COMPARTIR
Generated with Avocode. Path Generated with Avocode. Rectangle Copy Rectangle Icon : Pause Rectangle Rectangle Copy

Somos herederos del Olimpo

Álex Rovira

Somos herederos del Olimpo

Álex Rovira

Escritor y economista


Creando oportunidades

Más vídeos

Álex Rovira

Álex Rovira es escritor y economista, conocido por explorar cómo las historias, los símbolos y los mitos influyen en nuestra manera de entender la realidad. A lo largo de su trayectoria, ha investigado el vínculo entre narrativa, psicología y transformación personal, mostrando cómo los relatos que heredamos moldean nuestras decisiones, nuestra identidad y nuestra capacidad de afrontar la adversidad.
Entre sus obras más conocidas se encuentran La buena suerte, El laberinto de la felicidad, El mapa del tesoro y Los siete poderes, libros que han sido traducidos a decenas de idiomas y leídos en más de cuarenta países. En ellos combina reflexión humanista, mirada emocional y herramientas prácticas para cultivar una vida más consciente y con mayor sentido.
Rovira profundiza en el valor de los mitos como espejos que revelan nuestras fortalezas, nuestras heridas y nuestras posibilidades de transformación. Su aproximación no es académica, sino vital: utiliza estas historias para abrir preguntas y ofrecer una manera distinta de acompañar el sufrimiento, el cambio y el crecimiento personal. Su mensaje invita a mirar la vida con lucidez, responsabilidad y ternura, reconociendo en cada desafío una oportunidad de comprendernos mejor.


Transcripción

00:03
Álex Rovira. Hoy les vengo a hablar de los Ecos del Olimpo. Esas voces que reverberan en nuestra sangre. Esas voces que dan sentido a nuestra vida. Esas historias, a veces sencillas, pero que pueden salvar vidas. Y para hacerlo, les invito a un ejercicio tanto a las bellas personas que están aquí como a aquellas que nos están viendo a través de la cámara. Les invito a que convoquen aquí y ahora la memoria de la vida de sus padres, de papá y mamá. O de las personas que jugaron ese rol, esa función. Convóquenlas. Hoy hacía el ejercicio con una persona en la radio, una amiga, y de repente dice: “¡Ay!” “¡Uy!” En la evocación de esa historia era evidente que sus padres habían sufrido. Historias de amor, historias de pasión, historias de sufrimiento. Dos padres. Vamos a convocar ahora a los abuelos, a la abuela y al abuelo. Cuatro. Sus vidas, sus hambres, sus trabajos, sus afanes, sus madrugadas. Vamos a dar un tercer paso: los bisabuelos. Son ocho. Sus vidas, sus migraciones, sus guerras, sus posguerras, sus hambrunas. Vamos a los tatarabuelos. Son 16. Lo mismo. Ya no los conocemos, quizás hay alguna foto vieja. Quizás hay el recuerdo de lo que nos contaron papá, mamá, el abuelo, quizás si tuvimos la suerte de conocer a una bisabuela o a un bisabuelo. 16. Vamos a los trastatarabuelos. 32 personas. Se va llenando la sala del teatro. 32. Historias, vidas. Vamos a los pentabuelos o a los quintos abuelos. 64. 128, 256, 512, 1.024. Lo dejamos en mil y poco. Diez generaciones. Promedio por generación: 25-30 años. 250 años. 300 años. Mil ancestros sumados a todos los anteriores. Una pirámide que se va sumando. Mil historias de vida sumadas a las 500, 200, 100 veintipico, etcétera. Pero ahora viene lo interesante. Seguimos. 1.024, onceava generación. 2.048, 4.096, 8.000, 16.000, 32.000, 64, 128, 256, 512.000, 1 millón de ancestros. Llevamos 500 años en el tiempo. No es tanto. 1.500. No hemos llegado a la Edad Media. 1 millón. 1 millón de historias de vida. 1 millón de mecanismos de supervivencia.

03:15
Álex Rovira. Pero no solo por las guerras, las pandemias, las hambrunas, las migraciones forzadas. También porque a lo mejor un amigo les traicionó. Tuvieron grandes amigos, con la pareja se entendieron bien, con la pareja se entendieron mal. Hubo secretos de familia. ¿Cuánta carga de vida? ¿Seguimos? Vamos a los 2 millones, 4 millones. Es decir, cada diez generaciones se añade un 1.000. 1.000.000.000. Inicio de la baja Edad Media. 1.000.000.000 de ancestros todos. A partir de aquí ya solo se puede explicar la aritmética por la endogamia. ¿Pero dónde quiero ir a parar? que en cada una y cada uno de nosotras y de nosotros, aunque hayamos borrado la memoria, aunque no nos hayan legado, de qué modo vivieron, qué les pasó, sus alegrías, sus sufrimientos, sus objetivos, sus frustraciones, sus desengaños, sus filias, sus fobias. Somos hijos de una cadena inmensa, de una constelación inmensa, de un abanico inmenso, de almas, de seres, que vivieron, que sintieron, que sufrieron. Llega un momento en el que en nuestra propia vida, evidentemente no recordamos todo lo que pasaron nuestros ancestros. Puede haber algún recuerdo idealizado, puede haber algún recuerdo mitificado, puede haber algún recuerdo distorsionado. Sin duda hay muchos secretos. Pero en cualquier caso, si vamos echando hacia atrás en el tiempo y viajando atrás en el tiempo, abarcamos toda la humanidad. Todos somos literalmente hermanos. Algunos de líneas genéticas más cercanas, otras más lejanas. Yo cuando hice mi mapa genómico, nacido en España, en el Mediterráneo, en Barcelona, evidentemente tengo mucho ADN ibérico, pero también tengo ADN italiano, siciliano, griego, inglés, irlandés, norte-europeo, etcétera. ¿Qué ocurre en nuestra vida cuando de repente, todos esos sufrimientos, todas esas estrategias de supervivencia que tuvieron que aplicar los que nos precedieron, se quedan borradas en la memoria? Pero hay algo que queda, que es un eco, un eco. Esos son los Ecos del Olimpo. Cuando te hablan de Quirón, el Centauro, que en realidad es un ser humano compasivo, y de él hablaremos en detalle que por sus heridas, en lugar de amargarse o volverse un cínico, se convierte en alguien profundamente compasivo que es capaz de conectar con el sufrimiento de los demás, que tiene una vida tremendamente difícil, tremendamente complicada, pero que en lugar de convertirse en un amargado, pone al servicio de los demás su herida para acompañarlos en el sufrimiento, porque resuena con ellos desde ese latido de sus propias heridas.

06:25
Álex Rovira. Cuando vemos a Sísifo empujando su piedra sin sentido, condenado a subirla a la cima de la montaña y que vuelva a caer y volver a empezar, ahí estamos nosotros. Cuando vaciamos nuestra bandeja de entrada de los 40 e-mails que vemos y al cabo de dos horas hay 40 más, no dejamos de ser Sísifo empujando. O cuando trabajamos con denuedo para poder llegar a pagar la hipoteca, somos Sísifo. Cuando animamos a un amigo que lo está pasando mal y le decimos: “¡Tú puedes!, porque yo veo en ti lo que quizás tú no ves, pero yo veo que eres una gran persona, que eres tenaz, que eres capaz”. Somos Pigmaliones. O cuando lo hacemos con nuestros hijos, o con las personas amadas, o con la gente de nuestro equipo, en la que de verdad creemos. Cuando nos hacemos un selfie y lo editamos, somos Narciso. Y cada vez que entramos buscando si ha entrado un ‘like’ más, somos Narcisito. Lo que pasa que ahora no hay un estanque, ahora hay muchos. El estanque se llama ‘Instagram’, se llama ‘TikTok’, se llama ‘Facebook’, se llama ‘LinkedIn’. Cuando resurgimos de un proceso muy difícil que nos ha quemado, cuando hemos ardido total o parcialmente hasta las cenizas, somos el Ave Fénix. Todo eso convive en nuestra sangre. Todo eso es lo que somos. Porque los mitos son historias, no solo reales en nuestra sangre hoy, son los ecos de todo aquello que nos ha permitido estar aquí y ahora. Porque si alguno de nuestros ancestros no hubiera estado, no estaríamos aquí. Por eso estas historias, a veces con nombres que nos antojan raros, que vienen del griego clásico, que parecen surrealistas, ¿no? Sí, hay gente que es consumida hasta las cenizas. Sí, hay personas que a pesar de sufrir ponen su inteligencia al servicio del amor. Sí, hay personas que son incapaces de amar más allá de su propia imagen. Sí, somos los Ecos del Olimpo. Y reconocer eso tiene un valor transformador fundamental. Porque del mismo modo que se decía, y se dice, que los cuentos sirven para que los niños duerman felices y los adultos se despierten inquietos, los mitos no dejan de ser esos súper relatos que nos tocan cuerdas, que nos emocionan, que nos hacen resonar porque todos nos sentimos en el Fénix, en el Quirón, en el Sísifo, en el Pigmalión, en el Ulises, en el Hércules. Nos vemos ahí. ¿Qué nos muestran los mitos? Nos muestran fundamentalmente que tenemos una capacidad de adaptación y de resiliencia extraordinaria. Que en realidad, cuando, y esta es una afirmación dura, pero es así, nos muestran que la vida no está diseñada para hacernos felices. Esa es una gran falacia. La vida está diseñada, está configurada, para desafiarnos constantemente. Y en la medida que somos capaces de resolver ese problema, de superar ese desafío, de tirar adelante en la adversidad, entonces podemos tener pellizcos de alegría, de felicidad, de plenitud, de sentido, de decir que, en definitiva, la vida vale la pena.

09:57
Álex Rovira. Que a pesar de las penas, somos capaces de encontrarle a la vida un valor. Y reconocernos en los mitos, a nosotros y a los demás, nos abre la puerta a una empatía profunda. Porque si somos capaces de ver en el otro que todos estamos librando nuestras batallas, que todos cargamos nuestras cruces, que todos estamos haciendo nuestra odisea personal, nos daremos cuenta que, como decía Jung, pensar es difícil. Por eso la mayor parte de las personas prefiere juzgar. Cuando conectamos íntimamente con el valor del mito y su mensaje, conectamos con lo que nos hace esencialmente humanos, que es la capacidad de encontrar estrategias adaptativas para nuestra supervivencia, la capacidad de encontrar un sentido donde a veces no lo hay. Quizás por eso Albert Camus, en su lucidez, en su belleza, afirmaba que a pesar de que Sísifo estaba condenado a empujar su roca constantemente, esos castigos divinos, como el caso de Prometeo, encadenado y torturado constantemente. Los castigos divinos clásicos son horribles. Son la peor de las pesadillas, porque además son eternos. Pero Camus decía: “Quizás Sísifo fue feliz porque quizás encontró un sentido a empujar esa roca. Quizás encontró un sentido a recorrer ese camino constantemente. Quizás fue capaz de ver los matices de la salida y de la puesta del sol, de conectar con las diferentes estaciones. Quizás en su ardua tarea y en su condena, a pesar de todo, es un ejemplo que nos muestra que cada cual de nosotros también tendrá que empujar su piedra. Pero que a pesar de eso, le podremos encontrar un sentido”. A partir de ahí, lo que os propongo es que abramos un espacio de diálogo en el que, si queréis, exploremos algunos de los mitos que siguen reverberando hoy con tanta fuerza para que podamos ir en mayor profundidad y ver en mayor profundidad qué mensajes tienen para desvelarnos y ofrecernos, si os parece. Así que abramos el diálogo con los Ecos del Olimpo. Vamos allá.

12:16
Mujer 1. Hola Álex, buenas noches. Es un gusto conocerte. En esta época en que las redes sociales, las pantallas, las fotos de nosotros mismos nos invaden, ¿qué nos enseña la mitología griega con relación a la era del selfie y qué advertencia nos da con relación a la soledad y el aislamiento?

Quote

“Somos hijos de una cadena inmensa, de una constelación inmensa, de un abanico inmenso de almas, de seres que vivieron, que sintieron, que sufrieron”

12:36
Álex Rovira. ¡Qué maravilla! Aquí el mito que encajaría muy bien sería el mito de Narciso, ¿no? No voy a entrar muy en detalle del origen del mito, pero fundamentalmente lo esencial para poder dar respuesta a la pregunta. Narciso era un joven de una enorme belleza. Tal que cualquiera que lo veía, mujer o hombre, quedaba prendado de su imagen. Quedaba enamorado, deseante de Narciso. Pero Narciso era muy despreciativo, profundamente despreciativo. Tanto que incluso provocó un enorme sufrimiento a la ninfa Eco. Tanto que feneció, que murió la ninfa. Y condenado Narciso por su arrogancia, por su altanería, por su vanidad, recibió una condena divina. Y es que se enamoraría de su propia imagen. Un día, tras cazar, se acercó a un estanque sediento y se vio. Y quedó atrapado en esa imagen. Cada vez que se intentaba acariciar, tocar, poseer… el agua se movía y no podía reconocerse hasta que el agua volvía a una serenidad en la que volvía a ver a su imagen y se quedaba ahí. Se quedó ahí absolutamente atrapado. Dejó de comer, se olvidó de todo y murió. Y en el lugar en el que murió, al lado del estanque, surgió una flor: el narciso. Una flor preciosa. ¿Cómo podríamos interpretar ese mito? Evidentemente, cada cual sacará sus conclusiones, ¿no? Dicen que la persona con un trastorno de personalidad narcisista, se ama demasiado a sí misma. No es verdad. No se ama. Ama la imagen de sí. Vive por y para su imagen. Pero precisamente es incapaz de amar a los demás porque es incapaz de amarse a sí misma. Por eso establecemos desde las defensas narcisistas o los trastornos narcisistas, sea cual sea el grado del narcisismo, el narcisismo nos lleva a una relación hacia el otro de objeto, no de sujeto. La persona narcisista no puede ver al otro como una persona. Lo ve como un objeto que está ahí para: “Espejito, espejito, dime que soy la más bella del reino”. Lo interesante del mito es que cuando Narciso muere, surge una flor. En realidad, la muerte de Narciso es la muerte del apego a la imagen. Fijémonos que incluso hay personas que hoy, no una, no dos, no tres, no diez, piden intervenciones de cirugía estética para parecerse a su imagen con filtros. No estoy diciendo algo que no sea real, esto sucede. Un gran amigo mío, Antoni Bolinches, al que citaré también en otra ocasión, hoy probablemente, es un gran psicólogo que a lo largo de su vida, y os recomiendo sus libros, son maravillosos, especialmente ‘El secreto de la autoestima’; Antoni me comentaba en cierta ocasión que las personas que le iban a ver para hacerse una operación de cirugía estética, pero que tienen dudas y por eso asisten a la consulta terapéutica, cuando él consigue hablar con ellas y consigue que comiencen a apreciarse y amarse, más de la mitad desisten de la intervención. Y las que avanzan es porque realmente hay algo que merece la pena ser observado por un especialista para ser intervenido.

16:18
Álex Rovira. ¿Qué nos dice el mito de Narciso? Que cuando de verdad te amas no necesitas la validación por la imagen. Y vivimos en un mundo donde nos sentimos cada vez más. O sobre todo, la gente joven, se siente cada vez más empujada a sentirse valorada por esa imagen que proyectan. Fijaos qué bonito. Cuando Narciso muere y se convierte en flor, ¿qué es la flor?, naturaleza. Además es una bulbosa, el narciso. Su raíz está profundamente hundida en la tierra. Pero además poliniza. Entra en contacto con el ciclo de la vida. La gran tragedia de lo que nos planteabas es que en realidad las redes sociales, las imágenes proyectadas, te pueden dar ‘likes’, pero ¿los ‘likes’ son amor? ¿Los ‘likes’ son, los me gusta son intimidad? Precisamente Narciso se ahoga en una imagen superficial y tiene que ir a parar al fondo para renacer a su verdadera naturaleza, a esa de alguna manera muerte egoica. Por lo tanto, en la sociedad de hoy, se busca mucho la validación narcisista porque en realidad nos falta el discurso de la intimidad. Muchas veces nos falta el discurso del encuentro, nos falta el discurso del diálogo, de la vulnerabilidad, de abrir el corazón, de mostrar las debilidades, de mostrar las dudas, los miedos, las rabias, las culpas, las alegrías, los sueños, los anhelos, de conectar íntimamente. Y entonces buscamos en la superficie lo que solo podremos encontrar en la profundidad. La tragedia de Narciso es múltiple. Primero no se supo amar. En consecuencia, no había la resonancia capaz de amar. Hay una diferencia entre autoestima y amor propio. La autoestima a menudo se define como aquella apreciación de sí que surge por las aportaciones recibidas por terceros. Si esto es así, estamos vendidos. Si esto es así, la capacidad que tengamos de amar la vida que habita en nosotros, de amar nuestra propia dignidad, dependerá de las contribuciones de terceros. El amor propio es otra cosa. El amor propio es la conquista de: “Bueno, asumo que no puedo gustar. Asumo que esta publicación no acabará de funcionar. No importa. Pero yo estoy haciendo lo que siento que tengo que hacer. Lo que amo hacer. Lo que quiero compartir con los demás”. Por lo tanto, en el fondo, la tragedia de Narciso es el refugio en la imagen por falta de amor. Esa sería la respuesta a tu pregunta. Muchas gracias.

19:07
Claudio. ¿Qué tal? Álex, ¿qué tal? Mi nombre es Claudio. Quería decirte que es un placer estar acá. Hace un tiempo, en unos videos de Aprendemos Juntos que participaste activamente, hablaste sobre el efecto Pigmalión.

19:25
Álex Rovira. Sí, señor. Ya tenemos otro mito apasionante.

19:30
Claudio. Sí. Quería saber si nos podrías comentar un poco más sobre esto y sobre si tenías ejemplos de casos reales donde sueños imposibles se lograron materializar.

Quote

“Todo eso convive en nuestra sangre. Todo eso es lo que somos, porque los mitos son historias reales en nuestra sangre”

19:46
Álex Rovira. Bueno, mira querido, viniendo del aeropuerto hacia acá vi unos murales de Maradona y de Messi. Puros Pigmaliones. Son mitos contemporáneos. Doña Tota, Claudia, la madre de uno, la abuela del otro, fueron sus Pigmaliones. El uno menudo, pequeño, con dificultades en su hormona de crecimiento. El otro le llamaban cabezón. Fueron rechazados por algunos clubes importantes. Pero había alguien en su hogar que decía: “Este chico llegará lejos. Este chico tiene un talento extraordinario”. Eso es pura gasolina. El efecto Pigmalión… Vamos al mito que es maravilloso. Pigmalión, rey de Chipre, magnífico escultor, pero no encuentra el amor. Fijaos que todo gira alrededor de eso: volver a casa, el amor, la herida, el contacto. No encuentra el amor porque en su corte las mujeres que encontraba en ese momento tenían de alguna manera mucha laxitud, por decirlo finamente. Y él quería un amor no líquido, quería un amor sólido, quería un amor verdadero. De modo que como no lo encontraba y se le daba bien la escultura a partir de un bloque de marfil, dice el mito, comenzó a esculpir la figura de una mujer. Como amaba tanto ese deseo, como amaba tanto esa encarnación, la besaba, la acariciaba, la perfumaba, la vestía. Un día suspiró, anheló, invocó, convocó a la diosa Afrodita, en la versión griega, Venus, en la versión romana, y Venus, conmovida por el amor que le profesaba esa escultura y la belleza, claro, si eres la diosa del amor y la belleza y ves a un humano que lo da todo por amor y por belleza, sea. Ella inhala el aliento de la vida. Y Galatea, como se vino a llamar, se encarna, se manifiesta. Es de los pocos mitos que acaba bien porque son felices. Ahora Pigmalión tuvo que aceptar la diferencia. Yo creo que el milagro de Pigmalión no es que se encarne la escultura. Es que es capaz de establecer una buena convivencia con su deseo. Eso es lo maravilloso de Pigmalión. ¿Qué nos dice de Pigmalión? ¿Qué es el mármol? En este caso el marfil. Pero no me gusta el marfil, los elefantes, no me gusta. El mármol. ¿Qué es el mármol? La piedra, el reto, el desafío, la pobreza, la enfermedad, la dificultad. Este niño no llegará lejos. Esta persona no tiene capacidades…» El desafío. ¿Qué es el escultor? La persona que ve lo que otros no ven. Igual que Miguel Ángel decía que veía al David escondido en el mármol y que simplemente tenía que quitar lo que sobraba

24:11
Álex Rovira. Resulta que al final del curso esas alumnas y alumnos que Rosenthal y Jacobson y sus equipos decían que por el test iban a florecer literalmente eran los que habían ido mejor a lo largo del curso. Pero entonces viene la pregunta. Los maestros y maestras dicen: “¿Qué me disteis? ¿Qué tenía ese cuestionario que tenía tan alto valor explicativo y predictivo?” Porque claro, a un test no le puedes pedir más. Que te explique bien las cosas y que te las prediga bien. Y ahí viene la treta. Y dicen: “Bueno, en realidad hicimos un experimento. En esos cuestionarios no medimos nada. Cuando llegamos al despacho los trituramos. Elegimos al azar a los alumnos de la clase y cuando regresamos os dimos los nombres”. Claro, imaginaos el enfado de maestras y maestros. “¡Nos habéis engañado! Pero… ¡nos habéis tomado el pelo!…” Dicen: “Un momento, un momento, un momento. Para

27:23
Álex Rovira. Cuando tú le dices a alguien: “No lo vas a lograr, eres un inútil, no sirves para nada”. Es en las fantasías, las hadas y los ogros. Las brujas en realidad. Somos hechiceros conscientes o inconscientes. Lo interesante es que la amabilidad es un superpoder. La ternura es un superpoder. La mirada apreciativa es un superpoder. Pero no la mirada ingenua, no la mirada estúpida que te promete que todo irá bien y que tú crecerás porque si no, no porque el lenguaje de la realidad es la acción. Y Pigmalión tiene que ir asociado al martillo y a la escarpa. Y al trabajo juntos. Y al crecimiento juntos. Pero ahí viene la segunda parte. ¿Solo para los demás? No, también… hay un efecto Pigmalión propio. ¿Cómo me estoy tratando? ¿Qué me estoy diciendo? Los sistemas de creencias que me torturan, que generan pensamientos dolorosos y estresantes, son verdaderamente ciertos o son algo que puedo cuestionar, que puedo liberar, ya sea en trabajo terapéutico, ya sea en trabajo introspectivo, reflexivo, dialogado. Porque entonces, lo que decía Proust, aunque nada cambie, si yo cambió, todo cambia.

28:48
Nicolás. Hola Álex, un gusto saludarte. Mi nombre es Nicolás. Mi pregunta viene más al principio que hablabas un poco del sufrimiento y de las heridas como personas con sus heridas se hacían más fuertes o las usaban de ejemplo. Y pensando un poco en el sufrimiento que a veces nos toca atravesar en alguna etapa de nuestra vida, ¿qué le dirías hoy a una persona en este momento que está pasando por una herida personal y no le logra ver nada positivo en ella?

29:14
Álex Rovira. Magnífica pregunta. ¡Magnífica! Ojalá tuviéramos una hora más. Yo en realidad no le diría nada, la escucharía. Porque cuando la herida sangra, cuando la herida está ahí, yo creo que a veces las palabras de consuelo, de “anímate”, de “venga, que esto va a ir bien”, no ayudan. El dolor inhibe cualquier apertura, a veces a la mejor intención de apoyo. Eso nos lleva a mi mito favorito, ahora sí: el mito de Quirón. Os lo voy a resumir mucho, pero es fascinante. Quirón, Centauro, mitad hombre, mitad animal. Luego os hablaré de algunas referencias bibliográficas fundamentales. Para mí, la mejor es de un autor argentino que está aquí. Se llama Alejandro Lodi. Ahí lo tenemos. Y cuando yo leí el libro de Alejandro, en paralelo, en mi historia de vida confluyeron en un momento, imaginaos una isla y un tsunami por las cuatro, por el norte, por el sur, por el este y por el oeste. Enfermedad de padre, muerte de padre, depresión de madre, depresión de hermana. Aquello que dicen, no me extiendo: “Conocerás a tus hijos en la vejez, a tus hermanos en la herencia, a tu pareja en el divorcio

Quote

“La vida no está diseñada para hacernos felices; está diseñada para desafiarnos constantemente”

32:21
Álex Rovira. Lo consideran monstruoso. Por otro lado, la posibilidad de que reconociera que quizás su convocatoria a la vida no vino como resultado de un amor, sino de un deseo compulsivo. Quirón siente una vergüenza profunda, por su identidad, por su aspecto. Se esconde en su cueva, en el Monte Pelión. Cuando tenemos dolor, nos escondemos en la cueva. Dolor, duelo. Tú vas vestido con una camisa negra. Antes las personas que vivían un luto se vestían de negro, daban una señal al mundo: estoy doliente. Y muchas veces los médicos les decían: “Métete en la cama y llora”. Y se establecía un plazo. Se asumía que era necesario una vuelta al sol, un ciclo natural para que ese dolor fuera más llevadero, para que la herida cicatrizara. Quirón, en lugar de convertirse en un cínico, en una persona con rabia, se vuelve un ser profundamente compasivo, profundamente compasivo. Tan compasivo que no solo tiene mucho espacio de reflexión sobre su dolor, sino que cuando sale fuera se convierte en el gran maestro de humanos mortales, dioses, semidioses. Es maestro de Asclepio, que gracias a él nos llega la medicina. De Jasón, de Hércules, que, por cierto, luego le hiere sin querer con un fuego amigo, con una flecha, con la sangre, con la sangre envenenada, con sangre envenenada que le provoca un dolor físico crónico. Es decir, Quirón vive el dolor psicológico. Quirón vive el dolor físico. Pero a pesar de eso es un ser compasivo, es un ser acompañante. ¿Cuántos de vosotras y de vosotros habéis conocido a personas que tienen una capacidad de conexión como maestras o maestros, como terapeutas, como médicos o como personas que simplemente acompañan? Porque desde su herida resuenan con tu herida. Tu dolor es mi dolor, tu alegría es mi alegría. La empatía profunda, la conexión profunda. Por eso mi amigo Alejandro Lodi, me encanta cuando él dice: “En realidad Quirón no solo es el símbolo de la resiliencia, que es totalmente así. Es el símbolo de la longanimidad, de la grandeza y constancia de ánimo ante la adversidad y de la benignidad, la clemencia y de la generosidad. Porque el dolor lo secuestra todo. Con dolor no puede haber felicidad. Con dolor no puedes ser feliz, con dolor físico, con dolor moral, con dolor emocional. Es muy difícil. Pero Quirón, a pesar de todo, lo da todo. Y siendo un centauro, no es un desgraciado como el resto de su especie. Es un buen tipo. La gracia en la desgracia. Cuidado con este dardo en el blanco que define Alejandro. La gracia en la desgracia. Lo que nos muestra el mito de Quirón es lo que decía Rumi, el poeta persa: “Es por la herida por donde entra la luz”. Pero cuidado, no todo sufrimiento garantiza sabiduría. No todo sufrimiento garantiza lucidez. No todo sufrimiento garantiza generosidad, compasión y bondad.

35:43
Álex Rovira. No. Freud decía que si el sufrimiento fuera la garantía de la sabiduría, todos seríamos sabios. ¿Cuál es la condición necesaria? Para que el sufrimiento, en lugar de ser estéril y de amargarnos, sea un sufrimiento generativo, creativo, productivo, que nos ponga al servicio de los demás, sobre todo de los que han sufrido. No hay nadie que pueda acompañar mejor a quien ha sido abusado que quien ha sido abusada o abusado, pero que ha transitado el camino del dolor, ha conectado con la compasión, se ha formado, se ha preparado y sabe cómo acompañar a quienes han sido abusados. ¿Que es el sufrimiento productivo? Como diría mi gran amigo Antoni Bolinches: “El sufrimiento productivo es aquel sufrimiento que por sufrir de esa manera aprendes de lo que sufres y entonces dejas de sufrir”. ¿Y qué quiere decir sufrir de esa manera? Extraerle la sabiduría al dolor. El dolor no es garantía de consciencia. El dolor es la puerta a un portal de transformación. Ya sea porque has perdido una hija deseada, ya sea porque hay un dolor crónico que te acompaña, ya sea porque alguien hizo lo que no debía cuando no debía. Lo que nos muestra el mito de Quirón es la capacidad de entrega gracias a la empatía y la conexión que nace con el sufrimiento de todos los demás. En realidad no dejaría de ser una forma de lo que posteriormente vino a ser la conciencia Crística, el sacrificio por amor. Pero el mito de Quirón no acaba aquí. Prometeo, que dio el fuego a los hombres, fue condenado por Zeus a una tortura eterna. Quirón convive con un dolor eterno, pero decide darle su vida a Prometeo y él morir, a condición de que Zeus libere a Prometeo. Y Zeus, dios de dioses, conmovido por todo lo que había hecho Quirón, por lo que había sido capaz de soportar, por su naturaleza divina, por su estoicismo, por su resiliencia, por su longanimidad, libera a Prometeo y Quirón muere. Y en su honor, Zeus crea la constelación de Sagitario. ¡Qué maravilla! Porque, y permitidme la metáfora, en realidad Quirón tenía un corazón lleno de estrellas.

38:33
Florencia. Hola, Álex. ¿Qué tal? Mi nombre es Florencia. Un placer escucharte hoy. Me quedé pensando un poco sobre esto de las enseñanzas que nos trae la sabiduría ancestral griega y mi pregunta era: ¿qué mito o mitos pondrías en el centro y por qué? Gracias.

38:51
Álex Rovira. Pues fíjate qué bueno Florencia, porque el mito que quizás es universal, porque no solo está en Grecia, en realidad parece ser que nace de Egipto, pero también está en Persia, está en la India, está en Japón, está en las culturas mesoamericanas, está en los nativos americanos, es el Ave Fénix. El ave de color rojo carmín que cíclicamente cada 500 años, según alguna versión, depende de la cultura. Otra según 1.640, pero que periódicamente se renueva, combuste. Depende también de la tradición. Hace un nido de canela o de mirra o de incienso o combinaciones y se pone ahí y combuste, quema hasta las cenizas, entra en combustión hasta las cenizas. ¿Cuántos de ustedes han tenido alguna vez la sensación de que estaban ardiendo para poder eventualmente renacer parcial o totalmente? Yo creo que el mito del Fénix resuena con mucha fuerza en nosotros porque, ¿quién no ha tenido que renacer tras una ruptura afectiva? ¿Quién no ha tenido a veces que renacer profesionalmente? Yo creo que el Ave Fénix es el mito que más resuena con nosotros, porque de alguna manera nos habla de la vida tal y cómo viene. Todo acaba, todo termina. Y eso nos lleva a un concepto fundamental que es la aceptación superadora. Decía Jung que lo que niegas te somete. Esa relación que se ha roto, pero que lo niegas y que quieres volver o que estás en la rabia. Ese proyecto que ha acabado pero que dices: “Bueno, pero si nos hubiéramos esforzado…” Es decir, hay que luchar las cosas, pero decía Marco Aurelio en su sabiduría que la sabiduría es el arte de dirimir, de distinguir lo que podemos cambiar de lo que no podemos cambiar, ¿verdad? Habrá cosas que podemos cambiarlas, cambiémoslas, trabajemos, actuemos. De nuevo, el lenguaje de la realidad es la acción. Habrá cosas que no podemos cambiar. Frente a eso hay dos opciones la resignación que es una retirada. Si yo convoco la energía de la resignación y te digo: “Conecta con la resignación”. Cuando te sientes resignado verás que se cae tu cuerpo. Es una retraída, es una caída, no hay energía. Pero si te digo: “Convoca la energía de la aceptación”. Inmediatamente te colocas en un espacio de mirar a la vida a los ojos. Por lo tanto, la aceptación o resignación es asumir que todo tiene ciclos. Que algún día tendremos que despedirnos de esta vida. Que algún día tendremos que despedirnos de lo más amado que tenemos, nuestra pareja. Dios no quiera que veamos que nuestros hijos partan antes, pero puede surgir esa posibilidad, a mí me tocó de cerca. No se consumó, pero en cierta ocasión la viví, en dos ocasiones. Entonces el Ave Fénix nos dice: “Tengamos la capacidad de aceptar la realidad cómo viene. Tengamos la capacidad de reconocer cuando hay algo que ha muerto. Tengamos la capacidad de saber despedirnos con dignidad y de saber decir adiós. Y tengamos la capacidad de, fíjate que cuando el Ave Fénix muere, no resurge inmediatamente. Igual que Quirón se retiró a su cueva para reflexionar, para conectar, para elaborar el dolor y el sufrimiento y convertirlo en una fuerza creativa hacia los demás, en una fuerza de amor, de acompañamiento, de sabiduría. Fénix nos invita también a esto: a veces hay que detenerse. Hay que dejarse ser ceniza, ceniza fértil.

42:35
Álex Rovira. Mirad, una de las imágenes que más me conmueve es después de un incendio forestal o de una zona devastada, cuando al cabo de unos meses comienzan a surgir esos pequeños brotes de vida de nuevo. No hay nada, hay pocas cosas más conmovedoras como ver cómo la vida, a pesar de la devastación, de las temperaturas extremas, de como quedó aquello arrasado, vuelve a ser convocada. De cómo la vida surge, sale, lucha por expresarse, por avanzar. Y eso es lo que nos dicen los Ecos del Olimpo. Exactamente nos dicen eso. Quisiera acabar en una lectura muy breve, de un minuto, precisamente con el texto con el que acabo, ‘Ecos del Olimpo’. Me imaginé si todos esos mitos y otros más pudieran hablar en un coro, en un coro de voces desde el Fénix hasta Quirón, Pigmalión, Sísifo, Narciso también, y tantos otros. “Somos las voces que habitan tus silencios, los ecos que reverberan en tus dudas. Somos los susurros que nombran tus anhelos. No somos dioses, somos espejos. En nuestros mitos ves tu propio rostro. En nuestras heridas, tus propias cicatrices. Somos fragmentos buscando completitud. Escultores, como Pigmalión, anhelando que la piedra respire. Maestros, como Quirón, sangrando sabiduría desde la herida. Almas que a pesar de todo renacen entre cenizas. Rostros que se ahogan en sus propios reflejos. Voces condenadas que anhelan expresión propia. Somos los mitos que susurran verdades. Las historias que el tiempo no ha logrado silenciar. Porque en nosotros, seres con nombres antiguos, habita toda pregunta que te atrevas a formular y toda respuesta que tengas el valor de escuchar. Mientras existan corazones que amen, mentes que creen, piedras que rueden, cenizas que renazcan, reflejos que engañen y voces silenciadas que busquen liberación, seguiremos vivos en la humanidad. No somos metáforas. Somos realidades palpitantes. No somos fábulas. Somos la sangre que corre por tus venas. No somos pasado, somos tu presente constante. Todas nuestras voces son una, la misma voz que te habla. Cuando el silencio te envuelve, cuando te preguntas quién eres, más allá de todas tus máscaras. Cuando buscas palabras propias para nombrar lo que solo tú puedes ver. Y cuando encuentres esa voz, cuando rompas el hechizo del silencio, cuando transformes el eco en canción, en tu canción, estaremos contigo celebrando tu liberación de nuestras tragedias. Por ello somos ahora y seremos eternamente tus Ecos del Olimpo.»