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El enemigo en el espejo

Boris Becker

El enemigo en el espejo

Boris Becker

Tenista


Creando oportunidades

Boris Becker

Boris Becker (Leimen, Alemania, 1967) es una de las grandes leyendas del tenis mundial. Ganó seis títulos de Grand Slam, incluido Wimbledon con solo 17 años, y se convirtió en número 1 del mundo en 1991.

Reconocido por su potencia, valentía y carisma en la pista de juego, Becker marcó una era en los años 80 y 90. Tras su retiro, ejerció como comentarista y entrenador. Años en los que errores personales y problemas legales lo llevaron a prisión.

Doscientos treinta y un días en los que se quedó sin nada y que transformaron su visión de la disciplina y la responsabilidad. Después de publicar “Inside”, libro en el que recorre las luces y las sombras de su vida personal y deportiva, Becker se ha convertido en una influyente voz que reflexiona sobre el deporte, el éxito y la capacidad de reinventarse.


Transcripción

00:04
Boris Becker. Me llamo Boris Becker. Procedo del oeste de Alemania, de un pequeño pueblo llamado Leimen. Nací hace 58 años: antes de Internet, antes de las redes sociales, antes de los teléfonos inteligentes. En aquella época solíamos hablar entre nosotros. Ahora nos enviamos mensajes de texto. Tuve una carrera muy exitosa en el tenis y me convertí en el campeón más joven de Wimbledon de todos los tiempos. Un récord que aún mantengo. Aunque Carlos Alcaraz y Yannick Senna me hayan pisado los talones. Tenía 17 años. Volví a ganar el torneo a los 18 y me convertí en el número uno del mundo. Durante mis 15 años jugando al tenis tuve mucho éxito. Fui aplicado y disciplinado en todo. Me retiré cuando tenía unos 32 o 33 años y entré en la segunda fase de mi carrera profesional. Ahí fue cuando me metí en problemas. Me acomodé y escuché los consejos equivocados. Me junté con las personas equivocadas. Y 15 años después, terminé encarcelado en una de las prisiones más duras de Gran Bretaña. Esa es una larga historia. Quizás podamos hablar de ello más adelante. El motivo fue un delito financiero, un error que cometí. Estuve 231 días en prisión y fue el peor periodo de mi vida. Pensé que lo había perdido todo y, de hecho, perdí todo. Perdí mi libertad, perdí mi dinero, perdí a todos los amigos, o a los que creía que eran mis amigos. Solo un pequeño grupo de personas se quedó conmigo. Entre ellos mi esposa, que entonces era mi pareja. No sé por qué se quedó conmigo mientras estuve en prisión. Sin duda, es una chica especial. A los únicos a quienes quería ver cuando estaba allí dentro era a mis hijos y a un puñado de personas más. No quería compartir mi dolor. Me deportaron a Alemania hace tres años, el 15 de diciembre de 2022. Y puedo decir que ahora mismo estoy viviendo el mejor momento de mi vida. Me casé con esta chica que estuvo conmigo en septiembre de 2024. Hace diez días nos convertimos en los orgullosos padres de una niña: la pequeña Zoe Vittoria, que ya está en casa. Y he venido aquí para estar con vosotros y con otras personas porque creo que hablar de mi libro es muy importante. Así es que… allá vamos, empecemos. Estoy listo para vuestras preguntas. Espero que tengáis interés en escucharme. Soy un tipo abierto. No me importa de lo que hablemos. Soy sincero y no tengo nada que ocultar. Eso es cosa del pasado.

03:08
Yara. Hola, Boris.

03:09
Boris Becker. Hola.

03:10
Yara. Soy Yara. Un placer estar hoy aquí contigo. Tu libro está dedicado a tu madre. ¿Qué valores te inspiró y qué significó para ti?

03:23
Boris Becker. Mi madre era una persona muy especial. Nació y se crió en la antigua Checoslovaquia, en 1935, casi al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. En 1945, como pasa hoy en Ucrania, los rusos atacaron Checoslovaquia. Entonces se llamaba Checoslovaquia, hoy en día es la República Checa y Eslovaquia. Su padre murió en la guerra y los rusos la obligaron a huir con su madre y sus tres hermanos en un carruaje tirado por caballos hasta Alemania, concretamente a Heidelberg, donde en realidad nací. Leimen está cerca de Heidelberg. Ella era una refugiada en un campo de refugiados. Os suena de algo, ¿verdad? Por desgracia, la historia se repite. Ahora no somos más inteligentes. Somos más estúpidos. Ella me enseñó a sobrevivir y lo que es importante en la vida, que no es el dinero. Me enseñó a luchar pase lo que pase. Tengo una hermana mayor; se llama Sabina y los dos aprendimos mucho de sus consejos. Por supuesto, mi madre se casó. En aquella época solo se tenía un marido. No como su hijo. Estuvo casada con mi padre durante 35 años, hasta que él falleció en 1999. Los dos eran bastante estrictos con nosotros, pero justos. Nos explicaban lo que estaba bien y lo que estaba mal y nos inculcaron mucha fe y confianza. Por ejemplo, cuando tenía 14 o 15 años, me dejaban salir por la noche con mi hermana a Heidelberg. Si se me hubiese ocurrido probar una copa de alcohol, mi padre me hubiera matado. También si hubiese llegado algún día tarde a cenar o les hubiese dado una mala contestación. Tuve una educación muy estricta, muy conservadora, que se mantuvo cuando me convertí en campeón de Wimbledon a los 17 años. Todavía era muy joven. Mi madre nunca me trató como a un campeón de Wimbledon o como quien era en ese momento: probablemente el alemán más famoso del mundo. Siempre fui su niño. Y eso realmente no cambió hasta que falleció, en noviembre del año pasado. Tenía 89 años. Y, curiosamente, así es como funciona el karma a veces: falleció el 1 de noviembre de 2025 y mi hija nació el 21 de noviembre de ese mismo año. Así que, si crees en Dios, en el karma, o como quieras llamarlo, eso es lo que me sucedió a mí.

06:39
Boris Becker. Siento que el círculo de la vida se ha completado con el fallecimiento de mi madre y la llegada de mi hija. Como superviviente de la Segunda Guerra Mundial y refugiada, mi madre empezó sin nada. Ahora eso me resulta familiar. Y tenía unos valores fundamentales muy sólidos sobre lo que está bien y lo que está mal. En definitiva, todo lo que soy hoy en día se lo debo a ella. Tuve mucha suerte de tenerla, tanto a ella como a mi padre.

07:15
Erika. Hola, Boris. Soy Erika. Ya nos has dicho que a los 17 años ganaste Wimbledon y sigues siendo el más joven en haberlo ganado. ¿Cómo maneja una persona tan joven la presión y el éxito a esa edad y ganando el torneo más importante de tenis?

07:33
Boris Becker. Para decirlo en pocas palabras… Por cierto, perdonad por mi calzado, no he podido ponerme unos zapatos muy bonitos que llevaba antes, pero no pasa nada… Se llama la inocencia de la juventud. A los 17 años no sabes que eres demasiado joven para hacer lo que estás a punto de hacer. Simplemente actúas por instinto. Siempre fui un adolescente bastante fuerte físicamente y siempre me gustó competir. Para mí, la competición siempre fue más importante que ganar o perder. Me gustaba estar en medio de la lucha. Para bien o para mal, es en estas situaciones donde me siento vivo. Es así como me siento cómodo, como me tranquilizo. Parece una locura, ¿verdad? Pero es parte de mi carácter. A los 14 años ya era el mejor jugador de tenis en Alemania. Era un niño de 14 años, pero el mejor jugador alemán en pista cubierta. La pista cubierta era una superficie bastante rápida. Tenía un saque muy bueno y mucha potencia. Así que la pista cubierta o la pista de hierba se adaptaban muy bien a mi juego. Mi primer torneo profesional fue Wimbledon, en 1984. Ese fue el primer torneo por el que pedí permiso para ausentarme de la escuela. Evidentemente, tuve que convencer a mi madre. Porque a mi padre le gustaba la idea, pero tuve que convencer a mi madre ya que ella siempre quiso que su hijo hiciera algo serio como ser abogado, médico o algo similar. Querer convertirse en deportista profesional a mediados de los años 80 era algo poco común. No había dinero ni conocimientos sobre el tema y no se pensaba que se pudiera alcanzar algo relevante. Así que tuve que convencer a mi madre. Las únicas condiciones que me puso fueron que solo podía perder dos años de clases y que tenía que hablar con el director del colegio. Hablé con él y me dijo: “De acuerdo, tómate un descanso. Si quieres, puedes volver dentro de un año o, como máximo, dentro de dos. Pero estoy seguro de que volverás”. Así que me sentí presionado para conseguir algo rápidamente. Participé en Wimbledon. Jugué la fase previa y me clasifiqué. Por cierto, también fui el jugador más joven en clasificarse. Llegué a la tercera ronda y me rompí el tobillo; tuvieron que sacarme de la pista en camilla. Me llevaron al hospital, me operaron y, por supuesto, hablé con mi madre. Y ella me dijo las típicas palabras de: “Te lo dije. Te lo dije, hijo, que estudiaras algo, que volvieras a la escuela”. Yo le respondí: “No, dame un poco más de tiempo…”. Sabía que estaba bajo presión y que tenía que rendir rápidamente, pero estuve lesionado durante tres meses. Volví a jugar en otoño de 1984 y poco a poco fui mejorando. Cuando estuve preparado llegué a cuartos de final del Open de Australia. No sé cuánto sabéis de tenis, pero este es uno de los cuatro Grandes, es un torneo importante. Así que a los 16 años ya estaba en cuartos de final del Open de Australia, que se jugó el 10 de diciembre. Fue un gran logro y conseguí el puesto 50 del ranking mundial. Luego, a principios de 1985, empecé a mejorar día a día. Jugaba todas las semanas en Estados Unidos, en Europa y en Dios sabe qué otros sitios. También en California… Y a los 17 años, conseguí unos resultados muy consistentes: cuartos de final, semifinales… Cuando empezó el torneo de Wimbledon, yo era el número 20 del mundo. Repito, hoy no se ve a nadie de 17 años que sea el número 20 del mundo. Dicho esto, la semana antes de Wimbledon hay un torneo de preparación en pista de hierba en Londres.

11:32
Boris Becker. Se llama Queen’s. Participé en él y me encantó jugar en hierba por mi saque y mi potencia. Gané mi primer torneo de tenis masculino en Queen’s, donde me enfrenté a un tenista sudafricano llamado Johan Kriek, quien pronunció estas famosas palabras: “Si este chico juega tan bien como lo ha hecho hoy ganará Wimbledon, y voy a apostar dinero por ello”. Todos en la sala de prensa se rieron, dijeron que era simplemente un mal perdedor que no quería aceptar haber perdido contra un chico de 17 años. Dos semanas después, Johan Kriek demostró estar en lo cierto. Y yo le hice ganar mucho dinero con esa apuesta. Y creo que lo que me ha marcado, para bien o para mal, es que no siento miedo. No le temo a nada, lo que no siempre es una cualidad. Temerle a ciertas cosas puede salvarte de la destrucción o del desastre. Pero como dije antes, me siento más vivo en medio de una lucha. Donde hay un problema, me meto de lleno. Algunos de mis partidos fueron a cinco sets y la gente pensaba que lo hacía a propósito. Pensaban que perdía los dos primeros sets para ver hasta dónde podía llegar y luego ganaba los otros tres. Creedme, no es cierto. Pero tampoco me importaba. Hay muchas estadísticas de tenis y hay una categoría que dice que el jugador con más victorias tras ir perdiendo los dos primeros sets en la historia del tenis soy yo. Wimbledon 1985 fue para mí una alegría. Era mi sueño. Crecí jugando al tenis gracias a Björn Borg, que ganó Wimbledon cinco veces. Por eso siempre quise jugar en Wimbledon, en la pista donde habían jugado mis grandes ídolos. Y me pusieron en la pista central en la primera ronda sin ser cabeza de serie. No solo era el más joven, sino que era también el primer no cabeza de serie en jugar allí. Mi primer partido fue contra un estadounidense llamado Hank Pfister. Me colocaron en el tercer partido, el lunes. Jugamos dos sets y empezó a anochecer. En aquella época las pistas no estaban cubiertas. Hoy en día, todas las pistas centrales grandes tienen un techo para que puedas jugar sin importar el tiempo que haga, tanto si llueve como si hay tormenta o se hace de noche. En aquellos días, a las nueve y media de la noche ya había anochecido, así que tuvimos que retomar el partido el martes. Fue entonces cuando le dije a mi entrenador: “Ya llevo dos días jugando en la pista central de Wimbledon”. No creía que pudiera llegar a ganar Wimbledon ese año. Pero tampoco me importaba. Así que fui pasando eliminatorias, los cuartos de final, las semifinales… Y quizá tuve suerte, porque imaginaos cómo es hoy en día, con las redes sociales y la presión que ejercen sobre los jóvenes. La mayoría de ellos se creen toda esa patraña, aunque todos sabemos que es una realidad falsa.

14:49
Boris Becker. En mi época no teníamos redes sociales y mi nivel de inglés era limitado, así que no podía leer ni el periódico. Ahora es impensable, ¿no? Estaba en mi burbuja. Jugaba como si estuviera en el jardín de mi casa. Me enfrenté a Kevin Curren en la final. Él había vencido a McEnroe y a Connors, los dos mejores jugadores del mundo. Pensé que era mejor jugar contra Curren que contra McEnroe. Porque el tenis es el único deporte en el que se comparte el mismo vestuario. Compartes las duchas, compartes el baño, compartes todo y, además, hay espejos en el vestuario. Y, como yo no tenía miedo, siempre lo miraba fijamente y él no podía devolverme la mirada. Sabía que lo tenía hecho porque él tenía miedo de mirarme. Tenía 17 años, pensadlo. Así que salimos a la pista y él empezó bastante flojo. Yo empecé bien, empecé ganando. La noche anterior había tenido un sueño, lo que me sirvió para visualizar el partido. Es una estrategia común. Visualizas algo, lo que va a pasar, y funciona. Visualicé que sostenía el trofeo de Wimbledon en lo alto la noche antes de la final. Así que cuando gané el punto de partido, como en mi sueño ya había ganado, no me sorprendí. En el deporte existe el miedo a ganar. Algunas personas tienen miedo a perder, pero muchas personas tienen miedo a ganar. Yo no tenía miedo a ganar porque, en mi mente, ya había ganado. Y así fue: gané y conseguí este récord. Y aún lo mantengo. Pero creo que mi mayor logro fue defenderlo a los 18 años. Porque a los 18 seguía siendo el más joven. Y, entre Wimbledon 85 y Wimbledon 86, jugué bien. Gané uno o dos torneos, pero no ganaba todas las semanas. Por supuesto, todos los expertos salieron a decir que era flor de un día, un Andy Warhol que es famoso porque durante 15 minutos tuvo suerte y le tocó un cuadro favorable. Así que empecé Wimbledon 86 y ni siquiera mis entrenadores estaban seguros. Les dije a Gunter y a Ion: “Por favor, hacedme un favor. Durante las próximas dos semanas conseguid un conductor, reservad mi pista de entrenamiento, traedme algo de comer, pero no me digáis cómo tengo que jugar. No me digáis cómo tengo que jugar”. Dos semanas después dijeron: “Gracias, jefe”.

17:27
Hombre 1. Uno de tus grandes rivales fue Andre Agassi. Y, en su libro de memorias, él cuenta que llegó un momento en su carrera que llegó a odiar el tenis. ¿Te ha pasado algo parecido? ¿Has llegado a odiar el tenis?

17:40
Boris Becker. Dejadme hablaros de Andre Agassi. Lo llamo mi hermano de otra madre. Me convertí en una superestrella del tenis a mediados de los años 80. Me llamaban el niño prodigio. Y así fue hasta que Andre Agassi llegó a principios de los 90. Lo odiaba. Me quitó la corona, me quitó la luz, me quitó la pista central. Me quitó los fans. Éramos rivales acérrimos. No existía ningún tipo de afecto entre nosotros. Hoy en día, después de un partido, incluso en el fútbol, pero también en el tenis, se abrazan y se dicen: “Genial, gran partido…”. No sabes quién ha ganado y quién ha perdido. Cuando Agassi jugaba contra Becker, se sabía quién había ganado y quién había perdido. Tuvimos partidos espectaculares. Uno en particular, por supuesto, es el que mejor recuerdo porque lo gané. Fue una semifinal de Wimbledon en 1995. Él era mejor que yo entonces. Yo ya era un poco mayor y él me estaba avergonzando en mi propio terreno, en la pista central de Wimbledon. Agassi iba ganando 6-1, 4-1, dos ‘breaks’… Yo siempre fui muy buen estratega. Se me daba bien la táctica. Intentaba encontrar la manera de meterme en la cabeza del otro jugador; que pensara en mí, no en el tenis. Aunque entonces él no estaba casado con Brooke Shields, estaba claro que estaba con ella. Ella estaba sentada en el palco de los jugadores junto a los entrenadores y el mánager de Agassi, justo al lado de mi palco. Entonces me puse a hablar con Brooke Shields solo para cabrearle. Imagínate hoy en día: Alcaraz está cerca de la novia de Sinner y empieza una conversación con ella. Eso no pasa, ¿verdad? En aquella época sí que pasaba. Así que conversé con ella y Agassi se puso en plan: “¿Qué estás haciendo? Estás hablando con mi novia”. Y yo: “Bueno, estoy de buen rollo”. Me había metido en su cabeza. Le di la vuelta al segundo set. Acabé ganando, venciéndole en cuatro sets. Salió furioso de la pista. Estaba cabreado, me insultó y todo eso. Además, en aquella época, no teníamos micrófonos en la pista. Y hablando de aprender inglés, lo que aprendí de John McEnroe y Jimmy Connors no es apto para niños. Hay dos chavales por ahí. La verdadera escuela del inglés callejero la aprendí de estos dos tipos. Y Agassi no era mucho mejor. Así que oí muchas cosas pero, obviamente, al público le encantó. Fue el partido del año. Jugué la final contra Pete Sampras y perdí porque él fue mejor. Así que Agassi y yo nunca estuvimos en la misma onda.

20:49
Boris Becker. Pero ahora eso ha cambiado. No por mí, sino porque se casó con la reina alemana, Steffi Graf. Aquí tenéis al rey, ¿verdad? En Alemania tenemos una reina y se llama Stephanie Maria Graff y es una superestrella. Nadie dice una mala palabra sobre ella. Pues él se casó con ella y yo me decía: “Maldita sea, ¿cómo ha podido casarse con nuestra reina? Eso no debería haber pasado”. Pero me hizo ver a Andre con otros ojos. Pensaba: “Si a ella le gusta, si ella quizá le quiera, tal vez no sea tan malo después de todo”. Después escribió un libro titulado ‘Open’, que es uno de los mejores libros sobre deporte que se han escrito jamás. Si os aburrís con mi libro, comprad el suyo. Es un libro espectacular en el que habla de sus demonios. Tuvo un problema con las drogas, un problema grave con las drogas. Tenía una relación de amor-odio con su padre. Y en ese libro decía: “Durante un tiempo odié el tenis porque mi padre me obligaba a jugar, y yo no jugaba por mí, sino por él”. Fue muy sincero al respecto. Y hay que admirar a una superestrella que dice eso porque no tiene por qué hacerlo, ¿verdad? Podría comportarse como las demás superestrellas diciendo que todo es perfecto, que todo está bien. Todos sabemos que la vida no es así. La vida no es perfecta. Todo el mundo tiene algún que otro problema y Andre lo admitió. Y pensé: “Respeto a este tipo. Es honesto. Baja de su pedestal y habla con la gente sobre sus luchas, sus dificultades y su sufrimiento”. Más tarde dejó de jugar. Creo que gracias a Steffi nos encontramos y, sin pensarlo, nos abrazamos, quizá con algunas lágrimas. Y yo le dije: “¡Hola, hermano!”. El año que viene va a estrenar un gran documental sobre su vida, creo que en Netflix o Amazon Prime. Creo que es en Netflix. Y quería que yo fuera una de las personas que participara en él. Hablé de todas estas historias y muchas más. Cuando vienes del mismo ambiente del tenis y tú mismo pasas por momentos difíciles y los superas, admiras y respetas una remontada como la suya. Por eso es uno de los tenistas a los que más respeto. Era complicado en la pista. Muy duro. Pero fuera es encantador, y es un auténtico icono del tenis. Un tipo maravilloso.

23:57
Jennifer. Hola, Boris. Yo soy Jennifer y un placer estar aquí escuchándote. Mi padre es un gran admirador de toda tu carrera en el tenis y me ha dicho que verte…

24:05
Boris Becker. ¿Y tú no? ¿Sólo me conoces por tu padre?

24:11
Jennifer. Es que yo no juego al tenis y no… Pero mi padre sí. Y me ha dicho que verte en…

24:16
Boris Becker. No tienes que jugar al tenis para admirarme.

24:21
Jennifer. Bueno… pero me contaba mi papá que verte jugar era todo un espectáculo, que era increíble como el show que dabas en la cancha… Pero me estaba preguntando: igual todas las personas tenemos puntos débiles, ¿cuál era tu punto débil a la hora de jugar y cómo hiciste para fortalecerlo?

24:43
Boris Becker. Déjame hacerte una pregunta. ¿Cuántos años tienes?

24:46
Jennifer. 30.

24:47
Boris Becker. ¿Tienes 30? De acuerdo. Pareces más joven. Me has preguntado por mi punto débil, ¿verdad? Ahora, ¿cuántos somos? ¿50? ¿60 personas? ¿Cuál es tu punto débil? ¿Cuál crees que es tu punto débil?

25:05
Jennifer. Ok, bueno, no estaba preparada para la pregunta, pero…

25:12
Boris Becker. Mi nombre es Boris Becker. Prepárate para lo inesperado.

25:15
Jennifer. Perfecto. Perfecto.

25:17
Boris Becker. Solo algo que puedas decirme. Nada que te incomode.

25:20
Jennifer. Sí. Una debilidad que tengo es que a veces me cuesta mucho confiar en mí misma. Dudo mucho de mí.

25:28
Boris Becker. Esa es importante. Sí, sí, sí. ¿Sabes qué? Es una pregunta muy sincera. Y veo que, en tu generación, hay mucha falta de confianza en uno mismo, mucha falta de seguridad, una mentalidad que dice que no vas a conseguirlo, mucha ansiedad, mucha presión por algo en lo que probablemente seas muy bueno. En realidad, eso es otro tema pero tengo hijos de tu edad y ellos pasan por lo mismo, así que no es nada raro. Creo que tiene mucho que ver con las redes sociales y con lo que esperan que seas. Es algo relacionado con Internet, porque juega con tu mente. Todos deberíamos saber que lo que vemos no es real. Pero no tenemos otra vida más que Internet. Y creemos que todo lo que se ve es verdad. Es un problema real. Y los gobiernos deberían hacer algo al respecto. No todo debería estar permitido en Internet. Pero en fin… mi debilidad es el hombre que veo cada mañana en el espejo: yo mismo. Porque, durante mucho tiempo, mantener el récord de ser el campeón de Wimbledon con 17 años fue un problema. Cuando la gente me veía por primera vez me asociaban con ese chico que para entonces era “supuestamente perfecto”. Pero yo no soy perfecto. Así que me costó mucho superar eso. Durante unas dos semanas, en el verano de 1985, fui perfecto, pero las otras 50 semanas del año, no lo fui. Y, claro, ese nivel de expectativa es imposible de cumplir. Así que, hiciera lo que hiciera, ya fuera jugar otro torneo u opinar sobre vete tú a saber qué: economía, política, equipos de fútbol y otros temas, todo se juzgaba en base a ser el campeón más joven de Wimbledon. Así que tenía que ser perfecto. Y no se me permitía equivocarme. No se me permitía titubear. No me dejaban mirar hacia el lado equivocado. Estamos hablando de la percepción, del increíble poder que tienen los medios de comunicación. Vosotros no me conocéis. Habéis empezado a hacerlo ahora y vuestras preguntas son geniales, pero solo tenéis una opinión de mí hecha a través de las publicaciones en los medios de comunicación. Y es imposible que haya conocido a todos esos periodistas a lo largo de mi trayectoria. Sin embargo, escriben sobre mí con total convencimiento, como si fueran mis hermanos o hermanas. Eso supone presión. Cuando he llegado al aeropuerto de Madrid esta mañana, la gente reconocía al joven de 17 años. No reconocen al hombre de 58 años. El ideal que se han hecho en la cabeza se les cae porque ya no puedo caminar tan bien debido a mis lesiones y dicen: “¿No caminas bien? ¿Has engordado unos kilos? ¿Tienes el pelo gris?”. Y yo respondo: “Sí…”. “Pero no eres quien yo pensaba que eras”. “Ya, ¿es eso un problema? Porque a mí no me supone ningún problema”. Y eso era realmente una debilidad que yo tenía.

28:58
Boris Becker. Os voy a explicar cómo la superé. Todo empezó con el ‘match point’ en julio de 1985. Y ese hombre en el espejo murió el 29 de abril de 2022, cuando fui encarcelado, porque el cuento de hadas terminó. Hay poco más que decir. Durante esos 231 días en la cárcel perdiéndolo todo, perdiendo la libertad, el dinero, los amigos, sin ver a mis hijos… lo único que te queda es tu personalidad y tu carácter. Así que hice un profundo examen de conciencia para volver a encontrar a ese hombre. Y, mirándolo con retrospectiva, quizá necesitaba esos 231 días para encontrarme a mí mismo. Porque cuando me he mirado al espejo esta mañana, no he tenido ningún problema con ese hombre. Antes tenía un problema con él porque no estaba viviendo mi vida, estaba viviendo vuestra vida y de la manera en que queríais que la viviera. Lo mismo ocurre contigo. No puedes cumplir las expectativas de los demás. Sé tú misma, porque eres perfecta.

30:27
Pablo. Mi nombre es Pablo. Soy de Bogotá, Colombia. Boris, mirando hacia atrás, ¿cuál dirías tú que ha sido tu mayor victoria y tu mayor derrota en la vida?

30:46
Boris Becker. Colombia está en mi lista de deseos. Me gustaría ir a Medellín, a Cartagena, porque creo que es un país fascinante y creo que ahora mismo le va bien.

30:56
Pablo. Deberías ir a Bogotá.

30:57
Boris Becker. ¿A Bogotá?

30:58
Pablo. Sí.

30:59
Boris Becker. Sí, he oído muchas buenas historias. He visto muchas películas sobre ella. Por eso me atrae Colombia. En fin, te estoy haciendo un cumplido. ¿Cuál era la pregunta?

31:13
Pablo. Mirando hacia atrás, cuál dirías que ha sido tu mayor triunfo, tu mayor victoria, y tu mayor derrota en la vida.

31:33
Boris Becker. ¿En la vida? ¿En la pista de tenis o te refieres a todos los ámbitos de la vida?

31:42
Pablo. También.

31:44
Boris Becker. Gracias.

31:46
Pablo. Pero principalmente en los deportes. En el tenis.

31:48
Boris Becker. Gracias. De lo contrario, debería… La policía está viniendo. La policía está viniendo y me va a arrestar, sí. El deporte tiene muchos paralelismos con la vida, y la vida con el deporte. Por eso, los partidos más difíciles que juegas no son las finales de Wimbledon. Son los de la primera ronda, cuando nadie te ve. Cuando juegas en la pista número 17, hace frío, hay viento y el rival es difícil. Ahí está lo que realmente importa. Cuando llegas a la final de Wimbledon, ya has hecho un buen torneo y juegas en la mejor pista del mundo: en la pista central ya no hay dificultad. Lo más duro del tenis es siempre cuando entrenas y nadie te ve, cuando hace frío, cuando te duelen las rodillas. Es entonces cuando te hace fuerte o te destruye. Ahí tienes que encontrar realmente la motivación y la inspiración de por qué juegas al tenis por primera vez. Yo probé los deportes de equipo: se me daba bastante bien el fútbol, era bueno en baloncesto, era bueno en natación… Pero siempre pensé que, por ejemplo en el fútbol, si soy delantero y marco dos goles pero tenemos un mal portero y perdemos 3-2, perseguiría al portero hasta fuera del estadio. Así que sería responsable de una derrota aunque marcara dos goles. Por eso, la idea de un deporte de equipo me parece muy romántica y me gusta verlo, pero siempre se me han dado mejor los deportes individuales. Me gusta asumir la responsabilidad. Si gano, bien. Pero si pierdo, también lo acepto. Todo está bien siempre y cuando yo tenga el control. Y cada vez que me metí en problemas fue cuando cedí el control a otras personas. Os he contado la historia de 1986, cuando defendí el título de Wimbledon y les di a mis dos entrenadores el mensaje de: “No me molestéis. Dejadme hacer mi trabajo”. Cuando tienes éxito en el tenis la gente hace prácticamente lo que tú quieres. Puedes decir cuándo quieres jugar y cuánto quieres jugar. Es un verdadero privilegio. Y es tu responsabilidad jugar bien. Mientras juegues bien, todo el mundo te dice “sí”. La vida real no es así. Pero cuando tienes tanto éxito como yo o como otros muchos, de repente te encuentras con 35 años y te enfrentas a la vida real. Y no estás acostumbrado a la palabra “no”, porque durante 15 o 20 años siempre fue “sí”. Así que optas por rodearte de gente que siempre te dice que “sí”.

34:51
Boris Becker. Gente a la que pagas el billete, la cena, el coche. Por supuesto, te van a decir que sí a todo. Ahí tuve la culpa. Fue un gran error. No fue culpa suya, fue culpa mía por dejarlos entrar en mi vida. ¿Y por qué los dejé entrar? Porque estaba muy cómodo… Estaba en mi zona de confort, era perezoso, estaba bien, tenía entre 35 y 40 años y pensaba: “Soy el rey del mundo. Puedo hacer lo que quiera”. Nadie puede hacer lo que quiera. Hay tanta gente que podría haber triunfado en el mundo del deporte, la música o el cine… Cuando te han llamado niño prodigio en tu adolescencia, es muy difícil no creértelo. Piensas que eres bueno en todo lo demás que haces. Y por supuesto que no lo eres. He tenido malos consejeros, malos amigos, malos conocidos, pero fue mi decisión dejarlos entrar en mi vida. Y tengo que dejar claro que fue responsabilidad mía. No fue culpa suya. Actualmente estoy mejor, pero tuve que pagar un precio muy alto por ello. Y en cierto modo, me alegro de haberlo pagado. Ahora bien, hay una línea muy fina entre los diferentes errores. Vivimos en una sociedad donde debemos cumplir la ley y el orden. Y creo que eso es importante porque, como personas, es natural que cometamos errores. Solo cabe esperar que no sea un error grave. Que no sea irreversible o que no sea algo con lo que hagas daño a otras personas. Una vez más, yo no soy juez. No puedo juzgar las acciones de otras personas. Solo puedo juzgar las mías. He tenido días buenos y días malos, pero el nivel de mis días malos nunca ha sido más bajo que el de mis días buenos. De lo contrario, no estaría aquí sentado con vosotros. Pero cometer errores es normal. Sé sincero contigo mismo, asume tus responsabilidades, reconoce tus errores y hazlo mejor la próxima vez. Todos cometemos errores.

37:15
Jose Luis. Hola, Boris, mi nombre es Jose Luis. Y primero quise agradecer todo el tenis que jugaste en tu juventud y que pude admirar en mi niñez. Y también quisiera agradecer tu honestidad tanto en esta charla como en tu libro ‘Inside’. Y en esa dirección me gustaría preguntarte: ¿cómo la resiliencia y tu disciplina que aprendiste en el tenis la pudiste llevar a tu tiempo que estuviste en la cárcel?

37:45
Boris Becker. Gracias por la pregunta. Creo que tenemos edades similares. ¿Tienes unos 50 años? ¿Sí?

37:52
Jose Luis. Sí, 50.

37:54
Boris Becker. Sí. ¿O eres más joven?

38:00
Jose Luis. 49.

38:00
Boris Becker. Ah, vale, no me he alejado tanto. No me he pasado tanto. Mira, la vida no funciona sin disciplina. Es uno de los pilares que me enseñó mi madre. Y yo añadiría otra palabra: consistencia. Haz lo que dices y di lo que haces. Creo que es muy importante. Hoy en día, en estos tiempos que todo va tan rápido, con un simple mensaje de WhatsApp puedes cambiar de opinión 15 veces en una hora, ¿verdad? Antes nos decíamos: “Nos vemos el sábado que viene a las siete”. Había siete días de por medio y estábamos allí el sábado a las siete. No necesitábamos enviarnos mensajes ni ‘whatsapps’. Creo que todos estamos abusando de esa herramienta. Sé que todo se basa en la disciplina, la constancia y la repetición. El truco para ser un buen tenista también consiste en saber lidiar con la presión. Se trata de practicar tanto que ni siquiera pienses en ello. Es como hablar. Es como caminar. Y todo se basa en la disciplina y el ensayo, la repetición. Por eso, un buen entrenador siempre te dirá: “El lunes debe ser igual que el martes. Igual que el miércoles. Igual que el jueves. El domingo por la tarde quizá podamos tomarnos un descanso”. Así que la clave está en la repetición y comienza en la disciplina. Afortunadamente, yo recibí la educación de mis padres, en particular de mi madre. Y por suerte, tuve grandes entrenadores que me enseñaron igual de bien. Y todo eso jugó a mi favor porque cuando estuve en la cárcel, cuando estuve en prisión, literalmente todos los días abrían la puerta de la celda y se trataba de sobrevivir. Por ello la disciplina lo es todo para controlar las emociones que se aferran a tus propios miedos. Las que se aferran a tu ansiedad, a cualquier sentimiento que tengas. Casi te vuelves insensible. Es difícil, pero se puede entrenar. Por eso se llama rutina. La puerta cada día se abre sobre las siete de la mañana y comienza tu rutina. Lo primero que haces es empezar a dar tus primeros pasos, en los que vas a la lavandería o donde toque. Si lo repites todos los días, se vuelve algo fácil. Ya no piensas en ello. También durante los fines de semana en los que la gente tiene más tiempo libre y puedes participar en diversas actividades. Ya he explicado antes que soy humano. Así que, por supuesto, tuve momentos de debilidad. ¿Qué hizo Boris? Empezó a jugar al póquer con una pareja de rumanos mafiosos. ¡Qué tonto fui! Esta historia la compartí en mi libro porque he querido que fuese auténtico.

41:24
Boris Becker. Fue un momento en el que perdí mi disciplina. Por supuesto, jugué con ellos. Había seis rumanos conmigo y aunque se me da bastante bien el póquer perdía todas las manos. Hablaban rumano entre ellos y yo, obviamente, no lo entendía. Así de simple. No jugábamos por dinero. Jugábamos por unos palillos que no tenían ningún valor. Decíamos: “Vale, este es uno y este es dos”. Así que jugamos un par de semanas. Y de repente, me dicen: “Oye, has perdido 500 libras”. Y yo les dije: “¿Qué? Si jugábamos con palillos”. “No, no, lo habíamos hablado. ¿No quieres pagarnos?”. “Esperad, esperad. Os digo que nos jugábamos palillos”. Entonces entraron en mi celda dos rumanos. Uno de ellos estaba loco y me dijeron: “Si no nos pagas las 500 libras la semana que viene, te haremos daño”. Así que pregunté a mis compañeros de celda, qué tipo de tíos eran. Y me dijeron: “Boris, has jugado al póquer con las personas equivocadas”. Tuve que llamar a alguien de fuera, y me tuvieron que transferir las 500 libras. Después de pagar me dejaron tranquilo. La moraleja de la historia es que perdí la disciplina y pagué un precio por ello. Puede ocurrir cualquier día. Se supone que no debemos beber y conducir y algunos de nosotros seguimos haciéndolo. Sabemos que las drogas son malas para nosotros y algunos de nosotros seguimos consumiéndolas. Sabemos por lógica lo que es bueno para nosotros, pero no todo el mundo lo hace. Yo, por ejemplo. Yo cometo errores. La disciplina en todos los ámbitos de la vida es la piedra angular de una buena vida. Debería ser algo tan natural que ni siquiera tendríamos que pensar en ello. Por eso se llama disciplina. Y aunque antes haya dicho que tienes la misma edad que yo, eres mucho más joven, lo siento. Pero a tus 49 años sabes lo que es bueno para ti. Y sabes lo que es malo. Así que si algo sale mal, es culpa tuya.

43:44
Rosa. Hola, Boris. Soy Rosa. Estamos hablando sobre ti. Como profesional de la vida y como jugador de tenis, me gustaría preguntarte si la vida fuera un ‘tie break’, ¿en que deberíamos apoyarnos para ganarlo?

43:57
Boris Becker. Sí, sí… madre mía… La vida es un poco como un ‘tie break’. Es como una caja de bombones: nunca sabes lo que te va a tocar. Se suele decir que normalmente el ‘tie break’ lo gana quien tiene mejor servicio, pero estadísticamente no está demostrado. Es solo lo que dice el sentido común. Pero sí, un ‘tie break’ es un poco como la vida. Es un campo de juego, ¿verdad? Lo que siempre he querido hacer en mis partidos de tenis, y en mi vida después, y en la cárcel, es jugar hasta el final. Cuando la vida te lanza una bola curva y te enfrentas a problemas, no solo con problemas generados por tus errores, sino porque tu marido te engaña con otra mujer, tu hijo se mete en las drogas, tienes un accidente de coche y alguien sale gravemente herido…, todo esto es un problema, ¿verdad? Pero yo creo firmemente que las cosas suceden por una razón en la vida. Todos tenemos retos diferentes. Cada uno de nosotros tiene un reto diferente. Pero hay que ser lo suficientemente sensible para comprender que se trata de eso, un reto. Yo soy cristiano. Creo en Dios. Y para mí, Dios tenía un plan. Y todo lo que estoy haciendo aquí es parte de su plan. El bueno, el feo y el malo. Me ha lanzado algunos puntos de desempate y he perdido un par de ellos. Pero la clave en todo lo que haces es que tienes que terminar el ‘tie break’, ver cuál es el final. Y cuando acabe ese desempate, te encontrarás con otro. Vamos al colegio, a nuestro profesor no le caemos bien, nos pone malas notas, tenemos que repetir curso… Vas a la universidad, quieres entrar en una en concreto, no te aceptan. Bueno, quizá haya una razón para ello. Quizás no estés destinado a entrar en esa universidad, y quizás estés destinado a perder el próximo partido. Descubre cuál es tu destino, sigue jugando hasta el final. Si te rindes, serás un perdedor de todos modos. No debes quejarte creyendo que el mundo está en tu contra y que todo es culpa de los demás. No, no. A partir de cierta edad, tú eres responsable de tu propia vida. A partir de cierta edad. Mi hija tiene diez días. Ahora no es nada sin mi mujer y sin mí. Pero a cierta edad, una vez que cumples 18, 21, eres responsable de tu propia vida. De lo bueno y de lo malo.

47:00
Boris Becker. Y es importante asumir responsabilidades pronto porque te hace madurar. Por ejemplo, empieza por ser independiente económicamente de tus padres. Es horrible pedir dinero a tus padres. Es horrible pedir dinero a cualquier otra persona. Si te ganas la vida por tu cuenta, puedes gastarlo como quieras. Una vez más, eso para mí fue un ‘tie break’. Pero si gastas más de lo que ganas, también tienes un problema. Se trata, por tanto, de asumir la responsabilidad de tus propios actos. ¿Sabéis una cosa? Yo rezaba en la cárcel. Los fines de semana, lo creas o no, los presos nos volvimos muy devotos porque lo único que nos queda es la fe en que habrá algo mejor después. Así que nos reuníamos los domingos por la mañana en la iglesia. Todos teníamos una Biblia; nos levantábamos y leíamos la Biblia, y era muy relajante, algo verdaderamente poderoso y realmente relajante. Eran momentos muy bonitos en los que peligrosos reclusos compartían la palabra de Dios. Y durante una hora, dos horas, nos abrazábamos y nos olvidábamos de que teníamos que volver a nuestras celdas. ¿No es eso algo muy poderoso? Y otra creencia muy importante para mí es que Dios da a sus mejores soldados las lecciones más duras. Es todo lo que tengo que decir.

48:47
Mansour. Hola, Boris. Me llamo Mansour. Soy de Pakistán y hemos viajado desde Barcelona solamente para escucharte. Y mi pregunta es: en tu opinión, ¿quién es el mejor tenista de todos los tiempos?

49:01
Boris Becker. Déjame hacerte una pregunta a ti también. Es a lo que me dedico ahora. Ahora estás siendo muy sincero sobre tu procedencia.

49:09
Mansour. Sí.

49:10
Boris Becker. En Pakistán. He estado en Pakistán.

49:12
Mansour. Lo sé.

49:13
Boris Becker. Es un país precioso.

49:14
Mansour. Lo sé.

49:15
Boris Becker. ¿Cuántas personas te dicen, cuando caminas por las calles de Barcelona, que no pareces español?

49:22
Mansour. Mucha gente.

49:23
Boris Becker. ¿Lo ves? Este es el mundo en el que vivimos. Ahora tengo cinco hijos. Todos son mestizos. Y una de las primeras lecciones que les enseño es que la sociedad es cruel.

49:36
Mansour. Es verdad.

49:39
Boris Becker. Te juzgan por el color de tu piel, como si eso significara algo. Como si significara que eres bueno o malo. Y, de hecho, os voy a decir algo nuevo. O eso espero. ¿Sabéis dónde se encontraron los huesos más antiguos de una persona? Los huesos más antiguos y la civilización más antigua… ¿lo sabéis o no? Conocéis la historia de Lucy, ¿verdad? Pues bien, los huesos más antiguos, por supuesto, eran de una mujer, y la llamaron, por llamarla de alguna manera, Lucy. Fue encontrada en el África subsahariana. Si es la persona más antigua, así lo dicen los huesos que encontraron, todos somos africanos. Solo que algunos tienen la piel más clara y otros más oscura. Esa es mi respuesta a la pregunta de dónde eres. Mi respuesta siempre es del planeta Tierra, no de Alemania, ni de Europa, ni de a saber dónde. Soy del planeta Tierra. En cuanto al tenis, ¿quieres que sea sincero o no? Puedo suavizar mi respuesta. Cuando estoy en televisión y tengo que hablar sobre quién es el mejor jugador, pues… depende del programa que me haya invitado. No creo que se puedan comparar generaciones. Pero hay un jugador de los años 60 llamado Rod Laver que ganó dos Grand Slams. ¿Qué es el Grand Slam? El Grand Slam es ganar los cuatro Grandes en el mismo año. Djokovic no lo ha hecho. Federer no lo ha hecho. Rafa no lo ha hecho. Los cuatro Grandes en el mismo año. Y lo hizo dos veces. Lo único es que tres de ellos se jugaron sobre hierba. Imaginaos en mi época si hubiese jugado tres grandes torneos sobre hierba en lugar de uno. Habría ganado más. Ahora bien, el jugador más exitoso, y este es un argumento que no se puede negar, es el que ha ganado más Grandes. Es un chico procedente de Serbia que se llama Novak Djokovic. Tuve la oportunidad de entrenarlo durante un par de años. Ha ganado 24, Rafa ha ganado 22 y Roger ha ganado 20. ¿Es Djokovic mejor que Laver, que Sampras, que McEnroe, que Becker, que todos los grandes? Nadie puede dar una respuesta sincera sobre quién fue mejor. ¿Quién tuvo más éxito? Novak Djokovic. Pero dejadme hacer otra pregunta. Estaban Nadal, Djokovic y Federer. Los tres más grandes. Cada uno ganó 20 o más. ¿Por qué fue así? ¿Esos tres jugadores eran tan buenos o los demás no eran lo suficientemente buenos? Estoy tocando un tema delicado. Ahora, Sinner y Alcaraz hoy en día.

53:11
Boris Becker. ¿Son tan buenos o el resto no son lo suficientemente buenos? Dejaré que lo juzguéis vosotros, porque quiero seguir teniendo trabajo mañana. Es muy difícil de decir. Ahora os daré otro ejemplo y es sobre la velocidad del juego. Hoy en día, todo el mundo piensa que el juego es más rápido y más físico. Entonces, ¿cuál fue el saque más rápido jamás realizado? El saque es una parte muy importante del juego porque te permite ganar el punto rápidamente. El saque más rápido lo realizó un australiano. Alcanzó los 257 km/h. El australiano solo tenía que sacar. En el resto no era tan bueno, pero tenía un buen saque. Pero el saque más rápido en general era el de Andy Roddick. El número uno estadounidense, campeón del Open de Estados Unidos: alrededor de 255 km/h. Id a Melbourne y comprobad lo rápido que sacan ahora los chicos. Mucho más lento. Mi servicio no era tan potente, pero aún así alcanzó los 237 km/h. Revisad los de Sinner o Alcaraz. Ni se acercan al mío. Tenía un buen saque, pero no era el mejor de mi época. Mi generación tenía un servicio mucho mejor. El objetivo de ganar un partido de tenis es ganar puntos. Si sacas bien, vas a ganar muchos puntos fáciles. ¿Quién fue el mejor? No quiero responder a esa pregunta. Es muy difícil decirlo. Solo se puede hablar con números. Djokovic, claramente, 24. Pero en los años 60 y 70 tuvimos muchos grandes jugadores. Lo que era diferente entonces respecto a ahora es que creo que los tenistas de hoy son mucho más simpáticos que nosotros. Sinceramente. Se felicitan mutuamente. “¡Gran golpe!”, y se abrazan. Y están para los aficionados… En mi época, perdonad chicos, nos importaba un carajo. Era o tú o yo. No había micrófonos. No había conversación antes. No había conversación después. Si hablaba de McEnroe, lo único que decía es que quería ganarle. Y cosas que no puedo repetir porque usaba un lenguaje muy soez para decir lo que quería hacer con McEnroe. Y lo mismo le pasaba a él conmigo. Era completamente normal. Mira cómo era el mundo en el fútbol. Fíjate cómo era el mundo del baloncesto. Mucho más brutal. Ahora me alegro de que el mundo sea mejor. Me alegro de que estos chicos sean simpáticos y todo eso. Pero es una generación diferente. Es una educación diferente, las redes sociales influyen, el patrocinio influye… Todos tienen que ser simpáticos y comportarse como santos. Es lo que son y no pueden cambiar. Y creo que está bien así. Está bien así.

56:28
Boris Becker. Pero en los años 80 y 90 era una guerra. Era una guerra.

56:34
Daniel. Hola, Boris. Yo soy Daniel y estoy encantado de poder estar en esta charla. En tu libro nos compartes algunas cartas que te escribieron de apoyo personas de todo el mundo. ¿Qué significaron para ti?

56:49
Boris Becker. Mira, tu mayor enemigo en prisión es el tiempo. Porque te estás enfrentando al tiempo. El reloj no se detiene, lo escuchas. Y tienes que encontrar una manera de que ese tiempo pase más rápido. Hay muchas maneras de hacerlo. La mía fue meterme dentro de mi cabeza. Me metí dentro de mis sueños y pensé en ciertas cosas, en lo que me había pasado, en lo que era bueno, en lo que era malo. Porque tienes mucho tiempo y estás solo gran parte de él. Muchas cosas vuelven a tu mente. No habría llegado hasta aquí sin las cartas. Leí todas y cada una de las que recibí. La mayoría eran muy alentadoras. No sabía que tenía tantos amigos en tantos lugares diferentes. Recibí cartas de India, Australia, Sudamérica, Alemania, por supuesto, y África. Y todas ellas me dieron mucho ánimo. Tenían mucha fe en mí. Tenían más fe en mí que yo mismo. Me decían: “Somos grandes admiradores tuyos y vas a salir adelante, esto va a ser una lección que tienes que aprender. Sabemos que en lo más profundo de tu corazón eres lo suficientemente fuerte como para superarlo”. Así que, para que el tiempo pasara más rápido, leía esas cartas muy despacio. Porque cuando lees despacio, entiendes mejor. Recibí cartas de rivales deportivos. Uno de los mejores tenistas alemanes, después de mí, es un tipo llamado Michael Stich. Quizás hayáis oído hablar de él. Éramos rivales acérrimos. No nos mirábamos a los ojos. Y él me escribió una carta de tres páginas sobre ese hecho: nunca nos mirábamos a los ojos. Gané una medalla de oro olímpica en Barcelona gracias a él, porque jugamos en dobles. Y me gusta pensar que él la ganó gracias a mí. Nunca hablamos antes de los partidos, y tampoco lo hemos hecho después. Ni nos hemos sentado a comer juntos. Pero yo tengo una medalla de oro. Él tiene una medalla de oro. Y su nombre está en la mía y el mío está en la suya. Él empezó a reflexionar sobre ese increíble vínculo que teníamos. Y cuando estuve en mi peor momento, sintió lástima por mí, se sintió avergonzado, pero por otro lado quería darme fuerzas con una carta diciendo que el día menos pensado iba a salir de prisión y que teníamos que sentarnos juntos para celebrar, al menos, que tenemos una gran historia juntos. Así que, cuando salí, contacté rápidamente con él y le conté cómo me iban las cosas. Y lo cierto es que no nos hemos visto hasta este año.

01:00:05
Boris Becker. Teníamos un entrenador común llamado Nicola Pillich que falleció, ya era muy mayor, y nos encontramos en su funeral en Zagreb, en Croacia, porque él era croata. Y esta fue la primera vez que hablamos cara a cara desde la carta. Entonces nos abrazamos y hubo mucha química entre nosotros. Pero él también se dió cuenta de que su vida es muy diferente a la mía. Le gustan cosas diferentes. Se convirtió en pintor. Se convirtió en artista. Yo no. No soy pintor, tampoco soy artista. Quizás sea un artista de la vida, pero no soy un artista profesional. Por eso nos tenemos tanto respeto el uno al otro, aunque no podría haber dos personas más diferentes. Sin embargo, el hecho de que me escribiera esas tres páginas que nunca olvidaré, durante el resto de mi vida, significa que las palabras importan. Hubo una filósofa muy famosa llamada Maya Angelou que decía: “Lo único que la gente recuerda es cómo les haces sentir”. Y las palabras importan. Mis palabras de hoy son importantes para vosotros. Vuestras preguntas han sido importantes para mi. El único vínculo que tenemos, olvidaos de Internet, es la palabra hablada y cómo nos hace sentir. Y estas cartas me hicieron sentir vivo.