COMPARTIR
Generated with Avocode. Path Generated with Avocode. Rectangle Copy Rectangle Icon : Pause Rectangle Rectangle Copy

¿Es el amor un estado de imbecilidad transitoria?

Miguel Pita

¿Es el amor un estado de imbecilidad transitoria?

Miguel Pita

Genetista


Creando oportunidades

Miguel Pita

Miguel Pita es profesor e investigador de genética y divulgador científico. Apasionado del cine y la narración, ha encontrado en la divulgación una forma de unir el rigor científico con el arte de contar historias.

Su trabajo se centra en explicar de manera accesible cómo la genética y el cerebro influyen en nuestra conducta, nuestras emociones y nuestras decisiones, acercando la ciencia al gran público sin perder profundidad.

Convencido de que conocer los mecanismos biológicos no resta magia a la vida, Miguel Pita defiende la divulgación científica como una herramienta esencial para comprendernos mejor y para distinguir el conocimiento riguroso de la mera opinión.


Transcripción

00:04
Miguel Pita. Muy buenas. Soy Miguel Pita. Soy profesor e investigador de genética en la Universidad Autónoma de Madrid y divulgador. También quiero empezar contando que soy un apasionado del cine y que de alguna manera, en un momento de mi vida tuve que elegir entre dedicarme a la genética y el cine, que eran mis dos vocaciones. Finalmente elegí la genética. Yo creo que porque era menos dependiente del azar. Es decir, sabía que no tenía que tener muchísima, muchísima suerte para hacerlo. Simplemente tenía que estudiar mucho. Y de alguna manera, mi pasión por el cine me ha empujado a la divulgación, a mi vocación adquirida un tiempo después por la divulgación. Porque la forma en la que yo hago divulgación es contando historias. Normalmente la divulgación no tiene que ver con contar historias, sino con hacer un ejercicio de transmitir de una manera accesible el conocimiento científico profundo a aquellas personas interesadas, pero que no son especialistas en el campo. Y yo intento hacer eso mismo, pero uso recursos narrativos. Y yo creo que ese ha sido realmente el punto donde he podido hacer confluir mi vocación científica con mi vocación cinematográfica a través de contar historias. Quiero contaros cómo llegué a exactamente ese punto, al punto de hablar del amor desde la perspectiva científica. O de qué pasa en el cerebro cuando nos enamoramos desde la perspectiva científica. Una vez, escuchando una charla, oí hablar del doctor Larry Young, un investigador y profesor de la Universidad de Emory, en Estados Unidos. Y cuando oí hablar del doctor Larry Young descubrí que él trabajaba exactamente en lo que yo quería trabajar. Él tenía una línea de investigación, que ahora sigue su equipo, muy interesante en la que intentan comprender los mecanismos neurológicos que hay detrás del establecimiento de pareja, pero lo hacen con roedores, con un modelo de roedores muy interesante. Tienen, por un lado, unos topillos, imaginemos una especie de ratoncito, un roedor del género microtus, que forman parejas estables. Es decir, los machos y las hembras conviven juntos, tienen preferencia el uno por el otro, mantienen relaciones reproductivas y sexuales juntos, preferentemente el uno con el otro, y cuidan a las crías. Esto entre los mamíferos no es muy habitual. Hay muy pocos mamíferos que establezcan vínculos de pareja y estos son unos pequeños roedores. Y además, lo singular es que hay otras especies de roedores, muy cercanos evolutivamente, a la vista indistinguibles, que tienen un comportamiento completamente distinto. Las otras especies son promiscuos. Mantienen relaciones sexuales con una pareja, pero los machos no cuidan a las crías, las hembras sí porque son mamíferas, pero no hay ningún tipo de vinculación entre la pareja ni se buscan ni parecen reconocerse, especialmente. Simplemente tienen encuentros que podríamos llamar aleatorios con unas u otras parejas, aunque haya cierto tipo de preferencia. Pero no hay un vínculo de pareja. Este modelo, que es muy interesante encontrarlo en la naturaleza, le permitió al doctor Larry Young, y a otros investigadores que han trabajado con él, analizar qué genética y qué neurofisiología hay detrás de uno y otro comportamiento.

04:19
Miguel Pita. Y de hecho, como son modelos animales experimentales y se puede practicar en ellos el uso de determinadas herramientas genéticas, localizando qué genes son distintos entre ellos podemos comprobar que son los genes que explican las diferencias en el comportamiento porque si modificas en los ratones monógamos determinados genes, los puedes volver promiscuos. Y puedes hacer lo mismo en los ratones promiscuos, sabiendo los genes implicados en que sean promiscuos y conociendo lo que es distinto en el ratón monógamo con herramientas de ingeniería genética, puedes volver a un ratón promiscuo, monógamo. Entonces yo empecé a trabajar con esos genes en otro campo y tengo mi pequeña línea de investigación con estos genes que en los topillos explican el comportamiento afiliativo y que los humanos tenemos también. Y leyendo a veces me pasa que descubro temas que son profundamente apasionantes. Cuando uno lee que se conocen bien las bases neurofisiológicas del amor, disfruta mucho leyéndolo, pero también piensa: “Yo creo que si esto no lo comparto, soy un poco egoísta”. Creo que a cualquier persona que leyese esto, no el trabajo científico específico que estoy leyendo yo en inglés, lleno de siglas y de anotaciones de genes, que eso puede resultar árido, pero el conocimiento que hay detrás le va a resultar fascinante. Que la gente sepa que sabemos mucho de lo que ocurre en nuestro cerebro cuando nos enamoramos, que eso hoy en día se sepa, creo que es casi de interés común. Y ahora, si queréis podemos charlar un poquito más.

06:14
Hombre 1. Muy buenas, Miguel. Me gustaría preguntarte qué es lo que ocurre exactamente en el cerebro cuando nos enamoramos.

06:21
Miguel Pita. Es muy buena pregunta, pero pasan demasiadas cosas, pasan muchas cosas y me costaría resumirlo. Voy a hacer el esfuerzo de sintetizar lo que es clave. Yo creo que lo clave es que el cerebro cambia. Por ejemplo, si después de este rato aquí hablando, recordamos al cabo de unas horas cualquier cosa de la que hemos dicho o escuchado es porque algo ha cambiado en el cerebro. Es decir, sus células, las neuronas han establecido algún tipo de conexión, ha habido algún tipo de reacción genética o epigenética y eso implica algún tipo de remodelación. A lo mejor se ha formado un nuevo enlace entre neuronas y eso nos permite tener un nuevo recuerdo. Luego ha cambiado. Todos los órganos del cuerpo cambian, pero ningún órgano cambia en el sentido en el que cambia el cerebro como respuesta a situaciones que vivimos permanentemente. Entonces, es un órgano muy cambiante. A lo largo de nuestra vida también cambia, pero más progresivamente, siguiendo, digamos, los ciclos del desarrollo. Sin embargo, hay un momento en la vida que cambia un montón, que es en la pubertad, con la llegada de la adolescencia. Si reflexionamos sobre ese momento, cuando termina la adolescencia somos una persona distinta de cuando empieza. Normalmente hablamos de un niño que pasa a ser un adulto. Pero esto es porque nuestro cerebro ha cambiado totalmente. Durante el amor ocurre algo parecido, lo único que tiene una característica muy singular que no se parece ni al establecimiento de un recuerdo ni a la llegada de la adolescencia. Y es que es casi tan radical el cambio, casi tan grande como el que podemos sufrir en la adolescencia, no es por establecer comparaciones, pero es decir, cambiamos tanto que nos volvemos otra persona cuando nos enamoramos como cuando pasamos de una etapa de niño a una etapa de adulto. Pero encima ocurre a toda velocidad, porque mientras que la adolescencia es un proceso muy progresivo que lleva años, de repente cuando nos enamoramos hay un cambio que puede ocurrir en cuestión de minutos o de horas. Es decir, tú sales hoy de tu casa, vas a una fiesta y conoces a una persona de la que te enamoras y mañana no es que vayas a cambiar tu nombre en el DNI, pero puedes reconocerte como una persona distinta, con intereses distintos, con preferencias distintas. Y eso es porque en tu cerebro ha habido un cambio. Estamos hablando de un cambio material, de un cambio físico-químico. Entonces, ¿qué pasa en el cerebro cuando nos enamoramos? Que cambia de muchas maneras. Sobre todo consiste en prepararse o preparar determinadas zonas del cerebro para sentir mucho placer en presencia de una persona en concreto que es de la que nos hemos enamorado, y dolor, no me refiero a dolor físico, hablo más de sufrimiento, en su ausencia. Es decir, tenemos en el centro de nuestra atención a una persona, a una persona de todo el planeta, que esto es realmente singular. En el enamoramiento lo que nos pasa es que de todas las personas que hay, hay una con la que queremos estar todo el rato, queremos estar cerca de otro. Nuestro cerebro quiere estar cerca de otro cerebro todo el rato. Y claro, aquí nos damos cuenta de lo que observamos cuando vemos a los enamorados. Los enamorados están obsesionados el uno con el otro, es decir, esta imagen preeminente, muy felices o muy tristes, con el placer o el dolor y un poco atontados.

10:08
Miguel Pita. Ortega y Gasset decía que el enamoramiento es un estado de imbecilidad transitoria. Y era un señor muy serio y tenía un poco de razón. Y esto en neurofisiología tendría el reflejo o se explicaría mediante esa atenuación del funcionamiento de la corteza prefrontal, que es una parte del cerebro que vigila un poco que nos comportemos. Es como si fuese alguien que nos dice que contemos hasta tres antes de reaccionar. La capacidad que tenemos los humanos de estar portándonos bien 200 o 300 personas sentadas en un avión y no estar tirándonos el contenido de la bandeja de comida como haría cualquier otro primate si le encierras 12 horas en un espacio pequeño con 300 congéneres, es porque la corteza prefrontal funciona estupendamente. Pero en los enamorados no. Así que hay muchas cosas que pasan en el cerebro cuando uno se enamora. Y yo destacaría esa capacidad de tener un pensamiento obsesivo con una persona, que tiene mucho que ver con la amígdala y el hipocampo, esa capacidad de sentir mucho placer en su presencia y dolor en su ausencia, que tiene que ver con cómo se hiperactivan o cómo empiezan a veces a sabotearse el funcionamiento de las rutas del placer, y por último, ese atontamiento, esa imbecilidad transitoria que con tanta gracia explicaba Ortega y Gasset. Que, por cierto, reflexionó mucho sobre el amor por ese peor funcionamiento de la corteza prefrontal. Gracias.

11:58
Hombre 2. Hola, Miguel. Yo te quería preguntar si la ciencia puede explicar por qué nos enamoramos de unas personas y de otras no.

12:04
Miguel Pita. ¿Por qué nos enamoramos de unas personas y de otras no? Esto es una parte realmente interesante del enamoramiento. Si llegase el fin del mundo y quedásemos dos de nosotros, si esa otra persona que queda no es la adecuada, seguro que podrías llegar a tener una relación interesante, podrías esforzarte e incluso tener descendencia, entendedme. Pero como no sea la persona adecuada, no te enamoras. Y eso es algo realmente increíble. Comprender por qué nos enamoramos de unas personas y de otras no, no es sencillo porque no podemos hacer experimentos con animales al respecto. O no podemos analizar qué pasa en otras especies para entenderlo, que es el mejor recurso que tenemos para entendernos. Nuestra situación es un poquito más compleja. Y aunque otras especies que también forman vínculos de pareja también eligen unos individuos y no otros, no lo hacen exactamente como nosotros, porque nuestro cerebro en ese sentido tiene una gran complejidad. Tenemos un gran abanico de preferencias. Entonces, lo que se postula para explicar por qué nos enamoramos de unas personas y no de otras, o de una persona en concreto, es que tenemos algo semejante a una lista mental inconsciente de quién es nuestra persona ideal. Como si en nuestro cerebro en algún sitio hubiese una lista de artículos, imaginaos: cinco, seis, siete, ocho, diez cosas que tiene que tener la persona ideal. Pero no tenemos acceso consciente a esa lista. Nosotros no sabemos que está ahí, la tiene el cerebro esperando que llegue el momento de contrastarla. Y si aparece una persona que tiene esas características, sumado a otro elemento profundamente importante que es que fisiológicamente estemos en el momento ideal para enamorarnos, esto se puede resumir con un momento en el que estemos repletos de hormonas sexuales, entonces nos enamoramos. Entonces, ¿por qué nos enamoramos de unas personas y no de otras? Seguramente porque aparece alguien que tiene o que cumple muchos de los requisitos de nuestra lista inconsciente en un momento en el que se da que nosotros estamos con el cuerpo idealmente preparado para ello. Y de hecho, esa lista fluctúa con el tiempo. Bueno, esa lista seguramente se llena de ítems o de artículos muy progresivamente. La primera vez que nos enamoramos tenemos ya unos cuantos años, no nos enamoramos con un año o con dos. Es decir, imaginamos que tenemos bueno, puede haber un amor infantil, pero me voy a saltar hasta los 12 o 13 años. A los 12 o 13 años esa lista tiene elementos que venían en tu genética, es decir, requisitos que tu genética predeterminaba, pero también se ha llenado de cosas, o de elementos, o de requisitos que tú has ido adquiriendo a lo largo de la vida, en función de a quién has conocido, en función de qué tipo de educación has recibido, en función de tus experiencias, buenas o malas, esa lista se va configurando y cambia siempre a lo largo de la vida. Cuando uno tiene una ruptura y al cabo del tiempo se vuelve a enamorar, puede encontrar similitudes en la nueva pareja pero no tiene por qué ser una pareja con las mismas características. El hecho de haber experimentado ya una relación ha renovado los ítems que hay en esa lista. Y probablemente lo ha ampliado, porque cuanto más mayores somos, en general más difícil es enamorarse.

16:04
Miguel Pita. Y esto muchas veces se achaca a que las hormonas pueden haber decaído, pero también a que los requisitos son cada vez más. Cuando uno es más mayor, ha vivido más cosas y pone más requisitos a la pareja ideal. Es mucho más difícil que aparezca alguien que cumpla muchos de esos ítems y que encima estés en un estado de predisposición fisiológica. Y esto nos lleva a una idea muy interesante. De quién nos enamoramos no es tanto culpa suya como nuestra. Si os fijáis, muchas veces decimos: “Y entró en la habitación y quedé deslumbrado y me enamoré”. Bueno, lo que pasó es que esa persona cumplió lo que tú querías que cumpliese y tú estabas en el momento perfecto para enamorarte. Así que, bajo la perspectiva científica, podríamos ver el enamoramiento como un proceso del cual es más culpable el que se enamora, iba a decir la víctima, pero bueno, me entendéis, que el que aparece y resulta la persona idealizada y enamorada a partir de ese momento. Gracias.

17:13
Sonia. Hola, Miguel. Mi nombre es Sonia. Te quería preguntar: hay gente que se le da muy bien el tema de ligar, que ligan mejor que otra, ¿esto es una cuestión solamente de las feromonas o hay más cosas que intervienen?

17:26
Miguel Pita. Aquí quizá, para responder a esa pregunta tendríamos que volver a pensar en esa lista mental inconsciente que tenemos todos los seres humanos y aceptar que, aunque esa lista es muy personal, y aunque esa lista se va configurando a lo largo de nuestra experiencia vital, sí que hay una serie de elementos que se repiten en una gran mayoría de individuos. Y serían los elementos quizá de corte más innato, más genético. Es decir, esa lista comentábamos que está compuesta seguramente de factores de todo tipo, pero algunos se han originado antes de nacer. En nuestra arquitectura cerebral hay algunos elementos que van a decir a ti te van a gustar personas con estas características y eso está ahí en el cerebro antes de nacer, porque estaba escrito en nuestra genética. Y luego seguramente, mayoritariamente, esa lista se llene a lo largo de nuestras experiencias. Tú creces en una cultura, creces con un idioma, creces con un tipo de amistades y todo eso va influyéndote. Es decir, no es casualidad que la mayoría de la gente acabe con gente que es parecida a nivel sociocultural y, cada vez menos con la globalización, pero de su sociedad. Es decir, el mito de la media naranja y de que hay alguien en la otra punta del planeta que puede ser nuestra persona ideal no tiene mucho sentido si no aceptamos que en realidad esa persona de la que nos vamos a enamorar seguramente sea bastante parecida a nosotros. O que sea bastante parecida no quiere decir que no tenga algunas cosas opuestas. Es decir, es una persona producida en un ambiente bastante parecido al nuestro. ¿Por qué? Pues porque esa lista inconsciente se va llenando de experiencias que muchas son de nuestro colegio, de nuestros amigos del parque, luego de nuestra pandilla de adolescentes y de los gustos que tenemos musicales, audiovisuales… Todo eso va sumando. También, no podemos olvidar que en esa lista inconsciente no tiene por qué haber cosas tan prosaicas y tan simples como: me va a gustar una persona que adore a Nirvana o que vea mucho Netflix. No, puede haber olores, puede haber sensaciones, es algo del cerebro. El cerebro no se expresa hablando. Son reacciones químicas y eléctricas. Pero en esa lista, como decíamos, hay una parte muy básica que puede ser de nacimiento, que es genética. Y hay algo en cierto tipo de personas que la mayoría de los humanos preferimos. Yo creo que ahí es donde aparecen esas personas que ligan mucho. La mayoría de ellas yo creo que se explicarían por esa razón. Es decir, hay rasgos como por ejemplo la belleza, que si alguien es atractivo pues le facilitan mucho las cosas en la vida.

20:52
Miguel Pita. ¿Por qué nos gusta a todos los seres humanos lo bello y lo atractivo? Aunque haya sutiles diferencias en lo que unos y otros encontramos bello y atractivo, vamos a entender que las estrellas de moda de Hollywood nos parecen bellos y atractivos a todos. ¿Por qué? Bueno, pues eso sí que tiene una fuerza biológica que puede tener un reflejo más simple en el que liga del grupo. El que liga del grupo no es necesariamente lo que ha sido Brad Pitt a lo largo de todos estos años, pero sería un Brad Pitt a escala. ¿Por qué nos parece atractivo alguien con esos rasgos e incluso guapo? Normalmente, y aquí ya entramos en una parte de biología muy dura, hay rasgos que nos transmiten, a varones y a mujeres, la presencia de una buena genética. Y eso es valioso para casi cualquier cerebro. Porque al final, también de una forma inconsciente, nuestro ADN nos lleva a buscar reproducirnos. Cuando estamos ligando, cuando estamos buscando pareja, nuestro ADN lo que está diciendo: “Tú acércate mucho a esta persona, tú vincúlate mucho con esta persona que así te reproduces y dejas copias de mí mismo que soy el ADN. Dejas descendencia. ¿Cómo se distingue una buena genética? ¿Qué es una buena genética? Ni siquiera existe una buena genética universal. Pero normalmente la belleza

24:04
Sergio. Buenas, Miguel. Soy Sergio. Una vez has explicado los procesos que ocurren en el cerebro tras el enamoramiento, cuando se va, ¿qué es lo que pasa? Cuando se produce esa ruptura, ¿es verdad eso de que un clavo saca otro clavo o es simplemente un dicho?

24:18
Miguel Pita. Muchas gracias, Sergio. Es muy interesante tener en cuenta que cuando el cuerpo, el cerebro particularmente, se prepara para el amor, también se prepara para el desamor. Porque en las primeras etapas del amor, en el enamoramiento, en las cuales hay lo que se llama “placer anticipado” en abundancia, que tiene mucho que ver con la llegada de la dopamina a zonas del cerebro que producen placer, como es el núcleo accumbens, estamos permanentemente sufriendo alegrías que tienen que ver con: me ha contestado un mensaje, ha accedido a quedar conmigo… Es decir, pequeños indicios de que todo va en el buen camino. Y sentimos placer sin que esté ocurriendo realmente todavía nada. Esto es un rasgo muy singular de la especie humana que se anticipa a lo que va a ocurrir. Porque si lo pensamos, si nos hemos enamorado de una persona ayer y hoy nos manda un mensaje, sentimos un pico de placer tremendo pero solo hemos recibido un mensaje. No está ni siquiera aquí la persona. Está al otro lado de un teléfono, muy lejos. Por eso esto es un rasgo muy humano. Si hablásemos de un animal que se empareja, nunca va a poder sentir ningún tipo de placer si no es en contacto íntimo. Nosotros podemos sentir teleplacer. Y esto es fascinante. Pero así como se construyen estas arquitecturas de placeres sofisticados como el placer anticipado y después el placer consumado, cuando ya tenemos un abrazo, un beso, ni os cuento relaciones sexuales, ahí ya el placer es tremendo, pero es otro tipo de placer. Es el placer consumado. Si el primero tenía que ver con la dopamina, este segundo tiene más que ver con la oxitocina. Hay muchas otras moléculas, muchos otros neurotransmisores en juego. Pero en el proceso en el que se están produciendo esas reformas que nos llevan a ser capaces de sentir grandísimos placeres en presencia o en la imaginación de estar con nuestra pareja, se están también produciendo otro tipo de reformas. Es decir, nuestra genética está trabajando para colocar en nuestras neuronas otros receptores que son los que nos hacen sentir mal cuando las noticias son malas o en ausencia de nuestra pareja. Y esto sí se ha visto, por ejemplo, con modelos animales. Se ha entendido a través de modelos animales. Los topillos monógamos que se emparejaban con una pareja en concreto y se mantenían con ella durante largos periodos de la vida y criaban a las crías juntos, expresan también este tipo de receptores que les hacen sentir mal si los separas. Experimentalmente esto es muy fácil de hacer, claro, porque son topillos y los puedes mantener en jaulas y llevarlos de un lado para otro, y luego puedes analizar qué pasa en su cerebro. Pero en nuestro cerebro se postula que debe ocurrir algo muy parecido. Y es que cuando nos separamos de nuestra pareja se liberan determinadas moléculas, determinadas hormonas también. Por ejemplo, al no estar hay un pico de estrés y por tanto hay cortisol circulando, que es una hormona muy conocida que tiene que ver con las situaciones de estrés. Y esta liberación de moléculas tiene un efecto muy singular y es que lo que hace es bloquear el acceso de neurotransmisores que producen placer a los centros del placer. Es decir, cuando nos separamos de nuestra pareja no solo sentimos esta ansiedad y este malestar, sino que durante el enamoramiento se ha preparado todo para que no seamos capaces de sentir placer. No solo nos sentimos mal, sino que si intentamos sentir placer con otro estímulo normalmente placentero, las neuronas oxitocinérgicas están bloqueadas. Y esto se ha construido durante el enamoramiento, de tal manera que si nuestra pareja se aleja, pues nos sentimos inquietos.

28:36
Miguel Pita. Los seres humanos como tenemos la corteza muy desarrollada, aunque esté un poquito bloqueada durante el enamoramiento, como hablábamos, decimos: “Bueno, da igual, pero mi pareja está de viaje, cálmate, no pasa nada”. Los topillos no saben decir eso, entonces simplemente están muy ansiosos. Pero claro, los seres humanos a veces tenemos rupturas definitivas. Entonces aquí no nos podemos calmar a nosotros mismos porque no está de viaje y no va a volver mañana. Y entonces, como están bloqueadas las autopistas que nos producirían placer con otras circunstancias, solo sentimos ansiedad y malestar. De tal manera que si nos da un abrazo, por ejemplo, nuestro hermano o hermana, la oxitocina no llega. Es decir, sí, tiene un poco de efecto, se produce oxitocina pero no llega a su destino para producir placer. Está saboteada nuestra capacidad de sentir placer con una finalidad, con una finalidad evolutiva. Nadie tiene una intención detrás de esto, pero la naturaleza tiene una intención detrás de esto y es: bueno, si así te sientes mal, busca a tu pareja. Que es lo que hace el topillo si tú le dejas. Y la persona a la que le han dejado, si le dejas también buscaría su pareja, pero la pareja no quiere, entonces se tiene que aguantar. Pero volverías a estar a gusto si volvieses a estar con esa pareja. Y no eres capaz de estar a gusto con ningún otro estímulo. Porque en el proceso de enamoramiento, igual que se ponían muchos receptores para que pudiese entrar mucha dopamina y sentir mucho placer anticipado y mucha oxitocina y sentir mucho placer consumado, se ponían estos receptores para que cuando no estuviese la pareja se bloquease tu capacidad de sentir placer casi totalmente. Es un fenómeno realmente singular. Esto no es definitivo. Si tú rompes durante mucho tiempo esas autopistas, esas neuronas que llevan placer a los centros de placer, están atascadas, están bloqueadas, no se permite el paso de la oxitocina por ahí, por ejemplo, me estoy quedando con ejemplos muy concretos, pero obviamente la complejidad neurológica es mucho más amplia, pero la oxitocina no llega ni aunque tus amigos te hagan una fiesta o ni aunque te den abrazos tus familiares, nada. Estás en un duelo terrible. Pero con el paso del tiempo, los procesos homeostáticos que ocurren en todo nuestro cuerpo, que lo que quieren decir es que el cuerpo tiene una tendencia a volver siempre al estado inicial, lo que van haciendo es retirar esos receptores que bloqueaban las neuronas del placer, las neuronas oxitocinérgicas que llevaban placer a los centros del placer. Es decir, con el paso del tiempo, esas reformas que se habían hecho tanto para estar muy feliz enamorándote como para estar muy triste en el desamor, esas neuronas van retirando progresivamente, progresivamente, por eso el desamor no se cura de la noche al día, estos receptores y puede volver a fluir oxitocina en situaciones cotidianas en las que fluye la oxitocina. Por eso el desamor se cura con tiempo y, por supuesto, con distracción. Porque el tiempo lo que hace es retirar los receptores que bloquean la llegada del placer hasta que esas neuronas recuperan la normalidad, y la distracción lleva tus pensamientos a otro lado que no sea estar obsesionado con ello. ¿Una nueva pareja puede también tener este efecto recuperador? Seguramente, seguramente, pero no en cualquier momento del desamor. El amor y el desamor se caracterizan por ser muy obsesivos y cuando uno está enamorado no puede enamorarse a la vez de otra persona, en el momento en el que estás completamente enamorado. Seguro que hay quien me lo discuta, pero mientras que en las fases del amor maduro sí estoy de acuerdo en que se puede ver de todo, en el momento en el que uno está enamorado obsesivamente de una persona, completamente centrado en esa persona, casi no puede atender a ninguna otra actividad, casi no piensa ni en comer. Por tanto, es muy difícil que piense en enamorarse de otra persona.

33:02
Miguel Pita. En el desamor agudo pasa lo mismo. Durante el desamor es muy difícil enamorarse de otra persona. Ahora, cuando avanza el desamor y todas esas reformas neurales que se habían acometido se van retirando y va volviendo la normalidad, progresivamente va siendo más fácil. Así que, ¿un clavo saca otro clavo? Yo creo que en la fase de enamoramiento agudo no, hay que esperar un poquito después. Si a una persona un clavo le saca otro clavo, seguramente es que ya había decaído un poco su enamoramiento agudo.

33:44
Mujer 2. Hola, Miguel. Yo quería preguntarte acerca de los celos y entender por qué hay personas más celosas que otras y si tiene algo que ver con la genética.

33:53
Miguel Pita. Los celos son una emoción, por tanto tiene un origen biológico e incluso adaptativo, lo cual quiere decir que evolutivamente tienen un sentido para el individuo. La expresión de los celos en la sociedad actual generalmente es nociva. Es decir, no es un comportamiento beneficioso para la pareja y en general no es beneficioso para la sociedad que haya expresiones de celos, pero eso no lo hace menos biológico. Hay muchas cosas de origen biológico, y por tanto innato y con una base genética, que no son útiles en una sociedad contemporánea. Pero sí, los celos son algo que vemos no solo en el ámbito del amor, donde generalmente es donde se ven los resultados más nocivos de su expresión, sino que los vemos en los niños pequeños a los que todavía no hemos socializado, lo cual nos da prueba de que los celos son innatos, son inherentes al individuo, son biológicos, porque en un niño tan pequeño como de un año puedes ver sus celos de su hermanito o hermanita, o de sus compañeros. Y los ves en animales. Si tenéis un perro en casa, veréis que si tenéis dos, veréis que uno puede ser celoso del otro, o un perro de un gato o un perro de otro perro. Es decir, es muy natural que haya celos porque en el fondo son un mecanismo de protección de los intereses individuales. Lo que estamos haciendo es proteger lo que nuestra biología quiere que sea nuestro y no deje de ser nuestro. Lo cual a veces entra en conflicto con lo que otro individuo quiere que sea suyo y no deje de ser suyo. Y ahí está el problema, especialmente si los vemos dentro de una pareja. Pero que un niño vea comer a otro niño y se ponga celoso es normal, porque dice: “Él está recibiendo un aporte energético y yo no lo estoy recibiendo. Yo quiero ese aporte energético para mí”. Pero eso no lo piensa el niño, eso lo piensa su cerebro inconsciente, como tantas otras cosas que no están bajo nuestro control. Entonces, cuando sentimos celos es nuestro cerebro protegiendo aquello que el ADN le ha encargado que proteja. ¿Qué puede ser? Pues eso, esta pareja yo la quiero para mí, quiero que sea mía y no deje de ser mía. Y si está atendiendo a otro estoy arriesgando el obtener el beneficio que mi cerebro quiere obtener porque se lo ha encargado su ADN. ¿Qué hay que hacer con los celos? Entenderlos, entender que son naturales y por supuesto controlarlos. Y aquí de nuevo entra el grandísimo desarrollo del cerebro humano y de nuestro córtex. Nosotros no solo podemos entender lo que son los celos, que no hace falta que lo entendamos y que lo sepamos, pero sí podemos controlarlos. Y tenemos incluso el deber social de controlarlos. No nos podemos comportar de manera celosa. Pero eso no hace que los celos no sean algo instintivo y algo biológico y que tengan ese sentido evolutivo de autoprotección del individuo. Pero son una emoción y todas las emociones van en el mismo sentido. La ira es una emoción. ¿Debemos controlar la ira?, por supuesto. ¿Podemos controlar la ira?, por supuesto. Es decir, tu cerebro expresando esos deseos inconscientes suyos y del ADN, puede sentir ira en un montón de situaciones, y tu cerebro también, la capa consciente puede controlarlas. Nunca está justificado. El que sea un fenómeno biológico no puede justificar que lo ejecutemos. Pero sí debemos entender que es un fenómeno biológico. Entonces, en el contexto del amor hay muchos celos. Hay muchos celos porque hay una obsesión muy grande con la pareja, sobre todo en la fase del enamoramiento agudo. Ya hemos hablado de que hay una imagen mental permanente, preeminente de esa pareja.

38:36
Miguel Pita. Estamos todo el rato con la cabeza pensando en ella, en esa pareja. Si esa pareja nos hace sentir mal solo con su ausencia, imaginemos ya si está en una situación en la que nosotros pensamos, proyectamos que la podemos perder. Ahí hay unos celos tremendos. Pero nosotros tenemos que entenderlo. Nosotros tenemos que entenderlo y, como seres sociales que somos, controlarlo. Pero claramente son de origen innato y de origen biológico y, realmente, simplemente son la expresión de un ADN que construye un cerebro para que inconscientemente el individuo vele de forma egoísta por su supervivencia y su reproducción a cualquier coste. Y lo que tiene que hacer el córtex es decir: “No, esto no puede ser a cualquier coste. Tengo que entender que no puedo estar celoso porque mi pareja se ha ido a un viaje de trabajo con sus compañeros eso es una estupidez. Me está traicionando mi cerebro inconsciente. Así que por suerte tengo una parte del cerebro que sí es consciente, luego voy a asimilarlo y no voy a ponerlo en práctica”. O por lo menos en la mayoría de los casos, porque también tenemos que entender que puesto que son adaptativos, habrá situaciones en que los celos, como la ira, como el asco, como todas las emociones sean beneficiosos. Pero en sociedad, en la mayoría de los casos van a ser deletéreos, van a ser nocivos y debemos controlarlos, pero no por ello son menos biológicos. Gracias, gracias.

40:20
Dayana. Hola, Miguel. Soy Dayana. Quería preguntarte: en la época de nuestros abuelos se tenía solo una pareja para toda la vida, ¿cómo se explica esto científicamente?

40:29
Miguel Pita. Hola, Dayana. Es difícil de explicar, aunque yo creo que es bastante comprensible. Es difícil de explicar porque no hay una sola razón, hay muchas razones. Pero es cierto que ha cambiado mucho la sociedad. Mira, yo creo que lo más interesante es tomar conciencia de que muchas veces discutimos si el ser humano es monógamo o es promiscuo, y entender que el ser humano es lo que quiera. Y es lo que quiera también biológicamente. Si nos comparamos con otras especies, las especies las podemos categorizar y todos los miembros de la especie son, o si decimos que son monógamos, son monógamos, si esta especie decimos que es promiscua es porque son promiscuos, y si decimos que aquí los machos son de esta manera y las hembras son de esta, es porque todos son de esa manera. Nosotros, no. Nosotros podemos elegir. De nuevo estamos en una situación en que la singularidad que tenemos de tener una corteza muy desarrollada, un córtex, un neocórtex, nos permite sobreponernos a los dictámenes estrictamente biológicos, mientras que en el resto del reino animal no pueden hacerlo. El resto del reino animal simplemente son lo que dicta su biología y se comportan atendiendo a esos mecanismos puramente instintivos. Entonces, lo que vemos a lo largo de las sociedades es que los humanos hemos ido cambiando. Incluso en el presente, en distintas sociedades, aunque la mayoría mostremos el mismo patrón, hay distintas elecciones, distintas formas de elección de pareja. Entonces existe ese permanente debate. Lo que somos los seres humanos cuando estamos enamorados, somos monógamos sociales. Es decir, cuando estamos enamorados, de nuevo, nos importa tanto solo una persona que nos importa más que el resto de las cosas, más que nuestro trabajo y que lo que comemos, luego estamos plenamente comprometidos con esa persona. Y en nuestra sociedad lo normal es que después del enamoramiento haya una transición al amor maduro con esa persona. Es verdad que puede haber una ruptura y que puede establecerse otra relación similar, pero también puede seguir la relación con esa persona y mantenernos en pareja. Y esto tiene mucho que ver con cómo son nuestros descendientes, cómo son nuestros hijos. Tiene mucho que ver con la crianza. Es decir, nuestra biología nos impulsa a establecer vínculos muy firmes de pareja, de nuevo a encontrar una pareja en concreto de todo el planeta con la que querer estar todo el rato, porque cuando nos reproduzcamos, que en el fondo es la consecuencia biológica del amor, insisto, no lo que tiene que ocurrir siempre que nos enamoremos, pero el plan oculto de la naturaleza, cuando nos reproduzcamos van a nacer unos cachorrillos de humano que no salen andando de un huevo y que no están listos para la vida independiente a los 15 días. Nosotros tenemos que cuidarlos muchísimo tiempo, más que ninguna otra especie. Hay especies de primates que los cuidan años, pero nosotros lo normal es que los cuidemos más de una década. Y en ese esfuerzo es mejor ser dos que uno, como cualquiera que tenga hijos sabrá y como cualquiera que no tenga hijos se imagina perfectamente. Entonces, en ese sentido, la monogamia social se adecua mucho al tipo de mamífero que somos los seres humanos. Y luego es verdad que en el reino animal hay una gran mayoría de especies que son promiscuas. Y si acotamos el reino animal a los mamíferos, que son los que se parecen más a nosotros, los que también dan a luz a sus crías, hay muy pocas especies monógamas.

44:47
Miguel Pita. Es muy difícil cuantificarlo, pero se estima que aproximadamente un 9% de los mamíferos, solo un 9% de los mamíferos, son monógamos. El otro 91% lo que hacen es encontrar pareja y es la hembra la que se queda embarazada y se encarga de las crías el tiempo que haga falta. Que los mamíferos suelen necesitar un ratito, digamos entre comillas. Es decir, de nuevo no salen de un huevo andando los pollitos, hay que amamantarlos, hay que cuidarlos. Pero en esa gran mayoría de especies de mamíferos no hay una figura del macho, hay simplemente una hembra que se encarga. El macho tiene ese rol puntual que todos nos imaginamos tan esporádico. Si llevamos todo esto a lo que ha ido ocurriendo a lo largo del tiempo en las sociedades, nos preguntamos por qué nuestros abuelos estaban toda la vida con una pareja y nosotros cambiamos, en realidad nosotros cambiamos sobre todo porque podemos, porque la sociedad es distinta. Es decir, si intentamos explicarlo desde un punto de vista biológico, nosotros somos lo que nos marca nuestra sociedad. Entonces, estamos en una sociedad distinta ahora y nos comportamos de una forma sutilmente distinta. Porque somos esos monógamos sociales durante la etapa del enamoramiento y el resto del tiempo lo que somos es unos seres que han nacido con un programa biológico potente para ciertas cosas, como ya hemos hablado, por ejemplo, para las emociones, pero sobre todo un programa biológico que ha ido colocando encima capas y capas y capas y capas de cerebro, capas neurológicas de lo que hemos absorbido de la sociedad, para la elección de pareja y para el tipo de establecimiento de pareja que hacemos. Para todo somos unos seres profundamente sociales. Entonces, vuelvo a la respuesta de antes, ¿por qué nosotros somos distintos de nuestros abuelos? Porque podemos, porque nuestros abuelos, nuestros abuelos, no. Los de todos. Estoy recogiendo tu guante, imaginémonos esa sociedad en un pequeño pueblo en la que se juntaban con una pareja de ese mismo pueblo o del pueblo de al lado y estaban toda la vida, lo que hacían era lo que se podía hacer. Se enamoraban exactamente igual que ahora, porque ese mecanismo no ha cambiado. Les pasaba en el cerebro lo mismo. Lo que pasa es que luego no había todas esas capas y capas y capas, bueno, sí las había, había las mismas capas y capas y capas, pero de distinto contenido que las nuestras. Y en la nuestra está esa capacidad de ejecutar el tipo de elección de pareja que queremos hacer. Y creo que es muy interesante la pregunta, no solo para entender cómo hemos cambiado socialmente, sino para entender de nuevo la singularidad de nuestra especie, que tiene muchas otras singularidades. Pero una que resume a todas es esa capacidad de sobreponer a lo biológico, es decir, a ese contenido que el ADN ha transmitido al cerebro para que maneje de manera inconsciente un montón de maneras de decidir que también son parte de nuestro cerebro, pero son de un cerebro plástico que se va construyendo con lo que va recibiendo culturalmente.

48:30
Vanesa. Hola, Miguel. Soy Vanesa. Todos estos mecanismos que nos has contado que ocurren cuando nos enamoramos de una persona, ¿son también los mismos que ocurren cuando nos enamoramos de otras cosas? Por ejemplo, una obra de arte, una ciudad.

48:45
Miguel Pita. Muchas gracias, Vanesa. Es muy interesante esto que planteas, porque la respuesta es que sí, que el enamoramiento lo que utiliza en realidad es reciclado. Es reciclado del vínculo que establecen las madres con los hijos, si volvemos a imaginarnos en el reino animal, en el entorno de los mamíferos. Es verdad que hay muchas formas de amor. Hemos estado hablando principalmente del enamoramiento del amor romántico, pero no solo sentimos amor por nuestra familia, por nuestros amigos, sino que también a veces sentimos amor por elementos materiales o por conceptos o por ideas. Y esto es realmente singular y también es bastante único en nuestra especie, como es fácil de imaginar. Todo parte de que cuando las hembras de mamífero y las mujeres de nuestra especie dan a luz, ocurre un proceso de enamoramiento de aquello que tiene delante, que no casualmente es su cría. Es decir, todos estos procesos de fijación con un individuo en la amígdala y en el hipocampo, y asociar esa idea de ese individuo a un gran placer en su presencia, ocurren exactamente igual que hemos descrito en el amor, de una forma originaria, en el vínculo de las madres con las crías. Y son los mismos mecanismos, los mismos elementos estructurales del cerebro, las mismas rutas de la recompensa, la misma oxitocina fluyendo. La madre ha ido preparándose para ese momento. Y en nuestra especie también el padre, que esto es realmente singular porque el padre ha ido preparándose, no a través de los cambios directos en su cuerpo, sino de los que ha producido en esa parte de su cuerpo que es la mente, con la proyección de lo que iba a ocurrir. Pero en los otros mamíferos, la madre se enamora, y voy a usar el entrecomillado, de su cría. ¿Cuál es la diferencia entre ese amor y el amor romántico? El etiquetado en el cerebro, el etiquetado en amígdala e hipocampo. Entonces es fundamental ese etiquetado. Y esto ocurre para muchos tipos de amor. Tú has puesto unos ejemplos interesantes relacionados, pues con elementos de la sociedad, pero también el amor hacia nuestros pares, sea familia o sean amigos, es el mismo tipo de ruta. Solo cambian dos cosas: uno la intensidad y dos lo claro que tiene el cerebro qué tipo de amor es cada uno. Y están relacionadas las dos cosas. Es decir, el cerebro sabe que el amor romántico y el amor por un hijo o hija es el tope, eso está ahí arriba. Y entonces ese es el que tiene que dar grandes subidones de alegría, grandes liberaciones de los neurotransmisores que producen placer y grandes preocupaciones, poner mucha atención a ello. Y luego, pues sí, podemos meter a familia, podemos meter amigos.

52:26
Miguel Pita. Y también producen sus picos de placer en el mismo sitio, porque los centros de placer son limitados. Y casi todo esto que estamos contando, que estamos llamando placer, ocurre en el núcleo accumbens. Entonces, los neurotransmisores que acceden a él y el sitio al que se accede es el mismo. Lo que pasa es que está etiquetado de un determinado tipo y la intensidad es la asociada a esa etiqueta. Pero todo en el fondo, en la naturaleza, ha sido reciclaje. Es decir, la capacidad que tenemos nosotros de enamorarnos locamente de una pareja es porque hemos utilizado para ese singular fenómeno, tremendamente singular fenómeno que es el obsesionarse con una pareja, una cosa que ya existía, que es cómo las madres se obsesionan, y obsesión en un sentido positivo, de sus crías. Y eso lo hemos reciclado y lo hemos utilizado para enamorarnos de nuestra pareja y lo hemos utilizado para recibir sensaciones positivas de otros elementos, sobre todo de otros individuos a los que también asociamos la idea de amor o la idea positiva de placer con, insisto, muchas diferencias en intensidad y en cómo están catalogados en esa zona del cerebro, que tiene mucho que ver con la amígdala, que es una gran biblioteca de identidades.

54:07
Kel. Buenas, Miguel. Mi nombre es Kel y me gustaría preguntar si el amor es igual para hombres y para mujeres.

54:14
Miguel Pita. Es igual hasta cierto punto. El amor es un proceso muy complejo. Involucra a numerosas áreas del cerebro, numerosos neurotransmisores, hormonas circulando por el cuerpo, y aunque hoy en día conocemos algunos de sus mecanismos básicos, también es cierto que nos faltan otros por conocer. En estos mecanismos básicos del proceso del enamoramiento, sí se parece mucho lo que ocurre en mujeres y varones. Es muy parecido. Es decir, la forma de sentir placer, la forma de sentir ese malestar o ese dolor en su ausencia, eso se programa en el cerebro y se ejecuta de una forma que sería indistinguible entre un cerebro de un varón y un cerebro de una mujer. Pero es cierto que hay diferencias. Y si analizásemos su efecto en el amor, yo creo que diría que son más bien sutiles, por lo menos en este proceso de enamoramiento. Los hombres y las mujeres se diferencian bastante en cuanto a las características de sus hormonas sexuales. Ese punto de partida ya es distinto en hombres y mujeres. Es decir, las mujeres están, cuando se enamoran o ese día en que esto ocurre, repletas de estrógenos y los hombres de testosterona. Bueno, pues ahí hay una sutil diferencia. Pero si vamos a lo esencial y a lo que mejor conocemos del amor, aquello que ocurre enamorándonos románticamente, transicionando al amor maduro y durante el desamor sería indistinguible en hombres y mujeres. Yo me atrevería a decir que hay más diferencia en ciertos aspectos, como por ejemplo en a quién elegimos entre dos hombres o dos mujeres que entre un hombre y una mujer. Así como seres biológicos que somos podemos encontrar diferencias generales entre mujeres y varones en muchos aspectos, y en el amor reconozco que las tiene que haber, yo prefiero quedarme con la idea de que es un fenómeno tan intenso y tan singular que cuando se expresa el enamoramiento se sobrepone a otros aspectos en los que sí podemos encontrar diferencias en el cerebro de una mujer y de un hombre. Gracias. Bueno, muchas gracias. Ha sido un placer charlar con todos vosotros y vosotras. Espero que os haya hecho disfrutar el conocer un poco más de lo que nos pasa en el cerebro cuando nos enamoramos. A mí me gusta explicar qué ocurre o qué motivaciones y qué secretos biológicos hay detrás de los comportamientos, pero es verdad que me he encontrado situaciones en las que me han preguntado: “¿Y no prefieres no desvelar el misterio? ¿No te gustaría más pensar que es algo mágico?” Radicalmente, no. Es muy famoso que cuando Newton, que descubrió tantísimas cosas, entre otras, explicó que el arco iris procedía de la descomposición de la luz blanca, es decir, que la luz blanca está compuesta de la composición de colores, tiempo después, un poeta romántico que se llamaba John Keats lo criticó por haber destruido o destejido el arco iris. De alguna manera encontraba que le había quitado la magia a ese fenómeno incognoscible. Yo soy de la opinión completamente opuesta. A mí me parece que el arco iris sigue teniendo exactamente la misma magia cuando lo ves, porque no piensas en qué es.

58:44
Miguel Pita. Pero además, gracias a Newton podemos pensar qué es y entenderlo. O sea que tenemos el doble disfrute. Y pienso que la divulgación, y en este caso describir lo que ocurre en el cerebro cuando nos enamoramos, cumple un poco también esa doble función. Por saber qué nos ocurre en el cerebro cuando nos enamoramos no nos vamos a enamorar ni menos veces ni menos intensamente. De hecho, a alguno le gustaría que fuese así, pero es superior a nuestras fuerzas. Así que os invito a que sigáis descubriéndolo y me gustaría que compartieseis ese punto de vista sobre que siempre es mucho mejor saber que no saber. Y una vez más aprovecho para despedirme defendiendo la divulgación, defendiendo que la sociedad quiera conocer más, quiera estar menos ajena a la divulgación, sobre todo en unos tiempos en que prevalece mucho la opinión y hay muchos medios para hacer valer opiniones que no tienen que ver con el conocimiento científico e incluso se equiparan, cosa con la que yo estoy en completo desacuerdo. Todo el mundo tiene una opinión válida, pero no sobre los aspectos científicos. Sobre los aspectos científicos solo tiene una opinión válida la ciencia. Para defender este argumento quiero terminar recordando un momento televisivo que para mí fue muy revelador y además lo protagonizó Ricky Gervais, que es un cómico. Es un cómico con una grandísima lucidez que en un debate, en un ‘late night’ con Stephen Colbert en Estados Unidos, tuvieron una discusión. Estaban hablando sobre el ateísmo. Y en un momento dado, ya saltando al tema de la ciencia, Ricky Gervais dijo algo que yo se lo voy a robar. Y le dijo a Stephen Colbert: “Si tú tomases todos los libros (él hablaba de religiones, pero bueno, cualquier libro, cualquier tipo de literatura, cualquier tipo de ficción o cualquier tipo de pensamiento que no esté fundamentado en la ciencia) coges todos los ejemplares que hay de esos libros y los destruyes, dentro de mil años habrá otros libros distintos. Pero si tú coges todos los libros de ciencia y los destruyes y no queda ni un ejemplar, dentro de mil años estarán los mismos. Saldrá exactamente el mismo resultado”. Y yo creo que esta es la gran diferencia de la ciencia frente a la opinión. Y con esto me despido dándoos las gracias. Muchas gracias.