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Álvaro Bilbao. Bueno, cada vez estamos más interesados a nivel de neurociencia en el efecto de la sobreprotección, no solamente en la vida familiar, sino también en los resultados académicos, en la toma de buenas decisiones respecto a la universidad. Por ejemplo, hay un estudio muy bonito que dice que los niños que están más sobreprotegidos toman peores decisiones respecto a su futuro profesional y acaban siendo adultos que trabajan en trabajos con los que se sienten insatisfechos, porque los padres metieron demasiada mano en influir, en opinar sobre lo que el niño tenía que decidir. Y suelen ser niños, o adolescentes, que durante toda su infancia han tenido ese componente de sobreprotección de los padres. Algo que podemos aprender del mundo animal es que los tigres, los monos, no persiguen a sus hijos por la selva, sino que están en su lugar y son los animalitos, son los bebés, las crías, los que van haciendo sus trastadas y, cuando el monito se cae del árbol y se hace daño, es él el que va corriendo a buscar a su mamá. Por lo tanto, un buen indicador de que estamos sobreprotegiendo o no estamos sobreprotegiendo es que dejemos que los niños vengan a nosotros cuando nos necesitan y dejémoslos tranquilos, dejémoslos vivir cuando ellos no nos están pidiendo ayuda. Si vemos que el niño está infringiendo una norma grave, como por ejemplo pues que está pegando a otro niño, como que va a cruzar la calle solo, ahí sí que es importante que los padres intervengamos pues para protegerles. Pero eso sería protección. La sobreprotección es cuando asistimos al niño en demasiadas cosas que el niño no nos pide. Una de mis palabras favoritas para educar es “no”, no solamente porque me permite ponerle los límites que creo que son imprescindibles, que son muy poquitos pero imprescindibles para que los niños desarrollen capacidad de tolerar la frustración, sino también porque me permite decirles “No te voy a ayudar” siempre que creo que pueden hacerlo solos. Y la verdad es que descubro que en la mayoría de las ocasiones, cuando digo “Mira, no te voy a ayudar a abrir este bote de mermelada”, “No te voy a ayudar a hacer este ejercicio”. “¿Se te han olvidado los deberes? Pues yo no te voy a ayudar pidiendo los deberes por Whatsapp a otros papás”, acabo encontrando que ellos acaban encontrando la respuesta, acaban siendo capaces de abrir ese bote de mermelada o acaban aprendiendo que, si no quieren que se les olviden los deberes, lo más importante es acordarse en clase, ¿no?