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Aventuras desde mi sillón

José Luis Trueba Lara

Aventuras desde mi sillón

José Luis Trueba Lara

Escritor


Creando oportunidades

José Luis Trueba Lara

José Luis Trueba Lara es escritor, editor, periodista e investigador. Su vida ha estado marcada por el “vicio” de la lectura, adquirido desde la infancia y convertido en motor de su trayectoria profesional. Para costear su pasión por los libros, se dedicó a la edición, la investigación histórica y el periodismo, explorando tanto textos olvidados como los del presente.

Trueba Lara es autor de novelas históricas y ensayos, interesado en narrar historias que permitan comprender el pasado y rellenar vacíos de la historia oficial, con especial atención a la vida cotidiana y la gente común. Su obra busca desmitificar figuras y tradiciones, y reflexiona sobre la invención de la identidad mexicana, el papel del lenguaje y el amor en la cultura.

Trabaja diariamente en la escritura, convencido de que la disciplina es esencial para el oficio. Además, defiende la conversación y la libertad como elementos centrales de la humanidad, y mantiene una visión esperanzadora sobre el futuro, basada en la capacidad de crear y transformar el mundo a través de la palabra y la razón.


Transcripción

00:00
José Luis Trueba Lara. Hola. Buenos días. Buenas tardes. Buenas noches. Buenos lo que sean. Déjenme presentarme. Yo soy José Luis Trueba y alguien me diría bueno, ¿y tú a qué te dedicas? Pues no me dedico a nada productivo, he de confesárselos, me dedico solo a satisfacer mi gran vicio. Un vicio que agarré de muy niño. Muy, muy niño estaba yo cuando mi vida se decidió. Me volví lector. Bueno, qué quieren, hay gente que tiene vicios peores. Yo tengo el vicio de la lectura y a esa me he dedicado toda mi vida. Yo necesitaba existir de alguna manera para que los libros me funcionaran y me acompañaran. No me quedó más remedio, así es la cosa, que trabajar para ser capaz de pagarme el vicio. ¿Qué quiero decir con esto? Algo muy simple. Yo quería leer, pero para leer necesitaba no solo tener libros, sino llegar más lejos, llegar a leer los libros que nadie hubiera leído. Por eso me volví editor. No solo eso, quería leer los libros que a la gente se le habían olvidado y yo dije a qué me voy a dedicar, pues a la investigación. Voy a revisar el pasado y a leer esos libros de los que nadie se acuerda. No solo eso, para que no se me fueran los del presente fui capaz de volverme periodista. Es decir, aunque ustedes no lo crean, esto de pagarme el vicio de la lectura me ha llevado a todo lo que hago en mi vida. Tan lejos, tan lejos me llevó el vicio de la lectura que me volví escritor. Yo como escritor me enfrento todos los días al mismo problema. No se me ocurre nada. Es decir, yo llego, me siento, ‘pum’, prendo la compu, bueno, antes fue la pluma y luego fue la Remington y luego fue una IBM eléctrica, he pasado por todas. Uy, prendo la compu y me le quedo viendo. ¿Y qué creen? No se me ocurre nada, nada, absolutamente nada, es más me paro con cara de intelectual, voy caminando muy serio. ¿Y qué creen? Tampoco se me ocurre nada. Y llego a mi sillón, al de la recámara, me acomodo, subo los pies en la cama, yo no sé ustedes, sé que no se debe de hacer, pero los subo en la cama, tomo un libro y en ese preciso instante me hago dueño del mundo.

03:12
José Luis Trueba Lara. Soy el mero mero, el manda más, el más chicho de la pradera. ¿Qué quiero decir con esto? Pónganse en mi lugar. Si yo camino allí en el estudio, tomo un libro, puedo acompañar a Sócrates en Atenas. Es más, puedo ir con él al mercado para ver todo lo que no necesitaba. Bueno, él le pasa distinto que a mí en el mall, porque yo todo lo necesito. Pero no solo eso, puedo hablar con cualquier muerto, con cualquier lejano. Me vuelvo algo rarísimo, me vuelvo ciudadano del mundo y sobre todo tengo aventuras de manera segura. Yo soy aventurero de sillón, en uno como este he comandado barcos en tormentas. He derrotado a los Tigres de Mompracem y he mandado por un tubo a los Pardaillan. He acompañado Athos, Porthos y Aramis a echarnos unos vinos y a perdernos en noches. A ese grado puede llegar uno. Y cada vez que voy leyendo y me vuelvo parte del mundo, de pronto sopas, te topas con una frase, con una línea, con una palabrita, hay veces que no necesitas más que una palabrita y cuando te la encuentras ocurre el milagro, se abren los cielos, no bajan las musas, eso perdón que se los notifique, las musas no bajan, pero sí se abren los cielos y dices qué bárbaro, se me acaba de ocurrir una idea y cuando se te ocurre una idea, vuelvo a sentarme en el escritorio, ya está prendida la compu, abro mi hoja de Word y puedo empezar a escribir. Pero empezar a escribir requiere que yo entre en una suerte de trance. ¿Qué quiero decir con trance? No crean que es necesario algo raro, no, no, no, no, no, no, no. Piensen, por favor, en lo que ustedes han visto en el teatro, en el cine con los actores. Yo de pronto, aquí está mi silla de escritor. ¿Voy bien? Yo entro, ‘tac tac tac tac tac’. ¿Voy bien? Aquí está José Luis Trueba. ¿Voy bien? Y de pronto me siento. Ya allá se quedó José Luis Trueba. Yo soy mi personaje, yo soy la persona que está contando la historia. Yo soy la persona que está viviendo la historia y cuando eso sucede escribes con todo el cuerpo. Yo le presto mis entrañas y mi piel, bueno, mis tenis no porque perdón que lo diga, estos tenis no se usaban en el pasado.

06:27
José Luis Trueba Lara. Yo hago novela histórica. Pero cuando eso sucede yo empiezo a vivir los mundos que nunca voy a poder vivir. Es decir, mi oficio, ser escritor me permite tener dos cosas maravillosas, la posibilidad de leer y perderme en todos los mundos, de ser un vagabundo del pensamiento. Porque cuando lees por gusto en realidad, pues no hay que cumplir con un programa ni con nada, no, no, no, no, nada más te dejas ir y a recorrer mundos. Y en segundo lugar, me permite no inventar ficciones, yo no doy para tanto, me permite contar las historias que pudieron ser, las que a mí me hubiera gustado que pasaran o las que se me quedaron incompletas. Mis libros nacen para que yo pueda entender el pasado, para que yo pueda entender la historia, para que pueda rellenar un hoyo que se perdió. Esa es mi chamba y es una chamba que se hace bonita. Todos los días, incluyendo sábados y domingos me levanto más o menos a la misma hora, 4 ó 5 de la mañana diario. Y ustedes dirán oye, ¿por qué tan temprano? ¿Por qué tan matado? No, es que así a la 1 yo ya acabe y que ruede el mundo después de la 1 de la tarde, yo me dedico a lo mío. Y la razón de trabajar diario es muy simple. Piénsenlo, un escritor se parece a un músico, se parece a un deportista. Ese deportista que corre 100 metros, creo que son esta carrera que es cortita y rapidísima. Esos segundos que corre este cuate son años y años y años de entrenamiento. Y si deja de entrenar a la siguiente competencia pierde porque perdió el toque. Con los escritores pasa exactamente lo mismo. Esto que se lee tan fácil, que parece tan fácil, son horas y horas de estar corrigiendo. Lo que nos hace diferentes a los escritores de la persona que nomás escribe, da igual si son whatsapps o lo que sea, es que nosotros corregimos y corregimos y corregimos. Creo que fue Jean Cocteau el que dijo que las únicas personas a las que les cuesta trabajo escribir son a los escritores, a los demás no les da trabajo. A eso me dedico. Eso y no solo eso, también me dedico a tratar de entender lo que está a mi alrededor. Cada vez que entiendo algo, híjole me siento tan feliz, tan contento que esos días no lo van a creer, hasta me creo inteligente. Digo ahora sí amanecí bien abusado, bien agujetas, bien trucha, bien hacha y es un gusto.

09:45
José Luis Trueba Lara. A eso me dedico yo, a eso y a las palabras, no más. Ya me presenté y ahora eso no es lo importante, porque yo como presentado no importo. Lo que importa son ustedes o los que están del otro lado del vidrio. Venimos nada más a una cosa, que ese es mi gran secreto, venimos a conversar porque eso nos hace humanos. La conversación es lo único que nos hace humanos, lo demás son accidentes biológicos menores. Pero conversemos si no qué venimos. ¡Van!

10:30
Gabriela. Hola José Luis, es un gusto poder conocerte. Mi nombre es Gabriela Ríos, soy estudiante de pedagogía y sabemos que sin la escritura, no se puede haber libros. ¿Nos puedes contar quiénes la inventaron?

10:45
José Luis Trueba Lara. ¡Ándale! Nada más eso vas a preguntar así de chiquito, que son varios miles de años. Déjame darte una respuesta que funcione, que nos convenza a ti y a mí. Tú y yo tenemos varios problemas muy serios, no nos acordamos de todo. Bueno, a pesar de que yo soy mucho más viejo que tú, algo se te ha de ir de la cabeza. Pero no solo eso, tú y yo hay veces que se nos atragantan las palabras. ¿Qué quiero decir con que se nos atragantan? ¿Alguna vez has visto pasar a este galanazo y dices yo le quiero decir lo que siento. Yo le quiero decir lo que pienso. Y cuando vas a decir eso, llegas y te quedas tiesa y no te sale una palabra. También te ha pasado que a veces te enojas de a deveras o quieres protestar por algo y también se te traban las palabras. La escritura sirve para eso. La escritura nace como una memoria, como una suerte de disco duro auxiliar que tienes acá y ahí guardas todo lo que funciona. Ese acto de que la palabra sea memoria es crucial. Cuando tú dices una palabra, cualquiera que esta sea, está siendo heredera de miles de años de historia. La palabra que sea, la más boba que se te ocurra, la más complicada. Es más, tú y esas palabras son tu biografía. Déjame ponerte un ejemplo. Hay palabras que aprendiste de muy niña, pan, leche, mamá, papá. ¿Voy bien? Y esas no tienen ningún problema. Hay otras que aprendiste hace bien poquito. Piensa en las palabras que usan en la red. ¿Nunca te han echado ‘hate’? Las palabras las vamos inventando y las inventamos para hacer muchas cosas. Hay veces, y lo digo en serio, que hemos inventado palabras para escapar de lo que está prohibido decir. Durante muchos años, por ejemplo, en los medios de comunicación estaba prohibido decir peladeces, a diferencia de hoy que las decimos sin mucho problema. Y hubo un señor que entonces era joven y hoy ya no lo es tanto que como no podía decir palabras fuertes, empezó a decir cosas como, “está cañón”

13:49
José Luis Trueba Lara. y hoy todos lo decimos. A él le debemos la invención de una palabra, del uso de una palabra. Es decir, nuestro lenguaje va cambiando y conforme va cambiando va inventando nuevas palabras, nuevos usos, etcétera. Lo que no se vale es cuando a alguien le da por salir de defensor del lenguaje y lo quiere mantener puro y virginal, no, el lenguaje cambia. O cuando alguien decide publicar una ley para que se hable o se escriba de tal o cual manera, no, el lenguaje cambia solo y no le importan las leyes, lo que uno mande, el lenguaje va por su camino y eso lo hace prodigioso. Piensen nada más en todo lo que hemos hecho para transformar algo tan sencillo como decir te amo. Lo puedo wasapear, hoy la gente se declara por WhatsApp. Yo no lo encuentro mal, lo encuentro raro. Yo no lo hubiera logrado. No sé si se declaran con emojis, pero seguramente hay uno que lo hace. ¿Y eso está mal, es raro? No, es hoy. Dentro de 100 años hablamos. Dentro de 100 años veremos si los emojis funcionaron, no lo sabemos. El lenguaje tiene caminos raros y nosotros solo somos sus víctimas. No solo eso, el lenguaje te inventa y lo digo en serio. Yo soy el resultado de mi lenguaje. Me lo he creído tanto que hasta actúo de acuerdo con él. Creo en ciertos valores, creo en ciertos principios y racionalmente acepto cosas tan solo porque está en mi lenguaje. Yo soy su rehén, pero soy un rehén feliz porque cada vez que el lenguaje se adueña de mí, yo puedo encontrarle algo nuevo, algo que no se ha dicho así, yo voto por un lenguaje mestizo, por un lenguaje vivo, por un lenguaje que nos refleje. Cada vez que tú vas aprendiendo palabras, el mundo se va haciendo más grande, tu mundo. Y cada vez que el mundo se hace más grande tú sales ganando, no porque te vuelvas más culta, no porque sepas más palabras o como dicen algunos, porque te mejore la ortografía. No, sales ganando porque te vuelves más chiquita, igual que yo, igual que toda la gente que le gustan las palabras. Te das cuenta que ellas son una inmensidad, que ellas tienen todas las historias tienen todos los sentimientos, tienen todas tus emociones, tienen todo lo que eres y cuando eso sucede, tú descubres que el tamaño de mi mundo es el tamaño de mis palabras. Déjame avanzar un poquito en esta idea. Cuando alguien dice me siento mal, ¿voy bien? Y nomás, sabe decir me siento mal, pero no está bastante mal porque así se sienta, sino porque no es ni siquiera capaz de saber cómo se siente.

17:45
José Luis Trueba Lara. No es lo mismo sentirse triste que sentirse mal. No es lo mismo sentirse melancólico que sentirse triste. No es lo mismo tener una tarde gris que tener una tarde azul. Cada vez que nosotros vamos avanzando en las palabras, vamos descubriendo quiénes somos. Te vas entendiendo más y mientras más te entiendes tú, ocurre una suerte, pues no sé, de milagro que me permite entender a otro, pero me permite entenderlo de a deveras, no es como cuando te pregunto la hora y tú me la das si no es cuando te pregunto cómo te sientes de a deveras y soy capaz de ponerme en tus zapatos. En ese preciso instante tus palabras y las mías nos unen, nos vuelven una comunidad, nos atan como seres humanos. ¿Y qué crees? Hasta nos podemos poner de acuerdo. Y hay algo todavía mejor. Tú y yo, en esas palabras somos capaces de discutir. Somos capaces de jugárnosla, de apostar. ¿Y qué apostamos? Algo terrible. La posibilidad de estar equivocados. Fíjate qué bonito. A mí se me quita lo equivocado, lo terco, lo necio, lo obcecado cuando platico contigo y me doy cuenta que con una palabra tú me cambias la vida. Una, no necesito más, una bien dicha, pues. No solo eso, sé que te puedo entender y en el momento en que te puedo entender descubro algo prodigioso que tú eres una persona, que eres parte de la humanidad y que nada más por eso me importas. Me da igual quién seas, dónde naciste, el color de tu piel, si tienes el cabello lacio o chino, me da igual, vamos en el mismo barco, pero de a deveras porque nos unimos en las palabras. No solo eso, las palabras también te dan chance de entenderte de a deveras. Cuando yo era adolescente la pasaba muy mal. Recuerden ustedes por favor, ser adolescentes, pasarla mal. O sea, no me vengan con que ay, qué bonita la adolescencia, no, es horrible. O sea no hay peor etapa de la humanidad más que la adolescencia. En la niñez todo el mundo te quiere, en la adolescencia todo el mundo te odia, aunque te quiera y ya de adulto, pues ahí vas dando trompicones. Bueno, cuando yo era adolescente me acuerdo que leía a José Emilio Pacheco, leía yo “El principio del placer”, cosa prodigiosa y al final de la novela, el adolescente con el corazón partido. No me vayan a preguntar en cuántos pedazos, pero en muchos, rasgado su corazón. Está llorando de mal de amores y la mamá abre la puerta y le dice hijito, no llores, esta es la mejor etapa de tu vida. Y el chamaco se le queda viendo y le dice sí esta es la mejor, híjole, ¿cómo estarán las otras? Cuando yo era adolescente y leía José Emilio Pacheco, ese personaje me explicaba lo que yo sentía. Y eso me daba una agarradera. Yo tenía un cuate de a deveras, nunca lo había visto porque eran puras palabras, una detrás de otra, igual que El Quijote y todos los personajes literarios, son palabras. Pero esas palabras eran para mí, para darle sentido a mi vida, para que a mí me quedara claro a dónde vamos.

22:13
José Luis Trueba Lara. Para eso también sirven. Sirven para encontrarnos, para conversar, para descubrirnos, para atarnos y sobre todo, también para protestar, para decir lo que no te gusta. Y eso es bien padre. Eso es ser humano. En eso nos diferenciamos de todos los animales. Bueno, por lo menos mis tortugas no tienen diálogos socráticos conmigo. No sé si otros animales, pero las tortugas no, me consta. ¿Cómo la ves?

22:52
Fanny. Hola. ¿Qué tal José Luis? Mucho gusto. Yo soy Fanny Corona. Y bien, me surgió una duda que ¿usted cree que en México leemos lo suficiente o cree que deberíamos de leer más?

23:02
José Luis Trueba Lara. Esa sí es pregunta difícil. A ver, vamos por partes dijo el destripador. El primer problema es qué entendemos por leer. Los seres humanos, tú, yo, él, nosotros, vosotros, ellos, todo el tiempo estamos leyendo, aunque no quieras. Aunque seas analfabeta todo el tiempo estás leyendo. Te pongo un ejemplo muy elemental. Lo veo a él y cuando lo veo a él, trato de leerle la cara para saber si está contento, enojado, feliz, no le importa. Anda por el mundo despreocupado. Pero además de eso, voy leyendo el cielo, digo yo no sé en tu pueblo, pero en el mío sí sacamos la sombrilla cuando está muy nublado, leemos el cielo. Todo el tiempo estamos leyendo, todo el tiempo estamos interpretando. Ahora, cuando alguien te dice ¿qué crees que le pasó a fulano? Cuando se pronuncian esas palabras ocurre un prodigio, los trabajos se suspenden, la gente se queda quieta, otros se callan y dicen por favor, cuéntame el chisme, yo quiero saber. Los seres humanos vivimos para que nos cuenten historias. Ahora, nos gustan tanto las historias que somos capaces de cualquier locura. Tú, él, ella, son capaces de pagar la entrada a un cine para que les cuenten una historia, son capaces de pagar la entrada a un teatro para que le cuenten una historia. Es más, pagan el streaming. Queremos historias y no es que tengan fascinación por el celular, no, es que me estoy enterando de una historia, me estoy enterando qué pasó con fulano, zutano, mengano, perengano. Eso es importante. Ahora, qué quiere decir esto. Leemos lo suficiente, hombre, nos la pasamos leyendo. Pero ahora pasemos a la otra lectura. Si la gente comprara solo los libros que lee, el libro se hubiera extinguido. Lo digo en serio. En realidad compramos muchos libros, pero leemos muy pocos. Muchos de estos libros se convierten en parte de una colección. A mí me gusta una película y voy y compro los 14 tomos de la saga del personaje de la película. No importa si los leo o no, es parte de una colección y vas a la librería y compras el libro que algún día vas a leer, el que es una promesa de futuro. Es más hasta puedes comprarte uno que vas a leer hoy, a ese grado llega la cosa. En ese sentido no leemos tanto. Pero ojo, a mí hay dos cosas que me gustan. La primera es que, aunque no lo crean por género, las mujeres leen mucho más que los hombres, lo cual denota lo que siempre hemos sabido, pero nunca hemos querido aceptar de a deveras. Las mujeres son las dueñas de las palabras, y lo digo absolutamente.

26:46
José Luis Trueba Lara. Tú ve las niñas de kinder y se sienten a platicar, mientras tanto los escuincles de al lado se dan de moquetazos o corren como desaforados. Esa capacidad que tienen las mujeres sobre las palabras es lo que las hace grandes lectoras. Bueno, pero no solo eso. Si volteamos a ver a los lectores de hoy por edad, descubrimos que además de ser mujeres, la inmensa mayoría son jóvenes. Es decir, muchos de los que estamos aquí ya no salimos en esa foto. Son jóvenes muy raros porque ojo, son capaces de leer libros larguísisisisisisisisisisisisisisisimos, velo se echan unas sagas como ahora les dicen que nada que ver con las sagas normanda o con las islandesas que eran bastante rabonas, estas son largas como la Cuaresma y se echan los 14 tomos. Escoge tú el tema. Me sorprende porque parecería que la gente no lee, pero llegas a una librería y hay un chorro de novedades para jóvenes. Hay una presencia bárbara de mujeres, y habemos algunos varones, habemos algunos varones. Ahora, mucha gente se preocupa por la calidad de lo que leen y dicen tú no debes de leer eso. Yo no puedo imponer lecturas y no la puedo imponer por una razón muy elemental. Fíjense, detrás de cada libro hay un ser humano, si no pues quién lo escribió, ¿voy bien? Ahora, no me contesten, nada más piénsenlo, todos los seres humanos que hay en este planeta y las estaciones espaciales que dan vuelta ¿les importan igual? ¿Hay algunos que les caen mal? Sí. ¿Hay algunos que son detestables? Sí. ¿Hay algunos que son amigos de ratito? Sí. ¿Hay unos que son para toda la vida? También. Con los libros pasa exactamente lo mismo. Hay libros para toda la vida, hay libros de ratitos y hay libros que tú dices híjole, a mí me gustan los libros de historia por ejemplo. No leería un libro de contabilidad, pero ni en drogas. Lo que no lo hace mejor ni peor, nada más yo no, gracias, es un área de lo humano que no entiendo, me queda grande. Por eso yo no te puedo imponer un amigo, no te puedo decir a ti te conviene ella como tu amiga y por supuesto te casas con él, me vas a mandar por un tubo. Yo tampoco te puedo imponer el libro de ella, ni el libro de él.

29:57
José Luis Trueba Lara. Tú tienes que descubrirlo. Lo que sí sé es que no sé cuál es el que te conviene, pero sí sé también que allá afuera hay uno por lo menos que es para ti, uno. ¿Cómo lo vas a encontrar? Igual que encuentras el cine, igual que te decides en la tele, pues vas, pruebas, te asomas y de pronto encuentras el amor de tu vida, a ese libro que te va a llevar al vicio y vas a acabar como yo siendo una viciosa de los libros y siendo una aventurera de sillón.

30:42
Benjamín. Hola José Luis, soy Benjamín. Hace un momento mencionabas que un libro nos encontrará. ¿Para ti qué libro fue el que te encontró?

30:51
José Luis Trueba Lara. Qué libro me encontró, pues depende. Yo creo que los libros que te van encontrando son distintos en cada época de tu vida. Déjame contarte de esto. Por ejemplo, cuando yo estaba en la prepa era un lector fervoroso de Hermann Hesse, no sabes era Hermann Hesse mañana, tarde y moda. Hoy no sé si lo volvería a leer, te lo digo con absoluta sinceridad, prefiero guardar el recuerdo a volverlo a leer. Y me impactó tanto Hesse que llegué al colmo del cinismo con él, le perpetré, conste que dije perpetré y no le puse a mi hijo el nombre de una de sus novelas, mi hijo se llama Demian por Hermann Hesse. A ese grado me marcó Hesse. ¿Qué me gustaba de Hesse? Había una idea justo en el Demian verdaderamente maravillosa. Decía poco más o menos: El pájaro rompe el cascarón. El huevo es el mundo. Aquel que quiere nacer tiene que romper un mundo. Cuando lees eso ya entendiste tu plan de vida. ¿Cuál es mi único plan de vida? Ese, nacer y para eso voy a tener que romper el mundo. Y todos los días lo tengo que romper porque no creas que nada más hay un cascarón, hay no sé cuántos, muchísimos. Eso me dejó Hesse. Pero si tú me dijeras oye, ¿y después? Por ejemplo, cuando estaba en la universidad, descubrí un libro que me dejó patidifuso. Un libro que se llama La gran matanza de gatos. Son algunos ensayos de Darnton, un historiador prodigioso que lo he seguido desde entonces hasta hoy. Y el primero de los ensayos me hizo replantearme toda mi vida. Te cuento de qué se trata. Él dice yo quiero estudiar la literatura medieval y se pone a contarte los cuentos de Mamá Oca, el de Pulgarcito, el de Hansel y Gretel, toda esta tradición de cuentos medievales que todos conocemos. Y él dice oye, ¿y por qué dejaron a Hansel y a Gretel en el bosque? No solo eso. ¿Por qué todos los cuentos medievales terminan comiendo, terminan en una comilona sensacional? Oye, y ¿por qué en estos cuentos las madrastras son tan malas, hasta trabajan de brujas? Y se pone a explicar eso. Cuando yo leí este ensayo me di cuenta que en realidad yo estaba equivocado y que me tenía que replantear mi vida completa. ¿Qué quiero decir con esto? Yo tenía que aprender a leer literatura, no nada más para divertirme, no nada más para vivir una gran aventura, sino porque en esos libros, en esas novelas, en esos poemas, en esos cuentos, en esas leyendas, estaban muchos de los secretos de lo que me pasa cotidianamente, de lo que ocurre en el mundo, de lo que te explica a tu alrededor.

34:47
José Luis Trueba Lara. Hoy, si me preguntaras cuál libro me marca, está un poco más difícil porque te tendría que decir que más que un libro es un autor, un escritor ruso, curiosamente poco leído en Rusia. Se llama Vasili Grossman. Yo creo que él es el gran novelista del siglo XX. Hoy lo creo eso, mañana quién sabe, porque mañana capaz que encuentro algo mejor. Pero es como leer la Guerra y Paz o leer a Tolstói así de ese tamaño, con la Segunda Guerra Mundial, con la caída y el horror del nazismo, con el horror del estalinismo. Ver un mundo de a deveras, así que te apabulla, ese es Vasili Grossman. Incluso te lleva a tratar de comprender cómo un pueblo, como ocurrió en la Unión Soviética, pudo asumir las peores cosas y después de eso pedir perdón. Eso a mí me da mucho terror. Eso me gusta de Vasili Grossman. Hoy, mañana no sé quién siga, pero hoy es Vasili Grossman.

36:11
Itzel. Hola, mucho gusto. Soy Itzel Ramos y estoy a cargo de acompañar a varios universitarios en su formación profesional. Usted ha escrito muchos libros a los jóvenes, pero ¿cree que ellos tienen un futuro esperanzador?

36:26
José Luis Trueba Lara. ¡Por supuesto! Yo creo que sí hay futuro. Yo creo que hay un futuro prodigioso siempre y cuando seamos capaces de crearlo. ¿Qué quiero decir con esto? Fíjate, yo todos los días me levanto y voy a hacer algo, escribir, leer, lo que sea. Y me levanto así por una sola razón, porque tengo esperanza. Tengo esperanza de que hoy me va a ir bien, de que hoy todo va a salir a todo dar y de que con lo de hoy voy a construir algo para mañana. Y cada vez que tengo esperanza, avanzo. Alguien me diría entonces ¿hay futuro si hay esperanza? Sí. Ahora, ojo, una cosa es que haya esperanza y otra cosa es que tengas esperanza en cosas delirantes. Yo tengo esperanza de ver crecer a mi nieto un poco más. ¿Voy bien? No tengo ninguna esperanza de ver a mi nieto cuando tenga 76 años mi nieto. Te propongo que nuestra única esperanza que valga la pena es saber que tú y yo estamos derrotados. Tú dirías oye, ¿entonces qué esperanza me dejas? Te dejo la más bonita. Tú y yo estamos derrotados porque somos finitos, porque vamos a morir. ¿Voy bien? Si yo sé que voy a morir. Si yo sé que mi vida es finita, no me queda más remedio que disfrutar lo que me queda. No me queda más remedio. No me queda más remedio saber que vivir es un acto de bravura donde voy a dejar incompleto todo. Yo, José Luis Trueba, no voy a poder leer todos los libros que quiero. Yo, José Luis Trueba no voy a poder escribir todos los libros que quiero escribir. Yo, José Luis Trueba, por más que ame a mi esposa, mi amor no va a ser eterno. Ahí hay algo que lo va a destruir, que se llama el fin, el game over. Cuando yo sé eso descubro algo prodigioso. Si ya estoy derrotado, no me queda más remedio que dar la gran batalla para mostrar mi bravura al vivir. No tengo nada que perder, todo está por ganar y en ese preciso instante me enfrento al mundo y trato de crear esa obra que está más allá de lo que podría ser. Y trato de leer aquello que está más allá de lo que puedo hacer y amar a mi esposa, más allá de lo humano. Es más, estamos tan chiflados los humanos que somos capaces gracias a esa esperanza, a esa certeza de finitud, de inventarnos futuros.

39:46
José Luis Trueba Lara. Quevedo, no el de Miguel Ángel, sino el español, tiene un verso que todo lo explica: “Y cuando muera seré polvo enamorado”. Yo así soy y allí donde vaya a dar ese polvo me da igual pues ya polvo seré. Me voy a acordar de mi esposa y de mi nieto y de mi hijo. Y de los libros que amé y de todas las pasiones que tuve. Es más, lo único que voy a extrañar cuando sea polvo enamorado es verme en el espejo y verme peloncete, verme arrugado, canoso y decir cada cana, cada arruga, cada pelo perdido fue una de mis pasiones. Imagínate cómo fue mi vida. Eso está bonito, pero eso lo puedo hacer porque sé que se va a acabar, porque sé que mi vida es finita. Si mi vida fuera infinita, ¿qué urge? Nada, solo el tedio. Yo creo que hay futuro y creo que el futuro no pinta tan mal como lo ve la gente. A mí me parece que vamos. No quiere decir que no haya problemas, que no tengamos que defender libertades, que no enfrentemos hoyos, no, no, no, por supuesto. Baches hay, vueltas cerradas hay. Y la historia no creas que va para arriba derechito, no, la historia sigue caminos raros. Pero vamos, lo hemos logrado tantas veces que por qué no una más. Sí, eso sería.

41:39
Mariana. Hola, profesor, soy Mariana Reyes. ¿Qué parte de la historia de México está compuesta de mitos y leyendas?

41:46
José Luis Trueba Lara. ¡Uh! ¡Toda! La historia no es otra cosa más que la literatura que hemos creado para decir quiénes somos. Piensa en la historia que tú y yo aprendimos en la escuela. Es una historia de buenos, inmaculados y malvados horripilantes. Digo, la lista de malvados puede variar, pero seguro que ahí está Victoriano Huerta, seguro que está Santa Anna. Muy probablemente Porfirio Díaz, está Moctezuma, Cortés, hombre. Y entonces estos malvados se enfrentan contra unos que son buenos e inmaculados. ¿Por qué es importante que haya esta lucha entre estos malotes y estos buenotes? Porque estos buenotes le dicen a la gente lo que esperamos de ella. Tú te tienes que sacrificar por la patria. Oye, ¿y por qué? Ve a los niños héroes, hasta se aventaron. Tú tienes que ser honrado no como Santa Anna, que vendió el país por un plato de lentejas. No, tú tienes que ser. Y alguien me diría oye, pero cuando me cuentas eso me estás contando un mito, sí, efectivamente, es un gran mito. Pero ese mito tiene una virtud, nos permite tener un pasado falso, pero en común. Y es como las canciones, yo te canto una de Juan Gabriel y tú me sigues, es este pasado que compartimos. A ti, a mí, y a la mayor parte de la gente nos contaron la historia de los grandes héroes, estos que son puro mármol y puro bronce. A mí esa historia no me gusta, me caen medio gordos, me parecen medio insoportables. A mí sabes qué historia me gusta, la de la gente común y corriente, la de los ciudadanos de a pie. Cuando encuentras en un archivo las cartas de amor de fulano a mengana o de mengana a fulano me parece más importante que toda la revolución de independencia. Esas dos personas, me revelan un mundo cercano al mío. Yo no soy Hidalgo, yo no soy Morelos, yo no soy la Corregidora, yo soy esas dos personas que en mitad de mil problemas en el país de balaceras y guerras y lo que quieras y mandes, se enviaban cartas de amor. Perdón, ellos están más cerca de mí, pero también está más cerca de mí la guisandera, no porque yo cocine, sino porque soy tragón y cuando la leo todas sus maravillas o me adentro en su recetario, descubro un mundo que está cerca de mí, porque esa guisandera del siglo XVIII, cuando preparaba sus chiles militares que son como los abuelitos del chile en nogada, cuando los preparaba seguramente lo hacía con cariño para alguien, me da igual quien sea. Pero también me gusta enterarme cómo bailaba la gente, no solo el a go-gó, sino más pa’ atrás, el rigodón o el vals. Y me da risa leer cuando las familias se escandalizaban porque su hija había bailado un vals, baile descocado, peor que el industrial y el embarration, una cosa terrible, me encanta. Me encanta ver ese pasado de la gente común, me gusta más. Pero no solo eso. A mí me gusta también una historia donde el mito cumple otra función, no la de mostrarte un hombre de mármol o un hombre de bronce, me gusta la historia mítica donde aparecen seres prodigiosos. Mira, te voy a contar un chisme. La mamá de Gabriel García Márquez, vamos, él sí sabía de escritura, decía que Gabrielito era un muy mal escritor porque contaba las mismas historias de su familia, nomás que las contaba chuecas. Eso que decía la mamá de García Márquez es bien importante, porque la historia también son esas historias, son eso que nos contaron. Cuando yo era niño mi abuela la asustabas y gritaba ‘waay’ con w.

47:10
José Luis Trueba Lara. Y cuando decía ‘waay’, en realidad era una suerte de exorcismo a un nahual yucateco, al waay pop que es bastante malo, es el más canijo de los nahuales porque se arranca la cabeza, la pone en la mesa y le arranca la cabeza a un animal y se la pone. Imagínate eso, que te hayan educado creyendo en el waay, es una maravilla, pero no es una figura de bronce ni de mármol. Prefiero a mi abuela que a Carrillo Puerto, conste que son más o menos cercanos en el tiempo. Me gusta mucho más la gente, porque ojo, la historia no es solo esta conmemoración, no es solo hacer un país, sino que de pilón es inventarnos a nosotros. Y yo me necesito inventar una historia todos los días. Me tengo que inventar una historia para poderme enamorar más, para poder trabajar con más ganas. Y esa historia no importa que sea mito, la verdad, no hay que preocuparse tanto por la verdad, por lo menos en la literatura, en otras cosas sí, pero la literatura es un añadido ahí que podemos brincarnos por alto. Es mejor así. Y es mejor Gabriel, que no contaba la verdad, sino que mentía en lo que le había contado su abuelo.

48:53
Mónica. Hola José Luis. Encantada. Hola. Soy Mónica de Jesús y como estudioso de la historia y de sus personajes, yo quisiera comentarte: ¿jugar con el poder es jugar con fuego?

49:04
José Luis Trueba Lara. Ay hijo. Mira, estás hablando con una persona que detesta el poder. Yo no tolero el poder, no lo tolero por varias razones. Yo creo que todo debería de ser como está mandado y que no mande nadie, esto lo dijo Serrat, pero sí creo que tenía razón. No solo eso. A mí me gustaría la libertad de a deveras, no hacer lo que se me pegue la gana y andar por el mundo a tontas y a locas. Pero no me gusta cuando algo desde arriba es capaz de ordenar, no lo soporto. ¿Por qué razón? Porque cada vez que hay un poderoso de los así de arriba, hay siempre una tragedia grande, terrible. ¿Qué me refiero? Algo simple. A lo largo de la historia, lo único que hemos visto es que el poder provoca desgracias. Que el poder enloquece a quien lo ejerce. Imagina alguien como Stalin. Imagina a alguien como Hitler, alguien como Mao, por poner tres que me vienen a la cabeza y son de todos conocidos. Cuando los vemos, su ejercicio es tan brutal, su sinrazón es tan brutal, su locura es tan brutal que son capaces de matar a los suyos con tal de seguir adelante con una idea enloquecida. Porque ojo, cuando el poder se desgobierna, cuando el poder se vuelve apabullante, empieza a imaginar mundos donde no entramos los seres humanos, donde entran las personas que ellos imaginan que son los humanos. Me explico. Los arios de Hitler no existían en ningún lugar. El hombre nuevo de Stalin tampoco existía en ningún lugar. Son una invención de una mente enferma, de un loco. Y tomamos a un ser humano sano, sensato, más o menos en sus cabales y lo queremos volver eso, lo queremos volver perfecto. Y en ese preciso instante no nos queda más remedio que jugar con fuego. Pero es un fuego que desgraciadamente primero va a quemar a la gente de a pie y después terminará quemando, en muchos casos, al que jugó con él.

52:11
José Luis Trueba Lara. No, no, no, no. No puedo aceptar el poder que va con fuego.

52:15
Alexa. Hola Jose Luis, mi nombre es Alexa Martínez y me gustaría preguntar cómo era Moctezuma y si se ha contado su verdadera historia.

52:24
José Luis Trueba Lara. Moctezuma es un personaje que me parece fascinante, fascinante. Es un político de altísimos vuelos. No creas que no se la sabe, se sabe toda la grilla mesoamericana, es una figura de a deveras. Está tratando de crear, y lo digo muy en serio un imperio de a deveras, está haciendo lo posible por homogeneizar sus dominios. Y de pronto llegan unas personas raros, diferentes, no creas que lo agarran hecho un sonso, Moctezuma tiene claro quiénes son. Quizá no sepa que son castellanos o son sevillanos, quizá eso no lo sepa, pero su cualidad de fuereños la tiene clara. ¿Por qué razón? Simple. Cortés no es el primero en llegar. Ya han llegado náufragos, ya han llegado expediciones, es más, a esas expediciones las han derrotado los indígenas, en Champotón por ejemplo. Moctezuma es un hombre informadísimo, pero cómo te relacionas con esos hombres que vienen de un mundo lejanísimo, con ideas absolutamente diferentes, aún más, traen intérpretes. Pero no creas que los intérpretes que traen saben todas las sutilezas. Los lenguajes tienen dos niveles, el nivel de la vida cotidiana, que es el que tú y yo usamos y nos entendemos a todo dar y el nivel de los políticos donde se dice una cosa que quiere decir otra. Bueno, llegan estos españoles que España todavía no existe, ni siquiera pues, o sea, llegan estos castellanos y entonces Moctezuma opta por hacer política de manera tradicional. ¿Qué quiero decir con esto? Les manda unos regalos para que quede claro quién manda aquí. Les manda mantas, les manda plumas, les manda de comer y les manda oro y plata. Los regalos que manda Moctezuma son una ofensa. Es cuando yo te regalo algo para sobajarte, para demostrarte que eres menos que yo, que también para eso sirven los regalos. Moctezuma lo tiene claro, les manda todo y les dice miren, estoy enfermo, no tengo ganas de recibirte, ya vete, no me estés fastidiando. El otro que recibe los regalos y no sabe cómo es la política en Mesoamérica, me tiene miedo, entiende otra cosa. Y llega el momento en que ocurre el encuentro. Ese encuentro entre Moctezuma y Cortés a la entrada de Tenochtitlán es muy probablemente el encuentro más importante de la historia contemporánea.

55:54
José Luis Trueba Lara. Aunque ustedes no lo crean, en ese instante el mundo se vuelve uno. Es el primer momento en que todo el mundo se pega en una sola unidad. Cortés va a intentar llegar a China y bueno, de paso se encuentra con Baja California, pero ya el mundo es uno. No solo eso, el mundo se va a relacionar. Y este país, Nueva España entonces, se convertirá en el centro del universo. Todo lo que viene de Asia tiene que pasar y llegar por Acapulco para salir por Veracruz. Y todo lo que viene del otro lado llega por Veracruz y se va hacia Asia. Es un mundo privilegiado. Pocos lugares en el planeta han tenido esta cualidad. Atenas y algunas polis griegas fueron el centro del mundo. Praga fue el centro del mundo. Ahí caminas y te encuentras un templo griego, una mezquita, son estos centros del mundo. Moctezuma es quizá el más moderno, perdón que usa esa palabra, de los gobernantes de Mesoamérica. En ese mundo chocan los dos y nuestro país tiene que decidirse, quién es el bueno y quién es el malo. Hablo para la historia oficial. ¿Cómo decidimos quién es el bueno y quién es el malo? Pues aún quien esté en el candelero. ¿Por qué razón buscamos a ese héroe y no a Motezuma o a Cuitláhuac? La razón es simple. El país viene de su peor derrota, la pérdida del territorio, etcétera, y nosotros necesitamos justificar nuestra derrota. ¿Cómo la justificamos? Con un héroe derrotado y convertimos a la derrota en un mérito. Somos derrotados porque somos los buenos, somos los derrotados porque el Masiosare, o sea el extraño enemigo del himno tenía una tecnología que nosotros no teníamos. Y así vamos creando esta historia de derrotas. Y curiosamente, la pérdida de Moctezuma significó para este país, el nuestro, asumir que la derrota era una virtud, la derrota nos mantiene puros. El único problema es que de tanto perder, de tanto alabar a la derrota, quizá se nos fue la costumbre de ganar.

59:01
José Luis Trueba Lara. Y lo digo en serio. A mí me gustaría vivir en un país de ganadores, en un país donde la libertad gana, en un país donde el esfuerzo es premiado. Pero me gustaría que todos creyéramos en eso. Pero ese Moctezuma malvado es un invento posterior. Cuando me lo topé como escritor, como novelista, yo la pasé requete bien, me encantó, me encantó. Me gustaba verlo, soñar con él, pero no como lo sueñan luego en los dibujos, que lo ponen acá bien fuerte, como si hubiera tomado anabólicos, no, no, no, no, no, no, no. A mí me gusta este Moctezuma, que ha de haber sido muy flaco, pero corrioso, perdón que use la palabra corrioso, pero no hay otra, con este cuerpo de fibra pues, de pura fibra. Me gusta verlo como alguien que era tan grande, tan poderoso, que ni siquiera lo podías ver, tenías que bajar. Y cuando se acercaba tú tomabas tu dedo, lo embarrabas de tierra y te lo llevabas a los labios. Eso es poder. Pero al mismo tiempo él es también, y eso es algo que se nos olvida, él es un nahual. Él es alguien que se puede transformar en una bestia mitológica para proteger a los suyos, eso es hermoso. Y estos mundos, pues, estaban condenados a chocar, estaban condenados a chocar y el choque a mí no me parece tan escalofriante como lo pintan, porque yo creo que ese choque es resultado de una época contra la cual no podemos tomar venganza. Todos están muertos, se murieron hace 500 años. A mí no me importa quién es el bueno y quién es el malo. A mí me gustaría otra cosa. Imagínate que comprendemos a Moctezuma, que comprendemos a Cortés, y cuando eso ocurra va a suceder una maravilla, nos vamos a comprender a nosotros y nos vamos a poder sentar en la misma mesa que toda la gente a la que le colgamos milagros, a la que condenamos y eso nos hará mejores, porque nos hará algo más que mexicanos, nos va a hacer ciudadanos del mundo.

01:02:03
José Luis Trueba Lara. Y eso perdón, sí vale la pena. Yo quiero ser ciudadano del mundo y espero que ustedes también, es mucho mejor que ser ciudadanos de un país, te sientes bien en todas partes y todas partes son tu casa. Eso nos enseñaría comprender a Moctezuma, comprender a Cortés, yo creo.

01:02:30
Dulce. Hola, Mi nombre es Dulce Morales y tengo una pregunta. ¿Por qué tus novelas se desarrollan en el siglo XIX y qué hace especial este siglo para ti?

01:02:43
José Luis Trueba Lara. Te voy a contar un chisme, por qué me gusta el siglo XIX. Déjame volverte una persona que vivió en el siglo XIX. De niña te hubiera tocado ir de tu casa al pueblo de al lado en carreta. De joven te hubiera tocado ir de tu casa al pueblo de al lado en ferrocarril. Y si llegabas a viejita, viejita, viejita, te hubieras podido ir en avión. El siglo XIX es el espacio donde nosotros vamos a ver que se inventa todo lo que hoy somos. El siglo XIX es el momento en que se inventan las naciones, es el momento en que se inventan las personas. Tú dirás, ¿cómo, que no había personas antes? Pues sí, sí habían pero no eran como ahora. Te pongo un ejemplo. Pensemos en nuestro país. En el siglo XIX nuestro país estaba metido en gravísimos problemas, tienes guerras internacionales, tienes invasiones, tienes pérdida del territorio, una miseria verdaderamente atroz, vamos, todo nos está saliendo mal, y la única manera que podríamos salir adelante, que podríamos tener un respiro era inventar un país. Y para inventar un país se necesitan muchas cosas. Lo primero es convencer a la gente de que es mexicana. Antes de la independencia o el mero día que entra Iturbide, pues no era fácil decir oye, yo amanecí siendo mexicano. Pues yo era chilango, era criollo, era de Castilla, era madrileño o era lo que sea, pero mexicano hombre, qué es eso, no es tan fácil. No creas que es un problema de México, de cualquier país que se inaugura el día que amanece la inauguración ahí se siente mexicano. Bueno, es más, ni siquiera sabes cómo va a ser el país. Es más, en el caso de México ni siquiera sabes dónde están las fronteras, porque Centroamérica va y viene sumándose a México y pal’ norte nadie tiene claro dónde se acaba aquello. Eres de un país sin fronteras, eres de un país que no tiene una nacionalidad, que lo único que lo une más o menos bien es el culto guadalupano, la religión, la fe en un rey con el que te acabas de divorciar.

01:05:48
José Luis Trueba Lara. No hay más. Entonces yo te tengo que inventar, cómo te invento, bueno, yo te tengo que decir que te pareces a alguien y entonces te digo mira, en las ciudades hay unos señores que se llaman leperos que son los pobres. Son pobres pero buenos. No solo eso, son chamagozones. Hablan distinto que tú, que eres muy educada. Ellos hablan en esdrújulo y te dicen ‘fuistes’ porque terminan de pilón los verbos en s. Aunque no lo creas, les gusta un poco el trago, pero son valientes, son patriotas y sobre todo son bien simpáticos, echan harto relajo. Acabamos de inventar a Pepe el Toro, al Vítor, a todos ellos y los chilangos tenemos la obligación un poco de parecernos a ellos. Es decir, somos un personaje literario más que un personaje real. La literatura nos dio lo que lo que somos y nos volvió reales. Pero no solo eso, volvamos a la china. La china es una mujer echada pa’ adelante, guapetona, con sus aretes maravillosos, reboso, brazos descubiertos, bailadora, capaz de entrar a una pulquería. No, pues ya inventamos a todas. Esta mujer mexicana es la china. Pero también te tengo que decir que a ratos te pareces a la Adelita y de pilón te tengo que decir que tienes que tener un aire de galán ranchero. Aunque la comedia ranchera ocurre en un país que quién sabe dónde está en un pueblo que no existe y con una cantina donde quién sabe qué sirven. En ese mundo está el México inventado y es un México que vamos a seguir inventando todo el tiempo, hasta principios del XX. Tú piénsalo, hoy un indígena para que le tengamos respeto tiene que parecer de mural de Diego Rivera, lo cual es un insulto a los indígenas. Todas estas invenciones de lo mexicano nacen en el siglo XIX y salieron tan bien que todavía nos la creemos, es más, las volvimos reales y cuando alguien osa, se atreve a ir en contra de estas invenciones, le va re mal.

01:08:50
José Luis Trueba Lara. Porque cuando uno dice oigan, a mí no me gustan los mariachis, nombre, te va re mal. Yo no soy bueno pal’ tequila, te va re mal. Todo lo mejor y todo lo peor que somos es una invención del siglo XIX que nosotros hemos convertido en realidad. Pero eso también tiene una enseñanza brutal. Estas tradiciones mexicanas también son susceptibles de cambiar. Lo digo en serio, piensen en una tradición de a deveras rancia. Los sacrificios humanos, el canibalismo ritual, ustedes no lo extrañan, yo tampoco. Pregunta ¿por qué defendemos el machismo? ¿Por qué defendemos la violencia? No podríamos también abandonar esas tradiciones, esas herencias. Reconocer nuestro pasado mítico, reconocer nuestra invención como país, nos obliga a transformarnos, supongo que para bien. Hay tradiciones defendibles, el mole poblano, insisto. Pero el machismo no, no hay manera de defenderlo, aunque les gusten las canciones de mala estofa, como esa que dice que te vas cuando yo quiero que te vayas, a la hora que yo quiera te detengo, porque yo soy tu dueño. Alguien en su sano juicio le diría no, yo no tengo dueño, nadie es mi dueño y yo soy libre. Para eso sirve el siglo XIX.

01:10:48
Jade. Hola José Luis, mucho gusto. Mi nombre es Jade Flores y quisiera preguntarte ¿qué papel ha jugado el amor en la historia?

01:10:57
José Luis Trueba Lara. ¡Uy! Por poco me pongo a chillar. Eso sí cala, esa es una pregunta que me cala de a deveras. Mira, hay dos cosas que a ti y a mí nos vuelven humanos, el lenguaje tan complicado que tenemos y la segunda es el amor. Lo que nos hace diferentes a ti y a mí de los animales es que no sólo nos reproducimos, sino que fuimos capaces de inventar esa maravilla que se llama el amor. ¿Por qué te digo que el amor es una invención? Porque si sólo fuera un asunto biológico, ni siquiera sería cultural. En cambio, tú y yo somos cultura. Tú y yo somos erotismo. Tú y yo somos amor. Somos tan brutales con ese amor que fuimos capaces de convertirlo en poesía. No creas que la poesía de hoy no, no, no, no, no, Piensa en los primeros habitantes de este planeta, humanos. Entonces yo la veo a ella y pues le echo unos aullidos. Y esos aullidos son mi primer poema, son mi primera canción. Yo tomo del suelo una conchita y se la regalo porque me pareció que estaba chula de preciosa. Acabamos de crear el primer hecho artístico. Para caerle bien, me echo unas marometas y hago algunas piruetas. Acabamos de inventar el baile. No solo eso, a mí me gusta verle sus ojos. Me gusta verle la sonrisa y es probable que en ese acto hasta ella fuera cambiando y yo también. Si fuéramos como muy nuestros ancestros, el pelo nos daba acá, lo echamos pa’ atrás, lo fuimos perdiendo y gracias a ese pelo que perdimos, ganamos gestos. Los dientes se nos hicieron chicos, ve, no tenemos colmillotes, bueno, en sentido literal, hay gente colmilluda, pero no tenemos colmillotes. Y gracias a que no tenemos colmillotes, te puedo sonreír, te puedo parar la trompa para que me des un beso. Puedo hacer mil cosas, pero no solo eso. Descubro que el amor y el lenguaje están pegados. Pensemos por un momento en la vez que se nos iban a declarar o que nos íbamos a declarar.

01:14:13
José Luis Trueba Lara. Cuando yo voy a declarar mi amor o ustedes, ocurre una cosa milagrosa, no van a revelar un secreto por favor, eso quiero que quede claro. La persona a la que le vas a declarar tu amor ya sabe que traes esa intención, se nota a leguas. ¿Por qué me declaro entonces, si ella ya sabe? Porque es para siempre, pues no, no sabemos. Me declaro por una sola razón, porque le estoy pidiendo permiso a esa persona para decir lo que los dos sabemos pero no hemos pronunciado y vean lo que nos pasa. Cuando me dice que sí, yo me vuelvo un torrente de palabras. Le hablo por teléfono siete, bueno hoy ya no hablan por teléfono, no importa. Yo le hablaba por teléfono 7 mil veces al día y hoy ustedes mandan 11 mil whatsapps al día, incluyendo emojis, no les da miedo la cursilería. Y conforme van avanzando en esa relación lo que hay son palabras por mi lado y palabras por el suyo, déjenme dejar esto aquí que ya me estorbó, y entonces estas palabras van caminando, caminando y de pronto ‘chaz’ nos entrelazan. Nos entrelazan de una manera tan fuerte, tan brutal que no nos podemos separar. Que el olvido es tan largo como lo decía Pablo Neruda. Que uno le arde en la memoria el recuerdo de un cuerpo, como decía Paz. Cuando te trenzas así, ya funcionó. Porque ojo, las palabras nos unen mucho más que la carne, aunque no lo crean, eso se les quita con unos años. Pero no solo esto, llévenlo más adelante, piensen por favor en su primer beso. En su primer beso de a deveras. O sea no el primer beso paterno ni materno, este primer beso de amor donde estaba toda su pasión. ¿Cuánto duró? Unos segundos. No creo que haya durado dos minutos, ya empieza a resultar aburrido un beso de dos minutos. Esos dos segunditos, tres, quince segunditos que duró el beso los van a perseguir todo su vida. Cierro los ojos y te vuelve a llegar, es en ese momento que entiendes a Quevedo y dices yo voy a hacer polvo enamorado.

01:17:21
José Luis Trueba Lara. ¿Por qué? Porque cuando me muera ese beso me va a seguir aunque sea polvo. Pero no solo eso, ese acto de amor nos lleva tan lejos que somos capaces de desafiar a la muerte, que somos capaces de desafiarlo a todo. Solo podré amar a esta otra persona si asumo que somos dos instrumentos musicales que están tocando la misma melodía. Si no somos capaces de tocar la misma melodía y seguir siendo dos instrumentos musicales, esto se amoló, se acabó. Y entonces vendrán las canciones de desamor que duelen más. Piénsenlo un momento, cada vez que tocamos como dos instrumentos, la misma canción, somos capaces de hacerla más viva. Y no solo eso, estamos entrelazados con algo que no se puede tocar. Esas notas que salieron ahí, que brotaron de las cuerdas, pensando que son cuerdas, no las podemos tocar, porque ojo, mi problema no es si esta persona cumple todas mis expectativas, no, no la hay, ella y yo tocamos la misma canción. No es si ella es rica o pobre, no, es que tocamos la misma canción. Es que ojo, en una habitación ella y yo, cuando estamos solos podemos construir un universo. Un universo donde todo se queda afuera, donde nada importa. Estos dos amantes que están en su recámara o en cualquier otro lugar, cada quien escoge el de mejor preferencia, esos dos amantes nada les importa, Tienen un tiempo eterno, aunque sea finito, perdón que diga algo contradictorio pero así es. Tienen un tiempo que se les queda grabado en la piel. Eso es lo más importante que te puede pasar en la vida, por lo menos desde mi punto de vista. Es decir, si ustedes me preguntaran oye José Luis, y ¿por qué vale la pena estar aquí? Pues la razón en el fondo sería muy pequeñita. Yo estoy aquí porque estoy dispuesto a seguir amando, amando hasta que se me raje la carne, hasta que se me raje el corazón.

01:20:30
José Luis Trueba Lara. Estoy aquí porque estoy dispuesto a seguir peleando todos los días por mi libertad y por la libertad de todos, aunque no quieran. Estoy aquí porque creo irracionalmente en la razón. Estoy aquí sobre todo porque creo que podemos crear el mundo que nos merecemos y eso es mi esperanza. Eso es mi sueño. Y ojalá, ojalá un día nos encontremos ahí, donde sea, en la calle, como gente de a pie que somos y digamos, lo logramos, tenemos un buen mundo, tenemos un mundo libre, tenemos un mundo amoroso y tenemos, si es posible, un mundo racional. Gracias, gracias de verdad. Gracias, gracias. No, el aplauso es para ustedes que aguantaron vara.