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Este es el cuadro que te cura el desamor

Pablo Ortiz de Zárate

Este es el cuadro que te cura el desamor

Pablo Ortiz de Zárate

Periodista


Creando oportunidades

Pablo Ortiz de Zárate

Pablo Ortiz de Zárate es un periodista y divulgador apasionado por el arte y su impacto en la vida cotidiana. Su trabajo se centra en explorar cómo la cultura y la estética pueden influir en nuestro bienestar emocional y mental, acercando el arte a una mirada más práctica y transformadora.
A lo largo de su trayectoria, ha investigado la relación entre arte, neurociencia y psicología, mostrando cómo la contemplación artística puede entrenar habilidades como la atención y la empatía.
Convencido de que el arte es una herramienta accesible para todos, promueve una forma de mirar más consciente y pausada, capaz de ayudarnos a comprender mejor nuestras emociones y a vivir con mayor equilibrio y sentido.


Transcripción

00:00
Pablo Ortiz de Zárate. El arte es una herramienta perfecta para generar esperanza, es uno de sus mayores valores. Y la esperanza es muy importante para la salud mental. Hay un estudio muy importante de la Universidad de Harvard que siguió a 13.000 personas y concluyó que aquellas personas que tienen mayores índices de esperanza tenían mejor salud mental, mejor salud física, que esto es sorprendente porque el cerebro influye también en nuestra salud física, y menos probabilidades de desarrollar enfermedades crónicas. Es muy sorprendente, pero es el efecto poderoso que tiene el arte. Quiero empezar contándoos la historia del actor Bill Murray, él siempre cuenta que la primera vez que se subió a un escenario, muy joven, debutante, en una obra de teatro, le salió fatal. Dice que fue un desastre absoluto, hasta el punto de que cuando acabó la representación se fue a dar un paseo por Chicago, la ciudad en la que vivía, y que en ese paseo aleatorio decidió entrar al ‘Art Institute’ de Chicago, que es el mejor museo de la ciudad, por entrar. Y recorriendo la sala, de repente se encontró con un cuadro que le impresionó. Es un cuadro de Jules Breton, que se llama ‘El canto de la Alondra’. Dice que ese cuadro le inspiró para no rendirse y seguir adelante. Es una chica, es una campesina, pobre, joven que se ha levantado al amanecer, antes de que se haga de día, va descalza por el campo, con una hoz en la mano, claramente a pasar el día trabajando. Una mujer pobre, con un futuro no muy halagüeño que se desloma, literalmente, para sobrevivir. Y en ese momento, durísimo de una mañana más de trabajo, cuando va en medio del campo, de repente hay una alondra que pasa volando, cantando. Y la chica se queda así, mirando, extasiada, escuchando con la mirada perdida el canto de la alondra. Para Bill Murray, este cuadro simbolizaba, que en la vida hay momentos muy duros, pero siempre, siempre hay algo que merece la pena. Ella tiene un futuro dificilísimo: simplemente sobrevivir, trabajando y deslomándose. Pero hay un segundo, aunque sea ese momento, esa mañana, ese canto, con la luz del amanecer, el frescor del rocío, el olor del campo por la mañana, que dice: “Ha merecido la pena”. Y eso es lo que hace este cuadro. A mí también me inspira eso, y nos lo puede inspirar a nosotros. Esa sensación de que, por muy difícil que sea todo, por muy duro y muy negro que veas el futuro, siempre habrá ese pequeño momento, esa alondra personal que será fugaz, que serán unos segundos, pero te darán energía y te inspirarán para seguir adelante.

03:16
Mujer 1. Hola, Pablo. Gracias por estar aquí con nosotros. Tengo una pregunta: ¿para qué sirve el arte?

03:25
Pablo Ortiz de Zárate. El arte sirve para muchísimas cosas, pero muy recientemente, en los últimos años, la ciencia está descubriendo que el arte sirve para mejorar nuestra salud física y mental, que es algo que nos imaginábamos, pero que ahora mismo se está comprobando. En análisis neurocientíficos han visto que, cuando tú ves un cuadro que te agrada, el cerebro empieza a generar dopamina, serotonina, sustancias relacionadas con el bienestar. Se ha demostrado también que en nuestro cuerpo bajan los niveles de cortisol, que es la hormona relacionada con el estrés. Se producen efectos físicos muy sorprendentes, como que el ritmo cardíaco se regula, la respiración también. Y no solo esto, se ha demostrado también, en estudios, que es muy eficaz para combatir la depresión, reduce los síntomas que nos provocan ansiedad. Incluso ayudan a desarrollar la capacidad del cerebro para estar más atentos, para concentrarse, y la capacidad del cerebro también para hacer pensamientos complejos y mirar más allá, tener un pensamiento crítico. Entonces, yo, cuando empecé a conocer todos estos estudios, me di cuenta de que en realidad todos ellos lo que nos están diciendo es que mirar cuadros sirve muy bien para trabajar las tres cosas que la mayoría de técnicas psicológicas o de terapias psicológicas e incluso la meditación trabajan, que son: ayudarnos a estar presentes aquí y ahora, esto es muy importante porque cuando tú estás presente, eres capaz y desarrollas la capacidad de tu cerebro para evadirte del ruido mental que te genera ansiedad; también nos ayuda a ser más empáticos y esto la ciencia también lo ha demostrado, cuando tú ves cuadros, empatizas con los personajes y luego lo haces con las personas de tu entorno, de la vida real; y además, ver cuadros nos ayuda a tener un equilibrio emocional, identificar emociones que aparecen en esas pinturas, clasificarlas, y luego, cuando tú las sientes en tu vida, entenderlas, procesarlas mejor y, por lo tanto, ser capaz de gestionarlas mucho más. Por lo tanto, ver arte no es solo un disfrute, es un ejercicio de entrenamiento para el cerebro y para nuestra salud mental.

06:02
Andrés. Hola, Pablo. Me llamo Andrés. Gracias por todo lo que nos compartes. Me gustaría preguntarte: ¿Cómo podemos apreciar o en qué nos debemos fijar en un cuadro para contemplarlo?

06:15
Pablo Ortiz de Zárate. Es una pregunta que yo me hice también. Cuando descubrí todos estos efectos beneficiosos para nuestro cerebro y la salud mental, dije: “Vale, ¿en qué nos tenemos que fijar dentro de todos los cuadros, para potenciar todos estos efectos beneficiosos y sobre todo para entender los cuadros más, y entender el mensaje emocional?” Y llegué a la conclusión de que, en casi todos, tendríamos que fijarnos primero, en los objetos, todo tipo de cosas, muebles, incluso plantas, animales, joyas. Ellos van a entrenar nuestra capacidad de observación, para que te fijes bien en lo que hay y eso nos va a ayudar a estar presentes en el aquí y en el ahora. Cuando te concentras en mirar profundamente un objeto, silencias ese ruido mental. Hay que fijarse también en los personajes que hay en el cuadro, especialmente en sus ojos y en sus manos. Ellos nos van a dar la clave emocional: cómo se sienten. Y por eso vamos a poder desarrollar la empatía con esos personajes y desarrollarla luego, después, con las personas en nuestra vida real. Y la última cosa en la que nos tenemos que fijar es en lo inmaterial, que son todos esos elementos: luz, color, el espacio, las líneas, que usan los artistas para transmitir las emociones. Con estos elementos vamos a poder entender, en profundidad, el cuadro y analizar y trabajar todos estos pilares de la salud mental. No en todos están. Por supuesto, hay cuadros abstractos o no figurativos en los que no va a haber ni objetos ni personas, en otros solo habrá objetos, en otros no veréis las manos de los personajes. Bueno, básicamente alguno de esos tres elementos va a estar en prácticamente todos los cuadros. Por ejemplo, vamos a empezar con los objetos. ¿Cómo nos ayuda fijarnos en los objetos que aparecen en los cuadros para mejorar nuestra salud mental? Cuando tú tienes un cuadro cualquiera y miras sus objetos y te concentras en ellos, lo que haces es desarrollar la capacidad de tu cerebro para prestar atención a las cosas y mirar más allá. Voy a ponerte un ejemplo. El cuadro de los zapatos de Van Gogh, es un ejemplo muy bueno de cómo Van Gogh nos enseña a estar presentes. Los artistas, Van Gogh en especial, son personas que viven en el aquí y en el ahora, en el presente, porque para pintar tienen que observar muy profundamente todo lo que les rodea para luego ser capaces de representar, con realismo y con veracidad, lo que tienen delante. Van Gogh observa tan detenidamente las cosas que se da cuenta de que hay mucho más de lo que solemos ver. Cuando tú miras unos zapatos viejos y sucios en profundidad, ves cierta belleza en ellos. Y él decía: “Un zapato viejo, vale, es apestoso, es maloliente, aparentemente es desagradable. Pero si lo miras en profundidad, empiezas a ver esa piel desgastada que se pega, que se adapta a la forma perfecta del pie. Esos cordones que se retuercen de tanto anudarlos y desanudarlos. Todas esas formas, arrugas de la piel, a él le empiezan a sugerir el esfuerzo. Él ve en estos zapatos una belleza de cientos de miles y de millones de pasos que esa persona ha dado trabajando, recorriendo las calles, esforzándose para ganarse la vida. Y él va más allá y empieza a ver que los zapatos representan nuestra ansia de sobrevivir, nuestra esperanza por un futuro mejor.

10:01
Pablo Ortiz de Zárate. Él tenía la idea fija de que la misión de los artistas es enseñarnos a ver, no simplemente mirar lo que hay, sino ver lo que tenemos delante. Y cuando haces esto, desarrollas tu capacidad de concentración. Ver los zapatos es entrenar a tu cerebro para fijarse en los detalles y ver más allá de las apariencias. Y cuando haces esto en los cuadros, luego lo haces en la vida: eres más observador, ves más y tienes la capacidad de entender mejor lo que te rodea. Y esto no lo digo yo, ni lo decía Van Gogh, lo ha demostrado la ciencia en el siglo XXI, en los últimos años. El estudio pionero con respecto a esto se hizo en la Universidad de Yale. Y ellos, en la Facultad de Medicina, empezaron a enseñar a algunos alumnos a observar detenidamente el arte para entrenar su capacidad de observación. Y descubrieron que aquellos alumnos de medicina que habían seguido cursos de observación de arte, al final eran capaces de detectar en fotografías de pacientes problemas físicos o posibles enfermedades mucho mejor que los compañeros que no habían seguido cursos de arte. Demostraron que viendo arte entrenaban la capacidad del cerebro para observar más a fondo y ver más. Nosotros sabemos que el cerebro tiene capacidad, tiene plasticidad. Es decir, si tú entrenas una habilidad de tu cerebro, literalmente vas a potenciar esa capacidad. Es decir, que si tú te entrenas viendo arte, viendo los zapatos de Van Gogh, tu capacidad de ver detalles, luego tu cerebro será capaz de captar mucha más información, serás más observador. Y esto es perfecto contra la ansiedad, por ejemplo, porque te ayuda a estar presente en el aquí y en el ahora. Y estar presente en el aquí y en el ahora y no pensando en otras cosas, es uno de los pilares sobre los que se sustenta nuestro bienestar emocional.

12:19
Mujer 2. Hola, Pablo. Has dicho que el arte ayuda a desarrollar la empatía. ¿Cómo lo hace?

12:27
Pablo Ortiz de Zárate. La Universidad de Yale demostró que ver arte desarrolla nuestra capacidad de observación, vemos más. Después de este estudio, otras universidades del mundo los ampliaron y los hicieron aún más ambiciosos, la Universidad de California en Los Ángeles, en diferentes instituciones de Estados Unidos, incluso en Roma, es el último gran estudio que se ha hecho al respecto, en la Sapienza, y todos ellos demostraron lo mismo. Y desde entonces, en las mejores universidades de Estados Unidos pero en todo el mundo también, se utilizan cursos de arte para entrenar a los futuros médicos en la capacidad de observación. Durante décadas llevan haciendo esto, pero se dieron cuenta de un efecto secundario que no esperaban. Y es que, además de desarrollar su capacidad de observación, los futuros médicos eran más empáticos, gracias a la observación de arte. Todas estas universidades y un montón de centros de arte se juntaron en 2016 en Nueva York, en el Museo de Arte Moderno, para poner en común todos estos descubrimientos. Y llegaron todos a la misma conclusión. ¿Por qué? Porque ver cuadros nos ayuda a entender las emociones de los personajes que hay en el cuadro. Y cuando tú empatizas con la emoción en el cuadro, luego reflexionas sobre esa emoción y la detectas en los demás, en tu vida diaria. Hay un artista que nos demostró hace siglos que esto es así, que es Rembrandt. Rembrandt estaba muy enamorado de su mujer, Saskia. Y de hecho la pintaba continuamente. Desde el día que la conoce hasta cuando ella murió, no dejó de retratarla en todos los estados de ánimo posibles: alegre, triste, cansada, enferma, riendo, en todos los estados de ánimo. Y puedes seguir la evolución emocional de esta mujer siguiendo el arte de Rembrandt. Y hay mucha gente que dice: “Rembrandt la pintaba tanto porque la quería mucho”, pero yo digo que era al revés: “La quería mucho porque la pintaba mucho”. Porque él, para retratarla, tenía que observarla en profundidad, con este ojo profundo. Y cuando observas a alguien en profundidad, empiezas a ver cosas que no veías, emociones reflejadas en su cara y en sus gestos que no sabías que estaban. La conoces profundamente. Y por eso la retrataba de la forma en la que la retrataba. Si tú miras el último retrato que le hizo, por ejemplo, tú ves que en los ojos Rembrandt es capaz de ponerle una profundidad psicológica enorme. Hay energía, hay inteligencia. Es una persona a la que he mirado profundamente gracias a esa forma de mirar, ese entrenamiento que nos da el arte. Rembrandt nos demuestra que el amor, la empatía, vienen de la observación lenta y profunda de los demás. El arte nos entrena para mirar de esta forma a los cuadros. Luego lo haces en la vida y descubres que la gente es mucho más de lo que pensabas. ¿Cómo podemos entrenar nuestro ojo mirando cuadros para empatizar? Hay que fijarse en dos elementos de los personajes: ojos y manos.

16:00
Pablo Ortiz de Zárate. Los artistas usan los ojos y las manos para contarnos cómo se siente el personaje, qué es lo que piensa. Y hay un ejemplo muy bueno para entrenar esto, que sería, por ejemplo, el cuadro de Caravaggio, ‘David vencedor de Goliat’. El cuadro, que está en el Museo del Prado, nos cuenta una historia que todos conocemos, que es la historia de el pequeño David débil que logra vencer al gigantesco enemigo Goliat, usando la inteligencia en lugar de usar la fuerza. Y tú, cuando miras el cuadro, ves esta historia. El joven pequeño que no tiene fuerza ha conseguido cortarle la cabeza y derrotar a Goliat gracias al uso de la inteligencia. Le ha tirado la piedra entre la frente. Pero cuando miras los ojos y las manos de los personajes, vas a ver algo diferente. Fijaos en la mano de Goliat. Goliat tiene la mano así apretada. Notas furia, ira, ansiedad. Sin embargo, las manos de David están concentradas. Él está tranquilo y en calma, atándole un nudo al pelo de Goliat para poder exhibir la cabeza y demostrar que ha vencido al gigante. Los ojos hablan de lo mismo. Los ojos de Goliat, aunque ya está muerto, todavía reflejan ese odio, esa ansiedad, la angustia, la rabia. Sin embargo, la mirada de David, aunque está en sombra, se ve que es tranquila, concentrada. Así que aquí tenemos el mensaje profundo. Es: “La ansiedad es muy mala consejera. Cuando estás ansioso Cuando tú miras los ojos y las manos en este cuadro o en cualquier otro cuadro en el que haya personajes, empatizas mucho más, entiendes mucho mejor su emoción. Y eso os va a ayudar a practicar la empatía. Y recordad, esto es muy importante, los principales estudios sobre felicidad han demostrado que aquellas personas que tienen altos niveles de empatía son las que tienen mejores relaciones sociales y por lo tanto, las que declaran tener más felicidad. Por lo tanto, aquí estamos trabajando una de las claves de la salud mental. De hecho, este cuadro de ‘David vencedor de Goliat’, yo veo tintes autobiográficos en Caravaggio, porque nosotros sabemos que Caravaggio era una persona muy iracunda, se metía en peleas, estuvo detenido multitud de veces, incluso en una pelea, acabó matando a un hombre y fue condenado a muerte. Tuvo que vivir como fugitivo, escapar de Roma durante muchos años. Él sabía perfectamente los problemas de la ira y de la ansiedad, porque él los vivió. Y probablemente yo creo que este cuadro le hablaba a él también. Él está hablando de esa ira que ve en Goliat, es la ira que él veía en sí mismo, y él entendía la importancia de la calma y la concentración, y le gustaría haber sido un poco más como es el David. Yo cuando veo este cuadro, pienso en los deseos de Caravaggio de intentar ser un poco menos iracundo y tener un poco más de calma en su vida.

19:31
Mujer 3. Pablo, entonces, ¿cualquier cuadro podría servir para relajarnos?

19:36
Pablo Ortiz de Zárate. No, cualquier cuadro no nos sirve para relajarnos. Y hay que tener mucho cuidado porque muchas veces tenemos la idea de que el arte nos va a sentar bien. Pero claro, hay cuadros muy angustiosos que hablan de ansiedad, de depresión, de miedo. Entonces, para saber elegir la emoción del cuadro que quieres trabajar, es decir, si quieres relajarte, elegir un cuadro que relaje, lo que tenemos que observar son los elementos inmateriales que hay en los cuadros. Es decir, fijarnos sobre todo en la luz y en el color, porque visualmente la luz y el color de los cuadros nos transmiten emociones y nos llevan a un estado de ánimo concreto. Y los artistas lo usan para llevarnos a esos estados de ánimo. Por ejemplo, para relajarnos hay que buscar cuadros que tengan una luz tenue. Pero ojo, no puede ser ni muy oscura, porque eso nos llevaría a otras emociones más lúgubres, ni tampoco muy brillantes, porque eso en lugar de relajar, da energía y anima. Por lo tanto, yo recomiendo paisajes con luz tenue, con nocturnos de claro de luna, por ejemplo, que son estas imágenes de noche, con una luna muy brillante que dejan esa luz tenue que te relaja muy bien. Y luego hay que fijarse muy bien en el espacio. Y esta es una clave que se nos olvida mirar en los cuadros. El espacio relaja. Cuanto más espacio, generalmente más calma transmite el cuadro. Lo que pasa es que nosotros estamos acostumbrados a mirar los objetos, las personas que nos indican la acción. Ese es el espacio positivo del cuadro, es la acción, lo que está pasando y lo que nos da información. Se nos olvida mirar el espacio negativo, que es el vacío que rodea a todos esos personajes y objetos. Si los personajes y objetos nos dan la información, el vacío es como un susurro, una pausa de relajación para reflexionar sobre lo que está sucediendo. Cuanto mayor es este espacio vacío, mayor es la amplitud visual y la calma que el cuadro nos va a trasladar. Por ejemplo, la principal razón por la que Vermeer es uno de los artistas favoritos del mundo es porque él es especialista en crear espacios amplios en sus cuadros. Si os fijáis, pone a los personajes un poco al fondo y deja mucho espacio vacío entre nosotros y la acción, o entre los personajes y el fondo del cuadro. Siempre hay ese silencio. Y esa es la clave. El espacio vacío en realidad es silencio. Y el silencio es relajante porque nos ayuda a reflexionar mejor. Cuando hay silencio en un cuadro, tiene un poder muy placentero. Los maestros del silencio y del vacío en el arte son los artistas japoneses, y también los chinos. Ellos usan el espacio vacío para crear escenas especialmente relajantes que pueden servir para la meditación. En Japón tienen una palabra que no tiene traducción para hablar de esto, que es ‘ma’. ‘Ma’ podría ser traducido como una especie de vacío, pausa, silencio. Es una mezcla de estos tres conceptos. Si os fijáis en un cuadro tradicional japonés que pueden ser pinturas en papel o en biombos, hay un espacio vacío enorme. Hay un cuadro, por ejemplo, que es ‘Gansos y juncos’, de Maruyama Okyo, en el que él pinta un lago en el que hay unos gansos volando y se ven unos juncos.

23:28
Pablo Ortiz de Zárate. Los objetos y la información del cuadro son, pues unos poquitos juncos, un par de gansos y pinta un poco las olas, el agua moviéndose. Pero casi el 90% de la pintura es vacío. Y para crear ese vacío crean esa niebla. Es muy habitual en el arte chino tradicional y en el japonés pintar niebla para sugerir vacío. Tú, cuando ves este cuadro tienes que completarlo con tu imaginación. ¿Qué hay más allá de la niebla? ¿Cómo sería el horizonte de este lago? Y esa ausencia de ruido, ese silencio, ese vacío, es extremadamente relajante. Por eso yo os recomiendo, cuando necesitéis relajaros, buscad paisajes con espacios amplios, cuadros con espacios vacíos muy importantes y buscad el ‘ma’ japonés o el arte tradicional chino, en el que esos paisajes con niebla os van a ayudar a relajaros, a estar en silencio. El silencio es un lujo hoy en día, estar rodeados de silencio. Así que si necesitáis silencio, es gratis. Buscad arte con mucho espacio.

24:53
Mujer 4. Hola, Pablo. Parece que hay cuadros que nos gustan a todos. ¿Por qué pasa esto?

24:59
Pablo Ortiz de Zárate. Es una pregunta muy compleja, porque encierra el secreto del éxito del arte. Pero los artistas saben cuál es ese secreto de la belleza eterna que hace que haya cuadros que nunca envejezcan y que nos gusten a todos. Y es el equilibrio. Es muy importante mirar el equilibrio de los cuadros, porque es lo que los hace visualmente tan placenteros y agradables. Por eso en todo el mundo, diferentes culturas, siempre tienden a identificar los mismos cuadros como placenteros. Los artistas tienen mucho cuidado de mantener un equilibrio siempre entre el espacio que hay en el cuadro, espacio lleno o espacio vacío, que estén equilibrados. Los colores fríos y cálidos tienen que estar equilibrados. Las líneas horizontales, verticales y diagonales tienen que estar también equilibradas para que no esté descompensado el cuadro. Y también la luz, luces intensas, luces suaves que nos transmitan diferentes emociones, pero que no sea demasiado oscuro y que no sea demasiado claro. Para entender esto, que es así como un poco abstracto, lo mejor es fijarse en la última cena de Leonardo. Es probablemente el ejemplo perfecto de equilibrio total en un cuadro. Por eso es tan seductor. No sabemos explicar por qué, pero el cerebro, cuando ve algo equilibrado, siente placer. Empieza a generar estas sustancias que nos hacen sentir bien. Esa es la razón por la que cuando tú ves un cuadro torcido en la pared, quieres ponerlo recto, necesitas equilibrarlo, porque al cerebro le gusta ese equilibrio. Y la última cena está perfectamente equilibrado. Fijaos en, si dividís el cuadro por la mitad, Cristo está en el centro, a un lado tiene seis apóstoles, al otro tiene otros seis apóstoles, la misma cantidad de gente, distribuida en grupitos de tres, 3-3, 3-3. Sobre la mesa hay la misma cantidad de objetos en un lado que en el otro. Si pesáis visualmente las dos mitades vais a ver que pesan lo mismo. Hay la misma cantidad de espacio vacío y espacio ocupado con personas y objetos. Este equilibrio, el cerebro lo detecta y le gusta, y por eso automáticamente nos sentimos bien. Pero también están los colores equilibrados en este cuadro, porque si os fijáis a ambos lados usa la misma cantidad de tonos fríos que de tonos cálidos. Los tonos fríos son los azules, por ejemplo, los verdes. Los tonos cálidos son los rojos, ocres. Si os fijáis en el lado derecho hay la misma superficie de tonos azulados que de tonos pardos o cálidos. En el otro lado lo mismo. Hay la misma superficie de colores fríos que de colores cálidos. Este equilibrio visual de colores hace que nos sintamos bien. Las líneas también tienen equilibrio. Predomina el horizontal en este cuadro, la mesa marca una línea horizontal muy clara, pero para que ese horizontal no resulte demasiado monótono, en las paredes pone estas formas verticales. Crea esas líneas verticales que ejercen de contrapeso visual para que no te aburras. Porque si todo tiene el mismo elemento, el mismo tipo de elemento, resulta un poco monótono. Incluso mete diagonales también. En las paredes hay esas líneas diagonales que sugieren movimiento y profundidad, equilibrio. Y luego la luz también está equilibrada, porque vemos que en primer plano hay mucha luz, al fondo de la habitación está más oscura, y fuera, más allá, en el paisaje exterior, hay otra vez mucha luz. Hay un equilibrio entre luz clara, luz oscura, luz clara otra vez. Hay cuadros que tenderán a tener un tipo de elementos sobre otros. Habrá más luz que oscuridad, habrá más horizontales que verticales. Pero en general, los artistas van a añadir contrastes con sus opuestos para equilibrar y darle contrapeso a todo esto.

29:33
Pablo Ortiz de Zárate. Cuando tú observas estos elementos y ese equilibrio, lo que estás haciendo es potenciar ese efecto placentero que el equilibrio tiene instintivamente en nuestro cerebro. Al hacerlo, os concentráis en eso, lo disfrutáis más, y de nuevo estáis practicando la atención. Estáis aquí y ahora. Es como meditación. Aquí y ahora, en el presente, sin distraeros con rumiación mental ni ruido. El equilibrio es otro de esos elementos que nos ayuda a extraer los beneficios emocionales del arte.

30:20
Hombre 2. Hola, Pablo. Uno de los principales artistas populares es Van Gogh, que ya has mencionado anteriormente. ¿Qué tiene de especial?

30:30
Pablo Ortiz de Zárate. Normalmente tenemos la imagen de Van Gogh de una persona que tenía serios problemas mentales, problemas de ansiedad y de depresión, y por lo tanto imaginamos que es alguien atormentado, muy huraño, muy negativo, pero es al contrario. Van Gogh era alguien extremadamente optimista, con muchísima energía vital. Y él estaba convencido de que el arte puede enseñarnos esa energía vital que él ve en la naturaleza. Pintar la naturaleza es una forma para él de comunicarnos alegría de vivir, energía. Y eso es lo que hace en todo su arte. Él lo que dice es: “Los artistas tenemos la responsabilidad de enseñar a la gente a ver, no simplemente a mirar, sino ver más lo que hay”. Y eso es lo que hace, por ejemplo, con su cuadro más famoso, que son ‘Los girasoles’. ¿Por qué elige pintar cuadros de girasoles? Los elige primero porque esta planta es amarilla, que es un color muy lleno de energía. A él le obsesionaba el amarillo porque es lo que más transmite toda esa energía positiva de la naturaleza, que a él le llenaba de vida, y quiere trasladárnosla. También elige los girasoles, porque para él es una planta que es casi milagrosa. Si tú lo piensas, es una planta que se levanta por la mañana y sigue al sol. Entonces él quiere transmitirnos esa fuerza que tiene esa planta para moverse siguiendo esa energía positiva de los rayos del sol. Y si tú te fijas en los girasoles, casi puedes sentir cómo los pétalos se agitan, vibran, moviéndose, buscando. Hay una energía que él transmite con su pincelada, que nos contagia de esa energía de la naturaleza, que él es capaz de ver, porque tiene esa observación profunda, y que quiere enseñarnos a captar y a ver a nosotros. Pero claro, ¿qué pasa? Que cuando tú tienes esta mirada profunda y tan intensa y lenta sobre las cosas, empiezas a ver mucho más. Y él, aparte de ver la energía de los girasoles siguiendo los rayos del sol, empieza a ver en ellos un reflejo del paso del tiempo. Por eso, si os fijáis, cuando pinta girasoles, mezcla girasoles más frescos, como más jóvenes, y otros que están ya más secos, como viejos. Es capaz de ver que esos que ya tienen los pétalos caídos completamente secos, esos girasoles al final de su vida, son igual de bonitos si eres capaz de mirarlos en profundidad. Y lo que ve al final es que los girasoles le están enseñando la belleza de la vejez. Es capaz de encontrar esa sabiduría de la gente mayor en esos girasoles secos y viejos. Esto es un fenómeno espectacular que tiene el arte, y que ha demostrado la ciencia. Cuando tú haces una observación profunda, estando presente, viendo al detalle las cosas, empiezas a hacer reflexiones mucho más profundas. Hay diferentes centros por el mundo que han utilizado el arte para educar, especialmente a niños y jóvenes, en la observación de arte y así hacerles más atentos.

34:04
Pablo Ortiz de Zárate. Y han descubierto, a lo largo de décadas de experimentos con niños y jóvenes, que además de entrenar su capacidad de ver más, hacían reflexiones mucho más profundas. Por lo tanto, otra virtud increíble del arte: no solo entrena tu capacidad de atención, no solamente te ayuda a ser más empático, te ayuda a entrenar tu capacidad de reflexión y de ir mucho más allá. Unos girasoles pueden ser la imagen que ayude a tu cerebro a desarrollar tu capacidad de visión crítica sobre las cosas.

34:42
Mujer 5. Pablo, ¿qué puede ofrecernos un cuadro contra el estrés?

34:48
Pablo Ortiz de Zárate. El tipo de cuadros perfecto contra el estrés para gestionar los estados de ánimo agitados son los paisajes. Los paisajes tienen cuatro elementos que, si los observamos, podemos influir nuestro estado de ánimo hacia unas emociones serenas. Pero tenemos que observar específicamente, primero, cuatro elementos. El horizonte. Es muy importante que, cuando haya un horizonte muy lejano, fijemos la mirada ahí. El horizonte marca el punto más lejano de toda la pintura de paisaje. Y por lo tanto hay un espacio vacío muy amplio que resulta relajante. El segundo elemento que hay que buscar es la luz. Los cuadros de paisajes suelen tener diferentes intensidades de luz, áreas más intensas y áreas con una luz más tenue. Esto es para reflejar diferentes emociones dentro del mismo paisaje. Allá donde haya una luz muy brillante, vais a encontrar más energía. Es una zona más optimista, más alegre. Si queréis energía que os levante, id hacia la luz. Habrá también unas zonas de sombra que nos van a ayudar a bajar pulsaciones y estar ahí. Si habéis tenido un día muy bajo y queréis analizar esa sensación de tristeza, colocaos en esa zona de sombra, buscadla. Hay que fijarse también en las nubes, muy importantes. Generalmente los pintores van a poner nubes en el cielo, no siempre, pero las suelen poner porque las nubes se mueven. Tendemos a, cuando tú ves un dibujo de una pintura, de una nube, tu cerebro empieza a imaginar su movimiento lento y su cambio de forma. Y esto es muy relajante porque, aunque las nubes en el cuadro no se van a mover, te las imaginas. No puedes evitar ver cómo se van a mover, se van a hacer más grandes, van a cambiar de forma. Y esa lentitud, y esa pausa te va a dar tranquilidad. Y también hay que fijarse muy bien en los colores. Va a haber en el cuadro colores más fríos, que te van a calmar, más azules, más verdes. En los paisajes suelen predominar los azules y los verdes, son colores fríos que relajan. Y los van a combinar también con otros colores más cálidos, rojos, naranjas, amarillos, que van a hacer de equilibrio o de contraste, y que podemos buscar para encontrar esa relajación. Pero lo más importante de todo es buscar silencio en los cuadros de paisajes. Tienen mucho silencio porque generalmente son vistas muy amplias. Cuanto más lejos te vayas cerca del horizonte, más silencio va a haber. Flotas en ese espacio libre, cerca del horizonte, donde no se oye absolutamente nada. Te imaginas el viento, igual el campanario del pueblo que hay ahí abajo, los animales, las hojas que se mueven. Es todo un espacio vacío, en silencio, con ese horizonte lejano, con esa luz tenue o brillante que te va a ayudar a relajarte con esos colores, todo eso unido te va a ayudar a encontrar ese estado de calma. Y lo que hay que hacer cuando tú ves un cuadro, es como un ejercicio de meditación. Tú te sientas delante, miras el cuadro, haces tres respiraciones profundas, y buscas el lugar emocional del cuadro donde tú te vas a encontrar más a gusto, más en calma. Puede ser ese cielo luminoso del amanecer o puede ser una zona de sombras, donde no te van a molestar y estás ahí con una luz más baja, donde quieras, flotando en el aire, paseando…

38:43
Pablo Ortiz de Zárate. Una vez que tengas elegido ese lugar, lo tienes que experimentar con los cinco sentidos. No vale solo con ver, tienes que imaginar a qué huele, el tacto de lo que hay alrededor, a qué sabría si hay frutos o algo comestible, la temperatura, todo eso a la vez. Por ejemplo, para hacer esta práctica podemos usar un cuadro de Rubens, que es ‘Una vista de Het Steen por la mañana temprano’, un paisaje flamenco al amanecer. Veis que está saliendo el sol, entran los rayos amarillentos por un lado del cuadro, hay una vista amplísima en uno de los lados, ves el horizonte, ves el silencio, ves toda esa calma. Y en el otro lado se ve un palacio, una zona boscosa que está en sombra, hay una pareja que va al mercado con el carro, un cazador que está persiguiendo unos patos, hay un perro. Tenemos estas dos zonas, la zona amplia, con la luz brillante y la zona más cerrada con una luz más oscura en la que pasa el río, podemos centrarnos en explorar esas emociones un poco más oscuras, por así decirlo. O si no queremos la luz brillante, podemos calmarnos en la sombra. Al experimentarlo vais a entrar en ese estado de meditación, que con la ayuda de los recursos inmateriales que ha usado el artista, os va a ayudar a relajaros. Hacedlo porque es muy efectivo. Se puede hacer meditación observando cuadros. Eso sí, muy importante, miradlos sin móvil, sin alarmas y sin nada que os distraiga, para que el cerebro esté a lo que está.

40:35
Mujer 6. Hola, Pablo. Muchas gracias por compartir. Si el arte tiene esa capacidad de curar, ¿podrías decirnos, por favor, alguna obra que nos ayude a superar una ruptura amorosa?

40:49
Pablo Ortiz de Zárate. Es muy curioso, porque el arte nos ayuda en estos momentos tan difíciles. Hay un cuadro para cada dolor. Sea lo que sea lo que te ha pasado, hay algún artista que lo sintió y lo ha pintado. Y las rupturas amorosas son algo que todos vivimos y que los artistas han vivido. Y por lo tanto los pintan. Por ejemplo, Tiziano hizo un cuadro mitológico que detrás de la excusa mitológica encierra toda una lección sobre cómo gestionar las rupturas. Se llama ‘Venus y Adonis’. Ella está locamente enamorada de él, pero él no está enamorado de ella. No le corresponde. Ella lo que hace es hacer todo lo posible por conseguir que él se enamore de ella. Abandona el Olimpo, se baja a los bosques a servirle, prácticamente, a hacer lo que él quiera, para conseguir que se enamore. El cuadro pinta justo el momento en el que ella presiente que ese mismo día Adonis, cuando se vaya a cazar, que es su afición favorita, va a ser atacado por un animal y va a morir. Por eso en el cuadro vemos que ella le está suplicando, intentando agarrarle para que no se vaya y diciéndole: “No, por favor, no te vayas porque vas a morir, porque lo he visto. Pero él Tiziano elige justo este momento porque más allá de la historia mitológica, está escondiendo, y esto pasa siempre, un mensaje mucho más profundo. Y es un mensaje sobre el desamor, cuando alguien está enamorado y no es correspondido. Ella, simbólicamente, lo que está haciendo es suplicarle: “Por favor, quiéreme”. Le está pidiendo: “No te vayas”, pero en realidad le está diciendo: “No me dejes sola, estate conmigo, quiéreme. Nadie te va a querer como yo”. Pero él le devuelve una mirada fría. Tiziano nos está diciendo, con este cuadro, que el amor no funciona así. Tú no puedes mendigar amor, suplicarle a alguien que te quiera, porque cuando lo haces es incluso peor. Pierde el respeto. ¿Y cómo nos lo está diciendo Tiziano? Al fondo del cuadro hay un bebé durmiendo, es Cupido. Cupido es el responsable de lanzar sus flechas y tendría que haberle disparado la flecha a Adonis, para que se enamorara de ella y así no se hubiera ido y se hubiera quedado con ella. Pero cuando suplicas amor, Cupido duerme y no hace su trabajo. Es una forma de decirnos que no mendigues, no supliques por amor, porque eso no funciona. Esto es muy importante para alguien que ha pasado por esto. En primer lugar, porque tú cuando ves ese cuadro, entiendes que no eres el único idiota al que le ha pasado. Le ha pasado a alguien más. Ella es Venus, la diosa del amor. Lo sabe todo. Es la mujer ideal, perfecta, física e intelectualmente. Pero ella, incluso ella, comete el error de suplicar amor. Y esto para la gente que ha vivido una situación así, te reconforta. No solamente te está enseñando una lección sobre la vida que no debes suplicar. Si alguien no te quiere, déjale marchar. Está ayudándote a entenderte a ti mismo, y darte cierto valor, no castigarte. Si le pasó a Venus, también te puede pasar a ti. Hay otra obra también muy importante de Camille Claudel, que era una escultora francesa del siglo XIX.

44:29
Pablo Ortiz de Zárate. Ella era ayudante de Rodin, que era el mejor artista del momento, el mejor escultor. Y además de ayudante, fueron durante diez años amantes. Él tenía una mujer y también tenía una aventura con Camille Claudel. Finalmente, diez años después, Rodin deja a Camille. Y esa ruptura le sirve a Camille para crear una obra de arte que se llama ‘La edad madura’. Esta obra significa muchas cosas, pero sin duda también habla de su propia ruptura con Rodin. En el centro vemos a un hombre mayor. Y a los lados tenemos, a un lado una mujer madura, que representa a la mujer de Rodin, con la que se fue, y al otro lado tenemos a una mujer joven, que es Camille Claudel. La mujer mayor se está llevando, está arrastrando al hombre hacia ella y arrancándosela de los brazos a la mujer más joven. Y si os fijáis en la mujer joven, ella está de rodillas, cae desesperada, intentando agarrarse a ese amor que se va. Es una representación de su propia ruptura. Ella ve como su amor se aleja, se va con su mujer y la deja totalmente sola. Esa obra de arte te está entendiendo perfectamente. Se siente exactamente igual que tú, le ha pasado lo mismo. Y por lo tanto, te ayuda a sacar afuera esa emoción y a valorarte un poco más. No te sientas tan estúpida porque te ha pasado esto, porque le ha pasado a mucha gente antes que a ti. Y esta obra te va a ayudar a explorar esa emoción y a sentirte un poco mejor. Por lo tanto, sí, el arte te ayuda contra el desamor, da igual cual sea el problema que tengas, siempre habrá un cuadro que hable de ello, porque siempre habrá habido algún artista que lo ha vivido, y te lo ha contado en un cuadro, para que tú puedas trabajar, y para ayudarte a gestionar ese problema.

46:38
Mujer 7. Pero, Pablo, hay pinturas muy deprimentes que cuentan cosas muy tristes. ¿Cómo crees que pueden ayudarnos?

46:46
Pablo Ortiz de Zárate. Solemos acercarnos al arte para aliviar nuestras penas y nuestros problemas, para encontrar cuadros bonitos que nos inspiren. Y eso está muy bien. Pero el arte también nos ayuda a hacer terapia de choque, por así decirlo. Cuando tú estás deprimido, enfrentarte a pinturas que hablan de la depresión, pinturas muy oscuras, es muy duro, pero nos ayuda. Esto cualquiera que haya hecho terapia psicológica lo sabe. Es necesario enfrentarnos a nuestro dolor, para sacarlo fuera y aprender a gestionarlo, porque si lo reprimes solo lo vas a hacer peor. Y el arte nos ayuda a no reprimir, a sacar fuera ese dolor reprimido que tenemos, experimentarlo, analizarlo y entenderlo. Y en la depresión es especialmente importante, porque la gente que no lo ha vivido, que no ha estado cerca de alguien con depresión, tiende a malinterpretar los síntomas de la depresión. Generalmente la gente piensa que una depresión es estar triste o apático, sin ganas de hacer nada. Pero la depresión es mucho peor que eso. No es tristeza, es vacío absoluto. Cuando tú ves un cuadro sobre la depresión, detectas ese vacío absoluto y entiendes lo que significa, y luego te va a ayudar a entender cuando te pase a ti o cuando estés con alguien que lo ha vivido, a saber que eso es depresión. Hay un cuadro muy, muy, muy importante que habla para mí de la depresión. Se llama ‘Sísifo’, de Tiziano. Está en el Museo del Prado. Es una historia mitológica muy habitual que es de este hombre al que los dioses le castigan a tener que llevar a cuestas una piedra, una roca enorme, a la cima de una montaña. Pero en cuanto llega a la cima, la roca, por arte de magia, los dioses hacen que caiga otra vez abajo y tiene que volverla a subir una y otra vez. Cada vez que llega, vuelve a caer, llega y vuelve a caer. Esto representa esa sensación de la persona deprimida, el ¿para qué? “Nada tiene sentido, ¿por qué voy a subir la roca si luego va a volver a caer? ¿qué sentido tiene la vida en estas condiciones? Si tú te fijas en el cuadro Cuando tú has sentido o estás sintiendo la depresión y ves ese gesto, la cara del Sísifo de Tiziano, hay una conexión muy profunda. Es un alivio. Encuentras a alguien que te entiende. Para mí el artista que mejor ha retratado la depresión es Goya. Y lo hizo especialmente al final de su vida con las pinturas negras. En un momento en el que tenía serios problemas mentales y depresión, él se dedica a pintar para sí mismo las paredes de su casa. Cubre todas las paredes de las principales habitaciones de su casa con pinturas negras, dramáticas, oscuras y deprimentes. Todas ellas están en una misma sala en el Museo del Prado. Si tú estás deprimido o si has pasado por una depresión, y entras en la sala de las pinturas negras en Madrid, vas a sentir una conexión inmediata con esos cuadros.

50:18
Pablo Ortiz de Zárate. Puede que no entiendas de qué van, pero entiendes esa emoción, conecta automáticamente contigo. Y esto es muy importante. Es muy difícil hacerlo, pero útil psicológicamente, porque la única forma de sacar afuera todo ese dolor y dejar de reprimirlo es enfrentarte a él. Y estas pinturas deprimentes, las pinturas negras, por ejemplo, son un espejo perfecto para verte, ver tu oscuridad ahí, y dejar que salga y analizarla y gestionarla. Una en concreto creo que es muy, muy, muy clara. Es casi como un termómetro para medir la temperatura de nuestra salud emocional, que es el ‘Perro semihundido’. Es una pintura que él pinta en una de las paredes de su casa y que apenas hay nada. Es simplemente una cabeza de un perro que parece que se está hundiendo. Parece que está luchando por sobrevivir, por salir a flote. Y mira hacia arriba, hacia la luz, parece que pidiendo ayuda. Es una pintura que tiene muy poca información, pero cada persona ve una cosa completamente distinta. Hay unos expertos historiadores del arte que consideran que esto es un retrato de la depresión, que es un perro que está a punto de hundirse, que mira hacia arriba buscando ayuda y se da cuenta de que no hay nadie. Nadie va a venir a ayudarle, es el fin, la desesperación total, se rinde. Pero hay otros historiadores que creen que hay un mensaje de esperanza, porque el perro mira hacia arriba con la esperanza de que venga alguien. Y quizá en el último momento de esa luz brillante salga, venga alguien, que acabe rescatándole. Depresión o esperanza, dos cosas completamente contrarias. Yo enseño este cuadro a personas que tienen diferentes problemas, y cada una ve una cosa completamente distinta. ¿Por qué? Esto es un fenómeno psicológico muy habitual. Nosotros proyectamos nuestras emociones en los cuadros. Lo que tú sientes al ver ese cuadro, lo que ves en ese cuadro, es un reflejo de lo que tú tienes dentro, de tus propias experiencias, de lo que estás sintiendo en ese momento. Si tú estás en un estado de ánimo bajo, es probable que veas un perro hundiéndose. Si tú estás en un buen estado de ánimo, es probable que veas un perro con esperanza. Dependiendo de lo que tú tienes dentro, eso reflejas en el cuadro. Por eso yo siempre digo que es un termómetro perfecto para medir la temperatura de tu salud emocional. Los ojos del perro te van a decir cómo te sientes. Esto es como el test de Rorschach, en psicología. Cuando te enseñan unas manchas negras y lo que ves en esas manchas que no tienen ninguna forma concreta, le va a indicar al terapeuta qué es lo que está pasando por dentro. Pues esto es igual. Y esto funciona no solo con el perro de Goya, funciona con todos los cuadros. Los cuadros nos eligen, no les elegimos nosotros a ellos. Tú no eliges cuál es tu cuadro favorito, tu cuadro favorito, cuando te encuentre, te va a agarrar y te va a decir: “Ven aquí”. Te atrapa porque vas a proyectar tus emociones en él. Por lo tanto, analizando esos cuadros que sientes con más profundidad, ya sea para bien o para mal, vas a tener pistas de qué es lo que hay dentro de ti. Así es como el arte nos ayuda a explorar, especialmente, los momentos de crisis.

54:02
Mujer 8. Mi pregunta también es sobre un momento doloroso de la vida. ¿Qué me dices de la muerte y el duelo? ¿Alguien podría decirte que en un momento tan doloroso un cuadro es inútil?

54:14
Pablo Ortiz de Zárate. Claro, cuando estás pasando por un duelo, por la pérdida de alguien querido, enfrentarte a cuadros que hablan de la muerte es difícil. Hay que tener cuidado también con esto. Pero llega un momento que, tarde o temprano, vas a tener que enfrentarte con eso. Cuando estés preparada vas a tener ahí cuadros que hablan sobre la muerte y sobre el duelo, que te van a ayudar a sacar afuera. Hay un artista que hizo esto literalmente, que es Monet. Cuando su mujer murió, que murió muy joven, él, unas pocas horas después de morir, cuando todavía estaba amortajada en la cama, en su lecho de muerte, él plantó el caballete, el lienzo, y se puso a pintar el cadáver de su mujer amortajada. Habían pasado solo unas pocas horas. Hizo esto porque era su manera de entender lo que había pasado, que muchas veces el shock emocional es tan grande que no asimilas lo que ha pasado. Esto es lo que el arte nos ayuda a hacer. Procesar una emoción tan dura, enfrentarnos a ella, para sacarla afuera. Otro artista que hizo lo mismo es Käthe Kollwitz, que es alemana. Ella perdió a su hijo en la Primera Guerra Mundial. Y para enfrentarse a ese dolor por la muerte de su hijo, hizo una escultura que se llama ‘Piedad’, que es una madre con su hijo muerto. Lo tiene en su regazo, lo está abrazando con las piernas y con los brazos. Y lo está acariciando con ternura. Es una imagen durísima de ver, especialmente si has pasado por eso. Pero es muy terapéutica, porque la escultura de esa madre sufriendo por su hijo, en primer lugar, nos está diciendo que no estamos solos. Le ha pasado a más gente. Y cuando estás rodeado de gente a la que le ha pasado lo mismo, te reconforta. Y la escultura te lo está diciendo. En segundo lugar, esa escultura te entiende. Hay obras de arte que entienden el dolor por el que estás pasando. Y eso también es muy terapéutico. Ha pasado lo mismo que tú, te lo está contando, y encuentras ahí a alguien que es capaz de ponerse en tu lugar y de escucharte. Pero lo más importante que hace este arte tan doloroso es que es como un amigo que sabe escucharte, y que tiene paciencia. Esto es muy difícil de encontrar. Cuando tú estás pasando por un duelo, la gente se asusta. Es muy frecuente que las personas que están en fases de duelo se sienten muy solas, porque no sabemos cómo actuar. No sabemos qué decir. Creemos que nada te va a ayudar. Pero estas obras de arte son amigos que están a tu lado, para escucharte con paciencia y no te exigen nada. No te van a decir “anímate”, no se van a enfadar porque lleves meses sin salir de la cama, van a estar ahí escuchándote, con paciencia, contigo, sintiendo lo mismo que sientes tú, y dándote tu espacio y el tiempo que necesites para salir adelante. Muy pocas cosas hacen esto. Y el arte sobre el duelo y sobre la muerte lo hace, exactamente. Y por eso es tan terapéutico. Y vais a encontrar esta terapia emocional con cuadros que jamás parece que hablarían de eso. Hay un cuadro religioso, que es la ‘Sagrada Familia del cordero’, pintado por Rafael en el siglo XVI, que aparentemente es un cuadro religioso para gente devota, pero que si lo miras profundamente, vas a encontrarte que habla sobre la aceptación, y cómo enfrentarnos a la muerte de un ser querido, o un problema irremediable.

58:01
Pablo Ortiz de Zárate. En el cuadro vemos a la Virgen María y San José con el Niño Jesús, la Sagrada Familia. Veis que el Niño Jesús está montado encima de un corderito, jugando con él. El cordero en el arte cristiano simboliza el sacrificio. Es decir, su presencia indica que ese niño va a morir en la cruz para salvar a los humanos de los pecados. Por lo tanto, si el niño juega con el cordero, nos está diciendo que el niño acepta su destino: morir en la cruz. Si os fijáis, en la mayoría de estos cuadros, la madre, la Virgen María, intenta apartar al niño, porque entiende que el niño acepta su sacrificio y no quiere que muera. Por lo tanto intenta alejarle del cordero. Pero en este cuadro es al revés. En este cuadro, la Virgen María ayuda al niño a jugar encima del cordero y a subirse a él. El mensaje es aceptación. Esa madre no se niega a aceptar lo que no puede cambiar. Sabe que ese niño va a morir, que haga lo que haga, va a pasar. Y por lo tanto, en lugar de enfadarse y de discutir con el niño y de vivir angustiada el tiempo que les queda juntos. Acepta y de esa forma es capaz de aprovechar el tiempo que le queda junto a su hijo. Todos sabemos que aceptar un problema que no podemos cambiar es la única solución. Pero es difícil interiorizar eso. El arte nos ayuda, con la belleza nos lo cuenta de una forma tan emocional, que te ayuda a entender la importancia e interiorizar algo que intelectualmente ya sabes, pero que todavía no lo has incorporado emocionalmente. Hay una frase que los psicólogos usan mucho para ayudarnos a superar estas fases de duelo, que es que: “El dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional”. El dolor es algo físico, no lo vas a poder cambiar. Te ha pasado y está ahí y ya está. Pero el sufrimiento depende de cómo te lo tomes. Cuando dejas de resistirte, cuando dejas de enfadarte y aceptas lo que no puedes cambiar, como esta Virgen hace con su hijo, en ese momento empezarás a poder sobrellevar mucho mejor ese dolor. No va a desaparecer el dolor, pero te vas a ahorrar todo ese sufrimiento. Fijaos qué importante es un simple cuadro para ayudarnos a transitar por ese periodo de duelo y de pena por la muerte, o cualquier proceso de crisis.

01:00:47
Mujer 9. Hola, Pablo. ¿Puede servir el arte para tener esperanza en tiempos difíciles?

01:00:52
Pablo Ortiz de Zárate. Hay un cuadro que para mí habla de esperanza, aunque no lo parece, que es ‘La gran ola’, de Hokusai. Un cuadro del siglo XIX pintado en Japón, en el que vemos una ola enorme. Todo el mundo se fija en la ola, pero si os fijáis muy bien, lo importante de ese cuadro es que hay unas barquitas con pescadores debajo de la ola. Es decir, ellos son los protagonistas. La ola va a caer encima de ellos, los va a hundir, están a punto de morir ahogados. Muchos historiadores consideran que lo que está reflejando ahí es una sensación de angustia en la sociedad japonesa en el siglo XIX, ante una posible invasión de alguna potencia extranjera. La ola significaría esa potencia extranjera que viene a hundir a la vida tradicional japonesa. Él transmite esperanza, porque si os fijáis, en el fondo del cuadro se ve el Monte Fuji, que es la montaña sagrada de Japón, que inspira esperanza. Que es una especie de símbolo de que por muy mal que se dé, por muy grande que sea la ola, ahí están nuestros valores en el futuro, esta roca gigante, esta enorme montaña, este enorme volcán, que va a estar siempre ahí. Es muy pequeño ahora, parece diminuto, pero siempre estará ahí, simbolizando nuestros valores eternos. Podemos ver este cuadro hoy desde un punto de vista emocional, como un cuadro sobre la ansiedad. Para mí, la ola es la ansiedad, esos pensamientos angustiosos que tenemos de que se nos viene encima, no lo vamos a poder superar, no vamos a poder, nos va a caer la ola, nos vamos a ahogar. Pero en el fondo está el pequeño Monte Fuji, muy lejano, recordándonos que por muy enormes que sean los problemas, por muy grande que sea la ola que creamos que nos va a tragar, siempre hay algo. A lo lejos, sí, pero siempre habrá algo que nos recuerde que hay esperanza. Todo pasará, se solucionará de una u otra manera. Cada uno puede encontrar su Monte Fuji particular en sus amigos, en su familia, en una afición, en cualquier cosa. Por más simple y anodina que parezca, siempre habrá algo que nos ayude a sobrellevar las olas gigantes que nos generan toda ansiedad. Este es el poder del arte: imágenes que nos inspiran para que en momentos duros tengamos siempre presente que todo pasa. Muchas gracias. Quiero acabar diciendo una cosa personal, porque os he hablado de muchos estudios científicos que demuestran que todos estos poderes del arte son reales, están demostrados. Pero además de esto, yo puedo dar fe de que son de verdad, porque lo he vivido en mis propias carnes. Yo durante mi vida he pasado por diferentes depresiones. Cuando empecé a investigar sobre todas estas capacidades del arte para mejorar la salud mental, cuando empecé a mirar los cuadros en profundidad y con calma, noté que mi salud mental mejoraba. De repente los bajones eran menos y más espaciados. Soy mucho más capaz de controlar mis vaivenes anímicos, estoy de mejor humor. Lo paso mal también, lógicamente, pero soy más consciente, gracias al arte, y lo gestiono mucho mejor. Así que quiero acabar recomendándoos y pidiéndoos, por favor, que os rodeéis de arte. Vivid rodeados de cuadros. Aquellos cuadros que os gusten más, que os inspiren más, ponéroslos allá donde estéis.

01:04:42
Pablo Ortiz de Zárate. Los cuadros originales son carísimos, pero os podéis imprimir el cuadro que más os gusta, pegarlo en la nevera o en la pared de la habitación o al lado del ordenador en la oficina o en vuestro lugar de trabajo. Ponedlo en el fondo de escritorio del ordenador, en el móvil. Os he dicho que el arte nos ayuda a ver más, a desarrollar la empatía. Nuestro cerebro genera dopamina, reduce los niveles de cortisol, ayuda a gestionar la ansiedad, la depresión, nos hace pensar más, tiene una enorme capacidad de beneficio para nuestra salud física y mental. Así que os pido por favor que aprovechéis este regalo porque es prácticamente gratis. Si os rodeáis de arte, os vais a rodear de bienestar.