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Aprender y desaprender: cuatro elementos y el ejemplo de Djokovic

Gerry Garbulsky

Aprender y desaprender: cuatro elementos y el ejemplo de Djokovic

Gerry Garbulsky

Director de TED en español


Creando oportunidades

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Gerry Garbulsky

“Aprender, tanto conocimiento como saber hacer, tiene que ver con cómo podemos reconfigurar las conexiones que tenemos en nuestra mente. Aprender significa reconectar nuestras neuronas de forma que puedan hacer algo que antes no podíamos hacer o que sepan algo que antes no sabíamos’. Y, entonces, ¿cómo hacer para lograr plasticidad neuronal?”. El orador Gerry Garbulsky lleva más de 30 años reflexionando sobre las lecciones de vida y el misterio del aprendizaje que obtenemos de cada experiencia, cada conocimiento y descubrimiento realizado por la humanidad. Licenciado en Físicas y doctor en Ciencias Materiales por el MIT, después de dedicarse durante 13 años a la consultoria de estrategia de negocios para The Boston Consulting Group (BCG), su interés por la comunicación y por el ser humano le llevaron a dar un giro a su carrera profesional y dedicarse a la divulgación.
Garbulsky es director de TED en español y organizador de TEDxRíodelaPlata, creador del podcast ‘Aprender de Grandes’ y co-fundador del proyecto educativo ‘El Mundo de las Ideas’, espacios en los que continúa reflexionando sobre la capacidad de aprendizaje del ser humano. “El secreto para aprender toda la vida es la motivación, la sorpresa y la dedicación o el tiempo que le dediquemos. Es más difícil aprender a medida que crecemos, pero no es imposible si uno tiene estas puertas conscientes y abiertas y las desarrolla, y, si lo hace, puede aprender hasta el último día. Creo que el día que dejamos de aprender es el comienzo del fin”, concluye.


Transcripción

00:17
Gerry Garbulsky. Hola. ¿Cómo están? Soy Gerry Garbulsky y tengo un problemita. Un problemita que sospecho que algunos de ustedes quizás también tienen y, en los últimos años, le estoy encontrando la solución. Creo. Les cuento un poquito. Resulta que yo a lo largo de la vida hice unas cuantas cosas. Durante un tiempo me dediqué a la investigación en la física durante mi doctorado en MIT. Después, durante 13 años, fui consultor de estrategia de negocios en una empresa global y viajé a un montón de lugares en el mundo. Después me zambullí en el mundo de TED para tratar de difundir ideas que valen la pena. Y, en los últimos ocho años, creé, fundé y estoy haciendo crecer o tratando de hacer crecer a «Aprender de Grandes», que es una comunidad de gente global que tiene ganas de seguir aprendiendo durante toda la vida. En el medio hice otras cosas, me acuerdo de que me encantaba jugar al ajedrez, le dediqué muchas horas al ajedrez. Después a la fotografía, me encantaba sacar fotos y estar horas en el cuarto oscuro revelándolas. Después de eso intenté hacer comedia de stand up. Ahí fracasé rotundamente, sin atenuantes. Y después de eso también fundé y dirigí una revista y también hice radio. Hice un montón de cosas a lo largo de mi vida y nunca entendí muy bien que era esto de hacer cosas distintas y siempre me costó tomar la decisión de qué hacer, qué no hacer. Entonces mi problemita es con eso, con que quiero hacer muchas cosas en la vida. Me interesa mucho la vida, pero siento que no sé qué hacer con todo lo que hago y entonces eso me genera un poquito de angustia, ¿no?

02:08

Hace unos 20 años me enteré de este movimiento que existe para extender la expectativa de la vida humana, de que podamos vivir más años. Y si uno sigue acelerando ese proceso de entendimiento de la salud, de la vida y de cómo prolongar la vida saludable, en algún momento vamos a poder vivir mucho, inclusive quizás tanto como queramos. Y cuando me enteré de esta idea de la vida infinita, yo me puse supercontento porque iba a poder hacer todas esas cosas que quería hacer. Entonces, me leí todos los libros que había sobre la extensión extrema de la vida. Me hice muy fanático de un montón de gente que investiga esto para tratar de entender cómo hacer para prolongar la vida mucho. Pero… Siempre hay un «pero» en estas historias. Hace unos cinco o seis años me di cuenta de que a pesar de que esto en algún momento quizás suceda, yo no lo voy a ver, no va a estar a tiempo para que yo pueda vivir tanto como pueda. Quizás mis hijos o mis nietos lo vean, pero yo probablemente no. Primero, bajón total porque piensen que hubo más o menos 10.000 generaciones de seres humanos desde que el Homo sapiens está en la Tierra y me lo pierdo por dos generaciones o por una. O sea, bueno, bajón total. Pasó un momento de depresión, digamos, no tan grave y después empecé a salir, cuando me di cuenta, que quizás lo que tenemos que hacer no es intentar alargar la vida, sino ensancharla. Qué pasa si en vez de estar enfocados en esas cosas futuras que quizás vayamos a hacer, nos enfocamos más en lo que estamos haciendo ahora y tratar de hacerlo de la manera más ancha posible, es decir, conociendo más gente, desarrollando más vínculos, aprendiendo más cosas, disfrutando más de cada momento… Es muy loco porque con esta idea inicial que yo tenía de alargar la vida, estaba posponiendo el disfrute, el placer… Entonces, cambié la perspectiva de alargar a ensanchar y ahora creo que estoy bastante dedicado a eso. A veces me va bien, a veces no tan bien, pero intento ensanchar la vida. Ahora quiero escuchar sus preguntas.

El efecto mariposa de la imprenta de Gutenberg. Gerry Garbulsky
Quote

“¿Qué pasa si en vez de estar enfocados en cosas futuras, nos enfocamos más en lo que estamos haciendo ahora?”

Gerry Garbulsky

04:22
Carolina. Hola, Gerry, soy Carolina. Gracias por este espacio. ¿Qué dirías que nos hace únicos, originales?

04:29
Gerry Garbulsky. Gracias, Caro, por la pregunta. Hay algo que sentimos como que la sociedad nos impone una necesidad de ser únicos, de destacarnos, de ser los mejores en algo. A veces consciente, a veces inconsciente, a veces es más fuerte, a veces menos fuerte. A veces viene de nuestra familia, de nuestro entorno familiar, a veces del contexto social en el que vivimos. Y yo me quedé pensando que eso es difícil y realmente destacarnos y ser los mejores es algo bastante complicado. Así que escribí Esto te hace una persona única y dice así: «Sentir que eres una persona única, que eres diferente al resto y que te destacas en algo es una fuente de autoestima que puede ayudarte a estar bien. Muchos intentan destacarse en algo, ser la persona que más sabe de Borges, que recuerda más dígitos de pi, que más veces subió al Aconcagua o que más sabe de relatividad especial. Y algunos lo logran, pero son muy pocos. Solo una persona es Usain Bolt y solo diez personas están en el top ten de algo. Así que para la mayoría de nosotros ese intento no nos hace personas únicas. Lo que te hace realmente una persona única es la combinación de cosas que hiciste, que viviste o que sabes. Una vez que recorriste suficientes trabajos, hobbies, relaciones, ese recorrido va a ser único y no hace falta haber sido el mejor en cada uno de esos pasos. Alcanza con haberlos hecho con entrega y foco. Esas intersecciones quizás ninguna de esas fueron la mejor persona que podría haber hecho eso, pero combinen las de dos, de tres, de cuatro o de cinco y van a ver que esa combinación los hace realmente personas únicas e irrepetibles».

06:25
Cintia. Hola, Gerry. Mi nombre es Cintia. Bueno, muchas gracias por esta fiesta de ideas y de entusiasmo que nos compartes. Me gustaría que nos contaras un poco más sobre tu idea del rompecabezas de la vida.

06:38
Gerry Garbulsky. A mí me encanta tomar notas en cuadernos. Tengo cuadernos analógicos… Se acuerdan cuaderno, birome, lápiz, ¿se acuerdan? El boli, el cuaderno y tomábamos notas en eso. Tengo muchísimos. Tengo toda una estantería repleta de cuadernos en los que fui tomando notas a lo largo de décadas y cada tanto me gusta hacer el ejercicio de sentarme sin límite de tiempo a mirar cuadernos viejos. Y en uno de esos días, hace un par de años, mirando cuadernos viejos, agarré uno y encontré una pequeña frasecita. Estaba en la mitad de una página, después de las notas de una reunión y antes de una lista de pendientes, había una frasecita cortita en el cuaderno que decía lo siguiente, decía: «Durante la vida voy juntando las piezas de un rompecabezas, de un puzle, que todavía no vislumbro». Estaba ahí la frase solita no decía ni la fuente ni el autor. No me acuerdo de dónde salió, pero me quedé, no sé, perdí noción del tiempo. Quizá fue una hora absorbido por lo que estaba detrás de esa frase. Me di cuenta de que a lo largo de la vida yo venía coleccionando piezas de un rompecabezas donde si uno lo piensa en el sentido más amplio, esas piezas qué son. Son lo que uno aprende, son sus experiencias, son sus éxitos, sus fracasos, sus sueños, sus esperanzas, sus amistades, sus familiares, sus vínculos en general. El tema es qué hacer con todo eso, cómo hacemos para encajarlas, para ir construyendo algo que nos haga dejar una huella en el mundo, que nos haga generar mejores vínculos, que nos haga a la larga ensanchar nuestra vida.

08:17

Si uno piensa la vida como un rompecabezas, lo que tenemos que hacer como seres humanos es ser buenos coleccionistas de las piezas de nuestro rompecabezas. Tenemos que aprender a ir coleccionando esas piezas para que estén disponibles cuando las necesitemos para armar algo, para enfrentar un desafío que tenemos o aprovechar una oportunidad que la vida nos puede presentar, o para ayudarnos a tomar una decisión o cuando queramos justamente dejar una huella más grande, más profunda, de más impacto a una persona o a muchas en un entorno chiquitito o en un entorno más grande. Entonces, segunda idea del rompecabezas de la vida, lo llamo los covers. Un cover es cuando alguien interpreta una canción que compuso otra persona. Durante mucho tiempo yo pensé que los covers eran un género musical menor. Hasta que me pasó algo cuando escuché un cover que me voló un poquito la cabeza. Este era un cover, que hizo Jacob Collier. Jacob Collier es considerado el Mozart moderno por muchas personas. Es un músico muy joven, que me asombró mucho la primera vez que lo vi haciendo un cover de Stevie Wonder.

09:26

Si yo hubiera escuchado primero una de sus canciones originales, quizás no la hubiese podido ni siquiera procesar, ni valorar, ni apreciar. Pero empecé con la de Stevie Wonder y ahí yo pude aislar la canción de la interpretación. La canción era una que yo ya conocía mucho porque la consumí muchísimo de adolescente y ahora escuchaba una nueva versión que me abrió un mundo gigante. Esa es la primera idea de que los covers quizás no son un género menor, por lo menos no para mí. Lo segundo es que me di cuenta de que en la vida todos hacemos covers todo el tiempo. Es muy difícil de inventar algo nuevo, nuevo. Inclusive la gente que admiramos, como los grandes revolucionarios de las ideas en el mundo… Tomen Picasso, por ejemplo. Picasso no nació e hizo el Guernica o hizo la magia con el cubismo o pintó su paloma. No, él empezó haciendo covers de los clásicos. Él empezó copiando los cuadros de los grandes maestros y de a poquito fue encontrando su voz, y hoy es muy difícil, mirando el Guernica, reconocer la influencia previa, pero eso fue todo un proceso que se fue desarrollando. Tenemos en nuestra sociedad un mandato de originalidad que nos pesa mucho. «Eso que estás diciendo no lo inventaste tú». «No, no lo inventé yo. Ni ustedes». Casi nada es nuevo. Yo voy a proponer que nos deshagamos de eso, porque me parece que es un peso grande y está bien para llegar a ser Picasso o para llegar a ser un Jacob Collier, empezar haciendo covers y reconociendo los covers que ya hacemos, no solo en obras de arte, si no en cómo nos comportamos como madres y padres, que quizás se parece a algún modelo que tenemos consciente o inconscientemente, quizás de cómo fuimos criados o de gente que vimos.

11:15

Cómo somos como líderes de equipos en nuestras organizaciones, cómo somos como docentes. Cada uno de nosotros se parece en algún lugar a cosas que ya vimos. Estamos todo el tiempo haciendo covers, pero lo más lindo de esto, para mí por lo menos, es cuando alguna de estas ideas viene de alguien cercano y te hace resignificar una pieza importante de tu rompecabezas. A veces, me pasa que alguien me dice algo y me doy cuenta de que una pieza que yo creía que tenía cierta forma, en realidad era otra cosa totalmente distinta. Y entonces quiero leerles otro texto que intenta reflejar esa idea con algo que me pasó hace no mucho tiempo. Se llama La de Lengua de tercero: «Todos le teníamos terror a la de Lengua y Literatura del tercer año de la secundaria, el bachillerato, el instituto, el colegio, como lo llame cada uno de ustedes. Hoy amo la lectura, la escritura, las palabras, pero a mis 15 años todavía no. Ese día nos iba a tomar la primera prueba, el primer examen. Era sobre El cerco de Numancia de Cervantes. Yo no había leído el libro, ni siquiera el resumen que circulaba en fotocopias ilegales, tampoco ese. Cuando la vi entrar al aula ya sabía que me iba a ir mal y que me veía encerrado estudiando en diciembre, mientras mis amigos ya disfrutaban de sus vacaciones. Pero una de mis compañeras tuvo una idea brillante». Escuchen.

El efecto mariposa de la imprenta de Gutenberg. Gerry Garbulsky
12:54

«Esa idea generó una tradición durante todo el año que evitó las pruebas y nos regaló un diciembre de felicidad a toda la división, a todo el grupo. Antes de que tuviera tiempo de dejar su cartera sobre el escritorio, mi compañera le dijo a la profe: “Profe, profe, estoy leyendo un libro y en una parte dice ‘enquistarse solapadamente’ y no lo entendí. ¿Qué quiere decir?” La de Lengua se transformó. Con mucha pasión le dedicó los siguientes 20 minutos a explicarnos que “enquistar” significa ‘transformarse en un quiste’, algo que tienes en el cuerpo que no debería estar ahí, que puede ser bueno o puede ser malo y que probablemente estaba usado como metáfora, que se refería a alguna idea o algo de la cultura que se mete dentro de nosotros, que se transforma en parte de quienes somos en nuestra identidad. Y, solapadamente, es que lo hace sin que nos demos cuenta. Disimulando como quien no quiere la cosa. Al terminar la explicación, la profesora miró su reloj y nos dijo que lamentablemente ya no quedaba tiempo para la prueba, que la íbamos a tener que dejar para la clase siguiente. Y en la clase siguiente se olvidó y arrancó el nuevo tema del programa de Lengua de tercero. Después desarrollamos la estrategia. Durante todo el año nos turnamos para llevar preparadas preguntas sobre palabras que no entendíamos para entretener a la profesora y que después no le quedara tiempo para tomarnos la prueba. Y siempre siempre le llevaba la mitad de la hora, no le quedaba tiempo para la prueba y se olvidaba de tomarla en la clase siguiente. Me gusta mucho contar esta historia como un ejemplo de creatividad y brillantez de mi compañera y de cómo todos logramos engañar a la de Lengua durante todo un año.

14:48

Pero hace un tiempito. Cenando con mi esposa y mis hijos, con Marce, con Juli y con Lele. Les conté esta historia y Juli, uno de mis hijos, me dijo algo que me estremeció. Me quedé un rato callado y me tembló el cuerpo como me está temblando ahora. ¿Y si la de Lengua lo tenía todo planeado? ¿Y si nunca nos quiso tomar la prueba? ¿Y si El cerco de Numancia y los libros que siguieron eran simplemente excusas para que buscáramos palabras que no entendíamos y evitar que nos tome la prueba? ¿Y si fue la de Lengua de tercero quien me enquistó solapadamente el amor por las palabras?». Un genio, Juli, que me hizo pensar esto. Y me encanta cuando sucede esto. Cosas que veníamos pensando que eran de una manera. Alguien nos muestra algo que nos hace repensarlo, resignificar. Y eso es muy lindo cuando coleccionamos las piezas de nuestro rompecabezas y, las tenemos ahí disponibles, dejar que vayan mutando, que vayan resignificando, que vayan tomando otra forma. Y es lindo porque aparte nos hace sentir vivos y nos hace seguir creciendo, nos hace seguir ensanchando la vida.

16:13

La tercera idea del rompecabezas de la vida que quiero compartir con ustedes toma otra analogía del mundo de la música que son los mash up. No sé si oyeron hablar, pero los mash up en la música es cuando un músico toma distintas canciones, las mezcla, las hilvana, las cose, para construir una nueva canción que tiene como partes, como materia prima, esas otras canciones, pero que es una nueva canción. Eso se llama mash up. Armar el rompecabezas de nuestra vida puede parecerse a componer una canción que sea un mash up, es decir, cómo hacemos para que encajen las piezas. Eso que aprendí en el colegio con eso que me pasó más tarde, con esta relación que tengo, con esto que sueño pueda transformarse en un rompecabezas que vaya creciendo y vaya aumentando mi huella o ensanchando mi vida. Hay una historia que me encanta contar. ¿Ustedes saben cuándo se inventó la rueda? Tiren números. ¿Cuánto? Cinco mil. ¿Quién da más o menos? Tres mil. Ocho mil. Bueno, la respuesta correcta, queridísimas amigas y amigos, es la rueda se inventó hace mucho. Es la respuesta correcta, porque es prehistórica. No hay un documento de alguien que se haya levantado una mañana y haya escrito: “Una cosa redonda estaría muy bien”, pero los historiadores se pelean entre cinco mil y diez mil años. Así que la rueda se inventó hace mucho. ¿Saben ustedes hace cuando se inventó la maleta, la valija? Más o menos en el año 600. Un poquito más, un poquito menos. Año 600, también hace mucho. ¿Saben ustedes hace cuánto se inventó la maleta con rueditas? Anteayer, la maleta con rueditas, la primera patente para una maleta con rueditas es de 1970. Eso quiere decir, queridísimas amigas y amigos, que la humanidad estuvo cargando valijas, partiéndose el lomo durante 1.400 años. Estaba la maleta, estaba la ruedita. ¿No es muy loco? 14 siglos tardamos en ponerle ruedas a la valija, al punto tal que si uno piensa en 1969 fuimos a la Luna. Eso quiere decir que Armstrong, Collins y Aldrin subieron al cohete cargando sus maletas. Bueno, toda esta historia es para contarles que la innovación alrededor de nosotros se parece mucho más a unir cosas que estaban separadas. Se parece mucho más a ponerle ruedas a una valija que a inventar la rueda. Si ustedes miran las cosas alrededor de nosotros que son nuevas, pueden ser productos, servicios, formas de vincularnos, formas de hacer las cosas, lo que quieran, en el sentido más amplio de la palabra, la inmensa mayoría de los casos pueden interpretarse como alguien que tuvo la idea de unir cosas que estaban separadas para resolver un problema, para mejorarle aunque sea un poquito la vida a alguien.

19:15

La cuarta idea que quiero compartir con ustedes del rompecabezas de la vida es que, como toda metáfora, no todo lo que viene del dominio inicial, en este caso el dominio de los rompecabezas, se traslada al dominio al cual queremos aplicarlo, en este caso el dominio de la vida. Así funciona la metáfora. Tomamos algo de un sector que conocemos. En este caso, los rompecabezas que todos hicimos rompecabezas en algún momento de la vida. Y decimos: «Veamos cómo los conceptos de esto se aplican a pensar nuestra vida de una nueva manera». Y algunos se aplican, pero no todos. Por ejemplo, cuando uno se compra el rompecabezas de Notre Dame, sabe que tiene mil piezas, que tiene borde y, es más, tiene una foto de Notre Dame y sabe cómo tiene que lucir. Todas esas cosas no funcionan en el rompecabezas de la vida. No tengo ni idea de cuántas piezas va a tener. No tiene bordes y no sabemos cómo va a lucir. Entonces, ese aspecto no se traslada. Y hay otro aspecto que no se traslada, que me parece fundamental, y es que nunca se termina. Mientras estemos vivos, el rompecabezas no se termina. No es como el de Notre Dame, que sabemos se terminó, lo encuadramos y lo colgamos. Y para eso escribí un texto cortito que quiero leerles y que es mi forma de expresar esto. Se llama Nuestro departamento y la Sagrada Familia. Dice así: «Estábamos haciendo una refacción en nuestro departamento y me sentí mal porque me dijeron que se iba a demorar un poco más de lo que esperábamos. Pero en seguida lo puse en perspectiva cuando recordé que la Sagrada Familia, la Basílica de Barcelona que diseñó Gaudí, empezó a construirse en 1882 y después de 141 años todavía no se terminó. Fuimos a visitar la Sagrada Familia con la familia y cuando le preguntamos a la guía por qué se está demorando, nos contó que Gaudí le dedicó sus últimas décadas, pero que no dejó planos detallados, que se financia con donaciones y que por mucho tiempo no tenían fondos suficientes, que la complejidad del diseño hizo que la construcción tuviera muchos desafíos y que las tensiones políticas pararon la obra por años. Me pareció que «la Sagrada», como le dice cariñosamente mi sobrino, es una gran metáfora de la vida. Tener ganas de construir algo. Soñar con cosas casi imposibles. Sentir a veces que nuestros objetivos están cada vez más lejos. Vernos abrumados por todo lo que nos falta hacer y depender de mucha gente para que las cosas sucedan. Hace décadas prometen que la van a terminar en los próximos años, pero terminar la Sagrada sería como completar toda nuestra lista de pendientes. Como no tener proyectos, como no querer profundizar los vínculos con nuestros amigos del alma, como no soñar con conocer gente nueva, como ya no tener incertidumbre. Y ahí me di cuenta. La Sagrada no está en construcción. La Sagrada es en construcción. Estar en construcción, ser work in progress, es parte de su esencia. Es verdad que cuando la terminen va a ser una de las iglesias más lindas y más altas del mundo. El icono de una gran ciudad y muchísimo más, pero ya no va a ser la Sagrada. Gaudí nos dejó una de las mejores metáforas de la vida misma. La refacción de nuestro depto, como le decimos cariñosamente en casa, ya terminó, pero espero que la Sagrada no se termine nunca».

El efecto mariposa de la imprenta de Gutenberg. Gerry Garbulsky
22:54
Maura. Hola, Gerry. Yo soy Maura. Encantada de verte. Estoy muy feliz. Hablas un montón de metáforas. ¿Nos podrías decir de la importancia de las metáforas?

23:04
Gerry Garbulsky. Yo me acuerdo de que, en el colegio, la misma profe nos enseñó que la metáfora era un artilugio, una herramienta, una forma, un mecanismo literario, para decir las cosas de manera más bella. Sí, eso es lo que muchos aprendimos en el colegio, en la secundaria: «decir las cosas de manera más literaria y más bonita». Pero después me di cuenta, muchos años después, que en realidad las metáforas son mucho más profundas que eso. Las metáforas son nuestra manera de aprender. Nuestras metáforas son nuestra manera de conocer el mundo. No sé si a ustedes les pasa. Yo cuando llego a una nueva ciudad que no conocía. Lo primero que hago es decir: «Mira, esto se parece a esto o lo otro». No sé si a ustedes les pasa. Yo reconozco partes de Buenos Aires o de otras ciudades que conozco cada vez que llego a una ciudad nueva y esa es mi manera de relacionar lo que ya sé, las piezas de mi rompecabezas con esta nueva pieza que está llegando y la estoy uniendo. Y esto me lo regaló una amiga del alma que se llama Mariana Jasper. Y Mariana me acercó a una manera de pensar en metáforas que yo no conocía y que quiero compartir con ustedes porque a mí se me ensanchó la vida de una manera considerable y es la poesía. Yo soy de leer bastante, pero no tanto poesía. La poesía, por alguna razón, no me llegó de alguna manera hasta que Mariana me trajo este librito que traje hoy acá, que es un libro de Gustavo Yuste. Gustavo Yuste es un poeta argentino y les voy a leer dos poemas hiper cortitos y van a ver cómo Gustavo en estos poemas nos regala metáforas para pensar en la vida, en el entorno, que por lo menos yo no las había pensado antes.

24:45

Escuchen este. Es muy cortito. Se llama Punto de quiebre y dice así: «Es la quinta vez que veo un vidrio quebrado en varias partes, pero aún cumpliendo su función. Ahora fue en un colectivo, en un bus. Otras veces fueron vidrieras de locales y también una ventana de un organismo público. Haciendo fuerza para evitar cualquier tipo de psicología barata, pienso en la capacidad de mantenerse en pie de algo que perdió su orden interno y de las múltiples heridas que se desprenden de un solo impacto». A mí me pasa esto y empiezo a pensar en todas esas cosas chiquititas o grandes que están rotas por dentro, pero que siguen cumpliendo su función. Entonces, desde que leí este poema que me regaló Mariana y que compuso Gustavo Yuste, estoy muy atento a entender los quiebres que tienen las cosas y tratar de entender si es sostenible que sigan cumpliendo su función o no y si hay que cambiar el vidrio porque ya está roto y va a dejar de ser vidrio que me proteja. Y entonces si esto me ayuda a identificar cosas rotas, la próxima pregunta es cómo arreglarlas. Y ahí viene la siguiente metáfora en un poema más cortito todavía, que me fascina y que dice así, se llama «Apagón». Escuchen este porque… «Apagón: un recordatorio para cuando lleguen los momentos de tristeza. Al igual que durante los cortes de luz es recomendable salir a comprobar si somos solo nosotros o si es todo el barrio». No sé por qué me emociono cada vez que, es como… Primero la belleza de cómo está dicho no, obviamente. Pero hay algo de pensar eso cuando nos pasa algo como personas, como organizaciones, como sociedades, somos nosotros o es lo que está pasando alrededor de nosotros. Porque la solución que le vayamos a buscar a ese problema que tenemos depende muchísimo de si la luz se nos cortó en nuestro departamento o en todo el barrio. Si es algo interno mío, si es un problema mío o si es algo que está pasando alrededor de nosotros y a veces es difícil distinguirlo. Pero esta metáfora que nos regala este poema me ayudó a pensarlo de esa manera y tratar de distinguir cada vez que siento tristeza en el sentido más amplio de la palabra, ¿no? Y, entonces, pensando en la metáfora, digo: «¿Para qué puede servir esta idea de la metáfora? ¿Para traer nuevas piezas a nuestra vida o para conocer algo nuevo?». Bueno, ahora estamos inundados con la inteligencia artificial. Recientemente, en los últimos meses, años, se han producido desarrollos en la inteligencia artificial que están empezando a tambalear muchas cosas de nuestra identidad, de nuestros roles en la vida, de cómo buscar propósito, de si vamos a tener trabajo o no a futuro. Entonces, ¿cómo hacemos para aprender algo que nos moviliza tanto? Bueno, busquemos metáforas. Les leo algunas porque son buenísimas. Escuchen, escuchen esto. Esta me la regaló Hernán Casciari. Hernán dijo «La inteligencia artificial es como un lápiz nuevo». Él lo que me decía tratando de explicar esta metáfora es que los escritores ahora pueden ayudarse con el ChatGPT o la variante que ustedes quieran usar de estas nuevas versiones de la inteligencia artificial generativa, como se la llama ahora, para escribir mejor, pero que a la larga uno se transforma en un editor de eso y en cómo conversar con la inteligencia artificial para seguir siendo uno el autor, el escritor, el creador de esa obra, pero con otra ayuda. Ese es el lápiz nuevo que tenemos que aprender a usar para poder escribir.

28:32

Esa es la primera. La segunda es «Pensemos que la inteligencia artificial es un nuevo medio de transporte». Nosotros íbamos de un lugar al otro. Quizás este medio de transporte nos ayude a llegar de otra manera, quizás más rápido, más cómodo, más bonito. O quizás nos ayude a llegar a lugares donde antes no podíamos llegar. Y de repente ahí, con esta metáfora, la inteligencia artificial como medio de transporte, se abre otra perspectiva de cómo pensar esto que nos está pasando. La nueva revolución tecnológica. Tercera metáfora: «La inteligencia artificial como la nueva revolución tecnológica». Sí, pasaron un montón de revoluciones tecnológicas y podemos aprender de esas revoluciones para entender qué podría llegar a pasar ahora y cómo encajamos dentro de todo esto. De nuevo, una lente nueva para percibir esto que nos está pasando. La inteligencia artificial como el nacimiento o el comienzo de una nueva conciencia global. Esta puede asustarnos un poquito más, pero también es bueno generar esos sentimientos también con la inteligencia artificial. Voy a ir más rápido con las siguientes, para que ya se hagan una idea o no, porque cada una me encanta. La quinta es: «La inteligencia artificial como…». Esta es controversial, puede generar sensaciones raras, pero me la dijo Rebeca Hwang, una gran amiga, también conversando en «Aprender de Grandes», dijo: «Quizás la inteligencia artificial es como un nuevo hijo, que apareció de golpe, neurodivergente de cinco años de edad». Es decir, vieron que la inteligencia artificial, por lo menos las versiones que estamos usando ahora, son buenísimas para ciertas cosas y muy malas para otras. Cometen errores muy torpes en algunas cosas, pero hacen cosas brillantes, como un chico neuro divergente que llegó de golpe y que tiene cinco años de edad. Entonces, si nosotros nos vemos como los padres de ese hijo, tenemos que aprender a vivir con ese hijo, ayudarlo a crecer, a realizarse, a ser feliz, a potenciarse, lo que quiera cada uno, pero entendiendo que tiene destrezas sobrehumanas en muchas cosas y ahí ya se desdibuja si estoy hablando del hijo o de la inteligencia artificial y algunas cosas en las cuales comete errores bastante torpes, ¿no? La número seis: «Una mutación y parte de la evolución». Quizás esto es la forma en que nosotros estamos acelerando la evolución natural, o ya no tan natural, hacia nuevas especies que puedan venir en el futuro y qué va a pasar cuando quizás nos reemplacen o nos complementen de distintas maneras. Esta es interesante, la siete es: «La inteligencia artificial como un hijo que aprende de lo que hacemos, no de lo que decimos». Vieron que muchos de los problemas que tiene la inteligencia artificial es que se alimenta de bases de datos humanas que tienen todos nuestros sesgos, prejuicios, etcétera. Entonces, de repente aparecen inteligencias artificiales que discriminan y decimos: «Uy, qué mal que están». Bueno, somos nosotros. Está representando nuestra historia de un montón de prejuicios. Alguien dijo: «La inteligencia artificial», esta es la número ocho, «como acelerar el nido vacío». Vieron que los padres tenemos esta pequeña preocupación de qué va a pasar cuando nuestros hijos se vayan de casa y quede el nido vacío y quizás tengamos más tiempo, más dinero, más lo que fuera energía para hacer otras cosas. ¿En qué vamos a usarla?

31:45

Bueno, de repente la inteligencia artificial nos puede llegar a dar más tiempo todavía y el ocio que no sabemos manejar quizás nos aterra un poquitito si nos queda demasiado tiempo y ya no hace falta que trabajemos. Un escenario positivo, ustedes pueden verlo también del escenario más negativo. Alguien me dijo… La número nueve, esta me la dijo Nicolás Pimentel. Él me dijo: «Pensemos la inteligencia artificial quizás como el último o el nuevo amague de Messi». Porque vieron que hubo un montón de anuncios de tecnologías en los últimos diez, 20 años y la inmensa mayoría de esas no volvimos a oír hablar de los NFT. Las criptomonedas tuvieron un pico de popularidad y después se cayeron. Ahora quizás están volviendo un poquito, pero, bueno, quizás acá no pase nada. Quizás pasen meses o años hasta que realmente tenga algún impacto más grande. No estoy seguro de que vaya para ese lado, pero es una posible metáfora que nos ayuda a verla. La número diez es la solución a todos nuestros problemas. Sí, la inteligencia artificial nos va a resolver todos los líos que nosotros no supimos resolver como seres humanos, es más inteligente y nos va a ayudar y va a estar toda espectacular. Y la última que tengo para compartir con ustedes. La lista es más larga. Elegí once nada más. Esta es muy interesante. Esta me la dijo Mariano Sigman: «La inteligencia artificial como una mascota, un perro digamos, que de repente aprendió a hablar». Es interesante como los perros se comunican con los seres humanos de distintas maneras, pero seguro que están pensando un montón de cosas que no saben cómo decirnos. Lo mismo pasaba con la inteligencia artificial, la gran revolución de esta ola de inteligencia artificial no es que hay mucha más inteligencia artificial, sino que hay una interfaz que nos ayuda naturalmente a conversar con toda esa maquinaria de inteligencia artificial y nos permite acceder algo que ahí. Es como un perro que aprendió a hablar y le puedo decir qué quieres decir con «guau, guau, guau, guau». Ahora podemos entender el lenguaje de la inteligencia artificial. Está bien, ¿no? Está bien cómo las metáforas pueden ayudarnos a coser, a hilvanar, a acercarnos a cosas extrañas, a traerlas al rompecabezas de nuestra vida y darle un sentido que, sin las metáforas, sería poco posible. Así que gracias a Mariana Jasper, a Gustavo Yuste, a Mariano Sigman, a Hernán Casciari, a Rebeca Hwang, a Nicolás Pimentel y a todos los que me regalaron tantas metáforas en todo este tiempo.

El efecto mariposa de la imprenta de Gutenberg. Gerry Garbulsky
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Mujer 1. Una cosa que me gustó en uno de tus programas fue que comentabas que a veces ocurren cosas inesperadas a raíz de algo que hacemos y mencionabas el ejemplo de Gutenberg con su imprenta. ¿Podría contarnos un poquito más sobre esa idea?

34:26
Gerry Garbulsky. Bueno, eso es una cosa espectacular que pasa con el rompecabezas de nuestra vida. Tenemos esta ilusión de que tenemos la vida bajo control o nos gusta tener esa ilusión y por eso nos contamos el cuentito, armamos las narrativas de: «A mí me pasó esto y después decidí esto y entonces hice esto otro y voy a capacitarme acá para después trabajar de esto otro». Pero todos sabemos que la vida no es así. Hay un montón de efectos inesperados, chiquititos o muy grandes, individuales y colectivos que permean nuestras vidas. Y me encanta coleccionar ideas e historias de ese estilo. Y les voy a contar la que me acaban de proponer y es la historia que escuché contar por primera vez a Steven Johnson. Steven Johnson es un escritor de Estados Unidos a quien sigo bastante y que me encanta leerlo y lo conozco en persona. También tuve el privilegio de compartir un par de almuerzos con él y aprendo muchísimo cada vez que pude interactuar. Esta es la historia de la imprenta de Gutenberg, que uno cuando piensa en la imprenta dice: «Bueno, ¿cuál fue el impacto de la imprenta?». Bueno, obviamente lo que hizo la imprenta fue inundar al mundo de libros e hizo que la cultura, la educación, la literatura fuera accesible, el conocimiento a mucha más gente de la que podía acceder antes. Antes los libros eran superescasos. Había, pero había que escribir a mano, uno por uno, copiarlos, se perdían… Y, de repente, en pocas décadas, el mundo estaba inundado de libros gracias a la imprenta de Gutenberg. Y uno piensa en que esto es uno de los impactos muy grandes que tuvo la invención de la imprenta. Pero hay otro impacto del cual, en general no hablamos tanto, y que Steven Johnson me hizo ver y es el siguiente. Hasta que se inventó la imprenta la mayoría de la gente que vivía en el mundo no tenía necesidad de fijar la mirada cerca. Quizás si eras un monje en un monasterio y te la pasabas leyendo sí, pero la inmensa mayoría de la gente, en los vínculos, en las relaciones, miraba de lejos. Y uno de los efectos que tuvo la imprenta es que la gente se llevó un libro cerca y dijo: «Ah, no veo tan bien». Si la gente se dio cuenta de que no veía tan bien y ya existían algunos prototipos muy básicos de anteojos, la gente sabía y, de hecho, algunos monjes en monasterios los usaban, que unos vidrios curvos con ciertas formas podían ayudar a ver en situaciones de poca luz o de letra muy muy pequeña a los monjes, pero no eran muy sofisticados. Lo que sucedió con la imprenta es que rápidamente, en pocas décadas, cuando la gente se dio cuenta de que necesitaba ver mejor de cerca, empezó a desarrollarse la industria de los anteojos, de las lentes. Y, de repente, había miles de diseñadores, de fabricantes, de vendedores de lentes en toda Europa, al principio y después en todo el mundo. Ahora viene la gran revolución que en general no asociamos a la imprenta. Resulta que unas décadas después de que apareciera la imprenta, el padre e hijo, Janssen de apellido, de Holanda, dijeron qué pasa si tomamos los lentes de un par de anteojos, los dos vidrios, y en vez de ponerlos así uno al lado del otro, los sacamos y los ponemos así, uno arriba del otro y poniéndola a la distancia correcta descubrieron que nos permitían ver las cosas pequeñas como si fueran más grandes. Inventaron el microscopio y rápidamente hacen lo que todos hacemos la primera vez que nos dan un microscopio, que es poner bichitos y poner ahí cosas y un pelo y la piel humana y todo eso.

38:07

Y rápidamente ellos, y mucha gente más, empezaron a descubrir los mecanismos de la vida. Piensen que hasta ese momento solo podíamos ver con el ojo desnudo, sin aumentos, y es muy difícil ver cómo funciona el cuerpo humano en detalle o el cuerpo de cualquier ser vivo si uno no tiene el microscopio. Y, rápidamente, se dieron cuenta de muchas cosas, de cómo funciona la vida, también de cómo funciona la enfermedad, del rol de los gérmenes en la enfermedad. Y hubo una revolución gigante en cómo entendemos la vida y cómo entendemos la salud. Esa es una gran revolución. Poquitos años después, otra persona también en Holanda, muchas cosas pasaban en Holanda en esos momentos, dijo: «¿Qué pasa si tomamos dos vidrios? No exactamente con esta curvatura, un poquito distinta la curvatura, y nos ponemos de nuevo uno arriba del otro, pero en vez de apuntar a cosas chiquitas apuntamos a cosas lejanas o al cielo». Inventaron el catalejo y, después, el telescopio, que Galileo tomó un par de años después lo perfeccionó, lo mejoró un poquito y lo apuntó a Júpiter y Galileo vio que alrededor de Júpiter daban vuelta cuatro lunas. Hoy sabemos que son cientos de lunas, pero en ese momento, con ese telescopio, pudo ver cuatro lunas alrededor de Júpiter. Y eso era imposible. Era imposible porque el dogma del momento era que todo giraba alrededor de la tierra. No podía ser que algo estuviera girando alrededor de otra cosa que no fuera la Tierra. Y ese pequeño pasito empezó a hacer tambalear el dogma de la Edad Media. Y estas dos cosas unidas, el microscopio y el telescopio, catapultaron lo que fue el Renacimiento, la revolución científica, más tarde la revolución industrial y un montón de cosas más que hicieron que el mundo tenga la forma que tiene hoy. Quizás todas esas cosas iban a pasar igual sin la imprenta, pero la imprenta catalizó, aceleró un proceso que quizás si no demoraba mucho tiempo más. Entonces, es verdad que la imprenta democratizó el acceso al conocimiento, pero también generó un montón de efectos secundarios que en general no asociamos a la imprenta, pero que tuvieron efecto al menos comparable, quizás más grande todavía que el primero de los efectos. Entonces, fue una respuesta larga a tu pregunta, porque me encanta esta historia como un ejemplo de los muchos que hay de la cantidad de efectos inesperados que hay en la vida. Y a mí me dan la humildad de no creer que puedo controlar mi vida y me obligan a estar atento a las cosas que van a pasar por más que planifique con intencionalidad, porque quiero lograr ciertos efectos, a veces sale al revés y está bien estar atento a esto, como en los poemas de las metáforas está bien aplicar esta lente a mirar el mundo y estar atento a los efectos inesperados de cada una de las cosas que hagamos. Gracias.

40:56
Martina. Hola, Gerry. ¿Qué tal? Mi nombre es Martina. Tú desde 2016 haces y diriges y presentas un programa de YouTube que se llama «Aprender de Grandes», que inclusive tiene un juego. Yo te quería preguntar: ¿cuáles son los aprendizajes que tú destacarías de ese programa?

41:14
Gerry Garbulsky. Gracias, Martina. Aprendí muchísimo. Tuve la suerte de conversar con gente de lo más variada. Me encanta conversar con escritores, con gente que se dedica a la educación, con científicos, con artistas, con gente de lo más variada, gente del mundo de la ayuda social y de cómo tratar de mejorar nuestro entorno, aunque sea un poquito. Eso es una de las cosas que aprendí. Lo otro que aprendí, que creo que es más fundamental todavía que no es tanto el contenido, sino cosas de la forma. Creo que estoy conversando un poquito mejor que antes de hacer esto. Los seres humanos, por alguna razón, tenemos esta tendencia a cuando están conversando, en lugar de estar escuchando de verdad, están pensando cuál va a ser su próxima intervención: «Qué voy a decir, qué voy a decir, qué voy a decir, cómo hago para meterme en esta conversación, interrumpir y decir lo que yo quiero decir». Entonces, terminamos teniendo monólogos colectivos de gente que cada uno habla y nadie escucha. A mí me pasaba mucho eso. Me sigue pasando un poco de eso. Pero lo que me pasó con «Aprender de Grandes» es que me propuse tratar de escuchar con 100 % de mi atención. En uno de los episodios estaba conversando con un escritor, con Juan Sklar, y estamos en la mitad del episodio, yo soy científico de formación me gusta ver racionalmente muchas cosas. La lógica me parece que es importante, las cosas que se puedan demostrar, tratar de demostrarlas. Y, en el medio de la conversación, Juan me dice: «Gerry, ¿quieres que te tire las cartas del tarot?». Yo tragué saliva y Juan sacó las cartas del tarot y me empezó a tirar las cartas del tarot. Y lo que pasó ahí fue increíble porque Juan, gracias a las cartas del tarot o por culpa de las cartas del tarot, me empezó a decir cosas que él pensaba de mí, que sin las cartas hubiese sido rarísimo que me dijera. Si él me decía lo que me dijo en ese momento, sin las cartas ahí sobre la mesa, yo le hubiese dicho: «Juan, ¿qué te pasa? Para un poquito. Es raro lo que está pasando acá», pero gracias a las cartas él tuvo la libertad de decirme cosas. A veces converso con gente de toda la vida, gente que conozco desde hace muchísimos años y me dicen cosas que. nunca me habían dicho. Yo le digo: «¿Cómo no me contaste esto antes? O sea, hace 50 años que somos amigos y nunca me contaste esto tan importante en tu vida». Hay algo mágico que pasa ahí y es raro porque hay cámaras y micrófonos. Pero hay algo en la escucha atenta, en no tener distracciones que genera una conexión bastante increíble. Y los seres humanos no nos damos esa oportunidad. O sea, eso casi no sucede en nuestras vidas. Es muy difícil que suceda porque siempre hay alguna distracción alrededor de nosotros. Siempre hay una próxima reunión a la que tenemos que ir. Y es muy loco porque no hace falta mucho para generar esa magia que fui viendo a lo largo del tiempo. Así que gracias por la pregunta.

44:12
Matías. Hola, Gerry, mi nombre es Matías y te quería preguntar: tú trabajas con el conocimiento y con la palabra. Hoy en día es muy importante saber comunicar para la familia, para los amigos, para el trabajo. Lo que te quería preguntar era: ¿qué es lo que hace que haya gente que sepa comunicar de forma tan efectiva y haya gente que no tanto?

44:35
Gerry Garbulsky. Gracias, Matías, por la pregunta. Es algo a lo que vengo dedicándole mucho tiempo y pensando mucho. No sé si tengo la respuesta definitiva a tu pregunta, pero algunas cosas que aprendí en este camino incluyen la importancia de que la persona que está comunicando sus ideas lo haga de una manera genuina y auténtica, primer punto. Es decir, que no tratemos de ser otra persona, de que salga con nuestra voz, justamente de que seamos nosotros los que están hablando ahí. Porque, si en algún momento queremos parecernos a otra persona, del otro lado se van a dar cuenta y ya no es creíble lo que estamos diciendo. Primera idea. Segunda es que tenemos que hacerlo desde un punto de vista vulnerable. Los seres humanos somos vulnerables y, si alguien viene a contarte algo como «la tengo muy clara y yo soy el mejor», nadie lo quiere escuchar, a esa persona. Los seres humanos somos vulnerables, tenemos nuestros problemas, nuestras equivocaciones, nuestros tropiezos y, si los mostramos también, eso ayuda muchísimo a la comunicación. La siguiente idea es que comunicar es un arte. Hay algunas ideas que uno puede tratar de formalizar para que se parezca a una ciencia, pero la verdad es que es un arte y cada uno tiene que construir su propia versión del arte de comunicar. Y, finalmente, que, como casi cualquier cosa que podemos hacer en la vida, hay algo de talento natural, pero la inmensa mayoría de los buenos comunicadores se hicieron a golpes, se hicieron hablando, se hicieron prestando atención, se hicieron pidiendo retroalimentación, pidiendo feedback a la gente que los escuchaba, diciendo: «Esto que dije, ¿cómo te llegó?». Y una más, dije última, pero se me ocurre una más que me parece que es importante y es una frase, que es una de estas frases que se atribuye a muchas personas distintas, que ya tomó vida propia. Entonces no le voy a atribuir a nadie, sabiendo que cada uno de ustedes quizás saben algunos de los orígenes. Y es que la gente no va a recordar, cuando uno comunica con la palabra, la gente no va a recordar las palabras que le dijimos, la gente no va a recordar las cosas que le mostramos. La gente solamente va a recordar cómo los hicimos sentir. Entonces, ser conscientes de que del otro lado hay un ser humano, sentir la empatía por el ser humano y tratar de ponernos en su lugar para ver cómo lo que tenemos para decir, si las palabras y si lo que vamos a mostrar van a hacer sentir a esa otra persona, y de esa manera poder ser mucho más efectivos en, justamente, ayudar a sembrar una nueva idea y ensanchar la vida de más gente. Gracias, Matías.

47:08
Vilma. Hola, Gerry, soy Vilma. Para ti, ¿qué es aprender y qué es desaprender?

47:15
Gerry Garbulsky. Gracias, Vilma. Pregunta gigante también. Hay muchas definiciones de qué es aprender. Una que me gusta mucho, que es bastante simple, es hacer nuevas conexiones en nuestro cerebro que nos permitan entender el mundo de otra manera, que nos den otro modelo mental, que nos den otro filtro para hacer sentido del mundo complejo que nos rodea. Esa es una definición que me gusta y que es bastante funcional, que me ayuda a hacer cosas con eso. Sobre desaprender tengo una opinión. ¿Vieron que a veces hay algunas palabritas o conceptos que se ponen de moda? Ahora la gente dice: «Para aprender cosas nuevas hay que desaprender todo lo anterior». ¡No! Por favor, no desaprendan. Son peligrosas estas cosas. Como creo que ya comenté, el conocimiento humano es asociativo, los seres humanos aprendemos comparando lo nuevo, o asociando lo nuevo que queremos aprender, con lo que ya sabemos. Muchas veces usamos la metáfora de la mente como una computadora, que para algunas cosas funciona, pero para otras cosas fracasa estrepitosamente, como es este caso. En la computadora, cuantos más datos le pones, menos memoria te queda. Y tienes que comprar más memoria en la nube, o cambiar la computadora o borrar archivos viejos. No sé si les pasó alguna vez. En la mente no funciona así. En la mente aprendemos asociando con lo que ya tenemos. Entonces se produce la pequeña paradoja de que, en la mayoría de los casos, cuanto más sabemos, más podemos aprender. Que es al revés de lo que le pasa a la computadora. Entonces, si desaprendemos, ¿de dónde nos vamos a agarrar? No podemos volver a ser niños, porque tenemos todo nuestro bagaje, que es el que nos da la posibilidad de seguir aprendiendo.

49:09

Si desaprendiéramos a leer, no podemos leer lo nuevo que queremos aprender. Entonces es peligroso esto de extender estas modas y usar una palabra que suena muy bonita, y la aplicamos de forma indiscriminada. Sí hay momentos en los que… les cuento dos casos en los que vale la pena desaprender. Uno es cuando uno tiene muchos sesgos incorporados. Si uno tiene muchos filtros que le permiten ver el mundo de una manera, pero le obstruyen la vista para verlo de otra manera, a veces es bueno sacarse esos filtros para mirar con la mente de un niño de manera ingenua y enfrentarse a ese problema como si fuera la primera vez. No es desaprender, sino decir «tratemos de dejar de lado esos filtros que ya tengo para poder entender el problema de una manera fresca, nueva, hasta ingenua», porque eso nos permite hacer las preguntas correctas que, de la otra manera, no haríamos. Y hay otro caso muy puntual sobre desaprender que lo sufrí en carne propia. Y es que estaba tratando de aprender a tocar una canción en el piano. Yo no sé tocar el piano, pero hay una canción que me obsesioné con esa canción y quería aprender a tocar esa canción. Y me bajé los vídeos de YouTube que mostraban cómo tocar esta canción en el piano. Y empecé a hacerlo hasta que llegué a mi límite con los vídeos de YouTube y más de esto no podía avanzar y todavía no me gustaba cómo sonaba. Y me conseguí un profe de piano. Voy al profe de piano y me dice: «A ver hasta dónde avanzaste». Toco y me dice: «Está complicado. Está complicado porque no sabes tocar el piano, primero». Pero lo segundo es que me dice que los acordes que tocaba con la mano izquierda, los estaba tocando con los dedos incorrectos. Y yo eso, cuando vi lo de YouTube no pensé con qué dedos hacer cada acorde con la mano izquierda y me dice: «Si mantienes esa digitación», que es el término técnico para decir con qué dedos tocas cada tecla, «si mantienes esa digitación te va a ser muy difícil tocar el siguiente acorde, porque no te da la mano para saltar de uno al otro. Vas a tener», me dijo Walter, mi profe de piano, «vas a tener que desaprender esa digitación y hacerlo de manera correcta para poder seguir avanzando y eso te va a costar esfuerzo. Es más difícil que aprender desde cero la digitación correcta». Desaprender, en ese sentido, puede ser importante. O cuando Djokovic, no sé si se acuerdan, Novak Djokovic, el jugador de tenis, al principio, el saque, tiraba la pelota muy alto, muy muy alto, y después le pegaba. Y después de unos años, cuando ya era de los primeros mejores jugadores del mundo, su coach le dijo: «Tenemos que mejorar tu saque, y para eso vas a tener que desaprender cómo vienes sacando desde que eres muy pequeño y tirar la pelota no tan alto». Y eso le llevó un esfuerzo. Rafa Nadal tuvo que hacer algo parecido… En esos casos, sí, pero son casos puntuales. En la mayor parte de los casos, por favor, no desaprendan. Traten de aprovechar lo que ya saben porque les va a potenciar para aprender más. Gracias, Vilma.

El efecto mariposa de la imprenta de Gutenberg. Gerry Garbulsky
51:54
Eugenia. Hola, Gerry, soy Eugenia y quería saber. A medida que vamos creciendo parece que nos cuesta cada vez más aprender cosas nuevas. ¿Crees que se puede aprender durante toda la vida?

52:05

Qué buena pregunta, Euge. Creo que sí y les voy a explicar por qué y cómo, porque no es lo mismo aprender cuando somos pequeños que cuando somos grandes. Hay una metáfora que me regaló Mariano Sigman que quiero compartir con ustedes, que me gusta mucho, sobre qué es aprender, porque ¿vieron que hay gente que aprende con más facilidad que otras personas? O incluso nosotros mismos, hay ciertas cosas que nos resultan fáciles y otras que nos cuestan muchísimo para avanzar. ¿Cómo podemos pensar en esto? Bueno, aprender, tanto conocimiento como saber hacer, que las dos son instancias de aprender, tiene que ver con cómo podemos reconfigurar las conexiones que tenemos en nuestra mente. «Aprender» significa ‘reconectar nuestras neuronas de forma tal que puedan hacer algo que antes no podíamos hacer o que sepan algo, que sepamos algo, que antes no sabíamos’. Y, entonces, ¿cómo hacer para lograr plasticidad neuronal? Es decir, la capacidad de moldear nuestra mente para que tenga tierra fértil, para que haya nuevos conocimientos o nuevos saber hacer. Y Mariano lo que me contaba es una analogía que me gusta mucho sobre la maleabilidad o la plasticidad que tiene que ver con el vidrio. Imagínense que tienen un pedazo de vidrio y que quieren darle forma. Uno puede poner presión, pero el vidrio es duro y es frágil. Si uno pone mucha presión, hace mucha fuerza, el vidrio se quiebra, se rompe. Pero si uno, con fuego, le suministra calor al vidrio, el vidrio sube de temperatura y llega un momento en el cual de repente es maleable. Y, si uno tiene las herramientas correctas, puede darle la forma que uno quiera. Después el vidrio se enfría, tiene la forma que uno le dio, vuelve a ser frágil y duro, pero ya con la forma que uno le dio. Entonces, de alguna manera, el calor es lo que hace maleable al vidrio, y el fuego es la fuente de calor para que eso suceda. Otro ejemplo es la cerámica, la arcilla. Imagínense que tienen un bloque de cerámica y, de nuevo, quieren darle forma. Quizás también es frágil y, si haces mucha fuerza, se quiebra todo. Pero si uno le pone humedad, le agrega agua, llega un momento en que la arcilla puede ser blandita y puede ser maleable. Uno le da la forma que quiere, después deja que se seque. A veces, lo tiene que poner en un horno. Toma la forma que uno quiere. De nuevo es frágil, pero ya tiene la forma que uno le dio. En este caso es la humedad lo que da la maleabilidad y el agua es la fuente de esa humedad. Entonces, la pregunta es: ¿cuál es el equivalente del calor para el vidrio o de la humedad para la cerámica para nuestra mente? ¿Qué es lo que tiene que suceder acá? Y, bueno, la neurociencia ya tiene la respuesta para eso y es una serie de sustancias químicas. La más famosa, la más popular, la que tiene mejor marketing es la dopamina. Pero hay otras más que trabajan en esto, que tienen que estar en el lugar correcto, en el momento correcto, para que podamos aprender. Mi primer sueño es: «Dame la pastillita de dopamina, entonces me tomo la pastillita y puedo aprender lo que quiera». Pero Mariano me dice: «Mira, todavía no sabemos cómo hacer eso, porque tiene que estar justo en la cantidad correcta, en el momento correcto, en el lugar correcto del cerebro, para que eso suceda». Pero los seres humanos sí tenemos una fuente de dopamina interna y de otras de estas otras sustancias. De hecho, los chicos, cuando somos niños, como somos muy pequeños, tenemos mucha plasticidad neuronal porque llegamos a un mundo y no sabemos en qué siglo llegamos o en qué cultura llegamos, y a través de la evolución natural, tuvimos la capacidad de adaptarnos al entorno que nos toque.

55:30

Y lo que fue pasando es que, durante esa infancia, vamos recorriendo el mundo, vamos adoptando, aprendiendo todo lo que tenemos que aprender. Y la evolución natural sabe que después de un tiempo ya no sirve que estés cambiando todo el tiempo, entonces, se van solidificando un poquito el vidrio, la cerámica, en este caso nuestra mente, y ya es un poquito más difícil aprender. Pero, y este es el secreto de aprender toda la vida, que ya no es secreto porque se lo voy a contar. Pero la evolución natural dejó abiertas cuatro puertitas que señalan, que le mandan la señal a nuestra mente de que es momento de ser tierra fértil y de volver a largar la reserva de esas sustancias químicas para poder aprender algo. La primera es la motivación. Cuando estamos muy motivados por aprender algo, de repente hay tierra fértil. Es por eso por lo que la motivación es superimportante en cualquier pedagogía. Es muy difícil que alguien aprenda algo si no tiene ganas de aprender, si no está motivado, si no le urge saber eso. Y es por eso por lo que los buenos docentes lo primero que hacen es crear tierra fértil. Es ayudar a que la gente a la cual está ayudando a aprender esté motivada, quiera aprender. Esa es la primera puerta que dejó la evolución natural. La segunda es la sorpresa. Cuando algo nos sorprende es porque no coincide con los modelos del mundo que tenemos, con nuestros filtros. Entonces, ahí, sabiamente, a través de la evolución natural, también reservamos parte de estas sustancias para que a través de la sorpresa podamos aprender. Es por eso por lo que a mí me encanta, no es solo por eso, pero eso es una de las razones, me encanta ser consciente de la sorpresa y tratar de desarrollar la capacidad de sorprenderme, cosa que muchos adultos dicen: «Esto ya lo vi»… Y hay mucha gente, ¿vieron esa gente a la que no le sorprende nada? Pobres. No pueden, no pueden aprender. Pero eso no es lo peor. Es que no está bien estar con ellos. Son bajón, te tiran para abajo. En cambio, la gente que está diciendo «guau» todo el tiempo, no sé, a mí me encanta estar con esa gente, esa gente que se sorprende con lo que pasa y que contagia esa sorpresa. Entonces, tiene una ventaja para aprender, pero la mejor es la ventaja social de que es bueno sorprendernos. Entonces, a mí me gusta ejercitar, decir «guau» en voz alta. Yo fomento que la gente ladre. O sea, que esté diciendo «guau, guau, guau» todo el tiempo. Bueno, esa es la segunda. La tercera es el error. El error. Cuando cometemos un error, es decir, hacemos algo y no sucede lo que esperábamos, ahí de nuevo hay que señalizarle a nuestra mente, y eso sucede de manera natural, que tenemos que aprender algo porque nos salió mal. Hay algo de lo que sabíamos que funcionó mal. Y esa es otra forma en que sucede esta liberación de las sustancias. Y la última es la dedicación, el tiempo. No hay demasiados atajos para aprender mucho. Cuando le dedicamos mucho tiempo, de nuevo, hay una señal que recibe nuestro cuerpo: «esto debe ser importante». Y, entonces, de esa manera sucede esta capacidad. Entonces, es más difícil aprender a medida que crecemos, pero no es imposible si uno tiene estas puertitas conscientes y abiertas y las desarrolla, y, si lo hace, puede aprender hasta el último día. Es más, yo creo que el día que dejamos de aprender es el comienzo del fin.

58:42
Cintia. Hola, Gerry, ¿qué tal? Soy Cintia. Nos contaste que has hecho infinitas cosas durante toda tu vida. Me imagino que van a seguir apareciendo más. Y te quería preguntar respecto a alguna recomendación. Algo como para los chicos que recién están empezando su carrera profesional. ¿Qué les dirías a ellos?

59:07
Gerry Garbulsky. Gracias, Cintia. Espectacular. Es un tema grande que me atraviesa. Me atraviesa en toda mi vida, porque le dediqué mis primeros 30 años de vida a la investigación científica. Y el día que se acercaba, cuando iba a terminar mi doctorado y dudaba qué hacer a futuro, una idea era hacer carrera académica haciendo investigación en física toda mi vida. Y otra idea era explorar otros mundos. En ese momento, por distintas razones, decidí explorar otros mundos, pero con mucho miedo. Si uno piensa en la historia de la humanidad así, de miles de años o cientos de años, durante mucho tiempo hubo algunos seres humanos que sabían prácticamente todo lo que había para saber. O no había tanto para saber y podían dedicarle toda su vida. Muy poquita gente, obviamente. Leonardo da Vinci es el ejemplo típico de un renacentista. Usamos esa palabra para nombrar a alguien que sabe de todo y mucho y que hace aporte. O Franklin, o mucha gente que pudo hacer aportes en áreas tan diversas de la vida. Y después como que se acabó un poquito eso. Hay muy pocos casos de gente que haya hecho aportes en tantos lugares. ¿Por qué? Porque la cultura y el conocimiento, y la ciencia y la tecnología y el saber y el arte se fue especializando tanto que tuvimos que meternos en profundidad para poder hacer un aporte. Yo siento que lo que está pasando ahora en el mundo es que los desafíos que tenemos como humanidad son tan complejos, son tan difíciles de enfrentar y de resolver que ninguna persona que sea especialista profunda en una sola cosa va a poder hacerlo, va a poder enfrentarlo, va a poder resolver esos problemas. Hace falta armar equipos multidisciplinarios o hace falta gente que hable, entre comillas, distintos idiomas, que sepa cómo unir las piezas del rompecabezas de los problemas de nuestras vidas. Yo creo que las cosas más interesantes que están pasando en el mundo hoy, la inmensa mayoría, no están en la profundidad de un campo muy chiquitito, sino que están en las interfaces, en las fronteras de lo que solían ser campos muy distintos. Entonces, yo sé que hay distintos temperamentos en la gente que quizás prefiera dedicarle toda su vida a una cosa y está todo bien. Pero me parece que las cosas más interesantes en el mundo suceden cuando unimos cosas, cuando podemos tender puentes entre áreas muy distintas. Y para eso no es necesario ser superficial, porque no está bien. Mi sugerencia y, por lo menos, lo que a mí me resultó funcional, divertido «ensanchante» de la vida, si existe esa palabra, es decir «me con todo, mi profundidad, foco y anhelo en un área, trato de aprender lo máximo posible, hacerme un especialista, aunque sea un área chiquitita, pero después no tener miedo de pegar un salto y seguir con esto, no desaprender esto. Seguir con esto, que me acompañe en la vida y que, cuando aprenda otra cosa, pueda unir esas dos cosas y ojalá aportar un granito de arena para mejorar el mundo. Aunque sea un poquito, dejar una huella o pasarla mejor, aunque sea». Yo creo que va por ahí. Entonces, mi sensación es que la gente que está empezando a decidir a qué dedicarle su vida, que encuentre algo que le guste, no hace falta que sea la pasión de su vida, porque también hay una trampa con eso de «encuentra tu pasión y después todo será fácil», porque la verdad es que no todos tienen pasión, tan temprano en la vida, muy clara. Si la tienen, fantástico, pero si no la tienen, elijan algo que disfruten de hacer y métanse con eso, con todo su entusiasmo, como si no hubiera un mañana. Y traten de ser la mejor versión de ustedes mismos haciendo eso y después vean. Si les surge otra oportunidad, peguen el salto sin miedo. Pero vayan guardando en las piezas… en la colección de piezas del rompecabezas de su vida, esas cosas que fueron coleccionando, porque no saben cuándo, pero seguramente más adelante van a poder unirlas y hacer un aporte importante y sentirse bien con ustedes mismos. Gracias, Cintia.

1:02:58

Soy Toni. Vi y escuché un pódcast de los que grabaste conversando con tu papá. Y la pregunta que se me ocurría era: ¿cómo recuerdas la educación en casa de tus papás? Y si hiciste cover con tus hijos o, por el contrario, te separaste totalmente, como a veces sucede de una generación a otra.

1:03:32
Gerry Garbulsky. Efectivamente, grabé un episodio con mi padre, con Gusti, con mi viejo. Fue el que más me costó decidir hacer, porque cuando invito a la gente que admiro, quizás alguno me pone más nervioso o menos nervioso, pero con mi viejo me la jugaba. Ahí era difícil, porque no sabía ni por dónde empezar. Sabía que iba a ser una conversación muy distinta a la conversación que tengo con otras personas. Finalmente me animé y lo invité. Y no solo estoy supercontento de haber grabado eso, sino que un montón de gente me escribió… Después, otro ejemplo de impactos chiquititos, pero que para mí son muy sentidos. Mandándome los vídeos de la conversación que habían tenido con sus padres después de haber escuchado esta. Y me parece que, como pasa con las personas que admiramos, pero más con nuestras personas más queridas, en general no conversamos muy bien. Y con mi viejo tuve la suerte de pasar un montón de tiempo y por suerte está bien y lo sigo disfrutando muchísimo. Pero ahí tuvimos conversaciones que no tuvimos de otra manera. Y fue una conversación supersentida, muy linda, la atesoro muchísimo, la volví a ver un par de veces. Y me encanta que eso pueda motivar o inspirar a que otros quieran hacer cosas parecidas. Porque no vamos a estar para siempre. Ellos, nosotros… Nunca sabemos qué va a pasar en la vida y está bien aprovechar esas oportunidades. Y después dije: «Bueno, ¿por qué parar acá?».

1:05:02

Y grabé otro con Juli y otro con Lele. O sea, grabé con mis dos hijos episodios individuales con cada uno de ellos. Y ahí me pasó lo mismo, desde padre a hijo, en el otro rol, el cual me daba también mucho miedo, sobre todo en el de Lele. Lele me enseñó algo que me impactó mucho y me lo enseñó ahí, con las cámaras y grabando. Y está publicado para que todo el mundo lo vea y… Me pegó una trompada Lele. O sea, en el sentido figurativo. No, no es que me golpeó, pero sí un poquito me bofeteó. Me golpeó porque me dijo que él tenía una fuerte presión mía, de Marce, de Juli, de su hermano, por este tema de la pasión. Él sentía que Juli tenía su pasión por las matemáticas y lo que está haciendo. Y él dice: «Yo no sé si tengo pasión», me dice Lele, «pero siento mucha presión de ustedes por tenerla, y yo no sé qué me gusta». Y ahí me di cuenta del error que muchas veces cometemos. Y es esta frase que solemos oír de «encuentra tu pasión y todo lo demás será fácil y ya no tendrás que trabajar ningún día más en tu vida». Como si trabajar estuviera mal, porque lo asociamos al sufrimiento. Y ahí Lele me dijo que él no sabía cuál es. Y me di cuenta, y después lo seguí procesando mucho más, de que la pasión es algo que sucede después de que uno hace cosas.

1:06:22

Quizás hay excepciones y hay alguien que encuentra una pasión temprana, pero la mayoría de nosotros encontramos las pasiones haciendo cosas y probando distintas cosas y metiéndonos en profundidad, con dedicación, con ahínco, con entrega. Y, a veces, encontramos algo que nos termina apasionando. Es como esta frase de «si uno sonríe porque es feliz o es feliz porque sonríe». Hay veces que la causa y el efecto pueden verse al revés. Y eso me lo enseñó Lele conversando en «Aprender de grandes». Y yo convivo con Lele desde que nació y no sucedió antes. Entonces, Toni, para responder de manera larga a una pregunta cortita, me parece que este dispositivo que encontré lo estoy tratando de aplicar a todas las instancias que pueda. Ahora tengo que convencer a mi madre y a Marce para grabar episodios con ellas. Gracias, Toni.

El efecto mariposa de la imprenta de Gutenberg. Gerry Garbulsky
1:07:11
Marcela. Hola, Gerry, soy Marcela. Bueno, eres una influencia, una gran influencia en mi vida. Y ahora quería saber qué pasa con tu hijo, que escuché una charla de él sobre educación llamada «Zombies en la escuela». A ver, cuéntanos un poquito qué paso ahí.

1:07:31
Gerry Garbulsky. Gracias, Marce. Este es Juli, uno de mis dos hijos. Juli y Lele, mis dos hijos, me enseñan cosas todo el tiempo y estoy aprendiendo de ellos todo el tiempo. Pero tuvo un problemita Juli en su relación con el sistema educativo. Juli, durante su educación, tanto primaria como secundaria, se sintió preso en la escuela. Y cuando tenía 19 años, ahora tiene 25, ya hace seis años, el equipo de TEDxRiodelaPlata, yo me abstuve, lo invitó a dar una charla para que cuente su relación con su educación. Yo ahí temblé, Marce y yo temblamos de miedo. En ese momento no sabíamos qué iba a pasar. Ya en ese momento en TEDxRiodelaPlata estábamos haciendo estos eventos grandes con 10.000 personas ahí y Juli se iba a parar en el círculo rojo, en el escenario, e iba a hablar sobre cómo sus padres la cagamos un poquito. Y, bueno, nos movilizó a todos, pero Juli se lo tomó muy en serio. Y Juli comunicó de una manera espectacular lo que sintió del sistema educativo y propuso cosas muy concretas para mejorarlo. Cómo hacer… no revolución, esperando que llegue la nueva educación del futuro, sino ya con la educación actual, hacer algunos ajustes no tan difíciles que pueden ayudar a que el sistema educativo escuche más a cada chico, escuche sus intereses, los incorpore, las voces de los chicos tengan un rol en el sistema educativo, que hoy prácticamente no lo tienen, y más cosas de ese estilo. Durante 15 años, o ya hace 15 años que estoy haciendo TEDxRiodelaPlata y siempre hubo más nervios, menos nervios, más adrenalina, menos adrenalina. Pero el día que se subió Juli al escenario, Marce y yo estábamos tiritando de los miedos, ahí, mirándolo desde afuera. Pero la rompió. Estuvo espectacular, dio una charla buenísima que se llama «Zombies en la escuela», que está en YouTube. Y después resulta que ahora lo llaman, a Juli, para que vaya a hablar a distintos países sobre los sistemas educativos de no sé qué. Creo que el viceministro de Educación de México lo dio, la charla de Juli, la distribuyó en todos los docentes del país como asignatura o como tarea previa antes de comenzar las clases hace un par de años. O sea, pasaron cosas raras alrededor de esto y Juli sigue peleado con su educación.

1:09:56
Martín. Hola, Gerry, mi nombre es Martín. He leído que, en el pasado, hace tiempo, jugabas partidas de ajedrez por correspondencia. Me pregunto cómo funcionaba eso y contra quién jugabas.

1:10:11
Gerry Garbulsky. Gracias, Martín. ¿Se acuerdan? ¿«Correspondencia» saben lo que es? Cartas. Uno tenía un sobre, le ponía una estampilla, lo tiraba en un buzón y mágicamente, 15 días después, aparecía del otro lado del mundo. ¿Se acuerdan de eso? Sucedió hasta no hace tanto, pero tendemos a olvidarnos. Efectivamente, jugué mucho al ajedrez presencial. En ese momento no existía el ajedrez online. Yo era adolescente. Y, en un momento, decidí probar esto de ajedrez por correspondencia. Había una liga mundial de ajedrez por correspondencia, gente que jugaba por carta. Entonces uno… había unas pequeñas postales preimpresas donde uno tenía que escribir su movida, uno ponía «Peón 4 Rey» o «E4» y ponía eso en el correo. Y, del otro lado, la persona que jugaba con negras decía: «Ah, me jugó E4, ¿qué voy a jugar yo? Le juego E5, le juego Peón 4 Rey, yo también». Lo pongo y 15 días, es decir, cada ida y vuelta duraba entre 20 y 30 días cada vez. Cada partida podía durar tres años. Y participé en el torneo mundial de ajedrez por correspondencia. No es que era tan bueno yo, pero te podías anotar y participé. Había un montón de gente participando en todo el mundo. Y fue muy lindo. Obviamente, no esperabas a terminar una partida para empezar la otra, porque si no… O sea, jugabas todas a la vez. Jugué 21 partidas al mismo tiempo durante tres años. Y era muy lindo porque jugaba con gente literalmente de lugares que tenía que ir a buscarlos al mapa porque no sabía dónde quedaban. Aprendí un poquito de geografía y me empecé a hacer un poquito amigo de esta gente, porque cada 20 o 30 días me llegaba una carta de cada uno de ellos. Yo creo que esto fue a principios de los 80 y fue mi primera experiencia con una red social. Yo tuve una red social analógica a principios de los 80, porque yo me levantaba cada mañana e iba corriendo a la puerta para ver si abajo de la puerta tenía notificaciones. Yo quería ver si me llegaba «Tienes un mensaje», y era una carta. Entonces yo, llegaba la carta, y subía corriendo a mi cuarto, reproducía la partida hasta ese momento y me quedaba pensando así «¿ahora qué le juego?». Completaba y volvía al correo a tirar eso. Y durante tres años jugué esto. Fue fantástico, conocí, conocí gente, establecí vínculos ajedrecísticos con gente en lugares inhóspitos, desde Rusia, Polonia, Estados Unidos, México y lugares de ese estilo. Y quedé por la mitad de la tabla. Me fue bastante bien, quedé por la mitad de la tabla, gracias a que varios se murieron antes de terminar. Gracias, Martín.

1:12:50
Catalina. Hola, Gerry, mi nombre es Catalina, gracias por compartir tanto con nosotros. Yo te quería preguntar, ¿es verdad que una vez te confundieron con Maradona?, porque yo la verdad es que no te veo mucho parecido. ¿Nos podrías contar un poco de eso?

1:13:03
Gerry Garbulsky. Gracias, Catalina. Sí, es verdad. Corría el año 1994. ¿Se acuerdan? En 1994 fue el Mundial en Estados Unidos. Fue el año en que a Diego lo encontraron positivo en el test antidoping después del segundo partido. Grecia, Nigeria, antidoping, «me cortaron las piernas». ¿Se acuerdan de que Diego dijo eso? Bueno, yo en ese momento estaba en MIT haciendo mi doctorado. Todo esto es para contarles cómo me confundieron con Diego. Estaba haciendo mi doctorado y la selección argentina concentraba en el Babson College, que queda a las afueras de Boston, porque los primeros dos partidos contra Grecia y Nigeria justamente iban a ser en el estadio Foxboro, que queda a las afueras de Boston. Ellos concentraban ahí. Yo vivía en Boston. Y Adrián Paenza, que pasó por Aprendemos Juntos, y, si no vieron el episodio de Adrián Paenza, vean ese antes que este, porque es buenísimo. Adrián es un genio. Somos amigos de hace mucho tiempo. Él fue profesor mío en la facultad y de ahí nos hicimos muy amigos y tenemos un montón de aventuras juntos. Adrián era periodista deportivo, en ese momento era su foco, y era, de alguna manera, muy cercano a Diego, a Diego Maradona, en parte porque se habían hecho amigos, habían ganado confianza y también Diego no sabía hablar inglés, así que Adrián lo ayudaba bastante a movilizarse con el idioma. Yo estaba ese día, me acuerdo de que ese día Marce se había ido a la casa de una amiga en Nueva York. Yo estaba solo en casa, trabajando en mi tesis de doctorado. Estaba trabajando, suena el teléfono, levanto y era Adrián. Hago este gesto porque no había celulares, había que levantar el teléfono así. Adrián me dice: «Hola, Gerry, ¿quieres ir a comer unas pizzas al patio de comidas en el centro de Boston?», me dice Adrián. Le digo: «No, hoy no, estoy muy concentrado en mi tesis, mejor no», que sí, que no, que sí, que no. Adrián me dice: «Viene Diego». Le digo: «¿Dónde? ¿Cuándo?». Obviamente dije que sí. Ese era el último día que los jugadores tenían libre antes de la concentración final. Faltaba una semana o diez días para que empezara el Mundial. Le dieron día libre a los jugadores, fueron a pasear, estaban con sus familias. Y pasaba algo raro, porque Diego en prácticamente ningún lugar del mundo podía salir a la calle sin que la gente se le tirara arriba. El único lugar, o uno de los pocos lugares donde podía hacer eso era en Estados Unidos. Porque en Estados Unidos no se juega al fútbol, no se jugaba al fútbol, ahora se juega un poquito más. Y ya la gente tenía el nombre «Maradona, Maradona» porque se venía el Mundial y se hablaba mucho de Maradona porque era la gran estrella, pero no le tenían la cara, no lo conocían. Entonces, era uno de los pocos lugares donde podía salir a comer pizzas a un patio de comidas en el centro de una ciudad sin que nadie lo reconociera. Bueno, la cosa es que me encuentro con Adrián y vamos al encuentro de Diego. Estaban Diego, su esposa Claudia, ya no son más. O sea, después él falleció, obviamente, pero era la esposa de Diego, con las dos hijas y con la mamá de Claudia, es decir, la suegra de Diego. Estaban ahí sentados. Llegamos, están sentados en un banquito de la plaza, ahí en el centro y yo me acuerdo de que llegué, me acerco yo retorpe, estaba renervioso, obviamente, estaba conociendo a Diego.

1:16:15

Me acerco y le doy la mano, así. Le doy la mano y le digo: «Hola, Gerry». Y él me dice: «Hola, Diego». Digo: «Sí, ya sé quién eres». Y estaba con toda la familia y dice: «Bueno, vamos a comer pizza». Entonces fuimos con Diego y toda su familia, Adrián y yo a comer pizza al patio de comidas, en el medio de toda la gente. Nadie lo reconocía. Íbamos caminando ahí. Yo me acuerdo de que compartí con Diego una mediana de mozzarella. Lo que no me acuerdo es quién comió las aceitunas, pero eso es un detalle. Y lo que me pasó ese día es que empecé a conversar con Diego y, por un momento, sentí que éramos amigos. Y no… yo había llevado una cámara de fotos, pero no quería sacar, pedirle una foto porque iba a destruir esa idea de que soy amigo de Diego. Es raro pedirle una foto al amigo. Entonces, charlamos, todo eso, terminamos de comer la pizza y Claudia dice: «Necesito ir a comprar ropa con mi mamá y con mis hijas». Y Diego dice: «Yo necesito comprarme zapatillas». Y, como ninguno de ellos hablaba inglés y estábamos con Adrián, Adrián me dice: «¿Por qué no vas tú, Gerry, con Diego, a acompañarlo a comprar zapatillas y yo voy con el resto de la familia?». Y digo: «Bueno, dale». Y, entonces, fuimos con Diego a un negocio de zapatillas que quedaba ahí cerca. Entramos al negocio. Todo esto es para contarles cómo me confundieron. Ya viene. Entramos al negocio de zapatillas. Era un negocio que estaba todo empapelado con pósteres del Mundial, pero de casualidad no había ninguno de Maradona, eran de otros jugadores. Y me acuerdo eso porque el vendedor, que no hablaba castellano, hablaba solamente inglés, que nos atendió, no lo reconoció, a Diego. Y Diego empezó a probarse zapatillas. Me gusta que se ponía las zapatillas y me decía: «Gerry, ¿te gusta cómo me quedan?». Bueno, en un acto muy «maradoniano», terminó comprándose ocho pares. Sí, muy de Diego. Vamos a la caja y Diego va a pagar. Yo traducía, y me acuerdo de que pagó en efectivo porque, si hubiera pagado con la tarjeta, el vendedor hubiese visto el nombre. Cuando terminó de pagar, el vendedor le dice: «Mira», y yo iba traduciendo, «no sé si sabes, pero ahora viene un evento importante acá en Estados Unidos. Se va a jugar el Mundial de un deporte que no sé si lo conoces, que se llama soccer o fútbol, le dicen en otros lugares». Y Diego sonreía, yo le traducía y él, sonreía. Y dice: «Y. bueno, como compraste mucho, te regalo este llaverito del Mundial». Le regaló el llaverito del Mundial a Diego. Bueno, y ahí vamos, saliendo con Diego, con todas las bolsas. Y salimos caminando del negocio y justo llega Adrián con el resto de la familia. En el momento en que llega Adrián, nosotros salimos, empezamos a alejarnos del negocio. Y Adrián le pregunta al vendedor en inglés, le dice: «¿Sabes a quién acabas de atender?». El vendedor le dice: «No, ¿a quién?». «Atendiste a Diego Maradona». Y el vendedor se puso loco, empezó a gritar y a saltar y empezó a correr detrás de nosotros. Y nos alcanzó. Y, cuando nos alcanzó, me puso a mí la mano en el hombro y me dijo: «Are you Diego Maradona?». Entonces, ese fue el día en que me confundieron con él. Gracias, Cata.

1:19:25

Bueno, quiero, para cerrar, contarles una pequeña historia que de alguna manera une muchas de las cosas que conversamos hoy. Y también es un pequeño homenaje a mis abuelos, a mis abuelos maternos, en este caso. Tuve la suerte de tener a mis cuatro abuelos durante mucho tiempo. Pero hay algo de mis abuelos maternos que tiene mucho que ver con el rompecabezas de la vida y cómo vamos recordando las cosas que nos pasan en la vida y cómo es esa memoria y qué puede pasar con esa memoria. Así que les voy a leer algo, para despedirnos, que escribí sobre la memoria de mis abuelos. Y dice así: «Tuve la suerte de que mis abuelos vivieran muchos años y de poder disfrutarlos. Tengo muchos recuerdos con ellos. Recuerdo claramente que tenían una memoria prodigiosa. Podían contarte con muchísimos detalles eventos que habían sucedido 50 o 60 años antes. Recuerdo muchas situaciones de sobremesa con ellos, junto a mis viejos y a mis hermanos. Mi abuelo les decía: “Les voy a contar lo que pasó cuando…”, y ahí nos llevaba a cómo pagaban los cinco centavos que costaba el pasaje en tranvía, al lechero que pasaba con la vaca para ordeñarla en la puerta de tu casa, o a cómo se sentaban a escuchar radioteatro o se duchaban y se ponían la mejor ropa y perfume para juntarse a ver televisión. Pero no eran relatos genéricos, sino que nos contaba una historia muy específica, mi abuelo, como la del día que tuvieron que salir corriendo a conseguir penicilina para que mi mamá, que era muy chica, no se muriera de una peritonitis. Nos contaba con quién hablaron, qué gestiones tuvieron que hacer y finalmente, exactamente en qué farmacia, en qué esquina consiguieron el remedio, gracias al cual estábamos todos ahí cenando juntos. Mientras mi abuelo contaba esta historia, mi abuela escuchaba muy atenta, sin interrumpir y sin hacer ningún gesto. La atención de todos estaba en mi abuelo. No queríamos perdernos ningún detalle. Cuando mi abuelo terminaba el relato, se hacía un silencio y después de unos segundos, siempre siempre siempre, mi abuela decía: “No fue así”. Nuestras miradas, que hasta ese momento estaban atornilladas en mi abuelo, rápidamente giraban para mirar a mi abuela y ella seguía con: “Yo les voy a contar lo que pasó realmente”, y contaba la misma historia, pero ahora había pasado en otro año, con otras personas involucradas, en otros lugares y con otros percances. Igual de fascinante, pero parecía que era otra historia. Por suerte, en ambas conseguían la penicilina. Cuando mi abuela terminaba su versión de la historia, empezaba la discusión, que podía ser muy divertida, pero que no llevaba a ningún tipo de cambios de opinión ni acuerdo sobre qué había pasado realmente. Pero entonces, ¿quién tenía razón? ¿Mi abuelo o mi abuela? Hoy, la neurociencia de la memoria, lo que sabemos de cómo funciona nuestra memoria, nos dice que lo más probable es que las historias que ambos contaron tuvieran poca relación con lo que sucedió realmente. Pero ¿no era que los dos tenían una memoria prodigiosa?

1:22:52

Sí, ambos tenían memorias prodigiosas. Pero resulta que la memoria sobre qué pasó en nuestras vidas, cuándo, dónde, con quién, en qué orden, que se llama memoria episódica, de los episodios de nuestras vidas, tiene mecanismos muy especiales. Una metáfora puede ayudar a entender cómo funciona. Es como si tuviéramos guardadas esas memorias en un documento electrónico de texto, como los que tenemos en la «compu». Cada vez que las evocamos, a estas memorias, abrimos el documento de texto y, a medida que vamos recorriendo el relato, nos parece recordar un detalle que antes no habíamos incluido. Entonces, lo incluimos en la historia que contamos y también en el documento de nuestra mente. A veces, ese relato realmente ocurrió 50 años antes. Otras veces, es algo que asociamos con eso que estamos contando, pero que en realidad sucedió mucho tiempo después, o incluso lo imaginamos. Cuando terminamos de contar la historia, guardamos el documento con los últimos cambios que le acabamos de hacer, y la próxima vez que lo vamos a contar, abrimos el documento y ya no sabemos qué de lo que tenemos ahí fue el recuerdo original y qué fuimos agregando cada vez que evocamos esa memoria para contarla en una sobremesa familiar. Así funciona nuestra memoria». Cuando terminé de escribir esto que les acabo de leer, se lo mandé a mis viejos y a mis hermanos, y ellos me dijeron que todo esto que les conté acá no fue así. Gracias, gracias, gracias.