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Emiliano Bruner. Bueno, me gustaría, antes que nada, comentar un tema importante. Yo estoy entre los que piensan que lo que llamamos mente, lo que llamamos cognición, no es el producto del cerebro, sino más bien un proceso que nace de la interacción entre cerebro, cuerpo y ambiente. Quien dice ambiente, evidentemente, en el caso humano se refiere también a la cultura, a la tecnología. Entonces, bueno, esta es una posibilidad. La cognición, la mente, no como producto del cerebro, sino como proceso, flujo de información entre cerebro, cuerpo y ambiente. Este tipo de aproximación suele etiquetarse como teoría de la mente extendida o de la extensión cognitiva. Y bueno, si este modelo está en lo cierto, si esta teoría es acertada, entonces ya tenemos que pensar que nuestros intereses, a la hora de cuidar de nuestra mente, tienen que ir más allá del cerebro. Es decir, no puedo pensar en alcanzar un bienestar cognitivo emocional, intelectivo, intelectual, solamente cuidando el cerebro. Tengo que entrenar el cerebro, tengo que cuidar el cerebro, pero también tengo que cuidar el cuerpo, tengo que entrenar el cuerpo y también tengo que cuidar el entorno, el ambiente. Es muy difícil que trabajando en solo uno de estos componentes logremos llevar a cabo un desarrollo integrado. Siempre habrá una pata coja en este camino. Entonces, es importante entrenar el cerebro porque es un microprocesador que va oportunamente entrenando, pero también hay que entrenar y cuidar el cuerpo porque es nuestra interfaz activa, con nuestros pensamientos, nuestras emociones, lo que sucede. Es nuestra unidad de medida, no solamente espacial, sino cronológica. El pasado, el futuro, los medimos utilizando un muñequito que es nuestro cuerpo. Es medida social. En nuestro cuerpo es la medida con que nos relacionamos con el grupo. Y fíjate que es una medida también mnemónica. Nuestros recuerdos se basan siempre en un muñequito que se mueve y este muñequito es nuestro cuerpo. Entonces, cuidad el cuerpo y, finalmente, cuidad el entorno. Es muy difícil llevar a cabo un entrenamiento, un camino donde un entrenamiento del cerebro y un cuidado del cuerpo funcionen si el entorno es un entorno hostil, tóxico. Hay que cuidar de los tres elementos poco a poco. Integrar estos elementos entre ellos para alcanzar un bienestar y procurar tener esta higiene mental que se supone que es necesaria para llevar a cabo una vida libre. No hay trucos, hay que currárselo todos los días, así como que hay que currarse las relaciones personales todos los días, así como que hay que alimentarse bien no solo después de Navidad, todos los días, así como que hay que entrenar el cuerpo no solamente la semana antes de ir a la playa, sino todos los días, este camino es un camino que se hace todos los días. En este sentido, insisto, yo creo que las diferentes y variadas prácticas meditativas te dan la oportunidad de cuidar los tres elementos: cuidar el cerebro, cuidar el cuerpo, cuidar tu entorno. Todos, cuando hablamos de meditación, pensamos en algo que se llama práctica formal de la meditación, es decir, un momento de gimnasia mental donde tú te sientas en tu rinconcito y entras en tu momento de entrenamiento. La práctica formal de la meditación es un entrenamiento buenísimo, excelente. De verdad, es un entrenamiento necesario en el sentido que tenemos todas estas capacidades mentales, la atención, la percepción, la capacidad emocional, somática, etc., no las tenemos entrenada. Así que no cabe otra forma, si queremos entrenarla, que sentarnos en nuestro rinconcito y practicar técnicas y ejercicios de meditación para fortalecer estos bíceps mentales que tenemos flacos. Pero luego hay otro nivel de la práctica meditativa, y es el nivel del día a día. En el sentido que más allá del entrenamiento formal, uno puede practicar meditación en pequeños momentos desperdigados a lo largo del día, y esto es utilísimo. Es utilísimo por dos razones.