COMPARTIR
Generated with Avocode. Path Generated with Avocode. Rectangle Copy Rectangle Icon : Pause Rectangle Rectangle Copy

Cuatro pasos para manejar los berrinches de tus hijos

Michelle Aziz

Cuatro pasos para manejar los berrinches de tus hijos

Michelle Aziz

Psicoterapeuta


Creando oportunidades

Michelle Aziz

Michelle Aziz es pedagoga y especialista en crianza y desarrollo infantil, enfocada en la etapa primera infancia; es decir, de 0 a 7 años. Desde joven supo que quería trabajar con niños, lo que la llevó a estudiar educación preescolar y a profundizar en la importancia del vínculo entre hijos y padres en los primeros años de vida.

Tras varios años de consulta con niños, identificó que muchas de las problemáticas podían abordarse directamente con los padres, por lo que decidió orientar su práctica hacia el acompañamiento parental. Con más de una década de experiencia, se ha especializado en el manejo de berrinches y la crianza emocional, desarrollando herramientas prácticas para familias.

Es autora de libros infantiles como “Amaya ¡Estalla!”, “Roberto el Robot”, “Los berrinches de mamá”, “Cel-oso” y “Rejas y sus Orejas”, así como del manual para adultos “Berrinches: Herramientas para una crianza emocional”. Su trabajo integra la importancia de los límites, la conexión emocional y la autonomía infantil, promoviendo una crianza consciente y equilibrada.


Transcripción

00:00
Michelle Aziz. Mi nombre es Michelle Aziz. Yo toda la vida supe que quise dedicarme a trabajar algo con niños. Siempre fui muy niñera, siempre me encantaron. Estudié pedagogía, estudié educación preescolar y me di cuenta que lo que más me gustaba de los niños eran los primeros siete años y me clavo con todo lo que tenga que ver con niños de 0 a 7 años, principalmente en la crianza y en el vínculo y en la relación de los niños con mamá y con papá, que todos sabemos que los primeros siete años de vida son la etapa más importante del desarrollo del cerebro. Entonces me voy, me dedico al tema de la crianza, me meto mucho al tema del vínculo, al tema del comportamiento de los niños, de las emociones, de los cambios, de las transiciones, de lo típico que nos pasa de los cero a los siete años, y me doy cuenta que mucho de lo que podía hacer con los niños lo podía trabajar directamente con los papás. Cuando me cae esta realización cierro mi consultorio y abro consulta para los padres. Llevo ya más de diez años trabajando con papás. Y mucho de lo que me pasó trabajando con los papás es que todos queremos ser una mejor versión de mamá o de papá para nuestros hijos, ¿o no? Todos queremos tener mejores herramientas, todos queremos hacer las cosas diferentes que como lo hicieron con nosotros. Todos queremos que nuestros hijos sean felices, pero que crezcan sanos, pero que tengan buena relación con nosotros, pero que crezcan de una mejor manera. Hoy en día tenemos tanta información, mucha muy valiosa y mucha de repente no tanto, pero lo que más yo valoro de todos ustedes es su disposición para hacer las cosas diferentes, para no seguir repitiendo patrones sin cuestionárselo. Y al trabajar con esto, el tema que más me llegaba, que probablemente es el que más vamos a platicar hoy, es el tema de los berrinches. Es qué hago con un berrinche, cómo lo manejo, qué herramientas hago, pero es que mi hijo explota, pero es que yo me desespero, pero es que yo termino gritándole y después me empiezo a sentir culpable. ¿Qué hago? Y entonces, por azares del destino, me volví especialista en berrinches. Después de dedicarme a trabajar especialmente el tema de los berrinches, escribí un libro que se llama Amaya ¡Estalla! Es un libro infantil y a partir de este libro infantil me voy por todo el hilo de los libros infantiles, saco un libro para madres, padres y cuidadores que se llama Berrinches: Herramientas para una crianza emocional, y de ahí me dedico a escribir más libros infantiles. Tengo un libro que se llama Roberto el Robot, que ahorita se los voy a platicar. Tengo un libro que se llama Los berrinches de mamá, tengo un libro que se llama Cel-oso, que habla del tema de los celos, y el nuevo que acaba de salir y que está por estrenarse se llama Rejas y sus Orejas. Bueno, esto es un poquito quién soy yo, qué hago aquí y pues bienvenidos a todos. Gracias por venir y listísima.

02:47
Walter. Muy buen día, Walter Barbosa. Soy padre de tres hijos. Como bien lo comentas, hemos tratado de estar corrigiendo esos errores que han cometido los padres con nosotros, pero muchas veces cometemos nuevos errores. ¿Cuáles serían los errores más comunes que cometemos como padres?

03:02
Michelle Aziz. Yo creo que hoy en día uno de los grandes problemas o de los grandes errores que estamos cometiendo como padres, el primero es que estamos siendo padres súper sobreprotectores. Con toda esta nueva información que tenemos y con todo, no hagas esto, pero cuidado con que le digas a tu hijo esto, pero evita decir la palabra no, pero evita que tu hijo haga esto. Y entonces de repente estamos tan llenos como de miedo de repente de no saber qué hacer y queremos hacer completamente lo contrario que hicieron nuestros padres con nosotros que nos vamos y penduleamos hacia el otro extremo. ¿A dónde? Venimos de una crianza como más autoritaria, como más conductual, por más que lo digo yo. Y estamos penduleando al otro extremo a la sobreprotección, entonces es cuidado, no quiero que mi hijo sufra, pero no quiero que sienta frustración, pero no quiero que se enoje, pero no quiero y me da miedo todo este tipo de reacciones de mi hijo. Entonces la sobreprotección es uno de los grandes problemas que estoy viendo yo hoy en día. El segundo error que estoy viendo mucho es la desconexión. Muchas veces estamos tan saturados de pantallas, de actividades, de cosas, que al llegar con nuestros hijos ya estamos cansados, pero ya estamos hartos, pero ya estamos estresados, pero tenemos mil problemas y mil preocupaciones. Tenemos el celular que no deja de sonar y entonces muchas veces estamos desconectados con ellos. Porque ojo, esto es bien importante, el estar pasando tiempo con tu hijo no significa que estás conectado. Puedes estar pasando tiempo y estar, tengo que tener estos pendientes listos pa’ la chamba. Híjole, es que estoy preocupada por esta cosa, y no estar verdaderamente conectando. Nosotros no somos padres perfectos y nuestros hijos no necesitan que seamos padres perfectos. Necesitamos ser como, Donald Winnicott, un gran escritor pediatra era, decía nuestros hijos no necesitan a unos padres perfectos, necesitan a unos padres suficientemente buenos. Entonces también hacer mucho las paces como papás que no lo vamos a hacer perfecto, que vamos a cometer errores y que vamos a causar, obviamente desde una manera no a propósito, heridas en nuestros hijos. Entonces el chiste es pues hacerlo más consciente nosotros para traumarlos lo menos posible que podamos nosotros a nuestros hijos.

05:19
Cristina. Hola Michelle, un gusto saludarte, Cristina Vázquez. Gracias por tocar un tema tan importante como los berrinches. Todos sabemos lo que es porque lo hemos vivido con nuestros hijos. Pero exactamente, ¿qué son los berrinches?

05:32
Michelle Aziz. Los berrinches son una emoción muy fuerte dentro de los niños que no tienen la capacidad, ni la asertividad, ni la regulación emocional, ni el desarrollo del cerebro para regularlos. ¿A qué me refiero con esto? Hay que imaginarnos que en el cerebro existen como dos cerebros, dos partes muy importantes del cerebro. Primero tenemos la parte emocional, el cerebro emocional, y después tenemos el cerebro racional. Un niño, cuando nace, el cerebro racional, que es el cerebro que piensa, que anticipa, que pone límites, el cerebro más adulto está completamente apagado. Un niño recién nacido, cuando tiene algún tipo de necesidad, simple y sencillamente llora. ¿Qué pasa? Su cerebro, que es el cerebro emocional, está construido como si fuera un edificio, imagínense como de cuatro pisos así de concreto, muy choncho, muy bien armado, muy bien puesto. ¿Y entonces qué pasa? Nacemos con el cerebro emocional muy bien construido y con el cerebro racional completamente apagado. Conforme vamos creciendo los primeros años de vida, el cerebro racional se empieza a construir. Al principio es como de palitos. Después empieza a ser de maderita y eventualmente acaba siendo un edificio de 16 pisos de acero inoxidable, ventanas blindadas, así muy profesional. Pero para que esto suceda pasan 25 años. Entonces, qué pasa, la típica etapa de los berrinches, 2, 3, 4 años, los terribles dos que lo llaman, que a mí me parecen perfectamente maravillosos, pero entiendo desde dónde viene esta terminología de los terribles, un hijo que te hace berrinche se avienta, se azota, patalea, se jala, te muerde, te escupe, se hace chichones. El otro día me llegó una mamá a consulta con un video de la niña, un moretón así, un chichón morado, me decía es que se pegaba ella solita contra la mesa. ¿Qué pasa con el cerebro de nuestros hijos? Cuando tú, adulto, le dices que no a algo, ya deja de jugar, o le das el vaso incorrecto que el que él quería, él quería el morado y le diste el azul. O, estaba haciendo algo, estaba muy contento y lo frenaste, o lo metiste a bañar o lo sacaste de bañar. O le cortaste el sándwich cuando él lo quería, volverlo a pegar, o le pegaste el plátano y quería que estuviera otra vez completo. Y entonces para nosotros los adultos que tenemos nuestro cerebro racional completamente desarrollado, decimos por qué llora por eso, es una tontería, es el mismo sándwich si está partido o está completo, es lo mismo. Para él no. Para él en su cerebro emocional existe la amígdala y entonces la amígdala está en su trono y de repente nota que tú le dices que no, o que lo impides hacer algo que le estaba dando gusto o que lo frenas. Y entonces mamá me dice que no, y entonces automáticamente la amígdala le dice hey, esto no me parece. Incendia todo el cerebro. Y entonces cuando el cerebro ve que está todo incendiado, dice oh oh, estoy en problemas, ¿qué puedo hacer? Y entonces abre una cajita de herramientas. Y en esta cajita de herramientas, ¿cuáles creen que son sus opciones? Llorar, gritar, morder, pegar, escupir, jalarme, morder, aventar.

08:43
Michelle Aziz. Y entonces, ¿qué pasa? ¿Qué hace nuestro hijo? Llora, Grita, muerde, pega, avienta. ¿Por qué? Porque literalmente es lo único que tiene porque la parte, las opciones asertivas adultas que piensa, que piensa en las consecuencias, viven en esta parte del cerebro que en ese momento está completamente apagado, desconectado. Y entonces, ¿qué pasa? Lo que él te está haciendo con su mal comportamiento, cuando está llorando, gritando, pegando, mordiendo, etcétera, es decirte mamá, papá, ¡auxilio! Algo me está pasando, exploté como un volcán, no puedo solito y te necesito a ti, que tú me ayudes. ¿Por qué? Porque como yo no tengo cerebro racional en este momento, necesito que tú, con tu cerebro racional, me ayudes a mí a regularme a mí. Pero te lo pide de las peores maneras. Entonces ahora ¿qué tenemos que hacer nosotros como adultos? Nosotros tenemos que ser su freno de mano externo, su cerebro racional externo y ayudarlo a que este fuego se apague. Cuando este fuego se apaga, el niño se vuelve a sentir conectado con nosotros. Y otra vez qué pasa con este cerebro, tic, tic, tic, tic, tic, se vuelve a construir y poco a poco se va construyendo más. Entonces creo que lo principal con el tema de berrinches es que hay que quitarnos la creencia que muchas veces viene de nuestros papás, de nuestros abuelos, de lo que hemos escuchado que los berrinches son para manipularnos, que los berrinches son para fregarnos. Que los berrinches son, es que ya me tomó la medida y entonces lo hace porque sabe perfectamente que a mí me molesta, eso no son los berrinches. Les quiero dar un pequeño acordeón que a ver, quiero ser súper clara con esto. Muchas veces me escuchan y todos dicen suena increíble, pero te invito a mi casa a que veas cómo hace berrinches mi hijo, porque qué padre, lo que me estás contando, pero esto está incontrolable, suenan muy románticos, pero es como les voy a dar, como las mejores prácticas y el chiste es que traten de acercarse lo más que puedan a estos cuatro pasos. El primer paso para poder regular un berrinche es yo regularme a mí. Obsérvense como si su hijo está enojado y ustedes también están gritándoles y enojados, después se arrepienten, le dicen cosas que no les gustaría y acaban ustedes sintiéndose peor y no regularon bien el berrinche. Lo segundo es que el incendio del cerebro se vaya apagando poco a poco. ¿Cómo hacemos esto? Literalmente nos sentamos con nuestros hijos y le decimos veo que estás enojado. Cuando el cerebro está en incendio, todas las carreteritas, que normalmente tenemos carreteritas que vienen y que van. Yo veo, yo escucho, yo hablo. En el momento del berrinche, literalmente como caricatura, ven negro y solamente están todas las carreteritas de un sentido. Entonces si yo empiezo con mi choro mareador no me está escuchando nada. Entonces lo que tengo que hacer es literalmente sentarme, acompañarlo, prestarle mi calma y no tengo que decir más que estás muy enojado. Y lo volteó a ver con cara empática. Está perdiendo el control porque no tiene otra manera de hacerlo. Y entonces aquí estoy contigo, entonces veo que estás muy enojado. Ojo, muy importante que en este paso le pongamos el límite. No se vale, se vale que estés enojado, no se vale pegar. Se vale que estés frustrado, no se vale aventar la comida. Se vale que esté celoso, no se vale pegarle a tu hermanita. Se vale que no te haya gustado y que estés enojado, no se vale que tú te estés lastimando. Le ponemos el límite, pero lo acompañamos. De ahí llega un punto en donde el berrinche empieza… y cachamos perfectamente cómo va bajando, hay un pico del berrinche así explosivo y de repente ya va bajando y se empieza un poco a regular. En ese momento aprovechamos y pasamos al tercer paso, que es nos volvemos a conectar con él, lo cargamos, lo apapachamos, lo abrazamos, lo consolamos y aquí muchos papás me dicen no, no, no, no estás loca.

12:21
Michelle Aziz. O sea, si yo lo abrazo, él va a creer que está bien pegar, que está bien morder, que está bien aventar, que está bien y no, yo le tengo que enseñar que no está bien. Ojo, el vínculo nunca es una consecuencia, se porte como se porte, yo me voy a seguir vinculando con él, yo voy a seguir rellenandole su batería emocional. Entonces el paso tres es le relleno la batería emocional. ¿Por qué? Porque mi cerebro solamente se va a construir y se va a conectar estas dos partes del cerebro cuando mamá está regulada, cuando yo estoy regulado y cuando yo y mamá, o papá, estamos conectados. Y cuando logremos estos tres pasos pasamos al cuarto paso, que es platicar sobre lo que pasó. Es muy importante que usemos el cuarto paso y que reflexionemos con nuestro hijo qué fue lo que pasó. Oye, ¿ya te diste cuenta que cuando te enojas pegas? ¿Ya te diste cuenta que cuando le doy de comer a tu hermanita sientes celos y te avientas al piso? ¿Ya te diste cuenta que cuando sientes esto actúas así? ¿Por qué? Porque en el momento del berrinche, cuando la parte de nuestro cerebro que piensa se desconecta, el cerebro solamente está como en la parte más instintiva, más animalita. Y entonces nunca pensó qué es lo que está pasando. Entonces nosotros lo que tenemos que hacer es ayudarle a alimentar este cablecito entre las dos partes del cerebro. Esto es lo que sientes y esto es lo que actúas. Y esto es lo que tienes que hacer, porque aquí nosotros, teniendo esta reflexión con ellos, hacemos que esta parte se siga construyendo de una manera más derechita, de una manera más fuerte para que eventualmente, cuando sea un adulto se frustre porque frustraciones vamos a tener toda la vida, pero cuando sea un poquito más grande o cuando sea adulto, cualquier cosa que se frustre, yo puedo decir a ver, yo voy a pensar antes de actuar, yo voy a respirar, me voy a echar agua en las manos, me voy a echar agua en la cara, me voy a salir de la situación porque ya puedo usar estrategias más asertivas que las que usaba de niño.

14:28
Jessica. Hola Michelle. Muchas gracias por la información tan valiosa que nos das. Yo soy Jessica, soy mamá y considero que la forma de criar a los hijos ha cambiado muchísimo, mis papás me educaron distinto a como yo hoy hago en casa, y quisiera saber, ¿qué piensas sobre los diferentes tipos de crianza?

14:44
Michelle Aziz. Nosotros venimos como cultura, como generaciones pasadas, de una crianza muy conductual que yo la llamo muy autoritaria, muy porque lo digo yo, yo soy tu papá y los niños son para verse, no para oírse. Y comen en la cocina, o sea, una cosa muchísimo más agresiva. No se porta bien entonces lo ignoro. No quiere comer, lo dejo sin comer, no quiere, o sea, una cosa muchísimo más autoritaria, en donde lo más importante en esta crianza era que tu hijo te respetara y se portara bien. Llegabas al hospital recién nacido y, ¿cómo se porta? ¿Cómo se va a portar? Es un bebé recién nacido, pero tenemos el chip de que es muy importante, de cómo se porte. Y que la conducta, y entonces todo era hecho para que su conducta y sus comportamientos fueran buenos comportamientos. Nosotros, que somos hijos, nietos, bisnietos de este estilo de crianza, crecemos no teniéndoles tanta confianza a nuestros papás, teniéndoles miedo de decir ciertas cosas sabiendo que no sé, a mí igual y me dieron nalgadas o me pegaron y entonces yo le agarré un coraje a mis papás y yo quiero hacer las cosas diferentes, pero como somos buenísimos para pendulear nos vamos de este extremo, de este estilo de crianza al otro extremo completamente, en donde caemos en una crianza muy permisiva, en una crianza muy sobreprotectora, en una crianza en donde enaltecemos a los niños y es casi casi lo que el niño quiera. Y entonces no, no, no le voy a poner un límite porque se va a enojar y no, no, no, no, mejor no le voy a decir que no porque me va a dejar de querer. No, no, no, entonces mejor. Y los tratamos como pincitas. No los dejamos frustrarse, no los dejamos equivocarse. Incluso se ha visto hoy en día que ya está de moda, que cada vez que nace un bebé, todo el espacio en donde vivimos, toda la casa, toda la preparamos para el bebé. Cerramos los cajones, estamos tan organizados y tan hechos para sobreproteger que estamos yendo al otro extremo. Y yo lo que les vengo a proponer es un balance, una crianza, lo que yo llamo la crianza emocional. Que ojo, vamos a agarrar lo que funcionó de la crianza de nuestros padres, de nuestros abuelos, que es la crianza conductual y lo que está funcionando hoy en día con esta crianza permisiva. Porque ojo, no todo es negativo de ninguno de los dos lados. Del lado de la crianza conductual, primero vamos a agarrar los límites, que es algo muy importante que en la crianza de hoy en día se están perdiendo mucho. Es como estamos muy permisivos, dejamos que haga lo que sea y no, es bien importante que los niños vivan y tengan límites. Entonces lo primero es vamos a agarrar los límites y vamos a agarrar la estructura, vamos a agarrar la rutina, vamos a agarrar como esta parte de contención en donde mamá y papá nos poníamos por encima de los niños en esta jerarquía y nosotros decidíamos. Y por el otro lado de la crianza nueva, de la crianza permisiva, lo que vamos a agarrar es el cariño a nuestros hijos. Hubo un estudio que salió que los papás millennials pasan más de tres veces el tiempo que pasaban sus propios papás con sus hijos. Entonces toda la dedicación, todo el tiempo, toda la conexión, toda el reconocimiento de emociones, todo el considerar al niño como este ser de derecho, como este ser que vale y es importante su opinión y lo que tenga que ver.

17:52
Michelle Aziz. Y entonces, ¿qué vamos a hacer? Vamos a encontrar un balance en donde vamos a agarrar los límites y la estructura de este lado, con el cariño, con la empatía y con el reconocimiento del niño de este lado. Y vamos a encontrar una nueva manera en donde yo voy a criar, con mucho amor, pero con límites, con estructura, con rutinas. ¿Por qué? Porque muchas veces me llegan a consulta papás de ¿qué hago? Mi hijo ya tiene nueve años, qué, ya me amolé ¿cómo le hago? No se preocupen, si nosotros queremos hacer las cosas diferentes, podemos empezar desde hoy. Hoy podemos empezar a poner límites, hoy podemos empezar a hacer las cosas diferentes, hoy podemos ser más empáticos y cariñosos con nuestros hijos. Entonces, si sienten que han estado pecando un poco, como de mucha autoridad o un poco de mucha permisividad, lo que podemos hacer es regresar. Por supuesto que va a costar un poco más de trabajo, más si los niños son un poquito más grandes y va a costar también una cuestión de acostumbrarme yo así empezar como a cumplir estos límites. Pero se puede hacer completamente diferente. Y al hacerlo hoy, si yo hoy, a mis 30 y tantos años decido ir a terapia, en ese momento puedo cambiar la situación. Entonces no solamente es como híjole, ya te pasaste la etapa de los primeros siete años, ya no hay vuelta atrás, no, no se angustien, siempre podemos hacer las cosas diferentes cuando queramos.

19:13
Raquel. Soy Raquel Luis Hernández. Es bueno estar contigo, información valiosa. Y te pregunto lo siguiente, ¿consideras que hoy en día los hijos toman decisiones más allá de las que deben en la familia?

19:28
Michelle Aziz. Sí. Mire, en esta crianza que estamos teniendo hoy en día, muchas veces estamos perdiendo jerarquía. ¿Qué es la jerarquía? La jerarquía es el orden que nosotros tomamos en un espacio, en un sistema, en un grupo. En una escuela la jerarquía está la directora, están las maestras y están los alumnos. En una familia la jerarquía, están los papás y están los hijos por abajo. En esta nueva crianza que estamos viviendo como muy permisiva, muy sobreprotectora de nuestros hijos, lo que estamos haciendo es, estamos poniendo a nuestros hijos a nuestro mismo nivel o incluso más arriba que nosotros. ¿Y qué pasa? Esto por un lado, a los niños puede ser como, ‘yes’ gané y lo logré, imagínense que los límites son como una pared y entonces el niño va a estar empujando el límite, no quiero bañarme, no quiero bañarme, no quiero bañarme, no quiero bañarme, y entonces ya estás agotada, ya es el quinto berrinche del día, dices bueno ya, no te bañes y la pared se les mueve. Por un lado los niños dicen gané, bien, gané, pero por otro lado les entra un vacío de… ¿y ahora yo decido? ¿Y ahora yo tengo que tomar control de esta situación? Pero cuando empiezan a ponerse así y ellos tomando estas decisiones que no les corresponde, empezamos a perder los niveles de jerarquía y esto a la larga es muy preocupante para los niños, porque repito, los niños necesitan mamá y papá que estén por encima de ellos, que sean más fuertes, que sean más sabios, que sean, que tengan control de la situación. ¿Por qué? Porque los niños no pueden controlar. No pueden decidir cosas que están fuera de sus manos. Ahora, hay decisiones por supuesto que hay una etapa justo de las que estoy platicando, de los terribles dos de los niños en donde ellos empiezan con más ganas de decidir, empiezan a a rebelarse, empiezan a retar más los límites, porque hay una etapa muy importante en donde los niños se empiezan a hacer personitas, empiezan a formar su personalidad, se empiezan a individualizar de nosotros y entonces necesitan tomar decisiones. Entonces hay decisiones que sí les vamos a dar a nuestros hijos, pero las más importantes las vamos a poner nosotros. Yo decidí como mamá y papá qué va a desayunar fruta. ¿Qué quieres? ¿Pera o manzana? Y entonces, al darle a los niños estas opciones, mini opciones que normalmente son controladas y son decididas anteriormente por el adulto, los niños empiezan a, ok, esta. Yo quiero esto, elijo esto. Y entonces poco a poco los niños van tomando estas decisiones. El problema viene cuando nosotros les damos decisiones que no tienen nada que ver y que ellos no pueden todavía, no tienen el cerebro desarrollado para poder decidir. ¿Cuáles son las decisiones que sí dependen del adulto? Primero las que tienen que ver con su seguridad, con las cosas que físicamente lo hacen estar seguro. El tema de la rutina, por ejemplo, el que tenga que estar, ir al colegio, que se tenga que bañar, que tenga que lavarse los dientes, que tenga que sentarse a desayunar. Y muchos límites que dependen de los adultos, de cómo está la economía, de qué escuela van a ir, principalmente cuando son como más chiquitos. O sea, todas este estilo de decisiones que tienen que ver con los adultos, que tienen que ver con la seguridad de los niños, que tienen que ver con el bienestar de los niños. Ahora, les tengo una noticia los límites causan berrinche. Entonces muchas veces uno de los grandes errores que cometemos como adultos es que le pongo un límite, pero me hizo un tal berrinche que digo ya, ya, ya, okay, okay, okay, sí, ya come lo que quieras o haz lo que quieras. ¿Y entonces qué pasa? Poco a poco yo estoy perdiendo autoridad y jerarquía porque lo estoy permitiendo que él decida, que él escoja, que cualquier mini límite que yo le ponga se pueda romper por miedo que me da a mí de adulto a su berrinche. Por eso es bien importante que nosotros nos quedemos como muy marcados en que no podemos ceder ante los berrinches.

23:12
Michelle Aziz. Ustedes pueden con los berrinches. Ya sé que de repente parecen así espantosos y duran años y ya es el octavo berrinche, pero nosotros somos los adultos, nosotros tenemos la capacidad cerebral, emocional y la asertividad para regular estos berrinches. Entonces acuérdense, nosotros ponemos el marco y dentro del marco los niños ya hay un poquito más de flexibilidad, porque tampoco se trata de ser casi casi militarizados y que los niños no puedan escoger nada, porque también les va a dar mucha seguridad y mucha autoestima como, yo escogí que me voy a poner, igual y el fin de semana. Ok, pues vamos a ir a la plaza, vamos a ir a casa de los abuelos, que ellos escojan. El hecho de que el niño llegue, abra su closet y escoja que ponerse, aunque parezca caja fuerte porque esté completamente descombinado, ahí le va a dar gusto muchas veces también cachar qué cosas son nuestras, estamos así de no, no puede ser, eso no combina. También tenemos que poder aceptar eso de nosotros, no pasa nada, también son niños y también hay que dejarlos dentro de ese marco, que ellos también puedan un poco encontrar como esta libertad.

24:17
Ivonne. Hola Michelle, soy Ivonne. Tengo una hija de 11 años y quisiera saber ¿cuál es el impacto o la importancia que tiene que los padres estén bien para que los hijos estén bien?

24:27
Michelle Aziz. Nosotros como madres y padres somos la herramienta principal en la crianza de nuestros hijos. Si eres contador, pues tu herramienta es el Excel. Si eres carnicero, tu herramienta es el cuchillo. Pero si eres mamá o papá, tú eres tu propia herramienta. Si tú no estás bien, si tú estás cansada, si tú estás desvelada, si tú estás anímica y tienes algún tipo de problema de salud, tú no vas a estar bien para tus hijos y es lo más importante. Ya sé que esto igual puede estar un poco trillado, pero cuando tú te subes a un avión el piloto dice en caso de despresurización de la cabina, primero te pones la mascarilla de oxígeno tú y después se la pones a un menor. A mí mi lógica de adulto diría para nada, yo aguanto la respiración, me sacrifico, se lo pongo a mi hijo y después me lo pongo a mí. Y esto es lo peor que podemos hacer, porque ¿qué pasa si yo le pongo la mascarilla a mi hijo y en el inter yo me desmayo? Mi hijo ya no va a poder sin mí. Y esto, lo mismo pasa en la maternidad, pasa en la paternidad. Yo necesito ponerme mi mascarilla de oxígeno primero. Muchas veces nos han hecho creer en toda esta cultura judeocristiana en la que crecimos, en que si yo soy una mamá mártir, si yo soy una mamá que me sacrifico por mis hijos, me dan puntos y palomita, palomita. Yo lo que tengo que hacer es primero cuidarme a mí, nos han hecho creer que eso es ser egoísta. Yo necesito ser egoísta, yo necesito estar bien, yo necesito comer, yo necesito dormir, yo necesito poderme tomar mi cafecito calientito en la mañana, porque si yo no estoy bien, mi hijo no va a estar bien. ¿Y cómo se traduce esto? Nuestros hijos cuando nacen, dicen oh, oh estoy en problemas, yo no puedo comer solo, yo no me puedo cuidar solo, yo no puedo caminar, ni gatear ni nada solo. Pero voltean a ver y dicen, pero que padre, tengo estas dos personitas que me ayudan cuando lo necesito. Y entonces, ¿qué pasa? Yo como bebé me vuelvo experto en leer a mamá y a papá y entonces se me desarrollan como unos lentes, imagínense, en donde todo el tiempo estoy observando a mamá y a papá. Y entonces si mamá pone una cara, yo estoy perfectamente conectada. Si mi mamá está enojada, yo estoy perfectamente conectada. Y entonces el perfecto ejemplo es, no sé si les ha pasado, está su hijo corriendo y de repente se cae y antes de reaccionar te voltea a ver como, ¿qué tan grave estuvo? Si tú, tu reacción es leve porque igual y no eres tan aprensiva y tu reacción es, ay, a ver cómo estás, su reacción va a ser leve. Pero si por lo contrario tú empiezas y pones cara de susto, híjole, este niño se rompió la cabeza, su reacción llora mucho más. ¿Por qué? Porque tú, mamá y papá, eres su referencia del mundo. Entonces, ¿cómo pasa esto en el día a día? Si tú estás nerviosa, preocupada, cansada, enferma, estresada y estás desconectada, tu hijo te voltea a ver y dice hay algo pasando, estoy en peligro. ¿Y cómo creen que su hijo representa estoy en peligro? Llorando, gritando, mordiendo, pegando. ¿Por qué? Porque siente su batería emocional desconectada y dice si mi mamá y mi papá están poniendo esta cara y traen este lenguaje no verbal, porque somos típicos que creemos que solamente nuestros hijos nos hacen caso con lo que les decimos, son expertos leyéndonos. O sea, el día que ustedes están nerviosos, están preocupados, están sintiendo algo, nuestros hijos lo detectan rapidísimo.

27:48
Michelle Aziz. ¿Por qué? Porque tienen unos lentes profesionales en donde cualquier micro expresión de tu cara, de tu gesto, de todo, lo detectan y lo leen. Y entonces, cuando no te ven bien, el mensaje que ellos reciben inconscientemente es, oh oh, no estoy bien y lo van a representar. Y entonces se vuelve un poco un círculo vicioso en donde pues tú no estás bien, él tampoco está bien, hace más berrinches, tú te descontrolas más y entonces se empieza a volver una bola de nieve bajando, así como avalancha de la montaña en donde quién la puede detener. Entonces es muy importante que a ver, somos humanos, yo lo entiendo, pero si nosotros podemos empezar a ser un poco más egoístas y no lo quiero decir en el mal sentido de la palabra, pero un poco más el yo me voy a cuidar, yo voy a pedir ayuda, yo voy a pedir que mi tribu me ayude con diferentes situaciones, con mis hijos para poder yo estar bien con mi hijo, esto se traduce a que él va a estar bien. Entonces esta parte de regularme emocionalmente, de descansar, de tener hobbies, de tener tiempo libre, de tener tiempo en pareja, de poder yo estar bien primero como mamá, como papá, como persona, como pareja y eventualmente mis hijos van a estar mucho más tranquilos, mucho más regulados y en el momento que se desregulen, que va a pasar varias veces al día, yo voy a estar con la capacidad de regularme a mí misma para poder regularlos a ellos.

29:12
Verónica. Hola Michelle. Mi nombre es Verónica, y de hecho tengo una niña pequeña. Yo quisiera que me ayudaras a ver cómo puedo fortalecer el vínculo con mi hija.

29:21
Michelle Aziz. Este es de mis temas favoritos. Les quiero platicar y les quiero presentar a Roberto el Robot. Roberto es un robot que tiene dentro de él una batería, una batería emocional y sus hijos, igual que Roberto, tienen una batería. Esta batería cuando nacemos nace completamente vacía y necesitamos que mamá y papá nos la rellenen todo el tiempo. Un recién nacido, ¿cuántas horas al día te necesita? 24 casi, casi, o cada dos o cada tres. Esta batería tiene un cablecito que se conecta directamente con mamá y con papá, o con la abuela, o con algún otro cuidador principal importante. Y la naturaleza de la batería es vaciarse y la chamba de mamá y de papá es rellenarsela. Entonces todo el día estamos jugando a esto, se le vacía, se la rellenamos, se le vacía, se la rellenamos, se le vacía, se la rellenamos. Y entonces ¿qué pasa? Esta batería se vacía por tres razones principales. La primera es algún malestar físico, tengo hambre, tengo sueño, me siento mal, tengo dolor. Me tropecé y me raspé la rodilla. Y entonces, en el momento en que siento algún malestar, automáticamente se me vacía. Mamá llega, me apapacha, sana, sana y me la vuelve a rellenar. Dos, con cualquier malestar emocional me enojo, me frustro, siento celos, siento soledad, siento abandono. Cualquier cosa emocional que, como repito, son niños chiquitos y no pueden regularse solitos, se les vacía la batería, se pelean con el hermanito, se les cae la torre de bloques, se aburren en la comida y entonces empiezan a aventar la comida, se les vacía la batería. Y tres, con la separación física de mamá y de papá, literalmente es como si fuera el celular. Yo en la noche conecto mi celular, llega hasta el 100, en la mañana que lo desconecto y que me voy del enchufe empieza 99, 98, 97, etcétera y se va a vaciando. Rellenarle la batería de nuestros hijos no significa pegarmelo y amarrarmelo y que renuncie a mi trabajo y que renuncie a la escuela y estar todo el tiempo pegados para que todo el día esté conectado, no. Se trata de rellenarle cuando la batería se va vaciando, entonces de repente se le vacía y entonces yo me doy cuenta y se la vuelvo a rellenar. Ahora, para los niños, la batería en ceros es igual a la muerte. Nosotros de adulto sabemos que si mi pareja se va dos semanas de viaje y no me habla, pues igual me puedo enojar o lo que sea, pero sé que voy a sobrevivir. Nuestros hijos no. Nuestros hijos para ellos la batería vacía es igual a la muerte. Entonces, ¿qué pasa cuando yo como niño empiezo a ver que mi batería o empiezo a sentir que mi batería se está vaciando? Digo oh, oh, oh, oh estoy en problemas. ¿Y qué creen que hago? Lloro, grito, muerdo, pego porque necesito decirles ¡mamá, papá! ¡Auxilio! Se me está bajando la batería y si me quedo en ceros, me quedo sin gasolina, no puedo, te necesito. Ahora, nos encantaría y vivimos como en esta fantasía que me encantaría que nuestros hijos nos dijeran ay, mamá, fíjate que has estado trabajando mucho, te extraño. O, papá, fíjate que no has pasado tanto tiempo conmigo, ya llévame a jugar al parque. O, oigan papás, fíjense que estoy bien celoso de mi hermanito, estoy nervioso ahorita que nada más lo están pelando mucho a él.

32:28
Michelle Aziz. Ojalá, pero no funciona así. Si nosotros, que somos adultos y tenemos el cerebro 100% desarrollado, muchas veces no tenemos esta asertividad para expresarnos, imagínense ellos. Y entonces cuando su batería está vacía van a ser lo peor dentro de su cajita de herramientas para que tú llegues y les conectes. Entonces, ¿qué es lo que yo tengo que hacer como mamá y como papá? Primero que nada, darme cuenta que cualquier mal comportamiento de mis hijos lo más probable es que necesite conexión. Mich, pero es que me la vivo con él, te lo juro, estoy todo el tiempo con él y paso todas las horas libres. Sí, pero, ¿qué tanto estás? Porque estar no significa estar conectado. Yo puedo pasar con mi hijo ocho horas y puedo estar pensando en la inmortalidad del cangrejo y no estar conectando. O puedo estar diez minutos dejando el celular y estar conectado con su juego y divirtiéndome o apapachandolo o durmiendolo como con mucha conexión. Ahora, les voy a dar tres tips súper prácticos para rellenar la batería de sus hijos. El primer momento es antes de cada separación, acuérdense que la separación se le va vaciando. Entonces antes de que se duerma, se eche una siesta, lo dejé en el colegio, me vaya yo a una junta, incluso de repente me vaya a la cocina a cocinar y lo deje aquí en el jardín, lo que sea, en cualquier momento antes de separarme le relleno la batería como para dejarle colchoncito. Después, en la separación, naturalmente se le va a vaciar. Entonces el segundo momento es en el reencuentro después de la separación, volver a rellenarle. En la mañana cuando se despierta, cuando lo recojo del colegio, cuando se despierta de la siesta, cuando llega de su clase de natación, cuando llego de una junta le vuelvo a rellenar. Y tres, rellenarle la batería antes de pedirle que coopere con algo, que se vista, que se bañe, que se salga de bañar porque es típico, hacen berrinche para entrar y después hacen berrinche para salir, que se duerma, que recoja sus juguetes, etcétera. ¿Por qué? Cuando yo me siento conectado con el otro, principalmente de niños, con mamá y con papá, yo voy a querer agradar. Por ejemplo, no sé si les pasa a ustedes, si está teniendo un momento de relación increíble con su esposo o su pareja, se fueron de viaje, o se fueron al cine o están teniendo una relación en muy bonito momento y tu esposo llega y te dice oye, tengo ganas de invitar a mis amigos a ver el fútbol, al partido, al clásico del domingo. Tú como pareja va a decir claro, va a ver feliz, qué padre. A ver, que hay que organizar comida, armamos botanitas. Pero si por el otro lado tu esposo no ha llegado a cenar ningún día, no ha bañado a los niños ningún día, le escribes por WhatsApp y te contesta sí, no. Y te dice quiero invitar, no, qué invitar a quién, nada, no vamos. ¿Por qué? Cuando nos sentimos conectados con los demás, vamos a querer agradar. Ojo, no lo digo para manipular a sus hijos, por supuesto, pero si nosotros sentimos que nuestros hijos, si yo como niño me siento conectado con mamá y con papá, muchísisimo más, voy a ir a recoger, voy a meterme a bañar con gusto. ¿Por qué? Porque voy a estar conectado. La mayoría de los malos comportamientos de sus hijos son falta de conexión. Entonces, lo primero que cuando vean que está teniendo un mal comportamiento, sus hijos. ¿Cómo he estado yo? ¿Estoy conectada o no? ¿Traigo alguna preocupación? Porque lo más probable es que algo está pasando contigo, con alguna preocupación, con que estás cansado, con algo dentro de ti o que literalmente no le has dedicado suficientemente el tiempo.

35:48
Michelle Aziz. O sea, cualquier momento de cambios importantes también hacen que su batería se esté vaciando. Pero si yo hago esto consciente y cuando veo estos malos comportamientos en mi hijo, empiezo a conectar, conectar, conectar de una manera más intencionada y con más presencia automáticamente estos malos comportamientos desaparecen. Entonces, esa es la manera de poder vincularte mejor con tus hijos.

36:16
Estrella. Hola Michelle, un placer estar aquí contigo. Soy Estrella Romero y quisiera saber por qué sucede esto, en mi caso, tengo dos hijos, son gemelos, pero son completamente opuestos. ¿Por qué esta diferencia?

36:33
Michelle Aziz. Nosotros no venimos, no nacemos completamente en blanco, traemos como que venimos ya de fábrica con una serie de características que se llama temperamento. Esto es lo que heredamos, esto es lo que genéticamente. Entonces es como, es como gruñón, como el abuelo. O es como, súper sonriente, como la mamá o es como súper paciente y le puede dedicar horas a una actividad. Entonces nosotros ya venimos con algo como de fábrica, muchas veces pues la genética es muy misteriosa y de repente hay personas que se parecen más a mamá o a papá, pero igual de la misma manera, de parte, como de personalidad. Entonces nacemos con el temperamento, vamos creciendo y el ambiente, nuestros papás, las experiencias que tenemos durante estos primeros varios años de vida se va formando, eso es el carácter, y junto el temperamento con el carácter se va formando nuestra personalidad. Entonces es súper importante entender que muchas veces nuestros hijos vienen ya de fábrica, ya con un diferente temperamento. Hay niños que son mucho más extrovertidos, van a una fiesta y ven a puros niños y salen corriendo y se llevan con todo el mundo y hay otros que se quedan abrazados de la pierna de mamá, observan, ya ven que está todo seguro y ya después se acerca. Pero mucho tiene que ver también con que nosotros no somos la misma mamá y el mismo papá con nuestros diferentes hijos. Normalmente con el primogénito tendemos a tener más nervios, tendemos a estar más ansiosas, con muchísimo más dudas. Y ya como el segundo o el tercero ya empezamos a relajarnos un poquito más. Nuestros hijos, aunque sean hijos de la misma mamá y del mismo papá, aunque nazcan al mismo tiempo, no son iguales porque simple y sencillamente por cómo son perciben al mundo diferente. Tú puedes llegar y ser una mamá que igual y tu tono de voz es más alto y puedes tener a un hijo que no le afecta y puedes tener a otro un poco más sensible que tu voz más fuerte lo haga sentir como un poco más afectado, etcétera. Entonces yo creo que es inevitable que comparemos, o sea, estamos, nosotros al aprender aprendemos a comparar y a etiquetar. O sea, crecemos y nos dicen esto está más frío, esto está más caliente, esto es azul, esto es rojo. Entonces nuestro cerebro está programado y está hecho para que nosotros etiquetemos, comparemos. ¿Tengo más hambre que ayer o tengo menos hambre que ayer? Todo el tiempo estamos comparándonos. Creo que es un poco inevitable que comparemos, no sé, estás en el festival de tus hijos y ves que todos son súper extrovertidos y el tuyo está súper sonrojado, apenado y dices pero, ¿por qué el mío es más introvertido? O los ves así con sus primitos de la edad y ves que el tuyo es muchísimo más alto y los demás son más chaparritos. O sea, creo que es algo que vamos a hacer como seres humanos porque estamos programados para hacer eso. Lo que yo les recomiendo mucho es que como papás hay que evitar comparar. Si yo les dijera los hitos de desarrollo qué tan largo son en la normalidad, nos relajaríamos mucho. De repente es, ya tiene un año, no está diciendo sus primeras palabras, no está caminando. El lapso y la ventana que tiene de oportunidad nuestro cerebro y nuestros hijos para las cosas que le pasan de desarrollo son muchísimo más grandes de los que nos imaginamos.

39:41
Michelle Aziz. Y entonces muchas veces al compararlo con alguien más, con otro niño o con incluso algún otro de tus hijos, es, les estamos haciendo un desfavor porque les estamos quitando la oportunidad de que ellos lo logren. Ya obviamente hay momentos en donde ya empieza a ser preocupante, pero las ventanas de hitos de desarrollo tienden a ser muy grandes. Veo a la mamá en redes sociales como su hijo y el mío tiene la misma edad y entonces veo como. Y entonces tenemos que tener mucho cuidado en evitar comparar nuestros hijos. El proceso que están viviendo sus hijos, como son sus hijos, como son ustedes como madres y como padres, y es bien importante que dejemos de poner mucho el foco afuera y también un poco pongamos el foco a nosotros, como lo estaba platicando, nosotros somos muy importantes en la crianza de nuestros hijos y en nuestros hijos. Y ya si hay algo que ya no me late, que ya hay algo que no está bien, que es bien importante escuchar esta vocecita, este instinto que tenemos tanto mujeres como hombres dentro de nosotros de hay algo que no me late, confíen en esa parte suya, confíen en ese instinto suyo y sí, acérquense a un especialista para que les diga oye, esto es normal o no es normal, me late que esto no. Y habemos muchos que podemos como apoyarlos y ayudarlos o igual y dejarlos tranquilos de está perfecto que todavía no esté hablando, está perfecto que no esté gateando, está perfecto todavía respetar mucho sus procesos. Entonces cuando nace un hijo contrario a lo que nos habíamos idealizado, nos vivimos peleándonos con nuestro propio cerebro. Pero por qué no es así, así, así. Entonces lo que yo les recomiendo mucho es un poco soltar y hacer el duelo, porque hay veces que nos toca hacer el duelo de este hijo ideal y empezar a darnos cuenta de cuál es el hijo real que sí tengo y a partir de ahí poder enfocarme en este hijo, porque si yo estoy comparándolo con un hijo que no existe o con lo que yo me imaginaría que es lo que tiene que ser y lo que debe de ser, dejo de ver a mi hijo y me estoy perdiendo una gran joya de ver crecer a mi hijo y de ver cómo se está desarrollando de su manera muy especial y de su manera muy individual.

41:43
Jennifer. Hola, Michelle, soy Jennifer. Estoy feliz aquí de escucharte. La verdad me gustaría saber ¿cómo podemos preparar a los niños para los cambios?

41:50
Michelle Aziz. Lo único seguro que tienen los niños en los primeros años de vida es un cambio. Me quitan el chupón, me quitan el pañal. Tengo que aprender a caminar. Tengo que entrar a la guardería. El siguiente año me cambian de guardería. Tengo que entrar a la escuela, me cambian de grado. Me cambian de cuna a cama. Todo el tiempo los niños están viviendo cambios y lo más importante, para que los niños puedan pasar un cambio de una manera muchísimo más sutil, no tan estresante es cómo están sus adultos a su alrededor. Los niños, aunque estén llenos de cambio, lo más importante y como que su luz y su faro son mamá y papá. Si mamá y papá los anticipan, les platican, los preparan, se emocionan con ellos y ellos están bien, los niños pasan el cambio de una manera muchísimo mejor, de una manera más positiva. Pero si por el contrario, yo voy a dejar a mi hijo a la escuela y empiezo, te va a ir padrísimo, no, no esta escuela es divertidísima y yo tengo cara de pánico, mi hijo va a voltear y va a decir dónde me estás dejando, por favor, no. Entonces va a ser mucho más difícil para él vivir este tipo de cambios. Pero si por el contrario, yo estoy roble, yo estoy segura, yo estoy sabiendo que es la decisión correcta y yo estoy ahí conteniendo y sosteniendo a mi hijo, los cambios van a ser muchísisimo más fáciles para él y esto es algo bien importante. Nuestro trabajo como papás no es quitarles la frustración, ni es quitarle los todos los momentos incómodos y difíciles para nuestros hijos. Nuestro trabajo como papás es ser como el amortiguador para cuando estas frustraciones, golpes, situaciones difíciles de la vida les lleguen, no les llegue de golpe de frente, sea como se los podamos amortiguar, pero no se los vamos a poder como bloquear ni quitar por completo. Entonces, ¿cómo hacerle con los cambios? Mucha anticipación, platicarles lo que va a pasar. Hay niños que necesitan más información, depende de su temperamento, de su carácter, necesitan, pero saber específicamente qué va a pasar y te hacen mil preguntas. Y hay niños que fluyen mucho más y el cambio ni cuenta se dieron y entró ahora otra miss. Entonces es muy importante que nosotros los anticipemos, nos preparemos muchas veces que los cambios vienen con que se les vacíe un poco la batería. Los cambios vienen con situaciones pues con más berrinches o que no están durmiendo tan bien, o que antes comían perfecto y ahorita están como mucho más remilgosos con la comida, y nosotros prepararnos para que todas estas posibilidades pueden suceder y cuando sucedan yo estar ahí, que no me agarre desprevenida y de sorpresa de, ya no está durmiendo nada porque nació el hermanito. Es una de las posibilidades que pueden suceder cuando viven los niños algún tipo de cambios, pero entonces les repito nosotros estar con nosotros, regulados nosotros y sabiendo que estamos tomando la mejor decisión para nuestros hijos y eso es lo que nuestros hijos tienen o deberían de ver y de percibir desde nosotros.

44:41
Lucero. Hola Michelle. Soy Lucero Valencia, un gusto estar contigo en este espacio el día de hoy. Sabemos que hoy tenemos bastante información a la mano, sin embargo tenemos padres que son muy duros o son muy exigentes. ¿Esto se debe a temas pendientes, personales o algo que dejaron, algún sueño incumplido? o ¿por qué sería?

45:02
Michelle Aziz. Como les platiqué, la mayor parte de las, o la mayor cantidad de las conexiones neuronales se dan durante los primeros siete años de vida. Lo que tú necesitas aprender de los cero al año es muchísisimo más importante que lo que tienes que aprender de tus 35 a tus 36. Necesitas aprender a sostener la cabeza, a sentarte, a gatear, a caminar, a comer. O sea, necesitamos aprender muchísisimas cosas. Entonces el desarrollo cerebral durante los primeros siete años de vida es, el cerebro, lo decimos muy comúnmente es que es como una esponjita. Sí es como una esponjita. El cerebro está hecho para absorber todas las experiencias, todo lo que pasa a su alrededor, todas las sensaciones, porque con eso se va formando, se dan todas las conexiones neuronales y empieza a crecer el cerebro. Entonces, ¿qué pasa? Nosotros, no sé si les ha pasado que de repente regañan a sus hijos o algo les dicen y dicen soné a mi mamá, lo repetí idéntico a como mi mamá lo dijo o reacciona igual que mi papá lo hacía. ¿Por qué? Porque nosotros, nuestro cerebro se forma en estos primeros siete años de vida y entonces nosotros tendemos a criar como nos criaron, porque fue lo que nuestro, es la manera, o sea, nosotros como papás somos escultores del cerebro de nuestros hijos, nosotros como si fuera una estatua, vamos a esculpir el cerebro como es. Entonces, ¿qué pasa? Nuestros hijos cuando crecen o nosotros cuando crecemos al ser hijos, ya al ser padres repetimos patrones. Ahora, ¿qué es lo que nosotros tenemos que hacer? Tenemos que hacer consciente cómo fue nuestra relación con nuestros papás, cuáles fueron nuestras heridas, qué fue lo que me gustó y no me gustó de mi crianza, qué es lo que yo quiero hacer diferente. Qué fue lo que sí me encantó y quiero repetir con mis hijos. Y de la misma manera tu pareja, porque vivió otra crianza, vivió otra infancia, vivió otras heridas, tuvo otros papás, y ponernos de acuerdo. Primero, hacerlo consciente que es lo más doloroso y lo más difícil. Puede ser a través de terapia, a través de talleres, a través de espacios de autoconocimiento, para poder hacerlo consciente, tomar decisiones como parejas y decidir como criar a nuestros hijos. Entonces nosotros hay de dos, o tendemos a criar igualito que nos criaron porque es la forma en la que se desarrolló nuestro cerebro o penduleamos al otro lado que es el otro lado de la moneda. Entonces muchas veces es ok, mis papás fueron súper autoritarios, entonces yo me vuelvo súper permisivo o mis papás fueron súper permisivos, entonces me vuelvo súper autoritaria y entonces lo que hay que hacer es tampoco se trata de de hacerlo de una manera inconsciente, a irnos al otro lado, es ok, qué me gustó, que no me gustó, qué puedo mejorar, qué heridas tuve yo que no quiero repetir, que en mi casa fue muy valorado que yo hoy no siento que tiene que ser tan importante en mi crianza con mis hijos y a partir de ahí hacerlo consciente y hacerlo de una manera diferente. Como siempre les digo es, de algo vamos a traumar a nuestros hijos y no a propósito, pero nuestras personalidades son un mecanismo de defensa ante el mundo a nuestro alrededor y todos tenemos personalidad, entonces todos tenemos heridas y tenemos traumas. El objetivo es traumarlos lo menos posible y hacerlo más consciente para no repetir ciegamente estos patrones y lo que no haya funcionado y lo que no nos haya gustado, poder meterle freno de mano y hacer las cosas diferentes nosotros. Creo que en el país en el que vivimos los abuelos entran mucho a la crianza de los hijos y creo que en esta etapa más que nunca, en esta época del mundo, antes los roles de género estaban mucho más marcados, papá trabajaba, mamá cuidaba. Y hoy en día que las mujeres tenemos más oportunidades, que está un poco cambiando todas las creencias y todos los trabajos, etcétera, mamá también está entrando al mundo laboral y entonces quién está tomando este papel de crianza de los hijos son los abuelos.

48:41
Michelle Aziz. Entonces aquí entramos como en una situación en donde pues los abuelos es como pues sí, yo ya estoy criando a los niños, pero pues yo también quiero ser el abuelo consentidor. Pero pues para ti es súper importante que no coman azúcar dos años, pero yo para mi abuelo en mi época ni existía eso y entonces pues les doy azúcar. O sea, vivimos como en una cosa en donde los abuelos ya criaron, ya ahorita en teoría no les correspondería por etapa de vida criar a los hijos, pero ahora lo están haciendo. Entonces yo creo que si ustedes tienen algunos papás que están criando a sus hijos, yo lo que les recomendaría es infórmenlos de lo más importante. De repente somos estos papás que les damos cuatro cuartillas de instrucciones a los abuelos y el abuelo está pero no te voy a hacer caso. Pero lo importante considerando siempre las necesidades de los niños, yo creo que es importante que sí hablemos con los abuelos, porque muchas veces en esta parte en donde pues yo quiero consentir a mis nietos y quiero ser el abuelo buena onda y todo, pues no estamos poniendo límites, no les estamos poniendo horarios, los estamos dejando hacer lo que quieran y eso a la larga les afecta. En vez de que sí, qué padre y qué divertido mi abuelo, es completamente diferente un abuelo que funge como abuelo, a un abuelo que funge como cuidador de crianza de los niños. Entonces creo que es muy importante observar cada quien la situación que tiene y poder hablar con sus papás, explicarles lo nuevo que la psicología ha sacado, etcétera, etcétera, sobre las nuevas estrategias y las nuevas, pues estilos de crianza que estamos teniendo hoy en día.

50:14
Martha. Hola Mich. Martha Olguín. Se ha hablado un poco sobre las generaciones y el tema de la educación. ¿Tú consideras que nuestra generación está educando a sus hijos dentro de una bolita de cristal?

50:25
Michelle Aziz. Me encanta. Hay toda una teoría en donde la generación de cristal y los niños de cristal. A ver, creo que si nosotros nos vamos al extremo de la permisividad y de la sobreprotección, sí estamos criando niños que no están teniendo las herramientas para ir por la vida. Imagínense que la vida es un camino y en el camino se van a encontrar al principio con piedritas chiquitas, después con piedritas más medianas y al final del camino con piedritas un poco más grandes. ¿Qué pasa? Hoy en día, si nosotros estamos en esta crianza permisiva, lo que estamos haciendo es les estamos aplanando el camino, les estamos quitando las piedritas y les estamos dejando todo facilísimo. Entonces el día de mañana que se topen con una mini piedrita la van a ver como el Everest y van a decir, Dios mío, ¿qué hago con esto? ¿Cómo puedo hacerle? Y esa no es nuestra chamba como papás, nuestra chamba es en el camino lleno de piedras, yo en la mochilita de mi hijo le voy a poner la estrategia para que la brinque, para que la redondee, para que yo lo ayude a mover la piedra, para que la pueda picar y la pueda deshacer y pueda caminar. ¿Por qué? Porque si yo no le enseño a mi hijo a vivir en este mundo de pequeñas frustraciones, de situaciones, de problemas, etcétera, etcétera, eso no significa que lo voy a mandar ahí solo a que le vaya bien, pero voy a estar ahí acompañándolo y dándole las herramientas porque necesito que el aprenda qué hacer con estas piedritas en el camino, porque ahorita es muy fácil, sí, yo lo hago todo por ti, sí, yo te he visto, sí, yo todo y el día de mañana que se tenga que vestir solo va a tener ocho años y no va a tener idea como hacerlo porque nunca le enseñé. Entonces creo que si nos vamos a hacer más permisivos, hacer mucho más sobreprotectores, si no les estamos dando la mochilita de herramientas. Pero por eso insisto mucho en que es importante que les demos independencia a nuestros hijos, que les demos autonomía, que les enseñemos, que los apoyemos con los cambios, que les pongamos límites, que les pongamos estructura, que nosotros estemos por encima de ellos. ¿Por qué? Porque esto les va a dar a sus hijos una mochila gigante de herramientas con las cuales se va a poder enfrentar al mundo y también el momento en que no pueda levante la mano, ayúdame, échame la mano yo solito no puedo, que también se vale. Creo que muchas generaciones más grandes, papás, abuelos, etcétera, sí están diciendo como es que ya cualquier cosa ya tu hijo lo dejas llorar por cualquier cosa y no, yo con una mirada mira cómo te controlaba. Y ahorita pues el dejarlo llorar no significa que le estoy poniendo un límite, significa que lo estoy dejando expresar su emoción, lo estoy dejando regular todo esto que está sintiendo, pero también expresándolo de alguna manera, porque a nosotros nunca nos dejaron sentir ni enojo, ni tristeza, ni miedo, ni frustración, ni nada, todo era te lo quito en este momento como pueda, porque no puedes sentir estas emociones, las malas emociones, que son las emociones que no se sienten tan rico, las desagradables. Entonces en este estilo de crianza lo que hacemos mucho es estamos permitiendo que nuestros hijos sientan estas emociones desagradables y los estamos acompañando. Entonces eso se me hace que es algo muy bonito.

53:16
Lucía. Hola. Soy Lucía Reséndiz, y bueno, yo tengo ya hijos adolescentes y pubertos y pues algunas cosas sí las hice de las que has mencionado pero otras no. ¿Cómo podría yo ahora que tengo un adolescente pues tratar de recuperar esos momentos de conexión?

53:31
Michelle Aziz. La adolescencia es una segunda primera infancia. La primera infancia es de cero a los siete años y la adolescencia es una segunda primera infancia y podemos reparar muchas cosas que anteriormente no lo hicimos. Necesitamos entender que aunque parezca que no, somos una parte muy importante de nuestros hijos adolescentes. Muchas veces azotan la puerta, se encierran en su cuarto, están en sus dispositivos móviles, están con sus amigos y tú como si no importaras. Pero eso es un poco como el niño chiquito que hace un berrinche y se avienta y se porta peor, ¿qué nos está diciendo? Te necesito. El adolescente igual, azota la puerta, te odio, no me entiendes, y te están necesitando. Los adolescentes principalmente es salen de su casa y se tienen que poner como una armadura para ser el cool entre los amigos, para ser el bueno en el fútbol, para estar todo el día en la escuela, para soportar el que se estén burlando de él o el rechazo. Entonces se ponen, se ponen, se ponen, se ponen toda esta como armadura y cuando llegan a su casa, la casa es un espacio, o debería de ser un espacio seguro, en donde yo puedo dejar mi armadura afuera y puedo ser yo como soy. Y entonces, ¿qué pasa? Tenemos adolescentes que están más rebeldes, tenemos adolescentes que azotan puertas, tenemos adolescentes que como el berrinche de los niños, pero ahora el berrinche con hormonas del adolescente. Entonces lo que nosotros tenemos que hacer es primero no tomárnoslo personal, después decir claro nuestro, mi hijo me está necesitando porque en este momento en donde vivió toda esta situación en el colegio, las complicaciones, los amigos, la niña que le gusta, etcétera, etcétera, llega a su casa y se suelta y saca su peor versión. Pero sacar su peor versión significa estoy en confianza de ser tal y como soy y que mamá y papá me pueden ayudar. Si por alguna cosa decimos híjole, ya no hice esta manera o no hice esto que se recomienda, hoy lo podemos hacer completamente diferente. Ya no tengo conexión con mis hijos o no tuve tanta conexión con mis hijos, ¿qué hago? Igual y pues no te vas a sentar a tu adolescente en la pierna y le vas a contar un cuento, pero empieza a ver como maneras de interesarte por cosas que le gustan. Por ejemplo, cuando tenemos hijos chiquitos y está jugando en el piso, nos aventamos al piso y nos vamos a su nivel y nos ponemos en sus gustos. Lo mismo hay que hacer con el adolescente. Qué le está gustando, qué no le está gustando, qué serie, o está viendo la televisión, o qué libro está leyendo, que cómics y meterte a su mundo. Sé que a veces es difícil, entonces lo primero que te recomendaría es entender que muchas veces estas rebeldías del adolescente, estos azotones de puerta, estos berrinches, no son porque te quieran molestar, no es porque sea un niño rebelde, no es porque sea un niño que va a ser malo, es porque literalmente en casa contigo tú eres su espacio seguro y contigo puede dejar las pretensión afuera y soltarse y ser. Y entonces tú poder ser este adulto que lo contenga, en el cual pueda él descansar en ti, en que tú estás más fuerte, estando ahí como sosteniéndolo.

56:30
Israel. Hola Michelle, mi nombre es Israel, un gusto conocerte. En mi pensamiento siempre he tenido el, no quiero que mis hijos sufran y padezcan lo que yo sufrí. ¿Qué consejo me darías para cambiar esa manera de pensar?

56:45
Michelle Aziz. Yo creo que en primer lugar, es completamente natural el que no queramos que nuestros hijos sufran lo que sufrimos o que sufran en general. No hay peor que ver a tu hijo enfermo o a tu hijo con alguna dolencia, lo sientes tú como propio. Entonces creo que lo primero que te diría es como no te culpes tu por ser empático con tus hijos y no querer que sufran. Pero por otro lado es, no podemos evitar el sufrimiento de nuestros hijos, no podemos meterlos en una bola de cristal y aquí no pasa nada y aquí nadie los toca, porque lo que hacemos al sobreprotegerlos es desprotegerlos. La sobreprotección es desprotección, porque te sobreprotejo tanto que el día en que ya no esté yo protegiéndote tú no vas a saber cómo hacerle en la vida. Entonces, creo que mucho de lo que podemos hacer es como ayudarlos a vivir estas frustraciones que van a vivir, se van a pelear con el amiguito, no lo van a invitar a una fiesta, lo van a rechazar, se va a caer y se va a tropezar, va a estar jugando con el cajón y se va a machucar el dedo. Hay que dejarlos vivir estas consecuencias y estas frustraciones que van a ir viviendo. Pero, ¿cuál va a ser la diferencia? Cuando vivan estas frustraciones van a poder llegar con nosotros y vamos a poder contenerlos, apoyarlos, porque esto es algo bien importante. Lo que trauma no es el trauma, es cómo mis papás alrededor funcionaron y me contuvieron y me ayudaron con ese trauma. Entonces te puede pasar lo peor del mundo, una muerte importante de algún progenitor, algo importantísimo y eso, si tienes cuidadores, madres, padres que te sostengan, que te contengan, que te ayuden, que te ayuden a elaborar, que te apapachen, ese trauma se vuelve mucho más bajo. Entonces, muchas veces lo que nosotros vivimos en nuestra infancia no es lo que vivimos, es cómo mi mamá y papá reaccionaron a esas situaciones conmigo. Entonces un poco como la respuesta sería dejarlos vivir, no dejarlos vivir el vete y ahí a vivir a la calle y para que vivas la fuerza de la vida, para nada, pero dejarlos vivir estas pequeñas frustraciones, entre más chiquitos son pues son más chiquitas y conforme van creciendo dejarlos vivir, no sobreprotegerlos y estar ahí para hacer este refugio seguro para cuando lleguen, ya con el dedo machucadito o con algún golpe de la vida, nosotros podamos sostenerlos, contenerlos, apoyarlos, regular sus emociones, apapacharlos, sanarlos para que puedan volver al mundo otra vez, porque esto va a pasar 100 mil veces. Van y van a regresar con algo y van y van a regresar con algo. Entonces lo que nos toca a nosotros como papás es permitir que vayan y una vez que regresen ser este refugio seguro donde podemos nosotros contenerlos y aprovecharlos para ayudarlos a reacomodar todo aquello que vivieron. Y no se les olvide que con sus hijos esta frase deberíamos todos de tenerla presente todo el día. Quiéreme cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesito. Cuando peor me porto, cuando peores berrinches hago, cuando peor te desquicio es porque más te necesito, porque tengo mi batería emocional vacía y yo no puedo solito y necesito que tú me ayudes, a apapacharme, a regularme, a vincularte conmigo, a conectarte y ayudarme a sentirme mejor.

59:48
Michelle Aziz. Entonces muchísimas gracias por tenerme aquí. Muchísisimas felicidades porque sé que cada uno de ustedes que me está escuchando aquí en vivo, en video, sé que todos ustedes quieren lo mejor para sus hijos, quieren ser su mejor versión de mamá, de papá, de cuidador para sus hijos y de verdad que por eso dense un aplauso y felicitense, porque son unos valientes en trabajar esto con sus hijos.