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Pablo Ortiz de Zárate. Hay un cuadro que para mí habla de esperanza, aunque no lo parece, que es ‘La gran ola’, de Hokusai. Un cuadro del siglo XIX pintado en Japón, en el que vemos una ola enorme. Todo el mundo se fija en la ola, pero si os fijáis muy bien, lo importante de ese cuadro es que hay unas barquitas con pescadores debajo de la ola. Es decir, ellos son los protagonistas. La ola va a caer encima de ellos, los va a hundir, están a punto de morir ahogados. Muchos historiadores consideran que lo que está reflejando ahí es una sensación de angustia en la sociedad japonesa en el siglo XIX, ante una posible invasión de alguna potencia extranjera. La ola significaría esa potencia extranjera que viene a hundir a la vida tradicional japonesa. Él transmite esperanza, porque si os fijáis, en el fondo del cuadro se ve el Monte Fuji, que es la montaña sagrada de Japón, que inspira esperanza. Que es una especie de símbolo de que por muy mal que se dé, por muy grande que sea la ola, ahí están nuestros valores en el futuro, esta roca gigante, esta enorme montaña, este enorme volcán, que va a estar siempre ahí. Es muy pequeño ahora, parece diminuto, pero siempre estará ahí, simbolizando nuestros valores eternos. Podemos ver este cuadro hoy desde un punto de vista emocional, como un cuadro sobre la ansiedad. Para mí, la ola es la ansiedad, esos pensamientos angustiosos que tenemos de que se nos viene encima, no lo vamos a poder superar, no vamos a poder, nos va a caer la ola, nos vamos a ahogar. Pero en el fondo está el pequeño Monte Fuji, muy lejano, recordándonos que por muy enormes que sean los problemas, por muy grande que sea la ola que creamos que nos va a tragar, siempre hay algo. A lo lejos, sí, pero siempre habrá algo que nos recuerde que hay esperanza. Todo pasará, se solucionará de una u otra manera. Cada uno puede encontrar su Monte Fuji particular en sus amigos, en su familia, en una afición, en cualquier cosa. Por más simple y anodina que parezca, siempre habrá algo que nos ayude a sobrellevar las olas gigantes que nos generan toda ansiedad. Este es el poder del arte: imágenes que nos inspiran para que en momentos duros tengamos siempre presente que todo pasa. Muchas gracias. Quiero acabar diciendo una cosa personal, porque os he hablado de muchos estudios científicos que demuestran que todos estos poderes del arte son reales, están demostrados. Pero además de esto, yo puedo dar fe de que son de verdad, porque lo he vivido en mis propias carnes. Yo durante mi vida he pasado por diferentes depresiones. Cuando empecé a investigar sobre todas estas capacidades del arte para mejorar la salud mental, cuando empecé a mirar los cuadros en profundidad y con calma, noté que mi salud mental mejoraba. De repente los bajones eran menos y más espaciados. Soy mucho más capaz de controlar mis vaivenes anímicos, estoy de mejor humor. Lo paso mal también, lógicamente, pero soy más consciente, gracias al arte, y lo gestiono mucho mejor. Así que quiero acabar recomendándoos y pidiéndoos, por favor, que os rodeéis de arte. Vivid rodeados de cuadros. Aquellos cuadros que os gusten más, que os inspiren más, ponéroslos allá donde estéis.