COMPARTIR
Generated with Avocode. Path Generated with Avocode. Rectangle Copy Rectangle Icon : Pause Rectangle Rectangle Copy

El cerebro sale a escena

David Bueno

El cerebro sale a escena

David Bueno

Biólogo y genetista


Creando oportunidades

David Bueno

David Bueno es biólogo, profesor e investigador, con una mirada lúcida y cercana sobre el papel del cerebro y la educación en la vida contemporánea. Su trayectoria combina la investigación en neurociencia, genética y desarrollo con una pasión por la divulgación, la educación y el análisis del aprendizaje humano desde todos los sentidos.

En su obra y charlas sobre neuroeducación, Bueno explora cómo el cerebro se transforma a lo largo de la vida, cómo las emociones, el lenguaje, el juego y el arte moldean nuestro pensamiento y nuestra forma de relacionarnos con el mundo. Con un estilo claro y accesible, su trabajo no solo divulga ciencia, sino que invita a repensar la manera en que aprendemos, enseñamos y vivimos.

Su enfoque es una invitación constante a integrar la biología, la educación y la experiencia humana, mostrando que entender cómo funciona nuestro cerebro no es un lujo académico: es el primer paso para aprender mejor, vivir con más plenitud y construir entornos educativos más humanos y efectivos.


Transcripción

00:03
David Bueno. Bienvenidas y bienvenidos. Empiezo presentándome: Yo soy David Bueno, soy profesor e investigador en la sección de Genética Biomédica, Evolutiva y del Desarrollo, es un nombre muy largo que te quedas sin aliento casi, de la Universidad de Barcelona. Hace un montón de años fundé la cátedra de Neuroeducación, que es a lo que me dedico. Básicamente a entender desde la neurociencia cómo aprendemos, cómo cambia nuestro cerebro, de qué manera todo lo que aprendemos altera la manera que tenemos, incluso de percibirnos a nosotros mismos, de percibir nuestro entorno con un objetivo que es continuar optimizando el sistema educativo, la forma cómo aprendemos, teniendo presente que aprendemos toda nuestra vida. Y yo os quería preguntar, para empezar, si estáis a gusto. ¿Estáis bien? ¿Sí? ¿Os encontráis bien? ¿Sí? ¿Me oís bien? La luz… ¿Se me ve bien? Yo os veo fantásticamente a todas. ¿Vale? ¿Habéis hecho deporte hoy? ¿No? Moveros un poco. Estaremos aquí más de una hora. O sea, os movéis ahora o no os vais a poder mover luego. Bueno, no, esto que parece, bueno, pues vale, así empezamos sonriendo, es muy importante, porque si estáis aquí, estáis aquí con todos vuestros sentidos puestos en lo que estamos haciendo. Todos los sentidos. Claro, me estáis viendo, nos estamos viendo, nos estamos escuchando… Notáis si hace frío, si hace calor. Yo estoy a gusto. Pero normalmente quien habla está siempre a gusto porque no te enteras de la temperatura que hace. Notáis, y si en un momento abren la puerta y pasa una brisa de aire la vais a notar sobre vuestra piel. Aprendemos con todos los sentidos y todos son igualmente importantes. Pero muchas veces cuando hablamos de sentidos nos olvidamos de algunos que son muy importantes. La mayor parte de libros hablan de cinco sentidos: vista, oído, tacto, olfato y gusto. Esto ya lo decía Aristóteles hace 2.400 años. No, tenemos muchos más. Yo nunca me peleo con nadie cuántos sentidos tenemos porque es muy difícil poner unas barreras, unas fronteras a nivel fisiológico, a nivel molecular, a nivel celular. Pero hay como mínimo dos más. Y a esto viene la pregunta de: ¿habéis hecho deporte hoy? Si no, moveros un poco. Tenemos la propiocepción, que son las terminaciones nerviosas que nos indican la posición relativa de una parte del cuerpo respecto al resto y la interocepción, que es las que están dentro de nuestras vísceras, que nos indican cómo estamos por dentro, ¿no? Hoy me siento un poco más lleno, hoy me cuesta respirar, el resfriado… ¿Cómo lo notamos? Pero eso es muy importante porque somos nosotros mismos. Aprendemos con el cerebro, pero siempre en relación a nosotros mismos, a nuestro cuerpo. El cerebro es parte de nuestro cuerpo, integrarlo todo es lo que facilita unos mejores aprendizajes. ¿Y sabéis qué es lo que relaciona todo esto entre sí?

03:30
David Bueno. El lenguaje, las palabras. Claro, sin palabras no podríamos haber expresado ni una millonésima parte de lo que llevo diciendo en este rato. Y un lenguaje tan complejo como el nuestro, como el humano, muy complejo, hacemos textos larguísimos… Bueno, parece que tiene que ser una cosa muy difícil de aprender. Miles de palabras, construcciones sintácticas… Pues resulta que las niñas y los niños lo aprenden con un añito de edad, sin colegio, sin escuelas, sin que nadie se lo enseñe. Y eso es muy importante porque significa que es un simple instinto biológico, el instinto de socializar a través de la palabra. Os cuento una pequeña anécdota. A ver, las anécdotas personales no hacen ciencia, pero ayudan a entender la ciencia. Yo tengo dos hijos, dos chicos, ya son jóvenes, pero recuerdo que el mayor, cuando aprendió a hablar, la primera palabra que dijo pues tenía, no sé, diez meses, once meses. Fue un poco precoz, a lo mejor nueve. Con su madre, con mi esposa, pues hablábamos en broma: “¿Qué dirá primero, papá o mamá?” Lo típico. Bueno, no sé si es típico o no, yo creo que sí, ¿no? Él puso paz rápidamente. Íbamos andando por un bosque, por lo tanto estaban todos los sentidos implicados. Por eso hablaba antes de los sentidos. Yo le llevaba en una mochilita aquí delante, mirando hacia afuera. Claro, ahí está la vista, está el oído, se oían pájaros, notas la temperatura, si hace frío, si hace calor y el movimiento. Él también se movía, aunque fuese en la mochila. Y supongo que íbamos hablando de los árboles, ambos somos biólogos, porque en un momento dado levantó su mano y, señalando a un árbol, dijo ‘arbre’, árbol en catalán, que es el idioma que hablábamos nosotros en casa. Claro, él no dijo ‘arbre’, dijo ‘abba’. Que interpretamos lógicamente como árbol. Nos había escuchado. Reprodujo ese sonido. Y entonces aquí viene una parte importantísima de los aprendizajes y es: ¿y qué pasa a continuación? Bueno, pues a continuación, por instinto, ¿qué hacemos? Reconocemos la palabra. ¡Árbol! ¡Has dicho árbol! Y la valoramos, porque ponemos énfasis. En el momento en que reconocen lo que tú has hecho, lo que tú has dicho y lo valoran, el cerebro produce una descarga de dopamina brutal. Es un neurotransmisor que da sensaciones de bienestar, de recompensa, de placer. Es tan intenso que enseguida se dan cuenta de que aprender palabras genera bienestar y buscan la siguiente, y la siguiente y la siguiente. Y en pocas semanas están aprendiendo una docena de palabras cada día. Y además, ¿qué más hacemos? Complementamos. “El árbol es grande”. “El árbol tiene hojas”. Por lo que se dan cuenta que el lenguaje no son solo palabras, son estructuras mucho más complejas. Y aquí está la base de nuestra humanidad. El lenguaje marca un punto de inflexión en nuestra historia evolutiva. Pues ahora, si queréis, podemos conversar, si tenéis preguntas.

07:00
Mujer 1. Hola David. Nos ha gustado mucho tu historia sobre la primera palabra de tu hijo y yo te quería preguntar cuáles son los beneficios del lenguaje y de la palabra para el cerebro.

07:13
David Bueno. Mira, tiene muchísimos beneficios, básicamente porque estructuramos los pensamientos complejos en base a palabras. A ver, podemos pensar con sensaciones, con emociones, con imágenes, con sonidos. Pero un pensamiento complejo, las palabras son su base. Eso nos ha pasado a todos alguna vez. Estamos pensando algo complejo, difícil, y si pasa alguien por delante nos dice: “¿Qué hablas solo?” Porque sin darnos cuenta hablamos con nosotros mismos y movemos los labios. Esto es algo que ya se conoce desde hace muchísimo tiempo. De hecho, Charles Darwin, el padre de la teoría de la evolución mediante selección natural, en uno de sus libros, ‘El origen del hombre’, que yo hace tiempo que digo que cuando se vuelva a traducir, a lo mejor deberíamos cambiarle el nombre y poner ‘El origen de las personas’, espero que sí. Hay una frase en ese libro que dice: “Una cadena de pensamiento larga y compleja no puede ser llevada a cabo sin la ayuda de las palabras, ya sean pronunciadas o silenciosas para ti mismo”. Eso es muy importante. Sin un lenguaje complejo, nuestros pensamientos serían muy básicos, muy simples. No somos la única especie que habla. Hay otras especies biológicas que se comunican. Los chimpancés, son nuestros hermanos evolutivos, los más cercanos vivos que tenemos, tienen un lenguaje mixto, gutural, con chillidos y gestual con unos 200 significados. Algunos tan sutiles como dulce o amargo para referirse a una fruta o peligro serpiente, peligro felino, peligro ave de presa, porque su reacción tiene que ser diferente para proteger a sus crías de estos posibles peligros. ¿Diferencias con nuestro lenguaje? El suyo es literal, literal, significa lo que significa. En cambio, el lenguaje humano es metafórico. Usamos muchísimas metáforas. Por ejemplo, si yo tengo que referirme a alguien que es insensible, que no muestra sus sentimientos, que a lo mejor es poco empático, puedo estar enrollándome mucho rato, pero si os digo simplemente “esa persona tiene el corazón de piedra”, todos lo entendemos mucho más fácilmente. Es una metáfora. Su corazón sigue siendo un músculo que late. No es una piedra. Nuestro lenguaje no es literal, lo que permite incrementar sus significados de forma exponencial. Y además, los chimpancés no unen esos significados para hacer frases. Son siempre individuales. Nosotros los unimos para hacer frases, párrafos, textos, libros, enciclopedias… Y esa es la gran potencia. El lenguaje, como lo conocemos ahora, surgió hace unos 80.000 años. Antes hablaban también. Hace 80.000 años es la frontera entre lo que se llama el Homo sapiens arcaico y el Homo sapiens moderno, que somos todos nosotros. ¿Vale? El Homo sapiens arcaico, la forma que tenía su laringe respecto a la cavidad bucal, que es por donde hacemos los sonidos, no le permitía hacer tantos sonidos como hacemos nosotros. Por lo tanto, nuestro lenguaje puede ser mucho más complejo porque hacemos muchísimos más sonidos. Y, en ese momento, ahí empezó a cambiar todo. Un lenguaje complejo, para utilizarlo necesitas un cerebro complejo. Que seguramente ya estaba ahí, pero el lenguaje complejo es aprovechado por el cerebro para hacer el lenguaje todavía más complejo, para poderlo usar el cerebro tiene que ser más complejo, y ahí empezó una carrera acelerada de potenciación de nuestro propio cerebro. Y ahí viene la gran importancia del lenguaje, pero sobre todo de que sea complejo. Y lo digo porque hay estudios que indican que cada vez hablamos menos con los niños y con las niñas. Cuando empiezan a hablar, los primeros años de vida, hay que hablarles mucho, hablarles y escucharles, porque, ¿si no les escuchas para qué van a hablar ellos?

11:41
David Bueno. Si no hablamos tanto con ellos, y se ha estudiado en diversos sitios y en todos coinciden, con diferencias, pero que ha ido disminuyendo el número de horas que hablamos con ellos. Estamos demasiado atareados o estamos demasiado tiempo con las pantallas… Si su lenguaje no es tan rico, su pensamiento no va a ser tan complejo. Y eso a la larga sí puede ser un pequeño problema. Así que hablemos.

12:10
Hombre 1. Hola, David. Encantado de estar aquí contigo. Yo también soy neurocientífico. He estado estudiando los efectos del estrés y me he dado cuenta que pintar es una de las grandes herramientas que tenemos para liberarnos del estrés. Y me gustaría saber un poco qué pasa en nuestro cerebro cuando lo hacemos.

12:30
David Bueno. Mira, pintar, como practicar cualquier actividad artística, hay dos maneras de hacerlo. Una es porque te esfuerzan en hacerlo y eso no libera del estrés, y otra es por simple placer. Podemos pintar rápido o podemos pintar lento. Podemos hacerlo de una forma o de otra. Pintar o escuchar música, da igual. Podemos escuchar una música clásica relajante o una pieza de heavy metal mucho más estridente. Siempre que lo hagamos con gusto se está activando una parte de nuestro cerebro que se llama estriado, que es la zona que nos da sensaciones de bienestar, de recompensa… Y eso interactúa con la amígdala, otra zona de nuestro cerebro que es la que genera las emociones y hace que nos sintamos a gusto. Claro, el hecho de sentirnos a gusto y recompensados lo que hace es disminuir esta sensación de estrés. Todas las artes pueden conseguir esto. Digo “pueden” porque si las forzamos entonces no. Pero eso depende de cada uno. Y hay que entenderlo bien. Yo, por ejemplo, me gusta comparar dos pintores diferentes con dos estilos diferentes y que ambos usan el arte como forma de expresión y de relajación propia. Uno es un pintor abstracto, se llama Ferrán García Sevilla. Es un pintor de origen mallorquín que vive en Barcelona, que hace obras abstractas de gran formato, enormes y que tarda semanas, semanas, en terminar la obra. Porque empieza, se echa atrás, la mira, la remira, la cambia. Y es este ir y venir… Cuando pinta lo hace con mucha energía, porque le he visto mucho, hemos hecho algún trabajo juntos y le he visto trabajando. Lo hace con mucha energía, pero cuando lo tiene hecho eso le produce una sensación de desasosiego, de descanso, de relax. La oposición, un tío mío, se llama Joan Bueno, Bueno, como yo, claro, porque es mi tío. Él es pintor de calle. Le gusta pintar lo que ve por la calle, edificios, personas con un carbón que fabrica él mismo y con trozos de caña que él mismo corta y no puede tardar más de tres minutos en hacer un dibujo. Es el límite que se ha impuesto. Y no para de hacer dibujos. No para, no para, no para, no para. Y eso es lo que le relaja él. Claro, no es ir rápido o ir lento. Es tú cómo quieres hacerlo. Y eso es lo que es realmente importante. Es hagamos el arte que hagamos, disfrutar haciéndolo. Y conectando esto con el lenguaje, que preguntábamos antes, con las palabras surgieron más o menos al mismo tiempo. Este cambio en la laringe inició esta carrera del lenguaje. Pero es que todas las artes surgieron más o menos en esa época. O sea, algo cambió en esa época, en nuestro cerebro y en nuestro cuerpo, para promover todo esto. Las pinturas rupestres más antiguas tienen unos 60.000 años. Claro, de 60.000 a 80.000 faltan 20.000. Ya lo sé. Pero las pinturas rupestres se estropean con el tiempo. Y que no se hayan encontrado no significa que no hubiese anteriores. Las cuevas se derrumban, las pinturas se van estropeando con el paso de los milenios. No solo las artes plásticas, las artes musicales. El primer instrumento musical capaz de hacer notas es una flauta de hueso que se encontró hace algo más de 20 años en Alemania, hecha con el hueso de una pierna de un cisne, de un pájaro, que se ha datado en 40.000 años de antigüedad.

16:30
David Bueno. Si hace 40.000 años ya hacían instrumentos capaces de hacer notas, es que antes hacían seguro tambores y tam tams con pieles y madera, que por supuesto no se ha conservado nada. Algunas de esas pinturas rupestres tan antiguas muestran escenas de danza. O sea que las artes escénicas estaban ahí. También la técnica, la ciencia cambió en esa época. El tipo de herramientas que usaban los Homo sapiens arcaicos eran iguales que las de los neandertales. Y hace 80.000 años hubo una explosión de herramientas que todavía sigue actualmente. Por lo tanto, algo cambió ahí. Y los primeros inicios de un pensamiento simbólico claro, por ejemplo a través de las tumbas que hacían para sus compañeros y compañeras, también empezaron ahí. Enterrarles con puntas de flecha, con los colgantes que llevaban… Es decir, el pensamiento simbólico, la filosofía nació en esa época. Claro, todo esto alimenta nuestro cerebro y bien usado, y eso me gusta repetirlo, bien usado, es desestresante porque permite reequilibrar toda esta parte emocional con la parte de recompensa y con la parte más reflexiva de nuestro cerebro.

17:48
Hombre 2. Hola David. Como has hablado de las artes escénicas y, como bien has dicho, estamos constantemente interpretando imágenes, sonidos, palabras… ¿Se podría decir que nuestro cerebro es como un teatro?

18:00
David Bueno. Es un teatro. Es un teatro que puede ser de drama, de comedia, según cómo vivamos. Esto es un poco broma, pero sí, sí, depende cómo vivamos nos vamos construyendo nuestro propio cerebro. Claro, ¿qué hace el cerebro? Está constantemente recibiendo información del exterior a través de los órganos, de los sentidos, de lo que vemos, de lo que oímos y también de nuestro interior, de cómo nos sentimos por dentro. Esos sentidos que no están en la categoría de los cinco clásicos, pero que están ahí bien presentes. Y lo que hace es combinarlos para darnos una percepción única, coherente, de nuestro entorno con respecto a nosotros mismos y de nosotros mismos en relación con nuestro entorno. Claro, eso es muy importante porque nacemos con todos los sentidos activos. Hablo de personas, ahora las llamamos neurotípicas, que no sé muy bien qué significa, porque el que no tiene una cosa tiene otra. Si hay alguna neurodivergencia clara, por ejemplo, un déficit visual, por supuesto habrá diferencias. Pero si no nacemos con todos los sentidos activos, pero no con la capacidad de integrarlos para tener esta percepción coherente de nuestro entorno. Esto va madurando con la edad, los primeros años de vida, pero va madurando con el uso que se le da. Usar tantos sentidos como sea posible es lo que permite que se integren. Si yo solo uso la vista, no hay nada que integrar. Claro, esto es, en el caso de los niños y las niñas, es el juego. El juego clásico que implica ver, implica escuchar, implica tocar. Cuando son muy pequeños lo huelen todo, lo chupan todo, son sentidos. Los adultos no hace falta que lo hagamos así pero, se mueven, también descansan, se notan por dentro. Esto que es tan claro en niños y niñas dura toda nuestra vida. Los adolescentes están cambiando, su cuerpo está cambiando. Necesitan también estos espacios de sentirse, de notarse, de interactuar para que su cerebro siga integrándolo todo. Y los adultos exactamente igual. Claro, no solo es a través del juego. Las artes permiten pintar, tocar un instrumento y el teatro es una herramienta yo creo que casi indispensable. Yo creo que debería estar presente en todos los centros educativos. En secundaria, seguro y en primaria pues también, no está mal, ¿no? Pero en secundaria seguro. Porque es la forma de aprender sobre tu propio cuerpo, de vivir personajes que seguramente no habrás vivido nunca, lo que te permite empatizar con otras maneras de ser, de ver, de vivir y de pensar. Y es algo que realmente cambia nuestro cerebro y cambia nuestra percepción del entorno porque nos permite incorporar muchísimos más datos que en una vida no viviríamos. Yo esto lo he visto, lo he experimentado con alumnos míos. Yo antes de estar en la universidad estuve unos años trabajando en un centro de la antigua EGB. Yo era el tutor de 7.º de EGB, que ahora sería primero de la ESO. Por lo tanto inicio de la adolescencia. Y en este centro educativo, este curso, había una asignatura, sin exámenes, o sea de las chulas que era teatro, durante todo el curso. Y lo hacían todo, desde adaptar los textos, preparar los decorados, buscar la música, los personajes, ensayar. Era todo un año, dos horas cada semana, trabajando en esto. Yo participaba siempre de estas obras porque quería estar cerca de los alumnos que tutorizaba. Pero participaba en un papel no secundario, no, cuaternario. Un año hice de árbol y movía las hojas cuando hacía viento.

21:55
David Bueno. Mis alumnos hicieron unas hojas con papel. Un año representamos la leyenda de Sant Jordi, de San Jorge, y yo era el caballo y llevaba a un alumno mío pues encima, ¿no? Y yo percibía cambios importantes. No digo en todos, porque tampoco no puedes estar pendiente de todos, pero en algunos de ellos sí. Por ejemplo, este que hizo de Sant Jordi hizo un cambio brutal. De ser una persona introvertida, tímida, pero sobre todo con poca confianza en sí misma, pasó a ser una persona con una confianza brutal en sí misma. Fue el protagonista de la obra y eso le dio una perspectiva radicalmente diferente de sí mismo. Se percibió a través de la parte física, del movimiento, de los diálogos, de todo lo que hicimos ahí, se percibió como una persona diferente. Y después me buscó por redes. Hemos ido varias veces a tomarnos un café juntos. Claro, a mí me hace mucha gracia porque tenía 12 años, ahora tiene más de 45. O sea ya es un hombre hecho y derecho, por supuesto. Pero ahí cambió. Otra experiencia. Hace un par de años, también firmando libros el día del libro, de Sant Jordi, que coinciden… Es una gran fiesta en Cataluña, al lado tuve a un chico con un problema muscular. Es una enfermedad genética que produce falta de tonicidad muscular. Le cuesta andar, no tiene fuerza casi ni para escribir, incluso le cuesta hablar, pero su cerebro está intacto. Y él me hizo un una reflexión que me encantó. Dijo que, claro, él siempre había estado como al margen de su aula, iba a clase con sus compañeros, pero no podía hacer muchas de las cosas, hasta que un año hicieron una obra de teatro por Navidad en su centro educativo. Y dice que eso le cambió la vida. Ahora es actor y actúa en obras de teatro haciendo personajes, por supuesto, adecuados a su condición física. Pero vive. Es actor de obras de teatro y de series de televisión. Eso es un cambio radical. Es la potencia del teatro en nuestras vidas.

24:20
Sandra. Hola David, ¿qué tal? Mi nombre es Sandra y, bueno, quería agradecerte lo que haces y sobre todo cómo lo transmites. Antes hemos hablado de la importancia que tiene el lenguaje y a mí me vienen a la cabeza personas que pueden padecer ansiedad o incluso depresión. Me gustaría saber cómo el lenguaje o cómo la manera en la que se hablan ellos mismos puede determinar una mejoría o no.

24:47
David Bueno. Eso es un tema importantísimo, no solo en neurociencia, en biología, sino también en psicología, por supuesto, claro. Antes decía: “Cada vez que recuperamos un recuerdo lo estamos alterando”. Si yo recupero un recuerdo con un estado emocional que me sea satisfactorio, cuando lo vuelvo a guardar, me queda un poquito más satisfactorio ese recuerdo. Si yo lo recupero con un estado emocional que sea incómodo, cuando lo guardo de nuevo, queda mezclado con un poquito más de incomodidad. Claro, eso tiene unas consecuencias brutales para las personas que sufren ansiedad o depresión. Van recordando cosas, como todo el mundo, y, cuando las guardan, las guardan peor que las que tenían antes. Peor en el sentido de que les van a causar más daño. Claro, ahí es de donde viene la importancia de ser conscientes de ello, pero sobre todo de que nos ayuden las personas cercanas. Es recuperarlo con sensaciones de más satisfacción, de curiosidad, de motivación, para guardarlo de una forma diferente. Decía, aquí viene la importancia de las personas cercanas. Estar cerca de una persona a quien apreciamos, a quien queremos, hace que nuestro cerebro produzca endorfinas. Son unos opioides naturales que generan sensación de bienestar y rebajan el nivel de dolor físico o psicológico. Claro, cuando a veces una persona tiene depresión se aísla y lo que tendría que hacer, lo que tenemos que hacer las personas que estamos a su lado, es acercarnos. Porque esto favorece que el propio cerebro no cura, pero ayuda a una recuperación mejor. También produce, el estar cerca, oxitocina, que es una neurohormona implicada en socialización. Por lo tanto, le facilita incluso que después siga socializando. Y con la ansiedad igual pero combinado con el estrés. La ansiedad es esto con estrés. Entonces es rebajar ese estrés, momentos para descansar, para no hacer nada, para ensimismarse, buscar momentos de relax viendo una puesta de sol, yendo a pasear, yendo a hacer deporte o escuchando música. Da igual, cada uno tiene sus preferencias. Por eso decía, tenemos que conocernos a nosotros mismos y valorarnos para utilizar eso que más nos satisface y nos permite estar en equilibrio con nosotros mismos. A veces digo que deberíamos ser un poquito más egoístas. A ver, a veces lo somos demasiado de egoístas, pero en el sentido de preocupémonos de nosotros. Es decir, si yo quiero que mi entorno esté bien, yo debo estar bien. Si yo no estoy bien, mi entorno no estará bien. Así que intentemos estar bien nosotros y nuestro entorno estará mejor. Y si todos lo hacemos, todos estaremos un poquito mejor.

28:01
Hombre 3. Hola, David. Bueno, primero que todo quería agradecerte todo esto que nos estás contando. Y a mí me gustaría preguntarte: ¿nuestro cerebro está en constante evolución, es decir, no se satura?

28:14
David Bueno. A ver, puede saturarse si vamos demasiado rápidos haciendo cosas, sí. Tiene muchísima capacidad pero no es infinita. Pero no se satura por ir aprendiendo cosas nuevas a un ritmo adecuado. De hecho, nuestro cerebro biológicamente está haciendo conexiones neuronales nuevas toda nuestra vida. Estas conexiones neuronales se llaman conexiones sinápticas, en terminología científica. Digo la palabra para que parezca que sé de lo que hablo. Estas conexiones sirven para ir almacenando todo lo que aprendemos y todas las experiencias que vivimos que merezcan ser recordadas. Vamos haciendo conexiones sobre las que ya teníamos. Y así es como vamos construyendo nuestros aprendizajes y nuestra propia memoria biográfica. A veces confundimos lo que hicimos hace ocho años con hace nueve años, pero no lo que hicimos ayer respecto a lo que hicimos hace un mes. Porque vamos construyéndolo de esta manera. Y tiene una capacidad enorme que hay que entrenar. Hay que entrenarla. Porque si no la usamos, disminuye. Por eso es importante querer aprender siempre cosas nuevas. Querer aprender no significa que tengamos que estar siempre estudiando. Es estar pensando en aquello que vemos, en lo que leemos. Es usar las artes, no usarlas todas simultáneamente porque entonces sí que nos estresaríamos. Cada uno tiene sus preferencias. O escuchar música, o tocar un instrumento musical, o pintar, o hacer escultura, o ir a exposiciones, ir a teatro, a danza, leer ensayos científicos o filosóficos. Todo esto lo que hace es potenciar nuestro cerebro. Y en ese sentido pues no tiene límite. Aprendemos toda nuestra vida. Ya desde antes de nacer empieza a hacer conexiones en función de lo que percibe de su entorno y lo mantenemos durante toda nuestra vida, hasta el final de nuestros días. Hay la excepción de algunas enfermedades neurodegenerativas que terminan con este proceso de plasticidad neuronal, que es como se le llama. Pero si no, nos dura toda nuestra vida. Aquí la situación de saturación puede venir cuando hacemos demasiadas cosas simultáneamente. No demasiadas cosas, porque yo las puedo organizar y planificar bien. No, no, simultáneamente. Porque nuestro cerebro tiene una capacidad limitada para… Ahora lo llaman el multitasking. Hacer muchas cosas, ¿vale? La atención consciente es un recurso muy limitado para nuestro cerebro, porque consume mucha energía metabólica. O la pongo toda en un sitio, o si la divido ya no es 50 y 50, a lo mejor es 40% y 40% porque necesito un 20% para mantenerla dividida. Me invento los porcentajes, pero más o menos. Y si son tres cosas todavía disminuye más. Hasta que llega un momento que todo es superficial. Pero si yo sigo ahí empeñado en todo ello, el cerebro se satura. Ya no puede dar más de sí porque agota toda la energía que tiene. Y eso lo que hace es incrementar el nivel de estrés. Y el estrés todavía bloquea más la capacidad de reflexionar de nuestro cerebro.

31:48
David Bueno. La capacidad de reflexionar surge de una zona, la corteza prefrontal, la que tenemos aquí delante, que es la que más energía consume de todo nuestro cuerpo. Claro, cuando no hay energía, no reflexionamos. De ahí la importancia de saber planificar. Ahora hago esto, tengo diez cosas por hacer, bueno pues empiezo por aquí, después sigo y sigo y sigo y sigo. Y esto cada vez pasa más en chicos y chicas jóvenes. Que estudian con el ordenador, que es muy útil, pero también tienen el móvil por si alguien les manda un mensaje o tienen el WhatsApp pasado en la pantalla, que es exactamente igual. Y a lo mejor pues unos apuntes que han tomado en clase y todo eso dispersa, hace que cueste más asimilar y además que te puedas llegar a saturar. Y ahí lo importante pues es eso. Es esta planificación y buscar momentos para no hacer nada. Cada día deberíamos tener todos un rato en la agenda sin nada programado que hacer porque eso lo que permite es que tu cerebro se resitúe, se regenere y baje este nivel de estrés que es el saturante. Yo siempre digo mínimo 45 minutos, porque entre que cierras lo que estás haciendo, piensas y ahora qué hago, ya pasa un rato. Y eso es muy importante. Es un ratito sin nada qué hacer después de haber trabajado. O sea, todo el día sin hacer nada no sirve. Es trabajo, pienso y después me relajo. Y eso lo que permite es desaturar el cerebro para que pueda seguir bien a continuación o al día siguiente.

33:36
Mujer 3. Hola David, muy buenas. Yo te quería preguntar, cuando estaba embarazada de mi primera hija le solía poner música por aquello que nosotros pensábamos que podía ser bueno para su desarrollo emocional. ¿Es un mito o está bien?

33:51
David Bueno. No, no es un mito. Lo que sí es un mito es que hay que ponerla muy cerca, porque ya oyen la música venga de donde venga. Es que incluso hace un tiempo se comercializaba, no sé si todavía se comercializa, un aparato intrauterino para que pudiesen escuchar música de más de cerca. No, no tiene ningún sentido. Científicamente no tiene ningún sentido, porque precisamente su cerebro se construye, su sistema auditivo se construye ya en relación pues a la pared abdominal y así es como tiene que ser. Pero sí que se ha visto que escuchar música cuando se está embarazada hace que el corazón, incluso el ritmo cardíaco del feto, se acompase con esa música. O sea que perciben esa música. Lo que también es un mito es qué música es mejor. Hay también algunos programas que dicen que la música de un cierto compositor nos hace más inteligentes. Es un reclamo comercial. Toda la música activa el cerebro. Por supuesto, hay músicas más complejas, armónicamente más complejas que otras. Pero lo importante es que la persona adulta que la escucha se sienta a gusto con esa música. Porque esto altera el equilibrio neurohormonal y el feto nota esa sensación de placer al escuchar música. Por lo tanto, estamos potenciando que después también quiera continuar escuchando música, aunque será una música supongo que diferente, porque cada época tiene sus músicas. Había también como una anécdota como, repito, las anécdotas no hacen ciencia, pero ayudan a entenderla. Cuando nacieron mis hijos durante unos años les llevaba yo al colegio. Mi esposa entraba a trabajar antes y yo podía llevarles. Cuando estaban en casa vistiéndose les poníamos música clásica relajante para empezar el día tranquilos. Cuando mi esposa se iba, era el momento ya de empezar a poner los abrigos, la mochila… Entonces yo cambiaba la música y ponía rock and roll. Ellos no se acuerdan pero se ríen mucho cuando se lo contamos. Da igual que música, pero tienes que vivirla tú como adulto con placer, con gusto y por supuesto pues también ir variando. No tiene porqué ser siempre exactamente la misma.

36:34
Adrián. Buenas David, soy Adrián, delegado del Máster en Genética y Biología Celular y en primer lugar quería agradecerle su ponencia y segundo, quería saber hasta qué punto influye la genética en que alguien sea más de letras o de ciencias, dicho coloquialmente.

36:50
David Bueno. Influir influye, claro que sí, porque influye en todas nuestras características. Claro, el genoma humano, que es el conjunto de todos nuestros genes, está formado por unos 20.300 genes multiplicados por dos. 20.300 heredados de nuestra madre y los equivalentes de nuestro padre. Estos programas genéticos son los que hacen que nuestro cuerpo se construya y funcione. Todos tenemos todos los genes, pero tenemos distintas variantes para estos genes. Los genetistas lo llamábamos alelos, variantes, que introducen sutilezas en el mensaje. Por ejemplo, el hecho de ser rubio, bueno, yo antes era rubio, iba a señalarme, ser rubios, morenos o pelirrojos, eso es genético. El grupo sanguíneo. Tener el grupo sanguíneo, el A, el B, el 0 o el AB es genético. 100% genético. De estos 20.300 genes hay unos 8.000 que en algún momento u otro funcionan dentro de nuestro cerebro, que también tienen variantes. Por lo tanto influyen de forma ligeramente diferente en cómo se construye y en cómo funciona. Claro, ¿hasta qué punto pesa esta genética? El grupo sanguíneo es determinista. Lo que dicen los genes es lo que hay. Y si a alguien no le gusta su grupo sanguíneo, se aguanta. No, no, es que no lo podemos cambiar. Ya está. Esos genes de actuación cerebral lo que hacen es dar predisposiciones hacia ciertas características. Pero no es determinismo, es una predisposición. Hay personas que genéticamente están más predispuestas a ser creativas, al coeficiente de inteligencia, a la empatía, a la sociabilidad, a ser más propensas a que les gusten los números, las ciencias o las letras, las humanidades. Y aquí hay un componente genético. Claro, ¿hasta qué punto pesa la genética? Eso lo cuantificamos usando un parámetro estadístico que se llama heredabilidad, que es muy sencillo de entender. Es un tanto por ciento, o un tanto por uno. Los científicos preferimos el tanto por uno porque lo multiplicamos directamente, el tanto por 100 tienes que sacarle dos ceros antes de multiplicarlo. Es simple pereza científica. Muchas de estas características se han analizado y su heredabilidad ronda entre el 30 y el 60-70%, según cada característica. Algunas es del 30, otras más, hasta el 70. Alguna un poquito más incluso, ¿vale? Claro, aquí una pregunta ahora es: ¿es mucho o es poco? Claro, esta área de debilidad lo que mide es qué parte de las diferencias, respecto a una característica, la creatividad, la pasión por las letras o las ciencias… Qué parte de las diferencias entre dos personas cualesquiera son debidas a estas diferencias genéticas. Dicho más fácil, no es muy riguroso, pero dicho más fácil, es el peso de la genética. Claro, ¿pesa mucho esta genética? Un 50%, para poner un promedio. Es una pregunta trampa. Es lo que nos da nuestra genética, nuestra biología y eso es lo que tenemos. Y eso no lo podemos cambiar. ¿Qué es lo que es importante? Que nunca llega al 100%.

40:18
David Bueno. Y en un porcentaje, la suma de todos los factores implicados debe terminar sumando 100. ¿Y qué es lo que falta? Pues faltan los aprendizajes, faltan las experiencias vitales que hayamos vivido, falta incluso cómo pensamos. Cada vez que recuperamos un recuerdo pasado, antes hablábamos de que si el cerebro se satura o no porque siempre está aprendiendo cosas. Cada vez que recuperamos un recuerdo pasado, cuando lo volvemos a almacenar lo almacenamos de forma diferente porque lo mezclamos con el estado emocional de ese instante. Claro, lo que pensamos o cómo pensamos influye en cómo continúa construyéndose nuestro cerebro. Influye en este porcentaje que no es genético. ¿A dónde quiero ir a parar? Que si una persona, por ejemplo, nace con mucha predisposición genética a la creatividad, pero educativamente se la mutilamos, terminará teniendo menos que otra persona que nazca con menos predisposición genética, pero que se la estimulemos. Como la genética no la podemos tocar, toquemos el ambiente, dediquémonos a la sociedad, a la educación, a cómo vivimos, a cómo pensamos, para que todos podamos seguir creciendo, partamos del nivel de donde partamos. Partimos de niveles diferentes, vale, pero todos podemos seguir creciendo y esto, para mí, es lo que es realmente importante.

41:52
Mujer 4. Hola, David. Has dicho antes que las pantallas influían en el lenguaje de los niños. Y yo te quería preguntar que actualmente que estamos en esta era digital, que todo está detrás de las pantallas, tanto para los mayores como para los más pequeños, ¿cómo influye esto en el arte y en el cerebro? Porque eso serían como estímulos externos que ya no sería genética.

42:23
David Bueno. Mira, lo primero que diría es que influir influye, por supuesto. Porque una de las características de nuestro cerebro es que va haciendo estas conexiones nuevas para adaptarse al entorno donde vivimos. Es una de sus funciones biológicas principales: conexiones para aprender y adaptarnos. Claro, se adapta la tecnología digital. Aquí la cuestión no es si se adapta o no, tiene que adaptarse. Eso es bueno. La distinción está entre el uso y el abuso de tecnología digital. Esta es la distinción. Un uso razonable es muy importante. Es que no podríamos vivir actualmente sin tecnología digital. La usábamos para todo y es enriquecedora. La diferencia está con el abuso, ¿vale? Claro, ¿qué entendemos por uso o por abuso? Bueno, primero, ¿qué hace el abuso? El abuso lo que hace es volvernos más impulsivos, y por oposición, menos reflexivos. Porque en el mundo digital todo pasa muy rápido. Estamos mirando una red social y vamos pasando, pasando, pasando, pasando, pasando. No hay tiempo para entretenerse. O si estamos chateando con un grupo de amigos o respondes rápido, o si empiezas a pensar que quieres responder cuando vas a responder ya hay media docena de respuestas por en medio y la tuya ya no tiene ningún sentido. Nos hace más impulsivos, quita capacidad de reflexionar. Claro, ¿dónde está la distinción, ahora sí, entre uso y abuso? Y eso depende de cada edad. Los niños y niñas hasta cinco o seis años no deberían utilizarla para nada. A ver, si la tocan un momento no pasa nada, nada. Que si en el aula hay una pizarra digital y el docente, de vez en cuando, la conecta para ver una imagen, no pasa nada. Pero no debe ser nunca ni el motivo principal de aprendizaje ni de diversión. En un aula, quien debe cantar canciones es el docente. Mejor un docente que desafine que una pizarra digital que cante como los ángeles. Porque hay toda la transmisión física, corporal, emocional, que la pantalla no tiene. Quién debe contar cuentos son los padres, no una pantalla, porque hay toda esa parte de devoción, de cariño, de respeto hacia esa persona que una pantalla no tiene. Además, son tan absorbentes las pantallas que no te mueves, usando sentidos, vista y oído. Y antes ya comentaba que cuantos más sentidos usemos, más coherente va a ser nuestra propia vida. Y ahí es donde están aprendiendo a integrar los sentidos. Entre los seis años y la pubertad, los estudios que se han hecho, ya hay unos cuantos estudios hechos, indican que hasta media hora es un uso razonable, que no pasa nada, razonable significa que no produce alteraciones graves en el cerebro. Entre media hora y una hora, depende de cada persona. Eso ya, esa genética que nos hace diferentes, y más de una hora es un abuso. Claro, aquí hablamos de diversión ahora. Si una niña o un niño, de nueve-diez años, tiene que hacer un trabajo y usa el ordenador, eso no cuenta. Pero no puede estar todo el día aprendiendo con un ordenador.

45:50
David Bueno. Es puntual. Y en la adolescencia se considera que hasta una hora es un uso que no hace ningún daño, entre una hora y dos horas depende de cada persona y más de dos horas ya es un abuso. Aquí es cuando cuento esto todos los adolescentes ponen cara de decir: “Vaya, vaya, que me estoy pasando”. Porque incluso los adultos nos pasamos de este tiempo. Aquí no cuento ratos de trabajar con un ordenador para hacer un trabajo, pero siempre que no sea el motivo principal de un aprendizaje. A esto que ahora sabemos y que hay que empezar ya a aplicarlo, ya se está empezando a aplicar en los centros educativos y en muchas familias para regularlo, ya hay que sumarle ahora la inteligencia artificial. Claro, es potentísima. A ver, ¿quién no la usa? Yo la uso, pero hay que saber usarla bien. Yo creo que el error que hemos cometido de pasarnos de frenada con la tecnología digital parecía que o estábamos siempre en un sistema educativo o estábamos, no en el paleolítico no, sino más atrás y todo, éramos homo sapiens arcaicos ya, ¿no? Y hemos visto que no, que hay que dar marcha atrás. Ahora aquí estamos a tiempo de hacerlo bien desde buen inicio. Claro, ¿qué significa para mí hacerlo bien en inteligencia artificial? Significa, primero, no deberíamos usarla antes de los 16 años, 15, me da igual, es que tampoco no, no lo sé, pero más o menos por ahí. ¿Por qué? Porque para usarla bien tienes que tener conocimientos previos sólidos sobre aquello que tú le vas a preguntar. Y como los conocimientos se van acumulando con el tiempo, un niño de ocho años no tiene tantos conocimientos como uno de 16. Entonces, le preguntamos, no la pregunta que me ha hecho el profesor, sino a través de la pregunta que me ha hecho yo rehago la pregunta en función de mis conocimientos previos y eso es lo que le pregunto. Y cuando me responde lo leo y reflexiono si eso que me ha contestado es lo que yo quería preguntarle. Muchas veces no es eso. Y repregunto, ajusto mejor la pregunta. Y repito este ciclo tantas veces como haga falta hasta conseguir la respuesta que yo estaba buscando. Y cuando la consigo, lo redacto de nuevo, no copio y pego. Lo redacto de nuevo combinándolo con mis conocimientos previos y con todo lo que he aprendido por el camino de las respuestas previas, parciales que me ha ido dando. Eso es lo que estimula la reflexividad. Usada así es una herramienta potente que incluso puede hacer que seamos más reflexivos, porque lo potencia. Si solo corto y pego no. Hay un trabajo, ya se publicó hace un tiempo en el MIT, que demuestran que en estudiantes universitarios que cortan y pegan a través de la inteligencia artificial baja la capacidad de reflexión. Y esto hay incluso algunos artistas, y lo conecto de nuevo con las artes, que han hecho una crítica muy potente de esta. Hay unos premios, se llaman los ‘Premios 1839’, que tiene dos categorías: fotografías hechas por fotógrafos humanos y fotografías creadas a través de inteligencia artificial. Bueno pues, hace un tiempo, uno de los ganadores de la categoría de inteligencia artificial era una especie de bola de color rosa con unos palos que le sobresalían. Cuando fue a recoger el premio dijo: “Os he engañado, no es inteligencia artificial. Es una foto real mía de un flamenco tomada desde arriba”. Le descalificaron porque claro, no era inteligencia artificial, pero al retirarle el premio el jurado dijo: “Esto es realmente la mejor crítica que se puede hacer, ¿porque dónde está el límite de una cosa u otra?” ¿Hasta qué punto podemos usarla o no podemos usarla? Incluso hay un trabajo que se hizo en el que se analizó qué es más creativo: la inteligencia artificial o la inteligencia humana. Los resultados, es muy curioso. Usaron tres sistemas diferentes de inteligencia artificial y más de 200 voluntarios humanos, con inteligencia humana. Lo que se vio es que, en promedio, la inteligencia artificial es un poquito más creativa que la humana. Pero en promedio. ¿Qué diferencia hay?

50:38
David Bueno. La inteligencia artificial, su creatividad es muy homogénea y la humana es muy diversa, muy diversa. Desde personas muy creativas a personas que lo son menos pero muy creativas en una cosa o en otra o en otra. Los autores de este trabajo al final decían: “Si nos hemos definido como especie biológica o como una especie creativa, la única especie auténticamente creativa que hay actualmente en la Tierra, tal vez deberíamos re definirnos, pues la inteligencia artificial ya está a nuestro nivel”. Claro, yo hice un comentario, en los artículos científicos puedes hacer comentarios y dije: “Bueno, a lo mejor es que la respuesta no es que somos una especie creativa, sino que somos una especie diversa. Y lo que hay que valorar es la diversidad, porque eso es lo que nos hace humanos”. La inteligencia artificial es homogénea, al menos actualmente, no sé en un futuro cómo será. Y la inteligencia humana es extremadamente diversa, y eso es lo que nos da potencia como sociedad.

51:39
Ana. Hola, David, me llamo Ana, soy profe de música y bueno, muchas gracias por tus estudios, por tu recorrido, por tu bagaje y yo creo que a mí me surge una pregunta y al sistema educativo nos surge una pregunta y es que si hay tanta evidencia científica, tantos estudios, tantos contrastes y tantos casos de éxito en educación, se ha evidenciado que las artes son súper importantes… ¿Qué pasa con la carga lectiva en el sistema educativo? ¿Y cómo lo podríamos llevar al aula si ya está todo demostrado? ¿Qué hacemos, David?

52:14
David Bueno. Mira, es una cuestión de tradición histórica. Desde que hubo la separación cartesiana entre ciencias y humanidades, de un filósofo, René Descartes, de ahí lo de cartesiano, que se han ido separando y culturalmente se ha valorado más unas actividades que otras. Y eso es el origen de la situación que nos encontramos actualmente. Parece que es más importante la ciencia y la lengua y las matemáticas, que por supuesto son importantes, y como si las artes fuesen una cosa accesoria, que sí, que hace bonito, pero cuando no hay tiempo dediquémonos a lo que es importante. Por supuesto que es importante. Yo como científico valoro muy importante la ciencia. La cuestión es que no podemos permitirnos perder el resto de aspectos que nos hacen humanos. Las artes son patrimonio de la humanidad. Es que es lo que nos hace ser humanos. Dentro de artes incluyo ciencia y filosofía. O sea todo, va junto. ¿Por qué tenemos que separarlo? Cuando alguna prueba de educación indica que no vamos suficientemente bien en razonamientos matemáticos o en comprensión lectora, lo primero que pensamos que es: “Bueno, pues vamos a hacer más horas de matemáticas y más horas de lengua”. ¿A costa de qué? Porque el día tiene las mismas horas. En vez de pensar: “Es que tenemos que hacerlo de otra manera”. Y seguramente las artes nos pueden ayudar. Seguro. No porque sean más importantes las ciencias o las lenguas, pero es una interacción sinérgica. Si yo quiero potenciar comprensión lectora, pues a lo mejor lo que puedo hacer un día es poner unos cuadros abstractos y que me expliquen qué hay en ese cuadro. Es un proceso muy intenso de reflexividad, de comprensión, porque no vemos lo que hay porque es abstracto. Eso me va a servir después para entender un texto que sea complejo, y al revés. Yo puedo tener un texto complejo que hable de algo, no sé, de filosofía y pedirles qué música hace este texto. No es un texto. Bueno, pues imagínate qué te resuena. Si es un texto alegre, si es un texto que te genera una controversia… No es que se aprenda más, se aprende mejor. Porque estás relacionando muchos más conceptos diferentes. Y aquí una de las situaciones es cuando tenemos que empezar a elegir demasiado pronto entre ciencias y humanidades. Porque en este momento, en tercero de la ESO, ya les hacen elegir en cuarto si prefieren hacer más asignaturas de ciencias o de humanidades. Y cuando ya empiezan por un camino, lo más normal es seguir porque ya han empezado por ahí. ¿Pero muchos por qué eligen? Algunos eligen con convencimiento, porque tienen muy claro lo que quieren hacer en su vida. Otros muchos no. Claro, ¿qué eligen? Aquello que menos pereza les da, aquello en que menos malas notas sacan cuando a lo mejor después, a posteriori, se dan cuenta de que les motiva más otra cosa. Y por inercia: “Bueno, pues ya que ha empezado con el bachillerato científico o con una formación profesional de no sé qué, pues ya sigo por ahí, porque ahora ¡uy, qué pereza volver atrás!”. No significa que no tengamos que ir especializándonos, por supuesto. A la mujer y el hombre del Renacimiento, que sabían de todo, actualmente es imposible.

55:51
David Bueno. La cultura ha incrementado tanto que no podemos saber de todo. Hay que especializarse, pero no olvidándose del resto. En un bachillerato científico, por ejemplo, debería haber una asignatura de artes que puedes combinar plásticas, musicales, escénicas a un nivel diferente que un bachillerato humanístico o artístico, pero debe estar ahí. Y en un bachillerato humanístico o artístico debe haber una asignatura de ciencias, porque la ciencia es importante. Los colores son patrones de ondas electromagnéticas. El sonido surge de unas ondas sonoras. No sé, entenderlo desde la otra perspectiva lo que hace es enriquecer esos conocimientos. Claro, para hacer esto, pues un poquito tendríamos que vaciar los currículums, no disminuir la dificultad. Que eso es algo que a veces hay gente que comenta, dice: “No, claro, lo haremos fácil”. No, no, un cierto nivel de dificultad es importante porque es estimulante, pero con menos contenido para poder disfrutar de esa dificultad y combinarlo con otros aspectos. Eso es lo que para mí generaría una comprensión más profunda de la cultura pero también de nosotros mismos, que a veces nos olvidamos de conocernos a nosotros mismos.

57:25
Hombre 5. ¿Qué tal, David? Yo soy el delegado del grado de Neurociencia en la Carlos III y en tu último libro, ‘El arte de ser humano’, hablas de la creatividad, de esa creatividad y de bueno, hemos estado todo el rato hablando de la creatividad, de las artes, y entonces: ¿qué es la creatividad para ti?

57:41
David Bueno. Mira, hay muchas maneras de definir lo que es la creatividad. A mí me gusta definirla de una forma muy amplia, muy general. Para mí, la creatividad es la capacidad que tenemos de unir elementos o pensamientos que por sí mismos no están conectados para hacer alguna cosa nueva. Eso es muy general. A lo mejor para mí un acto es creativo porque he unido pensamientos que en mí no estaban unidos, pero a lo mejor todos lo habéis pensado ya mil veces antes y para vosotros ya no es creativo. Pero claro, la potencia para mí está ahí. Es decir, la creatividad es individual y colectiva, pero nace de cada uno de nosotros. Esta capacidad de analizar, de pensar, de generar productos nuevos, es lo que nos permite continuar avanzando. También hay que entenderlo bien. Y voy a contar dos pequeñas cosas: La primera, la creatividad no surge de la nada. Surge de los conocimientos previos. Para ser creativo hay que tener conocimientos previos. Y digo esto porque a veces en educación pasamos de un extremo a otro. Desde mi época como estudiante, que las cosas se tenían que aprender de memoria y porque sí y no toques ni una sola coma, y el péndulo fue al otro lado de lo importante es ser creativos». Y por supuesto es importantísimo ser creativos

01:01:21
David Bueno. La ciencia lo que quiere es comunicar resultados. La filosofía, comunicar ideas. Esta comunicación forma parte, para mí, de lo que son las artes entendidas en su conjunto. Los niños juegan y aquí es donde a veces podemos, sin darnos cuenta muchas veces, coartar, mutilar su creatividad. Cuando están jugando libremente y están jugando con una caja de cartón, les decimos: “¿Qué es un coche? Pues mira, toma un coche que es más bonito”. No, la caja de cartón es más creativa que el coche. Si ya tienen el coche, pues ya es el coche, por supuesto. No hace falta: “Te quito el coche y te pongo la caja de cartón”. No, pero al revés. Es no hacerlo al revés. Hay muchos trabajos hechos sobre juego infantil. Se ha visto que las niñas y los niños que tienen más ratos de juego libre, cuando después son adolescentes y jóvenes, tienen más capacidad de creatividad. Son mucho más flexibles para adaptarse al entorno y para intentar promover cambios en el entorno. Tienen más capacidad de gestionar sus propias emociones. Eso es importantísimo. Y otro aspecto es que cuando ya empiezan a razonar, cuando ya se conecta este lenguaje complejo que da ideas complejas, bueno, muchas veces tienen ideas extravagantes, en el sentido de que no tienen ningún sentido para un adulto, pero para ellos sí. Claro, si te vienen con una idea extravagante, también es propio de los adolescentes, y tú les dices: “¡Pero qué tontería me estás contando! ¿No ves que esto no sirve para nada?” ¿Qué le transmites? Que su creatividad no es útil y además te hago sentir mal porque te lo digo con desprecio. Y el cerebro, que es plástico y aprende del entorno, aprende a no ser creativo. No es aceptar las ideas extravagantes porque sí, es ayudarles a reconducirlas. “¡Anda, qué idea has tenido! ¿Y cómo lo harías? ¿Y qué problemas te encontrarías?” Ayudarles a reconducir esta creatividad hacia un camino que poco a poco vaya incluso potenciándola y haciéndola más eficiente, jamás mutilándola. Y aquí vuelvo a conectarlo con lo que antes comentaba que deberíamos tener cada día un ratito sin nada planeado que hacer. Muchas veces nos sucede que estamos intentando encontrar la solución a una situación, a un reto, a un problema. Le vamos dando vueltas, le vamos dando vueltas y no se nos ocurre nada… Al final decimos: “Es igual, paso”. A veces sí que se nos ocurre la respuesta, pero muchas veces no. Digo: “Es igual, paso”. Me voy a dar una vuelta, a tomarme un refresco a charlar con el vecino de al lado… Y cuando llevamos un rato así de repente nos viene esa idea que estábamos buscando, casi como por arte de magia. No es magia. El cerebro es muy obediente y cuando yo le doy una orden busca solución a esto, cuando después dejo de forzarlo sigue dándole vueltas y si encuentra la solución me activa el tálamo, es el centro de la atención que marca el umbral de conciencia, y dice: “Ey, tengo la respuesta”. ¿Qué sucede cuando no estamos haciendo nada?

01:04:52
David Bueno. Cuando lo forzamos, estamos conectando las zonas que creemos que tienen parte de la solución que necesito para ese problema. Claro, si acierto encuentro la solución, ya está. A veces no. Cuando no hacemos nada se conecta a una red neuronal. Se llama red neuronal por defecto que lo que hace es reconectar todo el cerebro para aprovechar, para reciclarlo, regenerarlo, implantar bien los aprendizajes hechos anteriormente… Como lo conecta todo y sigue dándole vueltas al reto que yo le he planteado, es fácil que encuentre en algún rincón aquel elemento que faltaba para completar la respuesta. Y es ese momento ‘ajá’, ‘eureka’, que decían los griegos que dices: “Ya tengo la solución”. Eso también es creatividad. Y que la forzamos en cierta forma, la generamos también de esta manera.

01:05:51
Mujer 6. Hola, buenas, David. Como nos has estado hablando de crear arte, de la creatividad y de disfrutarla, quería preguntarte: ¿cómo funciona el cerebro de la gente que crea arte?

01:06:02
David Bueno. Mira, funciona como todos los cerebros pero para crear arte, un arte que sea significativo para quien lo crea, muchos artistas dicen que entran en estado de flujo, de ‘flow’. En inglés no sé si suena mejor o no, pero mucha gente dice estado de ‘flow’, es de flujo. ¿Qué significa este estado de flujo? Significa que tenemos tantos conocimientos previos sobre eso, hemos practicado tanto, hemos aprendido tanto que podemos dejarlo fluir porque con unas pocas instrucciones que yo le doy a mi cerebro quiero generar algo nuevo. Ya sabe exactamente como dirigir mis brazos si estoy pintando, como dirigir mis dedos si estoy tocando un instrumento musical. Y este estado de ‘flow’ activa el estriado, que es la zona del cerebro que genera sensaciones de recompensa. Hace que te sientas a gusto e incluso altera la percepción del tiempo. Eso lo hemos visto todos. Cuando estamos haciendo cualquier actividad que nos apasiona, es equivalente a un estado de ‘flow’, el tiempo pasa volando. Y cuando nos aburrimos parece que no se termina nunca el tiempo. Pues es exactamente esto lo que pasa en los artistas. Están tan metidos en su arte, en su obra. A los científicos nos pasa igual. Ni te imaginas cuántas veces. A mi me ha ocurrido muchas veces y a mis compañeros también. Te das cuenta de que son las doce de la noche, no has cenado, no has avisado a tu pareja que ibas a llegar tarde, porque estabas ahí tan metido observando el resultado de tu experimento o planificando algo que no te has dado cuenta. Estabas en ‘flow’, en el flujo. Y eso es lo que es realmente importante de las artes, es que te dan esta sensación desestresante. Antes hablábamos de por qué la pintura puede rebajar el nivel de estrés. Cualquier arte puede hacerlo cuando entras en este estado, porque precisamente estás fluyendo por dentro.

01:08:15
Andrés. Hola, David, me llamo Andrés. Muchas gracias por toda la información que compartes. Me gustaría saber, aquí reflexionando sobre los sentidos y el ‘flow’, ¿existe alguna relación al estar atentos y con esa sensación de creatividad y arte?

01:08:53
David Bueno. Sí, por supuesto. La atención es un proceso imprescindible para aprender, para comprender y para aplicar. Y este ‘flow’ es todo esto. Es aprendizaje, es comprensión y es aplicación. La atención consciente, hay dos tipos de atención. La inconsciente, oímos un ruido fuerte de repente y nos giramos, eso es inconsciente. La atención consciente es me interesa esto y me fijo en esto. ¿Qué sucede con la atención consciente? Que consume mucha energía metabólica. Se genera en la corteza prefrontal, la misma zona que nos permite reflexionar, planificar y ajustar nuestras emociones, que es la parte de nuestro cuerpo que más energía consume con diferencia. Por eso, estar atento de forma voluntaria es muy cansado. Igual que pensar cansa. Pero hay una manera en que cansa menos que es estando motivados. La motivación energiza nuestro cerebro. Cuando estamos motivados, los vasos sanguíneos del cerebro se dilatan, llega más sangre, con la sangre más glucosa, más azúcar y más oxígeno, que es lo único que comen las neuronas para tener energía para funcionar. Por lo tanto, podemos trabajar más rato sin cansarnos. Todo lo que hacemos lo hacemos con más eficiencia, porque todo el cerebro funciona de forma globalmente más eficiente, hay más combustible. Pensar cansa, pero cuando estamos motivados cansa menos. Focalizar la atención cansa, pero cuando estamos motivados cansa menos. Y eso también es este ‘flow’. Sin motivación no podemos tener ‘flow’. ¿Qué nos motiva? ¿Qué nos hace sentir en este estado de flujo donde el tiempo no nos damos cuenta ni de que está pasando? Es la motivación. Claro, este es el truco. No hay artistas sin motivación. Y si alguno no tiene motivación seguro que no será artista.

01:10:29
Hombre 7. Hola, David. A mí me gustaría preguntarte, de la importancia que tienen las situaciones que vivimos y las experiencias que tenemos, ¿cómo pueden afectar a nuestra visión del futuro?

01:10:42
David Bueno. Pues la relación entre nuestras experiencias pasadas y nuestra vida presente dentro de nuestro cerebro tiene que ver con la forma como construimos los recuerdos. El cerebro va haciendo conexiones nuevas en cada aprendizaje, en cada experiencia que nosotros vivimos y también en función del estado emocional con el que hemos hecho un aprendizaje o con el que hemos vivido una experiencia. Y lo mezcla. Al final, lo que termina inclinando la balanza de que una experiencia nos sea provechosa, provechosa en el sentido de que nos permite seguir avanzando, o nos sea perjudicial, en el sentido de que nos mantenga fijos y no nos permita seguir avanzando, la diferencia está en el estado emocional. Un estado emocional que sea satisfactorio, proactivo, como puede ser la motivación, la curiosidad, la confianza. O un estado emocional que sea fijador, como puede ser el miedo. El miedo nos tiene clavados. Claro, vamos acumulando conexiones nuevas sobre las que ya teníamos. El cerebro tiene mucha facilidad para hacer conexiones nuevas, pero muy difícil borrar las conexiones que ya ha hecho. Un poco la idea intuitiva es que si en algún momento dado un aprendizaje, unas conexiones fueron necesarias, mejor no lo borro por si acaso me hace luego falta en el futuro. Y eso aplica tanto a los aprendizajes que después van a ser eficientes, que nos van a permitir seguir avanzando o incluso nos van a catapultar hacia nuestro futuro, como aquellos aprendizajes que nos van a resultar incómodos, tóxicos, ¿vale? Esto es lo que condiciona nuestro futuro. Por eso muchas veces tenemos reacciones que no nos esperamos, ni nosotros mismos, porque muchas de estas experiencias no son conscientes. ¿Cuántos somos conscientes de las veces que alguien nos dijo que no» a algo? ¿Sabéis que decimos diez veces

01:14:33
David Bueno. Incluso el detalle más insignificante, por pequeño que sea, mucho tiempo termina siendo un peso. Claro, las artes, la sociabilidad, el charlar que nos permite sacarlo para que deje de ser un peso. Y para mí eso es un aspecto muy importante que combina, de hecho, todo lo que hemos estado hablando en este rato. Muchísimas gracias a todas y a todos por haber compartido este rato conmigo con estas preguntas que a mí me han hecho pensar. Me habéis hecho pensar mucho porque siempre salen preguntas diferentes. Y yo solo quería terminar diciendo que lo más importante para ser creativos es no tener miedo a la creatividad. Lo más importante para socializar es no tener miedo a las demás personas. Lo más importante para vivir es no tener miedo de experimentar. Y todo eso termina dentro de nuestro cerebro construyendo nuestro futuro. Muchas gracias.