COMPARTIR
Generated with Avocode. Path Generated with Avocode. Rectangle Copy Rectangle Icon : Pause Rectangle Rectangle Copy

“La pareja es la escuela de crecimiento personal por excelencia”

Sandra Ferrer

“La pareja es la escuela de crecimiento personal por excelencia”

Sandra Ferrer

Psicóloga


Creando oportunidades

Más vídeos sobre

Sandra Ferrer

Sandra Ferrer es psicóloga experta en apego y trauma relacional, y cofundadora de Programa Mía, un espacio terapéutico dedicado a acompañar a personas que desean comprender y sanar aquello que emerge en la intimidad de sus vínculos.
Desde muy joven, Sandra experimentó de primera mano cómo una pérdida temprana puede moldear la manera de relacionarse con el mundo. La muerte de su madre cuando tenía ocho años marcó su infancia, llevándola a desarrollar un “hiperfuncionamiento” que le permitió sobrevivir, pero que también condicionó su forma de vincularse en la vida adulta. Con el tiempo, convirtió ese recorrido en una fuente de comprensión y propósito.
Hoy su labor terapéutica se centra en ayudar a hombres y mujeres a identificar patrones inconscientes, comprender las heridas de apego y transformar su manera de amar. Convencida de que la intimidad es el escenario donde se activan nuestras huellas más profundas, acompaña a las personas a pasar de la supervivencia a la verdadera vida emocional, integrando vulnerabilidad, conciencia y autonomía afectiva.


Transcripción

00:03
Sandra Ferrer. Hola a todos y a todas. Soy Sandra Ferrer, psicóloga experta en apego y cofundadora de Programa Mia. Es una empresa de psicología especializada en heridas de apego y trauma relacional, que es un tema del que hablaremos hoy. Y a día de hoy nos encargamos de ayudar a hombres y a mujeres a trabajar todo aquello que nos pasa cuando nos vinculamos en la intimidad. Parece como que llevamos nuestra vida normal de cara a adelante, pero en el momento en el que nos vinculamos aparece un material inconsciente que nos molesta. Y antes de empezar con vuestras preguntas, os quería contar una historia. Érase una vez una niña que vivía felizmente con sus padres y su hermano. Y un día su madre enfermó. Y tuvo la mala suerte de que murió cuando ella justo tenía ocho años y su hermano seis. Fue un golpe muy duro para la familia. Era una figura muy importante que sostenía mucho todo el sistema familiar. Y esa niña lo que hizo fue adaptarse lo mejor que pudo a lo que el entorno le pedía implícitamente. Esa niña, curiosamente, nunca lloró, nunca reclamó a su madre, nunca expresó tristeza, nunca dio problemas. Ella era suficientemente inteligente e intuitiva para saber que todo aquello que le estaba pasando iba a ser una molestia para los mayores. De esta manera fue como de forma invisible estuvo ayudando mucho a su padre. Imaginaos ese padre que se queda sin su mujer con dos niños a su cargo, con su duelo y con la crianza de esos dos niños. Esa niña fue creciendo y hubo algo en esa historia que le recortó un poquito la infancia. Y eso hizo que creciera antes de tiempo. ¿Esto qué quiere decir? Que de una manera natural desarrolló una serie de capacidades que la convirtieron en alguien muy resolutiva, muy segura de sí misma, una persona de acción. Era como que era capaz de prever cosas que otros niños o niñas de su edad quizás no preveían. Fue creciendo y, de algún modo, la manera que tuvo de relacionarse con su padre fue de contenerlo ella a él. ¿Qué quiere decir esto? Que en lugar de ser el papá quien contenía todo lo que le pasaba a esa niña, era la niña, de una manera muy invisible, quien contenía a su padre, y sin hacer ruido. Esa niña fue creciendo y tuvo una serie de problemas en sus relaciones de pareja. ¿Qué ocurrió? Que ese rol, que correspondía a su historia de vida, lo reproducía constantemente con los hombres a los que escogía.

03:11
Sandra Ferrer. Eran hombres pues quizás más inmaduros, con dificultades para comprometerse. Hombres que no tenían la claridad o la dirección que ella tenía. Era raro porque ella se repetía: “¿Cómo puede ser que siempre me ocurra esto si realmente yo deseo otra cosa?” El tema es que esa mujer solamente se sabía relacionar desde esta manera. Y curiosamente se sentía súper atraída por hombres pachorra, despreocupados, infantiles, porque era aquella parte de ella misma que no se permitió, que no pudo desarrollar. Esa chica, o esa mujer, fue a terapia y su psicóloga le dijo: “Lo has hecho muy bien. Eres una mujer de híper funcionamiento. Lo haces todo fantástico, eres un diez. Ahora solo te falta una cosa. Has aprendido a sobrevivir. Ahora te toca lo más importante que es aprender a vivir”. Pues esa mujer soy yo. Y os cuento todo esto porque para mí, Programa Mia, es un proyecto autobiográfico. Y curiosamente, la persona con la que cofundé Programa Mia es ese niño de seis años que es mi hermano. Así que estoy muy vinculada a lo que hacemos y estaré encantada de responderos a todo lo que salga hoy.

04:58
Mujer 1. Hola Sandra. Antes las relaciones eran mucho más largas y nuestros mayores siempre nos dicen que es que ahora los jóvenes nos cansamos muy rápido. ¿Tú crees que las relaciones antes eran más sanas?

05:09
Sandra Ferrer. El otro día, bueno, el otro día no, hace cuestión de casi un año entrevisté a Lola López Mondéjar que escribió un libro maravilloso que se llama ‘Invulnerables e invertebrados’ y en este libro explica muy bien la respuesta a tu pregunta. Yo no te puedo decir si antes eran más sanas, porque sí que siento que se tenía que evolucionar. Se tenía que dar paso a un tipo de relación más sana, con más autonomía, con más conciencia. Eso es cierto. Pero sí que es verdad que a nivel sociológico estamos en un momento en el que hay una oda a la alegría. El roce, la fricción que nos genera el vínculo, no nos gusta. Es totalmente natural que cuando alguien ha sufrido relaciones de maltrato, de dependencia, de sometimiento, de sumisión, ¿el péndulo qué hace? Pam, se va al otro lado. Si yo he aguantado lo inaguantable, ahora no voy a aguantar nada. ¿Qué ocurre? Que de una manera natural el péndulo se tiene que poner en el centro. Cuando Lola dice que tenemos esa fantasía de omnipotencia, lo que está diciendo, ¿qué es? No queremos estar en conexión con nuestra vulnerabilidad. No queremos estar en conexión con nuestros afectos. Solamente usamos al otro como objeto narcisista. Hablamos mucho de narcisismo, pero os voy a traer un concepto más psicoanalítico. Cuando utilizamos a alguien como un objeto narcisista, ¿qué quiere decir? Que a través de ti yo pretendo saciar unas necesidades que yo tengo. Te instrumentalizo. Esto, algunas madres y padres lo hacen con sus hijos. Quiero que tú estudies lo que yo no estudié. Evidentemente no se lo relatan así. Presión, presión, presión, presión. Esta carrera, este sitio, esto es mejor, lo otro no nos gusta. El niño, el hijo, se convierte en el objeto narcisista del padre. Eres un complemento para que yo logre sentir satisfacción personal. Por eso las relaciones en estos tiempos son algo más fugaces o mucho más fugaces que antes. Porque el ser humano invulnerable e invertebrado, que no asume que es un mamífero, que todos los que estamos aquí lo somos, por cierto, lo que hace ¿qué es? No se vincula. Lo que hace es picoteo y voy constantemente buscando a una nueva persona que quizás no me friccione. Hay una fantasía inconsciente y colectiva de: “Cuando llegue la persona yo voy a estar bien, no voy a sentir ni esto ni lo otro, ni lo de más allá”. Nuestros mayores probablemente no partían de esta base. Buscaban el crecimiento, la construcción y también una parte de sacrificio y de co-construcción de una relación. Ahora está de moda decir: “Yo hoy te quiero, mañana no lo sé.

08:23
Sandra Ferrer. Lo que sí que te quiero decir es que hoy te quiero”. Y todos: “¡Ue, bien, es verdad! No podemos prometerle a nadie que lo vayamos a querer la semana que viene, porque yo no sé cómo me voy a sentir la semana que viene”. Ya, pero el compromiso tiene que ver con: “Voy a poner esa voluntad de seguir contigo”. Imaginaos que cualquier trabajo que tengamos, firmamos y decimos: “Oye, igual yo el lunes que viene no quiero venir”. No te van a contratar. Claro que no te van a contratar. ¿Me explico? Entonces es importante que entendamos que somos mamíferos, voy a tirar de este hilo. Y como dice Mario Salvador: “La conexión es un imperativo biológico”. Y voy a poner el ejemplo de las pantallas. ¿Cuántas personas empezaron a tener un estado de ánimo más bajo e incluso tendencias a la depresión en la época del confinamiento? Porque intentaron sustituir las relaciones sociales con pantallas. El ser humano no está diseñado para eso. Al igual que tenemos calor a 50, 45 grados y tenemos frío cuando estamos a -10, es lo mismo. Somos una máquina, entendedme. Con unas características, con un manual de instrucciones y necesitamos intimidad y vínculo. Otra cosa es que nos hayamos construido un caparazón en el que voy picoteando. Hay muchos solteros en pareja. ¿Eso qué quiere decir? Tengo pareja, pero no me acabo de vincular. O enlazo muchas relaciones de poca duración. Porque para mí, poner en el saco de una persona todas mis necesidades afectivas, sexuales, emocionales, familiares, eso me asusta. Yo quiero ser invulnerable. Entonces, como instintivamente tú sabes que no lo eres, lo que vas a hacer es crear una pseudo realidad que te prepare para nunca poderte pillar los dedos.

10:45
Mujer 2. Sandra, gracias por estar con nosotros. Yo te quería preguntar si las personas que sufren varios fracasos amorosos es mala suerte o tiene algo que ver con ellas.

10:55
Sandra Ferrer. Me encanta esta pregunta. La respuesta puede ser muy amplia. He puesto un muy buen ejemplo con mi historia. Y la primera cosa que tenemos que entender es que el cerebro es predictivo y desde que nacemos, a raíz de las experiencias que nos van pasando, vamos generando esquemas de la realidad. Nos interesa crear teorías para tener la seguridad o un cierto control sobre la vida. No podemos estar todo el rato con la tabula rasa. Entonces dijéramos que somos el resultado biopsicosocial de todo lo que hemos vivido. Cuando tú te vinculas con alguien, tú estás proyectando aquello que en algún momento de tu vida te faltó. Hay incluso pacientes nuestros que nos dicen: “Pero si a mí no me ha pasado nada terrible”. Y ahora sabemos que no solamente es importante que te haya pasado algo terrible, sino que muchas veces la huella traumática se da por lo que necesitaste y no obtuviste. Imagínate que yo he estado en el seno de una familia en la que se me ha dado cobijo, se me han llevado a las mejores universidades, han habido horarios estrictos, se me ha cuidado siempre. Había una logística impecable. ¿El tema cuál era? Que si había algún día en el que yo había tenido un conflicto con algún compañero o compañera del colegio y yo me sentía triste, imagínate que yo llegaba a casa y cuando mi madre me veía en el rostro esa melancolía, esa tristeza, esa preocupación, en lugar de decirme: “¿Todo bien? Te noto triste. ¿Quieres contarme algo?” Imagínate que en lugar de eso te decía: “¿Ya estás otra vez con tonterías?” Como niña, esto es súper importante que se entienda. No tienes la capacidad de poner en tela de juicio el hacer de tus padres. El niño nunca va a odiar a sus padres, va a dudar de sí mismo. Si esa figura no me da lo que yo necesito, en ningún caso voy a cuestionar a mi padre o a mi madre. Voy a sentir que lo que yo siento, lo que yo he hecho o mi manera de estar en el mundo está mal. Por tanto, como niños lo que más queremos es que nos quieran, lo que hacemos ¿qué es? “Ah, ok, lo he entendido, lo he entendido implícitamente, busco una manera de obtener amor”. En este ejemplo que os he puesto, ¿cuál es la manera? Si tengo sentimientos de tristeza es mejor que los disimule porque mi madre o mi padre sienten rechazo hacia todo eso que siento. Por tanto, empiezo a silenciarlo. ¿Qué ocurre? Que tú vas dejando todas esas emociones y todas esas necesidades no cubiertas en un sótano. Imaginaos el sótano de una casa. Lo guardas, lo guardas, lo guardas y tú vas configurándote, vas desarrollándote como persona, tienes tu trabajo, tus amistades…, y de repente un día te vinculas y ¿qué ocurre? Que escoges a una persona que invalida lo que sientes. Y tú buscas en esa figura lo que en su día te faltó. Hablamos de la experiencia faltante. Proyectamos en la pareja todos aquellos anhelos y todas aquellas necesidades que no se cubrieron. Y sobre todo, importantísimo, el hecho de que tú obvies esa necesidad, el hecho de que esté en el sótano, no quiere decir que eso vaya a desaparecer. Nunca desaparece. Se adormece. ¿No os ha pasado alguna vez que estáis felices en vuestras vidas y al vincularos con alguien sentís una vulnerabilidad que antes no estaba? Es como si de repente perdiera mi fuerza. Me siento como un niño, como una niña. ¿Qué me está pasando?

15:11
Sandra Ferrer. Si yo estaba tan tranquilo, tan tranquila en mi casa. ¿El tema cuál es? Que probablemente a través de la relación estás conectando con lo que tú tenías en el sótano. Y por eso, hoy en día está muy de moda la soledad. Es algo que se aplaude, la autonomía, el empoderamiento de uno mismo, el sentido del yo. Eso es maravilloso. Pero muchas veces eso guarda un mecanismo de evitación. Porque cuando no me vinculo, no siento el roce. La cicatriz no la noto. Por tanto no me doy cuenta de que hay algo en el sótano que tengo que ir a visitar. Muchas veces cuando alguien nos toca lo que está en el sótano escondido, lo queremos soltar. “Si esta persona me despierta eso, quiere decir que no es para mí”. Probablemente no lo sea. Luego, si queréis, ampliamos esta información. Pero sí que es cierto que no todo lo que te despierta esa persona tiene que ver con esa persona. Esa persona es una proyección de muchas cosas que te faltaron. Y ese niño o esa niña herida que está en el sótano, como os he dicho antes, no por estar en el sótano se le pasan las ganas de ser escuchada, ser consolada, ser atendida. No se le pasan esas ganas. Hay una fantasía colectiva de: “Si no miro algo se me va a pasar”. Esto no es un dolor de cabeza. Es probable que no se te pase. Puedes obviarlo, pero sigue estando ahí. Y otras personas de tu vida, también pasa con figuras de autoridad con las que proyectamos también esa falta, pueden despertarnos ese tipo de material inconsciente. Y por eso decimos que la pareja es la escuela de crecimiento personal por excelencia. Porque el nivel de intimidad que se genera es tan grande que tiene la capacidad de ponernos en contacto con aquello de lo que no queremos saber nada. A esto le llamamos partes exiliadas. Estas partes heridas son desagradables, son vergonzosas. Imaginaos esa niña que vuelve del cole y su madre la avergüenza por sentir tristeza. ¿Qué hacemos? Vamos creciendo. Somos funcionales. Esto significa que tenemos trabajo, una casa, amistades, hobbies, ocio. Pero seguimos buscando aquello que nos faltó.

18:05
Mujer 3. A veces nos duelen cosas y no sabemos si es producto de nuestra imaginación o si es un problema real de la relación. La pregunta es: ¿hasta qué punto debemos mantener los pies en el suelo? O ¿cómo identificar si es un problema real o la imaginación nos está jugando una mala pasada?

18:24
Sandra Ferrer. Vamos a introducir un término muy usado en las terapias con heridas de apego, y es el concepto de ‘flashbacks’. De repente, frente a una sensación, relación, olor, sabor, dinámica actual, mi biología, todo mi sistema nervioso se pone a relacionar con cosas que me han pasado anteriormente. Esto es tan rápido que tú confundes muchas veces lo que está pasando ahora con aspectos que se repitieron mucho antes en tu historia. Estoy hablando de que dentro de nosotros hay lo que llamamos una memoria implícita. ¿Qué quiere decir esto? Que igual yo estoy en el trabajo y tengo a unos compañeros que se van a comer a las 14h a un bar de menú de abajo y, por lo que sea, ese día yo estaba en una llamada y no me esperan y en lugar de decirme: “Oye, vamos tirando”, ellos van tirando y yo me siento fuera, fuerísima, rechazada, ninguneada, no tenida en cuenta. Llego a mi casa con un nivel de ansiedad apabullante. A todo esto tengo 42 años. Se lo explico a personas de confianza y la gente de mi alrededor me dice: “Tampoco es para tanto, ¿no?” Claro, no es para tanto en relación a lo que ha pasado ahora. ¿El tema cuál es? Que la memoria implícita me está llevando a muchas situaciones que ocurrieron en el pasado. Y hay una parte de mí que ha quedado encapsulada en eventos del pasado. Es como si de repente yo me quedara atrapada. ¿Cómo podemos saber que estamos de alguna manera yéndonos hacia otro lugar? ¿O cómo podemos saber si nuestro pasado está tiñendo nuestro presente? En primer lugar, cuando las reacciones son desproporcionadas. ¿Nunca os ha pasado que hasta vosotros mismos habéis dicho: “Yo no entiendo cómo me puedo sentir así. O sea, yo racionalmente sé que esto no tiene tanta importancia, pero la magnitud de lo que yo estoy experimentando a nivel emocional es de un 11”? Primera señal. Segunda señal, cuando sientes que estás con actitudes que tienen que ver con una etapa anterior de tu vida, reacciones, maneras de contestar, de responder. Todo esto te puede hacer saber que estás yéndote hacia otro lugar. ¿Cuál es el problema? El problema es cuando tú no has tomado conciencia de cuál es ese patrón o eso que te activa.

21:24
Sandra Ferrer. Hay situaciones que nos activan. A lo mejor a ti, por ejemplo, tus compañeros te hacen lo mismo que me hicieron a mí y a ti te da igual. Y les dices: “Hey, hola chicos, ¿qué tal? ¿Qué pedís de primero?” Y te quedas más ancha que larga. Pero a lo mejor a ti te activa otra cosa. Cuando algo se repite varias veces también es un buen indicador. Por eso es importante que no solamente leamos libros, sino que nos preguntemos: ¿qué me ha pasado ya varias veces? ¿En qué otro momento de mi vida yo me he sentido así? ¿En qué otros eventos, situaciones? ¿Con qué otras personas yo he sentido lo que estoy sintiendo ahora? Hay estudios que dicen que cuando tú vives desde la suspicacia o con un sistema nervioso alterado, frente a un rostro neutro, tú percibes incluso que hay enfado, que hay violencia. ¿Esto qué quiere decir? Que no estás relajado, no estás relajado. Siempre tendremos el: “Ya, pero”; “sí, pero”. Esto es muy propio de la herida de abandono. “¿Pero cómo puede ser que estés tan mal?” Te dice tu amiga. “Pero si te ha dicho que te quería ver”. “Sí, pero ha tardado mucho en responderme”. Ya, pero fíjate que esto es muy fácil de decir y muy complicado de hacer. En la herida de abandono, de algún modo es como si tuviéramos un colador en nuestro corazón. Cada día, la persona con la que nos vinculamos necesita ofrecernos muchas muestras de cariño, necesita darnos mucha, mucha seguridad y muchas evidencias de que nos quiere, de que somos importantes para él o para ella. Y esa persona, de una manera inconsciente, siente que lo que le estamos pidiendo es demasiado. Porque es real, es demasiado. Acordaos que estamos atrapados en el paraguas del pasado. Le estamos pidiendo no solamente lo que necesita nuestra yo o nuestro yo de 40 años, sino que le estamos pidiendo todo lo que aquel niño del sótano estuvo sin obtener durante tantos años. Y ese niño ahora dice: “Ahora tú, ahora tú me lo vas a dar. Yo no quiero aguantar más, yo no quiero esperar más. Ahora ha llegado mi momento”. Y hay un niño exigente que deposita demasiadas expectativas o un exceso de demandas en una persona que se asusta, que le viene grande. Esa persona dice: “Oh, wow, me está pidiendo mucho. ¿Si yo ayer estuve súper a gusto con esta persona, cómo puede ser que el contador se haya puesto a cero?” Porque esa persona está reaccionando desde la herida. En este caso una herida de abandono. El colador siempre va a hacer que todo lo que recibo se filtre y nunca tenga la seguridad de que esa persona realmente quiere estar conmigo.

24:46
Mujer 4. Hola Sandra, muchas gracias por tus palabras. Me parece que cuando tenemos una mala experiencia en una relación, tendemos a no fiarnos de nadie y no querer iniciar ninguna relación nueva. Mi pregunta es: ¿cómo podríamos superar este tipo de mecanismos de defensa?

25:06
Sandra Ferrer. ¡Qué importante lo que dices! De hecho, esto que preguntas es la demanda número uno en nuestros procesos terapéuticos. Hay una parte de mí que anhela amor. Hay otra parte de mí que no se fía. Hay partes que están opuestas. Cuando alguien nos hiere, ¿qué hacemos? Ponemos una capa de defensas por delante. Imagínate que mi mecanismo de defensa es cobijarme en los éxitos profesionales. Quiero ser la mejor en mi trabajo. Soy súper perfeccionista. Soy súper curranta. La única manera que yo tengo ahora de obtener amor y atención es a través de mis logros. Imagínate que desarrollo también otras defensas que tienen que ver con la evitación. Como en el pasado necesité tanto amor y nadie me lo dio, ahora me desconecto de ese amor que sigo necesitando, me disocio, esto quiere decir que de la cabeza al cuerpo nada que ver, y niego esas necesidades que yo tengo. Porque es tan duro tener una necesidad y no encontrar a nadie que la satisfaga que prefiero desconectarme de ellas. En aquel momento, en aquellos momentos, vamos a hablar de varios, porque hemos dicho que la huella traumática no solamente es un evento importante, sino que son muchas situaciones en las que yo me sentí no visto, no querido, no escuchado, no amado. En ese momento fue adaptativo. Es decir, tenía razón de ser. Si yo, por ejemplo, me crío en el seno de una familia en la que somos ocho hermanos, veo que mis padres tienen tantísimo trabajo que es imposible que me escuchen, yo lo que no voy a hacer es pedir, pedir, pedir. Oye, pues muy bien, yo aprendo a jugar solo, me las apaño, dejo de estar conectado a mis afectos y así sobrevivo. Por eso en terapia lo más importante es que nos reconciliemos con esa parte defensiva. Esa parte defensiva realmente tenía una función muy válida. Fue la mejor manera que tú pudiste o supiste de sentirte bien, de sobrevivir. ¿Qué ocurre? Que muchas veces la propia persona rechaza esa parte. “¿Es que cómo puede ser que yo me ponga tan rígida cuando conozco a alguien? Si yo soy súper cariñosa”. Claro, porque hay una parte protectora, una defensa o una guardiana que está custodiando la puerta de tu corazón y te dice: “Aquí no va a entrar nadie. Acuérdate la última vez lo que nos pasó. No vamos a permitir que aquí te vuelvan a hacer daño. Porque mi objetivo”, te dice la guardiana o la parte protectora, “es que no visitemos el sótano.

28:19
Sandra Ferrer. ¿Te acuerdas de eso?” Y tú dices: “Ah, ok, vale, perfecto”. Es muy importante que nos reconciliemos con los protectores. ¿El tema cuál es? ¿Verdad que cuando os bajáis una app eventualmente os la hacen actualizar? Pues esto es lo mismo. “Vale, ok. En su día me serviste, me ayudaste. Genial. Ahora no tiene sentido que sigas custodiándome de la misma manera. Lo has hecho genial, pero bájale dos, bájale tres, bájale cuatro”. Porque eso que en su día fue adaptativo ahora ya no lo es. Y ya no tiene una función que te ayude a sobrevivir, más bien te está impidiendo vivir. ¿Cómo lo hacemos esto? Hay una parte de nosotros y de nosotras que le llamamos el yo testigo, el yo observador. Me aparto un poco. Sobre todo es importante que dejéis que baje el soufflé porque cuando la herida se activa, es muy ruidosa. ¿Esto lo sabéis, verdad? Es desagradable. Es incómoda. Ok. Que baje el soufflé. Y hay una parte de ti que se pone a observar y dice: “Oh, ¡wow! Se me está activando fuerte la herida de abandono. ¡Oh, wow! ¿Cómo me doy cuenta de cómo mi parte evitativa que me intenta proteger se está precipitando? Estoy dejando una relación antes de saber si realmente funciona, no funciona. Estoy viéndolo todo”. Esa parte, el yo testigo, el yo observador, es muy importante que la desarrollemos porque es una parte muy sabia, muy neutra. Es una parte incluso que ya estaba viva en nosotros antes de que todos los acontecimientos de nuestra vida nos estuvieran dejando huellitas. Es una parte muy esencial y tiene que ver con la parte más verdadera. Pero cuando hay tantas capas de heridas, fijaos primero está en el núcleo duro, la esencia. Conforme vamos teniendo experiencias, la segunda capa es la herida. La tercera son las defensas. Tú no quieres que una persona que no te conoce de nada te vea la parte esencial. Ni siquiera quieres que te vea la herida. Claro que no. Por eso estamos en un interminable de: “Quiero intimidad. Me muero de ganas de enamorarme, me muero de ganas de una relación en la que esa persona me acepte tal y como soy, pero a la vez no me muestro”. Vamos a activar ese yo testigo. Vamos a reconciliarnos con esos protectores y esas defensas. Vamos a ponerles nombre. Vamos a diferenciar lo que es mío, de lo que es tuyo. Cuando yo pongo todo en el otro, lo que estoy haciendo es huir del dolor. Este mecanismo es muy útil. Cuando yo estoy luchando por una relación, cuando yo estoy evitando constantemente una relación, yo no estoy en el vínculo. Mucha gente me dice: “Pero Sandra, yo sí que estoy en el vínculo. Yo siento mucho dolor. Tú sabes lo que es estar en una relación en la que no me siento importante, no me siento escuchada”. Sí, pero estás hablándome de la relación. No me estás hablando de la niña del sótano. Utilizamos lo que no funciona en las relaciones actuales para no visitar las partes exiliadas.

32:00
Sandra Ferrer. Un día dices: “Vale, ok. No voy a huir más. Voy a soltar”. Y en ese momento te encuentras con una parte muy dolorosa que es esa parte que hemos estado escondiendo.

32:27
Hombre 1. Hola Sandra. Quería preguntarte cómo podemos hacer para no salir lastimados, incluso sin darnos cuenta, cuando nos enamoramos.

32:35
Sandra Ferrer. No se puede. No se puede. Lo que te vengo a decir es que el amor implica riesgo. Y comprender esto es la base de todo. Muchas personas quieren tener un abdomen fuerte comiendo cosas no saludables y sin entrenar. No se puede. Bueno, a no ser que la genética la tengas maravillosa. Esto es una fantasía que tenemos. Y esto lo enlazo con lo que comentábamos al principio de las preguntas. No puedes intimar con un caparazón así. No puedes sentir la piel con dos jerséis de lana encima. ¿Es más probable que sientas placer sin los dos jerséis de lana? Sí. ¿Es más probable que sientas dolor sin los dos jerséis de lana? También. Muchas de las personas que han sufrido muchos desengaños, lo que hacen es congelarse. De repente, la sensibilidad se adormece. Esto es algo que es muy frecuente. Por eso una de las demandas también más grandes que hay es: “No me enamoro. Yo quiero, pero es que no me pasa. Es que no hay nadie que me estimule”. Cuando nadie te enamora, pasa mucho tiempo, nadie te mueve, hay que empezar a observar si estás bajo los efectos de una desconexión emocional o un exceso de defensas. Yo tenía un amigo que le costaba mucho enamorarse y recuerdo que un día me lo encontré y me dijo: “Pues mira, estoy con una chica”. Y le dije: “Ay, qué bien”. Digo: “¿Y cómo ha sido? Porque tú comentabas que no había nadie, que no aparecía nadie…” Y me dice: “Me pilló con las defensas bajas”. Y por eso es importante el no ponerle intención a las cosas. ¿Qué quiero decir con esto? ¿No os ha pasado alguna vez estar en el trabajo o estar en X entorno y, sin daros cuenta, hay una persona que nunca os hubierais imaginado que os llamaría la atención? Que de repente os empieza a despertar cosas. ¿Por qué? Porque no lo pretendías. Yo siempre digo algo: “La mejor manera de hacer amigos es cuando no los quieres hacer”. Yo recuerdo una época en la que quería hacer amigos en el gimnasio. Quería hacer amigos en el gimnasio. Ni uno. De repente lo solté. Y ahora tengo un grupo maravilloso. Y no lo busqué. Estaba relajada, estaba en calma. Dicho de otro modo, hay diferentes estados, ¿no?

35:40
Sandra Ferrer. De hecho, en nuestras terapias, cuando empezamos, una de las preguntas que hacemos es: “¿Cómo vienes hoy a sesión? ¿Activado, desactivado o en calma?” Activado sería movilizado. Hiperactivado ya sería cuando estamos en lucha o huida. En calma, espero que ahora os sintáis en calma, en calma es un estado en el que, bueno, me siento vivo, evidentemente, pero me siento relajado, me siento seguro, me siento confiado, me siento confortable. Y desactivado es cuando directamente te desconectas, estás viendo Netflix, hipoactivo… No estás en la vida, estás adormecido, estás anestesiado. Sabéis el típico día que salís de un trabajo súper estresante y decís: “Es que estoy aquí en la cabeza, es que no me siento”. La única manera de conectar con las personas es cuando estamos en ventral, que es en calma. Ahí es cuando nos volvemos creativos, espontáneos, entusiastas, cariñosos, confiables, confiados, nos volvemos risueños, nos volvemos bromistas. La gran idea que os quiero transmitir es: “No hay garantías. En el amor nunca hay garantías”. Por eso es importante que esa parte protectora no la tiremos a la basura. Esa parte protectora, sí que es verdad que podemos dialogar con ella. “Mira, parece ser que ahora tenemos más recursos de afrontamiento. Hemos crecido. ¿Qué te parece si te echas un poquito para atrás? No necesito tanta rigidez ya, o no necesito ser tan fría. Ahora me he identificado con una parte más tierna y me siento más preparada para entrar en relación siendo más tierna. No necesito tanta dureza como antes porque tengo más herramientas que antes para, si me lastiman, poder sostenerme, para no desmontarme”. Esa es la gran verdad. El objetivo del ser humano no es que nunca nadie me vaya a dañar. Yo qué sé si me vais a dañar, no lo sé. No te conozco suficiente. Lo que sí que sé es que ahora tengo la capacidad de exponerme suficiente como para que me conozcas y retirarme cuando eso sea dañino para mí. Y esa es la gran seguridad interna de entrar en relación desde ese autoapoyo.

38:51
Mujer 5. Hola Sandra. Cuando hablamos sobre relaciones escuchamos términos como ‘ghosting’ o ‘gaslighting’. ¿Qué significan estas palabras?

39:02
Sandra Ferrer. ¿Empezamos por ‘gaslighting’? ‘Gaslighting’ viene a ser una manera de manipular. Es manipulación velada, manipulación silenciosa, manipulación invisible. Se da cuando una persona te hace dudar constantemente de tus percepciones, tus sensaciones, tu punto de vista e incluso de tu salud mental. Te despoja de la seguridad en ti. Te dice: “Lo que tú estás sintiendo no tiene razón de ser, es una locura o es una exageración”. Esto cuando pasa un día bueno, todo el mundo le puede ocurrir. Oye, hay diferentes puntos de vista. Las relaciones tienen contratiempos. Hay diferentes puntos de ver la vida. Pero cuando es un degoteo constante, ¿qué ocurre? Que la persona que recibe este trato empieza a decir: “Uy, a ver si va a ser verdad esto que me está diciendo”. Imaginaos que yo tengo una pareja que es muy celosa y me dice: “¿Te has pasado, no, hoy?” “¿Por?” “No veas la coba que le has dado al de la cafetería”. “¿Qué dices?” “Sinceramente, es que me parece una falta de respeto que delante de mí te pongas a pavonearte de esta manera”. “Pero, pero, pero si solamente le he pedido un café y le he hecho una broma porque su madre da la casualidad de que va al mismo pueblo que mi tío, fin.” Esto es un ejemplo. Realmente yo tengo la convicción de que yo no he coqueteado con nadie. Pero empiezo a notar que la otra persona me está acusando de algo que yo siento que no he hecho. La doctora Robin Stern lo explica en su libro y dice que no se puede dar ‘gaslighting’ si no hay dos piezas. Lo llama tango. Es un baile. Para que haya ‘gaslighting’, volviendo un poquito al ejemplo que os he puesto, tiene que haber una persona que quiera subordinarte y te diga que lo estás haciendo mal. Es una persona que normalmente no sabe generar relaciones simétricas. Necesita colocarse arriba. Necesita controlar. Necesita machacarte. Esa es otra defensa. Necesito estar por encima de ti. Necesito decirte que lo haces mal para así sentir poder. Porque en una relación de igual a igual me siento nada. Tiene que haber esta parte, pero luego tiene que haber otra que es una persona que necesite la aprobación del manipulador.

42:02
Sandra Ferrer. ¿Cuál es el error número uno en ‘gaslighting’? Intentar que la persona que te manipula te compre tu versión. Es decir, si a mí me está diciendo esta persona: “Has coqueteado”. Y cuando no es que has coqueteado me dice: “Es que hablas demasiado. Es que ocupas todo el espacio”. “No verás, pero es que me han preguntado, pero ¿qué estás diciendo?” Nada. “Me gusta hablar. Me siento cómoda. Soy una persona sociable”. Se acaba. Es muy importante que siempre tengamos a la vista personas que sean interlocutores válidos. ¿Interlocutores válidos qué quiere decir? Personas de tu entorno que tengan criterio, a las que les puedas explicar objetivamente algo, que no te juzguen y que te digan: “Oye, mira, honestamente, yo aquí veo esto o lo otro”. Cuando tú a tus interlocutores válidos les dejas de contar cosas, ahí te está dando información valiosa de que tú estás escondiendo algo. De que tu sistema ya sabe que estás en una relación turbia. El ‘ghosting’ es cuando alguien desaparece del mapa sin dar ningún tipo de explicación, cuando estabais teniendo una relación ya sea inminente, ya sea casual, ya sea de tiempo largo. El ‘ghosting’ es violencia. Sé que está muy de moda que nos responsabilicemos. De hecho, todo mi discurso es responsabilízate de tus heridas. No le hables al otro desde la herida. No le hables al otro como si fueras el niño del sótano. Háblale desde un adulto ponderado que puede ver con claridad todas las partes que habitan en ti. Porque de esta manera no vas a volcar en el otro todo el arsenal que llevas a cuestas. Que la mochila va cargada. Pero sí que es cierto, que tengas la historia que tengas, cuando alguien desaparece es un acto de violencia. Y es importante que lo verbalicemos. Cuando alguien hace esto, cuando alguien desaparece, normalmente son personas que cumplen una serie de criterios. Y creo que es importante saberlos. En primer lugar, son personas que no pueden sostener la intensidad emocional. ¿Alguna vez habéis ido a algún entierro y os ha dado apuro, mientras entrabais, ver a la persona que ha perdido a un ser querido? Es como que vas con alguien y es como: “No, pasa tú antes”. “No, es que claro, no te quería agobiar. Bueno, no te he llamado porque te quería dejar tu espacio”. Normalmente eso es falso. El relato auténtico es: “Me da miedo ver tanto dolor, no puedo, no sé como actuar”. ¿Qué quiero decir con esto? Que la persona que hace ‘ghosting’ es una persona que no puede sostener intensidad emocional. Todos sabemos que hay situaciones, hay conflictos que evidentemente son más densos de sostener, de aguantar. ¿No? Es mucho más fácil bromear o compartir una copa de vino o hablar de lo que has hecho hoy en el trabajo que no de: “Mira, estoy teniendo dudas sobre lo nuestro.

45:28
Sandra Ferrer. Realmente siento que hemos empezado muy rápido y ahora me está dando vértigo. Y quiero compartirlo contigo, porque realmente cuando yo empecé, yo tenía ganas de conocerte y me sentía preparada para tener una relación. Pero conforme hemos ido avanzando me he dado cuenta de que no lo estoy. Y prefiero serte honesta porque creo que después de lo vivido lo merecemos. Y tú también lo mereces”. Chapó. Perfecto. O sea, realmente tú no puedes culpar a nadie porque deje de sentir algo. ¿Me explico? Pero esa persona no puede porque evidentemente este speech tiene mucha densidad, mucha intensidad. Esa persona con esa inmadurez emocional no está preparada para sostener eso. Luego son personas con cierta irresponsabilidad o con mucha irresponsabilidad. Yo emito conductas, pero luego no me hago cargo de las consecuencias que tienen mis conductas. Yo te digo que te adoro, que quiero tener hijos contigo, pero luego, cuando de repente veo que no, no asumo las consecuencias de aquel mensaje que yo te he dado. Cuando tú tienes X conductas, tienes que responsabilizarte como adulto de aquello que tú has entregado. Todo lo que tú emites, verbal o no verbalmente, tiene unas consecuencias en cualquier vínculo que tú generes. Y eso es responsabilidad emocional. Yo me leí un libro precioso de Eva Illouz que se titula ‘El fin del amor’. Y ella explicaba algo así como en esta época tan digitalizada, en la que hay tantas opciones sobre la mesa, es más fácil ‘ghostear’. ¿Por qué? Porque cuando vivíamos en un pueblo, Instagram era la plaza del pueblo. Tú no mirabas las redes sociales, tú te ibas a misa el domingo o te sentabas en la plaza del pueblo. Ahí se sabía todo. No había 800.000 opciones, había cinco. Una de ellas ya estaba pillada, el otro le faltaba X, los otros dos eran majos y este no te gustaba. Pues te quedaba uno, por ejemplo. ¿Qué ocurría? Que tú te jugabas la reputación si tenías este tipo de conductas. Si tú ‘ghosteabas’ a una moza del pueblo, eras señalado públicamente. Eras repudiado: “Mira lo que le ha hecho”. Ahora todo es como: “Bup, puedo desaparecer cuando quiera”. Y el valor de la nobleza, del honor, se ha ido perdiendo porque nos hemos ido de alguna manera borrando por la cantidad de opciones y de estímulos que hay. Somos anónimos.

48:50
Sandra Ferrer. Ojalá no lo fuéramos, porque seguramente si esa persona sintiera que no puede acceder a ninguna otra mujer o a ningún otro hombre porque ya le han señalado, probablemente el próximo día se guardaría de desaparecer.

49:16
Mujer 6. Buenas Sandra, estoy muy agradecida de estar aquí escuchándote y quería plantearte lo siguiente: creemos, o muchas veces hemos escuchado aquello de “el amor llega cuando menos lo buscas”, ¿pero por qué cuando más queremos vincularnos, o cuando más nos gustaría tener a alguien a nuestro lado, más tarda en pasar?

49:40
Sandra Ferrer. Desear tener pareja está genial. Está genial. No os voy a contar ese discurso tan manido de: “No tienes que necesitar, no tienes que querer, porque eso quiere decir que estás desde la falta…” No, escucha, que tú quieras una pareja está maravilloso. Perfecto. Chapó por ti. Y además que te atrevas a verbalizarlo en estos tiempos en los que el individualismo y la autonomía exacerbada son aplaudidos. Eres original. La palabra necesitar se ha demonizado. Os lo digo, necesitamos vínculos fuertes. Las personas más felices y más nutridas son personas que tienen un núcleo duro de relaciones significativas. Esto se ha demostrado. Esta es una de las partes importantes. Por tanto, cuando tú deseas algo, hay un deseo. Y luego hay otra cosa, que viene un poco después, que es cuando estás muerto de hambre. Cuando tú tienes tanta necesidad, el otro la huele. Y el otro no quiere ser el objeto narcisista a través del cual tú sacies al que está en el sótano. Porque lo ideal sería que invitaras a esa parte exiliada, a ese niño que está en el sótano a merendar. “Mira, te voy a invitar un día a merendar y me vas a contar todo lo que no me has contado durante todo este tiempo. ¿Porque sabes qué pasa? Que veo, que como no te he escuchado, estoy depositando demasiadas expectativas en los demás. En mi madre, en mi pareja, en la pareja que no tengo, en mis compañeros de trabajo. Tal vez tenga que dialogar contigo”. Cuando tú empiezas a hacer este proceso, el encuentro con el otro no es tan desesperado porque te das cuenta de que hay una parte que te corresponde a ti. Luego hay otra que os corresponde a ambos, que es la co-construcción de la pareja. Y luego hay otra parte que es la que le corresponde a él o a ella. ¿El tema cuál es? Que tú, todas las partes, venga tu. Y la otra persona, intuitivamente, se siente en deuda contigo. Cuando hay una persona que tiene mucha necesidad, normalmente lo entrega todo. Cuando lo entrega todo se queda sin nada y al otro que le entrega todo lo empacha. ¿A alguien le gusta que le den más de lo que él puede dar? Normalmente no. Vamos a decir no. Porque hay un desequilibrio. Yo me siento cómoda cuando nuestra relación es más o menos equitativa. Si tú me quieres ver cinco veces a la semana, y yo tengo suficiente con una vez al mes, me voy a empachar. No está ni bien ni mal. Simplemente es que ahora mismo lo que tú estás esperando de mí es excesivo.

53:00
Sandra Ferrer. Por tanto, esa es la parte que tenemos que ver. Y hay algo que quiero desmentir. Hay un mito muy extendido que es: “Cuando quieres algo, no llega”. No es verdad. Puedes querer algo y que llegue. El tema es a qué o a quién estoy proyectando en esa pareja. Imagínate que mi vida solo es del trabajo a mi casa, no tengo amigos, no tengo espacios de autocuidado, no tengo hobbies. Claro, quiero que alguien venga y tiña de rosa mi vida porque yo no la sé teñir. Ahí está el problema. Pero desear algo es maravilloso y reconocerlo creo que es un acto de valentía.

54:10
Mujer 7. Hola Sandra, ¿por qué parece que nos enganchamos e idealizamos más a aquellas personas que no nos hacen bien?

54:18
Sandra Ferrer. Porque lo que busca la parte herida es reparar lo que se le resistió en el pasado. Hay algo que ha quedado abierto. Hay algo que ha quedado inconcluso. Hay una fantasía de que el otro me dé lo que se me resistió. Y lo que buscamos es la misma dinámica que nos es familiar, como hemos dicho antes, el cerebro es predictivo. Va creando rutas neuronales. Yo no voy a lo que quiero, yo voy a lo conocido. Pero quiero que lo conocido esta vez acabe bien. Es como si de repente tú te pusieras la película de ‘Titanic’ un día tras otro, tras otro, y quisieras que Leonardo DiCaprio no muriera. Mejor cambia de película. Pero mi cerebro todavía no puede buscar otra película porque no ha procesado suficientemente que estoy buscando peras en un campo de olivos. La inercia, la tendencia, el inconsciente, siempre va a hacer que nos fijemos en personas, uno, que nos recuerden a dinámicas que nos son muy familiares a pesar de que no las queramos. Y hay una parte de nuestro niño, de nuestra niña que lo que busca es: “Quiero que esta vez sea diferente”. “Esta vez sí que me vas a dar lo que necesito”. Lo podemos hacer de diferentes maneras. Puede ser que nos coloquemos en una posición de niño sumiso, complaciendo, diciendo que sí a todo, incluso teniendo conductas indignas de falta de respeto hacia nosotros mismos. O puede ser que nos rebelemos, nos enfademos, pataleemos. Da igual como lo hagas. Al final estás buscando que lo que no te dieron, esa persona sí te lo dé. El cerebro, todo el rato, quiere pasar por aquellas rutas por las que más ha pasado. El cerebro, entre comillas, es vago, no quiere trabajar tanto. Ya se ha creado un esquema de lo que va a pasar. Entonces, lo que busca ¿qué es? Que tú sobrevivas. No busca que tú consigas lo que tú deseas. Y el segundo caso es que nos enamoramos, como decía antes, de aquella polaridad que yo no me he permitido. Yo os contaba antes mi historia. ¿Por qué yo me sentía tan atraída por hombres tan aniñados? Porque mi niñez se ve interrumpida. Las personas, por ejemplo, que solamente cumplen con sus obligaciones, buscan otra persona que las libere. “Busco en ti aquello que me falta a mí”. La manera de trabajar esto es: “Voy a explorar en mí aquella parte que me falta, porque de esta manera no voy a necesitar tanto que otra persona me lo dé”.

57:33
Sandra Ferrer. En el fondo uno está aquí y el otro está aquí. Cuando yo tengo la capacidad de pasármelo bien, de sentirme libre. Ese tipo que llega tarde al trabajo tres veces a la semana: “Ay, es que ya no me atrae, qué casualidad”. Claro, porque ese ingrediente ya has podido cultivarlo en ti y eso te va a hacer mucho más flexible. Este es un trabajo de polaridades.

58:13
Hombre 2. Hola Sandra. Ahora se dice que es mejor estar solo que mal acompañado. ¿Qué opinas tú sobre esta soledad?

58:22
Sandra Ferrer. Mejor bien acompañados que solos. Y creo que con eso respondo muchas cosas. Nos hemos centrado mucho en el: “Mejor solo que mal acompañado”. Sí, ok. Pero cómo nos estamos nutriendo ahora en compañía, sintiendo el calor de las personas que están al lado, yo sintiéndome estimulada por lo que me preguntáis, yo compartiendo lo que sé. Esto me llena el corazón y espero que a vosotros también. De eso se trata la vida, de un intercambio. Cuando tú solamente riegas tu individualidad, hay una parte que está genial, está ok, pero la pregunta que yo os haría es: ¿qué tal llevas además de tu parte individual, la parte de vínculo? ¿Te sabes vincular? ¿Te pierdes en el otro? ¿Te fusionas en el otro? ¿Te pones excesivamente vulnerable cuando el otro te ve? ¿Sabes vincularte? La pregunta que os hago es: ¿qué nota te pondrías del uno al diez en la construcción de vínculos con una persona significativa por la cual sientas amor? Hay muchas personas que nos consultan y nos dicen: “Tengo un máster en autonomía, sé cocinar solo, pasármelo bien solo, sé irme de viaje solo, pero no sé desnudarme emocionalmente delante de otra persona, sostener la ambigüedad de los inicios o incluso de cómo va a ir una relación cuando ya se está gestando, ya está consolidada. No puedo, me pierdo. Hay una parte de mí que se dispara”. Por tanto, la soledad puede ser maravillosa, pero también es un mecanismo defensivo que la sociedad actual, la sociedad posmoderna, está aplaudiendo. Lo que comento tiene mucho que ver con la manera en la que el hombre postmoderno se proyecta ante la vida. Es un hombre que logra objetivos. Es un hombre de acción. Es un hombre que, y una mujer, que incluso tiene muchos quehaceres. Hace muchas cosas. Cumple. Llega el fin de semana, y ¿cuántos de vosotros no habéis tenido tiempo de descansar? Es como: “He hecho tantas cosas, he tenido tanta vida social, tanto ocio, tanto entretenimiento, familia, cosas, cosas, las que sean, que es que no he tenido tiempo de estar así”. Cuando estás así normalmente es cuando empiezas a notar cosas, ¿no? Por eso no nos lo permitimos. Y sí que es cierto que llega un momento, y cada uno que se lo lleve a su terreno personal por si se identifica, en el que llegas a casa y dices: “Ay, he hecho de todo, pero hay un pequeño algo de vacío”. Igual no lo exteriorizas porque no te lo permites.

01:01:44
Sandra Ferrer. Dices: “¿Cómo puedo yo ahora decir que me siento vacío, vacía, si tengo un trabajo que me llena, he tenido un fin de semana súper divertido, me he ido aquí, me he ido allí, tengo personas que me quieren? ¿Qué pasa? Quizás te estás entreteniendo, pero no te estás nutriendo. Y esto pasa mucho también con las relaciones esporádicas. Si no lo notas, no pasa nada. Este mensaje no es para ti. Si lo notas, es que quizás tu cuerpo te está diciendo: “Ok, te has entretenido, ahora ese desazón, ese pequeño vacío, quizás te está indicando que necesitas más intimidad”. Normalmente la soledad es falta de intimidad. Puedes estar rodeado de personas, pero que nadie te conozca. Que tú no puedas ser como tú eres. Y siento que una vida sin intimidad es una vida que a la larga o a la corta, te va a marchitar.

01:03:07
Mujer 3. Hola Sandra. ¿Crees que tenemos solo un amor de tu vida o crees que puede haber alguno más?

01:03:15
Sandra Ferrer. Voy a desmentir mitos. Es muy bonita la idea de pensar que solamente puede haber uno. En determinadas personas es cierto, porque están durante muchos años con una persona y pueden verbalizar, y es real: “Este es el amor de mi vida”. Pero sí que es cierto que hay muchas posibles personas con las que podemos compatibilizar. Y esto es muy bonito decirlo, porque también obedece al momento en el que tú te encuentras. Somos seres humanos en evolución. Y muchas veces tenemos grandes historias de amor, relaciones largas, importantes, transformadoras, con determinadas personas que nos ayudan muchísimo, nos nutren, nos hacen crecer, acaban y ese final es necesario para poder dar con otra persona que quizás me permita explorar otras facetas de mí que con la anterior no he explorado. Por tanto, cada relación es única y exclusiva. Yo siempre digo: “Cada relación es edición limitada y está hecha a medida para que tú experimentes una serie de cosas que tú necesitas experimentar”. Quizás haya un momento en el que sientas que en ese lugar ya no te sientes nutrido, nutrida, ya no puedes crecer, ya no te puedes desarrollar. Fantástico. La buena noticia es: hay otras personas que pueden compatibilizar con tu yo del ahora. A todo esto, recuerdo un día, hace años que estaba en un evento y una chica me dijo: “Ahora estoy con mi pareja”. Yo me quedé a cuadros en aquel momento, pero os lo digo. “Ahora estoy con mi pareja, pero sé que si no estuviera con él no me costaría encontrar mucho a otra persona”. Y pensé: “Mírala ella, ¡qué guay!” ¿No? Era muy pionera. En aquel momento nadie verbalizaba este tipo de cosas. Incluso podía parecer hasta despreciativo para su pareja. Pero ella lo que estaba diciendo es: “Tengo la capacidad de dar y recibir amor. Si con esta persona, por lo que sea, llega un momento en el que no nos entendemos, puede que encuentre a otra”. Y ella ya nos estaba pegando a esta idea de: “Esta es la única oportunidad, la única bala que tengo”. Si fuera así, sería muy limitado todo, ¿no? ¿Cuántas personas? ¿Cuántas configuraciones? Me gusta mucho también pensar que cada mezcla genera en nosotros algo diferente que nos permite conocernos, explorar. “¡Wow! Con esta persona estoy experimentando una polaridad que era súper desconocida para mí. Luego a lo mejor con otra experimento otra”. Diferentes etapas de vida, ¿no?

01:06:28
Sandra Ferrer. Para acabar, recordemos, nuestra biología, nuestra naturaleza. Somos mamíferos, necesitamos conexión, necesitamos contacto, reconciliémonos con la ternura, e incluso con esa sensación de: “Me da vergüenza confesar esto”. ¡Qué bien, qué bien! Eso quiere decir que estás más cerca de los afectos. Qué importante es que dejemos que esa costra se diluya. Sí que es cierto que quedará una ligera marquita. No pretendamos no ser consecuencia de todo lo que nos ha pasado. Todo lo que nos ha pasado, nos ha pasado. Lo que pretendemos es que eso que nos ha pasado no determine todo el rato nuestro presente.