad y el asombro. A través de sus libros y conferencias, busca que cualquier persona pueda entender cómo funciona el universo.

Convencido de que la ciencia es una herramienta para ampliar nuestra mirada, Galfard defiende que comprender el cosmos no solo nos da respuestas, sino que también nos ayuda a convivir mejor con la incertidumbre y lo desconocido.


Transcripción

00:00
Christophe Galfard. ¿Por qué nos dedicamos a la física? ¿Por qué estudiamos física? ¿Por qué obligamos a los niños a estudiar física en el colegio aunque no les guste? Dejadme explicaros por qué lo hacemos, por qué existe la física. La razón es bastante sencilla. Os voy a tirar este vaso, ¿vale? ¿Estáis listos? ¿Quién quiere que le tire el vaso? Preferís que se lo tire a la gente de ese lado, ¿no? Ya, ya… ¿Por aquí? Sí, por aquí. ¿Por qué nos reímos cuando hago esta broma? Porque todo el mundo sabe que, si os tiro el vaso, os vais a empapar. Lo sabemos porque todos tenemos la intuición, nos guste o no la física, de que os vais a empapar. Incluso podemos imaginar la trayectoria del vaso. Podemos verlo. Podemos predecir el futuro en nuestra mente. La razón por la que podemos hacerlo es porque todos sabemos intuitivamente que existen leyes ocultas en la naturaleza. La física, el concepto de la física y, en particular, el de la física teórica, consiste en descubrir esas leyes. Todo comenzó hace mucho tiempo, hace dos o tres mil años, y poco a poco hemos ido perfeccionando esas leyes. Y descubrimos, por increíble que parezca, que funcionan. Las cosas funcionan. Podemos construir cosas, podemos entender cosas. Podemos ver cosas que nadie ha visto antes que nosotros, gracias a la investigación y a estas leyes. Hay algo que nos gusta a todos, sea cual sea el país y la época en que hayamos nacido. Hay una cosa que le gusta a todo el mundo: las historias. A todos nos gustan las historias. Muchos de nuestros antepasados tenían historias sobre el universo, sobre cómo surgió, cómo evolucionó, o no, y cómo llegó a existir. Todos nuestros antepasados tenían relatos, tenían historias. Pero nosotros somos los primeros en tener razón. Tenemos la historia correcta. Soy el Dr. Christophe Galfard. Soy, por así decirlo, físico y escritor. Mi objetivo en la vida es asegurarme de que todos comprendamos el mundo tal y como lo vemos hoy en día. Por eso solo trato temas sencillos que todo el mundo pueda entender. E intento convertirlos en historias.

03:01
Mujer 1. Quería preguntarte sobre cómo se originó el universo.

03:06
Christophe Galfard. Imaginaos que ahora mismo os pidiera que me describierais el universo. Es tremendamente complicado. Hay demasiadas cosas por todas partes. Por eso, lo que se ha hecho en los últimos siglos es simplificarlo. Mucha gente cree que los físicos nos dedicamos a temas complicados, pero lo que queremos hacer es exactamente lo contrario. Queremos que las cosas parezcan sencillas para poder entenderlo todo. La teoría del Big Bang o del universo, la idea de que todo tuvo un comienzo, es reciente. Tiene unos 100 años. Antes de eso, no teníamos ni idea de que nuestro universo tuviera un pasado. Dejadme que os cuente una pequeña historia. Imaginaos hace 2.000, o incluso 2.500 años. Tenemos a un tipo llamado Aristóteles, un filósofo griego que observaba el mundo que le rodeaba, y que se dio cuenta exactamente de lo que os he contado: que hay unas leyes ocultas a nuestro alrededor y que quizá podríamos descubrirlas si miramos bien. Así que pensó: “De acuerdo, pero ¿dónde se aplicarían esas leyes?”. En su mente estaba la Tierra, que era la cuna de la humanidad, nuestro hogar. Y el hogar de los humanos, básicamente, terminaba en la Luna. Más allá de la Luna estaba el reino de los dioses. Bajo la Luna estaba el reino de los humanos. Así que, si existían leyes en la naturaleza y eran leyes que pudiéramos comprender, estarían debajo de la Luna. Por tanto vivíamos, básicamente, en un pequeño nido, rodeados de dioses por todas partes. Y esta visión no contemplaba un origen del universo. Quizá lo hubiera, pero eso lo sabrían los dioses, no nosotros. Estaba más allá de nuestro entendimiento. Por extraño que parezca, esta idea, esta teoría, siguió siendo la visión oficial del mundo occidental durante más de 2.000 años. Es un periodo de tiempo extraordinariamente largo para mantener una teoría, sobre todo para una errónea. Y la razón por la que es errónea la descubrieron, más adelante, científicos como Newton. Lo que hizo Newton fue ofrecernos una visión de la gravedad, a la que denominó “ley universal de la gravedad”. La palabra clave es “universal”, porque significaba que funcionaba tanto por debajo de la Luna como más allá de ella. Nos dio una teoría, una fórmula. Básicamente inventó el lenguaje que nos explicaba cómo se moverían las cosas aquí en la Tierra si las lanzáramos como mi vaso; y comprobó que eso se podía aplicar al movimiento de los planetas y las estrellas en el espacio.

06:17
Christophe Galfard. Y funcionó. De repente, dos mil años después de Aristóteles, nuestro universo, el universo de los seres humanos, se hizo extraordinariamente más grande. Nuestra mente pudo viajar más allá de la Luna, a través de todo el universo. No sé si os dais cuenta del cambio que esto supuso para nuestro cerebro. De golpe, “¡guau!”, podíamos ir a cualquier parte. Poco a poco, los seguidores de Newton descubrieron leyes por todas partes y siguieron observando cómo se movían las cosas. Y funcionó a la perfección hasta que dejó de hacerlo. En cierto momento, algunos de los movimientos predichos por Newton, como por ejemplo la trayectoria de Mercurio alrededor del Sol u otros fenómenos mucho más allá, no se cumplían, por lo que había que encontrar otra explicación. Esa explicación la encontró Einstein, quien nos ofreció una teoría diferente de la gravedad. Para Einstein, la gravedad, que es la razón por la que ahora mismo no estáis volando en vuestras sillas, la razón por la que os mantenéis pegados al suelo, era algo que implicaba una interacción entre el individuo, los objetos, la energía y el espacio-tiempo. Algo diferente. Dejadme explicároslo. Os voy a pedir que imaginéis ahora mismo todo el universo, tenéis dos segundos. ¿Lo veis? Es enorme. Hay estrellas por todas partes. Hay cosas por todas partes. Ahora borradlo todo. Eliminadlo todo. Deberíais quedaros sin nada, con el vacío. Para Einstein, algo sucedía allí cuando se deshacía todo. Si volvierais a colocar una estrella en este universo vacío, la estrella interactuaría con el vacío que la rodea. Crearía unas pendientes invisibles. Y esas pendientes son lo que llamó gravedad. Para él, la razón por la que no estáis volando en este momento es porque estáis cayendo por una pendiente creada por la Tierra a vuestro alrededor. El movimiento real, el movimiento natural, consiste en deslizarse por esas curvas en el universo. Puede que parezca que no estoy respondiendo a tu pregunta en absoluto, pero sí lo estoy haciendo. Porque lo que esto significa es que, si ahora os imagináis una estrella o la Tierra en movimiento, esas curvas seguirían a la Tierra, a la estrella y a todo lo demás. Y eso significa que el espacio puede cambiar. Esa era una idea completamente nueva. Antes de que Einstein planteara esta idea, se pensaba que el espacio había existido desde siempre, que las cosas se movían en su interior, que quizá nacían, quizá morían, como el nacimiento de la Tierra o la muerte de una estrella, pero que el universo en sí nunca se modificaba.

09:43
Christophe Galfard. Con Einstein, la cosa cambia. El espacio podía moverse, podía cambiar. Simplemente gracias a eso se pudo considerar que el universo podía tener una historia. Antes de que Einstein planteara esta idea, el universo no tenía historia. Sabemos que el universo tiene historia desde hace unos 100 años. No es mucho tiempo. Desde entonces, ¿qué hemos observado? Hemos observado que las galaxias, que son agrupaciones de estrellas muy lejanas, se alejan de nosotros. Esto fue lo que observaron a principios de la década de los años veinte científicos como Edwin Hubble en Estados Unidos y Georges Lemaître en Bélgica, quienes se dieron cuenta de que todas las galaxias lejanas se apartaban de nosotros. Imagina que tú hubieras hecho este descubrimiento. Que compraras un telescopio, observaras galaxias muy remotas y vieras que se alejan. Mires donde mires, se alejan. ¿Qué pensarías? ¿Por qué todo se está alejando de nosotros? Debe significar que estamos en el centro del universo, no olemos muy bien y todo se aleja de nosotros en todas direcciones. ¿O será otra cosa? ¿Pero qué otra cosa podría ser? Llevamos siglos perdiendo nuestra posición como centro de todo. Entonces, ¿por qué de repente íbamos a volver a estar en el centro del universo? Científicos como Georges Lemaître pensaron: “No estamos en el centro del universo”. Lo que él pensaba era que, en realidad, estas galaxias no se alejan de nosotros por sí mismas. Pensaba que, dado que Einstein nos había dicho que el espacio podía cambiar, lo que cambia son las distancias entre estas galaxias. La distancia entre nosotros y cualquier galaxia está aumentando. Es como si ahora mismo en esta sala vosotros no os movierais, pero vuestras sillas sí. Vuestras sillas se irían separando. Vosotros os quedaríais quietos, pero veríais a todo el mundo apartándose de vosotros. Alguien que estuviera en el centro vería que todo el mundo se le aleja. Pero también alguien que no estuviera en el centro vería que todo el mundo se le aleja. Eso es lo que llamamos la expansión del universo. No se trata de un universo finito que intenta devorar algo que está fuera de él, quién sabe. Son las distancias dentro del universo las que están aumentando. Ya hemos avanzado dos tercios de la explicación del origen de nuestro universo. Y probablemente os decepcione el final, porque mi última respuesta, allá va, es: “No lo sé”. Pero os estoy contando cosas que, en algún momento, nos llevarán a algún lado. Lo que observaron es que todo se aleja de todo, en todas partes. Una vez que tenemos ese dato, y una vez que tenemos la certeza de que existe una teoría que explica todo esto, podemos retroceder en el tiempo e intentar rebobinar la historia de nuestro universo.

13:02
Christophe Galfard. Cuando lo hacemos, vemos que esas distancias que hoy en día están aumentando van en la dirección contraria. Vemos cómo el universo se derrumba sobre sí mismo. Y lo bueno es que podemos hacer estos cálculos. Podemos retroceder en el tiempo durante mucho, mucho, mucho tiempo. Podemos hacerlo hasta un momento en el que ya no podemos seguir, porque hay demasiada energía en el sistema. Toda la realidad en su conjunto es tan pequeña que, en cierto modo, la energía es casi infinita, y ya no podemos basarnos en la ecuación de Einstein. Ese momento es lo que hoy en día llamamos el Big Bang. Es el momento en el que nuestras ecuaciones nos dicen: “Basta, ya no podéis seguir utilizándonos”. Dicho de otro modo, es el momento en el que el tiempo, tal y como lo conocemos, comenzó. El espacio, tal y como lo conocemos, se originó. Ahora bien, ¿cómo empezó todo? Pues bien, eso es lo que la física teórica está tratando de averiguar hoy en día. No tenemos una respuesta a esa pregunta, hay muchas posibilidades. Hay quien dice que antes existía otro universo, que colapsó y dio lugar a uno nuevo, que es el nuestro. Existen teorías, como la que planteó Stephen Hawking en la década de los ochenta, según la cual no es necesario que hubiera otro universo antes, sino que el universo podría haber surgido de la nada y luego haber dado lugar a la humanidad. Hay muchas, muchas posibles respuestas. Pero para entenderlo necesitamos una teoría que aún no tenemos. Así que cuando leemos sobre la teoría del Big Bang, ya sea en un libro de ciencia o en cualquier otro sitio, se refiere a una teoría que parte de un universo muy pequeño que se originó de alguna manera y que luego se expandió. A eso es a lo que llamamos la teoría del Big Bang. Hay muchas teorías. Y el propio “Big Bang” es un término que el público en general utiliza para referirse a ese punto en el que, al retroceder en el tiempo, no es que todo comenzara, sino al momento en que nuestras ecuaciones ya no nos permiten retroceder más. Probablemente se trate de un problema de lenguaje en las matemáticas que aún no hemos resuelto. Y quizá tú encuentres la respuesta. Aunque tú me hayas hecho la pregunta a mí, quizá seas tú quien encuentre la respuesta algún día.

15:45
Mujer 2. ¿Entender el universo puede llegar a hacernos perder el miedo a lo desconocido, como la muerte o el futuro?

15:54
Christophe Galfard. A veces, para explicar cómo funcionan la ciencia y la física, me gusta hacer una analogía con un niño en su habitación. Imaginaos a un niño, no sé, de unos nueve años, que tiene una pesadilla. Hay monstruos por toda la habitación. Están ahí, sin duda. Puedes comprobarlo, los monstruos están ahí siempre y cuando no enciendas la luz. Pero en cuanto enciendes la luz, desaparecen. La física es así. Es como encender la luz. No borra todos los miedos, pero los aleja. Aleja mucho más los límites. Verás, a veces oigo a niños o a adultos decir, sobre todo a los niños, que para qué sirve aprender a Newton si tenemos a Einstein. ¿Qué sentido tiene volver atrás en el tiempo para estudiar y aprender una teoría que, en realidad, ya no sirve porque ha sido sustituida por otra posterior? La respuesta es que Newton no se equivocó. Fue un paso. No solo no estaba equivocado, no solo fue un paso, sino que explicaba una enorme cantidad de cosas que nos rodeaban. Cuando la gente pilota aviones, cuando se lanzan cohetes al espacio o se envían satélites para aterrizar en Marte u otros planetas, se utilizan las ecuaciones de Newton. No necesitamos a Einstein. La ciencia avanza paso a paso. Cuando empiezas a intentar comprender el mundo, el universo o cualquier tipo de fenómeno, lo primero que haces es observar el fenómeno en sí. Cuando lo comprendes, tienes una visión en tu mente. Y esa visión es la base de todo lo que harás después. Os pondré un ejemplo. Volvamos al vaso. Si, de repente, a mitad de camino, el vaso se desvía hacia la izquierda, todos diremos: “¿Qué?”. Pensaremos que ha ocurrido algo mágico. Que había un truco, quizá un alambre o algo así que cambió su dirección, o que alguien desde un lado lanzó algo que golpeó el vaso y lo desvió. Pero no siempre es así. A veces, cuando observamos el espacio, cuando nos enfrentamos a un fenómeno nuevo o realizamos experimentos, precisamente lo que ocurre es que no obtenemos el resultado esperado. Esto significa que es necesario tener una estructura mental para llegar a un descubrimiento. El descubrimiento se produce cuando esa estructura no se ajusta a la realidad. Ahí es donde entra en juego la imaginación. Cuando estudiáis a Newton en el colegio, aprendéis que su teoría funciona dentro de ciertos límites; más allá de esos límites, ya no. Antes de descubrir a Einstein, no sabíamos qué había más allá.

19:18
Christophe Galfard. Ahora tenemos a Einstein, así que sabemos qué hay más allá. Pero dentro de la teoría de Einstein, hay lugares que vemos en el espacio donde no funciona. Algo falla. Cuando tienes una teoría, que es una estructura en tu mente que intentas aplicar a la realidad, y lo queráis o no, todos tenéis una estructura así en vuestra mente. Todos vosotros. Nacemos con ella. Se ajusta a nuestra época, a nuestra cultura, a lo que aprendimos en el colegio, a todo. Y cuando llegas al límite de lo que sabemos hoy en día, es cuando se vuelve divertido. Es cuando te encuentras con cosas raras. Pero lo que quería decir es que, una vez que tienes una estructura, si haces un experimento u observas algo que no encaja en esa estructura, hay dos posibilidades. Una de ellas es que hay algo que no habías visto antes, que está ahí en alguna parte, que es invisible, que no interactúa como tú crees, pero que no habías visto antes. No sabes qué es, pero está ahí. Os puedo poner un ejemplo ahora mismo. Newton, una vez más, tiene su teoría, su fórmula, que nos dice cómo deberían moverse los planetas alrededor del Sol. En el caso de la Tierra, funciona a la perfección; para Marte, funciona a la perfección; en Saturno y Júpiter, es perfecto. Y poco después de que Newton formulara su ley, se descubrió otro planeta. Se trataba de Urano, situado en los confines del sistema solar. La gente empezó a observar el modo en que Urano se movía alrededor del Sol y se dieron cuenta de que no se movía tal y como había predicho Newton. No funciona. No es la trayectoria correcta. Por eso, algunas personas pensaron que Newton se equivocaba, pero no lo creyeron durante mucho tiempo. Hay dos científicos, uno de Inglaterra y otro de Francia, que pensaron: “Quizá haya algo más. Quizá Newton tenga toda la razón, pero hay algo ahí que influye en Urano y cambia su trayectoria”. Haciendo cálculos pensaron: “Si hubiera otro planeta, un planeta que nadie hubiera visto antes, en este lugar, moviéndose así alrededor del Sol, entonces afectaría a la trayectoria de Urano de tal manera que podríamos ver lo que vemos”. Ambos pidieron a algunos observatorios que comprobaran si ese nuevo planeta existía, pero el científico inglés no logró convencer a nadie para que lo buscara. El científico francés, que se llamaba Urbain Le Verrier, logró convencer a alguien en Alemania al decir: “Si miráis hacia ese lugar, en esa dirección y en ese momento del espacio, veréis algo nuevo”. Miraron y encontraron un nuevo planeta. Ese planeta lo conocéis todos, se llama Neptuno. Se descubrió antes de que pudiéramos verlo. Para que la teoría fuera cierta, la realidad tenía que ser más grande de lo que pensábamos.

22:42
Christophe Galfard. Por si no lo sabíais, al inglés no le hizo ninguna gracia que le dieran Neptuno al francés. Y siglos más tarde, la rivalidad, el conflicto entre los dos científicos, condujo al Brexit. Esa es la razón por la que se produjo el Brexit: por culpa de Neptuno. Ese es un ejemplo. Neptuno se descubrió porque Urano no orbitaba alrededor del Sol como pensábamos. Si lo miramos al revés, Mercurio, que es el planeta más cercano al Sol, tampoco orbita alrededor del Sol como descubrió Newton. Al igual que con Urano, la fórmula no funciona. La trayectoria no es la correcta. La diferencia es mínima, pero está ahí. Los científicos también buscaban otro planeta en esa zona. Durante décadas, no encontraron nada. Esa fue la segunda posibilidad que Newton tuvo que haber modificado. Necesitábamos otra teoría, porque cuanto más cerca del Sol, más fuerte se hacía la gravedad. Había que cambiarla. Y ahí es donde entró Einstein. Así que, cuando tienes una teoría que no funciona, te alegras porque eso significa que o bien hay algo que no conoces y que está ahí, o bien tienes que cambiar por completo tu visión del universo entero sin cambiar lo que ocurre a nuestro alrededor. Espero no haberos asustado con todas estas respuestas, pero hoy, por ejemplo, cuando miramos las teorías de Einstein, vemos que hay cosas que no funcionan si las aplicamos tal cual lo que vemos en el espacio exterior. Así es como descubrimos que hay, espero que estéis preparados, cinco veces más materia desconocida en nuestro universo que la materia que conocemos. Existe algo llamado “materia oscura”, que está en todas partes, y hay cinco veces más de ella que de todo lo que habéis aprendido en el colegio. Y no tenemos ni idea de qué está compuesta. Ese es uno de los misterios de la actualidad. Hay otra cuestión aún más importante, que tiene que ver con esa expansión del universo de la que os he hablado antes. En 1998 nos dimos cuenta de que el universo se está expandiendo cada vez más rápido, lo que significa que hay una fuerza que empuja a las cosas a separarse. No conocemos ninguna fuerza de ese tipo. La gravedad debería hacer que las cosas volvieran a unirse. Pero vemos que las cosas se alejan aún más. Para explicarlo, se introdujo un nuevo concepto, una nueva energía, llamada “energía oscura”, y hay incluso más de ella que de materia oscura, lo que significa que, a partir de lo que no encaja con Einstein, hemos descubierto que todo lo que hemos estudiado desde el nacimiento de la humanidad corresponde al 4 o 5 % de lo que existe. Lejos de ser algo que deba asustarnos, creo que es muy emocionante.

26:09
Hombre 1. Hola, Christophe. ¿Qué significa la famosa ecuación de Einstein? ¿Y por qué es tan importante?

26:16
Christophe Galfard. La respuesta es curiosa, porque lo que me gustaría comentar no es la ecuación que tienes en mente. Hay dos ecuaciones de Einstein. Una es probablemente la que tenías en mente en este momento, E = mc². Pero hay otra que es un poco menos famosa, aunque extraordinariamente más poderosa. Empecemos por E = mc², y luego pasaremos rápidamente a la otra. E = mc²: es curioso cómo una ecuación se ha convertido en un icono de la cultura popular. Probablemente porque, si le quitas el cuadrado, solo quedan letras. Así que incluso a quienes no les gustan las matemáticas les parece comprensible. Es como una palabra. Y como lleva un cuadrado, parece que estemos haciendo matemáticas. Así que puedes sentirte orgulloso de decir que E = mc². ¿Qué significa esta ecuación? Significa algo que no sabíamos necesariamente. Y está relacionada con la otra ecuación. La razón por la que es extraordinaria tiene que ver también con lo que te voy a contar sobre la otra ecuación. Una de las cosas más bonitas que se pueden hacer en ciencia es establecer un vínculo entre cosas que antes no tenían nada que ver entre sí. E = mc² es una ecuación de este tipo, porque ‘E’ significa energía. La energía es aquello que te permite realizar un trabajo. Si necesitas levantar algo, si necesitas acelerar algo, si necesitas hacer cualquier cosa, necesitas energía, eso es la ‘E’. Por otro lado, tenemos ‘m’ y ‘c²’. ‘c²’ es la velocidad de la luz. Así que es solo un número. Y luego está ‘m’ que es la masa. Esto significa que la masa se puede convertir en energía y la energía en masa. Entonces, cambiamos unidades. Igual que cuando cambias dólares a euros o euros a dólares, tienes un tipo de cambio. Aquí, el tipo de cambio es el cuadrado de la velocidad de la luz. Es una cifra enorme, lo que significa que, a partir de una cantidad de masa minúscula, se puede obtener una cantidad extraordinaria de energía. Eso es lo que significa la ecuación. Ahora bien, ¿qué nos permite hacer esta ecuación? Muchas cosas. En primer lugar, es la razón por la que brillan las estrellas. En segundo lugar, es la razón por la que podemos crear partículas en un acelerador de partículas. Permitidme pasar a este segundo punto. En los aceleradores de partículas, lo que se hace es chocar átomos u otras partículas entre sí; es decir, se hacen chocar unas contra otras y, en el impacto, se libera una energía increíble. Esa energía, gracias a la fórmula E=mc², puede transformarse en masa, por lo que puede convertirse en una partícula. La energía, la energía media que nos rodea en el universo hoy en día, es bastante baja.

29:44
Christophe Galfard. Pero cuando se utilizan estos métodos, se puede ver cómo era el universo cuando la energía en todas partes era mucho mayor de lo que es hoy. Así que, al colisionar partículas durante una fracción de segundo, se puede vislumbrar cómo era el universo cuando acababa de nacer. Puedes crear partículas que hoy en día ya no van a existir más, porque desaparecen de inmediato, pero que estaban ahí cuando el universo era muy, muy joven. La ecuación E = mc² se basa en eso. Ahora bien, ¿qué tiene que ver eso con el motivo por el que brillan las estrellas? En el interior de las estrellas hay materia. Y toda la materia de la que estamos hechos, toda la materia que conocemos, ese 5 % de las cosas que hemos descubierto, está compuesto por una sola cosa: los átomos. Todo, absolutamente todo, está compuesto por átomos. Tú estás compuesto por átomos. El aire está compuesto por átomos, la tierra, las estrellas… Todo lo que vemos está compuesto por átomos. Los átomos están formados por un núcleo alrededor del cual giran los electrones. Pero olvidaos de los electrones. Fijaos en los núcleos. En el interior de las estrellas se encuentran los núcleos más pequeños que existen: los de los átomos de hidrógeno. Están ahí y se ven comprimidos por el peso de la estrella, por su propia gravedad, que empuja los núcleos unos contra otros. Y en algún momento, cuando la gravedad es demasiado grande, cuando la presión es demasiado grande, estos núcleos se fusionan y se convierten en un núcleo más grande. Y aquí hay algo curioso. Si tienes un litro de leche y otro litro de leche y los juntas, obtienes dos litros de leche. Pero eso no ocurre con los núcleos atómicos. Cuando los fusionas, se pierde algo de masa. Uno más uno es ligeramente menos que dos, y la masa que se pierde se convierte en energía gracias a la fórmula E = mc². Esta es la energía que se aleja del centro de la estrella, llega a la superficie y hace que la estrella brille en el espacio. Por eso, la razón por la que el Sol, que es una estrella, brilla es porque en este momento está fusionando átomos en su núcleo. La razón por la que hace calor en la Tierra se origina en estas reacciones de fusión que tienen lugar en el corazón del Sol y nos llegan en forma de luz calentando la Tierra. Así que existimos gracias a E = mc². Y es el mismo tipo de calor el que emiten los elementos radiactivos, pero al revés, porque cuando se dividen átomos grandes en dos o más partes, se libera energía de nuevo debido a E = mc². Esa es la respuesta a tu pregunta. Pero ahora os propongo otra pregunta, que se refiere a la otra ecuación de Einstein, cuya filosofía es mucho más profunda.

33:12
Christophe Galfard. Una vez más, se trata de una ecuación que afirma que dos cosas que antes estaban completamente desconectadas son, en realidad, lo mismo. Es una ecuación que dice que, si tienes energía, masa… da igual, puesto que son lo mismo. Si tienes energía, esta energía modificará la geometría del universo. Eso tiene que ver con la pregunta que nos hemos planteado antes. La gravedad crea una curvatura en el espacio y el tiempo alrededor de los objetos. Y es precisamente esta ecuación la que constituye el extraordinario descubrimiento de Einstein: la energía de un objeto modifica la forma del espacio y el tiempo a su alrededor. Esa teoría es una teoría de la gravedad. Se denomina “teoría general de la relatividad”. Ahora hagamos una pequeña pausa, porque puede parecer que lo que acabo de decir es complicado, pero no lo es. Tal y como lo acabo de explicar, no es complicado. Si tienes algo plano y colocas algo encima, ese algo cambiará de forma. Es sencillo. Eso es lo que dijo Einstein sobre el universo. Si tienes algo que tiene energía, sea cual sea su forma, al colocarlo en el universo, cambiará de forma. Eso es lo que provocó el Big Bang que hemos mencionado antes. Aquí radica la genialidad de Einstein. Para mí, no hay nada que se pueda comparar con ese descubrimiento. Einstein descubrió E = mc². Estoy seguro de que otro científico lo habría descubierto pocos años después de que Einstein lo hiciera. Con la relatividad general, esa cuestión de la gravedad, uummmm, puede que nos haya regalado algo mucho antes de cualquier cosa que pudiéramos esperar. Es sencillamente impresionante.

35:17
Auri. Hola, Christophe. Soy Auri. ¿Qué es la física cuántica y para qué sirve?

35:23
Christophe Galfard. Ya os he dicho que el objetivo de la física es, en cierto modo, encontrar una estructura en la realidad que nos rodea. Newton nos ofreció la primera gran visión. Básicamente, lo que Newton nos proporcionó fue una estructura, una teoría si se quiere, que explica nuestra intuición y nuestro sentido común. Ahora bien, hay que recordar una cosa, y es que nuestra intuición y nuestro sentido común se basan en lo que podemos percibir de la realidad gracias a nuestros cuerpos. Lo que sabemos del mundo, de la gente, de todo, es lo que percibimos a través de nuestros sentidos. Luego, el cerebro procesa esa información, pero los sentidos son las ventanas al resto del universo. Tenemos varios sentidos, unos cinco o quizá más, como la vista, el oído y todo lo que nos permite detectar cosas y ver cómo se mueven. Ahora bien, ¿creéis que esos cinco sentidos nos permiten percibirlo todo? Probablemente no. Seguramente hay cosas a nuestro alrededor que no percibís en absoluto. Os pondré un ejemplo que sucede en el mundo que nos rodea. El sol, debido a lo que genera en su interior, debido a las reacciones de fusión que se producen y que lo hacen brillar, el sol también emite una enorme cantidad de partículas. Se llaman neutrinos. Hay tantos de ellos que salen disparados del sol en cada instante que, en este mismo momento, por cada centímetro cuadrado de vuestro cuerpo, hay algo así de grande. Y cada segundo os atraviesan unos 50.000 millones de neutrinos sin que los notéis. Quizá los detectéis, lo dudo. Pero os están lloviendo encima en este mismo instante, atraviesan la Tierra y lo atraviesan todo. No tenéis ni idea de que esto está sucediendo, pero así es. Eso es lo que nos rodea en este momento. Newton nos proporcionó algo que se ajusta a lo que perciben nuestros sentidos. Pero si vamos más allá de lo que descubrió Newton, en lo muy pequeño, en lo muy grande, en lo muy rápido, en lo muy “lo que sea”, en lo muy energético si se quiere, no hay ninguna razón por la que su teoría, sus ecuaciones, deban seguir funcionando. No hay ninguna razón, eso está claro, y de hecho no funcionan. Llega un momento en que dejan de funcionar por completo. Tu pregunta se refiere a lo que ocurre a escala muy pequeña. Y cuando sigues adentrándote en lo más y más pequeño, todo lo que se ajusta a nuestra intuición aquí en la Tierra desaparece.

38:33
Christophe Galfard. Eso es algo que debemos aceptar con humildad. Porque, una vez más, somos minúsculos en comparación con el universo, que a su vez es enorme en comparación con el mundo microscópico. No hay ninguna razón por la que debamos entenderlo todo de esa manera. A principios del siglo XX, hace básicamente cien años, la gente empezó a ver cosas en el mundo de lo infinitesimal que antes no podía ver. Y una de las cosas que descubrieron es que todo el mundo de lo infinitesimal está compuesto por pequeños paquetes de energía. Hace un rato pedí que os imaginaseis un átomo, y os dije que tenía un núcleo y electrones girando a su alrededor. Ahora bien, si os pido que os imaginéis un electrón, estoy totalmente seguro de que todos os vais a imaginar una bola, una bolita, algo redondo y sólido. Pero los electrones no son así. Tal y como los entendemos ahora, son más bien difusos, no son sólidos, son muchas cosas a la vez con las que no podemos identificarnos porque es algo que no existe a nuestra escala. Y forma lo que es un paquete pequeño de energía. ¿Sabéis cómo se denomina a un paquete pequeño en latín? Un paquete pequeño en latín es un ‘quantum’. ‘Cuántico’ significa paquete ‘pequeño’. Entonces, la física cuántica es la física de los paquetes pequeños. Podría detenerme aquí, lo cual no sería adecuado, pero esa sería una respuesta a la pregunta de qué es la física cuántica. Es la física de los paquetes pequeños. Una vez que sabemos esto, la idea es comprender cómo se moverán esos paquetes pequeños. Del mismo modo que, al lanzar un vaso, tenemos en mente una trayectoria, nos gustaría poder adivinar el futuro de esos pequeños paquetes. Eso es precisamente lo que hicieron personas como Schrödinger o Heisenberg, cuyos nombres seguro que os suenan. Tomaron ese pequeño paquete y averiguaron cómo podía evolucionar con el tiempo, y eso nos dio la ecuación de Schrödinger, la ecuación de Heisenberg y muchas otras ecuaciones que surgieron después para explicar estos movimientos. Entonces la pregunta que quedaba era: ¿qué son esos paquetitos? ¿De qué están hechos? ¿Hay algo dentro? ¿Qué son? De repente apareció un tipo llamado Niels Bohr y dijo: “Mira, estos paquetes pequeños no son materia sólida. Son probabilidades”, dicho así parece no significar nada. Pero significa que lo que estás viendo es algo que te indica dónde podrían estar los electrones, por ejemplo.

41:35
Christophe Galfard. No dónde están, sino dónde podrían estar. Lo que dijo es que lo que es real es “la nube” que alberga todos los lugares donde podrían estar, no dónde están, la nube en sí misma. Lo que significa que, supongamos que tienes esa nube y realizas un experimento para determinar dónde está el electrón. Solo puedes pronosticar, solo puedes adivinar de antemano que estará allí con una probabilidad del 50 %, o del 12 %, por ejemplo. Esto significa que si observas un solo electrón, nunca obtendrás una respuesta correcta. Pero si observas un millón de electrones, verás que tenías razón: de ese millón, 500.000 se encuentran allí, 12.000 están allí, 200.000 están aquí, y ahí tienes tu nube de probabilidades. Y lo que enseña la ecuación de Schrödinger es cómo cambia esa nube con el tiempo. Lo que es aún más alucinante es que la nube de probabilidad puede interactuar consigo misma. Es curioso, porque si os imagináis un electrón y que lo enviáis a algún sitio, por ejemplo, a través de dos orificios, como si tuvierais una habitación con dos puertas, imagináis que al enviar al electrón pasaría por una puerta o por la otra. Pero no, lo más probable es que vaya en ambas direcciones y que pueda interactuar consigo mismo al otro lado. Y eso lo podemos comprobar: hemos realizado experimentos que demuestran que esto es cierto, que van en ambas direcciones. De hecho, hay un experimento que es el más famoso, el llamado “experimento de la doble rendija”, que demuestra precisamente eso. ¿Qué ocurre cuando se lanza una partícula hacia una pared que tiene dos rendijas? ¿Qué pasa? Pues bien, lo hicieron, y es un experimento que se lleva realizando a diario desde hace veinte años, o incluso más, todos los días en muchos laboratorios de todo el mundo, por lo que sabemos que es correcto. Si enviamos una única partícula, un electrón, sabemos que no hay nada en su interior. Por lo tanto, es pura. Una partícula elemental. Podemos ver que atraviesa ambas rendijas al mismo tiempo e interactúa consigo misma al otro lado. Eso lo vemos. Pero podemos pensar: “Vale, seamos más listos que la partícula. Pongamos un pequeño detector en una de las rendijas, solo para ver por dónde ha pasado”. Cuando haces eso, el electrón ya no toma ambos caminos. Solo toma uno, como si fuera una bola. Así que este es el tipo de cosas que genios como Richard Feynman, un físico del siglo XX que nos proporcionó una visión extraordinaria del mundo cuántico, consideraban uno de los experimentos más extraordinarios que existen. No sé si es cierto, pero he oído una anécdota sobre él: cuando estaba en su primer año de universidad, escuchaba a su profesor hablarle de ese experimento. El profesor seguía hablando y entonces, Feynman levantó la mano y dijo: “Disculpe, profesor, pero ¿qué pasa si en lugar de tener dos agujeros, se tienen tres?”. El profesor dijo: “Esa es una buena pregunta. Richard Feynman, el electrón atravesaría entonces los tres agujeros al mismo tiempo”. Y luego continuó con su clase. Cinco minutos más tarde, Feynman dijo: “Disculpe, profesor, pero hay algo que no entiendo.

45:32
Christophe Galfard. ¿Qué pasa si, en lugar de tres agujeros o rendijas, hay cuatro?”. Y el profesor respondió: “El electrón atraviesa las cuatro rendijas. Venga, ya lo hemos explicado”. Y siguió con su clase. Cinco minutos después, Feynman levantó la mano y dijo: “¿Y qué pasa si hay cinco agujeros?”. El profesor, harto, le respondió: “Oye, ya has captado la idea. Déjame dar mi clase”. Y Feynman dijo: “Vale, me parece justo. Pero ¿qué pasa si hay tantos agujeros que ya no queda pared?”. Y el profesor no supo responder. La respuesta a esa pregunta la dio Feynman unos años más tarde, y por ella recibió el Premio Nobel: el electrón, haya o no una pared, se desplaza por todas partes en todo momento y puede interactuar consigo mismo. Y eso nos proporcionó una visión completamente nueva de la física cuántica. Así que, una vez más, la física cuántica es lo que ocurre en lo más pequeño; está muy lejos de nuestra intuición y del sentido común. Pero lo que entendimos, no, mejor dicho, lo que no entendimos, como dijo Einstein cuando miró a sus alumnos tras explicarles qué es la física cuántica al final de una de sus clases: “Si habéis entendido lo que acabo de explicar, es que no me he expresado con claridad”. Es imposible que nuestra intuición diga: “Ah, sí, sí, eso es lo que pensaba”. El único ejemplo que he encontrado en todos estos años de reflexión, y que quizá se acerque un poco a explicar lo que ocurre, es lo que sucede cuando piensas por tu cuenta. Imaginaos que estáis en una playa o donde queráis. Estáis solos. Sin libros, sin nada. Acabáis de ver la puesta de sol, dejáis que vuestros pensamientos fluyan y pensáis en lo que os apetece. Podéis intentar hacerlo ahora mismo durante unos segundos. Dejad que vuestra mente fluya libremente. Si en este momento os pregunto: “¿En qué estabais pensando?”, me daréis una respuesta. Pero es posible que también estuvierais pensando en muchas otras cosas; sin embargo, el hecho de que os haga la pregunta hace que todas las demás ideas que pudierais tener se desvanezcan. En la física cuántica ocurre algo parecido. Cuando no la observas, cuando la dejas a su aire, puede adoptar muchas formas diferentes. En el momento en que la miras o haces cualquier pregunta, descartas algunas posibilidades. Y digamos que esa es mi respuesta breve a tu pregunta.

48:31
Jesús. Hola, Christophe, soy Jesús. Sabemos que tu maestro, Stephen Hawking, se dedicó a la física de altas energías, concretamente estudiando los agujeros negros. Nos gustaría saber qué son y cómo interpretarlos en la realidad.

48:50
Christophe Galfard. Hay muchas formas de describir qué son los agujeros negros. Voy a intentar que os hagáis una idea de lo que son, ¿vale? Empecemos por vosotros mismos, en este instante. Estáis sentados en vuestras sillas, en silencio. Todo a vuestro alrededor es normal. Ahora imaginad que la Tierra fuera mucho más densa, es decir, que hubiera mucha más materia bajo vuestros pies de la que realmente hay. Entonces pesaríais mucho más, muchísimo más. Ese es el punto de partida de la idea de los agujeros negros. Si tomamos un rayo de luz, sabemos cuál es la velocidad de la luz. Es de 300.000 km por segundo. O, si lo preferís en kilómetros por hora, es aproximadamente un billón de kilómetros por hora. Perfecto, pero dejemos eso a un lado. Partiendo de la superficie de la Tierra, sabemos qué velocidad se debería alcanzar para llegar al espacio sin caer de nuevo. Si cojo una pelota o cualquier objeto, o este famoso vaso, y lo lanzo, no llegará al espacio. Puedo intentar lanzarlo hacia arriba con todas mis fuerzas, pero no llegará al espacio. Para llegar al espacio y no volver a caer, hay que lanzar los objetos a más de 42.000 km/h. Si saltáis a esa velocidad desde la Tierra, llegaréis al espacio y no volveréis. Así que no lo intentéis. Quedaos con nosotros. Ahora bien, si utilizáis la luz e intentáis lanzarla hacia arriba, la luz viaja a 300.000 km por segundo. Sale fácilmente al espacio y no vuelve. Se aleja. Ya sabéis que Einstein nos dijo que E = mc², por lo que la energía de la luz podría corresponder a una masa. Así que podríamos plantearnos que tal vez exista un planeta o algo similar en el espacio que esté tan lleno de materia y energía que ni siquiera la velocidad de la luz sea lo suficientemente alta como para que se desplace hacia el espacio, sino que se alejaría y volvería a caer. A eso es a lo que llamamos un agujero negro. Un agujero negro es un objeto que no permite que la luz escape, porque la luz no es lo suficientemente rápida. Hay dos cosas que hay que tener en cuenta al respecto. Lo que acabo de explicar se podía entender, y de hecho ya se entendía en la época de Newton. Hubo un astrofísico británico un poco posterior a Newton, llamado John Michell, de la Universidad de Cambridge, que hizo el cálculo que acabo de contaros y demostró que estas materias tal vez pudieran existir, pero nos olvidamos de ello.

52:06
Christophe Galfard. Hoy en día, nuestra forma de entender los agujeros negros es ligeramente diferente, aunque en la práctica es lo mismo. Imaginaos algo plano, como una tela, y colocad un objeto sobre ella: se creará una pendiente. Recordaréis que así es como hemos entendido la gravedad antes. Así que, si se crea una pendiente y colocáis una canica o una persona en un lado, esta caerá por el objeto. Un agujero negro es un objeto tan denso que la pendiente que crea sería increíblemente profunda. Y si se envía luz desde abajo, nunca llegará a la superficie. Quizás porque no deja de crecer y se ve arrastrada. Por muchas razones, va hacia abajo. Eso es lo que son los agujeros negros. Al principio, los agujeros negros eran objetos gravitacionales. Son objetos enormes que colapsan y, gracias a su gravedad, atraen todo hacia sí y se hacen cada vez más grandes; el agujero es cada vez más grande y todo cae en él, incluso la luz, lo que significa que no podemos verlos. Su nombre es “agujero negro”. “Agujero” viene de que si te acercas, caes en él; y “negro” porque no sale la luz. Fácil. Pero, ¿por qué resultan tan fascinantes? La idea es la siguiente. Volviendo a las dos preguntas que nos planteamos antes, nuestra intuición nos permite comprender lo que nos rodea, y eso lo describe Newton. Si nos adentramos en lo muy pequeño, en el mundo cuántico, empezamos a comprender las cosas gracias a Schrödinger, a Heisenberg y a la física cuántica. Si nos adentramos en lo muy grande, empezamos a comprender las cosas gracias a la gravedad de Einstein y a la relatividad general. Quizá hayáis oído que hay un gran problema entre estas dos teorías: no coinciden. Son completamente diferentes e incluso contradictorias, lo que significa que no se pueden combinar. Pero, ¿a quién le importa? Una se centra en “lo muy pequeño” y la otra en “lo muy grande”. ¿Por qué queremos que se lleven bien? No hay razón alguna, a menos que lo muy pequeño y lo muy grande se unan. Y, de hecho, hay dos lugares en nuestro universo donde lo muy pequeño y lo muy grande se unen. Uno es el Big Bang, cuando todo el universo era extraordinariamente pequeño, de modo que toda la energía y demás alcanzó la fase cuántica con la enorme gravedad y energía que había en él. Así que necesitamos ese vínculo entre la gravedad y la física cuántica para ir más allá del Big Bang o hacia él. Y el otro lugar es un agujero negro. ¿Cómo nace un agujero negro? No conocemos todos los casos, pero uno de ellos es cuando una estrella enorme muere y su núcleo colapsa sobre sí mismo.

55:20
Christophe Galfard. Algo enorme se colapsa y lo hace hasta volverse extraordinariamente pequeño. De nuevo, tenemos lo muy grande y lo muy pequeño uniéndose. Y lo que hizo Hawking en la década de los setenta fue descubrir que, efectivamente, ambos se unen en los agujeros negros. Si tenemos un agujero negro gravitacional normal, todo cae en él y nada puede salir jamás, entre otras razones porque habría que ir más rápido que la velocidad de la luz, además de muchas otras razones que lo hacen imposible. Los agujeros negros están destinados a crecer y crecer sin cesar, y nunca se hacen más pequeños. Pero lo que demostró Stephen Hawking es que, si se tienen en cuenta los efectos cuánticos, que se producen a escalas muy pequeñas, hay partículas que pueden salir de los agujeros negros y conseguir que estos puedan evaporarse y hacerse cada vez más y más pequeños. Los resultados a los que llegó indican que los agujeros negros tienen una temperatura que se denomina “temperatura de Hawking”. Esa es probablemente la ecuación más bella del siglo XX, seguramente la más bella que tenemos hoy en día. Por una razón: si durante las vacaciones entráis en una biblioteca o en una librería, vais a la sección de física y cogéis un libro, habrá montones de ecuaciones y cálculos similares. Veréis que hay unidades, hay elementos que se repiten en la misma teoría. Por ejemplo, si os centráis en la velocidad, aparecerá una ‘c’ minúscula, que es la velocidad de la luz. Si hablamos de gravedad, aparecerá una ‘g’, que es la constante de Newton. Básicamente, le da una unidad a lo que estáis estudiando. Si observáis cómo se transmite el calor de un lugar a otro, veréis una ‘k’ minúscula, que también es una constante. Se llama constante de Boltzmann. Y si nos fijamos en la física cuántica, aparece una ‘h’. La letra ‘h’ con una barra encima, que, de nuevo, es un número. Todos estos conceptos son independientes. La temperatura de Hawking es la única fórmula que conocemos en la que aparecen todas estas constantes, lo que significa que, básicamente, afirma que la teoría de la gravedad cuántica existe y que debería dar resultados. Los resultados que arroja la evaporación de los agujeros negros, la temperatura de los agujeros negros, son, básicamente, como si encontrarais una cerradura en una puerta y pudierais mirar a través de ella, pero no tuvierais la llave. No podéis entrar, no podéis abrir la puerta. La llave es la teoría que une la gravedad y la mecánica cuántica en una sola. Todavía no lo tenemos. Tenemos el “ojo de cerradura” que descubrió Hawking. La razón por la que es tan alucinante y tan importante es que demuestra que los agujeros negros podrían ser una ventana a algo nuevo. Pero también sugiere que, si lo descubrimos, podríamos averiguar qué ocurrió antes de lo que hoy llamamos el Big Bang.

58:55
Isabel. Hola, Christophe. Soy Isabel, encantada de hacerte esta pregunta. Hay muchísimas películas que ya tratan el tema del multiverso. ¿Tú cómo ves esto? ¿Una fantasía o una teoría posible?

59:10
Christophe Galfard. Antes de responder a tu pregunta sobre los multiversos, podríamos definir qué es un multiverso. Digámoslo así: la idea de las realidades paralelas puede significar varias cosas diferentes. Puede significar algo así como que estamos en nuestro universo y tenemos otro justo al lado, pero no podemos comunicarnos, aunque a veces algunas personas sí pueden. Normalmente eso es incorrecto, no pueden. Pero la idea de que haya algo junto a nuestro universo podría ser cierta. Y, aunque quizá no haya intercambio de partículas entre ambos, tal vez puedan influirse mutuamente a través de la gravedad. Esa es una de las cosas que también estudié durante mi doctorado. Quizá sea cierto, quizá no. Hay muchos ejemplos que han sido descartados por los experimentos, pero aún quedan algunos que siguen siendo válidos. Existe otra posibilidad de universos paralelos que podría conducir a un multiverso relacionado con el mundo cuántico. Ya os dije antes que, cuando no miramos, cuando dejamos que algunas partículas cuánticas sigan su curso por sí solas, pueden suceder muchas cosas a la vez. Pero en el momento en el que miramos, se convierten en una sola. La pregunta clave es: ¿adónde se han ido todas las demás? Una respuesta ha sido que creó otro universo, uno paralelo que también podría dar lugar a un multiverso, en el que existiría todo lo que conocemos junto con todas las demás posibilidades. En lugar de estar aquí, podríais estar en una playa de ese universo paralelo. Esa es la idea. Además, existen otros multiversos imaginarios. Te pondré otro ejemplo. En nuestro universo, no estamos en el centro del universo en sí, pero sí estamos en el centro de nuestro universo. Estamos en el centro de todo lo que vemos. Como no podemos ver hasta el infinito, solo podemos ver hasta un punto que es nuestro horizonte. Es como cuando estás en un barco en el mar: hay un horizonte a tu alrededor. Tú estás en medio del océano y está limitado por ese horizonte. Más allá de ese horizonte, no se ve nada. Lo mismo ocurre en nuestro universo: no podemos ver más allá de nuestro horizonte. Más allá de ahí, si dejamos de lado lo conocido, lo más probable es que haya otras cosas a las que no podamos llegar. Y quizá allí esté ese mismo tú en la playa. Y quizá haya otro en el que tú estés dando la charla y yo te esté escuchando. Y otras posibilidades de este tipo. Por extraño que parezca, si dejamos de lado la idea de cambiar nuestras vidas y nos centramos en la existencia de múltiples realidades en todas partes, diría que prácticamente todos los científicos estarían de acuerdo en que probablemente sea así, que eso es lo que tenemos.

01:02:34
Christophe Galfard. En cuanto a los que hablan de universos paralelos de ese tipo, ya no tanto, pero quién sabe. Y en cuanto a la teoría que proviene de la física cuántica y que hace que todas las posibilidades se hagan realidad, sigue siendo una posibilidad, pero no creo que sea la opción compartida por la mayoría de los científicos. Eso significa que no tenemos la respuesta para muchas preguntas, lo que sigue siendo un problema. Por eso creo que los multiversos dan pie a buenas películas, lo cual ya merece la pena por sí mismo. Además, se basan en investigaciones científicas reales. Aunque espero que una película de Hollywood sobre universos paralelos no sustituya a una clase de física teórica.

01:03:29
Hombre 4. Hola, Christophe. Un placer. Soy estudiante de física y hace tiempo se ha vuelto a abrir el debate, debido al descubrimiento de cierto cometa, de si estamos solos o no. ¿Usted cree que estamos solos o puede existir vida en otros planetas?

01:03:48
Christophe Galfard. Digámoslo así: en las últimas décadas, hemos revolucionado por completo nuestra comprensión de lo vivo. Hemos empezado a explorar de qué está compuesta la vida en la Tierra. Para ser sinceros, no lo sabíamos. Todavía no lo sabemos con exactitud, pero hemos hecho progresos extraordinarios. Por ejemplo, hemos descubierto, podría haber sido diferente, pero lo hemos descubierto, que todos y cada uno de los organismos vivos de la Tierra están compuestos exactamente por los mismos elementos que cualquier otro organismo vivo de la Tierra. En otras palabras, esto significa que todos y cada uno de los organismos vivos de la Tierra pertenecen a una misma familia. Nosotros también formamos parte de esa familia, lo que implica que existe una especie de árbol genealógico que podría llevarnos, tal vez, a desentrañar el origen de la vida. Es exactamente lo mismo que ocurrió con Einstein hace 100 años. Si hace 100 años le hubieras preguntado a alguien si nuestro universo tenía una historia, te habría respondido: “No, claro que no. Las cosas que hay en él, quizá, pero no el universo en sí”. Hoy sabemos que no es así. El universo sí tiene una historia. Lo mismo ocurre con la vida en la Tierra. En términos generales debemos a Darwin, Wallace y a Lamarck, en Francia, junto a otros autores, la concepción de que la vida podía cambiar, que las especies no eran inmutables. La gente pensaba que la Tierra había surgido de la nada y que siempre había albergado los mismos organismos, las mismas especies, desde tiempos inmemoriales o desde el día de la creación. Darwin y Wallace descubrieron que no, que eso no es así. La evolución existe, lo que significa que la vida misma tiene una historia. Y todo lo que tiene una historia, ya sea el universo en sí mismo o la vida, implica que hay un cambio, implica que tal vez haya un principio. Ahora bien, si la vida en la Tierra tuvo un origen, podemos intentar comprenderlo. Y, en cierto modo, lo hemos hecho. Puede que aún no hayamos llegado al punto de poder recrear la vida a partir de la no vida, pero podemos afirmar, con bastante seguridad, que quizá algún día podamos hacerlo. No para llevar a cabo experimentos descabellados, sino para conocer nuestra historia, para saber de dónde venimos. Claro que todo lo que acabo de deciros tiene que ver con la Tierra. Pero dejemos la Tierra a un lado. No, mejor volvamos a ella. Y situémonos en esa Tierra con nuestros telescopios, mirando al espacio y viendo que hay otros planetas ahí fuera. No uno o dos, ni cien o doscientos, ni mil millones o dos millones, sino probablemente miles de millones de miles de millones de miles de millones por todas partes. ¿Estamos solos?

01:07:04
Christophe Galfard. Esa es la respuesta que iba a daros al principio. No lo sé. Nadie lo sabe, porque no hemos detectado nada. Pero, y aquí es donde todo el trabajo que se ha realizado en la Tierra empieza hoy a dar sus frutos, estamos empezando a ser capaces de ver cosas. No digo que hayamos visto nada, pero podríamos hacerlo. Estamos empezando a disponer de la tecnología necesaria para ver qué ocurre o de qué están compuestas las atmósferas y los planetas que orbitan alrededor de otros soles, y si contienen algún indicio biológico que podamos relacionar con la vida. Hace veinte años no había forma de hacerlo. Hoy en día, sí podemos. Hoy en día descubrimos planetas por todas partes. El primer planeta que se descubrió orbitando alrededor de otro sol fue en 1995, gracias a Mayor y Queloz, quienes recibieron el Premio Nobel por ello. Esa fue la primera vez que la humanidad encontró un planeta fuera del sistema solar. Hoy en día conocemos unos 6.000, y cada año descubrimos muchísimos más. En los próximos años descubriremos, probablemente, unas decenas o cientos de miles más, gracias a la nueva tecnología de la que disponemos en la Tierra y en el espacio. ¿Encontraremos vida ahí fuera? Personalmente, estoy seguro de que la hay, pero aún no la hemos encontrado. Y puede que haya vida en Marte, bajo tierra, algún vestigio de vida que haya existido. Me viene a la mente una frase de Carl Sagan, un astrofísico de finales del siglo XX, un tipo brillante en todos los sentidos. Una vez dijo: “Si estamos solos en el universo, qué desperdicio de espacio”.

01:09:14
Tomás. Hola, Christophe. Soy Tomás. Sé que Carl Sagan ha sido de mucha inspiración para ti. Yo lo admiro también. Él decía que somos polvo de estrellas que vive en un pequeño punto azul pálido. Quería saber qué piensa sobre esa reflexión.

01:09:33
Christophe Galfard. Lo extraordinario que logró fue convertir ideas sobre temas complicados en algo emotivo. Y eso es precisamente lo que a mí también me encanta hacer: convertirlas en historias, en algo que te llegue al corazón. Cuando dice que somos polvo de estrellas, tiene toda la razón. Los átomos de los que os hablaba antes, con núcleos que se fusionan en el corazón de las estrellas, hacen que cuando estas mueren, exploten y devuelvan al espacio toda la materia que han forjado a lo largo de su vida. Y es esta materia la que luego viaja por el espacio, se convierte en enormes nubes de hermosos colores, que luego colapsan sobre sí mismas para crear nuevas estrellas con planetas a su alrededor, como la Tierra, como vosotros, que vivís en ellos. Cada uno de los átomos que hay en vuestro interior, salvo los más pequeños, que son de hidrógeno y helio, todos los demás se forjaron en estrellas que explotaron hace mucho tiempo. Así que no existiríamos si aquellas estrellas no hubieran explotado antes de que llegáramos nosotros. Y sabemos que hubo estrellas antes que nosotros que explotaron porque estamos aquí, porque hay carbono y oxígeno en nuestro interior. Solo las estrellas pueden crearlos, y solo las estrellas al explotar pueden lanzarlos al espacio. Esa es la respuesta a la primera parte de tu pregunta. De hecho, es cierto y real que este tipo de ideas e historias nos vinculan a todos nosotros con todo el cosmos. Quizá penséis que lo que hacen los científicos no tiene nada que ver con nuestra realidad. Eso es totalmente erróneo. Nosotros estamos hechos de esa materia. Eso es lo auténtico. Los dragones de ‘Juego de Tronos’ no son reales. Lamento decíroslo a quienes no lo sabíais, pero no son reales. La física cuántica es real. Esos viajes extraordinarios que Carl Sagan y otros astrofísicos nos ayudaron a realizar son reales. Un punto azul pálido. El concepto “un punto azul pálido” es evocador, es, en realidad, la forma en que se ve la Tierra cuando la observas desde muy lejos, en el espacio. No es más que un punto. Y si te alejas aún más, desaparece. Y en el momento en que desaparece, ni siquiera estás lejos, estás justo al lado. Somos una especie minúscula que vive en una mota de polvo minúscula, creo que así la llamó él. Y es un poco azul. Esa inmensidad en un espacio de proporciones desconocidas, extraordinariamente grande. Hay muchos escritores de ciencia ficción, como Douglas Adams, que han intentado describir el tamaño del universo. Intentaré citarlo, pero fracasaré por completo. En esencia, dijo: “Para hacerse una idea del tamaño del universo, imagínese algo extraordinariamente más grande que grande, enorme, y luego más enorme que esa inmensidad. Grande, grande, grande, y enorme otra vez”. Lo que acabo de decir no significa nada. Pero, en definitiva, lo que dice es que va más allá de nuestra imaginación, y que nosotros estamos en algún lugar ahí dentro. Sin decirlo explícitamente, la belleza de estas afirmaciones radica en que nos conectan con todo esto. Nos hacen sentir que formamos parte de algo más grande que nosotros. En un mundo como en el que vivimos hoy en día, donde hay violencia por todas partes, prácticamente todo lo que se oye en las noticias es un continuo de malas noticias. Hablemos de lo que hablemos, todo el mundo cree que siempre hay malas noticias. Conocer estos aspectos, saber que hay personas, hombres y mujeres de todo el mundo que dedican su vida a intentar comprender mejor nuestra historia, de dónde venimos, qué somos y hacia dónde nos dirigimos, nos ofrece una visión de nuestra pequeña humanidad, capaz de lograr cosas extraordinarias cuando nos unimos. Creo que eso es positivo.

01:14:09
Christophe Galfard. Y creo que eso es lo que aportaban figuras como Carl Sagan: una especie de faro de sabiduría en este mundo tan violento. Me gustaría añadir algo más. El conocimiento científico, lejos de ser algo inventado para complicarles la vida a los niños, es nuestro patrimonio. Es algo que toda la humanidad ha heredado de las generaciones anteriores. Nos pertenece. Hoy en día, en nuestras sociedades, no hay muchas cosas que realmente nos pertenezcan a todos. No hay derechos de autor en las ecuaciones científicas. Creo que fue Richard Feynman quien dijo que las fórmulas que tenemos son el recuerdo de lo que hemos descubierto hasta ahora como especie, como humanidad. La gente suele hablar de lo fuerte que hay que ser, de lo importante que esto es para el desarrollo personal y tener poder. Pero no habríamos alcanzado este conocimiento si nos hubiéramos limitado a eso. Todo lo que sabemos se basa en lo que otros han descubierto antes que nosotros y nos han transmitido. Todo lo que sabemos lo tenemos gracias a la memoria, porque somos una especie capaz de recordar lo que se hizo antes, para no cometer los mismos errores otra vez. Somos capaces de avanzar y de descubrir más y más y más. Es curioso que, si volvemos a la vida, como comentábamos hace un momento, existe esta idea, creo, muy extendida entre el público en general, incluso en la mayoría de los círculos científicos, de que la evolución es una lucha. Es una selección de los más fuertes; solo los más fuertes sobreviven. Y ese tipo de filosofía se ha aplicado a muchos ámbitos de nuestras sociedades, desde el bienestar individual o malestar, quién sabe, a cómo dirigir una empresa, cómo comportarse en el trabajo, en los deportes o en cualquier ámbito. Pero si nos fijamos en la historia de la vida en la Tierra, hay una mujer llamada Lynn Margulis, de la década de los setenta, que en algún momento fue la esposa de Carl Sagan. A Lynn Margulis se le ocurrió la idea de que, en realidad, la mayor revolución en la historia de la vida en la Tierra no provino de las luchas, sino de las cooperaciones, cuando dos organismos diferentes empezaron a compartir sus características en lugar de destruirse mutuamente. Nosotros, los seres humanos, y todos los animales y plantas que existen en la Tierra, somos el resultado de esa cooperación. Y creo que es importante tenerlo presente.

01:17:44
Sandra. Hola, Christophe. ¿Qué tal? Soy Sandra. Este agosto hay un eclipse solar aquí en España y estoy muy ilusionada. Entonces, me gustaría saber si nos podrías dar algunas recomendaciones o algunos consejos para poder disfrutar de la experiencia al máximo.

01:18:01
Christophe Galfard. No hay muchos momentos en nuestras vidas en los que conectemos con el cosmos. Uno de ellos son los eclipses totales. De repente, durante el día, no hay sol. Y no estamos hablando de nubes, simplemente no hay sol. Se ha ido. Toda la naturaleza lo siente. El viento cambia. La temperatura cambia. De repente comprendemos el impacto que tiene el espacio sobre nosotros, la naturaleza en el espacio, lo que ocurre ahí fuera y cómo nos afecta. Es una experiencia extraordinaria. Yo viví uno en Francia hace unos años. No recuerdo el año, creo que fue por la década de los noventa. Fui a Normandía para ver el eclipse total. Estaba muy emocionado, lo preparé todo, miré al sol, al cielo… pero llovió, así que no pude verlo. Así que quizá venga a España este verano para verlo. Sin duda, es una experiencia que merece la pena vivir. Pero, obviamente, no se puede mirar al sol a simple vista. Si lo haces, seguro que te quedas ciego. Por eso se necesitan gafas especiales, sobre todo para los niños, porque cuando los rayos del sol te dan en los ojos, no sientes dolor. En el ojo no hay nervios sensoriales del dolor que te hagan decir: “¡Ay! Me duele”. No, no lo sientes. Cuando el interior del ojo sufre una quemadura, ya es demasiado tarde. Por eso es imprescindible que te pongas unas gafas protectoras y que sean de buena calidad, no unas cualquiera, sino unas buenas. Ese es mi consejo. Y si tienes la oportunidad de estar en un lugar desde donde puedas ver el eclipse total, aunque sea solo por unos instantes, no solo es extraordinario, sino que también resulta muy romántico.

01:19:58
Mujer 6. Hola, Christophe. ¿Qué tal? Yo quería preguntarte: ¿ha habido algún descubrimiento sobre el cosmos que ha hecho replantearte alguna parte fundamental de tu vida?

01:20:09
Christophe Galfard. Decidí ser físico o intentar comprender estas cosas cuando era niño, creo, o adolescente. Porque, de repente, al empezar a leer algunos libros sobre física, sobre las leyes de la naturaleza o el libro de Stephen Hawking me di cuenta de que es algo que funciona. Es la filosofía más poderosa que ha existido jamás. Me explico: los griegos tenían filosofías que intentaban explicar las cosas, aportar una historia, para hacerte sentir mejor en un universo desconocido, pero esto sí que funciona. Nos permite ver cosas que nadie ha visto antes. No hay muchas disciplinas o campos en la vida del ser humano que te permitan viajar con la mente a lugares donde nadie ha estado antes. Es complicado hablar de ello. Estoy de acuerdo con eso. Pero, aun así, por el placer personal que supone, es una maravilla. Y no creo que, desde el punto de vista intelectual, en mi opinión, haya nada más poderoso que eso. Nunca hemos visto a nadie comprender algo y empezar a llorar. Cuando comprendes, te sientes bien. Intentar comprender las cosas y comprenderlas es bueno también para la mente. Creo que en un mundo y en una sociedad en la que el miedo se propaga por todas partes, en la que la desinformación es el rey y la reina, los científicos, más allá de la física, toda la ciencia, para mí, es el presente y el futuro real de la humanidad. Ahí es donde queremos llegar. Cualquier “fake new” que se difunda, tarde o temprano está condenada al fracaso. La ciencia prevalecerá. Seguirá ahí durante muchos años. Así que, si hay algo que todo esto me ha enseñado, es que podemos tener fe en la humanidad.