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Pregúntale a las estrellas

Montserrat Villar Martín

Pregúntale a las estrellas

Montserrat Villar Martín

Astrofísica


Creando oportunidades

Montserrat Villar Martín

Montserrat Villar Martín es una reconocida astrofísica, investigadora y divulgadora científica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), donde desarrolla su trabajo en el Centro de Astrobiología. Desde niña se sintió fascinada por el cielo, las estrellas y los planetas, una curiosidad que marcaría su trayectoria profesional y que hoy comparte con miles de personas a través de su labor divulgativa. Su carrera combina el rigor científico con una profunda sensibilidad por la historia, la cultura y el arte.

Con formación en Física por la Universidad de Granada, Villar Martín ha dedicado su investigación a comprender los procesos físicos del cosmos y el origen de los fenómenos que lo conforman. Su mirada interdisciplinar la llevó a explorar también la historia del arte y la forma en que, a lo largo del tiempo, las distintas civilizaciones han interpretado el cielo. De esa combinación nació su libro Mirar los cielos, donde traza un puente entre ciencia, creatividad y espiritualidad humana.

A lo largo de su trayectoria ha defendido la importancia de integrar el pensamiento crítico con la imaginación, entendiendo el universo como un motor de conocimiento, belleza y evolución cultural. Para Villar Martín, observar el cosmos es también una forma de comprendernos como especie y de recordar nuestra necesidad de explorar, cuestionar y maravillarnos.


Transcripción

00:03
Montserrat Villar. Mi nombre es Montserrat Villar. Soy astrofísica, soy investigadora y divulgadora científica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y trabajo en el Centro de Astrobiología. Desde niña me encantaba la ciencia, la astronomía. Me gustaba mucho todo lo que se relacionaba con el cielo, las estrellas, los planetas, el Sol. Y también es cierto que, cuando empecé la carrera de Física en Granada, me empezó a inspirar esa otra forma de aprender historia y de fascinarme, también, por la historia del arte. Entonces, de estas dos pasiones que son la astronomía y el arte, el resultado: el libro que acaba de publicarse, ‘Mirar los cielos’, donde hago precisamente este recorrido de caminos. Cómo ha habido toda esta sinergia entre ciencia y arte. Cómo nuestra forma de percibir el universo ha estado muy condicionada por maneras de mirar muy distintas. Al universo hemos mirado, al cosmos, por motivos prácticos, porque nos ha servido para medir el tiempo, para orientarnos en el espacio. Hemos mirado al universo porque hemos creído en el pasado que podíamos anticiparnos al futuro con una serie de predicciones que creíamos que eran válidas a partir de las posiciones de los planetas en las constelaciones del zodíaco. Es la astrología, que hoy está descartada como una práctica fallida, pero que tuvo mucha importancia en el pasado. Hemos mirado al cielo, también, porque hemos visto acontecimientos que nos parecían misteriosos, terribles, como eclipses de sol, cometas, que nos inspiraron como profecías de muerte y devastación. Y ese miedo nos inspiró para querer entenderlos y registrarlos. Y, por supuesto, hemos mirado al cosmos porque hemos querido responder, como aún hoy hacemos desde la investigación científica más rigurosa, algunas de las grandes preguntas que nos hemos hecho como especie: ¿cómo surgió todo? ¿Cómo se fue transformando hasta convertirse en el cosmos, en la naturaleza, que hoy conocemos? Hemos querido responder cómo era ese universo, qué forma tiene, es eterno o tuvo un principio, un final. Surgieron muchas teorías, muchas equivocadas, muchas se contradecían, pero se trataba de dar respuesta a esos misterios de la naturaleza con la razón, con la observación, con la reflexión. Alejarnos de mitos y de leyendas para darles esta explicación más racional. Lo que también fomentó la aparición del espíritu crítico, de lo que hoy consideraríamos un pensamiento científico. Pero aún así contribuyeron a delinear, a dibujar todas estas líneas de pensamiento que hoy nos definen y esas preguntas que aún hoy seguimos intentando responder. Entonces, es lo que yo creo que ha inspirado, bueno, con total certeza, este libro, ‘Mirar los cielos’, y es lo que también quería transmitir: cómo todo esto ha quedado plasmado en el arte. El arte ha dejado constancia de todo ese universo soñado o razonado, pensado. Ha estado durante milenios para dejar constancia de cómo hemos pensado y reflexionado acerca del cosmos.

03:39
María. Hola, Montserrat. Soy María. Encantada de escucharte. Mi pregunta es: ¿para qué crees que nos ha servido mirar a los cielos en el pasado y para qué nos sirve hoy?

03:49
Montserrat Villar. Ha habido objetivos simplemente prácticos, como por ejemplo orientarnos en el espacio o medir el tiempo. Porque algo que podemos apreciar y que apreciaron nuestros antepasados de todas las culturas eran los ciclos celestes. Cuando miramos la Luna vemos que va cambiando de fases y cumple este ciclo de la Luna, de la luna nueva, creciente, llena, menguante. Todo este ciclo que se repite cada 29 días, aproximadamente, era una repetición obvia que nos daba una manera de medir, registrar el transcurso del tiempo. Los ciclos del cielo, también el ciclo del Sol es obvio, de la noche, el día. Por tanto, esos ciclos celestes nos han permitido medir el tiempo. También, como antes decíamos, esa idea de tratar de anticiparnos al futuro y que dio lugar a un desarrollo muy sofisticado de técnicas de rastrear las posiciones de los planetas en los cielos para tratar de poner en práctica esa adivinación del futuro en base a la astrología. Hemos mirado a los cielos por esas grandes preguntas que nos inspiraban y pusimos nuestros mitos, nuestras leyendas. Las constelaciones son una herencia cultural muy rica, donde proyectamos todas esas pasiones, miedos, cuestiones que quisimos plasmar y proyectar. Una serie de mitos de dioses están en las constelaciones. En el tapiz de las estrellas podemos reconstruir la historia de la mitología. Ha habido muchos motivos y, en la actualidad, seguimos mirando al cosmos porque nos siguen inspirando algunas de esas preguntas, como antes decía, sobre cómo se formó todo, cómo evolucionó hasta lo que hoy conocemos. En fin, que hoy todavía el cosmos nos ofrece algunas de las preguntas más misteriosas que existen todavía en la investigación científica, algunas que tienen contra las cuerdas a la ciencia por ese misterio de no saber cómo resolverlos. Proceden de la astrofísica. Por lo tanto, la investigación astrofísica es los agujeros negros, un objeto totalmente misterioso, la energía oscura, la materia oscura. Son dilemas que en este momento son de muy difícil solución, pero que están impulsando de manera importantísima la creatividad para pensar cómo darles respuesta. Por lo tanto, seguimos mirando al cosmos llenos de curiosidad, llenos de intriga, para querer responder todas esas preguntas. Y, por supuesto, también para impulsar ese desarrollo tecnológico que, en este momento, nos lleva a conseguir retos extraordinarios como estar en Marte, con misiones que están recorriendo Marte y dando unos paisajes absolutamente maravillosos del planeta rojo. Que nos ha llevado, por supuesto, a la Luna en el 1969, incluso traer muestras de la Luna. En fin, explorar otros mundos del sistema solar que nos están dando unas imágenes y una cantidad de información realmente extraordinaria y que nos va a tener trabajando y desentrañando misterios durante mucho, mucho tiempo.

07:09
Montserrat Villar. Hola, Montserrat. En tu libro hablas de ciencia y de arte. ¿De qué forma crees que ha influido el arte en el desarrollo científico? El arte ha tenido un papel importantísimo porque, hasta la llegada de la fotografía, claro, todo lo que queríamos visualizar de esas interpretaciones del cosmos tenía que quedar plasmado en distintas técnicas de grabados. Quedó en mosaicos, en esculturas, en iluminaciones en manuscritos, etc. Por tanto, el arte ha sido un vehículo importantísimo, una herramienta en la que ha quedado patente esa generación de conocimiento, su transformación, su destrucción, a veces. Ha habido ideas que se han perdido, quedaron plasmadas en el pasado y después se perdieron o se descartaron. El arte ha contribuido a conservar, también, mucho de ese conocimiento para que aún hoy podamos reflexionar y pensar sobre ello. Entonces, por supuesto, había mucha información que se transmitía a través de los textos, pero la forma de visualizarlo estaba en esa creatividad artística. Por tanto, pondré un ejemplo que yo creo que ilustra muy bien lo que quiero decir de ese papel tan importante. Pensemos en la Luna. La Luna, hasta el siglo XVII, principios del siglo XVII, se consideraba un astro puro y perfecto. Pero en 1608 se inventó el telescopio. Entonces, fue un salto muy importante en un nuevo universo que se mostró a través de este nuevo artilugio que acercaba lo que estaba lejos. En 1609, Galileo Galilei, estoy convencida de que todos habéis oído hablar de Galileo Galilei, apuntó el telescopio a la Luna, vio la Luna, pero mucho, mucho peor de lo que hoy en día, con unos prismáticos normalitos, nosotros podemos ver la Luna. Con unos prismáticos la Luna es realmente impresionante. Pues él, con estos primeros artilugios, estos primeros formatos de los telescopios, no conseguía distinguir detalles como los cráteres, que podemos ver en la actualidad con unos prismáticos. Pero sí vio unos juegos de luces, de sombras, unas irregularidades que él, con sus amplios conocimientos de física, de óptica, del comportamiento de la luz, de astronomía. Y él lo que propuso fue esto. La Luna no es un cuerpo puro, perfecto. En la Luna hay relieves, hay montañas, hay valles, como lo hay en la Tierra. Entonces, Galileo hizo unos dibujos, porque tenía mucho talento para el dibujo, unos dibujos muy detallados de lo que él veía en la Luna a través del telescopio. Esos dibujos se conservan, se pueden ver en Internet. Os animo a que los miréis para que veáis lo que Galileo observó a través del telescopio en la Luna. Y esos dibujos marcan un cambio importantísimo en esa percepción del cosmos. Porque esta idea de estos dos ámbitos celestes, el celeste y el terrestre, había que descartarla. No hay un ámbito celeste puro, perfecto, inmutable, donde no hay cambios, y un ámbito terrestre del cambio de lo corrupto, sino que todo es lo mismo.

10:35
Montserrat Villar. Esto abrió ya una nueva forma de ver el cosmos, de interpretarlo, que, por supuesto, hubo otros astrónomos, científicos, pensadores que también observaron el cosmos y que se fueron dando cuenta de que esa división había que descartarla. Ya no valía. Aristóteles, ya estaba bien, 2.000 años de Aristóteles. Había que empezar a repensar el cosmos de una manera un poco diferente. Y esto fue gracias a este escrutinio que permitió el telescopio y que quedó plasmado en estos dibujos de Galileo Galilei que dejan constancia también de estas transformaciones del universo. Entonces, como este ejemplo de Galileo Galilei, pues hay muchos. Porque fue el arte el que permitió visualizar a veces conceptos, a veces modelos del cosmos muy, muy complejos. Por tanto, el arte ha sido un vehículo importantísimo en la investigación científica. Lo sigue siendo actualmente. Y el motivo es que nuestra tecnología nos permite, solo hasta cierto punto, aprender sobre determinadas cuestiones. Por ejemplo, exoplanetas. Los exoplanetas son planetas que giran en torno a otras estrellas. Entonces esos exoplanetas, por supuesto, queremos saber cómo son. Queremos buscar vida en algunos de ellos. Los datos que tenemos de estos exoplanetas son muy limitados. Ni de lejos podemos, ni siquiera soñando, visualizar el paisaje de esos exoplanetas como podemos verlos en Marte o en la Luna, etc. Entonces, de unos datos muy, muy limitados que pueden ser inferir de manera indirecta un tamaño, una densidad, si son rocosos, si tienen una atmósfera, etc., podemos empezar a imaginar cómo serían esos paisajes. Por tanto, para eso necesitamos el arte. Y hay artistas y especialistas en diseño gráfico, también, que nos ayudan a los astrofísicos a transformar todo eso que va avanzando, estos datos tan escasos, nos permiten ir avanzando qué es lo que en el futuro, a lo mejor, podremos llegar a descubrir. O algo que siempre que lo digo sorprende, pero muchas de las imágenes astronómicas más espectaculares que veis son ‘fake’. Imaginaos, por ejemplo, que tomamos imágenes con un satélite de rayos X, por ejemplo, o el James Webb, que está muy al orden del día porque es un instrumento, es un telescopio espacial, en fin, muy, muy avanzado y que está dando algunas imágenes bellísimas. Pero ese satélite del que os hablo observa en rayos X. Nuestros ojos no perciben los rayos X. El telescopio James Webb trabaja en el infrarrojo. Nuestros ojos no perciben los rayos infrarrojos. Por tanto, esos datos que toma toda esta tecnología son: nuestros ojos son ciegos, necesitamos transformar esos datos, esas imágenes obtenidas con estos satélites, en algo que sí podamos ver. Entonces las transformamos en colores rojos, azules, con un código que ya nos está informando. Pues las estrellas más calientes las dibujamos de color azul, las más frías, rojo.

14:03
Montserrat Villar. Entonces, adaptamos esa estética o esa visualización de la información, dependiendo también del público al que nos dirijamos. Dependiendo de la información que queramos resaltar. Si la temperatura en distintas partes de la superficie, distintas alturas, distinta antigüedad de los rasgos que existen en la Luna del relieve. Por tanto, la creatividad artística nos ayuda mucho en la investigación científica, en la investigación del cosmos.

14:35
Marc. Buenas, Monserrat. Soy Marc. Mi pregunta es: ¿qué obra artística crees que representa mejor la sensación de mirar el universo?

14:44
Montserrat Villar. Mira, una obra que es muy conocida, seguro que la tenéis en mente, y que creo que es maravillosa, es ‘La noche estrellada’ de Van Gogh. Es una obra bellísima que hizo Van Gogh el año antes de su muerte y me ha gustado muchísimo, pero simplemente por cómo transmite la hermosura de la noche estrellada. Porque a ‘La noche estrellada’ no hay que mirar necesariamente a ver qué aprendo, a ver si distingo constelaciones, que si mido el tiempo, que sea agujero… No, o sea ya solo la experiencia estética y profunda de disfrutar de la bóveda estrellada es absolutamente maravillosa. Y, para mí, claro, Van Gogh es uno de mis artistas favoritos. Entonces, tengo ese sesgo también, ¿no? Pero sí que es cierto que es una obra bellísima, donde representa esta noche con estrellas en el cielo de un paisaje, un pueblo en un campo, porque además tiene un trasfondo que a mí me parece muy profundo y muy, muy espiritual. Fue un artista que tuvo muchos problemas de salud mental. Estuvo ingresado el último año de su vida, bueno, en distintas épocas, pero el año antes de morir estuvo ingresado en Francia, en un hospital psiquiátrico, mental. En ese último año pintó cientos de cuadros. Y, entre ellos, estaba esta noche estrellada que realizó en 1889, cuando él falleció en 1890. Entonces, para mí, esa mirada a ‘La noche estrellada’, interpretada de una manera tan hermosa por una mente enferma. Para mí es como tan emocionante que quizá transmite eso que os quiero transmitir, de esa experiencia tan bella de contemplar ‘La noche estrellada’. Pero también me gustaría mencionar alguna otra, quizá también más reciente, que traslade cómo la inspiración artística viene también muchas veces del conocimiento científico. Hay una artista escocesa, que se llama Kathy Patterson, y muchas de las instalaciones artísticas que hace están inspiradas en el cosmos y en la investigación científica. Ella ha trabajado, colaborado con biólogos, ingenieros, astrofísicos para aprender sobre el concepto, la idea, la emoción que ella quiere transmitir relacionada con el cosmos y, luego, dejar volar la imaginación y decir: “Esto ya lo he aprendido y ahora lo voy a transformar en esta creación artística”. Entonces, una de sus instalaciones es una vela que arde durante 12 horas. Entonces, está hecha de 22 capas y, claro, tú si entras en una sala y ves una vela ardiendo, dices: “Bueno, sí”. Pero cuando ves todo lo que a ella le ha llevado a hacer esa vela es maravilloso.

17:53
Montserrat Villar. Lo dividió, como digo, en 22 capas. Si hay algo que le inspira esa vela que arde es un viaje por el espacio. Cada una de esas capas representa una etapa del viaje. Empezamos en la Tierra, salimos a la capa externa de la atmósfera, llegamos a la Luna, Marte, los anillos de Saturno, el espacio interestelar… Y el viaje final acaba en el interior de un agujero negro. Cada capa representa una etapa del viaje. Se van quemando, vamos avanzando en nuestro viaje. Pero lo bonito es que cada una de esas capas huele de una manera diferente. Entonces, ella cada aroma lo asocia con una etapa del viaje. Porque ha trabajado con científicos que le han dicho, por ejemplo: “En Venus hay mucho azufre”. “En Marte hay mucho óxido de hierro”. Entonces, todo eso que ella ha aprendido le sugiere una serie de aromas. Entonces, cuando ya llegamos a la Luna, esa capa de la Luna de las 22 que le corresponde a la Luna, a ella le huele a galletas de almendras quemadas. Cuando llegamos a Marte, pues le sugiere el olor a monedas viejas, quizá porque en Marte hay mucho óxido de hierro, que es lo que le da ese color rojo, le sugiere monedas viejas. Entonces, es una obra que me parece muy bonita por todo ese proceso creativo, como os decía, de todo lo que ella ha aprendido, se ha informado. Y esto está muy presente en la obra de Kathy Patterson. Entonces, esta vela que podría aparecer como a veces cuando vas a un museo que dices: “Pues yo no sé qué vio aquí”. Pero cuando aprendes un poco lo que hay detrás, descubres inspiraciones, ideas y una creatividad realmente maravillosa.

19:48
Joel. Hola, Montse. Soy Joel y tengo otra pregunta. ¿Desde cuando nos imaginamos vida en otros mundos? ¿Y qué puede decirnos la ciencia o el arte sobre ella?

19:57
Montserrat Villar. Mira, pensar en vida extraterrestre podría parecernos algo nuevo, pero no lo es. Hace más de 2.000 años que nos planteamos si hay vida en otros mundos. Además, con ideas a favor y en contra de si había vida o estábamos solos en el universo. Este debate permeó toda la historia del conocimiento en Occidente y fue siendo moldeado por creencias religiosas, metafísicas. Eso tuvo una influencia importante y empezaron a cambiar las cosas, curiosamente, por un motivo, en el siglo XIII, especialmente, en el que se planteó la siguiente cuestión dentro del seno de la religión cristiana. Imaginaos, estamos en París, siglo XIII, donde surge la duda, surge el debate que es planteado por un obispo, Étienne Tempier, donde promulga una serie de cláusulas, digamos, donde se rechazan una serie de ideas de Aristóteles. Porque él consideraba, se consideraba dentro de la Iglesia Católica, que iban en contra de los preceptos, las ideas de la religión cristiana. Entonces, una de esas ideas era, lógicamente, pensar: “Si nosotros negamos la existencia de otros mundos habitados, estamos negando el poder infinito de Dios. Si Dios quiso hacer otros mundos, ¿por qué no iba a hacerlos?” Ya a finales del siglo XVII había bastantes pensadores, científicos, eruditos que estaban convencidos de que había vida en otros mundos. Por ejemplo, Kepler. Kepler estaba convencido de que había habitantes en la Luna. Estaba convencido de que había habitantes en Júpiter. Christiaan Huygens, que fue el descubridor de los anillos de Saturno, también en el siglo XVII, él estaba convencido de que había vida en otros mundos. Por tanto, ya en el siglo XVII empieza a asentarse, desde un punto de vista también un poco desde la ciencia, desde esa transformación de cómo entendíamos el universo, esa posible existencia de vida en otros mundos. Y algo muy interesante que sigue ocurriendo hoy en día en el cine de extraterrestres o en la literatura de ficción, y es que los imaginaron siempre más inteligentes que nosotros y eran una excusa para mirarnos desde fuera. Esos extraterrestres que llegaban a la Tierra, que nos miraban desde la distancia, nos miraban con condescendencia, con un poco de sorna. Por tanto, en cada época los extraterrestres que imaginamos son un reflejo del contexto en el que vivimos, de la cultura de la que somos parte. Y esto se ve también en el cine de actualidad. Los extraterrestres que imaginó Georges Méliès en ‘Viaje a la Luna’ eran diferentes de los que se imaginaron en la época de la exploración espacial o de la Guerra Fría, de los que imaginamos ahora, porque son proyecciones de nosotros mismos. Los extraterrestres de todas las épocas que hemos soñado dicen más de nosotros mismos que de seres de otros mundos.

23:11
Montserrat Villar. Ahora, en la actualidad, la ciencia investiga cómo es esa vida extraterrestre. Uno de los objetivos fundamentales de la investigación científica actual es precisamente buscar esa vida. Porque no hemos encontrado vida fuera de la Tierra. No la hemos encontrado. La única vida conocida es la que tenemos en nuestro planeta. Pero sí que es cierto que, a partir de investigación científica, hemos aprendido acerca de cómo apareció la vida en la Tierra, cómo se fue diversificando, cómo hubo especies que se extinguieron, aparecieron, desaparecieron y fueron creando toda la diversidad biológica que hay en la actualidad. Todo esto que aprendemos acerca de la vida en la Tierra también nos ayuda a reflexionar acerca de qué procesos pudieron haber dado lugar a su aparición en otros lugares del mundo. Esto, por supuesto, tiene un sesgo muy importante porque estamos fijándonos en la única vida que conocemos. La vida que hay ahí fuera no tiene por qué ser igual. Pero como punto de partida para empezar a definir estrategias de búsqueda nos ayuda muchísimo. Y, a medida que más aprendemos, más vamos ampliando nuestros criterios de búsqueda, vamos acomodando la tecnología, etc. Por tanto, la biología ayuda mucho a definir esas expectativas de si apareció la vida en otros mundos, cómo lo hizo, etc., y, por supuesto, la astrofísica. En los años 90, como decía, se descubrieron los primeros exoplanetas, los planetas en torno a otras estrellas. Hemos vivido el descubrimiento de esos otros mundos en los que soñaron nuestros antepasados en torno a otras estrellas, si bien todavía no podemos afirmar que en ellos hay vida. Pero sí que es cierto que en una búsqueda muy pequeña, de un volumen muy pequeño, una búsqueda que apenas acaba de empezar, ya hemos descubierto miles de exoplanetas. Tiene que haber trillones por todo el universo. Tiene que haber millones y millones en nuestra propia galaxia. Por tanto, todo nos va encaminando, tanto estudios astrofísicos como estudios de la vida en la Tierra, una amalgama de formas de conocimiento científico que nos hacen ser optimistas para realmente estar convencidos de que hay vida fuera de la Tierra y queremos buscarla y encontrarla. Y, como digo, es uno de los objetivos fundamentales. Ya hay proyectos tecnológicos que están intentando averiguar si hay algún rastro de vida en Marte mismo. Podría ser un mundo en el que en el pasado hubo vida. Ahora, en la superficie es muy difícil que exista vida, porque las condiciones son muy, muy extremas. Es muy difícil que sobreviva cualquier molécula que encadenándose pueda dar lugar a la formación de estructuras vivas, por sencillas que sean. Pero, a lo mejor, debajo de la superficie. Y en unos años se lanzará un nuevo rover, porque ya hemos puesto muchas misiones en Marte, aunque el ser humano no ha llegado, pero perforará el suelo, la superficie hasta dos metros de profundidad para ver qué hay debajo. Y si pudiera haber algún rastro de vida pasada o presente bajo la superficie de Marte. O sea, Marte es un objetivo astrobiológico de entender si hay vida fuera de la Tierra prioritario. Pero hay otros mundos del sistema solar que podrían albergar vida. Y lo más seguro es que la mayor parte de la vida que existe ahí fuera, en el universo, y que quizá sea la primera que detectemos, sea una forma de vida sencilla y mucho menos desarrollada desde luego que incluso una célula. Una célula ya es una forma de vida extraordinariamente compleja. Pero, como digo, es un objetivo científico prioritario y de desarrollo tecnológico la búsqueda de vida fuera de la Tierra en este momento.

27:04
Hombre 3. Hola, Montse. Los cuerpos celestes siempre nos han llamado mucho la atención. Mi pregunta era: ¿qué pensaban nuestros antepasados, por ejemplo, de los cometas o de otras cosas?

27:17
Montserrat Villar. Pues mira, los cometas, igual que los eclipse de sol, nos inspiraron terror. Hoy sabemos lo que son los cometas. Son astros, objetos celestes que vienen de zonas muy, muy frías del sistema solar y que, en la mayoría de los casos, apenas han cambiado. Se han mantenido como cápsulas del tiempo que apenas se han transformado. Y nos muestran, nos interesan también, por ese motivo, porque nos informan sobre cómo era el sistema solar en sus inicios. Los cometas aparecían prácticamente en cualquier lugar del cielo. Iban cambiando de aspecto. Formaban estas colas tan llamativas que hoy entendemos cómo se forman. Se iban desplazando por las constelaciones. Estaban varias semanas y desaparecían. No sabíamos qué era eso. No podíamos predecirlos. No teníamos el conocimiento para entender cómo aparecían, desaparecían, cómo se movían, de qué estaban hechos. Entonces, los asociamos en distintas culturas con esos prodigios de la naturaleza que a veces el propio miedo nos lleva a interpretarlos como un aviso de que nos están advirtiendo de algo. Esto ocurría con los eclipses de sol, de luna y con los cometas. Entonces, si de algo nos tiene que advertir lo que vemos en los cielos, tiene que ser algo malo. A partir de esta idea se codificó ese diferente aspecto de los cometas que se podían ver a simple vista de una manera con la que pudiéramos interpretar con ese aspecto determinado de ese cometa que se vio en esta constelación, la cola apuntando hacia el oeste o hacia el este donde fuera, ¿qué mensaje nos estaban transmitiendo? Un ejemplo muy interesante se encontró en una tumba en China del siglo II antes de nuestra era. De hecho, es un lugar de enterramiento en un lugar llamado Changsha, cerca de la provincia de Hunan, que se encontró en la década de 1970. Un lugar, un yacimiento arqueológico, y era un lugar de enterramiento donde se encontraron tres tumbas. En una de ellas había el esqueleto de un varón adulto, en otra una momia muy bien conservada de una mujer y en una tercera tumba, datada hacia el 168 antes de nuestra era, había el esqueleto de un joven varón. En esta tumba de este joven varón había más de 3.000 objetos de todo tipo. Desde cajitas con cosméticos hasta figuritas de madera de músicos tocando diferentes instrumentos, hasta recipientes. Entre esos miles de objetos había un montón de manuscritos de seda que estaban dedicados a distintas cosas: estrategia militar, agricultura, meteorología, etc.

30:31
Montserrat Villar. Entre estos manuscritos de seda hay uno que tiene el dibujo de 29 cometas. Son muy esquemáticos, pero son muy diferentes. Hay un cometa que tiene tres colas, otro que tiene dos. Se considera el primer atlas de cometas que ha llegado hasta nosotros, que tuvo que ser además una recopilación de avistamientos de cometas de siglos de varias generaciones. O sea, una única generación no puede ver tantos cometas. O sea que tuvo que ser un registro de bastantes generaciones de cometas que se vieron en el pasado. Cada uno de ellos, de esos dibujos, está asociado con un texto muy breve en escritura china antigua, donde se explica de qué está avisando: el levantamiento del ejército, muerte del rey, epidemia… Estaban diciendo: “Si yo veo un cometa con dos colas, con la cabeza de esta forma, lo que me está diciendo es que va a haber una guerra terrible. Si lo veo de esta otra manera, me está diciendo que tenemos que prepararnos porque viene una epidemia, etc. Por tanto, se codificó para tratar de entender qué aviso nos estaban transmitiendo y cómo prepararnos para esos acontecimientos terribles. Este es un ejemplo de cómo los cometas fueron interpretados. Lo interesante es que ese pavor que nos inspiraban fue el motor principal que nos llevó a observarlos, a registrarlos, a dibujarlos, incluso a ir trazando sus movimientos por las constelaciones. O sea, fue un motor de conocimiento muy importante. Y una vez que ya, sobre todo a partir del siglo XVII, empezamos a desvelar los misterios acerca de los cometas, ese aura un poco agorera empezó también a difuminarse. Ya sabíamos dónde se formaban, en el ámbito celeste. No era algo que se formara en la atmósfera. Empezamos a comprender sus movimientos. Empezamos a comprender de qué estaban hechos. Hasta que llegó el Halley en 1910. Y allí ocurrió algo que nadie hubiera anticipado. El cometa Halley, que lleva su nombre por el astrónomo inglés Edmund Halley, que fue el primero que se dio cuenta de que varios cometas que se habían registrado cada 76 años a lo largo de la historia, eran el mismo. Esto estaba indicando que hay cometas que vuelven. O sea, no es algo que de repente aparece y ya no aparece nunca más, sino son cometas que forman parte del sistema solar, se mueven en torno al sol y algunos de ellos vuelven. El cometa Halley lo hace cada 76 años. Y entonces en 1910 iba a llegar el Halley otra vez, se iba a acercar al Sol y lo íbamos a poder ver desde toda la Tierra. Se iba a acercar mucho a la Tierra, entonces estaba previsto que la Tierra iba a atravesar la cola del cometa. En esta época ya se habían empezado a tomar medidas con determinadas técnicas que estaban hechas las colas de los cometas y se había identificado un compuesto relacionado con el cianuro, un compuesto tóxico que causó el pánico, porque incluso algunos astrónomos preveían que iba a acabar con la vida de toda la Tierra. Y realmente cundió el pánico.

34:05
Montserrat Villar. También hubo otros astrónomos que dijeron: “No, la cola del cometa es tan, tan diluida, tan tenue que no nos vamos ni a enterar”, como de hecho fue el caso. Pero es muy curioso, porque empezaron todavía otra vez esas reminiscencias de esos terrores del pasado asociados con los cometas. Pero también hubo mucho humor. Y hay una estampa muy curiosa, que a mí me gusta mucho porque es divertidísima, de 1910, se titula ‘19 de mayo de 1910, fin del mundo’. Es un grabado en blanco y negro, es una estampa donde se ven una serie de personajes que están acudiendo, corriendo a un lugar donde la gente quiere viajar fuera de la Tierra para escapar de este final apocalíptico que iba a traer el cometa Halley. Entonces, hay un puesto de un señor que está vendiendo globos para que la gente pueda escapar en un globo. Además, pone un cartel: “Solidez garantizada salvo imprevistos”. Ahí también hubo un personaje de una señora, toda ella arreglada, que lleva una sombrilla en una mano, en otra lleva una jaula con un pajarito y va corriendo a ver si consigue su globo. O ese otro que ha puesto un puesto donde está vendiendo un vasito de licor ya para celebrar que vas a empezar tu viaje fuera de la Tierra. En fin, que es una estampa muy muy divertida y que deja de ver esa visión cómica de este pánico desatado por el cometa Halley que en 1910 tuvo ese acercamiento a la Tierra. Por lo tanto hay mucha cultura de los cometas. Y además eso, en distintos lugares del mundo que eran reminiscentes, estaban asociados con esta interpretación astrológica, digamos, de predicción de desgracias y acontecimientos terribles, tanto de la vida de las personas como de las naciones.

36:21
Hombre 4. Hola, buenas, Montserrat. Me gustaría hacerte una pregunta muy específica que sería: ¿qué son las constelaciones? Y si crees que todas las civilizaciones que han estado en la Tierra han visto las mismas constelaciones que actualmente vemos nosotros.

36:37
Montserrat Villar. Excelente pregunta. Las constelaciones realmente son alineaciones casuales de estrellas. Si vemos, por ejemplo, la constelación de Orión, es una constelación muy conocida, las estrellas que forman la constelación de Orión, de cualquier constelación prácticamente, no tienen nada que ver unas con otras. Están a distancias muy diferentes. Se formaron en épocas muy diferentes. Por tanto, no hay ningún tipo de relación entre ellas. Pero sí que es cierto que cuando nosotros miramos la bóveda estrellada no tenemos sensación de profundidad y nos parece que todas están a la misma distancia. Y así lo creímos durante muchos siglos, que las estrellas estaban todas a la misma distancia en una esfera que era la más externa del universo. Hoy sabemos que no es así. Las estrellas están a distancias muy diferentes. Pero nuestro cerebro tiende a identificar patrones. Casi cualquier conjunto de puntos que veamos, tendemos a identificar patrones. Y eso es lo que nos ocurre y lo que hemos hecho con las constelaciones. Porque además han tenido un objetivo práctico que ha sido, como antes decía, las constelaciones van cambiando dependiendo de la época del año, cambian dependiendo también de la latitud. Una persona en el hemisferio norte, dependiendo de la latitud en el hemisferio norte también, ve constelaciones diferentes a una persona que está en el hemisferio sur. Por tanto, dependiendo de la latitud, el cielo estrellado que vemos es diferente. Esos patrones que hemos identificado y que nos ayudaban a orientarnos, los definíamos de una manera fácil de reconocer, las imaginamos de acuerdo con nuestra cultura. Cada cultura ha visto, ha proyectado en el cielo, unas ideas, ansias, mitos acordes con su propia cultura. Las constelaciones que veían en China eran completamente diferentes. Eran muchas más, más pequeñitas que las que se distinguían en Europa. Y gran parte del imaginario de las constelaciones que hoy aún reconocemos proceden de Ptolomeo. ¿Qué plasmó y describió en su obra importantísima el ‘Almagesto’? Definió cuarenta y ocho constelaciones. A cada estrella le dio unos datos de posición de latitud, longitud, dos coordenadas en el cielo para poder distinguirlas. Habló de su magnitud, de su brillo, etc. Ese catálogo de constelaciones de Ptolomeo fue una referencia importantísima durante toda la Edad Media y el Renacimiento. Aún hoy esas constelaciones, cuarenta y ocho constelaciones donde queda plasmada la mitología de la cultura grecorromana. Muchos de esos mitos de Orión, Hércules, Perseo, Casiopea vienen de la mitología grecorromana. Esas culturas proyectaron en el cielo sus mitos, sus creencias. En el cielo vieron los amores, los desamores, las batallas, los encuentros, los desencuentros entre sus dioses. Es esa historia de los dioses, de aquella cultura que la proyectaron en los cielos estrellados, como hicieron otras culturas que, a menudo, imaginaban formas de animales.

40:01
Montserrat Villar. El zodiaco tiene formas de animales, por ejemplo. El zodiaco viene de la cultura babilónica que proyectaron objetos, conceptos, relacionados con su propia cultura. Cuando empezó la época de la navegación hacia el sur por parte de los europeos, empezaron a descubrir un cielo estrellado que para ellos era nuevo, en el que las poblaciones de aquellas tierras imaginaron sus propias constelaciones y los europeos decidieron que querían acomodarlas a su propia cultura. Y de repente, en el cielo del sur empezaron a definirse nuevas constelaciones como una máquina de vapor, una mosca, un ave del paraíso, etc. A principios del siglo XIX, la Unión Astronómica Internacional, que es un organismo profesional que toma decisiones como si Plutón es un planeta o no. Y en esa época había un caos total. Constelaciones que solapaban unas con otras, que compartían estrellas, y la Unión Astronómica Internacional decidió: “Hay que poner orden en el cielo”. Entonces, definieron las constelaciones de una manera diferente. Mantuvieron las 48 de Ptolomeo. Esas seguimos utilizándolas. Pero en lugar de esos asterismos, es decir, esas agrupaciones que formamos conectando las estrellas, como si fuera un pasatiempo de puntos que unimos, se decidió que la bóveda estrellada que se quedaba dividida en 88 piezas, como de un puzle que encajan unas en otras, que se reconocen como las oficiales y aún las utilizamos para: la galaxia más distante del universo está en esta constelación o el agujero más masivo en esta, etc. Pero desde luego, reconociendo que muchas otras culturas han visto, y aún siguen reconociendo dentro de su cultura, constelaciones diferentes.

42:03
Sergio. Hola, Montserrat. Soy Sergio y quería preguntarte en qué momento la astronomía se separó de la astrología.

42:11
Montserrat Villar. Primero podemos definir qué es astronomía y qué es astrología. Y la astrología tiene como premisa que, a partir de la posición de los planetas en las constelaciones del zodíaco, y a partir de una serie de cosas que observamos en los cielos relacionado con los planetas y las constelaciones, se podía predecir el futuro de las personas, el futuro de las naciones y se podía hacer como una práctica de adivinación. La astronomía trata de entender esos procesos de movimiento de los planetas, de cómo es el universo, etc., sin esa connotación de utilizar los cielos como medio para adivinar el futuro. La astrología en la actualidad es una práctica que está descartada porque se ha demostrado que es fallida, no tiene capacidad predictiva ni el hecho de que tú seas piscis, tu capricornio o tu cáncer dice nada sobre ti. Pero también hay que entender que en el pasado eran otros contextos. No podemos juzgar la astrología con los ojos de hoy el papel que jugó en el pasado. Y tuvo un papel importantísimo, además en muchas sociedades, donde la astrología, tenía también una parte de querer adivinar el futuro por esa necesidad que tenemos de anticiparnos a él y prepararnos. La astrología ganó mucho prestigio, porque fue haciéndose cada vez más sofisticada. Fue sustentándose en complejos cálculos matemáticos que reproducían o trataban de rastrear los movimientos de los planetas en las constelaciones, que es lo que necesitábamos para hacer predicciones. Ya en la cultura babilónica tenemos evidencia, de hace al menos 4.000 años, que practicaban la astrología. Lo sabemos porque nos ha llegado en tablillas de arcilla, que ellos ya utilizaban la escritura cuneiforme, hacían incisiones en tablillas de arcilla donde hay varios miles de presagios relacionados con los cielos. Y la ventaja que tenía es que los cielos los podía ver cualquier persona. Tenían también un cierto componente erudito que practicaba la astrología, necesitaba saber de esos cálculos, de ir rastreando los planetas en el cielo. Por tanto, los astrólogos eran gente que sabía. Los astrólogos serios, digamos. Eran gente que sabían, no eran locos, no eran ignorantes. Entonces la astrología se fue dividiendo como en dos aspectos, sobre todo en el contexto cristiano, donde había una parte de la astrología que se consideraba aceptable y una parte que no era aceptable. Una parte aceptable era aquella que hacía predicciones meteorológicas, por ejemplo, una astrología natural, una astrología médica, porque se consideraba que todo lo que había en el cosmos, el macrocosmos, tenía un reflejo en la Tierra, tenía un reflejo en el cuerpo humano. Entonces toda esta asociación del macrocosmos con el cuerpo humano desarrolló también esta disciplina de la medicina astrológica, que además también existía en el mundo judío, en el mundo cristiano, etc. Estaba muy asentada y además incluso prácticas quirúrgicas que se decidía si implementarlas o no dependiendo de la situación de los cielos. Entonces toda esa parte sí que se considera como más aceptable.

46:01
Montserrat Villar. Pero había un problema muy grave que chocaba de frente con nuestras creencias en el seno de la religión cristiana, que era el tema del libre albedrío. Si mi destino está escrito en las estrellas, si mi futuro está decidido ya de antemano antes de que yo tome ninguna decisión, en el momento en que yo nazco, todo lo que a mí me va a ocurrir, todo lo que yo voy a hacer está ya definido, yo no tengo elección. Por tanto, si yo cometo un delito no tengo responsabilidad. Entonces, esa parte de la astrología que se orientaba a predecir qué iba a ocurrir a las gentes, a los individuos, eso es lo que sí que producía un profundo rechazo. Se llamó astronomía judiciaria y llegó a ser perseguida muy duramente. Pero sí es cierto que a pesar de estos cambios de la percepción de la astrología, a lo largo de los siglos, siempre estuvo presente. Hubo príncipes, emperadores, papas que contaban con un astrólogo con el que querían consultar porque querían saber también lo que les iba a ocurrir para también estar preparados. O sea, tuvo mucha, mucha importancia. De hecho, se consideró otra forma diferente de estudiar y de investigar el cosmos. La astrología comenzó a separarse de la astronomía sobre todo a partir del siglo XVII, cuando ya esta nueva forma para interpretar el cosmos comenzó a ser mucho más racional, basada en la observación, basada en los datos, en un instrumento como el telescopio, etc. Pero aún entonces hubo grandes pensadores, como por ejemplo Kepler, que estaba convencido. Él estaba convencido de la validez de la astrología. Pero sí que yo creo que al siglo XIX ya empezó la división realmente radical y, ya en el siglo XX, como digo, pues ya la tenemos totalmente descartada. Todavía quedan, todos oímos hablar: “Bueno, ¿tu que signo eres?” Todavía queda como muy presente. Aún así, como digo, reconociendo este papel tan importante que tuvo en esas sociedades del pasado que lo consideraron como otra forma complementaria y, de hecho, de la misma importancia de interpretar y conocer el universo.

48:35
Hombre 6. Hola, Montserrat. ¿Qué tal? Hemos hablado bastante del espacio, pero me gustaría preguntarte acerca del tiempo. ¿Podrías contarnos acerca de instrumentos como calendarios y relojes?

48:45
Montserrat Villar. Como antes os comentaba, en los cielos hemos sido capaces de distinguir estos ciclos que nos permitían medir el tiempo. Y esto se remonta a mucho tiempo. Y tenemos registros, o por lo menos evidencias, de un intento de medir el tiempo en huesos de animales, por ejemplo. En la cueva de Blanchard, en un abrigo, es decir, una cueva poco profunda al pie de un acantilado en Francia, se encontró, por ejemplo, una placa, un hueso, de unos 30.000 años de antigüedad donde se habían practicado más de 60 incisiones que iban cambiando de forma y que estaban claramente asociados con el ciclo de la Luna. Como dos ciclos de la Luna, algo que completaba esos dos ciclos de la Luna, desde la luna nueva hasta la luna llena, etc. Ya allí se intuye, todo este tiempo atrás, primero un registro del ciclo de la Luna y quizá un intento de medir el tiempo. Esos ciclos celestes, en distintas culturas a lo largo del tiempo, fueron la base de los primeros calendarios. Nuestro calendario tiene 365 días. El calendario oficial es el calendario gregoriano, que es heredero del calendario egipcio, donde ellos ya tuvieron un año de 365 días. Era un calendario basado en el ciclo del Sol, otros estaban basados en el ciclo de la Luna, y que se remonta al tercer milenio antes de nuestra era. Un caso muy, muy interesante es el de las culturas de Mesoamérica. Las culturas mayas en México, en distintas zonas de Centroamérica actual, donde tuvieron un conocimiento astronómico de los cielos muy profundo. Tenían su propio calendario, que también eran distintos tipos de calendarios basados en el Sol y en distintos conceptos, pero ya tenían una forma muy sofisticada de medir el tiempo. Y lo que es muy interesante es que ha quedado constancia de todos esos conocimientos del cielo en registros muy sólidos, por ejemplo, en relieves tallados en piedras, en construcciones, pirámides orientadas de cierta manera, en textos, en imágenes. Por lo tanto, muchas veces oímos hablar del calendario maya o de la astronomía maya, fue importantísimo, muy profundo y realmente fascinante. Entonces, los calendarios nos han permitido rastrear el tiempo por distintos motivos. Necesitábamos organizar la actividad agrícola, por ejemplo. O queríamos registrar eventos importantes en nuestra historia de las distintas sociedades. La Semana Santa actual, de la religión cristiana, está totalmente definida por el ciclo de la Luna, por la luna llena. O sea que esos ciclos del cielo han determinado nuestras necesidades de la actividad económica, política, religiosa, etc. También hemos querido medir el tiempo de una forma mucho más fina, en unidades más pequeñas, digamos, como el transcurso de las horas, y para eso inventamos relojes: relojes de agua, relojes de sol, que también vienen de la cultura egipcia, de civilizaciones muy antiguas. Ya construyeron sus propios relojes para medir el tiempo. El astrolabio fue el primer reloj portátil de la historia que permitía medir el tiempo mirando la posición del sol o de las estrellas. Podíamos medirlo por la noche, por el día, con la enorme ventaja de poder transportarlo de unos lugares a otros. Por tanto, ese astrolabio fue un instrumento de medida del tiempo muy, muy útil y muy utilizado. En la actualidad, esos ciclos del cielo, que se utilizaron en el pasado, se nos quedan un poco cortos. Siguen definiendo nuestro día a día, el día la noche, etc. Y nuestro calendario sigue siendo solar. Pero para medir la precisión que necesitamos para muchas actividades económicas, muchas actividades de distinto tipo, el funcionamiento del GPS mismo, necesitamos utilizar átomos que tienen una serie de vibraciones que se hacen con un ciclo muy muy fijo, muy rápido, de apenas una mil millonésima fracción de segundo, incluso más fina, muy muy bien cronometrada, medida. Y ese ciclo tan pequeño, ese tictac tan, tan breve, es lo que nos permite tener sistemas como por ejemplo el GPS. Los satélites de GPS tienen relojes atómicos. Y aún hoy se sigue intentando batir esos récords, sea con esas vibraciones de los átomos o con otros procesos atómicos incluso más breves todavía, que permitan ese tictac que cada vez nos va dando un reloj más y más preciso.

54:07
Montserrat Villar. Por lo tanto, la medida del tiempo es un tema que es fascinante. Y los ciclos del cielo lo definieron durante muchos siglos, aún lo siguen haciendo. Y vamos inventando nuevas maneras de hacer medidas cada vez más precisas para batir todos los récords.

54:35
Hombre 7. Hola, Montserrat. Ya no somos esas primeras personas que miraban al cielo con curiosidad. ¿Pero crees que a día de hoy sigue habiendo aspectos del espacio sobre los que somos igual de inocentes que antes?

54:48
Montserrat Villar. Sin duda. Fíjate, cuando miramos al pasado acerca de cómo se interpretó el universo, cosas que ellos plantearon y promovieron muchas de ellas, por no decir la mayoría, han sido descartadas. Pero en su momento, muchas de esas nuevas ideas transformaron el cosmos. Como por ejemplo, esa Luna imperfecta, de la que antes os hablaba, transformó el cosmos. Transformó también el cosmos el cambiar de un modelo del universo que tenía más de 2.000 años de antigüedad, en el que la Tierra inmóvil ocupaba el centro y todo se movía a su alrededor. Transformó por completo el cosmos el empezar a concebirlo como un universo en el que la Tierra estaba en movimiento en torno al Sol y estaba entre los demás planetas moviéndose en torno al Sol. Esto ocurrió a partir del siglo XVI y el gran nombre protagonista del que partió esta transformación fue Nicolás Copérnico. Ese nuevo cosmos fue reforzado, demostrado, por las observaciones realizadas con el telescopio por Galileo Galilei y supuso una ruptura total con ese concepto del universo ya milenario. Esa ruptura era muy difícil de asimilar por distintos motivos. Porque llevamos muchos siglos de interpretar el cosmos de la misma manera. Porque cuando nosotros salimos y vemos cómo se comporta el cielo, no tenemos sensación de movimiento. La sensación que tenemos es que todo gira a nuestro alrededor. El Sol sale por el este, se pone por el oeste, etc. Por tanto, a todos nos da la sensación de que la Tierra está inmóvil, nosotros en ella, y todo el cosmos gira alrededor. Por tanto, nuestros sentidos nos decían que no tenía sentido que la Tierra se moviera en torno al Sol. Se interpretó ese modelo del cosmos como algo que atentaba totalmente contra los preceptos de la religión católica. Porque si leemos la Biblia, algunas afirmaciones podemos interpretarlas como que Dios creó la Tierra inmóvil en el centro del universo y todo está en movimiento. Por tanto, afirmar que la Tierra estaba en movimiento y que no estaba inmóvil era como afirmar que la Biblia mentía. O sea, eran unas implicaciones realmente profundas y muy, muy difíciles de aceptar. Y es lo que le causó tantos problemas a Galileo, no a Copérnico, curiosamente. Cuando Copérnico hizo su modelo heliocéntrico, con el Sol en el centro, tampoco causó tanto tumulto. Pero porque lo planteaba como un instrumento matemático que nos permitía simplificar los cálculos de ese intento de tratar de rastrear los movimientos a los cielos. Lo simplificaba de alguna manera, tampoco los mejoraba tanto, y se consideraba un instrumento matemático que no tiene un equivalente en la realidad. Pero lo que vio Galileo, muchas de las cosas que vio con el telescopio, parte de las cosas que vio, las interpretó en el contexto de ese modelo del cosmos heliocéntrico.

58:16
Montserrat Villar. Es decir, Galileo Galilei transformaba ese concepto matemático, ese modelo matemático, en algo real. Él decía: “La naturaleza del cosmos realmente es de esta manera. De verdad la Tierra se mueve en torno al Sol”. Y ahí radicó el problema. Y ahí viene el conflicto y todo lo que conocemos. Hoy sabemos que también es falso. Hoy sabemos que el Sol no está en el centro del universo. El Sol es una estrella totalmente ordinaria en los suburbios de una galaxia como la Vía Láctea, que es totalmente ordinaria, porque es una más entre los miles de millones de galaxias que hay en el universo. Todo eso lo sabemos. El universo no tiene un centro. Podría ser infinito. Por lo tanto, esa transformación del cosmos, que hoy sabemos que era incorrecta, tuvo unas implicaciones profundas y un avance importantísimo en nuestra interpretación del universo. Por tanto, todo lo que hoy podamos pensar que era inocente, quizá no lo era tanto. Y yo creo que eso es importante, que no podemos analizar esos resultados del pasado, esas interpretaciones, con los ojos de la actualidad. Porque lo que también es cierto es que probablemente dentro de 100 años, lo que hoy afirmamos, algunas de las cosas que hoy afirmamos y que interpretamos, les parecerán inocentes. Un ejemplo de nuestra ignorancia actual está en una pregunta que es: ¿de qué está hecho el universo? ¿Todo lo que contiene el universo es energía? La materia también es energía. Y sabemos que, el 100%, digamos, de ese contenido de energía que tiene el universo está como en tres formas diferentes. Un 5% es la materia que conocemos. Lo que forma esta silla, nuestros cuerpos, el mar, el planeta Marte, el Sol, las estrellas, todo lo que conocemos, los libros, todo está hecho de esa materia ordinaria. Que nos resulta familiar y sabemos de qué está hecha. El 95% restante no sabemos lo que es. De ese 100%, digamos, 5% materia ordinaria, un 20% lo llamamos materia oscura. Sabemos que es materia porque hace los efectos de la gravedad. La gravedad es la interacción más importante en la gran escala del universo. Entonces, si yo miro cómo se mueven las estrellas de nuestra galaxia, puedo deducir cuánta masa necesito para reproducir esos movimientos. Lo puede hacer nuestra galaxia, lo puedo hacer en otras galaxias, etc. Y lo que se encontró, a mediados del siglo XX, es que hay mucha más materia de la que realmente nuestros telescopios están detectando. El 90% de la materia que contienen muchas galaxias es esa materia oscura que no sabemos de qué está hecha.

01:01:28
Montserrat Villar. No es materia ordinaria, no son planetas que no podemos ver, no son estrellas muy frías que no podemos ver, no es materia ordinaria. Las teorías actuales más aceptadas es que esa materia está hecha de unas partículas que no conocemos. Unas partículas desconocidas y que no interaccionan prácticamente con nada, por lo que no dejan rastro. No podemos detectarlas. Pero en este momento sabemos que es materia porque ejerce esa acción de la gravedad. O sea, la necesitamos para explicar cómo se mueven las estrellas de las galaxias, pero no sabemos de qué está hecha. Ahora la sorpresa vino hacia 1995 cuando un equipo de investigadores, dos de hecho, estudiaron este fenómeno y lo descubrieron. Además, fue motivo de Premio Nobel de Física en 2011. Así de importante fue este descubrimiento. Y es que sabemos ya, desde hace unos 100 años, que el origen del universo fue como una gran explosión. El Big Bang, quizás el Gran Estallido lo habéis oído nombrar. Y el universo se fue expandiendo, expandiendo, expandiendo, expandiendo. Entonces, uno esperaría que si esa interacción dominante que hay a gran escala es la gravedad en algún momento, puesto que la gravedad tira hacia adentro, en algún momento esa expansión, si algo haría, sería frenarse. Dependiendo de la materia que haya en el universo, o podría seguir expandiéndose toda la eternidad, o si acaso frenándose. Pero lo que nunca esperaríamos es que a medida que pasa el tiempo, el universo se esté expandiendo cada vez más y más deprisa. Hay algo que se está oponiendo a la gravedad que está haciendo que hoy en día el universo se expanda cada vez más deprisa. ¿Cómo explicamos eso? No tenemos una explicación a qué es ese fenómeno, a que esa energía haga un efecto contra la gravedad y provoque este fenómeno. Por tanto, el 95% del universo es materia oscura, energía oscura, 20% materia oscura, 5% materia ordinaria, 75% energía oscura. Esa inmensa mayoría de lo que contiene el universo no sabemos lo que es. Y yo creo que esa es una medida de nuestra ignorancia y una de las cuestiones que tienen contra las cuerdas a la ciencia de la actualidad. Y digo contra las cuerdas porque siempre digo: “En la ciencia queremos cuestiones que nos tengan contra las cuerdas”. Porque es lo que más estimula las diferentes formas de pensar. ¿Cómo resolvemos esto que llevamos décadas tratando de resolver? ¿Qué tecnología podemos desarrollar para poner a prueba estas formas de interpretar el cosmos y de entender estos grandes misterios? Entonces, esa forma de mirar al pasado hay que mirarla como que fue fruto de su propia época.

01:04:37
Montserrat Villar. Hubo también muchas ideas locas, muchas ideas que desaparecieron, que se destruyeron por descartadas. Y, en la actualidad, la forma más efectiva que tenemos de dar respuesta a los misterios de la naturaleza y del cosmos, de la manera más objetiva posible, no vamos a conseguir nunca ser objetivos 100%, primero porque somos humanos, todos tenemos sesgos, pero por lo menos esa estrategia de todas las teorías, todas las afirmaciones que hagamos, someterlas a los test más duros. O sea, cualquier cosa que pueda cuestionar o desbancar la teoría de la relatividad, cualquier cosa que nos inventemos que pueda desbancar la teoría de la relatividad de Einstein, la vamos a probar. Esto lo hacemos y la teoría de la relatividad de Einstein siempre sale confirmada. Pero esa es la forma que tiene de funcionar la ciencia, que se corrige, piensa nuevas estrategias, nuevos test. Y con ese objetivo de tratar de dar respuesta a esos misterios de una forma lo más objetiva, lo más crítica, lo más escéptica posible desde el razonamiento, no escéptica por serlo, sino desde el razonamiento y los datos, las observaciones, los experimentos y, probablemente, muchas de las cosas que hoy estamos tratando de comprobar, o que hoy creemos, serán descartadas como erróneas. O sea, la ciencia realmente es prueba y error. Por tanto, aún hoy tenemos mucha ignorancia, muchos misterios, y también es lo maravilloso de la ciencia. Lo maravilloso de la ciencia es el camino. Unas de las preguntas las vamos respondiendo, se van abriendo otras, pero siempre es un proceso de renovación, de nuevas preguntas que se abren y tratar de responderlas. Y ya, para cerrar, también yo creo que es esencial por un motivo. Vivimos en una época en la que cuestionamos mucho lo que consideramos como un pensamiento único. A lo largo de los siglos siempre hablamos de los mismos nombres, la cultura griega. ¡Qué pesaos con los griegos! ¡Qué pesaos con Galileo! Que parte de eso es cierto, porque sí que es cierto que a lo largo de la historia hemos ignorado muchas culturas, muchos nombres. Entonces, está bien cuestionar qué es lo que hemos ignorado, a quién no hemos escuchado, qué ideas no han quedado registradas o no han permeado con la solidez de otras formas de pensar. Todo eso hay que cuestionarlo y vivimos una época donde todo esto se cuestiona. Pero tampoco podemos ir al otro extremo, que es a lo que nos arriesgamos a hacer si no miramos al pasado, si no miramos desde distintas perspectivas, de pensar: “Bueno, voy a rechazar todo lo establecido, todo esto no me interesa, es repetir más de lo mismo, de que nos hemos ido creyendo a lo largo de los siglos. No, yo quiero otras cosas diferentes. Tampoco es eso. O sea, venimos de unas raíces. El conocimiento que hoy tenemos sobre el cosmos es herencia de esas raíces, de esas culturas que tuvieron una importancia pero absolutamente indudable.

01:08:02
Montserrat Villar. Y no podemos renunciar a esas raíces, no podemos negarlas. Necesitamos ampliar esas visiones pero no podemos negar nuestras raíces y esas culturas del pasado que tuvieron una influencia realmente muy importante en el conocimiento actual. Por tanto, así voy a cerrar. Me voy a despedir de todos vosotros agradeciéndoos mucho que me hayáis acompañado, por vuestra amabilidad. Espero que hayáis disfrutado de compartir este rato conmigo y me despido de todos vosotros. Muchas gracias.