COMPARTIR
Generated with Avocode. Path Generated with Avocode. Rectangle Copy Rectangle Icon : Pause Rectangle Rectangle Copy

Por qué tu hijo no debe ser tu terapeuta

Carla Cardona

Por qué tu hijo no debe ser tu terapeuta

Carla Cardona

Psicóloga


Creando oportunidades

Carla Cardona

Carla Cardona es psicóloga, creadora de contenido y madre de dos hijos. Inició su carrera como actriz, donde la exploración de personajes la llevó a cuestionar su propia vida y a buscar respuestas en la psicología. A los 35 años se graduó como licenciada en psicología, decisión que transformó su perspectiva personal y profesional.

Es fundadora de “Querida Valeria”, un proyecto que nació como un salvavidas para quienes atraviesan momentos de soledad o sufrimiento, y que se ha convertido en un espacio seguro para hablar de salud mental y vulnerabilidad. Carla comparte abiertamente su experiencia con la alta sensibilidad y el diagnóstico de TDAH, promoviendo la importancia de la autocompasión y la búsqueda de ayuda profesional.

A través de su podcast y redes sociales, fomenta conversaciones sobre la autenticidad, la maternidad consciente y la superación de la dependencia emocional, inspirando a otros a nombrar sus emociones y a construir relaciones más sanas consigo mismos y con los demás.


Transcripción

00:00
Carla Cardona. Nuestro miedo más profundo no es a ser inadecuados. Nuestro miedo más profundo es a ser poderosos mucho más allá de toda medida. Es nuestra luz y no nuestra oscuridad lo que nos asusta. Nos hacemos preguntas como ¿quién soy yo para ser una persona brillante, inteligente, capaz, hermosa? Pero la pregunta es ¿quién eres tú para no serlo? No hay nada honroso ni iluminador de apagarnos para no incomodar a los demás. Yo soy Carla Cardona, soy psicóloga. Me encanta crear contenido. Soy mamá de dos seres increíbles que me enseñan todos los días y eso me cambió la vida. Cuando me embaracé de Valeria, de mi primera hija, decidí empezar a estudiar psicología solo para complementar mi profesión como actriz. Y justo nadie encuentra ese lazo entre la actuación y ser psicóloga o estudiar psicología. Hay tanto en común que yo me podía estar horas ahí creando personajes, imaginando sus vidas. Pero, ¿de quién habrán sido padres? Pero, ¿por qué heredaron esto? ¿Eran hijos deseados o no? ¿Qué les dolía a estos personajes? ¿Por qué tomó esta decisión? ¿Quién lo hizo? Pero si ya sabe lo que viene, ya sabe la consecuencia. ¿Por qué está haciendo lo que está haciendo? ¿Por qué está decidiendo esto? Entonces me metí ahí y me di cuenta de algunas cosas en ese camino, que había elegido un poco ser actriz por evadir mi propia vida. Me estaba escondiendo detrás de los personajes y de la comodidad que implicaba prestarle mi voz, mi cuerpo, mi mente y mis emociones a un personaje, porque no había entendido de qué se trataba mi vida y solamente me la pasaba inventando vidas sin entender la propia. Y cuando de pronto alguien me hace la pregunta, decir, pero, y tú, ¿por qué haces esto? Se los prometo, me quedé helada, yo no supe responder estas preguntas. Para mi sorpresa, había tanto por descubrir de mí, tanto fondo, tantos traumas enquistados, tantos miedos ocultos, tantas historias sin sanar, tanta historia de complacencia, tanta historia de auto traición y abandono. Tanto que yo no había logrado ver y que lo representaba solamente a través de otros. Y decidí tomar el rumbo de la psicología y me gradué como mi segunda carrera como licenciada en psicología a mis 35 años y hoy es una decisión que me agradezco tanto haber tomado y haber sido valiente y haber callado esas voces que tenía dentro de mí, porque ahora sí creo que es una profesión que es tan noble, que da para tanto para ayudar a tantas personas.

03:09
Carla Cardona. Que primeramente me ayudé a mí, al fin pude responder esas preguntas. Al fin pude entender de dónde venía, cuál era la relación con mis papás, cuál era la relación con mis amigos, con mis parejas, por qué escogía las parejas que elegía. Ya me pude contestar a través del estudio del comportamiento humano. Y también tengo a un bebé que se llama Querida Valeria, que muchos de ustedes a lo mejor pueden conocer, que es un proyecto que me enorgullece demasiado. Fue un salvavidas que yo creé pensando en la gente, pensando en que iba a salvar a las personas de su propia soledad, de su propio sufrimiento. Del dolor en el que podían estar sumergidos, de cuando había esos momentos en sus vidas en donde no le encontraban respuestas a sus preguntas, en donde se sentían perdidos. Yo dije yo tengo que crear algo así, porque estar ahí se siente horrible, se siente desolador estar en esos momentos en donde te sientes como muy desprovisto de las herramientas para salir adelante. Quería honrar a esa Carla chiquita que por mucho tiempo se sintió inadecuada, que se sintió sola en lo que pasaba por la vida. Así que me siento muy contenta de estar aquí hoy. Me va a encantar poderles escuchar a todos ustedes con estas preguntas que me tienen el día de hoy.

04:46
Grisel. Hola Carla, me llamo Grisel Rodríguez, soy seguidora de tu podcast. Admiro mucho la vulnerabilidad con la que te muestras, a veces nos da miedo mostrarnos así. ¿Qué opinas de eso?

04:58
Carla Cardona. Me encanta, me encanta hablar de esto. Hablar de vulnerabilidad es hablar de vergüenza, es hablar de autenticidad. Palabras que hoy nos aterran a todos. Nos aterra la idea de ser vulnerables porque lo asociamos inmediatamente a la debilidad y no es así. Yo soy una ferviente creyente de que nuestro verdadero poder, ese que puede con todo, está escondido en nuestra vulnerabilidad. Porque pasamos tanto tiempo haciendo como que no existe, haciendo como que no estamos sintiendo lo que estamos sintiendo, como que no nos avergüenza aquello que sí nos avergüenza, como que no pasamos por aquello que sí pasamos y nos da vergüenza asumir que no pudimos tomar la decisión correcta, porque ¿qué creen? Incluso ser feliz es una emoción muy vulnerable. Pónganse a pensar eso. Cuando han sentido un destello de felicidad, no les pasa que sienten un impulso por inmediatamente que no se note. ¿Verdad que sí? Es como no, se van a reír de mí. Ay, qué ridícula, esto no es para tanto. Todo el mundo lo hace, todo mundo logra esto. Es más, yo voy atrasada. Nuestra mente empieza a jugarnos chueco y empieza a minimizar todos nuestros logros, nuestras alegrías y nadie se ha puesto a pensar porque pensamos que solamente la tragedia, la adversidad, son estados de vulnerabilidad, de no, no quiero cuando me vean que estoy batallando porque no puedo pagar la renta. Eso es un estado de vulnerabilidad y no queremos que se note. A veces tenemos que hacerlo porque la vulnerabilidad tiene un propósito biológico que es salir y pedir ayuda. La vulnerabilidad es ese estambre, digamos, que nos mantiene unidos y tejidos a esta sociedad. Si tú no te sintieras vulnerable, no saldrías a pedir ayuda. No saldrías a decir, necesito el hombro de alguien. Necesito que me presten a lo mejor dinero para salir de esta crisis. Necesito algo, un abrazo. Necesito sentirme menos solo. Necesito que me escuchen. Eso es sentirnos vulnerable, pero también sentirnos felices, orgullosos de los que somos, eso es profundamente aterrador. Lo escondemos, volvemos a lo mismo, no estamos entrenados para sostener. No estamos entrenados para sostener la felicidad del otro. A mí me caen muy bien las personas que están en la arena y esto lo habla increíble la gran experta investigadora Brené Brown. Ella habla de este concepto de atreverse grandiosamente y ella lee un poema precioso que es el que está en la arena partiéndosela y que se las está averiguando en la vida, en la que está apostando por su proyecto, por sus sueños, por una vida mejor, que no tiene idea de lo que está haciendo, porque en realidad nunca estamos listos para hacer lo que queremos hacer.

08:08
Carla Cardona. Nunca estamos listos para hacer lo que queremos hacer. Es el que se atreve a dar el paso con todo incertidumbre, porque ese sentir que estás, que se siente vulnerable, que está incierto todo, que no hay nada bajo su control, ahí radica su poder, en esa fuerza, en ese miedo, en esa incertidumbre dices voy a dar ese paso y lo das y dices, oh ¡wow! Avancé. Todavía no llego allá, pero ya estoy aquí. Pero desafortunadamente no lo vamos a poder lograr de una manera sostenible si no podemos contactar con nuestra oscuridad, y esto lo decía Carl Jung, no podemos iluminarnos con el solo hecho de imaginar figuras luminosas, sino el hecho de hacer consciente nuestra oscuridad e integrarla. ¿Cuánto tiempo pasamos realmente curioseando en esa parte oscura? Y quiero decirles parte oscura, no solamente eso que no les gusta de ustedes como ay, no me gusta cuando me enojo, o soy muy gruñón, o soy muy dramática. No es solo eso, sino realmente lo que se esconde. ¿Cuánto y con cuántas personas le han hablado de las malas decisiones que han tomado en la vida? ¿Cuándo se han sentado con el corazón aquí en la mano, dándole el regalo y el privilegio al otro de confiar en él que nos puede herir, porque estamos a punto de contarles algo que nos aterra de nosotros y de nuestra oscuridad? ¿Cuántas veces le han confesado a alguien una mala decisión? Porque todos hemos tomado muy malas decisiones, algunos mil, otros cinco, otros estarán llenos de malas decisiones, otros no. Pero no hay nada honroso siquiera en nunca he cometido ningún error. Siempre las cosas las he hecho bien y de manera correcta. Qué bueno, todos aspiramos a eso, pero… ¿será real? Hay gente que me dice te admiro porque eres vulnerable en tus redes sociales. Yo les contesto es que no lo sé hacer de otra manera. Muchas gracias por tu pregunta.

10:39
Marisela. Hola Carla. Marisela Pulido. ¿Qué nos puedes comentar respecto a los mitos sobre la salud mental y la depresión?

10:46
Carla Cardona. Qué bueno que traigas este tema a la mesa de la depresión. Y creo que no me voy a cansar de desmentir tanto que hay allá afuera y cada vez más hoy que estudio mi maestría en psicología clínica, me doy cada día más cuenta de lo tremendamente discapacitante que es una depresión y seguimos hoy por hoy en esta era, etiquetando a esas personas como flojas, como faltos de disciplina, como desorganizadas, como que no tienen suficiente fuerza de voluntad. Todavía hoy, con toda la información que tenemos, nos han dicho que eres floja, porque a todos nos cuesta un poquito de trabajo levantarnos en la mañana, ándale, eso no es depresión, eso a todos nos pasa. O… nomás échale ganas, échale ganas y va a salir. Hazlo por tus hijos, hazlo por tus papás que cuentan contigo. Tanto que nos ponen encima y no hay nada que me haya hecho más daño mientras pasaba por una depresión que esas etiquetas, porque esas etiquetas lo que nadie sabe es que se traducen en una voz interna, que si alguien te medio mencionó, es que tal vez no todo el tiempo la gente te está diciendo, eso es una realidad, pero con una persona que te lo diga es suficiente para que tú la vuelques a ti y te esté diciendo todo el día, ¿viste? Ya se nota, tu eres floja, tú no sabes hacer las cosas, te falta tanto, no eres nadie, ve como tus amigas, ve como otras mamás, ve como tu esposo, ve como todo el mundo sí lo hace y tú no. Algo está mal contigo, tienes un defecto. Eso es lo peligroso. Y los depresivos, las personas que están pasando por una depresión lo único que quieren es callar su mente. Cualquier persona de aquí que haya pasado por una depresión, sea leve, moderada o severa, lo único que queremos es que nuestra voz interior se calle, esa voz que no se calla nunca, que al fin se silencie. Y una de las cosas más paradójicas de esta depresión y de tener que salir adelante, es el peso que sentimos de hacernos completamente responsables de nuestra depresión. Claro, sin duda es nuestra responsabilidad salir adelante, pero no lo vamos a hacer solos. Esa es la noticia y por eso mi hincapié y mi insistencia en la vulnerabilidad. La vulnerabilidad tiene ese propósito biológico de mantenernos así. Si yo no le cuento a nadie, si me aíslo, claro, esa es la naturaleza de la depresión, hacerte creer que estás solo, que no la vas a hacer, que tienes que hacerte a un lado, no, no pidas ayuda. Pero ahora sin ayuda, ¿cómo salgo adelante?

13:49
Carla Cardona. Necesitamos más cultura de pedir ayuda, de salir y decir me siento así, no sé por dónde empezar. Empiezo por la honestidad. Empiezo por esta acción de agarrar mi corazón y dárselo al otro. Ayúdame. ¿Por dónde crees que puedo empezar? Y eso no se hace etiquetando a las personas. Eso se hace validando sus emociones, se hace ofreciendo un espacio seguro para hacer, se hace ofreciendo escucha activa, escucha no juiciosa, con curiosidad. Me hubiera gustado que alguna persona se hubiera acercado a mí con curiosidad. No, mis amigas no son terapeutas, no tienen la capacidad de orientarme psicológicamente ni seguir un proceso terapéutico desde luego, eso me correspondía a mí en terapia. Pero hay un gran porcentaje dentro de la terapia, mucho más del que imaginamos casi el 40%, que depende mucho más de tu entorno y de vínculos sanos y confiables que de incluso la terapia. Así de importante son nuestras amistades, nuestros círculos cercanos. Y una de las cosas que voy a repetir es siempre apelar a la curiosidad. Si no saben qué decir, créanme, es difícil estar frente a una persona con depresión. No digo que es fácil, no es fácil, ¿qué le digo? Pues claro, claro que desde el fondo de mi corazón y bien intencionado le voy a decir amiga, échale ganas, tú puedes, eres la mejor. Yo sé que eres bonita, que eres linda, que eres talentosa. Gracias. Se siente el amor, eso es lo que realmente tal vez va a sanar una parte de mí. Pero si pregunto ¿cómo te sientes? ¿Que se siente? ¿Cuál es tu miedo? ¿De dónde crees que venga tu miedo? ¿Cómo te ves hoy? ¿Qué hiciste hoy por ti? ¿Cómo te puedes cuidar en este camino de estar abajo? Es largo el camino, y sí, se sale adelante, se sale adelante de la mano de nuestra vulnerabilidad. Porque nuestra depresión está escondiendo todos nuestros miedos. Y no es hasta que nos atrevemos a decir este miedo es el que me va a sacar adelante y otra vez, como dice Jung, donde sientas miedo, ahí está tu tarea, donde sientas miedo, ahí es. Porque si lo bonito no te despierta, si ese sueño que tienes no te despierta porque es verdad, se pierde esa capacidad de soñar, entonces eso sí te va a despertar, te va a decir ay, ok, venga y voy a empezar por ahí. Así empezó para mí hace algunos años. Yo no partí de soñar, yo solamente ya no quería estar donde estaba y tuve que apelar a mí, a mi valentía. Tiene que haber una Carla valiente ahí escondida. Y así es y justamente así es. Y hay que hacer un poquito diferentes las cosas, con más amor. Hoy más que nunca se necesita más amor, más humanidad, más conexión, más estar para el otro.

16:59
Carla Cardona. Se puede decir no sé, no sé que decirte amiga, pero aquí estoy, aquí estoy. Gracias.

17:17
Ricardo. Hola, Carla, soy Ricardo Espinosa y quisiera saber, ¿cómo podemos diferenciar entre una depresión real de alguien que la está fingiendo?

17:25
Carla Cardona. Es una pregunta muy genuina y te la agradezco. Se necesita forzosamente una evaluación psicológica con algún experto en el tema que se vaya a evaluar. Y probablemente hay una confusión porque yo sí creo que sí hay más depresión y ansiedad que nunca, esto lo miden diferentes instituciones, entre ellas el INEGI. Y hay una fuerte alza en depresión y ansiedad. Esto no es un mito, esto no es algo que debemos de tomar a la ligera, es algo que existe y muchas veces existe porque hagan de cuenta y se me viene a la mente no solo depresión, ansiedad, sino también las neurodivergencias. Hoy también dicen, es que está de moda el autismo, está de moda el TDH, está de moda la depresión, está de moda, está de moda. Los trastornos mentales no son algo que se ponen de moda, son un fenómeno que se tiene que investigar y entender cuál es la causa de lo que está sucediendo ahí, en el entorno, por país, que lo puede estar influenciando y es muchas veces porque antes no teníamos, es como decir antes no había tantas estrellas, pues había dos, pero hoy tenemos telescopios y ahora podemos ver el cielo entero y los millones de estrellas que hay. Hoy tenemos instrumentos y tecnología que miden no solo los trastornos mentales, miden muchas partes de nosotros médicamente, biológicamente, marcadores, trastornos, datos de nuestras personalidades. Hoy tenemos esa, es increíble lo que se ha investigado y la tecnología que hoy tenemos para medir y parecería que está de moda. Pero no, es que las personas ya empiezan a ser más conscientes, se empiezan a atender, empiezan a ir a buscar respuestas. ¿Por qué me siento así? Ya hay más permiso de, yo no quiero sentirme así, voy a ir a buscar ayuda. Antes la psiquiatría y la psicología era solamente para un pequeño sector de la población que vivía en una disfuncionalidad tremenda de esas depresiones clínicas que no las sacabas ni con medicamento. Solamente estaban reservadas para esas personas. Pero hoy no. Hoy personas como ustedes y como yo queremos tener una vida más bonita, queremos mejorar nuestras relaciones, queremos mejorar nuestra paternidad y maternidad. Antes ¿cómo nos criaron? Pues como Dios nos daba a entender y con la nalgada y con, nadie se preguntaba, nadie se preguntaba y hoy estamos los papás hiper alertas. Creo que lo traumé, no le validé, no me bajé a su nivel, pero no me divertí. Hoy no estuve con él. Hoy estuve mucho con él. Creo que lo sobreprotegí. Tenemos toda la información. Parecería una vez más que estas cosas están de moda, pero no es que esté de moda, es que las redes sociales, para bien y para mal, nos han mostrado una realidad de quienes somos. Hoy hay más personas expresando lo que viven realmente, creadores de contenido, personas comunes y corrientes que ya hasta se atreven a hablar de su experiencia.

20:26
Carla Cardona. Así que por ahí siento que va esto, no lo tomemos a la ligera, porque creo que el tener un dispositivo a nuestra mano es un arma de doble filo que nos ha sumado, pero nos ha restado de maneras que no imaginábamos que nos iban a restar. Tenemos este exceso de información, es abrumadora y eso puede estar contribuyendo a nuestra ansiedad. Es increíble. El otro día escuchaba esto y me pareció genial. Y es por este fenómeno de la comparación constante, antes vivíamos en tribus de 50 o 60 personas. Nos comparábamos con nuestros vecinos, con nuestras amigas, con nuestros tíos, familias y colaboradores del trabajo. Es todo. Hoy tomo mi celular, me comparo con la que tiene mi edad que está en Nueva York, que está en Berlín, que está en Asia. Nuestro cerebro no ha evolucionado para procesar esa información. Esto ha sucedido en 15 años, máximo, 20 cuando mucho, no estábamos listos para esto. Hoy vivimos con una constante sensación de insuficiencia, de que lo que hacemos no es suficiente. No tenemos la capacidad hoy para procesar lo que estamos procesando y eso está influyendo directamente en nuestros estados de ánimo. Gracias.

21:57
Elizabeth. Hola, Carla. Soy Elizabeth, y mamá de dos hijos. Yo quisiera hablar con ellos lo importante que es la salud mental, pero temo que les haga sentir débiles. Mi pregunta es: ¿tú qué piensas de sentirnos vulnerables emocionalmente ante nuestros hijos?

22:19
Carla Cardona. Me encanta tu pregunta, es una pregunta muy necesaria el día de hoy, porque estamos en esa encrucijada los padres de hoy de, ¿lo hacemos como antes? Mira, no salí tan mal, o hoy y decir, mejor si lo hago como dicen que se tiene que hacer una paternidad y maternidad más consciente. Me parece muy, muy importante que sí se empiecen a cambiar las cosas, que no por hablarlo nos hace más débil o los hace a ellos más débiles. Yo tengo una regla que hasta hoy me ha funcionado, que es compartir mi vulnerabilidad con mis hijos, siempre y cuando no esté sucediendo en ese momento, porque es una realidad que no podemos expresar problemas de adultos a niños. Esto hace muchísimo daño porque ellos no tienen la madurez para procesar y cargar con las emociones de los adultos o las situaciones de los adultos. Esto puede generar hijos parentalizados, se le llama cuando crecen muy pronto, cuando son esos pequeños niños adultos, porque la mamá desde que tenía cuatro años le decía es que tu papá esto, es que ya me dejó, es que tu abuela no me paga, es que tu hermana es un problema, es que ve y cuida a tu hermanito enfermo. No están diseñados para cargar con adversidad a tan temprana edad ni de niños, hasta muy avanzada la adolescencia. Entonces, pero al tener esta inquietud por sí mostrarles a una mamá más real, a una mamá que llora, una mamá que se enoja, una mamá que siente miedo y que tiene dudas, mi regla es no mostrar ni vulnerabilidad, ni dolor, cualquier emoción cuando esté sucediendo en el momento. Esto es, si yo estoy muy molesta, si yo tengo mucho miedo, estoy muy nerviosa, estoy muy triste por la pérdida de algún ser querido o alguna amiga que ya no esté conmigo. Dejo que pase, me encargo de yo estar trabajando lo que tengo que estar trabajando, no reprimiendo, pero sí nombrando, porque los niños saben. Los niños saben cuando los papás están tristes, están enojados, cuando no están de acuerdo, cuando algo les está sucediendo. Pero decidimos callar y ¿qué tienes mamá? Nada, ahí yo digo sÍ, estoy muy triste por esto que me está pasando, después te platico. Y a mí me encanta hacer eso, porque eso da pie a contar historias a los hijos. Cuando ya pasa esa semana difícil, llega el lunes, llega el martes y yo ya me puedo sentar con mi hijo, con mi hija, a explicarles. Se acuerdan que mamá estuvo muy triste la semana pasada, se acuerdan que estaba como de malas, como que no les hacía caso, como que no estaba realmente ahí. Sí mamá, si te vimos. Y un día sí me dijo mi hijo, yo no sabía que los adultos lloraban. Esto me enterneció muchísimo porque ahí es donde decidí sí compartir, pero todo a su tiempo, no todo de junto, no, esto es que se murió, esto es que estoy pasando por esto, es que me abrumo, es que no sé qué hacer, porque un niño también te va a querer proteger, un niño te va a querer salvar.

25:32
Carla Cardona. Así se crean los síndromes de los salvadores con los padres que compartieron demasiado. Crean estos niños de yo voy a salvar a mi mamá. Yo voy a ser ese hombre que no fue mi papá. Yo voy a ser esa mujer que sí supo estar ahí para mi mamá, no como mi abuela. Estamos llenos de eso, pero hay que aprender a nombrar y esto no nos va a hacer débiles y no los va a hacer débiles, porque lo que se nombra sí se puede trabajar, sí se puede sanar, sí se puede discutir, sí se le puede quitar el peso, se le puede quitar el estigma. Sí se puede hacer algo con lo que, porque lo que no se nombra no se sana. Y solamente así es como podemos crear personas realmente maduras, no demasiado maduras para su edad, sino maduros, porque esto los va formando como seres humanos sensibles, empáticos, pero también muy conscientes de su entorno, pero de acuerdo a su edad. Y ese es un proceso que a mí me ha encantado experimentar porque los va a volver más resilientes también, los va a volver personas que saben estar ahí para los demás, los va a volver personas más inteligentes porque van a entender sobre procesos humanos, van a entender que los adultos también pasamos por cosas y que no, no podemos con todo, porque también los niños crecen con la idea de que papá y mamá pueden con todo. No les voy a decir mentiras, pero hay que hacerlo adecuadamente, a las edades adecuadas y el estar, el estar ahí, nombrarlo, porque el no nombrar es lo que nos va medio volviendo locos. Lo que no se nombra se queda en nosotros y nos hace sentir como que eso que viví yo solo me lo imaginé. No, realmente no pasó. Y eso les crea eso a los niños desde muy pequeños, que eso que vivieron no pasó. Sí pasó. Sí se murió la abuela, sí se enfermó papá, sí nos quedamos sin dinero, hay que explicarlo, pero desde un lugar de adultos y no desde la queja. Ese es mi punto de vista.

27:44
Aimée. Hola Carla, un gusto. Soy Aimée Salazar. Hace un momento hablabas de exponer nuestra vulnerabilidad y mi pregunta es, ¿cómo podemos nosotros saber en qué momento exponemos esta vulnerabilidad, pero dependiendo emocionalmente de los demás? y, ¿qué estrategias nos puedes dar para no hacerlo, para no depender de alguien emocionalmente mostrando nuestra vulnerabilidad?

28:12
Carla Cardona. Creo que estás tocando un punto medular, no solo en mi vida, sino sé que en la vida de muchas personas, que es la dependencia emocional. El dependiente emocional es esa persona que siente que no es nadie sin el otro. Así de sencillo. Es una persona que siente que le falta el aire cuando no está con el otro, que siente que no puede pensar ni sentir sin el permiso del otro, que puede caer incluso a otras o mudarse a otro tipo de dependencias como económicas, mentales, de pensamiento, físicas. Es un trastorno realmente dañino para cualquier persona, porque te desdibujas del mapa, le das tu poder personal al otro. El otro tiene el poder de decidir sobre ti, porque no confías en ti, perdiste ese radar que era ubicarte en tiempo, espacio como persona, como adulto, sino simplemente pasarle al otro y darle esa como ese permiso de definirte. Esto sucede por muchas, muchas maneras, como bien lo menciona Patricia Faur, que es una extraordinaria especialista en dependencias afectivas y lo explica precioso de cómo el apego ansioso hace que desde muy pequeños, si establecimos ese tipo de apego inseguro, estemos como siempre a la expectativa de lo que va a venir, porque fue una madre o un cuidador que me dio, pero me quitó, me daba pero no me daba, no enteramente. Fue una persona siempre presente, pero tampoco fue ausente. Entonces, ¿qué fue? Nos deja en el limbo y en esa área tan confusa del apego, porque todos necesitamos como seres humanos apego. Somos seres sociales y si no morimos. Pero, ¿qué pasa cuando hay un medio apego? Ese es el apego ansioso. Cuando me dieron pero no, y entonces yo, ¿qué hago? Me gusta mucho poner este ejemplo. Cuando un niño crece en un, pongamos esta idea de que un niño está en cuatro paredes, en una recámara, con una puerta, con una cama, con un área de juego, tal vez un tapete, una alfombra, sillas, sus lámparas con luces, su puerta para poner seguro. Y qué pasaría si ese espacio seguro, ese es su espacio seguro, porque es predecible, eso significa un espacio seguro que te brinda de tranquilidad y que te da el permiso de desarrollar tu propia autonomía. Que tú puedes imaginar, puedes ser creativo, puedes tú ejercer tu autonomía y decir quiero que entre esta persona o no quiero que entre. Cierro la puerta, la abro cuando deseo que alguien llegue. Tengo el poder sobre mí y eso permite mi desarrollo correcto, digamos, en la niñez o en cualquier etapa de la vida. ¿Qué pasa si ahí empezamos a quitar elementos? Empiezo a quitar la cama, empiezo a quitar la silla, entonces ya no tengo dónde dormir. ¿Qué pasa si me voy un poquito más allá y quito una pared y ya no hay puerta?

31:23
Carla Cardona. ¿No les empieza a dar una sensación como de ansiedad? Como que espérame, ahorita no puedo jugar porque no sé quién va a entrar, ya estoy un poco más desprotegido Y entonces, ¿qué hago? ¿Me siento a jugar o mejor me quedo en la puerta para ver quién va a entrar? ¿Y si entra mi hermano que no quiero que entre, que me hace daño, que me molesta? Empiezo a generar una sobre atención en el afuera. Toda mi atención se vuelca en el afuera y me vuelvo hiper vigilante del afuera y dependo y desarrollo en mi el oído, esta intuición de que alguien viene, si viene el peligro, si no viene el peligro y estoy todo el tiempo en el afuera. ¿Y qué hace que yo esté todo el tiempo en el afuera? Que genero mucha atención sobre las necesidades de los demás. Porque si yo satisfago las necesidades de los demás, ¿qué creen? Me voy a sentir segura, porque si yo tengo una mamá contenta, ya no me va a venir a regañar. Si yo tengo un papá feliz, ya no va a azotar la puerta y nos va a dar de gritos. Es decir, se vuelve un mundo más predecible, pero es de trueque. Es una dinámica de desconexión y ya no estoy en mí. Y entonces eso genera una dependencia al vínculo y a los demás. Y entonces yo empiezo a actuar en función de los demás, empiezo a traicionarme para estar para los demás, empiezo a leer anticipadamente las necesidades de los demás. Empiezo a ser una persona sobreadaptada a mi entorno, sobreadaptada al mundo. ¿Qué quiere decir sobreadaptada? Que desde muy pequeña yo detecté que, y muy inteligentemente, descubrí que si yo hablaba poquito, nadie me regañaba, que si yo no me reía tan fuerte, mi mamá no se enojaba, que si yo no me vestía de tal manera mi papá no se ponía iracundo. Entendí la dinámica y siempre tiene que haber un pequeño dejo de rebeldía, de decir, ¿y si desafío esto? ¿Y si hago enojar a mi mamá? Eso es sano. Pero, ¿qué pasa con los niños altamente sensibles y que se van sobre adaptando a su entorno? Se van otra vez haciendo apretados, leo demasiado pronto lo que el entorno me pide y empiezo a condicionarme y entonces se genera una dependencia a los demás. Yo no soy sin la guía de mi mamá, yo no soy sin la aprobación de mi papá, yo no soy sin el consejo de mi amiga. Yo no sé quién soy. Me pierdo, empiezo a minar mi propia autoestima, me empiezo a desdibujar de los mapas porque haberme hecho invisible me mantuvo a salvo y prefiero darle la responsabilidad de mi felicidad a los demás. Es por eso que los dependientes emocionales tienen que trabajar para mí las tres a’s, autonomía, autoestima y amor propio. Eso es la fórmula para salir e ir trabajando de manera muy progresiva una dependencia emocional.

34:39
Carla Cardona. Perfectamente caben muchísimas otras cosas, pero estas son la gran guía para salir de una dependencia emocional. ¿Por qué el amor propio? ¿Qué es el amor propio? Es la capacidad de aceptarme y de cuidarme, no importa qué. El amor propio no está condicionado. El amor propio no es algo que fluctúa en el tiempo y según las circunstancias. El amor propio está en la adversidad, contrario a la autoestima. ¿Cuál es la diferencia? Que si hoy yo pongo un negocio y fracasa, o estoy con una pareja y fracasa, cualquier cosa que emprenda y dependa de un resultado y fracasa, el amor propio es mi capacidad de mantenerme siendo yo, de cuidarme, de moverme, de cuidar mis patrones de sueño, de llevarme al gimnasio, de salirme a caminar, de escuchar mi música, de hablarme bien al espejo, de comer y alimentarme bien. Eso es amarme. Eso haríamos con un hijo, eso haríamos con una mascota. Eso hacemos con las personas a las que amamos. No las descuidamos, decimos ¿ya te metiste a bañar? Arréglate. Vete a dar esa caminata. Ponte a ver esa película que te pone bien contenta. Pon música. Eso hacemos con las personas que amamos, independientemente del resultado. Y la autoestima sí es algo que se ve y se busca en el afuera. La autoestima a mí me gusta pensarla como esa reputación que yo tengo conmigo misma. Es cómo me valido. Y sí, y ahí sí depende mucho en esta dinámica de lo que el mundo me devuelve. Yo me valido como una persona inteligente, pero tengo que salir al mundo a ver si sí soy inteligente, capaz y no, eso es la autoestima. Pero si no hay autoestima, si se bajó porque depende un poco del resultado que yo tengo en el afuera y no tengo amor propio, receta perfecta para el camino de la autodestrucción. Por eso es importante trabajar las dos. Hay corrientes que lo describen como una sola cosa, pero a mí sí me gusta hacer esa distinción porque sí está demostrado que va variando y después la autonomía, el dependiente se olvidó de quién es. Son personas que no saben y no se reconocen frente al espejo. Es muy importante trabajar la autonomía financiera, la autonomía emocional, que no te tienes que mimetizar si el otro llega enojado, en el susto. Su enojo es de él. Su tristeza no la tienes que resolver, no la tienes que cargar. Su tristeza es de esa persona. Su enfado es de esa persona. El aburrimiento es de esa persona. No me corresponde. El dependiente se adelanta a satisfacer todo para los demás, olvidándose de sí mismo. Gracias.

37:41
Amy. Hola Carla, mucho gusto. Soy Amy. He visto que tienes un podcast con una comunidad que te comparte diversas historias. ¿Cuál es la que más te ha marcado a ti?

37:53
Carla Cardona. Uff… ahí te va. He escuchado infinidad de historias y no solo historias, sino he invitado a expertos a que me guíen e iluminen el camino, no solo a mí, sino a muchas personas. Hay una que me mantuvo mucho tiempo reflexionando, que fue el episodio con Julia Borbolla, que sé que ha estado por aquí. Ese episodio me transformó y me tocó tanto porque ella habló del amor que hace daño. Sobre las madres sobreprotectoras y sobre este amor que podemos dar a manos llenas las madres, sobre todo, pero que hace daño. Yo como persona que en algún momento experimentó una dependencia emocional, que soy altamente sensible, que me encargué de salvar a muchas personas a mi alrededor, de cargar con sus vidas, me impactó muchísimo, muchísimo, y me retó de muchas maneras, porque dentro de ese querer salvar hay mucha soberbia y me lo digo con mucha compasión, pero hay una soberbia bien guiada, digamos, de que solo tu amor es lo que va a salvar al otro y esto no solo le sucede a las madres, eso nos sucede como esposas, como novias, como parejas en general. Tú piensas que tu amor va a salvar al otro, de que el amor alcanza para todo, para soportar, para aguantar, para empujar al otro, hacer algo y empujarte a ti a ser quien no eres o a ser quien quisiera ser, pero a maneras forzadas. Y entonces creo que es algo que me llenó de maneras infinitas, porque entendí al fin que yo no soy la responsable de ni de satisfacer las vidas de los demás, ni de hacer felices a los demás, ni siquiera, suena fuerte, pero ni siquiera mis hijos. No soy la responsable de hacer felices a mis hijos. Y yo tenía esta fuerte creencia de que sí. Imagínense la vida de las madres que se encargan y se han puesto la responsabilidad de que la felicidad de sus hijos son ellas. Es un tremendo malentendido que tenemos hoy en día que seguimos fomentando en esta era de la información, pero no hay nada más lejano que eso. Tenemos que hacerlos seres responsables de su propia felicidad, porque nuestro amor, ese dependiente, ese codependiente, es el que sofoca al otro. Y esto, insisto, no solamente es a los hijos. Si tú tienes una pareja y tienes este tipo de amor salvador, vas y sofocas y no dejas ser, infantilizas al otro, no lo haces responsable de su propia vida, de su propia felicidad. Discapacitamos a las personas que estamos queriendo salvar bien intencionadamente con nuestro amor todopoderoso. Pero no, Julia me dio una gran lección, ese amor que suena muy bonito, que además aprobamos y aplaudimos socialmente aquella mamá que se desvive, que está 24/7, que está atenta a las necesidades de sus hijos, pero de la A a la Z. Es natural dejar ciertas necesidades sin satisfacer, de eso va a depender el crecimiento de nuestros hijos, De eso va a depender el crecimiento profesional, álmico, emocional de tu pareja si tú estás encima de ellos, satisfaciendo todo, haciendo malabares para que sean felices, lo único que vas a obtener son seres resentidos contigo, porque el ser sabe. Eel ser sabe cuando alguien lo está pagando con la bandera del amor.

41:45
Carla Cardona. Me atrevería a decir que eso no es amor, eso no es amor. Esa es una gran necesidad de que el mundo te devuelva lo que sientes que te debe. Sientes que te deben, sientes que alguien te debió haber amado de una manera distinta y como no lo hicieron, es una manera muy sutil de hacerlo y no hay nada más lejano que eso. Esa es una lección que me llevo el día de hoy, es algo que practico todos los días, que no es mi responsabilidad salvar a nadie. Me da mucha paz pensar que todas las personas tienen una gran capacidad dentro de sí mismas, de ser maduras, de ser resilientes, de ser resolutivas. Y yo pensaba que no, yo los inutilizaba todos. El mensaje que yo mandaba es tú no puedes, hazte para allá, yo lo puedo hacer, hazte para allá, yo lo hago, hazte para allá, tú no sabes. Yo sí puedo, porque yo amo mucho, porque yo me encargo, porque yo puedo cargar incluso a expensas de mi y de mi salud, no me importa si me enfermo, yo lo puedo hacer. No hay nada heroico en eso. Es importante que regresemos a pensar que el amor expande, que el amor suma, que el amor es tierno, que el amor cede la responsabilidad, que el amor tiene límites, el amor no es ilimitado. El amor es condicionado, no siempre es incondicional. El amor a veces, a veces tiene que ser condicionado porque si tú rompes mi límite, yo no te puedo amar y condiciono y me reservo el derecho de condicionar mi amor, porque esto no, esto me hace daño, esto me hace sentir insegura, esto me hace sentir rara, no contenta con lo que soy, me tengo que alejar. Es importante recuperar eso, así que gracias por hacerme recordar ese momento en donde todo me cayó, me acuerdo que lloré por algunos días. Fue algo tremendamente poderoso que me llevo hasta el día de hoy.

43:49
Naomi. Hola Carla, me llamo Naomi Hernández y hace poquito nos compartiste abiertamente tu miedo hacia la muerte. ¿Cómo podemos relacionarnos con estos temas y cómo podemos superarlos?

44:01
Carla Cardona. El miedo a la muerte es un miedo muy natural que todos tenemos y queramos decirlo o no, el miedo a la muerte es lo que le da sentido a nuestra vida. Y para esto me voy al escrito de Marianne Williamson de el principio. Pensamos que el miedo más grande que tenemos es a la muerte, pero el miedo más grande que tenemos es a la vida, a vivir. A vivir lo que queremos vivir, como lo queremos vivir, como nos lo imaginamos. Tenemos miedo a ser quienes sabemos que podemos llegar a ser, tenemos pavor. Se relaciona de verdad directamente que le tenemos mucho más miedo a nuestra luz que a nuestra oscuridad. La oscuridad nomás ocupa tiempo en taparla, pero nos roba mucha vida. Y cuando te dicen, pero hazlo, pero ve, pero arriésgate, pero apúestale, pero ve y persigue, eso nos da mucho más miedo. ¿Por qué nos dará más miedo la vida y a vivir esa vida con la que soñamos que la muerte? Porque es un camino desconocido. El ser humano le tiene mucho miedo a lo desconocido porque implica incertidumbre. Y si implica incertidumbre implica vulnerabilidad. Y si implica vulnerabilidad, quiere decir que estoy muy cerquita de la muerte, porque cualquier cosa que me saque de la tribu, que me haga ser el diferente, cualquier cosa que amenace mi pertenecer al grupo, al clan, a la tribu, me va a aterrar. Por eso vivimos en clanes. Entonces cualquier persona que se salga y sea tantito diferente va a amenazar al grupo, va a amenazar la existencia no solo del individuo sino del grupo. Entonces nos aterra eso. Y ese aterrar es que nuestro cuerpo, nuestra parte animal, está biológicamente programada para que te arroje esa alarma roja y que tú regreses y seas como el clan y no te atrevas a ser diferente. Y no te atrevas a traicionar ese clan buscando tu independencia, buscando tu felicidad, tu realización personal. Imagínense que es mucho más el miedo a ser rechazado y abandonado que el miedo a ser felices que lo que vamos a vivir, que el premio que vamos a obtener si tan solo nos atreviéramos a sostener lo que es nuestra felicidad, si nos atreviéramos a desafiar lo conocido, si nos atreviéramos a desafiar nuestras creencias limitantes, si tan solo nos atreviéramos. Así que mi propio proceso que he trabajado del miedo a la muerte, le dio vida a Querida Valeria. Yo le decidí dar vida a mi más grande miedo que era fracasar. Pero me pasó algo muy curioso y esto creo que no lo he contado antes. Cuando empecé a nombrar mis miedos en ese momento de presión, yo le tenía mucho miedo al fracaso, le tenía mucho miedo a la muerte, mucho miedo a ser desaprobada, a ser descalificada, a ser rechazada, a ser diferente y me encargaba de hacerme invisible para no vivir ese miedo. Y cuando una persona me hace este ejercicio de escribe tus miedos y escribe cómo es que se verían tus miedos traducidos en acción, es decir, como en una escena, yo dije muy confiadamente, claro. ¿Cómo se ve una persona fracasada? Una persona que es cobarde, que no sale de su casa, que no se atreve, que se esconde detrás de su familia o de cualquier pretexto para no ser.

47:50
Carla Cardona. ¿Cómo se ve una persona que tiene miedo a la desaprobación? Una persona excesivamente cuidadosa, excesivamente perfeccionista. Lo digo y me sigo describiendo en ese momento. Yo no me daba cuenta que yo estaba viviendo ya mis miedos. Yo estaba encarnando mi miedo a la muerte, a la desaprobación, al fracaso. Yo ya estaba viviéndolos y no me daba cuenta. Entonces es cuando todo hace sentido. Si ya estoy viviendo mi peor miedo, que es ser fracasada porque ya estoy ahí, yo soy esa persona que no se para y no va y lucha. Soy una persona cobarde, soy esa y ya estoy ahí. Entonces, ¿a qué le tienes miedo si te vas a morir? ¿A qué? Eso ya eres. Esto tú misma dijiste ya es lo peor que te puede pasar y ya estás ahí. ¿Qué te puede pasar si intentas? ¿Qué te puede pasar si arriesgas? Le tenía terror a lanzar un podcast, porque no era suficiente, porque no tenía el título, porque quién me dijo, porque el complejo, porque ya hay 100 mil, por qué uno más. Y decidí ser valiente, decidí apostar y darle sentido a mi miedo a la muerte, que el miedo a la muerte se traduce en todos estos tipos de miedos, al fracaso, a la tristeza, a la desaprobación, al que dirán. Todo eso es miedo a la muerte con diferentes nombres y apellidos. Pero tenemos la posibilidad de colocar nuestro miedo a la muerte en un lugar que potencie y le dé sentido a nuestra vida.

49:41
Argentino. Hola, Carla, un placer. Soy Argentino Monroy. En varias ocasiones has platicado sobre tu alta sensibilidad y quisiera que me comentaras, ¿qué es? y, ¿cómo esto ha afectado en tu vida?

49:55
Carla Cardona. La alta sensibilidad, el gran tema en mi vida. Un tema que me costó al principio compartir, pero que decidí hacerlo porque creo que justo ahí está mi gran superpoder y yo no lo vi por muchos años. La alta sensibilidad es esa capacidad que tiene tu sistema nervioso para captar los estímulos del exterior, pero eso tiene un lado muy precioso, increíble, pero un lado que te puede entorpecer mucho la vida, te la puede, no quiero decir tal vez la palabra discapacitar, pero en muchos sentidos sí, porque sentimos todo de manera muy profunda. Todo lo percibimos, percibimos la energía, percibimos la mirada, estamos hiper alertas, aquel gesto que me desaprobó, aquel gesto de duda. Estamos más sensibles a los tonos de voz. Entonces imagínate tu cerebro todo el tiempo está en alerta, tratando de procesar, tal vez yo te estoy hablando, pero si estoy escuchando el camión que está aquí atrás, me cuesta mucho trabajo, mucho trabajo concentrarme y escuchar la pregunta porque mi cerebro no tiene la manera de filtrar los estímulos y cuando no tienes esa guía adecuada, lo interpretas como que eres un bicho raro porque tú notas que los demás no lo sienten así. Crecemos con etiquetas a lo mejor como de dramáticos, de distraídos, de soñadores, de estar como siempre en la luna y esto también, eso de distraernos también es un mecanismo que tenemos para poder sobrellevar esta alta sensibilidad, como un poco disociarnos porque no se puede con tanta información. En mi caso tuve que esconder esa parte de mí porque me avergonzaba llorar por todo, ser muy exagerada, ser muy sensible, que me dijeran es que lloras por todo, es que todo lo sientes mucho, es que no todo es personal, es que no todo está sucediendo como tú lo ves. Pero el sensible así lo ve. Los sensibles son muy empáticos y muy despiertos ante el sufrimiento ajeno, lo hacemos nuestro y esa es una de las cargas y que hay que tener cuidado en la alta sensibilidad, porque es muy común que la alta sensibilidad venga con otros diagnósticos. Si vas a pedir ayuda o no, pero con rasgos del trastorno por déficit de atención e hiperactividad, con autismo. Hay también falta de integración sensorial. Es decir, cuando sientes mucho los alimentos, cuando te saben, cuando hueles todo, cuando los sonidos te abruman, a lo mejor los espacios públicos no son muy agradables para ti, nunca has sabido por qué. Entonces tú mismo te etiquetas como bicho raro y bueno, esto se va entrenando. No es que sanes porque no es una enfermedad, es una condición, así es un tipo de cerebro y de sistema nervioso, digamos. Pero sí hay maneras de regularlo o de corregularlo. Entonces cuando lo empecé a nombrar, las cosas empezaron a cambiar. Número uno, porque me dejé de desetiquetar, digamos, de todo lo que yo pensaba que era rara, que era exagerada, que era caótica, dramática.

53:12
Carla Cardona. Esto tiene un nombre y ahora sí, con esto sí me puedo identificar, esto sí lo puedo conocer, sí lo puedo gestionar. Y eso ha sido tremendamente enriquecedor para mí.

53:33
Dulce. Hola Carla, soy Dulce Rubí. Estoy muy feliz de poder compartir este espacio contigo. Vi que recientemente fuiste diagnosticada con TDH. ¿Qué ha significado esto para ti?

53:45
Carla Cardona. Ha significado mucho más de lo que las personas creen. ¡Wow! Gracias por tu pregunta. Cuando me dieron este diagnóstico que yo lo busqué, decidí pedir ayuda. Toda mi vida desde que yo fui muy pequeña, tenía ciertas características, pero así como hay mucha información, hay muy poca información acerca de este tipo de neurodivergencias en mujeres y en adultas. Se manifiesta el TDH de maneras muy distintas en varones que en mujeres. Se nombraban siempre los mismos síntomas. Son niños difíciles con pobre rendimiento escolar, que no pueden poner atención, que no se pueden estar quietos. Y escuché a un experto en este tema que decía está sobrediagnosticado y está infradiagnosticado. Es decir, que un médico al tener ciertos indicios, es decir, si yo voy y tal vez no era TDH y era perimenopausia, porque se pueden confundir los síntomas, dicen es TDH, esto es TDH, ‘pum pum’, receta, adiós. Es importantísimo que cada vez más empiecen a digamos como afinar las herramientas y los herramientas con las que estamos midiendo las neurodivergencias. Es importantísimo porque de verdad cambia la vida cuando entiendes lo que te pasa, cuando entiendes cómo funciona tu cerebro, cuando entiendes que tú no eres el problema sino una manera que tiene tu cerebro de funcionar. Hay adicciones que antes de ser una adicción fue un TDH no diagnosticado. Por eso es importante que se siga investigando, que las cosas no se diagnostiquen por encima. Y lo que me parece también muy curioso de los diagnósticos, no solo este, es que le tenemos miedo. Una de las reacciones por qué lo hice público, las personas brincaban ante, no, no, no, no te etiquetes, te estás limitando, tú eres más que tu TDH, no te pongas esa etiqueta. Y yo, cuándo brincaron las personas ante una etiqueta de flojo, de desastrozo, de desorganizado, de tonto, de tonta. Es un camino a recorrer, pero de que tiene muchas cosas increíbles sé que las voy a encontrar, las voy a desarrollar, he desarrollado, solemos ser muy creativos. En fin, creo que hay mucha información que vale la pena sumergirse en esa información y pues no sé, iluminarnos e iluminar a los que están a nuestro alrededor. Y quiero agradecerles desde el fondo de mi corazón por esas miradas que estuvieron atentas, por sus sonrisas, por su apoyo, por ser testigos de ese gran momento de mi vida en general, en este momento en mi vida. Si ustedes me hubieran conocido hace cinco, hace diez años, no hubieran dado un peso por mí. Y hoy, el que pueda compartir esto con el mundo, la esperanza con el mundo, el amor que sí existe todavía, de que podemos empujarlo un poquito más, que podemos hacer cosas difíciles que aunque el mundo nos haya dicho que no, podemos hacer cosas difíciles, podemos hacer cosas incómodas, podemos amar y amar más fuerte, podemos cuidarnos y siempre se puede ser más valiente, siempre.

57:10
Carla Cardona. El mundo agradece y el mundo siempre va a ser de los valientes, de los que se atreven a amar, a ser vulnerables, a apostar por un mundo mejor. Infinitas gracias a todos ustedes por haber estado aquí. Espero encontrármelos por ahí afuera y seguir conversando y que encuentren en Querida Valeria y en mis redes sociales siempre un espacio seguro para ser, para sentirse menos solos, para sentirse lo contrario a juzgados, sino bienvenidos. Gracias, gracias, gracias.