Así descubrí que mi padre era El Santo
El Hijo del Santo
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El Hijo del Santo Luchador
El Hijo del Santo
El Hijo del Santo creció rodeado por la leyenda de su padre, el icónico Enmascarado de Plata. Desde niño convivió con el mito y la realidad, descubriendo poco a poco la doble vida de su padre y forjando su propio camino en la lucha libre.
Inició su carrera profesional en 1982, enfrentando escepticismo y comparaciones constantes con su padre. Con perseverancia logró consolidar su propio legado, luchando en México y en el mundo. El Hijo del Santo se retira satisfecho, habiendo superado lesiones graves y desafíos personales, y transmitiendo valores de disciplina, resiliencia y coherencia.
Transcripción
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El Hijo del Santo. Quiero que todos cierren un momento sus ojos. Vamos a cerrar nuestros ojos. Vamos a regresarnos a nuestra niñez y seguramente todos tuvimos un héroe, un superhéroe, cuando éramos niños. Pudo haber sido un superhéroe de la televisión. Pudo haber sido alguien muy admirado por nosotros. ¿Ya lo recordaron? Vamos a abrir nuestros ojos. Ahora, imagínense que ese superhéroe que tienen en su mente vive en su casa y ese superhéroe los acompaña a desayunar. Ese superhéroe corre a tu cama cuando tienes una pesadilla y te consuela y te da paz. Ese superhéroe te lleva a la escuela. Ese superhéroe juega contigo. Yo tenía un superhéroe que era mi papá. Yo me enteré de que había algo raro. De pronto había un personaje en casa un poco oculto. Había una puerta y mi papá abría esa puerta con mucho misterio, casi, casi que nadie viera. Y yo de pronto veía cosas ahí que brillaban, eran sus capas. Y cerraba. Pero no me dejaba entrar y de pronto me encontraba yo en la sala de la casa una historieta de un señor que tenía una máscara plateada, y decía, Santo, el enmascarado de plata. Y cuando veían que estaba la revista, la guardaba. Entonces yo iba con mi mamá al mercado, con su bolsa esa tradicional y en el puesto de juguetes yo veía muñequitos así, ya saben, con una mascarita plateada y yo decía ese se parece al de la historieta. Y entonces, mamá, ¿podemos comprar ese muñequito? Y mi mamá obviamente sabía que pues era el Santo, era su hombre, y me decía sí, mijo. Costaban un peso, de esos pesos, y me compraban mi Santo. Y entonces, de alguna manera, ese personaje se fue metiendo en mi mente y se fue convirtiendo en mi superhéroe. Desde que yo era niño, yo veía que mi padre viajaba con una maleta y me preguntaba por qué andaba él con una maleta y me decían que él era agente viajero. Y un día me invitó a acompañarlo a su trabajo, y dije ah pues nos vamos a ir de viaje porque trae su maleta, pues nos vamos de viaje.
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El Hijo del Santo. Ese día fue un día muy fuerte para ese pequeñito que tenía seis años. Porque llegué a un lugar donde había mucha gente. Así como ustedes estaban sentados, pero no estaban calladitos como ustedes, estaban gritando y tomando cervezas y refrescos. Era una locura. Era una plaza de toros y yo me senté, me sentaron en un palco y de pronto empecé a ver un espectáculo que nunca había visto, que era lucha libre. Entonces ese niño, pues empezó a ver una función de lucha libre y me empezó a gustar. Y veía como la gente gritaban groserías y gritaba de todo y veía de pronto luchadores que salían con máscara y otros con el pelo largo y disfraces. Y bueno, yo fascinado. Y de pronto, ¿qué creen? Ya después de algunas dos, no más de dos horas, pero aparece el mismo héroe que estaba en la revista y el muñequito, el mismísimo Santo. Y entonces dije ese es mi papá, porque yo vi cuando se bajó del auto. Yo me acuerdo muy bien de mi corazoncito, como estaba latiendo, porque yo vi al Santo y la gente gritaba ¡Santo, Santo! y le aplaudían. Y de pronto los rudos eran dos greñudos, lo empezaron a golpear y pues imagínate si es mi papá, pues le están pegando, entonces me puse a llorar. Y de pronto mi papá se quitó la capa y ¡pum! les contestó. Bueno, no, no, fue una cosa tan impresionante. Terminó la función, fueron por mí y yo pues iba así como imagínense nada más. Me subo al auto con mi papá y me hace así, ¿qué tal? ¿Te divertiste? Y casi, casi le dije, ‘hmn’, sí, sí, me divertí, pero, ¿por qué no me explicaste? ¿Por qué no me dijiste que tú eras el Santo? Y obviamente, les confieso que lo primero que hice en la primaria fue decirles a mis amigos, mi papá es el Santo. Pues sí, porque era un gran orgullo. Y me voy a adelantar un poco, con mis hijos yo a mis hijos les dije, yo soy el hijo del Santo, pero no pueden decir en la escuela, si lo quieren compartir con un amiguito no hay problema. Y un día fui a recoger a mi hija, bueno a mis hijos a la escuela, pero tenía yo que llevar una credencial, pues se me olvidó. Entonces llegué en la fila de los autos, vengo por mi hija y ya la llaman. Y sale la pequeña y dice la señorita de la escuela y el guardia, ¿quién es el?
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El Hijo del Santo. Y le digo nena, diles quién soy. Mi vida diles quién soy, porque no traje la credencial y no te van a dejar ir conmigo. Y entonces yo ya me empecé a poner nervioso. Mi amor, por favor, diles quién soy. El hijo del Santo. Tu papá, mi amor. Mi papá. Ya. Pero bueno, esa fue la manera en que en mi mente entró la idea de que yo quería ser luchador profesional y entonces mi papá, yo pienso que para quitarme esa tentación me dijo, te dejo que entrenes lucha, pero no quiero que seas luchador. Y yo dije ¿por qué no? No se lo dije porque cuidado, pero yo cuando se dio la vuelta dije, yo voy a ser luchador. Y entonces, cuando murió mi madre para mí es un golpe muy fuerte, yo ya estaba en la universidad, yo estaba muy chiquito, tenía unos 19 años y entonces decidí debutar como luchador profesional, pero a escondidas de mi papá, porque sabía que él no me iba a permitir. Me puse un nombre que es un personaje de una historieta que se llama Korak. Tomé una máscara que tenía mi papá, una máscara negra, tomé un equipo de él y ahí te voy, a Tlaxcala, me visto, me pongo mi ropa de Korak según yo, me subo al ring. Luché y pues la gente aplaudió y total me pagaron $300 pesos, pero yo no fui por dinero, yo fui porque quería luchar, fue mi primer lucha. Mi segunda lucha fue en Querétaro, pero ahí me tocó un tipo que se llamaba La Momia, que me puso una arrastrada y me dejó el ojo todo morado. No les hago el cuento largo, se topan La Momia y El Santo y La Momia en lugar de atacarlo le dice profesor, discúlpeme, se me pasó la mano con su hijo, pero es que lo vi tan novato que ya sabe que todos los chamacos quieren ser luchador. Sí le di duro, pero yo no sabía que era su hijo. Y mi papá le dice no, mis hijos no luchan. Sí cómo no, el más jovencito, se llama fulanito de tal. Uy, para qué quieren, ya se imaginan. Así me fue cuando me volví a encontrar con mi papá. Cuando mi papá se enojaba, me hablaba de usted. ¿Por qué anda usted luchando sin permiso? Ya le dije que no y ya me dijeron que usted luchó y que… Y yo así, ¿y? Le dije pues sí, sí estoy luchando, ¿cuál es el problema? ¿Cómo que cuál es el problema? Yo le dije que no quería que luchara, me acaba la universidad. Voy a acabar la universidad le dije, pero voy a ser luchador. Nunca mis hermanos, ni mis hermanas le habían hablado así a mi papá. Pues yo me faje el pantalón y con esa rebeldía y esa independencia que yo sentía, le dije tú haces lo que tú quieres, yo hago lo que yo quiero y voy a ser luchador.
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El Hijo del Santo. Entonces me dice a ver pues le voy a hacer un examen. Y yo dije va, ponle fecha, yo bien seguro. Me dijo pues la próxima semana en el gimnasio de la Arena México a puerta cerrada. Llegó el día y se me ocurrió vestirme del Santo. ¿Por qué? No sé. La máscara me quedaba grande, las mallas también, pero yo me vestí del Santo y mi compañero de gimnasio pues me decía no, ¿para qué te pones el equipo? Oh, tú cállate, tú lucha conmigo. Llegó mi papá con mi hermano mayor y con su representante, que era Carlos Suárez, y subimos al ring mi compañero y yo, me quité la capa y empezamos a luchar y de pronto mi papá se levanta y se va. Y yo dije, pérate, estoy empezando. Y entonces, obviamente mi compañero me dice, ya ves, te dije, te dije que pa’ qué te vestías del Santo, por eso se enojó y se fue. Y entonces el señor Suárez, se fue y total, me quedé solo ahí y sí me quedé muy decepcionado, o sea, triste, dije pues, ¿qué pasó? ¿Por qué se enojó? Ya me fui a quitar la ropa, me cambié, le hablé a mi hermano, no había celulares, tuve que en una caseta de teléfono y le dije Ale, se llama Alejandro mi hermano, le dije oye Ale, ¿por qué se enojó mi papá? Y a mí de niño me decían pichón, el pichón, porque era el más chiquito. Ay pichón, me dice, tu papá está feliz. ¿Cómo que está feliz? Se salió del gimnasio porque se puso a llorar. No quiso que lo vieras llorando. Está feliz, está feliz. Dice que se regresó a su juventud y como te vestiste del Santo, pues te vio, se vio en ti. Y entonces dije de aquí soy. Le toqué y abrió. ¿Qué pasó? Pásale. Y le digo oye, pues ¿cómo me viste? Muy mal, muy mal, estás muy, te falta condición física, te falta. Y yo, ah ok échale, échale. Pero yo por dentro decía, yo sé que estás feliz. Y ya muy serio me dice, ¿cómo te llamas? Korak ¿Qué es eso? Korak es el hijo de Tarzán en una historieta. Le dije, pues Korak es el hijo de Tarzán, papá. Y se empieza a reír. ¿Cómo el hijo de Tarzán? Me dice. Y así le sale, se escucha mejor El Hijo del Santo. Y yo me quedo, ¿El Hijo del Santo? Me dijo, pues sí, me dice, ¿por qué no aprovechas todo lo que yo he hecho, mi carrera? Y yo te apoyo.
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El Hijo del Santo. Imagínense lo que fue para mí a mis 20 años o 21 años, que mi papá, que mi ídolo, que ese señor me dijera tú vas a ser El Hijo del Santo. Le dije, si tú me lo autorizas, si tú quieres. Y ahí nace el Hijo del Santo.
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Ximena. Hola, Ximena Fernández, mucho gusto y qué honor tenerte aquí. Me gustaría saber, ¿en qué momento dejaron de compararte con tu padre? y, ¿cuándo supiste que El Hijo del Santo se convertiría en una nueva leyenda?
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El Hijo del Santo. Escuchen esto. Los héroes pueden morir, las leyendas son eternas. Esta es una frase de una película que hice que se llama Santo, La leyenda del enmascarado de plata. Y esta frase, mi productora la puso al final de la película. Y es muy cierto, porque yo soy la continuación de esta leyenda. Mis inicios fueron difíciles porque no creían en mí. El único que creyó en mí, literalmente fue mi papá. Y lo que era la prensa especializada en lucha libre y muchos aficionados, pues me comparaban mucho con él y me decían que segundas partes nunca fueron buenas, que yo era un remedo del Santo. Subía al ring y me gritaban lagartija plateada. Entonces mi papá me dio mucha seguridad, yo le platiqué a él y él también veía las revistas donde decían que si el Santo tuviera respeto por la lucha libre, pondría a su hijo a entrenar. Y cosas pues muy feas. Y afortunadamente no había redes sociales, sino qué cosa. Mi papá me dijo algo muy importante. Mi papá me dijo hijo, ten fe en Dios, ten fe en ti y no hagas caso de los aduladores ni tampoco de los detractores, tú ten fe en ti y en Dios. Y para mí fue muy importante que me lo dijera él, porque si él era El Santo, ese gran ídolo y él estaba dándome luz verde, es porque algo yo tenía, que sí podía, tenía las suficientes herramientas. Y aquí viene una parte muy fuerte que les quiero compartir. Les platico, esto fue en 1982, cuando yo ya estaba en mi carrera. Llega el año de 1984, me voy a luchar Acapulco un 5 de febrero y me entero de que El Santo se muere. Era un hombre sano, había tenido un problema cardíaco, le habían puesto un marcapasos, pero no era nada grave. Se muere mi padre y para mí es un golpe, bueno para todos en la familia y también para México, porque pues aunque no fueran aficionados a la lucha, pues El Santo era un ídolo importante para los mexicanos. Y cuando se muere El Santo, fíjate qué fuerte lo que te voy a decir Ximena y lo que les voy a decir, se les murió su gran ídolo a todos y entonces ya me empezaron a dejar de atacar, ya como que me empezaron a cobijar, ¿me entiendes?
17:37
El Hijo del Santo. ¿Sí me explico? Ya no está El Santo, pero ya no tiene papá, pero estamos nosotros, nosotros te vamos a cuidar. Y eso sentí. Qué fuerte, ¿no? O sea no sé si mi papá se sacrificó por mí. Digo, es lo que yo pienso ahora. Pero después de que él murió, El Hijo del Santo empezó a a brillar, a brillar. Y obviamente pues siempre mi papá estaba en primer lugar, siempre ha estado en primer lugar, ¿me entiendes? Pero, él en ese momento me ayudó mucho.
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Laura. Hola Santo, mucho gusto. Soy Laura Alcala. Gracias por estar con nosotros. Gracias, Laura. A mí me gustaría saber, en función de la conexión que puede existir entre la lucha libre y el público mexicano, considerando que a lo mejor no se conoce o hay personas que no conocen sobre este deporte.
18:45
El Hijo del Santo. La lucha libre para mí es una analogía de la vida. Es el único deporte en el que se usan máscaras, en el que se usan personajes, en donde hay una lucha entre el bien y el mal. Y así es la vida. En la vida todos llevamos una máscara puesta y cada quien hace un personaje. Entonces, creo que la conexión con el público en la lucha libre es esa, porque la gente va a la lucha libre a a gritar. Es una catarsis donde pueden gritar groserías, pueden desahogarse y nadie les dice nada. O sea tienes el derecho, tienes la libertad de desfogarte. ¿Todos han ido a la lucha libre? ¡Sí! ¿Quién no ha ido a la lucha libre? Tienen que ir. No es lo mismo verla por televisión, tienen que ir de verdad. Si yo le tuviera que decir a alguien que nunca ha ido a la lucha libre o que no conocen la lucha libre, por ejemplo, los extranjeros, yo les explicaría esto, que la conexión con el público es muy divertido ver máscaras, porque en la lucha libre está representado el universo, está el sol, la luna, los demonios, los santos, los perros, los gatos, las panteras, los tigres, hay de todo. Todos los personajes que están en la lucha libre unos son buenos, otros son malos. Y lo que no es raro es que la autoridad, que es el referí, a veces nomás se hace tonto o está del lado de los malos y hace trampas. Es muy curioso, pero es una analogía de la vida. Y también explicarle a alguien que no conoce la lucha es decirle, cuando tú en la vida, no a todos pero nos ha pasado, cuando estamos en la vida, pues existe la envidia, cuando tú triunfas mucha gente es envidiosa y por qué él tiene eso y por qué le va bien. Entonces cuando te caes lo primero que hacen es, ah ya se cayó, y en la lucha es igual, tú te caes y lo que hace el rudo, ¿qué es? Te pisa, te pega, pa’ que no te levantes, porque es su manera de decir qué bueno, ya se cayó. Ah, pero lo bonito es levantarse, igual que en la vida, porque todos hemos tenido tropiezos, ya sea que se nos haya ido un ser querido, que hemos perdido un trabajo o pasado una situación, terminar una relación, siempre hay cosas difíciles que nos hacen sufrir o que nos hacen llorar. Entonces el mensaje es levantarnos, levantarnos con esa fuerza de no dejarnos derrotar.
22:06
El Hijo del Santo. Por eso la gente se divierte tanto en la lucha libre. Y les voy a platicar algo muy bonito. En Japón, las primeras veces que yo fui a Japón que fue en la década de los años 90 principios, todavía me tocó el público japonés calladito. Entonces luchábamos y de pronto, ¡ohh! Y calladitos. ¡Ohh! Y al final de la lucha aplaudían. Conforme pasó el tiempo, yo no sé si empezaron a llegar mexicanos a vivir allá, pero ya las últimas vez que fui a Japón, ya el japonés empezó a tomar la actitud del público, ya como que entendieron que podían divertirse y podían gritar y ya no ser tan ceremoniosos. Entonces esa es la magia de la lucha libre.
23:09
Ulises. Hola, Santo. Yo soy Ulises Toxqui, y de verdad soy un gran fan tuyo. Gracias, Ulises. Me gustaría que me pudieras definir, o, ¿cómo tú defines la esencia de la máscara plateada? ¿Por qué El Santo y El Hijo del Santo suelen destacar mucho más que otros luchadores?
23:25
El Hijo del Santo. Algo que distinguió a mi padre y creo que esta es la clave de su éxito, es que él se comprometió con su máscara, entonces la máscara le ganó la lucha. Él se cuidaba tanto que llegaba a un vestidor, imagínense un vestidor normal, como cualquier vestidor cuando vamos a un gimnasio o cuando vamos, un vestidor y pues somos amigos, somos compañeros y todos los luchadores se quitan la máscara y El Santo nunca se la quitaba y todos los luchadores lo veían así como y, ¿por qué no se la quita? Al grado de que muchos luchadores compañeros de él no lo conocieron sin máscara y eran amigos de él, o eran compañeros de vida, de trabajo. Todo el tiempo estaba enmascarado, esa pequeña costumbre lo hizo diferente. Pero El Santo era un ser humano como ustedes. El Hijo del Santo es igual que ustedes. Soy un ser humano normal, es más ¿quieren ver que sí? Apláudanle. nan Esta compañera de vida. A ver, vamos a hacer un ejercicio. Soy, todo lo que ustedes hacen cotidianamente, lo hago yo, pero nadie sabe quién soy. Obviamente, esta máscara… ah, ¿verdad? Esta máscara es el hombre detrás de la máscara. Imagínense que tiene un rostro, soy igual que ustedes, soy un ser humano normal. Pero cuando te pones la máscara de este superhéroe, te transformas, es muy curioso. Esta máscara, que es tela, es un pedazo de tela, pero créanme que tiene una magia muy importante. Y cuando todos hicimos un ejercicio al inicio, cuando pensamos en nuestro superhéroe y me gustaría mucho también invitar a…
26:28
El Hijo del Santo. ¿puedo invitar a alguien del público? A ver, ¿Cómo te llamas? Luis Mendoza. A ver, vamos a invitar a Luis. Bienvenido, Luis. Mucho gusto. ¿Cómo estás? Muy bien, gracias. Pasa aquí Luis. Invitamos a Luis. Bueno, pues ya ven, trae su playera del Santo. Yo menciono que esta máscara tiene magia. Vamos a hacer un ejercicio. Luis, pásate para acá. Voltéate para allá. Así, no te muevas. No te muevas. Cuando eras niño, ¿qué te ponías para ser un superhéroe? Me ponía la máscara del Santo y una toalla. ¿Una toalla? Sí. Voltea. Mete la barba. Eso, así, así. ¿Cómo? ¿Qué sientes? Un sueño hecho realidad. Me da mucha energía, tiene mucha energía, mucha vibra buena, porque el profesor era muy noble. Era un ser humano fantástico. Hay luchadores estrellas, pero hay leyendas y tienen que mantenerse. No, pues ya los dejo con él, ya me voy. Te dejo. Muy bien, Luis. Qué bonitas palabras. A ver, quítate la capa como se la quita El Santo y El Hijo del Santo. Despacito, no vayas a romper. Ah, mira. No, sí es aficionado. Es que yo me la quito, bueno, ya no me la voy a abrochar, yo me la quito así. Y después, con mucho respeto y mucho cariño, se dobla. nan Y esta me la vas a devolver, malvado. ¿Qué? No te queda, te queda chiquita. Sí. Estás muy cabezón. Con cuidado. No, al revés mejor mira.
29:42
El Hijo del Santo. Gracias, Luis. Muchas gracias. Gracias.
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Emmanuel. Hola Santo. Emmanuel Alejandro. Primero que nada, es un honor estar adelante de un ícono tan importante para México como usted y quisiera saber en estos 43 años de carrera que ya tiene, ¿qué experiencias le ha dejado el ring para aplicarlas en la vida?
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El Hijo del Santo. Pues fíjate que el ring me ha enseñado mucho. Estoy convencido de que a veces nos enseña más una derrota que una victoria. No sé si estén de acuerdo. En la lucha cuando tienes una derrota no le puedes echar la culpa a nadie, es tu responsabilidad, o tu rival es mejor que tú y lo tienes que reconocer. O no entrenaste lo suficiente, o subiste con inseguridad o no tuviste las herramientas para enfrentar y ganar esa lucha. Y así como en las lucha, es en la vida. Cuando he tenido derrotas en el ring, asumo mi responsabilidad y no siempre se gana, yo estoy de acuerdo en que no siempre se gana, pero yo aprendo más, quizás de una derrota que de un triunfo. Para saborear la miel, para saber qué es la miel, primero tienes que saber qué es lo amargo. Es muy curioso porque el ring se ha convertido en mi espacio, ¿me entiendes? El ring, un ring profesional en México, mide seis por seis y es lo que yo domino, este cuadrilátero de seis por seis, con tres cuerdas. Y es curioso porque me ha tocado luchar en cuadriláteros de box que tienen cuatro cuerdas, entonces es como un cambio en la vida, de pronto estás acostumbrado a tu espacio y de pronto viene un inconveniente, viene un accidente. También en la vida tenemos accidentes y en el ring pues imagínense, tú te subes a un ring y literalmente se los digo, no sabes si vas a bajar o no sabes cómo vas a bajar. Lamentablemente ha habido compañeros míos que han fallecido en el ring. Muchos se han lesionado para toda su vida. Yo fui muy afortunado siempre. Sin embargo, en el año 2013 sufrí una lesión. Me hicieron un castigo que se llama el martinete y te ponen de cabeza hacia el ring y ese ring estaba muy duro, entonces se me desviaron dos vértebras y pues me dolía, sentía yo el dolor, pero pues como soy un superhéroe y soy El Hijo del Santo, no pasa nada. Pero un día se me empezó a adormecer toda esta parte del cuerpo, todo mi lado izquierdo empezó a dormirse y me di cuenta porque me estaba bañando, abrí la llave del agua caliente y empezó a salir vapor y metí la mano para, y no sentía nada. Fíjense, y metí esta mano y me quemé, dije ay qué cosa, qué raro, aquí no siento y acá sí. Y finalmente terminé en el neurólogo y créanme que fue una etapa muy fuerte en mi vida. Los doctores que visité en México, uno me dijo así de frío, me dijo, ¿qué más sabes hacer? ¿Saben que feo es eso?
33:50
El Hijo del Santo. O sea, qué fuerte. ¿Qué más sabes hacer? Pues muchas cosas, pero ¿por qué me pregunta eso? Ya no vas a volver a luchar. Te tengo que operar y nunca vas a luchar ya. Entonces, imagínense, era como una piedra, ya no vas a luchar. Cada vez que me decían algo así, pues me hacía yo así más, me agachaba. Finalmente, y afortunadamente caí en manos de un doctor en Houston que me recomendó una mujer muy linda que nos ve desde el cielo, que es Rebecca Jones. Ella es actriz, amiga de mi productora y nos mandó a Houston con este médico y me dijo te tengo una buena noticia, no te vas a operar, pero sí te voy a decir algo, tienes que dejar de luchar por lo menos un año. Porque me doy muchos golpes en la cabeza por los topes. Los topes que yo doy pues son con la cabeza. Entonces yo tenía la lesión que tienen los clavadistas, me explicó el doctor que chocan con el agua. Esto es lo que pasó desde el punto de vista médico, pero desde el punto de vista personal, moral, se me vino el mundo encima. O sea me deprimí mucho y de pronto sentí que se acababa mi carrera. ¿Qué voy a hacer? Pues mi refugio fue mi familia, mi esposa, mis hijos. Ellos me decían no, hombre, pues estás muy joven, tú puedes. Ok, no luches un año, pero vamos a hacer cosas. Hice mi programa de radio, hice mi programa de televisión, o sea, soy comunicólogo, dije pues pues a ejercer la carrera, a darle. Pues dije pues hay que ser empresario, o sea hay que salirse de… Mi zona de confort tal vez era la lucha porque para mí no es un trabajo. La lucha para mí era padre, o sea, rico, era mi pasión. Entonces me di cuenta de que sí llega un problema fuerte, pero hay soluciones y si tú le echas ganas, sales adelante. Y me dijeron que ya no iba a luchar, en el año 2015 regresé al ring y duré diez años más activo. Gracias a Dios.
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Geovanni. Hola, soy Geovanni Lora. Muchas gracias antes que nada por compartir un poco de ti, de tu historia. Eres un ídolo para el país. En la lucha libre existen dos bandos históricamente, los técnicos y los rudos. ¿Qué crees que sería lo mejor de cada uno de ellos?
37:00
El Hijo del Santo. Pues mira, los dos bandos tienen muchas herramientas. Te lo digo porque ya probé los dos bandos y quiero decirles si no saben, El Santo empezó como luchador rudo y por eso le pusieron El Santo, para que la gente dijera pues cual santo, si es un bien malo. La lucha libre no sería lo mismo si no hubiera estos dos bandos. Obviamente el bando técnico es, el luchador técnico es aquel que es obediente con la autoridad, con las reglas, el que no golpea con el puño cerrado, el que no agarra una corcholata o un pedazo de vidrio para lastimar al otro. Y el rudo pues es el tramposo, el que no sigue las reglas, el que no da un relevo, ya saben que hay luchas de relevos, entonces tienes que esperar a que tu compañero te dé el relevo. Ah el rudo se mete como Juan por su casa y te echan montón. Esa es lo bonito de la lucha. No habría un héroe, un superhéroe, si no hay un buen villano. Es la sal y la pimienta. Y cada uno tiene su chiste. Entonces, como experiencia les puedo decir que el rudo es esa parte obscura de nosotros o esa parte que a veces con la máscara que nos ponemos ocultamos. Somos bien decentes siempre, pero somos bien canijos atrás. Pero no, yo sí soy técnico. Pero pasa, ¿me entienden? Que a veces somos rudos en la vida o vamos en el auto peleándonos con el de junto, pues pa’ qué le haces caso. Bueno, yo un tiempo, yo siempre fui técnico, pero un tiempo fui rudo, pero eso fue culpa de ustedes porque yo llegué a la Arena México y la gente me ofendía, me decían que era yo como la invasión, como que había llegado a invadirles su arena y algo que me gusta de mí es que no me dejo. Yo siempre soy, tengo mucha dignidad, entonces me empezaron a decir groserías y a ofender y dije ah, ¿sí? Pues también ustedes. Y entonces mi manera de desquitarme con el público era, ah pues me quieren, me van a ofender, pues me voy a hacer rudo. No saben cómo disfruté ese tiempo, sacar ese lado obscuro mío de patear, híjole, qué rico, qué rico. Lo disfruté mucho y a lo mejor seguiría siendo rudo, pero por culpa de unos niños regresé al bando técnico porque lloraban conmigo. Me decían Santo, es que tú no puedes ser rudo porque te queremos. Eran niños y literalmente lloraban. Dije bueno, ya, ya probé lo que es portarse mal, pues ya me voy a portar bien. Entonces cada bando tiene lo suyo y se disfruta mucho.
40:23
El Hijo del Santo. Yo pienso que si no hubiera este contraste, la lucha libre no sería lo que es y la vida es igual, la vida es igual y pues es lo divertido.
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Raúl. Hola Santo, soy Raúl Mata. Gracias por estar con nosotros. Aparte de ser luchador, tuviste tus programas de radio y televisión. De tus compañeros luchadores que entrevistaste, ¿qué cosas aprendiste?
40:51
El Hijo del Santo. La mayoría de los luchadores a los que yo entrevisté, todos, la mayoría empezó desde abajo. Fueron muy humildes. Te puedo hablar en general de Los Brazos, ¿se acuerdan de Los Brazos, del Porky? Eran muchachos de barrio que tenían que pelearse en la calle. Y aprendí de ellos lo que es la perseverancia, lo que es cumplir un sueño, lo que es literalmente salir del lodo y triunfar. Muchos de ellos salieron del lodo, triunfaron y siguieron triunfando. Muchos otros salieron del lodo, triunfaron y lo echaron todo a perder, al final otra vez hacia abajo. Y eso es lo que me enseñaron mis compañeros con las entrevistas. Y volviendo a la historia del Hijo del Santo, te puedo decir que yo tuve una etapa muy vulnerable en mi vida cuando perdí a mi papá, porque ya había perdido a mi mamá como se los mencioné, pero me quedé como en un hilo sin papás y yo me pude haber perdido, me pude haber ido por el camino malo y pues echar todo a perder. Pero gracias a mis padres, a su educación, tomé el camino correcto y pues todo esto lo aprendí de la lucha libre y finalmente pues El Santo era un luchador. Entonces yo le debo mucho a la lucha libre. Me dio un ídolo que fue mi padre, me dio una profesión que me llenó de satisfacciones, me dio el cariño de ustedes, me dio el cariño del público, pero también este señor, esta máscara le debe mucho al hombre que está debajo de la máscara, porque la máscara puede estar colgada, pero el que tiene la disciplina, el que tiene la educación, el que tiene las ganas, el que tiene las decisiones, es el hombre que está debajo. Y ese hombre está compartiendo con ustedes con todo el corazón.
43:29
Antonio. Mucho gusto, Hijo del Santo, soy Antonio Ordóñez. Las películas de luchadores marcaron todo México y me atrevo a decir que las de tu papá y las tuyas pues marcaron generaciones. De todas estas historias ¿qué tiene de diferente con las películas de ahora de superhéroes? ¿Qué les hace falta?
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El Hijo del Santo. Fíjate que el género de lucha libre en México fue un género que funcionó muy bien en la década de los años, finales de los años 50 y 60. La diferencia entre los luchadores, vamos a hablar del Santo y de… dime un superhéroe norteamericano, Superman. Hay una gran diferencia que El Santo es muy humano y Superman o Clark Kent, pues sí, es un humano, pero no es terrícola, y tú te identificas más con un ser humano como El Santo porque pues El Santo, como se los mostré con la máscara negra, pues es un mortal, igual que ustedes. O sea, si juntarás al Hombre Araña, al Capitán América y a Superman con El Santo, Blue Demon y Mil Máscaras, pues sí, claro, el Capitán América, ellos, pues sí, tienen superpoderes, pero estos tienen sentimientos, estos tienen valores. ¿Me entiendes? Y eso creo que fue lo que funcionó mucho en el cine de luchadores, estaban más cercanos los superhéroes mexicanos a nosotros que los norteamericanos. Son más reales los nuestros. Y las películas pues eran películas de poco presupuesto, que se volvieron películas de culto, imagínate en Francia a mi padre le dieron un premio con las mujeres vampiro porque se veían los hilitos de los vampiros y eso les gustaba, lo tomaban en cuenta. Entonces imagínate qué importante este género. Y pienso que… digo a mí me encantan las películas de superhéroes y me encanta El hombre araña y todo, pero también me gusta el cine del Santo y sigo viendo sus películas y las sigo viendo y las vuelvo a ver y me divierte, me entretiene mucho, aparte de que es una gran oportunidad de volver a ver a mi padre. Y en algunas de ellas tiene su voz original, entonces escucharlo, pues me gusta.
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Juance. Maestro, ¿qué tal? Muchas gracias por todas estas historias. Mi nombre es Juance Mendoza. En efecto, las leyendas nunca mueren, nunca van a morir, y en su caso, ¿cómo va a continuar el legado de la máscara de plata?
46:18
El Hijo del Santo. Cuando mi padre se retiró de la lucha libre o planeaba retirarse, pues todavía no había un heredero. Afortunadamente, como ya lo platicamos, el menor de sus hijos tomó la bandera, la estafeta y afortunadamente pues logré continuar con esta leyenda y ahora pues hay una tercera generación que es Santo Junior, y Santo Junior pues ya tiene diez años de experiencia. Desde pequeñito también fue un niño muy atlético y se repiten las historias, eso es muy curioso a veces con los hijos. Mi hijo, yo nunca quise forzarlo ni de ninguna manera que fuera luchador. Yo siempre creí en él. Siempre le dije que él estudiara lo que él quisiera, pero que acabara una carrera. Cuando empezó a luchar, también es curioso, luchó a escondidas, primero como tempestad, pero al otro día se puso Santo Junior. Pero yo no me enojé, al contrario, pues me dio gusto y platiqué con él y le dije que si lo estaba haciendo por complacerme a mí, que no era necesario, que yo confiaba en él, que yo lo que yo quería es que él fuera feliz. Eso es lo que hay que decirle a nuestros hijos. Yo creo que los hijos tienen que tomar sus propias decisiones y les confieso que sí me da gusto, me da gusto que él haya tomado esta estafeta porque lo veo feliz, lo veo contento y tiene algo que no nada más en la lucha libre es importante, yo creo que es importante para cualquier persona, tiene nobleza. Es un muchacho noble, es un muchacho disciplinado y bueno, pues ojalá llegue muy lejos. Tiene doble responsabilidad, yo tuve de alguna manera, pues podría decir la sombra o el peso del Santo y logré hacer mi propia historia. Pero él tiene doble, tiene el peso del abuelo, el peso del papá y tiene que trabajar mucho, pero ojalá, ojalá siga esta tradición. Habrá Santo para muchos años más. Gracias.
49:00
Laura. Laura Xóchitl. Laura, muy bienvenida, Laura. Gracias. Me gustaría saber, ahora que estás en tu última lucha, ¿cómo te sientes con eso y qué consejo le darías a quien está a punto de terminar su carrera de vida?
49:15
El Hijo del Santo. Fíjate que en este momento ya estoy más tranquilo porque fueron dos años muy difíciles. El año 2024, 2025 fueron de tomar esta decisión. Es una jubilación como en cualquier trabajo. Y en este caso aquí, pues nadie te jubila, aquí tú tomas la decisión. Y esta decisión la tomé de la mano de mi familia, porque ya había el antecedente de la lesión en la columna y pensamos que ya era necesario que mi cuerpo descansara. Entonces primero estaba yo triste, nostálgico, inseguro. ¿Qué va a pasar el día de mañana? Si ya no lucho, ¿qué voy a hacer? Entonces fui preparando mi mente. A veces no podemos solos con nuestros problemas, no podemos solo con nuestro carácter. Y tuve que tomar terapia, tuve que recurrir a un profesional para que me guiara, porque yo solo no podía. Mucha gente que bueno, yo respeto, pero mucha gente piensa, ¿cómo vas a ir a un terapeuta si no estás loco? Pues no, no es que estés loco, yo no estoy loco, pero necesito ayuda profesional. Entonces hay que tener sencillez y humildad para aceptar esto. Entonces yo fui a tomar terapia, hasta la fecha sigo eventualmente yendo a terapia y me ha servido mucho. Primero lo viví como un duelo, como un duelo de pues se está yendo algo de mí, pero recientemente un doctor me dijo algo hermoso, me dijo, ¿cuál duelo? me dijo. Llegaste a un lugar en donde te tienes que poner tu corona de rey. Ya lo lograste, ya llegaste a lo máximo, Tienes que estar feliz porque ya es el momento de coronarte. Me costó trabajo, me costó sacrificio y hoy por hoy, Laura, me siento orgulloso de mí, me siento satisfecho, me siento muy feliz de todo lo que logré, de todo lo que les he platicado que fui superando. Lo bonito es eso, ¿me entiendes? Dejar un legado, dejar un ejemplo bonito y sentirte feliz. Entonces, si muchos o algunos de ustedes, o saben de alguien que está en esta etapa de la jubilación, apóyenlo, estén con él, porque seguramente su cabeza está dando vueltas. Porque obviamente todos nos preocupamos porque tenemos familia, porque tenemos que comer, tenemos gastos, tenemos que pagar la renta o tenemos que pagar infinidad de cosas.
52:28
El Hijo del Santo. Entonces, si tú tienes el apoyo de tu familia, todo es más fácil. Estoy muy bendecido. Gracias. Pues ha sido muy enriquecedor esta charla. Gracias por sus preguntas. Gracias por estar presentes. Yo pienso que cada uno de ustedes lleva un poquito del Santo en su corazón, en su niñez. Los que son más jóvenes, pues recuerdan a sus padres o a sus abuelos. La lucha libre, bueno, pues es algo que yo no creo que no haya un niño que no haya jugado luchas en su casa o en la escuela, también las niñas. Y me gustaría cerrar diciéndoles lo que voy a hacer en esta etapa de mi vida, independientemente de los proyectos, voy a aplicar algo que he tratado de llevar en mi vida, que todo vaya unido. Lo que pienso, lo que digo, lo que siento y lo que hago, me va a llevar a donde yo quiero llegar. Ser coherente. Coherente en todo lo que hacemos, en nuestras en nuestros actos. Y créanme que la felicidad está en nuestras manos. Y hoy, por eso esta maletita me va a seguir acompañando, pero hoy viajo ligero, ya no pesa, ya está ligerita y espero que ustedes también viajen ligeros. Gracias por escucharme. Les mando un beso a todos ustedes, a toda su familia. Gracias por escucharme, de verdad y hasta pronto. Gracias. ¡Santo, Santo, Santo…! Gracias.