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Giulia Enders. Esa es una conexión interesante. Y es algo que a veces, cuando la gente no sabe mucho al respecto, piensa: “Oh, tengo el estómago sensible”. Dicen: “Soy una persona nerviosa y sensible”. ¿Pero qué está pasando realmente? Analicémoslo. Las células nerviosas del intestino son sorprendentemente similares a algunas de las células nerviosas del cerebro, incluso más que las de otros órganos. Así que cuando estamos estresados, detectan las hormonas del estrés con gran sensibilidad y se dicen: “El cerebro tiene un problema. Tenemos que ahorrar toda la energía para dedicarla a resolverlo”. Esto puede hacer que, a veces, cuando estás muy nervioso incluso vomites o tengas diarrea. Por supuesto, en el mejor de los casos, solo tienes el estómago sensible. Esto significa que el estómago está cediendo energía, tiene menos flujo sanguíneo o incluso está expulsando los alimentos para no tener que trabajar, pero tiene menos flujo sanguíneo, menos mucosidad, porque está reduciendo la energía para que el cerebro pueda hacer su trabajo. Entonces podemos concluir que eso es algo muy bueno que hace el intestino, ya que realmente quiere que nos esforcemos para resolver cualquier problema. Pero cuando nos encontramos en esa situación, por supuesto, es beneficioso observarse un poco a uno mismo, ya que tu intestino está siendo amable contigo, tú también podrías serlo con él. La mayoría de las personas que tienen un estómago sensible intentan comer alimentos muy ligeros, como un poco de patata o un plato de sopa. Tienes que descubrir por ti misma qué es lo que te sienta mejor. Normalmente, alimentos muy grasos, con mucho contenido proteico, provocan pesadez porque permanecen más tiempo en el estómago, a veces incluso dos horas más que un poco de arroz o de patata. Por lo tanto, estos alimentos pueden ser buenos para tu intestino cuando estás nervioso. También hay estudios que se realizaron formando diferentes grupos de estudiantes de medicina con los que se pudo observar, que antes de un examen importante, algunos de ellos estaban muy estresados y dormían mal. Se demostró que si estas personas tomaban probióticos, como los que se encuentran en el yogur o en el kéfir, por ejemplo, dormían un poco mejor y tenían algo menos de estrés, porque estas bacterias nutren las paredes intestinales. Es como si les dieran un poco de amor, les proporcionaran nutrientes, moléculas de energía y eso ayudaba al intestino a lidiar con los momentos de estrés. Y lo último es: no te excedas. No te estreses durante demasiado tiempo porque tu intestino es un órgano realmente maravilloso. Te lo da todo. No abuses de él. Estresarte durante un rato está perfectamente bien. Así es como se resuelven los problemas de la vida. Pero estar estresado durante semanas y semanas y semanas es abusar un poco de la bondad de tu intestino. Así que intenta tomarte unos descansos, intenta relajarte, date un masaje, canta o lo que sea. Date un buen baño para decirle a tu intestino: “Ahora puedes tomarte un descanso. Ahora puedes tomar un poco de sangre. Está todo bien”. Hay otro aspecto relacionado con la conexión entre el intestino y el cerebro, y esto es de interés particularmente para algunos tipos de depresión, ya que vemos que el intestino puede influir en el cerebro en ese sentido. Las personas que padecen síndrome del intestino irritable o una enfermedad inflamatoria intestinal crónica tienen un mayor riesgo de sufrir ansiedad o depresión, o incluso simplemente tener más estados de ánimo depresivos. Y esto, incluso en comparación con otras enfermedades crónicas que tampoco son nada agradables, el intestino es, pues, un importante asesor del cerebro. Si le indica que no está bien, el cerebro lo incorporará a su sensación de no encontrarse bien.