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Un libro para llamar a nuestros padres

Chimamanda Ngozi Adichie

Un libro para llamar a nuestros padres

Chimamanda Ngozi Adichie

Escritora


Creando oportunidades

Chimamanda Ngozi Adichie

Chimamanda Ngozi Adichie es una de las voces literarias y culturales más influyentes del siglo XXI. Nacida en la ciudad nigeriana de Enugu en 1977, la escritora creció en un entorno académico desarrollando su pasión por la literatura y la narración. Influida por su cultura igbo y por autoras y autores internacionales se trasladó a Estados Unidos para continuar sus estudios especializados en la escritura y en la cultura africana. Su debut literario, La flor púrpura, y obras posteriores como Medio solo amarillo y Americanah la consolidaron como figura central de la literatura contemporánea.

Su mensaje ha conquistado al mundo a través de novelas, ensayos y charlas que exploran la identidad, el feminismo y el poder narrativo. Adichie es referente global en la conversación sobre igualdad y diversidad, y un ejemplo de cómo una marca personal auténtica puede transformar el panorama cultural y social. Su narrativa, íntima y universal, le ha convertido en un icono del pensamiento contemporáneo.


Transcripción

00:03
Chimamanda Ngozi. Hola a todos. Gracias por estar aquí. Creo que debo presentarme. Me llamo Chimamanda Ngozi Adichie y crecí en una ciudad universitaria de Nigeria. Mi padre era profesor, por lo que siempre me he sentido como en casa en cualquier universidad del mundo. Si me llevas a un campus universitario, inmediatamente me siento como en casa. Llevo escribiendo desde que tengo uso de razón. Creo sinceramente que escribir es un don que me ha sido concedido. No es algo que haya construido yo, sino algo que he decidido utilizar. Del mismo modo que cuando recibes un regalo, que a veces lo guardas en un cajón y nunca lo usas, pero a veces sí que lo utilizas. Y por eso creo que es un regalo de mis antepasados. Así que me gustaría contaros una pequeña historia. Es un recuerdo que tengo de mi infancia. Debía de tener unos nueve años más o menos. Mi madre y yo íbamos en coche al mercado. Ella conducía y yo iba sentada atrás. Vivíamos en el campus. Así que el campus era muy tranquilo y estaba muy cuidado. Los jardines estaban muy bien mantenidos. Bajabas por la pendiente para llegar a las puertas, pasabas por ellas y salías a la ciudad, que era una ciudad como cualquier otra. Y la ciudad era muy diferente del campus. La ciudad era lo que yo llamaría un caos glorioso y hermoso. Era una locura. Y luego el mercado estaba lleno de motos, coches, pequeñas tiendas desordenadas, gente, vendedores ambulantes en las calles… Era un caos maravilloso. Recuerdo a mi madre cuando salimos del campus y entramos en la ciudad, en ese caos maravilloso, y yo miraba por la ventana todo lo que había a mi alrededor. Y recuerdo muy claramente haber sentido una punzada de melancolía. Mucho más tarde me di cuenta de que esa melancolía era mi conciencia de cuántas historias estaba viendo. Lo que estaba viendo eran historias. Había tantas historias en la gente, en el ruido… Y mi melancolía provenía de darme cuenta de que nunca sería capaz de contar todas esas historias. Y es algo de lo que siempre he sido consciente: este profundo anhelo por contar historias. Y para mí es algo muy personal. Si no tuviera la suerte que tengo hoy en día de que me lean, de que me publiquen, y estoy muy agradecida por ello, pero si no tuviera eso, estaría escribiendo en algún otro sitio. Estaría escribiendo. Es algo muy personal para mí. Pero también escribo con la esperanza de establecer una conexión. Para mí lo más bonito de la literatura es la posibilidad de conectar con otras personas. Que puedas leer algo que ha escrito otra persona y que eso te pueda emocionar. Me parece algo sublime. Y en cierto modo ese es el objetivo de mi vida. Quiero contar historias y las cuento con la esperanza de que lleguen a otras personas y de que signifiquen algo para ellos. Y a veces es aún más bonito cuando se trata de alguien con quien no tienes necesariamente cosas aparentemente en común. Porque para mí, leer libros de diferentes partes del mundo mientras crecía también fue la historia de mi vida. A menudo no entendía todos los detalles, pero había esa conexión, esa sensación de que no estaba sola. Alguien más, en algún lugar del mundo, siente algo parecido a lo que yo siento.

03:49
Chimamanda Ngozi. Y así es como quiero presentarme ante ustedes.

04:01
Mujer 1. Hola, Chimamanda. Un placer. Mira, yo te quería preguntar, cuando migramos a otro país lo primero de lo que nos damos cuenta es de las diferencias que hay con la gente pero enseguida buscamos eso que nos une. La conexión que tú decías ahora. ¿Esto es algo en lo que piensas a la hora de crear tus personajes?

04:26
Chimamanda Ngozi. No, la verdad es que no. ¿Sabes? Sinceramente, a veces me resulta bastante difícil responder con total honestidad cuando me preguntan sobre el proceso de escritura, por lo que a veces siento que tengo que inventarme respuestas a preguntas como esta porque en realidad la respuesta más sincera la mayoría de las veces es: “No lo sé”. Soy muy consciente de ello. Por supuesto, cuando empiezo a escribir, tengo una idea de lo que quiero hacer, pero es muy vaga. Para mí, la magia de escribir, parte de la magia de escribir ficción, es lo que descubro a medida que avanzo. Así que empiezo pensando: “Muy bien, voy a escribir sobre personas que se van de casa”. Y entonces empiezo a escribir. Y en mi mente pienso: “Probablemente este personaje va a hacer esto”. Y luego, cuando empiezo a escribir, el personaje no hace eso en absoluto. Así que, en cierto modo, los personajes cobran vida de una forma maravillosa. Y luego, cuando me preguntan: “Bueno, ¿por qué hiciste eso?” Pienso: “La verdad es que no lo sé”. Pero tiene que parecer que sabes de lo que estás hablando. Entonces me invento cosas. Simplemente me invento cosas. Así que voy a inventarme algo ahora mismo. Creo que al pensar en alguien que se va de casa no se trata tanto de pensar en cómo de similares y diferentes somos. Porque en general creo que esa es una conciencia que cualquier escritor debe tener. En otras palabras, realmente creo muy profundamente que hay algo que es universalmente común. Creo que el hecho de ser humano es tener algo dentro de ti con lo que cualquier otro ser humano puede conectar. Creo profundamente en eso. Por supuesto que las culturas son diferentes. Hay diferencias de clase, género, sexualidad… todas esas diferencias. Que son importantes, pero a la vez creo firmemente en una cierta universalidad que compartimos. Y creo que toda la literatura proviene de eso, de la idea de que somos humanos y de que hay algo muy hermoso y universal en el hecho de ser humano. Por eso, cuando empiezo a escribir especialmente sobre personas que abandonan su hogar, soy consciente de ello. Pero quizá mi principal preocupación no sea tanto alrededor de lo diferentes o iguales que somos, sino del personaje en sí mismo. ¿Cómo evoluciona este personaje? ¿Cómo experimenta este personaje este nuevo mundo? En mi novela ‘Americanah’ escribo sobre dos personajes que abandonan Nigeria. Uno se va a Estados Unidos y otro a Inglaterra. Y creo que el personaje que se va a Estados Unidos no descubre tanto sus similitudes o sus diferencias, sino el hecho de que Estados Unidos es un lugar muy extraño para ella. Y entonces pienso que para ella quizás la revelación más sorprendente es cómo en Estados Unidos se la ve como una persona muy diferente a cómo se la ve en Nigeria. Para mí, como escritora, lo que me pareció fascinante es cómo este personaje comienza a darse cuenta de que a menudo la identidad depende del lugar donde te encuentras. Cuando está en Nigeria, nunca se considera negra, porque no tiene por qué hacerlo. Casi todo el mundo es negro. Y entonces ella se va a Estados Unidos y de repente es negra.

08:01
Chimamanda Ngozi. Y eso es una revelación para ella. Y creo que para la gente es como: “Bueno, ¿qué quieres decir?” Pero es cierto. Lo cual, en mi opinión, también dice mucho sobre la naturaleza de la identidad, que a menudo depende en gran medida del lugar en el que te encuentras. Y eso influye incluso en la forma en que empiezas a pensar sobre ti mismo. Así que en Estados Unidos, ella empieza a pensar en sí misma como negra, lo que no ocurre cuando está en Nigeria. En Nigeria se considera una mujer. Piensa en sí misma en términos de su identidad étnica como una mujer igualitaria, pero nunca en términos de raza. Y en Estados Unidos descubre esta nueva realidad en la que no solo es negra, sino que además existen todas esas suposiciones sobre ser negra. Y tanto ella como yo nos lo tenemos creído como nigerianas. Y a menudo no hay motivos para que nos lo creamos tanto. Pero lo hacemos. Vienes a Nigeria, miras a tu alrededor y piensas: “¿Por qué esta gente tiene tanta autoestima?” Pero la tenemos. Y entonces, cuando un nigeriano va a Estados Unidos, de repente le dicen que es negro. Pero además, que en cierto modo, ser negro es algo inferior. Recuerdo que mi experiencia personal fue: “Tienes que estar bromeando. Tú eres el que es inferior. ¿De qué demonios estás hablando?” Así que creo que este personaje descubre la negritud, pero también descubre todos los estereotipos de la negritud. Y a veces es difícil lidiar con el hecho de que te vaya bien en clase, por ejemplo, y tu profesor se sorprenda porque no espera que una persona negra haga las cosas bien. Y esto, de hecho, fue algo que me sucedió. Había escrito un ensayo y el profesor nos devolvió los trabajos. Y entonces él se paró un momento y dijo: “Este es el mejor ensayo”. Y era el primer ensayo que habíamos escrito en esa clase. Y preguntó: “¿De quién es?” Y leyó mi nombre en voz alta. Levanté la mano y él me miró sorprendido. Fue entonces cuando me di cuenta de que no esperaba que la persona que había escrito ese ensayo fuera negra. Para mí, como nigeriana, donde crecí, la brillantez era negra. La inteligencia era negra. El liderazgo era negro. Y luego, al llegar a este nuevo lugar donde la negrura no se veía así, me costó un poco aceptarlo. Pero creo que para mi personaje en Estados Unidos, y en cierto modo para muchos de mis personajes que se van de casa, cuando se van, o bien se van a Estados Unidos o bien se van a Inglaterra, que son los dos lugares a los que suelen ir los nigerianos. Estos lugares son lugares donde la raza es un rasgo identitario. Por eso normalmente creo personajes que tienen que enfrentarse a esta raza. Y eso te cambia, y te cambia de la misma forma que me cambió a mí. Que ahora, después de haber vivido en Estados Unidos de forma intermitente durante más de 20 años, ser negra se ha convertido en una identidad para mí de una forma que no habría pasado si me hubiera quedado en Nigeria. Y con las cosas buenas sucede, pero también con las cosas no tan buenas. Pero bueno, esto es lo que hay.

10:57
Mujer 2. Hola, Chimamanda. Es un orgullo estar acá contigo. Estoy muy emocionada. En la sala de partos de mi primera hija mi esposo me llevó por primera vez un libro tuyo. Así que, si se trata de tocar corazones, estuviste ahí con nosotros en el día más especial de nuestras vidas. Así que muchas gracias. ¡Uf! Dicho esto, los personajes de tus novelas se confrontan con las tradiciones y las costumbres de sus lugares de origen. ¿Qué hay de Chimamanda en la rebeldía de estos personajes?

11:35
Chimamanda Ngozi. No sé si conocéis la historia, que probablemente ni siquiera sea cierta, pero cuando le preguntaron a Flaubert sobre su novela ‘Madame Bovary’ y cómo construyó el personaje, porque se trataba de un hombre escribiendo de forma muy íntima sobre una mujer, él respondió: “Madame Bovary c’est moi”. Y yo hago lo mismo: “Todos mis personajes c’est moi”. Pero creo que algunos los hago más como yo que otros. Y bueno, ya para empezar, mi vida no es tan interesante como la de mis personajes. Así que cuando tomo prestado algo de mi vida tengo que darle más emoción, tengo que desarrollarlo. Pero sobre todo, creo que tomo prestadas cosas de otras personas. Así que una de mis estrategias para escribir ficción, y es algo que recomiendo a todo el mundo que quiera escribir ficción, es que hay que escuchar a escondidas las conversaciones de otras personas. Esto es fundamental. Y sobre todo recomiendo hacerlo en cafeterías. Te sientas junto a otras personas en una cafetería y finges que estás tomando tu café o tu té, pero en realidad estás escuchando. Y luego tomas notas. Y luego sigues tomando notas. Esa es la mejor manera de obtener material. También en los aeropuertos. Yo lo hago en los aeropuertos. Me interesa mucho el mundo. Me interesa mucho la gente. Tengo un amigo que es escritor y lo que le gusta hacer antes de escribir es ir al museo y mirar cuadros. Mi museo es el mundo. Y así, mientras mi amigo va al museo y mira cuadros antes de poder escribir, yo prefiero salir y observar a la gente. Prefiero escuchar a escondidas. Y creo que ahí es de donde proviene la mayor parte de mi material. Pero luego también están, por supuesto, las personas que conozco y amo. Utilizo sus historias constantemente. Y luego, finalmente, estoy yo con mis propias historias de vida. Así que creo que hay un poco de mí en todos mis personajes. Creo que es imposible no tener algo de uno mismo en los personajes que creas, en cierto modo. Y por supuesto, creo que al escribir literatura juegas a ser Dios. Soy su Dios, lo cual no está nada mal, ¿verdad? Soy su Dios, quien los ha creado. Y en muchas tradiciones religiosas, y particularmente en la tradición cristiana, que es la que conozco, Dios crea en base a su imagen y semejanza. Así que, usando eso, creo a mis personajes un poco en base a mi imagen y semejanza. Pero también me parece interesante, al observar mi obra, que los personajes masculinos que he creado son en realidad como yo misma, lo único és que son hombres. De verdad, pero es cierto. En mi novela ‘Americanah’ hay un personaje llamado Vince que es un hombre encantador. Y recuerdo que después de que se publicara el libro muchas mujeres me decían: “Este hombre no existe. Es demasiado bueno. ¿Dónde está? Tenemos que encontrarlo”. Y luego me preguntaban: “¿En qué te inspiraste para crearlo?” Y sinceramente, cuando lo pensé detenidamente, me di cuenta de que gran parte de ese personaje soy yo. O que lo hice con un espíritu tan soñador que en cierto modo hay una parte de él que anhela que las cosas sean diferentes y mejores. Eso es muy propio de mí.

14:58
Chimamanda Ngozi. Y le encanta la literatura y la lectura. Eso es muy propio de mí. Y tiene una relación muy complicada con sus propios privilegios. Eso es muy propio de mí. ¿Verdad? Pero también es un hombre. Y supongo que lo que quiero decir es que a veces no es tan obvio ni tan sencillo el modo en que me utilizo a mí misma en mis personajes. A menudo no es tan directo. Es más indirecto.

15:34
Mujer 3. Hola, Chimamanda. Estoy muy contenta de estar aquí. Yo conocí tu obra por ‘Todos deberíamos ser feministas’. Y en esta ocasión te quería preguntar sobre tu libro ‘Unos cuantos sueños’ en el que hablas sobre las relaciones de cuatro mujeres. Y quería preguntarte si crees que las relaciones siempre giran en torno al amor.

15:58
Chimamanda Ngozi. ¿Todas las relaciones giran en torno al amor? No. ¿Deberían todas las relaciones girar en torno al amor? Sí. Porque al pensar en esta pregunta pienso en todas las relaciones que tengo que no giran en torno al amor. Pero creo que quizá lo más importante de la pregunta es: ¿cuánto amor hay en la novela? y ¿cuánto amor hay en mi trabajo en general? Soy una firme creyente en el amor y en la posibilidad de que el amor redima a las personas. También creo que, aparte de la comida, no hay nada más importante que el amor. Siento que tenemos que estar vivos para poder amar. Por lo tanto, la comida tiene que ser lo primero, ¿no? Pero el amor, siento profundamente que el hecho de que los seres humanos alcancen la plenitud de nuestra humanidad implica amor. Amar y ser amado. Y también creo que es un regalo. Y es un regalo que desearía que todo el mundo tuviera. Y ves que el amor también tiene consecuencias. Quiero decir, por ejemplo, que somos mejores personas si amamos y somos amados. Y por lo tanto conseguiríamos mejores líderes y mejores padres. Y de esta manera podríamos crear un mundo mejor. Creo que si hubiera personas al frente del mundo que hubieran sido amadas todo sería muy diferente. No creo que hubiéramos tenido tantas guerras como las que hemos tenido en el mundo, por ejemplo. Pero para mí, como escritora, si hay un eje central en mi obra es el amor. Y no me disculpo por ello porque creo que es la esencia de lo que significa ser humano. A menudo pienso, bueno, soy de esas personas que piensan constantemente: ¿cuál es el sentido de estar vivo? ¿Por qué estamos aquí? Y todas esas cosas. Sobre todo cuando tienes un mal día y te vuelves muy existencialista y empiezas a pensar: “¿Cuál es la razón de vivir?” Creo que el propósito de la vida es el amor. Y cualquier tipo de amor, por supuesto. Obviamente no solo amor romántico, porque en mi novela ‘Unos cuantos sueños’ sí hay amor romántico, pero en todo caso se trata del amor entre mujeres. El tipo de amor que nace de las amistades verdaderas y de las conexiones que podemos forjar a pesar de nuestras diferencias. Bueno, pues hay un personaje que es una ama de casa. No tiene estudios, proviene de un mundo muy diferente al de los demás personajes, pero hay una conexión. Y creo que esa conexión es el amor. Y es el tipo de conexión que uno no llamaría necesariamente amor, pero lo es. Por eso creo que el amor es importante. Me encanta el amor. Soy este tipo de persona. Me encantan todos los tipos de amor, pero creo que soy más escéptica con respecto al amor romántico porque en cierto modo hemos envenenado la idea del amor romántico, especialmente en las historias que contamos a las mujeres sobre lo que debería ser el amor.

19:39
Chimamanda Ngozi. Creo que a menudo hemos dicho a las mujeres, y hablo en plural porque me refiero a todo el mundo, en muchas culturas, que la capacidad para amar se mide en relación a su capacidad para sacrificarse. Y no estoy de acuerdo con eso en absoluto. En muchas culturas se elogia a las mujeres por sacrificarse por sus maridos, sus hijos y sus familiares. Y creo que el amor se trata tanto de dar como de recibir. Pero hemos educado socialmente a las mujeres para que no se den cuenta de que recibirlo es también una forma de amor. Así que creo que quizás el tipo de amor para el que soy menos escéptica es el amor de amigos, el amor madre-hijo, que en mi opinión es el amor más sublime. Y no lo supe hasta que fui madre. ¿Cuánto se puede amar a otro ser humano? A veces más que a uno mismo. Pero también creo que una de las cosas que espero que mi novela haga por mis lectores es recordarles lo importante que es el amor. Les contaré una historia. Y esto ocurrió hace no mucho. Estaba en Suecia, sí, en Suecia, y había un hombre que no era el tipo de persona que habla de emociones, sino que más bien era el típico hombre estereotípico. Era muy reservado y formal, de los que solo hablan con la razón, no con la emoción. Ese tipo de persona. Había leído mi novela ‘Unos cuantos sueños’ y me dijo: “Tengo algo que contarte cuando no haya gente alrededor”. Y pensé: “¡Dios mío, qué emocionante!” Como escritora siempre me interesan las historias, sobre todo las más oscuras, porque creo que ahí reside la verdadera esencia de la literatura. Pero bueno, tenía muchísimas ganas de saber qué me diría cuando no hubiera nadie más. Así que cuando estuvimos solos me dijo: “He tenido una relación muy difícil con mi padre. Estos últimos años no nos hemos hablado. Pero después de terminar tu novela decidí que lo llamaría”. Y me pareció una de las cosas más hermosas que me han dicho sobre mi trabajo. Y una vez más, creo que esto forma parte de ese maravilloso poder de la literatura, que puede influir en nuestras vidas de manera muy práctica. Así que llamó a su padre y como me había conmovido mucho le pregunté: “¿Cómo ha ido?” Él dijo: “Bueno…” Y aún así creo que es maravilloso, porque la vida no es una película, ¿verdad? Las cosas son difíciles, pero esa es la cuestión. Empiezas el proceso. Así que le dije: “Espero que continúes. Espero que sigas hablando con él”. No es necesario tener una relación perfecta, pero creo que es importante que intentemos cultivar el amor, sobre todo cuando alguna vez existió. Así que sí, me alegra que mi novela le recuerde a la gente que debe llamar a sus padres.

22:53
Mujer 4. Hola, Chimamanda. Para mí es un placer estar hoy aquí, porque además de conocerte a través de toda tu obra y tu literatura, poder conocerte a ti personalmente es una situación muy emocionante. Me gustaría preguntarte: después del éxito que alcanzaste con tu novela ‘Americanah’, ¿por qué tardaste más de diez años en escribir otra nueva novela?

23:17
Chimamanda Ngozi. Pasaron 12 años desde que escribí la novela anterior y no fue una decisión que yo haya tomado. Si hubiera tenido elección, me habría llevado dos años. Pero pasé por una época de sequía. Pasé años sin poder escribir ficción. Y esto es algo que la gente suele llamar “bloqueo del escritor”, una expresión que no me gusta nada. Porque solo el hecho de oír la palabra “bloqueo” me provoca pánico. Y creo que parte de escribir, y en general parte de crear, es la conciencia de que no controlas por completo tu propia capacidad de crear. Por eso he leído sobre músicos, escritores y pintores que han tenido periodos en los que simplemente no podían crear. E imagínate con su intelectualidad. Pero tener un periodo de sequía es parte del proceso creativo. Sin embargo, ser consciente de ello emocionalmente es muy difícil. Experimentarlo es muy difícil. Y creo que fueron de los años más difíciles de mi vida. Cuando no podía escribir ficción, me sentaba y sentía que tenía personajes en mi cabeza, pero simplemente no podía hacerlo realidad. Y en realidad es una situación bastante aterradora porque en mi vida tengo dos grandes miedos. El primero es perder a las personas que amo y el segundo es perder mi capacidad para escribir ficción, porque es lo que le da sentido a mi vida. Así que fue realmente horrible. Pasé años escribiendo otras cosas, escribí no ficción, pero no podía escribir ficción. Y ese es el amor de mi vida. Hice muchas cosas para intentar recuperar mis palabras, leí mucha poesía, algo que considero muy importante para un escritor de ficción. Creo que la poesía te recuerda lo que el lenguaje puede hacer, su majestuosidad y su poder. Así que leía muchos poemas y pensé: “Sí, ahora estoy inspirada”. Y entonces abría mi portátil, y nada. Recuerdo que solía pensar: “¿Y si nunca vuelvo a escribir ficción?” Era un pensamiento insoportable. Completamente insoportable. Así que me llevó un tiempo. Me llevó muchos años. Y entonces un día volvió. Esa es la razón. Y por supuesto, ahora mi esperanza es no volver a pasar por eso nunca más. Creo que una sequía en la vida es suficiente. De hecho, es más que suficiente.

26:00
Mujer 5. Chimamanda, es un placer tenerte aquí en España. La gente tiende a conocerte como representante de las literaturas africanas, como escritora africana. Pero muchas veces sucede que no han estado nunca en tu país. Y creo que desempeña un papel importante en tu obra. ¿Cómo condiciona Nigeria tu escritura?

26:30
Chimamanda Ngozi. Gracias. Sí, creo que para mucha gente represento a África. Y es un continente enorme del que no se sabe mucho sobre muchas partes. Pero es interesante porque no te das cuenta. Crecí en Nigeria y cuando creces en tu propio mundo no te das cuenta de cómo te ven desde fuera. Y uno de los descubrimientos más impactantes para mí, cuando fui a Estados Unidos, fue lo poco que la gente sabía sobre el lugar del que yo venía. Me pareció bastante impactante. Y también me impactó el nivel de ignorancia. Pues bueno, yo me fui de Nigeria porque no quería ser médico. De hecho, esa es la razón por la que me fui de Nigeria. La gente habla mucho de los africanos que huyen de la pobreza y las guerras, pero yo huía de la Facultad de Medicina. Se suponía que debía ser médico. En muchos países, y en mi continente, creo que cuando sacas buenas notas en la escuela se da por sentado que debes convertirte en médico. Y en algún momento, en cierto modo, lo acepté. Lo único que quería era hacer lo correcto. Pero me di cuenta de que no quería ser médico porque tuviera que serlo. Porque eso es lo que pasa cuando sacas buenas notas en el colegio. Y mi plan fue: “Voy a ser médico, voy a ser psiquiatra y voy a atender a mis pacientes durante el día. Y por la noche voy a escribir mis historias basándome en las historias de mis pacientes”. Eso era lo único que podía decirme a mí misma para que la idea de convertirme en médico me resultara como mínimo tolerable. Pero en algún momento, cuando llevaba un año en la facultad de medicina, pensé: “No puedo hacer esto”. Estaba muy aburrida y por eso me fui de Nigeria. Así que me fui a Estados Unidos y quería estudiar algo que no tuviera nada que ver con las ciencias. Por eso estudié Comunicación y Ciencias Políticas. Pero lo que me llamó la atención de los otros estudiantes cuando llegué a Estados Unidos fue cómo me hacían preguntas que realmente me dejaban atónita. “¿Tenéis casas en Nigeria?” A lo que yo podría haber respondido: “No, vivimos en los árboles”. Y añadir: “Mi padre tenía el árbol más grande y mi madre el mediano, y nosotros los niños, vivíamos en el árbol más pequeño y nos columpiábamos de árbol en árbol”. Pero en realidad me quedé atónita ante tanta ignorancia y viví en este apartamento que compartía con tres estudiantes estadounidenses. Y recuerdo la primera semana cuando una chica me enseñó el piso porque fui la última en mudarme. Y en la cocina me dijo: “Aquí están los fogones. ¿Sabes cómo se usan?” Y recuerdo que pensé: “Este maldito fogón es bastante anticuado. La cocina de mi casa es más moderna que esta”. Pero era precisamente esta idea la que les hacía pensar que yo venía de un lugar totalmente desconocido. Un lugar sumido en la oscuridad. Y también un lugar que no podía parecerse en nada a su mundo. Esa era la cuestión. Y me daba la sensación de que la postura predeterminada hacia mí era de desprecio. “¿Viene de África, verdad?” “Vamos a enseñarle cómo funciona realmente el mundo”. Y así eran las preguntas. Por eso puedo decirles que en general no salía muy bien. Y puedo decirles que no entablé amistades duraderas con muchas de esas personas. Pero, al mismo tiempo, África tiene una larga historia de incomprensión, tergiversación, desconocimiento.

30:17
Chimamanda Ngozi. Si lees los primeros escritos sobre África, incluso algunas de las personas que viajaron a África hace 300 años, regresaban y escribían cosas que no eran del todo ciertas, porque querían ser sensacionalistas sobre este lugar que nadie más conocía. Así que hay algunos escritos antiguos que dicen: “En África tienen dos cabezas”. Eso pasaba con personas de raíces europeas, porque creo que la idea era que este lugar era tan desconocido que no podían representarlo como un lugar que se pareciera en nada a lo que conocían. Por lo tanto, debían convertirlo en otro mundo. Pero no se trataba tanto de que fuera otro mundo, sino de que fuera otro mundo inferior. Ese era el problema. Creo que ser diferente es algo maravilloso. Pero cuando le damos significado a la diferencia, eso se convierte en un problema. África no es como nosotros. África es en cierto modo inferior. He tenido la experiencia, no siempre maravillosa, de ser representante de un continente para muchas personas. Y para muchas personas que saben muy poco sobre ese continente. Personas que se mostraron sorprendidas por cosas que yo simplemente pienso: “¿Por qué te sorprende?” Cuando estudiaba un posgrado en Estados Unidos hice un curso de escritura. Y uno de los profesores se sorprendió por mi personaje. Me dijo: “Tu personaje me ha sorprendido”. Y yo pensé: “¿Bueno, qué quieres decir? ¿Por qué? ¿Por qué te sorprende esto?” Y con eso quería decir: “Conducían coches”. Tenían lo que él llamaba “preocupaciones de clase media”. Y entonces me di cuenta de que parte del problema de esta visión de África era que África tenía que ser una sola cosa. Y como en las noticias ves la pobreza y ves las guerras, eso se convierte en lo único que es África. Y así, la gran mayoría de personas, que son más o menos normales, ya no existen. Por eso escribo sobre un personaje que pertenece a la clase media y tiene preocupaciones propias de la clase media, sean las que sean. Y esta persona se sorprende por ellas. Y creo que para mí, la razón por la que esto me resulta tan inquietante es que no se puede entender ese lugar si sólo tienes una historia de ese lugar. Es imposible comprender un país como Nigeria si solo lo miras a través del prisma de la pobreza. Es imposible. Nigeria tiene un gran número de personas que de verdad son pobres. Pero eso no es todo lo que tiene Nigeria. Nigeria también tiene un pequeño número de personas que son inmensamente ricas. Y debido a que esa riqueza coexiste a veces junto a esa inmensa pobreza, choca la una con la otra. A veces, cuando hablas con un nigeriano medio que tiene muy poco, te sorprende lo mucho que el materialismo y la riqueza forman parte de su visión del mundo. Pero eso es porque lo han visto a su alrededor, aunque ellos mismos no lo tengan. Por eso, cuando la gente me dice cosas como: “Me sorprenden tus personajes porque tienen preocupaciones propias de la clase media”, me resulta molesto y divertido a la vez. Pero, por supuesto, mi esperanza es que más historias contadas desde África por africanos empiecen a cambiar eso. Porque no basta con contar una historia sobre África. Importa quién la cuenta. Porque creo que las historias de África se han contado durante bastante tiempo en Europa. La pregunta es: ¿cómo se han contado? Y yo creo firmemente en contar la verdad. Es muy importante que digamos la verdad. Y con eso quiero decir que no creo que debamos contar solo las historias positivas de África porque hay gente que ha dicho: “Ah, se ha dicho tanto negativo sobre nosotros que ya es hora de contar lo positivo”.

34:04
Chimamanda Ngozi. Para mí es hora de decir la verdad. Lo que significa contar ambas cosas. Cosas que no son muy halagadoras porque son ciertas y son importantes, pero también las otras cosas. Y parte de ser esta representante africana no siempre es agradable. No quiero ser la única en el escenario. Por eso, por ejemplo, apoyo mucho a otros escritores africanos. Creo que necesitamos contar con una masa crítica de narradores africanos para poder disponer de una amplia variedad de historias. Yo, por ejemplo, no puedo escribir con gran autoridad sobre un determinado tipo de pobreza en África porque no es lo que yo viví. Hay personas que pueden hacerlo mejor que yo y quiero que sus historias también se cuenten. Pero sí, para mucha gente soy Madame África. Pero también tengo otra historia sobre cuando fui a Estados Unidos. Estaba en una de mis primeras clases en la universidad y cada vez que se mencionaba algo sobre África la gente me miraba. Y en esa clase se trataba de algo sobre Namibia. Era solo un comentario sin importancia de algo que habíamos leído. Pero el profesor se volvió hacia mí y todos se volvieron hacia mí para hablar sobre el país de Namibia. Y Namibia es un país del que no sé nada, nada. Y solo recuerdo mirarlos como diciendo: “Bueno, yo tampoco lo sé. Quiero decir, vengo de este continente, pero no lo sé”. Y de nuevo, es esa idea de que de alguna manera África es una sola. Y no lo es. Quiero decir, África es maravillosamente diversa. Creo que tenemos mucho en común, especialmente en el África subsahariana. Hay muchas cosas que las diferentes culturas africanas tienen en común, por lo que, como nigeriana, cuando voy a Kenia, cuando voy a Zimbabue, hay cosas que son diferentes, pero sigo sintiendo una especie de similitud. En cierto modo, me siento como si estuviera entre mis hermanos. Pero las diferencias también son bastante evidentes. Por eso, para mí, que me vean como una especie de representante de África, no siempre es algo bueno. Y supongo que también es por eso por lo que creo firmemente que necesitamos muchas historias en el mundo. Necesitamos más historias. Necesitamos una multiplicidad de historias sobre todas las partes del mundo. De verdad.

36:21
Mujer 6. Chimamanda, me encanta tu trabajo. Gracias. La literatura universal nos ha dejado grandes personajes femeninos como la señora Dalloway, Ana Karenina o incluso Madame Bovary que mencionabas anteriormente. ¿Cuáles dirías que son tus favoritos?

36:39
Chimamanda Ngozi. Mis personajes femeninos favoritos. Cada vez que me hacen esa pregunta se me olvida. Y después pienso: “Ah, debería haber dicho eso”. Lo único que se me ocurre es Madame Bovary. Pero no sería cierto. No es precisamente un personaje que yo consideraría uno de mis favoritos. Sin embargo, ‘Middlemarch’ es una novela que me encanta y que me ha encantado durante muchos años. Concretamente los personajes femeninos de la novela de Chinua Achebe, ‘Todo se desmorona’. Hay un personaje femenino que es en parte humano y en parte no. Y no lo digo en un sentido mágico, solo quiero decir que es una mujer en su vida cotidiana, pero en algunos momentos se ve poseída y dominada por esta diosa. Así que es una especie de sierva de la diosa y maravillosamente franca. Se cuela en tu casa y se lleva a tu hijo, porque la diosa quiere a tu hijo y se marcha con tu hijo. Por supuesto, esto es horrible cuando eres el padre o la madre. Pero pensando en el personaje, es un personaje que, aunque leí esa novela cuando tenía unos diez años, siempre se ha quedado conmigo. Creo que en cierto modo, porque incluso de niña ya era feminista, y este personaje vivía en un mundo muy dominado por los hombres. Era una democracia de hombres. Era un mundo en el que los hombres poseían propiedades. Y parte de esas propiedades eran las mujeres en muchos sentidos. Y los hombres le tenían pánico cuando ella estaba como poseída por la deidad. Por eso diría que, en cierto modo, es mi personaje femenino favorito de todos los tiempos. Pero al mismo tiempo también me produce cierta tristeza y os diré por qué. Creo que es porque desearía que no fuera tan extraordinaria. Me gustaría que la idea de un personaje, una mujer en una novela ambientada en la Nigeria oriental pre colonial, ojalá no fuera tan extraordinario. Ojalá hubiera muchas más mujeres como ella y ojalá no tuvieran que estar poseídas por una diosa para tener ese tipo de poder. Así que al amar a ese personaje sigo sintiendo una especie de tristeza que también forma parte de la tristeza general que siento como persona con una visión feminista del mundo. Y con eso quiero decir que, para mí, el feminismo siempre ha sido una forma de soñar con un mundo mejor. De verdad. Fundamentalmente. Es una forma de soñar con un mundo en el que las personas sean verdaderamente iguales. Y no creo que eso exista en ningún lugar del mundo. No creo que exista en ningún lugar del mundo una igualdad real entre hombres y mujeres. No la hay. Y por eso sueño con ello. Y para mí eso es el feminismo y también es una forma de soñar. Pero también es para mí una forma de llorar el pasado. Pienso en todo lo que hemos perdido como raza humana por haber excluido a las mujeres. Y ahora que me hago mayor, pienso a menudo en mi salud.

39:51
Chimamanda Ngozi. Y como tengo un cuerpo femenino, pienso a menudo en enfermedades específicas de las mujeres. Por eso creo que es muy importante que hablemos sobre la perimenopausia y la menopausia. Y por lo que tienen que pasar las mujeres y lo horrible que es y lo poco que hablamos de ello, en fin, todo esto es para decir que a veces pienso: “Quizás todos estos problemas de salud que tienen las mujeres se habrían resuelto ya si hubiéramos permitido que las mujeres estudiaran medicina cuando los hombres estudiaban medicina”. Pienso en este personaje femenino que adoro. Me encanta leer esos pasajes en que aparece y a veces simplemente paso páginas solo para encontrar esos pasajes. Y su nombre es Chelo, pero en ese amor también hay una especie de tristeza.

40:41
Mujer 7. Chimamanda, sé que te encanta mi turbante y me encantaría decirte que tú has sido una de las personas más inspiradoras en mi vida, tanto en, vamos a decirlo así, de manera de moda, de lo que proyecto y demás, como en mi proceso creativo. Te tengo en uno de mis pañuelos más significativos de las mejores o las más importantes escritoras de mi vida. Entonces, bueno, hablando un poco de arte, el séptimo arte creo que para mí es muy importante, el tema del cine, y no sé si lo sabéis pero en Nigeria es uno de los mayores exponentes de cinematografía que hay, que incluso se dice que es el Nollywood. Entonces, bueno, ellos han tenido la oportunidad de adaptar tu novela de ‘Medio sol amarillo’ y me gustaría saber si te gustó esa adaptación que hicieron de tu obra.

41:44
Chimamanda Ngozi. Ese turbante está muy bien hecho, tengo que decirlo. Estoy impresionada, porque yo hago muchos turbantes. Me gusta el nudo delante. Pero bueno, la verdad es que ‘Medio sol amarillo’ fue adaptada al cine aunque no por Nollywood. La hizo un director nigeriano llamado Biyi Bandele, que lamentablemente ya ha fallecido. También era amigo mío y escritor. Pero no era una producción de Nollywood, había varias productoras involucradas. Creo que la BBC participó en ella. Sí, quizá dos o tres pero no eran nigerianas. Eran de Estados Unidos y del Reino Unido. Lo que puedo decir con sinceridad sobre las películas en general es que considero que los libros son superiores a las películas. Es que creo que es muy difícil adaptar una novela a una película que, de alguna manera, hable el mismo idioma que el libro. Es realmente difícil de hacer. Por eso creo que la película estuvo bien para lo que se propuso. Pero también es una novela que es una gran novela. Hay una gran diferencia. Es imposible que una película de dos horas pueda capturar eso de la misma manera que lo hace el libro. Eso es lo que pienso, quiero decir, creo que el cine tiene su lugar. Hay películas que admiro, respeto y amo. Pero creo que cada vez más vivimos en un mundo en el que la gente… Me ha venido gente diciéndome: “No he leído ‘Americanah’, pero estoy esperando la serie y la veré”. Y yo creo que eso es atroz. Hay algo en la lectura, y en particular en la lectura de literatura, que creo que es esencial para nosotros como seres humanos. Es algo que la literatura hace por nosotros y que ninguna otra forma de arte puede hacer. Es esa idea de que la literatura nos hace comprender que hay múltiples puntos de vista y no se me ocurre ningún momento en el que lo hayamos necesitado más que ahora mismo en el mundo. En este momento están pasando tantas cosas… Necesitamos la literatura porque es esencial para nosotros contar historias, porque la literatura te obliga de muchas maneras a convertirte en otra persona. Y al convertirse en otra persona, la posibilidad de empatía aumenta de una manera que no creo que la música, el arte, el cine y todo eso, que por supuesto son importantes, puedan lograr, ya que no lo hacen de la misma manera que la literatura. Y, sí, este es mi largo camino para llegar a decir que la película estuvo bien para lo que se proponía. Pero sobre todo lo que quiero decir es que en Nollywood, la industria cinematográfica nigeriana, es algo de lo que estoy muy orgullosa. Todavía es joven y, por supuesto, aún tiene muchos problemas. Pero tiene muchos espectadores, es gloriosamente melodramática. Las tramas te hacen poner los ojos en blanco pero sigues viéndolo y eso es lo importante, creo. Y, al parecer, no solo en el continente africano y el Caribe, Nollywood es enorme. Así que conozco a gente de Jamaica, de Trinidad y quieren hablarme de Nollywood. Y eso me parece maravilloso. Y muy pronto conquistaremos el mundo. Nollywood.

45:16
Mujer 8. Chimamanda, tú que has visualizado la moda nigeriana en eventos como la ‘Met Gala’, ¿por qué crees que otros escritores no pueden decir lo mismo? No pueden mostrarlo, vamos. Gracias.

45:28
Chimamanda Ngozi. No lo sé. Bueno, en primer lugar, debo decir que obviamente sabemos que los escritores son diferentes. Y creo que hay muchos escritores que no están interesados en absoluto en la moda ni tienen por qué estarlo. Pero a mí me interesa la moda. Y es imposible no estar interesada en la moda si te educó mi madre. Mi madre creo que era la mujer con más estilo natural que he conocido jamás. Y, de la forma más original, mi madre vestía lo que le gustaba, así que crecí con eso. Mi madre también creía firmemente que cuidar tu apariencia era una forma de ser cortés con los demás. Por ejemplo, si teníamos invitados, parte de lo que se considera una buena educación en una cultura igualitaria es que los jóvenes siempre deben ser respetuosos con todas las personas a las que saludan. Por eso, cuando teníamos invitados, mi madre solía decir: “Ven a saludar”. Sin importar quién fuera la visita. Y si queríamos bajar las escaleras con un pijama raído, ella nos decía: “No, cámbiate y luego baja las escaleras y saluda a la gente”. Para ella siempre era así. Si sentías respeto por alguien debías esforzarte por cuidar tu apariencia cuando estabas con esa persona. Y sinceramente, para mí, esta idea de cuidar la imagen que proyectamos como cortesía hacia los demás me parece realmente hermosa. Y por supuesto, también está la vanidad. También tiene que ver con la vanidad, algo que yo también acepto. Creo que algunas personas son vanidosas y otras no. Yo soy vanidosa y no me disculpo por ello. Es decir, me preocupo por mi apariencia y la moda siempre ha sido para mí una forma de expresarme. Me pongo lo que me gusta. A veces me envían vestidos que se supone que son lo último, pero no me los pongo porque no me gustan. No me los pongo porque no me quedan bien y no me los pongo por lo que sea. Así que me pongo lo que me gusta. Y creo que esto es especialmente importante para las mujeres que se preocupan por su apariencia, porque no todas las mujeres lo hacen. Y creo que eso también está bien. Tengo un amplio círculo de amigos. Tengo una amiga muy querida a la que no le importa el maquillaje ni los vestidos. Ella cree que es una absoluta pérdida de tiempo y yo respeto eso. Y luego tengo otra amiga que no sale de casa si no lleva toda la cara maquillada. También respeto eso. Creo que yo estoy en un término medio. Pero además, como para mí la moda es una forma de expresarme y soy consciente de la suerte que tengo de contar con esta plataforma que me brinda mi trabajo como escritora, decidí utilizarla para promocionar la moda nigeriana. La industria de la moda nigeriana está llena de talento, un talento increíble. Es fascinante ver lo que hace la gente, sobre todo cuando no tienen mucho. No cuentan con el respaldo de grandes inversores ni nada por el estilo. Pero la gente va al mercado a comprar telas, confecciona prendas exquisitas y las publica en Instagram. Yo lo busco, lo encuentro y lo encargo. A menudo encargo estas cosas y los diseñadores no saben que soy yo quien las ha encargado. Luego las llevo puestas, las muestro y de repente la gente empieza a comprar sus productos y me hace muy feliz poder hacer eso. Así, en cierto modo, para mí es una especie de nacionalismo de la moda. Creo que la moda, además de ser una cuestión de vanidad y expresión personal, también puede ser algo más grande. Puede ser una forma de decir: “Vengo de este lugar”. Y este lugar tiene mucho talento y quiero compartirlo con gente que no lo conoce. De hecho, para mí ha sido una experiencia maravillosa descubrir lo que la gente está haciendo con la moda en Nigeria.

49:30
Chimamanda Ngozi. Y está la semana de la moda Lagos que cada vez es más grande. Viene gente de diferentes partes del mundo. Así que creo que, en cierto modo, no es la escritora que hay en mí la que hace eso. Es la parte de mí que es hija de mi madre.

50:00
Mujer 9. Hola, Chimamanda. Te conocí por tu libro ‘Por qué todos deberíamos ser feministas’. Y hoy te quiero preguntar eso: ¿por qué crees que todos deberíamos ser feministas? Gracias.

50:15
Chimamanda Ngozi. ¿Y por qué? Bueno, en verdad es una historia muy breve. Y esto sucedió cuando di una Ted Talk titulada ‘Todos deberíamos ser feministas’. Y luego se publicó en un librito que la convirtió en parte de la cultura popular en cierto modo. Y una de las cosas que sucedió fue que Christian Dior la utilizó para diseñar una camiseta. Recuerdo haber ido al desfile de moda, el desfile de Dior en el que se presentó la camiseta. Y recuerden que antes mencioné que suelo escuchar a escondidas. Normalmente, cuando la gente habla, yo escucho. Incluso cuando no es asunto mío. Y recuerdo que, después del desfile, la gente estaba charlando y mezclándose. Y había un hombre que parecía muy molesto y dijo: “Todos deberíamos ser feministas. ¿Pero quiénes somos todos? ¿A qué se refieren con nosotros?” Y esa pregunta, ¿quiénes somos nosotros?, se me quedó grabada. Cuando digo que todos deberíamos ser feministas me refiero a que todas las personas del mundo deberían ser feministas. ¿Pero qué significa eso? Significa que todos deberíamos soñar con un mundo mejor. Pero no solo deberíamos soñar. Primero deberíamos soñar y luego deberíamos caminar hacia ese mundo mejor. Y es tanto en lo grande como en lo pequeño. Es el padre que se da cuenta, sin ser muy consciente de ello, de que trata a sus hijos de manera diferente a sus hijas. Y al darse cuenta decide cambiarlo. Para mí eso es feminismo. Es el líder gubernamental que se interesa realmente por la brecha salarial entre hombres y mujeres y por cómo las mujeres se ven profundamente afectadas por las decisiones domésticas de una manera que los hombres no lo están. Son las mujeres las que se quedan embarazadas. Son las mujeres las que durante nueve meses de su vida se encuentran en una situación en la que quizá no pueden ser tan productivas como lo serían normalmente. Y creo que el mundo laboral debe reconocerlo. Al fin y al cabo, son los cuerpos de las mujeres los que realizan el trabajo necesario para evitar la extinción de la raza humana. Por lo menos, creo que el mundo laboral moderno debería entenderlo, reconocerlo y no castigar a las mujeres por ello. Muchas veces cuando hablamos de la brecha salarial es porque evidentemente hay situaciones en las que las empresas pagan deliberadamente más a los hombres que a las mujeres. Pero también hay casos en los que sucede porque las mujeres se quedan embarazadas, se ausentan durante un tiempo y luego vuelven. Y las empresas no se adaptan a esa situación. Así que de alguna manera las mujeres tienen que empezar a veces desde cero. A veces ya existe una desventaja inherente para ellas. Y esa desventaja no tiene nada que ver con su capacidad o su productividad, lo cual me parece un tema muy interesante e importante sobre el que hablar. El feminismo, la razón por la que creo que todos deberíamos ser feministas también, es que si todos fuéramos feministas tendríamos más probabilidades de vivir en un mundo verdaderamente justo. No vivimos en un mundo justo y podemos hablar de ejemplos dramáticos como Afganistán, donde hay mujeres brillantes que ahora ya no pueden ir a la escuela. La única razón por la que no pueden ir a la escuela es porque son mujeres. Eso es bastante dramático. Pero en el mundo occidental, donde a la gente le gusta decirse a sí misma que el género ya no es un problema, yo, por ejemplo, pienso en las estadísticas sobre lo que la gente llama violencia doméstica. No me gusta esa expresión. Yo lo llamo violencia masculina contra las mujeres y las niñas. Las estadísticas son alarmantes en todo el mundo.

53:57
Chimamanda Ngozi. Están aumentando. Se trata de mujeres asesinadas por personas que conocen. A veces personas a las que aman, maridos, exnovios, novios, ex maridos. La violencia contra las mujeres y las niñas está aumentando en todo el mundo. Creo que si todos fuéramos feministas tal vez no estaría aumentando, porque nos dedicaríamos a pensar en formas de reducir esta violencia. Y parte de ello tiene que ver con las mujeres, pero otra parte también con los hombres. Creo que los hombres tienen que formar parte del debate sobre el feminismo. Por eso cuando digo que todos deberíamos ser feministas no me refiero solo a las mujeres, sino a las mujeres y a los hombres. Cuando hablamos de violencia no se trata de algo que cae del cielo, algo que cometen los hombres, y por eso tenemos que hablar de ello. Tenemos que hablar de qué ocurre, por qué ocurre y, sobre todo, cómo podemos evitar que ocurra. Para mí, esta es la visión de un mundo feminista. Un mundo de verdadera justicia, realmente. Pero también un mundo en el que, con suerte, haya una mejor comunicación entre hombres y mujeres. Un mundo en el que los hombres escuchen las historias de las mujeres. Porque ahora mismo sabemos, y esto también es algo que nos han demostrado los estudios, que las mujeres, en lo que respecta a la literatura, por ejemplo, leen libros escritos por hombres y mujeres, mientras que los hombres leen solo libros escritos por hombres. Y tal vez no sea sorprendente entonces que los hombres no conozcan a las mujeres. Y tal vez tampoco sea sorprendente que, muy a menudo, sean los hombres quienes deshumanizan a las mujeres. La industria de la pornografía también muestra esta idea de las mujeres como objetos, no como seres humanos, sino como objetos. Y cuando piensas en una persona como un objeto es más probable que la deshumanices. Es más probable que cometas actos violentos contra esa persona porque no la consideras tan humana como tú. Y una de las formas en que creo que podemos empezar a cambiar eso es escuchando profundamente las historias de los demás. Así que para mí un mundo feminista sería un mundo en el que los hombres leyeran libros escritos por hombres y mujeres, al igual que las mujeres ya leen libros escritos por hombres y mujeres. Pero también sería un mundo en el que realmente nos veríamos unos a otros. Creo que los chicos también están pasando apuros en el mundo en el que vivimos hoy en día. Las cosas están cambiando un poco para las mujeres y las niñas. Las cosas también están cambiando para los chicos y los hombres. Creo que parte de la lucha de los chicos, y esto es una preocupación feminista, es que a menudo el mundo les dice a los chicos lo que ya no deben hacer, pero no les dice lo que deben hacer ahora. Y así se genera un vacío en el que existe la posibilidad de que ideas realmente peligrosas entren en la vida de los niños. Eso para mí es la razón por la que todos deberíamos ser feministas, para poder hablar de esto y encontrar formas de, al final, crear un mundo mejor para todos. Para mí, realmente, esa es la visión del feminismo. Porque si vivimos en un mundo justo, todos nos beneficiamos. Sí.

57:01
Hombre 1. Hola Chimamanda. Muchísimas gracias por ser tan generosa con tus respuestas y por acercarnos aún más a un oficio tan gratificante como es la escritura. Un poco, en la línea de la generosidad y del intercambio de ideas, ¿puedes contarnos un poco sobre tu experiencia como profesora de escritura? Gracias.

57:21
Chimamanda Ngozi. Gracias. Una de las cosas que más he disfrutado y de las que más he aprendido es la enseñanza. Enseñar a escribir. Impartir algunas clases en Estados Unidos cuando estaba en la universidad no fue tan divertido como enseñar en mis talleres de escritura en Lagos. De hecho, no solo en Lagos, sino en toda Nigeria. He impartido talleres de escritura en Lagos, en Abuja, en Awka, que está cerca de mi ciudad natal. Empecé a impartir talleres poco después de publicar mi libro porque sentía que quería que los jóvenes escritores tuvieran lo que yo no tuve, que era una comunidad de escritores. Y, especialmente en un país como Nigeria, donde convertirse en escritor no se considera realmente algo a lo que aspirar. Se supone que debes pensar en convertirte en médico o ingeniero. Así lo deseaba y así crecí con el anhelo de contar historias, especialmente para ganarme la vida con ello. Simplemente no era algo que se hiciera. Y creo que lo que provoca en los jóvenes es que te hace sentir solo y extraño. Por eso quería crear una comunidad en la que estas personas se reunieran y se dieran cuenta de que en realidad no somos tan raros. Esta persona es como yo y aquella persona es como yo. Eso era lo principal que quería hacer. No estoy muy segura de que se pueda enseñar a una persona a escribir. Creo que se puede enseñar a una persona a leer como escritor. Así que leemos mucho. Y me gusta que piensen en ello, no como se piensa en la lectura en una clase de literatura, sino en términos puramente técnicos. ¿Cómo nos ha transmitido el autor la personalidad de este personaje? ¿Qué decisiones ha tomado el escritor? E incluso pensar en el lenguaje desde un punto de vista muy técnico. ¿Cuántos adverbios se utilizan aquí y que aportan al lector? Ese tipo de cosas. Y me di cuenta de que estaba aprendiendo mucho. Estaba aprendiendo sobre Nigeria porque también me preocupaba mucho que hubiera una diversidad real en mis talleres. Creo firmemente que la diversidad es importante. No solo como un ideal, sino como algo práctico, porque, de nuevo, al igual que la literatura te enseña que hay múltiples puntos de vista, cuando estás en una sala con 20 personas y cada una de ellas proviene de una parte diferente de Nigeria, o ha tenido una educación religiosa diferente, o pertenece a una clase social diferente, te obliga a darte cuenta de que tu punto de vista no es el único y también te obliga a darte cuenta de que hay ciertas cuestiones que la gente está analizando desde diferentes ángulos. Creo que independientemente de lo que uno piense sobre algo, es útil saber qué opinan otras personas al respecto. Es una forma muy útil de pensar sobre el mundo. Por eso mucha gente se inscribe en mis talleres y tengo a alguien que hace la primera criba por mí. Y luego tengo una lista reducida de unas 50 personas que todas ellas escriben muy bien. Entonces miro los nombres y por lo general, en Nigeria, los nombres revelan el origen de las personas. Así que miro los nombres y me aseguro de que estén representadas diferentes partes de Nigeria y también diferentes religiones. Nigeria es en parte cristiana y en parte musulmana. Y el norte de Nigeria, como no soy de allí, a menudo me ha parecido un país diferente. No lo conozco, pero empecé a darme cuenta por algunas personas que vienen a mi taller y cuentan sus historias, y de repente te quedas atónito. Esto me recuerda a una de las preguntas anteriores.

01:00:48
Chimamanda Ngozi. Simplemente te quedas atónito por lo diferentes que son, pero también por lo similares que son. Y eso puede ser algo realmente maravilloso. Esta es una de las maravillas de la enseñanza, que al enseñar también aprendes. Aprendí sobre Nigeria. Aprendí sobre las diferentes formas en que las personas cuentan sus historias, las diferentes formas en que las personas se acercan a las historias. Y creo que al final, para mí, lo más emocionante de mis talleres ha sido las amistades que se han formado. Las personas que han entablado amistades y las han mantenido. Y yo he podido reunir a personas que en circunstancias normales nunca se habrían conocido. Son personas que provienen de diferentes partes de Nigeria y tienen vidas muy diferentes. No hay forma de que se hubieran cruzado si no hubieran venido al taller y ahora han entablado amistades. Se apoyan mutuamente en su escritura. Y en todos los programas importantes de escritura de Estados Unidos he tenido algún alumno de mi taller que ha ido allí. Y esto, por supuesto, conduce a más escritura. Algunos de ellos han sido publicados y les ha ido muy bien. Algunos se han convertido en editores. Creo que el legado, para mí, es que la gente ha venido al taller y, gracias a él, su escritura ha prosperado. Gracias a todos por estar aquí. Por cierto, todos lucen maravillosos. Ha sido interesante tener esta conversación porque también me ha hecho pensar en algunas cosas. Y eso siempre es agradable. Creo que si tengo algo que decirles al despedirme es que espero que se vayan de aquí pensando en lo importante que es contar historias y también escucharlas. Especialmente para una persona como yo, que cree firmemente en vivir en un mundo justo, que cree firmemente que la paz es importante, que cree firmemente que todos estaríamos mejor si la tuviéramos. Puede sonar un poco simplista y un poco cliché, pero es cierto que todos estaríamos mejor si viviéramos en un mundo justo, un mundo equitativo, un mundo en el que predominara la paz. Realmente creo que las historias desempeñan un papel importante en esto. Lo creo profundamente. Y he visto ejemplos de cómo las historias pueden, de hecho, marcar una diferencia real y práctica en la vida de las personas. También espero que todos ustedes, si ya son feministas, se vayan de aquí siendo aún más feministas. Y si no lo son, que empiecen a soñar como nosotras las feministas. Es decir, empiecen a soñar con un mundo que sea verdaderamente justo. Y también empecemos a pensar en cómo podemos reparar las heridas del pasado. En todos los años en los que en diferentes partes del mundo a las mujeres no se les permitía poseer propiedades o no se les permitía recibir educación. Empecemos a pensar en cómo podemos reparar eso, porque creo que las consecuencias de esas heridas del pasado aún viven con nosotros. Y les deseo lo mejor a todos. Gracias por estar aquí.