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Boris Becker. Para decirlo en pocas palabras… Por cierto, perdonad por mi calzado, no he podido ponerme unos zapatos muy bonitos que llevaba antes, pero no pasa nada… Se llama la inocencia de la juventud. A los 17 años no sabes que eres demasiado joven para hacer lo que estás a punto de hacer. Simplemente actúas por instinto. Siempre fui un adolescente bastante fuerte físicamente y siempre me gustó competir. Para mí, la competición siempre fue más importante que ganar o perder. Me gustaba estar en medio de la lucha. Para bien o para mal, es en estas situaciones donde me siento vivo. Es así como me siento cómodo, como me tranquilizo. Parece una locura, ¿verdad? Pero es parte de mi carácter. A los 14 años ya era el mejor jugador de tenis en Alemania. Era un niño de 14 años, pero el mejor jugador alemán en pista cubierta. La pista cubierta era una superficie bastante rápida. Tenía un saque muy bueno y mucha potencia. Así que la pista cubierta o la pista de hierba se adaptaban muy bien a mi juego. Mi primer torneo profesional fue Wimbledon, en 1984. Ese fue el primer torneo por el que pedí permiso para ausentarme de la escuela. Evidentemente, tuve que convencer a mi madre. Porque a mi padre le gustaba la idea, pero tuve que convencer a mi madre ya que ella siempre quiso que su hijo hiciera algo serio como ser abogado, médico o algo similar. Querer convertirse en deportista profesional a mediados de los años 80 era algo poco común. No había dinero ni conocimientos sobre el tema y no se pensaba que se pudiera alcanzar algo relevante. Así que tuve que convencer a mi madre. Las únicas condiciones que me puso fueron que solo podía perder dos años de clases y que tenía que hablar con el director del colegio. Hablé con él y me dijo: “De acuerdo, tómate un descanso. Si quieres, puedes volver dentro de un año o, como máximo, dentro de dos. Pero estoy seguro de que volverás”. Así que me sentí presionado para conseguir algo rápidamente. Participé en Wimbledon. Jugué la fase previa y me clasifiqué. Por cierto, también fui el jugador más joven en clasificarse. Llegué a la tercera ronda y me rompí el tobillo; tuvieron que sacarme de la pista en camilla. Me llevaron al hospital, me operaron y, por supuesto, hablé con mi madre. Y ella me dijo las típicas palabras de: “Te lo dije. Te lo dije, hijo, que estudiaras algo, que volvieras a la escuela”. Yo le respondí: “No, dame un poco más de tiempo…”. Sabía que estaba bajo presión y que tenía que rendir rápidamente, pero estuve lesionado durante tres meses. Volví a jugar en otoño de 1984 y poco a poco fui mejorando. Cuando estuve preparado llegué a cuartos de final del Open de Australia. No sé cuánto sabéis de tenis, pero este es uno de los cuatro Grandes, es un torneo importante. Así que a los 16 años ya estaba en cuartos de final del Open de Australia, que se jugó el 10 de diciembre. Fue un gran logro y conseguí el puesto 50 del ranking mundial. Luego, a principios de 1985, empecé a mejorar día a día. Jugaba todas las semanas en Estados Unidos, en Europa y en Dios sabe qué otros sitios. También en California… Y a los 17 años, conseguí unos resultados muy consistentes: cuartos de final, semifinales… Cuando empezó el torneo de Wimbledon, yo era el número 20 del mundo. Repito, hoy no se ve a nadie de 17 años que sea el número 20 del mundo. Dicho esto, la semana antes de Wimbledon hay un torneo de preparación en pista de hierba en Londres.