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Ignacio Morgado. Pensamos con el cerebro, ¿verdad? Y nos parece normal. Nos parece absolutamente normal. Todo el mundo sabe que pensamos con el cerebro. No solo lo sabe, todo el mundo lo cree. Oye, ¿y por qué sabes que pensamos con el cerebro? ¿Es que lo sientes? No, no lo sientes. Sabemos que pensamos con el cerebro porque nos lo han dicho. Porque lo hemos aprendido. Porque desde pequeños nos lo han enseñado. El cerebro humano no requiere ni siquiera que sepas lo que hay dentro de él. Todos, de una manera muy fácil, aprendemos a hablar, aprendemos a recordar, aprendemos a movernos, aprendemos a sentir, sin saber en absoluto cómo funciona el cerebro. Cuando abrimos los ojos en un día soleado y miramos un paisaje, tenemos la impresión de que todo ese paisaje que contemplamos está lleno de luz y de colores, ¿verdad? Pues no. Fuera de nosotros no hay luz ni colores, tampoco hay sonido, tampoco hay olores, tampoco hay gustos. Todo eso lo crea el cerebro, lo crean las neuronas. Todo eso solo está en nuestra mente, gracias al poder de nuestro cerebro. Y ahora estaréis preguntándoos: “¿Y entonces qué hay ahí fuera?” Pues ahí fuera lo que hay es energía electromagnética: fotones, partículas, moléculas. En realidad, si pudiéramos ver el mundo tal como es, tengo la impresión de que no nos gustaría nada. Sería tosco, feo, árido. No creo que fuera tan bonito como ver colores, olores, oír música, sentir música, sentir melodías. Gustar del mundo en el que vivimos. Y esa es la maravilla del cerebro, que gracias a los sentidos que tenemos, gracias a los órganos de nuestros sentidos, los ojos, los oídos, el tacto de las manos, nuestra nariz, etc., captamos esas moléculas, captamos esa energía que hay fuera de nosotros, y el cerebro, las neuronas, las convierten en eso que es lo que percibimos conscientemente. Yo os puedo decir que a mucha gente que le explico esto no se lo creen. Creen que les estoy engañando: “Tú eres un científico, me engañas con tu ciencia. Ahí fuera claro que hay luz, si yo la estoy viendo. ¿Cómo no va a haberla?” Esa es la respuesta que me dan: “¿Cómo no va a haber sonido si yo lo estoy oyendo?” Pues no. Lo único que hay aquí y ahora, cuando yo hablo, son vibraciones del aire, vibraciones de las partículas del aire. Eso sí que existe. Cuando yo muevo mis labios, mi lengua, mi boca, para hablar, yo estoy produciendo fluctuaciones en el aire que envuelve mi cuerpo, mi mente, mi boca. Y esas fluctuaciones están llegando a vuestros oídos. Y es ahí, en el cerebro, donde se produce la magia, la maravilla de convertir esas corrientes eléctricas, esos impulsos, en sonidos. Es el cerebro el que se encarga de esos cambios que aquí hay ahora mismo en esta sala, que no son más que fluctuaciones de las partículas del aire, todos estemos percibiendo esas fluctuaciones como sonidos.