Notas sobre el cine y la vida
Enzo Vogrincic
Notas sobre el cine y la vida
Enzo Vogrincic
Actor
Creando oportunidades
Más vídeos
Las raíces bajo la alfombra roja
Enzo Vogrincic Actor
Enzo Vogrincic
Enzo Vogrincic es un actor uruguayo. En su manera de presentarse aparece una pregunta que lo acompaña siempre: ¿en qué momento uno se vuelve actor? Para él, es una profesión extraña y viva, que cambia de sentido según el día y según cómo se sienta
Esta pieza habla también del origen como cimiento. Montevideo, el mar, la rambla, el barrio, los afectos. Y de una ética de trabajo ligada al público. Prepararse, cuidar lo que se entrega y no faltarles nunca con indiferencia. En su relato, la actuación se conecta con la curiosidad, la improvisación y la pasión.
Transcripción
00:04
Enzo Vogrincic. Mi nombre es Enzo. Yo vengo de Uruguay, desde otro lado del mundo y soy actor. Siempre que digo esto, como presentarse y decir qué soy, muchas veces está ligado a qué me dedico. Y ser actor tiene una cosa que es: en qué momento te vuelves actor o desde cuándo eres actor o cuándo empezó eso y cuándo puedes decirte a vos mismo: “Ok, soy actor”. Y esta pregunta, que para mí es permanente y sistemática, todavía no tiene respuesta. Todavía no tiene respuesta. A veces me siento actor, a veces no. Y es una respuesta que va cambiando todos los días, a cada rato. Dependerá de cómo me sienta, yo creo. Empecé a hacer teatro, empecé a actuar y dije: “Bueno, ahora seré actor”. Y no me queda claro. No me queda tan claro porque cualquiera podría actuar. Y ahí me hago la pregunta y ya me pongo: “¿Es la acción la que te vuelve actor?”. Es una profesión rara. Es tan ambiguo ser actor. Qué significa, cuándo empieza, cuándo termina. ¿Mientras no estás actuando sos actor? ¿Qué sos mientras no está sucediendo? Y en ese sentido, presentarme me es difícil. Yo siempre digo que soy actor, pero entre otras cosas porque también hago muchas otras. Pero sí siento que soy actor porque todas las otras cosas que hago siempre las vinculo hacia la actuación. Entonces ahí empiezo a encontrar que hay algo más desde antes que terminan sintetizándose en esa profesión y en confirmarme, uno mismo: “Ok, bueno, soy actor, bien”. Así que bienvenidos y gracias.
02:03
Mujer 1. Hola Enzo, encantada. Yo te quería preguntar que qué es lo que te impone más, si un fan o la cámara.
02:10
Enzo Vogrincic. Yo creo que dependerá del fan y de la cámara, pero son experiencias muy distintas. Yo no sabía que una venía con la otra, realmente. Ahí hay una cuestión de pecar de inocencia, a lo mejor, o de ingenuidad o de falta de conocimiento. El teatro y el fan no existe, de alguna manera. Yo vengo del teatro. Y en el teatro la idea de un fan o de un fandom o de alguien que le pasa algo con un actor que no puede explicar y lo sigue, no existe o no en Uruguay, por lo menos, no estaba acostumbrado. Claro, un día te enfrentas a una cámara y esa cámara resulta que es de un proyecto que es grande y ese proyecto se ve mucho. Y eso que se está contando es una gran historia y esa gran historia llega. Ahí pasan cosas que son incontrolables, incontrolables. Y eso que para mí era presentarme a un casting por mis ganas de actuar que siempre tengo y por mi curiosidad con una historia que me parecía fascinante para poder actuar y entregarme a eso, resulta que termina en algo mucho más confuso para mí, o más alejado de mi profesión. Es normal, yo creo para todos, asociar que el actor y el público están absolutamente conectados y es cierto. Uno lo que hace lo hace para un otro. Y siempre uno es consciente de que eso que hace es para un otro. Pero en el momento de hacerlo, o los motivos que lo llevan a uno actuar, son mucho más privados. Son mucho más misteriosos también. Esto que digo, yo no tengo una respuesta de por qué soy actor o por qué lo hago y me hago la pregunta permanentemente porque es una profesión tan rara. Gente adulta jugando en la oscuridad, haciendo que es otro. Parece un juego de niños, pero hecho por gente adulta. Parecería no ser serio muchas veces. A veces cuando lo estoy haciendo digo: “¿Qué estoy haciendo?” Sobre todo en teatro, que es un poco deforme. Pero sí está ligado al público. En el cine es mucho más fuerte. En el cine sí aparece esta figura del fan. Yo me entrego permanentemente a la actuación. Trabajo horas en mi casa mientras no hay público. Preparo eso sistemáticamente cada noche, cada día, cada tiempo libre. Estoy pensando en la calle, en un personaje. Estoy pensando en un rodaje en la calle donde no hay público. Se ensaya sin público, se prepara sin público. Obvio que todo eso va a ser para un público y ese es el regalo hacia el público. Y esa es lo que yo entiendo que uno se debe al público. Trabajar bien. Si yo no preparara, si yo hiciera mi trabajo por oficio, porque siento que ya lo sé o porque siento que ya lo manejo y lo hiciera sin importancia, y digo: “Bueno, voy a cobrar y esto me paro y la cámara me filma”. Ahí yo siento que estoy faltándole al público. Después está la otra parte, que es: ¿qué hace uno cuando no tiene un buen día y ahí estás afuera y afuera no puedes manejar quién te reconoce, quién no, quién quiere acercarse, quién no. Y ese es interesante, ese punto. Porque yo he descubierto en este periplo que es muy corto todavía, pero suficiente como para tener algunos indicios de conclusiones, que hay una predisposición que uno puede dar, que es muy linda y que me genera un aprendizaje precioso para relacionarme. Que es más allá de mis emociones, más allá de mi vida y cómo yo me sienta ese día, hay algo de ese momento de ser la primera vez para esa persona y también para mí, que termina ganando. Generalmente el que se acerca, se acerca con muchas ganas, con felicidad, con amor.
06:12
Enzo Vogrincic. Entonces yo digo: “Ah, bueno, no es tan importante como yo me siento hoy, yo puedo resolver esta situación y ver qué está pasando aquí y saludar…” Y termina siendo muy lindo. Y ahí me he sorprendido. Con la cámara, es un vínculo diferente. Es un vínculo más privado. Es un vínculo con la profesión. Es un vínculo con cómo hago mi trabajo. Y ahí empiezan otras cosas. Ahí empieza una cosa que para mí es pesada de hacer bien las cosas. “¿Trabajé bien?” “Se van a dar cuenta que no sé actuar”. “Se van a dar cuenta de que lo estoy haciendo mal”. “Me van a echar”. “Esta toma salió mal”. Y empieza una presión que con una persona que me cruzo en la calle, que me viene a saludar y que me viene a agradecer o me viene a felicitar, no sucede. En ese sentido yo creo que el vínculo con la cámara es más tortuoso, a veces. Y generalmente con una persona que se acerca a saludar es un vínculo que siempre es lindo, en mi experiencia. Habrán experiencias miles, pero a mí siempre me han tocado buenas experiencias. Algunas que rozan los límites de lo que es lo privado y lo que es esto de deberse al público o que te conozcan y sientan que tienen un acceso hacia vos. Imagínense ustedes, yo me conocí toda mi vida, hasta los 30 años saliendo a la calle y que nadie me conozca. Lo normal. Y de un día para el otro salgo a la calle y sí sucede. Y no es que yo puedo volver, porque a veces me pasaba de viaje, que digo: “Ok, de viaje esto sucede, vuelvo a Uruguay y esto se va a calmar”. No, claro, vuelvo a Uruguay y sigue. Y es como la sensación de no poder sacarte la cara. Y esa sensación, por pequeños momentos, es como: “Uf, ¿esto va a ser así siempre? ¿Esto ya cambió y no se va a mover de aquí? ¿Qué hago? Elegí mal. Decidí mal. ¿Qué sacrifiqué?” Por suerte voy descubriendo la nueva parte de todo esto, que es que las cosas suben y bajan. Que esa espuma del suceso así como sube y se vuelve escandaloso, también llega una parte que es preciosa, que es que se tranquiliza. La gente empieza a ver otras series, otras actores, otras películas y uno ya por suerte pasa a estar desapercibido. Deja de estar en el mapa. Hay una parte de conciencia en mí que fue elección para poder mediar eso y decir: “Bueno, yo no voy a estar apareciendo permanentemente aquí porque no sé si es esto lo que quiero. Yo lo que quiero es actuar. Yo no sé si yo lo que quiero es que me reconozcan. No sé si es esa o no es esa la búsqueda”. Entonces ahí tomo decisiones y veo como cuido esa parte. Pero como baja, a mi ya hoy y me deja tranquilo. Y hoy día ya camino muy bien y hay una parte en mí que se ha tranquilizado, que ese es el gran trabajo. Enfrentarse a una cámara, todavía no sé cómo es para tranquilizarme, no lo tengo tan claro. Por más que estoy aquí y hay cámaras, claro, ahora yo no estoy actuando. Y ahí cambian las reglas. Sentarme a hablar frente a una cámara no me genera demasiada incomodidad ni demasiados nervios. Sentarme frente a una cámara a actuar sí, porque empieza la exigencia. Es mucho más difícil una cámara.
09:28
Susana. Hola Enzo, soy Susana. En tu último libro, bueno, en tu primer libro, ‘La muerte del personaje’, mencionas mucho dos lugares que son Madrid y Montevideo. ¿Qué une y qué diferencia a estas ciudades?
09:43
Enzo Vogrincic. Montevideo… Montevideo es mi origen. Y como es el origen, básicamente es casi todo de lo que soy. Una gran parte de las bases, los cimientos, eso que es intransferible y que cuando te vas a cualquier otro lugar nunca lo vas a encontrar. Porque caminar por un Montevideo para mí es como bueno, camino en mi casa permanentemente. Montevideo es una ciudad muy, muy pequeña, tiene unos 200 kilómetros cuadrados y Madrid tiene 600, para empezar. Nosotros tenemos 1 millón y medio de habitantes en Montevideo y Madrid no sé si tiene 4 millones y más turismo. Esas son dos grandes diferencias que empiezan a generar una forma de ser o una forma de relacionarse con su propia tierra. Yo siento que esto no sé cómo será para alguien que vive acá, pero claro, es tan lindo Madrid, es tan agradable que uno viene acá y le dan ganas de quedarse. Para mí es una ciudad hermosísima que disfruto cada vez que vengo. Donde me siento cómodo. Donde encuentro cierta similitud con Montevideo, en cuanto al cariño de la gente, la cercanía, el sentir que te abrazan enseguida. Montevideo es una especie de, y lo digo con mucho cariño, es una especie de ciudad-pueblo si se quiere. Por muchos momentos pasan cosas en Montevideo, que es salir a la calle y cruzarte muchas veces a un conocido regularmente en una ciudad. Sí o sí salgo y me cruzo a un amigo, un familiar o alguien que conozco y: “Ey, ¿cómo andas? Tanto tiempo”. Y eso pasa permanente, permanentemente. Ese vínculo con lo cercano, con lo chiquito, con el ser pocos, va dando una tranquilidad. Nosotros tenemos el mar cerca, al lado de la ciudad y toda la ciudad orientada hacia el mar. Entonces tenemos lo que se llama la rambla más larga del mundo, que son 22 kilómetros ininterrumpidos de Rambla frente al mar, donde puedes caminar 22 kilómetros sin parar e ininterrumpidos. El vínculo con el mar, que cuando vengo a Madrid lo extraño y ahí me doy cuenta que lo tengo. Yo no soy una persona fanática del mar. Yo no es que voy al mar y digo: “Wow el mar”. No me pasa. Me gusta y lo admiro, pero no tengo ese vínculo. Pero sí siento la ausencia cuando estoy en una ciudad donde no lo tiene y me siento un poco perdido, como desnortado. En Montevideo siempre la referencia del mar está permanentemente ahí. Y uno sabe dónde está el mar. De hecho está acá. Yo nunca había podido viajar hasta mis 27 años que empiezo con la película. Antes había hecho un solo viaje a Chile. Había hecho el viaje de los Andes de Montevideo a Santiago de Chile, ida y vuelta, claro. Y fue el único viaje que tuve de salir de Uruguay. El primero. O sea, después volví y estaba volviendo a Uruguay. Pero cuando empecé a viajar y empecé a salir por más tiempo, claro, al volver, empecé a redescubrir Montevideo. Recién ahí empecé a valorar el origen y decir: “Claro, esto es especial. Como yo me siento en este lugar, es especial”. ¿Qué empiezo a tener? Ya empecé a observar Montevideo, empecé a tomar dimensión de la importancia de mi lugar, a revalorizarlo, a extrañarlo cuando me voy, que es algo nuevo para mí y es algo que recomiendo mucho. Valorizar el origen, valorizar de dónde venimos, tenerlo presente, conocer su historia, conocer sus lugares, recorrerlo, quererlo, defenderlo si se quiere, no demasiado, pero defenderlo. Y tiene muchas diferencias, muchas similitudes. Pero el origen es el origen y ahí se vuelve difícil de comparar.
13:28
Rosario. Soy Rosario y quería preguntarte cómo han influenciado o cómo han influido tus padres en tu carrera y en la persona en la que te has convertido.
13:37
Enzo Vogrincic. Bueno, hablando de origen, ¿no? ¿En qué no han influenciado? Los padres, el verdadero origen, generalmente vamos descubriendo con el tiempo lo mucho que nos parecemos. Yo sigo descubriendo lo parecido que soy a mi papá y a mi mamá cada vez. Y a medida que va pasando el tiempo a veces más y digo: “Ah, wow, esto es de mi padre, esto es de mi mamá”. Muchas veces uno se pelea con esas cosas. Muchas veces empiezas a valorizarlas con el tiempo y decís: “Esto al final es bueno”. Y ese vínculo con los padres es un vínculo permanente que va cambiando a lo largo de la vida y se va relacionando diferente. Yo a mis papás los tengo vivos. Los extraño, los empiezo a extrañar cada vez más. Cada vez que viajo, cada vez que salgo. Mis papás, cuando les propuse ser actor, les propuse…, cuando les dije que iba a ser actor, porque no les dejé opción, supieron comprenderlo muy bien. Yo vengo de una familia que no es de actores, no hay músicos. Mis papás no son padres de ir al teatro cuando yo era chico, muy poco de ir al cine, porque a veces no alcanzaba o por motivos X, pero no íbamos mucho al cine. Entonces yo siempre me pregunto de dónde viene todo esto. E insisto con esa pregunta. Cuando les digo a mis papás… “¿Enzo qué vas a hacer?” “¿Qué vas a hacer?”, me dicen, cerca de terminar el secundario. Yo les digo: “Bueno, lo tengo claro, voy a ser actor. Voy a estudiar en la EMAD que es la Escuela Multidisciplinaria de Arte Dramático de Uruguay, cuatro años, todos los días, seis horas por día, más tiempo extra, de lunes a sábados”. Y me dicen: “Bueno, ¿pero cuál es el plan B? Mis papás tuvieron oportunidades muy diferentes a las mías. Y ellos tuvieron que empezar por el plan C o D antes de poder pensar siquiera un plan A. Mi papá, que fue jugador de fútbol, él conoció esa pasión, la desarrolló, fue jugador profesional, tuvo un cierto momento de fama muy breve. Cuando tenía 18 años salió campeón con Uruguay en Cannes. Como que tuvo ese momento y su contacto con la pasión. Después la vida cambia. Hijos, responsabilidades, crisis, problemas, economía y empiezan a tomar decisiones diferentes. En prioridad de los hijos, en prioridad de un otro. Yo todavía no conozco lo que es tener un hijo. No sé lo que significa que tu vida pase a un lugar de otra relevancia, donde aparece alguien al cual uno pueda sacrificar todo lo que es, con tal de que esa persona pueda elegir. Me toca el otro lado, por suerte, también. Y yo creo que de mi papá encuentro el vínculo con la pasión. Con mi papá logré ver también lo importante que es poder mantener la pasión en el tiempo, lo bien que hace. Yo cuando escuchaba a mi papá hablar del fútbol era muy distinto a cuando escuchaba a mi papá hablar del diario en donde trabajaba. Mi papá es una persona alegre. Dentro de todo siempre es muy alegre y en su trabajo también encontraba formas de pasarla bien. Pero el fútbol para él es el fútbol. Y hoy en día del fútbol, con el tiempo pasó a ser sólo espectador. Y claro, yo ahí agarré la pasión. De mi mamá, el trabajo, la dedicación, la entrega. Mi mamá es una persona que ha trabajado sin parar toda su vida de cosas que no le gustan.
17:26
Enzo Vogrincic. Y se lo pregunté de niño y sin embargo lo hizo sin problema, a máxima potencia y lo sigue haciendo hasta el día de hoy. Hoy, este año, mi mamá se jubila al fin. Yo siempre diciendo: “Mamá, jubílate”. Porque ella podría haberse jubilado antes, pero le gusta trabajar. Aunque no le guste eso de que trabaja, a ella le gusta trabajar. Y he aprendido de eso mucho. Qué importante es a veces tolerar. Qué importante es tener claras las prioridades y aceptar esto porque uno tiene claras las otras prioridades. Entonces me voy dando cuenta con el tiempo en mi profesión, que es muy distinta a la de mis papás, cómo he tomado de ellos estas cosas, para mí plan A, que eso es lo que tengo por delante. Así que sí, mis padres me han hecho quien soy 100%.
18:23
Hombre 1. Hola Enzo, ¿cómo estás? Nos gustaría saber en tu vida personal, en tu día a día, ¿eres más de improvisar o de seguir un guión?
18:30
Enzo Vogrincic. De improvisar, de improvisar. De hecho, bueno, ahora estoy improvisando. Estoy tratando de encontrar estas respuestas a medida que las voy escuchando y las voy conversando. Soy así. Entonces claro, a mí empiezan a tocar unos contextos muy alejados de lo que yo estoy acostumbrado y que me dan temor, que me dan temor. Porque están tan lejos, tan lejos del origen que hablábamos. Tan lejos que ir a Venecia, a una alfombra roja en el Festival de Venecia de cine, a usar un traje espectacular que en mi caso creo que yo nunca había usado un traje en mi vida o era la segunda vez, pero nunca un traje así donde me lo puse, me miraba en el espejo y decía: “Claro, soy un actor de cine ahora”. Pero recién ahí. Dije: “Ah, mira, debo ser actor de cine”. Y dije: “No, no, es un traje”. Yo antes de ir a la alfombra de Venecia, que fue lo primero, la primer gran exposición así, dije: “¿Qué hago? ¿Cómo se hace esto? A lo mejor es solo caminar, ponerte y que te saquen fotos”. Sí, es eso. Pero yo no podía con esa sensación y empecé a mirarme todos los videos que existen y existieron de todas las alfombras rojas que encontré de Venecia antes de viajar. Miraba actores, qué hacían, cómo se movían. No para copiar, no para crearme un texto, sino para entender, para ver cómo es. Yo no conozco cómo es, cómo se hace. Sí, son estas inseguridades mías cuando me enfrento a algo que no conozco y no manejo. Me miré todo los videos que habían, y algo siento que entendí. Dije: “Ok”. Practiqué en casa, un poco, vergonzosamente, pero también practiqué porque en esos contextos sí me pasa que si no voy preparado no puedo. A rodar, si voy a rodar, no puedo improvisar el rodaje. Teatro sí. Teatro sí. Teatro preparo mucho las escenas y preparo los ensayos, pero cuando estoy en el ensayo que pase lo que tenga que pasar. En el cine hay una partecita de eso también y es muy valioso porque ahí es donde la actuación vive. Pero preparo mucho y trato de ceñirme a eso que preparé. Y ahí me cuesta más improvisar. En la vida improviso, permanentemente. Y es un gran disfrute y es también un gran privilegio que tengo de poder decirme: “Mañana voy a decidir qué voy a hacer con el día y qué resuelvo”. Porque mi trabajo me permite y también porque me he hecho el espacio a tener trabajos que me permiten ciertas libertades. Esto del plan A y el Plan B, hacer un trabajo que me guste y que no me guste, que a veces tienes opciones y a veces no, yo tenía opciones muy acotadas, pero aproveché la pequeña opción que tenía para realmente buscar libertad en mi trabajo. Yo desde que tengo 12, 13 años tengo una fascinación, y de antes también, tengo una fascinación con el 3D, con las películas en 3D. Yo había visto ‘espía
’ de muy chiquito
la dos. y quedé: “¿Cómo se hace esto? ¿Cómo esto se hace?” Yo no tenía computadora
22:12
Enzo Vogrincic. Juntaba lo que costaba media hora o lo que costaba una hora, cómo sea, y me iba al ciber. Pasaba horas ahí. Muchas veces mis amigos del ciber, y me dejaban media hora más y ahí iba consiguiendo tiempo. A lo que me dedicaba, además de jugar con mis compañeros de ciber, que empezó a desarrollarse una dinámica de amigos en el ciber, un poco ‘nerd’ todo, empecé a investigar sobre 3D. ¿Cómo se hace? ¿Cómo se hizo ‘Toy Story’? ¿Cómo uno puede hacer esto? ¿Cómo…? Siempre fui muy curioso, con una cosa que veo y me sorprende empiezo a pensar cómo se hace. Veo lámparas y pienso cómo se construyen. Todo mi cerebro empieza a pensar cómo se hace, cómo se hace, cómo se hace. Es una manía, si se quiere. Y empecé con el 3D. Empecé a investigar todos los días, todos los días, todos los días, todos los días. Hice una única publicidad en mi vida en la que quedé. Me presenté a un casting que era para hacer de un niño espía. El casting era muy sencillo para mí porque yo me entrené como espía toda mi niñez. Real. Yo cuando era niño, desde los siete años, yo una cosa que se me ocurrió y mantuve durante mucho tiempo es: Voy a ser espía». No sé de dónde salió tampoco
25:38
Enzo Vogrincic. No, pero no estaba mal. Y me escribe el primer estudiante de carrera para egresar como estudiante de arquitectura. Yo tenía 15 años. Yo en mi cuarto, en calzones, en mi cuarto, leyendo el mail, hablando como una especie de empresa: “Sí, no hay problema, nosotros podemos hacerlo, podemos realizarlo”. La persona me creyó, porque no me vio nunca, y lo hice. Me mandaron los planos de una construcción de tres cuatro pisos, gigante, para recibirse como arquitecto. “¿Qué hago?” Empecé toda esa semana desesperado. Yo le había dado un precio astronómico, astronómico, a la persona, astronómico para mí, con 15 años, diciendo: “No me va a aceptar el presupuesto”. Me lo acepta, me lo acepta. “Ahora lo tengo que hacer”. Y ahí empiezo a trabajar en eso de lleno, a aprender planos, cómo se hacen,… Lo resolví. Lo levanté. Trabajaba de noche, trabajaba de día. Estaba todo el tiempo en la computadora tratando de resolver esto y lo hice. Y ahí empecé a trabajar de eso. Y eso fue como un descanso. Yo podía actuar. Y a la noche trabajaba de eso para estudiantes de arquitectura. Con el tiempo fueron dos estudiantes. Con el tiempo tres, con el tiempo cuatro. Trabajaba hasta las cuatro de la mañana. A las seis de la mañana me levantaba para ir al EMAD, y ahí estaba y estaba en esas dos cosas. ¿Y a dónde quería ir con esto? Me desvinculé, pero… Repíteme tu pregunta, rápido. ¿Cómo? ¿Si improviso? Bueno, claramente improviso. Claramente. Ahí ya se respondió sola. Improviso y no es esto. Es, improviso que tengo una necesidad, ¿qué hago?, ¿qué tengo que hacer? Y me preparo mucho para poder hacerla. Y ahí me siento preparado para improvisar. Ahí sí me siento preparado para improvisar. En términos teatrales o actorales es prepararse mucho para tener las suficientes herramientas posibles a mano y adquiridas para enfrentarte a cualquier tipo de situación y poder resolverla, de forma rápida, directa y sin problemas, sin titubeos. Eso es improvisar. En cine, en cine… en actuación, clave, clave y fundamental. Y soy muy bueno improvisando a nivel de actuación. Me siento cómodo, me divierte, pero porque también me preparo como un loco y me preocupo mucho por hacerlo. Improviso mucho.
28:11
Mujer 4. Enzo, es una maravilla escucharte. Muchas gracias. Mira, muchos actores dicen que siempre se quedan con algo de su personaje. ¿Qué ha dejado en ti el papel de Numa?
28:29
Enzo Vogrincic. Para empezar, me quedé con parte del vestuario. Lo pedí. Me lo quedé. Lo tengo en casa. Y un encendedor. Porque en realidad ese es el personaje. Todo lo demás, es una persona real. Que eso es nuevo para mí en la profesión. Tomar el rol de alguien que existió para contarlo e interpretarlo es muy distinto a crear un personaje ficticio que no existió, que no existe y nadie conoce. Todos conocemos ‘Hamlet’ a Hamlet, pero Hamlet no existe. Yo puedo ser el Hamlet que yo quiera, o que pueda, que pueda. Después están los personajes que fueron reales. Personas que otras personas los conocieron y te pueden hablar de ellos. La familia de Numa me ha hablado de él. Sus amigos que lo conocieron me hablaron de él. Sus amigos que compartieron la montaña me hablaron de él. Todos te hablan de formas distintas, desde lugares diferentes, y tocan partes diferentes de la persona, lo que a ellos les quedó de esa persona. Como en este caso yo no la pude conocer a esta persona, a través de los relatos a mí me tocaba discernir que parte de eso que me cuentan es realmente lo que era la persona, que parte de eso que me cuentan es una impresión que les quedó de la persona que está un poco afectada por la emoción que tienen hacia la persona. Uno siempre que recuerda a alguien lo recuerda en ciertos aspectos y no en todos. Y mi trabajo no es destacar a una persona por sus virtudes solamente, sino interpretarla como persona, con las sombras, con las oscuridades, con la luz, con todo. Componer esa persona o entender cómo era esa persona es un trabajo delicado, difícil para mí, que no tenía esa experiencia. Capaz que si ahora me toca otra persona real tengo más herramientas o preguntas más claras para hacerle al hermano de Numa que cuando lo conocí no las tenía tan claras y me tocó… Yo quería solo escucharlo a él porque yo veía en él algo de lo que hubiese sido su hermano también. Y voy descubriendo en esas conversaciones esos aspectos que se parecían, esas cosas que se repetían, que contaban lo mismo de esa persona. Y ahí empecé a encontrar al menos lo que la persona reflejaba o lo que les dejaba a los demás. Durante la película, la gran sensación que tuve de impostor fue permanente, permanente y una carga. Esta mentira que se carga, la cargué durante el rodaje. Con sanidad, dentro de todo, la pude cargar. Yo tenía esta sensación de: Me van a echar
32:14
Enzo Vogrincic. Yo le había preguntado: “¿Qué tal va el rodaje J.?” Y él me salió con esto. Yo venía con los miedos y dije: “Uf, no, no es solo en mi cabeza, esto es real, esto es real. ¿Qué hago? ¿Cómo hago? No, el personaje no es para mí. Yo ya sabía que, ¡ah!, ¿Qué hago acá? ¡Me quedan tres meses de rodaje!” Volví, al hotel, loco, a leer el guión más y más y a preparar más, y a preparar más y a preparar más y a preparar más y a preocuparme más. Terminó la película. Bayona, un día, alguien le pregunta por mí en la misma mesa: “¿Por qué Enzo para Numa?” Y yo así: “¿A ver?” Porque era mi pregunta siempre, todos los días, cada vez que rodaba. Y J. empieza a explicar que él, la idea que él había construido y Numa la tuvo que romper conociéndome. Que él había imaginado un Numa en el cual es verdad que yo no me parecía al Numa que él había imaginado, pero que le terminé convenciendo como el Numa que sí era. Había algo en esa locura mía, en ese esfuerzo mío de poder estar a la altura de la situación, de tratar de prepararme lo más posible para esto, porque sé que no estoy rindiendo y les estoy fallando. No estoy llegando y no estoy pudiendo hacer lo mejor de mí. O sea, estoy fallando a este rodaje. Y esa preocupación y esa dedicación, o esa acción, terminan leyéndose del otro lado como características propias de algo que a lo mejor fue Numa, o de lo que asociaban desde la construcción del personaje a lo que él era. Y en mi preocupación por no parecerme, me terminé pareciendo. A mí me quedó de él el vínculo con la amistad. A partir de empezar a observar a mis amigos y a robarles características y a tratar de aprender de ellos, empecé a valorarlos mucho. Empecé a volver a Uruguay para contar anécdotas y a divertirme con mis amigos de decirles: “No sabes la que me pasó”. Y empezar a contar una tras otra. Es un vínculo que no es el de los hermanos, que también es muy especial, pero es un vínculo que no se le parece a nada. Son amigos y están ahí y te pueden fallar y uno puede volverse a amistar. Y todo transcurre. Les puedes no ver, yo no me veo a veces con mis amigos siete meses que me voy a rodar ahora, por ejemplo, y me reencuentro con ellos y no pasa el tiempo, no pasa el tiempo. La amistad permanece en un estado que tiene que ver con la relación y con lo que vivimos. Y lo que vivimos no tiene tiempo, es vivencia. La amistad, eso es lo que sobre todas las cosas me quedo de verdad.
35:22
Mujer 5. Buenas Enzo, yo te quería hacer una pregunta. Muchas páginas de tu libro están escritas en largos viajes de avión. Quería saber cómo se siente el estar escribiendo a 900 kilómetros por hora.
35:40
Enzo Vogrincic. Sí, un día se me ocurrió escribir un libro. Son esas cosas que hago y que en el medio de que estoy haciéndolas, digo: “¿En qué me metí? ¿Quién me manda a mí hacer esto? ¿Quién me obliga? ¿Quién…? ¿Por qué hago lo que hago?” Un día empecé a escribir un libro, gracias a un amigo también, Felipe, de Uruguay. Yo estaba haciendo una obra de teatro en ese momento. Y esa obra de teatro no la iba a poder seguir haciendo, porque… decisiones. Que de una película necesito el 100% del tiempo para esto, iba a ser imposible por contrato e iba a ser imposible por locación, por tiempos, por seguir con la obra de teatro. Feli, antes de que me vaya y antes de irme de viaje, me dice: “¿Pensaste en tomar notas? ¿Vas a tomar notas o algo del rodaje? Porque mira que puede estar bueno. Es una experiencia fuerte”. Yo nunca lo había pensado. No soy de tomar notas en mi vida en general. Ahora un poco más y dije: “Lo voy a hacer, lo voy a hacer, dale, lo hago”. La experiencia que a mí me tocó vivir, ese cambio un poco azaroso y de mucha suerte que tuve de la oportunidad de un casting para una gran película, que eso pasa poco, muy poco, rara vez y, sobre todo en Uruguay, rara vez. De hecho en Uruguay es la primera vez en la historia que eso sucedió. Una oportunidad así, con una película, que venga un rodaje tan grande a filmar una historia uruguaya y que decidan filmarla con actores uruguayos y rioplatenses con su acento nativo. Apostar tanto a una película que no va a ser en inglés es una apuesta que casi nadie se anima a hacer. De hecho, a Bayona le tomó diez años lograr que le financien esa idea y convencer de que lo mejor era hacerlo con el acento del lugar. Eso que parece simple, para nosotros, como uruguayos, es una oportunidad muy extraña. Generalmente las producciones a Uruguay, hoy en día por suerte ya se filma mucho más en Uruguay, y se produce un poco más en Uruguay, pero generalmente vienen producciones exteriores donde tienen el casting resuelto y a nosotros nos toca entrar, bueno, soldado cuatro»… «árbol tres»
39:47
Enzo Vogrincic. Y yo encontraba algo muy hermoso al momento y muy horrible también, por fases, al momento de estar escribiendo en un avión. Porque era, claro, yo miraba el avión cuando estaba describiendo nuestro avión y su avión, yo miraba el avión en el que estaba viajando y decía: “Uf, esto fue de un momento al otro”. Las cosas pasan de un momento al otro. Uno no puede prever nada. No sabe que va a pasar. Todo es incontrolable. Yo aquí estoy encerrado. Todos estamos encerrados. Vamos a un destino y el viaje, este tránsito que estamos haciendo, es inconcluso. Ok, ok, todo eso era muy inspirador para escribir sobre eso y me fue muy útil. También, el avión es agobiante, porque hay algo en esas 12 horas que las personas nos empezamos a enloquecer en el avión, gente empieza a caminar por el avión, los bebés empiezan a llorar, gente que no puede dormir, gente que se acomoda de mil maneras en el asiento, no entras. O sea, entiendo, pero no entiendo por qué no quitan tres, cuatro o cinco filas de asientos y todos podemos hacer un poco más así. Entonces, claro, empiezas a dar movimientos, empiezas a ver las maneras de dormir en un avión que son imposibles. Y ahí escribiendo, escribiendo, soltando, soltando, soltando, soltando. Y como el tiempo es difuso, pasaban cosas interesantes con la escritura. Yo no soy escritor y considero que hacer un libro no me vuelve escritor. Entonces tampoco era el objetivo de hacer un libro, volverme escritor, ni que fuera hacer libros de aquí en más. Este libro era el objetivo de lo que necesitaba hacer y lo hice, lo completé. Lo importante para mí era completarlo. Con Feli, generalmente no completamos las ideas. Se nos ocurren muchas. Todas las hablamos, todas son buenísimas para nosotros en el momento. A veces las pensamos al otro día y decimos: “Mmm…” Y muchas no las hacemos, pero alguna sí. Y está la completamos. Y para nosotros haberla completado es increíble ya de por sí. Es un libro que está creado desde la amistad, de la amistad de dos amigos, desde una historia que viene de la importancia de la amistad y como la amistad salva desde mi vínculo con la amistad, previo a entrar a esa película y mi vínculo con la amistad después de haber conocido a mis amigos de rodaje que me hice. Esa familia nueva que te haces rodando todos los días, sufriendo lo mismo, padeciendo lo mismo, teniendo los mismos miedos, conversando, apoyándote, abrazándote, llorando por una escena, viéndolo al otro y actuar eso que se va a ir. Y me estoy despidiendo de mi amigo que no se va, pero en la escena sí y se mezcla. Y esa amistad que habla de un periplo de transformación impensado donde no tenemos control ninguno. Y si se intenta tener control, si se intenta tener un guión, la vida yo creo que se vuelve un poco más quieta. Y en esa quietud, algo se detiene acá. Y acá. Y para mí es prioritario que esto esté vivo y esto esté vivo. En el libro está todo eso, en el libro está todo eso mezclado. Es un libro que se escribe a sí mismo, decimos siempre. Porque a medida que vas leyendo el libro se está escribiendo, que va mutando y que se va desdiciendo, que va jugando con la idea de la mentira y de la verdad, que tiene mucho que ver con la profesión. Cómo una mentira de tanto, tanto, tanto, va transformándose en verdad. Cómo una mentira en la actuación se ve cierto.
43:43
Enzo Vogrincic. ¿Cómo hacer para que eso pase? Darte cuenta que una mentira en la actuación la tienes que sentir de verdad para que sea verdad. Yo voy a hablar frente a alguien y no voy a dudar de lo que le voy a decir para que me crea, porque estamos actuando. Está comprendido que estamos actuando. Entonces ahí la mentira no pesa, no pesa. Ahí la mentira que pesa es la de sentirme actor. Esa es la mentira que me pesa en el set. Yo estar defendiendo un texto y estar sintiendo adentro que se están pensando que soy actor de cine. Y yo soy un actor de teatro adentro del cine. Esa sensación no se me ha ido. Esa sensación está escrita. Esa sensación también es parte del libro. El impostor. Esa sensación que todos alguna vez a lo mejor sentimos con cualquier cosa y que me acompañó durante todo ese rodaje y me sigue acompañando ahora que empiezo en breve a filmar de nuevo y siento que está empezando de nuevo a latir esa voz que viene de lo profundo y que me dice: “¿A quién le quieres mentir? No sos actor de cine. Se van a dar cuenta, se van a dar cuenta”. De todo eso habla. Habla de los padres, habla del origen, habla del nacimiento, habla de la muerte y habla de un viaje espectacular realmente y de la inconsciencia o la valentía de tomar la decisión de dedicarse a hacer eso que a uno le apasiona hacer.
45:32
Mujer 6. Hola Enzo. Mi pregunta es: ¿qué te ha impactado más la primera vez que te viste en pantalla grande o la vez que te viste después de un rodaje en un espejo?
45:48
Enzo Vogrincic. El rodaje fue largo, muy largo. La experiencia física de ese rodaje se fue volviendo cada vez más intensa. Había un requerimiento de la propia historia que es perder peso. Ellos bajaron muchos kilos por problemas alimenticios, lógicos. Y esa pérdida de peso era muy narrativa para la historia, muy clave en gran parte de lo que quiere contar. A mí ese desafío me fascinó desde el momento cero, cero. Me gustan esas cosas. Me gusta arriesgar el cuerpo para actuar. Para mí, en el teatro, insisto, el teatro es físico. El teatro es cuerpo, cuerpo, cuerpo. El cine a veces es mente, a veces es intelecto y a veces es nada. Es dejar que la cámara entre. En el teatro, si vos te quedas quieto, morís, desapareces del escenario, te vuelves invisible. Y entonces el cuerpo para mí es muy importante a la hora de actuar. Y cuando hay oportunidades así, que no son muchas, me fascinan, me fascinan. Y yo empecé, empezamos todos, con nutricionistas, cada uno a su ritmo, cada uno con su cuerpo muy distinto, que requiere diferentes cosas, que tiene distintos metabolismos. Por mi metabolismo, para mí es difícil, por ejemplo, ganar masa, ganar grasa. Es muy difícil para mi cuerpo porque lo digiere muy rápido. Y a mí me tocó al principio subir de peso, que me cuesta mucho más que bajar. Entonces yo tenía que comer forzosamente más de lo que normalmente como, estar saciado, esperar un poco y seguir. O levantarme a las tres de la madrugada para volver a cenar. Y subir esos siete kilos que los logré. Después bajar ahí es en mi cuerpo más fácil, pero para la mente un poco más complicado. Fueron cuatro meses muy continuos, progresivos, comer menos, siempre nutricionistas detrás, una dieta, pero comer menos y cada vez menos y cada vez menos. Pero llegó un punto donde uno ya se había acostumbrado a cómo se sentía tener apetito. No te digo ni hambre todavía, pero sí apetito. Y a luchar con las pequeñas primeras señales de la mente y poder estar actuando y sintiendo hambre y apetito a la vez. Eso va aumentando. A medida que vamos avanzando en la historia van pasando días más largos de una escena a la siguiente y de repente hay un salto de una semana, dos semanas. Eso se tiene que ver en el cuerpo. Y a veces teníamos solo esa semana para lograr uno que eso se vea. Esta exigencia de bajada de peso no era tal. Sí era la idea que cada uno se haga responsable de eso y sepa que la historia que estamos contando y uno pueda conscientemente hacer lo más que pueda. Pero no iba a venir nunca Bayona a decirte: “Tienes que bajar más”. Jamás pasó. No, porque eso ya entra en otros terrenos. No, esto era la propia voluntad de uno, lo que lo vuelve todavía más complejo a la hora de que terminaste el rodaje, estás en tu apartamento, así. Y no se fue el apetito todavía. No es que terminas de rodar y se fue. No, sigue. Y va a seguir de noche y va a seguir el otro día cuando te levantes. Y eso empieza en una lucha mental. Lucha mental, lucha mental que te va cambiando, te va cambiando la mirada, te va cambiando los gestos, la energía y es apasionante para mí. Cuando llegamos sobre el final del rodaje, porque también es un rodaje emocional, además de físico. Yo cuando terminaba de maquillarme, me quedé a que me maquillen las maquilladoras que hacían un trabajo espectacular porque te facilitan mucho la actuación.
49:59
Enzo Vogrincic. Yo me sentaba ya con bajo peso a los últimos días de rodaje, previo a filmar mi muerte y me maquillan. Yo cerraba los ojos. Eran a veces dos horas de estar a las seis de la mañana ahí, esperando, maquillándote y entrando en un estado. Había poca energía también. Entonces era fácil cerrar los ojos y entrar en un estado medio meditativo o dormirse. Y abrí los ojos y ahí me miré y dije: “Ah, ¡wow!, está pasando el tiempo aquí, me está pasando el tiempo”. Y me afectó mucho verme así, verme tan delgado. Yo soy delgado, pero estaba más. Y dije: “¡Wow!, que bueno esto, esto es actuación”. Y eso me afectó mucho. Me dejó pensando mucho porque hacía muy fácil actuar verse así. Facilitaba la actuación. A veces uno cuando ve la película y ve el actor actuando piensa que lo resolvió todo. O que alguien ve una película y piensa que el actor lo está haciendo casi de principio a fin. No, nosotros rodamos 600 horas de material durante cuatro meses, 12 tomas, a veces de repetición, el maquillaje, la luz, el vestuario, todo eso también actúa. La música, el montaje, todo eso también es tu actuación. El actor tiene un trabajo muy pequeñito dentro del rodaje, igual que todas las demás áreas que están aquí funcionando a la vez. Si esto fuese un set, aquí hay un montón de gente que no estamos viendo que hacen que esto se pueda ver. Como actor estás siempre del lado opuesto a la cámara. Vos siempre estás actuando exactamente del opuesto al que se va a ver la película. Cuando yo veo la película la primera vez en Venecia, ahí fue muy impactante para mí, porque fue emocionante todo. Fue verme así vestido, con ese traje, en ese lugar, de esa manera. Pensar en mi origen, pensar en mi vida, pensar en todo y sentirme de alguna manera orgulloso de mí mismo, que es algo que a veces pasa, pero la mayoría de veces no me pasa. Aunque sé que soy consciente que yo pongo lo mejor para trabajar bien, el orgullo del trabajo con uno bueno, puedes tenerlo o no, yo lo tengo pocas veces y ese día me sentí orgulloso y fue cerrar un gran ciclo de mi vida diciendo: “Bien Enzo, lo hiciste hasta aquí. Te creyeron”. Como que ahí se soltó un poco esa mentira y ese peso y vi la película por primera vez y me quebré como nunca. Y me impactó mucho. Y por momentos no me veía a mí y veía la película y te puedo decir que las dos me impactaron. Verme a mí esos últimos días de rodaje antes de volver muchísimo y verme a mí con el tiempo, habiendo pasado muchísimo más, también. El título del libro no es aleatorio, como casi nada en el libro. El libro tiene un juego que de base se llama ‘La suerte del personaje’. La palabra suerte» y la palabra «muerte» cambian solo cambiándole la primera letra. Eso fue una cosa que descubrí con un amigo que un día vino a mi casa y dijimos: “Claro
54:06
Enzo Vogrincic. Este libro es un libro, como decía, que se va escribiendo a medida que uno lo lee, pero que tiene permanentes correcciones a lo largo del tiempo, del propio proceso creativo de escribir un libro que uno corrige, corrige, corrige y cambia y cambia y cambia y cambia. Y muchas veces esos cambios, cuando uno lee un libro no están. Está el libro entero y así parece haber sido escrito. No, para mí era valioso poder mostrar parte de lo que es arrepentirse de algo, parte de lo que es cambiar algo, parte de lo que es aprender sobre eso que uno hizo y animarse a corregirlo y tener la oportunidad de volverlo a hacer. En teatro hay algo que es abrazar el error permanentemente. “Ir a fracasar”, también se dice. Nosotros vamos a fracasar. Actuar es ir a fracasar, es ir a intentar. Nunca a acertar. Se acierta de casualidad. De todas las veces, la mayoría fracasas más de las que aciertas. Y escribiendo un libro muchas veces nosotros volvíamos a corregirlo y a articular diferente lo que decíamos y a encontrar el valor de poder mostrar la corrección. En mi primer sueño del libro había una idea, muy difícil de realizar a nivel editorial porque volvería muy costoso el libro y lo vuelve inaccesible. Entonces prefiero que no también. Al final termino diciendo está bien que no sea un libro excesivamente caro por esta idea, pero a mí me gustaba mucho la idea de que el libro, después de impreso esté impreso con correcciones mías posteriores hechas en tinta roja, tachones, cosas borradas, anotaciones en un borde, unos dibujos, cosas que yo hacía en mis notas de rodaje. El origen de eso. Eso fue evolucionando porque no se pudo hacer. Entonces hubo que tomar una decisión ahí y se volvieron pensamientos. Hay algún tachón. Hay alguna cosa borrada como símbolo de eso, pero en su mayoría son pensamientos a un lado. Vas leyendo y un pequeño pensamiento que se cruza. ‘La suerte del personaje’ y ‘La muerte del personaje’ son cosas que están muy conectadas en todo lo que cuenta el libro. Yo tuve la suerte de que me tocara ese personaje, la gran suerte de que me tocara esa oportunidad. Y cómo eso con el tiempo va llevando a unas muertes simbólicas a la muerte de ese propio personaje, el personaje que un día nace, quedaste en el casting, nació el personaje. Ahora está en tu sangre, como decía un docente, ahora es parte de vos, de esa responsabilidad y nació el personaje. Aprendes quién es, como camina, como habla, como es, como todo, nace. Lo vivís, vivís toda la vida del personaje lo que dure el rodaje. Y un día, en mi caso, muere, muere en set, pero siempre mueren porque un día hay que dejarlos y no los vuelves a actuar en cine. Ese duelo, ese momento de duelo, a mí me lleva un rato asimilarlo. Pequeño momento, unos días donde todo parece perder un poquito de sentido para mí. Cuando lo digo, también me siento absurdo. Hoy que me escucho diciendo esto me siento absurdo. Pero claro, en el momento se siente como duelo y aunque sea un duelo ficticio, pasa en el cuerpo y se siente en el cuerpo, entonces se vuelve innegable. ¿Y cómo hago con eso?
57:53
Enzo Vogrincic. Es la cosa. ‘La muerte del personaje’ tiene mucho juego. Está la muerte de Enzo antes de…, si puedo hablar de mí en tercera persona. Es como esa muerte simbólica una vez que pasas al reconocimiento. Eso que fuiste parece morir y quedar en un lugar donde ya no lo podría parecer recuperar. Está la muerte del personaje que interpreto, y todo el proceso que conlleva hacer un personaje que sabes que un día va a terminar. Y después está la muerte de un personaje ficcional, una versión de uno que se crea a partir de estas alfombras rojas, a partir de las fotos, a partir de estas conversaciones también. Que es una parte de uno y que es la parte que la gente puede acceder a través de su celular o cualquier pantalla y que no representan nunca jamás la totalidad de una persona. Es solo una parte. Pero esa parte genera una mezcla extraña entre lo que es el personaje y lo que es uno que la gente empieza a creer. Y te empiezan a hablar desde ese lugar. Y a veces me pasa que me hablan y, como yo estoy acostumbrado hace 30 y pico de años a saber cómo la gente me habla, que de repente venga alguien y me hable como desde un lugar que no reconozco, no sé a quién le está hablando. Y ahí empiezo a reconocer a ese otro personaje ficticio que se crea. El libro intenta sepultar a ese personaje también. No es lo importante mi persona. Ni siquiera lo que me sucede. Hay algo que a mí me gustaría que les quede y que un poco ya lo nombré, pero es el sencillo hecho de descubrir una pequeña pasión, un pequeño gusto por las cosas, por la que sea. Y tener ese valor primero de probarlo. Aunque tu contexto no contemple esa profesión, aunque tus padres, tu entorno, no la entiendan, aunque todo te empiece a decir que es raro eso que estás queriendo hacer o no va para ningún lugar, o no tiene sentido o búscate un trabajo honesto. Aunque pasen todas esas cosas, si uno lo siente y tiene uno esa curiosidad, hacedlo primero por uno mismo. El libro es un intento de eso en sí mismo. Un libro escrito por alguien que no sabe escribir pero que se anima a hacerlo. Aunque será bueno o malo, da igual, eso da igual. Lo importante para mí es el proceso de las cosas, lo que yo aprendo en ese camino. Después, lo que pasa con eso, ya no lo puedo controlar, no nos pertenece y es del otro. Animarse. Animarse, pero animarse a probar primero. Y si uno tiene la oportunidad, por más chica que sea, animarse a hacer, a probarlo una vez y después a ver qué pasa, sin miedo.