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Edilberto Peña de León. Sí, y voy a apelar un poquito a hace un rato que platicaba yo del estigma y el sobreestigma y de la mente que está preparada para pensar en negativo y cómo la entrenamos para pensar en positivo. Una mala consecuencia y llevar hacia el extremo el pensar en negativo es algo que por ahí seguro conocen como una enfermedad y hay obras de teatro que se llama trastorno obsesivo compulsivo. Cómo un pensamiento se puede convertir en tan intenso que gobierna mi vida, se mete todo el tiempo en mi cabeza, no lo puedo frenar, no lo puedo controlar. No importa que sea falso o que sea real, puede estar basado en la lógica. Decías conductas saludables, hombre, mientras coma menos carne, duerma maravilloso, haga ejercicio todos los días, no fume, no me lleve con personas tóxicas, voy a estar mucho mejor. Y cómo estos pensamientos que me gobiernan la cabeza se pueden a veces vacunar con conductas compulsivas, que esas son las compulsiones, conductas mágicas, que me sirven para descargar esos pensamientos en el trastorno obsesivo compulsivo pues como pegando un brinquito para atrás, me borro un pensamiento malo sobre mi familia, o cómo lavándome 35 veces las manos al día con cloro y con alcohol, voy a matar a todas las bacterias que pueden estar en el medio ambiente. Así nos ha pasado como sociedad cuando empezamos a hablar de correctos hábitos de salud. Hay un grupo de personas que, como parte de cómo funciona su salud mental, llegan a obsesionarse en estos pensamientos que son reales, lógicos, fundamentados en la ciencia, pero se convierten en pensamientos obsesivos y eso hace que modifiquemos conductas, conductas que en algunos momentos me pueden llevar a situaciones que contrariamente ya no son sanas por ser tan inadecuadas, tan repetitivas, que ya rebasan esa lógica inicial que estábamos presentando. De ahí es que se presenta, por ejemplo, la vigorexia, donde pues sí, es muy bueno hacer ejercicio y es muy bueno hacer masa muscular, pero no es bueno hacerlo demasiados días donde ya no dejo descansar a mi músculo, donde empiezo a romper demasiadas fibras musculares y donde empiezo a enfermarme, se me tapa el riñón porque hay mucha proteína de músculo que se llama mioglobina navegando en mi torrente sanguíneo y empiezo a pasármelo mal. Estos trastornos de la conducta alimentaria, donde más allá de ser vegetariano, de ser vegano, caigo en problemas médicos porque no como ciertas proteínas o ciertas vitaminas, no estabilizo mi manera de comer y entonces empiezo y no es raro que vengan al consultorio por las consecuencias, algunos trastornos en memoria, en atención, en concentración, en sueño, en trastornos del estado de ánimo secundarios a que modifiqué mis hormonas, mi funcionamiento de los recubrimientos neuronales y ya tengo patologías derivadas de lo mal que estoy comiendo por pensar primariamente en una conducta sana. Aquí tenemos que apelar al justo medio y al equilibrio. Hay que comer bien, pero si es cumpleaños y hay un pastel, pues vamos a darnos el pastel y vamos a pasarlo bien.