Vivir con la pérdida sin dejar de vivir
Gaby Pérez Islas
Vivir con la pérdida sin dejar de vivir
Gaby Pérez Islas
Tanatóloga y autora
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Cómo afrontar el duelo sin dejar de vivir
Gaby Pérez Islas Tanatóloga y autora
Gaby Pérez Islas
Gaby Pérez Islas es tanatóloga, escritora y conferencista mexicana con más de 27 años de experiencia acompañando a personas en procesos de duelo, ayudando a otros a retomar su vida tras una pérdida significativa. Además de su labor clínica, Gaby es autora de libros como “Cómo curar un corazón roto”, “La muerte del amor” y “Tu huella en mi vida”, donde aborda el duelo desde una perspectiva humana y práctica. Ha impulsado la educación sobre la muerte y el duelo en México y otros países de habla hispana, tanto en medios de comunicación como a través de su podcast “Después de la pérdida”, que ha formado una comunidad de apoyo para quienes atraviesan pérdidas.
Transcripción
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Gaby Perez. Si alguno de ustedes vino hoy aquí con la esperanza de llevarse la fórmula mágica para que no sufran el día que tengan una pérdida, les tengo noticias, no existe. Esa varita mágica no está. Y si estuviera, yo no la usaría. Dice nuestra querida Rosa Montero que en la pérdida está el aprendizaje y la ganancia. La vida no se trata solo de qué quieres ganar, con quién te quieres casar, dónde quieres trabajar, cuánto quieres ganar, cuántos hijos quieres tener. La familia feliz y unida que nos pintan, que todos son y nadie es, pero te la pintan así. Tú solo te sientes que solo en la tuya suceden cosas. No, la vida no se trata de eso. Se trata de perder, aprender y de crecer con la pérdida. Así está diseñado el mundo. ¿Quién en su sano juicio dedicaría su vida a la muerte? Hace muchos años, como parte de una actividad escolar, le preguntaron a mi hijo menor a qué se dedicaba su madre. Algunos ya habían contestado que su madre era abogada o era arquitecta, y mi hijo contestó, mi madre se dedica a hacer feliz a la gente. Ya se imaginarán la cara de la maestra y sus sospechas también, así como que no tenían claro a qué me dedicaba, me mandaron llamar y cuando llego a la oficina, cuál no sería la sorpresa de la maestra, abrió los ojos así de grande cuando le dije soy tanatóloga. Acompaño en el duelo y trabajo con enfermos terminales. Mis ojos también eran enormes porque ese niño de apenas cinco años había descrito mejor que nadie lo que era el trabajo de la doctora Elisabeth Kübler-Ross, la maestra que nos enseñó a todos a trabajar el duelo, esta disciplina de acompañamiento. Yo tengo 27 años de ejercicio profesional trabajando con dolientes y enfermos terminales. La consejería tanatológica es un empujoncito cariñoso a que las personas retomen su vida después de haber tenido un gran dolor. Es duro, pero es maravilloso. En mi profesión pasa un poco como sucede con los médicos, cuando estás en una reunión o estás compartiendo mesa y alguien se entera que es médico, enseguida dice ay, yo tengo un dolorcito aquí. Fíjate que el otro día me molestaba el codo. Bueno, pues a mí me pasa. Ay, eres tanatóloga. Mi tío se murió cuando yo tenía seis años. Tengo un primo muy enfermo. Así me sucede en el supermercado, en la playa, en el transporte, en todos lados. Por eso mejor ahora digo que soy escritora y así hago fomento a la lectura y además aprovecho mis libros para hacer educación en el tema del duelo y además acompañamiento y dar esperanza, que es lo que más me gusta. Si bien por mi parte mexicana tengo una conexión muy cercana a la muerte, los mexicanos la hacemos calaverita de azúcar y se la regalamos a un niño, la convertimos en pan de dulce y la sopeamos en chocolate, la usamos en las playeras, una calavera o en la joyería, pero le tenemos miedo.
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Gaby Perez. Y por mi parte española, mi padre, que fue un niño durante la Guerra Civil, siempre me contaba historias de los soldados, los bocadillos escasos, el miedo que pasaron y en su mesita de noche tenía siempre un libro que se llamaba 1 millón de muertos. Ese libro lo veía yo cada vez cuando iba a darle ese beso de buenas noches y mi padre me decía acomódame el reloj para que si muero hoy en la noche yo pueda ver exacto la hora de mi muerte. Y luego se sorprendería que me dedicara a esto. ¿Pero qué te ha dado a ti por tanta muerte? Me decía. Una vez le pedí que me cuidara a mis hijos, aún pequeños, para ir a ver a un niño que tenía cáncer. Sí, anda, ve, ve. Me dijo muy nervioso. Cuando regresé y estaba yo preparando la cena, estaba yo tarareando una canción y mi padre entró a la cocina y me dijo, pero hombre, es que a ti la muerte te da vida. Y aquí estoy bastante viva. Yo soy Gaby Pérez Islas. Me dedico a trabajar con el dolor, pero también con la esperanza. Creo firmemente que el amor le gana al dolor y por eso hago lo que hago y aquí estoy lista para responder sus preguntas.
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Invitada. Gaby, un placer estar aquí. En México tenemos una manera muy peculiar de recordar a los que ya no están con nosotros: el Día de Muertos. ¿Qué crees que nos enseña esa tradición para afrontar la pérdida?
04:59
Gaby Perez. Uy, esa tradición es preciosa. Me parece que todo lo que tiene que ver con la cultura de la muerte es amor puro. Yo creo que es una celebración de vida, no un culto a la muerte. Y lo que nos lleva es a recordar que vivieron, que estuvieron ahí, las cosas que le gustaban, las cosas que hacía, las palabras que decía. Y también es un recordatorio para todos que algún día estará nuestra fotografía, probablemente también en un altar. Así que la ocasión es hoy, como es el tema de los tanatólogos, ese es nuestro lema. La ocasión es hoy y hay que vivirla, pero es un gran sentido de amor, de recordarlos y de recordar su vida, porque lo más importante que hizo una persona no fue morir, fue vivir. Así que eso es lo que tenemos que recordar y el altar nos recuerda su vida. Así que lo celebramos, tenemos una cultura preciosa en torno a esto para celebrar la llegada de las almas de los niños, los fieles difuntos y bueno, todo el amor y toda la fiesta. Ahora, te voy a decir algo. Les quiero compartir esto. Por los muertos somos capaces de hacer cualquier cosa. Una madre que ha perdido un hijo es capaz de cocinar tamales durante una semana para tener listo todo para el altar, pero a veces el hijo vivo le pide que le haga unas quesadillas y ay, no, qué flojera. Entonces es un recordatorio que si tuviéramos la mitad de la devoción que tenemos por los muertos, la tuviéramos por los vivos, otra cosa sería.
06:44
Invitada. Hola, Gaby. Gracias por recibirnos. Mi pregunta es bastante compleja. Tenemos un hijo que está vivo, pero por alguna razón, difícil de entender, quiso separarse de la familia. Entonces nos ha pedido que nos mantengamos alejados, no quiere saber de nosotros nunca más, y ya de eso va un año. Es súper doloroso tener un hijo vivo, pero, lo hemos perdido. Entonces muchas veces amanezco sin ganas de vivir feliz, pero tengo otra familia, o sea, tengo mi esposo, tengo otro hijo y sé que tengo que seguir por ellos, pero es muy difícil porque no sé de dónde sacar la esperanza para eso.
07:36
Gaby Perez. Gracias por tu confianza y por compartirnos esto. La tanatología también trabaja con estos casos, porque no solamente tiene que ver con muerte, como bien dices, tiene que ver con duelo, con el acomodo de todas las emociones que se generan a partir de un dolor. Ese proceso en el que la pérdida nos mete, nos lleva a, pues tener que acomodar, integrar la realidad de la pérdida a la vida y seguir adelante. Y no es fácil, no es fácil como lo dices. Ahora, creo que la mentalidad debe de estar puesta en quién quiero ser cuando él regrese con nosotros. ¿Qué mamá quiero que se encuentre cuando él vuelva? Porque nunca más es mucho tiempo y la vida, a los que ya tenemos unos años en ella, nos enseña que los siempres los jamases, no son tan absolutos. Entonces él necesita un espacio, aunque no podamos entenderlo. Creo que muchas veces no podemos entender de dónde vienen las conductas o las necesidades de los hijos, pero podemos confiar en el hijo que formamos y en el amor que le hemos dado. Yo creo que puede regresar y nadie puede quitarte la esperanza de eso. Pero todos los días al despertar tienen dos opciones o me quedo en la cama lamentándome, lamiéndome las heridas y no encuentro la energía para salir al mundo, o me agarro del amor y me agarro de mi esperanza y me paro de esa cama y entonces me convierto en la mamá que quiero que él vea cuando regrese. Una mamá bonita, arreglada, que va al gimnasio, que cuida de ella, porque eso también es amor. Cuando amamos a nuestros hijos y ellos ya han crecido, tal vez ya no nos necesitan para que los llevemos al cole, para que los recojamos en una clase especial, pero necesitan que cuidemos de nosotros para que ellos puedan vivir su vida sin preocuparse demasiado por la salud de sus padres. Así que cuídate, cuida el amor que tienes en tu vida, porque te veo tomada de la mano de alguien y tomada de la mano de alguien la vida es menos difícil. Un día a la vez. ¿Pero te acuerdas lo que dije al principio? Creo que el amor le gana al dolor y si pusieras en una balanza, yo fuera una báscula, y en este platillo voy a poner el dolor que tienes, el dolor es muy grande, pero en este otro platillo hay amor y el amor pesa más. Eso equilibra nuestra vida y nos da la energía para seguir. Gracias. Y muchas gracias por tus lágrimas, porque yo sí sé qué hacer con ellas. Creo que el trabajo de un tanatólogo es acompañar y sostener el dolor sin querer quitarlo, sin decirte frases como échale ganas o todo va a estar bien, que para mí es una esperanza barata. Pero en realidad, en realidad, esas lágrimas significa amor. No solo significan dolor, así que son bienvenidas y en este espacio de intimidad que hemos creado son bienvenidas.
11:00
Invitada. Estamos en un taller para padres que sufren con hijos con estos trastornos y entre estos chicos hay un alto índice de suicidio. Entonces en el taller hay padres que lastimosamente lidian con hijos con estos intentos de suicidio muy a menudo. Entonces yo les decía que yo me alegro no haber pasado por eso, pero que también tengo la pérdida de mi hijo porque no está con nosotros. Entonces me dijeron que era igual un duelo porque no está cerca nuestro y no hay visos de que pronto quiera acercarse. Te pregunto a ti, esto desde tu punto de vista, ¿califica como un duelo también? Y luego la otra pregunta es, yo trato de contarle mi historia, porque cuando regrese, ojalá sea pronto, no quiero que hayamos perdido esta vida juntos y la escribo, un cuaderno, pero me duele como una espada cada día que me siento a escribir, Pero como tengo mala memoria, no quiero después, algún día que nos reunamos, olvidarme de todo lo que hemos vivido en este tiempo. Entonces no sé si eso ahonda más mi tristeza o es algo, más vale que me libere, porque la verdad es que no lo siento que me ayuda mucho.
12:35
Gaby Perez. Muchas gracias por lo que nos compartes y comienzo respondiéndote esta segunda. La terapia narrativa es maravillosa, el cerebro no tiene renglones y el papel sí. Escribir siempre nos alivia, pero lo importante es desde dónde le estás escribiendo. Creo que estás escribiendo desde el dolor de que no está, desde las ganas de que estuviera. Si tú estuvieras aquí, me duele muchísimo que no estés y entonces eso sí puede ser una revictimización de tu dolor diaria. El objetivo de este cuaderno, que me parece un acto amoroso, es escribirle de ti para que él no se haya perdido de su mamá. Es que esta moneda tiene dos caras. Claro que tú ves la tuya y tú no lo tienes, pero él no te tiene. Entonces cuéntale de ti, de lo que haces, de lo que piensas, de lo que sueñas, de lo que quieres. Si ese cuaderno se vuelve contarle lo que haces ahora que él no está, lo que hacen como pareja, lo que hacen como familia, los planes que tienen, entonces le metes esperanza. Si solo te concentras en no estás, te extraño, me haces falta. Y también date el permiso de vivir un día sin el recordar que no está porque uno se va habituando y no recordar no es olvidar. Yo sé que nunca te vas a olvidar de él, pero no tienes que recordarlo todos los días. ¿De acuerdo? Y por supuesto que es un duelo lo que estás viviendo y no es un duelo ambiguo. Me molesta muchísimo ese término que algunos usan porque entonces te dejan en un impasse, este es un duelo real y este es ambiguo, no. Duelo es dolor. Viene del latín dolus, es dolor. Me duele. Perdí algo, perdí tu presencia, perdí la convivencia, perdí la familia como la conocía. Entonces, por supuesto que es una pérdida, muy diferente a la pérdida que a alguien que pierde la vida por suicidio. Porque ahí, y lo digo fuerte y claro, se acaban las esperanzas de que regrese, de que estemos, de que convivamos. Entonces son duelos distintos y a mí no me gusta comparar un duelo con otro y sobre todo, nunca los pongo en una escala. ¿Qué duele más? ¿La muerte de un amigo o la muerte de la mascota? ¿Qué duele más? ¿La muerte de una abuela que fue como una madre o la muerte de un tío? Cada duelo es el 100% de tu dolor. Depende quién era el ser para ti. Qué perdiste al perderlo y qué ganaste al perderlo. Porque aunque sé que eso nunca lo queremos ver, también hay ganancias que vienen envueltas en una envoltura muy extraña que no nos alcanzan para lo perdido, pero son ganancias, como este grupo de apoyo de padres del que me hablas. Me parece que es maravilloso que puedan reunirse en un tono de esperanza, no para hacer una apología del dolor, sino para hablar del amor, para seguir siendo madre y padre.
15:47
Gaby Perez. Porque ser mamá o papá es un cargo vitalicio, no mientras vive tu hijo, mientras vives tú y hay que seguirlo ejerciendo con todo lo que eso implica, lo tengas cerca o no lo tengas cerca. Eres madre, eres padre y de eso hay que hablar en los grupos, del privilegio de serlo.
16:19
Invitado. Hola Gaby, muchísimas gracias. Ojalá pueda armar bien esta pregunta y es, el duelo lo debemos llevar de la misma manera, por lo menos en una pareja, el hombre que la mujer. Nosotros, los hombres siempre nos han enseñado, por lo menos en mi generación, de que tenemos que ser los fuertes de la relación, tenemos que ser los protectores en la relación. Y tú hablas de muchos tipos de duelo, no solamente muertes, pérdidas de personas, y a veces llevamos ciertos duelos que preferimos no manifestarlos para no hacer daño a la pareja. Entonces son como dos preguntas en uno. ¿Cómo se lleva el duelo de la misma manera? ¿Y qué hacer cuando uno tiene un duelo que prefiere no manifestarlo para proteger a la pareja?
17:22
Gaby Perez. nan Gracias por abrir la voz a lo que muchísimos hombres pasan y sienten con respecto al duelo. Nos dijeron muchas mentiras, no por maldad, sino porque ellos tampoco les dijeron verdades. Entonces nos dijeron eso, tú no llores, tú sé fuerte. También nos dijeron tú sé bueno en la vida, mijito, y te va a ir bien. Y a veces somos muy buenos y no nos va bien y no entendemos por qué, qué pasó ahí. Vivimos distinto el duelo hombres y mujeres. Pero cuando es una pareja no tienes que ser el fuerte porque tu dolor no le va a hacer daño, le va a dar la oportunidad de ser fuerte también. Tenemos que recordar algo, la sobreprotección es una forma de agresión, es creer que no tienes lo que se necesita para salir adelante. Y lo más hermoso en una pareja no es callarnos los duelos, es compartirlos y darnos la oportunidad de que a veces tú estás mal, entonces ella sacará esa parte y a lo mejor te sostendrá y el humor y te abrazará y estarán juntos. Y una mujer es débil y te da la oportunidad a ti también de ser fuerte. Se necesitan damas para que haya caballeros. Si no permitimos que nos abran la puerta, que hagan cosas por nosotros, a veces les cortamos las alas a alguien que quiere ser atento. Yo puedo todo, yo lo puedo sola. Te ata de manos y te voy a decir cosas que me han dicho en consulta, por pérdidas de hijos, sobre todo que es el motivo principal por el que llega una pareja conmigo. Le pregunto a él, ¿cómo estás? Muy bien. Es que la verdad admiro muchísimo a mi esposa. Ha mostrado una entereza, está muy fuerte, está increíble, ya va a volver a trabajar. Y ella se voltea y le dice ¿de verdad crees que estoy bien? De verdad, pero ¿no me ves? Es que lloro todas las noches. Ellos tratando de ensalzar la parte de valor que ella tiene, es lo que le cuentan a los demás y todo nuestro dolor necesita ser visto y necesita ser reconocido, no por los demás y los externos, sino por los propios con los que vivo, con el que duermo. Si él no está viendo mi dolor, ¿qué estoy haciendo mal? ¿Tengo que demostrarlo más? ¿Tengo que ser más enfática en lo que estoy viviendo? Y callarme es negarle la oportunidad de apoyarme, no es protegerla. Entonces mi respuesta sería, no se protejan del dolor de uno al otro. Hablen, abran la comunicación. El 80% de las parejas que pierden un hijo bajo diferentes circunstancias terminan separados. Y no es la ausencia del hijo lo que los separa, es la falta de respeto a las diferentes maneras de duelar. Uno quiere hablar de esto todo el tiempo, el otro no lo quiere mencionar. Uno quiere que su nombre se mencione en la misa, el otro no quiere pararse en una iglesia. Alguien va al cementerio todas las semanas y el otro no ha ido nunca.
20:25
Gaby Perez. Tenemos que respetar los diferentes maneras de duelar, pero tener la comunicación abierta y no proteger al otro de nuestras emociones. Pero hay que saber gestionarlas para no explotar con nuestras emociones, porque nunca las hablamos y un día reviento. Es como una olla express, tú dejas salir un poquito del vapor y así estará bien, pero si lo quieres tapar y yo estoy bien, todo, un día aquello truena.
20:55
Onela. Hola Gaby, mi nombre es Onela. Yo perdí a mi hija y cuatro años después, cuando sentía que me estaba recuperando un poco, perdí a mi madre. Durante muchos, muchos años reprimí mi dolor porque sentía que tenía que seguir adelante y también porque no quería que las otras personas me tuvieran lástima. ¿Qué consecuencias puede traer reprimir durante tanto tiempo el dolor? Porque perder a una hija y perder una madre son dos lutos totalmente diferentes. ¿Y cómo podemos ayudar a las personas que atraviesan una situación parecida?
21:45
Gaby Perez. Gracias Onela. Y lamento mucho, mucho tus pérdidas. Déjame detenerme un minuto en que reflexionemos por qué usamos la palabra perder. Realmente no es, lo perdí, no sé dónde está, no, Es, yo me siento perdida sin ella. Yo me siento perdida sin mi hija. Yo me siento perdida sin mi madre. Si empezamos, y esto es a lo que te invito, a cambiar un poco la narrativa de nuestro dolor, no estaremos perdidos, estaremos dolidos y eso hará que no callemos nuestro dolor. Aquí hay varios elementos. Cómo somos, que no nos gusta que los demás sientan lástima por nosotros. Si hay una experiencia universal, es la pérdida. Todos, todos, vamos a tener alguna pérdida, porque el doctor Viktor Frankl, padre de la logoterapia, decía que a esta vida veníamos a vivir tres experiencias. Veníamos a sufrir, todos sufriremos, no se vayan con eso de que el sufrimiento es opcional porque no lo es, todos nos toca una rebanada del pastel. Todos nos vamos a enfermar alguna vez porque el ser humano se enferma. No es algo que hiciste mal, no es algo que te faltó hacer, no es tu culpa y finalmente moriremos. Entonces es la experiencia más universal. ¿Pero por qué sentimos cuando nos sucede a nosotros que los demás van a vernos hacia abajo? Después de que hemos perdido entendemos que si estás abajo, estás momentáneamente abajo, después estarás arriba y quien está arriba no puede ver hacia abajo al otro solamente para ayudarle a subir, porque es algo que nos pasará. Entonces eso, el qué piensen los demás, el qué sientan los demás, cuando somos el protagónico del dolor, hay que dejarlo a un lado. El duelo nunca es concurso de popularidad, porque si lo haces bien te van a decir lo está negando, lo está negando, no lo acepta. Mírala, yo la veo muy bien. Pero si no lo estás aceptando y estás en casa llorando, es que no le echa ganas. No hay salida, no hay salida con los demás, mejor no tenerlos tan en cuenta. Ahora, respondiendo a tu pregunta, ¿cuáles son las consecuencias de callar un dolor mucho tiempo? El cuerpo nos habla y cuando no lo escuchamos el cuerpo grita y las lágrimas tienen que salir por algún lugar. El llanto hacia afuera es limpieza del alma, es sanación. Es que somos muy curiosos como sociedades, porque si alguien ahorita se pusiera a correr aquí, hiciera deporte, nadie le diría ay, no sudes, por favor, no sudes, te lo pido, suda poquito, no sudes. Pues no, porque sudar es algo natural, que es un enfriamiento del cuerpo y va a evitar que caigas desplomado. Llorar es lo mismo. Pero sí nos dicen no llores, ya no llores. Ya no llores, amiga. Toma, te paso un pañuelo y ya no llores. Y te lo dicen porque ellos no saben qué hacer con tus lágrimas. Porque los pone nervioso, porque ya quieren que te reestablezcas, que estés bien, que todos funcionemos, aquí no ha pasado nada. ¿No es lo que más contestamos? ¿Cómo estás? Bien. ¿Y tú? Bien también. Todos estamos bien.
25:02
Gaby Perez. Yo no sé porque tengo el consultorio lleno. Todos estamos bien. Entonces la consecuencia de que los demás no vean tu dolor es muy dolorosa. Pero la consecuencia de que tú no veas tu dolor, que tú no lo reconozcas, que tú no te mires al espejo, que tú no te des permiso de llorar, eso sí puede repercutir, sobre todo a largo plazo, en tu salud. El dolor está ahí, sin duda, pero el amor también. Porque a ver, si yo te lo pregunto, de haber sabido que te iba a doler tanto perder a tu hija, ¿hubieras preferido mejor no conocerla? Me estás diciendo que si este dolor de ausencia es el precio que tienes que pagar por haberla tenido, lo pagas. Lo mismo con tu madre. Porque mira, yo digo madre y me pongo la piel de gallina porque comparto ese dolor contigo, por supuesto, pero también el orgullo de haber sido su hija y lo volvería a hacer y volvería a vivir todo lo que vivimos con tal de haberla conocido. Eso es lo más importante, que recordemos con más amor que dolor y que veamos hacia adelante como un homenaje a ellos, no como una traición. ¿Cómo voy a volver a ser feliz sin ella? ¿Cómo no vas a hacerse sin ellas? Si ellas se esforzaron por tu felicidad, ¿les vas a pagar su muerte con tu infelicidad? No lo creo. Y respondiendo la otra parte de tu pregunta. ¿Cómo acompañamos a esas personas que están en duelo? Creo que lo primero, y ya lo aprendimos hoy todos aquí, es no decirle ya no llores. Dejen que el llanto salga porque ese dolor no la va a destruir, la va a construir en una mejor persona. Todo lo que suene a una instrucción hay que sacarlo de nuestro vocabulario. Es que ya no llores, lo estás haciendo mal, ya deberías de sacar las cosas de la habitación. Te estás tardando. Este duelo ha tardado mucho. ¿Todo eso de verdad es lo que necesitamos? Si en el duelo necesitamos un amigo, no un juez, entonces tratemos de poder sostener el momento, de escuchar, de hacer preguntas genuinas con un interés genuino. Porque alguien te empieza a contar que perdió a su madre. Si, yo sé. Yo también perdí a la mía y fue terrible. Y entonces todos queremos una oportunidad de hablar, pero nadie escuchamos. Si tú quieres acompañar a alguien en duelo, escúchalo sin juzgar, sin querer quitarle su dolor, sin querer decirle una frase, quien me conoce sabe que siempre las personas lo que más me preguntan es, Gaby, ¿qué se le dice a alguien que ha perdido? Y yo, ¿quién es ese alguien? ¿Qué perdió? ¿Cuál era la relación? Esto no es una talla, le queda a todos. El duelo tiene que ser un trabajo hecho a la medida y entonces haz preguntas a esa persona que tiene un duelo. ¿Cómo es tu dolor? ¿Dónde lo sientes? ¿Hay alguna hora del día en que sea más intenso? ¿Cómo te puedo ayudar? Esa pregunta que tiene que estar siempre en la punta de nuestra lengua es lo más importante. ¿Qué puedo hacer por ti?
28:18
Gaby Perez. No asuman, no decidan lo que pueden hacer por otro, porque a lo mejor lo que nosotros creemos no es lo que la persona necesita y la mayoría de los dolientes lo único que necesitan es ser escuchados, acompañados, pero de verdad, de verdad. Déjenme les cuento esta anécdota porque a mí me parece algo que nos deja muy claro lo que sucede en el duelo. Vamos a llamarle Marta. Una viuda joven con dos niños pequeños. Está en el velatorio y empieza a llegar la gente a abrazarla y entonces, lo siento mucho, lo que se te ofrezca. La que sigue, de verdad, me duele muchísimo. Lo que quieras, ya sabes que aquí estoy. Y una amiga como la que todos deberíamos de tener, al empezar a escuchar esto dijo no, vamos a concretar. Y entonces cuando alguien le decía lo que se te ofrezca, a ver, ¿tú tienes a los hijos en el mismo colegio que ella, verdad? ¿Te parece bien si la semana que entra tú le llevas a los niños y se los recoges? Sí, sí, está bien. Yo lo hago. Muy bien. Lo que quieras. ¿No eres vecina de ella? Ah, perfecto. Entonces le puedes llevar la cena esta semana a Marta, porque no tendrá la concentración y es importante que coma bien. Sí. Entonces ya las últimas personas pasaban y decían, lo siento, y ya corrían huyendo de ahí. Esto es un caso real. Y no caigamos en las frases huecas y vacías. Lo que quieras, lo que te haga falta. Porque tal vez lo que le haga falta tú no puedes darle. Pero si hoy vas a ir al parque a llevar a tus hijos, no puedes llamarle oye, me llevo a tus hijos un rato para que tú descanses, porque yo voy a ir al parque. Oye, es que estoy yendo a la tienda ahora, ¿te hace falta algo? O simplemente cociné pasta y hice dos plantones en lugar de uno, aquí está uno. Lo que yo pueda. Pero ante el dolor hay que dar un paso hacia adelante, no un paso hacia atrás, porque el error más grande es, le estoy dando su espacio. ¿Te lo pidió? ¿Te pidió espacio? ¿Por qué le damos espacio a alguien que no lo ha pedido? Entonces no le llamo porque yo estoy incómoda. No la invito, no la visito, no sé que decir. Y de esto va la tanatología, de aprender. De esto van mis libros y quiero mencionar uno de ellos que se llama, Cómo curar un corazón roto, porque ahí está la respuesta. Qué ayuda, qué no ayuda, qué decir, qué hacer, qué no hacer. Porque no nos lo enseñaron, es correcto. No aprendimos esto porque nadie nos lo enseñó, pero eso ya no es justificación ahora que somos adultos, hay que aprenderlo.
31:05
Sandra. Gaby, me llamo Sandra y nací en Ecuador, y perdí a mi hermano Leo en el año de la pandemia, en el 2020 con 38 años. Y tengo ese sentimiento de culpa, creo que por la distancia de no haber estado en el momento en que falleció, no haber podido auxiliarle mientras estuvo enfermo y eso me ronda y me hace muy difícil transitar mi duelo. Entonces mi pregunta es, ¿qué puedo hacer? ¿Cómo se trabaja la culpa en el duelo cuando te queda eso en tu cabeza? Podía haber hecho más por él, podía haberle llamado antes, podía haber estado más pendiente.
31:54
Gaby Perez. Lamento mucho, mucho tu pérdida. Perder a un hermano es perder parte de nuestra biografía, de nuestra historia. Es la única persona que tuvo los mismos padres que tú y que conoce como era ser su hijo o ser su hija y se pierde mucho al perder un hermano. Ahora, aquí hay varias cosas. No solo es el duelo puro de haber perdido un hermano, sino el duelo del migrante, ese duelo que sentimos porque nos pesa no estar para las fiestas de 15 años, los cumpleaños o las navidades, pero nos pesa infinitamente más no estar para acompañar cuando alguien está enfermo, no velarlo, no poder llevar a cabo todos los servicios que según nuestra tradición y religión tengamos. Ahora, al cerebro le gusta más sentirse culpable que impotente. Y esto es muy fuerte, muy fuerte, porque en el duelo, la trampa de la culpa vamos a caer en ella muchísimas veces y vamos a tener muchos rounds con la culpa. Hubiera, como no hice, debí de, es que si yo hubiera hecho. La manera de trabajar la culpa en el duelo primero es renunciar a la fantasía de que las cosas hubieran sido diferentes con mi presencia, no hubieran sido diferentes porque no hubieras podido evitar lo que pasó. Pero para ti estar ahí hubiera sido importante. Entonces lo que hay que hacer, en lugar de culparnos, es y te voy a decir una palabra muy mexicana, apapacharnos, que es sobar el alma, porque tú hubieras querido estar ahí, tú hubieras querido cuidarlo, tú hubieras querido ser quien le cerrara los ojos y le quitara los miedos y no pudiste. Entonces en lugar de juzgarme es, qué duro que no pude estar, que duró que no pude acompañarlo, pero la vida así lo acomodó. Creo que para todos los que no vivimos en el lugar donde nacimos tenemos que recordar en momentos así por qué no estamos ahí, por qué nos fuimos, en búsqueda de qué. ¿Salimos huyendo? ¿Ya no queríamos ver a la familia? ¿Nos tenían hartos? Seguramente no. Fuimos a buscar trabajo, fuimos a buscar oportunidades, fuimos a recuperar la salud, a tener un cambio de vida. Si tienes bien claro por qué te fuiste, no se va a difuminar en el momento que seas necesitada en otro lado. De corazón estuviste, con tu amor estuviste, pero no hay nada que hubieras podido hacer o dejar de hacer que cambiara el resultado de las cosas. Esto cuando entendemos lo que el cerebro quiere hacer, como el cerebro quiere llevarnos a la culpa, porque la culpa es una especie de enojo y entonces el enojo es energético, el enojo te da fuerza, la tristeza es lánguida, la tristeza te deja quieta. Entonces eliges, ya sé que no conscientemente, pero eliges estar enojado y eliges tener esa culpa porque así te mueves.
35:00
Gaby Perez. Pero es muy injusto con nosotros mismos porque hemos perdido. Recuerden que en el duelo no necesitamos al juez, ni externo ni interno, necesitamos al amigo y es tu momento de ser tu propia hermana.
35:27
Sandra. Quería comentarte que en este proceso de duelo que voy a hacer seis años que falleció mi hermano Leo, en esa búsqueda de encontrarme mejor fue cuando te encontré con tus podcast y te sigo desde ese momento cuando escuché el podcast que es la pérdida de un hermano, me sentí tan identificada que empecé a buscar y también a difundir esa tranquilidad que me dio conocerte en las redes sociales. Y aquí estoy con una de mis compañeras que estamos en un grupo de duelo de hermanos, que hemos hablado siempre de ti y estamos aquí las dos hoy. Y hemos venido porque quería, yo particularmente, decirte que gracias a esas perlas que nos dejas, que nos hacen la vida del duelo más transitable, nos está haciendo un poco más tranquila, más amena esta vida, porque llegamos siempre a ese momento tan doloroso, tan doloroso y como dices, el cerebro siempre te regresa a ese momento. Entonces que quería agradecerte por todas esas… las publicaciones de tus libros, por todos los podcast, porque en realidad la gente necesita tener esa información para poder llevar más tranquilo este proceso de duelo. Así que muchas gracias Gaby.
37:07
Gaby Perez. Muchas, muchas gracias a ti y a todos mis “despuesitos”. Así le llamo a mi comunidad con amor, porque son las personas que han tenido una pérdida y cómo son después de la pérdida. Y ese es el nombre del podcast, y te agradezco muchísimo que lo compartas. Fíjate cómo en el duelo se hace una hermandad y entonces te unes y vas a lo mejor a grupos que han pasado algo similar a ti, nunca igual, porque cada duelo es un traje hecho a la medida. Pero tratas, esto me ha ayudado, te lo comparto. Mira, escucha esto. Lee esto. Y entonces encontramos hermanos en el dolor. Quería yo comentarte que hiciste un énfasis especial en 38 años. Cuando mencionaste la edad de tu hermano, aunque no lo dijiste, sonaba un poco a reclamo. Era, apenas 38 años. Y hay vidas que duran 38 años, hay vidas que duran 70 y hay vidas que duran 102. Mi usuario, así se le llama a los pacientes en tanatología, más mayor tiene 102 años. Bueno, es que son vidas completas. Vinieron a vivir la experiencia del amor, los aprendizajes que tenían que vivir, a aprender y a enseñar. Y cuando han aprendido lo que han aprendido, entonces tienen su graduación de vida, que para mí eso es la muerte. Y han enseñado lo que han tenido que enseñar, pero nos siguen enseñando un montón, desde haber muerto, desde ahí, desde el inframundo, que no tiene nada que ver con el infierno, por favor. El inframundo para los mayas y todo es lo más pegado a la tierra, a la raíz, es el mundo de los muertos. Pero desde ahí nos siguen dando lecciones y son lecciones de amor. ¿Cómo se extraña a una madre? ¿Quién te lo va a enseñar si no es mamá? Cómo se extraña un hermano, solamente te lo puede enseñar un hermano. Y bueno, creo que en esta vida que es una escuela, las materias no son optativas. Tenemos que cursarlas todas y hay unas pues que duelen mucho, así es. Gracias.
39:35
Invitada. Bueno, antes de nada quería agradecer el estar aquí y el conocerte en persona, aunque ya me has ayudado mucho de atrás por escucharte en los podcast. Mi pregunta es, a ver, yo perdí a mi madre cuando tenía 14 años, entonces en ese momento me sentí muy arropada por mi padre, me ayudó muchísimo. Mi abuela paterna también vino a vivir a casa, entonces sustituyó, no sustituyó, pero bueno, acogió la figura materna y justo 14 años después falleció. Esas dos muertes, esas dos pérdidas, bueno, fueron muy duras. Pero cuando perdí a mi padre hace poco, se revivieron creo que todas. Creo que no hice el duelo por esos dos y el duelo de mi padre fue la hecatombe. ¿Puede ser así? Puede que… mi pregunta es si ¿no haber hecho el trabajo de duelo de anteriores pérdidas puede revivir ese último todos los anteriores y removerte tanto?
40:45
Gaby Perez. Muchas gracias por compartírmelo, y tienes toda la razón. El duelo llega como una ola, así es la pérdida y remueve toda la arena que ya se había quedado asentada bajo nuestros pies. Una nueva pérdida te hace pensar en las pérdidas anteriores, pero especialmente en el caso del segundo de nuestros padres, porque cuando muere mamá, en este caso, queda papá y queda una columna vertebral que nos ha acompañado toda la vida, que estuvo ahí cuando murió mamá. Pero cuando muere el segundo de nuestros padres, ahí viene el dolor de sentir algo que se llama orfandad adulta, porque nunca más serás hija de alguien. Los tuviste, pero ya no están aquí. Ahora, ¿qué pasa con el buen maestro que es papá o mamá? Que cuando ya no están no se nos olvidan las lecciones. Es el momento de ponerlas en práctica y de honrarlos. Entonces no porque ya terminamos el cole y ya no vemos al maestro de matemáticas, olvidamos como sumar y restar, al contrario, lo aplicamos toda la vida y agradecemos a aquel que nos lo enseñó. Papá y mamá nos enseñaron tanto. Tuviste la fortuna de tener dos madres y aunque te corregiste en el momento de decir sustituir, claro, nadie sustituye a nadie. Pero cómo agradece una chiquita de 14 años que haya una figura materna que está ahí para apoyarla. Es tan especial el vínculo con una madre que nos hace falta siempre. Te habrá hecho falta de mayor, cuando te graduaste, te habrá hecho falta después si te has casado, si tú misma eres madre. Nos hace falta en todo momento, pero entonces es cuando empiezas a escucharla desde adentro, ya no por aquí, aquí ya no oigo tu voz. Y lo mismo pasa con un padre, pero te escucho de dentro. ¿Qué me diría mi padre en esta situación? ¿Qué me aconsejaría? Y casi que podemos oírlo hasta con las palabras exactas que nos lo diría. Entonces vive en nosotros. Y sé que esto puede sonar como una frase un poco trillada, pero es que es cierto, es cierto. No tendremos como en la película que te asomas a un agua y lo ves reflejado en ti, no, pero en el espejo dónde está él más que en ti. Tienes su genética, tienes su temperamento, todos los años de convivencia. La verdadera muerte viene con el olvido, no con el desprendimiento físico. Y si todos recordáramos que, especialmente con los padres, cuando alguien muere, lo que se llevó fue su presencia, pero no su amor. Su amor sigue con nosotros. ¿No lo han sentido? ¿No han sentido el amor de sus padres en muchas cosas? Yo he sentido el amor de mi padre muchísimo. Oigo su voz, oigo las cosas que me decía, que me encantaría que estuviera aquí para que me viera. Es más, aquí, hoy, aquí, ahí sentado, para que me viera, me encantaría, pero siento que está aquí, que viene conmigo, que lo evoco y agradezco haberlo tenido.
44:04
Gaby Perez. Y ahí también algo que ayuda en el duelo por la muerte de los padres es a lo mejor pensar las creencias que tenemos con respecto a la muerte pueden ser lo que nos meta miedo o lo que nos meta esperanza. Es un traje hecho a la medida que cada uno va construyendo su duelo y que no hay una manera correcta además de hacerlo, porque por favor, además de lo duro que es pasar a pertenecer al club del duelo, encima que alguien venga con la cara dura a decirte que no lo estás haciendo bien, que te estás tardando mucho, que ya deberías de estar bien, que ellos conocen a una persona que en seis meses ya estaba como si nada. ¿Qué saben ellos de tu dolor, de tu vínculo, de todas las pérdidas secundarias que hay? Pero si bien lo vamos construyendo, nos sirve mucho conocer el modelo de la doctora Elisabeth Kübler-Ross para saber las etapas. Lo más importante de estas etapas es que no se recorren de manera lineal y no se recorren una vez porque ella no dejó un mapa, dejó una aproximación, una observación de cómo es el proceso de duelo. Tanto si tú eres un enfermo como si tú tienes una pérdida. La primera etapa en el proceso de duelo es el shock inicial. Es cuando recibes esa llamada, cuando te dan esa noticia. Es un impacto tan grande que se activa enseguida un mecanismo de defensa llamado negación. Y la negación es como si acolchonara todo tu cerebro para que no te caiga el impacto de lo ocurrido. Entonces lo niegas y al principio esa negación es tu mejor amigo porque te salva. Es como recibes esa llamada y entonces dices no, no, se han equivocado, es otra persona. Voy a ir con la policía, pero seguro que no es él, seguro que están equivocado. Y eso te permite llegar al lugar. Si de momento entendieras lo que pasó, a lo mejor ahí caes, a lo mejor te desmayas, pasa algo. Al principio esta negación te sirve, es tu mejor amigo, pero después, si no sales de ella y te quedas en la negación, se vuelve tu peor enemigo porque no te permite avanzar. Entonces es muy importante que en cada etapa tengamos tareas que hay que hacer para entender lo que pasó, asimilarlo y poder seguir. ¿Qué nos ayuda a salir de la negación? Bueno, muchas veces, por ejemplo, si se trata de una defunción, ver el cuerpo de alguien que tenemos mucha, como mucho miedo y mucha resistencia a verlo, es que me voy a traumar, es que se me va a quedar para siempre, es que no quiero verlo. Pero luego muchas personas les cuesta más trabajo precisamente porque no lo vieron. Entonces, verlo a lo mejor, saber detalles, luego no preguntamos los detalles y nos quedamos con tantas dudas como un queso con agujeros de la historia. Y entre más datos tengamos es mejor. Eventualmente cambiar nuestro vocabulario y no hablar todo en presente, sino en pasado. Cómo duele usar el tiempo verbal pasado. A él le gustaba el jamón, ya no le gusta, le gustaba. Pero cuando hablemos de amor, sí podemos hablar en presente. Me ama y yo lo amo. Y ese amor nos da fuerza para seguir adelante a enfrentar lo que no creíamos.
47:31
Gaby Perez. ¿Qué pasa cuando la negación empieza a quitarse un poco? Pues nos enojamos. La negación nos tenía entumidos, pero cuando ya te desentumes, te enojas y te enojas con una rabia furiosa. ¿Contra quién? Contra quien se deje. Te enojas con los médicos, te enojas con las autoridades, te enojas con el que se fue, te enojas contigo mismo. El enojo vuelto hacia mí se llama depresión. Te enojas allá arriba si crees en un poder superior. Y ahí vamos a regresar muchas veces a esta rabia furiosa. Hay quien me dice yo no me enoje Gaby, yo nunca he estado enojado. A ver, porque enojo no significa gritar y maldecir solamente, enojo significa preguntarte por qué. A que se lo han preguntado. ¿Por qué él? ¿Por qué ahora que era tan joven? ¿Por qué de esta manera? Atrás de cada por qué hay enojo. Y después viene la negociación, es este estira y afloje con la vida. A ver, ya voy a ser bueno, ya voy a hacer ejercicio, ya voy a hacer todos mis deberes. Estoy transando con la vida, yo te doy y tú me das. A veces esa negociación no sale como queremos y pasamos a la siguiente etapa, que es una depresión, es una depresión reactiva. Reaccionas con depresión por haber perdido al objeto de tu afecto, a tu ser querido. No es una depresión química ni crónica, ni necesitamos forzosamente tomar medicamentos. Hoy hay una tendencia a querer apurar este proceso y entonces se habla de síndrome de duelo prolongado para enseguida poder medicarte y que des baja en el trabajo, pero es que es lo más natural duelar. No podemos llamarlo una patología, no podemos medicarlo. Si alguien ya tomaba antidepresivos o ansiolíticos antes de la perdida, lo más probable es que los siga necesitando, pero los tanatólogos no recetamos ni una tila porque nosotros trabajamos con las emociones, no queremos adormecerlas. Entonces cuando termina esta depresión no es que te guste lo que pasó, no es que le des like a la vida, es que simplemente dices sí pasó, pero ya pasó y ahora ¿qué voy a hacer? Recoges los pedazos de tu vida, los unes y sigues adelante, resignificando, buscando qué sentido tú le quieres dar, no el sentido que comúnmente las personas le atribuyen. Por algo pasan las cosas, algo tenías que aprender de esto. No, no teníamos que aprender de esto. Esto te va a volver una mejor persona. Yo ya era una buena persona. No, la vida no tiene sus métodos didácticos. Las cosas pasan. La muerte, la enfermedad, lo hablamos, es parte de la vida, no son castigos, ni premios, ni lecciones. Es la vida siendo la vida. Y cuando lo entiendo, puedo vivirla con mucha más alegría, con mucha más tranquilidad, porque no me siento traicionada por ella. Pero solo cuando conocemos la vida tendríamos que tener ese prerrequisito para estudiar la muerte, tendríamos que estudiar la vida.
50:53
Invitado. Hola Gaby, es una alegría y un regalo poder estar aquí y poder hacerte una pregunta. Desde que falleció mi madre me ha quedado como un miedo, como una sensación de alerta, de qué ser querido o qué seres queridos puede que les pase algo también. ¿Qué aconsejas? O, ¿cómo se puede vivir sin ese miedo, sin vivir preocupado de lo que pueda ocurrir y vivir con confianza y con fe principalmente?
51:27
Gaby Perez. Muchas gracias. El regalo es totalmente mío y tener la oportunidad de poder responder esto porque creo que muchas personas viven con ese miedo. Recuerdo una chica que me llamó un día para sacar consulta y me dijo es que me urge verte. Sí, claro. Pudimos, concertamos y cuando llegó me dijo es que nada más de pensar que se mueran mis papás, es que ya me pongo mal. Y le digo, ¿en qué hospital están internados tus papás? No, ahí están en la casa. ¿Qué edad tienen tus padres? 60. Ok. ¿Qué pasa? Que el miedo no frena el mal, frena la vida. No podemos por tener miedo, evitar que algo pase. Lo que va a pasar, va a pasar. Y ese estado de hipervigilancia nos es agotador. Agotador. ¿Qué le dije a esta chica? Le dije ve y pasa tiempo con ellos. Ve y siéntate a ver la serie con tu madre que le gusta y tómate una cerveza con tu padre y platiquen y hazle preguntas y disfrútalos, sin duelo anticipatorio. Porque lo que realmente va a pasar en la vida no te lo avisan, no te lo anuncian, no viene con un letrero como de cuando va a ser el año nuevo, que es la cuenta regresiva. Imagínense lo que sería eso, andar por la vida, a este le queda poco. Bueno, a este le queda más. Luego le llamo. No sabemos cuánto nos queda, pero sabemos que hoy están. Hay que disfrutarlos y entender que nuestros seres queridos se mueren porque es su momento de morir. No porque nos descuidamos, no porque debimos de haber hecho otra cosa, no porque estuvimos al pendientes, no porque no vimos las señales, porque no hay señales que tengamos que interpretar. A veces hay muertes después de una enfermedad prolongada y de muchos cuidados y a veces hay muertes repentinas. No sabemos cuál les tocará a nuestros seres queridos, pero estar, la presencia consciente con ellos, tiempo de calidad, eso es lo que nos dejará el día de mañana la satisfacción del deber cumplido. O sea, quiero decirte y decirles a todos que no hay vacuna contra el dolor. Si alguno de ustedes vino hoy aquí con la esperanza de llevarse la fórmula mágica para que no sufran el día que tengan una pérdida, les tengo noticias, no existe. Esa varita mágica no está. Y si estuviera, yo no la usaría. Ay Gaby, ¿por qué? Porque yo creo que el dolor tiene un sentido, porque nos enseña muchísimo. Dice nuestra querida Rosa Montero, que en la pérdida está el aprendizaje y la ganancia. La vida no se trata solo de qué quieres ganar, con quién te quieres casar, dónde quieres trabajar, cuánto quieres ganar, cuántos hijos quieres tener, la familia feliz y unida que nos pintan, que todos son y nadie es, pero te la pintan así. Tú solo te sientes que solo en la tuya suceden cosas. No, la vida no se trata de eso.
54:43
Gaby Perez. Se trata de perder, aprender y de crecer con la pérdida. Así está diseñado el mundo, así que a disfrutarlos, a no sufrirlos, a pasar tiempo de calidad. Porque también un tiempo decíamos, lo importante es la calidad, no la cantidad. Y entonces ya pasábamos 20 minutos con ellos, con el móvil y ya, ya fui, no. De verdad, estar ahí, escucharlos, hablarles de estos miedos porque más vale en vida compartirlos a después llorarlos cuando no están.
55:24
Invitada. Hola Gaby, es un placer estar compartiendo este ratito contigo. Muchas gracias. Te quería preguntar acerca del deseo de ser madre. Hay muchas mujeres que tienen el deseo de hacerlo y no pueden hacerlo de forma natural. En ocasiones se recurren a tratamientos que finalmente pues no tienen éxito. Otras veces, pues se recurre a procesos de adopción que son bastante largos y finalmente, pues no llegan a su fin. ¿Cómo se aprende a vivir con esta, aceptar esta no maternidad cuando el deseo de ser madre es tan fuerte?
56:01
Gaby Perez. Gracias por esta pregunta, que es el caso de muchas, de muchas mujeres y de muchos hombres, porque también creo que no es visto que hay muchos hombres que quisieran ser padres y ponen su dolor como en un segundo plano, priorizando el de ella y es un dolor compartido como pareja. Me das pie a explicarles lo que es pérdida. Pérdida es algo que yo tenía y ya no tengo, pero también algo que yo deseaba y nunca obtuve. Y esto puede ser, ser madre o puede ser ser un jugador profesional de futbol o haber estudiado una carrera universitaria. Es algo que yo deseaba y no obtuve y los dos son pérdidas y hay que trabajarlo por el duelo que te genera, por el acomodo de todas esas emociones. Primero, en la búsqueda de la maternidad se intenta todo, todo lo que esté dentro de nuestras posibilidades, porque también hay que saber que nadie está obligado a lo imposible. Y tristemente hay tratamientos médicos que no son accesibles a todo el mundo o unas reglas muy claras con respecto a la adopción, habiendo tantos niños en el mundo que disfrutarían de un hogar pero que complican todo ese proceso. Si tú ya lo intentaste hasta donde humanamente podías y no se ha logrado, es el momento de sustituir esa ilusión, de sublimarlo. A lo mejor ese deseo, ese instinto maternal, me puede llevar a ser una gran profesora en un colegio, porque puedo serlo y puedo ahí ejercer mi maternidad. Puedo ser la mejor tía con mis sobrinos del mundo o puedo ayudar a ir a guarderías o sitios, a cargar bebés, a estar, a hacer un servicio social. O sea, ¿qué hago con este amor que no sabe a donde ir? Si yo le doy un cauce y resignifico eso, puedo encontrar un sentido de vida. Ahora, hay una fórmula que tenemos que tener clara con respecto a las cosas. Yo le llamo oso, y lo aprendí de mi querido doctor Jorge Bucay, un buen amigo mío que decía, primero tú deseas algo, imaginen la palabra oso escrita en vertical. La primera O. ¿Deseas algo? Obtenlo. Haz todo para obtenerlo. No lo consigues, vámonos a la S. Sustitúyelo, sublimalo, lleva esa necesidad a otra cosa. No me casé, pero entonces puedo tener una gran vida, porque ni el matrimonio ni la maternidad son los únicos caminos de realización. Hay muchísimos caminos en los que uno puede realizarse. No sirvió la S, no has podido sustituirlo, vámonos a la siguiente O. Olvídalo. Oso. ¿Por qué nos vamos a quedar toda la vida pensando aquello que no fue, sin ver todo lo que es? En el camino, en la búsqueda de la maternidad se aprende un montón y creo que como en las montañas rusas y en la feria hay un letrero que dice ahí disfruta el trayecto, no hay un letrero que diga disfruta cuando te bajes, disfruta cuando acabe.
59:16
Gaby Perez. No sabemos el resultado de las cosas y lo más importante, a veces no es el resultado, es el proceso. Y una pareja en la búsqueda de la maternidad puede mostrarse su inmenso amor, su solidaridad, su apoyo, aunque luego no hayan llegado a lograrlo. Entonces por ahí sería la respuesta. Para mí, sublimarlo, llevarlo a otro nivel, resignificarlo y seguir adelante, también con aceptación, porque bueno, hay tantas cosas que deseamos y no se nos concederán y muchas otras cosas que ni nos atrevíamos a soñar y se nos conceden. Entonces el marcador final en este partido de la vida te aseguro que será con más goles a favor de lo que la vida te dio, que lo que te dijo que no. Me gusta pensar que cuando la vida nos dice que no a algo, puede ser por tres motivos. Puede ser un no, porque no, no te conviene, punto. Un no por ahora o un no, porque tengo pensado algo mejor para ti.
01:00:35
Invitada. Hola Gaby, me da mucho gusto volver a verte. Soy fiel admiradora. Yo quería hacerte una pregunta. Hay duelos, como lo has mencionado, donde tú pierdes a la persona igual y por casos de muerte, o también hemos estado aquí hablando de que ya no están. En mi caso es cuando tú tienes una pareja y tienes el dolor de sentirte traicionada o de que te falló y que tú igual y diste todo y ya no está la persona, pero sigue viva. ¿Entonces ahí cómo recomiendas manejarlo?
01:01:11
Gaby Perez. Bueno, aquí estamos hablando y aprovecho para mencionarles el título de otro de mis libros de La muerte del amor, porque la muerte del amor es un duelo muy muy complicado y creo que como que poco reconocido socialmente, más ahora. Ahora, cuando uno tiene una separación, un divorcio, las personas no saben qué decirte, no saben si felicitarte, no te dan el pésame. O sea, son estos duelos que no tienen flores, no te mandan flores, pero sí hay un dolor muy grande dentro tuyo, porque no solo muere la pareja, mueren todas las expectativas. Dice Pablo Alborán en una maravillosa canción, en Saturno, que allá viven los hijos que nunca tuvimos. O, aún se oyen gritos de amor de las noches que sí tuvimos y recordamos las veces que no supimos pedirnos perdón, también. Duele la historia de amor. Duele la fotografía que habíamos colgado sobre la pared pensando que habíamos llegado a puerto seguro, pero nunca estamos en puerto seguro. Ahora sí te digo una cosa, de amar nunca te vas a arrepentir si tú lo diste todo, bien por ti. Excelente. Hay personas que no saben amar, no están a la altura, no saben recibir, Pero ese será su tema. Lo único que no me gusta es que uno cargue con la basura ajena. Creo que cada quien se tiene que hacer responsable de su propia basura. Entonces en el tema, por ejemplo de las infidelidades, de las traiciones, por qué si el que obró mal fue el otro o la otra, ¿por qué me voy a quedar yo triste el resto de mi vida? ¿Por qué voy a cargar yo con esa basura si yo no fallé? Yo sé que era un tema de ego y el ego en este tipo de duelos nos complica mucho el proceso. A mí, a mí no se me hace eso, después de todo lo que yo hice después de todo lo que yo di, después de tantos años, ¿cómo es posible? Bueno, es responsabilidad y basura de la otra persona lo que quedó. Tu siéntete satisfecho de lo que hiciste. Claro, también conviene hacer un recuento de los daños en tu propia persona y conviene ver tus áreas de oportunidad, porque es una, una relación es algo sumamente complejo, como para solamente culpar a una parte. Hubo seguramente fallos de los dos lados. Bueno, se aprende, se crece, para la siguiente pareja también, porque el final de una relación no tiene por qué ser tu propio fin y no tiene por que acabar contigo. ¿Era nuestro plan A? Sí, correcto. Pero el abecedario tiene muchas letras. Entonces yo les digo una cosa y lo digo con todo respeto al dolor que esto ocasiona, pero también como una llamada para despertar de esos duelos que pueden durar años, años. De verdad he visto personas enganchadas después de un divorcio, después de un infidelidad por años, desperdiciando años de vida. Y yo digo guarda tus lágrimas para quien se tuvo que ir. Al que se quiere ir, acompáñalo a la puerta. A veces lo que sucede cuando terminamos una relación, hasta nos sentimos aliviados, como que dentro del dolor, pero también dices ya se acabaron los pleitos, ya se acabó esta tensa calma, este no querer llegar a casa.
01:04:53
Gaby Perez. Hay una parte que se siente aliviada y es porque el duelo ya lo viviste en la pareja, porque el desencanto ya lo tuviste durante la relación, porque en la convivencia diaria a veces se va, como las piedras de río, desgastando y desgastando una relación y cuando terminas te das cuenta, bueno, pero si ya no hacíamos nada juntos. Pero si ya no viajábamos juntos, si hacía mucho que dormíamos en habitaciones separadas, si ya no nos hablábamos con cariño. Y todo esto al final te hace darte cuenta que qué pasó, ¿por qué no estoy viviendo mi duelo? Es que ya lo has vivido, ya lo has tenido, ya lo has experimentado, pero de todas maneras la idea de separarte es una y la realidad de separarte es otra. Y vale la pena, pues reconocer todas las micro pérdidas que vienen asociadas a una pérdida mayor, como por ejemplo la familia política. Es que a lo mejor es que tu suegra te caía genial. Es que te llevabas muy bien con las cuñadas. Es que el grupo de amigos que tenían era muy divertido y ahora todos te bloquearon en Facebook. ¿Por qué? Porque tenemos que entender que éramos uno, nos separamos y habrá personas que se queden de un lado y personas que se queden de otra. Es difícil tomar bandos o lados cuando son amigos en común, pero al terminar una relación, los tiempos en el que cada uno de ellos va a vivir su duelo son distintos. Hay diferencias estructurales por género. La manera masculina de vivir un duelo, el cerebro masculino, lo vive de manera más práctica, generalmente. Hay algunos temperamentos mucho más sensibles. Y en cambio las mujeres se quedan mucho más tiempo recordando, lamentando. En una estadística tú puedes ver que hay menos viudos que viudas. ¿Por qué? Porque los viudos vuelven a casarse. Las viudas se quedan viudas más tiempo y se quedan solteras más tiempo. Si tú ves que la persona con la que terminaste ya rehizo su vida, que por favor, ahorita voy a explicar esto porque algo que me da muchísimo coraje es cuando le dicen a una mujer joven que se divorció o enviudó, vas a rehacer tu vida. ¿Cuándo le han dicho eso a un hombre? ¿Cuándo le han dicho a un hombre que se divorcia vas a rehacer tu vida? No se lo dicen. Asumen que su vida está hecha. La nuestra es la que se deshizo en su ausencia. Y no, yo creo que las dos están afectadas. Pero tu vida no la tienes que rehacer. Lo que pasa es que no podemos hacer de una persona nuestra vida. Necesitamos tener una vida espiritual, una vida intelectual, una vida profesional, una vida social, cuidar de tu físico, tener tu propia economía. Y entonces la parte del amor, la rebanada del queso, que es amor y sexo, si la quitas no colapsa, todo, va a estar muy afectado una parte, pero si él es el aire que respiro, si ella es la luz de mis ojos, pues me quedo ciego sin esa persona. Entonces hay que equilibrar para que sea esto. Ahora, si la persona parece que ha superado nuestra relación y está bien, inclusive ya tiene otra pareja y además fue la persona que se equivocó en nuestra relación, fue la persona que traicionó nuestros acuerdos y ahora yo lo veo en redes sociales y lo veo tan feliz, la veo tan contenta.
01:08:33
Gaby Perez. Hawaii, Bombay. ¿Qué pasó? Es que no me quería. Y ahí eso es un impacto para el ego durísimo. ¿Soy tan fácil de superar? ¿Se ha olvidado tan rápido de mí? ¿Será que no me quiso nunca? Y rellenamos con fantasía catastrófica lo que no tenemos de información. No sabemos lo que realmente está viviendo la persona. Una cosa es lo que publica, lo que te dicen, lo que ven y otra su dolor, porque nadie publica, estoy solo, es viernes por la noche, no tengo plan, estoy en mi casa. No lo pones, lo pones cuando sales, te etiquetan en las fotografías de otros y si tú estás viendo eso, puedes creer que la está pasando genial y a lo mejor te está extrañando muchísimo. No somos olvidables. No somos sustituibles. Nadie de nosotros lo es. Y esto es un proceso y toma tiempo, pero hay quien quiere negar el proceso y enseguida estoy bien y te salen con cosas como un clavo saca otro clavo. Para los que sepan de herramientas, por favor, eso no sucede así, de qué estamos hablando. Pero bueno, cada quien vive el duelo de manera distinta, pero no rellenemos lo que no tenemos de información. No quiere más el que más tiempo se queda triste. Y eso no nada más en rupturas amorosas, en duelos en general. Es que si yo he querido mucho a mi padre y mi padre murió, yo tengo que quedarme mucho tiempo triste. Eso no significa que amaste mucho. Puede significar que amaste mal y que hoy te arrepientes de muchas cosas. Cuando hemos amado bien, el duelo se transita y se sale de él porque no es proporcional el tiempo que me quede en el duelo con la cantidad de amor que he tenido por una persona.
01:10:36
Claudia. Hola Gaby, soy Claudia, soy terapeuta especialista en altas capacidades y una de las preguntas que suelo tener tanto en los grupos de altas capacidades que tenemos como en sesiones individuales es el tema de la muerte. Ellos preguntan mucho qué va a pasar cuando un niño muera o cuando un adulto muera. Y generalmente no tengo una respuesta que darles. Entonces necesitaría un poco de ayuda de tu parte, ya que eres especialista en el tema.
01:11:10
Gaby Perez. Muchas gracias a lo que te dedicas. Abrazo tu profesión. Ahora, no podemos generalizar qué respuesta daríamos, qué va a pasar cuando alguien muera, cuando alguien falte, porque el impacto será diferente en cada persona, en cada ser, en cada psique, en cada temperamento, será distinto. Pero sí puedo decirles que morir no duele. Y eso lo he aprendido en 27 años de ejercicio profesional. Tal vez la agonía previa es muy incómoda, es como, yo soy doula de muerte y acompañar a alguien en el momento final de la vida es como devolverle lo sagrado a eso. En el momento final puede haber muchas, pues incomodidades, dolores. Claro, hay cuidados paliativos, nos encargaremos de que no haya un sufrimiento incontrolable. Pero también al nacer hay muchísimas incomodidad, no es esta escena de película que vemos del bebé rosadito que sale después de un par de gritos, no. Es diferente, y también morir. Pero el momento en sí de morir no duele porque hay una relajación, el cuerpo deja de luchar. Inclusive hay una aparente mejoría antes de que esto suceda. Hay historias que todos conocemos en hospitales que dicen bueno, es que si sigue así ya lo vamos a bajar a piso o ya saldrá, ya lo daremos de alta y muere. ¿Por qué hay esta aparente mejoría? Que es algo documentado y sucede, porque el cuerpo ha soltado la batalla. Entonces, creo que nuestra misión siempre es quitar miedos. A lo que tú y yo nos dedicamos es a dar esperanza y quitar miedos. Entonces, decir que no sabemos cómo sucederán las cosas. No podemos hacer promesas de lo que no sabemos porque se vuelven traiciones. No podemos decir todo va a estar bien, las cosas van a ser muy rápido, estaremos bien, no. Nos hará falta. Será una parte del grupo que no estará con nosotros. Será recordado. No nos vamos a olvidar de la persona. Pero la vida que tiene muchos más años que nosotros acomodará las cosas para que todo sea de la mejor manera posible, dadas las circunstancias. ¿Qué pasará? No lo sé. Pero qué pasará en ti es lo importante y eso siempre hay que hablarlo. Cuando muera un niño, cuando muera un joven, cuando muera alguien que forma parte de un grupo. ¿Qué pasó en ti? ¿Qué pasó en ti? Esto es algo a lo que tenemos que dedicarle tiempo. Cuando regresamos después de la pandemia a clases, no podíamos llegar con los chicos y decir abran su libro en la página 45 y retomar donde nos quedamos. ¿Qué pasó en ti? ¿Qué se movió en ti? ¿A quién perdiste? ¿Qué sentiste? ¿Qué miedo tuviste? ¿Cómo lo manejaste? Y esta contención es lo que va a ser más rico y más nutrido el grupo también. Sin promesas, con las realidades que conocemos y también respetando las creencias de cada persona. ¿Qué se le ha hablado en casa a este chico? Si se le ha hablado de un cielo, si hay una fe, si no la hay.
01:14:22
Gaby Perez. Los terapeutas y los tanatólogos no podemos pisar territorios que no nos corresponde. Recuerdo un niño muy especial que me dijo en sesión una vez Gaby murió mi abuelo y a mí me dijeron que mi abuelo se fue al cielo, pero yo ya fui a Cancún. Y con los niños siempre hay que saber que hay atrás de lo que te dicen. Le digo, ¿ya fuiste a Cancún? Sí, y fui en avión. Y mi abuelo no está en el cielo. Había que darle mayor explicación y también decirle que lo que le pasa al cuerpo no le pasa al alma y que no es el final, final. Creo que les angustia y dependiendo la edad de los niños pues tendremos que hablar de esto, porque no es lo mismo hablarle a un niño muy pequeño acerca de la muerte que a un niño mayor, a un niño que juega videojuegos y cuando muere el personaje le pone otra vez comenzar y ahí está de nuevo. Hay que hablar de lo absoluto, lo definitivo, lo irreversible, ajustado a su edad, a sus necesidades, a su capacidad de entendimiento. Pero sí creo que para cerrar esta respuesta, los niños lo tienen más claro, todos los niños y los jóvenes. Es que luego ellos acaban dándonos la lección. Mamá, ¿por qué lloras si mi abuelita está en el cielo? ¿Por qué lloras si mi hermanito ya está bien, ya no le duele nada? Los niños son muy sabios, muy sabios. Y cuando tienen sensibilidades especiales, ¡wow! Son maestros, sin duda.
01:16:09
Invitada. Hola, Gaby. Muchas gracias por todo lo que nos estás compartiendo. A raíz de lo que hablaste de esta sensación de orfandad cuando por ahí se muere el padre después de la madre o la madre después del padre, me surge una duda. ¿Qué sucede cuando los dos, por una cuestión traumática, mueren a la vez y es como si fuera un gran duelo? Pero, ¿cómo se hace después para poder individualizar esos dos duelos de padre y madre que son como las figuras más presentes en nuestra vida desde que nacemos? Gracias.
01:16:43
Gaby Perez. Gracias a ti. Es muy duro porque a veces tenemos pérdidas en cascada y a veces tenemos pérdidas en racimo. Hay temporadas muy duras, temporadas en que se van varios seres queridos, pero hay temporadas o momentos que se van juntos. Y creo que justamente ahí está el pequeño consuelo que pudieras tener, el saberlos juntos. No están aquí conmigo, pero ni él tendrá que vivir el dolor de haber perdido a mi madre, ni ella vivirá el dolor de haberlo perdido a él. Es que también hay que reconocer eso, que aunque es muy duro vivir el duelo, yo lo cargo por ti. No me alegro que te hayas muerto, pero me alegro que tus padres no tuvieran que vivir el duelo de no tenerte a ti, el dolor de que tú no estuvieras. Así que tú cargas el dolor del duelo por ellos. Ellos nunca sabrán lo que es perderte, pero tú sí. Ahora, tienes mucha razón, no se puede vivir mis padres. Voy a hacer el duelo por mis padres. ¿Quién era mi padre?¿Cuál era mi relación con él? ¿Qué perdí al perderlo? ¿Qué perdí al perder a mi madre? ¿Cual era mi relación con ella? ¿Cómo nos llevábamos? Tienes que trabajarlo paralelamente, pero un día trabajarás un poco, hoy voy a trabajar más a mi madre. Hoy voy a trabajar más a mi padre. No puedes esperar posponer uno, ponerlo en la nevera hasta que tú termines el duelo y luego descongelo el otro duelo, tiene que ser paralelo y tienes que darte la oportunidad de tocar el dolor de ambas ausencias. Lo que yo busco al trabajar el duelo con alguien nunca es hacer chiquito su dolor, es hacer grande a la persona. Pérdidas así son enormes, son golpes muy fuertes. No todo duelo tiene trauma, pero todo trauma tiene duelo. Y perder a los padres de manera repentina, bajo circunstancias especiales a los dos juntos implica un trauma. Entonces siempre es recomendable que primero trabajemos el trauma para quitarte las imágenes, que tengas, la impresión, todo, porque el trauma nos va a estorbar en el trabajo de duelo. El trauma se supera y el duelo se elabora y toma más tiempo, es un proceso de acomodo. Entonces no buscamos olvidar a las personas, pero sí buscamos recordarlas con más amor que dolor y seguir adelante. Hay que confiar en la labor que hicieron los padres y lo hicieron bien. Sé que los padres a veces nos sentimos, vaya, que somos imprescindibles, que los hijos no van a poder sin nosotros, que cómo le van a hacer, pero es que son pequeños y ya vimos de repente puede haber una figura materna que esté ahí. Siempre habrá personas y saldrán adelante. Y cuando no nos sentimos indispensables vivimos también más tranquilos. Nos sentimos amados, pero no tan necesarios todo el tiempo. Y ese es el verdadero concepto del amor adulto hacia los padres. Ya no es te quiero porque te necesito, ni te necesito porque te quiero. Es, no te necesito, te elijo y te amo.
01:20:00
Gaby Perez. Y así es como debemos de amarlos.
01:20:02
Invitada. Ya salió el tema de la culpa, pero ¿qué sucede con esto de la culpa del superviviente? La culpa de alguien que quizás en esa situación trágica podría haber estado ahí, pero por algo no pasó y sobrevivió a eso. Eso es un duelo como doble, no sé cómo llamarlo.
01:20:23
Gaby Perez. No, la culpa del sobreviviente es un fenómeno que existe, no es un duelo aparte, es otra vez nuestra mente eligiendo un escenario distinto al que fue. Sin duda, irte es lo más sencillo. Quedarte es lo difícil. Pero tú dices no estabas ahí por una circunstancia, porque el destino no era. Decimos en México ni aunque te pongas, ni aunque te quites, porque de la raya nadie se salva. Es tu momento y tu momento no era estar ahí. Ahora, esta culpa de sobrevivir cuando alguien ha fallecido nos puede dar en diferentes circunstancias, no solo porque fuera un accidente y yo no iba en el automóvil o yo no estaba ahí, sino simple y sencillamente, ¿cómo voy a seguir vivo si tú no estás? ¿Cómo voy a seguir si tú, que me diste la vida, ya no estás? ¿Es una traición seguir? No, es un homenaje. ¿Cómo voy a seguir si mi hijo no está conmigo? No puedo seguir sin él. Es un homenaje. ¿Cómo no voy a seguir sin él? Me decía una paciente, llamémosle Laura. Y Laura decía, iba a ser Navidad, me decía mira, Gaby, yo no sé cómo voy a estar en Navidad. Y yo le decía, ¿cómo quieres estar? No pues de querer bien. ¿Y qué te lo va a impedir? Tu mente. Pues es que, a ver, Gaby, va a haber bacalao y mi madre hacía un bacalao delicioso y entonces lo voy a ver y yo no puedo comer bacalao si mi madre no está aquí. ¿Quién te enseñó a comer bacalao? ¿Quién lo cocinaba para ti? ¿No lo vas a volver a comer? Si ella no puede, ¿tú no lo vas a hacer? La pregunta no es ¿cómo voy a disfrutar si ella no está? ¿Cómo no vas a disfrutar si ella no está? Si es lo que más quisiéramos. Aquí que hay muchos padres y madres, yo les pregunto, ¿qué quieren que pase con sus hijos el día que ustedes mueran? ¿Que no vuelvan a sonreír, que se queden tristes para siempre, que vivan amargados, deseando ya partir? ¿Eso quieren? No los oigo. ¡No! Dije no vaya a ser que me tocó un grupo de padres de vas a ver el día que yo me muera, si vas a saber lo que es bueno, ahí sí me vas a llorar y me vas a extrañar, porque también hay, también los hay, pero aquí no, aquí todos deseamos que cuando nosotros partamos, los nuestros nos recuerden con humor. Yo estoy segura que mis hijos van a hacer bromas, van a sacar memes, van a hacer chistes, me van a hacer un sticker y lo van a estar mandando, por supuesto que sí. Claro, entiendo que mi familia no es una familia normal, que en casa se ha hablado del tema de la muerte siempre, que cada vacación incluye una visita al cementerio, porque yo quiero ir. Bueno, pero ellos están muy orgullosos de lo que hago, comparten mi misión y mi servicio, así que el día que yo no esté, llorarán, llorarán un tiempo, lo justo, lo que necesiten. Pero yo sé que volverán a sonreír, y yo sé que van a disfrutar y verán juntos un partido de futbol que nos gusta tanto y gritarán el gol con la misma emoción, porque yo no vine a restarles a su vida, ni en vida ni en muerte, yo vine a sumarles y eso es lo que quiero y eso es lo que espero sin culpa. Nadie te preguntó ¿tú quieres estar ahí en el momento que sucedan las cosas? ¿Tú quieres morir o quieres vivir o quién prefieres que muera? ¿Prefieres que mueran ellos o tú?
01:23:53
Gaby Perez. Nadie nos va a elegir. Alguien tomó la decisión, nosotros no. Hay que fluir con eso y aceptar. Gracias.
01:24:09
Ricardo. Hola, Gaby, soy Ricardo. Encantado de conocerte. Lo primero, muchas gracias por tu labor ayudando a tanta gente. En mi caso, hace unos meses falleció mi perra Moka. Al día siguiente tuve que ir a trabajar como si no hubiera pasado nada. Y mi pregunta es, ¿por qué cuesta tanto reconocer el dolor por la pérdida de una mascota?
01:24:31
Gaby Perez. Lamento mucho tu pérdida. ¿Cómo se llamaba? Moka. ¿Y qué raza era? Un pomerania. Qué belleza. Hablar de quien ya no está es traerlo en presencia. Me gusta conocer los nombres, las historias atrás de los nombres. Perder a un animal de compañía es perder uno de los amores más incondicionales que tenemos en la vida. Creo sinceramente que los animales tienen vidas más cortas que nosotros porque aprenden las lecciones más rápido, porque son mejores seres, la verdad. Y quien no lo entiende es porque nunca se ha dado la oportunidad de abrir su corazón al amor de cuatro patas, a esta lealtad y fidelidad. Y yo he tratado desde hace muchos años de visibilizar este duelo y de legitimizarlo, porque claro, es que hay personas que pueden decir ay por Dios, es que no es un hijo. ¿Por qué queremos meter en una escala y minimizar algunos dolores? Si el amor es real, el dolor es real y yo no necesito ir por la vida pidiendo permiso para que los demás me dejen vivir mi dolor. Ahora entiendo la baja del trabajo, no te van a dar más días, no te lo permiten. Estamos trabajando en temas legales para esto. Ya hay varios lugares en América Latina donde ya te conceden un poco más de días, no solo un día para el trámite, lo que tienes que hacer, sino realmente para tu dolor. Pero como para todos los duelos, nosotros tenemos que vivir esa ausencia y no callarlo, no callarlo, recordar, agradecerles su presencia en nuestra vida, porque Moka lo que más quería era que tú fueras feliz y te aseguro que hacía todo por esa felicidad. Comía a veces cuando no tenía hambre, pero si tú querías que comiera, comía y se callaba, aunque ella quería ladrar porque tú querías que se callara. Y estaba junto a ti y no le importaba si te habías duchado, si te habías rasurado, para ella eras hermoso siempre. Y nos aceptan y nos quieren como somos, sin disfraces, sin máscaras. Es una pérdida en el núcleo más cercano de nuestra vida. A veces duermen con nosotros. Llegamos a casa y ahí están. Nos saludan. La casa se quedó tan vacía sin ellos, sin el sonido de sus patas, con sus cositas. El platito sigue ahí, a lo mejor. Y duele muchísimo. Y tenemos que tener tiempo, honrar haberla conocido, porque hay seres con los que tenemos una conexión increíble, una energía y no cerrarnos, porque el error es decir yo nunca más vuelvo a tener un animal de compañía, yo no vuelvo a pasar por esto. Sería decirle no al amor, pero hay que vivirlo. Yo creo que las personas que no respetan este duelo es porque se asustan, porque saben que los humanos hemos perdido un poco de terreno y los animales lo han ganado. Y quienes amamos a los animales también amamos a los humanos. No es o amas a uno o amas a otro. Me preocupan los humanos que no aman a los animales o pueden llegar a hacerles daño, porque eso es una de las pruebas psicológicas que se hace para cualquier niño.
01:27:52
Gaby Perez. Si un niño es capaz de lastimar a un animal, a un ser indefenso, hay algo mal que tenemos que trabajar, el no sentir culpa por generar un daño. Entonces yo le pediría a todos y lo pedí en mi más reciente libro que se llama Tu huella en mi vida, y que te sugiero y te pido por favor que lo leas porque va a ayudar tu huella en mi vida. Oh, mira, ahí lo tienes. Gracias. Qué belleza. Gracias, gracias, gracias. Y lo que yo pido a través de ahí es que no pido que entendamos el dolor, no lo entendamos, pero respetémoslo, dejemos de hacer comentarios hirientes, dejemos de minimizar las pérdidas. Tenemos que aprender a dar ese paso adelante con el dolor de los demás sin querer quitárselo, acompañándolo, sosteniéndolo. Y bueno, pues yo no puedo decirle a un paciente mío, a un usuario que llega y me dice es que se murió mi hermana, era mi mejor amiga de la vida, nos llevábamos increíble, todo, y yo no puedo sacar desde mis parámetros de mi vivencia o lo que yo he vivido, el dolor que esa persona tiene. Yo tengo que entender su dolor e interesarme por su dolor, por qué perdió esa persona. Entonces ante la pérdida y el duelo, eso es lo que tenemos que hacer, no ir a nuestro propio referente, sino indagar, preguntarte, estar ahí y no apurar en el duelo. No tratar de dar frases huecas, consuelo barato a un dolor que pasará porque el amor le gana al dolor. Y el amor que hemos recibido de los animales es tan grande, tan incondicional que vivirá en nosotros, pero toma un tiempo, toma un tiempo acomodar mi vida sin ti. Pero agradezco siempre el haberte tenido.
01:30:02
Invitada. Gaby, un placer estar aquí. Admiro tu trabajo. Me da mucho gusto ver todo lo que haces y cómo ayudas. Yo trabajo con niños y con adolescentes y la pregunta aquí viene también de la mascota. Hay muchos niños o jóvenes que, hubo un caso en donde la abuelita que tenía una mascota fallece y el niño estaba muy preocupado por lo que la mascota iba a sentir al no tener a su dueña cerca. Entonces me decía es que a mí me preocupa, pero yo no me la puedo quedar, no me dejan. ¿Pero ese perrito sufre como la gente cuando el dueño ya no está? En mi explicación traté de decirle lo que creí que era correcto, pero creo que también todos tenemos que aprender a contestar esa pregunta.
01:30:54
Gaby Perez. Te voy a hacer una acotación que uso en términos de la terminología que usamos ahora. Yo uso la palabra mascota porque viene del francés mascotte, que es súper cariñoso y es algo dulce, pero para muchas personas hoy llamarles mascota pareciera despectivo y no lo es, no lo es. Es cariñoso, es un apelativo cariñoso y lo que sí ya no usamos es llamarle dueño a alguien que posee y que tiene la enorme responsabilidad de tener un animal de compañía. Es su teniente, es su acompañante, es su humano, el humano. Y por supuesto que los animales padecen y extrañan y sufren. A ver, sufren distinto que nosotros, sufren de una manera mucho más inteligente, mucho más de instinto, porque la ausencia duele y ellos resienten mucho la ausencia. Recordarán todos el caso de Hachiko, el perro en la estación de Shibuya, en Tokio, esperando al profesor que era su teniente, que le había dado un infarto. Fue a trabajar como todos los días y siempre él iba a esperarlo a la estación cuando regresaba, el profesor muere de un infarto y el perro se queda años en esa estación. A esa hora llegaba. Todos los vecinos lo conocían. Ese nivel de lealtad hay. Los animales sí buscan, y sí extrañan y sí les duele la ausencia, pero se adaptan. Se adaptan si tiene todas sus necesidades cubiertas, si hay afectividad, si no hay un maltrato, un descuido. Y claro que recuerdan y pueden pasar, hay casos de personas por ejemplo militares, que se van en el ejército y se van durante años y regresan y el perro por supuesto que lo reconoce, o el gato, porque los gatos también eligen a sus personas favoritas, a sus humanos, entonces sí lo padece. Y yo lo que recomiendo aquí para que los animales puedan vivir su propio duelo es dejarlo estar con la persona que va a fallecer. Ya hay muchos hospitales que permiten la entrada de mascotas para los enfermos terminales y también cuando alguien muere en casa le permiten que entre, que esté, que se recueste en él para que lo sienta. El animal, si al animal le permites oler a la persona o le puedes traer después la urna con las cenizas y permitirle que se acerque, lo va a comprender. No lo entienden aquí, lo comprenden a nivel de instinto y eso cambia mucho su experiencia. También a mí me tranquiliza pensar, espero que sea el caso con mi perra, pues que yo no muera antes que ella. Yo sé que ella siempre me espera cuando llego y le da una gran emoción, no que a mis hijos no, pero no me mueven la cola como ella y cuando yo falte pues habrá que hacer un cierre y todo si yo faltara antes. Pero si ella falta antes, yo me voy a repetir a mí misma que me quedaré tranquila de saber que ella no vivirá el dolor de perderme y eso es algo que consuela. Ella nunca sabrá lo que es que les falte su afecto, sus apapachos, los pequeños rituales que tenemos con ellos, los mimos especiales nunca le faltarán. Y si sabemos que fuimos buenos tenientes, que durante nuestro paso por su vida no tuvieron hambre, no tuvieron frío, estuvieron bien cuidados y atendidos, Tenemos algo que se llama la satisfacción del deber cumplido, que no quiere decir que todo lo hice perfecto, sino lo hice de la mejor manera que pude hacerlo y con mucho amor.
01:34:44
Gaby Perez. Y eso nos ayuda en el duelo enormemente. Gracias.
01:34:57
Javi. Hola buenas, soy Javi. Yo tengo un hermano, falleció por suicidio, y mi pareja siempre me ha dicho no has hecho el duelo de tu hermano, no te he visto llorar. Es verdad, no pude llorar. No pude llorar porque estaba en una formación militar. Fue un shock el aviso, tiene una llamada. Y después, cuando llegué allí, a mitad de la noche, a donde estaba en un pueblo, su mujer, los hijos, no sabían dónde estaba el cuerpo. Estábamos varios hermanos. Mi hermano, el fallecido estaba en un cuerpo armado, con eso tuvo facilidad para suicidarse. Ese hecho también me salvó la vida porque a última hora, cuando yo iba a hacer lo mismo, pues recordé lo que sufría la familia. Entonces, cuando llegué allí y no estaba el cuerpo tuve que hacer uso de mi empleo militar para localizarlo. Primero me identificaba, y claro, no podía llorar porque tenía que ser fuerte. ¿Podía haber hecho otra cosa?
01:36:23
Gaby Perez. De verdad te abrazo y espero abrazarte con mis palabras de la misma manera que quisiera hacerlo con mis brazos ahora. Es muy duro porque durante años las muertes por suicidios se han ocultado, por eso no tenemos las cifras reales. Por eso se dice que puede ser la segunda causa de muerte en jóvenes o la tercera causa en adultos mayores y la verdad es que es mucho más. Las cifras son mayores, pero la mayoría se reportan como accidentes. Y tú que sabías de armas y que conocías a tu hermano, sabe uno perfectamente, hay de accidentes a accidentes y este no lo era. Te quiero contestar la pregunta que hiciste y hasta bajaste la voz en el momento de hacerla, porque todos tenemos miedo a esa respuesta, pero está ahí y te agradezco que la hayas podido hacer. ¿Pude haber hecho algo? La respuesta es no. Si tu hermano te hubiera pedido ayuda, lo hubieras ayudado, pero no te pidió ayuda y eso es lo que tenemos que respetar en casos así. Se equivocó, y lo digo con infinito respeto y cariño, porque tal vez no quería morir, quería dejar de vivir de la manera como estaba viviendo y no sabía cómo. Y tengo que decirlo porque seguramente alguien que esté viendo esto tiene ese mismo pensamiento cruzado por su cabeza y siempre hay caminos, pero tenemos que levantar la mano, tenemos que pedir ayuda. Ahora bien, si tu hermano se equivocó, no vamos a dejar de quererlo porque se equivocó y dice un dicho ámame cuando menos lo merezca, porque es cuando más lo necesito. Y tú tienes que tener respeto por lo que él no pidió, porque él sabía que si te pedía ayuda se la dabas, pero no la quería, así que no hay nada que hubieras podido hacer que cambiara el resultado de las cosas. Y has cargado con mucho. Y quiero resignificar para ti el hecho de que hayas entrado a reconocer el cuerpo, que es un acto de muchísimo valor y de muchísimo amor, porque hasta ese momento, pues lo habían encontrado, te habían notificado pero no había estado a su lado alguien que lo amara y tu presencia ahí le dio una dignidad a ese momento, un amor. Que eso tiene que llenarte el alma, eso es lo que podías haber hecho por él. Eso es lo que todos nosotros quisiéramos. Que si alguien fuera a encontrarnos, fuera a reconocernos, fuera alguien que nos amara, alguien que le diera esa dignidad y ese respeto al momento. No importa en qué año haya sido, no importa cuánto tiempo haya pasado de nuestra pérdida, cuando algo no se ha trabajado está ahí. El dolor es paciente, aguardando a ver en qué momento lo vas a sacar, vas a abrir esa gaveta y vas a sacar el dolor. Hoy lo estás haciendo y hoy puedes hablar de eso y podremos recordar a tu hermano pues por lo que hizo en vida, por las cosas buenas, por ser tu hermano, no solo por lo que hizo. No podemos simplificar una vida diciendo al final oye, ¿y tu hermano? Ah, mi hermano murió.
01:39:47
Gaby Perez. ¿Eso es todo lo que hay que decir? No, hay muchísimo y ya estamos listos para decirlo porque perdonamos que no me hayas pedido ayuda. Te respeto en una decisión que es una decisión equivocada porque acaba con las posibilidades, pero es una decisión tomada desde un piensa chueco, desde traer unos lentes oscuros puestos llamados depresión. Y no hay juicio. A veces ocultamos estas cosas porque tenemos miedo al juicio de la sociedad. Pero ¿qué cosas vivirían en esa familia? Pero qué barbaridad, porque somos muy prontos a querer poner esto fuera de nosotros, como salvándonos. A mí no me pasaría, a mi familia no le pasaría y la verdad es que nadie estamos seguros. ¿Qué es lo que nos mantiene a la vida? El amor y el tener muy claro el dolor que nuestra partida ocasionaría. Eso es lo que detiene a muchos de decir yo sé el dolor que se siente, yo no quiero generar ese dolor. Porque la persona que se quita la vida se miente a sí mismo y dice yo sé que van a sufrir, yo sé que les dolerá, pero van a estar bien, van a, lo van a trabajar y van a estar bien. No sabe la estela de dolor que años después queda después de esto, pero es un boleto que se reparte por familia porque los demás ya saben y no podrían hacer eso y no podrían no detenerse ante la vida que es sagrada y que es lo más importante. No sé en que minuto empezamos a pensar que es mía y yo puedo hacer con ella lo que quiera, porque mi libertad acaba donde empieza el amor de los demás hacia mí, porque mi vida impacta la vida de los demás y en ese sentido no soy totalmente libre por el impacto que generaré. Pero con todo respeto a él y con todo cariño, el hecho que hoy estés hablando te honra a ti y lo honra a él. Y puede ser que a partir de este testimonio muchas personas se lo piensen dos veces gracias a ti y eso es resignificar un dolor. Gracias Javi.
01:42:11
Ania. Hola, Gaby. Es un placer estar aquí y escucharte. Mi nombre es Ania y bueno, nos has compartido mucho sobre el duelo, la pérdida, cuando impacta a una persona, por distintas razones, pero hay veces que hay tragedias que son colectivas, que afectan a una comunidad, cuando hay un terremoto, incendios, inundaciones. ¿Cómo podemos procesar ese tipo de duelo que es colectivo y cómo entenderlo?
01:42:44
Gaby Perez. Muchas gracias. Gracias por tu pregunta y por pensar en los demás. Somos seres sociales, vivimos en comunidad, lo que le pasa a uno nos afecta a otros. La historia que escuchamos de uno activa nuestras neuronas espejo y nos conecta enseguida con los demás. Está en nuestra naturaleza, en nuestra buena naturaleza, querer servir y ayudar y en los momentos de desastres naturales, de tragedias como tú le llamas, hay víctimas y en esas víctimas siempre hay alguien que necesita ser escuchado. Porque el doliente tiene tres necesidades principales, que su dolor sea visto, que sea confortado y que sea validado. Entonces, si podemos hacer esto en algún nivel nosotros porque estamos en el lugar, estamos in situ donde pasó, eso es lo principal. A lo mejor ya hay suficientes voluntarios quitando escombros y piedras, pero hay alguien que no está siendo visto y nosotros tenemos que ver a los no vistos, a los que están ahí sentaditos en una esquina, los que están llorando solos, a los que tienen cara de angustiado, acercarme. En temas de duelo colectivo, lo más importante no es qué estoy haciendo, sino quién estoy siendo. El verbo correcto es quién estoy siendo. ¿Soy la persona que difunde más miedo? ¿Estoy compartiendo cosas que generan más angustia o estoy sumando esperanza y ayuda? Está muy bien que ayudemos con medios materiales si los tenemos, pero también, y esta es la sensación que nos queda cuando estamos lejos de casa y sucede algo en nuestro país, es como quiero estar ahí, ¿quién puedo ser? Y hoy hay que echar mano de todos los recursos que tenemos, incluyendo nuestras redes sociales, que pueden impactar en una comunidad donde compartimos esperanzas, recursos, hacer un episodio, entrevistar a alguien, compartir esperanza porque es increíble la resiliencia del ser humano. Te repito, no buscando minimizar lo que pasó, sino maximizar las capacidades de la persona para lograr salir adelante. Es muy duro. Es muy duro quedarte de pronto sin nada con tu existencia desnuda. Y Viktor Frankl nos decía que el que tiene un para qué encontrará el cómo y el para qué será para vivir, para amar, porque eso es a lo que estamos llamados, a decirle sí a la vida bajo cualquier circunstancia. Y nunca veamos a quien ha tenido una desgracia así. Nunca lo veamos con lástima. Ay, pobrecitos, Tu lástima no le ayuda a nadie. Tu amor sí. La luz que puedas mandarle, la energía positiva, tus acciones concretas, pero también tu voluntad, tu energía, mandar esto a distancia, no quedarnos indiferentes. La indiferencia puede ser la peor pandemia que tenga el ser humano. Tenemos que tocarnos, dejarnos tocar por el dolor de los demás, enterarnos, no estar sobre informados ni sobre angustiados, pero tampoco vivir en nuestra cápsula rosa donde no sucede nada, porque allá afuera eso es la vida.
01:46:09
Gaby Perez. Y cierro con esta historia que me encanta de Siddharta Gautama, que cuando era niño vivía en un palacio y sus padres querían que fuera feliz, como todos los padres, queremos que nuestros hijos sean felices. Entonces contrataron en el palacio solamente personas jóvenes, sanas y alegres. Nadie podía estar ahí triste, todos tenían que ser felices y tratarlo así. Un día, Siddharta, ya de jovencito, sube a la azotea y ve a lo lejos un grupo de personas cargando algo en una caja, pero toda su actitud corporal, todo, era de profunda tristeza, de duelo. Y él dijo, eso, eso es la vida. Y escapó del palacio para ir al encuentro de esas emociones e iluminarse que después le llamaríamos Buda. Pero es muy importante que no hagamos como que aquí no sucede nada y aquí todo en mi casa todos estamos bien. ¿Qué decimos? ¿No? ¿Por fortuna a mí no y por desgracia el sí? Todos estamos en este mismo barco, todos somos humanidad y si nos dejamos tocar por el dolor de los demás, permaneceremos humanos y permaneceremos hermanos, que es lo que necesita el mundo en este momento.