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Por qué recuerdo lo de hace 20 años y no lo que he comido hoy

Ignacio Morgado

Por qué recuerdo lo de hace 20 años y no lo que he comido hoy

Ignacio Morgado

Neurocientífico


Creando oportunidades

Ignacio Morgado

Ignacio Morgado es neurocientífico y uno de los principales divulgadores de neurociencia en los países de habla hispana. Los diferentes procesos mentales y la evolución del cerebro humano que ha dado lugar a la consciencia son sus principales objetos de estudio.

Es catedrático emérito de Psicobiología en la Universidad Autónoma de Barcelona y defiende una visión del cerebro como creador activo de la realidad. Entre sus reflexiones, destaca el cuestionamiento de la libertad mental absoluta. Sostiene que conocer los límites del cerebro humano amplía nuestra autonomía.

“El espejo de la imaginación” o “Emociones corrosivas” son algunos de sus libros de divulgación científica que acercan la neurociencia al gran público. El cerebro deja así de ser un misterio lejano para convertirse en un territorio que merece ser pensado.


Transcripción

00:03
Ignacio Morgado. Pensamos con el cerebro, ¿verdad? Y nos parece normal. Nos parece absolutamente normal. Todo el mundo sabe que pensamos con el cerebro. No solo lo sabe, todo el mundo lo cree. Oye, ¿y por qué sabes que pensamos con el cerebro? ¿Es que lo sientes? No, no lo sientes. Sabemos que pensamos con el cerebro porque nos lo han dicho. Porque lo hemos aprendido. Porque desde pequeños nos lo han enseñado. El cerebro humano no requiere ni siquiera que sepas lo que hay dentro de él. Todos, de una manera muy fácil, aprendemos a hablar, aprendemos a recordar, aprendemos a movernos, aprendemos a sentir, sin saber en absoluto cómo funciona el cerebro. Cuando abrimos los ojos en un día soleado y miramos un paisaje, tenemos la impresión de que todo ese paisaje que contemplamos está lleno de luz y de colores, ¿verdad? Pues no. Fuera de nosotros no hay luz ni colores, tampoco hay sonido, tampoco hay olores, tampoco hay gustos. Todo eso lo crea el cerebro, lo crean las neuronas. Todo eso solo está en nuestra mente, gracias al poder de nuestro cerebro. Y ahora estaréis preguntándoos: “¿Y entonces qué hay ahí fuera?” Pues ahí fuera lo que hay es energía electromagnética: fotones, partículas, moléculas. En realidad, si pudiéramos ver el mundo tal como es, tengo la impresión de que no nos gustaría nada. Sería tosco, feo, árido. No creo que fuera tan bonito como ver colores, olores, oír música, sentir música, sentir melodías. Gustar del mundo en el que vivimos. Y esa es la maravilla del cerebro, que gracias a los sentidos que tenemos, gracias a los órganos de nuestros sentidos, los ojos, los oídos, el tacto de las manos, nuestra nariz, etc., captamos esas moléculas, captamos esa energía que hay fuera de nosotros, y el cerebro, las neuronas, las convierten en eso que es lo que percibimos conscientemente. Yo os puedo decir que a mucha gente que le explico esto no se lo creen. Creen que les estoy engañando: “Tú eres un científico, me engañas con tu ciencia. Ahí fuera claro que hay luz, si yo la estoy viendo. ¿Cómo no va a haberla?” Esa es la respuesta que me dan: “¿Cómo no va a haber sonido si yo lo estoy oyendo?” Pues no. Lo único que hay aquí y ahora, cuando yo hablo, son vibraciones del aire, vibraciones de las partículas del aire. Eso sí que existe. Cuando yo muevo mis labios, mi lengua, mi boca, para hablar, yo estoy produciendo fluctuaciones en el aire que envuelve mi cuerpo, mi mente, mi boca. Y esas fluctuaciones están llegando a vuestros oídos. Y es ahí, en el cerebro, donde se produce la magia, la maravilla de convertir esas corrientes eléctricas, esos impulsos, en sonidos. Es el cerebro el que se encarga de esos cambios que aquí hay ahora mismo en esta sala, que no son más que fluctuaciones de las partículas del aire, todos estemos percibiendo esas fluctuaciones como sonidos.

03:45
Ignacio Morgado. Es una maravilla. Es la maravilla del cerebro y de la mente humana.

03:56
Hombre 1. Muy buenas, Ignacio. ¿Qué es la mente? ¿Es lo mismo que la conciencia?

03:59
Ignacio Morgado. La mente es una colección de procesos que realiza el cerebro, como percibir, sentir, emocionarnos, recordar, hablar, tener memoria y recordar el pasado, tener conciencia y darnos cuenta de las cosas que pasan, poder expresar pensamientos hablando, poder entender los pensamientos que expresan otras personas hablando. Eso es la mente: un conjunto de procesos del cerebro. Pero todos esos procesos mentales pueden darse siempre de dos formas: consciente o inconscientemente. Cuando yo explico algo que me pasó ayer o esta mañana, estoy utilizando un proceso consciente de mi mente. Cuando yo conduzco mi coche pensando en lo que voy a hacer cuando llegue al lugar a donde voy, ni me doy cuenta de que estoy conduciendo. Ni me doy cuenta, pero lo estoy haciendo y muy bien, porque es un automatismo, es un hábito. Eso es un proceso inconsciente. Fijaos lo que os diré: la mayoría de las cosas que hace nuestro cerebro, las hace de manera inconsciente. Y eso es buenísimo, porque nuestro cerebro, trabajando inconscientemente, nos convierte en automatismos muy eficientes para hacer las cosas que solemos hacer y que, como las solemos hacer, es porque son importantes para nosotros, porque nos ayudan a estar bien, a conseguir nuestros propósitos, a no tener problemas, a no equivocarnos. Ocurre, por ejemplo, con la memoria, como os acabo de explicar. Hay memorias conscientes y hay memorias inconscientes. Y afortunadamente, la mayoría de nuestras memorias son inconscientes. Porque si para hacer cada cosa de las que hacemos tuviéramos que pensar conscientemente en cómo hacerlas, ¡qué problemón tendríamos! Imaginaos por la mañana, cuando nos levantamos y nos vestimos y nos vamos a abrochar un botón o nos vamos a hacer el lazo del cordón de un zapato. Imaginaos si yo, cada vez que hago eso, cada día, varias veces, tuviera que andar pensando: “¿Y cómo se ata el cordón de un zapato? Pues ahora agarro el cordón con la mano derecha, lo paso a la izquierda, lo subo…” No. No hace falta hacerlo conscientemente. Nuestro cerebro ya ha aprendido a hacerlo automática e inconscientemente. Y lo ha aprendido, ¡ojo! Eso quiere decir que eso que hacemos de manera automática es una memoria. Nadie nació sabiendo abrocharse el cordón de un zapato, o abrocharse un botón, o peinarse, o hablar, o nadar, o conducir. Todo eso lo hemos aprendido a lo largo de nuestra vida, muchas veces dándonos muchos tortazos, porque al principio, para aprender a montar en bicicleta tienes que caer unas cuantas veces, pero oye, ¡qué bien! Cuando ya lo aprendes, pueden pasar 20 años sin coger una bicicleta, vuelves a ella y resulta que sigues sabiendo manejarla. ¡Pero ojo!, no nos equivoquemos. Cuando hablo de inconsciente, de inconsciencia, solo estoy hablando de cosas que nuestro cerebro hace sin que nos demos cuenta, de manera automática. No estoy hablando de que dentro de nosotros hay alguien o algo que piensa por nosotros.

07:46
Ignacio Morgado. No estoy hablando de una especie de inconsciente fantasma que todos llevamos dentro y que determina el futuro de nuestras vidas. Porque imaginaos, si así fuera, si dentro de mí hubiera algo, alguien, inconsciente que piensa y decide por mí, ¿dentro de ese alguien habría otro alguien que decide por él? ¿Y así sucesivamente? ¿No estaríamos poniéndonos en el lugar de las famosas matrioskas? Las muñequitas rusas que nunca se acaban, que siempre hay otra más pequeña dentro de la anterior. Pues no pensemos nunca en el inconsciente como en algo mágico que nos supera. Lo que son procesos inconscientes no son más que trabajos del cerebro, de nuestro cerebro, del cerebro de los animales evolucionados y de las personas que nos sirven para poder realizar con mucha eficacia y rapidez las cosas que solemos hacer. Y las cosas que solemos hacer son las que son necesarias para vivir nuestra vida tal como la tenemos organizada.

08:59
Hombre 2. Hola, Ignacio. ¿Sería posible saber cómo y cuándo surgió la consciencia en los seres humanos?

09:05
Ignacio Morgado. La consciencia, el estado consciente, el darnos cuenta de las cosas que pasan, el ver, oír, oler, sentir, es un proceso de la mente humana que da sentido a nuestra vida. Porque si no fuéramos seres conscientes, nuestra vida no tendría sentido. Un vegetal es un ser vivo que nace, vive, se desarrolla y muere, pero nunca es consciente de su propia existencia. Nunca sabe que existe. ¿Cuándo los seres vivos empezaron a ser seres conscientes? Pues probablemente cuando su cerebro se desarrolló en los primeros animales vertebrados. Entonces surge, sobre todo, la parte del cerebro que nos permite ser conscientes, que es la parte más evolucionada de nuestro cerebro, la corteza cerebral y, a medida que se desarrolla la corteza cerebral, se desarrolla la capacidad consciente en los seres vivos y, finalmente, en las personas. Probablemente, la consciencia que tiene un ser vivo, un vertebrado primitivo, no es del mismo tipo, profundidad, claridad, capacidad que tiene la conciencia de los seres superiores en nosotros, los primates superiores, los humanos. Pero son muchos los seres vivos que tienen determinados grados ya de consciencia y conocen de su propia existencia. Pero es que la consciencia acaba por generar algo muy especial en los seres superiores, que es la llamada autoconciencia o metaconciencia. Y es el hecho de que los seres humanos conscientes no solamente somos conscientes y nos damos cuenta de las cosas que pasan, sino que además de ser conscientes, somos conscientes de que somos conscientes, nos damos cuenta de que nos damos cuenta, pensamos que pensamos. Y eso, aunque es motivo de debate, no parece que sea algo que es capaz de hacer ningún otro ser vivo, que no los propios humanos evolucionados. Por supuesto que vuestro perro y vuestro gato tienen consciencia. ¿Pero piensan que piensan? Os imagináis a vuestro perro sentado en la alfombra del comedor diciendo: “Ahí va, soy un perro, pienso, y me doy cuenta de que pienso: pienso que pienso”. Hasta ahí no creemos que llegue, el gato tampoco. Algunos científicos piensan que hay algunas especies de animales que piensan que piensan. Por ejemplo, los chimpancés bonobos, que son un tipo de chimpancés de los más desarrollados, también los delfines y los elefantes. ¿Por qué algunos científicos piensan que esas especies animales no solo piensan, sino que piensan que piensan? ¿Sabes por qué? Porque se ha demostrado que son capaces de reconocerse a sí mismos en un espejo.

12:35
Ignacio Morgado. Un gato, cuando se mira en un espejo, no sabe que es él. Piensa que es otro gato. Bueno, después de haberse mirado muchas veces, puede que lo acabe aprendiendo, pero la primera vez no lo sabe, ni un perro tampoco. Y algunos científicos creen que eso es una prueba de autoconsciencia, de que esos animales piensan que piensan, son conscientes de que son conscientes. Pero eso no está demostrado. Hasta donde podemos demostrarlo científicamente, solo nosotros, los seres humanos, podemos pensar que pensamos. Somos seres autoconscientes o metaconscientes. Y esa es la capacidad mental más elevada, superior, que tienen los seres vivos de hoy, particularmente los seres humanos. Pensamos que pensamos, tenemos consciencia y somos conscientes de que somos conscientes. Podemos pensar en nuestros propios pensamientos.

13:46
Hombre 3. Hola, Ignacio. Me sorprende que haya mencionado la mente como una cárcel. ¿La libertad, entonces, sería una ilusión?

13:55
Ignacio Morgado. Una muy querida amiga mía, filósofa, Silvia Mendlewicz, me dijo en una ocasión: “Ignacio, no pienso lo que quiero, pienso lo que puedo”. Y es que la mente humana, la mente consciente, humana, funciona de tal manera que nos produce la impresión de que yo no puedo hacer todo lo que quiera, no puedo tener todo lo que quiero o todo lo que quisiera, pero sí puedo pensar todo lo que quiero. Parece que el pensamiento fuera libre, abierto, extendido, ubicuo, universal. Puedo pensar lo que quiera». No es verdad. Esos 85 mil millones de neuronas que hay en nuestro cerebro trabajan de una forma determinada

16:53
Hombre 3. Pero entonces, ¿qué podemos hacer para ser libres?

16:56
Ignacio Morgado. Lo que tenemos que hacer es adquirir el mayor conocimiento posible. Nada nos hace más libres que el conocimiento, que la sabiduría. La sabiduría, el conocimiento, nos ayuda a conducirnos con libertad, porque también la propia sabiduría expresa los caminos que son desaconsejables y que, aunque pudieran ser caminos que nuestra libertad nos permitiera seguir, no nos conviene seguirlos. Si en el fondo de la elucubración material no somos libres, eso poco importa. Porque en el nivel del pensamiento que somos capaces de generar los humanos, sí somos libres, sí nos sentimos libres. Claro, que podríamos hablar a nivel sociológico, a nivel social, de muchos otros frenos a la libertad. ¿Qué nos frena la libertad? Pues nos frena la economía, nos frena el tipo de familia donde vivimos, el tipo de familia que nos ha criado, el tipo de educación que recibimos, todo eso frena nuestras libertades. Lo importante es conducirnos de tal manera que nuestros sentimientos estén soportados por nuestros razonamientos. Nos sentimos mal cuando lo que pensamos es diferente a lo que tenemos ganas de hacer. Y por eso la cultura, nuestra capacidad de razonar y de pensar, nos permite ajustar nuestros sentimientos a nuestros razonamientos. Y cuando ajustamos nuestros sentimientos a nuestros razonamientos, es cuando más libres nos sentimos, porque desaparece el estrés, desaparece el malestar. Uno se siente muy mal cuando cree que está haciendo algo que no debe de hacer. Pero cuando uno ha racionalizado bien lo que debe y lo que no debe hacer y está haciendo aquello justo que su mente pensante, que su razonamiento le dice que tiene que hacer, entonces no tiene estrés, se siente muy bien y eso también es libertad. Eso también es la libertad. No nos debemos de preocupar de esa falta de libertad que puede venir de la indeterminación de la materia en su análisis más profundo, porque la mente humana no trabaja a ese nivel.

19:24
Mujer 1. Encantada, Ignacio. Pero yo siempre he escuchado eso de que no debemos tomar decisiones en caliente. ¿Pero de verdad se puede lograr que las emociones vayan por un lado y la razón por otro?

19:34
Ignacio Morgado. Emoción y razón son dos procesos mentales diferentes pero que funcionan acopladamente en nuestro cerebro. Hay quien ha dicho que si solamente fuéramos seres racionales, nos irían mejor las cosas, pero no es verdad. No es verdad, porque las emociones nos están ayudando continuamente a decidir. Cuando nuestra razón nos habla de varias posibilidades, la emoción es quien nos dice cómo nos sentiríamos si decidimos una cosa o decidimos otra. Y por tanto, esos dos procesos, emoción y razón, tienen que funcionar acopladamente. La emoción necesita saber por dónde ir, y eso se lo permite la razón. La razón necesita saber cuál es el mejor camino, y eso se lo permite la emoción. En la historia ha habido casos en que emoción y razón han quedado desconectados. Hubo un caso histórico en Estados Unidos de un trabajador, Phineas Gage, que tuvo un accidente laboral que hizo que le entrara una barra de hierro por su cabeza y le desconectó las partes del cerebro que comunican nuestros sentimientos con nuestros razonamientos. Podríamos pensar que esa persona hubiera sido, después de ese accidente, una persona muy racional, una persona que tomara decisiones correctas. Pues no, se convirtió en una especie de animal, en una persona que se equivocaba continuamente. La razón no funciona bien si no hay emociones que le digan por dónde conducirnos, cuáles de todas las posibilidades racionales son las que tienen mejores consecuencias. Y por tanto, emoción y razón son dos procesos que no podemos separar en el cerebro humano. Tenemos que darnos cuenta de que somos seres emocionales y de que somos seres racionales. Y de lo que se trata siempre es de intentar que emoción y razón se acoplen, no se contradigan, vayan siempre, por así decirlo, en la misma dirección. Cuando lo que pensamos es diferente de lo que sentimos, imagínate, a ti te gusta esa pareja, pero tu cabeza te dice que con esa persona no te entenderías nunca, ese desequilibrio entre emoción y razón te va a generar estrés. No vas a estar contento nunca contigo mismo si no pones de acuerdo tu emoción con tu razón. ¿Cómo se soluciona eso? Pues o cambias la emoción o cambias la razón, o cambias de pareja o cambias tu manera de ver a esa pareja. Las personas que están más cómodas consigo mismas son aquellas que consiguen continuamente equilibrar sus sentimientos con sus razonamientos. Tienen que estar las dos cosas de acuerdo para que te sientas bien.

23:04
Mujer 2. Hola, Ignacio, encantada. Quería hacerte una pregunta: si nos podrías explicar, teniendo en cuenta que el cerebro humano es inteligente, ¿qué nos quieres decir, a qué te refieres, con las emociones corrosivas?

23:22
Ignacio Morgado. No todas las emociones que tenemos son buenas. De hecho, muchas son muy malas: la envidia, la codicia, el odio, la vanidad, los celos. Y lo que ocurre es que esas emociones han evolucionado porque a veces han sido útiles en la evolución. El odio, por ejemplo, ha podido servir ancestralmente para alejarte de tus rivales. Como en la evolución de lo que se trataba era de comer o ser comido, de que comes tú o come otro, pues a lo mejor el odio ha ayudado a que huyas de tus rivales para que seas tú el que coma y no el otro. Es decir, que si nos ponemos a explorar en la profundidad de esas emociones corrosivas negativas, algún tipo de valor le podemos encontrar en la historia evolutiva de los seres vivos, de por qué han aparecido, por qué y cómo han funcionado. Pero la verdad es que son muy malas y muchas de ellas no tienen ganancia. Ya se lo decía don Quijote a Sancho: “Sancho, amigo, la envidia no tiene ninguna ganancia”. Tú envidias a alguien y es como si tú te tomaras un veneno esperando que muriera el que envidias, y el que te mueres eres tú. La envidia es un veneno que a quien hace daño es a ti, no a quien envidias. El que envidias puede que ni siquiera se entere de que lo envidias, no tiene ninguna ganancia. Y en el fondo la envidia lo que está expresando es tu falta de autoestima, lo poco que te consideras a ti mismo, lo que te minusvaloras frente a otros. Por eso hay que huir de ese tipo de envidias que yo las llamo corrosivas, porque acaban dañando tu mente y tu cuerpo. Y también puede ser muy difícil salir de la codicia. Uno quiere siempre más y más y más, aunque ya tenga todo lo que necesita. Pero estamos abocados a querer más y más, probablemente porque nuestro pasado ancestral, el guardar algo más de lo que ya tienes y necesitas, puede servir por si vienen mal dadas en el futuro. Esos sentimientos se nos imponen. Nuestra mente no puede con ellos, nuestra mente racional no puede con esos sentimientos. Pero sí hay algo que podemos hacer siempre, y lo tenemos que tener muy en cuenta, es aquello que está en nuestras manos, en nuestra voluntad. Mirad, yo no puedo dejar de envidiar a un compañero, no puedo, lo intento, pero no puedo. Pero sí puedo dejar de hacerle daño. Como lo envidio, tengo ganas de hacerle daño, de hablar mal de él, de perjudicarle como pueda. Eso sí que lo puedo evitar. Yo puede que odie a alguien y no puedo dejar de odiar, pero siempre está en mis manos el evitar hacer algo contra el que odio, contra la que odio. Es decir, hay formas de reducir nuestros sentimientos de envidia y de odio, si reducimos también nuestro comportamiento frente a la envidia y frente al odio. Piensa que esa persona que envidias, o esa persona que odias, es una persona, es un humano como tú, que tiene también sus propios sentimientos, sus propias razones, su propia historia personal, para ser como es, para comportarse como se comporta, para hacer lo que hace y por lo que tú lo envidias.

27:26
Ignacio Morgado. A lo mejor si conocieras verdaderamente la historia de esa persona, y por qué es como es y hace lo que hace, dejarías de envidiarla, o dejarías de odiarla. No es fácil, verdaderamente. Porque cuando el odio se implanta en una persona es muy difícil sacarlo. Pero el comportamiento que podemos tener cuando sentimos esas emociones sí puede ser controlado, sí puede ser evitado para no acabar haciéndonos más daño del que ya nos produce la propia envidia o el propio odio.

28:08
Mujer 3. Hola, Ignacio. Soy madre, y como todas las madres y padres, mis hijos son lo primero. ¿Por qué ese altruismo, cuando estamos programados para ser egoístas en cuanto a la supervivencia?

28:23
Ignacio Morgado. Los humanos muchas veces somos egoístas y nos preguntamos por qué lo somos. Aunque la respuesta es muy sencilla: “Pues soy egoísta porque quiero tener más. Si tuviera más de lo que tengo, pues me sentiría mejor”. Realmente la ciencia ha descubierto que el egoísmo no está tanto en las personas como en nuestros propios genes. Los genes son los verdaderamente egoístas. Porque las personas morimos y desaparecemos. Ninguna persona viva hoy lo estaba hace 200 años y ninguno de nosotros vivos hoy lo estaremos 200 años más tarde. Pero no 200, 2.000 o 2 millones de años antes, ya había genes, pequeñas moléculas, pequeños trozos de ADN, en las células de los seres vivos, que todavía están en nosotros y que seguirán estándolo en los seres que nos sucedan dentro de miles o quizás millones de años. Son los genes los que sobreviven. No nos damos cuenta, pero los genes son lo más egoísta que llevamos dentro, los que sobreviven de verdad, hasta el punto de que biológicamente se puede considerar que nosotros, los seres vivos, los animales, los humanos, no somos más que una especie de taxis, de transportes, para llevar los genes de una generación a otra, de un año a otro, de un tiempo a otro. Visto así, es una cuestión biológica. Visto de otra manera, ¿por qué existe el egoísmo? Pues porque los recursos de supervivencia de que han dispuesto los humanos en diferentes épocas han sido escasos y limitados. Y solamente han sobrevivido aquellos seres capaces de quedarse con esos recursos. Y eso muchas veces ha exigido dejar a otros sin ellos. Solamente los que sobreviven se reproducen. Y parece ser que esa es la seña de identidad, el mecanismo evolutivo que siempre funciona. Tratamos todos los seres vivos de sobrevivir y reproducirnos, y cualquier cosa que ayude a esas dos cosas funcionará. Y lo que no ayude a sobrevivir o a reproducirnos, acabará desapareciendo, pereciendo. El egoísmo ha sido uno de los mecanismos evolutivos más importantes para la supervivencia. ¿Sigue eso siendo así hoy día? Hay algo que lo cambia, y es el desarrollo de la corteza cerebral, que es la más relacionada con el pensamiento, con la toma de decisiones. Entonces, empezamos a darnos cuenta de que el egoísmo no es siempre bueno y acaban por aparecer en nuestras vidas otras formas de comportamiento que pueden también ayudarnos a sobrevivir y a reproducirnos. Aparece entonces el altruismo también como una forma generosa de reproducción y de supervivencia. Tiene también un punto de negatividad, porque en la evolución el altruismo ha estado también mucho más relacionado con ayudar a los tuyos que a quienes no son los tuyos. Dos personas se están ahogando, uno es un familiar tuyo, otro no lo es, os lo pongo más difícil, uno es un hijo y otro es alguien que no te es nada. Solo puedes salvar a uno. ¿A quién salvas? Al tuyo. ¿Cómo podrías no hacerlo? Nos costaría mucho entenderlo. Nos gustaría salvar a los dos. El altruismo tiene unas reglas particulares que determinan, sobre todo, que somos altruistas sobre todo en relación con los próximos, con aquellos que llevan nuestros propios genes.

32:56
Ignacio Morgado. Y ahí entran otra vez los genes. Parece ser que los genes se están salvando a ellos mismos. Estamos otra vez con los genes egoístas. Son tus familiares los que llevan tus genes. Por eso tú salvas a tus familiares. De eso no nos damos cuenta. Tú, cuando salvas a alguien, no estás pensando en si lleva tus genes o no. Tú estás pensando si es tu hijo o no es tu hijo, si es tu hermano o no es tu hermano. Ahora, la educación cambia muchas de esas cosas. La educación es la forma más importante que tenemos de cambiar el comportamiento y, me atrevería a decir, la vida de las personas. Nada cambia más el cerebro que la educación. Nada es más poderoso para cambiar el cerebro que la educación. Con la educación podemos conseguir que personas muy malas sean menos malas. Podemos conseguir que las personas muy egoístas sean menos egoístas. Podemos conseguir incluso que las personas acaben siendo altruistas y que acaben favoreciendo no solo a los suyos, sino también a todos los demás. Si algo se contrapone en la historia evolutiva al egoísmo, es todo lo que pueda resultar de la educación, de la educación de las personas en los mejores valores que podamos encontrar los seres humanos.

34:25
Mujer 4. Buenas, Ignacio. Volviendo al tema de la consciencia, ¿qué pasa con ella cuando dormimos?

34:31
Ignacio Morgado. El sueño no sirve solo para descansar, como pensarían la mayoría de las personas, como piensan la mayoría de las personas. El sueño es uno de los procesos biológicos más importantes de nuestra vida. Durante el sueño, el cerebro sigue trabajando de manera inconsciente. Aparte de que las células en nuestro cerebro y de nuestro cuerpo están recuperándose del desgaste que hayan podido tener durante la vigilia, cuando estamos despiertos y trabajamos y pensamos, durante el sueño están ocurriendo procesos como por ejemplo la fijación de la memoria. Lo que aprendemos durante el día no se fija en nuestro cerebro y en nuestra mente en el mismo momento de aprender, queda registrado de una forma endeble, lábil. Necesita un proceso después, que tiene lugar durante el sueño, para que lo que hemos aprendido se grabe de una forma consistente, poderosa, incluso a veces indeleble, es decir, imborrable, en nuestra memoria. Por eso es muy importante que durmamos, porque si no durmiéramos, lo que vamos aprendiendo no se consolidaría, lo olvidaríamos enseguida. Podemos aprender mucho de lo que aprendemos gracias a que cada día dormimos unas cuantas horas. Durante el sueño también ocurren cosas que después, cuando despertamos, llamamos intuición o creatividad. Muchas de las ideas que nos sobrevienen cuando despertamos por la mañana, se han generado durante el sueño. Parece que hubieran caído del cielo, pero no es así. Le hemos estado dando vueltas hace varios días a algo en nuestra mente consciente, dándonos cuenta, y no hemos conseguido encontrar la solución de un problema, la relación entre ciertas cosas. Pero, durante el sueño, el cerebro ha seguido trabajando eso que no éramos capaces de solucionar, pensando durante el día y el propio cerebro lo ha solucionado. Y cuando despertamos resulta que tenemos ideas nuevas que no han caído del cielo, solo han sido resultado del trabajo inconsciente que ha realizado nuestro cerebro basándose en toda la información que le habíamos introducido en los tiempos, en los días, en las horas anteriores, cuando estábamos despiertos. Es decir, que tampoco el cerebro es una entidad mágica que acaba por solucionar problemas de forma mágica, sino que realmente lo que hace es trabajar de forma más consistente, de manera inconsciente, de la que podemos trabajar cuando lo hacemos de manera consciente durante la vigilia. Y muchos fenómenos de la creatividad también son resultado de ese trabajo inconsciente que realiza el cerebro durante el sueño. Inconsciencia, intuición, creatividad, son todos ellos procesos muy relacionados con lo que ocurre cada noche en nuestras neuronas mientras dormimos. Cuando dormimos, el cerebro no se para. Incluso puede estar trabajando con más actividad que durante el día. Eso sí, está trabajando de otra manera. Y fijaos en una diferencia muy importante que hay en el trabajo de las neuronas inconsciente del trabajo consciente. El trabajo consciente, lo que yo puedo pensar y razonar conscientemente es lineal, es serial. Yo solamente puedo pensar en una cosa a la vez y si quiero pensar en otras, tengo que dejar de pensar en lo que estaba pensando anteriormente.

38:45
Ignacio Morgado. Eso sí, puedo cambiar todas las veces que quiera. Puedo dejar de pensar en una cosa, pensar en otra, dejar de pensar en esa otra y volver a la anterior, volver a otra diferente, pero solo una a la vez. En mi mente consciente solamente puede haber un tipo de pensamiento a la vez, no varios. Pues bien, en la mente inconsciente, en el cerebro inconsciente, puede haber trabajo no solo en serie sino en paralelo. Es decir, que diferentes partes del cerebro pueden estar procesando diferentes cosas al mismo tiempo. Y esa es una gran ventaja de la inconsciencia sobre la consciencia. Muchos de los fenómenos de nuestra vida que nos asombran porque parecen como sobrevenidos, como caídos del cielo: “¡Hoy, he tenido una idea! ¡Hoy, qué creativo soy! ¿De dónde me llega esto?” No es más que el trabajo que el propio cerebro realiza sin que nos demos cuenta mientras dormimos.

39:49
Hombre 4. Ignacio, ante todo muchas gracias por compartir tus conocimientos y sobre todo tu experiencia. Quisiera plantearte un tema que a mí me preocupa cada vez más con el paso del tiempo. ¿Cómo puedo prepararme para envejecer?

40:01
Ignacio Morgado. Todos vamos a envejecer, si tenemos la suerte de llegar a ello. Y nuestra mente va a cambiar con el envejecimiento. Vamos a tener problemas comunes, como por ejemplo dificultades de memoria. La gente se pregunta: “¿Cómo es posible que recuerde lo que me pasó hace 20 años y no me acuerde de lo que me pasó esta mañana?” Tú, hace 20 años, tenías un cerebro maravilloso, unas neuronas maravillosas que funcionaban extraordinariamente bien y que guardaban la información extraordinariamente bien. Tu cerebro de hoy ya no funciona tan bien. Tus neuronas están debilitadas, no producen las sustancias químicas que las hacen funcionar con la misma intensidad, en el momento adecuado, con la misma fuerza. Está funcionando tu cerebro de manera mucho más débil y eso hace que las memorias que estás formando sean también mucho más débiles y muchas de ellas no se aguanten en el tiempo. Pero hay una cosa muy importante siempre para eludir ese problema, el problema de la memoria durante el envejecimiento. Y es tener en cuenta que una de las cosas que más contribuye a la formación de la memoria son las emociones. Recordamos mucho mejor todo aquello que nos emociona, que lo que no nos emociona. Y ojo, sea emoción positiva o negativa. Un colega mío me escribió en una ocasión: “Solo se aprende lo que se ama”. No señor, a veces se aprende mucho mejor y más rápidamente lo que no se ama, porque estamos preparados para ello. Estamos preparados para retener en nuestra mente consciente o inconsciente y en nuestra memoria, todo aquello que nos emociona positiva o negativamente. Si tú has vivido un peligro, es muy importante que retengas en tu mente ese peligro para no volver a tropezar en la misma piedra. Y si has hecho algo positivo que te vino muy bien, es muy importante que recuerdes muy bien cómo lo hiciste y por qué lo hiciste para volverlo a repetir, porque te conviene. Entonces fijaos que la emoción funciona siempre como una especie de pegamento para la memoria. Por eso no podemos prescindir de las emociones. Decíamos que un cerebro racional solo sería mucho más poderoso que un cerebro racional y emocional. Mentira. Sin emociones, el cerebro pierde fuerza para decidir, para recordar, para sentirse animado a actuar. Las emociones son importantísimas en nuestros procesos mentales. Y es que además son la sal de la vida. Porque, ¿qué seríamos si no nos enamoráramos, si no tuviéramos los sentimientos de amor y de cariño, que son las cosas que más nos hacen pasarlo bien y disfrutar de esta vida? Pues bien, cuando envejecemos, lo primero, una buena salud física y somática. Procurar una alimentación correcta, hacer ejercicio y, lo más difícil, dormir bien, porque los mecanismos del sueño se deterioran también con la vejez. Y después, aparte de eso, hay que buscar tratamientos particulares para cada envejecimiento particular. Por ejemplo, ¿cómo hacer que no se te olviden las cosas cuando envejeces?

44:02
Ignacio Morgado. Repasándolas. Es la fórmula fundamental y principal: lo que no quieras que se te olvide, repásalo. Lo que no te importa, no hace falta que lo repases, pero lo que no quieras que se te olvide, repásalo. Pero por otro lado, respecto al envejecimiento, que tiene para cada cosa sus propias pautas para poderlo conllevar, el envejecimiento, lo más importante de todo es aceptarlo, asumirlo. Y ya lo hemos explicado: asociar emoción con razón. Y cuando envejeces, tú quieres hacer muchas cosas racionalmente que tu emoción, perdón, emocionalmente, que tu razón te dice que ya no puedes. Hay cosas en la vejez que ya no podemos, que quisiéramos, pero que ya no podemos. Mientras nos mantengamos en esa disyuntiva, quiero, pero no puedo, estrés, estrés y estrés. Y entonces, ¿qué ocurre? Que nuestras glándulas suprarrenales segregan una hormona que se llama cortisol, que es la hormona del estrés, y que es una hormona que produce mucho daño, porque daña al cerebro para que las neuronas dejen de funcionar bien, daña el sistema inmunológico, entonces es más fácil que te pongas enfermo. Es decir, el cortisol es una hormona muy peligrosa y se produce sobre todo cuando nuestros sentimientos y nuestros razonamientos no encajan. Es decir, dicho prosaicamente, cuando queremos más de lo que podemos en cualquier faceta de nuestra vida, en el amor, en el sexo, en el trabajo, en el deporte, en el aprendizaje, en cualquier faceta de tu vida donde no sintonizan, donde no se equilibra emoción con razón, tienes una fuente de estrés. Mientras no hagas una de esas cosas, lo siento, no hace falta que te tomes mil pastillas para solucionar tu estrés. Soluciona tu vida, no tu estrés. Ya verás como lo consigues si lo haces de esa forma. Y durante el envejecimiento, pues todo cambia. Todo cambia porque tenemos menos fuerza para todo, pero la vida es un continuo ajuste a tu situación. Quien no se ajusta, tiene estrés. Quien se ajusta a lo que tiene y a lo que puede, no tiene estrés y puede seguir viviendo, con muy buena salud muchos años. Gracias, gracias.

46:45
Hombre 5. Hola, muy buenas Ignacio. Se dice que el saber no ocupa lugar. Entonces, ¿todo lo que vamos aprendiendo a dónde va?

46:52
Ignacio Morgado. Bueno, la mayor parte de la información que nuestro cerebro tiene almacenada, los conocimientos que hemos adquirido, están almacenados fundamentalmente en la corteza cerebral. Podríamos decir que en todo el cerebro. En todo el cerebro hay almacenamiento de componentes de lo que sabemos. Pero la corteza cerebral es el principal reservorio, el principal lugar donde se almacenan cosas. Y ciertamente se ha dicho que el saber no ocupa lugar, y hasta cierto punto es así. Porque la capacidad que tenemos los seres humanos con ese cerebro de 86 mil millones de neuronas interconectadas de forma complejísima, es inmensa. Podemos almacenar una enorme cantidad de información en nuestro cerebro. Pero vamos a ver, ¿necesitamos realmente almacenar tanta información? No. Solamente necesitamos almacenar aquella información que nos es útil en el tipo de vida que estamos teniendo. La capacidad que tiene el cerebro humano de almacenar información es extraordinaria. Podríamos tener muchas más cosas almacenadas de las que realmente tenemos, porque caben muchas más, pero estamos programados para no recordarlo todo. Y volvemos a lo ya comentado: la forma que tiene el cerebro humano de decidir qué es lo que guardamos y ocupa lugar en nuestro cerebro y qué es lo que no guardamos y por tanto, no va a ocupar lugar en nuestro cerebro, es la emoción. ¿Qué es lo que guardamos? Todo aquello que nos emociona, positiva o negativamente. ¿Verdad que todo el mundo se acuerda de eso? El primer beso, el primer hijo, el primer lo que todos estáis pensando, etc. Esas cosas que nos emocionaron, se acuerda uno muchas veces, pero ya del segundo, el tercero, ya se acuerda uno mucho menos. ¿Por qué? Porque nos emocionó mucho menos. La evolución ha querido que todo aquello que nos emociona se quede ahí, se guarde, se almacene, se recuerde. ¿Por qué? Porque si algo nos ha emocionado es porque era importante para nosotros, para nuestra vida. Si no nos emocionó es porque no era importante y por tanto, el mecanismo evolutivo que tenemos hace que solamente guardemos, que tengamos una gran tendencia a guardar, a almacenar en nuestras neuronas, en nuestro cerebro, aquellas cosas que nos han emocionado positiva o negativamente, porque esas son las cosas que son, o han sido, importantes y pueden seguir siéndolo en nuestras vidas.

50:01
Mujer 5. Hola, Ignacio. Realmente está siendo muy interesante todo lo que nos cuentas y has dicho que ya sabemos mucho acerca del cerebro. Ahora, tengo curiosidad, ¿cómo crees tú que va a evolucionar el cerebro humano?

50:16
Ignacio Morgado. El cerebro humano empezó a desarrollarse hace 500 millones de años en el mar. Allí aparecieron las primeras neuronas, las primeras células nerviosas que después se fueron multiplicando hasta llegar al cerebro que hoy tenemos de tantos millones de neuronas y con tantas posibilidades. El cerebro apareció, se desarrolló, las neuronas se desarrollaron porque el mundo en el que los seres vivos estaban, era un mundo variable, donde todo cambiaba, cambiaba la luz, la energía, el agua, la alimentación. Si viviéramos en un mundo donde todo es siempre idéntico, el cerebro humano ni habría aparecido. Se habrían desarrollado unos mecanismos para responder a esa identidad siempre de la misma manera. La gran ventaja del cerebro es que es plástico y es capaz de adaptar el comportamiento de los seres que tienen cerebro, que lo tienen, a los cambios que pueden ocurrir en un entorno que siempre es cambiante e indeterminado. Aunque los cambios que pueden ocurrir en el cerebro entre una persona y otra de una generación a otra no son apenas perceptibles, al cabo de miles y millones de años los cerebros ya pueden ser muy diferentes, porque pueden haberse desarrollado especialmente aquellas partes del cerebro que respondan a los nuevos cambios que están ocurriendo en el mundo en el que vivimos. En concreto, en nuestro mundo el gran desarrollo es tecnológico. La tecnología muchas veces ha superado, ha ido más rápida que el propio desarrollo del cerebro para hacer frente a ese nuevo mundo tecnológico. Y eso es lo que hace que a veces estemos perdidos. Vas a comprarte un vestido a uno de esos grandes almacenes donde hay muchísimos. Y te pasas toda la tarde allí, para decidir el vestido que te compras. Y al final decides y te vas a casa. Y cuando llegas a casa dices: “¿Pero qué he hecho yo si al final me he traído el que menos me gustaba?” Y te miras al espejo y te das dos bofetadas, y te dices: “¡Pero qué tonto! ¡Qué tonta soy! ¿Por qué no habré elegido bien?” Pues yo os lo voy a decir: porque no tenemos capacidad para elegir bien cuando las cosas que tenemos para elegir son muchísimas. El cerebro humano sigue bastante preparado para elegir bien cuando tenemos que elegir entre dos o tres cosas. Pero cuando tenemos que elegir entre 200 o 300, la capacidad de elección correcta del cerebro humano está perdida. No ha evolucionado el cerebro tan rápidamente. Irá evolucionando para irse adaptando a tener que elegir entre muchas cosas, pero hasta hace muy poco estaba capacitado para elegir entre muy pocas. Pero es que resulta que la tecnología ha corrido más que el propio desarrollo del cerebro. Lo ha superado. Vivimos en un mundo que nos aturde. La cantidad de opciones que tenemos son extraordinarias.

53:54
Ignacio Morgado. Te puede pasar incluso con tu pareja, y puedes un día decir: “¿Pero habré elegido yo bien después de 20 años o 30 casado?” Y te puedes sentir muy mal. Me puedo haber equivocado. Pero hay un antídoto muy fácil para no sentirte mal cuando crees que te has equivocado. Dale la vuelta al argumento. Tú llegas a casa y dices: “Me he traído el vestido verde. ¿Por qué no habré cogido yo el rojo que era el que me gustaba? ¿Por qué habré sido tan tonta o tan tonto? ¿Cómo me quito yo ahora este malestar de encima?” Pues muy fácilmente, el antídoto es: no hay ni que tomar ninguna medicina, es puramente psicológico. Tú piensas que te has equivocado porque has elegido el vestido verde y no el rojo. Pues mira, piensa que si ahora mismo estuvieras aquí con el rojo, estarías igual de mal pensando que el que tenías que haber elegido es el verde. Es decir, cuando las opciones son muchas, no hay remedio. Y ahora aplicadlo a la pareja. Si yo en vez de casarme contigo me hubiera casado con aquel… Dale la vuelta: si me hubiera casado con aquel otro, ahora estaría pensando que tenía que haber sido contigo. No tenemos solución. No tenemos remedio porque la pregunta iba por ahí: la evolución del cerebro humano. El cerebro a veces evoluciona más lentamente, el cerebro y sus procesos, los procesos de decidir, de pensar, de razonar, de tomar decisiones, fundamentalmente, van más lentos que la cantidad de opciones que la tecnología nos está poniendo por delante continuamente. En el futuro, ese cerebro nuevo que vendrá y que nunca para de evolucionar y de desarrollarse, será un cerebro mucho más adaptado a los nuevos tiempos, a las nuevas tecnologías, a las nuevas cosas que tengamos entre manos. Pero hay un problema siempre en el fondo de todo esto muy importante, y no puedo dejar de hablar de inteligencia artificial. Porque el desarrollo que está teniendo es tan impresionante que incluso mis colegas, los neurocientíficos, nos estamos preguntando si alguna máquina, si algún ingenio artificial, podrá llegar a ser algún día consciente. Mis colegas de California, con los que trabajé durante un año sabático, durante algún tiempo, dicen que sí, que si logramos fabricar un equipo artificial tan complejo como el cerebro humano, esos 86 mil millones de neuronas que decíamos antes de alguna forma equivalentes en tecnología artificial, mis colegas de California dicen que ese ingenio sería espontáneamente consciente, sin que le tuviéramos que aplicar ningún programa, sin que tuviéramos que añadirle nada. Su propia complejidad daría lugar a la consciencia. ¿Y qué pasaría si nos tuviéramos que enfrentar a un ordenador, a un ingenio artificial que es consciente, que pudiera tomar sus propias decisiones, que pudiera influirnos de formas muy poderosas? Pues a lo mejor nos pasaría, aquí veo mucha gente joven, como en ‘2001: Una odisea del espacio’, una maravillosa película donde un ordenador llegó a superar a los humanos y a intentar imponerse a ellos, y no tuvieron más remedio que desconectarlo. ¿Nos llegará a pasar eso en el futuro? Pues no lo sabemos, pero el desarrollo tecnológico, y particularmente el de la inteligencia artificial, es tan impresionante que no podemos prever ninguna posibilidad.

57:30
Ignacio Morgado. Y a mí me gustaría acabar con un consejo educativo que me parece muy importante, porque yo he sido profesor, de hombres y mujeres jóvenes, durante la mayor parte de mi vida. Que nunca hay que competir con el compañero. En el pasado evolutivo la competencia ha sido muy importante para el desarrollo de los seres vivos, pero en el mundo de hoy se está demostrando que es mucho mejor cooperar, ayudarse, que competir. No hay que competir nunca con los compañeros. A los compañeros hay que ayudarlos cuando se pueda, cuando te lo pidan. La competencia hay que reservarla para nosotros mismos. Debemos de competir, y probablemente esto es aplicable a casi todas las edades de nuestra vida, con nosotros mismos, para intentar ser cada día mejores en todos los aspectos de nuestra profesión, de nuestros conocimientos y de nuestro comportamiento. Competir siempre con uno mismo crea sentimientos positivos. Competir con los demás es una fuente terrible de emociones corrosivas, de las que hemos hablado también anteriormente. Muchas gracias.