08:43
Michelle Aziz. Y entonces, ¿qué pasa? ¿Qué hace nuestro hijo? Llora, Grita, muerde, pega, avienta. ¿Por qué? Porque literalmente es lo único que tiene porque la parte, las opciones asertivas adultas que piensa, que piensa en las consecuencias, viven en esta parte del cerebro que en ese momento está completamente apagado, desconectado. Y entonces, ¿qué pasa? Lo que él te está haciendo con su mal comportamiento, cuando está llorando, gritando, pegando, mordiendo, etcétera, es decirte mamá, papá, ¡auxilio! Algo me está pasando, exploté como un volcán, no puedo solito y te necesito a ti, que tú me ayudes. ¿Por qué? Porque como yo no tengo cerebro racional en este momento, necesito que tú, con tu cerebro racional, me ayudes a mí a regularme a mí. Pero te lo pide de las peores maneras. Entonces ahora ¿qué tenemos que hacer nosotros como adultos? Nosotros tenemos que ser su freno de mano externo, su cerebro racional externo y ayudarlo a que este fuego se apague. Cuando este fuego se apaga, el niño se vuelve a sentir conectado con nosotros. Y otra vez qué pasa con este cerebro, tic, tic, tic, tic, tic, se vuelve a construir y poco a poco se va construyendo más. Entonces creo que lo principal con el tema de berrinches es que hay que quitarnos la creencia que muchas veces viene de nuestros papás, de nuestros abuelos, de lo que hemos escuchado que los berrinches son para manipularnos, que los berrinches son para fregarnos. Que los berrinches son, es que ya me tomó la medida y entonces lo hace porque sabe perfectamente que a mí me molesta, eso no son los berrinches. Les quiero dar un pequeño acordeón que a ver, quiero ser súper clara con esto. Muchas veces me escuchan y todos dicen suena increíble, pero te invito a mi casa a que veas cómo hace berrinches mi hijo, porque qué padre, lo que me estás contando, pero esto está incontrolable, suenan muy románticos, pero es como les voy a dar, como las mejores prácticas y el chiste es que traten de acercarse lo más que puedan a estos cuatro pasos. El primer paso para poder regular un berrinche es yo regularme a mí. Obsérvense como si su hijo está enojado y ustedes también están gritándoles y enojados, después se arrepienten, le dicen cosas que no les gustaría y acaban ustedes sintiéndose peor y no regularon bien el berrinche. Lo segundo es que el incendio del cerebro se vaya apagando poco a poco. ¿Cómo hacemos esto? Literalmente nos sentamos con nuestros hijos y le decimos veo que estás enojado. Cuando el cerebro está en incendio, todas las carreteritas, que normalmente tenemos carreteritas que vienen y que van. Yo veo, yo escucho, yo hablo. En el momento del berrinche, literalmente como caricatura, ven negro y solamente están todas las carreteritas de un sentido. Entonces si yo empiezo con mi choro mareador no me está escuchando nada. Entonces lo que tengo que hacer es literalmente sentarme, acompañarlo, prestarle mi calma y no tengo que decir más que estás muy enojado. Y lo volteó a ver con cara empática. Está perdiendo el control porque no tiene otra manera de hacerlo. Y entonces aquí estoy contigo, entonces veo que estás muy enojado. Ojo, muy importante que en este paso le pongamos el límite. No se vale, se vale que estés enojado, no se vale pegar. Se vale que estés frustrado, no se vale aventar la comida. Se vale que esté celoso, no se vale pegarle a tu hermanita. Se vale que no te haya gustado y que estés enojado, no se vale que tú te estés lastimando. Le ponemos el límite, pero lo acompañamos. De ahí llega un punto en donde el berrinche empieza… y cachamos perfectamente cómo va bajando, hay un pico del berrinche así explosivo y de repente ya va bajando y se empieza un poco a regular. En ese momento aprovechamos y pasamos al tercer paso, que es nos volvemos a conectar con él, lo cargamos, lo apapachamos, lo abrazamos, lo consolamos y aquí muchos papás me dicen no, no, no, no estás loca.