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Bioecosofía: “Devolvamos la naturaleza a los niños”

Anita Isla

Bioecosofía: “Devolvamos la naturaleza a los niños”

Anita Isla

Pedagoga


Creando oportunidades

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La llamada “pedagogía de emergencia”, creada en 2006 por los Amigos de la Pedagogía Waldorf (Freunder der Erziehungskunst) de Alemania, consiste en un soporte psicosocial de primeros auxilios para niños y jóvenes que viven experiencias traumáticas. En el año 2010, la educadora y experta en pedagogía Waldorf Anita Isla fue una de las pioneras en aplicar esta pedagogía de emergencia en Chile, a raíz de la catástrofe natural provocada por un terremoto y posterior tsunami. Desde entonces, Anita Isla continúa su trabajo como educadora y formadora de profesores, que han desarrollado la pedagogía de emergencia en más de 26 países. “A través del arte, del movimiento, del tacto, a través de los juegos rítmicos, de cantos y, sobre todo, a través de cuentos podemos ayudar a superar un trauma”, describe la investigadora.

En su blog de divulgación detalla metodologías como el juego libre, el poder terapéutico de los cuentos, el derecho al aburrimiento y lo que define como “bioecosofía”: la defensa de la vida, el entorno y la sabiduría. “Debemos devolver a los niños a la naturaleza, al bosque, a los cerros, porque ellos son el futuro. Debemos salvar a los niños del déficit de naturaleza que les provoca ecofobia, miedo al entorno natural. En los colegios, la ecología y el eslogan ‘Salvemos el planeta’ ya no nos sirve. Necesitamos que los educadores se transformen en agentes que promuevan todas estas prácticas para, de verdad, devolverle a la infancia todo esto que ha perdido”, concluye.


Transcripción

00:06
Manuel Valmorisco. Hola, Anita, es un placer conversar contigo. Aquí en ‘Aprendemos juntos’, aunque nosotros nos conocemos de hace muchos años. Para los que nos están viendo, diré que soy Manuel Valmorisco, creativo, publicitario y, desde hace 20 años, profesor de creatividad en el máster de una universidad.

00:30
Anita Isla. Hola, Manuel. Mi nombre es Anita Isla, soy educadora y, junto a otros, soy directora de un seminario de formación de profesores Waldorf. Actualmente, soy una de las coordinadoras en Chile de Pedagogía de Emergencia. Junto a ti, escribo un blog, que, inicialmente, el tema central era hacer visible la infancia, pero últimamente hemos estado trabajando mucho en acompañar a los adultos, a los jóvenes y a los niños a través de cuentos y otras herramientas para poder abordar el tema del trauma en la actualidad y sobre todo a partir de la pandemia.

01:17
Manuel Valmorisco. ¿Puedes explicarnos que hace por los niños la pedagogía de emergencia? ¿Cómo les ayuda? ¿Cuándo actuáis? Cuéntanos.

01:24
Anita Isla. Bueno, la pedagogía de emergencia surgió en Alemania el año 2006 en un contexto extrañísimo porque era el Mundial de fútbol, pero también el Festival de la Paz, donde fueron invitados muchos jóvenes de distintos lugares del mundo. Y justo cuando se terminó el Mundial y el Festival de la Paz, estalló la guerra en la Franja de Gaza y un pedagogo curativo, llamado Bernd Ruf, que tiene un colegio en Alemania, en Karlsruhe, se vio desafiado por quien tenía que llevar a los niños de vuelta al Líbano en medio de la guerra, porque los padres así lo querían y los niños también. Y él fue en esta misión apoyado por la UNESCO, y cuando llegó al Líbano con los niños, quiso conocer una escuela y se dio cuenta de que a través de ciertas herramientas de la pedagogía Waldorf, los niños se estabilizaban, los niños que estaban muy traumatizados, se estabilizaban.

02:32

Volvió a Alemania y, con un equipo de pedagogos curativos, pedagogos Waldorf, psicólogos y psiquiatras, fue a hacer la primera intervención de pedagogía de emergencia en la Franja de Gaza. Bueno, ahí surge la pedagogía de emergencia como una pedagogía que ayuda a los niños, a los jóvenes, y tengo que decir que, hoy día, también a los adultos a superar el trauma, cuando se ha vivido una catástrofe como una guerra o una catástrofe natural, también, tsunamis, terremotos. Entonces, actuamos en zonas de catástrofe y apoyamos a la infancia para que puedan superar el trauma, buscando en sí mismos, en cada ser humano, aquello que puede ser una fuente de autosanación. Para hablar de pedagogía de emergencia siempre hay que hablar de trauma, porque eso es en lo que trabajamos. Y cuando uno habla de trauma, uno tiene que decir que es contagioso, que es subjetivo, por un lado, porque cada ser humano está equipado de una distinta manera para poder abordar los problemas que vienen a su encuentro.

03:45

Entonces, cada ser humano va a reaccionar de una manera distinta. Ahora, en general, o luchamos, huimos, o nos paralizamos frente a un evento traumático. Todo esto porque nuestro cerebro desconecta algunas partes, sobre todo el córtex, y como que deja funcionando las partes más primitivas, se activan las alarmas, funciona el sistema límbico, se apaga el córtex y se enciende también el cerebro reptiliano. Y arrancamos a perdernos, como arrancaría un animal frente a una situación que le produce algún estrés.

04:24
Manuel Valmorisco. ¿Puedes contarnos las últimas intervenciones que habéis tenido de pedagogía de emergencia en el mundo?

04:30
Anita Isla. Bueno, últimamente aquí en España, por ejemplo, una de las últimas intervenciones es la de La Palma, frente a la erupción del volcán. El equipo de pedagogía de emergencia esperó un par de semanas porque siempre dejamos que actúen primero los equipos que van a apoyar, bueno, en vivienda, en limpieza, en volver a recuperar las estructuras que se han perdido y, después, actúa la pedagogía de emergencia. También en la explosión del Líbano, el año 2020, en Chile, en el estallido social del año 2019. Pero lo importante es que ahora estamos todos con mucho trabajo. Estamos actuando en distintas zonas, en 26 países. Pero la pandemia nos ha tocado la campana, estamos con muchas, muchas actividades y estamos interviniendo en todas partes hoy día.

Bioecosofía: “Devolvamos la naturaleza a los niños”. Anita Isla
05:29
Manuel Valmorisco. ¿Qué herramientas usáis para ayudar con el trauma?

05:34
Anita Isla. Bueno, las herramientas que pueden ser muy sencillas, surgen de la pedagogía Waldorf. El cerebro separa sus hemisferios, se separan los hemisferios y hay que volver a unirlos. Hay que volver a recuperar el ser humano y que vuelva en sí mismo. Y, de pronto, ejercicios tan simples como juegos de dedos, que donde hay cruzamientos, ejercicios como este, que, de repente, nos cuestan mucho, en situaciones de trauma, esa habilidad, esa capacidad, se pierde. Entonces, a través del arte, a través del movimiento, a través del tacto, a través de los juegos rítmicos, a través de cantos y, sobre todo, a través de cuentos, porque los cuentos son una herramienta tremendamente terapéutica.

06:20
Manuel Valmorisco. Hay un artículo muy reciente que habla cómo un instituto de secundaria, se llama Lincoln, en el estado de Washington, ha introducido el trauma como la forma de enfrentarse a los alumnos problemáticos, en vez del castigo, empezar a entenderlos por lo que había en su pasado, el trauma infantil, y eso ha significado que han aumentado un 30 % las graduaciones y se han disminuido, creo que un 70 % las expulsiones y los castigos, y tanto es así que el resto de la comunidad, viendo esos resultados, ha adoptado los protocolos del trauma infantil, desde la oficina del sheriff, al Ayuntamiento, y yo no sé si el trauma infantil como conocimiento no debería estar en la formación o la capacitación de todos aquellos que trabajan con niños.

07:23
Anita Isla. Es muy importante conocer qué es el estrés y el trauma. Hoy día los educadores sabemos que los psicólogos, los psiquiatras, están colapsados. Sabemos también que nuestras prácticas nos han alejado de lo que significa verdaderamente un niño y un joven. Sabemos que nosotros, hoy día, estamos tratando de inducir o entregarles herramientas a través de la educación que la sociedad espera o necesita, pero con eso también nos hemos ido alejando de lo que es verdaderamente un niño y un joven. Esta es la sociedad del futuro y nosotros estamos construyendo junto a ellos esta sociedad. Entonces, tenemos que hacernos cargo. Hoy día, el tema de la salud mental es un tema que está muy vigente. Los maestros no saben qué hacer con los niños y los mandan a los neurólogos, a los psiquiatras, a los psicólogos para que reparen algo que nosotros, como educadores, las familias y también en colaboración, por supuesto, con la medicina, tenemos que trabajar todos juntos.

08:45

Entonces, hoy día ya no se sustentan más todas estas prácticas que estamos llevando a cabo. Pero me gustaría contarte algo para que entendiéramos qué les pasa a los niños. Hace muchos años atrás, estaba yo en mi sala, feliz de la vida, esperando a mis niños, haciendo lo que tenía que hacer y, de pronto, en el momento del juego libre, muchos empezaron a armar torres, torres con madera, con tronquitos y algunos armaban trenes, y, después, los desarmaban, los botaban. Y esa es una conducta muy esperable antes de los tres años. Los niños arman y botan. Pero estos niños eran mayores de cuatro años, me llamaba mucho la atención, porque había algo, como una explosión, y luego todo caía en el suelo. Cuando yo volví a mi casa, prendí la radio porque sabía que algo pasaba, no sabía qué, y escuché que, en Madrid, en Atocha, había habido una gran explosión, muchas explosiones, y escuché todo lo que había pasado en el 11-M y, de repente, me di cuenta de que los niños habían construido trenes y los trenes habían explotado. Y me hago la pregunta: “¿Por qué en Santiago de Chile, hoy día, yo estoy observando esto, si esto pasó en Madrid?”. Y llamé a alguno de los padres de los niños que estaban haciendo esto. Y ellos me contaron que, en la mañana, cuando iban con los niños al colegio, habían prendido la radio y los niños habían escuchado la noticia. ¿Qué te quiero decir yo con esto?

10:35

El niño del primer septenio, el niño entre los cero y los siete años, es todo él un órgano de percepción sensorial susceptible de ser impactado por todo lo que viene a su encuentro. Y todo lo que viene a su encuentro, sin filtro, lo forma, y esto es lo más importante, determina la cualidad de la funcionalidad de sus órganos. Uno dice: “¿Qué es eso?”, porque el niño llega a la Tierra con todos sus órganos, pero ojo, por ejemplo, la capacidad respiratoria, cardíaca, respiratoria y la regulación del ritmo cardíaco respiratorio recién se establece entre los nueve y los doce años. Por lo tanto, todos estos órganos, el corazón, el pulmón, el riñón, el hígado, todavía no se han desplegado totalmente y todo lo que nosotros les entregamos va a formar la cualidad de ese pulmón, de ese corazón y ese riñón. Cuando los niños escuchan, no solo escuchan con el oído, escuchan con el cuerpo entero. Significa que cuando uno habla delante de un niño, uno tiene que tener un cierto filtro y un cuidado porque ellos todavía, este órgano maravilloso al que nosotros le adjudicamos como la mayor importancia, que es el cerebro, que, dicho sea de paso, es muy importante, pero no es el único, todavía no está consolidado en el primer septenio y eso es algo de lo que nosotros, los educadores, nos tenemos que hacer cargo.

12:16
Manuel Valmorisco. Anita, durante los últimos meses hemos tenido muchas consultas de familias y de educadores sobre el tema de la separación de la pareja. Para ello, escribimos un cuento que se llama ‘¿Dónde despertaré hoy?’, para ayudar a los niños en ese trance. Y me gustaría saber qué recomendaciones podemos hacerles para mejorar y ayudar a los niños durante ese momento de la separación.

12:42
Anita Isla. Cuando los niños llegan a una familia, llegan a una unidad, que para ellos es indivisible, y de repente se encuentran frente a esta realidad. Los padres, amorosamente, tratan de explicar de que se trata lo que están viviendo, algunos, otros discuten. De partida, eso es lo que nunca hay que hacer, discutir de los problemas de los adultos delante de los niños y, de pronto, se ven separados, ven que existen dos casas y una nueva realidad a la que se tienen que adaptar. De partida, el padre o la madre ya no están en la casa, o la madre y la madre, o el padre y el padre, depende de la constitución de la familia, y ellos, inevitablemente, echan de menos a la persona que se ha ido. Y nosotros, en ese sentido, somos muy poco generosos porque los hacemos que se adapten a dos realidades distintas, a dos casas distintas. Despiertan una mañana en una cama en la que nunca antes habían dormido. Y nosotros pensamos que, bueno, que es parte de la realidad y que tienen que asumirla. Lo mejor que uno puede hacer es ponerse de acuerdo, primero, nunca hablar mal de la pareja, del que se fue o de la que se queda porque eso es romper en el alma del ser humano, en el alma del niño, esta figura a la cual él tiene que admirar, ojalá, hasta la adolescencia, porque sabemos lo que pasa con la adolescencia y los padres. Por otro lado, el sostener un ritmo diario en las dos casas similar, si se toma desayuno en la mañana temprano, seguir con esas prácticas, si se juega durante el día, si se va a caminar y se hacía en la familia como una práctica diaria, seguir manteniendo ese ritmo diario, porque los niños viven mucho en el ritmo y la repetición.

14:39

Cuando uno repite el ritmo que él habitualmente tenía, el niño no tiene nada que adivinar, ya sabe lo que viene después y eso le da confianza y seguridad en la existencia. Si tiene un juguete, que es el juguete querido y el que le brinda seguridad, que vaya en una bolsita a las dos casas, que no haya tanto cambio en el ambiente con respecto a la alimentación, a los juguetes, al entorno. A veces los padres y las madres, cuando se separan, cambian la alimentación porque antes, en la otra casa, no se comía papas fritas y en la mía ahora vas a comer. Eso es una falta generosidad de nuestra parte, o sea, sostener eso, conversar con el otro. “Oye, mira, desde mañana le voy a dar papas fritas. ¿Qué tal si los dos les damos papas fritas?”. Ser amoroso con el otro, aunque uno tal vez quiera matar al otro, pero ser amoroso en ese sentido, porque finalmente, ¿qué nos importa? Nos importa el niño y no nosotros. Y nunca poner de árbitro a los educadores. Eso es lo peor que uno puede hacer, porque siempre el que está más dañado en esto se va a sentir en desmedro en relación con los educadores, con la escuela. Entonces, tratar de verdad de unificarnos en todo lo que podemos unificarnos, que a lo mejor son medidas externas las que te estoy diciendo, pero ritmos claros, alimentación similar, viajes parecidos, incluso yo te diría mientras más pequeño sea el niño, más similar tiene que ser la habitación que tiene un niño en la casa de un miembro de la familia que en la del otro. Yo creo que eso es lo mejor que podemos hacer por ellos y sostener las prácticas que siempre hemos sostenido o sosteníamos junto a nuestra pareja.

16:41
Manuel Valmorisco. Parece que los adultos estamos obsesionados con llenar al niño de actividades, impedir que se aburra, darle entretenimiento, juegos, regalos, para que tenga entretenimiento, es igual a felicidad. ¿Qué opina sobre este tema?

16:59
Anita Isla. Yo soy una defensora de los derechos del niño y yo creo que uno de los derechos que faltan en la Declaración de las Naciones Unidas con respecto a los derechos del niño tiene que ver con el derecho universal que tiene la infancia para poder aburrirse. Yo creo que el aburrimiento es todo, porque cuando alguien se aburre tiene que crear, crear a partir de sí mismo algo para no aburrirse. ¿Por qué es importante aburrirse? Y aquí vamos a citar a un neurocientífico muy conocido, Dan Siegel. Él habla de no bombardear el cerebro y no sobreestimular y no pensar que más contenido es mejor. A mucha gente cuando entra en nuestra sala les llama mucho la atención, por ejemplo, que nosotros tenemos muchas piedrecitas, troncos, incluso muñecas sin caras. Nosotros hoy día les damos a los niños todo acabado, y lo interesante, por ejemplo, con esto de las muñecas que no tienen cara, es que lo que más necesita el cerebro es volverse plástico, más que llenarse de contenido.

18:15

Cuando un niño se asombra, conocemos el libro ‘Educar en el asombro’, de Catherine L’Ecuyer, y es muy importante, cuando un niño se asombra, se abre el mundo ante él y él tiene que completar las imágenes. Si él siente pena y ve su muñeca o su muñeco, el contenido que él pone de sí mismo en el muñeco es el dolor. Nosotros tenemos estas muñecas plásticas que están siempre sonriendo, al cerebro, eso no le dice nada. El cerebro aprende, y esto es muy importante, cuando un ser humano se mueve, cuando se equilibra, cuando se yergue, cuando encuentra una posición en el espacio, es allí donde más aprende el cerebro, no cuando tú le dices: “¿Cuánto es uno más uno?, ¿cuánto es dos más dos?”. Él aprende las matemáticas y la geometría en el espacio. Si nosotros supiéramos eso y lo pusiéramos en práctica, tendríamos una adolescencia, una juventud y una adultez, después, muy sana, con un cerebro muy flexible que, dicho sea de paso, podríamos abordar la incertidumbre y los problemas como los que tenemos hoy de mucha mejor manera.

19:31
Manuel Valmorisco. Hemos comentado algunas veces, bastantes veces, el tema de cómo, por ejemplo, un potrillo nace y a las horas está trotando prácticamente, una cigüeña nace y a los cuatro meses, cruza Europa, cruza el desierto del Sáhara para llegar a sus campos de invernada. Entonces, ¿qué hace un niño en esos primeros años?

20:00
Anita Isla. Bueno, las mayores conquistas que nos hacen ser seres humanos se logran entre los tres primeros años. Desde el suelo, donde él ha gateado tiene que vencer la fuerza de la gravedad y erguirse. Eso solo lo logra un ser humano. Solo los seres humanos se yerguen. En el segundo año de vida, tiene que conquistar la facultad de hablar, y junto con la facultad de hablar, se conquista algo a lo que nosotros le damos tanta importancia que es el pensar. Tres años se demora el ser humano en conquistar las facultades que lo van a hacer ser seres humanos. Este tema es muy importante porque hay niños, hay varios casos en el mundo y ha habido muchos casos en Chile también, tenemos el caso de la niña gallina, que fue educada en un gallinero por gallinas porque la tenían allí encerrada. Un ser humano solo puede conquistar esas conductas cuando imita a otro ser humano. Los niños se yerguen porque hay otro ser humano delante de él que se yergue. Los niños hablan porque escuchan a otros hablar. Y los niños piensan porque perciben el pensamiento de los otros. Así que cuidado con lo que uno piensa. Los educadores eso lo tenemos muy claro, los niños entienden lo que estamos pensando, por nuestros gestos y por nuestros actos. Entonces nosotros también estamos condicionando su manera de pensar.

Bioecosofía: “Devolvamos la naturaleza a los niños”. Anita Isla
21:40
Manuel Valmorisco. Me contabas también que hay como un momento en que el niño empieza a descubrir las leyes de la naturaleza, los elementos.

21:50
Anita Isla. Bueno, en el fondo, cuando yo hablaba de Catherine L’Ecuyer y hablo de ‘Educar en el asombro’, de eso se trata. Los niños tienen a su disposición este mundo y, de repente, nosotros los tenemos delante de una tablet viendo imágenes que no les dicen mucho, que solamente, hablando del cerebro, solo alteran el cerebro. Un niño cuando está frente a una pantalla, está como hipnotizado. Los niños son todo ellos movimiento y equilibrio en el primer septenio, y tacto. Cuando los niños están delante de la pantalla, el cerebro está dormido, por eso es tan hipnótico. Y cuando el niño se despierta de este sueño, se mueve tres veces más de lo que se movería en condiciones normales. Los niños a través del movimiento conquistan el mundo, te lo acabo de decir, pero también el asombro y el conocimiento del mundo tiene que ver con salir a manipular lo que está allí. Hoy día, los están sentando en las salas de clase y entregándole contenido ya a la primera infancia. Y eso es un error. De verdad que es un error.

22:58

Los niños necesitan explorar su mundo para conocerlo. Necesitan tocar, necesitan percibir las distintas texturas, ojalá, de la naturaleza. Porque ahora les hemos uniformado del mundo. En todas las plazas, hay juegos plásticos, por lo tanto, los niños tocan todo el día algo que es muy uniforme. ¿Qué pasa cuando tocan un árbol? ¿Qué te pasaba a ti cuando trepabas en un árbol? Tocas una textura distinta, te salen moretones, eso es muy importante, te salen moretones. En una capacitación, hace un tiempo atrás que yo hice en Chile, en el Ministerio de Educación, yo les preguntaba a las educadoras: “¿Cómo les gustaría a ustedes que fuera el patio donde ustedes están con los niños?”. Yo me imaginaba que me iban a decir: “Lleno de árboles, arbustos, piedrecitas”. ¿Sabes cuál fue la respuesta que ganó, porque era la mayoría? Un patio de goma eva. ¿Por qué un patio de goma eva? Porque entonces los padres no van a reclamar porque los niños vuelven a su casa llenos de moretones. Nosotros cuando andábamos en un monopatín estábamos llenos de moretones, rasguños, nos tirábamos del pelo, nos mordíamos. Hoy día, frente a cualquier amenaza como esa, las familias se espantan. ¿Y cómo aprendemos nosotros también de nuestros límites si no es de esa manera?

24:31
Manuel Valmorisco. Hablando de todo lo que tiene que conquistar un niño en esos primeros años, hay una cita de Gabriela Mistral que también entendió y escribió sobre la infancia, que dice que los adultos podemos esperar, pero los niños no, porque están formando su sangre, su cuerpo, su cerebro, tienen muchas cosas que hacer y dice que el nombre de los niños es hoy, que están pasando tantas cosas. Creo que lo explica muy bien.

25:00
Anita Isla. Te agradezco que aludas a Gabriela Mistral porque el colegio que yo fundé junto a otros se llama Gabriela Mistral y nosotros hemos tomado mucho de su obra y tratamos de tomar mucho de su obra porque creemos que está más vigente que nunca. Ella tiene un importante decálogo, el decálogo del maestro, que yo creo que, si nosotros lo pusiéramos en práctica con nuestros niños, podríamos salvar la infancia y la juventud de esta época. Hay un par de puntos que me gustaría dejar puesto que, para mí por lo menos, han sido muy importantes en mi vida como educadora. El primero es ama, si no puedes amar suficiente, no eduques niños. Simplifica sin quitar esencia. Y repite, insiste, como lo haría la naturaleza. Bueno, te animo y os animo a todos a buscar el decálogo, porque cuando uno ya lo tiene en sí mismo, uno sabe cuál es el ideal al cual uno tiene que aspirar cuando uno quiere convertirse en un educador de niños.

26:14
Manuel Valmorisco. Has hablado de naturaleza en el decálogo de Gabriela Mistral, en el blog y en tu pensamiento has creado un término que yo no conocía que se llama Bioecosofía. ¿Nos podrías hablar de ello?

26:32
Anita Isla. Hoy día, los niños andan vestidos perfectos. Ojalá no se ensucien. Y lo que tenemos que promover justamente son esas prácticas, volverlos a la naturaleza, volver a los niños al bosque, volverlos a los cerros, desafiarlos. Porque en el fondo ellos son el futuro. Necesitamos pensar qué prácticas tenemos que incorporar para salvar de esta carencia o esta deficiencia a los niños. Inmediatamente, se me ocurrió este punto, Bioecosofía, la vida, el entorno y la sabiduría. “Bio”, por lo vivo, porque yo me doy cuenta de que nosotros, de alguna manera, hemos ido agotando el planeta de tal manera que hoy día estamos preocupados de crear la abeja robot, lo cual me parece un despropósito. Pero estamos ante varios peligros, estamos ante inundaciones nunca antes vistas, estamos quemando el Amazonas, estamos haciendo muchas cosas que van en contra de la naturaleza. Y, por lo tanto, van en contra de la infancia y van en contra del ser humano.

27:41

Necesitamos que los niños se encuentren, que escuchen los sonidos de la naturaleza, que perciban, que huelan, que vean para que la funcionalidad de estos órganos de los que hablábamos al principio, para que el ojo se forme de la mejor manera, para que el ojo se active. Cuando nosotros hablamos de los sentidos, podemos hablar de distintos grupos de sentido, pero hablamos del sentido, el movimiento y el equilibrio, que son muy propios de la infancia. En el ojo, existe el sentido del movimiento. El ojo se desarrolla porque se mueve. Si tú ves una mancha de color y tu ojo no se mueve, lo único que percibes es esa mancha de color. Para completar la imagen, el ojo necesita moverse. Ergo, el cuerpo entero necesita moverse. Y eso es lo que tenemos que aprender. La infancia tiene que vivirse desde la voluntad y la voluntad del futuro va a estar muy paralizada si hoy día los niños no se mueven como deberían moverse.

28:53
Manuel Valmorisco. En un libro que hemos comentado mucho en el blog, de Richard Louv, el libro se llama ‘Los últimos niños en el bosque’, que es un título terrible, cuenta la anécdota de un niño que le confesó que, a él, donde le gustaba jugar era en casa, porque es donde están los enchufes. Él dice que estamos ante una generación, la generación que está más alejada de la naturaleza, cuando los estudios demuestran que la naturaleza les ayudaría muchísimo a arreglar alguno de los síndromes que estamos viendo en la infancia. ¿Qué opinas del tema de naturaleza y niños?

29:30
Anita Isla. Hoy día hay una enfermedad muy importante que surge a partir del déficit de naturaleza, que se llama ecofobia. Los niños hoy día le tienen miedo a la naturaleza porque todo lo que ven en la pantalla, cuando salen al mundo y se encuentran con todos estos seres vivos, con estos bichitos que antes nosotros recolectábamos, con estas hojitas, les parece algo muy extraño y no saben cómo relacionarse. Bueno, y eso es la Bioecosofía. Nosotros, yo creo que, en los colegios, ya el tema de la ecología, el eslogan ‘Salvemos el planeta’ hoy día no nos sirve, no nos alcanza. Lo que nosotros hoy día necesitamos es que los educadores se transformen en agentes que promuevan todas estas prácticas para, de verdad, devolverle a la infancia todo esto que ha perdido. Han surgido los colegios en los bosques, no sé si has escuchado hablar de los famosos ‘Forest School’, que hoy día existen en todas partes del mundo, o en muchas partes del mundo, ojalá más. Pero ya hay gente que está trabajando en los bosques, hay gente que se está atreviendo a abrir la puerta de sus aulas y salir a encontrarse con lo que está afuera. Los niños hoy día están muy intervenidos por las pantallas y la única manera que tienen los padres de tranquilizarlos es o llevarlos al ‘mall’ o sentarlos delante de la tablet o la televisión. Hay que sacarlos a los cerros. Hay que atreverse. Hay que partir, pero hay que ser en ese sentido, lo que dijimos, un niño, para que camine, para que hable, para que piense, necesita imitar a otro ser humano.

31:22

Un niño, para que ponga en práctica el reciclaje, la sostenibilidad de la que tanto se habla hoy en día, o sea, seamos sustentables, cuidemos el planeta. ¿Pero qué es eso? Si ellos no ven en sus familias y en sus educadores que llevan a la práctica esto, eso no significa nada. Nosotros, por ejemplo, en la pedagogía Waldorf, tenemos y alentamos a los padres que los hagan, que tengan un rincón en sus habitaciones de las estaciones y entonces los niños pueden poner hojitas de colores en otoño, flores en primavera, conchitas en el verano, todas esas pequeñas prácticas donde entra la naturaleza también a la casa, finalmente, hace que los niños ya no le tengan miedo a la naturaleza y se pueden encontrar con ella. Yo creo que es lo que corresponde. Para mí por lo menos esa es la megatendencia. Eso es estar puesto en el mundo, escuchar lo que hoy día se necesita.

Bioecosofía: “Devolvamos la naturaleza a los niños”. Anita Isla
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“El juego libre es el lenguaje de la infancia”

Anita Isla

32:30
Manuel Valmorisco. Anita, uno de los temas que hemos insistido mucho en el blog es el tema del juego libre autoactivado, el juego sin que los adultos manden las reglas. Me gustaría que desarrolláramos la importancia para ti del juego libre en los niños.

32:49
Anita Isla. Bueno, hoy día, en la educación se está usando mucho el término, el juego como herramienta de aprendizaje, lo que no me parece mal, lo que me parece mal es que sea eliminado de las prácticas en los jardines infantiles y también en la escuela el juego autoactivado. Yo creo que cuando uno habla de juego libre o juego autoactivado, hay dos términos que uno debería asociar, independencia y autonomía. A nosotros, los pedagogos Waldorf, nos sirve mucho observar el juego, así como observamos también los dibujos de los niños y su narrativa, porque a través de la observación del juego libre de los niños aprendemos mucho de ellos, de aquello que los impacta, que les interesa, pero también aquello que se ha mostrado, de lo que hemos hablado hoy día, del trauma, del estrés o de aquello que es una preocupación.

33:46

El juego libre, yo te decía recién, cuando se termina el juego, empieza la terapia y hablamos de que el juego es el lenguaje de la infancia. Cuando uno los deja aburrirse y ellos empiezan a crear, inventan los juegos más increíbles. Yo siempre le pongo este ejemplo a las familias. Traigo un canasto y una piedra y les digo: “¿Qué es esto?”. Y las familias inmediatamente dicen: “Un canasto, una piedra”. Si tú le haces esa pregunta a un niño, te diría un barco, el caparazón de una tortuga, porque se esconden debajo el canasto y de repente, en mi sala, en mi aula, cuando yo todavía estaba en el ‘kindergarten’, tú veías muchos canastos avanzando y eran las tortugas, o eran los caracoles que estaban protegidos por él, por su caparazón. Los niños se autoestimulan todo el rato, sienten curiosidad por el mundo, quieren jugar. El miedo que tienen los educadores es al desborde, ¿por qué? Porque los niños, si tú los dejas jugar, pueden jugar el día entero. Y cuando tú ya quieres que ordenen, está todo patas para arriba. Pero en realidad uno tiene que ponerle el ritmo al niño. Uno tiene que ponerles el tiempo y el juego tiene que terminar cuando tiene que terminar, pero la mejor manera de que un juego acabe es cuando tú pones una bella imagen, cuando haces una transición entre el juego y lo que viene después, y lo haces a través de una imagen cuentística o a través de una bella canción, los niños saben que es el momento.

35:25

Muchas veces nosotros tenemos que acercarnos cuando están jugando y decirles es el momento de ir al baño, porque ellos se olvidan de ir al baño porque están jugando. Muchas veces tenemos que cambiarles la ropa, pero es de puro entusiasmo. A veces los niños están armando un juego, y tú los ves que lo arman y lo arman y viven todo el proceso y en el proceso, se viven las ciencias, las matemáticas, el tiempo, la orientación espacial y todo, el tiempo que se demoran en crear, la atmósfera que crean, los materiales que utilizan las distintas texturas y el tacto, el sentido del movimiento propio, el sentido del olfato. ¿Dónde está? El sentido auditivo, el sentido visual, todo se está alimentando al mismo momento, y nosotros queremos educarlos. Cuando eso sucede, y el juego termina, muchas veces los niños no han jugado, han recorrido un proceso, el juego de repente dura cinco minutos. Se han pasado 40 minutos creando el espacio, trayendo todos los materiales, juegan cinco minutos y el juego se acabó. Lo importante del juego muchas veces es el proceso.

36:51
Manuel Valmorisco. En el blog tenemos una sección que se llama ‘La calle era de los niños’, donde vamos recuperando fotos de cómo era la vida de los niños antes y llama mucho la atención ver a niños solos en la calle, en un corro, jugando entre ellos, jugando juegos seguramente autoinventados o juegos como una ronda, como un corro, pero de golpe la calle se ha perdido para los niños, y no solamente para los niños en el sentido de que ya bajan menos, que hay mucho peligro por los autos, sino también como escenario de juego libre.

37:32
Anita Isla. Tenemos que recuperar la calle para los niños. ¿Qué estamos haciendo en la ciudad para promover el juego en la infancia? Estamos haciendo poco. Yo también vivo en una ciudad que está tremendamente contaminada. Sabemos lo que eso significa para la infancia. Sabemos cómo los niños respiran de una manera distinta a la nuestra. Sabemos cómo los pesticidas están mucho más cerca de ellos que de nosotros. Estamos, y seguimos insistiendo en esto, en no tener lugares para ello. Yo creo que tenemos que recuperar la calle y recuperar la bicicleta, recuperar las corridas, recuperar los corros, devolverles eso que es propio de la infancia. Los niños, por ejemplo, hoy día han olvidado rodar. ¿Tú has visto niños rodando hoy día en los parques?

38:19
Manuel Valmorisco. Y era maravilloso rodar.

38:21
Anita Isla. Todos rodábamos. ¿Y tú sabes que tiene que ver el rodar con nuestro cuerpo físico? Estructura también, el sonido de la erre, de rodar, estructura la laringe. Entonces, todo esto que yo te hablaba de la constitución del cuerpo físico en el primer septenio, se da mucho a través del juego, del rodar, del sostener el equilibrio. ¿Te acuerdas cuando uno daba vueltas y se mareaba y los papás decían que no se maree? Eso es una práctica del sentido vestibular para seguir consolidándose.

38:53
Manuel Valmorisco. Anita, en el blog, hemos trabajado mucho con cuentos. La actualidad nos ha marcado la agenda y el estallido social y luego la pandemia nos ha hecho buscar y escribir cuentos para ayudar a los niños a pasar estos momentos tan difíciles que les ha tocado. ¿Cómo ayudan los cuentos a los niños?

39:13
Anita Isla. ¿Qué son los cuentos? Esa es la gran pregunta, ¿por qué los cuentos pueden sanar un alma herida? ¿Por qué los cuentos son tan importantes cuando los seres humanos hemos atravesado por algún trauma? Yo te podría decir que los cuentos son un bálsamo para el alma herida. El trauma actúa sobre el cuerpo físico, por ejemplo, un trauma es una herida. Tú puedes tener una herida y si la cuidas bien, esa herida pasa, cicatrizas bien y se acabó. Si tú dejas una herida descubierta, la herida se infecta y finalmente puedes hasta llegar a comprometer un órgano. Con el trauma pasa lo mismo, el trauma es una herida psíquica, por así decirlo, y si tú no la curas a tiempo, la herida también se puede infectar, incluso crear desórdenes muy profundos en la personalidad del ser humano y alterar con eso toda la biografía.

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Los cuentos son muy importantes para trabajar en contextos de salud y en contextos de enfermedad. Los cuentos, a través de sus imágenes, nos cuentan verdades que están ocultas. Son vestidos, vestimentas que uno le pone a ciertas verdades, a las verdades, para que no impacten tan fuerte el alma humana. Porque yo te decía que yo llevo este taller de cuentos para médicos, psicólogos, terapeutas en general, porque hay muchos psiquiatras hoy día muy importantes, entre ellos, Bessel van der Kolk, Gabor Maté, Cyrulnik. Peter Levine, que hablan de trauma y trabajan con estos contenidos, se han dado cuenta que cuando le están preguntando a una persona que ha vivido un trauma acerca de su trauma, volvemos al tema de la retraumatización y muchas veces, estas verdades vestidas de imágenes suavizan aquello que puede ser de gran impacto y, a través de la imagen, tú puedes entrar por esa puerta mucho más profundamente que cuando cuentas la verdad cruda.

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Aparte de eso, en las prácticas pedagógicas, los cuentos se deberían usar a diario. Ojalá no cambiarles tanto los cuentos a los niños, porque como hoy día tenemos sometidos a los niños a tantos estímulos, nosotros creemos que mientras más cuentos les contemos, mejor, y no es así. Hay niños que pueden escuchar durante tres semanas, cuatro semanas el mismo cuento y van nutriéndose con él de una manera tan preciosa que después pueden repetirlo y volver a contarlo muchas veces, y los representan, los dramatizan. El cuento es un regalo para el alma del ser humano. Y hoy día tenemos que ponerlos en práctica cada vez más. Nosotros nos tenemos que aprender de memoria los cuentos. Aquí el tema de los ingleses y la memoria me fascina, porque los ingleses, cuando dicen “de memoria”, dicen “by heart”, de corazón. Nosotros la memoria siempre la tenemos referida como al cerebro, la cabeza. Y en realidad este “by heart” es cuando tú te aprendes un cuento, lo calientas en el corazón y después lo dibujas con tu voz delante de los niños y ojalá los educadores se aprendieran el cuento, porque cuando tú lo vas relatando y le vas poniendo el calor a la voz, que pasó por la cocina del corazón, el niño vive e imagina esas imágenes.
Esas imágenes, además, tengo que contarte que son arquetípicas, son remanentes, simbólicas, que nos habitan a cada uno de nosotros. ¿Qué es lo que nosotros hacemos? Como las hadas de los cuentos, con la varita mágica vamos a despertar esos símbolos y vamos a dejar que alojen en los niños para que después, cuando sean adultos, y esas imágenes tengan que ascender a su vida anímica como un sostén, un sustento, una verdad, puedan utilizarlo. Entonces, el cuento es enorme, enorme lo que se puede sacar de ahí.

Bioecosofía: “Devolvamos la naturaleza a los niños”. Anita Isla
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Manuel Valmorisco. ¿Por qué no desde el corazón y no desde el cerebro nos cuentas algún cuento que haya sido importante en las intervenciones de pedagogía de emergencia o en tus clases? Y así acabamos desde el corazón, también, esta charla.

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Anita Isla. En el estallido social en octubre del año 2019, en Chile, los niños estaban muy asustados. A nosotros nos tocó entrar a hacer una intervención en un lugar periférico de Santiago, que es la capital. Y, bueno, habían sucedido cosas muy difíciles ahí y hay un cuento que yo conté que se llama ‘Casa, casita’, a los más pequeñitos para llevarles la imagen de lo que significa un lugar seguro. Cuando nosotros lo contamos a los niños, tratamos de ser lo más neutro posible. Neutros en la voz y neutros también en la esencialidad del gesto, y somos muy delicados también en la voz, porque no queremos ponerle de nuestro contenido emotivo a un niño.

44:54
Manuel Valmorisco. ¿El título del cuento cómo es?

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Anita Isla. ‘La casita’. En el centro de un gran bosque, había una casita. Estaba deshabitada. Pasaba por allí la ratita Pardita, que se detuvo ante ella, golpeó y dijo: “Casa, casita, ¿quién dentro habita?”. Como nadie contestó, la ratita entró. Saltando venía la rana Cuacuana. Al ver la casita se detuvo y golpeó: “Casa, casita, ¿quién dentro habita?”. “Yo, la ratita Pardita. Pues vente a vivir conmigo”. Y la rana Cuacuana entró. A lo lejos, venía el conejo Brincalejos, que al ver la casita golpeó y dijo: “Casa, casita, ¿quién dentro habita?”. “Yo, la ratita Pardita”. “Yo, la rana Cuacuana. ¿Y quién eres tú?”. “Yo soy el conejo Brincalejos”. “Pues quédate a vivir con nosotros”. También venía la zorrita Rabirojita, que movía su colita, al ver la casita quiso entrar, golpeó y dijo: “Casa, casita, ¿quién dentro habita?”. “Yo, la ratita Pardita”. “Yo, la rana Cuacuana”. “Yo, el conejo Brincalejos. ¿Y quién eres tú?”. “Yo soy la zorrita Rabirojita”. “Pues quédate a vivir con nosotros”.
Así llegaron muchos animales hasta que al final, llegó el oso, golpeó la puerta y dijo: “Casa, casita, ¿quién dentro habita?”. “Yo, la ratita Pardita”. “Yo, la rana Cuacuana”. “Yo, el conejo Brincalejos”. “Yo, la zorrita Rabirojita. ¿Y quién eres tú?”. “Yo soy el oso Zarposo”. “Pues quédate a vivir con nosotros”. Pero el oso intentó entrar, abrió la puerta y no cabía. Abrió la ventana y tampoco cabía. Subió al tejado, quiso entrar por la chimenea, y la casa se derrumbó. Consternados, los animales salieron corriendo hacia el bosque, y muy tristes se sentaron. El oso pensó: “¿Qué puedo hacer yo?”. Tomó una tabla y la clavó junto a otra. Empezaron a llegar todos los animales y todos ayudaron en la construcción. Hicieron una casa más grande, más firme y más fuerte. Abrieron la puerta, entró la ratita, entró la rana, entró el conejo, la zorrita Rabirojita, también el oso Zarposo y muchos animales más.

48:35
Manuel Valmorisco. Sí, lo has hecho desde el corazón y, desde el corazón, te doy las gracias por esta charla.

48:40
Anita Isla. Y te doy las gracias también por este maravilloso blog que hemos llevado durante este tiempo y que ha traído tanto alivio a tantas personas que hoy día están sufriendo. Gracias.

48:53
Manuel Valmorisco. Gracias.